Hungría decreta el estado de emergencia por la crisis de refugiados

El Gobierno de Hungría ha decretado este martes el estado de emergencia en dos provincias lindantes con Serbia para afrontar la crisis de refugiados.

En la imagen, un padre y su hijo este martes cerca de Asotthalom, en la frontera servo-húngara. REUTERS / Laszlo Balogh

Un padre y su hijo este martes en Asotthalom, en la frontera servo-húngara. REUTERS / Laszlo Balogh

El Gobierno de Hungría ha decretado este martes el estado de emergencia en dos provincias lindantes con Serbia para afrontar la crisis de refugiados.

La probabilidad de que las autoridades locales declarasen el estado de crisis había sido adelantada en la mañana del martes por la embajadora húngara en España, Enikő Győri, en un desayuno con la prensa madrileña. Győri ha explicado que el Ejército húngaro se desplazará a la frontera para controlar el flujo migratorio, pero “los soldados no estarán autorizados a usar armas de fuego”.

Este martes entra en vigor una nueva legislación en el país centroeuropeo que puede enviar a los migrantes a prisión por hasta cinco años. Desde esta madrugada, todo el que cruce la valla levantada por Hungría en su frontera con Serbia sin pasar por los controles fronterizos habilitados, dañe la valla o impida su construcción (una valla más alta que la acabada continúa en construcción), puede acabar entre 3 y 5 años en la cárcel. Unas placas en la valla avisarán de esta posible pena. Por lo demás, el Gobierno húngaro deja en manos de la tecnología que la información llegue a tiempo a los nuevos refugiados. “La mayoría de los migrantes están muy bien equipados de móviles. Además, muchos tienen líderes de grupos que dictan a los demás qué hacer”, ha defendido Győri. La embajadora asegura que todo el que se declare refugiado al pasar un control fronterizo y solicite asilo entrará automáticamente en el proceso para obtener protección.

“La prioridad máxima es el control, la protección de las fronteras exteriores, no sólo porque estemos obsesionados con eso, sino porque (…) lo que hacemos nosotros es respetar y hacer respetar las leyes internacionales”, ha asegurado. Las acciones de Hungría frente a la llegada masiva de refugiados han despertado fuertes críticas entre la comunidad internacional en las últimas semanas. Győri, sin embargo, ha defendido que no es justo que se critique a un país miembro por cumplir con la legislación europea, que obliga a los Estados a controlar sus fronteras exteriores. “Recibo cada día más y más cartas diciendo que soy personalmente una sinvergüenza y mi primer ministro más, que toda Hungría es racista”, ha dicho la diplomática. “Pero también recibo cartas de aprecio”.

La embajadora aboga por una solución comunitaria a la crisis de refugiados que sea sostenible y efectiva. Respecto a las cuotas de acogida propuestas por la Comisión Europea, Győri ha afirmado que se llegará a ellas siempre que se estabilicen las fronteras y se controle el flujo de entrada de refugiados. También ha afirmado que es vital diferenciar entre refugiados, que se han visto forzados a abandonar sus hogares, y migrantes, que buscan mejores condiciones de vida, y controlar quién entra en Europa.

Casi 200.000 personas han llegado a Hungría en lo que va de año. El país ha recibido más de 170.000 solicitudes de asilo, de las que un 17% han sido aprobadas -frente al año pasado, que se aprobó el 9%. La embajadora en España ha indicado que muchos desaparecen durante el proceso y no se puede completar su solicitud. Sirios, afganos y kosovares son los principales solicitantes de protección internacional.

“La actitud permisiva de las autoridades húngaras acabará muy pronto”

Lázsló Cselényi, ex director de la televisión internacional pública de Hungría, Duna TV, ha pasado muchas horas en la estación de Keleti en Budapest durante las últimas semanas. Allí ha visto a los refugiados que pasan cada día con destino hacia Austria y Alemania. Y ha compartido conversaciones con sirios, afganos, iraquíes, kurdos sobre las maravillas de Palmira, los bombardeos de Alepo, el Estado Islámico en Siria o las historias personales de cada uno…

En la imagen, un grupo de refugiados llega el pasado día 5 a la estación de Hegueshalom, en Hungria, cerca de la frontera de este país con Austria. LASZLO BALOGH / REUTERS

Por qué la crisis de los refugiados paraliza y enfrenta a la UE

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Lázsló Cselényi

Lázsló Cselényi (Cluj Napoca, Transilvania, 1951) presentó su dimisión como director de la televisión internacional pública de Hungría, Duna TV, el día que el Parlamento húngaro votó a favor de la polémica nueva Ley de Medios de 2010. Es un laureado director de documentales húngaro, especializado en minorías (él mismo nació como húngaro en Rumanía). Gran conocedor y amante de muchos de los países de los que provienen los refugiados que llegan a Europa, tiene amigos en Palmira (Siria) a los que hace tiempo que no contacta por temor a ponerles en peligro. No sabe si siguen vivos. Ha pasado muchas horas en la estación de Keleti en Budapest durante las últimas semanas, donde las autoridades húngaras ahora dejan proseguir su camino a los refugiados que pasan cada día por ahí con destino hacia Austria y Alemania. Ha compartido conversaciones con sirios, afganos, iraquíes, kurdos sobre las maravillas de Palmira, los bombardeos de Alepo, el Estado Islámico en Siria, las historias personales de cada uno… Atiende a EL ESPAÑOL a través del teléfono y por correo electrónico desde Budapest, donde reside desde hace décadas:

PREGUNTA.- Si tuviera que describir en una frase lo que está sucediendo con los refugiados en Hungría, ¿cuál sería?

RESPUESTA.– Caos, cinismo, desinterés, amedrentamiento de quienes quieren ayudar. [Aunque desde el fin de semana la situación ha mejorado mucho] en la estación de Keleti los migrantes ya llegan y se van sin problemas. Ahora los principales conflictos están en la zona de Röszke, en la frontera con Serbia [donde este martes salieron a la luz imágenes de una periodista poniendo zancadillas y pegando patadas a los refugiados].

P. El primer ministro húngaro, Viktor Orban, ya tenía un discurso xenófobo antes de esta crisis. ¿Le sorprende alguna de las medidas que está tomando, como la valla de espinas en la frontera o el traslado forzoso de los migrantes a un campo de refugiados?

R. No. Desde principios de este año sabemos que iban a llegar miles y miles de inmigrantes. Hungría y todos los países europeos reciben fondos especiales de la Unión Europea para estas situaciones, pero el Gobierno húngaro no estableció campos de refugiados modernos y humanitarios ni compró comida, ni camas o agua. Los migrantes han recibido todo esto mediante organizaciones civiles.

El Gobierno húngaro colgó carteles de las vallas en las fronteras en las que ponían: “Inmigrantes, no nos quiten trabajo”. Y lo pusieron en húngaro, de forma que no lo entienden siquiera. Da la impresión de que todo el problema de los migrantes es un producto de comunicación interno. Siempre que hay graves problemas internos, el Gobierno recurre a la propaganda para desviar la atención sobre la problemática real.

P. El año pasado el Gobierno de Orban llevó a cabo una dura campaña contra las ONG críticas con su Administración. ¿Quedan organizaciones humanitarias capaces de prestar ayuda a los refugiados? ¿Y ciudadanos individuales?

Una refugiada espera transporte para Austria o Alemania el pasado día 5, cerca de Budapest. DAVID W. CERNY / REUTERS

R. Han dificultado su actividad por todos los medios. Existe entre la ciudadanía gente dispuesta a ayudar, también algunas organizaciones civiles. Están en las estaciones de trenes, en lugares donde juntan a los refugiados, allá donde se les necesita. Pero las autoridades les han impedido  ejercer su función humanitaria. En Bicske [donde se encuentra el campo de refugiados a 40 km de Budapest donde las autoridades llevaron forzosamente a los refugiados con el tren] no les dejaban ni siquiera repartir agua. [Hasta el viernes pasado], si alguien intentaba llevarles en coche, les paraban inmediatamente y les podían detener porque dicen que son “inmigrantes ilegales”.

Las autoridades intentan no dejar funcionar correctamente a la prensa. Les apartan de los migrantes. La propaganda estatal es cada vez más intensa. [Habla de] peligro de terrorismo, agresividad de los migrantes, irresponsabilidad de Alemania y arrogancia de Austria… Un ejemplo: los trabajadores de la televisión pública (MTVA) han recibido instrucciones de no mostrar imágenes de niños entre los migrantes (“Que no haya niños”… en una información sobre la “interceptación” de 1.600 migrantes) porque ellos despiertan la simpatía de todo el mundo [la información se filtró en agosto].

Bajo mi punto de vista, esto es un crimen de guerra. Hay una parte de la población llena de odio, a quienes les gustaría cerrar herméticamente las fronteras y apartar a los migrantes con fusiles. El redactor jefe del periódico Demokrata, el más leído de Hungría y afin al Gobierno, ha llamado “animales”, literalmente, a los migrantes. La inmensa mayoría de los húngaros, engañados por la propaganda y las pancartas antimigrantes, tienen miedo de ellos. Y la Policía húngara hace lo que se les ordena y, dentro de lo que cabe, están obrando con humanidad.

Sin embargo, el mayor problema es la indiferencia. Grupos de extrema derecha podemos encontrarlos en cualquier parte pero pueden ser neutralizados a través de una sociedad sana. La indiferencia es el terreno de cultivo de todo esto. Es incomprensible que la memoria colectiva no esté funcionando. Esta nación, la húngara, ya se quebró una vez hace 70 años por la indiferencia, cuando volvieron la cabeza al pasar los convoyes de la muerte [deportando a  judíos].  [Este fin de semana] muchos húngaros han empezado a ayudar a los migrantes, [ya] sin miedo. ¡Menos mal!

Un grupo de refugiados llega el pasado día 5 a la estación de Hegueshalom, en Hungria, cerca de la frontera de este país con Austria. LASZLO BALOGH / REUTERS

P. Usted fue director de la televisión internacional húngara durante seis años (2004-2010) hasta que el Gobierno actual implantó una ley de censura para los medios. ¿Cómo están los medios públicos cubriendo las noticias estos días?

R. La televisión pública está norcoreanizándose. Da voz solo al discurso del Gobierno y contrario a los inmigrantes. Desde hace meses están emitiendo reportajes cuyo contenido “explica” los supuestos enormes peligros que entrañan los migrantes: cuántos terroristas podrían esconderse entre ellos, que están descuidados, que huelen mal, que no es verdad que hayan tenido que dejar su patria, que tienen dinero que les sobra, que tienen teléfonos móviles y que por qué no suben a un avión y van ahí donde quieren. Esto no es broma. Esto lo ha dicho el vicepresidente de Fidesz [el partido gubernamental]. Es una propaganda execrable.

Desde hace tiempo ya no se aplica el porcentaje de minutaje que las normas exigen conceder a la oposición y cuando lo hacen, lo compensan con una crítica demoledora. Los canales de la oposición están haciendo su trabajo, aunque con dificultad.

P. En España se ha empezado a abordar la crisis migratoria muy recientemente, pero en Hungría parece ser un asunto de discusión desde hace tiempo…

R. La situación ha cambiado [en las últimas semanas] en el sentido de que las autoridades se sienten más inseguras que antes, porque hay una gran avalancha. Las medidas que están tomando son contradictorias. Tienen una actitud muy firme en las negociaciones en el extranjero, pero internamente las negociaciones son caóticas. La [actual] actitud permisiva de las autoridades acabará muy pronto.

   REUTERS/Marko Djurica      TPX IMAGES OF THE DAY
Alvand, un joven sirio de 18 años, toma un selfie tras atravesar la frontera húngara cerca de Roszke, el pasado día 5. MARKO DJURICA / REUTERS

P. Aún así no todo es culpa del Gobierno húngaro, ¿no?

R. La Iglesia tampoco toma una postura decidida. Desde el sábado es más activa, pero [hasta entonces] no había ayudado a los refugiados. El cardenal húngaro, Peter Erdö, dijo en una entrevista que la Iglesia no puede dar cobijo a los migrantes, porque entonces estaría ayudando a los traficantes de personas, lo cual está prohibido por ley. La Iglesia Católica húngara actúa por su cuenta. Parece que Fidesz [el partido del Gobierno] es el jefe de la Iglesia aquí.

P. Usted ha estado yendo durante casi dos semanas a diario a la estación de tren de Keleti en Budapest para ayudar y charlar con los refugiados. ¿Qué le transmiten?

R. Ya no hay una aglomeración tan grande, pero siguen llegando. [Cuentan] que están en camino desde hace semanas, que su capacidad de resistencia están en las últimas, hay algunos que han estado durante meses en Turquía. Algunos decían “dios mío, qué no daría para poder recibir un baño caliente”.

Para ellos supone un gran apoyo la prensa internacional, por lo que las autoridades han tratado de impedir el trabajo de los informadores.

Enseguida están muy agradecidos por cualquier gesto hacia ellos, como darles agua, galletas o chocolatinas para los niños. Su única conexión con el mundo exterior es internet, a través del cuál ven el apoyo internacional que reciben. Esa cobertura que reciben, para ellos supone su defensa.

P. ¿Cuál es la historia que más le ha impresionado de los refugiados que ha visitado en esta estación de Budapest?

R. Un día en la estación de Keleti lloré. Muchas veces alguna pequeñez es suficiente. Había ahí una tubería rota de donde brotaba agua que caía al suelo y los migrantes se lavaban manos y piernas e intentaban lavar sus zapatos. Vi a una niña de unos cinco años que no tenía cepillo de dientes y metía su manita para coger algo de agua con el dedo y poder lavarse los dientes con un mejunge que guardaba su padre en una bolsita de plástico. Tuve que salir corriendo. Recordé a mis idolatrados nietos a la vez que pensaba que cualquiera en cualquier momento puede ser un refugiado.

P. ¿Qué hace falta hacer en Hungría con mayor urgencia?

R. Hay que pregonar la humanidad. Ese es el deber más importante. La indiferencia hay que eliminarla. A los fascistas, xenófobos, a quienes piden sangre, hay que condenarlos públicamente.

Tengo la esperanza de que dentro de unos años estas personas no escupan cuando se encuentren con algún húngaro o cuando escuchen hablar de Hungría. Esa es mi esperanza, porque somos muchos los que pensamos así.

Adam Goodes, el fútbol y el racismo en Australia

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Adam Goodes, el número 37 de los Sydney Swans, jugador aborigen de fútbol australiano, ha pasado de tener a todo su país dividido en un debate sobre el racismo a unirlo en una campaña sin precedentes para que vuelva a los campos de juego. Goodes, dos veces campeón de Liga y dos veces mejor jugador del campeonato, además de Australiano del Año 2014, amenazó con dejarlo, harto de los insultos racistas que le gritan partido tras partido. 

En solo una semana Adam Goodes, jugador de fútbol australiano, el número 37 de los Sydney Swans, ha pasado de tener a todo su país dividido en un debate sobre el racismo a unirlo en una campaña sin precedentes para que vuelva a los campos de juego. El deporte, tan propio del país oceánico, ha actuado una vez más como reflejo de una sociedad a la que incomoda sobremanera todo lo relacionado con el racismo. Hace unos días el que fue nombrado ‘Australiano del Año 2014’, de raza aborigen, se planteaba retirarse debido a la actitud abiertamente racista de determinados seguidores rivales; incluso se negó a jugar un partido con su club.

Ahora, y tras recibir numerosas muestras de ánimo por parte de aficionados, prensa, otros indígenas, celebridades del país y australianos en general, Goodes ha regresado y está dispuesto a volver a jugar. Lo sucedido, un capítulo más en la historia del futbolista, pone de manifiesto la controversia que existe en el país ante una pregunta que no para de provocar escalofríos: ¿es Australia un país racista?

Tras los abucheos recibidos en el anterior encuentro frente a los West Coast Eagles, el deportista aborigen, todo un emblema para los suyos, se negó a jugar el pasado fin de semana con permiso de su equipo, los Sydney Swans. Una situación que Goodes lleva viviendo cada semana durante meses, y que ha trascendido las fronteras de su país por los insultos racistas a todo un defensor de los derechos de los indígenas.

Llevan pitándole años pero los abucheos se han visto incrementados desde que este año festejase un lance del juego con una danza de la guerra. La estrella australiana ha sido dos veces ganador de la liga y nombrado en otras dos ocasiones mejor jugador del torneo, pero no se ha librado nunca ni de las críticas ni de la polémica.

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Adam Goodes, en un partido reciente.

Un pasado que no gusta recordar

Algunos de sus compatriotas le acusan de ir de víctima y de que los pitos son por su actitud, no por su raza. A sus 35 años, es conocido por sus posturas y celebraciones extravagantes, siempre haciendo gala de sus orígenes, presumiendo de ello. Por eso y por sus acciones fuera del campo, combatiendo la discriminación, es considerado un quijote de la lucha contra el racismo. Esto es algo que no gusta a los australianos, que no desean que les recuerden los errores cometidos en el pasado contra los nativos.

Durante más de 200 años, hasta mediados del siglo pasado, a los originarios del país se les negaron los derechos básicos. Un trato que llegaba después de que los colonizadores ingleses casi les exterminaran, y muchos niños fuesen apartados de sus familias. Una situación dolorosa que tiene todavía eco en la Australia actual, generando resentimientos, y que Goodes recuerda a su manera, realizando bailes propios de los aborígenes o imitando el ataque con una lanza a los espectadores. De hecho el ‘arma’ imaginaria que ‘utilizó’ se puso a la venta en eBay por 20.000 dólares australianos (unos 13.500 euros).

Pero el futbolista lleva años tomando partido y dando la cara para mostrar su posición en este tema. El que seguramente sea el momento más famoso en esta historia contra el racismo se vivió en 2013, y tiene como coprotagonista a una niña de 13 años. Durante un partido de la Liga de Fútbol Australiana (AFL), mientras Goodes corría por la línea contigua a los aficionados, oyó una voz que le llamó “simio”. La ofensa venía de una niña a la que el australiano no dudó en señalar, provocando que los encargados de seguridad la echasen de la grada. La actuación del futbolista fue aplaudida y también criticada, por enseñar una lección y por humillar a una niña. “El racismo tiene una cara y anoche esa cara fue la de una niña de 13 años” comentó Goodes al día siguiente. Afirmó que ella no era culpable, que era la que más apoyo necesitaba, al mismo tiempo que responsabilizaba al entorno por permitir que algo así ocurriese.

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Goodes, Australiano del Año 2014.

Desde entonces se creó un debate que ahora se ha vuelto a intensificar. Por un lado quienes aseguran que pitar a Goodes muestra una actitud racista y quienes defienden que se le pita como a cualquier otro deportista, y que lo contrario sería discriminación positiva. Sostienen además que su actitud, acusando a su país de racista en declaraciones tras ser nombrado Australiano del Año, es merecedora de los abucheos: “El Día de Australia es como el ‘Día de la Invasión’”. Él mismo quiere ser reconocido por su lucha y asegura que si sólo se le recuerda por su fútbol “habrá fallado en la vida”. Señalan además sus detractores el comportamiento provocador ante aficionados rivales, llegando a pautas violentas como la famosa lanza imaginaria.

Se trata de un tema que no asusta a los políticos del país y el líder de la oposición, Bill Shorten, se ha atrevido a dar su opinión: “No hay duda de que la reacción que ha recibido se debe a su raza, y más gente se ha unido a los abucheos contra él porque es lo que otros hacen”. Hace falta sensibilidad, dijo, para que los abucheos e insultos no se conviertan en una moda. A una parte de la población australiana le ha causado un profundo malestar que Goodes recibiese premios precisamente por criticar a su país, y cree que las condecoraciones solo dan más importancia a un problema que ellos no consideran tal.

De Doug Nicholls a Cathy Freeman

No es el primer caso de discriminación en el fútbol australiano. Hace casi un siglo Doug Nicholls, que practicó además otros deportes, tuvo que abandonar el Carlton sin llegar a debutar porque a sus compañeros de equipo no les gustaba su olor. Se marchó al Northcote donde años más tarde sería campeón de la Liga. Ya en los años 70 se convirtió en el primer caballero aborigen y gobernador de Australia Meridional. Pasó a convertirse en un símbolo de integración, como también fue el caso de Cathy Freeman, campeona olímpica en 400 metros lisos en Sydney 2000. Fue la encargada de prender la antorcha en aquella edición de los Juegos Olímpicos y a pesar de tener sangre siria, escocesa y china, siempre se ha sentido orgullosa de su origen nativo.

Pero Goodes no está siendo tan respetado como Freman. El locutor australiano Alan Jones le acusaba de “hacerse la víctima” y de que los abucheos no tienen nada que ver con el racismo. Le llamó “estúpido” y criticó su puesta en escena previa a los lanzamientos. Muchos de los que abuchean al jugador indígena comparten su opinión, pero en el fútbol australiano otros actúan de esa manera, y no son pitados. Incluso otros como Hayden Bellantine, que también genera ira entre los aficionados, no son pitados de la misma manera. Del mismo modo también hay otros jugadores indígenas en la misma liga y no se les abuchea por ello. La conclusión es que Goodes, que aúna ambos elementos, forma un cóctel que estimula los insultos racistas por parte de la grada.

Tampoco agrada a sus críticos su forma de acusar de racistas a los australianos. Aunque una gran mayoría le aplaude precisamente por ello, ya que consideran que es necesario que alguien saque el problema a relucir y actúe de embajador para los indígenas, que se sienten discriminados. Fruto de ello ha sido la campaña que ha servido para que Goodes vuelva a jugar o que incluso dos periódicos líderes como The Age y The Sydney Morning Herald hayan regalado a sus lectores un póster suyo para apoyarle. Muchos aficionados se sumaron a la iniciativa colgando en redes sociales fotos con el dorsal 37, el del jugador australiano, pintado en brazos, espalda o carteles.

Aprovechando el Garma Festival, una convención anual para tratar las dificultades de los indígenas, miembros del clan Gumatj se pintaron el mismo dorsal en el cuerpo. También celebridades australianas como Cate Blanchett o Hugo Weaving dejaron unas palabras en forma de vídeo para agradecer a Goodes que diese voz a los indígenas. Su compañero de equipo Lewis Jetta, durante el encuentro en que el aborigen estuvo ausente, imitó su celebración de la danza de la guerra y la lanza invisible. Muestras muy simbólicas que han llevado a Goodes a volver a los campos, y que le animarán en su lucha contra un problema que no parece tener una cura rápida y al que Daniel Hick, en el Garma Festival, se refirió de forma clara: “El racismo siempre tiene el mismo efecto, duele”.

@diegonzalez86

Por qué el PP se la juega con Albiol

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El peligro de caer en la irrelevancia en el espectro político catalán ha empujado al Partido Popular a realizar una apuesta arriesgada con un candidato que no deja a nadie indiferente. Xavier García Albiol (Badalona, 1967) será el encargado de combatir el tirón de Ciudadanos en la comunidad y los malos resultados que le auguran las encuestas al partido liderado por Alícia Sánchez Camacho.

Un ‘golfo’ para limpiar Badalona, por Pol Pareja

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El peligro de caer en la irrelevancia en el espectro político catalán ha empujado al Partido Popular de Cataluña a realizar una apuesta arriesgada con un candidato que no deja a nadie indiferente. Xavier García Albiol (Badalona, 1967) será el encargado de combatir el tirón de Ciudadanos en la comunidad y los malos resultados que le auguran las encuestas al partido liderado por Alícia Sánchez Camacho.

En una jugada que se puede interpretar como un “todo o nada”, el PP trata de seducir al electorado catalán más a la derecha y pone en primera línea a un político conocido en todo el territorio que se maneja con soltura tanto en los platós de televisión como en las redes sociales. Resumimos en 4 puntos las claves de la elección del nuevo candidato del Partido Popular para las elecciones del próximo 27 de septiembre en Cataluña.

Candidato nuevo, pero no desconocido.

Con solo dos meses de margen antes de las elecciones, Albiol era la única persona que podía encarnar una candidatura “de renovación” sin que ello supusiera poner al frente a un desconocido o a alguien con poca experiencia en campañas electorales –como por ejemplo Andrea Levy, número dos de la lista y nueva vicesecretaria de Estudios y Programas-. Albiol es un perro viejo de la política –es concejal desde 1991- que por fin cumple su sueño de abandonar el ámbito municipal. El exalcalde de Badalona cumple, además, con los requisitos del nuevo perfil que buscan los populares: lenguaje directo, buena presencia, activo en las redes sociales –él mismo gestionaba buena parte de su cuenta durante la última campaña- y soltura en los platós de televisión.

Único activo del PP en Cataluña.

Xavier García Albiol es prácticamente el único activo político del que dispone el PP en Cataluña. A pesar de que una coalición de izquierdas le arrebató la alcaldía de Badalona (la tercera ciudad de Cataluña) el pasado 24 de mayo, fue de los pocos candidatos populares que aumentó en votos y se ha erigido como el único miembro del PP que despierta simpatías en una comunidad que siempre ha sido difícil para los conservadores. Si bien Alícia Sánchez Camacho obtuvo el récord de 19 diputados en 2012, el escándalo del ‘caso Método 3’ y las grabaciones con la exnovia de Pujol Ferrusola en el restaurante La Camarga la han dejado demasiado tocada para combatir por el voto antisoberanista contra un partido en auge como Ciudadanos.

Polémica xenófoba.

La apuesta de Albiol es arriesgada porque puede generar recelos entre el electorado antisoberanista más moderado, que puede decantarse por Ciudadanos en el centro o el PSC más a la izquierda. Su agresivo discurso antiinmigración –fue juzgado y absuelto de un delito de incitación al odio en 2013 por haber repartido unas octavillas en las que relacionaba inseguridad e inmigración- pudo funcionar en una ciudad con problemas de integración como Badalona, pero está por ver cómo recibe el resto del electorado a un candidato con estos antecedentes.

Fin del verso libre.

Una de las claves del éxito de Albiol en su ciudad ha sido su distanciamiento de los mensajes que provenían tanto del Partido Popular de Cataluña como de Génova. Albiol ya no podrá hacer una campaña personalista en la que esconda las siglas del PP, tal y cómo hizo en las últimas elecciones. La propia Sánchez Camacho ha anunciado que tanto Rajoy como otros miembros del partido se volcarán en la campaña catalana. El exalcalde de Badalona perderá autonomía y libertad a la hora de articular su mensaje y no podrá abusar de esa autenticidad que tantas simpatías ha despertado en un sector del electorado conservador. Albiol tampoco podrá mantener un perfil bajo respecto al proceso soberanista -eje central del debate electoral- como ha hecho durante los últimos años, postura que en su ciudad le granjeó apoyos incluso de algunos votantes independentistas.

La diferencia entre matar a un ruiseñor y poner un centinela

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Cinco décadas después de publicar Matar a un ruiseñor llega a las librerías Ve y pon un centinela. 20 años transcurren entre ambas historias escritas por Harper Lee. El nuevo libro se presenta como la segunda parte de la primera novela, pero se escribió antes. En la reciente publicación el mito de Atticus se rompe. El abogado defensor de los negros se muestra ahora racista y segregacionista. Su hija Jean Louise, ‘Scout’ en la primera novela, cuenta cómo su padre deja de ser su ídolo para convertirse en un hombre deplorable cuyos actos la hacen vomitar. 

En la imagen, Atticus Finch (Gregory Peck) y Harper Lee.

Matar a un ruiseñor, el premio Pulitzer que dibujó como pocos el deber del buen ciudadano y el mito de la justicia y la igualdad en la Norteamérica sureña, racista y segregacionista, ha desembocado en Ve y pon un centinela. El nuevo best seller ha traído noticias de errores de imprenta, peleas de editoriales por publicar el libro del año y el morbo añadido sobre si la autora permitió o no, a sus 89 años y después de 55 de silencio, la publicación del mismo.

Más que un cambio de la primera a la tercera persona en la narración, el nuevo libro de Harper Lee es un paso de lo idílico a lo real. Matar a un ruiseñor es la historia de Atticus Finch narrada por su hija. Finch es abogado, viudo y padre de dos pequeños (Scout y Jem), que se ve en la obligación de defender a Tom Robinson, un joven negro acusado de violar a una blanca. El pueblo entero se pone en su contra pero Atticus se mantiene firme y recto en su juicio. El letrado lleva al extremo sus deseos de justicia, sin importar el color del acusado, aunque sabía que el juicio estaba perdido desde antes de empezar.

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Cinco décadas después se publica Ve y pon un centinela. La nueva trama tiene lugar 20 años después de lo narrado en Matar a un ruiseñor. El libro se presenta como la segunda parte de la primera novela, pero se escribió antes. En la reciente publicación el mito de Atticus se rompe. El abogado defensor de los negros se muestra racista y segregacionista. Su hija Jean Louise, apodada Scout en la primera novela, cuenta ahora cómo su padre deja de ser su ídolo para convertirse en un hombre deplorable cuyos actos la hacen vomitar. Pero Jean Louise también deja de ser Scout.

“Atticus se convirtió en un héroe que trascendió al racismo”, explica a EL ESPAÑOL la catedrática de literatura inglesa de la Universidad de Navarra Rocío Davis. “En Ve y pon un centinela deja de ser así y se ajusta más a la realidad. Finch vivió en la década de 1950 en el sur de Estados Unidos, donde casi toda la sociedad era racista. Él era un abogado que creía en la justicia, aunque en un momento de la primera novela dice no querer el caso”, añade. La editorial HarperCollins, que publica Ve y pon un centinela, explica que este último fue rechazado por los editores de Harper Lee y después de reescribirlo surgió el primer libro.

La publicación de lo que se suponía iba a ser la segunda parte de Matar a un ruiseñor, más que una continuación parece una contradicción.

1. El título de la inocencia y el de la defensa

El emblemático título del libro ganador del Pulitzer habla de justicia. En Matar a un ruiseñor Scout narra cómo su padre, cuando les regala a ella y a su hermano Jem unos rifles de aire comprimido, les pide que utilicen bien su nuevo juguete:

 

“… Matad todos los arrendajos azules que queráis, si podéis darles, pero recordad que matar un ruiseñor es pecado.

Aquélla fue la única vez que le oí decir a Atticus que ésta o aquélla acción fuesen pecado, e interrogué a miss Maudie sobre el caso.

–Tu padre tiene razón me respondió–. Los ruiseñores no se dedican a otra cosa que a cantar para alegrarnos. No devoran los frutos de los huertos, no anidan en los arcones del maíz, no hacen nada más que derramar el corazón, cantando para nuestro deleite. Por eso es pecado matar un ruiseñor”.

 

Es pecado hacer daño al inocente, es pecado culpar a alguien de algo que no hizo. Por eso, Atticus Finch defiende a Thomas Robinson (“Tom”), un joven negro acusado de violar a una chica blanca.

Ve y pon un centinela es un título sacado del libro de Isaías en el Antiguo Testamento que dice: “Porque el Señor me dijo así: ve y pon un centinela que haga saber lo que viere”. La desesperación de Jean Louise al descubrir que su padre asistía a reuniones en las que se defendía la segregación racial es lo que le da el título a la novela:

 

“Necesito un centinela que me diga ‘esto es lo que dice fulano y esto es lo que quiere decir de verdad’, que trace una raya en medio y diga ‘aquí hay una justicia y me haga entender la diferencia’”. [Dice Jean Louise].

 

Finalmente, el Tío Jack, hermano de Atticus Finch, tranquiliza a Jean Louise cuando le dice: “La isla de cada ser humano, Jean Louise, el centinela de cada uno, es su conciencia. Eso de la conciencia colectiva no existe”. Al mismo tiempo le explica que ella ha confundido a su padre con Dios, pues nunca fue capaz de verle como un “hombre con el corazón de un hombre”, según le explica el Tío Jack a su sobrina.

Atticus y Scout.

2. La traviesa Scout y la señorita Jean Louise Finch

La niña intrépida se ha convertido en la señorita Jean Louise. Scout golpeaba a sus compañeros de clase y jugaba como un chico más con su hermano y su mejor amigo Dill, personaje inspirado en Truman Capote.

 

–¿Retirarás lo que dijiste, muchacho?

–¡Tendrás que obligarme primero! –chilló él–. ¡Mis padres dicen que tu padre era una calamidad y que aquel negro debería colgar del depósito de agua!

Yo le asesté un golpe, y recordando lo que Atticus me había dicho, dejé caer los puños a los costados y me marché. El grito de: “¡Scout es una co…barde!”, retumbaba en mis oídos. Era la primera vez que abandonaba una pelea.

 

Dos décadas después Jean Louise sigue siendo testaruda. Aún tiene problemas con su tía Alexandra, la hermana de Atticus que se encargó de la educación de sus hijos cuando él quedó viudo. Que Jean Louise no fuese femenina ni se relacionara con la sociedad sureña siguen siendo, desde la primera novela, un problema para su tía. “Me gustaría que esta vez intentaras vestirte mejor mientras estés en casa. La gente se lleva una mala impresión de ti. Piensan que eres… eh… de barrio pobre”, dice Alexandra a Jean Louise en Ve y pon un centinela.

Jean Louise intenta ser Scout en toda la nueva novela, y mantiene su carácter: “Tía … ¿por qué no te vas a la mierda?”, le dijo a Alexandra cuando le argumentaba que no debería casarse con Hank, su novio, porque era “gentuza”. Aunque al final de la trama la nueva Jean Louise decide dejar a Hank:

 

— Tío Jack —le dijo—, ¿qué voy a hacer con Hank?
— Lo que desees hacer, cuando llegue el momento— respondió él.
— ¿Rechazarlo sin más?
— Ajá.
— ¿Por qué?
— No es de tu clase

 

“Ama a quien quieras, pero cásate con los de tu clase”, piensa y narra Jean Louise después de lo que le ha dicho su tío. Y eso hace; lo rechaza porque no es de su clase.

Atticus Finch y su defendido Tom Robinson.

3. De ejemplo de padre a abogado racista

Aunque Jean Louise siempre llamó a Atticus Finch por su nombre, el personaje del primer libro era un padre, el padre de Scout: un hombre idealizado, ícono de abogados y de todo ciudadano estadounidense. El Atticus Finch de Matar a un ruiseñor era la estrella del primer libro, que en el cine dio un oscar a Gregory Peck (quien representaba el papel del abogado).

 

–Atticus, ¿tú defiendes nigros? –pregunté a mi padre aquella noche.

–Claro que sí, Y no digas nigros, Scout. Es grosero.

–Es lo que dice todo el mundo en la escuela.

–Desde hoy lo dirán todos menos una…

 

Ese fue el padre de Scout de frases lapidarias como: “Derechos iguales para todos; privilegios especiales para ninguno”. El nuevo Atticus es otro personaje, un abogado racista que sólo conserva su caballerosidad:

 

—Entonces vamos a llevarlo al terreno práctico. ¿Quieres que haya negros a montones en nuestras escuelas, en nuestras iglesias y nuestros cines? ¿Los quieres en nuestro mundo? [Dice Atticus a Jean Louise].

—¿Son personas, no? Estuvimos muy dispuestos a importarlos cuando nos hacían ganar dinero. [Contesta Jean Louise].

—¿Quieres que tus hijos vayan a una escuela que haya bajado de nivel para integrar a niños negros?

—El nivel académico de la escuela que hay en esta misma calle no podría ser más bajo, Atticus, y tú lo sabes. Tienen derecho a las mismas oportunidades que los demás, tienen derecho a disfrutar de las mismas…

 

”Según mi experiencia lo blanco es blanco y lo negro es negro”, concluye el Atticus de 72 años.

4. La trama: los juegos y los problemas de amor

Scout, junto con Jem y Dill (su hermano mayor y el mejor amigo de ambos), llenan Matar a un ruiseñor de historias graciosas. Entre juegos y problemas de niños que en apariencia son insignificantes pero que para ellos son grandes preocupaciones, Scout cuenta cómo era la realidad del sur de Estados Unidos durante la década de los treinta con los problemas de la Gran Depresión.

El mayor misterio para Scout y sus compañeros de aventuras es la casa de los Radley. Los niños crean una historia ficticia alrededor de Boo Radley, uno de los jóvenes de la casa que es bastante excéntrico. Boo sale poco a la calle, y eso les da oportunidad para crear de él un monstruo extraño.

 

Ahora que Walter y yo andábamos a su lado, parecía que Jem le temía muy poco a Boo Radley. Lo cierto es que se puso jactancioso.
–Una vez subí hasta la casa– dijo.
–Nadie que haya ido una vez hasta la casa debería después echar a correr cuando pasa por delante de ella –dije yo, mirando a las nubes del cielo.
–¿Y quién echa a correr, señorita Remilgada?
–Tú, cuando no va nadie contigo.

 

Boo Radley termina defendiendo a Jem del ataque de venganza de Bob Ewell, el padre de la jovencita que acusaba a Tom Robinson de violación. Esa es otra lección más de la novela. En el proceso antes y durante el juicio de Atticus como defensor de Tom: en palabras de niños, con juegos y exageraciones la novela ahonda en temas trascendentales y deja enseñanzas que han sido objeto de estudio.

El nuevo libro hace menos aportaciones trascendentales. Boo Radley no aparece en la historia, tampoco Dill; y Jem ha muerto. Según el New Yorker durante toda la novela se apela a clichés de la época, las ya muy conocidas actuaciones de negros frente a blancos. Ejemplo de esto es el encuentro de Scout con su amada Calpurnia, la cocinera negra que la cuidó durante toda su infancia:

 

— Cal —le dijo llorando—, Cal, Cal, Cal, ¿qué me estás haciendo? ¿Qué sucede? Yo soy tu niñita, ¿es que te has olvidado de mí? ¿Por qué me apartas? ¿Qué me estás haciendo?

Calpurnia levantó las manos y las apoyó suavemente sobre los brazos de la mecedora. Su cara tenía mil pequeñas arrugas y, detrás de las gruesas gafas, sus ojos se veían apagados.

—¿Qué nos están haciendo ustedes a nosotros?— preguntó ella.

Calpurnia fue clave en la educación de los dos niños huérfanos de madre, parece increíble que actúe de tal forma. Pero es verdad que la historia de las afroamericanas trabajadoras del hogar que al pasar los años se separan de los niños que han educado es ya un cliché de principios del siglo XX; así se muestra en películas como The Help (Criadas y señoras).

Además, los problemas de Jean Louise ya no son pelear con sus compañeros porque ofendan a su padre por defender a Tom. Ahora le preocupa, como a las mujeres de su época, casarse con el hombre correcto, pues entiende que su novio Hank no es de su clase y eso puede traerles problemas después:

 

—Lo siento, cariño. —Apagó su cigarrillo—. Es solo que me da miedo casarme con quien no debo. Con un hombre con el que no congenie, quiero decir, Soy como todas las demás mujeres, y si me caso con quien no debo me convertiré en una arpía gritona en tiempo récord. [Dice Jean Louise a Hank].

 

5. Los medios del Pulitzer y los medios de la secuela

Así cubrieron los medios la salida de Matar a un ruiseñor y así lo hacen ahora con Ve y pon un centinela:

The Atlantic: Antes y ahora

Time: Antes y ahora

NYT: Antes y ahora

El País: Hace 5 años y ahora

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otros medios online han hablado de Ve y pon un centinela, como los estadounidenses Quartz y la revista Slate.  Quartz hace hincapié en la idea de que Ve y pon un Centinela es un borrador de lo que fue después el libro ganador del Pulitzer. Muestra párrafos que se repiten en ambas novelas, líneas enteras con palabras exactamente iguales. Pero en Quartz dejan abierto el debate y no se posicionan.

La revista Slate habla con personas que llamaron a sus hijos Atticus. Ellos intentaban inculcar en sus pequeños la justicia que representaba el personaje ficticio. Hoy se sienten defraudados.

Supremacistas blancos en Estados Unidos… y en España

daily stormer

Las autoridades federales y locales de EEUU han descubierto que Dylann Roof, acusado de matar a nueve personas en una histórica iglesia afroamericana en Charleston, había estado en contacto con grupos de supremacistas blancos en la Red, algunos con sección en España. 

Las autoridades federales y locales de Estados Unidos han descubierto que Dylann Roof, el chico blanco de 21 años acusado de asesinar a nueve afroamericanos en una iglesia de Carolina del Sur el pasado mes de Junio, había estado en contacto con grupos de supremacistas blancos en la Red, algunos con sección en España.

En el manifiesto online, supuestamente escrito por Roof, el joven afirma que el primer sitio web que fomentó su ideología supremacista fue el del Council of Conservative Citizens, el grupo nacionalista blanco más grande de EEUU. “Había páginas y páginas sobre ataques brutales de negros contra blancos… en ese momento me di cuenta de que algo estaba muy mal”, escribe el asesino de Charleston.  

Según un análisis del Southern Poverty Law Center, una organización no gubernamental de defensa de derechos civiles, Roof también podría haber sido un participante regular del foro neonazi Daily Stormer, ya que ciertas páginas del manifiesto de Roof son muy similares a unos comentarios publicados por uno de los usuarios en este grupo.

Por último, el propio Roof también ha sido relacionado con la página de supremacistas blancos más importante de Estados Unidos, Stormfront (que también cuenta con una sección en España). Aunque la conexión entre el asesino de Charleston y el foro online sigue sin estar clara, Don Black, el fundador de Stormfront y un ex líder del Ku Klux Klan en Alabama, comenzó a solicitar donaciones hace unos días para un fondo de defensa legal después de recibir una visita del FBI.

“La libertad de expresión de nuestros comentaristas está siendo atacada”, dijo recientemente en su programa de radio, aunque no especificó cuáles son los problemas legales a los que pueden enfrentarse. En el sitio web de Stormfront varios usuarios se han quejado en las últimas semanas de que la matanza de Charleston “les va a dar mala reputación” y que su comunidad online quiere la armonía racial, “solo que segregada”.

Éstas son las tres páginas de supremacía blanca relacionadas con el asesino de Charleston. En una conversación con el Southern Povery Law Center, la organización ha confirmado que estos tres grupos son algunos de los movimientos de supremacía blanca más influyentes de Estados Unidos.

Stormfront

Según la citada organización, Stormfront fue el primer gran foro de incitación al odio en Internet con cierta repercusión. El New York Times calcula que la website recibe unos 40.000 visitantes al día y es, por tanto, el espacio online de supremacistas blancos más popular del mundo. En mayo de 2015 contaba con más de 300.000 miembros registrados (aunque muchos menos siguen activos). Menos de la mitad de los visitantes viven en los Estados Unidos.

En un estudio del Southern Poverty Law Center, la organización de derechos civiles afirmó que una gran cantidad de usuarios de Stormfront han sido responsables de muchos de los crímenes de odio más letales desde que el sitio fue inaugurado en 1995. Sólo en los últimos cinco años varios de los usuarios de Stormfront han asesinado a casi un centenar de personas. El asesino más conocido es probablemente Anders Breivik, el terrorista de extrema derecha que mató a 77 personas en Noruega en julio de 2011. En el momento del crimen, Breivik llevaba tres años registrado de Stormfront.

Anders Breivik. Copyright: Flickr/Policía de Oslo

Los usuarios de ese foro dedican gran parte de su tiempo a lamentar la supuesta extinción de la raza blanca (o “genocidio blanco”, como lo llaman ellos) y a escribir larguísimos posts en los que declaran la superioridad de los blancos sobre negros y judíos. Una usuaria con el nombre de Bellatrix escribía en mayo de este año sobre la necesidad de informar a los jóvenes blancos del peligro de la mezcla de razas:

“Cuando hables con alguien sobre chicos o chicas, todo lo que tienes que hacer es plantar la semilla de ‘extinción blanca’ en su mente, y luego seguir con el tema de una manera amistosa”, aconseja esta usuaria.

En un extenso post titulado Entendiendo la mente del Negro, Parte III, el usuario Lord Jim afirma: “El negro es, y siempre será un gorrón y un ladrón. El negro es esa cosa que se esconde en la oscuridad y que intenta hacer lo menos posible. Aborrece cualquier tipo de trabajo productivo y busca la recompensa más fácil por el mínimo esfuerzo. El negro es una abominación del hombre y de la naturaleza y la antítesis de la civilización. En resumen, la mejor palabra para bestia es negro”.

Stormfront también cuenta con una sección para mujeres, donde se pueden encontrar fórums titulados Ladies, if it came down to it would you fight (Señoras, ¿si fuese necesario lucharíais?), How do you feel about non-white children (¿Cómo te sientes hacia los niños no blancos?) o Would you be willing to date a man that has been with a non-white woman (¿Estarías dispuesta a ir a una cita con un hombre que ha estado con una mujer no blanca?).

Esta preocupación por “la extinción blanca” también puede encontrarse en la website Stormfront España.  El esquema siguiente fue publicado en un foro titulado Genocidio blanco por el usuario Perrin.  

genocido blanco

Los negros no son los únicos a los que los usuarios de Stormfront culpan de la extinción de la raza blanca. En este foro titulado La aniquilación de la raza blanca: ¿propósito judío?, el usuario Navas de Tolosa escribe en un texto de casi 6.000 palabras: “El poder del judío para controlar al blanco mediante los medios es absolutamente enorme […] Mire la película de Disney ‘Pocahontas’ por ejemplo, que glorifica la unión interracial de un blanco y un indio. La película también menosprecia a la raza blanca como moralmente inferior”.

“Aunque parezca extraño, la razón principal por la que los judíos usan su poder para mezclar a la raza blanca es porque se sienten amenazados por el blanco, inteligente y culturalmente brillante”, afirma este mismo usuario.

El Español ha intentado ponerse en contacto con los moderadores de Stormfront España sin éxito.

Council of Conservative Citizens

La mención de Dylann Roof al Council of Conservative Citizens como influencia para su manifiesto ha sido objeto de gran controversia, ya que el presidente de esta organización ha donado miles de dólares a candidatos republicanos en los últimos años. Se trata del grupo nacionalista blanco más grande de Estados Unidos y en sus mejores momentos llegó a contar con 15.000 miembros.

Este grupo deja claro en su declaración de principios que se opone “a todos los esfuerzos de mezclar las razas” y que “Estados Unidos es un país cristiano y europeo”. La página web de la organización recopila casos de violencia de negros contra blancos y advierte: “Los taxistas y los repartidores de pizza están probablemente en mucho más peligro de ser asesinados mientras hacen su trabajo que los oficiales de policía. La mayor parte de estos asesinatos son por parte de negros a blancos y de negros a asiáticos”.

El sitio web también cuenta con numerosos vídeos que intentan demostrar esta epidemia de violencia contra los blancos. En este vídeo, la controvertida columnista y tertuliana Ann Coulter afirma que los inmigrantes ilegales son más peligrosos para Estados Unidos que ISIS, ya que “si no quieres ser asesinado por ISIS solamente hace falta que no vayas a Siria, mientras que si no quieres ser asesinado por un mejicano ya no sé qué decirte”.

El Council of Conservative Citizens ha condenado el ataque de Charleston ya que ellos “no apoyan la violencia”. Sin embargo mantienen que algunas de las ideas del manifiesto de Roof “son hechos correctos” y se han negado a disculparse por el contenido de su sitio.

Daily Stormer

El Daily Stormer es una mezcla de tablón de anuncios y comentarios sarcásticos neonazis cuyo fundador, Andrew Anglin, propuso el mes pasado construir una ciudad constituida  enteramente por blancos. A pesar de no tener la popularidad o los números de Stormfront o The Council of Conservative Citizens, este foro ha saltado a la fama tras las revelaciones del Southern Poverty Law Center de que Roof podría haber sido un participante regular en las discusiones de este grupo.

En un apartado titulado La guerra racial, los usuarios del foro suben vídeos sobre ataques por parte de ciudadanos negros, habitualmente acompañados por apelativos denigrantes.

(Troglodita negro enloquecido con enorme machete ataca a una mujer asiática, monstruo mestizo acusado de matar a su novia blanca en pedacitos).

El foro también cuenta con un apartado llamado El problema judío donde se recopilan artículos de la misma índole contra la comunidad judía.

El fundador de Daily Stormer ha declarado en un post que si Dylann Roof era participante del foro “hacía mucho que no comentaba” y que en Daily Stormer, al igual que en Stormfront y en el Council of Conservative Citizens no se permite incitar a la violencia. Solo a la segregación.

La raza (todavía) importa en Estados Unidos

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La raza (todavía) importa en Estados Unidos. Junio ha sido un mes trágico y difícil para la convivencia racial en el país norteamericano. En el espacio de 15 días, el asesinato de nueve personas afroamericanas en una iglesia de Charleston, la brutalidad policial en una piscina de Texas y la polémica desatada por la activista blanca que se hacía pasar por negra en Spokane han reabierto viejas heridas.

Vea el vídeo completo de la piscina de Texas.

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Barak Obama durante su alocución tras la matanza de Charleston.

Junio ha sido un mes trágico y complicado para la convivencia racial en Estados Unidos. En el espacio de 15 días, el asesinato de nueve personas afroamericanas en una iglesia de Charleston, la brutalidad policial en una piscina de Texas y la polémica desatada por la activista blanca que se hacía pasar por negra en Spokane han reabierto viejas heridas sobre la realidad racial en el país norteamericano. Allí, la raza (todavía) importa.

Activistas, escritores, medios estadounidenses y anglosajones y hasta el propio Barak Obama han participado en un debate que parece no tener fin: la realidad en la que viven los ciudadanos negros en Estados Unidos.

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Frente y perfil del presunto asesino de Charleston, Dylann Roof.

La matanza de Charleston

El 17 de junio de 2015 Dylann Roof, un chico blanco de 21 años, entró en una iglesia negra en Charleston y asesinó a nueve afroamericanos. Según un testigo que presenció los disparos, antes de abrir fuego el atacante exclamó: “Necesito hacer esto porque estáis violando a nuestras mujeres y estáis tomando el control de nuestro país”. Jamelle Boie explica en Slate cómo el miedo a que los negros violen a las mujeres blancas es utilizado desde el siglo XIX para justificar la violencia contra los afroamericanos. La bandera confederada, con la que el asesino tiene varias fotografías y que continúa izada en la capital de Carolina del Sur, ha sido objeto de controversia tras la matanza por ser un “símbolo de odio racial”. Este sábado una mujer negra trepó el mástil de 10 metros para remover esta bandera, un acto aplaudido por muchos aunque la bandera volvió a ser izada pocas horas después.

El ataque contra la iglesia afroamericana también ha reabierto el debate sobre cómo los medios cubren este tipo de tragedias cuando el asesino es un hombre blanco. La profesora de religión y estudios africanos de la Universidad de Pennsylvania Anthea Butler escribe en  The Washington Post que los medios americanos prefieren utilizar el término “lobo solitario” en vez de “terrorista” cuando se refieren a un asesino de raza blanca.

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Roof y la polémica bandera confederada.

“Si escuchas a los medios hablar sobre Dylann Roof puedes ver que no le llaman terrorista”, dice Butler en su artículo. “Cuando el crimen lo cometen negros o musulmanes, los medios rápidamente los caracterizan cómo terroristas o matones, y en seguida se pide algún tipo de respuesta o acción por parte de las personas que comparten su raza o religión. En cambio, cuando el asesino era blanco, los medios le caracterizan como “lobo solitario” y atribuyen sus acciones a algún tipo de enfermedad mental”. En un artículo para The New York Times, la escritora Brit Bennett afirma que cuando un terrorista es blanco la violencia de sus acciones nunca se achaca a su color de piel.

La cobertura de los medios ha sido abordada en un artículo en The Guardian. Según escribe el periodista freelance Roy Greenslade, varios periódicos británicos relegaron la noticia sobre los asesinatos de Charleston a un segundo lugar el día de la matanza. “¿Hubiesen tratado la historia de la misma manera si un hombre negro hubiese matado a nueva personas blancas en una iglesia?”, pregunta el periodista. Greenslade señala que el día de la masacre de Sandy Hook, el colegio donde 20 niños y 6 adultos fueron asesinados en 2012, la noticia salió en todas las portadas de todos los periódicos británicos.

El otro debate que esta tragedia ha reavivado es el derecho a las armas. En su alocución televisada después de la tragedia, Obama pidió nuevamente el control de armas: “En algún momento tendremos que darnos cuenta de que este tipo de violencia no ocurre en otros países”. En el servicio religioso por una de las víctimas del ataque que tuvo lugar este pasado viernes, el presidente de Estados Unidos emocionó a los asistentes con un discurso sobre el racismo y la violencia armada, que terminó con el presidente entonando el himno góspel Amazing Grace.

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Rachel Dolezal.

Rachel Dolezal quiere ser negra

Rachel Dolezal es de ascendencia alemana y checa, pero ella se considera negra. La activista y ex líder de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color en Spokane (Washington) saltó a la fama tras la revelación de sus padres de que su hija estaba fingiendo ser de una raza que no era. Según cuenta la familia Dolezal, Rachel se había hecho pasar por negra durante los últimos 10 años.

Algunas personas han defendido el derecho de la activista “a ser negra si ella quiere”. Otros, principalmente afroamericanos, han acusado a Dolezal de estar apropiándose de experiencias que no son suyas. Alicia Walters, una mujer negra que también vive en Spokane, escribe en un artículo para The Guardian que “la identidad negra no se puede poner como un par de zapatos”. “Ser una niña negra en Spokane significa estar aislada y ser rechazada. Mi proceso de convertirme en una mujer negra no tuvo que ver con ropa o con la textura de mi pelo sino con el trauma del rechazo y aislamiento de mi infancia”, afirma. “En cambio, Rachel solo tuvo que cambiarse el pelo para ser negra”.

Otro motivo de controversia que ha surgido a raíz de las declaraciones de los padres de Dolezal es el uso de la palabra “transracial”. Este término empezó a ser popular entre usuarios de Twitter para defender el derecho de la activista a ser de la raza que ella quiera. Según los defensores de este término, ¿si una mujer puede ser un hombre y viceversa por qué una persona blanca no puede ser negra?

Este argumento ha sido criticado por varios motivos. Kat Blaque, una popular vlogger transexual, ha dicho públicamente “que yo no estoy mintiendo sobre quien soy ahora. Llevé a cabo mi transición para ser quien realmente ahora y dejar de pretender ser alguien quien no soy. Rachel está viviendo una mentira.” Vanessa Urquhart afirma en un artículo de Slate que la gran diferencia entre una persona transexual y Dolezal es que “parece ser que las personas nacen con una determinada identidad de género mientras que la identidad racial no tiene ninguna base genética”.

Por último, la escritora Lisa Marie Rollins explica en el Huffington Post que el término “transracial” se utiliza en investigaciones académicas y trabajos culturales para definir a personas que han sido adoptadas por otra raza. Muchas de estas personas se han sentido ofendidas al ser comparadas con Dolezal.

Violencia policial en una piscina de Texas

El video de una joven afroamericana de 15 años siendo brutalmente arrestada por un policía blanco en una piscina de Texas ha recorrido el mundo entero. El policía arrestó a la adolescente Dajerria Becton y a sus amigos afroamericanos tras recibir una llamada de unos residentes blancos que se quejaban del comportamiento de los adolescentes. A pesar de que existen distintas versiones de cómo empezó la disputa entre los bañistas blancos y el grupo de jóvenes mayoritariamente negros, la brutalidad exhibida por el policía ha sido condenada por la mayor parte de la sociedad estadunidense.

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The New York Times describe la ciudad de McKinney como “una ciudad con grandes divisiones económicas y raciales”. En un artículo en The Atlantic, el periodista Yoni Appelbaum equipara lo sucedido en la piscina de de esta ciudad con la historia de segregación de las piscinas americanas. “Formalmente, la segregación legal es cosa del pasado. Sin embargo todavía existen divisiones marcadas”, escribe. El periodista explica que las piscinas han sido mayoritariamente privatizadas en las últimas décadas y normalmente se encuentran tras puertas cerradas en barrios lujosos. Lo que pasó en McKinney ocurrió en este contexto de privatización “donde los residentes esperaban poder controlar quien toma el sol o chapotea en la piscina con ellos”, dice Appelbaum.

La brutalidad del policía que agarró y empujó al suelo a la chica negra también ha sido criticada por Brittney Cooper en Salon: “Esto jamás habría ocurrido si la chica hubiese sido blanca. No existe un lugar donde la policía pueda arrastrar del pelo a una adolescente blanca en bikini, la tire al suelo y se arrodille encima de su cuerpo sin suscitar una indignación moral masiva”, dice Cooper. “Sin embargo, a las chicas negras no se las considera lo suficientemente femeninas para que su vulnerabilidad sea evidente. Frecuentemente son vistas como agresoras por la policía y por los ciudadanos simplemente por hacer cosas de adolescente”.

Arthur Chu escribe en The Daily Beast que la parte más reveladora del video es la
que no vemos: la raza de la persona que sujeta el móvil. “Brandon Brooks, el chico blanco que hizo el vídeo, va de un lado para otro con su móvil grabándolo todo sin que le pase nada. Brooks afirmó de hecho que durante el altercado se sintió invisible”.

Así hace campaña García Albiol

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El Partido Popular ha designado a Xavier García Albiol como candidato a la Generalitat de Cataluña. A continuación reproducimos el reportaje que EL ESPAÑOL publicó justo antes de las elecciones municipales bajo el título Un golfo para limpiar Badalona.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo.

El Partido Popular ha designado a Xavier García Albiol, ex alcalde de Badalona, como candidato a la Generalitat de Cataluña. Reproducimos a continuación el reportaje que EL ESPAÑOL publicó el pasado mes de mayo con motivo de las elecciones municipales, bajo el título Un ‘golfo’ para limpiar Badalona.

 

En 2011, Xavier García Albiol acabó con más de 30 años de socialismo en Badalona, la tercera ciudad más grande de Cataluña. El PP sólo gobierna en nueve de los 947 municipios catalanes. Por eso el mensaje populista de Albiol ha sido imitado por otros candidatos de su partido en el extrarradio barcelonés. Recorremos la ciudad durante dos semanas para ver hasta qué punto el mensaje de Albiol ha calado entre la población.


La película que más le ha gustado últimamente a Xavier García Albiol (Badalona, 1967) se llama El Protector. En el filme, Denzel Washington interpreta a un ex miembro de la CIA que decide tomarse la justicia por su mano para ayudar a una chica que ha caído en las redes de la mafia rusa. Albiol no interpreta las leyes a su antojo pero, a juzgar por lo que se dice en ciertos barrios de Badalona, algunos lo consideran un auténtico justiciero que ha salvado la ciudad.

Albiol consiguió en 2011 teñir de azul uno de los tradicionales bastiones del cinturón rojo barcelonés. Su mensaje antiinmigración le llevó a los juzgados por repartir octavillas en las que se relacionaba inmigración e inseguridad y en las que había propuestas populistas como expulsar a los rumanos, pero fue absuelto en 2013. En cualquier caso, el mensaje caló. También prometer libros de texto gratis para todos los niños. Albiol consiguió que el Partido Popular gobernara en la tercera ciudad de Catalunya (217.210 habitantes) después de más de 30 años de hegemonía socialista en la localidad.


Todos los datos sobre Badalona


 

En una comunidad autónoma en la que sólo nueve municipios de 947 están gobernados por alcaldes populares, su victoria convirtió a Albiol en uno de los activos más importantes del partido de Mariano Rajoy. El 75% de catalanes que tienen un alcalde del PP son ciudadanos de Badalona. Las siglas del partido de Génova, sin embargo, no aparecen en ningún cartel ni folleto electoral. Albiol no se esconde: “Hemos hecho una campaña 100% personalista, las siglas hoy en día restan”.

Ni se ha expulsado a rumanos -solo hay censados 100 ciudadanos menos de esa nacionalidad respecto a 2011- ni ha habido libros de texto gratis para nadie. Pero la receta Albiol, como él dice, parece que funciona. Una de las últimas encuestas, publicada por El Periódico, da al actual alcalde entre 12 y 13 escaños. Una cifra por encima de los 11 que obtuvo en 2011 y muy cerca de los 14 que le darían la mayoría absoluta. Según el mismo sondeo, el 58% de los ciudadanos cree que Badalona ha mejorado durante su mandato y el 68% aprueba su gestión.

Albiol, haciendo campaña en las calles de Badalona.
Albiol, haciendo campaña en las calles de Badalona.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

El primero contra la casta

Albiol lleva en política desde 1991. Pero consiguió ganar unas elecciones con un mensaje contra el establishment o la “casta” mucho antes de la irrupción de Pablo Iglesias, Albert Rivera o Ada Colau.

La crisis económica, el paro, un partido que llevaba más de 30 años en el consistorio y un aumento de la inmigración fueron el caldo de cultivo para su triunfo electoral.

Se mostró como uno más. Un político que no venía del elitista centro de Badalona sino que llegaba desde el barrio obrero de La Morera. Allí se mezclan las casas bajas construidas en los años 60 con nuevas edificaciones más modernas. Los vecinos de su barrio lo recuerdan como un pequeño gamberro que nunca destacó entre el resto.

“Era un golfo, como todos”, explica Juan Gómez, 61 años, vecino del barrio desde hace 40. Otros recuerdan cómo su madre, aprovechando su estatura (2,01) y para que no pasara tanto tiempo en la calle, lo colocó de vigilante de seguridad en la peluquería que regentaba.

Golfo “a mucha honra”

“Claro que fui un golfo, ¡Y a mucha honra!”, ironiza Albiol, que recuerda como empezó a ordenar un poco su vida al entrar a jugar a baloncesto, con 16 años, en el Joventut de Badalona, una auténtica institución en la ciudad. Él no reniega del término populista, tan denostado incluso desde la dirección nacional de su partido. “En el buen sentido de la palabra, lo soy”.

“Albiol se encontró con la tormenta perfecta”, analiza Ricard Vilaregut, vecino de Badalona y doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Barcelona.

En 2011, Albiol empleó un discurso más xenófobo que en la campaña actual. Denunciaba a los inmigrantes “que han venido a robar y se aprovechan de las ayudas sociales”. “Fue precursor de las formas de la nueva política”, opina Vilaregut. “Supo hacer un discurso de proximidad muy potente. Es una persona que se sabe relacionar muy bien en los barrios”.

“Yo no hablo para catedráticos”, explica Albiol mientras toma una coca cola zero en una terraza cerca del parque de Montigalà. “La gente no está para frases bien hechas. Prefiere a alguien que lleva muchos años pisando calle”. El líder de la oposición, Jordi Serra (PSC) coincide en el diagnóstico: “El político culto ya no se lleva”.

2552El pasado 15 de marzo, durante la presentación de su candidatura, el alcalde de Badalona ya dejó entrever por dónde irían los tiros en esta campaña. “Quiero obtener una mayoría suficiente para continuar barriendo todo lo que no nos gusta y genera problemas”, anunció mientras hacía un gesto, como si estuviese quitando el polvo. “Supongo que ya me entendéis”, remachó.

Albiol ha esgrimido en esta campaña un eslogan polémico: “Limpiando Badalona”. Si bien es mucho más ambiguo que el estilo usado en 2011, no ha quedado exento de polémica. Tanto ICV como PSC han denunciado ante la Comisión Europea la xenofobia del mensaje y a Albiol le han llovido críticas desde todos lados. “Es inconcebible, sobre todo si pensamos en las desgracias que han generado las limpiezas étnicas en la historia reciente” critica Alba Cuevas, portavoz de SOS Racismo.

El alcalde de Badalona se justifica y le quita hierro al asunto. “Yo no hablo con medias tintas. Me refería a problemas de incivismo y delincuencia en general. Cuando he tenido que denunciar ciertos comportamientos de los inmigrantes, lo he hecho sin tapujos”.

“A Albiol le interesaba la polémica”, sostiene el politólogo Ricard Vilaregut. “No hace nada por casualidad. Necesitaba arrastrar todos los votos de la derecha que se le podían escapar a Ciudadanos o a Plataforma per Cataluña”.

Lo que es evidente es que que su discurso ha creado escuela y ha llevado a otros candidatos del PP a experimentar con mensajes parecidos. Los alcaldables de Rubí, L’Hospitalet o incluso el de Barcelona han puesto sobre la mesa el tema de la inmigración con mensajes como “Primero los de casa” o promesas de limitar los locutorios y restaurantes de kebabs.

Una Badalona de dos velocidades

Dos profesionales con traje y corbata desayunan en el centro de la ciudad, cerca del Ayuntamiento. Hablan de trabajo, futuros proyectos y del próximo fin de semana en la Costa Brava.

A la misma hora y a menos de dos kilómetros de distancia, unas 60 personas hacen cola, cabizbajas, frente al banco de alimentos del barrio de Gorg. Este banco de comida, situado en una vieja nave industrial que el Ayuntamiento quiere convertir en piscina olímpica, es el que más familias atiende de toda España. Más de 2.000 al mes.

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Se oyen pocas palabras, apenas unos susurros. Reina el desengaño en los aledaños de la nave industrial. Un voluntario va comprobando las tarjetas de cada vecino a los que ordenadamente se les da una caja con alimentos básicos: arroz, lentejas, pasta, fruta y galletas. La gente va pasando, pero durante varias horas la cola permanece igual de larga, hasta casi doblar la esquina.

Hay gente de todo tipo, aunque la mayoría son ciudadanos españoles. Ciudadanos como Emlio Albela, 60 años, vecino del barrio de Llefià y carpintero en paro. O Miriam (no quiere dar su apellido), de 40 años, sin trabajo desde hace cuatro, con tres hijos menores a su cargo y residente en el barrio de Sant Roc. Ambos aseguran que no votarán, pero tampoco condenan el mensaje de Albiol. “Antes de que le den trabajo a uno de fuera, que me lo den a mí”, dice Juan Consuegra, 61 años, ex soldador y vecino de La Salut.

Badalona, lo reconoce su propio alcalde, es una ciudad que va a dos velocidades.

Existe una Badalona moderna, cosmopolita y sin complejos. Una ciudad que goza de calles limpias y buenos equipamientos y que disfruta de esta urbe con playa, cerca de Barcelona, con un bonito casco antiguo y un tejido asociativo de miles de vecinos orgullosos de ser badaloneses.

Fuera de esa ciudad existe otra degradada, con barrios abandonados a su suerte y en la que casi 24.000 personas requirieron la ayuda de los Servicios Sociales en 2013, último año del que hay datos disponibles. Una ciudad que, según una encuesta de la OCU de 2012, es la más insegura de España y en la que un 16% de los encuestados manifestaron no sentirse a salvo en su propia casa durante la noche. Una ciudad con 19.742 parados (el 19,3% de la población activa) donde existen barrios como Sant Roc, Artigues, Llefià o La Salut y donde basta pasearse unas horas y hablar con sus vecinos para ver que la brecha que divide ambos mundos es enorme.

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Ricardo Fajardo, un gitano de 29 años que pasa los días sentado en una silla de playa junto a su familia en la acera que hay delante de su casa, en el barrio de Sant Roc, lo resume de esta manera: “Aquí quien no roba o trafica no come”.

Es en esta segunda Badalona, la que va a paso lento, donde más ha calado el mensaje de Albiol. En las zonas más desfavorecidas y con más inmigración es donde su nuevo lema de campaña, Limpiando Badalona, hace más efecto. A pesar de que el PP fue primera fuerza en 28 de los 34 barrios en 2011, después de más de medio centenar de entrevistas a vecinos de toda la ciudad se puede observar que, al menos de cara a la galería, la gente con recursos y que no vive en los barrios más desestructurados se desmarca del mensaje de Albiol. Entre los sectores más desfavorecidos, en cambio, ha sido imposible encontrar una sola persona que critique la gestión del alcalde.

“Míralos, ¡Estos si que tienen comida!”, Francisco Fajardo, otro miembro del clan gitano de Sant Roc, señala a dos sudamericanos que pasean por el barrio con la bolsa de la compra.

Un 15,48% nació fuera

En la ciudad hay 29.437 vecinos nacidos en el extranjero. Un 15,48% de la población. El porcentaje es menor que el de Barcelona, por ejemplo, donde los extranjeros suponen el 21,71% de los ciudadanos. Aún así, en algunos barrios de Badalona muchos perciben a los inmigrantes como la causa de sus problemas.

La institución Badalona Som Tots i Totes, que agrupa las 12 principales entidades a favor de la integración de los inmigrantes y de apoyo a los colectivos más desfavorecidos, no ha querido participar en el reportaje. “No queremos que el tema de la inmigración entre en campaña”, han respondido, invitando a visitarlos pasadas las elecciones

Casto García, de 59 años, conoce bien las dos Badalonas. Después de 35 años como director del colegio Josep Boada, una enfermedad de corazón le obligó a jubilarse. Desde entonces dedica tres o cuatro mañanas semanales a repartir comida por las parroquias de la ciudad. Es uno de esos vecinos que conoce y saluda a todo el mundo en Badalona –desde políticos de todos los signos hasta comerciantes, policías municipales o curas- y que ha participado en varias asociaciones vecinales y de voluntariado.

“Albiol no tiene un pelo de tonto. Todo lo que hace es para lucirse”, explica mientras se dirige en una furgoneta Peugeot Boxer hacia la Zona Franca de Barcelona, donde recoge los alimentos que luego reparte. “Ha hecho muchas plazas, calles y ha arreglado muchas cosas”. Sobre el polémico Limpiando Badalona tampoco opina: “Es normal que su discurso cale entre la gente que sufre más la inmigración, como los que viven en Llefià”. La única crítica que se le oye durante varias horas de conversación tiene que ver con la carga de trabajo que tienen los voluntarios. “No somos la mano de obra a coste cero del alcalde”, refunfuña.

Le acompaña en la furgoneta Jesús, de 50 años, que conmuta con trabajos para la comunidad una pena de cárcel por haber agredido a un Mosso d’Esquadra el día que lo desahuciaron, hace ya ocho años. Con un tatuaje en la mano, pelo canoso y aspecto desvencijado, prefiere no opinar sobre Albiol y guarda silencio durante casi toda la jornada.

La asociación con la que colabora Casto García, llamada Voluntarios de Badalona, es el perfecto ejemplo de cómo el tejido asociativo de la ciudad se ha lanzado al rescate de los más necesitados, sin importar su origen ni religión. Fundada hace más de 25 años con el objetivo de organizar actos cívicos –campeonatos deportivos, la cabalgata de reyes…- la irrupción de la crisis obligó a que sus 2.000 voluntarios pasaran a ayudar al resto de badaloneses.

“La crisis estalló de golpe en 2008 y nos vimos con el deber de ayudar a los demás”, explica su presidente, Joan Escalada, en la sede de la entidad situada en el centro de Badalona. “En la ciudad hay una tradición muy grande de asociacionismo y lucha vecinal desde los tiempos del franquismo, y ahora nos hemos volcado en ayudar a los que más lo necesitan”.

Una oposición desmembrada

A pesar de todas las polémicas que han rodeado al alcalde de Badalona durante los últimos años, Albiol ha sobrevivido toda la legislatura a una oposición formada por PSC, ICV y CiU que lo ganaba en escaños.

Una imputación de un cargo de confianza de Albiol por chantajear a comerciantes, un caso de corrupción de un concejal o el juicio al alcalde por incitar al odio y a la discriminación no consiguieron que los partidos de la oposición se pusieran de acuerdo para desbancarlo del Ayuntamiento.

Ferran Falcó, candidato de CiU por cuarta vez, facilitó la investidura de Albiol al abstenerse en la votación en 2011. Asegura que no se arrepiente. “La gente quería un cambio”, explica desde su despacho en el Ayuntamiento, decorado con una fotografía de Jordi Pujol. “La incapacidad de otras fuerzas políticas para llegar a acuerdos no es nuestra culpa”.

En 2013 hubo un conato de moción de censura –”el momento más difícil de la legislatura”, reconoce Albiol– que después de 15 días de negociaciones entre los tres partidos de la oposición, no prosperó. “Al día siguiente pensé que era mejor no haberla hecho”, reconoce Jordi Serra, el candidato del PSC. “Para gobernar de esa manera, mejor no hacerlo”.

En esta campaña los grupos de la oposición dejan entrever que esta vez sí habrá acuerdo para desbancar a Albiol, pero las encuestas muestran un pleno muy fragmentado en el que entrarían siete formaciones, por las cuatro que hay ahora. Menos un escaño para Ciudadanos, todas las nuevas caras llegan desde la izquierda.

“Si entre tres partidos no nos pusimos de acuerdo, imagínate si también hay que pactar con Guanyem, la CUP y Esquerra Republicana”, resume una persona del grupo socialista.

Albiol habla con dos musulmanas.
Albiol habla con dos musulmanas.

El yerno ideal

Ver a Xavier García Albiol haciendo campaña por Badalona es como ver a un futbolista o a un cantante paseándose con su club de fans. La gente se agolpa para saludarlo, hacerse una foto con él o pedirle autógrafos.

El alcalde es una estrella en Badalona. Es cercano y cariñoso, bromea con todos los vecinos y mantiene un constante contacto físico con ellos. Por su altura, se agacha constantemente para besar y saludar. A las abuelas les sujeta del brazo con sus robustas manos y a los hombres les da palmadas en la espalda. Impolutamente afeitado, gomina, camisa y pantalones dockers, representa la imagen del yerno ideal. “A las abuelitas se les cae la baba”, analiza un miembro de su equipo durante la visita de Albiol a un mercadillo de la ciudad.

Albiol dice tener soluciones para todos. Escucha los problemas de los vecinos y les promete arreglarlos. Tres conceptos se repiten durante sus conversaciones con los votantes: asfalto, escaleras mecánicas y parques. Albiol pregunta a los vecinos de qué barrio son y, en función de la respuesta, les recuerda qué ha hecho allí estos años. Si alguien le cuenta un problema que no ha abordado, le da al vecino el teléfono de su asesor y le promete que si le vota “esto lo arreglaremos”.

Dos mujeres musulmanas, mayores y con velo, se le acercan con rostro de preocupación. Le preguntan al alcalde si las va a echar. “¿Vosotras os portáis bien?”, les responde Albiol, “a la gente que se porta bien no la queremos expulsar”.

A pocos metros de su baño de masas también hace campaña el líder del PSC, Jordi Serra. Casi nadie le hace caso comparado con el tirón de Albiol, al que decenas de vecinos le aseguran que han votado toda la vida a los socialistas pero que en las municipales lo votarán a él. Albiol mira a la paradita del PSC, semivacía, y se ríe: “¡Están desmoralizados!”.

El candidato del PP se muestra muy confiado de cara a estos comicios. Su formula “calle, calle y más calle” cómo dice él, parece convencer a una buena parte de los badaloneses. Este domingo se comprobará si la receta Albiol, cuyos ingredientes principales son populismo, presencia en los barrios y asfalto donde no lo había, vuelve a funcionar.

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“Prefiero a mi hijo lejos de aquí”

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El joven de la fotografía sobrevivió a tres encuentros difíciles con la policía de Filadelfia. Brandon Brown no tuvo la misma suerte: murió acribillado por varios agentes en un incidente similar a los de Ferguson o Baltimore. Ahora su madre busca justicia y un cambio en la conducta policial.  

Reportaje gráfico: Samantha Madera

El joven de la fotografía sobrevivió a tres encuentros difíciles con la policía de Filadelfia. Brandon Brown no tuvo la misma suerte: murió acribillado por varios agentes en un incidente similar a los de Ferguson o Baltimore. Ahora su madre busca justicia y un cambio en la conducta policial.  


Se llama Tome Ellistt y es uno de los millones de muchachos afroamericanos que viven en la ciudad de Filadelfia. Tiene 20 años y suele vestir con esos pantalones holgados que cuelgan mucho más abajo de la cintura. Para la foto posa muy serio. Le gustan las camisetas grandes de colores lisos y sus brazos y su cuello dejan adivinar un cuerpo repleto de tatuajes.

Tome cumple uno por uno con los estereotipos del joven afroamericano en Estados Unidos. Filadelfia no es Ferguson ni Charleston ni Baltimore. Pero Tome es consciente de que un día un encuentro con la policía podría terminar en una tragedia similar a la de Mike Brown, Walter Scott o Freddie Gray.

La primera vez que Tome se topó con un agente tenía 13 años. Su padre le había mandado a comprar comida a un restaurante chino. El establecimiento acaba de sufrir un atraco y dos policías blancos creyeron que el joven podía ser el ladrón. “No entendía nada de lo que sucedía”, recuerda. “Les decía: ‘Dejadme ir, dejadme ir. Por favor, llamad a mi padre. No tengo nada que ver’. Me hicieron muchísimas preguntas. Yo estaba agobiado. ¿Cómo puedes demostrar que no tienes nada que ver con algo si te están culpando a ti?”.

Antes de que volviera a casa, el nombre de Tome ya estaba en una de las bases de datos de la policía de Filadelfia. “Cuando era un adolescente y me paraban sin razón alguna, me enfadaba muchísimo”, me explica durante una protesta contra la violencia policial. “Me encaraba con los guardias como un loco y les decía: ‘¿Por qué me paráis? ¿por qué puta mierda me paráis ahora?'”.

A jóvenes como Tome un encuentro con la policía les puede ocasionar un despido por llegar tarde al trabajo. A Tome nunca le han golpeado aunque sí ha sufrido “empujones, burlas y zarandeos”.

“Ahora intento tomármelo de otra manera”, dice. “No quiero problemas con ellos”.

Un arresto arbitrario

Los encuentros de los que habla Tome tienen un nombre en inglés: stop-and-frisk. Una práctica policial según la cual un agente puede parar y detener a cualquier peatón si tiene la sospecha de que ha cometido un delito.

Muchas voces entienden que esta forma de actuar supone una violación de la Cuarta Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que asegura el derecho de los ciudadanos a estar a salvo de aprehensiones arbitrarias. Pero sus defensores recuerdan que está respaldada por una decisión del Tribunal Supremo, cuyos jueces fallaron en 1968 a favor de que la policía pudiera hacer registros sin ningún indicio previo.

Según un informe de la Unión Estadounidense por los Derechos Civiles, el 37% de las 200.000 paradas de la policía de Filadelfia se hicieron sin alguna sospecha razonable. El único indicio era el color de la piel del sospechoso. Ocho de cada 10 las sufrieron hispanos y afroamericanos, que apenas representan el 54% de la población.

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El peor encuentro de Tome Ellistt con la policía sucedió cuando tenía 16 años y volvía en tren desde el centro con su novia. Habían pasado la tarde en The Gallery, un centro comercial que fue durante décadas el punto de referencia de los adolescentes afroamericanos de la ciudad.

“Vimos una gran pelea y pensamos que lo mejor era marcharnos”, explica.

Ya en el tren, unos agentes le abordaron y le acusaron de haber tomado parte en la pelea. Fue el segundo error policial que sufrió Tome. El tercero ocurrió hace unas semanas, cuando entró en una tienda de DVD con la capucha puesta y los agentes creyeron que estaba robando.

El origen del mal

“¿En qué momento los afroamericanos pasamos a tener que ser protegidos por la policía para convertirnos en su objetivo?”, se pregunta Tome en este día de primavera. El origen podría estar en las cuotas de detención exigidas en los departamentos de policía, que obligan a los agentes a cumplir con un número de personas a las que paran aunque no exista un motivo aparente.

Con la intención de evitar que los chicos se metan en problemas, padres y madres e incluso organizaciones comunitarias ponen un empeño especial en educarles para los encuentros con la policía. Se les recuerda que tienen derecho a permanecer en silencio. Se les dice que respondan de forma calmada y educada pero se les anima también a que graben a los agentes si consideran que sufren un abuso.

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La activista Tanya Brown. Su hijo murió por los disparos de la policía de Filadelfia. / SAMANTHA MADERA

Nada de esto le sirvió al hijo de Tanya Brown. Se llamaba Brandon y murió por los disparos de unos policías. Los agentes detuvieron su coche de madrugada junto a su casa el 15 diciembre del año pasado. “Yo sé que mi hijo se quejó”, dice su madre. “Pero también sé que él no quería hacer nada que le llevase cárcel”.

Nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrió después. Los policías aseguran que dispararon a Brandon después de un forcejeo cuando intentó alcanzar un arma de fuego que llevaba dentro del coche. Su madre denuncia la existencia de un vídeo en el que se ve que Brandon no recibe el disparo al lado de la puerta sino mientras se encuentra en la parte trasera del vehículo.

La familia rechaza la decisión del fiscal de exonerar a los agentes y pide a las autoridades que hagan públicas las imágenes que dejan clara la violencia policial. “No era necesario que mi hijo falleciese”, apunta la madre del joven. “Brandon recibió una bala mortal en la nuca. No le dieron ninguna oportunidad”.

Tanya ha presentado una denuncia por homicidio contra el Ayuntamiento de Filadelfia. Pero su intención es que se convierta en una demanda colectiva. “Ahora soy activista por lo que me ha sucedido pero sé que habría estado aquí también si no hubiera pasado nada”, me dice este jueves durante la manifestación en apoyo de la comunidad afroamericana de Baltimore.

Ocurrió en Ferguson con los padres de Mike Brown y ha ocurrido también en Filadelfia: Tanya se ha convertido en una líder comunitaria. Vive ese nuevo rol con una resignación agridulce. Quiere justicia para Brandon pero también quiere que eso suponga un cambio para quienes sufren una persecución similar. “Me gustaría que todos se sientan seguros en Filadelfia”, dice. “Me gustaría que las madres afroamericanas no se sientan angustiadas si sus hijos se retrasan al volver a casa”.

59 heridos en seis años

La familia de Brandon pide una compensación económica pero también reformas en la policía local. Sus letrados echan mano de unas sugerencias del Gobierno federal, que analizó los casos de las 400 personas que habían sido disparadas por agentes de Filadelfia entre 2007 y 2013.

Cincuenta y nueve de esas 400 personas estaban desarmadas cuando las dispararon. En la mitad de estos casos, los agentes apretaron el gatillo porque se equivocaron al identificar como una amenaza un gesto como agarrarse de los pantalones o coger un teléfono móvil.

El Gobierno federal concluyó entonces que los policías no estaban bien formados: nadie les había explicado que el temor por sus vidas no justifica por sí solo el uso de la fuerza letal. El informe criticó también la incoherencia y la impuntualidad de las investigaciones. La policía de Filadelfia aparece como una institución fracasada y disfuncional.

Detalles como el viaje en furgoneta que le costó la vida a Freddie Gray en Baltimore tras golpearse en su interior y romperse la columna son harto conocidas en la ciudad, como denuncia en su blog Christopher Sawyer, candidato republicano a sheriff.

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El Ayuntamiento de Filadelfia afronta varias denuncias contra agentes que podrían haber falseado pruebas. Pero el cuerpo se ha mostrado incapaz de deshacerse de quienes han demostrado no estar preparados para enfrentar su responsabilidad como deben. Al menos 19 agentes han sido readmitidos después de ser despedidos por violencia doméstica, por trabajar borrachos o drogados o por algún caso de brutalidad.

Tanto Tanya Brown como Tome Ellistt están de acuerdo en que los policías convierten a Filadelfia en una ciudad peligrosa para los jóvenes afroamericanos.

Brandon tenía un hermano pero ya no vive aquí. Tanya decidió que debía abandonar la ciudad por lo que le pudiera ocurrir. Tome tiene un bebé que vive con su madre en el estado vecino de New Jersey: “Aún es pequeño pero no sé cómo decirte. Prefiero a mi hijo lejos de aquí”.

El retorno envenenado de Hitler

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‘Mein Kampf’ volverá el 1 de enero del año que viene a las librerías de Alemania. Siete décadas después del suicidio del ‘fuhrer’ y en medio del auge repentino de los ‘ultras’ de Pegida, no todos ven con buenos ojos su reedición.

‘Mein Kampf’ volverá el 1 de enero del año que viene a las librerías de Alemania. Siete décadas después del suicidio del ‘fuhrer’ y en medio del auge repentino de los ‘ultras’ de Pegida, no todos ven con buenos ojos su reedición.


Frunce ligeramente el ceño. Se aplasta el pelo y lo deja caer del mismo lado, un mechón liso color azabache que nace en la parte derecha de la cabeza, cruza la frente y coquetea con la oreja izquierda. Achica la boca hasta casi esconder los labios y se atusa un pequeño bigote que apenas asoma por debajo de la nariz. Gira suave la cara y mira de reojo. Clic.

Dos años después, Lutz Bachmann pediría perdón por aquella fotografía caracterizado de Hitler. No fue suficiente. Ni siquiera para el líder de Pegida: Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente según su acrónimo alemán. Unas semanas antes, este movimiento había reunido hasta 25.000 personas en Dresde “en contra de la aceptación de refugiados económicos”. Un eufemismo que empleó el propio Bachmann para justificar el racismo que inspiran sus convocatorias. “Hay que reírse de uno mismo de vez en cuando”, alegó en el diario sensacionalista Bild.

La dimisión fue la única salida para quien había jugado a resucitar la figura histórica del dictador alemán. Hitler es aún un tabú para la sociedad alemana y por eso la censura fue unánime: incluso los conservadores euroescépticos de Alternativa por Alemania (AfD) mostraron su disconformidad mientras abandonaban Pegida otros cinco dirigentes, entre ellos su portavoz Kathrin Oertel. Si hay algo que en Alemania no admite bromas es el führer.

Y sin embargo el espíritu de Hitler regresa justo en este momento de la mano de una efemérides. El 30 de abril se cumplen 70 años de su muerte y la República Federal ha encendido todas las alarmas porque el dictador no vuelve solo. Lo hace acompañado de su libro, Mein Kampf, que por primera vez queda liberado para nuevas ediciones.

Al invadir Alemania, el Ejército de EEUU requisó el patrimonio de la editorial nazi Eher Verlag, que tenía los derechos de la obra. Al final de la ocupación, los derechos pasaron al Gobierno de Baviera, que ha custodiado Mein Kampf durante un periodo que expira el primer día de enero de 2016.

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El alcalde y los ultras

“Se trata de mis hijos y de mi esposa, que desde nuestras ventanas han visto con miedo cómo se acercaban los neonazis del NPD. No lo soporto más”. Así cuenta su experiencia Markus Nierth, que dijo ‘basta’ el 5 de marzo de 2015, cuando un centenar de ultras le obligaron a dejar su puesto de alcalde en Tröglitz, al Este de Alemania. Apostados frente a su vivienda, vociferaban contra su política de inclusión.

Su dimisión, lamentada a través de Facebook, recordaba la historia más negra de un municipio de menos de 3.000 habitantes que durante el nazismo tuvo su propio campo de concentración. Dos meses después, el democristiano Nierth reflexiona sobre el auge de este fenómeno en todo el país. “Cada vez más personas se atreven a articular un racismo o una misantropía antes encubiertos”, me dice. “El temor hacia lo nuevo es comprensible pero debe ser atajado, explicado y mitigado rápidamente, antes de que los radicales de derecha acaparen estos temas”.

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Markus Nierth.

El albergue para refugiados de Tröglizt sufrió un incendio intencionado a principios de abril. Un suceso que según Nierth evidencia el poder de un fenómeno que es “un desafío global de la sociedad”.

“Hay personas que han endurecido sus corazones y se han convertido en racistas modernos”, dice el ex alcalde. “No van directamente contra una raza sino contra una cultura o una religión. Ahora lo dicen abiertamente y sin tantos rodeos. Las encuestas sugieren que estamos hablando de alrededor del 20% de la población”.

Dos nuevos ataques neonazis, esta vez en Berlín, corroboran que el odio sigue ahí, tan grosero como de costumbre. No es generalizado pero tampoco un hecho aislado: las agresiones se triplicaron el año pasado con respecto a 2013, según ha revelado el rotativo liberal Der Tagesspiegel con datos del Gobierno federal. “Es una tendencia creciente en el interior de la democracia. En sus diferentes tonalidades, se está generalizando entre la población y también se extiende por la política, y no sólo en la derecha. Es incluso un fenómeno cultural”, me dice el criminólogo alemán Bernd Wagner, cofundador de Exit Deutschland, la iniciativa que pretende rescatar del extremismo a los fanáticos de derecha.

De la cárcel a los mítines

Los 25.000 manifestantes que sacaron a las calles en la capital de Sajonia los líderes de Pegida a finales de 2014 mermaron hasta el par de miles a principios de este año. Pero las cifras han vuelto a crecer y ya están cerca de los 8.000.

El estudio ‘¿Qué y cómo piensan los manifestantes de Pegida?’, del politólogo de la facultad de Filosofía de la Universidad Técnica de Dresde Werner J. Patzelt, divide a sus seguidores en tres grupos: ‘nacionalistas xenófobos de derecha” (un tercio), ‘bienintencionados preocupados’ (menos de dos tercios) y “bienintencionados indignados” (la décima parte).

El estudio de Patzelt traza el siguiente retrato robot de los seguidores de Pegida: alrededor de 50 años, con un salario ligeramente superior a la media y sin creencia ni afiliación política concreta. Sus líderes personas como Lutz Bachmann, un condenado por 16 robos con violencia que volvió sobre sus pasos en febrero y vuelve a tener el micrófono de Pegida en la mano. O por Kathrin Oertel, la portavoz que huyó de Pegida tras la polémica por el disfraz de Hitler y que ha repetido, espantada con el movimiento que fundó para resarcirse, Democracia Directa para Europa (DDfE).

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Miles de simpatizantes de Pegida se manifiestan en la calle de una ciudad alemana. / PEGIDA

Pegida, AfD, NPD, DDfE, Dügida (en Düsseldolf), Legida (en Leipzig)… Son siglas que confluyen en analizar la inmigración como un grave problema sin procedentes para Alemania. Las cifras oficiales de la Oficina Federal de Migración y Refugiados muestran un ascenso de los solicitantes de asilo que acoge el país en los últimos años: de 28.018 en 2008 a los 202.834 en 2014. Una panorámica más completa desmonta el argumentario de los ultras: el pico se registró en 1992 con 438.191 solicitantes.

El ex regidor de Tröglitz sigue convencido de que la hospitalidad es la mejor de las políticas: “Ya es hora de que los alemanes seamos agradecidos por todo. También por haber podido salir tan bien de nuestro fatídico pasado; ayudar ahora a los demás no nos hace más pobres sino más ricos”.

Un simple ‘clic’

Relegado en Alemania a mercadillos de segunda mano, copias manoseadas y lomos desgastados, Mein Kampf regresa a las librerías y escaparates en un contexto convulso.

El Instituto de Historia Contemporánea (IfZ en sus siglas alemanas) ha tomado la delantera y está preparando una nueva edición comentada de un texto que dejó de estar prohibido en 1979. El beneficio económico parece asegurado: la biblia del nazismo ha sido un éxito de ventas desde 1925. Se estiman unas ventas de más de 50 millones de ejemplares.

El cuidado de esa versión académica no ha apaciguado las dudas. El partido izquierdista Die Linke ha mostrado públicamente su oposición a la reedición. También la comunidad judía. “Se trata de uno de los peores escritos inflamatorios contra los judíos. Construyó la postura ideológica básica que llevó al Holocausto. La obra no merece atención. Es una chapuza de resentimiento y odio. No tiene justificación alguna en una democracia libre”, me dice Charlotte Knobloch, presidenta de la Comunidad de Culto Israelí en Múnich y Alta Baviera.

Hasta ahora se podía leer y difundir Mein Kampf. De acuerdo con la Ley de Derechos de Autor, expira el copyright de la obra, vigilado hasta ahora por el Estado Libre de Baviera, la región al sureste donde el canciller tuvo su última residencia.

¿Tiene sentido censurar un título que se puede conseguir por internet? Knobloch piensa que no: “Soy consciente de que se puede conseguir con un simple clic y en otros lugares. Pero acceder legalmente y en masa tendría un poder simbólico diferente. Claro que confío en el juicio de la gente. Sobre todo porque nuestra sociedad es lo suficientemente madura como para resistirse y poner en su sitio este panfleto. Pero tenemos un problema creciente con el antisemitismo y su difusión no ayuda a revertir la tendencia. Alemania tiene que mantener echado el cerrojo”.

No es una respuesta unánime. De hecho, la comunidad académica se inclina más bien por desmitificar el libro. “No hay ningún peligro. La obra está tan relacionada con el contexto de los años 20 que no imagino cómo la extrema derecha actual puede sacar algo de ahí”, me explica el historiador alemán Sönke Neitzl, que da clases en la London School of Economics.

Miedo al tabú

La revisión bibliográfica en la que trabaja el instituto muniqués tendrá dos tomos y sumará unas 2.000 páginas llenas de comentarios frente a los dos volúmenes y 800 folios del texto original, escrito por Hitler durante su estancia en prisión después del golpe fallido de 1923.

Mein Kampf detalla las líneas ideológicas del nacionalsocialismo, centrado en la “lucha de razas” y con centro en la “Gran Alemania”. El texto incluye numerosas referencias antisemitas y detalles autobiográficos. Como cuando se refería a sí mismo como ‘superhombre’.

Velar por un análisis científico e histórico de la obra y al mismo tiempo controlar su reedición son las motivaciones del IfZ. “Más allá de ofrecer una gran cantidad de información y de contexto histórico, nuestro proyecto quiere establecer normas para futuras ediciones. Sobre todo contra aquellas matizadas ideológicamente por editores de derecha o por especuladores dudosos que quieran ganar dinero rápido”, me dicen indican los responsables de la institución.

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Hitler sostiene un ejemplar de ‘Mein Kampf’ en una viñeta de la revista satírica ‘Témoin’.

“Es bastante absurda la idea de que un lector actual se convierta en neonazi sólo por la lectura de Mein Kampf”, insisten los responsables del IfZ. “Ocurre justo lo contrario: cuanto más se atormente uno con este texto, más pequeño parecerá su autor y su visión cruda del mundo. El peligro es más bien mantenerlo como un tabú, otorgándole un significado místico que no se merece”.

El 30 de abril de 1945 Hitler se suicidó con un disparo en el búnker que le sirvió de guarida durante sus últimos meses. De aquel escondrijo queda sólo un cartel en la esquina de la calle Gertrud Kolmar, una más en el centro de Berlín. Pero la extrema derecha asoma en Alemania siete décadas después.

“Es importante tener miedo”, me recuerda el ex alcalde Nierth. Le pregunto si le ha vencido el racismo. Si los extremistas se han salido con la suya.

“Conmigo no han logrado su objetivo”, asegura. “Mi esposa y yo, junto con un grupo de simpatizantes, seguimos acogiendo calurosamente a los refugiados. A esas personas las apoyan también los políticos importantes, que ahora sí se preocupan por estos temas”.