El jefe de los espías durante el 11-M asegura que Aznar le “marginó, manipuló y engañó”

dezcallar2Diplomático brillante y jefe de espías, Jorge Dezcallar denuncia en un libro inédito en nuestro país que Aznar lo “marginó, manipuló y engañó” durante tres días tras el sangriento atentado. “Yo lo que sé es que a mí me llamaron para que dijera una cosa que, en el momento en el que me llamaron, sabían que era falsa”.

Foto: MOEH ATITAR

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El embajador Jorge Dezcallar este jueves en Madrid. / MOEH ATITAR

Jorge Dezcallar sigue como siempre: con pinta de pincel recién salido de la ducha e impecable como el pañuelo que emerge del bolsillo de su chaqueta.

Las arrugas no han hecho mella en él ni por dentro ni por fuera: no hay sombra de esos 70 años que cumple dentro de un mes ni de esas dentelladas que dice haber sufrido en nuestra España cainita.

Haber sido uno de los diplomáticos más brillantes de la democracia -11 años al frente de la dirección general de Africa del Norte y Oriente Medio; gestor político del ministerio o embajador en Marruecos-  no le sirvió de escudo protector para evitar pasillos con el PSOE y con el PP. La última vez, tras la victoria de Mariano Rajoy en noviembre de 2011.  Cuatro años tuvo que adelantar su jubilación porque el ministro Margallo no encontró sitio para él en ningún lugar del mundo para el que entonces era embajador en Washington.  “No soy ni de unos, ni de otros. Soy independiente”, explica el día que sale a la venta su primer libro,  Valió la pena,  (Península), un documento inédito en nuestro país:  por primera vez, un ex jefe de los servicios de inteligencia se lanza a desvelar el engaño “masivo” del que fue objeto por parte de un Gobierno en un momento particularmente duro, con 191 cadáveres sobre la mesa.

Sabe de lo que habla cuando escribe, al final de las  479 páginas que dedica a la vida de “ese chico de provincias nacido en el franquismo” : “Es triste constatar que los políticos en España están todos cortados por el mismo patrón: quieren lealtades acríticas y les agrada rodearse de yes-men”.

“Señor, ha cometido errores graves”

Él no lo es.  Poco antes de abdicar,  en la primavera de 2014,  el rey Juan Carlos le consultó si creía que era realmente tan impopular como decían los medios. Dezcallar fue sincero: “Señor, ha cometido errores graves en un momento en el que la opinión no está para bromas, la gente lo está pasando mal, y esto marca el final de una etapa. Ya no se dejan pasar cosas que antes sí se dejaban. Pero esto no quiere decir que la historia lo vaya a juzgar por esto: la historia lo juzgará por haber posibilitado la mejor época de la historia de España en 300 años”.

Al igual que el Rey con su desafortunado final, Dezcallar no quiere permitir que el 11-M marque una carrera de servicio a España que comenzó a los 25 años.  Este libro se lo debe, dice, a su familia. También reconoce que fue un “elemento esencial” el segundo tomo de las memorias de Aznar aparecido en 2013. En él, el ex presidente del Gobierno se refiere al informe Dezcallar hecho público después del atentado y vierte sobre él la responsabilidad de lo que él considera un “uso partidista” del atentado terrorista.

Valió la pena tiene dos partes muy señaladas. Hay una claramente ligera de recuerdos diplomáticos como los líos logísticos vividos con el inefable Chencho Arias o el embarazoso incidente del bailaor de Hassan II: “Responde a mi deseo de explicar por qué me hice diplomático”. La segunda (capítulos 8 y 9) es oscura como lo fueron los acontecimientos desde su llegada al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en junio de 2001:  el 11-S,  los informes sobre las inexistentes armas de destrucción masiva de Sadam Hussein,  el asesinato de siete agentes del CNI en Irak. Y así hasta el terrible día 11 de marzo.

Ahí está el leitmotiv de la obra:  “El libro de Aznar me hizo pensar que yo tenía una obligación con mi familia, conmigo y con el Centro que he dirigido, en contar cómo vi yo las cosas por dentro, honradamente, desde un punto de vista absolutamente independiente y dar mi visión que es importante porque se están contando muchas medias verdades que están desfigurando la realidad”.

“Es el rey quien me envía a Washington”

Sin ese volumen de Aznar quizá se hubiera sentido sufiencientemente resarcido con la intervención del rey Juan Carlos cuatro años después del 11-M, cuando él ya estaba felizmente trabajando en Repsol y no tenía ninguna intención de regresar a la carrera: “A mi el Rey cuando me llama para ir a Washington, porque es él el que me llama, y me dice: ´Jorge yo quiero que tú vayas Washington porque este país no se ha portado bien contigo, y yo quiero que se te reconozca públicamente tu trabajo´.”

Esta intervención real no está contada en el libro, como tampoco está relatado que Don Juan Carlos quiso que él se quedara al frente del CNI cuando Zapatero llegó al poder.  Bono amenazó con dimitir si Dezcallar permanecía, y de nuevo fue el Rey el que llamó para advertirle de que iban a cesarlo.

Dezcallar quiere ahora destacarlo: “Eso fue bonito por su parte”.  Pero no suficiente.  El libro Valió la pena es un duro J´accuse contra la acción de Aznar y su Gobierno esos tres días aciagos de 2004.

Dezcallar asume su parte de culpa: “El CNI no vio venir el 11-M como al CIA no vio el 11-S, y tiene muchos más medios que nosotros”. Pero quiere que los demás también lo hagan.

¿No ha sido revisado (cleared) por el CNI? “Yo no le he pasado este libro absolutamente a nadie antes de publicar, ni siquiera a mi mujer, porque no quiero que nadie sea responsable de nada”.  Como jubilado, explica, no tiene la obligación de los funcionarios en activo: “No cuento secretos oficiales. Entiendo que un secreto oficial es aquello que afecta al funcionamiento del servicio: a los agentes, a los informadores, a los objetivos, pero el que me hagan a mi una faena no es un secreto oficial. Conmigo se portaron muy mal”.

Hace unos días envió una carta de cortesía al actual director del CNI, Félix Sanz Roldán, y nada más. A Aznar, del que no pudo, dice, ni despedirse, tampoco lo ha llamado. “Nuestra relación no era buena. Luego le he visto, y me he puesto a su disposición, pero nunca nos hemos ido a comer juntos.  Porque él no ha querido. Le mandé una carta de despedida que tampoco me contestó”.

¿Le faltó arrojo para dimitir en esos días?  Por ejemplo, el sábado 13 de marzo cuando, harto de ser menospreciado, se autoinvita a una reunión con Angel Acebes y su número dos, Ignacio Astarloa, en Interior: “Es posible. Ese día, cuando vengo de la conversación con Astarloa,  tengo seis llamadas de [Alfredo] Timmermans [portavoz de Moncloa] para que salga en televisión.  Le contesté así, en voz muy alta: ´Dile al presidente que mi obligación no es salir en televisión, y que no lo voy a hacer´.  A la sexta vez que me llama, le digo haré un comunicado [descafeinado en el que no descarta ninguna de las dos líneas de investigación, ni la de ETA ni la islamista].  Eso efectivamente no complace ni a tirios ni troyanos. Pero que me hagan eso sin decirme que ya estaban detenidos [los indios que vendieron las tarjetas de los móviles] no tiene nombre. Si lo llego a saber, no habría emitido ese comunicado”.

“Ninguneado desde el primer momento del 11 de marzo”

Ese día fue el determinante, pero Dezcallar explica que fue “ninguneado desde el primer momento” del jueves 11 de marzo. “No me invitaban a participar en las reuniones de políticos. Hubo una decisión clara de marginarme. Aquella mañana [11 de marzo] yo estoy reunido con mi gente y no me avisan de esa primera reunión en Moncloa. Después hay otra en Interior y tampoco. Después la furgoneta y nada, no nos lo dicen. Mi gente se pone en contacto con Interior y les cierran la puerta”.

¿Quizá por la sospecha de que era un infiltrado de  Rubalcaba? “Eso es una infamia. Lo mismo me pasó con el PSOE.  En este país si no estás cien por cien con unos estás con los otros.  Yo tengo sentido del Estado, y eso en este país aparentemente no se lleva. Pensar que yo fui desleal al Gobierno es una injuria que no tiene ningún fundamento. Otra cosa es que a Aznar no le gustara lo que yo le decía. Yo empiezo a notar que mi relación con él se enfría a partir de 2002 cuando doy una conferencia en Elcano sobre las armas de Hussein. Es una apreciación que yo tuve. Me dolía cuando él decía que no se guiaba por los informes de los servicios secretos.  Se produce un distanciamiento. Me va preguntando menos.  Nunca me dice lo que tengo que decir pero yo noto que no le gusta”.

¿Le da miedo dar este puñetazo encima de la mesa?  “Digo que me engañaron a mi, me sentí usado y manipulado. Pero te lo diré citando a Artigas,  el padre de la independencia uruguaya: ‘Con la verdad ni ofendo ni temo’. Yo cuento la verdad, yo cuento cómo lo viví yo. No tengo ningún interés político, no aspiro a nada, pero quiero que que no se cuenten cosas que no son verdad: antes de que yo dijera que había sido ETA lo habían dicho el presidente del Gobierno, el ministro del Interior y Ana Palacio se había lanzado a escribir las instrucciones de Naciones Unidas.  No me echen a mi la culpa de eso. Yo acuso de que a mi me manipularon, me usaron, quisieron utilizarme para que les fuera útil en determinados fines que yo ignoro, habría que preguntárselos a ellos. Yo lo que sé es que a mí me llamaron para que dijera una cosa que, en el momento en el que me llamaron, sabían que era falsa. Yo no quiero hacerme enemigos, pero no quiero que se me eche el muerto encima”.

El momento que más le dolió, y más puso en pie de guerra a su gente del centro, fue cuando Aznar decidió dos días después de los comicios desclasificar parcialmente el llamado informe Dezcallar en el que se sugiere la autoría de ETA. Eso, viniendo de un presidente que en 1996 cuando ganó las elecciones a Felipe González se negó a a desclasificar los famosos papeles del Cesid sobre la creación de los GAL: “No se desclasifican  documentos del CNI. Nunca. El no lo ha hace para defender la seguridad del Estado. El lo hace para defender sus vergüenzas y la de los suyos. Y en el centro eso sienta muy mal. Había un malestar terrible”.

Reconoce que podía/debía quizá haber dado el golpe sobre la mesa que está dando ahora con este libro la tarde-noche del sábado 13 de marzo de 2004 después de la conversación con Astarloa.  Pudo más, dice, su sentido del deber: “Había tipos con explosivos por la calle y unas elecciones generales al día siguiente. El bombazo hubiera sido tan grande. La responsabilidad era demasiado pesada”.  Y ante determinados acontecimientos recientes en el CNI, acaba con una  sonrisa,  tan perfecta como el golpe de pañuelo en su bolsillo: “Como escribo en el libro, en el centro no hay cadáveres, si acaso alguna que otra cucaracha”.

 

Barack Obama, un ‘hijo pródigo’ contra la yihad

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El presidente de Estados Unidos regresa a Kenia, la tierra de sus ancestros, en un viaje en el que, más allá de la carga simbólica, se abordará el futuro inmediato en la lucha contra el terror impuesto por Al Shabab. Impera el orden militar en Nairobi en previsión de posibles atentados. Los ciudadanos, divididos sobre la visita del líder estadounidense.

Reportaje fotográfico: Gonzalo Araluce

El presidente de Estados Unidos regresa a Kenia, la tierra de sus ancestros, en un viaje en el que, más allá de la carga simbólica, se abordará el futuro inmediato en la lucha contra el terror impuesto por Al Shabab. Impera el orden militar en Nairobi en previsión de posibles atentados. Los ciudadanos están divididos sobre la visita del líder estadounidense.


Tyler Hicks, fotógrafo de The New York Times, recibió el aviso de que algo extraño estaba ocurriendo en el centro comercial Westgate, refugio de turistas y de la clase alta de Nairobi, capital de Kenia. Eran las 13.00 horas del 21 de septiembre de 2013. El periodista, en un primer momento, pensó que se trataba de un robo. Su intuición, no obstante, le empujó hasta el escenario de la noticia. “Cuando llegué allí me encontré a cientos de personas corriendo horrorizadas”, contaría Hicks en una entrevista divulgada por NPR, productora radiofónica de EEUU. “Enseguida comprendí que se trataba de algo importante y me lancé al interior del centro comercial”.

Sin saberlo, Hicks se adentraba en el infierno que el grupo yihadista Al Shabab había planeado para aquel día. Cámara en mano, el periodista reflejó el dolor y la angustia de las víctimas en un atentado que se llevó la vida de 72 personas, incluyendo las de los cinco terroristas. Entre aquellas imágenes, hubo una que dio la vuelta al mundo: la lucha silenciosa de una madre y de sus dos hijos, tumbados en el suelo durante cinco horas tratando de confundir a los asaltantes. Los tres sobrevivieron al ataque y aquella escena fue galardonada, meses después, con el Premio Pulitzer.

El atentado que Al Shabab perpetró contra el centro comercial Westgate alteró el transcurso de la historia reciente de Kenia; un país que, en el contexto africano, se había erigido como ejemplo de seguridad y estabilidad política. Desde entonces, el grupo yihadista ha extendido su campaña de hostigamiento a otras regiones del país. El ataque contra la Universidad de Garissa, en el que murieron 148 personas, es un ejemplo de ello.

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Según Obama, su padre se crió ‘escuchando a las cabras pastar’, en una pequeña aldea al oeste de Kenia. Imagen de un paraje de Mara.

“Muchos creen que con la llegada de Obama todo eso va a cambiar, que vamos a lavarnos la cara y que volverán los turistas y los inversores”, comenta Joseph Mbue, quien, con ojo clínico, trata de esquivar con su taxi los atascos que estos días registra la capital de Kenia. Las obras para adecentar Nairobi se han precipitado ante la inminente visita del presidente estadounidense, que llega el viernes en el país africano; en la tierra en la que nació su padre y en la que todavía vive parte de su familia.

“Mi padre se crió en una aldea pequeña al oeste de Kenia. Fue a una escuela humilde y creció escuchando a las cabras pastar”, recuerda el presidente de Estados Unidos cada vez que le preguntan sobre su sangre africana. Un relato con el que buena parte de los ciudadanos de Kenia se siente identificado.

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Joseph Mbue, taxista de 27 años, se muestra escéptico sobre la visita de Obama.

“Saludamos al líder de Estados Unidos”, prosigue Joseph, a los mandos de su taxi, “pero hay que ser realistas: este viaje no va a solucionar todos nuestros problemas”. A lo largo de la jornada, este joven de 27 años se topa una y otra vez con Obama. Su cara adorna los carteles de las principales avenidas y de camisetas diseñadas para la ocasión, de anuncios publicitarios y de pinturas garabateadas por artistas callejeros. “Es el hijo del estudiante keniano que cambió el mundo”, anuncia en su portada el Daily Nation, principal cabecera del país.

La proliferación de los mensajes de bienvenida a Barack Obama tan solo es comparable con el aumento de la presencia policial y militar. El Gobierno de Uhuru Kenyatta confía en que esta visita sirva para relanzar la imagen del país. Por otro lado, la alerta por posible atentado terrorista ha alcanzado su máximo nivel. Nairobi se ha convertido en una ciudad fortificada, con controles de seguridad en los principales accesos y cortes en las comunicaciones, incluidas las telefónicas. La prensa local denuncia, además, la expulsión forzosa de 3.000 vagabundos de la ciudad; la mitad de ellos, niños.

El futuro del cuerno de África, en juego

Barack Obama visita la tierra de sus ancestros en un viaje en el que, más allá del trasfondo simbólico, se abordará la hoja de ruta que la región seguirá durante los próximos años, especialmente en materia de seguridad. El terrorismo yihadista amenaza con desestabilizar el escenario geopolítico de la región y los asesores de Obama temen un efecto dominó sobre otros países vecinos.

Aunque Al Shabab nació en Somalia y éste es su principal escenario de actuación, en los últimos años ha extendido sus tentáculos más allá de sus fronteras, perpetrando sus ataques en Kenia o Uganda. “Atacaremos a todo aquel país que mate a nuestros familiares”, apunta la organización terrorista en referencia a las fuerzas que componen la misión de paz con la que la Unión Africana opera en Somalia.

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Un vendedor de periódicos ambulante muestra la portada del Daily Nation.

Durante los próximos días, Obama y Kenyatta pretenden estrechar lazos en la lucha contra el terrorismo yihadista. La frontera entre ambos países, trazada con escuadra y cartabón, es irreconocible salvo sobre un mapa. El terror infundido por Al Shabab y otras milicias ha empujado a cientos de miles de somalíes fuera de su país. Hasta el momento, 400.000 de ellos han ido a parar a Dadaab, al este de Kenia, donde se levanta el campo de refugiados más grande del mundo.

“Estados Unidos es un gran aliado. Nos apoya y forma a nuestros hombres para combatir a los terroristas”, apunta Joseph Ole Lenku, ministro del Interior, en una entrevista emitida recientemente en la CNN.  Además, el Pentágono ha proyectado algunas de las operaciones que han causado mayores estragos entre las filas de Al Shabab: entre ellos, un ataque con dron que acabó con la vida de Adan Garar, líder destacado de la milicia que planeó el atentado contra la Universidad de Garissa.

Bajo este escenario de terror, Barack Obama pisa Kenia por tercera vez, la primera desde que es presidente de Estados Unidos. Un país en el que todavía escuecen las heridas de los atentados, que late bajo la amenaza yihadista y que tratará de empapelar sus miedos en carteles callejeros para ofrecer, estos días, su mejor cara.

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Comercios en uno de los arrabales de las afueras de Nairobi.

El ISIS siempre gana… en Twitter

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Un año después de la eclosión del Estado Islámico, los gobiernos occidentales aun no saben cómo combatir la propaganda de los yihadistas. Hasta ahora solo han podido jugar una ineficaz y desnivelada partida de ping-pong en las redes sociales. En Twitter, todavía ganan los malos.

“No camines hacia la tierra del ISIS. Corre. Allí podrás aprender nuevas habilidades: volar mezquitas, crucificar y ejecutar a musulmanes… Bienvenido a la tierra del ISIS”.

https://www.youtube.com/watch?v=-wmdEFvsY0E&oref=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3D-wmdEFvsY0E&has_verified=1

Este vídeo, inspirado en los Monty Python y sus Caballeros de la mesa cuadrada, fue colgado en Youtube a finales de agosto del año pasado por el Departamento de Estado de Estados Unidos y ya ha superado las 850.000 reproducciones.

 “Bienvenido a la tierra de ISIS” es, probablemente, el mejor ejemplo de la contra-propaganda que los gobiernos occidentales intentan llevar a cabo contra el Estado Islámico. Este vídeo forma parte de una campaña más amplia del Gobierno norteamericano que bajo el lema “Think again, turn away” (Piénsalo de nuevo, date la vuelta”) trata de contrarrestar el efecto llamada que la organización yihadista ha logrado a través de las redes sociales. Pero, ¿funciona?

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“Así perdemos los corazones y las mentes [de los musulmanes]”, le advertía en 2005 Aymán al-Zawahiri en una carta a Abu Musab Al Zarqaui, líder de Al Qaeda en Irak, la división que una década más tarde se independizaría y proclamaría el califato del Estado Islámico hace ahora un año. El número dos de Bin Laden ordenaba así al líder de la organización en Irak que no difundiera más vídeos de decapitaciones, ya que consideraba que en la batalla en los medios aquellas campañas les perjudicaban.

Hoy, el Estado Islámico no solo ha continuado con aquella tradición iniciada por su líder primigenio Al Zarqaui, muerto en un bombardeo en 2006, sino que la lleva a su máximo exponente. El centro Al Hayat es el responsable de los mensajes de la organización. Esta división crea periódicos en PDF (ISN, Islamic State News), docenas de páginas fácilmente accesibles a través de Internet, cuentas de Twitter y sobre todo producciones audiovisuales traducidas a varios idiomas. Las producciones más inofensivas muestran escenas de vida cotidiana en los territorios conquistados, mercados abiertos y musulmanes que acuden a rezar a las mezquitas. Las más polémicas y las que más han trascendido exhiben ejecuciones y decapitaciones en vídeos en alta definición, con producción y postproducción.

Estos videos, alojados en servidores gratuitos de Internet, son distribuidos en las redes sociales por miles de simpatizantes que los difunden, los comparten y los cuelgan de nuevo en Youtube o Facebook cuando las cuentas originales son censuradas y retiradas.

 “Nuestra narrativa es derrotada por el Estado Islámico. Somos reactivos. Pensamos en cómo responder, en lugar de en [cómo articular] nuestra propia narrativa”. Así analizaba la situación hace pocas semanas uno de los responsables del Departamento de Estado en un informe enviado a John Kerry, el secretario de Estado, filtrado a The New York Times. También se lamentaba por la falta de recursos del Centro de Comunicaciones Estratégicas contra el Terrorismo (CSCC) del Gobierno norteamericano, un departamento que se creó en 2010 para combatir la propaganda terrorista.

 

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“No vale decir el terrorismo es malo…”

Richard LeBaron, miembro del think tank Atlantic Council, y experto en la región del Golfo, afirma que “los gobiernos se sienten comprometidos a responder a los terroristas en los medios y a usar las mismas herramientas que ellos. Pero convertirlo en un partido de ping pong es inútil”. Para LeBaron, no existe hoy una contra-narrativa útil contra el ISIS porque “las que se hacen desde Occidente no funcionan”. Aunque tampoco cree que sean eficaces las del propio Estado Islámico: “Los gobiernos han sobreestimado sus campañas. El apoyo al ISIS es muy individual, y la prueba es que no se ven grandes grupos de simpatizantes en países como Estados Unidos o España. Tendemos a creer que las suyas son campañas muy sofisticadas y nos sorprendemos de que unos terroristas árabes puedan ser tan inteligentes. Pero este tipo de razonamiento roza el racismo y nos limita”.

Richard Barrett, antiguo responsable de la lucha contra el terrorismo del MI6 (el servicio de inteligencia británico) y hoy directivo de la consultora en seguridad internacional Soufan Group, afirma que “los gobiernos no son los mejores agentes para llevar a cabo esa contra-comunicación. Es más efectiva si la hacen las comunidades de do donde han salido los extremistas. Además la clave es el mensaje. No vale con decir que el terrorismo es malo, sobre todo porque no sabes qué es lo que la otra persona está buscando”.

El nuevo responsable del CSCC en Estados Unidos, Rashad Jussain, reconocía pocas semanas antes de su nombramiento en una conferencia en Abu Dhabi  que “el Estado Islámico tiene un mensaje mucho más emocional que el nuestro”. En aquella charla apuntó sin saberlo las claves de la que hoy es la hoja de ruta de su división para combatir la propaganda del ISIS: “Restarle glamour, mostrar las miserables condiciones de vida de los combatientes, ensalzar las narrativas positivas, demostrar cómo los jóvenes musulmanes pueden triunfar en el mundo moderno, contar historias inspiradoras y de figuras influyentes de países musulmanes y movilizar y amplificar a los líderes religiosos”.

“Las contra-narrativas que se emplean no satisfacen las necesidades de la gente ni se dirigen a sus vulnerabilidades de la misma forma que lo hace el ISIS o Al Qaeda” explica Anne Speckhard, profesora del departamento de Estudios Psiquiátricos y de Seguridad de la Universidad de Georgetown. “Son racionales y les falta ese componente emocional, ese gancho”.

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La profesora de Estudios Psiquiátricos ha entrevistado a decenas de terroristas para analizar su conducta. “Debemos usar la emoción frente a la lógica”, insiste.

“Jugar al ping-pong”

Un problema grave en la lucha contra la propaganda de ISIS  es que se ha reaccionado tarde y se quiere (como dice LeBaron) “jugar al ping-pong”. Estados Unidos creó su oficina oficial de contra-propaganda casi una década después del 11-S. El Reino Unido también dispone de una, pero hay países que no tienen ningún tipo de estrategia contra el yihadismo. Tras el asesinato de los dibujantes de Charlie Hebdo, el gobierno francés lanzó una campaña bajo el hashtag #stopjihadisme en la que, siguiendo el ejemplo del vídeo Bienvenido a la tierra del Estado Islámico, difundían vídeos con imágenes de ejecuciones y del sufrimiento de los civiles en los territorios invadidos por el ISIS. Este mes de enero, se ha instaurado el Equipo Asesor de Comunicaciones Estratégicas en Siria (SSCAT), el primer proyecto europeo de contra-narrativa con un presupuesto de un millón de dólares y coordinado desde el Ministerio de Interior de Bélgica. 

SSCAT, según explican fuentes del Consejo Europeo, cuenta con un equipo de una decena de personas que presta asesoramiento técnico sobre cómo hacer campañas de comunicación. La idea es que pueda ser el “proyecto embrionario” de una organización mayor. De momento, el trabajo realizado en estos primeros meses se mantiene en secreto “para darle al equipo las máximas posibilidades de éxito”, explica un portavoz del ministerio belga.

La Unión Europea intenta además involucrar en la lucha a las grandes compañías de Internet. El pasado octubre hubo un encuentro informal entre altos funcionarios de la UE y representantes de empresas como Twitter y Facebook, y en otoño (un año después de ese primer contacto) está previsto que se celebre una nueva reunión, esta vez de carácter oficial.

Esta alianza es importante, ya que Twitter y Facebook han sido el mayor campo de batalla de la contienda frente al ISIS en esta partida de ping-pong. “Sin embargo las redes sociales por sí solas no son la solución”, advierte LeBaron. “No debemos caer en la trampa de pensar que los terroristas solo influencian a la gente a través de Internet. Nuestro reto es averiguar cómo llegar a los diferentes tipos de audiencias a los que ISIS intenta atraer, algunas de las cuales son pequeñas y están muy aisladas socialmente y culturalmente”.

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Una batalla perdida

Barrett coincide con este razonamiento, e invita a comparar los seguidores que el Departamento de Estado tiene en su Twitter con los que poseen algunas cuentas del Estado Islámico. “Los mensajes del Gobierno no llegan a mucha gente, aunque tampoco podemos decir que eso sea una pérdida de tiempo ya que hay muchas audiencias diferentes para ese tipo de mensajes. Quizá no se llegue a los extremistas que están muy involucrados y a los que es casi imposible persuadir, pero sí a otras personas que puede ser simpatizante de ISIS”.

El problema de la contraprogramación en Twitter es que cuantitativamente es una batalla perdida. Un informe reciente de la Institución Brookings estimaba que existen más de 70.000 cuentas abiertas en Twitter de miembros o simpatizantes del ISIS, con una media cada una de 1.000 seguidores, el 75 por ciento en árabe y con una activad por encima de la media de 14 tweets diarios. Cuando una cuenta es suspendida por Twitter enseguida vuelven a brotar otras nuevas que rápidamente enlazan con los seguidores de las anteriores. Y la mayoría de ellas no son cuentas oficiales sino de simpatizantes.

Otro estudio sobre el uso de Twitter enfocado en los “Foreign Fightes”, es decir los extranjeros que abandonan sus propios países para combatir con ISIS y realizado por el prestigioso Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización británico, revelaba que las cuentas más populares eran las consideradas “diseminadoras”. Estas cuentas se encuentran fuera de Siria e Irak, comparten los mensajes de la organización y dan apoyo moral a los yihadistas. El estudio mostraba además que, al revés de lo que ocurre en la comunidad internacional (donde se publican muchos tweets sobre ISIS con poca interacción), en el caso de las cuentas yihadistas un número mucho más reducido de mensajes eran muy compartidos y difundidos.

 “Lo fundamental es saber por qué en un grupo de individuos muy similares, con el mismo bagaje y las mismas influencias, uno de cada cien decide convertirse en terrorista. Ese es el problema de la contra narrativa contra el Estado Islámico: cómo identificar a ese uno de cada cien”, explica LeBaron. La cuenta de Twitter de la campaña del Departamento de Estado que intenta disuadir a aquellos que piensan unirse a ISIS (@ThinkAgain_DOS) tiene menos de 22.000 seguidores. En un día normal, uno de sus tweets puede conseguir que cinco personas lo retuiteen. Con esos datos de interacción, comparándolos con los miles de usuarios simpatizantes de ISIS activos 24 horas al día y en ebullición continua, los intentos de occidente son vistos como un chiste malo de Monty Python buscando desesperadamente a un terrorista oculto entre un centenar de personas asistentes a una boda o entre los caballeros de la mesa cuadrada.

Dinero público para hacer la yihad

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El objetivo de los terrorista de Fraternidad Musulmana, el grupo desarticulado por la Audiencia Nacional en la Operación Caronte,  era hacerse pasar por una asociación cultural, pedir subvenciones públicas y hacer colectas en las mezquitas. Y con esa excusa, sufragar sus ataques en suelo español y sus contactos con grupos radicales como el Estado Islámico.

Sobre el papel, el grupo Fraternidad Islámica debía tener la forma de una asociación cultural: la cara amable de un movimiento educativo relacionado con el islam. Con esta coartada, sus miembros podrían hacer colectas, recabar dinero y solicitar subvenciones. Podrían pasar por las mezquitas sin levantar sospechas y recabar fondos. Unos fondos que -según la Audiencia Nacional- servirían en realidad para sufragar atentados yihadistas en España y para facilitar captación de musulmanes dispuestos a combatir con el Estado Islámico en Siria.

La estrategia no es nueva. El lobo con piel de cordero. Según la Audiencia Nacional, un engaño similar fue utilizado durante años por los satélites del Movimiento de Liberación Nacional Vasco para financiar la banda terrorista ETA. Pero ahora, el quiebro legal está en manos de los yihadistas. “Al entrar en el vehículo, Antonio Sáez [considerado el líder de la célula] nos dice que lleva unos días dándole vueltas a algo interesante. Nos dice que el grupo conocido como Fraternidad Islámica va a dejar de existir, que debemos dejar de hablar de ese grupo. Nos explica que ha pensado crear una organización pantalla, una asociación cultural para el pueblo palestino o por la causa árabe, aun sin definir”. Quien así lo explica en sus informes es el agente Astor 385, un infiltrado que bajo el mandato de la Audiencia Nacional y con la cobertura del Centro Nacional de Inteligencia, entró en contacto con los presuntos terroristas oculto bajo una identidad operativa: el nombre falso de Josep Traoré.

“Su idea es crear una asociación cultural, legal para que así se pueda autofinanciar el grupo, pedir dinero por las mezquitas en nombre de esa organización establecer contactos con Palestina e incluso tener contacto con Hamás o Al-Fatah. Nos remarca que es algo legal pero que conlleva de fondo una actividad ilícita clandestina. Nos dice que el lunes mismo irá al Ayuntamiento de Sabadell a pedir información para poder crear la asociación cultural. Otro de los objetivos de la asociación es poder establecer vías de entrada para poder ir a países en conflicto armado”, explica el agente.

Desde su entrada en octubre de 2014, el topo policial diseccionó la red bajo la coartada de su pasión por Alá. Y colocó a la cabeza de Fraternidad Islámica a Antonio Sáez Martínez, un español converso que trabajaba en una peluquería de Terrassa. La Románica -que así se llamaba el local- se convirtió en uno de los centros de reunión de la célula. Las alertas saltaron varios meses antes, cuando los agentes de la Comisaría General d’Informació de los Mossos d’Esquadra detectaron que la llegada de otro miembro de este colectivo a Siria. “Nos han confiscado los teléfonos móviles para que los aviones aliados no puedan interceptarnos”, explicaba Abdellatif Chahmout a su mujer en una llamada interceptada por la Policía. Fue la única que hizo desde el frente y tuvo que viajar varios kilómetros desde su posición para hacerla.

Manual para reclutas

Ante el riesgo evidente de atentado, los agentes trasladaron la causa a la Audiencia Nacional. Así nació en julio de 2014 la Operación Caronte, que se saldó el pasado mes de abril con 11 detenidos. Un mes antes de lanzar la operación, la policía logró captar a un testigo protegido. Un marroquí residente en Terrassa que confirmó los planes de Fraternidad Islámica. Por un lado, una pequeña facción de sus miembros pensaba viajar a Siria para unirse al Estado Islámico. Por otro, el resto del grupo preparaba atentados en suelo español. Sinagogas, sucursales bancarias, hoteles turísticos y comisarías de policía eran sus principales objetivos. Ya habían comenzado los seguimientos a los objetivos más suculentos.

El testigo protegido alertó además de la existencia de dos menores entre los miembros de la célula: un joven brasileño detenido ahora en Bulgaria y Omar Borche Zelaya, conocido como Omar El Paraguayo y que con sus 17 años ha quedado bajo la custodia de la Fiscalía Central de Menores de la Audiencia Nacional. En un primer momento, los informes policiales explican que las armas para los ataques serían suministradas por terroristas chechenos. Tras meses de investigación, es detenido sin embargo un nuevo ciudadano español, Diego José Frías Álvarez, relacionado con un grupo de extrema derecha y que guardaba en su vivienda un auténtico arsenal con granadas incluidas.

Los informes policiales colocan como líder operativo de Fraternidad Islámica al español Antonio Sáez. Y explican cómo este granadino converso creó un manual para facilitar la captación de nuevos mártires. Las pruebas fueron localizadas por los agentes tras analizar con detenimiento sus bolsas de basura. En una de ellas, de color amarillo y requisada en un contenedor bajo su vivienda, los Mossos encontraron varios manuscritos del ahora detenido. Según los peritos policiales, la letra es la misma que la de un panfleto localizado en casa de otro de los detenidos en Burlgaria, Taufik Mouhouch. Un manual de reclutamiento que explica su proceso de captación en tres fases: “la primera consiste en darnos a conocer. La segunda es la preparación, donde se selecciona a las personas adecuadas para llevar a cabo la Yihad. Y una tercera de cara a conseguir los objetivos. Sus medios son una fe profunda, una preparación perfecta y un trabajo continuado.[…] El islam es la solucción. Por eso hay que asimilar y tener presente: Corán, Verdad y Yihad”. El 13 de enero de este año, el agente encubierto informó de que la célula tenía también traducido el manual del yihadista elaborado por Al Qaeda. Y dos meses después, Sáez revela al infiltrado su idea de realizar explosivos utilizando cloraso de potasa, un componente común, por ejemplo, en las pastillas para el dolor de garganta.

Morir por Alá

El 15 de diciembre de 2014 -cuatro meses antes de las detenciones- fue otra de las fechas claves para la caída de Fraternidad Islámica. A las seis de la tarde de ese lunes Kaike Luan Ribeiro, otro de los menores captados el grupo, llegó junto a dos compañeros al último punto de su viaje: el checkpoint de Kapitan Andreevo, en la frontera que separa Bulgaria de Turquía. Con solo 17 años, el joven dejó atrás Terrassa, a sus padres -cristianos e impuros- y cambió su nombre por el de Hakim: Kaike era un joven sin arraigo, pero Hakim tenía por delante el paraíso, 72 vírgenes y el privilegio de morir por Alá. Según las pesquisas policiales, al otro lado de la frontera le esperaba una red de salafistas radicales para llevarle hasta el frente y unirse a la yihad .

El viaje de Kaike -brasileño de nacimiento y catalán de adopción- arrancó en silencio el pasado 26 de noviembre. Era su segundo intento de alcanzar la guerra. Y antes de dejar España, el joven preparó una carta de despedida. Un borrador manuscrito que la policía encontró hecho pedazos en su habitación de casa. “Nunca te olvidaré y siempre te amaré mi amor. La vida terrenal es corta y siempre estarás en mis súplicas. Perdona por no haber cumplido mi promesa [de casarme contigo] pero hay una causa mayor y lo sabes: la yihad”, le decía a su prometida. Aquella noche, el joven se subió junto con otros dos compañeros -un carpintero de 24 años y un camarero de 27- en un Peugeot 308 y, tras repostar en una gasolinera de Sabadell, puso rumbo a Siria. A su estela, un grupo de agentes siguió sus pasos por Francia, Italia, Eslovenia, Hungría, Rumanía y finalmente Burlgaria.

No eran los primeros. Ni tampoco los únicos que habían dejado rastro con sus ganas de morir por Alá, por muy jóvenes que fuera: “¿Sabes qué pasa? Que en países como Palestina no hay niños, hay hombres ya desde pequeños. Los ves con siete años hablando y tu dices: alabado sea Alá. Pasa como en la época del profeta porque ahora se ve como ‘uff, un niño de diez años’. Yo con diez años tenía la regla. Era una mujer. Y las niñas de los pueblos no se crían como las de las ciudades, que son tontas […] Ahora se tienen los niños tan protegidos que son tontos”, explica una de las investigadas en una conversación intervenida. En otra llamada, Khadija -con voluntad de unirse a la yihad en Palestina- relata su miedo por que su marido, tras luchar por Alá, vaya a un nivel del paraíso superior al suyo: “Yo quiero que mi marido haga las mismas cosas que yo, porque no quiero estar en diferentes rangos cuando lleguemos la paraíso”. “Si él se va al combate y se muere, por mucho que tú ayunes…”, le contesta su interlocutor, en referencia a los privilegios de morir por Alá. “A mí se me va la cabeza, ¿sabes? Me pillo mis cosas y me piro para Siria. Que le den por saco a todo el mundo. No digo ni adiós”, mantiene por teléfono Taofiq Mauhouch, otro de los detenidos en Bulgaria. Y lo hizo.

Antes de partir, él también dejó un mensaje manuscrito: “Cuando te llegue esta carta, a lo mejor ya no estoy aquí. Me habré marchado para Siria. Porque lo primero es Alá. Y segundo porque un amigo mío me ha dicho que la Policía está detrás de nosotros. Prefiero que si me detienen, que sea por la causa de Alá. Te pido perdón por todo. Quiero que sepas que lo que he sentido por ti no lo he sentido nunca por ninguna mujer […] Si Alá quiere, nos volveremos a ver. Y si no, que sea en el paraíso”.

Además, en EL ESPAÑOL:

Así se recluta a un yihadista en España

Las autoridades desmantelaron en abril una célula yihadista cuyo epicentro estaba en Ca N’Anglada, un barrio deprimido de la ciudad de Terrassa. Sus habitantes describen aquí las claves del grupo, cuyos miembros fueron detenidos en Bulgaria antes de unirse al grupo Estado Islámico. 

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Las autoridades desmantelaron en abril una célula yihadista cuyo epicentro estaba en Ca N’Anglada, un barrio deprimido de la ciudad de Terrassa. Sus habitantes describen aquí las claves del grupo, cuyos miembros fueron detenidos en Bulgaria antes de unirse al grupo Estado Islámico


El coche fue interceptado el 16 de diciembre en el check-point de Kapitan Andreevo, en la frontera entre Turquía y Bulgaria. Sus ocupantes se llamaban Taufik, Kaike y Mohamed y habían conducido 2.700 kilometros durante tres días.

Habían partido unos días antes de Ca N’Anglada, un barrio de las afueras de Terrassa (Barcelona). Atravesaron Francia, Italia, Eslovenia, Hungría y Rumanía. Su objetivo era unirse a las filas del grupo Estado Islámico en Siria, donde les esperaba Abdellatif Chahmout, un vecino que sí llegó. La policía búlgara impidió ese encuentro. Siguiendo las directrices de la Interpol, los tres fueron arrestados justo antes de entrar en Turquía. Un juez de Haskovo ordenó su extradición a España, donde ingresaron en prisión.

Aquellos tres yihadistas fueron los primeros encarcelados de la operación Caronte, que concluyó el 8 de abril con un balance de 14 detenciones y el desmantelamiento de la mayor célula terrorista desarticulada en Cataluña. Llevaba por nombre Fraternidad Islámica para la Predicación de la Yihad y casi todos sus integrantes residían en los barrios periféricos del extrarradio de Barcelona.

Entre sus miembros había un peluquero granadino, un camarero brasileño, un barcelonés en paro y un rapero de Tarragona. A ellos se suma un político neonazi catalán, que no formaba parte del clan pero les conseguía las armas.

No parece a priori el perfil de los integrantes de un grupo yihadista. Sin embargo, el auto del juez Santiago Pedraz asegura que casi todos ocupaban un rol destacado dentro de la estructura de la organización. Una información que revela la importancia que han cobrado los “nuevos musulmanes” en el terrorismo islámico.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

1. El adolescente brasileño.

El primer converso detenido se llama Kaike Luan Ribeiro Guimaraes y responde a un perfil de nuevo yihadista: extranjero, de raíces no musulmanas y marcado por el desarraigo. No procede de ningún país árabe sino de Formosa, un pequeño pueblo próximo a Goiás, Brasil. Tiene 18 años y lleva un par de años viviendo en España.

De familia muy humilde, fue educado en la fe cristiana evangelista y su bagaje laboral se limita a unos meses ejerciendo como camarero. En su entorno no hay consenso acerca de los motivos que le llevaron a cambiar de religión.”Sólo iba a la mezquita a rezar”, explica su hermana al diario digital InfoTalQual. “No es un terrorista sino una buena persona que encontró su fe en el islam”.

Otros apuntan que la conversión de Kaike podría responder a razones económicas. Es el caso de Amin Baghar, presidente de la Asociación Cultural Musulmana de Terrassa, que dice que los captadores se aprovechan de la crisis, de la situación de desamparo y de la desesperación: “Identifican a los chavales más necesitados y les lavan el cerebro. Les ofrecen un sueldo alto por irse al frente. Hasta 2.000 o 3.000 euros mensuales en algunos casos. Cantidades que son muy difíciles de rechazar. Se lo plantean como unas vacaciones pagadas. El problema es de la yihad uno no vuelve, y eso es lo que no cuentan”.

Baghar recuerda el día en el que Kaike abrazó el islam: “Acudí a su ceremonia de conversión en la mezquita de Terrassa. Fue un día feliz y todos lo veíamos muy seguro de su decisión. Pero entonces le advertimos de que los conversos son una presa fácil para los quienes captan adeptos para el salafismo”.

La premonición acabó por cumplirse y Kaike tardó sólo unos meses en convencerse de que su futuro pasaba por unirse a la yihad.

Los jóvenes del barrio no se creen la hipótesis económica. Un chico marroquí de 18 años, vecino de los detenidos, opina que “son personas que vivieron una mala vida y encontraron refugio en la religión. No hay más”. Además, considera irreal la presunta contraprestación económica. Dice sin rubor que “por 3.000 euros al mes me iba yo a pelear a Siria y eso que soy ateo”.

El joven no quiere dar su nombre por miedo a posibles consecuencias. “No quiero que se me relacione con este asunto por dar una opinión. En el barrio tenemos la impresión de que, por poco que hagamos o digamos nos van a meter en la cárcel. Una foto de Facebook ya te puede meter en problemas”, susurra. Esta sensación de caza de brujas flota cada vez con más intensidad en las calles del vecindario. “Hasta los niños musulmanes esquivan estos temas en público. En sus casas les ordenan que eviten hablar de estas cuestiones en la calle para no levantar sospechas infundadas”, explica la monitora de un centro cívico con mayoría de niños magrebíes.

Amin Baghar dice conocer a todos los miembros de la célula y está seguro de que algunos no tienen nada que ver con lo que les imputan: “Yo pienso en Reda [uno de los últimos detenidos, acusado de ser uno de los bastiones ideológicos del grupo] y no creo que esté implicado. En la mezquita todo el mundo se conoce. Al final intuyes quién puede y quién no puede formar parte de una cosa así. Conocemos incluso a los policías infiltrados. Los saludamos sin ningún problema”.

Baghar asegura detestar el fenómeno del yihadismo. “Aunque los radicales sean una minoría, sus acciones están salpicando a todos los musulmanes”, dice. “Ahora estamos todos en el mismo saco que esa minoría. Yo estuve trabajando hace poco en Francia y mis compañeros simulaban explotar cuando me acercaba. Puedes tomártelo con humor una o dos veces pero al final resulta inaguantable y te tienes que cabrear. Todo esto es lo que provoca el terrorismo. Violencia que engendra violencia”.

En Brasil deslizan otra posibilidad acerca de las razones que llevaron al joven Kaike a cambiar de religión. En Formosa, su pueblo natal, un policía amigo de la familia declaraba a la cadena Globo que Kaike entró en el Islam “porque estaba enamorado de una chica marroquí, según nos dijo su madre”. Pero también hay quien piensa que Kaike no era más que un infiltrado que dinamitó la célula desde dentro. Su pasado como cristiano militante ha disparado los rumores entre algunos musulmanes de planteamientos radicales. No lo dicen, y mucho menos en público. Pero lo escriben. Una pintada próxima a la mezquita de Terrassa refleja este pensamiento: “Kaike is cristiano”.

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Sea como fuere, Kaike se rebautizó como Hakim y empezó a relacionarse con miembros de Fraternidad Islámica. Aunque censado en la localidad vecina de Monistrol de Montserrat, pasaba la mayor parte del tiempo en Terrassa, en el piso ocupado en el que malvivía Taufik. Aquel ático se convirtió en el escenario de muchas de las reuniones de la célula. Kaike se imbuyó allí del salafismo radical, viendo algunos vídeos de decapitaciones y de niños de diez años ejecutando a “infieles”.

Al final Kaike dio el paso. Engañó a sus padres diciendo que se marchaba de viaje de fin de curso a Mallorca y emprendió la frustrada travesía a Siria de la mano de Taufik y Mohamed, el último miembro de la terna.

Sus conocidos aseguran que se trata de una persona con profundas convicciones religiosas. Cuando compareció ante el juez búlgaro que ordenó su extradición, recitó versículos del Corán a la espera de las preguntas del magistrado, según explica el diario búlgaro Dneven Trud. Su hermano también fue detenido en la segunda parte de la operación, aunque luego fue puesto en libertad.

2. A la entrada de la mezquita.

Rashid Alí es el director de InfoTalQual, un periódico digital de Terrassa que presta especial atención a las noticias relevantes para la comunidad árabe en Cataluña.

Alí es marroquí pero reside en Terrassa desde hace 15 años y asegura que la radicalización de Kaike (y del resto de miembros de la célula) no tiene sus raíces en internet sino en los corrillos que se forman a la salida del rezo, en la plaza frente a la mezquita de Terrassa.

Allí actúan los captadores salafistas. Se trata de musulmanes que se rigen por la ley islámica radical y que consideran impío a quien no la obedece. Defienden el regreso al Islam más puro, más primitivo. Imitan a Mahoma hasta en sus hábitos de comida o vestimenta. Sostienen que el Corán no está sujeto a interpretaciones, por lo que deben obedecer el texto al pie de la letra. Son violentos, odian a los occidentales y no dudan en menospreciar a los musulmanes moderados.

La tarea de los más radicales consiste en lograr adeptos para su causa. Personas que estén dispuestas a enrolarse en la yihad, unirse al frente sirio, atentar contra los cristianos o decapitar impuros. “Dentro de la mezquita no tienen poder. De hecho, consideran que el imán es un impuro porque no se somete a la ley islámica. Lanzan el cebo en la puerta del templo y no les resulta difícil encontrar a algún incomprendido dispuesto a escucharlos”, sostiene Alí.

No es la versión de Taufik Cheddadi, antiguo imán de Terrassa, que apuesta por internet como puerta de entrada al terrorismo. Chedaddi, que también es sociólogo e Islamólogo, expone que en la red “hay más intimidad y mucha más información”.

“También tendríamos que valorar otra cuestión”, explica Cheddali. “¿A quién pertenecen estas páginas? Canadá, Francia, Estados Unidos son los responsables de que estos contenidos estén en la web. Internet se convierte en el principal escenario para captar a estos jóvenes desarraigados y descontentos. En la mezquita seguro que no se radicalizan. Precisamente la mezquita es garantía de lo contrario: de control y convivencia. Lo que hagan en la puerta de la mezquita ya está fuera de nuestro control. Pero tampoco podríamos identificar a estas personas. No llevan escrito en la frente buen musulmán o mal musulmán”.

La radicalización del individuo puede tener varios orígenes. Pero si algo tienen en común casi todos los detenidos de esta operación es su lugar de residencia. El periodista Rashid Alí ha seguido el caso en detalle y no le sorprende que la mitad de los detenidos residan o hagan vida en un mismo barrio: Ca N’Anglada.

“La mayor parte de los magrebíes de esta zona vive virtualmente en los países árabes”, dice Alí. “Levantas la mirada por cualquier calle y lo único que ves son antenas parabólicas. La gente sintoniza Al-Yazira hasta para ver el fútbol que dan en abierto por TVE. Apenas les interesa lo que pasa aquí. No tienen demasiados alicientes. ¿Qué importancia tienen los musulmanes en los medios españoles? Interesan sólo cuando hay un caso de terrorismo. Los políticos lo saben pero no hacen nada por solucionarlo. No existe un proyecto de integración, por muchas conferencias que programen desde los partidos”.

3. Un gueto en la periferia.

La realidad que describe Alí ha convertido a Ca N’Anglada en el caldo de cultivo ideal para el desarrollo del terrorismo islámico. Este barrio periférico de Terrassa se convirtió hace 20 años en el epicentro musulmán de la ciudad.

En los años 90, el boom de la construcción revalorizó los barrios de nuevo cuño y devaluó la vieja Ca N’Anglada. Los precios de aquellos viejos caserones y pisos protegidos de la época franquista mantuvieron un precio más razonable que el resto de inmuebles de la localidad. Eran pisos baratos que acogieron a nuevos vecinos con poco poder adquisitivo, en su mayoría inmigrantes del norte de Marruecos, de Tánger o Tetuán. Personas de un carácter mucho más hermético y reservado que sus compatriotas de Casablanca o Rabat.

El efecto llamada hizo el resto y Ca N’Anglada se acabó convirtiendo en una especie de gueto. Una versión española de las banlieu francesas: barrios periféricos de las grandes ciudades en los que la pobreza y la escasez de oportunidades acaban deviniendo en un embrión de la violencia. Hoy los 13.000 marroquíes censados conforman el 6,07% del padrón de una ciudad de 200.000 habitantes. Pero la gran mayoría vive concentrada en este distrito que conoció su máximo esplendor en los años 70 y 80 como eje comercial de la deprimida zona oriental de la ciudad.

Si Terrassa pasa por ser un suburbio de Barcelona, Ca N’Anglada es el suburbio del suburbio. Una zona ubicada a las afueras de la ciudad, sin industrias ni servicios ni futuro. En las paredes de las plazas hay pintadas que exaltan a dos jóvenes pùgiles magrebíes que encontraron en el boxeo su plan de fuga y ahora se ganan la vida como profesionales. Ambos se han convertido en ídolos de una nueva generación que se apunta en masa a los gimnasios para emularlos.

“Las salidas de los chicos pasan por la violencia, el boxeo o la yihad”, explica Aziz, un vecino magrebí que lleva casi 20 años en el barrio. Dice sentirse preocupado por la deriva radical que han emprendido algunos de sus jóvenes compatriotas aunque cree que “estos problemas han llegado de la mano de la crisis”.

No se refiere sólo a la mala situación económica sino a lo que llama “una crisis de valores” y dice que “son chavales desarraigados, sin valores ni sentimiento de pertenencia”. Es algo que corrobora Jamal, un magrebí de 18 años que reside en el barrio desde su infancia: “Yo aquí no soy más que un moro. Pero bajo a Marruecos y mis primos me ven como un europeo estirado. Y cuando subo a Francia o a Bélgica, soy un español más”.

La importancia del desarraigo la comparte el imán Taufik Cheddadi: al abordar las noticias de las detenciones prefiere no personalizar “porque no es una cuestión de nombres”. Tiene una teoría elaborada:”“El morbo vende. Debemos hacer un análisis mucho más profundo. ¿En qué hemos fallado para que nuestros hijos, algunos de los cuales no saben ni hablar árabe, se vean inmersos en este tipo de problemas? Muchos fracasan en la escuela, se meten en las drogas, no van a la mezquita. Es más un problema de desarraigo, de identidad. No saben de dónde son y se convierten en personas a merced de los manipuladores”.

Cheddadi recuerda que siempre ha habido musulmanes en España y nunca hubo problemas de terrorismo. “Entre los años 50 y los años 70, muchos árabes contribuyeron a reconstruir el continente”, explica. “Ahora Europa se ha convertido en un exportador de terroristas. Lo que debemos analizar es qué problema tenemos en Europa. No si el islam es bueno o malo”.

El imam aboga por afrontar la religión islámica “como lo que es: parte de la historia de España aunque algunos no quieran verlo. Se tiende a relatar la historia del país sobre el pasado griego, romano y judeocristiano. Pero el Islam ha estado presente aquí durante muchos siglos en de forma mayoritaria. Si aprendemos a integrar este concepto en la enseñanza de los más pequeños, estaremos dando el primer paso para lograr evitar exclusiones y discriminaciones injustas”.

4. Rumbo a Siria.

La sensación de exclusión lleva a menudo a buscar la aceptación en una comunidad que les abra los brazos. “El Estado Islámico les ofrece una bandera, unos ideales, un concepto de hermandad utópico, y el único requisito exigido es abrazar el salafismo y morir por esos ideales corrompidos”, resume Baghar.

El desarraigo, la pobreza y la falta de oportunidades acaban sumiendo a los más jóvenes en situación difícil de mantener. Ahí es donde entra en juego la yihad.

El grupo Estado Islámico se ha convertido en un polo de atracción. Cualquier individuo puede pasar de sentirse un cero a la izquierda a considerarse imprescindible. Ni siquiera es necesario hablar árabe: “La estrategia de captación de Estado Islámico se basa en el concepto de las brigadas internacionales de la Guerra Civil española”, dice Alí. “Proponen un ejército conformado por soldados de todos los países. Comunicarse tampoco es difícil porque siempre los voluntarios siempre pueden encontrar a alguien que proceda de su país y les haga mucho más llevadero el proceso de integración”.

Según Alí, los estímulos que llegan a través de las redes sociales construyen una imagen del Estado Islámico casi irresistible: “Cuelgan fotos de muyahidines con grandes coches y armas, con poder. No descartan a nadie. No importa que te postules como soldado, como suicida o como trabajador. Siempre hay algo por hacer en un estado en construcción”.

Las motivaciones para unirse a una célula terrorista no son siempre las mismas.

En torno a Kaike se barajan hipótesis relacionadas con la religión, el dinero, el amor e incluso la traición.

Quienes conocen a Taufik tienen menos dudas: “Lo que buscaba era legitimar su violencia. Se trata de una persona violenta, con muchos problemas de adaptación y poca suerte en la vida”, señala Alí, que recuerda que Taufik tenía antecedentes por robo y narcotráfico. “Había pasado un tiempo en prisión. Delinquía y siempre se metía en líos. Llegó Estado Islámico y le ofreció irse a Siria a cortar cabezas y cobrar por ello. Aquello le convertiría en un héroe. Le estaban prometiendo una recompensa por hacer todo lo que aquí en España le suponía una condena. El dinero se acaba gastando. Ganar una reputación y encontrar tu lugar en el mundo son conceptos mucho más duraderos”.

Taufik se convirtió en uno de los elementos con más peso en la célula. Su carisma, su arrojo y sus planteamientos radicales le convirtieron enseguida en una de las voces más respetadas del círculo.

Que en el coche interceptado en Bulgaria viajaran tres personas fue una casualidad. Estaba previsto que con ellos viajase un cuarto miembro de la célula que al final no pudo unirse a la expedición.

El magistrado que instruye la causa explica que Said Touay, otro de los detenidos residentes en Ca N’Anglada, había manifestado su intención de enrolarse en Estado Islámico. “Tenía intención de partir con su familia o de atentar en España si no conseguía marcharse”, explica en su auto. La imposibilidad de llevarse a los suyos le llevó a permanecer en España y a seguir acudiendo a las reuniones del grupo.

“Con la marcha de Taufik, Kaike y Mohamed, su peso específico en la célula aumentó”, dice el auto del magistrado, que añade que “hacía proselitismo, justificaba el terrorismo y veía vídeos de acciones violentas, ejecuciones y canciones yihadistas de Estado Islámico”.

5. El peluquero y el neonazi.

Estas sesiones de exposición intensiva a discursos terroristas se desarrollaban sobre todo en el domicilio del cabecilla del grupo. Antonio Sáez es un peluquero granadino que reside en Sabadell y que encontró en el islam el refugio a una vida de excesos.

Se casó con una marroquí, se rebautizó como Alí, abandonó su adicción al alcohol y se entregó en cuerpo y alma al integrismo islámico.

Nadie en su barrio podía sospechar de sus actividades. “Se hizo musulmán, se dejó barba, sí, pero era un ciudadano ejemplar. Ayudaba a todo el mundo. Nadie podrá decirte una mala palabra de Antonio en este barrio”, resume Manuel, uno de sus vecinos. A pesar de las apariencias y de que “siempre saludaba”, Antonio fue el fundador de la célula terrorista y el alma del grupo.

El terrorismo procura extraños compañeros de viaje. En la peluquería que regentaba, el granadino conoció a Diego José Frías, un neonazi que lideró las listas electorales de dos partidos de extrema derecha: Movimiento Social Republicano (MSR) y España 2000. El odio a los judíos los unió, según explica el auto del juez.

Frías tenía afición por las armas y eso le convirtió en la persona encargada de conseguir el arsenal. Ambos planeaban atentar contra una librería judía de Barcelona y contra una sinagoga.

Pocos en Sant Quirze, donde vivía Frías, pueden creer que aquel joven xenófobo haya acabado en prisión por colaborar con la yihad. “No doy crédito; nunca hubiese imaginado que se relacionase con moros y mucho menos que planease atentar con ellos”, explica Xavier, un joven vecino de la urbanización en la que residía Frías. Lo define como “un tipo con las ideas claras que no escondía sus ideas racistas y sus planteamientos contrarios a la inmigración” aunque “creo que para todo su entorno ha resultado una sorpresa”.

No es la única sorpresa que entraña este caso. La última la han protagonizado las fuerzas policiales. Los Mossos d’Esquadra denunciaron recientemente que miembros de Policía Nacional alertaron a los miembros de esta célula yihadista del seguimiento que se les estaba realizando.

Este presunto chivatazo motivó que los integrantes de Fraternidad Islámica se pusiesen en guardia y modificasen sus planes iniciales. El conseller de Interior de la Generalitat, Ramon Espadaler, aseguró que los miembros de la célula se enteraron en noviembre de que les estaban investigando. Un soplo que según el conseller puso en peligro la operación y la integridad del agente de los Mossos que se hallaba infiltrado en el grupo.

Espadaler aseguró que los terroristas, al verse detectados, precipitaron su marcha a Siria por lo que hubo que alertar a la policía búlgara de que los interceptara antes de que entraran en las filas de Estado Islámico.

La alianza entre fundamentalistas islámicos y ultraderechistas es uno de los argumentos que esgrimen los expertos para eximir a la religión de ser la causa de la radicalización.

“Mezclar terrorismo yihadista e islam es propio de imbéciles”, dice José María Gil Garre, director del departamento de Estudios contra el Terrorismo del Instituto de Seguridad Global. “Es como si confundiéramos el terrorismo de las milicias cristianas de la República Centroafricana con la religión cristiana o a los grupos budistas que despellejan vivos a los musulmanes en Birmania con el hecho religioso budista”.

Gil Garre sostiene que los detenidos no han experimentado una conversión religiosa sino ideológica. “El terrorismo yihadista es una ideología que se apoya en unos argumentos muy definidos y en textos e interpretaciones del hecho religioso islámico”, dice. “El terrorismo yihadista es una basura ideológica y pseudoreligiosa. Retuerce el único libro en el que dicen creer, el Corán, hasta hacer que determinados textos signifiquen y digan lo que en realidad no significan ni dicen”.

Esta visión retorcida es la que se está llevando a más jóvenes al Estado Islámico. El Ministerio del Interior cifra en 60 el número de españoles que se hallan en los territorios ocupados por el grupo. La mayoría están en Raqqa la ciudad más importante de la región.

Entre ellos se encuentra Abdellatif Chahmout, el único vecino de Ca N’Anglada del que se tiene constancia que se haya unido a los terroristas. Llegó a Raqqa con escala en Alemania y no encontró ningún impedimento en su camino. El billete se lo pagó Lahcen Zamzani, otro de los detenidos en la operación Caronte.

No sólo le abonó aquel pasaje. También le dio las pistas para llegar mediante un itinerario seguro: haciendo escala en alguna ciudad alemana. El país cuenta con el mayor número de ciudadanos turcos de la Unión Europea y la conexión aérea con Turquía (paso previo a la entrada a Siria) es más habitual y fluida que en otros países. Los controles son mucho menos férreos. Abdellatif hizo escala en Dusseldorf y no encontró ningún obstáculo para alcanzar territorio sirio.

“De todos modos, antes casi todos los caminos eran seguros”, dice el periodista Rachid Alí. “Los españoles que se han unido a Estado Islámico llegaron a Siria entre 2012 y 2014. Durante ese intervalo, el control de las fronteras era nulo. Los gobiernos occidentales eran conscientes de que había gente que se marchaba a combatir con los radicales, pero a nadie interesó frenar ese fenómeno. Entonces el enemigo era el presidente Bashar al Asad e interesaba tener a gente peleando contra él. Ahora las cosas han cambiado”.

Los españoles que se unieron al Estado Islámico antes de que se endureciesen los controles fronterizos empiezan a echar raíces en su nueva patria. Hasta el punto de que el pasado mes de abril nació el primer español en territorio ocupado por el grupo. Se trata del primogénito de Kokito Castillejos y Assia Ahmed.

Casillejos es un informático de Ceuta que se unió a la yihad en 2013 y que ahora pasa por ser uno de los miembros más sanguinarios del ISIS: se ha hecho célebre en la red por fotografiarse con las cabezas de los enemigos a los que él mismo decapita. Ella es una ceutí que se marchó siguiendo sus pasos, logró atravesar la frontera siria y se unió a él en matrimonio. Ahora Assia ha dado a luz a un niño en Siria, según dice José María Gil Garre, director del Instituto de Seguridad Global.

El periodista Rachid Alí cree que España volverá a sufrir el impacto del terrorismo islámico. Entre otras cosas porque el problema ya no es un coto exclusivo de inmigrantes árabes. Cada vez más españoles caen las redes del terrorismo islámico.  Es una guerra hipodérmica que discurre por debajo de la piel y que cada vez resulta más difícil de identificar.

El estado lamentable de la primavera árabe

Si parte del mundo árabe vive una transición, será una transición larga. Túnez es el único país afectado por las revueltas de 2011 que parece progresar hacia una situación política más libre. El ataque terrorista en el Museo del Bardo hace peligrar ese avance.

Si parte del mundo árabe vive una transición, será una transición larga. Túnez es el único país afectado por las revueltas de 2011 que parece progresar hacia una situación política más libre. El ataque terrorista en el Museo del Bardo (con 19 víctimas, 17 turistas extranjeros) hace peligrar ese avance.

El ataque no lo ha reivindicado nadie pero no faltan candidatos. Túnez es uno de los principales proveedores de combatientes del grupo conocido como Estado Islámico en Siria, Irak y Libia: más de 7.000. Quienes van pueden volver con una misión como ocurre en los países europeos. El mercado ilegal de armas es también más accesible. Pero hasta que no haya una reivindicación creíble nada es definitivo.

Tampoco faltan posibles excusas. Una podría ser que la presunta muerte en combate este martes en Sirte (Libia) de Ahmed Rouissi, un tunecino sospechoso de asesinar al político Chokri Belaid en 2013. Otra que en el momento del ataque el Parlamento debatía una nueva ley antiterrorista. Una prueba de la unión de los diputados es este canto improvisado del himno durante el cierre por el ataque:

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“La voluntad del ataque de desestabilizar Túnez es obvia”, dice Eduard Soler, coordinador de investigación en el Cidob: el turismo es una fuente básica de ingresos y el Parlamento, que está en el mismo complejo de edificios que el museo, es la muestra de unidad de la sociedad tunecina. Soler no cree que el atentado vaya a acabar por ahora con el experimento tunecino. Ha ocurrido otras veces: en octubre de 2013 hubo dos intentos fallidos. El terrorismo tiene fácil acertar -es extraño de hecho que no haya ocurrido antes en Túnez-, pero también requiere cierta organización. Los cruceros suelen atracar en Túnez los miércoles y los pistoleros esperaron a que llegaran los buses para atacar.

El polvorín de Libia

La primavera árabe fuera de Túnez no necesita nuevos atentados para descarrilar. Hubo al menos otros cinco países donde las revueltas tuvieron cierto impacto: hoy son todos un desastre igual o mayor que en 2011. Siria es el caso más sangrante. El régimen ha matado a decenas de miles de sirios y el caos ha permitido el desarrollo de Jabat al Nusra y Estado Islámico. Libia es un polvorín. Egipto y Túnez viven pendientes de sus fronteras con Libia. Egipto bombardea de vez en cuando suelo libio. Túnez, además, debe vigilar que Al Qaeda en el Magreb no le ataque desde Argelia. Sirte, la ciudad natal de Gadafi, está dominada por Estado Islámico. Con el dictador habría sido impensable. Yemen es un país dividido entre el presidente depuesto, que gobierna desde Adén (en el sur del país) y el norte controlado por los hutíes, una secta chií que conquistó la capital en enero. Las monarquías del Golfo ya han colocado sus embajadas en Adén. El embajador americano, que ha cerrado la sede diplomática en Saná, la capital, estuvo de visita en Adén hace poco. No hay guerra civil pero puede haberla. Los asesinatos de periodistas y activistas apenas son noticia en el exterior.

Bahráin revive de vez en cuando la represión de los chiíes, que es intermitente desde 2011. Egipto es otra broma pesada. El Gobierno del presidente Sisi es más severo que el de Mubarak ante cualquier tipo de oposición. Acaba de implantar un visado previo al viaje para los turistas, como si no necesitara sus ingresos para subsistir. La excusa que ofrecen es que Europa exporta ahora posibles islamistas. Egipto vive amenazado por ataques terroristas, sobre todo en la península del Sinaí.

Antes de que las cosas mejoren, primero van a peor. Las revueltas acarrearon al menos tres cosas que no han ayudado al desarrollo en la región:

  • La caída falsa de la vieja guardia. Gadafi, Ben Ali, Mubarak, Asad, Saleh, los Saud mandaban y mandan mucho en sus países pero su régimen no era cosa de una sola persona. Hay miles de acólitos en sus partidos y en el ejército que vivían bien gracias a la “estabilidad”. Su caída era el fin de la buena vida para muchos. No lo han permitido y la vieja guardia ha vuelto o nunca se ha ido.
  • La libertad y el poder. En Túnez y en Egipto sobre todo se vivieron meses donde la sociedad fue más o menos libre de equivocarse. Y se equivocaron. Pero también bajó la vigilancia contra el yihadismo. Los predicadores salafistas eran más libres de reclutar. Es una ironía que la libertad trajera más problemas, pero ninguna sociedad en transición gestiona con facilidad los cambios repentinos. En 2010, el futuro presidente islamista de Egipto, Mohamed Morsi, decía que la palabra oposición no le gustaba: “Tiene la connotación de perseguir el poder y en este momento no buscamos el poder porque requiere preparación y la sociedad no está preparada”. En poco más de dos años, Morsi y los Hermanos Musulmanes cambiaron de opinión. La cercanía al poder les pudo y el país, claro, no estaba preparado.
  • La falta de desarrollo. El problema de las dictaduras no era tanto la falta de libertades como la falta de progreso económico. Cuando el cambio político no trajo mejoras económicas, muchos decepcionados se volvieron hacia otros líderes: la oferta terrenal y espiritual del yihadismo ha visto un hueco para los decepcionados.

El foco estará estos días en el norte de África y en Oriente Medio. Pasará como otras veces hasta nuevo aviso. Las transiciones tienen otro tipo de tiempo. La única esperanza es que Túnez aguante en su camino.

Rajoy o la noluntad

unamuno

La otra noche soñé que estaba de pie junto al quicio de la puerta de una modesta habitación de la Residencia de Estudiantes, observando cómo un hombre corpulento de nariz de águila y ojos de avutarda, prestos al combate tras unas finas lentes como de alambre, terminaba de pergeñar unas cuartillas.

La otra noche soñé que estaba de pie junto al quicio de la puerta de una modesta habitación de la Residencia de Estudiantes, observando cómo un hombre corpulento de nariz de águila y ojos de avutarda, prestos al combate tras unas finas lentes como de alambre, terminaba de pergeñar unas cuartillas. Su afilada perilla, más oscura que el resto de la barba, acentuaba su aire cenobítico. Escribía encorvado sobre una mesita de madera delante de un mal catre de pino que medio ocultaba tal vez una bacinilla grande, tal vez una palangana. Vestía un traje gris oscuro bastante arrugado bajo el que asomaba un jersey de cuello redondo e igual tono que, a su vez, permitía atisbar el nudo de una corbata oculta. Cuando terminó de escribir se puso en pie, agarró un sombrero pavero y me hizo ademán de que le siguiera.

Sobrevolando Madrid cual peatones del aire nos plantamos en dos zancadas en el exterior de la Moncloa y nos encaramamos hasta el alféizar de una ventana del piso superior. En una estancia mucho más lujosa que la que habíamos dejado, el presidente del Gobierno se afanaba en pijama en acabar el Sudoku Difícil de todas las noches.

Mi acompañante susurró algo en mi oído. Yo no le entendí y él lo repitió despacio con voz muy queda: “Los que forman el comité de un partido político no quieren nada para la Nación. A lo sumo para sí mismos. De ordinario no quieren sino matar el tiempo”. A continuación se llevó el dedo a los labios, indicándome que no me moviera y escuchara atentamente. Él traspasó el cristal como lo haría un espectro y el recinto se transformó en el salón principal del casino de Pontevedra.

Dejo a Jabois la descripción de los butacones de cuero, el artesonado de madera, la mampostería de yeso y las volutas de humo, en caso de que las hubiera. Mi mirada fue directa a las fichas nacaradas en que se había metamorfoseado el Sudoku. Fue entonces cuando el hombre de los ojos de avutarda increpó por primera vez a Rajoy:

“Te pones a hacer elecciones con el mismo espíritu con que te pones a jugar al chamelo”.

El presidente apartó la mirada de la partidita y con más fastidio que sorpresa se percató de que estaba siendo interpelado.

“¿Espíritu?”, respondió desconcertado.

“¡No! Bueno, lo que sea… Y a lo mejor se te ocurre decir que está ya comprometido tu amor propio”.

“¿Amor propio?”

“¡No! Eso que tú llamas amor propio no es sino tontería. Tontería, sí, así como suena, tontería. ¡Lo único que tú quieres es que te dejen en paz!”.

“¿Y qué voy a hacer yo?”, dijo el presidente encogiéndose de hombros.

El hombre del sombrero pavero no esperaba una respuesta tan franca. Por eso vaciló mientras tomaba impulso.

“¡Qué sé yo…! Es decir, sí lo sé. Revolverte, agitarte, querer algo…”

“¿Qué?”, repuso de nuevo Rajoy con su mezcla de sorna y retintín.

Rajoy, Unamuno y la noluntad
Ilustración: Javier Muñoz.

 

Pero mi acompañante había llegado con ganas de pelea.

“¡Lo mismo da! ¡Querer, querer, querer! Y ya la voluntad encontrará su objeto y se creará su fin. No se quiere sino lo que se conoce de antemano, dijeron los escolásticos. Pero yo te digo que no se conoce sino lo que de antemano se quiere. El mamoncillo busca y encuentra la teta de su madre sin haberla conocido antes. Pero aquí ni ese instinto, como a Nación, como a colectividad nos queda”.

Sin darse por aludido “¿mamoncillo, quién es aquí el mamoncillo?-  el presidente esbozó un nuevo atisbo de réplica y entonces el espectro señaló las fichas nacaradas como prueba del delito:

“Oigo decir que el país despierta, pero lo que yo veo es que a nadie le importa nada de nada. Con dejarle a cada cual echar su partidita o lo que sea y engullir su puchero, que no le den quebraderos de cabeza…”

Tanto reproche terminó por irritarle y Rajoy se encaró con el intruso con el mismo tono displicente con que hace poco invitó al jefe de la oposición a no volver a pisar el Parlamento:

“¡Déjeme usted en paz, hombre!”.

A diferencia de lo ocurrido con Sánchez, eso no aquietó al protestatario. Con los ojos de avutarda casi fuera de las órbitas, fue elevándole la voz y terminó gritándole:

“¡Y en paz estamos! ¡Y tan en paz!… ¡Haragán, haragán, haragán! No eres nada más que un haragán…”

Luego hizo una nueva inflexión, sin dejar de mirarle fijamente:

“Y eso aunque cumplas estrictamente con lo que llamas tu obligación… Ese estricto rutinero cumplimiento de tu obligación es la más exquisita forma de haraganería”.

La situación se había tornado tan violenta que el cenobita se creyó obligado a darme explicaciones, volviendo su fantasmal rostro hacia el alféizar desde el que yo le observaba con helada fascinación:

“No conozco haraganes mayores que esos celosos funcionarios a quienes les salen canas en la cabeza y callo en el trasero después de cuarenta años en su oficina”.

Nuevamente señaló a Rajoy:

“La insensibilidad hasta para con los propios males produce espanto. Y no se diga que es resignación, no. ¡Es callosidad!”.

Y otra vez se le echó encima, interpelándole:

“¿Sabes lo que hace ese tedio que, como una llovizna helada, cae sobre nuestras almas, y las cala hasta el tuétano, y nos arrece y nos envejece antes de tiempo?”

Como el jefe del Gobierno de centro derecha con la mayoría absoluta más amplia de la historia de la democracia no articulaba palabra, el espectro se respondió a sí mismo:

“Pues que no queremos nada como pueblo, como Nación… Repara en que no quieres nada, absolutamente nada para España”.

Ya sobrecogido, Rajoy volvió a balbucear:

“¿Y qué podemos hacer?”

Al cenobita casi le molestó más la nueva muestra de impotencia que la anterior callada por respuesta:

“Pues mira, podemos hacer una cosa y es sugerir una inquietud, por vaga que sea, y empezar a dar vueltas y a chillar aunque sea inarticuladamente. Y tú puedes empezar a querer llevar el nombre de tu patria, sobre el tuyo o sin él, fuera de ella”.

Desde el alféizar me di cuenta de que aquel inquietante fantasma había llegado al punto clave de su argumentación:

“No hay voluntad nacional, no hay conciencia nacional, porque no hay voluntad internacional, no hay conciencia internacional entre nosotros… Es perder el tiempo… mientras no se quiera que España sea algo más que un mercado de compraventa… Hay que querer como nación algo más que vivir”.

Rajoy aún se atrevió a musitar un “Que nos dejen en paz…”, sin aclarar muy bien si hablaba sólo por sí mismo o a quién se refería. El hombre de ultratumba le corrigió ahora con severa suavidad:

“No, harán bien en no dejarnos en paz, en la paz mortífera de esta noluntad nacional”.

Había llegado a su título y me había dado un titular: “La noluntad nacional”. Mirándonos alternativamente a ambos añadió:

“Esto os lo dice un español que lleva años trabajando con su pluma desde España… buscando un anhelo que sea el anhelo de su patria. Pero es más cómodo apuntarnos, a lo sumo, en un partido político y echar la partida de chamelo o de tute por las tardes. Y no pensar ni querer nada”.

El diccionario define la noluntad como “el acto de no querer”. Por sus pasmos le conoceréis. Así pasará a la historia el Estafermo: como el campeón de la haraganería política”.

No dijo más. No hacía falta. Se hizo un silencio de sepulcro y como si tuviera prisa de volver al suyo me indicó, tocándose un reloj tosco y ajado, que se había hecho muy tarde y era el momento de partir.

Le acompañé de vuelta a la Residencia de Estudiantes y allí le dejé encorvado de nuevo sobre las cuartillas ante el catre de pino con la bacinilla o la palangana debajo. De regreso a mi casa pensé que nunca nadie había explicado mejor todo lo que nos pasa: desde la abulia administrativa hasta la esterilidad de la mayoría parlamentaria, desde la cobardía del presidente hasta la idiocia de su gobierno.

En la diatriba que acababa de escuchar resonaban la infame abdicación en la búsqueda de la verdad del 11-M, los bochornosos patinazos y concesiones a los terroristas, las promesas incumplidas a los electores, la ausencia de reformas dignas de tal nombre, los SMS encubridores de la financiación tramposa e ilegal, el cruzarse de brazos ante denuncias de corrupción tan concretas como la del ático, las designaciones partidistas a cambio de renuncia al poder territorial -no vaya a ser que haya alguien que pretenda hacer algo consecuente-, la pasiva conllevancia con el separatismo o con el paro a la espera de que las tempestades amainen por sí solas y sobre todo la indiferencia ante cuanto sucede alrededor y la consecuente irrelevancia de una España excluida del consejo del BCI, infrarrepresentada en la Comisión Europea, timada con el señuelo de la presidencia del Eurogrupo, marginada en la lucha contra el yihadismo, ajena a la negociación con Cuba, pasiva ante la represión política en Venezuela, sin interlocución con los grandes de la Tierra.

Entré en mi portal y cogí febril el ascensor, confundiendo los latidos del corazón con los chasquidos de su caja de madera. La brusca parada en el piso correspondiente me despertó de golpe. Me había quedado dormido en la silla con antebrazos del despacho con dos grandes tomos abiertos encima de la mesa. El uno era la revista La Esfera de 1914 y mostraba la entrevista que José María Carretero, más conocido como El Caballero Audaz, hizo a Miguel de Unamuno en la austera habitación que siempre que venía a Madrid ocupaba en la Residencia de Estudiantes, sita entonces en la calle Fortuny.

El otro tomo era el primero de la revista España y estaba abierto por la página 7 del número 8. La ocupaba casi íntegramente el famoso artículo que con el título de “La noluntad nacional” sirvió al rector de Salamanca para denunciar el conformismo de aquella España de la Restauración, abocada a todos los desastres. Yo mismo había subrayado cada una de las palabras literalmente transcritas en este texto.

El diccionario define la noluntad como “el acto de no querer”. Por sus pasmos le conoceréis. Así pasará a la historia el Estafermo: como el campeón de la haraganería política. El texto de Unamuno está fechado el 19 de marzo de 1915. Tranquilos, que el próximo jueves cuando se cumpla el centenario de su publicación, la Moncloa no lo circulará, la prensa adicta no lo reproducirá y Rajoy no lo leerá. ¿Memoria histórica? ¡Hasta ahí podíamos llegar! No, no y no.

El pacto antiterrorista: ¿un error permanente o revisable?

El ingeniero y otros miembros del colectivo Socialismo es libertad dudan de la utilidad del pacto recién firmado entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez y defienden el acuerdo de 2000 promovido por José Luis Rodríguez Zapatero.

El Pacto contra el Terrorismo firmado el lunes es un error porque sus valores y su grado de consenso suponen un retroceso respecto al Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo, que estaba vigente desde que en 2000 lo firmaran también PP y PSOE, a iniciativa de José Luis Rodríguez Zapatero, entonces líder de la oposición. Si el pacto recién firmado hubiera sido el primero en la materia, habría que reconocer como un gran avance que los partidos que han alternado responsabilidades de gobierno desde 1982 hubieran logrado un amplio acuerdo para afrontar la lucha contra el terrorismo, evitando que el oportunismo o el cortoplacismo que con frecuencia condicionan el debate entre partidos pudiesen comprometer este objetivo clave para la estabilidad del Estado y la seguridad de los ciudadanos. Sin embargo, como un nuevo pacto supone enmendar el anterior (que seguía vigente y preveía además reuniones periódicas de su comisión de seguimiento), resulta necesario comparar las exigencias de uno y otro.

Para explicar su contexto, hay que remontarse a la sangrienta década de los 80, cuando ETA llegó a asesinar a 93 personas en un solo año. Después de muchos debates y acuerdos de menor alcance, casi todo el espectro político español y vasco (todos los partidos salvo Herri Batasuna), suscribieron entre 1987 y 1988 los Pactos de Madrid, Ajuria Enea y Navarra. Los firmantes compartían, entre otras medidas, la necesidad e importancia de la acción policial para acabar con el terrorismo de ETA y se comprometían a no negociar acuerdos políticos con la banda terrorista.

Una década después, estos pactos quedaron rotos al adoptarse el de Estella, entre los partidos vascos de carácter nacionalista e Izquierda Unida del País Vasco, que admitía negociaciones políticas con ETA. Ante este embate, mediante el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo de 2000, PP y PSOE, que eran entonces no sólo los dos grandes partidos sino los únicos no nacionalistas en el Congreso (aparte de Izquierda Unida, que formaba parte del Pacto de Estella), reiteraron sus compromisos de 1987-88. La lucha contra el terrorismo se afianzaba así como política de Estado, lo que permitió desarrollar nuevos instrumentos como la posibilidad de ilegalizar los partidos que justificaran la violencia. Este acuerdo, junto a la continua y eficaz labor policial y judicial en concierto con otros países, acabó sometiendo a ETA, que dejó de matar una década más tarde, aunque aún no ha sido disuelta.

Recordemos dos párrafos del acuerdo de 2000:

  • “Nuestro sistema penal ofrece una respuesta jurídica adecuada para reprimir esos delitos. No obstante, si nuevas formas delictivas o actitudes y comportamientos que constituyeran objetivamente colaboración o incitación al terrorismo exigiesen reformas legales, nos comprometemos a impulsarlas en el marco del mutuo acuerdo”.
  • “La política penitenciaria forma parte de la estrategia de persecución contra las bandas terroristas y, por tanto, se sitúa en el marco de acuerdo entre ambos partidos y con el Gobierno. Dentro de nuestro ordenamiento jurídico, la legislación penitenciaria ha de aplicarse asegurando el más completo y severo castigo a los condenados por actos terroristas. La política penitenciaria contemplará las formas de reinserción de aquellos que abandonen la organización terrorista y muestren actitudes inequívocas de arrepentimiento y voluntad de resocialización tal y como establece nuestra Constitución.”

El primero nos muestra que el único avance objetivo del pacto recién firmado (la penalización del “terrorismo individual” que representan el adiestramiento y la radicalización por Internet o el desplazamiento al extranjero para colaborar con una organización terrorista) no supone un cambio de paradigma respecto a la lucha contra el terrorismo, sino una mera actualización de sus instrumentos a través de una reforma legal cuyo alcance ya estaba previsto en el acuerdo de 2000.

El segundo debe compararse con la absoluta ausencia en el nuevo pacto de referencias a los objetivos de reeducación y reinserción de las penas que proclama nuestra Constitución. En contraste, quienes firmaron el acuerdo de 2000 no olvidaron ese punto a pesar de vivir un momento de recrudecimiento de los atentados especialmente dirigidos contra sus compañeros de partido (o de haber sido ellos mismos víctimas, como era el caso del presidente Aznar).

Rechazar la prisión permanente (el mecanismo de “revisabilidad” propuesto por el PP es una argucia tan falta de garantías jurídicas como de valores morales) incluso para quienes cometen los peores crímenes es una demostración del alto nivel de civilización de una sociedad, que no busca medirse en crueldad ni siquiera con los más viles asesinos. Además, la ley del talión en absoluto ha demostrado su eficacia (obsérvese la alta criminalidad que sufre Estados Unidos) y la agravación de las penas (que actualmente llegan ya a los 40 años de cárcel) no servirá en absoluto para disuadir a los terroristas etarras, yihadistas o de cualquier otra calaña.

En suma, resulta un grave error sustituir el acuerdo de 2000 por otro cuya única novedad destacable es la tibieza respecto a un retroceso en los derechos humanos. Desde la perspectiva del PSOE, intentar salvarlo con la pirueta de anunciar simultáneamente un recurso de inconstitucionalidad contra la cadena perpetua sólo sirve para restar solemnidad a un acuerdo sobre una materia ante la que no deben mostrarse fisuras.

Por el contrario, se podía haber reafirmado en sus términos el acuerdo de 2000, reuniendo a su comisión de seguimiento para expresar la preocupación común ante la amenaza yihadista. Habría resultado más claro y coherente, y no impedía que el PSOE presentara en su día el citado recurso de inconstitucionalidad cuando el PP apruebe la cadena perpetua.

Además, la premura, cierta opacidad y la exclusión en la primera ronda de contactos a partidos que demuestran desde hace años su compromiso con el espíritu del acuerdo de 2000 (aunque no lo firmaran por no existir entonces) hace sospechar de un cierto afán electoralista. Podría interpretarse que buscan presentarse como los únicos capaces de plantear políticas de Estado cuando, en realidad, el resultado rebaja el exigente consenso preservado desde hacía 15 años. En su lugar, se podría haber aprovechado la referida reunión de la comisión de seguimiento del acuerdo de 2000 para proponer abiertamente a otros partidos sumarse al pacto.

¿Es posible enmendar estas decisiones? ¿Quién debería tomar la iniciativa? ¿Cuándo sería demasiado tarde? En definitiva, ¿haber sustituido el acuerdo de 2000 por el nuevo pacto antiterrorista es un error permanente o revisable?

Suscriben asimismo esta tribuna otros miembros del colectivo Socialismo es libertad (@socialismoeslib):  Manuel Lobo (@mloboparra), Emilio Rodríguez (@marquesriparia), Aurora Nacarino (@auroranacarino), Ariane Aumaitre (@ariamsita), Ramón García (@RamonGarcia00), Carlos Victoria (@VultureCt), Pau Regañas (@pauregas)

El Español Preocupado
y los guisantes del Profeta

Ilustración de Penagos para el lanzamiento de la revista “España” en enero de 1915.

Me he cruzado contigo estos días en la calle y en las redes sociales y he notado en tu mirada, Español Preocupado, una carga adicional de perplejidad y de tristeza.

Me he cruzado contigo estos días en la calle y en las redes sociales y he notado en tu mirada, Español Preocupado, una carga adicional de perplejidad y de tristeza.

A tu malestar por la marcha de la economía, a tu enfado cada vez que oyes la palabra “recuperación” cuando sigue faltándote casi todo lo que te quitaron, a tu indignación por el encubrimiento de la corrupción y a tu desprecio por los políticos que sólo te ofrecen más de lo mismo, se ha sumado el espanto por la matanza de dibujantes en Paris.

Has seguido los acontecimientos à bout de souffle: el cerco a los asesinos, la muerte de rehenes en el supermercado, la magna manifestación de Paris, el envidiable coro de diputados entonando La Marsellesa, la reaparición de Charlie Hebdo con su Tout est pardonné, el inaudito comentario del Papa… y al final lo que domina tu ánimo, y se te nota, es una amarga sensación de impotencia.

¿Has perdonado tú? ¿Lo habrías hecho si las víctimas fueran tus familiares o amigos? Claro que no. Alguien como tú, Español Preocupado, que según Xenius -es decir Eugenio D’Ors- representas “la inteligencia paciente a dos dedos quizá de la desesperación”, sólo puede perdonar a quien entiende.

Hemos visto matar por dinero, por celos, por venganza, para acabar con las clases opresoras o para conseguir la independencia vasca. También como respuesta a la invasión de Irak o la situación en Palestina. La lógica de los asesinos ha estado monstruosamente clara. ¿Pero quién entiende que se mate para impedir dibujar a una figura histórica? Mahoma, el indibujable. He ahí el objetivo de los verdugos de Charlie Hebdo y los millones que les respaldan: crear un mundo en el que los trazos de un hombre cuyo rostro  real desconocemos no sean jamás imaginados sobre lienzo, papel  o cartulina. Eso es para ellos el “insulto”: no que el retrato sea injurioso o grosero sino que exista como tal, que pretenda ser retrato.

El matiz es importante. Si ninguno de sus contemporáneos reprodujo los rasgos de Mahoma, ¿cómo saben los creyentes que el caricaturizado es él? Ah, porque lo dicen los dibujantes como cuando Goliat mascullaba en los tebeos del Capitán Trueno aquello de “¡Por las barbas del Profeta!”.

O sea que lo que merece la muerte es la intención de representar a Mahoma. Ya. Entiendo que tu tentación sea encogerte de hombros, envolverte en la capa, calarte la chistera, dejarte crecer la perilla, “levantar los ojos al cielo y volverle la espalda a la pequeña ciudad barroca”. Así te dibujó Penagos y así te describió Xenius como emblema de la revista España, tal enero como este de hace cien años.  Sí, ya sé que, en palabras de tu creador “el día siguiente al triunfo de la Inteligencia se llama Melancolía”. Pero no te me escapes y hagamos, Español Preocupado, el recorrido juntos porque, lo quieras o no, estamos abocados a graves dilemas.

Ilustración de Penagos para el lanzamiento de la revista “España” en enero de 1915.
Ilustración de Penagos para el lanzamiento de la revista “España” en enero de 1915.

Llevo semanas enganchado a la serie colombiana Escobar, el patrón del mal. Me atrae la reconstrucción de los años en que el cartel de Medellín tuvo contra las cuerdas al Estado y en especial el propósito que repite de forma machacona la sintonía que acompaña a los rótulos: “Que no se borre de tu mente… En honor de nuestros muertos que cayeron vilmente…” ¿Por qué en España no se evoca en la televisión a Gregorio Ordóñez, Fernando Buesa o José Luis López de la Calle como en Colombia se hace con Rodrigo Lara Bonilla, Luis Carlos Galán o el director de El Espectador Guillermo Cano? Me encontré el martes con María San Gil y los dos le pusimos nombre y apellido a la respuesta.

Pues bien, en esa serie la madre del sanguinario capo lo encomienda una y otra vez al Niño Jesús de Atocha, proliferan misas y rezos e incluso aparece un sicario llamado Caín que ejerce el narco terrorismo biblia en ristre. “Dale Señor el descanso eterno…”, repite tres veces tras ejecutar a un rival maniatado. “Y brille para él la luz perpetua…”, añade Escobar otras tantas contemplando el cadáver.

Pretenden crear un mundo en el que los trazos de un hombre cuyo rostro desconocemos porque no fue retratado en vida no sean jamás imaginados sobre lienzo, papel o cartulina”.

El momento culminante del relato llega cuando Caín se persigna al escuchar el estallido del vuelo de Avianca en el que murió un centenar de pasajeros a resultas de la bomba que él mismo había contribuido a colocar. ¿Fantasía truculenta del guión? No, mera trasposición del personaje de Brances Muñoz, uno de los hijos de un pastor protestante captados para la causa en los barrios bajos de Medellín, un entorno de fanatismo y miseria no muy diferente de las banlieues donde crecen los islamistas de segundas generación.

Matar con el crucifijo al lado e incluso en su nombre no es una práctica extinguida. En los años 90 un grupo de reverendos de la Iglesia Luterana Reformada puso bombas en clínicas abortistas y asesinó a tiros a uno de los médicos. Tras la matanza de Oklahoma asomaron las tramas del fundamentalismo cristiano. Y otras religiones también siguen produciendo engendros similares. El asesino de Rabin pertenecía al Sionismo Mesiánico y el hombre que asesinó a 29 musulmanes en la Tumba de los Patriarcas era un estrecho colaborador del rabino Kahane. Fue una secta budista, cuyos miembros llevaban electrodos en la cabeza para recibir la energía espiritual del Maestro, la que perpetró el mortífero ataque con gas sarín en el metro de Tokio. ¡Qué bien se mata en nombre de un dios!

La diferencia reside en que mientras en todos estos casos sus protagonistas fueron tratados como dementes marginales, los sondeos reiteran que el yihadismo tiene porcentajes de apoyo significativos entre una población musulmana cuya gran mayoría se siente ofendida por cualquier representación material del Profeta.

Es cierto, Español Preocupado, que la Iglesia Católica también impulsa creencias, como la inmaculada concepción de María o la transubstanciación del cuerpo de Cristo, que nunca podrán pasar el fielato de la razón pero  tomárselas a chacota, como también hacía Charlie Hebdo, no tenía consecuencia alguna en la Francia de hoy. Parece que esa integración de la irreverencia en la cultura cívica también le molesta a un Papa de otro hemisferio como Bergoglio.  Pero fue la caída y ejecución de Robespierre lo que permitió salvar la tolerancia volteriana de las garras del culto al Ser Supremo que el ídolo de Pablo Iglesias pretendía imponer mediante la tenaza del terror y la virtud.

En uno de sus debates clave el gran Vergniaud, águila de la Gironda, reprochó al Incorruptible que pretendiera incluir una referencia al Ser Supremo en la Declaración de los Derechos Humanos: “Puesto que no tenemos ni a la ninfa de Numa ni a la paloma de Mahoma, lo único que podemos interponer entre el pueblo y los legisladores es la razón”.

Vergniaud se refería  a los imaginarios encuentros de Numa Pompilio, segundo rey de Roma con la ninfa Egeria, supuesta fuente de su autoridad, y a la creencia de que el Profeta recibía mensajes de Alá a través de una paloma que se los susurraba al oído. La contraleyenda cristiana alegaba que Mahoma se colocaba guisantes en las orejas para atraer a la paloma.

Ese racionalismo laico, invocado por el gran orador de Burdeos, fue el fruto de la secularización de la Europa cristiana y es hoy la piedra angular de nuestra civilización. Nada sería tan suicida como sustituirla por un multiculturalismo que fomente la equidistancia entre lo que queremos ser y lo que no queremos ser, otorgando a las minorías musulmanas la capacidad de condicionar la conducta de las mayorías.

Sólo quienes estén dispuestos a sacar los guisantes de los oídos del Profeta deben ser bienvenidos. La libertad de culto es sagrada pero más aún debe serlo el cultivo de la libertad”.

En eso es en lo que desemboca la “alianza de las civilizaciones” que el Papa Francisco acaricia como “alianza de las religiones”: en la autocensura para evitar ser percibidos como blasfemos y en el mirar para otro lado cuando la mujer es sometida a la vejación de transitar velada en público. Por eso aplaudí al diario La Razón cuando se desmarcó de la corrección del rebaño y además de decir “Je suis Charlie” lo fue, reproduciendo en la portada una de las caricaturas, lo que le obliga a medir desde ahora todas las supersticiones por el mismo rasero.

Aunque lo hagan de corazón, es inaceptable que los líderes musulmanes condenen el terrorismo yihadista sin actuar sobre sus coartadas. No he oído a ningún imán decir estos días que la prohibición de retratar a Mahoma nada tiene que ver con la sustancia del Islam, que de hecho existen representaciones respetuosas del Profeta,  que la única frontera entre lo que es ofensivo y lo que no lo es está definida por el Código Penal  y que el buen gusto no es un precepto legal.

Debemos exigir a los líderes musulmanes que no se tapen los oídos ante el discurso legitimador de la violencia que germina a su alrededor. Es el mismo esfuerzo que tantas veces pedimos a los ayatolas del nacionalismo vasco: no se trata sólo de repudiar el terrorismo sino de desmontar los mitos que lo alimentan. ¿O alguien duda de que si un grupo autodenominado Guerreros de la Inmaculada se dedicara a matar -o incluso a dar puñetazos como dice Francisco- a quienes refutaran públicamente el dogma, seríamos muchos los que pediríamos a la Conferencia Episcopal que aclarara que es imposible que una mujer sea fecundada con su himen intacto?

Comparto la perplejidad con la que escuchas, Español Preocupado, al ministro del Interior anunciar que “ha acordado ponerse de acuerdo” con el PSOE para adoptar medidas contra el yihadismo y no digamos cuando lees que una de ellas consistirá en “regular la figura del lobo solitario” como si se fueran a expedir carnés a quienes estuvieran rumiando cometer atentados. Sobre todo cuando la previsible nueva diarrea legislativa contrasta con la incapacidad de acordar algo tan sencillo como la devolución forzosa de quien cruce ilegalmente la valla de Melilla por mucho que haya puesto uno, dos o cien pies en territorio español.

Si queremos proteger nuestro modelo liberal de convivencia la Unión Europea debe unificar y replantear la política de inmigración. Sólo quienes estén dispuestos a sacar los guisantes de los oídos del Profeta deben ser bienvenidos. La libertad de culto es sagrada pero más aún debe serlo el cultivo de la libertad, digan lo que digan los pontífices. Una cosa es aceptar el derecho a la diferencia y otra permitir una dinámica de mutaciones tras la que no nos reconozcamos ante el espejo. ¿Qué diría Ionesco, con su Rinoceronte otra vez en escena, de los pronósticos de Houllebecq?

En todo caso, “vuelve a la ciudad”, Español Preocupado, tal y como te aconsejó Xenius. Implícate en este debate, en todos los que te afectan. Busca los Ateneos, entra en las redes sociales, súmate a EL ESPAÑOL. Ten en cuenta que, tal y como te advirtió tu creador hace cien años -ahí lo tienes, negro sobre blanco en el número 3 de la revista- “ésta es la última vez que te consentimos ser de papel”.

Ataque a ‘Charlie Hebdo’: las diez respuestas que hacemos nuestras

Dos islamistas asaltaron el 7 de enero la sede de la revista satírica ‘Charlie Hebdo’ y asesinaron a varios miembros de su redacción. El atentado ha suscitado un sinfín de reacciones: dibujos, artículos y portadas. Aquí EL ESPAÑOL reproduce las diez respuestas con las que más nos identificamos. Aquéllas que hacemos nuestras.