El retratista sirio de la Rambla recuerda que “la fuerza está en la unión”

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El sirio Fouad Aboussada es uno de los pintores más serios de la Rambla. Desde hace tres décadas se sienta en su taburete para dibujar a vecinos y turistas. Tiene dos hijas catalanas y desconfía del proceso independentista: “Me importa Cataluña y me importa España. La fuerza está en la unión”. 

Reportaje grafico: David López Frías

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El sirio Fouad Aboussada es uno de los pintores más serios de la Rambla. Desde hace tres décadas se sienta en su taburete para dibujar a vecinos y turistas. Tiene dos hijas catalanas y desconfía del proceso independentista: “Me importa Cataluña y me importa España. La fuerza está en la unión”. 

El Ayuntamiento de Barcelona limitó en 2013 el número de pintores y dibujantes que trabajaban en la Rambla. Tres años antes, había hecho algo similar con las estatuas humanas. Se trataba de premiar a los mejores artistas y todas las medidas fueron en la misma dirección: reducir el número de plazas reservadas a los pintores (de un centenar a 62), limitar los días de trabajo y ubicar a los artistas en un solo lado de la Rambla.

“Decían que lo hacían para mejorar la calidad de los cuadros, pero lo que hicieron fue robarle espacio al arte para entregárselo a los bares y a las terrazas, que dan más dinero”, dice Fouad Aboussada (Sweida, 1946), un pintor sirio que lleva casi 30 años trabajando en este rincón de Barcelona. “Llegué en 1987 y en esta parte de la ciudad se respiraba más arte que ahora. No nos pedían permisos ni hacía falta tanto control”, rememora con nostalgia. 

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Aboussada es ilustrador, dibujante y pintor. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Damasco. Al terminar la carrera, inició un viaje por el norte de África que le llevó a exponer sus obras en países como Túnez, Líbano o Argelia. Allí permaneció 10 años trabajando como profesor de dibujo. Organizó tres exposiciones en el Instituto Cervantes de Argel, donde conoció a varias personas que le sirvieron de contacto en España: “Decidí venir a Barcelona a hacer un doctorado y preparar una tesis sobre la influencia del arte árabe en la pintura moderna”.

Nunca lo acabó. Pero la ciudad le sedujo y se quedó a vivir. “Antes estuve viajando por Europa. Expuse en Viena, Berlín y Berna. Pero me afinqué en España, en Barcelona, porque este lugar es lo parecido a mi país. Es como mi tierra pero con menos líos. El clima, la gente… ¡Hasta la forma de mirarnos a los ojos! Salir a la calle y hablar con todo el mundo fue lo que me enganchó”.

Aboussada ha echado raíces en Barcelona. Se casó y ahora tiene dos hijas catalanas. “Ellas también son artistas”, explica con orgullo. “Una de ellas ya ha acabado Bellas Artes”.

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¿Qué queda de aquella Rambla que Aboussada conoció en 1987? “Bastante menos cultura. Pero eso no es culpa de los artistas sino de las instituciones que se la han ido cargando. Antes era diferente. No había tanto control y podíamos venir a pintar a diario. Ahora sólo nos dejan trabajar un día sí y un día no. Recuerdo que en aquellos tiempos se respiraba arte: teníamos que llegar a las siete de la mañana para coger el mejor sitio posible. Había personas de todas las nacionalidades y nos entendíamos bien. El idioma universal de la cultura tiene estas cosas: que puedes ver conviviendo en paz y armonía a un sirio, un iraquí y un israelí”, recuerda citando a dos compañeros ya fallecidos.

Las ordenanzas municipales han ido acorralando a los artistas. En 2000 se redactó la penúltima regulación, que impuso hasta el tipo de parasoles o taburetes que debían usar los pintores.

Luego se organizó un concurso para otorgar las licencias a los artistas. O mejor dicho para retirarlas porque el número de autorizaciones disminuyó.

Los polémicos castings de pintores tuvieron lugar en 2007 y apartaron de la Rambla a algunos dibujantes históricos. “Cuando yo llegué había una asociación de artistas. Ahora somos tres pero no hay entendimiento. Ni se preocupan por nosotros ni establecen relaciones con el ayuntamiento ni fomentan las exposiciones”, se queja Fouad, que reivindica que las instituciones “cuiden el arte para que la Rambla tenga vida”.

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Una gran alcantarilla

Esa vida de la que habla Aboussada no acompaña a la Rambla desde su origen. En sus inicios, el paseo más célebre de Barcelona no era más que un torrente por el que discurrían las aguas fecales que desembocaban en el mar. Sólo dejó de ser una gran alcantarilla en torno a 1440 cuando se desvió su caudal.

Cuentan los historiadores que la Rambla enseguida se convirtió en la zona de paseo favorita de la población pese al perfil macabro de la zona de la Boqueria, que debe su nombre a los boc o cabritos que allí vendían los judíos y donde había instaladas varias horcas para ejecutar a los condenados a muerte.

El día de Santiago de 1835 acontecieron unos hechos que cambiaron para siempre la fisonomía de la Rambla. El detonante fue una corrida de toros celebrada en el desaparecido Torín de la Barceloneta: la primera plaza de toros de España. Los animales seleccionados aquel día salieron especialmente mansos. Aquello caldeó los ánimos de un público ya exasperado a causa de la guerra civil entre liberales y absolutistas y la indignación se tradujo en una manifestación espontánea.

El sentimiento anticlerical de las clases obreras de Barcelona hizo que toda aquella ira se descargase contra los frailes. Les acusaban de quedarse con casi todo el trigo de la ciudad, de haber envenenado el agua y de tener inmovilizado gran parte del suelo urbano con conventos mientras la gente se amontonaba en casas precarias de varias alturas por falta de espacio.

El balance de aquella jornada fueron 12 conventos atacados y cinco destruidos por completo. Aquella revuelta hizo avanzar la desamortización de bienes eclesiásticos, regulada al año siguiente mediante el decreto del ministro Mendizábal, que liberó algunas propiedades del paseo y transformó la Rambla de forma radical.

Desde entonces la Rambla se ha convertido en el espacio de paseo por antonomasia de los vecinos y de los turistas. Cada tramo cuenta con su propia fisonomía e historia. Si se camina siguiendo el curso del agua (de la plaza de Cataluña a Colón), el paseo arranca en la Rambla de Canaletes, que recibe su nombre de su fuente más emblemática. La misma que con el tiempo se ha convertido en el punto de celebración de los títulos del Barça. Por debajo queda la Rambla dels Estudis, que debe su denominación a una antigua universidad, clausurada y convertida en cuartel por Felipe V en 1720. La siguiente zona es la Rambla de les Flors, donde aún se concentra el mayor número de floristerías por metro cuadrado de Cataluña. La parte central es la Rambla dels Caputxins, llamada así porque albergaba un convento de frailes (aquéllos que ardieron después de la fatídica corrida de toros). Esta parte también es conocida como Rambla del Centro y fue la primera zona de paseo de la sociedad barcelonesa.

La última zona es la de Santa Mónica y es la que acoge ahora a los artistas. Pero esto no fue siempre así. Además de los pintores, allí se ubican las estatuas humanas que hasta hace tres años se encontraban en mitad del paseo. La polémica ordenanza municipal las sacó del corazón de la Rambla del centro en 2012. Los artistas, tal y como asegura Aboussada, “cada vez lo tenemos más difícil, somos menos y estamos más controlados”. El sirio tiene la esperanza de que “el nuevo Gobierno municipal que acaba de entrar mejore algunos aspectos. Si no, veremos pronto más vendedores y más terrazas ocupando nuestro espacio y ahí se habrá acabado el arte en la Rambla”.

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A favor de la unión

Fouad Aboussada vive con expectación el proceso independentista en el que se halla sumida Cataluña. Asegura que prefiere que la comunidad autónoma no se separe del resto del país: “Me importa Cataluña y me importa España. No quiero una separación porque todos buscamos ser más fuertes. La fuerza está en la unión”. No obstante, el sirio se define como un demócrata convencido: “Estaré del lado de la decisión que tome la mayoría, porque esa será la visión correcta de lo que queremos”.

Aboussada tiene la percepción de que entre sus conciudadanos independentistas está primando demasiado el factor económico: “Nos dicen que teniendo nuestro propio estado seríamos más ricos y tal vez sea cierto. Pero el dinero no es lo único importante. Ni siquiera es lo más importante. Hay otros factores que conviene tener en cuenta. Yo creo que somos hermanos. Quizás algún día necesitemos la ayuda de Madrid o ellos la nuestra. Soy partidario de la unidad para ser más fuertes”.

Aboussada basa su argumentación en el conflicto que está azotando su país. Le cambia el tono de voz cuando lo aborda y su gesto se vuelve grave: “Siria es ahora un país más dividido que nunca. El Gobierno por un lado, los rebeldes por el otro, el grupo Estado Islámico por otro y los kurdos por ahí. ¿Cuál es el resultado? Millones de personas huyendo del país y muriendo en el intento de marcharse. Al final el pueblo es lo que menos importa. La gente mala tiende a organizarse para evitar que el pueblo decida e imponga la democracia. No comparo nuestra situación con la de Siria, obviamente, pero es un ejemplo de que la unión hace la fuerza”.

Los diarios de la Rambla

Fouad Aboussada tiene a casi toda su familia en Siria y lamenta que no va a poder regresar en mucho tiempo: “Allí tengo todavía muchas obras en algunas galerías y me encantaría volver”.

Por ahora debe quedarse sentado en su taburete de la Rambla de Barcelona, donde se siente a gusto: “Hay gente que no me cree, pero no hago esto sólo por dinero. Me encanta estar en la calle porque me relaciono con las personas, observo las cosas que pasan y las apunto en unas libretas a las que llamo Diarios de La Rambla. Debo de tener como seis blocs llenos de anécdotas y experiencias”.

La última que le ha emocionado tuvo lugar esta misma semana. Enciende su cámara de fotos Panasonic, enseña la imagen de una mujer llorando y explica su historia: “Hace 13 años vino un señor de Carolina del Norte con la foto de su nieto para que yo le hiciera un retrato. Se lo llevó a Estados Unidos y le gustó a toda la familia. Al poco tiempo, ese señor se murió. Su hija tuvo otra niña y quiso que tuviese un retrato como el que yo le hice a su hermanito. Lo intentó con varios pintores estadounidenses pero no le convenció el resultado. Este año ha venido a Barcelona de vacaciones sin saber donde me podía encontrar. Apareció aquí por casualidad. Reconoció la firma en uno de mis cuadros y empezó a gritar y a llorar de alegría. Ha sido una de las experiencias más gratificantes de los últimos tiempos. Como te digo, no es sólo el dinero. Estas cosas te las da el arte y te las da la Rambla”.

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Al decano de la Boqueria no le tiembla el pulso

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Joan Bayén lleva 70 años detrás de la barra del bar Pinotxo, el local más ilustre del Mercado de la Boqueria. El camarero del bar al que acuden los mejores chefs catalanes cuenta cómo ha cambiado el mercado y explica su actitud ante el proceso de independencia.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Joan Bayén lleva 70 años detrás de la barra del bar Pinotxo, el local más ilustre del Mercado de la Boqueria. El camarero del bar al que acuden los mejores chefs catalanes cuenta cómo ha cambiado el mercado y explica su actitud ante el proceso de independencia.

El 31 de marzo de 1987 el célebre restaurador Ramón Cabau dio su último paseo por el Mercado de la Boqueria. Saludó a los comerciantes de todos los puestos y se sentó en la barra del bar Pinotxo. El camarero Joan Bayén le preguntó a su amigo si quería tomar lo de siempre. “No, hoy no me prepares nada”, respondió antes de pedir un vaso de agua. Al cabo de unos minutos Cabau ingirió una pastilla de cianuro y murió en el mercado más ilustre de Barcelona.

Cabau era también abogado, farmacéutico y uno de los iconos de la Barcelona de los años 80. Al día siguiente, la Boqueria quedó vacía a las 11.30 de la mañana. Cientos de clientes y comerciantes del mercado salieron a la Rambla para despedir al restaurador más famoso, convertido ya en mito por haber muerto en la plaza que le vio crecer.

A Cabau le sucedió como icono del mercado aquel camarero que le sirvió por última vez.  A sus 81 años y después de 70 sirviendo desayunos y comidas detrás de la barra del bar Pinotxo, Joan Bayén es hoy el personaje más ilustre del mercado. “Yo no soy famoso ni soy nada”, replica con modestia. “Nunca me compararé con Cabau”.

La realidad, sin embargo, le lleva la contraria. Durante la entrevista le interrumpen tres veces para pedirle una foto. Bayén reconoce que sale a 40-50 ‘selfies’ diarias y la búsqueda ‘pinotxo boqueria’ ofrece 28.000 resultados en Google. Le guste o no, Bayén representa la imagen de esa Barcelona que está a punto de desaparecer y que todos quieren inmortalizar.

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ALBERTO GAMAZO

El dilema del turismo

La Boqueria es uno de esos sitios de Barcelona que se resisten a entregarse por completo a los turistas. A diferencia de la Sagrada Familia o del parque Güell, lugares que cualquier barcelonés evita a toda costa, el mercado lucha por mantener cierto espíritu familiar y seguir ofreciendo productos de calidad a los clientes de toda la vida. Muchos creen, no obstante, que el mercado pierde cada día un cliente y la esencia que lo convirtió en un lugar mítico se va desvaneciendo.

“Lo mejor que tenía la Boqueria era el ambiente y sus vendedores”, explica Bayén. “Todo esto se está perdiendo”.

El restaurador explica con cierta tristeza que la clásica mujer con la cesta cada vez acude menos al mercado. Las paradas en las que se encontraba la mejor fruta de la ciudad ahora ofrecen zumos y vasitos de plástico con fruta cortada. Los comerciantes que vendían el pescado y marisco más fresco ahora ofrecen ostras abiertas listas para consumir en el acto. La lista de paradas que se han enfocado al turista es eterna y llena de tristeza a los asiduos.

Este oasis de colores y aromas en medio de Barcelona muta durante el día. Entre las ocho y las 10 de la mañana todavía se ven señoras “de toda la vida” con el carrito haciendo la compra. En la barra del bar Pinotxo desayunan clientes habituales que charlan de política y fútbol.

A partir de las 11 el espacio se vuelve impracticable. Cientos de personas circulan por los estrechos pasillos del mercado haciendo fotos y mirando los productos. Muchos no compran nada. En algunos momentos la muchedumbre no avanza y la gente se queda quieta, haciendo más fotos. A partir de las seis de la tarde, el espacio recupera cierta normalidad y los autóctonos vuelven a asomar.

El ayuntamiento prohibió en abril la entrada de grupos de más de 15 personas los viernes y sábados por la mañana pero la medida apenas se ha notado. “Entran 10 por una puerta, 10 por la otra y se juntan todos en el medio”, se queja Bayén.

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La antorcha olímpica

Bayén tenía solo 11 años cuando empezó a echar una mano en el negocio familiar. Al principio sólo servían escudella (una especie de cocido) para el resto de trabajadores del mercado. Después se dedicaron a cocinar la materia prima que traían los clientes, recién comprada en los puestos contiguos.

Durante siete décadas, Bayén ha oído y presenciado anécdotas de personajes de toda calaña desde el otro lado de la barra. Recuerda cómo en los 80 venían los periodistas a cenar cuando abría a las cuatro de la madrugada. También rememora orgulloso que le propusieron llevar la antorcha olímpica durante los Juegos de 1992. Se lo propusieron los organizadores, a los que alimentó durante meses mientras trabajaban en un edificio cercano.
Sus arrugas llevan escritas encuentros con personajes de todo tipo. Desde prostitutas anónimas del Raval hasta el magnate Bernie Ecclestone pasando por Jean Paul Gaultier, chefs con estrellas michelin y todos los alcaldes de Barcelona. “Colau aún no ha venido”, dice Bayén entre risas. “Estoy muy enfadado”.

El señor Pinotxo tiene tanta experiencia que es él quien escoge lo que vas a comer. “En función de qué cara traen les ofrezco una cosa u otra”. No hay carta en el bar ni lista de precios. Lo mejor es dejarse llevar por el anfitrión, que trata a los clientes como amigos y a las clientas como pretendientas. Su chaleco, pajarita y aspecto de personaje de cabaret hacen que sea imposible llevarle la contraria.

Bayén se levanta cada día a las cuatro y media y al cabo de una hora abre el bar en el que trabaja sin parar hasta las cinco de la tarde. “Después me voy a casa, me pongo un chandal y me voy a correr un par de horas”, dice Bayén, que ha corrido varios maratones. Según dice, el secreto para llegar tan bien a esa edad es no tener hijos y disfrutar del trabajo. “Lo que me mantiene en pie es mi clientela. ¡Y las mujeres que me piden fotos!” exclama antes de soltar una carcajada.

A principios de los 90 empezaron a frecuentar la barra del Pinotxo dos hermanos cocineros. Se llamaban Ferran y Albert Adrià. Acudían con otros chefs a degustar los platillos que servía Bayén: garbanzos con morcilla, alubias con chipirones, huevos revueltos con almejas… Bayén fraguó una gran amistad con todos ellos pero no sabía quiénes eran.

“Me enteré de que Ferran Adrià era famoso cuando lo vi en la portada de El País Semanal”, afirma. Hoy no es extraño ver en su barra a maestros de los fogones como Juan Mari Arzak, Carles Gaig o Carme Ruscalleda. Cuando vienen grandes chefs siempre les hace la misma broma: “¡Qué! ¿ya venís a copiarme?”.

Bayén se ruboriza cuando se le pregunta por el proceso soberanista. “Yo no entiendo de política”, dice con humildad. “Si nos dan la independencia, bienvenida sea. Creo que podríamos hacer muchas cosas. Y si no, pues seguiremos trabajando y viviendo”.

Bayén cree, no obstante, que al final Cataluña será independiente. “Los molestaremos tanto que al final nos dirán: ¡tened la independencia! ¡Apañaos!”, bromea.

Respecto a este asunto sólo tiene clara una cosa. “De fractura, nada”, añade. “Aquí viene gente de todos los tipos y siempre se habla civilizadamente”.

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Entre dos mundos

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo empezaron los comerciantes a asentarse en la Boqueria, antes conocida como Mercado de Sant Josep. Los historiadores aseguran que acudían los payeses a vender sus productos desde tiempos muy remotos porque esta zona quedaba fuera de los límites de la ciudad. Hasta 1842 no se construyó una estructura que protegía una buena parte de los puestos. La carne y el pescado quedaron cubiertos. La fruta y las verduras permanecieron en la intemperie.

La expansión de la ciudad quiso que la Boqueria quedara al final situada entre dos mundos.

Delante estaba la Rambla de les Flors, el paseo más famoso de la ciudad. Por aquí transitaban los marines americanos de servicio en la ciudad y la burguesía de la zona alta que acudía al Liceo. Sus cafés siempre estaban llenos y en sus mesas se debatía con intensidad.

Detrás quedaba el barrio chino, conocido hoy como el Raval. Sin duda alguna el más canalla de la ciudad por el cóctel que formaban la vida nocturna, la droga y la prostitución. Bayén recuerda todavía el bullicio de ese barrio en el que se vendía de todo a pie de calle. Desde pescado hasta artículos de dudosa procedencia. “Si te robaban algo y querías recuperarlo, tenías que ir al barrio chino”, recuerda.

El boom del turismo en Barcelona convirtió a la Rambla en una visita obligada para cualquier foráneo y al mercado en un lugar de fama global. “Si no estuviera la Rambla delante, el mercado no se habría hecho tan famoso”, dice Bayén.

Tanto Joan Bayén como la Boqueria representan esa Barcelona preolímpica que muchos añoran y que lucha por no ser sustituida por franquicias uniformes. Algunos de los comerciantes del mercado consideran al camarero del Pinotxo el último resquicio de autenticidad que le queda al mercado. “Cuando falte Joan, aquí ya no valdrá la pena venir”, me dice un parroquiano en la barra.

A sus 81 años, Bayén no sabe cuánto más le queda al pie del cañón. “El día que a mí me tiemble la mano al servir un café, ese día se acabó”.

The desnudas

EEUU DESNUDO:NY078. NUEVA YORK (ESTADOS UNIDOS), 19/08/2015.- Una mujer semidesnuda es vista hoy, miércoles 18 de agosto de 2015, en Times Square, Nueva York (Estados Unidos). Las mujeres se llaman a sí mismas "Desnudas" y posan por fotografías a cambio de propinas. EFE/JASON SZENES

Desde el verano del 2013, The desnudas, como son conocidas, proliferan por la zona de Times Square, en el corazón de la capital neoyorquina. Son mujeres jóvenes, fundamentalmente latinas, que con un escueto tanga y los pechos pintados de colores patrióticos se ofrecen a posar con los turistas a cambio de una propina. Este verano la cosa ha ido a más por la supuesta agresividad con la que reclaman el dinero.

En la imagen, una “desnuda” en Times Square el pasado 18 de agosto. EFE/JASON SZENES 

Una “desnuda” en Times Square el pasado 18 de agosto. Posan a cambio de propinas. EFE/JASON SZENES

En Taxi Driver, Robert de Niro interpreta a un veterano del Vietnam que -ante su insomnio crónico- consigue una plaza de taxista. Nueva York es el escenario de su progresivo envilecimiento moral, en el que será testigo directo del vertiginoso descenso de la sociedad hacia los abismos de la miseria y la depravación. Un fresco urbano, el de Times Square (TS), repleto de camellos, chulos, putas y luces de neón se abre al espectador en una Nueva York, años ‘70, gris, corrompida e infestada de gentes de mal vivir.

Desde el verano del 2013, proliferan por la zona mujeres jóvenes, fundamentalmente latinas, que con un escueto tanga y los pechos pintados de colores patrióticos, se ofrecen a posar con los turistas a cambio de una propina.

Tampoco es que las desnudas -como las llaman en NY- hagan su agosto, pues trabajando entre 10-12 horas diarias, sus ingresos medios por jornada rondan los 300 dólares. En septiembre, cuando empieza a refrescar, se vuelven a Miami.

Pero este verano la cosa ha ido a más y la polémica suscitada en los medios a raíz de las quejas -que se amontonan en la policía- por la supuesta agresividad con la que reclaman el dinero, ha despertado la atención de los políticos, lo que no quita para que a los turistas les siga fascinando la destreza de estas mujeres para guardar las propinas -sin ropa ni bolsillos- en su desnudo cuerpo.

La mitad de las denuncias procede de los que se consideran ofendidos por las desnudas y la otra mitad, de quienes se incomodan porque las mujeres los atosiguen o los toquen, manchando sus trajes.

El malquerido alcalde Di Blasio

La degradación urbana que reflejaba Taxi Driver dejaba al descubierto el lado más oscuro de NY, que Scorsese eligió porque representaba el desorden en el que vivía el personaje encarnado por De Niro.

Años después, ese TS caótico, peculiar e indiscutible icono que sigue atrayendo a los turistas es, de nuevo, un lugar inseguro, alejado del tiempo en que el sheriff Giuliani limpió la ciudad.

El malquerido alcalde de NY, Di Blasio, no quiere que mendigos agresivos intimiden a los turistas, que bastantes tasas pagan ya como para encima ser víctimas de estos artistas. Así que ha puesto en marcha una task force  (funcionarios, políticos locales y empresarios) para buscar soluciones y, entretanto, 100 efectivos policiales empezarán a patrullar la zona en octubre.

Y es que en NY no faltan leyes que regulan la mendicidad, prohíben dormir en las calles, defecar o copular en lugares públicos, por no hablar de los perros sin licencia. Pero cada vez se cumplen menos.

Más que las desnudas, lo que realmente preocupa a la policía de NY es que TS se haya convertido en el centro de reunión de personajes disfrazados (desde superhéroes hasta iconos de Disney) cuyo aumento está provocando altercados y detenciones. Solo cuentan con el apoyo de quienes defienden que pasar el día disfrazado a cambio de unos pocos dólares es un medio de trabajo.

Hace tiempo que NY dejó de ser el referente mundial para convertirse en una ciudad desbordada por el crimen violento, la pobreza, la discriminación racial, el ruido, la contaminación, la suciedad y la corrupción a todos los niveles; una ciudad en la que escasean las escuelas, el empleo y la justicia para todos y donde la gente orina en la calle. Así que no les falta razón a quienes piden al alcalde que limpien el metro -cada vez más sucio, ruidoso y peligroso- y dejen a las desnudas en paz.

La ley, a favor de dejar de ver la desnudez como algo inmoral. Estas mujeres tienen de su lado el derecho desde que -hace 20 años- el TSJ del Estado consideró legal llevar los pechos al aire en NY. Pero el alcalde insiste en que no son artistas creativas sino mendigas cuyos agresivos intentos por sacarles el dinero a los turistas deben ser regulados.

Ellas ya han reaccionado, tachando la medida de injusta, además de suponer un despilfarro de recursos: ‘nos quieren criminalizar cuando no estamos haciendo nada malo y hay problemas mayores en la ciudad’.

¿Mendicidad o arte urbano?

Algunos ven aquí un trato discriminatorio porque, si bien la ley del Estado de NY limita la posibilidad de que las mujeres trabajen en top less (en público, con propósitos comerciales), no existe normativa similar para los hombres. Buen ejemplo de ello es el Cowboy Desnudo que, con guitarra, sombrero y botas, actúa en calzoncillos y es todo un icono de la zona.

Tampoco la policía contempla detener a las mujeres por indecencia pues se podrían defender aduciendo que son artistas urbanas. La raya que marca la intervención es el robo, el asalto que no está protegido por la Primera Enmienda de la Constitución, mientras los críticos sostienen que considerar la vulgar mendicidad como ‘expresión artística’ es risible.

Habrá que ver cómo nuestras alcaldesas nacionales afrontan la cuestión de las desnudas que, a no tardar, tendremos en las plazas y calles de Madrid y Barcelona, posando para los turistas de provincias que no van a desaprovechar la ocasión de retratarse con la maciza envuelta en los colores de la bandera de turno.

Los personajes disfrazados -gente pacífica que se contenta con la propina ocasional- llevan tiempo en nuestro asfalto, sin indicios conocidos de violencia. Parecen, aquí, improbables episodios como el de NY donde la policía arrestó a un individuo disfrazado de Olaf -un personaje de ‘Frozen’- después de que una mujer lo acusara de rechazar su propina de un dólar, exigiendo que le diese veinte.

En el corazón del atentado de Bangkok

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Los terroristas perpetran su ataque junto al santuario hinduista de Erawan, adonde cada día acuden miles de turistas así como tailandeses con graves problemas económicos que piden la ayuda de Brahma, divinidad de la fortuna. El templo está en un hotel donde el autor de este artículo estuvo alojado tan solo hace unos días…

El habitual escalofrío que sientes al enterarte de un atentado terrorista como el acaecido en Bangkok este lunes, en el que por el momento han muerto 22 personas y ha dejado un número de heridos graves similar, se multiplica exponencialmente y te irrita más de lo soportable cuando conoces el lugar de la masacre. Más aún si, como es el caso, descubres atónito mirando la televisión que se ha producido justo al lado del hotel en que acabas de pasar tres días en la capital de Tailandia. No puedes creer que la bomba haya estallado en un punto que estabas recorriendo continuamente solo hace un par de semanas. Y es inevitable, aunque sea egoísta, suspirar durante un segundo porque has tenido suerte. Así de frágil se revela nuestra existencia cuando el terror nos visita.

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Miles de personas visitaban a diario el templo de Erawan, en el corazón de Bangkok.

El santuario hinduista de Erawan se ubica en el Hotel Grand Hyatt Erawan. Cuando llegamos allí, lo primero que nos llamó la atención fue que tantas y tantas personas se concentrasen ante un templo minúsculo como ese que no estaba en nuestro listado de sitios de visita imprescindible. El lugar era un hervidero de turistas y, sobre todo, de peregrinos que se arrodillaban ante la estatua para rezar y presentar sus respetos y sus ofrendas a la divinidad. Ofrendas que consistían básicamente en quemar incienso y colocar flores para evidenciar su fe ante la estatua de Brahma. También nos sorprendió la propia ubicación del lugar de culto religioso, situado en el mismo recinto del hotel. Esta suerte de capilla desentonaba con el paisaje circundante, repleto de edificios rutilantes y enormes centros comerciales (Siam Centre, Siam Paragon o MBK), coronado por la joya de la arquitectura de la ciudad: la pasarela elevada por donde circula el Sky Train o BTS, tren de alta velocidad que recorre la urbe.

Fue un simpático taxista quien nos hizo entender, al día siguiente, la relevancia y la ubicación del pequeño templo de Erawan. Nos explicó que cada jornada son incontables los tailandeses que llegan desde cualquier parte del país para rezar ante esta estatua que representa la buena suerte para los hinduistas. La mayoría de los peregrinos que acuden buscan con su visita salir de sus particulares atolladeros económicos. Pero aún nos quedaba otra duda: ¿por qué se construyó precisamente dentro de un hotel? Y la respuesta, aportada por este mismo hombre, es que en los años 50 se decidió levantar el templo porque se habían producido numerosas desgracias durante la construcción del originario Hotel Erawan. En 1987 ese primer edificio se demolió y tiempo después se creó allí el actual Grand Hyatt Erawan, un cinco estrellas donde nos alojamos por una de esas sonrisas del destino. Resulta tan paradójico como desasosegante pensar que un lugar construido para ahuyentar las tragedias haya mutado en un escenario regado por la sangre y los pedazos de decenas de personas.

Atentado

Supimos también que con el paso de los años las peregrinaciones a Erawan han ido creciendo con la rapidez y la intensidad propias de una ciudad donde casi todo, como los olores, las prisas, los mercados, el tráfico o las simpatías hacia el visitante, es desmesurado. Además, como atestigua la imagen adjunta, tomada por casualidad hace unos días justo en el enclave atacado este lunes, cada día miles de personas transitan en sus vehículos por este cruce de caminos elegido por unos terroristas de momento no identificados. Tipos salvajes sean cuales sean su credo y sus pretensiones. La cercanía de las embajadas de Estados Unidos y Reino Unido y la consiguiente vigilancia extrema de la Policía hacían pensar que se trataba de una zona segura. Nada más lejos de la realidad.

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Antes de conocer la definitiva contabilidad oficial de cadáveres y heridos, no es exagerado asegurar que la cifra definitiva será importante. No puedo dejar de pensar en que quizás entre las víctimas estén algunos de los trabajadores del Hotel, los vendedores de los puestos cercanos o ese simpático taxista que nos contó la historia del templo. Todos ellos seres inocentes con los que compartimos, aunque fuera durante unos minutos, nuestra visita a Bangkok y nuestra estancia en el Hotel Grand Hyatt Erawan. Pienso, como pensaría cualquiera, que nosotros, mi pareja y yo, hoy también engrosaríamos la fría lista de los muertos si quien apretó el botón hubiera elegido otro momento. Y solo puedo concluir que vivimos en un mundo demasiado injusto, demasiado terrible, demasiado peligroso.

Laboratorio de ideas en Brujas

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La Trienal de Brujas, que se celebra en la ciudad hasta el 18 de octubre, es un laboratorio de ideas y un experimento con el entorno. La ciudad medieval, patrimonio de la Humanidad, se convierte en una mina de arte a cielo abierto.

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La ciudad de Brujas.

¿De verdad, Rainer, dices que esa escultura de chocolate de 500 kilos es una reflexión sobre los mecanismos económicos de nuestra sociedad, sobre una economía digital que genera nuevos ricos y un nuevo proletariado, sobre aplicaciones que controlan nuestra movilidad y nuestra libertad en todas partes y en todo momento?

¿Quieres decir que en ese edificio de cacao de tres metros que acabas de instalar en la plaza Burg de Brujas hay que ver una metáfora de una realidad que nos está examinando constantemente, que nos localiza y nos mide, una realidad peor que la del Gran Hermano?

El Burg es un tratado de arquitectura resumido en una plaza. Del románico (la iglesia de San Basilio) y el gótico (el Ayuntamiento), al Renacimiento (la Antigua Escribanía), el barroco (el Prebostazgo) y el clasicismo (la casa señorial del Franconato de Brujas) en apenas dos fachadas. Justo enfrente, el edificio de chocolate de Rainer Ganahl.

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Escultura de chocolate de Rainer Ganahl.

Rainer Ganahl es un artista conceptual marxista que el día de la inauguración de la Trienal de Arte y Arquitectura Contemporáneos de Brujas (20 de mayo, primavera cerrada) lucía un pasamontañas pistacho fosforito. Un tipo excéntrico y afable y marxista cerrado hasta el punto que, si coincidías con él en el baño, mientras estabas a lo tuyo frente al urinario y sabía que eras periodista, te preguntaba con curiosidad quién te había pagado el viaje a Brujas.

La ciudad flamenca es decididamente hermosa. De hecho, lo decidieron de forma consciente en el siglo XIX cuando muchos años antes de que se inventara el turismo apostaron por permanecer medievales. En lugar de destruir su casco histórico le buscaron una viabilidad a su callejero medieval.

Y la apuesta fue tan contundente que hasta ahora el arte contemporáneo fracasó cuando intentó instalarse en ella. Quedan pocas galerías de este tipo en la ciudad. La mayoría sucumbió como un cuerpo extraño, por eso la propuesta de diálogo que plantea la primera Trienal de Brujas que se acaba de estrenar y que estará en la ciudad hasta el 18 de octubre resulta tan atrevida. Plantea el diálogo entre 18 artistas contemporáneos y el entramado del casco medieval. Se les ha invitado a intervenir en él.

Brujas es una ciudad tan agraciada que en la actualidad su principal preocupación es encallarse como tesoro medieval y morir de éxito abrumada por las hordas y el dinero de los turistas. Así, el tema de la Trienal parte de la siguiente hipótesis:

¿Qué ocurriría si cinco millones de turistas decidieran quedarse a vivir en Brujas?

Lanza una reflexión ante la posibilidad de que Brujas se transforme de repente en una megalópolis. Uber Capitalism, la escultura antisistema de chocolate, es la respuesta de Rainer Ganahl.

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Otra imagen de la obra de Rainer Ganahl.

En la ciudad ya están acostumbrados a los usos alternativos del cacao. Ahí está la famosa máquina de esnifar chocolate que ideó el artesano chocolatero Dominique Persoone, uno de los mejores de Bélgica, cuando le encargaron que preparara el postre para una fiesta de cumpleaños de los Rolling Stone. El subidón de polvo negro dura medio minuto. El artefacto de metacrilato se vende en The Chocolate Line (Simon Stevinplein 19).

La propuesta de Anne K. Senstad es la instalación de luz Gold Guides Me. Se trata de un gigantesco letrero luminoso donde se leen las palabras del título de la obra y que recuerda al mítico Hollywood que reina en Los Ángeles. Lo ha colocado sobre el edificio histórico de los Pakhuizen y por la noche los neones se reflejan en el canal.

La artista noruega afincada en Nueva York juega con el cinismo. Un juego de palabras a modo de eslogan publicitario que convierte a Dios y el Dinero en poderes superiores. “El mercado libre es el único ídolo universal ante el que nos inclinamos todos, adorando riqueza y posesiones”, argumenta.

Estudio de Nicolas Grenier
Estudio diseñado por Nicolas Grenier.

El canadiense Nicolas Grenier muestra Vertically Integrated Socialism, un concepto experimental de alojamiento que integra toda la pirámide social en un único edificio. Grenier ha instalado en la iglesia del Gran Seminario un estudio a tamaño natural y una maqueta del edificio completo, cuyo funcionamiento se exhibe en un vídeo. Los habitantes de cada planta corren con los gastos de sus vecinos de abajo, que pertenecen sucesivamente a una clase inferior. Grenier pone de manifiesto cómo concentra y organiza la metrópolis actual la desigualdad económica, política y social.

¿Se trata de una Trienal política o fagocitada por mensajes ideológicos?

El comisario Till-Holger Borchert, experto en los primitivos flamencos y director del Musea Brugge, explica que presenciamos cómo los jóvenes artistas han producido trabajos que abordan el sistema capitalista en la ciudad conocida como ‘la cuna del capitalismo’ (la primera bolsa de valores arranca aquí, en el edificio Huis Ter Beurze que imita la escultura de Ganahl, que sigue en pie en el centro de Brujas).

Presenciamos cómo los jóvenes artistas han producido trabajos que abordan el sistema capitalista en la ciudad conocida como ‘la cuna del capitalismo’

“Creo que todos ellos están traumatizados por la caída de Lehman Brothers y la crisis financiera y se cuestionan el sistema. Ciertamente es un momento para que el arte transmita un mensaje, incluso uno político, ya que el arte siempre posee uno de una forma u otra”, afirma Borchert.

Hubo un periodo en que el arte se miraba más el ombligo. Tom Wolfe recuerda en La palabra pintada uno de los preceptos del pintor minimalista Frank Stella, que en 1960 sostuvo:

Mi pintura se basa en el hecho de que sólo está en el cuadro lo que está en el cuadro. Es de verdad objeto […] Lo que ves es lo que ves.

Frente a la pureza formal de Frank Stella y el arte por el arte donde los cuerpos teóricos son fórmulas para comprender el arte, las bienales y las trienales de arte actuales vienen acompañadas de teorías para comprender el mundo.

Arte ‘explicado’

Lo que ves no es lo que ves. En Brujas, cada una de las instalaciones que se reparten por el casco histórico están acompañadas por una señal que explica en varios idiomas el significado del significante. Te explica qué es lo que estás viendo. No se trata de teoría para el arte sino de teoría desde el arte. La realidad del objeto sigue dependiendo de la palabra.

Ahora bien, si un marciano recién aterrizado en el MoMA o un apicultor de Cangas de Onís -o yo mismo- vemos en un tela de Jackson Pollock una gigantesca eyaculación de pigmentos porque ignoramos que lo que hay en un lienzo de Pollock “no es una imagen sino un evento” (definición de Harold Rosenberg), porque desconocemos que se trata de Action Painting y no de priapismo, ante la escultura de chocolate de Ganahl también debemos saber la teoría. Esto es, la parrafada con la que arranca esta crónica. El célebre ¿qué nos quiere decir el autor?

Otra cosa es la eficacia del resultado. ¿De verdad, Rainer, esos 80.000 euros en chocolate que se van a derretir bajo el suave sol de Flandes en verano son una denuncia de los mecanismos económicos del capitalismo? ¿Cómo intervienen en la emblemática plaza Burg?

La obra de Anne K. Senstad, sin embargo, se aleja de lo efímero. Basta ver los viejos almacenes antes y después del letrero luminoso y cómo uno prefiere que después del 18 de octubre el Gold Guides Me siga iluminando cada noche con su cinismo las aguas del canal.

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Obra de Anne K. Senstad.

“La Trienal cubre durante seis meses buena parte del espacio público de una pequeña ciudad que es Patrimonio de la Humanidad, lo que supone una oportunidad única en el marco de una economía dominante de propiedad privada. Esto es en sí mismo una declaración de intenciones”, me comentaba la artista noruega a la sombra de su instalación.

Otras propuestas son en apariencia más funcionales, como la del colectivo de arquitectos japoneses Atelier Bow-Wow, que ha colocado en los canales una escultura–plataforma flotante. La idea es que los canales de postal se vuelvan un lugar para zambullirse. El arquitecto Yoshiharu Tsukamoto, como Fraga, se marcó un Palomares el día del estreno en las aguas de chocolate de Brujas. “Incluso esta instalación es política”, defiende el comisario Till-Holger Borchert, “en el sentido de que aborda la cuestión de propiedad pública/privada en el tejido urbano, que está directamente conectada con el capitalismo”.

Plataforma del Atelier Bow-Wow
Plataforma sobre el canal, del colectivo Atelier Bow-Wow.

Resulta curioso que si los artistas de las vanguardias de principios del siglo XX quisieron subvertir la cómoda visión burguesa de la realidad con su existencia abuhardillada, su absenta y sus obras transgresoras, hoy son precisamente los funcionarios del burgo quienes les reclaman a los artistas una visión incómoda de la realidad.

Sed críticos, parecen exigirles los comisarios de arte. Haced ruido. Tocad los cojones, si queréis. Entre otras cosas, porque la voz desafiante del artista es mucho más fácil de asimilar y tolerar: es arte. Su desafío es un producto más del fenómeno artístico.

Por ejemplo, en el centro cultural Daoiz y Velarde de Madrid, una tela de protesta vecinal no estuvo permitida hasta que formó parte de la instalación de Óscar Murillo. El artista colombiano, que pasaba por allí, la vio y la colgó en su propia exposición (el guardia de seguridad la llegó a retirar, para tener que colocarla de nuevo cuando lo exigió Murillo).

Para la prestigiosa Bienal de Venecia que se acaba de inaugurar, el comisario Okwui Enwezor ha seleccionado un grupo de artistas comprometidos “con un siglo trágico, con un presente que no aporta soluciones, en el que El Capital es el gran drama de la época”.

En Brujas, el recinto donde se muestra el arte es la ciudad en sí, con el objetivo de que se convierta en una mina de arte a cielo abierto. La Trienal es un laboratorio de ideas, un experimento con el entorno. Y un instrumento inteligente para ponerle una máscara del siglo XXI a la cara medieval de Brujas, una que no esté diseñada por franquicias de comida rápida y cafés en vasos de cartón, sino por arte contemporáneo.

El estado lamentable de la primavera árabe

Si parte del mundo árabe vive una transición, será una transición larga. Túnez es el único país afectado por las revueltas de 2011 que parece progresar hacia una situación política más libre. El ataque terrorista en el Museo del Bardo hace peligrar ese avance.

Si parte del mundo árabe vive una transición, será una transición larga. Túnez es el único país afectado por las revueltas de 2011 que parece progresar hacia una situación política más libre. El ataque terrorista en el Museo del Bardo (con 19 víctimas, 17 turistas extranjeros) hace peligrar ese avance.

El ataque no lo ha reivindicado nadie pero no faltan candidatos. Túnez es uno de los principales proveedores de combatientes del grupo conocido como Estado Islámico en Siria, Irak y Libia: más de 7.000. Quienes van pueden volver con una misión como ocurre en los países europeos. El mercado ilegal de armas es también más accesible. Pero hasta que no haya una reivindicación creíble nada es definitivo.

Tampoco faltan posibles excusas. Una podría ser que la presunta muerte en combate este martes en Sirte (Libia) de Ahmed Rouissi, un tunecino sospechoso de asesinar al político Chokri Belaid en 2013. Otra que en el momento del ataque el Parlamento debatía una nueva ley antiterrorista. Una prueba de la unión de los diputados es este canto improvisado del himno durante el cierre por el ataque:

[su_youtube url=”https://youtu.be/Rpor6rOPJZM”] 

“La voluntad del ataque de desestabilizar Túnez es obvia”, dice Eduard Soler, coordinador de investigación en el Cidob: el turismo es una fuente básica de ingresos y el Parlamento, que está en el mismo complejo de edificios que el museo, es la muestra de unidad de la sociedad tunecina. Soler no cree que el atentado vaya a acabar por ahora con el experimento tunecino. Ha ocurrido otras veces: en octubre de 2013 hubo dos intentos fallidos. El terrorismo tiene fácil acertar -es extraño de hecho que no haya ocurrido antes en Túnez-, pero también requiere cierta organización. Los cruceros suelen atracar en Túnez los miércoles y los pistoleros esperaron a que llegaran los buses para atacar.

El polvorín de Libia

La primavera árabe fuera de Túnez no necesita nuevos atentados para descarrilar. Hubo al menos otros cinco países donde las revueltas tuvieron cierto impacto: hoy son todos un desastre igual o mayor que en 2011. Siria es el caso más sangrante. El régimen ha matado a decenas de miles de sirios y el caos ha permitido el desarrollo de Jabat al Nusra y Estado Islámico. Libia es un polvorín. Egipto y Túnez viven pendientes de sus fronteras con Libia. Egipto bombardea de vez en cuando suelo libio. Túnez, además, debe vigilar que Al Qaeda en el Magreb no le ataque desde Argelia. Sirte, la ciudad natal de Gadafi, está dominada por Estado Islámico. Con el dictador habría sido impensable. Yemen es un país dividido entre el presidente depuesto, que gobierna desde Adén (en el sur del país) y el norte controlado por los hutíes, una secta chií que conquistó la capital en enero. Las monarquías del Golfo ya han colocado sus embajadas en Adén. El embajador americano, que ha cerrado la sede diplomática en Saná, la capital, estuvo de visita en Adén hace poco. No hay guerra civil pero puede haberla. Los asesinatos de periodistas y activistas apenas son noticia en el exterior.

Bahráin revive de vez en cuando la represión de los chiíes, que es intermitente desde 2011. Egipto es otra broma pesada. El Gobierno del presidente Sisi es más severo que el de Mubarak ante cualquier tipo de oposición. Acaba de implantar un visado previo al viaje para los turistas, como si no necesitara sus ingresos para subsistir. La excusa que ofrecen es que Europa exporta ahora posibles islamistas. Egipto vive amenazado por ataques terroristas, sobre todo en la península del Sinaí.

Antes de que las cosas mejoren, primero van a peor. Las revueltas acarrearon al menos tres cosas que no han ayudado al desarrollo en la región:

  • La caída falsa de la vieja guardia. Gadafi, Ben Ali, Mubarak, Asad, Saleh, los Saud mandaban y mandan mucho en sus países pero su régimen no era cosa de una sola persona. Hay miles de acólitos en sus partidos y en el ejército que vivían bien gracias a la “estabilidad”. Su caída era el fin de la buena vida para muchos. No lo han permitido y la vieja guardia ha vuelto o nunca se ha ido.
  • La libertad y el poder. En Túnez y en Egipto sobre todo se vivieron meses donde la sociedad fue más o menos libre de equivocarse. Y se equivocaron. Pero también bajó la vigilancia contra el yihadismo. Los predicadores salafistas eran más libres de reclutar. Es una ironía que la libertad trajera más problemas, pero ninguna sociedad en transición gestiona con facilidad los cambios repentinos. En 2010, el futuro presidente islamista de Egipto, Mohamed Morsi, decía que la palabra oposición no le gustaba: “Tiene la connotación de perseguir el poder y en este momento no buscamos el poder porque requiere preparación y la sociedad no está preparada”. En poco más de dos años, Morsi y los Hermanos Musulmanes cambiaron de opinión. La cercanía al poder les pudo y el país, claro, no estaba preparado.
  • La falta de desarrollo. El problema de las dictaduras no era tanto la falta de libertades como la falta de progreso económico. Cuando el cambio político no trajo mejoras económicas, muchos decepcionados se volvieron hacia otros líderes: la oferta terrenal y espiritual del yihadismo ha visto un hueco para los decepcionados.

El foco estará estos días en el norte de África y en Oriente Medio. Pasará como otras veces hasta nuevo aviso. Las transiciones tienen otro tipo de tiempo. La única esperanza es que Túnez aguante en su camino.