El espejismo Corbyn

 REUTERS/Toby Melville

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La elección de Jeremy Corbyn como líder laborista fue saludada en sectores de la izquierda española con una efusión que evoca ejemplos recientes, no siempre con final feliz. 

La elección de Jeremy Corbyn como líder laborista fue saludada en sectores de la izquierda española con una efusión que evoca ejemplos recientes, no siempre con final feliz. Pablo Iglesias intentó capitalizar un supuesto paralelismo, “hurtándole” a Corbyn a la familia socialdemócrata –a la que, bien es cierto, es probable que sólo pertenezca por las particularidades del sistema de partidos británico. Con el fiasco de Tsipras aún presente, quizás la prudencia aconsejaría no correr a abrazarse a figuras que en poco tiempo se consumen en la hoguera de la política real ni intentar apropiarse a toda costa de triunfos que, además de ajenos, pueden acabar amargando.

Pero, al margen del tacticismo electoral, el súbito entusiasmo con Corbyn –que antes fue Tsipras, que antes fue Hollande, que antes fue…– refleja la lectura distorsionada a la que aboca fijarse en personajes y discursos antes que en realidades subyacentes. La elección de Tsipras en enero podía significar un mandato contra la austeridad y un hartazgo respecto a los dos grandes partidos, pero difícilmente que una mayoría de griegos hubieran decidido superar el capitalismo o romper con la UE. Así lo indican a las claras la nueva victoria electoral de Syriza tras la rendición de julio pasado y el fracaso de su escisión purista. El fervor sobrevenido por Corbyn también corre el riesgo de interpretaciones excesivas.

Una de las claves de la elección de Corbyn ha sido el nuevo procedimiento, adoptado durante el mandato de Miliband. Si el antiguo sistema otorgaba el mismo peso a tres colegios electorales (sindicalistas, parlamentarios y afiliados), el nuevo consagra el principio de “un afiliado, un voto” y favorece a las bases frente a las elites del partido. Además, se han simplificado los trámites para afiliarse y votar: uno se registra por Internet y pagando una cantidad más bien simbólica. Este sistema, por cierto, despertó en su momento el miedo de que comunistas y tories se infiltrasen… para votar a Corbyn.

Esta simplificación ha tenido el efecto de multiplicar la afiliación, atrayendo entre otros a un gran número de jóvenes antes desafectos con el partido o la política en general. Hasta qué punto estos votantes jóvenes (ideológicos e hipermovilizados en internet) o las bases laboristas más a la izquierda sean representativos del votante mediano británico en unas generales está por ver, pero no parece haber demasiados motivos para el optimismo.

Como señala David Goodhart en Prospect, la elección de Corbyn no parece corresponder a ningún giro en la opinión pública sino más bien a la búsqueda entre los votantes más politizados de un mensaje distinto y una esperanza tras la mediocridad galopante del período post-Blair, y dada la dificultad de la socialdemocracia actual para ilusionar o vender un proyecto distintivo. Hay incluso quien equipara el protagonismo de Corbyn con el de Nigel Farage en la derecha: candidatos que sobresalen del adocenado discurso político del establishment, vacuo, carente de imaginación y de alternativas, más preocupado de no incurrir en incorrecciones de mensaje o valores que de proponer nada emocionante o disruptivo. Pero lo que para el UKIP puede ser un nicho satisfactorio o exitoso, para el laborismo significa quedarse al margen de las mayorías sociales que dan acceso al gobierno. Frente a las bases laboristas más ideológicas o el universitario de clase media que ha pagado tres libras para votar a Corbyn, la realidad electoral británica aún debe de parecerse más a aquel “Mondeo man” popularizado por Tony Blair: un votante tradicional laborista pero orgulloso de su modesta prosperidad y de los signos de su trabajosamente adquirido estatus, que empieza a percibir el socialismo como una amenaza antes que una esperanza.

Dato interesante: Goodhart compara desfavorablemente a Corbyn con Podemos, en cuanto el partido español sí reflejaría un cambio profundo de tendencia en el electorado. Entre las razones para la desafección de los jóvenes españoles hacia el “sistema”, y muy singularmente hacia el Partido Socialista, están sin duda la dualización y precarización del mercado de trabajo, donde la socialdemocracia y los grandes sindicatos han aparecido más como colaboradores necesarios que como protectores. Esta crisis de aspiraciones se refleja también, sin duda, en el el movimiento pro-Corbyn; aunque, como apunta Goodhart, los jóvenes británicos quizás sean en conjunto más conservadores en términos económicos que los españoles.

Sin embargo, la distribución ideológica de los españoles no ha virado más que marginalmente a la izquierda durante esta crisis. En origen, el propio 15M reflejaba no sólo descontento político y una crisis de representación, sino la frustración larvada de unas aspiraciones materiales básicas, y no exactamente revolucionarias: trabajo, vivienda, la capacidad de construir una vida autónoma y formar una familia. Nada indica que las mayorías de gobierno se ganen ahora peleando por valores extremos de la escala ideológica; ni que la propia escala se haya transformado en ese “arriba vs. abajo” que resume la hipótesis populista de Podemos; ni, en fin, que el espacio de Pablo Iglesias vaya a ser más amplio que el de un hipotético Labour radicalizado. Los problemas de la socialdemocracia, que son reales, no se van a solucionar respondiendo al reflejo de los activistas y el comentariado progresista de “girar a la izquierda” después de cada derrota. Sobre todo si eso significa idealizar el pasado antes que afrontar el presente.

John McDonnell, responsable de Hacienda en el Shadow Cabinet de Corbyn, bromeó en cierta ocasión con que le gustaría viajar al pasado y matar a Margaret Thatcher. La ocurrencia, de mejor o peor gusto, retrata un cierto talante, de nuevo más preocupado por personajes, manifestaciones y símbolos que por el trasfondo. La intelligentsia de izquierdas a menudo parece empeñada en luchar contra fantasmas, y en prepararse concienzudamente para ganar todas las guerras pasadas. Porque, por supuesto, el menor de los problemas de la socialdemocracia europea hoy es Margaret Thatcher. O el giro hacia el “rigor” de Mitterrand en 1983. O, para el caso, Angela Markel. Pese a los discursos apocalípticos, la socialdemocracia ha triunfado en más de un sentido, y muere de éxito: asumida en alguna medida su agenda económica y de valores por todo el espectro político, la paradoja es que hoy parece ofrecer poco de diferencial. Nadie que aspire al gobierno en Europa puede oponerse frontalmente al Estado de bienestar y algún grado de redistribución, e incluso EEUU comienza a mirarse en el espejo escandinavo. Los problemas de verdad atañen a cómo sostener esos Estados de bienestar con una demografía adversa y una realidad laboral compleja, cómo redefinirlos para atender las nuevas urgencias sociales, y cómo conjugarlos con el crecimiento y una inmigración que a veces las clases medias y populares perciben como amenazante.

Los partidos socialistas se enfrentan a dificultades estratégicas que encajan mal en la lógica izquierda-derecha clásica. Goodhart enumera algunas. Sus electorados tradicionales están envejecidos, y la lógica del obrerismo se disipa en economías tercerizadas. En España, como apuntábamos, la dualidad laboral agranda esta fractura entre votantes tradicionales y jóvenes precarios, subempleados y frustrados. Los jóvenes universitarios urbanos y los votantes de más edad, rentas más bajas o circunscripciones rurales divergen en valores: si los primeros comparten una perspectiva posmaterialista con buena parte de sus coetáneos, los otros a menudo defienden valores más tradicionales. Por fin, hay que sumar el dilema territorial, que en el Reino Unido se refleja en la pérdida de Escocia para el laborismo -léase en España el hundimiento del PSOE en alguno de sus feudos tradicionales. ¿Qué soluciones plantean los partidos socialistas en Europa y en España para superar estos retos? No está escrito que sean capaces de generar de nuevo grandes coaliciones sociales uniendo a los trabajadores fijos, a los jóvenes sobrecualificados, a los working poor, a los autoempleados, a los partidarios de más autonomía frente al gobierno central o la UE, a quienes reniegan de la carga fiscal que implica el bienestar, o a quienes recelan de compartir ese bienestar con inmigrantes. (Tampoco sabemos, por cierto, qué opinan de todo esto los supuestos émulos españoles de Corbyn, salvo su decidida voluntad de pescar en el caladero socialista.) Nada es para siempre: los viejos partidos liberales europeos, los socialdemócratas suecos o los laboristas israelíes son testigos de que las hegemonías desaparecen cuando las coaliciones de votantes y los equilibrios sociales que las sostienen se esfuman.

¿Significa esto que el talante y la ideología de los líderes son irrelevantes, y que Corbyn pasará sin pena ni gloria, como muchos vaticinan? Los liderazgos, cuando disfrutan de un cierto capital político, pueden reformular y hasta modelar las preferencias de sus electorados, de abrir camino por así decirlo hacia un nuevo equilibrio político. Algo de eso hubo en Thatcher, como en el tan denostado hoy Blair: supieron reconocer tendencias sociales y reforzarlas desde el gobierno para construir coaliciones ganadoras. Pero esta capacidad es limitada, y quien pretende ejercerla contra las realidades sociológicas y políticas más tozudas suele estrellarse. La lógica del activismo y la de la política no son idénticas, como algunos han aprendido en Grecia y otros están aprendiendo a marchas forzadas en España.

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Jorge San Miguel es politólogo y asesor político. Actualmente colabora con el Equipo Económico de Ciudadanos.

#PigGate, la vendetta del extesorero ‘tory’ contra Cameron

Le ha llevado cinco años, pero Lord Ashcroft ha logrado su venganza por quedar excluido del Gobierno británico. Una biografía no oficial del primer ministro, David Cameron, escrita por el extesorero de su partido Lord Michael Ashcroft ha sacudido Reino Unido este lunes con alegaciones escandalosas sobre la etapa universitaria del líder conservador.

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El primer ministro británico David Cameron. Toby Melville / REUTERS

Una biografía no oficial del primer ministro británico, David Cameron, escrita por el extesorero de su partido Lord Michael Ashcroft ha sacudido Reino Unido este lunes con alegaciones escandalosas sobre la etapa universitaria del líder conservador.

En la noche del domingo, el tabloide Daily Mail publicó extractos del libro de Lord Ashcroft que revelan un supuesto pasado oscuro del premier que incluye consumo de drogas y hasta sexo con un animal muerto. El libro titulado Llámame Dave verá la luz el mes que viene y es obra del que fuera “el más famoso empresario de Reino Unido y mayor donante del Partido Conservador”, tal y como lo definió The Guardian.

El libro acusa a Cameron de haber pertenecido a un club de consumo de drogas en la Universidad de Oxford y haber introducido “una parte privada de su anatomía” en la boca de un cerdo muerto como ritual de iniciación en una sociedad universitaria. Asegura también que el líder tory sabía antes de llegar al poder que Ashcroft tenía su domicilio fiscal en el extranjero y no pagaba impuestos en Reino Unido por sus ganancias exteriores, escándalo que saltó a la luz poco antes de que Cameron saliera elegido en las urnas en 2010.

“Parte de esto, probablemente, es venganza, es personal”, explica Charlie Beckett, director del think tank Polis de la London School of Economics, en entrevista telefónica con EL ESPAÑOL. Pero la biografía, opina Beckett, persigue además un objetivo político.

La polémica ha estallado a dos semanas del congreso de otoño del Partido Conservador y pone de manifiesto una ruptura entre el primer ministro y su extesorero tras la victoria tory en 2010. La ruptura, indica el libro, se produjo cuando Cameron incumplió una promesa de otorgar a Ashcroft un puesto “significativo” en el Gobierno.

Más tarde, el primer ministro cambió de parecer y ofreció a Ashcroft un cargo menor en el Ministerio de Exteriores. “Tras darlo todo durante casi diez años -tanto como tesorero con William Hague como vicepresidente del partido- e invertir unos 8 millones de libras en la formación, entendí esto como una oferta declinable”, escribe Ashcroft en su libro. “Habría sido mejor que Cameron no me ofreciera nada”.

Pero aparte de escarmentar a Cameron, el extesorero busca desplazar la política del primer ministro hacia posiciones más conservadoras, dice Beckett. “Estoy seguro de que Ashcroft espera que esto debilite la reputación de David Cameron entre sus parlamentarios y que tenga que ser un poco más euroescéptico y derechista”, afirma.

Ashcroft ha hecho público en su página web el prefacio de su libro, donde expone sus motivos para escribir la biografía tras explayarse sobre sus problemas personales con Cameron. “A pesar de las decepciones que he descrito, quiero ser claro acerca de mi motivación para escribir este libro, el cual -aunque lamento lo que ocurrió- no tiene que ver con ajustar cuentas”, escribe el extesorero. “Quería contar la historia de Cameron, no la mía (…) Como la existente biografía del primer ministro por Francis Elliott y James Hanning fue escrita principalmente en 2007, parecía el momento oportuno para producir una”.

Ashcroft, una fortuna de 1.500 millones de dólares

Ashcroft es oficialmente caballero británico y miembro de la Cámara de los Lores desde el año 2000 y tiene en su bolsillo casi 1.500 millones de dólares, según Forbes. Construyó su fortuna a base de dirigir y vender empresas, como la compañía de seguridad en el hogar ADT, que vendió a Tyco International por más de 6.700 millones de dólares en 1997. Se describe como un “emprendedor” y un “simpatizante para toda la vida del Partido Conservador”. Ha donado unos 8 millones de libras (unos 11 millones de euros) de su fortuna a la formación.

Su relación con Cameron comenzó en 2005, cuando el primer ministro acudió a verle antes de pasar a dirigir a los tories, dice Ashcroft en el libro. Poco después, tras su elección como líder conservador, Cameron ofreció a Ashcroft ser vicepresidente del partido, cargo que ejerció hasta 2010. Antes había servido como tesorero entre 1998 y 2001. En marzo, renunció a su asiento en la Cámara de los Lores porque “mis otras actividades no me permitían dedicar el tiempo que la pertenencia a los Lores requiere”.

La Oficina del Primer Ministro se ha negado a hacer declaraciones sobre las alegaciones de Ashcroft, informa The Guardian. El diario cita, sin embargo, a fuentes del Partido Conservador que desmienten las alegaciones, especialmente las más controvertidas. En 2010, cuando prendió la polémica sobre las prácticas fiscales de Ashcroft, Cameron afirmó que la situación había llegado a sus oídos apenas unas semanas antes.

El terremoto mediático desencadenado por los extractos de la biografía ha alcanzado también las redes sociales, donde etiquetas como #PigGate (un juego de palabras con “cerdo” y “Watergate”) o #Hameron (Jamón Cameron) dirigen el debate. Muchos comentarios hacen referencia a la serie de televisión Black Mirror, que en un capítulo cuenta precisamente el chantaje a un primer ministro para que tenga relaciones sexuales con un cerdo.

El ataque a la imagen del primer ministro responde a la existencia de una corriente entre los tories que no ve en Cameron a un buen líder conservador, afirma el analista jefe de la London School of Economics. “Es síntoma de un sentimiento dentro del Partido Conservador de que David Cameron no es una persona seria, ideológica o lo suficientemente conservadora”, opina Beckett, que no cree que las alegaciones vayan a tener un gran impacto político en Cameron. “Su dignidad está siendo dañada, pero no pienso que su poder político haya sido minado, porque el contexto de esto es que el ya dicho de que no va a ser primer ministro al final de la legislatura”.

La izquierda más radical captura el liderazgo del laborismo británico

El candidato izquierdista Jeremy Corbyn -en la imagen- se ha hecho este sábado con el liderazgo del Partido Laborista británico por aplastante mayoría. El nuevo líder -declarado admirador de Pablo Iglesias y Podemos, activista antinuclear y pro-palestino declarado- ha conseguido un 59,5% de los votos totales, 40 puntos porcentuales por encima de su rival inmediato, Andy Burhnam (19%).

Foto: STEFAN WERMUTH / REUTERS

Jeremy Corbyn, el nuevo líder laborista británico, este sábado en Londres. NEIL HALL / REUTERS

El candidato izquierdista Jeremy Corbyn se ha hecho hoy con el liderazgo del Partido Laborista británico por aplastante mayoría. Este sábado, aun antes de finalizar el recuento y de ser declarado oficialmente como líder del grupo parlamentario laborista, Corbyn ha agradecido el apoyo de los más de 16.000 voluntarios implicados en una de las campañas más heterodoxas que se recuerdan. El nuevo líder ha conseguido un 59,5% de los votos totales, 40 puntos porcentuales por encima de su rival inmediato, Andy Burhnam (19%).

La victoria de Corbyn no ha sorprendido a nadie: los últimos meses de la campaña electoral se habían convertido en un referéndum sobre su persona y sus políticas. Quien fuera el último candidato en hacer pública su intención de unirse a la carrera por el liderazgo, superando apenas el número mínimo de avales requeridos -36 de los 35 que requiere el Partido Laborista-, y con la única intención explícita de “provocar un debate”, se había convertido en el protagonista indiscutible de la campaña.

Asociado al ala más radical del laborismo, Jeremy Corbyn ha dado de qué hablar entre los tradicionales votantes del Partido Laborista  -algo que los rostros conocidos de Yvette Cooper y Andy Burnham no han conseguido- con ideas tan atrevidas como polémicas. A pesar de que mucha de su retórica anti-austeridad y de sus planes de nacionalización de infraestructuras ya habían sido pregonadas por Ed Miliband y su entorno, declaraciones como su intención de no formar parte del Gabinete de la Reina, o la polémica propuesta de vagones separados para hombres y mujeres en el transporte público al más puro estilo de las monarquías wahabitas del Golfo, han avivado la llama que ha movilizado a gran número de simpatizantes, la mayoría jóvenes estudiantes y sindicalistas, que apoya un laborismo más inclinado a la izquierda del espectro político.

Su audacia no ha dejado indiferente a nadie, y mucho menos a los propios representantes laboristas. Al igual que Ed Miliband y su fallido ministro de Economía en la sombra, Ed Balls, Corbyn mantiene una línea dura contra el New Labour de Tony Blair. Incluso ha ido un paso más lejos declarando públicamente la ilegalidad de la invasión de Iraq en 2003 y asegurando que, si se encuentran pruebas suficientes de que el Blair cometió crímenes de guerra, será llevado ante la justicia sin trato de favor.

El discurso de Corbyn se ha centrado a partes iguales en su denuncia del gobierno conservador de David Cameron y su repulsa del New Labour, algo que ha provocado malestar entre las filas laboristas: los otros tres candidatos a la jefatura del partido -Andy Burnham, Yvette Cooper, Liz Kendall- se apresuraron a desautorizarle, y figuras de la talla de sir Alistair Darling, antiguo ministro laborista, o el propio Tony Blair polarizaron aún más la campaña escribiendo artículos en contra de la posible elección de Corbyn. A pesar de que incluso las figuras más hostiles a su candidatura han negado de forma incansable una hipotética ruptura del partido, ya hay rumores de que los vencidos están preparándose para plantar cara al nuevo líder laborista.

Admirador de Pablo Iglesias y Podemos

A espaldas de la prensa, la actitud tajante del nuevo líder durante la campaña ha generado un cierto sentimiento de desasosiego dentro del partido. El propio Corbyn ha sido contundente aun antes de ser declarado vencedor: “No habrá purgas”, declaró intentando acallar los temores ante posibles represalias políticas que están dividiendo el partido.

Declarado admirador de Pablo Iglesias y Podemos, y activista antinuclear y pro-palestino, Jeremy Corbyn era una figura relativamente desconocida hasta que su inesperada candidatura y su carisma le han coronado líder de uno de los partidos progresistas más poderosos del mundo. La situación internacional, especialmente la llamada Spanish Revolution y el mano a mano de Syriza con la Unión Europea, han ayudado a provocar un sentimiento anti-gubernamental en el Reino Unido del que Corbyn ha sabido aprovecharse.

El giro a la izquierda del Partido Laborista no ha sido beneficioso únicamente para él. En Londres, Sadiq Khan, uno de los candidatos más radicales a la alcaldía que deja vacante el conservador Boris Johnson, ha sido elegido para liderar las listas del laborismo; paradójicamente, es el único candidato de izquierdas al que las encuestas señalan con posibilidades de perder ante el Partido Conservador en una ciudad que suspira por volver con los laboristas.

La victoria de Corbyn ha sido favorecida precisamente por la decisión de varios líderes carismáticos y centristas del laborismo -como Chukua Umuna- de no presentarse a las elecciones generales del 2020, que ya dan por perdidas ante la creciente popularidad de los conservadores en los sectores menos radicales de la opinión pública británica.

 

Conservadores ‘votan’ por Corbyn

El discurso radical y anti-austeridad de Ed Miliband, que muchos en el laborismo ya veían con malos ojos, no sólo no consiguió ganar terreno a los conservadores de Cameron: Ed Miliband no pudo parar la debacle en Escocia -tierra tradicionalmente laborista donde los nacionalistas del SNP consiguieron 56 de los 59 escaños parlamentarios- ni consiguió atraer a los descontentos del Partido Liberal-Demócrata, cuyos feudos -se quedaron en 8 diputados de 56- fueron a parar a manos conservadoras.

El giro a la izquierda del Partido Laborista ha sido facilitado por la percepción general de que David Cameron ha sabido hacer lo que Tony Blair hizo en su día: ganarse al centro político y a los indecisos. La victoria de Corbyn parece favorecer tan sólo a los conservadores, quienes, según las encuestas, mantendrían su mayoría absoluta contra Corbyn en unas hipotéticas elecciones generales con gran facilidad.

De hecho, la campaña al liderazgo laborista se ha visto salpicada de curiosos incidentes en los que los conservadores han mostrado su apoyo al candidato izquierdista, con topics en Twitter como #toriesforcorbyn. Candidatos como Andy Burnham y Liz Kendall denunciaron que conservadores se estaban inscribiendo en masa en las filas laboristas para poder votar por Corbyn, algo, no obstante, de lo que no existen pruebas.

El laborismo británico se encuentra en una encrucijada existencial: las zonas consideradas leales al partido -Escocia, el norte industrial, y Londres- están divididas. Mientras que Escocia denuncia la excesiva tibieza del centro financiero londinense, Londres ve con temor un avance en la escena política de quienes considera como “bárbaros del Norte” que puedan hacer peligrar su prosperidad comercial. Los votantes laboristas, como su propio partido, se han polarizado en dos campos enfrentados, una lucha de la que Corbyn ha salido como indiscutido vencedor.

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Francisco Rivas es abogado, experto en Relaciones Internacionales en Oriente Próximo y ha trabajado en la Embajada de España en Omán. También es escritor; su último libro es 1212: Las Navas.

 

Hamlet, una estrella de rock

hamEsta nueva versión de la obra maestra de Shakespeare, interpretada por Benedict Cumberbatch, ostenta el récord de ser el espectáculo que más rápidamente ha agotado sus entradas en la historia del teatro en Londres. Los 100.000 tickets disponibles se vendieron en cuestión de minutos cuando se pusieron a la venta en agosto de 2014, un año antes de su estreno.

hamAlrededor de una veintena de fans hacen cola a las siete de la mañana cerca de la City de Londres en un frío y gris sábado de septiembre. Entre los 20 y los 40 años, alguno mayor, y de varias nacionalidades. Varios han pasado la noche al raso en sacos de dormir. No, no esperan a los chicos de ‘One Direction’, ni a Taylor Swift, ni a ninguna estrella del rock. Buscan entradas para el último montaje de ‘Hamlet’ en el teatro Barbican. La causa de esta expectación sin precedentes para ver el mayor clásico del teatro inglés es su protagonista, el actor de moda Benedict Cumberbatch, que saltó a la fama por encarnar al detective Sherlock Holmes en la aclamada serie de la BBC y ha protagonizado películas como The imitation game (Descifrando enigma en España)”.

Esta nueva versión de la obra maestra de Shakespeare ostenta el récord de ser el espectáculo que más rápidamente ha agotado sus entradas en la historia del teatro en Londres. Los 100.000 tickets disponibles se vendieron en cuestión de minutos cuando se pusieron a la venta en agosto de 2014, un año antes de su estreno. El fanatismo de los seguidores de Cumberbatch, ansiosos por fotografiar y grabar cada uno de sus movimientos como si se tratara de un concierto en un gran estadio, obligó al propio actor a intervenir. Tuvo que pedirles, al salir del teatro tras una de las primeras representaciones a principios de agosto, que no utilizaran cámaras o móviles durante el espectáculo. Las luces desconcentraban al reparto y suponían una experiencia “mortificadora”, les dijo.

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Como es tradición en Londres, incluso en las obras más codiciadas para las que no quedan entradas, el teatro reserva una treintena de tickets que se ponen a la venta cada día a primera hora de la mañana. Así que madrugando un poco y con paciencia (la diferencia horaria con Bruselas ayuda), consigo entradas para ver ‘Hamlet’ ¡por 10 libras! (ni llega a 14 euros).

Y la espera vale la pena. Pese a algunos excesos y altibajos de la producción, creo que Cumberbatch sale airoso y con nota del reto que para todo actor británico supone ponerse en la piel de Hamlet. La obra empieza con el príncipe de Dinamarca solo en escena, ensimismado hojeando lo que parece un álbum de fotos familiar, mientras suena ‘Nature Boy’ de Nat King Cole en un tocadiscos antiguo. Durante los últimos ensayos con público antes del estreno oficial, la directora, Lyndsey Turner, había situado en este momento inicial, como apertura de la representación, el famoso soliloquio del ‘Ser o no ser’. La reacción furibunda de parte de la prensa británica le ha hecho rectificar y devolverlo a su lugar original. Tras ver la obra, el ‘Ser o no ser’ podría perfectamente haber ido al principio, el único momento íntimo de la representación.

Los soliloquios de Hamlet

Porque a diferencia del último Hamlet teatral protagonizado por otra estrella, el de Jude Law en 2009, con una puesta en escena minimalista, el de Cumberbatch es una superproducción teatral con muchos elementos que lo acercan al cine. El decorado, que se revela tras esta escena inicial, reconstruye un enorme salón de un palacio decadente, en azul, con las paredes recargadas de cuadros y espadas, una gran lámpara de cristal y una escalera que da a una especie de balconada. Al final de la primera parte del espectáculo, cuando el rey Claudio ordena la muerte de Hamlet, una fuerte tormenta arrasa el palacio. Tras el descanso, el palacio aparece en ruinas, con las sillas por el suelo y todo cubierto de basura, en la que se entierra a Ofelia tras su suicidio. El vestuario mezcla elementos de época, como los uniformes, con ropa moderna, como vaqueros y camisetas, que permiten a Cumberbatch lucir su buena forma física.

Uno de los mejores hallazgos del montaje es la forma de poner en escena los soliloquios de Hamlet. Una luz blanca se concentra en él, mientras el resto de personajes en la escena quedan en penumbra, en segundo plano, aunque siguen moviéndose e interactuando en silencio, como a cámara lenta. Así, el primer monólogo, cuando Hamlet denuncia que su madre Gertrudis se haya casado con su tío Claudio poco después de la muerte de su padre, se produce en pleno banquete en el palacio con casi todos los personajes en escena. La acción se congela y Cumberbatch se sube a la mesa mientras se lamenta en voz alta. Pero a veces se echa de menos una mayor sutileza. Para mostrar que Hamlet finge estar loco con el fin de desenmascarar a su tío como asesino de su padre, aparece disfrazado de soldadito de plomo y con una especie de castillo hinchable gigante.

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Pero Cumberbatch es tan buen actor que evita el ridículo incluso en esa escena. Lo mejor de su actuación es su versatilidad. En apenas segundos es capaz de pasar sin esfuerzo aparente de un momento cómico, cuando se finge loco, a la agonía y casi la rabia por su incapacidad de ejecutar la venganza por el asesinato de su padre. Su Hamlet es reflexivo pero también un hombre de acción en escenas como el combate de esgrima final con Laertes. Su protagonismo es absoluto. De hecho, uno de los problemas del montaje es que el resto de personajes quedan muy difuminados.

La crítica británica ha sido poco amable con este montaje de Hamlet. Varios medios se saltaron el embargo y publicaron las primeras reseñas del espectáculo incluso antes del estreno oficial. En general, han elogiado la interpretación de Cumberbatch, aunque alguno la considera superficial, y critican sobre todo las simplificaciones y el gigantismo de la producción. El público no opina lo mismo. Tras las tres horas de representación –por cierto, en absoluto silencio y sin que se viera ninguna cámara grabando- aclamaron a los actores, sobre todo, como no, a Cumberbatch. Y a la salida sus fans le esperaban para que les firmara autógrafos, como a cualquier estrella del rock.

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Hamlet se representa en el teatro Barbican de Londres hasta el 31 de octubre. La representación del 15 de octubre se retransmitirá en directo en cines de todo el mundo.

La semana en la que EL ESPAÑOL dio la vuelta al mundo

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Pasaban exactamente 15 minutos de la primera medianoche del año cuando Pedro J. Ramírez anunció en Twitter que este periódico “será universal pero se llamará EL ESPAÑOL”. Aún antes de nacer, nuestro proyecto ha logrado ya dar la vuelta al mundo.

Pasaban exactamente 15 minutos de la primera medianoche del año cuando Pedro J. Ramírez anunció en Twitter que este periódico “será universal pero se llamará EL ESPAÑOL”. Aún antes de nacer, nuestro proyecto ha logrado ya dar la vuelta al mundo.

En la última semana han informado del lanzamiento el Financial Times, uno de los periódicos más prestigiosos del mundo, los económicos de referencia en Alemania –Handelsblatt– y Francia –Les Echos-, The Times y The Guardian en Reino Unido, el Diario de Noticias en Portugal, la radiotelevisión pública de Austria y hasta una web de noticias en Australia, las antípodas de la madrileña Avenida de Burgos donde la redacción del periódico poco a poco comienza a llenarse de periodistas.

La publicación en el Financial Times, que tituló la información “El periódico español que envía una señal desafiante en medio de temores sobre la libertad de la prensa”, creó una auténtica bola de nieve informativa. El diario es de obligada lectura en la élite empresarial y política en todo el mundo, por lo que sus textos son habitualmente reseñadas en la prensa internacional. Pero además, el rotativo reservó una de sus páginas nobles (la 3) para el amplio artículo firmado por el corresponsal en Madrid, Tobias Buck.

“Los fundadores de EL ESPAÑOL, que han contratado a los mejores periodistas de investigación de medios rivales, aspiran a enviar una señal desafiante en un momento en el que gran parte de la prensa española sigue maniatada por la crisis”, dice el texto, que al final incluye una pregunta clave: “¿Hay gente que debería tener miedo de EL ESPAÑOL?. ‘Depende de lo que hayan hecho”, resuelve el presidente y director, Pedro J. Ramírez.

Este eco global coincide con el absoluto silencio de la prensa de ámbito nacional en España, que no ha dedicado una sola línea al lanzamiento periodístico de mayor envergadura desde 2007.

Muchos medios han publicado en los últimos meses informaciones sobre el lanzamiento, entre ellos la agencia Bloomberg y la revista especializada Columbia Journalism Review.

Esta semana, además, el equipo de EL ESPAÑOL celebraba que 9.000 suscriptores han dado ya su confianza al proyecto, cuyos detalles ultiman ya decenas de periodistas, técnicos y el equipo de gestión en una redacción que no se ha ido de vacaciones.

Medios internacionales que han informado del lanzamiento esta semana:

Además, en EL ESPAÑOL:

Los cinco gráficos que Rajoy no quiere que veas

El crecimiento del PIB

Mariano Rajoy presentó este viernes ocho gráficos para demostrar hasta qué punto la economía había mejorado durante su mandato. La mayoría estaban mal dibujados, omitían detalles relevantes o destacaban datos erróneos. A continuación presentamos los datos del presidente bien presentados, acompañados de contexto y despojados de la propaganda oficial.

Mariano Rajoy presentó este viernes ocho gráficos para demostrar hasta qué punto la economía había mejorado durante su mandato. La mayoría estaban mal dibujados, omitían detalles relevantes o destacaban datos erróneos. A continuación presentamos los datos del presidente bien presentados, acompañados de contexto y despojados de la propaganda oficial.

1. Las exportaciones. 

¿Se han triplicado las exportaciones en España desde 2011? Así lo sugiere este gráfico del Gobierno español, que trunca el eje vertical en el 27% y presenta una subida mínima  como un aumento notable.

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La realidad es más compleja de lo que sugiere el gráfico del presidente del Gobierno. Las exportaciones españolas empezaron a subir durante el mandato de Zapatero y su crecimiento se ha frenado durante el mandato de Rajoy.

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2. El déficit.

El gráfico elaborado por La Moncloa sugiere que el Gobierno ha reducido el déficit público poco a poco desde 2011 e incluye un año que no ha terminado (2015) y tres que ni siquiera han empezado (2016, 2017 y 2018).

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La clave está en la letra pequeña del gráfico, que indica que sus cifras excluyen el impacto del rescate bancario de junio de 2012. Esas cifras sí están incluidas en este otro gráfico, que ofrece una visión más fiable de la realidad.

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3. El crecimiento.

El Gobierno destaca en este gráfico la previsión de crecimiento de varios estados desarrollados para 2015 y presenta a España como el país que más crecerá. La fuente de  estas cifras es la OCDE.

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Este otro gráfico ofrece más información sobre la evolución de la economía española desde el principio de la crisis. España está un 5% por debajo del PIB de 2007. La economía de otros países (salvo la de Italia) ha evolucionado mejor que la nuestra: Alemania ha ganado un 5% y Estados Unidos, un 8%. España no ha alcanzado el nivel de renta que tenía al principio del mandato de Mariano Rajoy.

El crecimiento del PIB

4. El gasto social. 

El Gobierno destaca que el gasto social supone un 53% de los presupuestos de 2016. Esa cifra la presenta sin desglosar el gasto en las pensiones y en la prestación por desempleo en esta tarta tridimensional.

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Este otro gráfico refleja la evolución del gasto social del Gobierno español desde 1980 y de la tasa de paro desde 1987. En este caso, el gasto social se expresa como un tanto por ciento del PIB y proviene del agregado de la OCDEAquí se aprecia la relación entre ambas variables durante la crisis de los años 90 y durante la recesión actual. El gasto social sube sobre todo porque sube el número de ciudadanos que solicitan la prestación por desempleo. 

El gráfico refleja además que el gasto social se ha mantenido estable desde el principio de la crisis y no ha aumentado desde que llegó al poder el Partido Popular.

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5. La evolución del PIB. 

Este gráfico enfatiza que España ha encadenado ocho trimestres consecutivos de crecimiento desde julio de 2013.

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Este otro gráfico presenta la evolución del PIB español desde 1996. España encadenó 50 trimestres de crecimiento antes de la crisis durante los mandatos de José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. evolucion-pib-trimestral

También en EL ESPAÑOL: 

Nikkei compra el FT

Nuevo orden en la información financiera. Pearson, el grupo de educación y medios británicos, se desprende del diario Financial Times (FT), el mítico periódico que dio nombre a la prensa salmón a comienzos del siglo XX. Ha sido su dueño durante el último medio siglo, pero llevaba tiempo intentando venderlo. La sorpresa ha llegado por el lado comprador después de que el grupo nipón Nikkei se haya impuesto con su oferta a las propuestas del alemán Axel Springer, los británicos de Thomson Reuters y la estadounidense Bloomberg.

En la imagen, Naotoshi Okada, consejero delegado de Nikkei. 

Nuevo orden en la información financiera. Pearson, el grupo de educación y medios británicos, se desprende del diario Financial Times (FT), el mítico periódico que dio nombre a la prensa salmón a comienzos del siglo XX. Ha sido su dueño durante el último medio siglo, pero llevaba tiempo intentando venderlo. La sorpresa ha llegado por el lado comprador después de que el grupo nipón Nikkei se haya impuesto con su oferta a las propuestas del alemán Axel Springer, los británicos de Thomson Reuters y la estadounidense Bloomberg.

La operación se ha cerrado en 844 millones de libras (1.200 millones de euros al cambio actual) y excluye el 50% de las acciones que FT Group, filial de Pearson, tiene en la prestigiosa publicación The Economist. Este parece haber sido el factor determinante para que los nipones de hayan llevado el gato al agua. La revista británica cuenta además con otros accionistas de prestigio (John Elkann, Rotschild…)  y unos estatutos blindados ante un  cambio de control que hubiesen complicado la venta.

La desinversión en el FT -adelantada el miércoles por la agencia Bloomberg- se había situado en torno a los 1.500 millones de euros, una inyección de capital que cae como agua de mayo en Pearson para expandir su negocio digital de venta de libros y educación. Entre ellos se encuentran los activos de la empresa española Santillana (como las editoriales Alfaguara, Taurus, Aguilar), que adquirió en 2014 junto a su socio alemán Berstelmann.

Desconocido ante los ojos occidentales, Nikkei edita el Nihon Keizai Shimbun, considerado el mayor diario económico con 3 millones de ejemplares diarios en la calle. Es incluso más antiguo que el FT (fue fundado en 1876 frente a 1888 del británico). Ambos periódicos centenarios han dado nombre a dos de los índices de bolsa más reconocidos del mundo: el Ftse 100 británico y el Nikkei 225 japonés. FT Group cerró 2014 con unas ventas de 344 millones de libras (cerca de 500 millones de euros), apenas el 10% del total del negocio de Pearson.

Por su parte, Nikkei superó los 1.000 millones de euros el pasado año. Más a allá del buque insignia de la prensa japonesa, sus actividades incluyen la publicación de libros y revistas especializadas en finanzas o asuntos jurídicos. Junto a Financial Times y FT.com (que suman unos 700.000 suscriptores de pago), el grupo japonés se quedará con cabeceras como The Banker, otra de las lecturas habituales para los financieros de la ‘City’ londinense.  Nikkei, que celebrará su 140 aniversario en 2016, comenzó hace dos años un plan de expansión fuera de su país con el lanzamiento de ediciones en chino e inglés en el sureste asiático. Con la adquisición del FT, el grupo japonés da la vuelta al globo terráqueo y amplía su presencia en EEUU, Reino Unido y Europa.

Más operaciones a la vista

De forma comparativa, su competidor directo The Wall Street Journal -el segundo en papel con una tirada diaria de 2,1 millones de ejemplares y una de las webs más visitadas del mundo- fue adquirido en 2007 por News Corp junto a la agencia de noticias Dow Jones, Barron’s y Marketwatch. El precio pagado se situó en los 5.600 millones de dólares (unos 4.600 millones de euros). Pero fue antes de la crisis financiera y de la doble crisis de la prensa: financiera -aparejada al exceso de endeudamiento durante los años de bonanza- y de producto, con el inicio de la transición del papel al formato digital en el consumo y distribución de la prensa.  Durante el periodo de crisis, las operaciones más destacadas en el sector han arrojado valoraciones muy inferiores a las que se registraban hasta 2007. Para muestra, la venta de The Washintong Post a Jeff Bezos en 2013 por apenas 250 millones de dólares o de la revista Business Week a Bloomberg en 2009 por un importe que apenas llegó a 5 millones.

En España los económicos Cinco Días (Grupo Prisa) y Expansión (RCS Mediagroup) también se encuentran entre la partida de activos disponibles para la venta. El regional Heraldo de Aragón compró en julio el gratuito 20minutos, de ámbito nacional, por una cantidad simbólica que supone la asunción de la deuda del grupo. Sin embargo, algo está cambiando de nuevo en el sector. No solo por la venta de Financial Times, sino también de por el gran hito reciente de la prensa digital: los 4.400 millones de dólares que pagó en mayo la operadora Verizon por AOL, editora de las cabeceras digitales The Huffington Post, Engadget o Techcrunch.

Google acertó más que las encuestas en Reino Unido

Google acertó. En un estudio con un profesor de Universidad de Sheffield, Google Trends siguió la evolución de los líderes más buscados en Reino Unido cruzados con información de 5.000 ciudades y pueblos. Éste es el mapa cuyos indicadores apuntaban a la victoria de David Cameron.

Google acertó. En un estudio con un profesor de Universidad de Sheffield, Google Trends siguió la evolución de los líderes más buscados en Reino Unido cruzados con información de 5.000 ciudades y pueblos. Éste es el mapa cuyos indicadores apuntaban a la victoria de David Cameron.

La idea nació de Simon Rogers, periodista especializado en datos que ahora trabaja para Google Trends. Cuando estaba en el Guardian, Rogers que fue uno de los grandes promotores de CartoDB, la herramienta utilizada para visualizar las búsquedas.

En campaña en el café de Alí

E1 Restaurant-Cafe Horizontal

Ni conservadores ni laboristas prestan atención a los musulmanes británicos. Y sin embargo este jueves su voto puede ser decisivo. Les preocupan menos los problemas globales que la Sanidad o la vivienda. Así lo explican los clientes de este local minúsculo de uno de los barrios más musulmanes de Londres. 

Reportaje gráfico: Miguel Ángel Fonta

Ni conservadores ni laboristas prestan atención a los musulmanes británicos. Y sin embargo este jueves su voto puede ser decisivo. Les preocupan menos los problemas globales que la Sanidad o la vivienda. Así lo explican los clientes de este local minúsculo, situado en uno de los barrios más musulmanes de Londres. 


Al verme entrar por la puerta, Alí desconfía. “¿Esto lo va a leer el gobierno?”, me pregunta cuando le digo que soy periodista.

Alí lleva tres años trabajando en E1, un café restaurante situado a pocos minutos de la estación de metro de Whitechapel. El café, junto con sus dos sucursales en Bangladés, es propiedad de un pariente de Alí. Pero es él quien se ocupa casi siempre del negocio familiar.

“A veces estoy seis meses aquí y seis meses en Bangladesh”, me dice. Ahora lleva siete meses seguidos en este distrito del municipio londinense de Tower Hamlets cuya fama reside en ser el barrio donde cometió muchos de sus crímenes Jack El Destripador.

De los residentes de Tower Hamlets, el 34.5% son musulmanes. La mayoría proceden de Bangladés.

Musulmanes como Alí podrían decidir el resultado de 23 circunscripciones en las elecciones que se celebran este jueves en el Reino Unido. Así lo indican las cifras del Consejo Musulmán del Reino Unido, que advierten que la abstención de los musulmanes ha sido siempre más alta que la del resto de la población. Según datos de Ipsos Mori, el 53% de los musulmanes británicos no votó en las elecciones generales de 2010. Esta vez nadie sabe cuántos irán a las urnas.

Entre Londres y Bangladés

E1 es un café pequeño y un poco oscuro. Se nota que le faltan un par de ventanas. Pero el buen humor de quien lo regenta le da un aire tranquilo y acogedor. Alí es el cocinero pero a menudo se ocupa de servir el café. Abre a las nueve y media de la mañana y echa el cierre a las diez de la noche. Los domingos descansa. “El jefe no tiene dinero para contratar a alguien más y a mí no me importa ayudarle”, explica. “Somos una comunidad muy unida”.

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Musulmanes en el barrio de Whitechapel. / REPORTAJE GRÁFICO: MIGUEL Á. FONTA

De la población bangladesí en el Reino Unido, alrededor del 40% reside en esta zona del este de Londres. Los primeros inmigrantes vinieron a Londres en el siglo XVII. Pero la mayoría llegó aquí después de 1971, cuando se creó el estado de Bangladés.

Los inmigrantes de ese país son una de las minorías más desfavorecidas del Reino Unido. Según el Race Relations Institute, tres de cada cuatro niños de siete años de ese origen vivían en 2010 por debajo del umbral de la pobreza y en uno de cada cuatro hogares no había una sola persona que tuviera empleo.

“Aquí la situación es difícil”, dice Alí. “A los políticos les damos igual. Somos clase trabajadora y una minoría”.

Alí no es el único que se siente distanciado de la clase política. El 29% de los musulmanes que se abstuvieron en 2010 lo hicieron “por desinterés” o “porque no le veían sentido”.

Es un problema que quiere solucionar MEND, una organización musulmana cuyo objetivo es fomentar la participación musulmana en la política. A principios de año, sus líderes llevaron a cabo una investigación cuyo objetivo era averiguar cuáles eran los asuntos que más preocupan al electorado islámico. El estudio culminó con la creación de un Muslim Manifesto: una especie de programa con las principales demandas de este sector de la población.

“Descubrimos que los asuntos que más preocupan a los musulmanes son la creciente islamofobia, los derechos humanos, la falta del trabajo, las medidas antiterroristas y la política exterior del Gobierno inglés”, explica Azad Alí, uno de los líderes de MEND durante una entrevista que tiene lugar en las oficinas de la organización.

Un nido extremista

Algunas voces desconfían del mensaje de MEND. Este artículo del Telegraph dice que la organización es “una fachada para que individuos con opiniones extremistas obtengan influencia política” y acusa a Azad Alí de ser un “extremista” islámico. “La gente que dice estas cosas es la misma que está intentando aislar a la comunidad musulmana con el fin de evitar su participación en la política de Reino Unido”, dice el responsable de la organización.

“Los medios representan a los musulmanes de una forma muy negativa y eso contribuye a la islamofobia”, dice Azad Alí. “En 2010 se descubrió que unos extremistas estaban preparando un atentado contra el Papa y ciertos medios publicaron portadas con titulares proclamando ‘Musulmanes planean matar al Papa’. Nunca hubiesen escrito una portada como ésa sobre ninguna otra religión. Lo único que ha logrado la legislación antiterrorista del Gobierno es contribuir a este ambiente de desconfianza y hostilidad”.

No es la primera vez que surge la polémica al hilo de la legislación antiterrorista. La estrategia Prevent, introducida por primera vez después de los ataques del 11 de septiembre, recibió fuertes críticas de académicos, periodistas y defensores de derechos humanos. La Comisión de Igualdad y Derechos Humanos publicó un informe en 2011 criticando el impacto que esas medidas tenían sobre la comunidad. Muchos jóvenes musulmanes sólo tenían contacto con la policía cuando les paraban por la calle o en el aeropuerto para una inspección.

“Claro que me han parado en el aeropuerto”, dice uno de los clientes de Alí que prefiere no decir su nombre. “Me detuvieron sin darme ninguna razón. Me preguntaron cuántas horas rezaba y me dijeron si iba a la mezquita y si era musulmán”.

En febrero de este año, el Gobierno británico aprobó una nueva legislación antiterrorista cuyo objetivo es “combatir la amenaza del Estado Islámico (…) en el Reino Unido”, según palabras de la ministra Theresa May.

May afirmó en noviembre que se habían descubierto unos 40 complots terroristas desde los ataques del 7 de julio de 2005 y justificó las nuevas medidas diciendo que más de 500 británicos se habían enrolado en las filas yihadistas en Siria e Irak.

Espías en las aulas

Entre los puntos más polémicos de la legislación está la obligación de que colegios, universidades, mezquitas y hospitales colaboren con las autoridades para prevenir el radicalismo. Más de 520 profesores de universidad han firmado una carta protestando contra lo que consideran una amenaza a la libertad de cátedra.

“El Gobierno envía cartas a nuestras mezquitas y les pide que denuncien al Estado Islámico”, me dice el cliente del café de Alí que admite haber sido detenido en el aeropuerto. “Nadie mandó cartas a ninguna iglesia cuando el loco cristiano mató a toda aquella gente en Noruega. A los musulmanes nos tratan como a una comunidad sospechosa”. Le pregunto si se siente discriminado en su día a día y dice que no con la cabeza: “Aquí somos casi todos musulmanes. Somos una comunidad”.

Whitechapel Station

Un piso y una escuela

Al preguntarles por sus problemas, los clientes de Alí no mencionan la islamofobia ni la legislación antiterrorista. Tampoco la política exterior del Gobierno británico.

“Esos son asuntos globales”, dice el responsable del café. “Yo tengo cuatro hijos y vivo en una vivienda social que tiene dos habitaciones. Mi hija tiene 16 años y se está preparando el examen final de la Educación Secundaria. ¿Cómo va a sacar la nota necesaria cuando no tiene una habitación donde estudiar? Mi vida matrimonial se está viniendo abajo por la falta de espacio. Voy al dormitorio y hay cuatro personas. Voy al baño y hay cuatro personas. Se supone que tu casa es tu hogar y tu palacio. ¿Cómo se puede vivir así?”.

La vivienda es un problema que afecta a la mayoría de los musulmanes de este barrio. Según datos del Consejo Musulmán del Reino Unido, quienes vienen de Bangladés son los más proclives a ocupar viviendas sociales. En Tower Hamlets estas viviendas se adjudican según los ingresos y las necesidades de cada familia.

Es un asunto que también preocupa a Farzana, la profesora de inglés que se sienta ahora en el café. “Muchos de mis amigos tienen problemas con la vivienda”, dice. “Presentan solicitudes para obtener una vivienda social pero hay una lista de espera muy larga y ahora mismo no tienen donde vivir. Necesitamos que el Gobierno construya más casas”.

Muchos vecinos tienen otro problema: sus casas están demasiado lejos del colegio de sus hijos. “Ahora mismo las listas de espera para meter a un niño en un colegio de esta zona son de dos o tres años”, dice Ahmed. “Mi hermano viaja durante horas para llevar a sus hijos al colegio y luego tiene que ir a trabajar. Después tiene que ir a recogerlos y casi no duerme por las noches. Cientos de familias tienen el mismo problema”.

Whitechapel Market con The Royal London Hospital de fondo

Sin empleo ni ayudas 

La vivienda no es el único problema de los clientes del café de Alí. A Farzana le preocupan también los recortes sociales. “Cameron ha eliminado muchos empleos y ha reducido los gastos de la Sanidad pública. ¿Y de dónde sacan el dinero? De los inmigrantes. Desde abril quienes vengan a Reino Unido durante más de seis meses tendrán que pagar una tasa sanitaria de 200 libras al año”.

A Usman Alí, que trabaja en una ONG musulmana, le preocupa la educación. “Hasta hace cuatro años los jóvenes que venían de familias pobres podían pedir una ayuda para seguir estudiando. El Gobierno conservador eliminó en 2011 esa ayuda, que usaban el 80% de los jóvenes de Bangladés. También subió las tasas universitarias hasta las 9.000 libras. Una cantidad inalcanzable para muchos de los jóvenes del barrio”.

Mohamed, que estudia en la universidad, está de acuerdo: las nuevas tasas tienen un efecto negativo sobre la comunidad. “Muchos musulmanes no quieren pedir un préstamo con intereses por razones religiosas”, explica. “Tengo amigos que se niegan a pedir ese préstamo y no van a la universidad”.

“¿Ves lo que te digo?”, dice Alí mientras sirve a sus clientes. “No tengo tiempo para discutir sobre leyes antiterroristas o sobre política exterior. Quienes mueren en Irak o en Palestina me dan pena y lo siento por ellos. Pero ya tengo suficiente estrés. Nosotros somos personas normales y hablamos sobre lo que está pasando aquí”.

Dos hijos más

Le pregunto al responsable del café por quién votará este jueves y no lo tiene claro. “Me gusta el plan de vivienda que propone David Cameron”, sugiere. Este programa permitiría a quienes residen en viviendas sociales comprar su piso a un precio más bajo. Ese descuento en Londres rozaría las 100.000 libras. “Con este programa podría llegar a comprarme mi propia casa”, dice Alí ilusionado. “Pero no sé. No me fío”.

A Farzana, en cambio, le atrae el partido laborista. “Me gustan sus propuestas sobre educación y Sanidad. También han prometido construir más casas”. Lo que no le gusta es su líder Ed Miliband. “Tiene una cara rara”, dice entre risas. “No se parece mucho a un líder”.

Quienes desayunan en el café comparten las mismas aspiraciones del resto del electorado británico: una vivienda digna, una buena Sanidad y una educación para sus hijos. Quieren una vida mejor para ellos y para sus familias.

Alí me enseña orgulloso la foto de su mujer y de sus cuatro hijos: tres niñas y un niño de apenas seis años. “Mi hija mayor quiere ser profesora, mi otra hija quiere ser médico”, explica. “Los pequeños aún no lo saben”.

Y sin embargo le preocupa el futuro: “El Gobierno no construye suficientes viviendas sociales con cuatro habitaciones. Sólo hacen pisos con dos o tres”. A Alí le gustaría tener más niños y no le queda sitio. “¡Cuatro hijos son pocos!”, me dice entre risas. “¡Quiero tener al menos seis!”.

Una campaña con un bufón

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El Reino Unido vive un momento político insólito. La campaña electoral la han dominado dos personajes cuyo nombre no estará en ninguna papeleta: la nacionalista Nicola Sturgeon y el cómico Russell Brand.

El Reino Unido vive un momento político insólito. La campaña electoral la han dominado dos personajes cuyo nombre no estará en ninguna papeleta: la nacionalista Nicola Sturgeon y el cómico Russell Brand.

Sturgeon ejerce como primera ministra desde noviembre y es la líder del Partido Nacional Escocés (SNP). No aspira a tener un escaño en el Parlamento de Westminster e incluso niega haberlo visitado nunca. Aun así y a menos de un año de la derrota del sí en el referéndum, los sondeos indican que su partido podría ganar todos los escaños parlamentarios en Escocia.

Sería una victoria historica para el SNP y podría infligirle una herida mortífera al laborista Ed Miliband, que aspira a suceder a David Cameron como primer ministro británico. Durante décadas el laborismo fue el partido dominante en Escocia. Entre otras cosas porque supo sacar provecho de la antipatía que suscitan los tories en Escocia desde los años de Margaret Thatcher. Ahora el fervor por la independencia y el populismo de la carismática Sturgeon amenazan con humillar al laborismo y a apartar a Miliband de Downing Street.

En un mundo muy distinto encontramos a Russell Brand, cómico, ex marido de Katy Perry e ídolo de los jóvenes ingleses (que no de los escoceses). Brand es millonario. Según la clase política británica, es también un charlatán.

Unos meses antes de las elecciones, Brand se presentó como el defensor de los más pobres y lanzó sendas campañas sobre el problema de la vivienda y sobre el salario mínimo. Dos asuntos que se antojan familiares en un país como España. El cómico echó mano de su estilo atrabiliario para decir a sus miles de fans que no fueran a votar en protesta contra un sistema político corrupto.

El llamamiento convirtió al cómico en un personaje ubicuo durante la campaña. Lo que nadie esperaba es que Miliband se sometiera a una entrevista con él en su propia casa. Brand colgó la entrevista en este canal de YouTube excluyendo de la ecuación a la prensa tradicional e incluso a la BBC.

Es pronto para saber si el líder laborista acertó al someterse a la entrevista. Pero mientras escribo este artículo, el vídeo lo ha visto más de un millón de personas. Brand parece haber mejorado su opinión sobre Miliband. Quizá parte de la audiencia también.

Los sondeos apenas separan a Miliband y Cameron y es Miliband quien demuestra estar dispuesto a asumir riesgos durante la campaña. Su imagen pública se ha ido transformando. Son pocos los que ahora lo describen como una persona absurda e incoherente. Ya no se publican fotos suyas en poses ridículas. Hace apenas unos meses todos aquí le veían como un empollón.

No es la economía

Los partidarios de Cameron se muestran cada vez más impacientes. Daban por hecho que ganaría con holgura las elecciones espoleado por su gestión económica: el Reino Unido ha vuelto a crecer, los tipos de interés aún son muy bajos y el paro roza el 5,7%. Muchos observadores creían que esas cifras serían suficientes para apabullar al laborismo, a cuyos líderes muchos siguen culpando de haber llevado al país al borde de la quiebra.

Apenas quedan unos días de las urnas y los sondeos no definen quién formará el próximo Gobierno. A Cameron se le critica por hacer una campaña mediocre y deslucida, sin energía ni vitalidad. El debate no gira en torno a los logros de los últimos años sino en torno a los ajustes que están por venir.

David Cameron visita una feria científica dos meses antes de las elecciones.
David Cameron visita una feria científica dos meses antes de las elecciones.

El premier conservador ha respondido al fenómeno de Sturgeon buscando bronca con los escoceses y aparentando que sólo le preocupan los intereses de los ingleses ricos que residen en Londres o en los condados cercanos a la capital. A medida que se acerca la cita con las urnas, se le percibe cada vez más centrado.

Y sin embargo todos dan por hecho que ni laboristas ni conservadores podrán gobernar en solitario. La matemática electoral perjudica a Cameron y favorece a Miliband, y es muy posible que el primero abandone el poder pese a ganar más votos y más escaños. A pesar de la animosidad que existe entre los laboristas y el SNP, se perfila una alianza informal entre dos partidos cuyo programa tiene elementos progresistas muy similares.

Los tories aspiran a repetir la coalición con los liberal-demócratas. Pero el partido de Nick Clegg se ha desplomado por apoyar a Cameron y se prepara para un derrumbe de su representación. El propio Clegg podría llegar a perder su escaño.

Farage y los Verdes

Al igual que en España, los partidos tradicionales se enfrentan a un gran desafío, impulsado por la insatisfacción que suscita la clase política. La gran diferencia es que en el Reino Unido el sistema uninominal es un estorbo insuperable para los partidos minoritarios.

Quedar segundo o tercero en un distrito no tiene valor alguno porque esos votos se descartan. El mejor ejemplo es el eurófobo UKIP, al que los sondeos le auguran el respaldo del 15% del electorado pero sólo tres o cuatro escaños de un total de 650. Su líder, Nigel Farage, podría ser derrotado en la circunscripción de South Thanet, donde los sondeos apuestan por su rival conservador.

Eso no quiere decir que la intervención de Farage y el fenómeno del UKIP no cuenten para nada. Su influencia ha impregnado toda la campaña.

En su afán de superar al UKIP, los conservadores han girado más a la derecha en las políticas claves como la inmigración, el Estado de Bienestar o el déficit público  y Miliband ha sentido la necesidad de girar al centro. Parte del éxito del SNP en Escocia cabe atribuirla a la frustración por la timidez del laborismo al abordar problemas sociales como la desigualdad, la vivienda o el salario mínimo.

Las elecciones de este jueves serán sólo el primer capítulo de una batalla que se extenderá durante varias semanas. En juego están las carreras políticas de Cameron,  Miliband y Clegg y no se descarta que los tres puedan perder el liderazgo de sus partidos. El futuro de Escocia dentro del Reino Unido está por resolver y asoma un referéndum sobre la pertenencia del Reino Unido a la Unión Europea. Momentos insólitos, sin duda, y de mucha incertidumbre.


Martin Barrow es periodista y fue jefe de Nacional del diario ‘The Times’.