El ‘Rudolf Hess’ de Argentina

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La Corte Suprema argentina ha rechazado la excarcelación definitiva del general Luciano Benjamín Menéndez, de 88 años de edad. Durante la dictadura de 1976 a 1983 era el ‘número dos’ entre los jefes de la guerra sucia detrás de Videla y Massera. Menéndez y sus oficiales arrasaron con todo secuestrando, torturando y exterminando a unos 2.500 prisioneros que pasaron por dos campos de la muerte: “La Perla” y “La Ribera”. Ahora lleva camino de convertirse en otro Rudolf Hess.

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Una reciente imagen del general argentino Luciano Benjamín Menéndez.

El general argentino Luciano Benjamín Menéndez (88 años) no conoció al jerarca de la Alemania nazi Rudolf Hess, por obvios motivos de lejanías cronológica y geográfica. Sin embargo su vida se asemeja asombrosamente a la del secretario de Adolf Hitler y parece ir destinada hacia un mismo punto final.

Durante la dictadura argentina, de 1976 a 1983, Menéndez comandó el tercer cuerpo de Ejército en la provincia de Córdoba (centro) con jurisdicción en la mitad norte del país. Era el ‘número dos’ entre los jefes de la guerra sucia contra las guerrillas y opositores políticos, detrás de los dictadores Jorge Videla y Emilio Massera.

Córdoba era una fuerte plaza industrial y universitaria, por lo que concentraba al activismo sindical y estudiantil de izquierdas.  Menéndez y sus oficiales arrasaron con todo secuestrando, torturando y exterminando a unos 2.500 prisioneros que pasaron por dos campos de la muerte, “La Perla” y “La Ribera”, dentro de la guarnición.

Allí hasta se ideó el accidente de tráfico que en 1978 provocó la muerte al cantante Jorge Cafrune, muy conocido en España en los ’60 y ’70. El músico desafiaba al régimen interpretando canciones prohibidas y los militares se  lo cobraron con un atentado disfrazado de choque en la carretera, según atestiguó la superviviente Graciela Geuna.

Hijo y nieto de generales, Menéndez profesó una ideología ultra nacionalista. Tanta era su exaltación patriotera que en 1978 estuvo a un tris de meter a Argentina en una guerra contra Chile (dictadura de Augusto Pinochet) por unas diferencias territoriales en el atlántico austral. Hasta arengaba a su tropa a “cruzar los Andes y mear champán en el Pacífico”.

No obstante la recuperación de la democracia en 1983 y su jubilación como militar, no impidió que continuara llamando a los argentinos a combatir por aquel conflicto de fronteras. A la salida de un debate en televisión sobre ese asunto,  el público le gritó “asesino”. Entonces Menéndez desenfundó un puñal de comando y se abalanzó contra la gente. Pero los escoltas lo frenaron y evitaron la carnicería.

A la salida de un debate en televisión el público le gritó “asesino”. Entonces Menéndez desenfundó un puñal de comando y se abalanzó contra la gente. / Enrique Rosito (DyN)

El reportero Enrique Rosito, de la agencia Diarios y Noticias (DyN), captó, el 21 de agosto de 1984, ese instante de ira asesina. La foto se publicó en la prensa internacional y ganó el Premio Rey de España. “Si tuvo una reacción así en democracia, ya retirado del Ejército y de paisano, uno no puede siquiera imaginarse lo que habrá sido cuando dominaba Córdoba y se creía un semidiós”.

Secuestros, torturas y matanzas

Con el devenir democrático, el general entorchado que se pavoneaba en desfiles castrenses, convencido de que libraba la Tercera Guerra Mundial contra el comunismo, ha mutado en un anciano de 88 años, canoso y de ojeras, que hoy por hoy arrastra 12 condenas por secuestros, torturas y matanzas. De las cuales 10 son a cadena perpetua.

Menéndez ostenta el record de castigos en la política de memoria, verdad y justicia que Argentina aplica desde 2003. El país juzga a todos los represores. En total hay unos 600 condenados y 1.100 procesados. El resto de naciones de Latinoamérica, en cambio, los amnistió total o parcialmente.

“Argentina es el primer país que juzga a sus soldados victoriosos que lucharon y vencieron, por orden de sus compatriotas a la subversión marxista, que quiso asaltar el poder”, despotricó en sus alegatos defensivos. Y lamentó que “todo empezó en 1960 cuando Fidel Castro se hizo comunista” y se propuso “someter a Argentina y a los países de Sudamérica en satélites de Rusia”.

Por su avanzada edad y mala salud, el general viene insistiendo ante la justicia que le permita salir definitivamente de la prisión. En Argentina los reos pueden solicitar el pase a la detención domiciliaria a partir de los 70 años. Las recaídas en enfermedades le han facilitado algunas escapadas a clínicas privadas e incluso a su casa, siempre vigilado por guardias. De hecho desde hace unas semanas se encuentra en su vivienda. Pero el miércoles pasado la Corte Suprema argentina le ha negado la excarcelación definitiva.

Así pues, Menéndez volvería a prisión y seguiría los pasos de Rudolf Hess, el secretario de Hitler condenado a cadena perpetua en el juicio de Nüremberg que clamaba por salir de Spandau, penal de la Alemania occidental,  pero fracasó, sobre todo por la oposición de la URSS y el Reino Unido. Murió encerrado allí a los 93 años, en 1987. Menéndez también lo tiene difícil: su ex jefe Videla murió en una celda, a los 87 años, sentado en el retrete.

Descartan la participación del compañero de cárcel de Morate en el rapto de Laura y Marina

La Policía Nacional ha descartado que Alexander E, el preso colombiano que compartió condena con Sergio Morante en la prisión de Cuenca, esté relacionado con el crimen de Laura y Marina, las dos jóvenes raptadas y asesinadas la pasada semana en Cuenca. Los agentes han encontrado pruebas de que el joven se encontraba en Alicante en el momento de la desaparición, lo que hace imposible que participara en los hechos.

La Policía Nacional ha descartado que Alexander E, el preso colombiano que compartió condena con Sergio Morante en la prisión de Cuenca, esté relacionado con el crimen de Laura y Marina, las dos jóvenes raptadas y asesinadas la pasada semana en Cuenca. En un primer momento, los investigadores centraron sus pesquisas en él como posible colaborador en el suceso, al confirmar que el preso había recibido un permiso penitenciario durante las fechas en las que desaparecieron las jóvenes. Sin embargo, los agentes han encontrado pruebas de que el joven se encontraba en el momento de la desaparición camino de Alicante, lo que hace imposible que participara en los hechos.

Por otro lado, la principal línea de investigación culminó ayer con la detención en la localidad rumana de Lugoj de Sergio Morate, considerado por los investigadores el autor material del rapto y asesinato de las dos chicas. Morate fue localizado en la región de Timisoara, una zona fronteriza con Hungría. Los agentes investigan ahora si el joven fugado utilizó para esconderse los contactos granjeados en prisión. De hecho, Morate fue arrestado por los agentes rumanos a la salida de la vivienda, en compañía de dos personas, que han quedado también bajo custodia de la Policía de Investigación Criminal rumana. El Ministerio del Interior ultima ahora el traslado del detenido a España, para que preste declaración judicial.

Según ha confirmado el Ministerio del Interior, Morate no opuso resistencia en el momento de su arresto, producido gracias a la cooperación de las policías española y rumana. En el momento de su detención, los forenses ultimaban la autopsia de sus dos víctimas. El principal objetivo es localizar pruebas y rastros biológicos que liguen a Morate de una forma irrefutable con el crimen. La tarea queda dificultada por la utilización de cal viva sobre los cuerpos de las dos jóvenes. Un intento de ocultar huellas que puede ser contraproducente para el principal sospechoso, ya que la policía se afana ahora en probar que la sustancia corrosiva fue comprada por Morate en Cuenca los días anteriores al suceso.

La policía investiga si un preso colombiano ayudó a raptar a las chicas de Cuenca

La Policía Nacional encontró ayer en el cauce del río Huécar los cuerpos sin vida de Marina Okarynska y Laura del Hoyo, las dos jóvenes desaparecidas el Cuenca el pasado jueves. Ambas aparecieron muertas, semicalcinadas y ocultas en una poza. Como principal sospechoso, los agentes siguen buscando a Sergio Morate, ex novio de una de ellas y en paradero desconocido. Además, los investigadores creen que pudo no actuar solo. Por eso interrogaron también a Alexander E., un compañero de prisión colombiano.

Su nombre es Alexander E. y se ha convertido en otra de las piezas del puzzle que terminó con la desaparición y muerte de las jóvenes Marina Okarynska y Laura del Hoyo. Según ha podido confirmar El Español, la Policía Nacional, encargada de la investigación del caso y que encontró ayer en una zona fluvial cercana al río Huécar los cadáveres de las dos jóvenes, se esfuerza ahora en aclarar el papel de este ciudadano colombiano que compartió prisión con el principal sospechoso, Sergio Morate,  en paradero desconocido.

Morate, condenado con anterioridad por un delito de retención ilegal y otro contra la libertad sexual, cumplió año y medio de condena antes de cambiar su imagen y volver a una aparentemente vida normal. Durante su estancia en prisión y según fuentes del caso, el principal sospechoso por la desaparición y muerte de Laura y Marina fraguó una buena relación con Alexander. Ahora, los agentes que investigan el caso estudian el posible papel del presidiario colombiano en el suceso. Por el momento, han constatado el contacto entre ambos tras la desaparición de las jóvenes, ya que Alexander disfrutó de varios días de permiso y visitó la vivienda del principal sospechoso.  Seis días después de su desaparición, los restos de Marina y Laura fueron localizados a media tarde de ayer en un paraje situado a dos kilómetros del municipio de Palomera. Según fuentes del Ministerio del Interior, los dos cuerpos estaban parcialmente calcinados y rociados con cal viva. ¿Con qué objetivo? Dificultar la identificación de las chicas y eliminar posibles pruebas o rastros biológicos.

La desaparición de Laura y Marina se produjo el pasado 5 de agosto, a las 17:00 de la tarde, cuando ambas quedaron para ver a Sergio y recoger algunas cosas de su casa tras una ruptura sentimental. A partir de ahí, nada de supo de ellas. Esa misma noche, su familia pasó por comisaría para denunciar su ausencia. En su vuelta a casa, la madre y la hermana de Laura localizaron el vehículo de Marina estacionado en una calle cercana a la vivienda del principal sospechoso. En su interior, los agentes encontraron el teléfono de Laura, su documentación, sus tarjetas de crédito y una medicación específica que la joven debe tomar a diario.

Un teléfono operativo

Al día siguiente, viernes 6 de agosto, es la familia de Sergio Morate quien denuncia la desaparición del joven. En un primer momento, todo hacía presagiar una desaparición conjunta; un hecho forzoso del que son víctima los tres jóvenes. Pero los agentes comenzaron a dudar. Primero por los antecedentes de rapto de Morate, segundo porque una testigo mantenía haber visto a Sergio a las 11 de la noche del jueves cuando a esa hora, la familia de las chicas estaba ya presentado la denuncia. Y tercero porque según confirman fuentes de la investigación, pese a la ausencia de tráfico en el teléfono de las dos chicas, el terminal de Morate estuvo operativo al menos hasta el medio día del viernes.

Ayer, efectivos de la Policía Científica, de la Policía Judicial de Cuenca y del equipo de Homicidios de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Comisaría Central de la Policía Judicial -con sede en Madrid- registraron desde las 12 de la mañana la vivienda que la familia de Sergio Morate tiene en la localidad conquense de Palomera. Poco antes, ayudados por la unidad canina y con autorización del Juzgado de Instrucción Número 2 de Cuenca, peinaron también otra finca familiar en la localidad de Chillarón. Los inmuebles estaban controlados desde hacía días por agentes de paisano, ante la posibilidad de que Morate y su presunto cómplice acudieran allí a refugiarse. El objetivo de los agentes con estos registros era encontrar pruebas de que las jóvenes fueron retenidas en alguna de estas fincas y facilitar así su paradero. Todo cambió a primera hora de la tarde, cuando un trabajador rural localizó los cadáveres de las dos jóvenes y dio la voz de alarma.

Así viven (y mueren) en México los periodistas amenazados

Estados Jodidos mexicanos

Luis Cardona no pudo tener la jubilación que soñaba. Ahora no puede pasar más de dos meses en la misma ciudad. Por seguridad, no tiene un número de teléfono móvil a su nombre. Luis es periodista, mexicano y amenazado por los narcos. Una combinación de alto riesgo.

Luis Cardona no pudo tener la jubilación que soñaba. Ahora no pasa más de dos meses en la misma ciudad. Por seguridad, no tiene un número de teléfono móvil a su nombre. Luis es periodista, mexicano y amenazado por los narcos. Una combinación de alto riesgo.

Comenzó a trabajar cuando tenía 16 años en Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua. Al terminar la carrera, puso en marcha la sede del Diario Juárez en Nuevo Casas Grandes, un pueblo de 60.000 habitantes en la frontera entre Chihuahua y Sonora. Después, fundó y dirigió otros periódicos en otros estados de México y recibió muchos toques de atención de los narcos por sus informaciones. Tras cumplir los 50, empezó a pensar en la jubilación y volvió a Nuevo Casas Grandes para escribir en el diario que había fundado. 

Luis informó en su periódico 15 secuestros. Hace dos años, el suyo se convirtió en el número 16. No se trataba de raptos de personas adineradas sino de jóvenes que se resistían a trabajar en los campos de marihuana entre Sonora y Chihuahua. “Me pareció muy grave, no podía dejar de lado la situación. Pero no mencioné cárteles o nombres por seguridad. De cualquier forma, me secuestraron. Me decían: ‘Estás calentando la plaza, le tiras al Gobierno y al crimen organizado, ¿no te das cuenta que somos los mismos? Me quedó claro”, explica a EL ESPAÑOL.

Su cautiverio duró menos de una semana y sus secuestradores lo liberaron sin explicarle por qué. Suficiente para cambiarle la vida. Ahora, Luis Cardona dirige Diario19.com, una web nacida para permitirle a él y a otros amenazados seguir escribiendo. Tiene 55 años y lleva siempre consigo un botón de pánico; al apretar la tecla SOS, desde la central del Gobierno a la que está conectado saben dónde está y pueden escuchar todo lo que ocurre a su alrededor. Si se encuentra en peligro, envían soldados a por él.

Luis forma parte de un colectivo muy grande. Cientos de informadores mexicanos son amenazados por sus publicaciones. No todos tienen la suerte de sobrevivir.Periodistas asesinados

Desde el año 2000, 104 periodistas han sido asesinados en México, según los datos de la Procuraduría General del Estado. El periodo más sangriento se vivió durante el mandato de Felipe Calderón, entre el 2007 y 2012, que declaró la guerra al narcotráfico. Durante estos años, 60 reporteros perdieron su vida por informar sobre temas que incomodaban a los poderes del país latinoamericano.

El asesinato de Rubén Espinosa, el 1 de agosto en el Distrito Federal, la capital del país, es el último de una larga lista. Pero su muerte a balazos junto a cuatro mujeres ha reavivado el miedo, el coraje y la impotencia de sus compañeros.

“Sabemos quién fue”

“Sabemos quién fue”, escriben en sus pancartas al manifestarse. En las concentraciones que han seguido al asesinato, los compañeros de Rubén han quitado el verde y el rojo a la bandera mexicana. La pintan de negro y la alzan en sus protestas. Juntan sus cámaras para formar un altar. Y gritan: “No se mata la verdad matando periodistas”. Apuntan directamente al Gobierno de Veracruz, que encabeza Javier Duarte.

Rubén Espinosa salió de Veracruz el pasado 9 de junio, estado en el que vivía y trabajaba. “Tuve que salir por intimidaciones, no por una agresión directa como tal. Por sentido común”, dijo Rubén en una entrevista con Rompeviento, una televisión online. Según explicó, unos días antes de autoexiliarse en el D. F., un par de hombres lo siguieron por las calles de Xalapa, en Veracruz. En la misma entrevista explicó que no presentó una denuncia porque no confiaba en ninguna institución del Estado. Al parecer, los que le seguían no cesaron su búsqueda hasta el D.F. Ahí es donde lo asesinaron.

Rubén no dejó de trabajar a pesar del riesgo de su profesión. Según la revista mexicana Proceso, de la cual era colaborador, se había convertido en un informador incómodo para el Gobierno de Veracruz. Estaba especializado en la cobertura de protestas sociales como la que se refleja en la foto con la que empieza este reportaje, subida por el fotoperiodista a las redes sociales hace menos de un año.

Políticos, redes financieras y narcos

El narco en México es un triunvirato: son políticos, redes financieras y narcotraficantes. Todo estaba controlado por el poder político, desde los años 80 hasta que Vicente Fox llega a la presidencia con el Partido Acción Nacional (PAN), en el año 2000, acabando con más de 70 años de Gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

“Cuando Fox toma el control, los cárteles dejan de funcionar de manera compacta y empiezan a hacerlo aisladamente. El cártel deja de estar tan regido por el poder político. Toman el mando los grupos criminales. Entonces el narco en México se desbarata”, relata Lolita Bosch, periodista y novelista nacida en Barcelona pero mexicana de adopción. Es ahí cuando el número de muertes comienza su escalada.

En 2006, un nuevo presidente, Felipe Calderón, toma las riendas del Gobierno. Su mandato es también el inicio de la conocida como guerra al narcotráfico. “Calderón quería controlar la situación, pero no supo”, explica Lolita. El número de muertes se dispara hasta que en 2012 México elige a un nuevo presidente, de nuevo del PRI: Enrique Peña Nieto. “Llegó con la falsa promesa de poner riendas al narco. Esta era la ilusión que teníamos. Pensábamos que si lo habían hecho en los 80 lo sabrían hacer ahora. Pero no, porque el narco ya era otro”, sentencia. Lolita fundó una web junto con 90 personas: periodistas, activistas y académicos para responder a la situación después de la guerra declarada por Calderón. Entre sus proyectos está contar la historia de los asesinatos a periodistas en todo México a través de un libro online.

En la última década, el narco ha tomado el poder del crimen organizado y eso hace que sea más fácil investigarlo, pero también que afloren las relaciones entre las redes financieras y políticas. Se ve de qué manera están tan vinculados los tres poderes fácticos. Cuando eso ocurre, empiezan las matanzas de periodistas. “La investigación pone en riesgo al poder político.

Ese es el verdadero poder de la guerra: poner en evidencia la manera de funcionar con estos tres poderes”, dice la periodista y escritora. El problema de la guerra es el descontrol. Según los periodistas, fue sólo una estrategia de Calderón para reivindicarse como líder, pero no lo logró. El PAN no supo controlar el desorden del poder y de ahí viene el incremento en los asesinatos de periodistas.

Las zonas de la guerra

Chihuahua y Veracruz son los estados de México con más asesinados. Después se encuentran Tamaulipas y Guerrero. Veracruz y Tamaulipas son los estados del Golfo de México. “Lo que ocurre con los periodistas del golfo se explica porque es una entrada más grande de droga. Es, además, un conglomerado de crimen organizado. Trafican con mujeres, con niños, con armas…”, detalla Lolita Bosch.

En el siguiente mapa se muestran las muertes de periodistas desde el año 2000 en el estado en el que se produjeron.

Los medios han organizado redes de protección entre ellos. Los periódicos de Ciudad Juárez (Chihuahua) fueron los primeros en sufrir la delincuencia y compartieron sus técnicas con los diarios de Veracruz, que ahora ayudan a los de estados del sur de México.

“Hoy estar informado en México no es sólo un derecho, es un motivo para salvar tu vida. Las personas necesitan saber quién opera en su ciudad, porque es distinto cómo opera el cártel de Jalisco y su nueva generación a cómo lo hacen los zetas en el Caribe o el cártel de Sinaloa y el de Juárez. Todos necesitan saber qué está pasando en su comunidad para seguir vivos”, explica Lolita. “Pero a los periodistas no nos da tanto miedo el narco como el poder político”, agrega.

“Nosotros hacemos como si el Gobierno no sirviese”

Casi todos los periodistas que han hablado sobre el triunvirato han sido amenazados. Algunos cuentan su historia como estrategia para defenderse. Piensan que haciendo público su caso el que amenaza tomará más precauciones. Otros deciden no decir nada a nadie, ni siquiera denunciar, pues nunca saben de dónde viene esa amenaza. La denuncia puede ser contraproducente.

“A pesar de que mi periodismo no es bueno para el Gobierno, el mismo Estado es el que tiene el deber de proveer seguridad”, cuenta Luis Cardona. “Por eso formo parte del mecanismo de protección federal. No puede cuidarnos una asociación no gubernamental porque no tiene esa capacidad. Ellos tienen bastante dinero, pero lo gastan en libros y en estadísticas. Cada muerto es una estadística para ellos. Sólo el Estado puede protegernos, aunque el mismo Estado es también agresor”, agrega.

Según Lolita Bosch, trabajar por el bien común es trabajar contra el Gobierno. “Si decimos que estamos a favor de la paz, al Gobierno le parece una afrenta”, subraya.

Ahora los periodistas ya no tienen en donde resguardarse. “Antes íbamos al D. F., pero con el asesinato de Rubén nos han dicho no. Ya no tienen en donde colocarse. Ese es el mensaje que le han dado al periodismo independiente”, relata Lolita. El miedo, después del asesinato de Rubén y las cuatro mujeres, es saber quién sigue. “En cualquier momento van a ir por cualquiera de nosotros. Tenemos que ser muy inocentes para decir que no nos va a pasar. Nos puede pasar a cualquiera. Así funciona esta guerra”, lamenta.