La estrategia de UPyD: sus errores contra el populismo

El eurodiputado cuestiona a su partido por la resistencia al pacto, el olvido de principios básicos y la falta de transparencia interna. Teme que haya perdido una oportunidad única frente al bipartidismo.

La irrupción del populismo en España es a la vez causa y consecuencia de un cambio trascendental del mapa político del que algunos actores en ese escenario ya han tomado nota. PSOE e IU han puesto en marcha mecanismos de relevo en su liderazgo y hasta el propio rey Juan Carlos decidió abdicar en la persona de su hijo.

Pero no todos los partidos han adoptado decisiones que nos permitan pensar que son conscientes del cambio que apuntan las elecciones del 24 de mayo. Y no se trata sólo de un relevo en su cúpula dirigente, que supondría al menos una voluntad de adecuación a ese nuevo tiempo político. Es el caso de UPyD, que tampoco ha considerado oportuno modificar su política de alianzas, con lo que condena al electorado a elegir entre su partido y Ciudadanos en el estéril ejercicio de poner orden entre dos formaciones políticas que ocupan el mismo reducido espacio. Esa negativa genera el inconveniente añadido de que, en algunos casos, ni uno ni otro consigan obtener representación institucional, ya que el porcentaje de voto que pueda alcanzar cada partido quizás no llegue al fatídico umbral del 5% de los sufragios. Algunas encuestas que se han publicado respecto a las próximas andaluzas indican que ese escenario es posible.

No es bueno para Ciudadanos, desde luego. Pero, como fuerza emergente que es en el panorama político nacional -toda vez que dos tercios de sus votos europeos los obtuvo fuera de Cataluña- el partido de Rivera siempre podrá presentar a la opinión pública el balance de una organización en crecimiento. Su rival, por el contrario, deberá explicar el estancamiento electoral, cuando no su retroceso, en un momento en que todo debía indicar su consolidación al alza como proyecto alternativo a la vieja política del bipartidismo y a la eclosión del populismo.

Resulta más grave aún, porque quizás no exista otra oportunidad. Podría así quedar abolida nuevamente en España la posible emergencia de un nuevo centro político, con ambición de gobierno y capacidad de sumar las voluntades de tantos defraudados por la vieja política pero respetuosos con el marco institucional -y las posibilidades de cambio que éste comporta- y que no están dispuestos a respaldar a un movimiento de perfiles poco nítidos y que dice estar decidido a tomar el poder por asalto empezando su particular cuenta atrás en la Puerta del Sol.

No sólo UPyD se ha encerrado en sí misma. Es que -a mi juicio- además se está deslizando por un camino incorrecto en la defensa de su utilidad como partido. Lo que fue una inteligente medida en su día de denunciar las insuficiencias del sistema penal español y la renuencia de las fiscalías en perseguir los delitos provocados por los corruptos -que no era sino una forma de demostrar las carencias del sistema-, se ha convertido en la cuasi única seña de identidad del partido. En su particular baúl de los recuerdos han quedado las medidas que preconizaba UPyD respecto, por ejemplo, a la fusión de ayuntamientos, desaparición de diputaciones, cierre de empresas públicas… en lo que se refiere al imprescindible adelgazamiento de la Administración, a la modificación de la Ley Electoral y de la Constitución o la devolución de competencias en Sanidad o Educación al Estado.

Todo lo que presenta este partido son campañas pretendidamente imaginativas como “desenchufa al corrupto” o ese juego del cartel de quita y pon que lleva por curioso título el de “zona libre de corruptos”… y que se diría que pretendieran frivolizar algo tan dramático en la percepción de los españoles como es este fenómeno. Aún más, cuando de lo que se trata es de ofrecer la idea lo más precisa posible de la España que queremos construir.

¿Ha elegido este partido la estrategia de disputar el voto al populismo desde el populismo, desterrando su rigor institucional y sus buenas propuestas de reforma o conviven ambas posiciones en una especie de ejercicio de infértil estrabismo político?

El partido puede envolverse en la bandera de la transparencia, si bien es cuestión opinable donde las haya en vista de su realidad interna. Y pondré tres ejemplos al respecto: ahora que acabamos de lanzar la campaña de “Somos 10.000” -entre afiliados y simpatizantes- ¿de dónde salen esas cifras? ¿Por qué no somos capaces siquiera de ofrecer los censos de votantes en las primarias y sólo el número de electores? ¿O es que nos parecería razonable que en unas elecciones no se nos facilitaran los fundamentales datos de la participación y de la abstención?  Segundo ejemplo: parece que se va a cerrar la Fundación de UPyD, y con pérdidas, ¿para cuándo una auditoría de la misma? Y tercero, ya que nos hemos referido a la necesidad de control de los viajes de los diputados después del caso Monago, ¿puede garantizar UPyD que en todo momento los desplazamientos de sus representantes públicos -ya sean privados o exclusivamente de partido- no se han financiado con cargo a los presupuestos del Estado?

Serán preguntas que quedarán con seguridad sin respuesta. Lo que parece cada día más claro -ahí está el tristísimo ridículo de su propia convocatoria en la Puerta del Sol- es que UPyD se ha lanzado al denodado -e imposible- trabajo de disputar el voto a Podemos en el terreno en el que esta nueva formación política tiene ganada la batalla antes incluso de plantearla.

No debería tampoco UPyD aspirar a convertirse en una especie de clon del sindicato Manos Limpias, más aún cuando aún le queda alguna tarea por delante en este sentido. En lugar de eso, se trataría de trabajar en la definición de un perfil de partido de centro, liberal y progresista, regenerador -por supuesto- y respetuoso con las instituciones.

Y, en ese trabajo -como recientemente ha apuntado Fernando Savater- es seguro que se encontraría con Ciudadanos.

¿O eso es precisamente lo que trata de evitar?

CIS: ¿Quién apoya a cada partido? Radiografía de los votantes

CIS partidos Kiko Llaneras

El barómetro del CIS ha confirmado esta semana que nuestro sistema de partidos se está transformando en tripolar. PP y PSOE tienen un electorado envejecido, mientras que Podemos cala más entre los jóvenes, algo que también logran, aunque en menor medida, UPyD, Ciudadanos e IU. 

Los datos nos dicen que el PP logra votos entre todas las clases sociales pero apenas entre los desempleados. El PSOE se está convirtiendo en un partido de clase que conserva su voto obrero y el de muchos desempleados. En competencia, y quizás construido sobre el desencanto, emerge Podemos, un partido transversal.

El barómetro del CIS ha confirmado esta semana que nuestro sistema de partidos se está transformando en tripolar. Tres partidos superan el 20% de voto estimado. Nos dirigimos así hacía un nuevo escenario que deja sobre la mesa una pregunta: ¿quién apoya ahora a cada partido?

A continuación hago una radiografía de los votantes del PP, Podemos, PSOE, IU, Ciudadanos y UPyD según su edad, su profesión, su nivel de estudios y su clase social.

1. Edad, estudios y clase social

El primer gráfico muestra el porcentaje de votantes o simpatizantes que logra cada partido en diferentes categorías de edad, estudios, origen y clase social.

uno

El PP y el PSOE aparecen como dos partidos de electorado envejecido. Podemos, IU, Cs y UPyD tienen en cambio más éxito con los menores de 54 años. Podemos es particularmente popular entre los más jóvenes.

El PP y el PSOE son los partidos con más apoyo de ciudadanos con estudios básicos. Podemos destaca entre aquellos con estudios superiores igual que Ciudadanos, UPyD e IU.

En cuanto a clase social, vemos que cada partido tiene un perfil diferente. El PSOE se destaca como un partido de clase obrera y pierde muchos votos entre clases medias/altas y altas. El PP tiene un perfil marcadamente transversal —tiene apoyos similares entre obreros, asalariados y clases medias/altas— y sólo se caracteriza por la simpatía que sienten por él las clases medias que incluyen a autónomos y dueños de pequeños negocios. Podemos, por su parte, logra de momento un perfil transversal, aunque con forma de “U”. Es decir, combina un gran apoyo obrero con un éxito insólito entre clases medias/altas y clases altas. De todos modos, cabe recordar que entre las clases medias/altas se incluye a directivos, pero también profesionales y técnicos subordinados.

Para observar los perfiles de IU, Ciudadanos y UPyD, he elaborado este gráfico en el que los datos de cada partido están normalizados. Así, cada línea representa el ratio de votos que logra el partido en una categoría respecto a su media. Por ejemplo, un valor de 1,4 en el segmento ’de 18 a 34 años’ significa que en ese tramo de edad Podemos logra 1,4 veces más votos —un 40% más— de los que logra entre la población general.

dos

2. La situación profesional

Para completar el cuadro de la clase social, he revisado los porcentajes de votos y simpatizantes que logra cada partido según la situación profesional de los encuestados.

tres

El primer dato destacado es el apoyo de los parados. La gente sin empleo simpatiza sobre todo con el PSOE o con Podemos y son muy pocos los que apoyan al PP. Podemos también es particularmente exitoso entre los estudiantes —lo que era de prever dado su perfil de edad— y los jubilados prefieren al PSOE y al PP.

En cuanto a las profesiones, vemos que los obreros y el personal administrativo o de servicios prefieren a Podemos y al PSOE, los trabajadores domésticos al PSOE y al PP y los pequeños empresarios al PP y a Podemos. Los profesionales asalariados a Podemos y los empresarios, altos funcionarios, profesionales y ejecutivos se debaten entre Podemos y el PP.

Merece la pena subrayar que hay algunas discrepancias entre estos datos de profesiones y los de clase social que he mencionado antes. Un detalle que probablemente se debe a que la profesión es una característica individual y la clase social depende de los empleos de todas las personas del hogar.

3. El empleo y la edad, decisivos

A mi juicio, todos estos datos dibujan un cuadro complejo de la relación entre los partidos y sus votantes. Más complejo que el que muchos teníamos en la cabeza. Pero los partidos no son una coalición monolítica de electores, sencillamente porque no existe una única característica que nos defina a todos como votantes.

Aún así los datos apuntan al menos a dos transformaciones.

La primera atañe a la clase social y en particular al desempleo. Los datos nos dicen que el PP logra votos entre todas las clases sociales pero apenas entre los desempleados. El PSOE en cambio se está convirtiendo en un partido de clase que conserva su voto obrero y el de muchos desempleados. En competencia con ambos emerge Podemos, con un perfil transversal, quizás construido sobre el desencanto, que le permite recoger votos de obreros y parados y a la vez ser el partido con más simpatías entre las clases medias/altas.

La segunda transformación, todavía más clara, es la generacional. Las encuestas nos dicen que el PSOE y el PP son partidos con un electorado envejecido. En cambio, partidos nuevos como Podemos, UPyD, Ciudadanos e Izquierda Unida funcionan mejor entre los más jóvenes.

Estos dos cambios que observamos en las encuestas apuntan las dos tensiones que vive nuestra sociedad: el efecto de la crisis y el desempleo endémico y un soterrado conflicto generacional.

 

(*) Nota. En este artículo me refiero a votantes y simpatizantes como la misma cosa porque la variable que he usado para el análisis es la denominada “voto+simpatía” del CIS. Esta variable es útil para los propósitos de este artículo, pero cabe recordar que no es una buena predicción del voto (hacer predicciones ahora mismo es una pesadilla). También es importante tener en cuenta que alrededor del 30% de encuestados no declara voto o simpatía por ningún partido, de forma que estos datos se refieren solo al 70% restante.

Susana Díaz, obligada a pactar con PP o con Podemos para gobernar

Sondeo electoral Andalucía

El estudio de Jaime Miquel y Asociados para EL ESPAÑOL augura una victoria del PSOE en las elecciones andaluzas con 1.147.458 votos. Una cifra que supondría el 30,6% de los votos válidos y otorgaría a los socialistas 40 escaños en el Parlamento andaluz pero que sin embargo dejaría a Susana Díaz en una situación muy complicada para formar gobierno.

Sondeo Andalucía

El estudio de Jaime Miquel y Asociados para EL ESPAÑOL augura una victoria del PSOE en las elecciones andaluzas con 1.147.458 votos. Una cifra que supondría el 30,6% de los votos válidos y otorgaría a los socialistas 40 escaños en el Parlamento andaluz. El Partido Popular lograría tres puntos menos con 1.043.229 votos válidos y 36 escaños. Podemos sacaría hasta 22 escaños con un 18,9% de los votos. Casi el doble que Izquierda Unida, que apenas lograría 10 escaños y un 9,7% de los votos. UPyD entraría en el Parlamento con un escaño y 151.508 sufragios y Ciudadanos y el Partido Andalucista se quedarían fuera con algo menos de 100.000 votos en esta elección.

Esta estimación se calcula teniendo en cuenta los antecedentes electorales y las encuestas publicadas en Andalucía y en toda España sobre la base de una participación mínima equivalente a la de las autonómicas de 2012. Aquí puedes ver nuestros datos y más detalles sobre nuestro método.

1. Terremoto político desde 2008.

El mapa político andaluz ha sufrido una transformación profunda desde 2008. El PSOE retrocede más de un millón de votos y 16 escaños. El PP cede 690.000 votos y 10 escaños. El ciclo electoral que formaron las municipales y autonómicas de 2007 y las generales de 2008 reflejó los valores máximos del bipartidismo en España. IU se mantiene en un umbral de voto similar al que obtuvo en aquella convocatoria de 2008 aunque con cuatro escaños más por el batacazo del PP y PSOE. Podemos, en cambio, irrumpe de la nada con más de 700.000 votos y 22 escaños doblando la posición de IU y pisándole los talones al PSOE y al PP.

2. El fin del bipartidismo.

Hay una lucha entre el PSOE y el PP por ser la lista más votada y eso debería elevar la participación al menos cinco puntos más. Pero esa pugna está muy lejos de la de las elecciones del 2008. Entonces ambos partidos rozaron los cuatro millones de votos y los 103 escaños. Hoy rondan apenas dos millones y 77 escaños. El bipartidismo llegó a representar en Andalucía el 86,9% de los votos válidos en 2008. Hoy sólo supone un 58,4% pero está por encima de lo que el CIS dibuja para España: un 49,7% de votos válidos para el PP y el PSOE.

3. Por qué el PP lo tiene muy difícil.

En contra del PP juegan las candidaturas de Ciudadanos y UPyD, cuyos votos se anulan al no formar una candidatura única. UPyD lograría un diputado por Málaga y cuenta con un considerable despliegue territorial en Andalucía que Ciudadanos no tiene. Aun así, los dos partidos sumarán por separado casi 250.000 votos que no irán a parar al PP.

4. Los problemas del PSOE.

En su contra del PSOE juega el auge arrollador de Podemos, que podría lograr un 18,9% de intención de voto y que tiene margen para progresar aún más a costa del partido en el Gobierno andaluz. Aunque quizá, según se tense la campaña y el debate se centre en el PP y el PSOE, los socialistas podrían frenar ese avance.

5. El destino de UPyD, Ciudadanos y PA.

Tanto UPyD como Ciudadanos se anulan. El partido de Rosa Díez consigue representación por Málaga y está cerca de conseguirla en Sevilla. Pero la tendencia al alza de Ciudadanos y su líder Albert Rivera no beneficia a UPyD. Estas elecciones darán la medida del alcance del desencuentro de estos dos partidos y de la posibilidad de que alguno de los dos puedan llegar un día a reemplazar al PP. El Partido Andalucista, por su parte, está muy lejos de volver al Parlamento andaluz. Entre los tres partidos sumarán casi 350.000 votos y sólo uno tendrá representación: el escaño por Málaga de UPyD.

6. Lo que ocurrirá después.

Nuestra estimación augura que la suma de PSOE e IU no lograría la mayoría absoluta. Se quedaría a cinco escaños de los 55 necesarios y no sería viable la fórmula de gobierno que ha funcionado desde 2012 y que ha desencadenado este adelanto electoral. El PSOE en solitario podría perseguir la abstención de IU y Podemos, que deberán medir muy bien sus pasos para no hipotecar su estrategia en este año electoral.

Entre el PP y el PSOE hay una diferencia de 100.000 votos. No es descabellado un escenario en el que el PP sea el partido más votado. Sucedió en 2012 y entonces no existía Podemos. ¿Ayudará Podemos a Susana Díaz en la investidura para que no gobierne Juan Manuel Moreno? Por ahora no lo sabemos. Nuestra estimación sí indica que el PSOE ganará a Podemos en Andalucía. Pero el resultado actuará como un factor promocional para las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo.

7. La abstención, la gran olvidada.

Esta estimación contempla los números antes de que empiece la campaña. Si las elecciones se celebraran el primer día de febrero, se abstendrían casi dos millones y medio de votantes: unos 750.000 electores más que en 2008 y cerca de un 40% de la población. Un dato aún más significativo que el de la irrupción de Podemos en el Parlamento andaluz. Esa estimación de abstención irá mermando según avance la campaña por la pugna entre el PSOE y el PP por quedar primeros, por el auge de Podemos, por la tendencia al alza de Ciudadanos y por la presencia de UPyD. Al menos votarán unas 300.000 personas que hoy por hoy no lo tienen previsto y la participación rozará el 70%.

8. El efecto de la legislación electoral.

El PSOE perdió 600.000 votos y sólo nueve diputados en 2012 con respecto a las elecciones del 2008. El mal resultado del PP y el pacto con IU enmascararon este batacazo. Perder 600.000 votos le costó sólo nueve diputados. En cambio, Podemos obtendría ahora 22 escaños con 700.000. Son los efectos de una legislación electoral que hay que tener en cuenta para analizar cualquier proceso electoral. Ahora sucederá lo mismo. Susana Díaz perderá 400.000 votos y sólo siete diputados mientras que IU sacará casi los mismos votos que pierde Díaz y ganará 10 escaños. Provincias como Sevilla y Málaga están subrepresentadas en beneficio de Jaén, Almería o Córdoba. Con una distribución más proporcional de los escaños según la población, UPyD consolidaría sus escaños en Sevilla y Málaga.

9. Andalucía, clave para mayo.

Andalucía es un lugar electoralmente complicado. Más complejo que Cataluña desde el punto de vista electoral y con una influencia muy grande sobre el territorio español. El PSOE ha sido hasta ahora el partido hegemónico. Pero esta vez la irrupción de Podemos perfilará la campaña de las elecciones municipales y autonómicas y condicionará cualquier escenario poselectoral. Nuestra estimación refleja el fin del bipartidismo. La distancia en número de escaños será mínima entre el PSOE y el PP porque Podemos irrumpe con fuerza y disputa la primera plaza. En otras palabras, nadie tendrá mayoría absoluta. Sólo nos quedaría por despejar una hipótesis remota: que Podemos pierda fuelle y el PSOE se sitúe en torno a los 45 escaños. En ese caso, los 10 diputados de IU serían suficientes para reeditar un acuerdo como el actual.