Netflix llega… tarde

sense8Los Emmy, con ‘Juego de Tronos’, ‘Transparent’, ‘Veep’ y ‘Olive Kitteridge’ como triunfadoras, son la prueba de que el esperado servicio de ‘streaming’ que aterriza en España el 20 de octubre se enfrentará a un mercado dominado por Movistar+. 

En la imagen, fotograma de Sense8, una de la series más seguidas de Netflix.

sense8
Imagen de la serie Sense8 de Netflix.

Por fin. Son las palabras más repetidas cuando se habla del desembarco de Netflix en España, que tendrá lugar el próximo 20 de octubre. El servicio de streaming de contenidos audiovisuales estadounidense, presente ya en países como Canadá, México, Reino Unido y Francia, estará disponible en nuestro país a partir de octubre. Pero ha tardado una década en llegar. “Tuvimos que cerrar los acuerdos sobre derechos y… nos llevó bastante tiempo”, explica a EL ESPAÑOL Neil Hunt, Chief Product Officer de la compañía. Es el responsable de la parte tecnológica de un servicio que será accesible desde televisiones inteligentes, tablets, ordenadores, smartphones, chromecast, portátiles…

La pregunta, sin embargo, no es tanto por qué no ha llegado Netflix antes sino, más bien: ¿ha tardado demasiado?

Mientras se especulaba de forma repetida sobre cuándo aterrizaría el gigante del streaming, otros competidores se han abierto paso en el mercado. O, más bien, uno en concreto: Movistar, que el pasado julio adquirió Digital Plus convirtiéndose en Movistar+, un gigante de la oferta de contenidos. Aunque no es el único jugador de esta partida: está Wuaki, y servicios más especializados como Filmin, Atresplayer, Cineclick, Nubeox, Filmotech… La oferta de Movistar+ es una de las más potentes. Cuenta con 3,6 millones de abonados a un servicio que cuesta 20 euros mensuales en su paquete básico, al que pueden sumársele otros para cine, deportes… Netflix deberá competir en ese mercado tanto en oferta como en precio. “Esperamos hacer a mucha gente muy feliz pero no vamos a hablar de expectativas concretas”, responde Hunt cuando se le pregunta por la competencia, y añade un improbable “no tienes que elegir a uno u otro, puedes suscribirte a Netflix y a otros servicios también”.

Desde la compañía prefieren no abordar su estrategia en esos términos y hablan de accesibilidad. “Basta con tener una pantalla y una conexión a internet para suscribirte a Netflix. Si estamos con Vodafone es porque queremos hacer que sea más fácil hacerlo para los usuarios de esta compañía”, explica Juan Mayne, director de adquisición de contenidos de Netflix.

La cuestión es qué puede ofrecer que no se pueda ver ya en nuestro mercado. Un vistazo a los premiados en la 67 edición de los Emmy, los principales premios de las televisión en EE UU, celebrada el pasado domingo, confirma que los pedazos más sabrosos de la tarta americana ya tienen quien los sirva en España. Olive Kitteridge, la producción de 2014 de HBO, arrasó en su categoría: Mejor Miniserie, Dirección Actor y Actriz protagonista y Actor de reparto (Richard Jenkins, Frances McDormand y Bill Murray, respectivamente), Dirección y Cásting. La fantasía de dragones y dinastías enfrentadas Juego de Tronos, también de HBO, acaparó los premios de mejor Serie dramática, Dirección, Guión, Sonido, Actor de reparto (Peter Dinklage), Efectos especiales y Diseño de producción, una amarga despedida para Mad Men, por más que Jon Hamm viera premiado su trabajo, de una vez por todas, como el publicista mujeriego Don Draper.

Derechos adquiridos

Tanto Olive Kitteridge como Juego de Tronos pueden verse en Movistar+, que cuenta con las series de HBO en exclusiva. Otro triunfador de los Emmy fue Transparent, la serie protagonizada por un transexual, con premio para su protagonista, Jeffrey Tambor, además de Actor invitado y Dirección en categoría de comedia. Y Veep, con las estatuillas de Mejor Comedia, Guión, Actriz protagonista y Actor de reparto en su categoría (Julia Louis-Dreyfus y Tony Hale). Bessie, miniserie sobre la cantante Bessie Smith de HBO, sumó varios premios. Todas pueden verse en España a través de Movistar+.

Entre lo mejor del año que llegará con Netflix, al menos de acuerdo a los Emmy, está Cómo defender a un asesino, de la cadena ABC, cuya protagonista Viola Davis levantó uno de los principales galardones como actriz.

Netflix también ofrece en EE UU la aplaudida serie carcelaria Orange is the new black, con un Emmy a Uzo Aduba como actriz de reparto, pero como ocurre con Juego de Tronos, los derechos en España ya están adquiridos.

Además de estas dos últimas, otras series que puede aportar Netflix al mercado español son Sense8, Daredevil, Bloodline, Marco Polo, Unbreakable Kimmy Schmidt, Grace and Frankie, Chef’s Table… Todas son producciones suyas. “No se trata tanto de la cantidad de las series sino de su calidad. Cuando lanzamos una serie lo hacemos siempre después de haber comprobado que a nuestros suscriptores les encanta. Tratamos de traer lo más posible de ese tipo de contenidos a cada mercado cuando aterrizamos”, explica Mayne. “Después, a partir del primer día, la oferta no hace sino crecer y mejorar”. Y adelanta una línea de trabajo: “La oferta de contenido será mucho más fuerte y mejor dentro de un año que la del lanzamiento”.

Hay mucha información sobre Netflix en internet, aunque buena parte es aún especulación. La propia compañía no confirma más que algunos aspectos. Vodafone confirmó a comienzos de septiembre lo que ya era un rumor, que ofrecerá Netflix incluido en su paquete televisivo, aunque no será la única manera en que el servicio de VOD (video on demand) podrá verse.

El resto de datos son notorios pero no oficiales. Se sabe que Netflix llegará en octubre. Algunas webs han publicado el 7 como fecha. “No tengo ni idea”, responden tanto Hunt como Juan Mayne, director de adquisición de contenidos de la compañía, quienes sólo confirman el mes, pero no el día. Algo parecido ocurre con los detalles de precios y servicio: diferentes páginas webs hablan de 7,99 euros mensuales con una tarifa para HD y opción de dos dispositivos de unos 9 euros. De nuevo, la empresa juega al misterio: “Hoy no vamos a hablar de los precios”, responde Hunt. “Nuestra labor es reunir una selección de contenidos y tener grandes historias procedentes de todo el mundo. Y lograr que estén accesibles de una forma sencilla que te haga querer volver a por más”. Quieren lograr implantar el efecto binge-watching: espectadores tan enganchados a una serie que se someten a sesiones maratonianas de varios capítulos sin levantarse del sofá.

En EE UU Netflix ofrece alrededor de 10.000 títulos, entre series, películas, documentales, stand-up comedies y otros contenidos. En Reino Unido son cerca de 3.400 y en Francia unos 1.260. Por lo que se puede leer en internet, España andaría cerca de esta última cifra. Pero los responsables de la empresa no dan datos al respecto. Según Hunt, “a largo plazo, estamos buscando hacer el menor número posible de contratos, de tal forma que el catálogo de todos los países acabe convergiendo. En cinco o diez años se verá que el contenido importante será accesible desde todo el mundo”. Algo que es beneficioso, asegura el ejecutivo, para “minimizar el riesgo de piratería: no queremos que la gente se sienta obligada a ir a otros sitio para descargar el contenido que quieren ver”.

No más de un año

Mayne habla de oferta personalizada, “a medida” para cada país. “Nunca encontrarás exactamente la misma para dos mercados diferentes. Pero tenemos cierta consistencia: las series que tenemos en diferentes países son las que les gustan nuestros usuarios y haremos el mayor esfuerzo por traerlas a España”. No da títulos concretos, salvo dos que forman parte de la estrategia global de la compañía: How to get away with murder y Gotham. Como parte del tipo de serie que quieren incluir en su oferta -en cuanto a estándar de calidad-, Mayne cita Peaky Blinders.

En cuanto a la política de ventanas, en España podrán verse los contenidos originales de Netflix al mismo tiempo que en EE UU y otros países. “Cuando lanzamos Narcos, lo hacemos en todos los países en los que operamos”, cuenta Mayne. Pero no será siempre así con todos los demás contenidos. “Dependerá de una multiplicidad de factores”. Con algunas series, como Gotham, habrá que esperar un poco ya que deberán esperar a las ventanas de exhibición de cada territorio con contratos ya cerrados. En algún caso, ofrecerán el contenido en estreno mundial para todos sus abonados a la vez, estén donde estén. “Trataremos de estar lo más cercanos posibles. En algunos casos podremos aproximarnos unos treinta días al lanzamiento de una temporada. En otros serán seis meses… Pero nunca más de un año”, promete Mayne. “No queremos estar nunca más de una temporada por detrás, porque es demasiado”.

En algunos casos, directamente, no tienen los derechos en mercados como España -volvemos al ejemplo de Juego de Tronos-, un motivo por el que “estamos desplazándonos hacia un modelo de contratación global. Es la mejor forma de ofrecer las mejores series de todo el mundo a nuestros suscriptores”, prosigue el responsable de contenidos.

Reed Hastings y Marc Randolph fundaron en 1997 Netflix como una compañía de alquiler de vídeos online. En 2002 salió a bolsa y alcanzó 600.000 abonados en EE UU. En 2005 ya tenía 4,2 millones y en 2007 comenzó su servicio de streaming. Poco después arrancó su expansión internacional, primero en Canadá, luego en América Latina, Caribe, parte de Europa… En nuestro continente está ya presente en Finlandia, Suecia, Noruega, Reino Unido y Francia, y ahora, además de España, ampliará negocio en Italia y Portugal. En total, está disponible en 50 países de todo el mundo, con 62 millones de abonados.

Así es el CAC, el regulador de medios en manos del nacionalismo catalán

cac

Las actuaciones del Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) siempre han sido polémicas. Ciudadanos y el PP piden su supresión. Los seis altos cargos que lo dirigen están afiliados a cuatro partidos, cobran unos 100.000 euros al año y gestionan un presupuesto anual de cinco millones de euros. 

Las actuaciones del Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) siempre han sido polémicas. Ciudadanos y el PP piden su supresión. Los seis altos cargos que lo dirigen están afiliados a cuatro partidos, cobran unos 100.000 euros al año y gestionan un presupuesto anual de cinco millones de euros. 

En septiembre de 2006 una plataforma de apoyo a las selecciones deportivas catalanas publicó un anuncio en el que aparecían niños que se enfrentaban por unas camisetas: el protagonista vestía una con los colores de la senyera y se despojaba de ella con rabia para expresar su malestar hacia otro ataviado con la camiseta roja de la selección española. Entonces aparecía el eslogan: “Una nació, una selecció”.

El PP y Ciudadanos se quejaron del anuncio ante el Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC), organismo creado en 2000 que legalmente es “la autoridad independiente de regulación de la comunicación audiovisual de Cataluña”. Sus miembros avalaron el anuncio con este argumento: tenía preferencia el “ejercicio del derecho fundamental a la libertad de expresión frente a la adopción de cualquier medida de carácter restrictivo o sancionador en ese ámbito”.

El consejero colocado por el PP fue el único que votó en contra de la decisión. Dos años después, a finales de 2008, el juzgado de lo contencioso administrativo número 9 de Barcelona declaró este anuncio “publicidad ilícita y prohibida” este anuncio al estimar las quejas de PP y C’s.

La cadena humana

Siete años después, se produjo un episodio con un resultado y unos protagonistas muy similares. Al día siguiente de la Diada de 2013, el programa Info K, un informativo infantil de TV3, emitió una pieza en la que entrevistaba a niños que habían participado en la Vía Catalana: la cadena humana de 400 kilómetros en la que participaron miles de personas. Casi todos menores manifiestan su apoyo a la independencia de Cataluña. “Al final España se rendirá”, afirmaba uno de ellos.

El CAC se reunió entonces de forma extraordinaria y concluyó que en la televisión pública no se había vulnerado la protección a los menores. En el pleno del CAC, compuesto por seis altos cargos, hubo un empate a tres votos. Decidió el voto de calidad del presidente del organismo, Roger Loppacher, hombre afín a CiU que llegó a este cargo en 2012 gracias a la coalición nacionalista y que en el pasado ocupó diversos puestos en la administración.

Son sólo dos de las polémicas más sonadas en torno al CAC, creado en el año 2000 con la misión de velar por que se cumpla la normativa aplicable en el sector audiovisual. Sus “principios de actuación” son “la defensa de la libertad de expresión y de información, del pluralismo, de la neutralidad y la honestidad informativas, así como de la libre concurrencia del sector”.

Ciudadanos es el único partido que siempre ha pedido la supresión del CAC. El PP, que ahora también se ha sumado a esa petición, abogaba por su existencia en un principìo aunque pedía mejoras significativas en el mismo. Las formaciones nacionalistas defienden su permanencia. Desde el PSC han criticado algunas de sus actuaciones pero no quieren cerrarlo. Los seis miembros del CAC han sido elegidos mediante distintos pactos entre CiU, ERC, PP y PSC.

Los otros consejos

Apenas existen consejos audiovisuales de este tipo en España. ¿Por qué es necesario el CAC si ya existen los tribunales de justicia para juzgar las conductas de los medios?

Según fuentes oficiales de la institución catalana, este tipo de instituciones complementan la labor de los jueces, son necesarias para regular el sector audiovisual y, de hecho, en otros países europeos ya existen organismos similares. “Desde 2013 España cuenta con un macroregulador, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), que tiene entre sus competencias la supervisión de los contenidos audiovisuales -arguyen fuentes oficiales-. Con la ley de creación de la CNMC se acabó la anomalía insólita que suponía el hecho de que España fuera el único país de la Unión Europea sin un regulador audiovisual”.

A nivel autonómico sólo hay consejos audiovisuales en Andalucía y en Cataluña. “Los tribunales de justicia, en España y en el resto de Europa, no tienen la misión proactiva de supervisar los contenidos audiovisuales y mucho menos la competencia de adjudicar licencias de radio y televisión”, agregan desde el organismo. Aseguran que el CAC supervisa contenidos y adjudica licencias y que sus decisiones pueden ser recurridas ante los tribunales.

GRAFICOCACMEJORADO

Diferente opinión tiene Carlos Carrizosa, diputado autonómico de Ciudadanos, que cree que los jueces bastan para controlar los medios audiovisuales  y recuerda que su partido suprimiría el CAC si ganara las elecciones del 27 de septiembre. Recuerda que este consejo está formado por “gente con carné de partido y con vínculos directos con la política” y que dichos consejeros “cobran sustanciosas retribuciones” que a su juicio no merecen. Al diputado Carrizosa el CAC le parece “sectario” y dice que en sus dictámenes se suele equivocar.

Durante esta legislatura, Carrizosa formaba parte de la comisión parlamentaria donde suele comparecer el presidente del CAC. El diario de sesiones demuestra que ningún partido ha censurado tanto como Ciudadanos -en cada sesión- la labor de los consejeros de la institución. También que el PP y el PSC han planteado críticas a sus miembros mientras los partidos nacionalistas los han defendido.

“Siguen órdenes”

En esa misma comisión parlamentaria ha intervenido en numerosas ocasiones Santi Rodríguez, del PP catalán.”Militar o haber militado en un partido no puede suponer una incapacidad para ejercer una función independiente como ser consejero de un organismo supervisor”, dice Rodríguez. “Pero la legitimidad o la credibilidad del órgano se pierde en cuanto algunos consejeros siguen órdenes de partido para ejercer su función, que es lo que está ocurriendo en los últimos años”.

El diputado popular recuerda que existen instituciones similares en otros países europeos pero aporta dos argumentos en contra del CAC: que no hay recursos para mantenerlo y que ha perdido su credibilidad por actuar al dictado del Gobierno.

“En condiciones normales abogaríamos por intentar mejorarlo y optimizar los recursos pero en las actuales condiciones creemos que lo mejor sería su supresión”. Por ejemplo, explica Rodríguez, “en 2012 llegamos a un acuerdo con CiU fue para la reducción del número de consejeros de 10 a 6, algo que disgustó enormemente a ERC y a ICV porque eran los principales perjudicados por la reducción. La apuesta por la supresión actual es consecuencia de la falta de credibilidad que se ha ganado con sus actuaciones partidistas de los últimos años”.

Frente a quienes piensan que el CAC es un instrumento político, los portavoces del organismo recuerdan e insisten en que “todos los países de la Unión Europea” disponen de reguladores audiovisuales. “Los seis miembros del CAC son elegidos por el Parlament, que es uno de los sistemas más legítimos para designar a los miembros”, explican. “Con el añadido que los mandatos son de seis años, con la intención obvia de que no coincidan con las legislaturas parlamentarias, que son de cuatro. Es un mecanismo más, que también aplican otros países, para incrementar el grado de independencia de los miembros del regulador”.

Así son los consejeros

¿Quiénes son ahora los consejeros del Consejo?

El citado Roger Loppacher, presidente del CAC, es un abogado que siempre se ha movido en la órbita de Convergència i Unió (CiU).  Durante los mandatos de Pujol y Mas, fue director general de Medios Audiovisuales, secretario general de los Interior y Gobernación, y vicepresidente del consejo de administración del Centro de Telecomunicaciones de la Generalitat. Antes de llegar al CAC ejerció como  vicepresidente de la CCMA, órgano de control de los medios públicos catalanes, entre 2008 y 2012.

Loppacher llegó al Consejo Audiovisual en 2012 por una suerte de cambio de cromos entre CiU y el PP. Los populares apoyaron en el Parlament el nombre propuesto por CiU a cambio de que los convergentes respaldaran el nombramiento de Daniel Sirera, ex presidente del PP catalán.

A este respecto, Santi Rodríguez matiza que “no existió ningún acuerdo con CiU para nombrar a consejeros del CAC: cuando hay que elegir miembros de estos organismos, los grupos parlamentarios proponen los candidatos de acuerdo con la representación que cada grupo ostenta en el Parlament. Así, con seis miembros en el Consejo: a CiU le correspondía proponer a tres miembros, dos al PSC y uno al PP”. Rodríguez rememora el citado pacto con CiU para reducir el número de consejeros en 2012.

Sirera tampoco es un consejero independiente: fue diputado autonómico, senador y concejal del Ayuntamiento de Barcelona. En 2009 ya no presidía el PP catalán pero volvió a las primeras páginas cuando se publicó cómo escribía a una compañera de filas este mensaje: “Este partido es una mierda”.

Los últimos en aterrizar en el CAC fueron Salvador Alsius, Eva Parera e Yvonne Griley. Llegaron en 2014 por un acuerdo entre CiU y ERC. Los tres simpatizan con las ideas nacionalistas y dos de ellos, Parera y Griley, son militantes de la coalición que lideraba Artur Mas.

Salvador Alsius, vicepresidente, es el único periodista del CAC. Ha trabajado en TVE, TV3 y Catalunya Radio, ha obtenido varios premios periodísticos y ha impartido clases en la Universidad. ERC intentó colocarlo en la institución en 2012 pero se lo impidió el mencionado pacto entre CiU y PP. No hace demasiado tiempo, en septiembre de 2012, afirmó, en una entrevista al diario Ara, que “daría la noticia de la independencia con una gran sonrisa”.

Eva Parera es una abogada que se especializó en asuntos deportivos y trabajó en varios despachos de Barcelona. En 2006 se afilió a Unió Democrática de Catalunya y en 2007 pasó a ocupar su primer cargo político en el Ayuntamiento de Corbera de Llobregat. En 2011 fue designada senadora y ocupó su escaño hasta que se incorporó al CAC en 2014.

En esa fecha llegó al CAC también la filóloga Yvonne Grilley, que milita en Convergència desde 1992 y ocupó el puesto de directora general de Política Lingüística del Gobierno de la Generalitat entre 2011 y 2013.

La más veterana de los seis consejeros del CAC es Carme Figueras (PSC), a la que eligieron como consejera en 2010. En su partido ha ejercido casi todos los cargos que se pueden ocupar en política: concejala en el Ayuntamiento de Molins de Rei, diputada por Barcelona (1993-1995), diputada en el Parlament  (1995-2010) y por penúltimo consejera de Bienestar y Familia de la Generalitat de Cataluña de mayo a noviembre de 2006.

Los sueldos y el presupuesto

Al CAC se le ha criticado a menudo por su presupuesto y por las retribuciones de sus altos cargos. Su presidente se embolsará este año 101.704,98 euros netos y cada uno de los otros cinco consejeros, 96.591,43 euros. Esos seis sueldos suman 584.662 euros. En el Consejo no creen que sean sueldos demasiado altos. Recuerdan que ser consejero del CAC requiere dedicación exclusiva y es incompatible con ejercer cualquier cargo político. “No pueden repetir mandato” y al cesar no reciben ningún finiquito.

El presupuesto del CAC está por encima de los cinco millones de euros anuales. En concreto, 5.521.516 euros en 2015. Unos cuatro millones se usan para pagar la nómina de los 74 empleados: los seis consejeros, ocho cargos eventuales elegidos a dedo, 59 empleados que han aprobado una oposición y una funcionaria.

“Una de las funciones que desarrolla el CAC es la elaboración de meticulosos informes sobre la pluralidad de los medios de comunicación y eso requiere un trabajo de detalle muy importante”, explica el diputado popular Santi Rodríguez, que cree que el objeto de esos documentos debería ser sólo el trabajo de los medios públicos catalanes. El CAC no sólo elabora esos informes. Supervisa la adjudicación de las frecuencias de radio, vela por que se cumplan las condiciones de adjudicación y resuelve conflictos sobre la protección de menores y sobre el cumplimiento de la normativa de publicidad.

La penúltima polémica

Una de las últimas polémicas del CAC derivó en un enfrentamiento con Televisión Española. Ocurrió en abril cuando sus consejeros aprobaron un acuerdo contra el reportaje Querella contra Mas emitido en el programa Informe Semanal el 22 de noviembre de 2014.

La mayoría del CAC señaló que dicha emisión incumplió la misión de servicio público de TVE porque al documental le faltaban rigor y pluralidad. Destacó que la cadena pública había permitido que se vertieran opiniones que resultaban ofensivas hacia el nacionalismo e instó al regulador audiovisual español a actuar contra los responsables del programa. El regulador español archivó la queja tres meses después.

El caso de Informe Semanal no es el más polémico que ha salpicado al CAC durante esta legislatura. De todas las actuaciones del Consejo, una destacó por su relevancia e impacto en otros medios. Ocurrió en noviembre de 2013. Los consejeros emitieron un acuerdo que incluía un listado de 43 expresiones proferidas en los medios que “fomentan el odio, el menosprecio y la discriminación por motivos de nacionalidad y opinión”.

El comunicador más señalado era Federico Jiménez Losantos. Pero aparecían periodistas como Alfonso Merlos, Xavier Horcajo, José Antonio Sentís, Herman Tertsch y Melchor Miralles. En esa lista estaba también Inés Arrimadas, hoy candidata de Ciudadanos a la Generalitat. El CAC señalaba esta conversación entre la política y el periodista Xavier Horcajo en un programa de Intereconomía.

Arrimadas: Y más grave aún. Si tú decides poner una tienda y decides rotularla en castellano te pueden multar porque en Cataluña, obligatoriamente, se tiene que rotular en catalán. Después, además, se puede rotular en castellano.

Horjajo: Entonces, ¿esto no se llama apartheid?

Arrimadas: Bueno, esto se llama persecución.

Unos meses después, el CAC desestimó dos quejas de Ciudadanos sobre comentarios vertidos sobre ellos en dos emisoras de radio. Protestaban por cosas que se habían dicho en los programas La tribu (Catalunya Radio) y La segunda hora (RAC1).

La denuncia decía por ejemplo que los humoristas Carles Xuriguera y Rafael Faixedas habían leído en la radio pública “algunos comentarios vertidos por el dictador Francisco Franco, tales como que ‘no era necesario votar’ o que ‘España era indivisible’ (…) y acabaron la cuña aseverando que ‘esto lo podía haber dicho cualquier diputado de Ciudadanos’”. El CAC amparó esos comentarios porque se enmarcaban dentro de la “sátira política”, incluida en el derecho a la libertad de expresión.

Durante esta legislatura, el CAC sólo ha reprobado la actitud de los medios catalanes en una ocasión. Ocurrió con motivo de la emisión en mayo de un debate en el programa .Cat de TV3. Los miembros del Consejo dictaron que la cadena pública autonómica no había respetado su propio libro de estilo porque sólo incluyó a representantes nacionalistas en la discusión, que versaba sobre el proceso soberanista y las elecciones del 27-S.

Es el ejemplo que usa el CAC para desmentir que sus decisiones sean parciales. Pero esos argumentos no convencen ni al PP ni a Ciudadanos, que están a favor de suprimir la institución.

‘Hannibal’ o la dictadura de la audiencia

Se ha terminado, quizás para siempre, la serie sobre el doctor Lecter emitida por la NBC y AXN. Con los años quizás se rendirá culto a esta ficción sangrienta que combina profundidad psicológica con barroquismo visual…

 

HANNIBAL -- "Antipasto" Episode 301 -- Pictured: (l-r) -- (Photo by: Brooke Palmer/NBC)

La serie Hannibal no es apta para todos los paladares. Si no la han visto todavía y se animan, no olviden disponer cerca una palangana. Algunas imágenes pueden agredirles e inquietarles demasiado. Algunos planos y secuencias pueden generarles demasiado vértigo. Algunos sueños pueden despertarles esos demonios internos que bullen demasiado escondidos. Algunos diálogos pueden causar preguntas demasiado complejas. Algunos personajes pueden generar simpatías demasiado peligrosas. En Hannibal casi todo es demasiado. Y casi todo es posible. Pero nada, ni las demasías ni los poderes, es suficiente para acabar con esa tirana que llamamos audiencia.

Los amantes de las series de calidad están de luto. Acaba de terminar la tercera temporada de Hannibal. Todo hace indicar que nunca habrá una cuarta entrega de esta ficción sobre las andanzas del psiquiatra Hannibal Lecter que inmortalizó Anthony Hopkins en su momento. El creador de la serie, Bryan Fuller, anda empecinado para que no maten a su perturbadora criatura. Dice tener escrita la siguiente temporada cuyos capítulos serían, a su juicio, los más potentes. Ya hace algunos meses la cadena NBC, que la producía junto a AXN, anunció que no emitiría más esta ficción. El motivo era y es que sus datos de audiencia han ido menguando hasta la no sostenibilidad. En román paladino, ha habido que echar el cierre porque cada día la veía menos gente. Y esto entronca una vez más, para variar, con la permanente tensión entre la calidad de un producto audiovisual y los números del share.

Casi siempre las cifras se imponen porque esto es un negocio. Tan sencillo como obvio. Sin embargo, ¿hasta qué punto es positivo para una cadena de televisión (y para sus espectadores) dejar de emitir una ficción de enorme calidad solo porque los audímetros no responden? ¿Acaso no es mejor apostar por un producto indudablemente bueno aunque no sea tan rentable? ¿Formarían parte del imaginario colectivo algunas series hoy consideradas clásicas si sus hacedores solo se hubieran guiado por el criterio de la audiencia? ¿El arte o el dinero? Eternas dudas para las que se antoja imposible ofrecer respuestas.

La realidad, tan opresiva como el contenido de la propia serie, es que Hannibal se ha terminado. Este adiós prematuro es una lástima, pero tampoco es una tragedia, sobre todo porque los espectadores todavía pueden disfrutar de ella a través de varias vías. AXN emitirá la tercera temporada doblada al castellano el próximo octubre mediante el servicio bajo demanda de las plataformas en las que el canal está presente, como Movistar TV o Vodafone. La emisión en abierto llegará probablemente en noviembre. Y para coleccionistas, el precio en DVD no es excesivo.

¿Y qué pueden encontrar los espectadores en Hannibal? Se trata, y no es un tópico, de una serie diferente a todas las demás. La profundidad psicológica de sus personajes, todos tan inteligentes como enloquecidos, no tiene parangón. Precisamente porque esta ficción explora recovecos de la mente humana a priori vedados para el gran público. Las tres temporadas constituyen, de hecho, un complejo thriller psicológico pintado por Fuller, además, con un barroquismo inusitado. Más que adaptar, el autor reconstruye con su visión el universo esculpido en su día por Thomas Harris, autor de los libros El dragón rojo, El silencio de los corderos y Hannibal. Corta en pedazos la historia primigenia y luego la recompone a su manera, juntando las partes a su antojo, como si estuviera reinventando un plato de cocina tradicional: cambian la forma y la presentación, pero el sabor no pierde su esencia. Y lo hace mediante un conglomerado de poderosas imágenes que entremezclan los tiempos cronológico y narrativo de la historia, ambos entreverados, a su vez, con los sueños y la imaginación de los personajes.

Así, cualquier seguidor de la trilogía cinematográfica sobre Hannibal Lecter se topa con un desarrollo de la historia sorprendente. Y quien no conozca las películas -es imperdonable, pero es posible- hallará en esta serie un universo entre onírico y macabro, entre irracional y exquisito, entre repulsivo y cautivador, pero en todo caso sangriento y demencial. Una delicia visual que cuenta una historia tenebrosa con actores a la altura del desafío. Mads Mikkelsen ofrece un Lecter que poco tiene que envidiar al de Hopkins. Aunque el personaje más fascinante de esta historia es el investigador Will Graham (Hugh Dancy). La relación entre ambos, que pasa de la amistad al odio y al amor, pasando por la admiración mutua y la manipulación, es el eje central en torno al que giran todos los episodios. Laurence Fishburne, como Jack Crawford, es el otro gran pilar de la serie, aunque en algunos momentos el personaje desaparece y se difumina su papel.

La trama, y ese es el gran problema, se adentra por terrenos inverosímiles y el espectador se pregunta cómo es posible juntar en tres episodios a tanto asesino en serie capaz de las más perversas atrocidades, cómo los crímenes pueden ser tan sofisticados sin dejar huellas o cómo los investigadores aparecen como seres brillantes y obtusos al mismo tiempo. De las tres temporadas, la mejor quizás sea la segunda, que se inicia con un flasback que retorna a la pantalla en el último capítulo de la misma. La primera tal vez pierda demasiado tiempo en presentar a los personajes. Y la tercera, dividida a su vez en dos partes muy diferentes, adolece de una falta de ritmo derivada de la ambición por contar tantas y tantas cosas. Los episodios finales de las tres, pero sobre todo de la segunda y la tercera, son simplemente memorables. Hannibal se ha acabado, quizás para siempre, para disgusto de Fuller y sus seguidores. Pero no es exagerado diagnosticar que con los años será una serie de culto, como tantas y tantas ficciones que en su día no tuvieron suficiente audiencia.

Las series que debes ver este otoño

carrieLos cinco regresos que no debes olvidar: Homeland (en la imagen, Claire Danes en el papel de Carrie Mathison), The Affair, The Walking Dead, Transparent y Empire. Y las cinco nuevas series que obligatoriamente debes añadir a tu agenda: Blindspot, Quantico, Supergirl, Hand of Good y Flesh and Bone.

 ‘Hannibal’ o la dictadura de la audiencia, por Alberto Lardiés

 

Acaba el verano, vuelven las series. Es un mantra que tienen tatuado a fuego los más acérrimos seguidores de la pequeña pantalla; ya no tan diminuta debido a la incorporación de numerosos actores y actrices que hace apenas unos años solamente se dejaban caer por las grandes súper producciones de Hollywood. El mundo cambia y con él la forma de contar historias a través de un guión para televisión. Incluso la manera de hacer llegar ese producto a los consumidores ha tornado en una suerte de experimento en el que la televisión, como aparato, se va quedando cada vez más tiempo apagada.

Hace diez años era impensable que un videoclub como Netflix tuviera la capacidad de producir sus propias series, hacerlas llegar a un público internacional e, incluso, ganar un Emmy o un Globo de Oro con ellas. También llama la atención el caso de Amazon, el gigante de la distribución que ha llegado a codearse con las grandes cadenas y busca su hueco en los altares mayores de esas catedrales televisivas. Allí, donde HBO reinaba en plácida tranquilidad hasta hace muy poco, van ganando terreno las nuevas y emergentes maneras de producir bombazos televisivos.

[is_not_handheld]

[/is_not_handheld]
[is_handheld]

[/is_handheld]
Interactivo: Luis Sevillano y Martín González

En ese panorama, en el que se conjugan televisión en abierto, cable e internet, el seriéfilo se encuentra con una batería de producciones que ha crecido exponencialmente a lo largo de esta última década y que ha multiplicado las opciones de entretenimiento. En la temporada 2004/2005, por ejemplo, hubo cerca de 140 producciones, entre renovaciones de la temporada anterior y estrenos. Hoy ese número ha crecido, en parte, por algo tan clarificante como lo que expone Vulture. ¿Por qué ahora las temporadas son más cortas?, se pregunta.

La respuesta es fácil: las cadenas gastan millones en producir más series para llegar a mayor cantidad de público y necesitan más productos de diferentes ópticas. Narcos de Netflix, es un buen ejemplo de ello. A diferencia de Donald Trump, la empresa norteamericana que aterrizará en España en octubre sabe que no debe dejar de lado a su audiencia latina. Y entiende que la mejor manera de evitarlo es haciendo una disección de la vida del mayor narcotraficante del continente: Pablo Escobar. De esta forma, no sólo muestra una historia interesante desde el punto de vista de la investigación, sino que esa audiencia se siente parte de una estrategia que está llevando al otrora videoclub a una dimensión mucho más internacional.

En la temporada 2015-2016, por contra, el número cambia: únicamente para el otoño se han producido cerca de 90 renovaciones de temporadas anteriores y se ha dado luz verde a 48 nuevas series. Queda un año largo en el que la primavera y el verano ampliarán de forma estratosférica este gran número de ficciones. Y es ahí donde encontramos la selección de estrenos y regresos para este otoño que desgranamos a continuación.

Algunos regresos “fuertes”

Destacan los regresos de series como Doctor Who, The Knick, Last Man Standing, Mom, How to get away with murder, Scandal, Greys Anatomy, American Horror Story, Jane the virgin, The Big Bang Theory, The Leftovers, Brooklyn Nine-Nine, Doll&Em o The Blacklist. Pero son quizá en Homeland, Transparent, Les Revenants, The Walking Dead, The Affair o Fargo donde más esperanzas tienen puestas sus seguidores. Homeland (Showtime, 4 de octubre) logró sobreponerse a una temporada sin Damian Lewis pero con una Claire Danes igualmente apoteósica que en entregas anteriores. En esta quinta temporada, cuyo adelanto ya publicó la cadena, la historia vuelve a centrarse en Carrie Mathison y su nueva vida Berlín como jefa de seguridad de un filántropo alemán aunque sin dejar de lado su pasado en la CIA.

Una vuelta especial es la de Les Revenants tres años después de finalizar su primera temporada. La serie francesa donde los muertos vuelven a la vida sin saber qué les ha pasado se podrá ver en España en Canal+ a partir del 29 de septiembre. También con muertos, pero esta vez con los zombies de AMC, tienen una cita desde el 11 de octubre los fanáticos de The Walking Dead. Un solo día después, FOX la emitirá en España. Y como en ocasiones anteriores, esta nueva temporada tendrá 16 episodios que se emitirán en dos partes: la primera entrega de 8 capítulos, a partir del 12 de octubre. La segunda, compuesta por los 8 restantes, se estrenarán en febrero de 2016.


El año pasado fueron especialmente importantes los estrenos de Fargo y The Affair. La primera, basada en la obra de los hermanos Coen, vendió un grandísimo producto para televisión superando incluso a la película en la que se basaba. En esta segunda temporada, que se verá en Canal Plus Series desde el 13 de octubre, no estarán ni Billy Bob Thornton ni Martin Freeman. Un cambio radical de actores y guión para continuar en la misma localización (Minnesota) de una serie que seguirá la estela trazada por los Coen y que irradia el mismo magnetismo que su anterior entrega. Destaca la presencia de Kirsten Dunst, Ted Danson o Patrick Wilson.

En The Affair, ganadora del Globo de Oro a mejor serie del año y mejor actriz a Ruth Wilson, ya no estarán solamente los puntos de vista de Alison y Noah. A la historia de infidelidad contada desde esos dos prismas diferentes se unen las versiones también contradictorias de sus respectivas parejas, Maura Tierney y Joshua Jackson. La serie de Showtime regresa el 4 de octubre en Estados Unidos.

Otra de las producciones que levantó al seriéfilo de su sillón fue Empire. Y no sólo a uno, sino que el último episodio fue visto por 16,7 millones de personas en Estados Unidos y rompió récords en impresiones en redes sociales. Criticada por muchos y alabada por otros tantos, fue una revolución en la parrilla estadounidense. La serie narra la historia del creador de un imperio musical donde sus hijos y exmujer intentan comerle el terreno que tanto le costó abonar. La nueva temporada tendrá 18 episodios y se estrenará en Estados Unidos el 23 de septiembre. Fox Life la estrenará en España el 1 de octubre.

Estrenos esperados

En cuanto a los estrenos, muchas cadenas han dado pistas sobre sus apuestas y algún piloto incluso ha visto la luz. Destacan los remakes y las adaptaciones cinematográficas pero también suenan con fuerza nuevas creaciones como The Bastard Executioner, Blindspot, Screem Queens, Quantico o Flesh and bone, de la productora de Breaking Bad, Moira Walley-Beckett.


En el lado de las adaptaciones, los pilotos de Supergirl y Minority Report dejan con buen gusto a los fans del cómic y la ciencia ficción. La nueva versión de Marvel es la enésima reinvención del clásico pero con un guión adaptado a las nuevas generaciones de espectadores. Una serie fresca y entretenida dirigida claramente al público más joven de la CBS. Otro de los estrenos más esperados es el de Heroes: Reborn. A pesar de que su fallida predecesora no consiguiera el éxito que se esperaba de ella, muchas son las voces que llegan desde el otro lado del charco avisando de la potencia de su regreso.

Y como broche final, fijamos la mirada en Blood and Oil, Quantico, Hand of god, Into the Badlans y Crazy Exgirlfriend, cuyas primeras imágenes invitan al espectador a introducirlas en su tan apretada agenda seriéfila.