¿Votarán así los habitantes de Madrid y Barcelona? Una media de los sondeos

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Este lunes publicaré aquí mi predicción de los resultados electorales en las ciudades de Madrid y Barcelona. Unas horas antes y a modo de aperitivo, publico aquí dos gráficos con una media ponderada de los sondeos que se han publicado durante el último mes. 

Este lunes publicaré aquí mi predicción de los resultados electorales en las ciudades de Madrid y Barcelona. Unas horas antes y a modo de aperitivo, publico dos gráficos con una media de los sondeos que se han publicado durante el último mes.

Los seis sondeos de Madrid llevan la firma de los institutos demoscópicos Sigma Dos (dos), NC Report, Metroscopia (dos) y MyWord. Los cinco de Barcelona los han elaborado Sigma Dos, Metroscopia, GAD3, Feedback y GESOP.

La mayoría de los sondeos auguran un triunfo de Esperanza Aguirre sin mayoría absoluta. Aunque las cifras de Metroscopia indican un auge repentino de Manuela Carmena, aspirante de la coalición izquierdista Ahora Madrid. Pero otro sondeo publicado también ayer por Sigma Dos es más cercano a los de semanas anteriores.

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Los resultados son aún más inciertos en Barcelona. La mayoría de los sondeos augura un triunfo por la mínima de Xavier Trias. Pero el CIS y Metroscopia predicen una victoria de la activista Ada Colau, que lidera la coalición Barcelona en Comú.

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Actualización. 11.45am. He actualizado el gráfico de Madrid con un sondeo nuevo de Sigma Dos. Además, en una versión anterior la media de los sondeos estaba ponderada con la muestra de cada encuesta. Al actualizar los gráficos, he eliminado la ponderación. Los resultados apenas cambian.

La batalla ideológica entre los partidos en cuatro gráficos

Captura de pantalla 2015-05-08 a las 0.31.44Los datos del CIS dibujan un cuadro complejo de la relación entre los partidos y los votantes. Todos compiten en las batallas electorales que se avecinan. Pero no todos compiten igual por todos los votos.

Nuestro sistema de partidos se ha fragmentado. Según las cifras del último barómetro del CIS, El PP y el PSOE superan el 20% de intención de voto y Ciudadanos y Podemos rebasan el 10%. De ahí que nos preguntemos a quiénes está logrando atraer cada formación. En un artículo anterior describí a los votantes por edad y clase social. Hoy usaré datos nuevos para responder otra pregunta: ¿cómo es la ideología de los votantes de cada partido?

1. De izquierda o derecha.

El primer gráfico muestra los perfiles ideológicos de los votantes. Representa el lugar donde se ubican a sí mismos en el eje izquierda/derecha aquéllos que tienen intención de votar a un partido o simpatizan con él. Todos los datos provienen del barómetro de abril del CIS, que se publicó este viernes.

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El perfil en gris representa al conjunto de los ciudadanos. La mayoría de los ciudadanos españoles (53%) se ubican a sí mismos hacia el centro-izquierda: entre el 3 y el 5 del eje.

El Partido Popular tiene un electorado de centro y centro-derecha. De esos dos ámbitos proceden el 33% y el 40% de sus votantes. El PSOE, en cambio, tiene un perfil de centro-izquierda y concentra sus apoyos entre el 3 y el 5 ideológico. Recuerda al perfil del conjunto de españoles, pero vaciado por la derecha.

El caso de Podemos es similar pero desplazado a la izquierda. La nueva formación tiene a la mayoría de sus simpatizantes en el centro-izquierda, pero recoge a la vez amplios apoyos de la extrema izquierda: un 20% de sus simpatizantes se ubican allí.

La novedad de este barómetro es Ciudadanos. Según el CIS, hay un 12% de españoles que simpatizan con Ciudadanos o que dicen que votarán por ese partido. Los suficientes como para poder estudiar el perfil de esos votantes. Lo que vemos es que el 75% se ubica cerca del centro: entre el 4 y el 7. De hecho son más quienes se ubican a la izquierda (3-5) que quienes se ubican a la derecha (6-8). Pero si tenemos en cuenta que los españoles tienen un perfil aún más de izquierdas, el resultado es que Ciudadanos se encuentra a la derecha del conjunto de españoles.

2. Los cambios desde enero.

Los perfiles que acabamos de ver corresponden a los datos del CIS recogidos en abril. A continuación los comparo con los datos de enero para comprobar que no hay cambios significados. El perfil de los votantes del PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos ha cambiado poco.

Podría parecer una paradoja, pero que no haya cambios es relevante. Pensemos en el caso de Podemos. Dado que su perfil no ha cambiado, tenemos que concluir que el 5% de votos que ha perdido desde enero no se han concentrado en sus simpatizantes de izquierda o de centro. El retroceso de Podemos ha sido generalizado: merma un porcentaje similar de simpatizantes por la izquierda (1-2) y por el centro (4-5).

Algo parecido podemos decir de Ciudadanos. El partido de Rivera ha crecido desde el 3% al 12% de voto estimado. Pero sus nuevos simpatizantes son parecidos a los que ya tenía. De ahí que su perfil en el eje sea similar al de enero. Si acaso, su perfil se ha movido ligeramente al centro-derecha.

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3. Partidos y etiquetas.

Para completar la radiografía, he preparado también el perfil de cada partido según las etiquetas con las que más se identifican sus simpatizantes: ‘socialista’, ‘liberal’, ‘conservador’, etcétera.

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El gráfico indica que entre los simpatizantes del PP muchos se etiquetan como conservadores aunque otros lo hacen como liberales o democristianos. IU tiene un perfil más de izquierdas, con muchos comunistas y socialistas. En el PSOE la identificación es más monolítica y la mitad de sus simpatizantes se definen como socialistas o socialdemócratas.

Los partidos nuevos tienen un perfil más ambiguo. Podemos y Ciudadanos tienen en común que acogen a muchas personas que se identifican como ‘liberal’, ‘ecologista’ o ‘progresista’. Es decir, con etiquetas quizás más alejadas del eje izquierda/derecha. Sin embargo, se diferencian en los extremos: en Podemos hay comunistas y socialistas y en Ciudadanos hay conservadores y democristianos.

Dos cosas son particularmente llamativas en este gráfico. La primera es la capacidad de Podemos para recoger partidarios muy variados. Ninguna etiqueta destaca. Entre sus simpatizantes dominan los progresistas (17%), pero también muchos liberales (16%) y a la vez muchos socialistas (13%).

La segunda es la cantidad de simpatizantes de Ciudadanos que se declaraban liberales en enero. Es un fenómeno interesante porque es una etiqueta que en el pasado han usado muchos encuestados al definirse pero que ningún partido era capaz de monopolizar. Véase, por ejemplo, la cantidad de liberales que hay en Podemos y el PP.

Para algunos esta doble circunstancia demostraba que en nuestro país había demanda para un partido liberal. Una demanda que Ciudadanos podría estar satisfaciendo. Sin embargo, también hay quien cree que el éxito de la etiqueta se debía en parte a su ambigüedad: diferentes personas interpretan la idea de ser liberal de forma diferente y por eso sus votos eran imposibles de monopolizar. Si esto es cierto -y yo creo que lo es-, a la vez que Ciudadanos hiciese suya la etiqueta veríamos cómo la abandonan los “liberales” que la interpretaban de forma diferente.

Es necesaria una nota de precaución con las etiquetas de los simpatizantes de Ciudadanos. Los datos son del barómetro de enero y no de abril porque los cruces necesarios aún no son públicos. Esto afecta poco a los demás partidos pero mucho a Ciudadanos, ya que en este tiempo pueden haber cambiado las características de sus simpatizantes.

4. La disputa ideológica.

En los gráficos anteriores analizamos cada partido por separado. Pero la realidad de la disputa electoral emerge cuando comparamos un partido con otro. En el siguiente gráfico, he representado a todos los votantes según el partido con el que simpatizan. La suma de las columnas representa al conjunto de votantes y cada color representa un partido. Vemos, por ejemplo, que un 4% de los ciudadanos se ubican en la extrema izquierda y que un tercio de ellos simpatiza con Podemos. También que apenas un 1% se ubica en la extrema derecha. Un sector donde la inmensa mayoría simpatiza con el PP.

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Me gusta este gráfico porque representa bien la competición entre partidos. Sirve para ver cómo se distribuye el conjunto de ciudadanos según su ideología. Pero también para averiguar entre qué votantes es competitiva cada formación. Además, el gráfico ilustra una característica de nuestro sistema político que tendemos a olvidar: que ningún partido es una coalición monolítica de votantes.


Nota. En este artículo me refiero a votantes y simpatizantes como la misma cosa porque la variable que he usado para el análisis es la denominada “voto+simpatía” del CIS. Esta variable es útil para los propósitos de este artículo, pero cabe recordar que no es una buena predicción del voto. También es importante tener en cuenta que alrededor del 25% de encuestados no declara voto o simpatía por ningún partido y que un 17% no se ubica a sí mismo en el eje izquierda/derecha. Por último, recordar que los datos provienen de una encuesta y que pequeñas variaciones estarán dentro de los márgenes de error de la muestra.

Corrupción en escena

Daniel Muriel e Ignasi Vidal en Dignidad (foto: Teatros del Canal)

Acaba la función. El público aplaude. Un espectador emocionado se acerca a Ignasi Vidal, uno de los actores protagonistas, y le entrega un papel donde se puede leer una nota escrita a mano: “sí se puede”. Vidal protagoniza Dignidad, una obra sobre la corrupción, ejemplo de que los textos sobre política que hace unos años era imposible encontrar en la cartelera ahora proliferan.

Las obras políticas son cada vez más populares en los teatros de Madrid y Barcelona. Sus dramaturgos, sus directores y sus protagonistas explican aquí las claves de un éxito inesperado.  
Daniel Muriel e Ignasi Vidal en Dignidad (foto: Teatros del Canal)

Acaba la función. El público aplaude. Un espectador emocionado se acerca a Ignasi Vidal, uno de los actores protagonistas, y le entrega un papel donde se puede leer una nota escrita a mano: “Sí se puede”.

Vidal (Barcelona, 1973) no tiene nada que ver con Podemos. Al contrario: acaba de ingresar en la dirección de UPyD para arrimar el hombro en el peor momento del partido. “Algo está cambiando. También en el teatro”, asegura desde los Teatros del Canal, en Madrid. Allí se representa estos días Dignidad, una obra sobre la corrupción que escribió él y que protagoniza junto a Daniel Muriel. Es un ejemplo más de los textos sobre política que ahora proliferan y que hace unos años era imposible encontrar. La corrupción ha llegado al escenario.

El líder de un partido que aspira a gobernar a España se reúne después de un día de trabajo con su número dos, un secretario de Organización que conoce de primera mano las entrañas de la política. En su conversación aparecen muestras de lo peor de la profesión: las comisiones ilegales, las luchas intestinas, la ambición sin límite y el abismo con la realidad de la calle. En la producción hay detalles muy cuidados, como el vídeo de la entrevista que hace la periodista Esther Palomera o un mitin tan habitual en la política real como cínico en su contenido. Sobrevolando el argumento, la referencia clave al concepto romano de dignidad: el prestigio de ser un ciudadano honrado.

“Llega un momento en el que muchos políticos se transforman, no recuerdan ya por qué se metieron en ello. Me apetecía contar esa desnaturalización que se vive en España. Es mi primera obra sobre la política. Y cada vez hay más autores que buscan el teatro como una manera de contar la realidad más inmediata y cambiarla”, asegura Vidal. Sin ir más lejos, Un trozo invisible de este mundo, un drama político de Sergio Peris-Mencheta y Juan Diego Botto, triunfó en la última edición de los Premios Max de teatro con cuatro galardones, entre ellos el de mejor obra y mejor autor revelación.

Durante años ha habido sequía de títulos así. Albert Boadella, director artístico de los Teatros del Canal, lo explica por el síndrome de “la Europa del bienestar”, que coincide en España con la época posterior a la Transición. Según dice, ha habido un “tributo de vasallaje” por el apoyo de los gobiernos a las artes. “Aunque ha sido positivo, tiene contrapartidas. Se mide cualquier ataque, cualquier riesgo de perder ese favor institucional”, lamenta Boadella, cuya compañía durante décadas, Els Joglars, es uno de los más máximos exponentes del teatro político e incómodo.

“El teatro prefirió ocuparse de otros asuntos, de la psicología, la metafísica o la sociología. Sólo así se explica que en España todavía no se haya hecho una obra de teatro verdaderamente importante sobre el terrorismo de ETA”, asegura. Mientras tanto, el teatro político se ha centrado en clásicos como William Shakespeare, Antón Chéjov o Samuel Beckett.

También el modelo de negocio está cambiando. En Madrid y Barcelona hay cada vez más salas medianas y pequeñas que no reciben subvenciones y se apuntan a la política o la denuncia social. En Madrid destaca el Teatro del Barrio, dirigido por Alberto San Juan. “Más que teatro político, se trata de teatro periodístico, con una voluntad informativa. A través del teatro queremos explicar lo que ha pasado en este país en estos años”, señala San Juan.

Cuando la ficción se queda corta

San Juan cita a Ruz-Bárcenas, una de las obras más celebradas del Teatro del Barrio, como exponente de esa corriente dramática. “El director, Jordi Casanovas, me escribió un correo electrónico proponiéndome la idea. Quería hacer una obra sobre corrupción. Necesitaba escribir, pero la ficción se le quedaba corta, así que decidió tomar un trozo de la realidad: la declaración de Luis Bárcenas ante el juez Pablo Ruz”. En la obra no hay nada añadido, nada que no se hubiera dicho. Y el resultado es una obra que oscila entre la comedia, la performance y el drama. “La realidad es ya suficiente”, justifica San Juan.

Pedro Casablanc como Luis Bárcenas (Foto: Teatro del Barrio)

Casanovas es también el autor de Pàtria, la obra “más importante hecha sobre el proceso independentista”, en palabras de Andreu Gomila, periodista y poeta. Allí el aumento de producciones políticas llegó “hace unos dos años”, pero ha derivado hacia dramas más sociales, según Gomila, que es también director de la revista Time Out Barcelona. Ejemplos destacados son la serie Tot pels diners (Todo por el dinero), que se interroga en el Teatre Lliure sobre lo que cualquiera está dispuesto a hacer por dinero. También New Order, en la sala Fly Hard, un drama explosivo sobre las consecuencias de la crisis.

“Los autores tienen ganas y obras escritas, pero hasta ahora el interés de las grandes salas y de la audiencia ha sido pequeño”, señala Gomila. En ello tiene mucho que ver una tradición de teatro contemporáneo menos arraigada que en otros países. “Tras todo esto está la pregunta sobre si el teatro debe servir sólo para entretener o para algo más”, plantea.

Para Boadella, obras como estas sirven para agitar las conciencias de un perfil concreto de espectador. “El teatro siempre ha sido un espectáculo de minorías. En el mayor teatro de la Roma clásica cabían 8.000 personas. En el Coliseo entraban 100.000. El espectador de teatro es influyente. Es una élite que puede cambiar las cosas. Por eso es importante que se hagan estas apuestas”.

El modelo del Teatro del Barrio es justo el contrario. Su obsesión es hacer teatro asequible y atractivo para todo tipo de público. “Después de la Transición, un período lleno de vida, la sociedad ha pasado 30 años despolitizándose. Explosiones de conciencia como el 15-M nos han demostrado que tenemos que reflexionar sobre estos asuntos. No es que el teatro haya estado fuera de la política. Es la sociedad la que ha estado fuera”, dice San Juan.

“Si hay algo que no se perdona en España es el compromiso político, y menos de un actor”, dice Vidal. “Pero estas obras pueden hacernos entender que los políticos no son sino un reflejo de la sociedad”. Y esa sociedad “tiene un problema grave con la corrupción como hace 30 años lo tenía con la seguridad vial, aunque no fuera percibido como tal”, según dice Boadella.

Mientras apura las últimas funciones de Dignidad, Vidal no cierra la puerta a una obra sobre otro sector que también vive su convulsión: el del periodismo.

Qué es Podemos en nueve gráficos

Podemos: radiografia

Desde la irrupción de Podemos, una de las preguntas recurrentes es quiénes son sus simpatizantes. La cuestión es tan simple como complejo resulta darle una respuesta. Pero es imprescindible cuando menos esbozarla para comprender mejor la tensión a la que se verá sometido el partido si pretende definir un programa que ponga en común a todas sus fuentes de votos potenciales.

Gráficos: Kiko Llaneras

Desde la irrupción de Podemos, una de las preguntas recurrentes es quiénes son sus simpatizantes. La cuestión es tan simple como complejo resulta darle una respuesta. Pero es imprescindible cuando menos esbozarla para comprender mejor la tensión a la que se verá sometido el partido si pretende definir un programa que ponga en común a todas sus fuentes de votos potenciales.

Si queremos averiguar quiénes son y cómo son los simpatizantes de Podemos, un buen punto de partida es dibujar su perfil sociodemográfico. Lo haremos a partir de los datos del barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de enero de 2015 (pdf).

En este primer gráfico se representa el porcentaje de votantes y simpatizantes que logra Podemos en diferentes segmentos de la población: por franjas de edad, niveles de estudios, tamaños de municipios y clases sociales. Por ejemplo, un porcentaje del 100% en el sector “18 a 24 años” significaría que todos los ciudadanos en esa franja de edad lo apoyan.

Podemos: radiografia

Estos datos ofrecen una radiografía de los simpatizantes de Podemos: son relativamente jóvenes, tienden a tener estudios y son más numerosos en la ciudad que en el campo. Consiguen apoyos entre todas las clases sociales, pero especialmente entre los obreros y las clases altas y medias-altas. No obstante, antes de elaborar más sobre el perfil de los votantes de Podemos, conviene compararlo con el del resto de los partidos.

A continuación ofrecemos el perfil de los simpatizantes de cada partido según su edad, nivel de estudios, tamaño del municipio en el que viven y clase social. El primer gráfico muestra el porcentaje de votantes o simpatizantes que logra cada partido en diferentes categorías. En el segundo los datos están normalizados, porque así podemos observar mejor los perfiles de IU, Ciudadanos y UPyD.

Otros partidos

Grafico 5

(En el gráfico normalizado, cada línea representa el ratio de votos que logra el partido en una categoría respecto a su media; por ejemplo, un valor de 1,4 en el segmento “de 18 a 34 años” significa que en ese tramo de edad Podemos logra 1,4 veces más votos -un 40% más- que entre la población general.)

Podemos, más popular en los jóvenes

Respecto a la edad, El PP y el PSOE aparecen como dos partidos de electorado envejecido. Podemos, IU, Ciudadanos y UPyD funcionan mejor entre los menores de 54 años. Podemos es particularmente popular entre los más jóvenes.

La variable campo-ciudad muestra unos patrones similares, aunque mucho menos determinantes: el PSOE y el PP son marginalmente más exitosos en los municipios pequeños, mientras que UPyD, IU, Ciudadanos y Podemos tienden a ser más competitivos en las ciudades de más de 100.000 habitantes.

También se observan diferencias en lo que respecta a los estudios. El PP y el PSOE son los partidos con más apoyo de ciudadanos sin estudios o con estudios básicos. Podemos, en cambio, destaca entre quienes tienen estudios superiores, igual que Ciudadanos, UPyD e IU.

En cuanto a la clase social, vemos que cada partido tiene un perfil diferente. El PSOE se destaca como un partido de clase obrera y pierde muchos votos entre las clases medias/altas y altas. El PP tiende claramente al alejamiento del voto de clase -cuenta con apoyos similares entre obreros, asalariados y clases medias/altas- y solo se caracteriza por la simpatía que sienten por él las clases medias, que incluyen a autónomos y propietarios de pequeños negocios. Podemos, por su parte, presenta un perfil en forma de “U”; es decir, combina un gran apoyo obrero con un éxito enorme entre las clases medias/altas y las clases altas.

Para completar este cuadro de la clase social, vamos a revisar los apoyos de cada partido según la situación profesional de los encuestados. Los resultados del siguiente gráfico indican entre qué colectivos es particularmente exitoso cada partido.

Gráfico 6

Podemos es popular entre los parados (que simpatizan con el nuevo partido o con el PSOE, pero apenas con el PP); también entre los estudiantes, mientras que los jubilados prefieren al PSOE y al PP. En cuanto a las profesiones, Podemos logra muchos apoyos de obreros y personal administrativo o de servicios, en competencia con el PSOE. Es el favorito de los profesionales asalariados, y además logra amplios apoyos de empresarios, altos funcionarios, profesionales y ejecutivos, que se debaten entre Podemos y el PP.

Así pues, las estadísticas compiladas corroboran la idea de que Podemos está logrando ser transversal en lo que respecta a la clase social. Esto es algo que comparte con los dos grandes partidos, PSOE y PP, que también son capaces de obtener amplios apoyos entre personas en situaciones muy diferentes. Sin embargo, y dicho esto con la cautela a la que obligan los acontecimientos (Podemos acaba de llegar a las encuestas y la opinión pública), el perfil de clase/situación de Podemos parece aún más transversal, o, como mínimo, más que el PSOE en cuanto a clase social y más que el PP a efectos de la situación profesional. Esto era previsible.

PP y PSOE se han enfrentado durante décadas y es normal que el equilibrio refleje un cierto reparto de los intereses y las preferencias (el PP es una coalición donde, por ejemplo, abundan los empresarios, mientras que el PSOE aglutina más obreros). Podemos no solo no ha participado (aún) de este equilibrio, sino que además se presenta como una alternativa a ambos, un argumento casi necesariamente transversal.

En resumen, los últimos datos disponibles confirman la popularidad de la formación de Pablo Iglesias entre los jóvenes, los estudiados y los estudiantes, los parados, los obreros, los profesionales asalariados y las clases medias/altas. Se trata de un electorado variado, que sigue la tradición del sistema de partidos español de alineamiento alejado de categorías clásicas de clase ocupacional. En cambio, sí representa una novedad en términos de apoyo según la clase económica.

El PP logra votos entre todas las clases sociales, pero especialmente entre las viejas clases medias, y apenas entre los desempleados. El PSOE se está convirtiendo en un partido de clase que conserva su voto obrero y el de muchos desempleados, pero pierde apoyos conforme sube la escala socioeconómica. En competencia con ambos emerge Podemos y su perfil transversal en forma de “U”; un perfil quizás construido sobre el desencanto o las ganas de renovación, que le permite recoger votos de obreros y parados y, al mismo tiempo, ser el partido con más simpatías entre las clases medias/altas.

Los simpatizantes de Podemos y su ideología

En la sección anterior hemos visto cómo son los simpatizantes de Podemos según su edad o su clase social; a continuación, analizaremos cómo son en términos ideológicos. Como Podemos es una formación nueva, empezaremos por mostrar a qué otros partidos votaron sus simpatizantes en elecciones pasadas. Este gráfico proporciona esa información: la procedencia de los partidarios de Podemos según su voto en las elecciones generales de 2011.

Gráfico 7

Los simpatizantes de Podemos provienen principalmente del PSOE, ya que hasta un 29% de ellos votaron a los socialistas en las últimas elecciones generales. Detrás vendrían los ex votantes de Izquierda Unida, que suponen un 14%. El resto de los simpatizantes de Podemos que votaron por otros partidos se reparten entre el PP (8%), UPyD (3%) y todos los demás (10%). Estas mismas transferencias se ven diferentes si tomamos la otra perspectiva, la de los partidos que pierden votantes en favor de Podemos. Así, los ex votantes del PSOE que apoyarán a Podemos representan un 5% del total del censo e implican una caída considerable para los socialistas, pero no una sangría espectacular. Peor son las cosas para Izquierda Unida, pues su fuga de votos representa un 3% del censo y le supone perder una parte considerable del total de sus apoyos.

Por último, cabe destacar que hasta un 22% de los simpatizantes de Podemos —¡muchos!— afirman que no votaron por ningún partido en 2011. Son lo que podríamos llamar desafectos, personas descontentas con las formaciones existentes, que no votaron, votaron en blanco o votaron nulo.

Estos datos dan una primera idea de cómo son políticamente los votantes de Podemos. En su gran mayoría son antiguos abstencionistas, ex votantes de IU o ex votantes del PSOE. Serán, cabe pensar, gente a la izquierda de la escala ideológica. Pero ¿cuánto a la izquierda? El siguiente gráfico representa la autoubicación en el eje izquierda/derecha de aquellos que simpatizan con cada partido.

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Podemos tiene un perfil de centro-izquierda, que se asemeja al del conjunto de los ciudadanos, pero algo desplazado a la izquierda. La mitad de sus simpatizantes proceden del 3 y el 5 ideológico, y en eso coincide con el PSOE, pero Podemos también recoge amplios apoyos de la extrema izquierda: un 21% de sus simpatizantes se ubican allí, frente al 7% de los del PSOE. Lo paradójico es que este éxito en el extremo no le penaliza entre los votantes más centrados, donde Podemos es igual de competitivo que el PSOE. La centralidad de Podemos se encuentra ahí, en el entorno del 2-4. Esto significa que el partido de Pablo Iglesias está consiguiendo esa centralidad que pretende, aunque en realidad es una centralidad escorada a la izquierda.

En resumen, los datos aquí recogidos sirven para precisar una idea muy repetida por Pablo Iglesias: la búsqueda de la centralidad en la política española. Se ha visto que Podemos sí logra una cierta transversalidad entre clases y situaciones profesionales, pero al mismo tiempo es evidente que el grueso de sus votantes viene desde la izquierda y se consideran de izquierdas.

El objetivo de Podemos no es (y, si lo era, no ha funcionado) convertirse en una propuesta “ni de izquierdas ni de derechas”. Tampoco han pretendido (o no han logrado) alinearse totalmente con el conjunto del electorado en nuestro país, que les queda todavía algo a la derecha. La suya es, por tanto, una centralidad en la izquierda.

Podemos, ¿un camaleón ideológico?

No hay semana que no se critique a Podemos por su falta de propuestas específicas. Se le acusa de no concretar sus acciones en caso de llegar al gobierno y es verdad que algunas de sus propuestas han ido cambiando a lo largo de los meses. La pregunta de cuál es el proyecto de Podemos para España tiene una respuesta vaga… y, al mismo tiempo, tremendamente definida para muchos: otra cosa.

Podemos ha recogido el “no nos representan” y una suerte de “que se vayan todos”, y les ha dado un nombre: casta. Convierte así aquellos gritos en un diagnóstico con el que muchos puedan coincidir. Pero la cosa no acaba aquí. Podemos también ha identificado una serie de aspectos concretos donde cree que las demandas de la mayoría de la sociedad son o pueden ser bastante similares (al menos para ese grueso de población en el centro de la izquierda al que llega). Se trata de áreas donde se puede clamar por lo que se pide sin necesidad, de momento, de explicar exactamente qué se propone. Así ocurre, por ejemplo, con los servicios públicos, sobre todo sanidad y educación.

Podemos insiste de manera constante en su defensa a capa y espada. Pero cabe subrayar que es una defensa, claro, porque de lo que se trata es de articular un acuerdo de demandas. Todos (o casi todos) los españoles desean sanidad y educación financiadas con dinero público (así lo constatan diversas encuestas). Cómo financiarlas, de qué manera ofrecerlas (modelo universal, contributivo, asistencial, con privatización, sin ella…), eso queda fuera del debate. El trabajo necesario para concretar un consenso de propuestas, ya sea parcial, resulta difícil, evidentemente. Podemos se articula entonces como una especie de acuerdo ambiguo.

Esta descripción del acuerdo ambiguo ha tenido predicamento en el debate público y nos parece una hipótesis razonable para interpretar el éxito de este partido. No solo es compatible con el perfil social e ideológico de la nueva formación, sino que además podemos encontrar, entre los datos del CIS, otros indicios que la sostienen.

Pensemos primero en la idea de acuerdo. Ya se vio al principio del capítulo que Podemos logra ser atractivo en capas bien diferentes de votantes (algunos particularmente castigados por la crisis, y otros no tanto). También se ha constatado que sus simpatizantes comparten un diagnóstico. Por ejemplo, manifiestan un descontento (genérico) con la situación económica y política actual. Como se observa en el siguiente gráfico, sus simpatizantes coinciden en que nuestra política no funciona, sienten que la situación económica está mal y creen que empeorará.

Gráfico 9

De aquí parte la idea de ambigüedad. Algunos datos de las encuestas del CIS sugieren que, en efecto, la coalición que aglutina Podemos está poco definida en términos ideológicos. El primer indicio lo ofreció Pepe Fernández-Albertos, cuando escribió que Podemos tiene algo de “camaleón ideológico”.

Como se observa en este gráfico, el partido de Pablo Iglesias logra algo infrecuente: consigue que lo perciban muy de izquierdas los muy de izquierdas, pero sustancialmente más moderado los más moderados. Es el único partido de izquierda con esta propiedad camaleónica. Es más, al resto de los partidos les ocurre lo contrario, los más extremistas los perciben como más moderados y los más moderados los perciben como más extremistas. En realidad, eso es lo que uno esperaría; que alguien muy de izquierdas vea a un partido determinado como más de derechas que una persona de centro. Al fin y al cabo, todos ubicamos los partidos tomándonos como referencia.

Podemos logra lo contrario: consigue que la gente de izquierdas lo perciba más de izquierdas que la gente de centro, de forma que unos y otros acaban sintiendo que el partido les queda más próximo. Este resultado es un síntoma de que Podemos es ambiguo e indefinido en términos ideológicos, o de que sus votantes aún no conocen bien sus posiciones y rellenan los huecos a su gusto.

gráfico 10

Un segundo indicio de la ambigüedad ideológica de Podemos lo proporcionan las etiquetas con que se definen sus propios simpatizantes. Una de las preguntas habituales del CIS consiste en pedir a los encuestados que identifiquen su ideología con una etiqueta: “liberal”, “socialista”, “conservador”, “comunista”, etcétera. Pues bien, los datos dicen que los votantes de Podemos son más variados ideológicamente que los votantes del resto de los partidos, especialmente el PP y el PSOE.

A continuación se muestran las etiquetas que escogen los votantes de cada partido para definirse. Los del PSOE se definen sobre todo como “socialistas» (42%) y los del PP como conservadores» (41%). A estos dos partidos les basta una etiqueta para definir al 35% de sus votantes; UPyD e IU, en cambio, necesitan dos etiquetas cada uno, pero Podemos necesita tres. Las más comunes entre los simpatizantes de Podemos son “progresista”, “liberal” y “socialista” (16%, 15% y 13%, respectivamente). El mismo efecto se observa cuando se aglutina al 60% de los simpatizantes del cada partido: Podemos necesita cinco etiquetas, una más que UPyD e IU, y dos más que el PP y el PSOE.

Gráfico 11

Estos datos de ubicación y etiquetas están lejos de constituir una prueba definitiva, pero sí indican que Podemos se rodea de cierta ambigüedad. Es posible que esto sea un efecto temporal debido a su juventud o a una estrategia política. Pero a día de hoy el partido de Pablo Iglesias es una suerte de acuerdo ambiguo. Un acuerdo entre votantes que comparten su preocupación por la situación política y económica del país, pero ambiguo en sus propuestas y, también, en lo que esperan del partido en caso de que llegue al poder. Gracias a ello, Podemos logra propiedades de un camaleón ideológico. Mantiene una relativa indefinición para recoger votos desde la izquierda hasta el centro; aúna a socialistas, liberales y comunistas casi por igual, y consigue que los votantes de izquierdas los perciban como muy de izquierdas y los votantes de centro, como no tan de izquierdas.

A esa heterogeneidad que observamos en el eje ideológico se añade, seguramente, una ambigüedad calculada a la hora de fijar ciertos objetivos y renunciar a otros. Es una estrategia típica de negación de dilemas, que en mayor o menor grado intentan todos los partidos. Por eso cabe pensar que, a medio plazo, Podemos tampoco podrá escapar a los dilemas del resto de las formaciones de izquierda que han visto cómo se segmentaba su electorado al ritmo de los cambios de la estructura social y laboral.

De ahí la pregunta: ¿por cuánto tiempo logrará Podemos mantener ese acuerdo ambiguo? ¿Se acabará su camaleonismo conforme pase el tiempo y la opinión pública conozca mejor sus propuestas? ¿Aparecerán conflictos motivados por la heterogeneidad de sus apoyos? ¿Podrán conciliarse esos conflictos o generarán una rápida decepción entre sus partidarios? Esas y otras preguntas las abordamos en el siguiente capítulo.

Politikon es el proyecto de un grupo de académicos y profesionales independientes entre los que se encuentran Jorge GalindoKiko LlanerasOctavio MedinaJorge San MiguelRoger Senserrich y Pablo Simón, firmantes de este análisis. El texto es un extracto del cuarto capítulo del libro ‘Podemos, la cuadratura del círculo’ (DEBATE), a la venta desde el 9 de abril.

 

Contra los cantos de sirena

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Los partidos que hablan de la regeneración no populista pueden verse embargados, halagados, tentados en apuntalar el sistema en el mero corto plazo. Es un inquietante dilema, porque el país no va a levantar el vuelo si no se da una regeneración profunda del poder.

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Contemplamos en una pantalla gigante una de esas entrevistas a un hombre que habla con palabras de madera y estudiada telegenia. Después hay un fundido en negro en el escenario y el hombre espera en la penumbra. Es el de la entrevista. Llega otro. El primero es el secretario general de un partido -con posibilidades ciertas de triunfo electoral- y el otro, el secretario de organización.

Así empieza una obra de teatro apasionante que se está representando en los Teatros del Canal. El título de la pieza es La Dignidad. Ambos hombres han recorrido un largo camino hasta esa noche y tienen el éxito al alcance de la mano. Quieren aparentar que siguen siendo amigos, aliados, pero durante la obra se va destapando el tortuoso camino de cualquier organización humana y el desgaste de las relaciones que se dan, tantas veces, en ellas. Sus vidas. Hasta ahí, todo es previsible. Después se desata un thriller con un final memorable y estremecedor.

La obra irá destapando –entre otras cosas- el viaje hacia la corrupción económica de uno de ellos, las traiciones e inquinas humanas y un inquietante dilema.

En un pequeño pueblo de Gipuzkoa, mi compañero y yo, bajo las filas del Partido Socialista de Euskadi, descubrimos varios casos de corrupción por los que obligamos a dimitir a dos alcaldes nacionalistas hace unos quince años. No pudimos llegar a demostrar toda la trama y sus conexiones por falta de fondos y de apoyo más arriba. Un día, durante aquel periodo, el otro concejal me dijo que se había dado cuenta de que casi un año antes lo habían intentado comprar y que, aquella mañana, había encajado ciertas piezas y se había dado cuenta.

En una larga charla llegamos a la conclusión de que es preciso tener abierta una cierta longitud de onda para ser corrompido. Ya fuera de la política llegué a tener una percepción más completa del alcance de este cáncer de nuestra democracia y publiqué una sátira sobre ello recientemente, en clave puramente española. Los países se corrompen como son, y nosotros somos berlanguianos en la ejecución.

A los españoles la corrupción, el despilfarro, el clientelismo nos hacen más pobres y menos libres, y los sistemas arraigados durante décadas tienen múltiples instrumentos para dificultar y desbaratar operaciones de cambio profundos o perdurables. La última baza teórica para adaptarse ante un cambio abrupto de las relaciones sociales y políticas la da Giuseppe Tomasi de Lampedusa en El Gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”.

En una situación de paro exorbitante en España, con una precarización creciente de las relaciones laborales, que no se antoja coyuntural, la irrupción de una fuerza populista de ultraizquierda con un márketing eficaz en la posmodernidad de los medios de comunicación ha levantado pánico.

Los partidos que hablan de la regeneración no populista pueden verse embargados, halagados, tentados en apuntalar el sistema en el mero corto plazo. Es un inquietante dilema, porque el país no va a levantar el vuelo si no se da una regeneración profunda del poder. El trabajo de UPyD ha incomodado en ese empeño. Si el tercerismo se convirtiera en una muleta, en una bisagra, el populismo podría convertirse sólo un poco más adelante en una ola devastadora y por eso UPyD es útil como garantía de resistencia a los cantos de sirena primero y al combate frente al populismo, en su caso.

En términos de política convencional Rosa Díez se ha equivocado a lo grande más de una vez. Lo sé bien. La acompañé en el impulso regenerador con el que se presentó al congreso que ganó José Luis Rodríguez Zapatero –que le copió el programa desde las páginas de un influyente periódico para aparentar lo que no creía ni pretendía hacer; se puede comprobar en las hemerotecas. No quiso pactar con José Bono. Ahora considero con claridad que hizo bien. Habría sido cómodo en lo personal, pero no habría podido desarrollar ese instinto de regeneración para el país. En el que sigue. Con errores, sí, algunos severos, pero con gran acierto en lo profundo. Y con dignidad.

Lo que nos une en UPyD y lo que nos separa de Ciudadanos

En UPyD luchamos contra la corrupción y somos el partido más transparente de España. Ciudadanos es muchísimo más opaco y habla de corrupción, pero lo que hace por combatirla es muy poco. Ellos hablan, nosotros hacemos: nos negamos a entrar en el reparto del CGPJ y, además, lo denunciamos. Llevamos a los corruptos a los tribunales para que los estafados de las cajas recuperen su dinero. Somos un partido con sobresaliente en transparencia y sin corruptos en siete años. Exigimos que se cumpla la ley y denunciamos a quien no lo hace, como en el caso de Artur Mas y su consulta ilegal. Ciudadanos no ha hecho nada en Cataluña por despolitizar la Justicia

Acto de UPyD en Madrid

Escribo esto en unas horas difíciles para UPyD. Tras el fracaso en las elecciones andaluzas, muchos militantes y altos representantes del partido han exigido un cambio de rumbo en nuestra dirección y, más concretamente, se preguntan si deberíamos aliarnos o no con Ciudadanos. Pese a lo que pudiera parecer, todo esto refleja dos cosas: la primera es que somos un partido vivo, donde cualquiera puede hacer valer sus ideas apelando a un diálogo constructivo. La segunda es que, al final, ocurrirá lo que queramos todos los que conformamos UPyD. Porque aquí, aunque sorprenda, las votaciones son libres, abiertas y no requieren de avales.

Ocurra lo que ocurra, conviene explicar por qué, a día de hoy, no hay un pacto con Ciudadanos. De ahí que apele a los hechos. En UPyD luchamos contra la corrupción y somos el partido más transparente de España. Ciudadanos es muchísimo más opaco y habla de corrupción, pero lo que hace por combatirla es muy poco. Ellos hablan, nosotros hacemos: nos negamos a entrar en el reparto del CGPJ y, además, lo denunciamos. Llevamos a los corruptos a los tribunales para que los estafados de las cajas recuperen su dinero. Somos un partido con sobresaliente en transparencia y sin corruptos en siete años. Exigimos que se cumpla la ley y denunciamos a quien no lo hace, como en el caso de Artur Mas y su consulta ilegal. Ciudadanos no ha hecho nada en Cataluña por despolitizar la Justicia, ni actúa contra los que saquean las cajas catalanas (por ejemplo, Catalunya Banc). Mientras, los de Rivera criticaron que se denunciara a Mas por la consulta ilegal.

Solo nosotros defendemos la abolición de los privilegios fiscales en País Vasco y Navarra. Solo nosotros defendemos que los andaluces no paguen más impuestos que vascos y navarros. Solo nosotros queremos un Estado federal eficaz y con competencias definidas, en el que Educación y Sanidad regresen al Estado. Solo nosotros queremos fusionar ayuntamientos y eliminar diputaciones para acabar con el despilfarro. Solo nosotros defendemos el Contrato Único de Protección y la Ley de Segunda Oportunidad, y lo hemos hecho donde se debe, en las cámaras de representación. Ciudadanos defiende el Estado de las Autonomías y los privilegios forales; quiere una financiación especial para Cataluña. Es decir: que los catalanes paguen menos que los andaluces. Después de nueve años en el Parlamento de Cataluña, no han pedido la fusión de ayuntamientos y la eliminación de las diputaciones. Tampoco presentaron allí ni el Contrato Único ni la Ley de Segunda Oportunidad, cuando podían hacerlo.

Nosotros hemos construido un partido día a día, en cada pueblo de España, sin aceptar tránsfugas de otros partidos ni pactos que nos avergüencen. Somos un partido nacional que dice lo mismo en toda España. Ciudadanos ha crecido a base de transfuguismo y se ha aliado con partidos localistas, regionalistas y hasta xenófobos, como Libertas, en las elecciones europeas de 2009.

UPyD está aquí para cambiar las cosas y no continuarlas. ¿Cómo lo haremos? Como quieran nuestros militantes y, aún más importante, el conjunto de los ciudadanos. Si hemos de pactar o no con otro partido con el que compartimos un fondo común, pero con el que aún nos diferencian muchos aspectos que son de raíz, lo sabremos con claridad. Hablando mucho, con el corazón en la mano. Sin estrategias. Sin personalismos. Buscando, como siempre, el bien común.

 

Eva María Sánchez es Concejal Portavoz UPyD Arganda del Rey (Madrid), miembro del consejo politico Nacional UPyD y accionista de EL ESPAÑOL.

Además, en EL ESPAÑOL:

UPyD: El reverso del hundimiento

Rosa DíezDetrás de la crisis de UPyD se esconde el desencanto de militantes como Óscar Sánchez, Pedro Herrero o Encarna Hernández, que entraron en política empujados por el idealismo y ahora sopesan su futuro dentro de la formación. Aquí cuentan su historia.

Además: Lo que nos une en UPyD, por Eva María Sánchez

Detrás de la crisis de UPyD se esconde el desencanto de militantes como Óscar Sánchez, Pedro Herrero o Encarna Hernández, que entraron en política empujados por el idealismo y ahora sopesan su futuro dentro de la formación. Aquí cuentan su historia.

Rosa Díez

Unión, Progreso y Democracia se presentó a sus primeras elecciones en 2008 con el lema “lo que nos une, tu voto útil”. El recuerdo de esa época produce un enorme desconsuelo en Óscar Sánchez, que se implicó desde el principio en el proyecto, según explica, soñando con “regenerar el patio político” y “superar el discurso de las dos Españas”. Este profesor universitario de 41 años renunció este martes a encabezar la candidatura al Ayuntamiento de Salamanca, donde el PP y el PSOE se reparten los 27 concejales del consistorio.

“Hoy no puedo escuchar la música de la regeneración”, escribió en su blog. Sólo se escuchan los estruendosos portazos de dirigentes del partido. “UPyD se está desangrando. Yo me comprometí en 2007 porque creí que hacía falta regenerar el patio político. Desde entonces, se han conseguido logros muy importantes. Pero la hemorragia es demasiado grande. Puedo asumir una derrota. La maquinaria del PP y del PSOE es enorme. Se puede digerir una derrota, pero sólo cuando hay una satisfacción por el trabajo bien hecho y un equipo con gente valiosa”, explica durante una conversación con EL ESPAÑOL.

Sánchez es profesor en la Universidad Pontificia de Salamanca y parte de su actividad académica incluye el estudio del discurso público que contribuye al enriquecimiento o empobrecimiento de la democracia. Dar un paso atrás ha sido “muy complicado”, reconoce. “Fui elegido por primarias y no fue agradable anunciarlo porque mucha gente puso su confianza en ti”. Atrás queda la ilusión de formar parte de un equipo con peso intelectual y ganas de dejarse la piel. Para él, era también una fuerza capaz de hacer campaña sin miedo a los demás partidos o al ridículo. En 2011, su lema de campaña fue “Salamanca se merece un Óscar”. Sánchez vivirá las elecciones de 2015 desde la barrera, como un afiliado abatido por la decepción.

UPyD perdió más de un tercio de los votos en Andalucía y se quedó fuera del Parlamento más fragmentado de la historia reciente. No fue sólo una derrota. Entonces estalló la crisis que se venía cocinando a fuego lento. De los cuatro diputados que acompañaban a Rosa Díez en el Congreso, sólo Carlos Martínez Gorriarán ha mantenido su apoyo. Toni Cantó, uno de los principales reclamos electorales de la formación, ha renunciado a su escaño y a la candidatura a presidir la Generalitat Valenciana. Irene Lozano, que tiene un perfil público destacado, ha presentado su candidatura a liderar el partido en el congreso que se celebrará después de las elecciones municipales y autonómicas.

Fuera del Congreso, la situación es mucho más delicada. A mes y medio de la cita con las urnas, la diezmada cúpula del partido ha disuelto direcciones regionales en Andalucía, Castilla y León, Asturias y Galicia. Los responsables de UPyD en Aragón han pedido la dimisión de Díez. Las acusaciones cruzadas de mentiras, deslealtad o traición son constantes y ensordecedor el silencio de los intelectuales que respaldaron el proyecto al principio: Fernando Savater, Álvaro Pombo o Mario Vargas Llosa.

Más problemas que Ciudadanos

Albert Rivera, en un acto de campaña (Foto: Flickr/Ciudadanos)
Albert Rivera, en un acto de campaña (Foto: Flickr/Ciudadanos)

 

¿Qué ha pasado? ¿Por qué se ha llegado hasta este punto? El auge de Ciudadanos, un partido posicionado en el mismo espacio político, es determinante. Pero las negociaciones sobre una coalición electoral entre ambos partidos han puesto de manifiesto, según muchas voces, que no se trata sólo de un problema de estrategia electoral sino de funcionamiento interno del partido.

“Es un problema de democracia interna”, asegura Pedro Herrero, hasta ahora secretario de Organización de UPyD en Asturias. Allí, la dirección nacional ha expulsado a Ignacio Prendes, líder regional y diputado autonómico, y disuelto la dirección del partido, que lleva meses pidiendo un cambio de rumbo y un acercamiento a Ciudadanos. Finalmente, los afiliados votaron a favor de concurrir con Ciudadanos e ignoraron las advertencias e Madrid, que llegó a comparar la consulta con el referéndum convocado en Cataluña por Artur Mas. “Un partido no puede limitarse a un grupo de líderes atrincherados contra gente que lleva siete años trabajando. No se puede impedir que se pregunte a los afiliados. No se puede hacer un proyecto contra las bases, contra los intelectuales, contra los periodistas o incluso contra los votantes”, asegura Herrero.

Rosa Díez no piensa lo mismo. Un día después de las elecciones andaluzas y entre rumores de dimisión, la portavoz nacional dio una rueda de prensa minutos antes de reunirse con el Comité de Dirección del partido para analizar el resultado. “Nos importan las políticas mucho más que los votos”, dijo. Sin citar ni una sola vez a Ciudadanos o a Albert Rivera, Díez declinó varias veces entrar en las razones del fracaso andaluz.

Dos semanas después y con el partido en llamas, Díez reaparece para criticar a los que se arriman “al sol que más calienta”. “He sido engañada por mis propios compañeros”, decía esta semana en una entrevista con Carlos Alsina en Onda Cero. En realidad, Rosa Díez sigue controlando la dirección del partido y hasta las andaluzas logró mantener una cierta paz interna. En octubre, cuando el portavoz en la Eurocámara, Francisco Sosa-Wagner, dio la voz de alarma sobre los riesgos de no acercarse a Ciudadanos, muchos de los dirigentes que ahora critican con dureza a Díez la respaldaron y arremetieron contra el eurodiputado leonés.

Díez presenta la crisis como un pulso entre los principios del partido y los intereses cortoplacistas de algunos dirigentes, incapaces de resistir la tentación del acuerdo con Ciudadanos. Según algunas fuentes, la portavoz nacional confía en que el partido de Rivera baje tan deprisa como ha subido mientras ella sigue en primera línea, como lo ha estado en las últimas tres décadas.

Trabajar (al menos) el doble

Martín de la Herrán, el candidato en Andalucía, y Rosa Díaz (foto: Flickr/UPyD)
Martín de la Herrán, el candidato en Andalucía, y Rosa Díez (foto: Flickr/UPyD)

Encarna Hernández no lo tiene fácil. Es una de los dos concejales del partido en Molina de Segura (Murcia) y cabeza de lista para las elecciones municipales. En su ayuntamiento, donde residen casi 69.000 habitantes, UPyD fue la tercera fuerza en las últimas elecciones europeas, con el 11,6% de los votos. Hernández cree que el PP puede perder la mayoría que disfruta desde hace 20 años.

Ella afronta con ilusión la convocatoria, confiando en que los ciudadanos sepan apreciar el trabajo de oposición más que la desunión del partido. “Pero vamos a tener que trabajar el doble, eso esta claro”, asegura. “Esta crisis se veía venir. El partido es lo que es en parte gracias a Rosa Díez, eso es innegable. Pero hace tiempo que muchos afiliados sentían que no se les escuchaba, que los candidatos que no estaban apoyados por la dirección tenían muchos problemas en las primarias. No es sólo la cuestión de Ciudadanos, con quien tenemos que entendernos. La crisis ha explotado porque muchos afiliados se sentían ahogados”, dice.

Hernández cree que Díez dimitirá en junio y que no lo hará ahora, a mes y medio de las elecciones, para no perjudicar al partido. “No podemos hacer ahora un congreso o tener una gestora al frente”, advierte. “Lo que tenemos que hacer es la campaña”.

Para Hernández (una candidata en un municipio mediano), para Sánchez (que se presenta en una ciudad) y para Herrero (dirigente en una comunidad autónoma), el programa de UPyD es excelente, mejor que el de Ciudadanos. “Estoy orgulloso de que UPyD haya ido al País Vasco o a Navarra a defender que no haya privilegios fiscales aunque fuese impopular”, dice Sánchez, recordando una diferencia clave con Ciudadanos.

“Nosotros no nos asociamos con Libertas [un partido irlandés de financiación oscura y cariz eurófobo] para las europeas, no estamos dispuestos a crecer a cualquier precio, acogiendo a desencantados de cualquier partido”, sigue. “Pero compartimos un mismo espacio político que es históricamente frágil, que hay que cuidar. Tenemos que entendernos para que ese espacio no se desmorone”, pide, aludiendo al espíritu de la Constitución, donde los partidos aportaron principios pero también renuncias para propiciar el entendimiento.

“Si de verdad creemos en ‘lo que nos une’, si queremos un mensaje en positivo, si queremos hacer posible lo necesario, no podemos instalarnos en una orgullosa soledad, como ha hecho Rosa”, recuerda Herrero. De no entenderlo a tiempo, según explica, los militantes se irán donde haga falta para seguir luchando por un cambio político que Rosa Díez no puede garantizar.

Además, en EL ESPAÑOL:

Suspendido de militancia

Podía haber elegido la comodidad del escaño europeo y la tranquila seguridad de cinco años bruselo-estrasburgueses, aunque se hundiera el partido, como se está hundiendo. En lugar de eso, decidí ser coherente conmigo mismo y con las ideas de regeneración democrática de mi país desde el respeto a las instituciones, esas mismas ideas por las que fundamos UPyD en septiembre de 2007.

Por suerte o por desgracia, en la vida me ha tocado -casi siempre- elegir las posiciones más incómodas. Y daré para eso algunos ejemplos: elegí, entre 1982 y el año 2007, optar por la militancia en el PP en aquellos tiempos del País Vasco en los que trabajar políticamente en el espacio del no nacionalismo suponía el riesgo indudable del atentado terrorista y la certeza de la posición de perfil de muchas gentes; elegí después dejar mi escaño en el Parlamento Vasco y fundar UPyD en 2007, cuando nadie daba un duro por este partido.

FernandoMaura
Fernando Maura

 

Y en el año 2014, en el mes de agosto, elegí no mirar hacia otro lado cuando el aparato de UPyD, con Rosa Díez a su cabeza, decidió linchar políticamente a mi amigo el profesor Sosa Wagner.

Es cierto. Podía haber elegido la comodidad del escaño europeo y la tranquila seguridad de cinco años bruselo-estrasburgueses, aunque se hundiera el partido, como se está hundiendo. Porque sus siglas ya no representan su proyecto político fundacional, porque sencillamente ya no está conectado con los votantes que le dan su razón de ser, porque ha preferido la “autonomía” que es, en suma, equivalente a la soledad y a la irrelevancia.

En lugar de eso, decidí ser coherente conmigo mismo y con las ideas de regeneración democrática de mi país desde el respeto a las instituciones, esas mismas ideas por las que fundamos UPyD en septiembre de 2007.

Quizás por eso me hayan suspendido, con carácter cautelar, de militancia en UPyD. Y digo lo de “quizás” porque, cuando escribo estas líneas, aún no he recibido comunicación oficial alguna por parte de la organización del partido.

No deja de resultar singular que un partido que enarbola con frenesí su sobresaliente en transparencia actúe de manera tan opaca respecto de dos de sus cargos públicos más relevantes (relevantes, todo sea dicho, por los puestos que ocupamos, no por lo importantes que seamos, al menos yo). Si un partido aspira de verdad a regenerar la democracia, no cabe que gestione de manera tan torticera sus asuntos internos. ¿Qué respeto tendría una eventual gobernante Rosa Díez con los ciudadanos que no están de acuerdo con ella cuando la dirigente de UPyD Rosa Díez se comporta como lo hace con sus críticos?

No les gusta la crítica, desde luego, tampoco asumen sus errores y además creen que los debemos pagar otros. De lo contrario, Rosa Díez, su equipo de dirección y el candidato De La Herrán deberían haber presentado su renuncia inmediatamente después de no haber alcanzado siquiera un exiguo 2% en las autonómicas de Andalucía. Pero no lo han hecho y, a cambio, se han inventado un nuevo enemigo público, la disidencia interna, a la espera de enseñar sus colmillos a los nuevos críticos que asoman en las nuevas trincheras abiertas después del 22M. Porque los Cantó, Lozano, Anchuelo, Velasco -sin perjuicio de su responsabilidad política a lo largo de estos meses de errores de UPyD- y otros ya saben que a algunos no les temblará el pulso… ¿Recuerdan ustedes quién utilizó esa misma expresión?

No les gusta la crítica, desde luego, tampoco asumen sus errores y además creen que los debemos pagar otros

Y no tiene tampoco precedentes eso de suspender de militancia a un eurodiputado -o dos-. Ni siquiera la eurodiputada Rosa Díez cuando se prodigaba con virulentas descalificaciones al secretario general de su partido, José Luis Zapatero, en acusaciones que eran de auténtico juzgado de guardia, recibiría esa sanción, siquiera alguna leve admonición por parte de ese estandarte de la “vieja política” que es el PSOE. Podía haberse aplicado el cuento ahora pero, como decía don Antonio Maura, la memoria es una constante tránsfuga de la política.

Yo estoy cumpliendo con mi partido durante estos nueve meses de trabajos parlamentarios. Según la organización VoteWatch, mis votos nominales se corresponden en un 98% con el programa electoral de UPyD -en porcentaje similar a los otros diputados europeos de esta misma formación-. Y me cabe el honor de superar en el ranking del Parlamento en más de 40 puestos al siguiente representante de este partido, siempre según el VoteWatch de este pasado domingo.

Es verdad que eso no me impide, sino al contrario, defender públicamente mis opiniones. Mantener un discurso político, según el cual las siglas de UPyD ya no sirven al proyecto de regeneración democrática de España, sencillamente porque no obtienen representación parlamentaria -véase las recientes elecciones en Andalucía y las encuestas posteriores- y que este espacio lo representa ahora Ciudadanos. Me reprocharán que lo afirme, desde luego, ¿pero no es eso lo que dicen los electores?

En todo caso, lo ocurrido en la noche de Viernes Santo con mi suspensión de militancia, siquiera no comunicada aún la apertura de expediente, constituye en mi opinión un hecho muy grave que me obligará en los próximos días a tomar una decisión respecto de mi futuro político. Por el momento, todas las opciones están abiertas.

UPyD: Elegir entre el mal menor o no existir

Rosa Díez, en un acto en Vitoria (Foto: Flickr UPyD)

La posición de Rosa es: UPyD será perfecto, o no será. Los votantes ya han dado un toque dejando claro que algo va muy mal. Un 1,93% de votos es más que marginal, es casi la desaparición de UPyD Andalucía. ¿Cuál es el mal menor? Tal vez el mal menor sea una fusión, porque de seguir esta tendencia UPyD finalmente no será y todo lo bueno que tenga se lo llevará consigo.

Rosa Díez, en un acto en Vitoria (Foto: Flickr UPyD)
Rosa Díez, en un acto en Vitoria (Foto: Flickr UPyD)

Después de ver los resultados de UPyD de las elecciones andaluzas se puede asegurar con sinceridad y rotundidad que la situación no es justa, ni es la que más nos gustaría a ninguno. Un 1.93% es un resultado marginal que amenaza con hacer desaparecer a UPyD Andalucía pese a todo el esfuerzo invertido en esa campaña. Llegada esta situación hay que elegir el mal menor. Podemos ser los mejores en todo: los que mejor balance contable presentan, los que menos deuda tienen y por tanto los menos dependientes, los más transparentes o los que más propuestas y mejores hacen. Podemos ser como digo los mejores, pero en democracia al final mandan los que más votos tienen y cómo lo hagan los demás no importa. No se trata de ser populistas, sino de aprovechar a nuestro favor los elementos de nuestro alrededor sin perder nuestra esencia, sin dejar de hacer lo que hacemos ni de ser lo que somos.

La ciudadanía nos ha puesto en una encrucijada. No entiende el “no” a Ciudadanos y parece querer que nos fusionemos o desaparezcamos. La gente no entiende que Ciudadanos está lleno de tránsfugas, no entiende que Ciudadanos es una suma de grupos de partidos cada uno de su padre y de su madre, con opiniones muy diversas. No entiende que Ciudadanos defiende el estado de las autonomías, que no tiene un proyecto coherente porque no tiene una dimensión nacional. Ciudadanos Andalucía se gobierna gracias al liderazgo informal de Rivera desde Barcelona. Y digo informal porque no tienen un Consejo de Dirección Nacional. ¿Cuáles son los estatutos de Ciudadanos Andalucía? ¿Son los mismos que Ciudadanos Cataluña o cada partido que se ha sumado mantiene su forma de organización y normas? ¿Tienen primarias? ¿Quién se asegura de que en las primarias se cumplen todas las garantías democráticas? Todos estos problemas UPyD los tiene solventados y arreglados. Sin embargo, ellos ganan y nosotros perdemos.

Está claro que la estrategia de Ciudadanos ha sido definitivamente mejor. O la gente no se entera o todo lo que he expuesto anteriormente le da igual. La gente tiene una imagen de Rivera de solitario baluarte contra el nacionalismo. Eso les gusta y eso es lo que votan. No votan propuestas concretas, altamente desarrolladas y trabajadas como las de UPyD. La gente vota en función del discurso y de la imagen y en el momento en el que UPyD dijo “no” a Ciudadanos se produjo un doble efecto. Por una parte, no se absorbió a la competencia sino que está creciendo cada vez de forma más amenazante. Además, esa decisión creó una imagen negativa ante muchos potenciales votantes. Esta imagen podría revertirse con una fusión, pero eso conlleva una serie de riesgos dado el totum revolutum que ahora mismo es Ciudadanos.

La posición de Rosa es: UPyD será perfecto, o no será. Los votantes ya han dado un toque dejando claro que algo va muy mal. Un 1,93% de votos es más que marginal, es casi la desaparición de UPyD Andalucía. ¿Cuál es el mal menor? Tal vez el mal menor sea una fusión, porque de seguir esta tendencia UPyD finalmente no será y todo lo bueno que tenga se lo llevará consigo. Habrá que ver cómo se desarrollan las siguientes elecciones. Es cierto que Andalucía no es la plaza fuerte de UPyD, a diferencia de la Comunidad de Madrid. Pero es posible que éstas sí sean las elecciones en las que todo esté en juego. En esa carrera, UPyD no ha empezado mal: ha empezado fatal.

Carlos A. Tejada Gimbel es accionista de EL ESPAÑOL, estudia Ciencias Políticas en la Universidad Rey Juan Carlos y es afiliado de UPyD desde 2010. En el partido es coordinador del partido en Arganda del Rey (Madrid).

 

21 reflexiones a vuelapluma sobre las elecciones andaluzas

Andalucía

Ni en Argentina he oído a los ciudadanos hablar tan mal de su gobierno como en Andalucía. Y eso es mucho decir. Pero en Andalucía seguirá gobernando el PSOE cuatro años más al igual que en Argentina seguirá gobernando el peronismo.

Andalucía

1. Decía ayer el editorial del diario El Mundo que “lo importante es que Díaz impulse desde hoy el cambio que los andaluces le demandan”. ¡Fino análisis político, vive Dios! Si esta es la manera que tienen los andaluces de demandar “cambio” a Susana Díaz, mejor no andar por España cuando les dé por pedir “inmovilismo”. Lo mismo resucitan el garrote vil. ¡O el cóctel de gambas!

2. Las elecciones las ha ganado el Partido Regional Nacionalista Andaluz, más conocido por su seudónimo de “el PSOE”. Tanto tiempo llevan gobernando Andalucía (y lo que te rondaré morena) que ya no se sabe si son un partido o un coxis. Es decir, un órgano vestigial. El resto de una cola prehistórica que dejó de resultarnos útil hace decenas de miles de años. Y que sin embargo ahí sigue, inasequible al desaliento y a la selección natural.

3. Casi no lo recuerdan ya ni los estudiantes de derecho más aplicados, pero la primera Constitución española, y en términos relativos históricos la más moderna y liberal de todas ellas, fue promulgada en Cádiz en 1812. No es verídico pero sí verosímil pensar que en algún momento indeterminado entre 1812 y 1978 los alienígenas reemplazaron a los andaluces originales por una especie completamente diferente. Los motivos de esta extraña pero entrañable raza para seguir votando al PSOE elección tras elección se me escapan, pero no pueden ser buenos.

4. El mejor chiste leído en las redes sobre las elecciones andaluzas: “Si los andaluces fueran dinosaurios, votarían al meteorito”. Y es que lo de los andaluces no es obcecación: es resiliencia. Hay bacterias congeladas en el permafrost de las regiones glaciares con menos aguante que el andaluz medio.

5. Intento imaginar qué debería hacer el PSOE para que los andaluces dejaran de votarle y solo me viene a la cabeza el cuadro del pintor británico del siglo XIX John Martin La destrucción de Sodoma y Gomorra. Si se fijan bien, ahí en el extremo izquierdo, a punto de ser engullido por la lava, puede verse a un andaluz chillando: “¡No me arrepiento! ¡Volvería a hacerlo una y mil veces!”.

6. Lo de UPyD es graciosísimo.

7. Podemos se ha quedado con la cifra de escaños que le auguraban las peores encuestas. Sus 590.011 votantes habrían sido interpretados como un éxito avasallador en manos de cualquier otro que no fuera Pablo Iglesias, pero de él sus acólitos esperan milagros. Como la dictadura del proletariado para pasado mañana, por ejemplo. La cara de Teresa Rodríguez la noche del domingo era un holocausto y no se entiende muy bien por qué.

8. Que nadie desprecie, por cierto, el tirón de Iglesias entre los nihilistas de derechas. No me extrañaría nada que una parte quizá no muy importante, pero sí sintomática, de los votos que va a perder el PP en las próximas generales se los llevara Podemos. Aquí lo que algunos pretenden es que el sistema nacido de la Constitución del 78 reviente: la ideología del dinamitero es lo de menos.

9. IU es la viva imagen de la irrelevancia. Las razones de los 273.927 votantes de Maíllo para votarle a él y no al macho alfa de la manada izquierdista Pablo Iglesias son 100% incomprensibles. Nostalgia o melancolía, probablemente.

10. Definitivamente, en España hay tres comunidades que operan con una lógica política independiente de la del resto del país: Cataluña, País Vasco y Andalucía. Nací en la primera de ellas y vivo en la última, pero algún día seré un español normal.

11. No puedo evitarlo: aparece Juan Manuel Moreno Bonilla por la tele y me suena automáticamente en la cabeza el Adagio para cuerdas de Samuel Barber.

12. Para resiliencia, la del bipartidismo. Ochenta escaños de ciento nueve. El 73%: casi nada. El bipartidismo español está como el manchego de las noticias, el que recibió seis puñaladas en el bar y siguió tomándose cervezas con los amigos porque él “se recupera pronto”. Y Rajoy y Pedro Sánchez, a verlas venir. A estos dos les rebanan la cabeza y siguen pidiendo bravas con lenguaje de signos, como si tal cosa.

13. El sistema electoral español es una tortura de realismo para los románticos y una pesadilla de lenta digestión para los impacientes, pero para los románticos impacientes debe de ser una maldición gitana. Y de las pegajosas.

14. Leo en la portada del Vogue español de enero el titular El nuevo culo XXL. ¿Está aquí para quedarse? Es lo mismo que me pregunto yo de Ciudadanos.

15. Dice Gabriel Albiac en ABC que no cree en la posibilidad de que Susana Díaz recurra a Ciudadanos porque los de Rivera son gente decente. Estoy de acuerdo. Como canta La Bien Querida, muchas «eses de amor con las caderas» va a tener que hacer el PSOE para camelarse a Ciudadanos. Porque Rivera tiene una oportunidad de oro para comerse a medio PP, a todo UPyD y buena parte del PSOE más centrista en las próximas generales a poco que acierte con su política de alianzas. Que lea a Maquiavelo.

16. Los interventores de un colegio electoral de Ubrique abrieron durante el recuento electoral de la noche del domingo un sobre que contenía dos hermosas rodajas de chorizo. Hay fotos que lo prueban. Deduzco que el voto, tras sesudas deliberaciones, se repartió a pachas entre PP y PSOE, así que el recuento final debería haber sido en realidad 1.409.041,5 para PSOE y 1.064.167,5 para PP. Muy fan de los medios votos metafóricos: deberían aceptarse como válidos.

17. Solo lo habré recomendado unos pocos cientos de veces en mis artículos, así que lo hago una vez más: The Myth of the Rational Voter: Why Democracies Choose Bad Policies, de Bryan Caplan. Es decir “El mito del votante racional: Por qué las democracias escogen malas políticas”. Ahí está explicada Andalucía entera.

18. Pero no seamos demagogos. En las elecciones autonómicas andaluzas de 2004, el PSOE obtuvo 2.260.545 votos. En las de 2008, 2.148.328. En 2012, 1.570.833. En 2015, 1.409.042. En porcentajes de votos, 50,36%, 48,41%, 40,66% y 35,43%. El PSOE ha perdido en once años a casi uno de cada tres votantes. La sangría es atroz. Ponen buena cara porque han ganado, pero en diez años más estarán en números rojos.

19. Ni en Argentina he oído a los ciudadanos hablar tan mal de su gobierno como en Andalucía. Y eso es mucho decir. Pero en Andalucía seguirá gobernando el PSOE cuatro años más al igual que en Argentina seguirá gobernando el peronismo gane quien gane las próximas elecciones. El socialismo andaluz es tan solo una forma ligeramente más sofisticada de peronismo.

20. Como decía Enric González en su artículo del domingo en el diario El Mundo, en Andalucía se vive muy bien. Con “satisfacción”, escribía. Y eso es verdad. Pero también es verdad que Andalucía es un infierno para todos aquellos ciudadanos que aún viven la política con ilusión. Aquellos pocos que depositan su voto con la esperanza de que algo cambie en su comunidad. Para bien, se entiende. Hay que acordarse más de ellos. ¿Qué culpa tendrán los pobres?

21. Cuando los andaluces despertaron, el 34% de paro todavía estaba allí.