Carmen Martínez-Bordiú vuelve a ser la ‘reina de la chatarra’

CARMEN MARTINEZ BORDIU Y LUIS MIGUEL RODRIGUEZ POR LAS CALLES DE SEVILLA  24/04/2015 SEVILLA

Carmen Martínez-Bordiú podría confirmar este miércoles que ha vuelto con Luis Miguel Rodríguez, el ‘rey de la chatarra’. Lo hará en la presentación de la próxima colección de una conocida firma de moda en la que con toda seguridad eclipsará el estreno de la última película de la mismísima Penélope Cruz.

En la imagen, Carmen Martínez-Bordiú y Luis Miguel Rodríguez. /GTRES

Carmen Martínez-Bordiú y Luis Miguel Rodríguez pasaron la Semana Santa en Sevilla. /GTRES

Carmen Martínez-Bordiú se convierte este miércoles en madrina de la colección primavera-verano de COUCHEL, la firma de tallas grandes de El Corte Inglés que se presentará en el Palacio de Cibeles. Hace tiempo que no escuchamos a la nieta de Franco en un photocall y esta rentrée promete: tendrá que confirmar si ha vuelto como asegura su entorno con Luis Miguel Rodríguez, apodado el “rey de la chatarra” o simplemente son amigos con derecho a roce.

Cuentan a EL ESPAÑOL, que Bordiú se refiere a Luismi como su pareja; con él ha acudido a varias corridas de toros este verano y en agosto le invitó a pasar unos días en en el Pazo de Meirás (A Coruña), donde su madre, la duquesa de Franco, aprovecha el verano para recibir a gran parte de la familia. Sin embargo, no todos los planes los hacen juntos. Él ya ha confesado en más de una ocasión que “no es hombre de una sola mujer”. Prueba de ello, es que el pasado mes de mayo, acudió a la Feria de San Isidro acompañado de una mujer diferente cada tarde.

La pareja estuvo saliendo durante casi dos años, aunque no lo hicieron oficial, puesto que él estaba casado. Carmen fue la que puso fin a esta relación “oficiosa” en agosto de 2014 a golpe de talonario en la portada de ¡Hola! Según su propia versión, no soportaba las infidelidades del propietario de Desguaces La Torre. Pero unos meses después se dejaron ver juntos, en fiestas, cenas para dos y corridas de toros a los que ambos son aficionados.

Luismi estrena soltería

Luismi se separó finalmente de su mujer en marzo de este año y estrenó soltería haciendo planes con Bordiú. La relación entre ambos es tan buena, que a día de hoy él sigue pagando el alquiler del fabuloso piso de la Calle Velázquez en Madrid, que eligió y decoró Carmen como nidito de amor durante su “affaire”. Los muebles los puso ella, siempre ha querido aclararlo.

Convertida ahora en una sexy sesentona, no quiere perder el puesto de socialité que se ganó a pulso durante su época dorada. Y más aún cuando una de sus mejores amigas y confidentes, Isabel Preysler, vuelve a reinar en el couché con su romance con el Nobel, Mario Vargas Llosa. Bordiú ha sabido adaptarse a la época y trabaja como bloguera de viajes en una revista. Se ha tomado en serio su papel y este verano ha estado en  Mallorca, Sotogrande, la Costa Azul y Japón. Ha hecho lo propio con su vida sentimental, por eso a lo que los demás llaman novio, ella lo llama amigo.

Este miércoles eclipsará a la mismísima Penélope Cruz, que estrena su nueva película Ma ma en el cine Capitol de Madrid. La organización ha decidido acreditar sólo a medios gráficos. Vamos que sólo habrá fotos y ninguna declaración. Así que el Oscar se lo lleva esta vez la nietísima que tiene mucho que contar y para eso era ya portada de las revistas cuando la actriz de Alcobendas aún no había nacido.

Por qué no es verdad que los hombres son más infieles

Parejas

La filtración de los datos de la web Ashley Madison ha demostrado que los mitos mandan al hablar de la infidelidad. Ningún estudio científico avala la tesis de que los varones sean más proclives a engañar a sus parejas. 

Parejas

Son casi 10 GB de datos y oro en polvo para buscadores de escándalos y exclusivas. Pero a la hora de interpretar los datos robados a la web de citas Ashley Madison, hay que tener cuidado. Como muchas otras informaciones sobre la infidelidad, sus cifras pueden llevar a equívocos.

Uno de los datos que más llama la atención en un primer vistazo apoya uno de los mitos más extendidos en torno a este asunto: que los hombres son más infieles que las mujeres. Son varones más del 80% de los supuestos usuarios del portal (su identidad está lejos de haber sido confirmada).

Un segundo análisis lleva a una interpretación muy distinta. Mientras un 18,2% de los perfiles que ha rellenado la casilla de sus preferencias sexuales corresponde a mujeres casadas que buscan hombres, solo un 6,1% son varones casados en busca de una aventura extramarital con otra mujer. Así, según estos datos, serían las mujeres las más interesadas en ser infieles.

A photo illustration shows the Ashley Madison website displayed on a smartphone in Toronto

Sin embargo, la ciencia no avala ninguna de las dos hipótesis. Aunque existen estadísticas sobre todo sociológicas de porcentajes de infidelidad por género, esas cifras son muy dispares y tienen una fiabilidad cuestionable. La gran mayoría de las últimas difundidas en España son estudios encargados por portales de citas similares a Ashley Madison, por compañías fabricantes de preservativos y juguetes sexuales o por laboratorios farmacéuticos dueños de fármacos para la disfunción sexual eréctil.

Los datos aparentemente más fiables sobre infidelidad por género en España se remontan a una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de 1995. Entonces confesaba haber sido infiel el 46% de los varones españoles. Sólo el 17% de las españolas respondía a la misma pregunta que sí.

Un trabajo mucho más reciente, realizado por la firma demoscópica Ipsos en 2014 para el portal de encuentros extraconyugales Gleeden, afirma que un 35% de los hombres ha sido infiel a su pareja frente a un 26% de las mujeres.

Una encuesta española citada por el psicólogo argentino Javier Martín Camacho en su libro Fidelidad e infidelidad en las relaciones de pareja señala, por el contrario, una tendencia opuesta, en la que el 67% de las mujeres son infieles frente a un 52% de los hombres.

Disparidad en los números

Este baile de cifras confirma que no hay datos que avalen un mayor predominio de la infidelidad conyugal en hombres o mujeres. “No hay estudios rigurosos ni evidencia científica que permitan establecer una afirmación”, dice a EL ESPAÑOL el médico Vicente Bataller, presidente de Sexólogos Sin Fronteras. “Yo creo que históricamente la mujer ha sido más discreta a la hora de cometer infidelidades porque estaba peor visto en su género”.

En EEUU existe más de evidencia científica al respecto, aunque también basada en encuestas. Uno de los estudios más completos, citado por el New York Times en 2008, es de David Atkins, profesor de la Universidad de Washington.

Atkins demostró que la infidelidad había aumentado considerablemente en 15 años sobre la base de los resultados de la Encuesta Social General, un sondeo similar a la Encuesta Nacional de Sanidad que se lleva a cabo en España y que en cambio no pregunta sobre la infidelidad.

El 20% de los hombres mayores de 60 años declaraba haber sido infiel alguna vez en su vida en 1991 mientras la cifra se elevaba al 28% en 2006. La subida era aún mayor entre las mujeres. Sólo un 5% de la misma edad afirmaba haber engañado a su pareja en su vida en 1991 mientras en 2006 lo había hecho el 15%.

“Las diferencias en fidelidad se pueden deber más a las presiones culturales que a una distinción real en las conductas sexuales. Los hombres con muchas parejas se suelen percibir como viriles mientras que las mujeres en la misma situación son consideradas promiscuas. Además, históricamente las féminas han vivido aisladas en granjas o en casa con los niños, lo que les ha dado menos oportunidades para ser infieles”, explicaba el investigador en el mismo artículo.

¿La hormona del infiel?

En 2008, un estudio con más de 1.000 participantes pareció dar soporte científico a los que apuntaban a un porcentaje mayor de infidelidad masculina. Publicado en el PNAS, una prestigiosa revista de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, un investigador del Instituto Karolinska de Suecia demostró que la presencia de dos copias de una variante genética presente en los hombres -el alelo 334- se asociaba a más problemas maritales incluyendo un mayor riesgo de infidelidad.

Sin embargo, el propio autor principal señaló a Efe que la influencia de los niveles de la hormona vasopresina -la que regula el gen en cuestión- en las relaciones sociales es “modesta” e insuficiente para predecir de forma exacta el comportamiento futuro de un hombre en una relación de pareja.

Para quien no hubiera escuchado esa parte del mensaje, la ciencia volvió a cuestionar la evidencia siete años después. En 2014 otro trabajo, también nórdico, publicado en la revista Evolution & Human Behaviour afirmaba haber descubierto nuevas variantes genéticas asociadas, esta vez, con la infidelidad femenina.

Por lo tanto, ni genes ni comportamiento social. Estamos lejos de saber qué género es más infiel. No tenemos suficientes datos para conocer la respuesta.

Foto: Russell Lee / The Library of Congress

Ashley Madison, ¿víctima o responsable?

A photo illustration shows the Ashley Madison website displayed on a smartphone in Toronto

¿Son los supuestos y misteriosos miembros de Impact Team unos activistas que se preocupan por la moralidad y la seguridad de los usuarios o son los responsables de una extorsión en toda regla? ¿Es la matriz de Ashley Madison, la compañía canadiense Avid Life Media, una víctima del ataque o la que ha fallado estrepitosamente en la custodia de los datos más sensibles de sus clientes, que confiaban en su supuesta “seguridad al 100%”?

Con la filtración de información de millones y millones de cuentas de la red social Ashley Madison se ha destapado una cantidad ingente de datos personales -muchos de ellos comprobados como reales– cuyos dueños confiaban en la discreción del servicio. La acción, reivindicada por un oscuro grupo autodenominado Impact Team, ha acaparado la atención mundial, en parte debido a la naturaleza de los datos expuestos: el objetivo que publicita esta red social es facilitar la infidelidad.

En un comunicado, Avid Life Media, sociedad matriz del portal, afirmaba esta semana: “Este evento no es un acto de hacktivismo, es un acto criminal, es una acción ilegal contra los miembros individuales de Ashley Madison, así como contra cualquier empresa que libremente elige participar en actividades en línea totalmente legales”. “El criminal o criminales que participan en este acto se han nombrado a sí mismos jueces, jurados y verdugos de la moralidad […] No vamos a permitir a estos ladrones que impongan su ideología personal sobre ciudadanos de todo el mundo”.

En el otro extremo, los hackers razonaban de otro modo. “¿Se encuentra usted en esta lista?”, pregunta Impact Team a los usuarios que ha colocado bajo el foco publico. Y añade: “Fue Avid Life Media quien le falló y le mintió. Demande y reclame daños y perjuicios. Luego siga adelante con su vida. Aprenda la lección y haga las paces. Será vergonzoso ahora, pero lo superará”.

La información que se puede encontrar en los 9,7 GB de datos filtrados inicialmente (habrá muchos más; en una entrevista los miembros de Impact Team aseguran tener hasta 300 GB de datos internos de la compañía, decenas de miles de fotos ‘íntimas’ de usuarios, contenidos de chats…) profundiza en multitud de detalles personales. La lista es interminable: supuestos nombres, direcciones postales, transacciones con fecha y cantidad, algunas geolocalizaciones, hábitos personales y, de forma extremadamente pormenorizada, las costumbres y tendencias sexuales. Todo ello proporcionado a Ashley Madison por los clientes de la red social.

Suponiendo que toda esa información sea auténtica, “estamos hablando de datos especialmente protegidos, como son las preferencias sexuales”, comenta el abogado especializado en internet Carlos Sánchez Almeida. Efectivamente, en España la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD) otorga a la información sobre la vida sexual un rango de especial protección.

La letra pequeña

Como en todo servicio, existen unos Términos de Uso que el cliente acepta al darse de alta (pocos los leen, por cierto) y que en el caso de Ashley Madison no garantiza que la información que se proporciona o que ellos recopilan no será divulgada a terceros. Es una especie de salvaguardia frente a las filtraciones.

Samuel Parra y Verónica Alarcón, socios del bufete ePrivacidad, afirman: “En los Términos de Uso una empresa puede poner lo que quiera, pero cualquier tipo de cláusula que sea contraria a la ley se entenderá por no puesta; y algo es contrario a la ley no sólo cuando ésta lo prohíbe, sino también cuando la ley te obliga a hacer algo y tú pactas lo contrario sin cobertura legal”.

“Esto significa , en el caso de Ashley, que esa cláusula concreta en la que dice que no garantiza que la información no vaya a ser divulgada a terceros no la exime de responsabilidad”, añaden. Y concluyen: “Esa cláusula, como si no existiera”.

¿Y la responsabilidad?

Por la vía administrativa: Almeida sostiene que, aunque pudiera existir una infracción de la LOPD, la Agencia de Protección de Datos “poco o nada puede hacer” contra la matriz de Ashley Madison, situada en Canadá. Samuel Parra, sin embargo, no está de acuerdo: “Ashley Madison tiene la obligación y responsabilidad de mantener seguros los datos personales de sus clientes/usuarios; en España, el tema de la seguridad de los datos personales es una obligación legal para cualquier empresa, ya que así lo indica el artículo 9 de la LOPD”.

Recuerda el experto que la compañía tiene oficinas en Nicosia (Chipre), “que es, de hecho, donde se ocupan de la privacidad”. “Un ciudadano español no solo podría exigir responsabilidad por la filtración sino también solicitar a la AEPD que se bloquee el acceso al sitio o sitios web donde han colgado la información personal ilícita extraída”, comenta.

Parra asegura que “Ashley Madison debería hacer todo lo que estuviera en su mano para evitar que terceros no autorizados puedan acceder a la información y en estos casos se suele entender que es una obligación de resultado, de forma que, si al final se difunden datos, se podría entender que no hizo todo lo que estaba en su mano, aunque habría que ver exactamente cómo consiguieron los intrusos esa base de datos”. A su juicio, “esta compañía tendría una responsabilidad administrativa desde el punto de vista de la legislación sobre protección de datos en el caso de que se le aplicasen las leyes españolas”.

Algo parecido le sucedió a la empresa tecnológica Arsys, que en 2007 sufrió un ciberataque que comprometió datos bancarios, teléfonos y domicilios de miles de usuarios españoles. La compañía fue multada por Protección de Datos precisamente por incumplir su deber de custodiar de dicha información.

Por la vía civil: La compañía también podría enfrentarse a una acción civil (o varias), aunque sólo en Canadá. Almeida sostiene que esta acción podría materializarse en una class action o acción colectiva, en la que varios afectados se unen y contratan a un gabinete especializado que lleve su caso.

Por la vía penal: Según Almeida, penalmente sólo se puede actuar contra el o los hackers, es decir, contra el autor de la filtración, salvo que Canadá contemple como delito la negligencia en la custodia de los datos.

En este sentido, Samuel Parra recuerda que “la responsabilidad de los ciberintrusos es de naturaleza distinta: según la información disponible ahora mismo sobre la intrusión, ellos pueden haber cometido un delito de revelación de secretos tipificado en los artículos 197.2 y 197.3 del Código Penal español, con penas de prisión de hasta cinco años”.