Syriza y Griegos Independientes, el porqué de la extraña pareja

La formación nacionalista de Panos Kammenos se ha demostrado un socio fiable para Alexis Tsipras y le permite distanciarse de los partidos tradicionales.

Leftist Syriza party leader and winner of the Greek general election Alexis Tsipras (R) meets with leader of right-wing Independent Greeks party Panos Kammenos at his office at the party's headquarters in Athens, Greece, September 21, 2015. Greece's Independent Greeks party said on Sunday it would ally with election winners Syriza to form a coalition government. REUTERS/Michalis Karagiannis

El presidente de la Eurocámara, Martin Schulz, felicitó la noche del domingo a Alexis Tsipras por su victoria. Pero al cabo de un rato le volvió a llamar. No entendía el porqué de su primera decisión tras conocer los resultados: repetir la alianza con los Griegos Independientes. “Le llamé una segunda vez para preguntarle por qué quería seguir en coalición con ese extraño partido ultraderechista”, ha contado el mismo Schulz este lunes a los micrófonos de Radio France. “Básicamente no me ha contestado. Él es muy listo, sobre todo por teléfono. Y me contó cosas que parecían convincentes pero que a mis ojos son un poco raras”. Como el político alemán, muchos se sorprendieron ayer, porque en los días previos a las elecciones se empezó a hablar de una posible alianza entre Syriza, el Pasok y los centristas de To Potami. Era una posibilidad alentada sobre todo por los sondeos que auguraban que Anel no conseguiría entrar en el Parlamento, porque por otra parte Tsipras se había expresado desde el principio a favor de refrendar el pacto con esta formación nacionalista.

Lo que para Schulz y la mayoría de los observadores europeos puede parecer una rareza no lo es si se enmarca en el contexto político griego de los últimos años y, sobre todo, de estos últimos meses. Y detrás de una de las imágenes emblemáticas de la noche electoral del domingo -el abrazo de Tsipras al líder de Anel, Panos Kammenos sobre el escenario- hay más que la escenificación de una alianza de conveniencia. Así lo explican desde Syriza, sabiendo que el tándem parece más bien una extraña pareja, cuándo se pregunta qué hace la formación izquierdista con un partido nacionalista, anti-inmigración y defensor de los estrechos vínculos entre la Iglesia ortodoxa y el Estado. “Desde fuera no se entiende porque no se conoce lo que pasa con las fuerzas del bipartidismo (ND y Pasok) y también con To Potami. No nos podemos aliar con ellos porque representan el viejo sistema, el que defiende los intereses de los poderes fácticos de este país”, comenta Stavros Karagkounis, coordinador de Syriza en Ática, la región en la que reside un tercio de los 11 millones de habitantes de Grecia.

Este filólogo que aprendió español durante sus estudios en la Universidad alemana de Heidelberg y que ha sido en el primer Gobierno de Tsipras asesor del ministro del Estado, Nikos Pappas, número dos del Ejecutivo, esgrime también otra razón: la buena relación personal entre Tsipras y Kammenos tras una primera experiencia de gobierno en la que Anel ha demostrado ser un socio fiable. El partido votó la aprobación del tercer rescate pese a haber votado en contra de las medidas previstas por los anteriores acuerdos con la troika y se abstuvo en las votaciones de medidas relacionadas con inmigración, uno de los temas que más le alejan ideológicamente de Syriza.

Más allá de la ideología

Surgida de una ruptura de Kammenos con Nueva Democracia en 2012, Anel es para Syriza una contradicción menor en la tesitura del relato de la oposición viejo-nuevo en el que ha basado su campaña electoral. “No es una cuestión de ideología; es algo que se explica con la peculiaridad del sistema de partidos en Grecia. En los últimos meses he pasado mucho tiempo en España para explicar a nuestros socios y a los compañeros de la Izquierda Europea el porqué de esta alianza. Es una peculiaridad griega y nada más”, añade Karagkounis. Cuando se le recuerda que el tercer rescate fue aprobado también gracias a los votos de Pasok, Nueva Democracia y Potami, contesta que “ha sido por parte de ellos una postura muy responsable”.

“La razón principal es esta vez que ya han probado esta coalición y Tsipras y Kammenos consideran que funciona”, comenta el analista económico Dimitris Kontogiannis. Descarta que se trate de un mensaje a los acreedores internacionales. “Detrás de esta elección están básicamente cuestiones domésticas”, añade.

La prioridad para el Gobierno es estabilizar la economía y los bancos griegos, según una fuente de Syriza citada por Reuters. Y la otra batalla crucial es la reestructuración de la deuda. Si antes Syriza y Anel estaban unidos por su enfrentamiento a la política de austeridad, ahora la alianza se mantiene para aplicar las medidas previstas por el tercer rescate y tratar de obtener la financiación necesaria para mantener a flote la maltrecha economía del país. En el Parlamento cuentan con una mayoría no muy amplia (155 escaños de 300) pero algo más sólida que en enero, tras la salida de Syriza de los diputados “rebeldes”. Y además podrían contar con algún apoyo más. “Quizá Tsipras cree que diputados de otros partidos acaben por apoyar al Gobierno”, comenta Kontogiannis.

Los nombres del nuevo Ejecutivo se conocerán el miércoles y es probable que Kammenos repita como Ministro de Defensa. “Será un gobierno progresista, un gobierno que seguirá la tarea que empezamos en estos seis meses, y espero que los diputados entiendan el mensaje del pueblo griego por la unidad nacional”, ha declarado este lunes el líder de Anel. El miércoles Tsipras tiene también la primera cita internacional de su nuevo mandato: la cumbre extraordinaria de líderes de la UE sobre la crisis de refugiados. ¿Se enfrentarán Syriza y Anel sobre esta cuestión? “En estos últimos meses de gobierno ya existía esta crisis y no ha habido problemas”, zanja Karagkounis.

(En la foto, Panos Kammenos, el líder de Anel, y Alexis Tsipras, este lunes en Atenas. REUTERS/M. Karagiannis)

Los griegos validan en las urnas el giro de Tsipras

Syriza obtiene una victoria clara con una diferencia mínima con respecto al resultado con el que llegó al poder hace ocho meses. Repetirá coalición con los Griegos Independientes.

Former Greek prime minister and leader of leftist Syriza party Alexis Tsipras waves to supporters after winning the general election in Athens, Greece, September 20, 2015. Greek voters returned Tsipras to power with a strong election victory on Sunday, ensuring the charismatic leftist remains Greece's dominant political figure despite caving in to European demands for a bailout he once opposed. REUTERS/Michalis Karagiannis

Lo ha vuelto a hacer. Alexis Tsipras ha ganado su tercera apuesta en menos de ocho meses. Los griegos han revalidado en las urnas el giro que el líder de Syriza dio en julio cuando aceptó firmar un duro acuerdo con los acreedores tras triunfar en los comicios de enero bajo la bandera de la antiausteridad y ganar más del 60% de los votos en un referéndum en julio contra el pacto con la troika. Su formación obtiene el 35,5% de las papeletas, con una diferencia mínima con respecto al resultado con el que llegó al poder hace ocho meses. No es la mayoría absoluta que el primer ministro pidió en agosto cuando decidió apostar por el adelanto electoral después de aprobar en el Parlamento el tercer rescate financiero a Grecia y sufrir la salida de 25 diputados de su partido, pero es una victoria clara para un líder que pedía a los electores una bendición para el cambio que se había visto obligado a asumir. “En Europa, hoy Grecia y el pueblo griego son sinónimos de resistencia y dignidad, y esta lucha continuará otros cuatro años”, ha reivindicado Tsipras.

En contra de las expectativas de las últimas semanas y de las encuestas que han vuelto a fallar como ya hicieron en julio, no ha habido que esperar al recuento del último voto para saber quién era el ganador de la quintas elecciones de Grecia desde 2009. Cuando aún se había escrutado apenas un 20% de los votos, ha sido el mismo líder del partido oponente, el conservador Nueva Democracia, el que ha reconocido la derrota y felicitado la victoria a Tsipras pidiéndole que formara pronto un Gobierno.

Syriza repite socio de Gobierno

El líder de Syriza no ha perdido tiempo. En lugar de apostar por una alianza con el centrista To Potami o el Pasok, como auguraban muchos analistas, ha salido al estrado con Panos Kammenos, el líder de los Griegos Independientes (ANEL), escenificando la repetición de la coalición de su primer Gobierno. ANEL es un partido nacionalista y muy distante ideológicamente de Syriza y sería un aliado contra natura si no fuera porque se ha demostrado un socio fiable, incluso cuando se trató de votar el nuevo memorándum en contra de la línea oficial del partido.

Juntos, Syriza, con 145 escaños, y ANEL, con 10, tienen una mayoría suficiente para gobernar sin sobresaltos (la mayoría absoluta es de 151). Y esto siempre que Tsipras logre acallar las voces críticas que aún hay en Syriza ante los votos cruciales de octubre, cuando el nuevo Parlamento tendrá que aprobar los presupuestos y, sobre todo, la reforma de las pensiones. Pero la victoria de este domingo es también un mensaje para la disidencia interna: Unidad Popular, la formación surgida de la escisión del partido en agosto, no ha conseguido superar la barrera del 3% necesaria para entrar en el Parlamento. De hecho, aunque tenga menos escaños que tras las elecciones de enero (162), Tsipras cuenta ahora con un mayor control sobre su partido. “Tenemos dificultades por delante, pero pisamos terreno firme”, ha afirmado el líder de Syriza.

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Si en enero el apoyo al carismático líder izquierdista había sido un desafío a Europa, con el voto de este domingo, los griegos, a pesar de las contradicciones de estos meses y por paradójico que parezca, han expresado un deseo de estabilidad. Esto no podía podía pasar por entregar el poder a manos de los partidos tradicionales, que no han sabido en estos años cambiar el rumbo del país. La campaña de Syriza centrada en la oposición entre la nueva y la vieja política ha funcionado. Vangelis Meimarakis, el líder ad interim de Nueva Democracia, no ha podido obrar el milagro y el partido se prepara para la batalla por el liderazgo de una formación que sale de tres sonoras derrotas.

Pero para Tsipras no habrá luna de miel: el dato de participación mucho más bajo que en anteriores ocasiones es también el síntoma del cansancio de la población que, en su mayoría, se hubiera ahorrado esta nueva ronda electoral.

Y si desde Bruselas no ha habido los mensajes amenazantes de otras ocasiones sino más bien cálidas felicitaciones es porque los socios europeos creen que el nuevo Gobierno cumplirá lo pactado. El tercer rescate no permite otros giros.

Así lo hemos contado en directo.

Syriza formará gobierno con los nacionalistas – Directo

Syriza consolida sus 145 escaños con un 86% de los votos escrutados. Sumados a los 10 de Griegos Independientes, le permite formar un gobierno estable. Siga aquí el minuto a minuto.

Former Greek prime minister and leader of leftist Syriza party Alexis Tsipras waves to supporters after winning the general election in Athens, Greece, September 20, 2015. Greek voters returned Tsipras to power with a strong election victory on Sunday, ensuring the charismatic leftist remains Greece's dominant political figure despite caving in to European demands for a bailout he once opposed. REUTERS/Michalis Karagiannis

El partido de Alexis Tsipras ha consolidado sus 145 escaños. Sumados a los 10 del partido nacionalista y anti-austeridad de los Griegos Independientes, le permite formar un gobierno estable. Así le hemos contado el minuto a minuto de esta noche electoral.


A la UE le da igual quién gane las elecciones en Grecia

sipaSea quien sea el vencedor, la política económica no podrá cambiar. Cualquier nuevo gobierno en Grecia tendrá que aplicar sí o sí los ajustes y reformas comprometidos a cambio del tercer rescate “No habrá una gran renegociación política del rescate”, avisa el Eurogrupo, aunque unos resultados muy fracturados retrasarían y aumentarían su coste.

sipaEsta vez, a la Unión Europea le resulta indiferente quién gane las elecciones del domingo en Grecia. Sea quien sea el vencedor, la política económica no podrá cambiar. Cualquier nuevo gobierno tendrá que aplicar sí o sí los ajustes y reformas comprometidos a cambio del tercer rescate de 86.000 millones de euros que se aprobó en agosto, según la consigna que se repite en Bruselas.

A diferencia del nerviosismo y los sobresaltos de las últimas dos elecciones griegas y del referéndum de julio, los líderes europeos afrontan con tranquilidad esta nueva convocatoria electoral. Los principales partidos con opciones de entrar en el Gobierno apoyaron en el Parlamento heleno el tercer rescate. Un rescate que negoció y firmó el ex primer ministro y líder de Syriza Alexis Tsipras, que acabó capitulando a las exigencias de la UE pese a haber ganado las elecciones de enero con un programa antiausteridad y que exigía el fin de la troika.

“Querría que el programa [de rescate] que hemos acordado sea respetado por cualquier gobierno griego. El de antes, el de ahora y el próximo”, dijo el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, en su reciente discurso sobre el estado de la Unión ante la Eurocámara. El luxemburgués lanzó un aviso contra cualquier tentación de cuestionar los recortes. “Si esta vez las reglas acordadas en común no se respetan, la reacción de la UE y de la eurozona será diferente”, apuntó en una velada referencia a una posible salida de Grecia del euro, que Alemania ya puso sobre la mesa en las negociaciones de julio.

Por su parte, el presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, ha admitido que “la situación política en Grecia no está clara porque hay unas elecciones y hay que esperar al resultado”. “La única garantía que tenemos, y creo que es muy importante, es que el programa fue acordado por una vasta mayoría en Parlamento griego. Eso nos da confianza, sea cual sea el resultado”, dijo Dijsselbloem tras la última reunión de ministros de Economía de la eurozona celebrada el pasado fin de semana en Luxemburgo, en la que se abordó la situación griega.

“No habrá una gran renegociación política del programa. No creo que sea posible ni necesario”, aseguró el presidente del Eurogrupo. Sí que hay margen para ajustar el contenido de reformas concretas que no están detalladas en el rescate, por ejemplo la laboral, según el ejemplo que puso Dijssebloem. También el ministro de Economía español, Luis de Guindos, ha resaltado que la UE no aceptará “ningún tipo de modificación” en las condiciones exigidas a cambio del tercer rescate.  “El programa es el programa, independientemente del color político del Gobierno”, afirma.

Temor a resultados muy fracturados

Lo que más preocupa en Bruselas es un resultado poco claro que dificulte la formación de gobierno o incluso obligue a repetir los comicios, como ya ocurrió en 2012, y vuelva a retrasar las reformas y aumentar el coste del rescate. La Comisión Europea ha seguido trabajando con el Gobierno en funciones en la puesta en marcha de las medidas que ya aprobó el Parlamento heleno y ya ha elaborado una lista de deberes urgentes para septiembre y octubre, que incluye:

●      aprobar el presupuesto de 2016

●      completar la reforma de las pensiones

●      poner en marcha una administración tributaria independiente

●      recapitalizar la banca, muy dañada por la fuga de depósitos y el corralito.

El Banco Central Europeo (BCE) está realizando tests de estrés a los cuatro principales bancos helenos y publicará las necesidades de capital a finales de octubre. El fondo de rescate (MEDE) ha reservado ya 10.000 millones de euros para los bancos y el programa contempla otros 15.000 millones si fueran necesarios. La recapitalización “se hará lo antes posible por la simple razón de que la recuperación económica empieza a menudo, también en el caso de Grecia, con la recuperación de los bancos”, ha dicho Dijsselbloem.

También está en juego un posible alivio de la deuda griega, que podría negociarse a partir de octubre, y que sigue chocando con la resistencia de Alemania. Pero ahora es más probable que nunca que haya un acuerdo porque el Fondo Monetario Internacional pide una reestructuración de la deuda como condición previa para participar en el tercer rescate.

“Creo que la implicación del FMI es una necesidad para los Estados miembros y para Grecia. Soy bastante optimista”, ha dicho el comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici. El Eurogrupo ha acordado que no aceptará una quita en el valor nominal de la deuda helena, es decir, que no se perdonará a Atenas parte de lo que debe. Así que las alternativas son ampliar el periodo en el que Grecia no tenga que pagar nada, alargar los plazos de devolución y reducir los tipos de interés.

Grecia: claves de las quintas elecciones desde 2009

A worker peers over a campaign banner of leftist Syriza party leader and former Greek prime minister Alexis Tsipras at the venue of his final campaign rally in Syntagma square in Athens, Greece, September 18, 2015. An election campaign in Greece ends on Friday with opinion polls giving no clear winner, setting the stage for a cliffhanger vote on Sunday between the political left and right, and the near-certainty the next government will be a coalition. REUTERS/Paul Hanna

Hasta hace menos de dos meses, Syriza casi doblaba en intención de votos a Nueva Democracia y la nueva victoria del partido de Tsipras parecía inevitable. Ahora los sondeos reflejan los efectos de la escisión sufrida después de la salida de 25 diputados de Syriza y también el hartazgo del electorado. En las últimas encuestas o bien Syriza lidera por unas décimas o, algo que parecía imposible hasta hace poco, es Nueva Democracia quien lo hace por el mismo margen.

FOTO: REUTERS / PAUL HANNA

A worker peers over a campaign banner of leftist Syriza party leader and former Greek prime minister Alexis Tsipras at the venue of his final campaign rally in Syntagma square in Athens, Greece, September 18, 2015. An election campaign in Greece ends on Friday with opinion polls giving no clear winner, setting the stage for a cliffhanger vote on Sunday between the political left and right, and the near-certainty the next government will be a coalition. REUTERS/Paul Hanna
REUTERS / PAUL HANNA

La rapidez del cambio del escenario político en Grecia ha sido una constante desde que en 2009 el país se hundió en la peor crisis económica desde la II Guerra Mundial. Si se confirma la tendencia de las encuestas de intención de voto de las últimas semanas, las elecciones de este domingo no escaparán a la regla. Alexis Tsipras decidió apostar el 20 de agosto por el adelanto electoral, tras dos meses convulsos en lo que convocó un referéndum pidiendo el No al acuerdo con los acreedores internacionales para firmar días después uno incluso más duro. Tenía entonces los sondeos a favor y la ambición de validar en las urnas el giro que, apremiado por los acreedores, su Gobierno había tenido que dar. Un mes después, Syriza empata en intención de votos con Nueva Democracia cuyo líder, hasta ahora poco más que un anodino gestor, disputa la popularidad al ex primer ministro, sumergido en la difícil tarea de retener un electorado que el pasado enero le otorgó un mandato que no pudo cumplir. Así que el resultado de los comicios de este domingo es más incierto que nunca.

¿Qué dicen las encuestas?

Hasta hace menos de dos meses, Syriza casi doblaba en intención de votos a Nueva Democracia y la nueva victoria del partido de Tsipras parecía inevitable. Pero ahora los sondeos reflejan los efectos de la escisión sufrida después de la salida de 25 diputados de Syriza y también el hartazgo de un electorado desencantado tras cinco elecciones generales (y un referéndum) desde 2009. En las últimas encuestas o bien Syriza lidera por unas décimas o, algo que parecía imposible hasta hace poco, Nueva Democracia lo hace por el mismo margen. La diferencia entre los dos partidos, según el promedio realizado por Kiko Llaneras, está en un margen del 1% lo que, dada la incertidumbre propria de las encuestas, complica aún más cualquier predicción.

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Con una cuota de indecisos aún muy amplía -en torno al 10%- lo que está claro es que, salvo sorpresas (hay que recordar que en el referéndum del pasado 5 de julio el resultado desbancó todas las encuestas), ninguno de los dos partidos obtendrá la mayoría absoluta (151 escaños en un parlamento de 300). El partido que llegue primero, aunque sea por una décima, se lleva una prima de 50 escaños.

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En tercer lugar se afianza el partido neonazi Aurora Dorada, con hasta un 7% de los votos, seguido por el Pasok, que será una pieza clave para definir el futuro Gobierno. No está asegurado que los Griegos Independientes (ANEL), que fueron socios de minoría del Gobierno de Tsipras, superen la barrera del 3%, ni que lo haga Unidad Popular, la formación surgida de la escisión de Syriza y liderada por el exministro Panagiotis Lafazanis. En total 19 formaciones se presentan a las elecciones: cuanto mayor sea el número de las que consiguen entrar en el Parlamento más difícil será para el partido ganador formar un Gobierno con una mayoría estable.

¿Qué pasa en Syriza?

La formación liderada por Alexis Tsipras está teniendo que digerir el hecho de haber pasado de triunfar en enero y en julio bajo la bandera de la antiausteridad, a entrar a formar parte de facto del bloque de partidos “pro-memorandum”. Para muchos de sus electores, sobre todo para los jóvenes que, junto a los pensionista, apoyaron masivamente al partido en enero, es un cambio difícil de tragar. Por eso, uno de los factores clave en el resultado será la participación. “La abstención puede afectar más a los votantes de izquierdas. Una minoría de los electores de Syriza y del área de izquierda no irá a votar, según las encuestas. Lo que puede facilitar una victoria de Nueva Democracia”, explica Dimitris Sotiropoulos, profesor asociado de Ciencia Política en la Universidad de Atenas. “El problema con Syriza es que su Gobierno no ha podido realizar nada de sus promesas. No estaban preparados para gobernar el país”, añade. “Da la impresión de que realmente no quería ascender a poder tan pronto, de que no había preparado ni a sus diputados ni a sus votantes para lo que significaría gobernar el país”.

“Después de la fractura interna hay en Syriza una sensación de desconcierto y dificultad de afrontar la realidad. Y durante la campaña se está tratando de explotar en único as que la formación tiene: el mismo Tsipras”, comenta Nicholas Voulelis, director del diario izquierdista Efimerida ton Syntakton.El partido se dedica ahora a una febril campaña porque el mayor segmento de votantes indecisos son personas que votaron Syriza en las elecciones de enero”, añade.

No se puede descartar que, también en caso de victoria, el partido consiga aplacar las divisiones internas. Según Voulelis “nadie puede estar seguro de que la agitación interna acabe después de las elecciones, algo que Nueva Democracia ha explotado durante la campaña. Aún así hoy, Syriza es una formación más homogénea y cohesiva”.

¿A qué se debe la “resurrección” de Nueva Democracia?

Más que una resurrección lo que vive Nueva Democracia es el reflejo de la caída de popularidad de Tsipras y de Syriza. Aún así el hecho de que un partido derrotado en dos elecciones en seis meses (en las de enero y en el referéndum donde encabezó la campaña por el Sí con un duro revés que determinó la salida de Antonis Samarás como líder del partido) tenga ahora opciones de volver a gobernar el país se debe también a al menos otro, imprevisto, factor: el liderazgo de Vangelis Meimarakis. Este abogado de 62 años, que tenía que conducir el partido durante la travesía del desierto de estos meses hasta la celebración de un congreso, ha pasado de ser un líder ad interim a un elemento clave para “limpiar” la imagen de Nueva Democracia ante el electorado. Lo que podría ser su punto débil frente al más carismático Tsipras se ha convertido en su punto de fuerza: presentarse como un hombre corriente. “Meimarakis tiene algunas capacidades de atraer votantes del centro con un discurso muy concreto, que es lo que muchos votantes quieren tras el discurso populista de Syriza”, opina Sotiropoulos. Diputado desde 1989, Meimarakis ha vivido todas las etapas por la que ha pasado la formación conservadora y ha sido presidente del Parlamento desde 2012 hasta las elecciones de enero, algo que, según Sotiropoulos le acredita como alguien capaz de buscar un consenso entre partidos distintos.

No hay ninguna resurrección de ND. El nuevo dirigente del partido simplemente ha vuelto a atraer a muchos de los electores desilusionados del partido, muchos de los cuales fueron decepcionados por los fracasos del ex primer ministro Antonis Samarás y lo que percibían como un giro hacia la extrema derecha. ND ha recuperado a gran parte de sus votantes tradicionales, incluidos los más jóvenes, sobre todo gracias a los modales cercanos y llanos de Meimarakis”, comenta Voulelis.

¿Cuál es el escenario más probable?

El líder de Nueva Democracia ha repetido en los últimos días que está preparado para una gran coalición con Syriza con la precondición de que Tsipras no vuelva a ser primer ministro, como dejó claro en el debate televisado que los dos líderes celebraron este lunes. Para Sotitopoulous ésta sería la mejor opción. “Hay que encontrar una salida política de alianzas que permita aplicar las inevitables reformas. Si esto no pasa Grecia va a entrar en un periodo de elecciones permanentes”, opina el politólogo. Pero la opción de la gran coalición es también la más remota. Tsipras dijo el lunes que sería “contra natura”. “Es imposible para Tsipras aceptar esta posibilidad, porque llevaría a la disolución completa del partido. No hay una mayoría de Syriza dispuesta a gobernar con la derecha”, comenta Voulelis. Y esto a pesar de que en su primer Gobierno apostaron por asociarse con los nacionalistas de ANEL, que ahora pueden quedarse sin escaños.

Tsipras se ha dicho abierto a la posibilidad de una “coalición progresista”. Esta englobaría al centrista To Potami, que se coloca en torno al 5% en las encuesta y se confirma como una gran promesa incumplida, y también al Pasok. Tanto Sotiropopulos como Voulelis coinciden en que el escenario más probable es una ajustada victoria de Syriza y una alianza con estos dos partidos.

El Pasok, que ha pagado un alto precio por la gran coalición con ND (ha pasado de ganar en 2009 las elecciones con casi el 44% de los votos para quedarse en enero en una décima de aquel resultado, 4,6) registra ahora un cierto repunte y, según las encuestas podría incluso arrebatar la tercera plaza a Aurora Dorada, con el 6,5% de los votos. “Creo que el mejor escenario, si una mayoría absoluta de Syriza es imposible, es que Syriza gane con un margen suficiente para formar una coalicción con To Potami y Pasok”, afirma Voulelis. Que ambos partidos figuren como aliados probables tanto si gana Syriza como si gana ND es quizá la mejor explicación de la “tranquilidad” que se expresa desde Bruselas sobre el resultado electoral: gane quien gane no tendrá muchos márgenes de maniobra ante la aplicación de las medidas previstas por el tercer rescate.

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(Foto: Paul Hanna / REUTERS)

El anticipo electoral pasa factura a Alexis Tsipras en los sondeos

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Syriza sufre un brutal desgaste en las encuestas. En las elecciones de enero obtuvo un 36% de los votos y después se mantuvo siempre por encima del 40% en los sondeos. Fue así incluso durante el corralito y el referéndum del mes de julio. Ahora las encuestas le dan sólo un 29,6% de los votos.

El pasado 20 de agosto, Alexis Tsipras dimitió de su cargo como primer ministro y precipitó la convocatoria de elecciones en Grecia. Lo hizo después de pactar el tercer rescate con los acreedores europeos, buscando la aprobación de los griegos para continuar con el programa de su partido, Syriza.

Hasta ese momento Syriza se había mantenido fuerte en las encuestas, pero desde la convocatoria de elecciones se ha desplomado. Así puede observarse en el siguiente gráfico, que representa una media de encuestas de los últimos meses (incluidas 21 de las últimas dos semanas).uno c

Syriza sufre un brutal desgaste en las encuestas. En las elecciones de enero obtuvo un 36% de los votos y después se mantuvo siempre por encima del 40% en los sondeos. Fue así incluso durante el corralito y el referéndum del mes de julio.

Ahora las encuestas le dan sólo un 29,6% de los votos.

Una parte de la pérdida se debe al nacimiento de un nuevo partido. Al día siguiente de la dimisión de Tsipras —y ante la perspectiva de unas nuevas elecciones—, un grupo de 25 parlamentarios abandonó Syriza para formar Unidad Popular (Laikí Enótita, LAE). Un partido que ya contaría con la simpatía del 5% de los votantes.

Sin embargo, el nuevo partido no puede explicar toda la caída de Syriza —que se deja 12 puntos desde julio—, ni tampoco el avance de Nueva Democracia. El principal partido en la oposición ha ganado cuatro puntos desde el referéndum de julio y según las encuestas estaría a un 3% de votos de ganar las elecciones.

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En definitiva, en las últimas semanas las encuestas se han movido en favor de la oposición y en contra de Syriza. Esta tendencia puede continuar, aunque es más probable que, tras la convocatoria de elecciones y la escisión de LAE, se haya alcanzado un nuevo equilibrio.

Quedan tres semanas para las elecciones y Syriza conserva ventaja, pero las encuestas sugieren que la disputa está más reñida de lo esperado.

PS. Una nota sobre la precisión de las encuestas en Grecia. Si bien es cierto que fallaron por un margen amplio en el referendum de julio, también lo es que en las elecciones de enero estuvieron muy precisas.

El tercer órdago de Tsipras

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Para Tsipras es la tercera arriesgada apuesta del año. Las otras dos -las elecciones del 25 de enero y el polémico referéndum del 5 de julio sobre el acuerdo que negociaba en Bruselas- las ganó aunque el resultado no fuera el prometido.

Gráficos: Kiko Llaneras

Alexis Tsipras no ha esperado ni un día. Había dicho que daría nuevos pasos políticos una vez que estuviera cerrado el acuerdo del tercer rescate y que llegara el dinero para cumplir con el pago de 3.200 millones al BCE y así lo ha hecho.

El primer ministro griego ha dimitido este jueves abriendo la puerta a las segundas elecciones generales en Grecia en menos de un año, las cuartas desde 2012. “Les pido que me den una respuesta ante este anuncio. Que me enseñen el camino para gobernar este país”, dijo Tsipras en un discurso en la televisión pública. En el eterno retorno en el que se ha convertido la infinita saga griega, que empezó hace más de un lustro, los griegos volverán a votar bajo la mirada de los acreedores internacionales, más exigentes que nunca tras la agotadora aprobación del nuevo rescate.

Para Tsipras es la tercera arriesgada apuesta del año. Las otras dos -las elecciones del 25 de enero y el polémico referéndum del 5 de julio sobre el acuerdo que negociaba en Bruselas- las ganó aunque el resultado no fuera el prometido. En la primera se quedó a un paso de la mayoría absoluta y eligió un partido casi antitético -los nacionalistas Griegos Independientes (ANEL)- como socio de gobierno. En la segunda, pidió y obtuvo el respaldo de más del 61% de los votantes para rechazar un acuerdo definido como inaceptable para acabar firmando poco después un pacto aún más duro.

¿Por qué ahora?

Que Grecia se enfrentaba a la posibilidad de nuevas elecciones en otoño quedó claro tras la aprobación el 12 de agosto del tercer rescate en el Parlamento. Allí se escenificó la primera gran fractura de Syriza: 44 diputados de la formación, liderados por el ya ex ministro Panagiotis Lafazanis, líder de la Plataforma de Izquierdas, rechazaron respaldar el acuerdo, que salió aprobado con los votos de la oposición. El Gobierno se quedó sin mayoría e incluso por debajo de los 120 votos, el mínimo necesario para sobrevivir a una moción de censura. Esta última fue la primera opción que se barajó para volver a cerrar filas. Pero al final el primer ministro ha preferido tirar por la calle de enmedio. Y la razón tiene que ver precisamente con la dificultad de evitar una escisión en su partido y a la vez el desgaste de tener que aprobar durante meses todas las medidas previstas por el nuevo memorándum con los votos de la oposición.

La dimisión le evita a Tsipras el trance de un nuevo debate parlamentario tras los duros intercambios mantenidos con los diputados de su misma bancada en la votación del 12 de agosto y le quita la posibilidad de atacarle públicamente a Lafazanis, que se dispone a formar un nuevo partido a la izquierda de Syriza. Así lo cree Dimitris Sotiropoulos, profesor asociado de Ciencia Política de la Universidad de Atenas: “Tsipras, cuyo principal objetivo es ahora mantener unido el partido, evita que se reproduzca la imagen de la ruptura en el Parlamento y podrá construir su lista electoral, depurada de los diputados rebeldes”.

¿Qué significa para el país?

La otra razón del timing elegido por el primer ministro es, según Sotiropoulos, que esperar más hubiera significado llegar a las urnas cuando los ciudadanos empezarán a experimentar los primeros efectos de las primeras medidas aprobadas por el nuevo rescate o tras la puesta en marcha de otra de las peticiones más difícil de digerir para su electorado: la reforma de las pensiones prevista para el otoño.

De hecho, la aplicación de los requerimientos del nuevo memorándum se verá afectada por el inevitable retraso que acarreará el nuevo periodo electoral. En octubre se producirá la primera revisión del rescate. “La convocatoria de elecciones significa que el país se quedará parado durante más de un mes. Eso retrasará la recuperación de la actividad económica y la posibilidad de atraer de nuevo a los inversores”, dice Sotiropoulos a EL ESPAÑOL.

¿Qué escenario político se abre?

Los sondeos de intención de voto auguran una nueva victoria de Syriza y un amplio respaldo al primer ministro, pero se antoja difícil que el partido logre la mayoría absoluta que ya se le escapó en las elecciones de enero. Esta vez el voto se podría centrar aún más en la persona de Tsipras, protagonista absoluto del escenario político griego en los últimos meses.

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“La mayoría absoluta no es imposible pero es muy difícil, sostiene Wolfango Piccoli, director de la consultora de análisis de riesgo político Teneo Intelligence. “Sobre todo si tenemos en cuenta que el nuevo partido que surja de la escisión de Syria podría llegar hasta un 3-5% de los votos. Luego está por ver cómo reaccionarán sectores como los pensionistas, que apoyaron a Tsipras en enero”.

Si Syriza vuelve a quedarse sin mayoría, las elecciones dirimirán si al final cumple su giro hacia el centro y hacia su transformación en un nuevo Pasok según Piccoli: “Dependerá del socio que elija: si vuelve a pactar con ANEL o se dirige hacia el centrista To Potami”. Justo el mismo dilema que se planteó después del voto del 25 de enero.

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La ventaja con la que puede contar ahora Tsipras es que el resto de la oposición está muy desgastada. Sobre todo por el resultado del referéndum de julio, en el que los conservadores de Nueva Democracia (ND) y los socialistas del Pasok pidieron el voto para el . ND sigue sin haber elegido un nuevo líder tras la salida de Samarás. “Era el mejor momento para Tsipras”, sentencia Sotiropoulos. “Pero el peor para el resto de los partidos y para el país”.

(Foto: ALKIS KONSTANTINIDIS / REUTERS)

Un crash bursátil programado desde junio

parthenon_crashNo estaba descontado, no dio tiempo a hacerlo. Cuando el viernes 26 de junio, al filo de la medianoche, el primer ministro Alexis Tsipras convocó un inesperado referéndum para votar las medidas del rescate financiero negociado con la Unión Europea, los mercados se encogieron de miedo ante lo que se venía encima.

No estaba descontado, no dio tiempo a hacerlo. Cuando el viernes 26 de junio, al filo de la medianoche, el primer ministro Alexis Tsipras convocó un inesperado referéndum para votar las medidas del rescate financiero negociado con la Unión Europea, los mercados se encogieron de miedo ante lo que se venía encima. En pocas horas, Grecia decretó el cierre de las bolsas, de sus bancos e instauró un corralito financiero que todavía está vigente.

Cinco semanas después, el crash bursátil registrado este lunes en Grecia es el resultado de aquella decisión planteada desde el Gobierno de Atenas como parte de su pulso con Europa. El ASE, índice general de la bolsa ateniense, se ha derrumbado este lunes al cierre un 16,2%, hasta 668 puntos. Es la mayor caída de la historia del índice, desde que en 1986 se tienen registros. El récord negativo pudo ser mayor: llegó a caer cerca del 30% en la apertura y la suspensión de la cotización de los bancos evitó males mayores.

El ASE, índice general de la bolsa ateniense, se ha derrumbado este lunes al cierre un 16,2%, hasta 668 puntos. Es la mayor caída de la historia del índice, desde que en 1986 se tienen registros.

Piraeus, Alpha y Eurobank, tres de las principales entidades del país, fueron suspendidas tras alcanzar el límite del 30% de caída. Como consecuencia de las medidas de control de capitales, los propios griegos tienen vetado retirar dinero de los depósitos y comprar acciones. Para un mercado de apenas 40.000 millones de euros de capitalización bursátil el golpe es demoledor, aunque para los mercados globales es menor. Estaba prevista la debacle y el resto de bolsas europeas apenas reaccionaron al regreso de su par griega.

Regreso a la gran recesión

La reapertura bursátil supone un paso hacia la normalización de la actividad económica y financiera en Grecia, pero las consecuencias del cerrojo financiero de finales de junio siguen más que visibles: continúan las restricciones a las retiradas de efectivo, la actividad económica en el país se ha desplomado, especialmente, en aquellas áreas que tienen que ver con el comercio internacional.

La Comisión Europea prevé que Grecia vuelva a la recesión en 2015 con una caída del 2% al 4% en su Producto Interior Bruto (PIB). Es el precio a pagar por tres semanas con los bancos cerrados y cinco semanas con los mercados financieros apagados. Hoy se conoció el índice de actividad manufacturera de julio que elabora la consultora económica Markit.

Su resultado es terrible: el barómetro adelantado se desplomó hasta 30 puntos, su cota más baja desde que se creó y muy lejos del nivel 50 a partir del cual se indica expansión en el sector. La lectura anterior fue de más de 45 puntos. El informe mensual se realiza a partir de 300 encuestas a empresas representativas de la economía industria griega y el tono coral de los empresarios fue el mismo: el corralito y cierre bancario ha golpeado con violencia la vida industrial helena.

Evolución del PIB (verde) y del PMI (azul) en Grecia.
Evolución del PIB (verde) y del PMI (azul) en Grecia.

“Los productores de bienes tuvieron apuros en la obtención de suministros y destacó el marcado aumento en los tiempos de entrega del proveedor. El grado de deterioro de la actuación de los proveedores fue de lejos el más pronunciada en la historia de la serie. Los panelistas mencionaron la dificultad para recibir artículos desde extranjero”, señala Phil Smith, economista de Markit y autor del informe. Ni las ayudas desde Europa parecen evitar lo que ya es un secreto a voces: la recesión ha vuelto a Grecia y con más fuerza que nunca.

Imagen: archivo

La capitulación total de Tsipras

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En tiempo de descuento, los jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona han alcanzado un frágil acuerdo que de momento frena la salida de Grecia del euro. A cambio, Alexis Tsipras ha tenido que capitular y abandonar por completo las promesas con las que ganó las elecciones. No sólo tendrá que aplicar los ajustes a los que los griegos dijeron ‘no’ en el referéndum sino que los acreedores le han impuesto ahora medidas mucho más duras.

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Ha hecho falta un maratón negociador final de 17 horas, con noche en blanco incluida. Pero ya en tiempo de descuento, los jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona han alcanzado, poco antes de las 9:00 de este lunes, un frágil acuerdo (aquí el texto) que de momento frena la salida de Grecia del euro y su hundimiento económico.

A cambio de este salvavidas, el primer ministro griego, Alexis Tsipras ha tenido que capitular y abandonar por completo las promesas de poner fin a la austeridad con las que ganó las elecciones. No sólo tendrá que aplicar todos los ajustes que rechazaba y a los que los griegos dijeron ‘no’ en el referéndum del 5 de julio, sino que los acreedores le han impuesto ahora medidas mucho más duras en áreas como la reforma laboral o las privatizaciones.

Además, Grecia queda sujeta a una supervisión sin precedentes que prácticamente la convierte en un protectorado de la UE. Algo difícil de asumir para un Gobierno como el de Syriza, que defendió el fin de la troika (formada por Comisión Europea, Banco Central y Fondo Monetario Internacional). Pero la última ronda de negociación ha dañado también la imagen de Alemania por la gran dureza que ha exhibido hasta llegar a poner por primera vez negro sobre blanco en un documento la opción de que Grecia salga de forma temporal del euro.

¿Qué tiene que hacer Grecia ahora?

El Gobierno de Tsipras se ha comprometido a aprobar en el parlamento griego de aquí al 15 de julio -es decir, en apenas 48 horas- un total de cuatro leyes, algunas de las cuales fueron rechazadas por una mayoría del 61% en la consulta de la semana pasada. Se trata de una primera reforma del IVA y de las pensiones; de una norma para garantizar la plena independencia de la oficina estadística griega ELSTAT y de la introducción de un sistema automático de recorte del gasto cuando se produzcan desviaciones presupuestarias. Antes del 22 de julio, Grecia tendrá que aprobar otras dos normas: la reforma del Código Civil para reducir el coste de la justicia y la legislación de la UE sobre reestructuración y liquidación de bancos.

La aprobación inmediata de estas leyes ha sido la condición exigida por los acreedores a Tsipras para restablecer la confianza, ya que casi ningún país se fía ya de él tras la convocatoria por sorpresa del referéndum. Si Atenas cumple en los próximos días, el Eurogrupo celebrará una nueva reunión este miércoles, probablemente por teleconferencia, para autorizar formalmente el inicio de negociaciones con Grecia para un tercer rescate. Inmediatamente después tendrán que pronunciarse los parlamentos de seis países: Alemania, Finlandia, Holanda, Eslovaquia, Estonia y Austria.

¿Cuánto costará el tercer rescate?

Los líderes de la eurozona calculan que las necesidades financieras de Grecia en los próximos tres años ascienden a 86.000 millones de euros, que habría que sumar a los 240.000 millones de los dos primeros rescates. La elevada factura del tercer rescate –que se explica por el fuerte deterioro económico provocado por el cierre de bancos y el corralito desde el 29 de junio- ha “sorprendido” desagradablemente a los acreedores, que todavía quieren rebajarla con los ingresos de privatizaciones o el dinero que pueda lograr Atenas cuando recupere el acceso a los mercados, según fuentes europeas. Parte de este dinero debe desembolsarse de forma urgente, ya que Grecia tiene pagos que ascienden a 7.000 millones de euros el 20 de julio y otros de 5.000 millones en agosto, sobre todo por vencimientos del Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El tercer rescate incluye una reserva de hasta 25.000 millones de euros para la recapitalización del sector bancario, de los cuales 10.000 millones estarían “disponibles inmediatamente”. Una “rápida decisión” sobre el tercer rescate “es una condición para permitir que los bancos reabran”, admiten los líderes de la eurozona en el borrador de conclusiones.

¿Tendrá el tercer rescate condiciones adicionales?

Sí. Una vez que se inicien las negociaciones, Grecia y sus acreedores deben firmar un nuevo memorándum que recogerá condiciones más duras que las rechazadas en el referéndum debido al empeoramiento económico y también a que el tercer rescate incluye dinero nuevo para tres años. Muchos de los requisitos extra están ya detallados en el acuerdo cerrado este lunes: otra reforma ambiciosa de las pensiones, liberalización de los mercados de productos (farmacias, leche, panaderías, transporte por ferry), privatización de la red eléctrica o modernización de las normas sobre convenios y despidos colectivos.

Otra concesión que el Gobierno de Syriza se ha visto obligado a hacer a sus acreedores es la de dar marcha atrás y rectificar todas las leyes que ha aprobado desde su llegada al poder en enero sin el consentimiento de la troika, por ejemplo para contratar funcionarios. O si prefiere, adoptar medidas correctivas con el mismo impacto presupuestario. Sólo se salva la legislación para paliar la crisis humanitaria en Grecia.

¿Qué pasa con la supervisión de la troika?

El fin de la troika (formada por la Comisión, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) y de las políticas dictadas desde Bruselas era una de las principales demandas del Gobierno de Syriza. Tsipras también ha claudicado en esta cuestión cediendo a las presiones de los acreedores, que desconfían de sus políticas. A partir de ahora, Grecia deberá “consultar y acordar con las instituciones (de la troika) todos los proyectos de ley en las áreas relevantes con suficiente antelación antes de presentarlos a consulta pública o el parlamento”.

Los inspectores de la troika podrán además volver a Atenas para “mejorar la aplicación del programa y controlarlo”. El Gobierno de Syriza había bloqueado las visitas de los técnicos a los ministerios y había tratado siempre de llevar la negociación al máximo nivel político de ministros o jefes de Gobierno.

Tsipras, con Merkel y Hollande, durante la cumbre (Foto: Consilium)
Tsipras, con Merkel y Hollande, durante la cumbre (Foto: Consilium)

¿Cuáles han sido los principales escollos?

El nuevo ministro de Finanzas, Euclides Tsakalotos, había aceptado desde el Eurogrupo del sábado la mayor parte de las exigencias de los acreedores debido a la situación desesperada de los bancos del país, que apenas sobreviven con la línea de liquidez de emergencia (ELA), que les proporciona el BCE. “Si no tuviéramos una pistola en la cabeza, ni nos plantearíamos aceptar” los recortes, aseguraba la delegación griega durante la madrugada del domingo.

De hecho, a las 4:00 horas, el acuerdo parecía inminente. Pero el primer ministro Tsipras intentó plantarse en dos cuestiones: rechazaba la propuesta de Alemania de crear un fondo de privatizaciones y no quería que el Fondo Monetario Internacional supervisara la aplicación del tercer rescate. También en estos dos puntos acabó cediendo a la presión de los acreedores. El FMI seguirá participando en el programa de asistencia financiera porque lo exigen países como Alemania.

¿Cómo funciona el fondo de privatizaciones?

Este nuevo instrumento es una de las claves del acuerdo. Se trata de que Grecia transfiera a un fondo independiente activos públicos por un valor de hasta 50.000 millones de euros. El fondo se encargará de irlos vendiendo progresivamente, como hace por ejemplo la Sareb con los activos inmobiliarios de la banca nacionalizada en España. La mitad de los ingresos tendrán que dedicarse a la recapitalización de la banca. 12.500 irán a reducir deuda y el resto a inversiones.

Tsipras sostenía que es imposible lograr 50.000 millones de euros con privatizaciones y alegaba que el propio FMI cifra en 500 millones al año los ingresos máximos. Tampoco le gustaba la filosofía del instrumento y dejar el control a los acreedores. Pero los países más duros han impuesto que se mantenga la cifra de 50.000 millones. La única concesión que hacen es que el fondo esté basado en Grecia en lugar de en Luxemburgo. La gestión correrá a cargo de los griegos pero “bajo supervisión de las instituciones europeas”.

¿Habrá reestructuración de la deuda?

La principal concesión que obtiene Grecia del acuerdo es el compromiso de los líderes de la eurozona de estudiar “posibles medidas adicionales” para garantizar la sostenibilidad de la deuda helena, que ahora se sitúa en el 177% del PIB. Y mencionan en concreto dos: “la posible extensión de los periodos de gracia y de pago”. No obstante, dejan claro que “no se llevarán a cabo quitas nominales sobre la deuda”. Este alivio de la deuda sólo se aplicará tras la primera revisión positiva del nuevo rescate, que podría ocurrir en otoño.

En realidad, se trata de una victoria pírrica para Tsipras, ya que la oferta de alargar plazos y reducir tipos de interés para aliviar la deuda griega ya estaba sobre la mesa desde el Eurogrupo celebrado en noviembre de 2012. Hasta ahora no se ha aplicado porque Atenas no ha cumplido. “Hemos tenido éxito en garantizar la reestructuración de la deuda y en la obtención de fondos significativos para el crecimiento”, ha dicho el primer ministro heleno al término de la cumbre. Los fondos a los que se refiere son los 35.000 millones de euros prometidos por el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. Pero no se trata de dinero nuevo sino de ayudar a Grecia a absorber mejor los fondos estructurales que ya tiene adjudicados.

¿Se descarta el ‘Grexit’?

Uno de los factores que ha emponzoñado las negociaciones y ha dificultado el acuerdo ha sido la dura propuesta que planteó el sábado el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, y que incluía el fondo de privatización, que al final ha salido adelante, y también la opción de ofrecer a Grecia una salida temporal del euro (‘Grexit’) durante cinco años para que pudiera reestructurar su deuda. El ‘Grexit’ apareció así por primera vez en un documento de trabajo que se hizo público y agravó la fractura entre los países más duros –Finlandia, Holanda, Eslovaquia, Eslovenia y los bálticos- y los más cercanos a Grecia, en particular Francia, y en menor medida Italia o Chipre.

De hecho, el ‘Grexit’ temporal llegó a figurar en el borrador de acuerdo que el Eurogrupo envió a los jefes de Estado y de Gobierno, y sólo se eliminó ya bien entrada la madrugada porque resultaba inaceptable para Atenas y Paris. “El plan A se ha cumplido y por eso no necesitamos plan B”, ha dicho la canciller alemana, Angela Merkel, para justificar la desaparición de cualquier referencia a una salida de Grecia del euro.

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, ha sostenido que en el compromiso aprobado “no hay ganadores ni perdedores”. “No creo que los griegos hayan sido humillados”, ha sostenido. Para el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, los ajustes extra exigidos a Grecia “en absoluto” son una venganza por el referéndum sino “medidas razonables” para el crecimiento”. Y el presidente francés, François Hollande, dice que se trata de una “decisión histórica”. “Si Grecia hubiera salido, se habría dicho que la eurozona no era capaz de conservar su integridad”, ha apuntado.

Sólo el tiempo dirá si este tercer rescate tendrá más éxito que los dos primeros, lastrados por los desacuerdos entre los socios y las dudas y retrasos de Atenas en la puesta en marcha de las reformas. Pero la desconfianza y las fracturas de las últimas 48 horas en el Eurogrupo no son un buen augurio.

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Cinco claves de por qué Tsipras se rinde ante los acreedores… y quizá no sea suficiente

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Los ministros de Economía de la eurozona evalúan este sábado el nuevo plan de Tsipras, que asciende a 13.000 millones de euros en tres años. Decidirán si es suficiente para empezar a negociar un tercer rescate que frene la salida de Grecia del euro (‘Grexit’). En realidad, el documento está prácticamente calcado de la última oferta que los acreedores hicieron a Tsipras el 26 de junio, que este rechazo y que provocó el referéndum del pasado fin de semana

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Los ministros de Economía de la eurozona celebran este sábado una nueva reunión de emergencia con el fin de evaluar el nuevo plan de ajustes presentado por el primer ministro griego, Alexis Tsipras, que asciende a alrededor de 13.000 millones de euros en tres años, según las primeras estimaciones. Deben decidir si es suficiente para empezar a negociar un tercer rescate para Atenas y frenar así su salida del euro (‘Grexit’).

En realidad, el documento remitido por el Gobierno de izquierda radical de Syriza está prácticamente calcado de la última oferta que los acreedores hicieron a Tsipras el 26 de junio. Una oferta que el primer ministro tachó de humillante y sometió a referéndum pidiendo el ‘no’, que ganó con un 61% de los votos. Ahora Tsipras ignora el resultado de la consulta, capitula y acepta las medidas de austeridad que antes rechazaba.

 

La marcha atrás de Atenas ha aumentado el optimismo sobre las posibilidades de acuerdo en las próximas horas. Pero el Eurogrupo, en particular los países más duros, podría pedir todavía más recortes por el fuerte deterioro económico causado por el cierre de bancos y el corralito y porque Grecia pide ahora 53.500 millones de dinero nuevo.

 

1. En el IVA, Grecia acepta subidas para restaurantes y acabar con el descuento para las islas.

 

En su plan, Atenas se compromete a aumentar sus ingresos por IVA en un 1% del PIB al año, tal y como le pedía la troika. Las nuevas propuestas aceptan que el tipo normal del IVA se fije en el 23%, lo que supone una subida para los restaurantes, que ahora pagan un 13%, o para los alimentos procesados. Habrá un tipo reducido del 13% que se aplicará a alimentos básicos, agua, energía y hoteles (una demanda griega que la troika ya había aceptado) y otro superreducido para medicamentos, libros y teatro.

 

Grecia ha hecho también concesiones en el descuento del 30% que se aplica al IVA en las islas, que se resistía a eliminar por su posible impacto en el turismo. Ahora acepta suprimir progresivamente esta rebaja para finales de 2016, aunque todavía pide que se mantenga para “las islas más remotas”, una excepción que podrían cuestionar los acreedores.

 

2. En pensiones, Atenas sube la edad de jubilación y suprime los complementos para las más bajas

 

También en las pensiones, otra de las líneas rojas para el Gobierno de Syriza, Tsipras realizará finalmente un recorte del gasto de hasta el 0,5% del PIB este año y del 1% a partir de 2016. Atenas se pliega a todas las demandas de los acreedores, aunque pide algo más tiempo para ponerlas en marcha. La edad de jubilación se aumentará progresivamente de 65 a 67 años de aquí a 2022 o a los 62 años para los que hayan cotizado 40 años. Aunque hasta ahora se había resistido ferozmente a suprimir el complemento para las pensiones más bajas (conocido como EKAS), el Gobierno acepta ahora eliminarlo gradualmente de aquí a 2019.

 

El impuesto de sociedades aumentará del 26% al 28%, como querían los acreedores, en lugar de al 29% como había propuesto Tsipras. El Gobierno griego renuncia además a subir las cotizaciones sociales o a aplicar un impuesto extraordinario a los beneficios empresariales superiores a medio millón de euros, medidas que habían disgustado a la troika. No obstante, Atenas sigue resistiéndose a recortar el gasto en defensa. Defiende una reducción de 100 millones de euros este año y 200 millones en 2016, frente a los 400 millones que reclaman los acreedores.

 

3. El Gobierno griego acepta además pedir el tercer rescate

 

A cambio de estos ajustes, el Gobierno de Atenas pide a sus socios de la UE un nuevo rescate por valor de 53.500 millones de euros, a sumar a los dos anteriores que ya totalizan 240.000 millones, para cubrir sus vencimientos de deuda de aquí a 2018. El Gobierno de Syriza -y en particular el ex ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis- sostenía que nunca aceptaría un nuevo rescate para pagar la deuda que implicara un nuevo memorándum con condiciones y con la tutela de la troika.

 

Sin embargo, la decisión de convocar el referéndum y el cierre de los bancos y el corralito vigentes desde el 29 de junio han provocado tal daño en la economía (que podría contraerse un 3% este año, en lugar del crecimiento del 0,5% previsto hasta ahora), que Grecia necesitará más ajustes y más dinero. De hecho, ya circulan cálculos que elevan el precio del tercer rescate a entre 70.000 y 80.000 millones de euros. Una elevada factura que costará asumir en los países del euro por la total desconfianza que existe además hacia el Gobierno de Syriza.

 

4. Atenas no ha obtenido todavía ningún compromiso adicional de alivio de deuda

 

En el texto de sus propuestas remitido al Parlamento griego, el Gobierno pide de nuevo una solución para el problema de su elevada deuda pública, que se sitúa ya en alrededor del 177% del PIB. El alivio de la deuda ha sido la principal reivindicación del Gobierno de Syriza desde su llegada al poder en enero, y cuenta ya con el apoyo expreso de Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Gobierno de Estados Unidos. Incluso el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha dicho que si Atenas presenta un plan creíble, los acreedores deben responder con “medidas relativas a la sostenibilidad de la deuda”.

 

Gracias a ello, la deuda griega ha vuelto al centro de debate, lo que podría facilitar al Gobierno de Syriza la venta de sus recortes a la opinión pública griega pese al ‘no’ en el referéndum. Sin embargo, parece improbable que los acreedores vayan a ofrecer otra cosa que no sea el alargamiento de los plazos para pagar o la reducción de los tipos de interés. Tanto la canciller alemana, Angela Merkel, como su ministro de Economía, Wolfgang Schäuble, han repetido en las últimas horas que no habrá una quita a la deuda helena –es decir, una reducción en su valor nominal, que obligaría a los acreedores a asumir pérdidas- y que el margen para extender los vencimientos es ya muy limitado.

 

De hecho, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y el del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ya ofrecieron hace unas semanas a Tsipras “medidas en materia de deuda” que empezarían a discutirse durante el mes de octubre. Se trataba de reeditar la promesa que ya hizo el Eurogrupo en noviembre de 2012 de aliviar la deuda griega si Atenas cumplía las reformas. Pero el primer ministro griego lo consideró insuficiente, rompió las negociaciones y convocó el referéndum.

 

5. Y aún así la desconfianza persiste y los países más duros podrían pedir más recortes

La capitulación del Gobierno griego ha vuelto a desconcertar a los líderes de la UE y no ha convencido a los países más duros –como Alemania o los bálticos-, que no se creen a Tsipras después de todos los volantazos en los últimos cinco meses de negociaciones. “Uno se pregunta lo rápido que una oruga puede convertirse en mariposa”, ha ironizado el ministro de Finanzas de Eslovaquia, Peter Kazimir. “Parece que tenemos avances con Grecia. Pero no está claro si será suficiente”, ha agregado.

 

 

También la presidenta lituana, Dalia Grybauskaité, ha sugerido que las antiguas propuestas de la troika que Grecia acepta ahora podrían “no ser suficientes” en el actual contexto. Y la primera ministra de Letonia, Laimdota Straujuma, ha avisado de que será difícil que su parlamento apruebe un tercer rescate para Grecia. Desde Alemania se asegura que el resultado del Eurogrupo sobre Grecia está “totalmente abierto”. Aparte del empeoramiento de la situación económica, el otro argumento utilizado para exigir más ajustes a Grecia es que el plan de la troika era para una prórroga de cinco meses del segundo rescate, mientras que ahora Atenas pide dinero nuevo para tres años.

 

En el extremo contrario se sitúa Francia, que ha ayudado al Gobierno de Syriza a redactar su plan de reformas y que ha asumido el liderazgo casi en solitario para evitar el ‘Grexit’ después de que Juncker abandonara al sentirse traicionado por Tsipras. El presidente francés, François Hollande, sostiene que el plan griego es “serio y creíble y muestra una determinación a mantenerse en la eurozona”. También el primer ministro maltés, Joseph Muscat, cree que “sirve de base” para negociar el tercer rescate. Y Dijsselbloem dice que lo que da credibilidad a las propuestas griegas es su amplio apoyo parlamentario, ya que los principales partidos de oposición firmaron el lunes un acuerdo de apoyo a Tsipras para lograr un acuerdo.