El renovador de las letras se hace mayor

Fdez Mallo A

Agustín Fernández Mallo, capitán de la Generación Nocilla, compila dos décadas dedicadas a la poesía, con el inédito ‘Ya nadie se llamará como yo’.

Fdez Mallo, A._ (c) Aina Lorente Solivellas
Agustín Fernández Mallo. (Foto: Aina Lorente)

La muerte. “Cuando alguien muere tienes la oportunidad de que renazca en ti. Empiezas a ver cosas de la persona fallecida que no habías visto. Es un renacimiento, un regalo que el fallecido te hace”. Y así Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) ha dado a luz su nuevo poemario: Ya nadie se llamará como yo (Seix Barral), editado junto a su poesía reunida desde 1998. Cuando alguien fallece, su nombre desaparece pero no su memoria.

 

“La muerte es una fiesta de la objetividad”, escribe en uno de sus versos. Un tema grave sin gravedad. Ni pesimismo. Tampoco se entrega a la fiesta pop como lo hizo en Carne de píxel. El desenfreno irónico del absurdo de la sociedad de consumo se relaja, se atempera y pierde el folclore de la anécdota. “Es un poemario más tranquilo y más grave”, reconoce el cabecilla de la Generación Nocilla. “Quería afrontar el tema de la muerte con mucho menos artificio, a pesar de que está mi voz y mis tics. Hay menos fiesta, menos alardes pop”, añade.

Hay mucha menos ironía, quizás porque me voy haciendo mayor. No quería despistar del tema esencial, la muerte

Aunque siempre hay una grieta por la que se cuela su mundo propio. En este caso, la voz narradora se pregunta, en una iglesia, de qué marca es el agua bendita. La irreverencia Bezoya. Sin broma. “Hay mucha menos ironía, quizás porque me voy haciendo mayor. No quería despistar del tema esencial, la muerte”.

Hace tres años publicó Antibiótico fue la mejor expresión de lo que él llamó la postpoesía y un artefacto muy alejado de Ya nadie se llamará como yo. “Ahora sé que la muerte existe y es analfabeta”, se puede leer en el nuevo libro. Este libro es menos celebratorio, aunque se regodea en la introspección y en el vitalismo, porque Agustín celebra la dimensión mortal. Fuera penas.

La fantasía burguesa

Pero también hay un acercamiento -muy leve- a la realidad de España 2015, algo que ha sorteado hasta el momento. Alguna referencia política se cuela. “Es imposible que no esté el contexto social y político, porque está en todo lo que escribimos. Sé que está, pero no podría decirte dónde está porque no pienso explícitamente en ello. Sí te puedo decir que es la primera vez en todos mis poemarios que cito la expresión clase media”, dice.

El verso es así: “Sólo existe la clase media y lo demás es fantasía estadística”. Y en otro momento del libro: “En el tronco de un álamo del último bosque encuentro una hoz y un martillo, no fueron grabados por una hoz de verdad y un martillo de veras, / creo recordar el abrelatas, la fantasía burguesa que residía en su punta de rayo, eficaz tan sólo en materiales blandos”. Nuevo destello crítico contra el espíritu revolucionario de aquella burguesía que quiso ser clase obrera.

La poesía no puede estar completamente fuera del sistema, porque entonces sería autista. Ahí es donde surgen las metáforas radicales

Habla de fantasía burguesa. ¿Es la poesía una fantasía burguesa? “Claro que sí, de las mayores. La poesía y la estadística”, responde a este periódico. “La estadística es una mentira consoladora muy de la clase media. La estandarización te la da la estadística. Seamos claros: no ha habido ningún poeta analfabeto o sin cultivar. Necesitas una base culta. No creo en ese mito de la idea natural de la poesía”. ¿Y Miguel Hernández? “Yo es que no me creo que Miguel Hernández fuera analfabeto. Eso es un mito del mundo burgués, que creó esta figura heroica para consolarse. Yo soy un burgués y tengo mis fantasías”, explica.

Las fronteras. Llegar a los límites de los mapas de la literatura. No en vano abre el libro una cita del artista Robert Smithson. Agustín Fernández Mallo trabaja desde los límites. Dice que la poesía se encuentra en los límites de cualquier sistema de normas. Escribe para explorar, ni para agradar ni desagradar. “La poesía no puede estar completamente fuera del sistema, porque entonces sería autista. Ahí es donde surgen las metáforas radicales”.

La tauromaquia se paga 10.000 euros mejor que la literatura

torosLas desigualdades en los Premios Nacionales de Cultura no han sido corregidas. El sector del libro es el peor parado. El BOE publicó este martes la cuarta convocatoria del Premio de Tauromaquia dotado con 30.000 euros. Los de poesía, poesía joven, traducción, narrativa, mejor traducción, literatura infantil y juvenil, cómic, literatura dramática, ilustración, historia de España y ensayo valen 10.000 euros menos. 

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El BOE publicó este martes la cuarta convocatoria del Premio Nacional de Tauromaquia dotado con 30.000 euros. Los de poesía, poesía joven, traducción, narrativa, mejor traducción, literatura infantil y juvenil, cómic, literatura dramática, ilustración, historia de España y ensayo valen 10.000 euros menos

Días antes de celebrarse las Elecciones Generales de 2011 que retiraron a José Rodríguez Zapatero de la presidencia del Gobierno y auparon a Mariano Rajoy en el cargo, la Ministra de Cultura Ángeles González-Sinde creaba el Premio Nacional de Tauromaquia, dotado con 30.000 euros para el galardonado. Cuatro años después, el reconocimiento se mantiene tal cual, como las otras 30 categorías, presididas siempre por un Jurado independiente que otorga cada galardón anualmente.

El BOE publicó ayer la cuarta convocatoria del Premio de Tauromaquia “destinado a reconocer la labor meritoria de una persona, entidad o institución durante la temporada española de 2015”. En casos excepcionales también podría otorgarse al reconocimiento de una trayectoria profesional, pero siempre estará dotado con 30.000 euros.

Las desigualdades en la concesión económica no han sido corregidas en estos cuatro años. El sector del libro sale perdiendo con el resto de categorías sin una explicación clara. Poesía, poesía joven, traducción, narrativa, mejor traducción, literatura infantil y juvenil, cómic, literatura dramática, ilustración, historia de España y ensayo están reconocidas con 10.000 euros menos que el de Tauromaquia. Junto a éste, el de artes escénicas para la infancia y la juventud, la danza (intérprete y coreografía), el circo, las músicas actuales, teatro, moda, televisión y cinematografía, artes plásticas y restauración reciben 30.000 euros. De hecho, el dedicado a la mejor labor editorial así como el fomento de la lectura no están remuneradas.

Tal y como reconoce a este periódico la Secretaría de Estado de Cultura, “los Premios Nacionales no son una materia en la que nos hayamos centrado en esta legislatura”. “Tampoco se ha entrado a debatir si hay muchos o pocos premios. Las desigualdades en las cuantías de las concesiones son desigualdades heredadas”, reconocen desde la institución que dirige José María Lassalle.

Sin criterio 

Preguntados por el criterio que fija la cuantía en cada una de las modalidades, desde el Ministerio aseguran que no hay una directriz que los organice y los iguale, sino que cada Dirección General pone los precios que considera. En este sentido, la del Libro, administrada por José Pascual Marco, es la peor parada de todas las áreas. “La cuantía del premio no está vinculada a la importancia del mismo”, indican desde Cultura.

Ignacio Martínez de Pisón, recién señalado como Premio Nacional de Narrativa por su novela La buena reputación (Seix Barral), y Luis Alberto de Cuenca, Premio Nacional de Poesía por Cuaderno de Vacaciones (Visor), declinan comentar esta circunstancia. Curiosamente, éste último tampoco corrigió las desigualdades durante su mandato como Secretario de Estado de Cultura, entre 2000 y 2004. De hecho, las categorías literarias estaban dotadas entonces con 15.025 euros, justo la mitad que las otorgadas por el INAEM, como el Premio Nacional de Teatro (30.50 euros).

¿Tiene futuro la agencia Balcells?

cbA diez días de la Feria de Fráncfort, la cita más importante de la industria editorial -y con el recuerdo de la gran negociadora presente-, el futuro de la agencia literaria Carmen Balcells, la más importante del país, está en manos de su hijo, Luis Miguel Palomares Balcells. Debe decidir si mantener el negocio de su madre o venderlo

 

García Márquez, Edwards, Vargas Llosa, Balcells, Donoso y Muñoz Suay, en 1974. Fotografía: Archivo Balcells

Carmen Balcells, fallecida el pasado lunes en Barcelona, “podría haber evitado la situación en la que ha dejado la agencia”, reconoce al otro lado del teléfono una fuente cercana a la empresa de la superagente literaria que creó en los sesenta el mayor fenómeno comercial de las letras latinoamericanas, con epicentro en Barcelona. Ella era consciente de que el tiempo se le echaba encima y no resolvía ni el agujero financiero ni la transición de su retirada que debía evitar el peligro para los casi 250 autores representados y la plantilla de 20 trabajadores. “Estaba muy preocupada, pero era así: trabajaba a impulsos”.

A diez días de la Feria de Fráncfort, la cita más importante de la industria editorial -y con el recuerdo de la gran negociadora presente-, el futuro de la agencia literaria más importante del país está en manos de su hijo, Luis Miguel Palomares Balcells. Debe decidir si mantener el negocio de su madre o venderlo. Lo más urgente es cerrar la segunda parte del archivo que vendió en 2010 al Estado, por 3 millones de euros. La oferta de José María Lassalle, Secretario de Estado de Cultura, es por un millón y medio de euros y 700.000 euros en desgravaciones fiscales como máximo. Que se airee la deuda con Hacienda tampoco tranquiliza a los escritores.

El calendario ideal obliga al heredero a lanzar al mundo editorial, a sus clientes y a sus autores un gesto de tranquilidad. Sin embargo, parece que la Feria es una cita demasiado prematura como para que Luis Miguel arroje luz sobre el futuro. Las fuentes consultadas explican que la fecha tope para resolver la delicada situación en la que ha quedado todo sería antes de final de año.

‘Qué hay de lo mío’

El tiempo corre en contra del hijo de Balcells, al que tampoco se le conoce una especial dedicación o atención al negocio familiar. “A Luis Miguel se le ha infravalorado mucho. Algunos lo han pintado como un tonto y sabe muy bien lo que quiere”, asegura la fuente cercana a la empresa. La clave para mantener unida a la gran familia es la paciencia de los autores, pero la fidelidad inquebrantable que han mantenido podría deteriorarse según se aleje la fecha del fallecimiento de su amiga.

“Conociendo como conozco a los autores, en estos momentos todos se están preguntando por el “qué hay de lo mío”. Están muy preocupados, sobre todo aquellos que tienen que negociar su próxima novela”, cuenta un editor a este periódico. El compromiso personal sin ella al otro lado de la mesa salta por los aires. “Balcells era mucho Balcells, pero como persona, no como empresa”, explica otro editor para subrayar la identidad de una empresa excesivamente personalista. A pesar de la situación, para los más próximos a los Balcells el equipo es muy solvente y mantiene “solidísimas relaciones con los autores”. A corto plazo no hay peligro de hundimiento.

García Márquez, Vargas Llosa, Allende

“¿Qué proyecto sucede a Carmen?”, se pregunta otra fuente cercana a la agencia. El día a día de la empresa descansa sobre Gloria Gutiérrez y Carina Pons, que mantienen la relación con la mayoría de los escritores. De hecho, Balcells se había centrado en los últimos años en los tres grandes: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa e Isabel Allende. Sin ella los acuerdos y pactos se revisarán. En este sentido, la situación personal del Nobel peruano, en pleno proceso de separación, podría ser decisivo para ratificar o no su relación con la agencia. Es más, su amistad con la agente Mónica Martín -tan dura como Balcells en las negociaciones con las editoriales- presume una futura alianza entre ambos.

En el proceso de desmigue juega un papel decisivo Andrew Wylie, la incógnita más bélica de todas. Para unos, sólo quiere la parte Top del catálogo. “No va a entrar a negociar con el hijo. Lo habitual es que haga un movimiento agresivo y se quede con los tres grandes”, asegura dicha fuente. Para otros, el fichaje del exeditor Cristóbal Pera por Wylie para dirigir sucursal de la agencia del inglés en Barcelona no ha sido más que una cortina de humo cuyo fin último era presionar y desestabilizar a Balcells. Estos piensan que Wylie desea la integración de ambas empresas. Es la versión más amable de la novela que ha empezado a escribirse. De cualquier modo, la confianza de los autores está pendiente de Luis Miguel, que tiene el aliento del chacal muy cerca y debe decidir como nunca lo habría hecho su madre: sin pasión.

Carmen Balcells, la gran especuladora que salvó a los autores

balLectora perspicaz, negociadora nata, generosa, extravagante, alegre e incansable… Carmen Balcells protegió a sus escritores por encima de lo que fuera

En la imagen, Gabo, Edwards, Vargas Llosa, Donoso, Muñoz Suay y Balcells. / Archivo Carmen Balcells

Gabo, Jorge Edwards, Mario Vargas Llosa, José Donoso y Ricardo Muñoz Suay acompañan en la imagen de 1974 a la editora desaparecida.

Cinco tráilers entran en el Archivo General de la Administración (AGA), en Alcalá de Henares, en las Navidades de 2010. Están repletos de cajas con manuscritos, cartas, recibos, comunicados, fotografías, facturas, albaranes… Son las intimidades burocráticas de cinco décadas de trabajo que desvelan una febril actividad dedicada a velar por las necesidades de cientos de escritores, representados por Carmen Balcells, que ha fallecido a los 85 años. La agente vendió al Estado los secretos de sus amigos por tres millones de euros.

Los archiveros clasificaron y catalogaron las tripas de la agencia literaria que obligó a los editores, en pleno franquismo y con la máquina censora a pleno rendimiento, a aceptar los derechos de sus autores. Cinco años después, las estanterías metálicas que rebosan cajas verdes no se pueden consultar. Nadie puede entrar a desmenuzar este bosque impenetrable de la cara oculta y miserable de la actividad literaria, en el que asoman las palabras de Jorge Edwards (Santiago de Chile, 1931) para encargarle la compra de una casa en Calafell. El equipo de Balcells busca la hipoteca para adquirir la casa de dos plantas y ocho millones de pesetas, “a reformar”.

En la misma carpeta del escritor chileno hay una carta en la que le escribe preocupado por “la mordida” de Hacienda sobre sus honorarios de Adiós poeta, una biografía muy personal de Pablo Neruda, publicada en 1990. “Lo ideal sería efectuar el pago a través de una agencia holandesa y pagar los impuestos que correspondan a los contratos de Holanda (si esto es posible)”, pedía el autor de Persona non grata.

“En teoría yo debería pagar impuestos en España y después, de nuevo, en Chile, lo cual significaría trabajar para los fiscos de ambos países. Como esto es absurdo consecuencia de la ausencia de convenios de doble tributación, hay que encontrar soluciones”, advierte. Ella las encontraba. Ella las tenía. Nunca fallaba a sus autores, sobre todo, a los más rentables. Edwards firmó Adiós poeta por un anticipo de 2 millones de pesetas con la editorial Tusquets.

El bosque impenetrable se hizo inaccesible después de las informaciones de los dos únicos periodistas que tuvieron acceso a las bajezas pecuniarias. En las cajas hay de todo y falta literatura. Después de tres días de informaciones, la agente amenazó al Ministerio de Cultura de Ángeles González-Sinde con llevar el asunto a los tribunales si dejaba consultar el archivo que acababa de comprar para hacerlo público.

Vendido y embargado

Balcells se movió rápido y logró clausurar el tesoro mejor guardado del mundo de las letras hasta quién sabe cuándo. Había vendido una gran montaña de humo, repleta de intimidades sensibles. Los papeles iban a ser parte de un centro que acogería el legado de los escritores españoles en un Centro de Creadores. En medio de la ola de leyes que reforzaban la transparencia y la garantía del derecho de la ciudadanía a los archivos, los investigadores se quedaron con las ganas.

Marzo de 1981. Camilo José Cela (1916-2002) terminó La última exclusa y Mazurca de los tres muertos (que terminó titulando Mazurca para dos muertos) pero tenía problemas económicos: “La suspensión de pagos de Noguer y la indecisa actitud de Destino me tienen un poco desorientado y quisiera que tú me hablases de posibilidades y de realidades”. Es una carta manuscrita ocho años antes de que le concedieran el Premio Nobel.

Balcells también tuvo como cliente a Santiago Carrillo (1915-2012). La agente logra vender la primera edición de Eurocomunismo y Estado en Yugoslavia, Grecia, Inglaterra, Portugal, Dinamarca y Turquía. “Cuando termine el Congreso y haya pasado la ‘marabunta leninista’, te enviaré una petición de datos para poder hacer de la mejor manera posible la declaración de renta de Santiago, y un capítulo importante de sus ingresos por no decir el único, a parte del sueldo del Partido son los derechos de autor”, escribe la secretaria del líder del PCE, Belén Pinies (quien pagó la peluca para que entrara clandestinamente en España, en 1976) a Magdalena Oliver, mano derecha de la agente literaria.

El Ministerio remata la compra de parte del archivo que no vendió en su día, según fuentes de la Secretaría de Estado de Cultura. Por los restos de aquella primera venta el Estado pagará, si las negociaciones llegan a buen puerto después del fallecimiento de Balcells, un millón y medio de euros. La venta de los archivos era urgente, la empresa pasaba por una profunda crisis y la agente se movía con rapidez. En la Feria de Fráncfort previa a la primera compra compra se destapó que Miguel Barroso -exsecretario de Estado de Comunicación con su amigo José Luis Rodríguez Zapatero, marido de Carme Chacón e íntimo de Jaume Roures- quería comprarle la agencia. Ella necesitaba un socio con medio millón de euros para ampliar el capital y salvar el bache. Y Barroso hizo todo lo posible, movió todos los hilos para convencerla, pero no fue suficiente.

La mujer más poderosa de las letras españolas negociaba como nadie. Entre los cinco trailers que llegaron al AGA no estaban los papeles de Gabo. Se había guardado una bala en la recámara: se encargó de expurgar los documentos más personales del autor colombiano. Ni siquiera dejó los mecanoscritos que García Márquez le mandaba con sus correcciones. Apenas una petición de Mercedes, la compañera del escritor, en 1989, de la documentación del BMW (40.932 pesetas) que la agencia le había mandado desde Madrid a La Habana…

Champán y chocolate

Era elegante, era leal, creó un imperio en el que no entendía el fracaso e inventó una fórmula que sigue vigente en los contratos entre editoriales y autores de este país. Ha dado la batalla por todos sus autores, los gestos con Ana María Matute, a la que mandaba en taxis sobres con billetes de miles de pesetas para mantener a la escritora dolida y tocada, son inolvidables. Su mundo era color blanco y sabía a champán y chocolate. Era la gran embaucadora, la que era capaz de lo que fuera por defender a los suyos. Ellos firmaban a ciegas lo que ella les ponía delante.

Nunca traicionó la confianza de sus autores y estos se lo devolvieron con una fidelidad sin grietas, que jugó a su favor cuando su ocaso parecía inminente. Al final de su vida se enfrentó a la horma de su zapato: Andrew Wylie, el chacal. Hace un año comunicó que se fusionaba con el gigante internacional de los derechos de autor, pero nunca llegó a realizarse.

Seguía teniendo la última palabra sobre la obra de Mario Vargas Llosa, Gabo, Carlos Fuentes, Javier Cercas, Camilo José Cela, Miguel Delibes, Rafael Alberti, Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza o Jaime Gil de Biedma. Precisamente, Mendoza escribió ante la muerte de su representante: “Mi amistad con Carmen se remonta a 1965 y ha sido y es mi agente desde hace casi cuarenta años. Durante este tiempo, nunca se me ocurrió leer una sola cláusula de los contratos que me pasaba a la firma, como nunca dejé de cumplir a ciegas los consejos que me daba, en el terreno literario y, sobre todo, en el terreno personal. Y puedo asegurar que Carmen ha intervenido en los momentos más importantes de mi vida”.

No quiso rendirse ante Wylie, que mandó la negociación al traste, harto de esperar, y anunció hace un mes el desembarco de su propia agencia en España. Su carisma y su presencia a favor de los suyos sólo ocurre una vez cada 75 años, como poco.

Carmen Balcells, adiós a la madre del ‘boom’ iberoamericano

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La agente literaria Carmen Balcells, ‘impulsora’ en España de Vargas Llosa, García Márquez, Onetti, Jorge Edwards y Cortázar, fallece a los 85 años. Su figura es capital para las letras en español y sin ella sería imposible comprender el movimiento que en los años 60 y 70 fue conocido como el boom latinoamericano.

Adiós a la Mamá Grande de las letras latinoamericanas. La agente literaria Carmen Balcells ha fallecido este lunes a los 85 años. Balcells (Barcelona, 1930) llegó desde la ciudad condal a todo el mundo. Es una figura capital y sin ella sería imposible comprender el movimiento que en los años 60 y 70 fue conocido como el boom latinoamericano. Por su agencia, la primera que comenzó a representar a autores frente a editores en la Barcelona de la gauche divine, pasaron todos los grandes nombres de las letras en español del momento: Vargas Llosa, García Márquez, Onetti, Jorde Edwards, Donoso, Muñoz Suay, Cortázar…

Nacida en 1930 en el municipio ilerdense de Santa Fe de Segarra, en una familia de propietarios rurales, para Balcells Barcelona se convirtió en su ciudad desde los 24 años. Comenzó en 1960, representando al escritor rumano Vintila Horia hasta que éste se trasladó a París y Balcells creó su propia agencia literaria en su propio piso de la ciudad condal.

Desde Barcelona empezó a fichar a autores extranjeros. Cuba fue una de sus primeras fuentes. Cabrera Infante, al que había que rehacer por la censura franquista. Pero también Colombia, con García Márquez. Más que una editora o agente distante, se convirtió en un seguro para ellos, cubriéndoles las espaldas, ayudándoles con pagos, adelantos y problemas familiares.

Su actitud le ayudó a atraer a un buen puñado de autores de Seix Barral, la editorial del entonces editor de referencia, Carlos Barral.

Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar, José Donoso, Alfredo Bryce Echenique, Camilo José Cela, Eduardo Mendoza, Isabel Allende, Vázquez Montalbán, Juan Goytisolo, Gil de Biedma… Todos pasaron por su agencia, y en gran medida la labor de Balcells definió la esencia de aquella Barcelona literaria.

Balcells no se quedó en agente literaria: en los setenta dio el salto a la edición con la apertura de RBA, una empresa de edición junto a Ricardo Rodrigo y Roberto Altarriba.

Honoris Causa por la Universidad de Barcelona y Cruz de San Jordi, la personalidad de Balcells va más allá de los premios. Deja cinco décadas de labor literaria y la creación de un ambiente, un caldo de cultivo del que han salido seis premios Nobel.

Industria editorial: ¿el final del bache?

edicion-papel-crecido-EFE_64503619_35575_1706x1280La caída se ha terminado. Los nuevos datos del sector editorial muestran una leve recuperación. Se publica y se vende más. Los libreros dicen que al cliente le ha cambiado el gesto.

Foto: EFE

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La edición en papel ha crecido un 2,3% / EFE

¿Recuerdan el último CIS? La mitad de los españoles no compra libros, sólo un tercio lee todos los días y, para congelar cualquier esperanza, el estudio asegura que el 35% de la población no lee. Nunca. Con ese panorama, la industria editorial vuelve a aumentar su producción por primera vez en cinco años. Casi 2.000 más en las librerías que en 2013, la oferta lectora para el país que no lee creció en 2014 hasta 90.802 libros. ¿Es un dato positivo?

A Luis Solano, editor de Libros del Asteroide, le parece que las conclusiones del nuevo informe Panorámica de la edición española de libros (no comercial) quizá refleje que se reactiva el negocio del libro y que, sobre todo, los editores han decidido dejar de recortar novedades. Es más, los datos muestran que las primeras ediciones crecen un 1,2% (de 74.806 pasa a 77.310), pero se reimprimen mucho menos. Diagnóstico: la novedad no agota sus ediciones. En 2014 se registraron 1.914 títulos reeditados (en 2010 fueron 5.735, un recorte de más del 60%).

La Federación de Gremio de Editores reconoce que no se ha salido del bache, pero la caída se ha terminado

La edición de libros digitales representa el 22,3% de la producción, pero ha descendido un 1,9% respecto a 2013 (la de libros en papel ha crecido un 3,7%). Los editores explican que este ligero descenso se debe al frenazo en la digitalización del fondo. “Los primeros años digitalizamos mucho”, explica Solano, porque debían recuperar el trabajo atrasado del fondo. “Este año apenas hemos digitalizado, el trabajo ya estaba hecho”, añade.

evolucion-produccion-editorial

“No hemos salido del bache, pero la caída se ha terminado”, así de contundente es el presidente de la Federación del Gremio de Editores (FGEE), Antonio María Ávila. La producción se ha incrementado gracias a la LOMCE, a la vuelta de la edición institucional y el crecimiento de la producción comercial. Lola Larumbe, dueña de la Librería Alberti, confirma este dato: con el cambio de la ley, los libros de texto antiguos han quedado obsoletos y los padres se han visto obligados a comprar los nuevos textos. La LOMCE ha rescatado al sector.

“Todos contentos. Se ha roto el lamento, hay otra actitud”. Cuenta Larumbe que los clientes ya tienen otro gesto. Debe ser la paga extra de los funcionarios. Aunque duda de que el aumento en la producción sea una buena noticia en sí misma, porque el sector debería haberse preguntado qué es lo que quiere producir: “¿Hacia dónde vamos? No se puede asumir tanto título”, recuerda la librera.

El precio es otro de los datos llamativos de la Panorámica: según este informe comprar un libro nunca fue más caro en los últimos siete años. El precio medio ha llegado a 22,2 euros, en 2014. Hace sólo tres años estaba en 19 euros. Antonio María Ávila se revuelve: “Esos precios no son verdad. Los precios de nuestro informe son mucho más bajos. Pese a todo, los libros siguen siendo de los productos culturales más baratos”.

El precio es la vida

El análisis de la FGEE apunta que los lectores pagan 14,29 euros de media. Para la librera Larumbe ese es un precio “estupendo”. “El precio es un factor muy importante. Es bueno que se contengan los precios. Tengo mis dudas de que estemos ante el final del bache, pero es un pequeño respiro para que cojamos aire”, explica a este periódico.

La caída de la reimpresión citada es otra prueba de que el mercado no se ha recuperado todavía, aunque pase por “un lento proceso de ascenso”. El mercado ya no funciona como antes a pesar de que siga dependiendo de los superventas: hay menos best sellers que vendan mucho y no venden tanto.

El informe de la Panorámica muestra cómo las traducciones han caído notablemente en los últimos seis años, pasando de 25.851 títulos a 19.233

El informe del comercio interior del libro publicado por FGEE al que se refiere Ávila aclaraba hace dos meses que en 2014 el sector facturó 2,2 millones de euros, un 1,7% más que el año anterior. Cifra similar a la del incremento de producción.

Por último, las traducciones representan el 21,2% de la producción. El inglés es la lengua más traducida, con el 50,2% del total. Pero han caído notablemente en los últimos años. En 2008 se tradujeron 25.851 títulos (la cifra más alta de todas) y en 2014, tan sólo fueron 19.233. La editorial Libros del Asteroide, precisamente, ha incrementado sus títulos en castellano y aminorado sus traducciones.

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Nikkei compra el FT

Nuevo orden en la información financiera. Pearson, el grupo de educación y medios británicos, se desprende del diario Financial Times (FT), el mítico periódico que dio nombre a la prensa salmón a comienzos del siglo XX. Ha sido su dueño durante el último medio siglo, pero llevaba tiempo intentando venderlo. La sorpresa ha llegado por el lado comprador después de que el grupo nipón Nikkei se haya impuesto con su oferta a las propuestas del alemán Axel Springer, los británicos de Thomson Reuters y la estadounidense Bloomberg.

En la imagen, Naotoshi Okada, consejero delegado de Nikkei. 

Nuevo orden en la información financiera. Pearson, el grupo de educación y medios británicos, se desprende del diario Financial Times (FT), el mítico periódico que dio nombre a la prensa salmón a comienzos del siglo XX. Ha sido su dueño durante el último medio siglo, pero llevaba tiempo intentando venderlo. La sorpresa ha llegado por el lado comprador después de que el grupo nipón Nikkei se haya impuesto con su oferta a las propuestas del alemán Axel Springer, los británicos de Thomson Reuters y la estadounidense Bloomberg.

La operación se ha cerrado en 844 millones de libras (1.200 millones de euros al cambio actual) y excluye el 50% de las acciones que FT Group, filial de Pearson, tiene en la prestigiosa publicación The Economist. Este parece haber sido el factor determinante para que los nipones de hayan llevado el gato al agua. La revista británica cuenta además con otros accionistas de prestigio (John Elkann, Rotschild…)  y unos estatutos blindados ante un  cambio de control que hubiesen complicado la venta.

La desinversión en el FT -adelantada el miércoles por la agencia Bloomberg- se había situado en torno a los 1.500 millones de euros, una inyección de capital que cae como agua de mayo en Pearson para expandir su negocio digital de venta de libros y educación. Entre ellos se encuentran los activos de la empresa española Santillana (como las editoriales Alfaguara, Taurus, Aguilar), que adquirió en 2014 junto a su socio alemán Berstelmann.

Desconocido ante los ojos occidentales, Nikkei edita el Nihon Keizai Shimbun, considerado el mayor diario económico con 3 millones de ejemplares diarios en la calle. Es incluso más antiguo que el FT (fue fundado en 1876 frente a 1888 del británico). Ambos periódicos centenarios han dado nombre a dos de los índices de bolsa más reconocidos del mundo: el Ftse 100 británico y el Nikkei 225 japonés. FT Group cerró 2014 con unas ventas de 344 millones de libras (cerca de 500 millones de euros), apenas el 10% del total del negocio de Pearson.

Por su parte, Nikkei superó los 1.000 millones de euros el pasado año. Más a allá del buque insignia de la prensa japonesa, sus actividades incluyen la publicación de libros y revistas especializadas en finanzas o asuntos jurídicos. Junto a Financial Times y FT.com (que suman unos 700.000 suscriptores de pago), el grupo japonés se quedará con cabeceras como The Banker, otra de las lecturas habituales para los financieros de la ‘City’ londinense.  Nikkei, que celebrará su 140 aniversario en 2016, comenzó hace dos años un plan de expansión fuera de su país con el lanzamiento de ediciones en chino e inglés en el sureste asiático. Con la adquisición del FT, el grupo japonés da la vuelta al globo terráqueo y amplía su presencia en EEUU, Reino Unido y Europa.

Más operaciones a la vista

De forma comparativa, su competidor directo The Wall Street Journal -el segundo en papel con una tirada diaria de 2,1 millones de ejemplares y una de las webs más visitadas del mundo- fue adquirido en 2007 por News Corp junto a la agencia de noticias Dow Jones, Barron’s y Marketwatch. El precio pagado se situó en los 5.600 millones de dólares (unos 4.600 millones de euros). Pero fue antes de la crisis financiera y de la doble crisis de la prensa: financiera -aparejada al exceso de endeudamiento durante los años de bonanza- y de producto, con el inicio de la transición del papel al formato digital en el consumo y distribución de la prensa.  Durante el periodo de crisis, las operaciones más destacadas en el sector han arrojado valoraciones muy inferiores a las que se registraban hasta 2007. Para muestra, la venta de The Washintong Post a Jeff Bezos en 2013 por apenas 250 millones de dólares o de la revista Business Week a Bloomberg en 2009 por un importe que apenas llegó a 5 millones.

En España los económicos Cinco Días (Grupo Prisa) y Expansión (RCS Mediagroup) también se encuentran entre la partida de activos disponibles para la venta. El regional Heraldo de Aragón compró en julio el gratuito 20minutos, de ámbito nacional, por una cantidad simbólica que supone la asunción de la deuda del grupo. Sin embargo, algo está cambiando de nuevo en el sector. No solo por la venta de Financial Times, sino también de por el gran hito reciente de la prensa digital: los 4.400 millones de dólares que pagó en mayo la operadora Verizon por AOL, editora de las cabeceras digitales The Huffington Post, Engadget o Techcrunch.

Exterminando librerías

La cifra es, cuando menos, llamativa: cada día cierran dos librerías en España. Naturalmente, es de mal gusto llegar siquiera a sugerir que a algún lector, de esos que han dejado de comprar libros porque se los bajan de sitios donde están copiados de forma ilegítima, pueda serle achacable alguna responsabilidad. Ya se sabe, en este país, de infanta para abajo, todos podemos acogernos a las palabras mágicas: yo no he sido.

La cifra es, cuando menos, llamativa: cada día cierran dos librerías en España. El día que salta la noticia la difundes en Twitter, por si a alguien le mueve a reflexión. La culpa, alegan los tuiteros que responden, es del IVA cultural (que en los libros de papel no es tan gravoso, aunque sí en los ebooks, que por otra parte pocos compran), de la crisis económica, de que los libros son caros, los libreros vagos y bordes, los editores sucias aves carroñeras. A los escritores no les arrean, quizá porque ya hace años que están extintos como profesión remunerada, salvo raras excepciones. Naturalmente, es de mal gusto llegar siquiera a sugerir que a algún lector, de esos que han dejado de comprar libros porque se los bajan de sitios donde están copiados de forma ilegítima, pueda serle achacable alguna responsabilidad. Ya se sabe, en este país, de infanta para abajo, todos podemos acogernos a las palabras mágicas: yo no he sido.

O a eso, o a las excusas. Hay dos principales y ambas, cada día que pasa, resultan más pasmosas. La primera viene a decir: “Sí, me apropio de lo que no es mío y sin retribuir el trabajo de quien lo hizo, pero soy pobre y eso me autoriza”. Una justificación que no parece tenerse para enfrentarse a los guardias de seguridad de supermercados y almacenes a fin de proveerse de otros productos no menos necesarios, empezando por la comida. La segunda excusa también se las trae: “Pirateando estoy difundiendo y compartiendo la cultura, fomento el derecho a acceder a ella”. Y si al oír esto osas enarcar la ceja, lo mismo te espetan que como creador debes contentar al cliente, o que no te das cuenta, porque tus entendederas no alcanzan, pero el hecho de que otros se apoderen de tu trabajo, con claro ánimo de lucro o provecho propio, te favorece y debes estarles agradecido.

Vamos a dejar un par de cosas claras, antes de seguir. Naturalmente que en la debacle de las librerías españolas pesan varios factores, y que algunos de ellos son los que invocan los afectos a la causa del expolio digital (pero no para resolverlos, a ellos qué más les da, sino como feliz disculpa para el latrocinio). También cabe achacar a las propias víctimas una parte de sus males: la edición y distribución de libros podrían funcionar mejor, incluso las propias librerías. Y si me apuran, hasta esos escritores caídos en insolvencia podrían ser, pese al hambre y las horas que deben dedicar a otras ocupaciones por las que sí les pagan algo, más ocurrentes y talentosos. Como cualquier empresario o profesional de los muchos que, pese a ello, siguen laborando entre nosotros y no han sido sentenciados a muerte. El cambio de circunstancias que ha sufrido el libro no era necesariamente letal: no lo está siendo en otros países de nuestro entorno. Lo que mata es el desamparo absoluto de sus derechos, que nuestros gobiernos sí se permiten, pero no otros.

Por supuesto que hay trabajo por hacer, y que el sector editorial no puede ni debe eludirlo, para ser más competitivo y adaptarse mejor al lector de hoy. La cuestión es cómo se opera ese cambio (cómo se financia, entre otras cosas) cuando el producto en que se basa tu actividad es de apropiación libre. Cómo se aguza el ingenio para competir con una oferta de precio cero para el consumidor, porque quien la sirve se las arregla para drenarle de forma torticera el valor al libro (vía publicidad, tráfico u oscuros servicios de telefonía), despojando a quien lo creó de la inversión y el esfuerzo que permiten producirlo.

Las cifras cantan. ¿Por qué en el mismo periodo trienal, 2011-2014, el sector editorial español ha perdido un 40% y el alemán ha aumentado su aportación al PIB de su país? Porque en Alemania el libro de papel ha perdido algo de cuota en beneficio del ebook que el alemán paga religiosamente, y ese mercado nuevo ha más que compensado la bajada del tradicional. Mientras, entre nosotros el libro de papel se ha visto canibalizado a saco por ese agente devastador que es el ebook por la patilla, sin que un anémico mercado digital (los usuarios beneméritos que pudiendo servirse vía Google tienen el escrúpulo de pasar por caja) haya podido paliar mínimamente el desastre.

No es el único factor, pero tiene toda la pinta de ser el más importante o, cuando menos, el que nos diferencia de otros países europeos donde la librería tradicional pasa apuros también, con una redistribución de la cuota de mercado a favor de otros operadores, pero no se produce la masacre acelerada que hay entre nosotros. Allí la economía del libro no se jibariza como lleva camino de jibarizarse la nuestra, para ganancia de oscuros operadores de la economía sumergida y de personajes que se lo gastan en Nueva Zelanda, en detrimento de quienes trabajan para hacer libros en España y del contribuyente español, que ha de poner los impuestos que ese tráfico deja de devengar.

Volviendo al principio, uno podrá entender, o no censurar, que quien pasa necesidad se las apañe como pueda, incluso si llega a apoderarse del fruto del sudor ajeno. Lo que no es de recibo, ni debe consentir un país civilizado, es que esa conducta tenga el beneplácito social, y menos aún que se la excuse incluso en el caso de quien sin padecer verdadera necesidad rapiña por comodidad o por avaricia (que haberlos, haylos).

Y es magnífico defender el derecho a la cultura y su difusión, pero para eso ya están las bibliotecas, servicio público que también actúa en el ámbito digital; y quien tenga esa vocación a título privado puede ejercerla sin tasa con el inmenso acervo cultural en el dominio público, que casualmente no es el que suele difundirse en los repositorios piratas, ni es lo que suele llenar los Kindles e iPads de los apóstoles de la compartición. La mejor manera de apoyar y favorecer el resto del patrimonio cultural, el que tiene creadores y derechos vivos, es ponerle un mendrugo de pan en la boca a quien lo produce, en lugar de arrebatárselo. Por esa vía, lo único que se favorece es su indigencia, su precariedad y a la postre (ya pasa en ciertos ámbitos, como el de la traducción de otras lenguas, cuyo coste no hay modo de recuperar, fuera de unos pocos títulos) su merma y desaparición.

Y esto, guste o no, es lo que hay, al margen de otras cosas, ante la indiferencia de unas autoridades que claramente tienen otras prioridades, y la facilidad de tantos ciudadanos para legitimar todo comportamiento, dañino para otro, que les convenga. Sigamos exterminando librerías, y culpando de la mortandad a cualquiera que se nos presente a propósito, empezando por los propios libreros. Quizá algún día los echemos de menos.