La charada de Gowex, un año después: el día de la infamia para la bolsa de ‘pymes’ española

En color, de izquierda a derecha, los directivos de Gowex:  Javier Solsona, Tania Roel, Francisco Martínez Marugan, Jenaro García, y Florencia Maté.

La ‘charada Pescanova’ fue el título de un informe anónimo que el 1 de julio de 2014 dinamitó la existencia de Gowex y atrapó a más de 5.000 inversores. La empresa de Wifi gratis representaba un caso de éxito empresarial sin parangón en España, pero todo era mentira. Fue una estafa que cotizaba en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB), la bolsa para ‘pymes’ propiedad de la empresa BME.

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Jenaro García, presidente y fundador de Gowex.

Una charada es un pasatiempo. Un juego de palabras que representa una farsa y da pistas para llegar a la conclusión. Pescanova había sido el mayor escándalo contable de la historia en España. La ‘charada Pescanova’ fue el título de un informe anónimo que el 1 de julio de 2014 dinamitó la existencia de Gowex y atrapó a más de 5.000 inversores. La empresa de Wifi gratis representaba un caso de éxito empresarial sin parangón en España, pero todo era mentira. Fue una estafa que cotizaba en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB), la bolsa para ‘pymes’ propiedad de la empresa BME. El inesperado evento atrapó a miles de accionistas y provocó una herida en la credibilidad de supervisores, auditores, analistas y medios. Decenas de pymes españolas que cotizan ahí sufren las consecuencias de aquellos días de infamia.

La justicia de Batman 

A día de hoy, la identidad de Gotham City Research, la firma que elaboró aquel análisis, sigue sin estar clara. El objetivo del informe fue destapar el engaño de la empresa dedicada a la creación de redes wifi gratuitas en las ciudades. La conclusión: la empresa no vale 1.400 millones, sino 0 euros; el 90% de todos sus ingresos (182 millones de euros en 2013) son falsos. Aquel martes 1 de julio, Gowex se derrumbó en bolsa un 50% y fue suspendida de cotización. Gotham -nombre que recibe la ciudad de Batman- fue recompensada con aura de credibilidad pese a seguir en el anonimato.

Era  la vía poco ortodoxa elegida para dar a conocer uno de los más importantes fraudes empresariales en España. En EEUU reciben recompensas por parte del supervisor SEC (la CNMV americana) por sus chivatazos o trabajos para desenmascarar abusos de mercado. El domingo 6 de julio, Jenaro García, presidente y fundador de Gowex, admitió el engaño masivo, urdido a través de una trama de sociedades pantalla para lograr una facturación ficticia y desviar dinero a cuentas en el extranjero. Sus cuentas auditadas, revisadas por analistas y periodistas, eran papel mojado. Las consecuencias aún hoy son visibles y siguen en el aire.

¿Qué queda de Gowex?

Hoy es una compañía fantasma. Su cotización bursátil sigue suspendida por el regulador, apenas tiene actividad empresarial y la mayor parte de los contratos suscritos con ciudades rescindidos (Orense, Burgos…) y la plantilla reducida al mínimo. Pese a haberlo solicitado, el juez no ha aceptado el concurso de acreedores, tal y como se puede comprobar en el registro público concursal de Justicia. La falsedad de las cuentas de los últimos años -con las que tendría que justificar la situación de quiebra- es una de las causas por las que no se aceptó, según explican desde la Asociación Europea de Inversores Profesionales (Asinver).

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Los destinos de la empresa hoy son dirigidos por Javier Solsona, otrora director corporativo y consejero de la compañía. Lo hace bajo mandato del juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz. A preguntas del periodista, el directivo se niega a dar detalles sobre los planes de futuro mientras prepara una comunicación oficial tanto para el magistrado como para el propio regulador del mercado. Sí asegura en una declaración escrita estar “en proceso de conseguir la viabilidad de la empresa para que a posteriori podamos reactivar su cotización en mercados”. El primer paso: el obligado ‘lavado de cara’ de la marca empresarial, con una mancha difícil de borrar. El nombre de WifiActiva es el elegido para intentar su renacimiento. Bajo ese nombre comercial se encuentra una sociedad fundada en 2010 y cuyo administrador único es la propia Gowex. En su página web, en la que se presenta como una compañía que ofrece “soluciones de conectividad gestionada”, cuenta con los mismos datos de contacto que Gowex.

Una larga batalla judicial

Tras el estallido del escándalo, llegó la primera estimación de daños: 5.000 inversores poseían unas acciones sin cotizar y que, en la práctica, valían 0 euros. Muchos de ellos acudieron llamados por una rentabilidad sin parangón (la acción de Gowex llegó a multiplicar por 12 su valor en tan sólo año y medio). La mayoría destinó pequeñas cantidades de dinero. Ésa es la principal causa por la que hoy sólo un reducido grupo esté movilizado para tratar de recuperar su dinero. “Era, en gran parte, gente acostumbrada a operar en bolsa y con un nivel adquisitivo medio-alto; no tiene nada que ver con casos como las preferentes de Bankia”, reconoce Javier Sotos, letrado del bufete de abogados Moreno-Luque, uno de los que se presentó como acusación popular a través de una asociación de afectados.

¿Dónde se encuentra el proceso judicial un año después? En julio de 2014 el procedimiento se inició por vía penal. Hoy sigue en fase de instrucción, tras la imputación de más de una decena de personas, entre las que se encuentra Jenaro García, hoy en libertad tras pagar 600.000 euros de fianza. La acusación popular es representada, tras la petición del juez de unificar a los cinco colectivos presentados, por el Partido Político de los Perjudicados por las Preferentes, dirigido por Joaquín Yvancos, exabogado de José María Ruiz Mateos. En la acusación particular, están personados ocho accionistas e inversores particulares junto al Banco Santander.

¿Habrá responsables más allá de Gowex? Ahí es donde tiene depositadas sus esperanzas la Asociación Europea de Inversores Profesionales (Asinver). Prepara una demanda por la que más de 200 pequeños inversores afectados exigirán responsabilidades más allá del consejo de administración de la compañía. Espera presentarla “en las próximas semanas”. Su tres objetivos: el asesor registrado (Ernst & Young) que hizo las veces de ‘Cicerone’ en la salida a bolsa; el regulador (Bolsas y Mercados) que debía velar por el funcionamiento del parqué, y la sociedad de valores (Beka Finance, antigua Bankia Bolsa) encargada de ‘colocar’ las acciones y proveer de liquidez a la tecnológica. ¿Hasta cuándo habrá que esperar? Esa es quizás la pregunta más complicada de responder. Según las estimaciones de Javier Flores, de Asinver, pasarán al menos tres años antes de se conozca quiénes pagarán por este escándalo y si, finalmente, los afectados podrán recuperar algo del dinero que tenían invertido en la empresa.

El auge y caída del MAB

MAB son las siglas que dan nombre al Mercado Alternativo Bursátil. Propiedad de la empresa BME, la sociedad de bolsa españolas, es un parqué que inició su actividad en 2009 con el objetivo de dar cabida a compañías en expansión en busca de financiación alternativa.  Se creó inspirada en sus homólogos Alternext (Francia) o AIM (Reino Unido). Unas barreras de entrada mínimas era el principal reclamo. La primera en aterrizar fue Zinkia, productora audiovisual hoy inmersa en un concurso de acreedores. Después llegaron Imaginarium y la propia Gowex. En total, 26 compañías registradas de sectores tan diversos como la biotecnología, la energía, las telecomunicaciones o el comercio electrónico.

Tras aquella primera semana de julio de 2014 se generó un estado del pánico después de meses de una acentuada euforia. “Hubo una desbandada generalizada de los inversores”, reconoce ahora Juan Sainz de los Terreros, secretario general de Aemab (patronal de las empresas del MAB de reciente creación) y director financiero de Facephi. Muchos particulares salieron. “Y no han vuelto, quizás algunos de ellos no tenían que haber estado nunca”, reconoce Jordi Rovira, de Mabia, una de las firmas de análisis del mercado. Además, numerosos fondos nacionales y extranjeros también dieron el portazo tras cundir la desconfianza. Hoy siguen sin regresar.

“Algunos por estética o por marca han decidido no regresar”, recuerda Rovira. Las compañías de mayor tamaño anunciaron su salto al mercado continuo por el miedo al contagio. Carbures, Ibercom Másmovil, Ebioss y Eurona lo hicieron público el lunes tras la confesión de Jenaro García. Un año después, pese a los intentos, todas continúan cotizando. El balance es incontestable: un desplome de más del 80% en el parqué desde los máximos tocados en los primeros seis meses de 2014, según el índice bursátil (no oficial) de Mabia. Todavía no se ha recuperado del descalabro.

Las dudas se posaron sobre muchas de las compañías. “Se generalizó injustamente”, reconocen desde la Aemab. El caso de Carbures, la que segunda con mayor capitalización en bolsa, es paradigmático. Las dudas contables de la auditora en su balance del primer semestre del pasado año hundieron a la compañía casi un 70% en tan sólo tres meses. La modificación de las cuentas de la firma gaditana, con nuevos criterios con los que rebajaba sus ingresos a la mitad y reconocía pérdidas, calmó los ánimos. Otras, como Facephi, se han tenido que enfrentar a la incertidumbre sobre su modelo de negocio. La puntocom Bodaclick anunció hace justo un año su liquidación. Hubo también numerosas suspensiones de cotización.

Un año después, ¿está preparado el MAB para evitar un nuevo Gowex? No. El secretario general de la patronal del mercado es tajante. “Pero al igual que ocurre en el Nasdaq o en el Ibex”, apostilla. En este tiempo, el Congreso ha aprobado la Ley de Fomento de la Financiación Empresarial. Establece tres grandes medidas con las que se persigue petrecharse ante otros casos. Sin embargo, todo sigue igual en los laxos requisitos económicos que se les exige a las nuevas compañías que coticen. Sólo deben estar en fase de comercialización de sus productos y con unos ingresos “significativos”.

Mirando al futuro

“El MAB está muy tocado, pero ni mucho menos hundido”, reconoce Terreros. Él cree que el escándalo Gowex ha significado un cambio “radical”. Y lo explica: “Ha representado un punto y aparte… Por desgracia, porque ha habido empresas que han sufrido y por suerte porque muchos de los inversores que entraron sin preguntar se han dado cuenta de que no todo es estupendo ni todo son buenas noticias”. Tanto Aemab como la propia sociedad de análisis Mabia se preguntan si lo que se quiere es un mercado de grandes empresas, que no necesiten esa financiación, o de pymes entre las que, por naturaleza, debe haber quiebras y caídas.

En este sentido, la recién creada patronal pone de ejemplo al homólogo británico AIM donde han dejado de cotizar por problemas económicos en los cuatro primeros meses del año casi medio centenar de compañías, pero sigue habiendo un millar que se mantienen. Y aquí Aemab hace hincapié en lo que para ellos es fundamental: “Hay que hacer un esfuerzo brutal en información y en explicar qué es el MAB”. Con ese ingrediente sobre la mesa, ellos se muestran optimistas con el crecimiento futuro.

Gowex representó durante algunos años los valores del éxito de un proyecto tecnológico hecho a sí mismo desde España. Su estallido minó la confianza del ecosistema ‘startup’, la importante comunidad que forman inversores y emprendedores centrados en crear empresas innovadoras. Fue temporal y ha quedado casi en el olvido. Las cifras de inversión en el sector ‘startup’ y tecnológico en España dan un voto a la esperanza, pero la opinión pública todavía sigue con la mosca detrás de la oreja. “En el gran público, que juega un papel muy importante, el caso Gowex ha generado una falta de credibilidad muy grave y peligrosa”, apunta Javier Megías, fundador de Startupxplore, una plataforma que pone en contacto a compañías con potenciales inversores. Ante este escenario, defiende la necesidad del sector de guardar distancias con un proyecto como el de Jenaro García y de resaltar los casos de éxito. “Que los hay y muy buenos”. Un año después de aquella ‘charada’ de Gowex, las heridas todavía no han cicatrizado.

Así se recluta a un yihadista en España

Las autoridades desmantelaron en abril una célula yihadista cuyo epicentro estaba en Ca N’Anglada, un barrio deprimido de la ciudad de Terrassa. Sus habitantes describen aquí las claves del grupo, cuyos miembros fueron detenidos en Bulgaria antes de unirse al grupo Estado Islámico. 

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Las autoridades desmantelaron en abril una célula yihadista cuyo epicentro estaba en Ca N’Anglada, un barrio deprimido de la ciudad de Terrassa. Sus habitantes describen aquí las claves del grupo, cuyos miembros fueron detenidos en Bulgaria antes de unirse al grupo Estado Islámico


El coche fue interceptado el 16 de diciembre en el check-point de Kapitan Andreevo, en la frontera entre Turquía y Bulgaria. Sus ocupantes se llamaban Taufik, Kaike y Mohamed y habían conducido 2.700 kilometros durante tres días.

Habían partido unos días antes de Ca N’Anglada, un barrio de las afueras de Terrassa (Barcelona). Atravesaron Francia, Italia, Eslovenia, Hungría y Rumanía. Su objetivo era unirse a las filas del grupo Estado Islámico en Siria, donde les esperaba Abdellatif Chahmout, un vecino que sí llegó. La policía búlgara impidió ese encuentro. Siguiendo las directrices de la Interpol, los tres fueron arrestados justo antes de entrar en Turquía. Un juez de Haskovo ordenó su extradición a España, donde ingresaron en prisión.

Aquellos tres yihadistas fueron los primeros encarcelados de la operación Caronte, que concluyó el 8 de abril con un balance de 14 detenciones y el desmantelamiento de la mayor célula terrorista desarticulada en Cataluña. Llevaba por nombre Fraternidad Islámica para la Predicación de la Yihad y casi todos sus integrantes residían en los barrios periféricos del extrarradio de Barcelona.

Entre sus miembros había un peluquero granadino, un camarero brasileño, un barcelonés en paro y un rapero de Tarragona. A ellos se suma un político neonazi catalán, que no formaba parte del clan pero les conseguía las armas.

No parece a priori el perfil de los integrantes de un grupo yihadista. Sin embargo, el auto del juez Santiago Pedraz asegura que casi todos ocupaban un rol destacado dentro de la estructura de la organización. Una información que revela la importancia que han cobrado los “nuevos musulmanes” en el terrorismo islámico.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

1. El adolescente brasileño.

El primer converso detenido se llama Kaike Luan Ribeiro Guimaraes y responde a un perfil de nuevo yihadista: extranjero, de raíces no musulmanas y marcado por el desarraigo. No procede de ningún país árabe sino de Formosa, un pequeño pueblo próximo a Goiás, Brasil. Tiene 18 años y lleva un par de años viviendo en España.

De familia muy humilde, fue educado en la fe cristiana evangelista y su bagaje laboral se limita a unos meses ejerciendo como camarero. En su entorno no hay consenso acerca de los motivos que le llevaron a cambiar de religión.”Sólo iba a la mezquita a rezar”, explica su hermana al diario digital InfoTalQual. “No es un terrorista sino una buena persona que encontró su fe en el islam”.

Otros apuntan que la conversión de Kaike podría responder a razones económicas. Es el caso de Amin Baghar, presidente de la Asociación Cultural Musulmana de Terrassa, que dice que los captadores se aprovechan de la crisis, de la situación de desamparo y de la desesperación: “Identifican a los chavales más necesitados y les lavan el cerebro. Les ofrecen un sueldo alto por irse al frente. Hasta 2.000 o 3.000 euros mensuales en algunos casos. Cantidades que son muy difíciles de rechazar. Se lo plantean como unas vacaciones pagadas. El problema es de la yihad uno no vuelve, y eso es lo que no cuentan”.

Baghar recuerda el día en el que Kaike abrazó el islam: “Acudí a su ceremonia de conversión en la mezquita de Terrassa. Fue un día feliz y todos lo veíamos muy seguro de su decisión. Pero entonces le advertimos de que los conversos son una presa fácil para los quienes captan adeptos para el salafismo”.

La premonición acabó por cumplirse y Kaike tardó sólo unos meses en convencerse de que su futuro pasaba por unirse a la yihad.

Los jóvenes del barrio no se creen la hipótesis económica. Un chico marroquí de 18 años, vecino de los detenidos, opina que “son personas que vivieron una mala vida y encontraron refugio en la religión. No hay más”. Además, considera irreal la presunta contraprestación económica. Dice sin rubor que “por 3.000 euros al mes me iba yo a pelear a Siria y eso que soy ateo”.

El joven no quiere dar su nombre por miedo a posibles consecuencias. “No quiero que se me relacione con este asunto por dar una opinión. En el barrio tenemos la impresión de que, por poco que hagamos o digamos nos van a meter en la cárcel. Una foto de Facebook ya te puede meter en problemas”, susurra. Esta sensación de caza de brujas flota cada vez con más intensidad en las calles del vecindario. “Hasta los niños musulmanes esquivan estos temas en público. En sus casas les ordenan que eviten hablar de estas cuestiones en la calle para no levantar sospechas infundadas”, explica la monitora de un centro cívico con mayoría de niños magrebíes.

Amin Baghar dice conocer a todos los miembros de la célula y está seguro de que algunos no tienen nada que ver con lo que les imputan: “Yo pienso en Reda [uno de los últimos detenidos, acusado de ser uno de los bastiones ideológicos del grupo] y no creo que esté implicado. En la mezquita todo el mundo se conoce. Al final intuyes quién puede y quién no puede formar parte de una cosa así. Conocemos incluso a los policías infiltrados. Los saludamos sin ningún problema”.

Baghar asegura detestar el fenómeno del yihadismo. “Aunque los radicales sean una minoría, sus acciones están salpicando a todos los musulmanes”, dice. “Ahora estamos todos en el mismo saco que esa minoría. Yo estuve trabajando hace poco en Francia y mis compañeros simulaban explotar cuando me acercaba. Puedes tomártelo con humor una o dos veces pero al final resulta inaguantable y te tienes que cabrear. Todo esto es lo que provoca el terrorismo. Violencia que engendra violencia”.

En Brasil deslizan otra posibilidad acerca de las razones que llevaron al joven Kaike a cambiar de religión. En Formosa, su pueblo natal, un policía amigo de la familia declaraba a la cadena Globo que Kaike entró en el Islam “porque estaba enamorado de una chica marroquí, según nos dijo su madre”. Pero también hay quien piensa que Kaike no era más que un infiltrado que dinamitó la célula desde dentro. Su pasado como cristiano militante ha disparado los rumores entre algunos musulmanes de planteamientos radicales. No lo dicen, y mucho menos en público. Pero lo escriben. Una pintada próxima a la mezquita de Terrassa refleja este pensamiento: “Kaike is cristiano”.

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Sea como fuere, Kaike se rebautizó como Hakim y empezó a relacionarse con miembros de Fraternidad Islámica. Aunque censado en la localidad vecina de Monistrol de Montserrat, pasaba la mayor parte del tiempo en Terrassa, en el piso ocupado en el que malvivía Taufik. Aquel ático se convirtió en el escenario de muchas de las reuniones de la célula. Kaike se imbuyó allí del salafismo radical, viendo algunos vídeos de decapitaciones y de niños de diez años ejecutando a “infieles”.

Al final Kaike dio el paso. Engañó a sus padres diciendo que se marchaba de viaje de fin de curso a Mallorca y emprendió la frustrada travesía a Siria de la mano de Taufik y Mohamed, el último miembro de la terna.

Sus conocidos aseguran que se trata de una persona con profundas convicciones religiosas. Cuando compareció ante el juez búlgaro que ordenó su extradición, recitó versículos del Corán a la espera de las preguntas del magistrado, según explica el diario búlgaro Dneven Trud. Su hermano también fue detenido en la segunda parte de la operación, aunque luego fue puesto en libertad.

2. A la entrada de la mezquita.

Rashid Alí es el director de InfoTalQual, un periódico digital de Terrassa que presta especial atención a las noticias relevantes para la comunidad árabe en Cataluña.

Alí es marroquí pero reside en Terrassa desde hace 15 años y asegura que la radicalización de Kaike (y del resto de miembros de la célula) no tiene sus raíces en internet sino en los corrillos que se forman a la salida del rezo, en la plaza frente a la mezquita de Terrassa.

Allí actúan los captadores salafistas. Se trata de musulmanes que se rigen por la ley islámica radical y que consideran impío a quien no la obedece. Defienden el regreso al Islam más puro, más primitivo. Imitan a Mahoma hasta en sus hábitos de comida o vestimenta. Sostienen que el Corán no está sujeto a interpretaciones, por lo que deben obedecer el texto al pie de la letra. Son violentos, odian a los occidentales y no dudan en menospreciar a los musulmanes moderados.

La tarea de los más radicales consiste en lograr adeptos para su causa. Personas que estén dispuestas a enrolarse en la yihad, unirse al frente sirio, atentar contra los cristianos o decapitar impuros. “Dentro de la mezquita no tienen poder. De hecho, consideran que el imán es un impuro porque no se somete a la ley islámica. Lanzan el cebo en la puerta del templo y no les resulta difícil encontrar a algún incomprendido dispuesto a escucharlos”, sostiene Alí.

No es la versión de Taufik Cheddadi, antiguo imán de Terrassa, que apuesta por internet como puerta de entrada al terrorismo. Chedaddi, que también es sociólogo e Islamólogo, expone que en la red “hay más intimidad y mucha más información”.

“También tendríamos que valorar otra cuestión”, explica Cheddali. “¿A quién pertenecen estas páginas? Canadá, Francia, Estados Unidos son los responsables de que estos contenidos estén en la web. Internet se convierte en el principal escenario para captar a estos jóvenes desarraigados y descontentos. En la mezquita seguro que no se radicalizan. Precisamente la mezquita es garantía de lo contrario: de control y convivencia. Lo que hagan en la puerta de la mezquita ya está fuera de nuestro control. Pero tampoco podríamos identificar a estas personas. No llevan escrito en la frente buen musulmán o mal musulmán”.

La radicalización del individuo puede tener varios orígenes. Pero si algo tienen en común casi todos los detenidos de esta operación es su lugar de residencia. El periodista Rashid Alí ha seguido el caso en detalle y no le sorprende que la mitad de los detenidos residan o hagan vida en un mismo barrio: Ca N’Anglada.

“La mayor parte de los magrebíes de esta zona vive virtualmente en los países árabes”, dice Alí. “Levantas la mirada por cualquier calle y lo único que ves son antenas parabólicas. La gente sintoniza Al-Yazira hasta para ver el fútbol que dan en abierto por TVE. Apenas les interesa lo que pasa aquí. No tienen demasiados alicientes. ¿Qué importancia tienen los musulmanes en los medios españoles? Interesan sólo cuando hay un caso de terrorismo. Los políticos lo saben pero no hacen nada por solucionarlo. No existe un proyecto de integración, por muchas conferencias que programen desde los partidos”.

3. Un gueto en la periferia.

La realidad que describe Alí ha convertido a Ca N’Anglada en el caldo de cultivo ideal para el desarrollo del terrorismo islámico. Este barrio periférico de Terrassa se convirtió hace 20 años en el epicentro musulmán de la ciudad.

En los años 90, el boom de la construcción revalorizó los barrios de nuevo cuño y devaluó la vieja Ca N’Anglada. Los precios de aquellos viejos caserones y pisos protegidos de la época franquista mantuvieron un precio más razonable que el resto de inmuebles de la localidad. Eran pisos baratos que acogieron a nuevos vecinos con poco poder adquisitivo, en su mayoría inmigrantes del norte de Marruecos, de Tánger o Tetuán. Personas de un carácter mucho más hermético y reservado que sus compatriotas de Casablanca o Rabat.

El efecto llamada hizo el resto y Ca N’Anglada se acabó convirtiendo en una especie de gueto. Una versión española de las banlieu francesas: barrios periféricos de las grandes ciudades en los que la pobreza y la escasez de oportunidades acaban deviniendo en un embrión de la violencia. Hoy los 13.000 marroquíes censados conforman el 6,07% del padrón de una ciudad de 200.000 habitantes. Pero la gran mayoría vive concentrada en este distrito que conoció su máximo esplendor en los años 70 y 80 como eje comercial de la deprimida zona oriental de la ciudad.

Si Terrassa pasa por ser un suburbio de Barcelona, Ca N’Anglada es el suburbio del suburbio. Una zona ubicada a las afueras de la ciudad, sin industrias ni servicios ni futuro. En las paredes de las plazas hay pintadas que exaltan a dos jóvenes pùgiles magrebíes que encontraron en el boxeo su plan de fuga y ahora se ganan la vida como profesionales. Ambos se han convertido en ídolos de una nueva generación que se apunta en masa a los gimnasios para emularlos.

“Las salidas de los chicos pasan por la violencia, el boxeo o la yihad”, explica Aziz, un vecino magrebí que lleva casi 20 años en el barrio. Dice sentirse preocupado por la deriva radical que han emprendido algunos de sus jóvenes compatriotas aunque cree que “estos problemas han llegado de la mano de la crisis”.

No se refiere sólo a la mala situación económica sino a lo que llama “una crisis de valores” y dice que “son chavales desarraigados, sin valores ni sentimiento de pertenencia”. Es algo que corrobora Jamal, un magrebí de 18 años que reside en el barrio desde su infancia: “Yo aquí no soy más que un moro. Pero bajo a Marruecos y mis primos me ven como un europeo estirado. Y cuando subo a Francia o a Bélgica, soy un español más”.

La importancia del desarraigo la comparte el imán Taufik Cheddadi: al abordar las noticias de las detenciones prefiere no personalizar “porque no es una cuestión de nombres”. Tiene una teoría elaborada:”“El morbo vende. Debemos hacer un análisis mucho más profundo. ¿En qué hemos fallado para que nuestros hijos, algunos de los cuales no saben ni hablar árabe, se vean inmersos en este tipo de problemas? Muchos fracasan en la escuela, se meten en las drogas, no van a la mezquita. Es más un problema de desarraigo, de identidad. No saben de dónde son y se convierten en personas a merced de los manipuladores”.

Cheddadi recuerda que siempre ha habido musulmanes en España y nunca hubo problemas de terrorismo. “Entre los años 50 y los años 70, muchos árabes contribuyeron a reconstruir el continente”, explica. “Ahora Europa se ha convertido en un exportador de terroristas. Lo que debemos analizar es qué problema tenemos en Europa. No si el islam es bueno o malo”.

El imam aboga por afrontar la religión islámica “como lo que es: parte de la historia de España aunque algunos no quieran verlo. Se tiende a relatar la historia del país sobre el pasado griego, romano y judeocristiano. Pero el Islam ha estado presente aquí durante muchos siglos en de forma mayoritaria. Si aprendemos a integrar este concepto en la enseñanza de los más pequeños, estaremos dando el primer paso para lograr evitar exclusiones y discriminaciones injustas”.

4. Rumbo a Siria.

La sensación de exclusión lleva a menudo a buscar la aceptación en una comunidad que les abra los brazos. “El Estado Islámico les ofrece una bandera, unos ideales, un concepto de hermandad utópico, y el único requisito exigido es abrazar el salafismo y morir por esos ideales corrompidos”, resume Baghar.

El desarraigo, la pobreza y la falta de oportunidades acaban sumiendo a los más jóvenes en situación difícil de mantener. Ahí es donde entra en juego la yihad.

El grupo Estado Islámico se ha convertido en un polo de atracción. Cualquier individuo puede pasar de sentirse un cero a la izquierda a considerarse imprescindible. Ni siquiera es necesario hablar árabe: “La estrategia de captación de Estado Islámico se basa en el concepto de las brigadas internacionales de la Guerra Civil española”, dice Alí. “Proponen un ejército conformado por soldados de todos los países. Comunicarse tampoco es difícil porque siempre los voluntarios siempre pueden encontrar a alguien que proceda de su país y les haga mucho más llevadero el proceso de integración”.

Según Alí, los estímulos que llegan a través de las redes sociales construyen una imagen del Estado Islámico casi irresistible: “Cuelgan fotos de muyahidines con grandes coches y armas, con poder. No descartan a nadie. No importa que te postules como soldado, como suicida o como trabajador. Siempre hay algo por hacer en un estado en construcción”.

Las motivaciones para unirse a una célula terrorista no son siempre las mismas.

En torno a Kaike se barajan hipótesis relacionadas con la religión, el dinero, el amor e incluso la traición.

Quienes conocen a Taufik tienen menos dudas: “Lo que buscaba era legitimar su violencia. Se trata de una persona violenta, con muchos problemas de adaptación y poca suerte en la vida”, señala Alí, que recuerda que Taufik tenía antecedentes por robo y narcotráfico. “Había pasado un tiempo en prisión. Delinquía y siempre se metía en líos. Llegó Estado Islámico y le ofreció irse a Siria a cortar cabezas y cobrar por ello. Aquello le convertiría en un héroe. Le estaban prometiendo una recompensa por hacer todo lo que aquí en España le suponía una condena. El dinero se acaba gastando. Ganar una reputación y encontrar tu lugar en el mundo son conceptos mucho más duraderos”.

Taufik se convirtió en uno de los elementos con más peso en la célula. Su carisma, su arrojo y sus planteamientos radicales le convirtieron enseguida en una de las voces más respetadas del círculo.

Que en el coche interceptado en Bulgaria viajaran tres personas fue una casualidad. Estaba previsto que con ellos viajase un cuarto miembro de la célula que al final no pudo unirse a la expedición.

El magistrado que instruye la causa explica que Said Touay, otro de los detenidos residentes en Ca N’Anglada, había manifestado su intención de enrolarse en Estado Islámico. “Tenía intención de partir con su familia o de atentar en España si no conseguía marcharse”, explica en su auto. La imposibilidad de llevarse a los suyos le llevó a permanecer en España y a seguir acudiendo a las reuniones del grupo.

“Con la marcha de Taufik, Kaike y Mohamed, su peso específico en la célula aumentó”, dice el auto del magistrado, que añade que “hacía proselitismo, justificaba el terrorismo y veía vídeos de acciones violentas, ejecuciones y canciones yihadistas de Estado Islámico”.

5. El peluquero y el neonazi.

Estas sesiones de exposición intensiva a discursos terroristas se desarrollaban sobre todo en el domicilio del cabecilla del grupo. Antonio Sáez es un peluquero granadino que reside en Sabadell y que encontró en el islam el refugio a una vida de excesos.

Se casó con una marroquí, se rebautizó como Alí, abandonó su adicción al alcohol y se entregó en cuerpo y alma al integrismo islámico.

Nadie en su barrio podía sospechar de sus actividades. “Se hizo musulmán, se dejó barba, sí, pero era un ciudadano ejemplar. Ayudaba a todo el mundo. Nadie podrá decirte una mala palabra de Antonio en este barrio”, resume Manuel, uno de sus vecinos. A pesar de las apariencias y de que “siempre saludaba”, Antonio fue el fundador de la célula terrorista y el alma del grupo.

El terrorismo procura extraños compañeros de viaje. En la peluquería que regentaba, el granadino conoció a Diego José Frías, un neonazi que lideró las listas electorales de dos partidos de extrema derecha: Movimiento Social Republicano (MSR) y España 2000. El odio a los judíos los unió, según explica el auto del juez.

Frías tenía afición por las armas y eso le convirtió en la persona encargada de conseguir el arsenal. Ambos planeaban atentar contra una librería judía de Barcelona y contra una sinagoga.

Pocos en Sant Quirze, donde vivía Frías, pueden creer que aquel joven xenófobo haya acabado en prisión por colaborar con la yihad. “No doy crédito; nunca hubiese imaginado que se relacionase con moros y mucho menos que planease atentar con ellos”, explica Xavier, un joven vecino de la urbanización en la que residía Frías. Lo define como “un tipo con las ideas claras que no escondía sus ideas racistas y sus planteamientos contrarios a la inmigración” aunque “creo que para todo su entorno ha resultado una sorpresa”.

No es la única sorpresa que entraña este caso. La última la han protagonizado las fuerzas policiales. Los Mossos d’Esquadra denunciaron recientemente que miembros de Policía Nacional alertaron a los miembros de esta célula yihadista del seguimiento que se les estaba realizando.

Este presunto chivatazo motivó que los integrantes de Fraternidad Islámica se pusiesen en guardia y modificasen sus planes iniciales. El conseller de Interior de la Generalitat, Ramon Espadaler, aseguró que los miembros de la célula se enteraron en noviembre de que les estaban investigando. Un soplo que según el conseller puso en peligro la operación y la integridad del agente de los Mossos que se hallaba infiltrado en el grupo.

Espadaler aseguró que los terroristas, al verse detectados, precipitaron su marcha a Siria por lo que hubo que alertar a la policía búlgara de que los interceptara antes de que entraran en las filas de Estado Islámico.

La alianza entre fundamentalistas islámicos y ultraderechistas es uno de los argumentos que esgrimen los expertos para eximir a la religión de ser la causa de la radicalización.

“Mezclar terrorismo yihadista e islam es propio de imbéciles”, dice José María Gil Garre, director del departamento de Estudios contra el Terrorismo del Instituto de Seguridad Global. “Es como si confundiéramos el terrorismo de las milicias cristianas de la República Centroafricana con la religión cristiana o a los grupos budistas que despellejan vivos a los musulmanes en Birmania con el hecho religioso budista”.

Gil Garre sostiene que los detenidos no han experimentado una conversión religiosa sino ideológica. “El terrorismo yihadista es una ideología que se apoya en unos argumentos muy definidos y en textos e interpretaciones del hecho religioso islámico”, dice. “El terrorismo yihadista es una basura ideológica y pseudoreligiosa. Retuerce el único libro en el que dicen creer, el Corán, hasta hacer que determinados textos signifiquen y digan lo que en realidad no significan ni dicen”.

Esta visión retorcida es la que se está llevando a más jóvenes al Estado Islámico. El Ministerio del Interior cifra en 60 el número de españoles que se hallan en los territorios ocupados por el grupo. La mayoría están en Raqqa la ciudad más importante de la región.

Entre ellos se encuentra Abdellatif Chahmout, el único vecino de Ca N’Anglada del que se tiene constancia que se haya unido a los terroristas. Llegó a Raqqa con escala en Alemania y no encontró ningún impedimento en su camino. El billete se lo pagó Lahcen Zamzani, otro de los detenidos en la operación Caronte.

No sólo le abonó aquel pasaje. También le dio las pistas para llegar mediante un itinerario seguro: haciendo escala en alguna ciudad alemana. El país cuenta con el mayor número de ciudadanos turcos de la Unión Europea y la conexión aérea con Turquía (paso previo a la entrada a Siria) es más habitual y fluida que en otros países. Los controles son mucho menos férreos. Abdellatif hizo escala en Dusseldorf y no encontró ningún obstáculo para alcanzar territorio sirio.

“De todos modos, antes casi todos los caminos eran seguros”, dice el periodista Rachid Alí. “Los españoles que se han unido a Estado Islámico llegaron a Siria entre 2012 y 2014. Durante ese intervalo, el control de las fronteras era nulo. Los gobiernos occidentales eran conscientes de que había gente que se marchaba a combatir con los radicales, pero a nadie interesó frenar ese fenómeno. Entonces el enemigo era el presidente Bashar al Asad e interesaba tener a gente peleando contra él. Ahora las cosas han cambiado”.

Los españoles que se unieron al Estado Islámico antes de que se endureciesen los controles fronterizos empiezan a echar raíces en su nueva patria. Hasta el punto de que el pasado mes de abril nació el primer español en territorio ocupado por el grupo. Se trata del primogénito de Kokito Castillejos y Assia Ahmed.

Casillejos es un informático de Ceuta que se unió a la yihad en 2013 y que ahora pasa por ser uno de los miembros más sanguinarios del ISIS: se ha hecho célebre en la red por fotografiarse con las cabezas de los enemigos a los que él mismo decapita. Ella es una ceutí que se marchó siguiendo sus pasos, logró atravesar la frontera siria y se unió a él en matrimonio. Ahora Assia ha dado a luz a un niño en Siria, según dice José María Gil Garre, director del Instituto de Seguridad Global.

El periodista Rachid Alí cree que España volverá a sufrir el impacto del terrorismo islámico. Entre otras cosas porque el problema ya no es un coto exclusivo de inmigrantes árabes. Cada vez más españoles caen las redes del terrorismo islámico.  Es una guerra hipodérmica que discurre por debajo de la piel y que cada vez resulta más difícil de identificar.