No caerá esa breva

 

BuenaVengo explicando desde hace meses -escribe Ramírez- el In Fear We Trust del presidente, esa ramplona estrategia electoral consistente en aguardar repantingado, bajo la espectral higuera de la España batida por todo tipo de tempestades, a que madure el miedo a la revolución podemita y su potencial Frente Popular con el PSOE. Nada le importaba lo que ocurriera entre tanto con su partido en las andaluzas, municipales, autonómicas o catalanas. Cuanto peor, mejor. La única elección que para él cuenta es la suya.

Ilustración: Javier Muñoz

Seguimos con la antología del humor en la prensa catalana. Hace tres domingos homenajeé al ¡Cu-Cut!, hace dos me ocupé de L’Esquella de la Torratxa y el pasado de El Be Negre. Hoy toca entrar por La Vanguardia. Escribía el miércoles Enric Juliana con su perspicacia habitual: “Artur Mas ha sido llamado a declarar el próximo día 15 de octubre, fecha del 75 aniversario del fusilamiento de Lluis Companys en el castillo de Montjuic. Quien fijó la fecha lo ha investido”.

Puesto que en el párrafo anterior hablaba Juliana de que “la estrategia de la Moncloa” es presentar al “independentismo, vencido por la flema, la templanza y la firmeza de Mariano Rajoy … camino de los tribunales”, era evidente que trataba de sugerir que el Gobierno funciona como la carabina de Ambrosio: al tratar de perseguir a Mas de un modo tan tosco, lo está resucitando tras una cosecha electoral tan magra que en definitiva le obliga a compartir los 62 escaños de 2010 con muchos de sus rivales de entonces.

Esa interpretación había sido esbozada ya en el apunte del director de ese mismo día pues Màrius Carol subrayaba con razón que las “explicaciones” del ministro de Justicia Rafael Catalá sobre el retraso de la citación para “no interferir” en las elecciones “son de las que chirrían en el oído”. Y todo quedaba luego apuntalado cuando el propio editorial del diario advertía que las palabras del ministro habían supuesto “una manera, acaso involuntaria, de admitir que los ritmos de la justicia son influenciables”.

O sea que, en definitiva, la perfidia política del gobierno central al perseguir en los tribunales la desobediencia del presidente de la Generalitat cuando llevó a cabo la consulta prohibida por el TC, quedaba compensada por la chapuza de la elección de la fecha perfecta para alimentar su victimismo. Justicia poética, podría decirse, que restaura la posición de superioridad moral del paladín de la patria catalana de modo que hasta los iconoclastas de la CUP se vean obligados a respaldar su investidura.

la higuera estafermo

Ilustración: Javier Muñoz

Todo muy bien trabado pero, como digo, para la antología del humor. Y una vez más fue María Peral quien con precisión quirúrgica aportó en el Blog de EL ESPAÑOL el dato clave que da rienda suelta a las carcajadas y a alguna que otra salpicadura de saliva irreverente a modo de condecoración sobre la farsa: resulta que “quien fijó la fecha” y por lo tanto “ha investido” a Mas -o al menos pretende hacerlo activando la profecía autocumplida- no fue otro que el juez instructor Joan Manel Abril, elegido miembro del Tribunal Superior de Justicia por el llamado “turno autonómico”, en fecha tan reciente como 2012. “Fuentes del CGPJ -advierte Peral- recuerdan con nitidez que el apoyo para el nombramiento de Abril venía inequívocamente de CiU”. O sea que al final ha sido el propio Mas quien ha escogido la fecha que rescatará a Mas de su nuevo fiasco electoral, desatando el paralelismo entre las variedades de pelotón de fusilamiento que aguardan inexorablemente a los defensores de la patria catalana.

Ojo, que este levantamiento del velo de la impostura no implica absolución alguna para el estólido Estafermo que se cree un valiente don Tancredo haciendo garbosos estatuarios ante los más aviesos astados. Porque Rajoy y sólo Rajoy es el culpable de que al cabo de cuatro años de mayoría absoluta del PP siga en vigor el ignominioso artículo 330.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial que permite a los parlamentos autonómicos designar entre “juristas de reconocido prestigio” a la mitad de los integrantes de la Sala Penal y Civil del correspondiente Tribunal Superior de Justicia. O sea el culpable de la perpetuación del inicuo onanismo jurisdiccional por la cual los aforados de cada comunidad autónoma eligen entre sus amiguetes a los jueces que tendrán que juzgarles cuando hagan de las suyas.

Esa era una de las nefandas artimañas con las que Guerra trató de enterrar a Montesquieu que iban a quedar desmanteladas por la reforma del Poder Judicial prometida por el programa electoral del PP. Así lo disponía el proyecto de ley de Gallardón, zancadilleado por Rajoy en persona en el mismo umbral del índice rojo que incluye los asuntos a aprobar por el Consejo de Ministros. Aquel proyecto de ley, anhelado vademécum de la despolitización de la Justicia, fue bloqueado por el presidente cuando vio el sesgo que empezaban a tomar los casos de corrupción que afectaban al PP. Si Gallardón hubiera dimitido entonces, y no cuando lo hizo, sería hoy el hombre providencial hacia el que se dirigirían todas las miradas de la derecha española.

O sea que al final ha sido el propio Mas quien ha escogido la fecha que rescatará a Mas de su nuevo fiasco electoral, desatando el paralelismo entre las variedades de pelotón de fusilamiento que aguardan inexorablemente a los defensores de la patria catalana

A diferencia de lo que puede alegar con la bajada de impuestos que por arte de birlibirloque se trastocó en subida, ningún requerimiento presupuestario le impedía cumplir esa promesa ancilar, pero Rajoy prefirió engañar a sus electores con tal de blindar a sus dependientes, consciente de que sólo de ellos dependería a su vez él, en la eventualidad de que se destapara la fosa séptica de sus sobresueldos, mensajes de móvil y simulaciones de indemnizaciones en diferido.

“David habría durado dos horas en el 10 de Downing Street si se hubiera descubierto algo parecido”, me contaba no hace mucho un antiguo colaborador de Cameron. Pero en España los aforados cerraron filas, el ministro del Interior se rebozó en el fango que para eso lo puso el jefe, Pablo Ruz se volvió a Móstoles y serán los afines Enrique López -que nada desearía tanto como ver pasar delante de él este cáliz- y Concha Espejel quienes juzguen el caso, si el pleno de la Sala no lo impide. Todo sigue tan del revés como con Filesa, los GAL, los Pujol o los ERE. Son los políticos quienes controlan a los jueces a través del CGPJ y no a la inversa.

Y ahí yace por lo tanto el PP, hundido en el descrédito del público, emparedado entre la basura y el inmovilismo, viendo como se amplía inexorablemente su cuerda de presos -¿será nada menos que Rodrigo Rato el siguiente?-, perdiendo elección tras elección, recibiendo aviso de Aznar tras aviso de Aznar, a la espera de que llegue el milagro de la Navidad.

Ni siquiera la extravagancia de llamarnos a votar entre la paga extra y la lotería es fruto de un plan premeditado o de una evaluación táctica. Sólo el resultado de la inercia de la inacción, del dejarse llevar hasta el final, estirando la legislatura hasta la última fecha posible con el pretexto de los presupuestos y la tramitación del aguinaldo que evita un coste fiscal de 40.000 millones a la banca.

“Ahora está claro que lo que le hubiera convenido a Rajoy, habría sido convocar las generales a la vez que las catalanas”, me decía esta semana un alto dirigente de un partido nacional. “Pero para dar un paso así se requería audacia política”. Y, claro, esperar algo parecido a la audacia de este fósil del paleolítico inferior era como buscar mariposas azules en el mar. (Papallones blaves damunt la mar, que cantaba Pau Riba).

Ahí yace el PP, hundido en el descrédito del público, emparedado entre la basura y el inmovilismo, viendo como se amplía inexorablemente su cuerda de presos -¿será nada menos que Rodrigo Rato el siguiente?-, perdiendo elección tras elección

Vengo explicando desde hace meses el In Fear We Trust del presidente, esa ramplona estrategia electoral consistente en aguardar repantingado, bajo la espectral higuera de la España batida por todo tipo de tempestades, a que madure el miedo a la revolución podemita y su potencial Frente Popular con el PSOE. Nada le importaba lo que ocurriera entre tanto con su partido en las andaluzas, municipales, autonómicas o catalanas. Cuanto peor, mejor. La única elección que para él cuenta es la suya. Esperaba incluso que el triunfo de los independentistas catalanes en su plebiscito, avalado mediáticamente por el ministro de Asuntos Exteriores, precipitara los acontecimientos y diera lugar a un acto de autoridad -tan meramente reactivo como los remolinos del estafermo- que le presentara como garante y depositario de la estabilidad constitucional.

Pero ya sabemos que no caerá esa breva porque como ocurre en el Evangelio de San Lucas cuando entra Jesús en Jericó, ha habido un hombre valiente que como Zaqueo ha tomado la iniciativa y se ha encaramado resuelto a la higuera para ir al encuentro del destino. O mucho me equivoco o esa noche electoral en la que Rivera, Arrimadas y su pléyade de jóvenes sin tacha ni pasado, hijos todos de la libertad, coreaban “Ca-ta-lu-ña es Es-pa-ña” mientras afeaban la corrupción del “tres per cent” a Mas y sus compañeros de viaje, ha calado tan hondamente en el corazón de tantos a los que les gustaría ser como ellos, que la suerte del 20-D ya está echada.

“No me gustaría estar en el pellejo de Mariano”, explicaba el martes por la noche a un grupo de amigos uno de los dirigentes históricos que llegaron al PP procedentes de UCD. “Él ya sabe que está perdido porque por primera vez en la historia nos ha ganado una fuerza no nacionalista de centro derecha. Y nos ha ganado por goleada. En cuanto eso empiecen a reflejarlo los sondeos, la dinámica será imparable. Teniendo en cuenta sobre todo que el PP está ya destruido como partido. No veo la más mínima posibilidad de que sigamos gobernando. Por eso digo que no me gustaría estar en su piel. Debe ser muy duro tener la sensación de que no vas a ser capaz de cumplir la misión que te encomendaron”.

“¿Y tú cuánto hace que no hablas con Rajoy?”, le preguntó uno de los presentes. La respuesta fue la misma que daría cualquier otro.

 

 

 

 

El camino recorrido hasta llegar a los 10.500 Suscriptores

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Nueve meses han pasado desde que un 1 de enero lanzamos el primer tuit desde nuestro ya conocido @elespanolcom.

Hoy, gracias a vosotros, seguimos registrando cifras históricas nunca vistas en el pasado en un medio de comunicación español.

Conseguimos superar récords nacionales y mundiales en nuestro crowdfunding y lo hemos hecho también sumando más de 10.000 suscriptores antes de ver la luz.

Esto es solo el principio del camino.

¡Sigamos recorriéndolo juntos!

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El viaje a ninguna parte

viaje2ok¿Cómo hemos podido llegar a la tesitura actual cuando el independentismo dentro de un Estado que ha cedido ya gran parte de su soberanía a la Unión Europea, para adaptarse a las reglas y tamaños de la era de la globalización, resulta un anacronismo ridículo y sin sentido? 

Ilustración: Javier Muñoz

Puesto que tras la lectura del “libro negro” de Jordi Pérez Colomé el género periodístico que merece ser tomado más en serio en Cataluña es el humorístico, y como no hay dos sin tres, sigamos el viaje que iniciamos con el ¡Cu-Cut!, continuamos con L’Esquella de la Torratxa y hoy nos lleva a recalar en El Be Negre -a la vez la oveja negra y el bien negro-, brillantísimo semanario satírico afín a Acció Catalana, el partido de los intelectuales nacionalistas durante la Segunda República.

Detengámonos en concreto en la portada del número del 4 de enero del 34 -diez meses antes de la declaración de independencia de octubre- y fijémonos en el chiste incrustado en la quinta y sexta columnas, dedicadas al nuevo gobierno de la Generalitat que se formó tras la muerte de Maciá. El ujier del palacio de la plaza de San Jaime recibe a Companys con una pregunta: “Ja es bé catalanista, senyor Companys?”. Y el nuevo presidente le responde: “Més que no era mariner quan vaig ésser ministre”.

be2Obsérvese que lo que el funcionario pregunta no es si el nuevo líder de Esquerra se ha hecho  “separatista” o ni siquiera “nacionalista”, sino tan sólo si es ya lo suficientemente “catalanista” como para entrar por esa puerta. Y que Companys le contesta que “más o menos como era marinero cuando fui ministro”, aludiendo a que durante el verano anterior, en el tercer gobierno presidido por Azaña, había ocupado la cartera de Marina.

Sin esa reticencia generalizada que rodeaba al político logrero y oportunista, comparado siempre en desventaja con el padre de la patria difunto, no se comprende bien su delirio del 6 de Octubre al proclamar el “Estado catalán dentro de la -inexistente- República Federal Española”. Sus pretextos eran tan nimios como que el nuevo gobierno de Lerroux incluía tres ministros “involucionistas” de la CEDA y que el TC de entonces había tumbado la Ley de Contratos de Cultivo. Algo equivalente a la mala relación de estos años con el PP y a la frustración por la sentencia del Estatut.

Poca cosa desde una visión amplia. Por eso hay que centrarse en el factor humano. De hecho las primeras palabras que Companys masculla más que pronuncia tras la arenga del balcón, al volver al salón de Sant Jordi, parecen la continuación del chiste: “Ja està fet! Ja veurem com acabarà! A veure si ara també direu que no soc catalanista!”.

Con ese “a ver si ahora también diréis que no soy catalanista” parece estar midiéndose cada día Mas desde que inició la huida hacia adelante para separarse tanto de la fétida sombra de Pujol como de la memoria de aquel muchacho ambicioso y desideologizado a quien en el colegio Aula todos llamaban Arturo. Igual que Companys trataba de emanciparse del legado de Maciá y del recuerdo del abogadillo laboralista al que los compañeros de UGT llamaban Luis.

Podríamos continuar con el paralelismo preguntándonos si el papel de Dencás que se escapó por la alcantarilla, abandonando en su huida una barba postiza, lo desempeñará esta vez Quico Homs o algún gerifalte de la ANC. Pero más que en los comparsas, el mimetismo está en el ambiente. Y de nuevo la portada de El Be Negre nos lo explica todo al mostrarnos, en fecha tan próxima ya al cataclismo como el 19 de septiembre, a dos visitantes del Observatorio Astronómico del Tibidabo, atónitos ante el gran telescopio que apunta a un cielo cuatribarrado en el que brilla, solitaria, la estrella independentista: “Com ha crescut aquesta estrella en poc temps!”.

be1¡Sí, cómo había crecido, cómo ha crecido ahora, esa estrella en poco tiempo y de la misma manera! Hoy como entonces las instituciones del Estado, emanadas de un Estatuto de Autonomía aprobado por las Cortes, sirven de palanca política y catalizador emocional de un nuevo intento de destruir a ese Estado. Y ahí está la sonrisa de Mas en el balcón del ayuntamiento, idéntica a la del Nou Camp el día del himno, regodeándose de nuevo ante la humillación de un símbolo de la legalidad de la que proceden sus poderes. Solo un gobierno de cabestros políticos como el que tenemos en Madrid ha podido consentir que lleguemos a este punto.

“Tot plegat semblava un somni…”, escribió en sus memorias el gran jurista Amadeu Hurtado al describir los sucesos del 6 de octubre. Sí, todo junto -el balcón, la arenga, el bando, la independencia…- parecía un sueño que enseguida se trocó en pesadilla cuando Lerroux declaró el estado de guerra y el general Batet desplegó unos cientos de hombres para sofocar la sublevación. “Señor ministro, acuéstese, duerma y descanse”, le dijo al titular de Defensa Diego Hidalgo. “Ordene que le llamen a las ocho… A esa hora todo habrá terminado”.

Y así fue una vez que los escamots que defendían la Generalitat salieron despavoridos. “A estos, una zurra en el culo y a dormir”, escribió el comunista Rafael Vidiella en el número de noviembre de la revista Leviatan. Pocos días después Companys daba por hecho que sería condenado a la pena capital: “Es que si no me la piden, me estafan”, le dijo a su abogado Ossorio y Gallardo.

Solo un gobierno de cabestros políticos como el que tenemos en Madrid ha podido consentir que lleguemos a este punto

Ahora también toca frotarse los ojos con incredulidad al repasar el itinerario surrealista que nos ha colocado ante unas elecciones en las que los sondeos pronostican el triunfo rotundo de quienes amenazan con declarar igualmente la independencia por las bravas: aquel “aprobaré el Estatuto que venga de Cataluña”, desmentido lógicamente por la flagrante inconstitucionalidad del texto; aquella absurda demora de cuatro años del TC para llegar a las conclusiones obvias; aquella requisitoria de Pacto Fiscal de Mas bajo amenaza secesionista; esas Diadas multitudinarias, orquestadas desde la Generalitat con las pautas de los regímenes totalitarios; ese referéndum ilegal, celebrado en abierto desafío a la resolución del Constitucional, ante la pasividad de Rajoy; esta nueva convocatoria electoral en la que los que dicen “no” a la legalidad democrática para separarse de ella, se declaran “juntos por el sí”; esta patética campaña en la que la mentira ha sido la verdad y el odio, el amor…

En efecto, “tot plegat sembla un somni”. ¿Cómo hemos podido llegar a la tesitura actual cuando el independentismo dentro de un Estado que ha cedido ya gran parte de su soberanía a la Unión Europea, para adaptarse a las reglas y tamaños de la era de la globalización, resulta un anacronismo ridículo y sin sentido? Sólo la catadura y circunstancia de los actores lo explica. Mas ha resultado ser un frívolo aventurero sin escrúpulos que ha huido así de rendir cuentas sobre la corrupción maremágnum del clan Pujol y la quiebra técnica de la Comunidad Autónoma que ha presidido. El iluminado Junqueras y el trilero Romeva han resultado ser sus perfectos compañeros de viaje y los fanáticos supremacistas de la ANC y Omnium, su fuerza de choque.

Viaje a ninguna parteIlustración: Javier Muñoz

Pero más dañina que su etiología es la de quienes están enfrente. Unos reprochan a Rajoy que no haya blandido ninguna zanahoria, otros que no haya hecho asomar al menos la punta de algún palo. Lo cierto y terrible es que la derrota electoral de las propuestas constitucionales que su mayoría absoluta le obligaba a liderar lleva camino de producirse después de cuatro años de incomparecencia y dos semanas de confusión con goles clamorosos en propia puerta.

Y es que al cabo de toda una legislatura meramente contemplativa, sin iniciativa política alguna, sesteando de manera crónica con el pretexto de no alimentar la espiral soberanista, el jefe del Gobierno y el ridículo pavo real que tiene como ministro de Exteriores han dado un grotesco bandazo, aceptando durante la campaña jugar el partido en el terreno de sus adversarios. Eso es lo que ha ocurrido cuando Rajoy se ha puesto a divagar sobre si los catalanes perderían o no la nacionalidad española -lo que para ZP era “discutido y discutible” parece para él ignorado e ignorable-, dando la misma lacia imagen que aquella noche en Veo 7 cuando me dijo que no entendía su escritura. Eso es lo que ha ocurrido cuando el PP se ha dirigido en un video exclusivamente en catalán -toma inmersión- a una comunidad bilingüe.  Y sobre todo eso es lo que ha ocurrido cuando el gallo Margallo no sólo se ha avenido a debatir con Junqueras, máximo aspirante a presidir la soñada República Catalana, como si la tele de Godó fuera el Consejo de Seguridad de la ONU, sino que ha sido capaz de plantear el símil argelino, regalándole a su rival el argumento de que Cataluña es un territorio pendiente de descolonizar. ¡Mare de Déu!

La noche anterior a la declaración unilateral de independencia Azaña, que había pasado a la oposición y se encontraba en Barcelona, advirtió al conseller de Justicia Lluhí de lo que podría ocurrirles: “No sabrían ustedes qué hacer con su victoria… Todos los resortes del Estado funcionarían de manera automática… No durarían ni dos horas”. A eso es a lo que sin duda se refería el otro día el exquisito Xavier Corberó cuando auguraba a María Marañón que “esto terminará mal a nada que vaya bien”.

Mas ha resultado ser un frívolo aventurero sin escrúpulos que ha huido así de rendir cuentas sobre la corrupción maremágnum del clan Pujol y la quiebra técnica de la Comunidad Autónoma que ha presidido

 

Lluhí replicó a Azaña que lo que se avecinaba era “una demostración pacífica” y que “todo pasaría de manera alegre y sin choques”. También le desveló sus cartas: “Luego cederemos unos y otros. Aquí tendremos que ceder… en Madrid también cederán y todo pasará en paz”. O sea lo mismo que sotto voce repite hoy el entorno de Mas.

Los hechos dieron la razón a Azaña. En sus memorias de aquellos años, certeramente tituladas La pequeña historia de España pues durante toda la Segunda República la grandeza brilló por su ausencia, Lerroux presenta el pulso con Companys como una cuestión de testosterona: “Pudo inmortalizarse él, si hubiese tenido…lo que le falta. O pude inmortalizarle yo, si me hubiese faltado lo que me sobra”. Cambó, opuesto al balconazo, rebaja varios grados la dimensión del conflicto: “No fou més que una gran criaturada”, escribirá a los pocos meses.

Pues ahí vamos: de chiquillada en chiquillada hacia la gamberrada final. Pero si en aquel momento convulso en el que hasta fallaban los teléfonos, funcionaron los “automatismos del Estado”, esta vez -con cada escena televisada en directo- ocurriría lo mismo, con la diferencia de que, en lugar del estado de guerra, se aplicaría el artículo 155 de la Constitución y en lugar de un par de tanquetas, bastaría con mandar a la Generalitat la nota de prensa de la Unión Europea respaldando nuestro orden constitucional.

A ese guión es al que debería haberse ceñido el Gobierno en lugar de fantasear sobre “corralitos”, tasas de paro y una Liga sin el Barça. Nada de eso sucederá porque la guerra de Troya no tendrá lugar. Hay líneas rojas que no se pueden cruzar sin que se dinamiten los puentes. Ni siquiera Rajoy podría aceptar una declaración de independencia -o sea la destrucción de España- sin suspender de inmediato la autonomía de Cataluña, con el respaldo abrumador de la opinión pública y la comunidad internacional. Una UE cargada de corsos, bretones, bávaros y lapadanos no va a admitir jamás un precedente que la corroería  mediante el efecto contagio desde su flanco sur.

He aquí la única certeza: sea cual sea el resultado de este domingo, el independentismo catalán está inmerso en un viaje a ninguna parte, condenado a eternizarse como aquellos interminables trayectos de los renqueantes tranvías de la Barcelona de hace un siglo, en los que, según las bromas de L’Esquella de la Torratxa, de los mayores sólo quedaba el esqueleto, a los jóvenes les crecían luengas barbas, los conejos se reproducían por doquier y hasta el más pequeño cactus se hacía gigantesco, pero nunca se llegaba al destino deseado.

Lee la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla / El exportador de cava

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‘El libro negro del periodismo en Cataluña’

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’ / 6. ‘La opinión dependiente’

 

 

EL ESPAÑOL alcanza los 10.000 suscriptores

discurso4EL ESPAÑOL ha alcanzado los 10.000 suscriptores. Solo quince minutos después de iniciarse este 2015, Pedro J. Ramírez anunció en Twitter el nombre del periódico. El 10 de enero empezaba la campaña de crowdfundingque se saldó con un récord mundial en los medios de comunicación: tres millones y medio de euros recaudados gracias a la inversión de 5.624 accionistas. Y ahora superamos la cifra de 10.000 suscriptores.

Foto: Dani Pozo

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Pedro Ramírez se dirige a la redacción de EL ESPAÑOL./ Dani Pozo

EL ESPAÑOL ha alcanzado los 10.000 suscriptores. Solo quince minutos después de iniciarse este 2015, Pedro J. Ramírez anunció en Twitter el nombre del periódico. El 10 de enero empezaba la campaña de crowdfunding que se saldó con un récord mundial en los medios de comunicación: tres millones y medio de euros recaudados gracias a la inversión de 5.624 accionistas. En los meses posteriores otras 4.376 personas se han suscrito. Y más de 136.000 tuiteros conforman la comunidad que sigue a este diario. Cifras, todas ellas, sin precedentes en la prensa nacional.

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“Conseguir 10.000 suscriptores antes de nacer es algo fantástico que supera todas nuestras expectativas más optimistas”, afirma el presidente y director de EL ESPAÑOL. Para Pedro J., “esta cifra es la prueba de que este periódico nace con la mayor base social que ha tenido nunca un medio en España”. “Es motivo de enorme satisfacción y orgullo -agrega-, y también implica una gran responsabilidad con los 10.000 que han confiado en nosotros, no podemos decepcionarles y, de hecho, vamos a tener muy en cuenta sus aportaciones a lo largo del proceso de lanzamiento”, remacha.

Cómo y cuándo se suscriben

Los gráficos adjuntos muestran que durante los nueve meses de vida de EL ESPAÑOL la llegada de suscriptores ha sido sostenida pero con varios picos de crecimiento. En la campaña de crowdfunding, entre el 10 de enero y el 1 de marzo, las suscripciones se dispararon tanto en los primeros días como en los últimos. Uno de los hitos más importantes de aquellos días se produjo el 14 de febrero, cuando este diario batió el récord que hasta entonces ostentaba el holandés De Correspondent. En los últimos días de febrero el número de personas que decidió invertir se multiplicó sobremanera justo tras la presentación en sociedad de EL ESPAÑOL en un acto organizado por Nueva Economía Fórum, el pasado 24 de febrero. La consejera delegada, Eva Fernández, y el propio Pedro J. detallaron el proyecto ante medio millar de personas en el Hotel Ritz de Madrid.

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Otro hito de especial relevancia en la corta historia de nuestro diario fue la primera Junta General de Accionistas, celebrada el 27 de junio en el Palacio Municipal de Congresos Reina Sofía de la capital. Ese día se puso en marcha la campaña para ser suscriptor-fundador de EL ESPAÑOL con un descuento del 40%. Nuevamente se disparó la cifra de personas que se sumaron al proyecto en los últimos días de la campaña, que terminó el 3 de agosto. Desde entonces, cuando los interesados pueden suscribirse con un 30% de descuento (7 euros al mes, 84 euros al año) el crecimiento de suscriptores ha continuado de forma sostenida hasta llegar a los 10.000. Esta ventajosa promoción expira el próximo 1 de octubre.

hora

Los datos evidencian el comportamiento de los seguidores del periódico. Los usuarios prefieren suscribirse a EL ESPAÑOL los domingos en torno a las once de la noche. En cuanto a los días de la semana, los suscriptores también tienen preferencia por los martes y los lunes, por ese orden, mientras que los jueves, miércoles y viernes son los menos elegidos. Y respecto a las franjas del día, ha habido suscripciones a cualquier hora, pero sobre todo en dos franjas: entre 10 y las 13 horas, por la mañana; y entre las 19 y las 23 horas, por la noche.

Valoraciones de expertos

No existen precedentes recientes en España que puedan equipararse a las cifras de EL ESPAÑOL. ¿Por qué? El profesor de la facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Navarra Miguel Ángel Jimeno, también conocido por editar el blog La buena prensa, destaca que “la gran aceptación, un caso único en el periodismo, de EL ESPAÑOL tiene mucho que ver con la persona de Pedro J.”. “Los miles de suscriptores demuestran que hay numerosas personas que, sobre todo, confían en él. Lo hacen ahora, que poco a poco se ven contenidos, y se hacía antes, cuando nada se sabía”. Jimeno, que cada día recoge en su blog ejemplos de buen periodismo, afirma que “la crisis ha provocado que numerosos periodistas se hayan lanzado de nuevo al mercado con nuevos productos; habitualmente, porque resulta más barato, on line”. “Creo que todo buen medio escrito o digital tiene larga vida si su apuesta se llama Periodismo. Si no lo hace, fracasará”.

La presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), Elsa González, da la bienvenida a EL ESPAÑOL y destaca, en general, que “el periodismo vive una etapa trascendente”. “Hemos entrado en una nueva sociedad de la información. El periodismo es más necesario que nunca, teniendo en cuenta el raudal de información de las redes sociales”. Para ella, los diferentes medios, incluidos los nuevos como EL ESPAÑOL, deben recordar que “solo la ética genera credibilidad, el fundamento del periodismo. Y por ahí pasa nuestro futuro: profesionalidad y ética”.

Modelo de financiación

EL ESPAÑOL encarna el modelo mixto de ingresos por publicidad y por suscripción. ¿Será así el futuro de la prensa digital? “Efectivamente, creo que el futuro será híbrido”, responde González. “Realmente ya lo es el presente -agrega-, aunque seguimos haciendo camino al andar en cuanto al negocio informativo”. “Hemos acostumbrado al receptor de la información a la gratuidad y la calidad tiene un precio -añade-. Pero no olvidemos que en España el modelo de negocio audiovisual, la radio y la televisión, es, salvo excepciones, gratuito. Y la radio, por ejemplo, es el medio que mejor ha aguantado la crisis. Desde luego, el modelo mixto en la prensa digital aparece como la solución actual en el horizonte informativo”. “Ahora -concluye-, lo importante es ganar a la ciudadanía por la calidad de los contenidos”.

Para Jimeno, “la vida nos muestra que cada medio es diferente”. Y matiza que “hay publicaciones en papel que solo desean estar en papel y que tienen beneficios sin soporte on line. Hay publicaciones en papel que tienen beneficios y… no tienen publicidad porque han renunciado a ella. Hay medios on line que tienen beneficios sólo gracias a la publicidad, hay medios… La clave está en la bondad, en la calidad, de los contenidos. Son estos, además, los que pueden hacer que el modelo de negocio se enriquezca: hay medios digitales que han logrado autoridad y que, gracias a ella, sacan ‘versión’ en papel porque genera más beneficios”.

[su_box title=”Evolución y próximos hitos”]El lanzamiento de EL ESPAÑOL va a realizarse en diferentes fases. El próximo 7 de octubre, los suscriptores conocerán en exclusiva el primer producto: la página web del diario en versión beta. Una semana después todos los internautas podrán acceder a estos contenidos. Por último, cuando la aplicación de EL ESPAÑOL para IOS y Android esté lista, previsiblemente a finales de octubre, los suscriptores disfrutarán en sus ordenadores, teléfonos y tablets del producto estrella: la Edición. Cada día, a las 22.00 horas, podrán acceder a las informaciones, reportajes, entrevistas y opiniones, todas ellas en exclusiva. El cobro por los contenidos no empezará hasta el 1 de noviembre, fecha en la que estarán disponibles todos los servicios del periódico.

Además de acceder a la Edición, los suscriptores dispondrán de otras ventajas exclusivas. Para empezar, no tienen límite en su navegación por la web, al contrario que el resto de usuarios, quienes solo podrán ver 25 enlaces al mes. Solo aquellos que se suscriban a EL ESPAÑOL podrán participar activamente en los contenidos a través del Blog del Suscriptor, con un máximo de dos artículos publicados por persona a la semana. Por último, los suscriptores gozarán de todas las ventajas de la Zona Ñ, como participar en sorteos para acudir a eventos deportivos en el Santiago Bernabéu, el Vicente Calderón y el Palacio de los Deportes, así como a actos culturales en el Teatro Real, el Teatro Español, los teatros de Canal y salas de cine. Sin olvidar, además, descuentos para asistir a restaurantes y hoteles.[/su_box]

El libro negro del periodismo en Cataluña: un epílogo con datos

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La prensa catalana ha tratado la corrupción con recato. Es difícil visualizar en unos gráficos algo tan cualitativo. Éste es nuestro intento. Hemos escogido el estallido de tres casos relacionados con posible corrupción política y las portadas durante los 30 días siguientes. 

La prensa catalana ha tratado la corrupción con recato. Es difícil visualizar en unos gráficos algo tan cualitativo. Este es nuestro intento. Hemos escogido el estallido de tres casos relacionados con posible corrupción política y las portadas durante los 30 días siguientes. Los gráficos sólo tienen en cuenta las menciones en portada, no su tamaño o contenido, que también es importante y aclaramos algo en el texto que acompaña.

Son tres casos de épocas distintas: Banca Catalana, Adigsa o el 3% y Palau. Los tres ejemplos tienen rasgos distintos. Banca Catalana fue un boom que provocó reacciones y manifestaciones inmediatas. Adigsa explotó a partir de la investigación fiscal causada por la frase célebre del presidente Pasqual Maragall -“ustedes tienen un problema y este problema se llama 3%”. Palau fue un temblor relacionado con una institución cultural catalana que al principio no tuvo connotaciones políticas.

1. Banca Catalana.

La fiscalía general del Estado se querelló en mayo de 1984 contra el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, y otros 22 dirigentes de Banca Catalana. Les acusaba de haber usado una caja B para intereses propios durante la década anterior. La exclusiva de la querella la dio El País el 19 de mayo, unos días antes de que se presentara. Hacía una semana que Jordi Pujol había sido reelegido president de la Generalitat por primera vez con su mayor mayoría absoluta.

En los días siguientes hubo muestras de apoyo y una gran manifestación el día de la investidura. La Vanguardia anunció la querella el mismo día que se iba a interponer, el 24: “Probable: hoy se presenta la querella contra dirigentes de Banca Catalana”. Pujol no aparecía. Al día siguiente La Vanguardia ya no se hablaba del contenido, sino de las “reacciones”. Avui editorializaba desde el primer día: “La querella contra Pujol desestabiliza Cataluña”. Era la opinión de Miquel Roca. Al día siguiente, también según Roca, “González está detrás de la querella”, decía el Avui. El Periódico fue el primero en reaccionar tras El País, pero daba desde el principio la defensa de Pujol: “Pujol, tranquilo ante el rebrote del ‘caso Catalana’”.

En el gráfico todos estos titulares cuentan como menciones, pero su perspectiva, tamaño y objetivo no tienen relación.
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2. Adigsa y el 3%

El caso del 3% y Adigsa no fue exclusiva de nadie, pero sí lo provocó El Periódico. Había un pleno el 24 de febrero de 2005 en el Parlament sobre el accidente del túnel del Carmel en Barcelona. El Periódico escribió un editorial con mención a las presuntas comisiones del 3%. Desde sus escaños, el president Maragall y el jefe de la oposición, Artur Mas, discutían. Maragall, en un momento de exaltación, acusó sin pruebas a los convergentes de cobrar el 3% de obra pública.

La polémica tomó dos caminos: uno, una crisis política. Dos días después, La Vanguardia titulaba “La acusación de Maragall a CiU amenaza la legislatura”. Había cuatro subtítulos y ninguno mencionaba el 3%. Un titular aislado, abajo, dice: “El fiscal abre una investigación para ver si hubo comisiones”. Este es el segundo camino del 3%: el fiscal José María Mena buscó y acabó por encontrar comisiones de hasta un 20% a través de la empresa pública de vivienda social Adigsa. Ese tema no apareció en la portada de La Vanguardia ni en el Avui. El Periódico lo sacó por abajo. El Mundo y El País tardaron unos días. Fue esta vez un cuentagotas más constante, pero acabó también por apagarse. La prensa no es la única responsable. El empresario que denunció las comisiones del 20%, Juan Antonio Salguero, sigue a la espera del juicio.
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3. El ‘caso Palau’

El caso Palau tardó unas semanas en despegar. La intervención judicial inicial no pareció implicar lo que ha acabado siendo. Los periódicos intervinieron e insistieron poco durante ese verano. La confesión de Fèlix Millet llegó a mediados de septiembre. “Fèlix Millet confiesa”, titulaba La Vanguardia. Como es habitual, puso la noticia en las páginas de Economía. Las portadas de los días siguientes se centraban en Millet, su papel y su relevo.

Fue otro caso que nadie vio venir.

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Nota metodológica

Para este análisis se han seleccionado 586 portadas de las hemerotecas de cinco medios nacionales y regionales: El País, El Mundo, El Periódico, La Vanguardia y el Avui. El período de tiempo se ha ajustado de acuerdo al estallido del caso en los medios de comunicación. El análisis recorre el mes posterior a la primera mención del caso en los diarios.

Los casos seleccionados han sido escogidos por su relevancia mediática. Banca Catalana en mayo de 1984, Adigsa (o el 3%) en febrero de 2005 y Palau en julio de 2009.

En el análisis de Banca Catalana, desde el 19 de mayo de 1984 hasta el 19 de junio de 1984, el diario Avui no se publicaba los lunes y El Mundo no existía.

El caso Adigsa coincidió con la Semana Santa de 2005. En este caso algunos diarios no publicaron el 26 de marzo, festividad del Sábado Santo.

Diccionario satírico burlesco (XIV)

La penúltima entrega del glosario de Anna Grau discurre entre la V de Vanguardia (La), el diario de la familia Godó, y la Z de ZP, el presidente que destapó la caja de los truenos al comprometerse a aceptar el Estatuto que le enviara Pasqual Maraggall, extremo que no fue posible. 

Vanguardia, La

A la vez más y menos que el gran periódico catalán. Lo mejor y lo peor. Alfa y omega de la prensa. Leyenda con luces y sombras, algunas que quitan el hipo. Tuvo que ser un director andaluz, Modesto Sánchez Ortiz, quien catapultara lo que inicialmente era un diario de avisos del puerto de Barcelona a algo digno de figurar en la cartelería histórica del modernismo. Cuando la dirigía Gaziel La Vanguardia fue incautada y reconvertida en órgano oficial de la Generalitat. Los propietarios originales, los Godó, no volvieron a serlo hasta la victoria de Franco. Impertérritos aguantaron entonces que les dirigiera el invento lo mismo Luis de Galinsoga que Manuel Aznar -abuelo de José María-, que les cambiaran el nombre de la cabecera y hasta que les obligaran a saltarse retroactivamente ediciones. ¿Se repite la historia, del derecho o del revés? A día de hoy nadie se incauta directamente de nada, no está bien visto, pero bueno, hay subvención o no la hay. De ahí el súbito y sorprendente entusiasmo de esos mismos Godó por lanzar una edición en catalán y hasta un editorial conjunto con todos los demás periódicos del vecindario. Hubo un tiempo en que se afirmaba que para entender la apasionante complejidad de Cataluña había que leer La Vanguardia. Empieza a ser más verdad al revés: si no eres catalán muy acérrimo, La Vanguardia aburrrrrre….¿volvemos a ser el diario de avisos del puerto?

World Trade Center

El de Barcelona, el de Barcelona, no el otro… aunque está cerca de ser declarado zona tan catastrófica como en su día lo fue el de Nueva York. Hablamos de un parque empresarial emblemático junto al frente marítimo, precioso y con firma arquitectónica ilustre. Una especie de Museo Guggenheim de Bilbao, pero en Barcelona y dedicado a la empresa y no al arte. A no ser que se considere un arte perder dinero. Tantos miles de metros de oficinas, de servicios, de hoteles, inaugurado todo con la mejor buena voluntad en 1999, y ahora boqueando, luchando por sobrevivir y por dejar de ser un monumento a la desinversión. Y a la pérdida de esperanza financiera en una ciudad que presumió de ser locomotora económica de toda España.

Xènius

El más famoso de los nombres de guerra de Eugeni D’Ors, uno de esos complicados personajazos catalanes que la patria tiene problemas para encajar en su panteón porque por un lado era eminentísimo, el padre del noucentisme, y por el otro… ¡se pasó con armas, bagajes y convicciones al franquismo! Es una jugada que se repite suficientes veces a lo largo de la atormentada historia intelectual catalana como para hacerse una, quizás, alarmante pregunta. La misma que en plan retórico lanzó Jordi Pujol en uno de sus mitines en los 90: “¡Hay gente más lista, más brillante que nosotros! ¡Pero nadie ama a Cataluña como nosotros!”. ¿Por qué será?

Yoda (Pujol)

“El tamaño no importa. Veme a mí. ¿Por mi tamaño me juzgas? ¿Hmm? Hmm. Pues hacerlo no deberías. Pues mi aliada es la Fuerza, y una poderosa aliada es”. Son palabras que en el episodio quinto de la saga Star Wars (El Imperio Contraataca) oye Luke Skywalker de la boca de Yoda, ese pequeño pero dicharachero jedi de increíble parecido físico con Jordi Pujol. La broma ha sido constante y recurrente desde que se estrenó esa película. Quien esto firma casi se come una vez las escaleras del Casino de Madrid al vislumbrar cómo unos periodistas de Telecinco tomaban planos de Pujol blandiendo feliz una espada de luz de juguete. Quien fue molt honorable ha sabido siempre sacar un inteligente partido de su limitada apostura y estatura. Durante muchos años eso le valió para sugerir subliminalmente, o no tanto, que él era un pobre David rodeado de Goliats. A los que se iba comiendo uno tras otro como cocos de un videojuego. Nada más hace falta recordar la espectacular conversión a la Fuerza de aquellos que una vez gritaron “Pujol, enano, habla castellano”. Dicho esto, en las distancias cortas Yoda-Pujol no ha carecido nunca de una sorprendente capacidad de seducción. Marta Ferrusola (a la que se atribuye la ascensión en política del único personaje más bajito que Pujol, el conseguidor Lluís Prenafeta, posteriormente procesado y mandado a Alcalá Meco junto a Macià Alavedra, bien es verdad que en virtud de un sumario instruido por Baltasar Garzón…) se plantó una vez en el programa de radio de Odette Pinto para exigir que cesaran ciertos rumores de amoríos extraconyugales porque, de ser cierto todo lo que se contaba, su marido sería “un Superman”.

ZP

Todavía no se sabe con absoluta seguridad qué fue primero, si el huevo o la gallina; si José Luis Rodríguez Zapatero o Pasqual Maragall, dos personajes, sépase de una vez, que jamás han tenido ni la más mínima química personal. Ni siquiera esa famosa noche en el Palau Sant Jordi de Barcelona en que el primero prometió dar apoyo al Estatut que el segundo le mandara, así se lo mandara dentro de un cucurucho de churros y con abundante azúcar glasé para disimular. ¿Quién calentó la boca a quién? Todavía hoy se echan los unos a los otros el Estatut de marras a la cabeza y nadie admite tener ninguna culpa de nada: ni los que metieron una pata ni los que metieron la otra. Cataluña salió innecesariamente humillada y escocida, España salió hasta los mismísimos de los catalanes. El Tribunal Constitucional salió como un ogro. Y en cuanto al PP, que Dios se lo pague con muchos florianos y bárcenas. Tanta acumulación de mal karma tampoco puede ser porque sí.

El libro negro del periodismo en Cataluña (VI): La opinión dependiente

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Una opinión vale tanto como otra. Un hecho confirmado vale mucho más. Pero la opinión también ha sufrido limitaciones en Cataluña. En los últimos años se han censurado artículos en ‘La Vanguardia’, ‘Ara’ y ‘El Punt Avui’. 

Gráfico: Kiko Llaneras

Este martes, un epílogo con datos.

Lee aquí los cinco primeros capítulos:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’

Una opinión vale tanto como otra. Un hecho confirmado vale mucho más. Pero la opinión también ha sufrido limitaciones en Cataluña. En los últimos años se han censurado artículos en ‘La Vanguardia’, ‘Ara’ y ‘El Punt Avui’. 

En la primavera de 2015, un articulista mandó a su diario el texto de la semana. Era sobre un partido catalán en un momento conflictivo. Al cabo de un rato recibió un correo electrónico del director con esta respuesta:

Hoy han comido el editor y el líder del partido. Has hecho un artículo que traerá problemas. A ver qué se te ocurre para que los dos podamos evitarnos líos. Hay muchos nervios en ese partido, como sabes.

He ocultado el nombre del partido, del periódico y del articulista por razones obvias pero son los tres reconocidos.

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Lee aquí los cinco primeros capítulos:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’

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En los últimos años, La Vanguardia, Ara y El Punt Avui han censurado artículos de colaboradores habituales. Casi todos los artículos terminaron publicados en internet. En años anteriores -antes de la expansión de las redes sociales- salieron otros presuntos casos pero son más difíciles de detectar. El gremio de los dibujantes ha sufrido especialmente y no sólo censura política.

El director de La Vanguardia Joan Tapia fichó a Gregorio Morán poco después de ser nombrado en 1987. Era un articulista incómodo y La Vanguardia es más bien un periódico cómodo. Pero servía para dar equilibrio, que es algo que el diario ha buscado a menudo con la opinión, su sección tradicionalmente más atrevida.

A Morán le habían censurado hasta 2013 sólo dos artículos, en ambos casos con Tapia como director. Uno se lo retiraron porque se metía con Israel. El otro, por atacar a Jordi Pujol. Fue el 9 de octubre de 1999, en plena batalla electoral entre el president y Pasqual Maragall. El artículo se titulaba Las trampas del redentor y ya estaba maquetado, con su dibujo en página. Salió incluso en los primeros periódicos impresos. El director decidió quitarlo a última hora, cuando le avisaron. El texto criticaba sobre todo la doblez de Pujol:

[Pujol] ha conseguido hacer de la doblez una moral. Entre el personaje real y el que la gente se quiere creer hay tal diferencia que el resultado es un producto genuino; él es él y su doblez. No miente, sencillamente olvida decir la verdad. No tiene ningún apego al dinero, le basta con el que le tiene su entorno. Le importa un comino la familia, pero con tal de estar tranquilo en su casa acepta todas las trágalas que le presentan. No es un hombre corrupto; sencillamente, no pregunta ni de dónde salió el Lamborghini de su retoño ni por los éxitos empresariales de la floristería de su señora.

Hoy parece algo menor porque todo eso ha acabado circulando. Pero entonces el Lamborghini, por ejemplo, había salido sólo en El Mundo. Las páginas de opinión eran un modo de publicar lo que no salía como información.

Este tipo de censura nunca comportó grandes denuncias de compañeros en Cataluña. El 11 de octubre, Manuel Vázquez Montalbán escribía al final de su columna de El País: “Posdata: Un artículo de Gregorio Morán sobre Pujol desapareció el sábado en los subterráneos virtuales de La Vanguardia. Gregorio: Siempre nos quedará París y el Internet”.

El día 14, otro colega en El País, Guillem Martínez, decía dentro de una crónica desde el palco del Camp Nou: “El sábado, por cierto, un diario barcelonés levantó un artículo de Gregorio Morán -y, tal vez, a Gregorio Morán- titulado Las trampas del redentor. Sobre Pujol. En una democracia europea, éste hubiera sido el tema de la semana en una sala como ésta”.

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AYUNTAMIENTO DE GIRONA

El Col·legi de Periodistes de Catalunya no tiene por costumbre denunciar estas censuras. En su web aparecen 73 resultados cuando uno busca la palabra “censura”. Llamé para preguntar si tenían otro tipo de comunicados y me pasaron estos 58. Son similares. Todos están relacionados con la censura franquista o con la imposición de bloques electorales en la información electoral de los medios audiovisuales públicos.

Sólo hay un caso reciente en que el Col·legi ha emitido declaraciones oficiales: la portada censurada de El Jueves sobre la abdicación del Rey. “Nuestro compromiso es con la libertad de expresión como derecho fundamental y por eso estamos en contra de todo tipo de censura”, decía el Col·legi. Luego pedía que nada se convirtiera en “un tema tabú”. TV3 dedicó también un reportaje a la portada de El Jueves y se plantó en la sede de la editora de El Jueves -RBA- donde la reportera indignada denunciaba que a ella y a su equipo no les habían dejado entrar.

En el caso de artículos o humor gráfico sobre otros temas, el revuelo ha sido menor.

Un artículo en cuarentena

El Punt Avui censuró en 2013 un artículo de Bernat Dedéu donde acusaba al director de orquesta Carles Coll de quedarse con buena parte de las subvenciones que recibía para su Orquestra de Cambra de l’Empordà y maltratar laboralmente a sus músicos.

Dedéu daba los números y los nombres de los amigos de Coll en Girona, entre ellos Santi Vila, conseller de Territorio y Sostenibilidad. El director de El Punt Avui, Xevi Xirgo, dijo a Dedéu que ponía el artículo “en cuarentena”: “Es la única llamada que recibí del director. Me dijo que haría unas llamadas y nunca más se supo. Esperé un día y vi que no pintaba muy bien”.

Dedéu anunció que se iba. Ningún otro gran medio dio la noticia. Ahora escribe su blog, La torre de les hores, y tiene más visitas que muchos articulistas asentados en periódicos.

Dedéu es joven y pomposo. Le encanta su acento catalán no barcelonés (en la capital el acento es más chabacano) y salpica sus frases de palabras de otra época que le dan un aire clásico que equilibra bien con toques en inglés y algún taco. Le he visto en verano pero en invierno es fácil imaginarle con sombrero, bastón y capa.

Dedéu es un personaje con horas de elucubración. Cree que su caso ilustra que el miedo es un problema en los directores de periódicos en Cataluña: “Si uno de tus columnistas te asusta, es imposible ficharle. La pregunta entonces, que es casi filosófica, es de qué tienen miedo los directores de periódico catalanes. Si el caso que yo expliqué en El Punt Avui -que no daba como noticia sino como reflexión- no puede publicarse, imagina cuando toquemos algo importante”.

Bernat Dedéu en un evento. / BIBLIOTECA DE CATALUÑA.
Bernat Dedéu en un evento. / BIBLIOTECA DE CATALUÑA.

Sánchez-Piñol, lejos lejos

La Vanguardia censuró la publicación de un artículo del escritor Albert Sánchez-Piñol. Se metía con otro articulista del periódico, José Antonio Zarzalejos.

El título era Zarzalejos, lejos lejos. Pero la historia venía de un par de semanas antes. El artículo anterior de Sánchez-Piñol había sido sobre un hipotético museo militar en Barcelona. Piñol contaba los ataques del Ejército en Cataluña. Cuando La Vanguardia recibió el artículo, le dijo a Sánchez-Piñol que el texto tocaba temas sensibles y que verían qué hacían. Pero el domingo el artículo apareció por error durante unas horas en la web del periódico.

Al día siguiente, el director, Màrius Carol, dijo en RAC1, propiedad del Grupo Godó, que tenían una pieza sobre el grupo Estado Islámico más importante y que el artículo de Sánchez-Piñol se publicaría al cabo de unos días. Carol añadió una amenaza: “Algunos salvapatrias que estén tranquilos. Hay a quienes les gusta romper piernas, pero como todos nos tenemos detectados, tranquilos: ya nos encontraremos por el camino”.

Algunos “salvapatrias” salieron a defender a Sánchez-Piñol. A Carol no le gustó y usó el tópico de país pequeño: “Todos nos tenemos detectados”. El diario Ara y medios digitales publicaron una declaración del escritor que corrió por las redes sociales y donde contaba su versión.

Días después de publicar la pieza sobre el museo, otro artículo en La Vanguardia del catedrático Francesc Granell criticaba a Sánchez-Piñol.

El siguiente artículo del escritor fue Zarzalejos lejos lejos. La Vanguardia no lo publicó.

En la siguiente tertulia en RAC1 con Carol, el presentador no preguntó sobre el artículo. Semanas después, el ex director de La Vanguardia, José Antich, se despidió del periódico con este tuit: “Muy contento de estar aquí, con vosotros. Hoy La Vanguardia, lejos lejos”. Sánchez Piñol y La Vanguardia son más famosos que Dedéu y El Punt Avui, pero la diferencia de repercusión fue extraordinaria: la combinación de “Bernat Dedéu” y el músico “Carles Coll” da 37 resultados en Google; “Sánchez Piñol” y “lejos lejos”, más de 4 mil. El contenido de los artículos de Piñol encaja mejor en la narrativa preponderante.

Hay articulistas que perjudican

De las páginas del Ara se han ido dos articulistas después de que un artículo suyo no apareciera: la periodista Anna Grau, que ahora escribe en EL ESPAÑOL, y el profesor de la Universidad de Stanford Joan Ramon Resina.

Grau escribió una pieza en 2011 sobre una mujer negra en un autobús de Nueva York. Describía una discusión de racismo inverso. En Ara le dijeron que “los lectores catalanes no la entenderían”. En su testimonio en e-Notícies Grau dijo que antes ya había tenido problemas –llamadas, quejas- por dos artículos sobre Pujol y sobre la independencia. En su despedida voluntaria, el jefe de Opinión, Ignasi Aragay, le dijo que era lógico: “El Ara va por un lado y tú por otro”.

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La periodista Anna Grau. / MOEH ATITAR

El caso de Resina es menos conocido. Dedéu lo explicó en su blog. Contacté con Resina, pero prefirió no hacer declaraciones. En septiembre de 2013 publicó un artículo en la revista para tabletas Esguard, donde contó lo que había ocurrido.

Después de una disputa entre dos diputados del PSC y de la CUP en el Parlament por un artículo en el Frankfurter Allgemeine que ironizaba sobre el proceso catalán, Resina glosaba y criticaba la pieza alemana. En Ara le dijeron que aquello “ya no era relevante” y no publicaron el artículo. Resina escribió luego tres piezas más, que también fueron censuradas.

Desde el periódico ningún responsable le avisó del fin de su colaboración: “La Cataluña actual se ha hecho con estos silencios”, explica Resina, que cree que dejaron de publicarle cuatro artículos para disimular que había sobre todo uno que no querían sacar. Aquel texto se titulaba “Gestión de las estructuras culturales de Estado” y criticaba la labor del conseller de Cultura, Ferran Mascarell. Como el resto de piezas, este artículo lo publicó la revista para tabletas Esguard. Resina describe en una introducción el mal del diario Ara, que puede afectar a otros medios catalanes: “El Ara confunde interesadamente dos tipos de independencia, la que se propone como objetivo de un proceso político de impulso popular, que el diario ha sabido convertir en razón de ser de su éxito, y la que se ganan duramente los medios de información que no aceptan sobornos del poder y a los que no hace falta, en consecuencia, presionar a los colaboradores”. Esto tiene una consecuencia que puede afectar el modo de ser del país, según Resina: “Miserias de país pequeño, corregidas y aumentadas por la hipocresía, que hace que el espíritu crítico esté muy afilado contra el enemigo oficial y considerablemente embotado o totalmente romo ante quienes tienen la llave de la despensa”.

Un pensamiento folclorizado

Un periódico puede elegir a sus colaboradores. Pero es raro que una vez asumida la participación habitual de una pluma tenga problemas porque ese articulista dice cosas que disgustan. Es inevitable que esa postura acabe por afectar al escritor.

Jordi Graupera escribe para La Vanguardia. Prepara su doctorado en Nueva York y da clases de Filosofía. La mayoría de las personas que le conocen y saben que he hablado con él me han dicho una variante de esta frase: Graupera será un día presidente de Cataluña.

No sé si habrá confesiones privadas pero los motivos públicos son claros: argumenta con solidez en las tertulias de RAC1, habla sin trabarse y parece tener un proyecto político en la cabeza. En Cataluña con menos se han hecho políticos de larga carrera.

Graupera cree que debe vigilar con su escritura: “En un ambiente normal (Madrid, Washington, Londres) los mejores columnistas están estimulados para perseguir su libertad. Cada vez que me siento a escribir, no pienso ‘qué es lo que no ha dicho aún nadie’ sino ‘qué es lo que es publicable’. Esto te folcloriza el pensamiento”. Cree Graupera que este problema no sólo ocurre en las cabeceras barcelonesas: “Si en los diarios españoles hay menos censura es porque no se ponen a prueba las costuras fundamentales”.

Dedéu cree que una de las causas principales son las ayudas públicas: “Tú no puedes criticar al poder que te alimenta. Desde que la prensa catalana recibe un gran nivel de subvenciones, es imposible que no sea complaciente. Pero es que me pasaría también a mí. Por eso no recibo ayudas públicas. A veces pasa que quien las recibe se vuelve complaciente para seguir recibiéndolas”.

La consecuencia de una actitud así (aunque sea por otro motivo) es más grave: “Me preocupan los diarios para convencidos. Siempre hago mis artículos, como filósofo, para violentar el pensamiento. Pero la mayoría de lectores de periódico en Cataluña quieren reconfortar su pensamiento”. Es el tipo de mentalidad de quien lee un periódico deportivo.  

prensa

Gráfico: Kiko Llaneras

Todo es una tertulia

La opinión tiene otro ámbito creciente: la tertulia en radio o tele. El debate de bar entre gente que sabe bastante de algo y nada de mucho se ha convertido en un fijo de las programaciones por dos motivos: es fácil de montar y barato de hacer. No hay que buscar expertos en cada aspecto de la actualidad y tampoco hay que enviar a periodistas y cámaras a cubrir eventos durante horas o a hacer media docena de entrevistas. Sirven además para la tele y para la radio.

Con tanta tertulia, la ideología de cada participante se ha convertido a menudo en razón de Estado. Nadie niega que en las radios y teles en catalán hay sobrepeso de partidarios o próximos a la independencia. No es sin embargo un sobrepeso siempre apabullante, aunque esporádicamente sí.

Dedéu por ejemplo se negó en 2015 a ir a una tertulia en un canal informativo de TV3 porque los otros dos también eran independentistas. Se quejó en público y llamaron a uno de los jóvenes no independentistas ilustres, el joven politólogo y tertuliano ascendente Nacho Martín Blanco. Al final eran tres contra uno. La producción del programa dijo a Dedéu que a veces montaban tertulias entre independentistas para ver sus diferencias. Dedéu les respondió que no había visto nunca aún una tertulia sólo entre españolistas.

Los sectores independentistas tienen una excusa sencilla: las tertulias catalanas sobre el procés siguen sin ser tan parciales como las tertulias hechas en Madrid, donde la aparición de catalanes que simpatizan con la independencia es aún escasa. Hay memes en internet que reflejan esas quejas.

Las tertulias son una metáfora de una parte del sistema de medios: siempre hay alguien que lo hace peor y por tanto justifica un presunto comportamiento mediocre o poco limpio. El lema parece ser: “Primero hay que ganar. Luego ya habrá tiempo de ser mejores”. Durante tres décadas de democracia los medios han creado este ambiente irrealmente relajado.

Este martes, un epílogo con datos.

Lee aquí los cinco primeros capítulos:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’

El libro negro del periodismo en Cataluña (V): La tele de la mitad

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La pregunta eterna sobre TV3 es su papel en la creación de la Cataluña actual. ¿La cadena ha manipulado o censurado informaciones? Sí. ¿Esa censura es siempre política? Lo parece. En la historia de TV3 hay hitos sueltos donde esa presión se ha hecho evidente. Pero en el día a día ha sucedido algo más sutil, constante y eficaz. Es lo que un redactor jefe de informativos en distintas etapas llama “la lluvia fina”.

Este domingo, el sexto capítulo: ‘La opinión dependiente’ 

Lee aquí los cuatro primeros:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’

La pregunta eterna sobre TV3 es su papel en la creación de la Cataluña actual. ¿La cadena ha manipulado o censurado informaciones? Sí. ¿Esa censura es siempre política? Lo parece. En la historia de TV3 hay hitos sueltos donde esa presión se ha hecho evidente. Pero en el día a día ha sucedido algo más sutil, constante y eficaz. Es lo que un redactor jefe de informativos en distintas etapas llama “la lluvia fina”.

El 30 de junio de 1998 ocurrió algo poco habitual en Cataluña. El director del recién creado Teatre Nacional de Catalunya (TNC), Josep Maria Flotats, convocó una rueda de prensa para insultar al conseller de Cultura, Joan Maria Pujals. Le llamó “jovencito con estilo de terrateniente tarraconense que se ha querido comer el mundo”. El motivo era su destitución durante su primera temporada al frente de la institución. Flotats daba sus motivos: “Se me amputaba el proyecto del TNC a causa del chantaje de tres empresarios y dos directores que amenazaron con hacer ruido, y yo mostré mi desacuerdo”.

Al mediodía TV3 dio la noticia sin declaraciones del director. Por la noche, el editor del Telediario, Carles Francino, tenía preparado un vídeo con cortes de voz de Flotats. Poco antes de empezar, el director de la Corporación, Lluís Oliva, pidió a Francino que diera la noticia sin declaraciones. Faltaban minutos para empezar la emisión. Francino se negó y no presentó aquella noche el telediario. Estuvo sola su compañera, Helena García Melero. Después de insistir con varios correos electrónicos, Francino no ha hablado para este reportaje.

Dentro de TV3, aquello se vivió como un momento emocionante. La redacción tenía un Estatuto desde aquel año. Como en todas las televisiones públicas españolas, el nombramiento de los directores de TV3 depende del Gobierno de turno.

Era al menos la segunda vez que un editor no presentaba el Telediario por desacuerdos. La primera fue en febrero de 1987, pero no hubo revuelo. Salvador Alsius dirigía el informativo. Barcelona ya era sede olímpica y el alcalde, Pasqual Maragall, hacía cada semana un acto deportivo con escolares. Alsius había acordado con el jefe de informativos que cubrirían sólo el primero de los actos de Maragall. Pero cuando Alsius supo que el tercero iba a consistir en cinco penaltis del alcalde al portero del Español, Tommy N’Kono, decidió darlo. El jefe de informativos se negó. Discutieron en el camerino, corbata en mano, según Alsius. Se hizo la hora y Àngels Barceló empezó a presentar sola.

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Angels Barceló durante sus años en TV3.

Dos semanas negras

La primera emisión de TV3 fue el 10 de septiembre de 1983. La redacción inicial era de izquierdas. Alsius fue el primer director del Telediario de mediodía. Recuerda una libertad razonable para elegir, excepto en dos semanas negras llenas de imposiciones.

La primera fue la de la querella contra Pujol por Banca Catalana. El director de la tele, Alfons Quintà, que había levantado el caso en El País tres años antes, ahora escribía los audios de alguna de las piezas sobre el caso en TV3 que iban a tener el efecto contrario.

La segunda semana fue la de las elecciones de 1986 donde se presentaron Miquel Roca y el Partido Reformista. TVE usó por primera vez imágenes de alguien que hablaba en catalán y le puso subtítulos. Era Roca. Pudieron pensar que si un político que aspiraba a presidente hablaba en catalán perdería puntos. En la Generalitat lo vieron así y decidieron responder. Alsius tuvo que sacar más a Roca. Recuerda un mitin de Felipe González con 40.000 personas en Bilbao y un encuentro de Roca en Yecla con 35, sin el mil detrás. El jefe de informativos creía que Roca debía salir primero.

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Salvador Alsius durante sus años en TV3.

El cargo más poderoso en los años 80 era el jefe de asignaciones, que decidía dónde enviar cámaras a cubrir actos. El jefe más célebre fue Josep Lluís Suelves. Alsius recuerda una gestión opaca. Le era fácil decir que para tal sitio no había cámaras o que no podía acudirse a otra cobertura. Era por tanto un puesto fácil para filtrar información.

Las leyendas que corren por la redacción de TV3 sobre Suelves, su influencia política, su línea directa con la Generalitat y su fidelidad al pujolismo son asombrosas. Si el president Pujol iba a un pueblo remoto, allí estaba TV3; si viajaba a un país menor, allí estaba TV3. La cobertura era amable, humana. El líder de la oposición socialista, Raimon Obiols, dijo en una entrevista a eldiario.es: “Cuando fui invitado por única vez a los estudios de TV3, después de años de ausencia, dije a los que me recibían que me sentía tentado de besar el suelo, como si fuera la tierra prometida”.

Obiols cita una investigación donde se decía que el porcentaje de pantalla de Pujol en TV3 era 22 veces superior al suyo mientras fue jefe de la oposición.

Paz por territorios

La etapa de los 80 en la redacción de la tele se conoce popularmente como “paz por territorios”: la redacción cumplía con lo que le pedían sin rechistar (paz) a cambio de convenios laborables favorables (territorios).

En aquellos años las noticias que se hacían a petición directa de la Generalitat se llamaban “discos solicitados”. Albert Sáez dirigió la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales entre 2008 y 2010. Como presidente le tocó lidiar con los beneficios excesivos de aquellos convenios que él mismo había disfrutado: “Cuando yo trabajaba en TV3 entre 1984 y 1988, en una huelga a los de mi categoría nos multiplicaron el sueldo por cuatro para equipararlo a otra categoría”. La estrategia sindical era obvia: “Los sindicatos de TVE y TV3 sincronizaban las negociaciones de los convenios para que fueran justo antes de las campañas electorales”, dice Sáez. Así llegaban las concesiones: los “territorios”. Aquellas concesiones del presidente dejaban a los directivos de la cadena “en una situación de extrema debilidad”, según Sáez.

La lluvia fina

En la historia de TV3 hay hitos sueltos donde la presión política se ha hecho evidente, pública y que han podido luego criticarse. Pero en el día a día ha sucedido algo más sutil, constante y eficaz. Es lo que un redactor jefe de informativos en distintas etapas llama “lluvia fina”.

La lluvia fina es la jerarquización de un contenido sobre otro, la extensión de un vídeo, las noticias amables por encima de las polémicas. Ese día en que el director de la tele llama a un director de informativos en fin de semana para que “dé bien las encuestas electorales” y el presentador le dice que no se preocupe y el director insiste en que “no olvide la del Avui”.

Es un goteo cualitativo, no cuantitativo: se puede analizar un día pero no sus efectos. El minutaje de los partidos y los políticos en pantalla, que es el único modo oficial de medir, no refleja estos matices.

El pasado 28 de agosto la Guardia Civil registró la sede de Convergència y de su fundación, CatDem, además de cuatro ayuntamientos convergentes. TV3 dedicó 14 minutos a la información. Los ocho minutos iniciales fueron para dos periodistas en las sedes y para un vídeo de resumen.

Era una información aceptable, aunque con poco contexto, con un inicio centrado en la visibilidad de la operación (no en la presunta corrupción) y con la alcaldesa de Sant Cugat, Mercè Conesa, que insinuaba que era una operación política. Los 2.30 minutos siguientes eran para dirigentes de Convergència, CatDem y el Govern. Los tres decían que era una operación política preelectoral.

El minuto siguiente estaba dedicado al Gobierno central. Los demás partidos catalanes tuvieron entre todos 1.45 minutos. La frase de Ramon Espadaler, de Unió, era sólo: “Respeto por la presunción de inocencia y por la actuación judicial”. A Xavier García Albiol, del PP, sólo se le oía esto: “Artur Mas en base a la responsabilidad como presidente de Convergència y a Romeva y Junqueras como socios de coalición electoral”. No tenía ni siquiera verbo.

No es el único ejemplo.

El 14 de octubre de 2012 el Telediario abrió con una previa de las elecciones venezolanas y con una concentración de castellers en Tarragona. La tercera noticia fue un vídeo de resumen de protestas contra los recortes en 57 ciudades. TVE abrió ese día con las manifestaciones. En el fragmento sobre los castells salía Artur Mas para pedir que los catalanes imitaran a los castellers e hicieran piña. Es poco probable -o imposible de descubrir sin confesiones- que estas cosas sean así debido a consignas políticas. Como en todos los medios, los periodistas saben en el fondo dónde trabajan.

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Este domingo, el sexto capítulo: ‘La opinión dependiente’ 

Lee aquí los cuatro primeros:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’

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El comportamiento de la sección de Política de TV3 se controla al minuto. Cuando hay una información política importante, ofrecen opiniones de todos los partidos: los siete enanitos, les llaman algunos en la redacción. Pero el Gobierno tiene el doble porque su partido es también uno de los enanitos. Una de las batallas importantes de TV3 ha sido decidir qué es más importante: el Consejo de Ministros o el Consell de Govern, la información local o la información que ese día pueda ser más importante fuera de Cataluña. Un análisis cuantitativo no percibe estos matices.

Ramon Espuny, presidente del Sindicat de Periodistes de Catalunya, cree que no es necesario dar órdenes: “Los mecanismos del micropoder van así. No hay que tener carné para obedecer a un partido o un gobierno; la mejor manera es no tenerlo y disfrazarlo de criterios profesionales”.

También es lluvia fina que las menciones de la palabra “nacional” sean sobre todo para “Cataluña” y que la información vinculada a España lleve el adjetivo “estatal”. A veces se ha hablado de “policía estatal” o “selección estatal”.

Esta lluvia fina no se da sólo en los informativos. Miquel Calçada presenta Afers exteriors, que busca catalanes por el mundo. En ninguna de sus ediciones ha sacado a un catalán que diera clases de castellano en el extranjero ni que hubiera aparecido en programas similares en otras cadenas.

El Che Guevara en Política

Los casos de manipulación burda son fáciles de detectar: un documental sobre el futuro de una Cataluña independiente sin que haya un documental alternativo sobre una Cataluña federal u otra gobernada por Ciudadanos; un debate después de las municipales para hablar sólo de la independencia; un espacio durante el Telediario para que el presidente convoque elecciones y una entrevista luego al “jefe de la oposición”, Oriol Junqueras, que ha sido aliado del Gobierno y va en su lista.

Pero es imposible generalizar la responsabilidad. Entre los 400 periodistas de la redacción de TV3 hay de todo. El apoyo a la independencia puede haberse colado para unos cuantos como un valor mayor que la profesionalidad, dice Espuny: “Hay gente independentista que aún dice que hay que defender la profesionalidad, gente que lo matiza y gente que quiere defender la profesionalidad en todo lo demás pero que piensa que éste es un tema de ‘vida o muerte’, de ‘ahora o nunca’, de ‘todo o nada’”.

Un redactor de una sección que no es Política y que defendió en una larga conversación off the record el papel de TV3 en el debate soberanista me dijo esta frase sobre la sección de Política en un correo electrónico posterior a nuestra charla: “Es una sección domesticada y poco conflictiva, atada de manos y pies: podría trabajar el Che Guevara de redactor y no se notaría”. Es una manera de reflejar las pocas intenciones de desligarse de la línea de quien mande en el Parlament.

En 2001 Europraxis, una empresa de Josep Pujol Ferrusola, asesoró a la multinacional Lear en el cierre de su planta en Cervera (Lleida). El secretario de Industria era su hermano, Oriol Pujol, y el conseller de Industria era Antoni Subirà, primo de Jordi Pujol, president de la Generalitat.

Fue un escándalo que llegó al Parlament. En 2002 Indra, que había comprado Europraxis en 2001, se llevó varios contratos millonarios de la Generalitat después de años intentándolo sin éxito. TV3 sólo ha hecho cinco menciones a Europraxis a lo largo de su historia. Fueron todas en 2006, cuando se publicó un informe de la Sindicatura de Cuentas sobre las concesiones “irregulares” a Indra. Había una diferencia con 2002: ya no gobernaba Convergència.

PACO JUNQUERA / GETTY
PACO JUNQUERA / GETTY

La primavera de Praga

En 1999 Pujol se quedó en minoría y una de las primeras leyes que se debatió en el Parlament fue la que regulaba el sector audiovisual. La oposición logró nombrar a un director de la Corporación por consenso, Miquel Puig, y se creó el Consejo del Audiovisual de Cataluña (CAC). La labor del CAC era fiscalizar a las teles y conceder licencias.

Miquel Puig fue un director con buena relación con la redacción. Un redactor jefe llama su época “la primavera de Praga”. Puig creía que uno de los pilares de TV3 debían ser los informativos y la credibilidad. Creó una serie de especiales sobre “los problemas de Cataluña”. El primero fue sobre las comarcas a las que afectaría el trasvase del Ebro. “Recibió muchas críticas desde las alturas”, dice Puig.

Otro episodio recordado es la noche del asesinato de Ernest Lluch. La muerte fue a última hora de la noche y TV3 emitía un programa de Buenafuente ya grabado. El director de Informativos, Josep Maria Torrent, tomó la decisión de no interrumpir la emisión después de dar un flash. Varios redactores llamaron y se ofrecieron a ir a la tele a improvisar un programa. Pero les dijeron que no hacía falta y no se mandó una unidad móvil al lugar de los hechos. Al día siguiente, el comité profesional pidió la destitución de Torrent en una reunión con Puig y el propio Torrent.

“[Hablamos después] en una conversación que no voy a revelar”, dice Puig. Torrent dimitió 24 horas después. Puig cree que “TV3 falló aquella noche”. Tres personas me han dicho que la sospecha principal que corría por la tele acerca de Torrent era que Lluch era socialista y no merecía tanta atención.

En 2002 llegó el final de Puig. Aunque él se resiste a reconocerlo, el Gobierno de Jordi Pujol le forzó a dimitir días después de que destituyera al director de Catalunya Ràdio, Josep Maria Clavaguera, por desacuerdos en la gestión. Puig lo recuerda así: “Habíamos perdido la confianza de CiU. El consenso se había roto”.

Hasta tal punto se había roto el consenso que Pujol nombró como nuevo director de la Corporación a Vicenç Villatoro, diputado de CiU y ex director del diario Avui. Torrent había trabajado también en Avui. Se acercaban las primeras elecciones de Artur Mas como cabeza de lista. Los políticos creen que en esos momentos es mejor tener a gente afín.

El CAC controlaba ya el pluralismo político en las teles pero no se quejó por la salida de Puig: “Era una cuestión interna del operador”, dijo su presidente, Francesc Codina, ex diputado de Convergència. El CAC tiene seis miembros; tres estaban entonces propuestos por CiU. Además de Codina, los otros dos eran un ex director de Avui y ex director general de Promoción Cultural de la Generalitat, Jaume Serrats, y un antiguo miembro del comité de gobierno de Unió y hoy recién cesado director de Catalunya Ràdio, Félix Riera. Los votos importantes iban a estar claros.

Un organismo débil

El CAC funciona con actuaciones acordadas por sus seis miembros. Cuando hay empate, decide el voto de calidad del presidente. Quien tiene el presidente y dos consejeros tiene, por tanto, el poder.

El CAC reparte licencias audiovisuales y vigila el pluralismo, la publicidad, las emisiones infantiles y en general la labor de las empresas que han recibido una licencia audiovisual para emitir. Los consejeros son propuestos por los partidos según su peso en el Parlament.

Es razonable dudar de partidismo en sus decisiones. Un modo para atenuar esas dudas entre la ideología y la profesionalidad es dar los cargos a personalidades sólidas y con una formación específica. En Cataluña el CAC se inspiró en el CSA de Francia. Allí los presidentes son jueces del Consejo de Estado, la alta función pública. La categoría de altos funcionarios, que no existe en Cataluña, ayuda a la independencia de los miembros: “Todo el mundo tiene su orientación pero no tiene que ser alguien sometido”, dice Elisenda Malaret, consejera del CAC entre 2008 y 2014, catedrática de Derecho administrativo en la Universidad de Barcelona y diputada socialista en el Congreso entre 2004 y 2008.

El Parlament aprueba los miembros del CAC. Malaret había visto los exámenes orales que se hacen en el Senado de Estados Unidos a quienes aspiran a cargos públicos importantes y se había preparado respuestas a presuntas incompatibilidades y propuestas sobre cómo mejorar el CAC. Pero la comisión sólo le preguntó vaguedades sobre si era miembro del PSC. Apenas habían hojeado su currículum.

La falta de respeto por la labor parlamentaria de control hace que el Consejo sea fácilmente manipulable. Rafael Jorba, periodista de La Vanguardia y consejero del CAC entre 2006 y 2010, vio que para que funcione bien un organismo de regulación se necesitan dos condiciones: “Una democracia de calidad y un subsistema de medios de calidad”. Jorba se llevó una decepción: “Me di cuenta de que no existe ninguno de los dos”. Jorba ha sido periodista desde 1978 en El Periódico, El País, TVE y La Vanguardia. Conoce por tanto el “subsistema de medios” catalán.

El CAC ha pasado por distintas etapas.

En 2011 sancionó al Grupo Godó con 12.000 euros porque su cadena, 8tv, había emitido en 2009 microespacios de publicidad encubierta del Ayuntamiento de Barcelona, entonces en manos del socialista Jordi Hereu.

En 2015, en cambio, ha creído que la campaña Preparats de la Generalitat es legítima publicidad institucional. En el anuncio sale gente alegre que se dice preparada para mejorar Cataluña. Esta decisión conllevó votos particulares de dos consejeros que explicaban sus diferencias. Sus motivos eran sobre todo dos. El primero, que según la ley la publicidad institucional “sólo” puede informar de servicios públicos. El segundo, que los lemas principales –Preparats y Fem-ho– eran los mismos que el de una campaña de Assemblea Nacional de Catalunya (ANC) en 2014 –Estem preparats– y el de CiU en las elecciones de 2012: La voluntat d’un poble. Fem-ho junts.

En su decisión, el CAC decía que eran eslóganes comunes: los habían usado de modo similar el PSC-PSOE en el año 2000, ERC en las municipales de Torelló en 2011, la Universitat de Vic en 2012, un encuentro empresarial en el Pirineu en 2015 o una campaña benéfica de la AMPA de Mallorca. Todas son campañas de una repercusión ridícula.

Con motivo de un anuncio por el Tricentenario del 1714, el CAC estuvo a punto de emitir un informe sobre la legalidad de esa publicidad institucional. La entonces consejera Elisenda Malaret se negó para que no hubiera un precedente sobre campañas institucionales que no lo son. Prefirió entonces que no saliera nada. Un año después, con la decisión sobre la campaña Preparats, ese precedente ya existe: a partir de ahora la publicidad institucional puede rozar la propaganda y ya hay una actuación del CAC que lo justifica.

Otro expediente polémico del CAC es el que permite que El Punt Avui TV alquilara siete licencias locales de Canal Català. La ley permite emitir sólo un 25% de contenido general en cadenas locales. El Punt Avui TV emite el mismo contenido sin apenas desconexiones. Es decir, se está saltando la ley.

Planeta y otras emisoras estatales -Localia de Prisa o urBeTV de Vocento- intentaron un modelo parecido para toda España pero fracasó por motivos económicos y porque en lugares como Cataluña el CAC lo iba a impedir de acuerdo con la ley. Aunque “tanto en Madrid como en el País Valenciano, Ver-T [de Planeta] emite en cadena por encima del 25% sin problemas porque, aparentemente, ningún organismo los controla”, según los profesores de la Universidad Autónoma de Bellaterra Montse Bonet y Josep Àngel Guimerà.

En Cataluña, para evitar el control del CAC y salvar El Punt Avui TV, la Generalitat cambió la definición de qué es “contenido en cadena de contenidos audiovisuales”.

“ERC e ICV nos pusimos tozudos y cambiaron la ley a través de la Ley de acompañamiento de Presupuestos”, dice la diputada de ICV Marta Ribas. Fue un cambio que se hizo sólo para salvar la tele de El Punt Avui. Mientras, en el CAC, dejaron el expediente en contra de El Punt Avui TV abierto hasta el cambio de ley. Así pudo seguir emitiendo. Nadie ha terminado por controlarles, como ocurrió con otras teles en Valencia o en Madrid.

Para qué ha servido TV3

La pregunta eterna sobre TV3 es su papel en la creación de la Cataluña actual. ¿La cadena ha manipulado o censurado informaciones? Sí. ¿Esa censura es siempre política? Lo parece. ¿Qué peso ha tenido? Quién sabe.

El Comité de Redacción se ha quejado de que la tele ha prestado poca atención al caso Pujol. Uno de los principales señalados ha sido 30 minuts, el Informe semanal catalán. Su director, Eduard Sanjuán, dice que la opción de grabar un documental sobre Pujol lleva tiempo sobre la mesa. No lo han hecho por la falta de concreción del caso y porque Pujol no quiere hablar. (Otro periodista de TV3 hace tiempo que persigue al ex president para un programa especial y no ha conseguido la entrevista. Para este reportaje, a sabiendas de este silencio, he intentado hablar con Lluís Prenafeta, secretario de Presidencia en los 80, que se ha negado con la excusa de que no tenía nada que decir.)

Sanjuán admite que si no ha habido documental sobre Pujol es sólo decisión suya. Dice que no ha recibido presiones.

30 minuts ha recibido otras presiones. En 1990 la Generalitat propuso a 30 minuts un viaje a Alemania para preparar un documental sobre el plan de residuos de Cataluña. En Alemania había un modelo en que se podía fijar el Gobierno catalán. El equipo de 30 minuts se quedó unos días más para ir a ver una planta de tratamiento de residuos en Schwabach. La periodista del equipo era una becaria. Hizo su trabajo y vio que en Schwabach estaban preocupados por los efectos perjudiciales de la planta. El programa se emitió y no gustó. El jefe de Informativos, Josep Maria Ràfols, no lo vio antes de la emisión y al cabo de unos días fue destituido. Y eso que en una pregunta parlamentaria de la época se llegó a decir que el programa se había manipulado para quitar secuencias negativas. Aparentemente no había sido suficiente. En el archivo de 30 minuts de TV3 no puede encontrarse por ahora este reportaje. “Los temas políticos siempre eran más difíciles”, dice Joan Salvat, director del programa durante 25 años hasta 2008.

¿Esto es lluvia fina? Y si lo es, ¿qué papel desempeña en la percepción de los catalanes? Es imposible de cuantificar.

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Mònica Terribas durante sus años en TV3.

Mónica Terribas fue periodista estrella en TV3 en un programa diario nocturno de actualidad y entrevistas. Luego dirigió la tele hasta 2012. Hoy presenta el programa matinal de Catalunya Ràdio, segundo en audiencia.

Pregunto a Terribas si en Cataluña se ha insistido poco con el caso Pujol. Se sorprende. Ha invitado al ex president al menos tres veces en antena a que vaya a explicarse. Pujol no ha ido. ¿Qué importancia tiene que Pujol no se haya explicado ni en TV3 ni en Catalunya Ràdio? Pujol podría hacer esas entrevistas sin problema: se reúne a menudo en privado con periodistas afines. Pero no quiere salir en público. El escaso martilleo de los medios para que hable no le afecta.

Es verdad que otros políticos fuera de Cataluña tampoco hablan. La excusa más habitual entre periodistas catalanes es ésa: en otros lugares -sobre todo en el resto de España- es igual o peor. Es un motivo razonable, pero si en otro lugar es peor, es una manera discreta de admitir que aquí se hace mal.

Así por ejemplo explica Terribas el papel de TV3 y otras cadenas en la situación política actual:

Los medios públicos de todo el mundo contribuyen a crear un imaginario. El trabajo de los informativos es menos importante que el de los programas. Puede construirse ese discurso de que TV3 es un desastre y está en manos del Gobierno. Es fácil. Quizá se acaba consiguiendo, más ahora. Pero la redacción de la tele tiene un amor propio importante y tiene mecanismos de autocorrección también importantes. Si esta imagen se extiende, será muy injusta para el colectivo profesional interno. Políticamente, los grupos mediáticos de España jugarán esta carta de una manera severa y dura, y pasará por desprestigiar las productoras privadas de aquí. Hay una parte que será muy injusta porque los periodistas están intentando hacer las cosas bien.

En esta declaración hay cuatro elementos importantes.

El primero es que las teles han sido cruciales.

El segundo es que es posible construir un relato de TV3 como un pilar de la Cataluña de hoy. Terribas no cree que sea cierto, al menos en el estricto sentido político. “Nosotros no hemos construido ninguna Cataluña. Hemos reflejado lo que está pasando y lo que pasa desde 2003 es la agonía de la construcción del Estatut. La raíz del crecimiento del movimiento independentista está en los movimientos de la política, no en los medios”, aclara.

El tercer elemento es que TV3 es la cadena líder en Cataluña. Si no existiera, la publicidad se repartiría entre el resto de cadenas y las productoras catalanas recibirían menos encargos y serían más débiles.

El cuarto detalle es que los periodistas de TV3 “intentan” hacer las cosas bien pero a veces se equivocan. Terribas lamenta la excesiva juventud de algunos mandos intermedios de informativos. “Les cuelan goles”, dice.

Hay algo que sí se puede medir: qué votantes de cada partido miran los informativos en TV3. Sigue sin quedar claro si influyó primero la tele o la ideología, pero se ve una Cataluña partida según la tele que usa para informarse:

tvEn los lugares de Cataluña menos interesados en la política local, TV3 no es líder. Es difícil encontrar datos geográficos de audiencia. Pero en esta nota de prensa de 2009 la cadena dice que es líder en Lleida, Girona y Tarragona. En Girona y Lleida es líder en todas las comarcas menos en el Valle de Arán. En Tarragona no es líder en cuatro comarcas y en Barcelona no es líder en tres, entre ellas la capital. En esas siete comarcas viven más de cuatro millones de catalanes.

Las teles líderes en esas comarcas ofrecen un contenido poco centrado en la política catalana. Pregunté a Albert Sáez, presidente de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales entre 2008 y 2010, por el resultado discreto de TV3 en esos lugares: “TVE también olvida geográficamente a una parte del país: en Cataluña es la sexta televisión”, dice. El fútbol y otros deportes eran importantes para lograr esas audiencias. Su falta y el momento político han propiciado el desinterés por la cadena, que en algunas zonas puede haber aumentado.

La presión a los directores

Es difícil desgranar los motivos de una redacción como la de TV3. Ha habido presiones políticas desde el inicio. Todos los directores me han dicho que las han vivido continuamente y que todo dependía de su reacción. Así, por ejemplo, Miquel Puig:

Me llamaba mucha gente para sugerirme que hiciera o dejara de hacer algo; sobre todo políticos aunque también empresarios. En una comparecencia en el Parlament, y como ejemplo, relaté que en un mismo día, en el cortísimo trayecto en coche de casa al despacho, había recibido dos llamadas: una para decirme lo importante que era lo que un ‘conseller’ estaba haciendo en Nueva York y la otra de un empresario cuyos problemas habían aparecido en un informativo, para decirme que no veía necesario volver a aparecer. Por cierto, el empresario era Félix Millet [que dimitió después de confesar que se había apropiado de tres millones de euros del Palau de la Música]. Siempre consideré, y así lo declaré a los diputados, que la responsabilidad de qué hacía tras las llamadas sólo era mía.

Puig acabó fuera antes del fin de su mandato.

Terribas describe así el papel de David Madí, secretario de Comunicación de Artur Mas en el último Gobierno de Jordi Pujol:

David Madí siempre ha tenido en la cabeza dos errores. Uno, la teoría de la aguja hipodérmica: aquello de que lo que dices por la tele acaba entrando en el cerebro de la gente y vota. Y dos, cree que al cambiar cargos cambia medios. No es verdad. Las redacciones tienen una identidad de cultura laboral. La cultura laboral de TV3 o Catalunya Ràdio es de servicio público y es muy orgullosa.

Madí cree que estos dos errores son “una solemne estupidez” y apunta que el origen de su conflicto con Terribas es que él quería una TV3 más pequeña en plantilla y por tanto más viable económicamente.

A pesar de esta definición de la labor de Madí, Terribas ha tenido sus mayores problemas, dice, con los socialistas. Después de la entrevista con ETA en Perpiñán del conseller en cap Josep Lluís Carod Rovira, Terribas dejó de hacer las entrevistas institucionales durante unos años. Los encargados de comunicación socialistas decidieron que sus preguntas eran demasiado incisivas, según Terribas. Pero Jordi Mercader, jefe de prensa del president Pasqual Maragall, dice que movieron a Terribas porque ya hacía un programa diario de entrevistas y hacer que el president pasara por ese mismo plató en entrevistas institucionales era quitarle peso.

La tele de Godó

En Cataluña hay una segunda televisión que ha tenido hasta ahora un papel menor: 8tv, del Grupo Godó, editor de La Vanguardia. Cuando llegó la TDT, la Generalitat dio los cuatro canales autonómicos a Godó, un caso sin precedentes en España. David Madí fue quien tomó la decisión. Fue el único grupo, dice, que se ajustó a los criterios del concurso. Hay concursos, claro, que se crean pensando en uno de los que se presenta.

El Grupo Godó tiene dos de esos canales alquilados a Barça TV y a TV3 en alta definición. La Generalitat concedió por tanto un canal a un grupo privado en 2003 y ahora le paga un alquiler a través de su televisión pública.

En 2012 el Gobierno de Artur Mas estuvo a punto de conceder al Grupo Godó a través de un concurso la gestión de la publicidad de TV3. Era un movimiento que podía privatizar uno de los ingresos principales de la tele pública. La Generalitat creía que se hacía de manera poco eficaz, según Martí Blanch, secretario de Comunicación. Terribas era aún directora de la tele e hizo lo posible para que no ocurriera junto a los trabajadores de la casa. Aquello prosperó. Tres años después, Telecinco se ha quedado con el 40% de 8tv.

El secretario de Comunicación de la Generalitat, Josep Martí Blanch, cree que la inversión de Telecinco en 8tv puede ser un problema para TV3 a largo plazo: “Ahora TV3 tiene un competidor que gestiona publicidad en toda España y que por tanto mandará más publicidad a 8tv. Tienes además una cadena con una alianza estratégica y accionarial, con talento y recursos para hacer televisión y con personas que conocen bien el mercado. Es posible que la programación de la tele del Grupo Godó mejore en un periodo razonable”. La audiencia de TV3 puede sufrir y perder su liderazgo histórico. ¿Hubiera sido mejor dejar que Godó vendiera la publicidad de TV3?

Terribas no sabe por qué la echaron de TV3 -“me llamaban la directora sindicalera y me decían que no podía hacer la reestructuración laboral que necesita la casa”- pero cree que la oposición a la gestión de la publicidad de Godó fue clave: “Con la gestión comercial de la publicidad me pusieron la cruz. Se te metían en casa por detrás”.

Su salida causó cierta polémica. Terribas volvió a la universidad. Al ser también una institución pública, la Sindicatura de Cuentas sugirió que no podía quedarse con el finiquito que había recibido. Terribas pidió a su hermana abogada que mirara el asunto y le dijo que no tenía de qué preocuparse. Brauli Duart, el director de la Corporación que la despidió de TV3 (Duart entró en marzo y Terribas salió en abril), la ha contratado ahora para hacer el matinal de Catalunya Ràdio.

Terribas se reunió con Mas cuando dejaba TV3. “Le conté los problemas estructurales que veía”, dice. Alguien en Convergència puede haber llegado a la conclusión de que es más fácil controlar la televisión privada que la pública: una depende de elecciones e incluso un día puede tener un consejo de administración independiente por ley. La otra siempre dependerá de su propietario, en quien es más fácil influir.

De todos modos, este debate pierde cada vez más sentido: en 2009 TV3 era líder con más del 20% de share. Hoy es líder con el 12%.

La época de la influencia crucial de las televisiones ha pasado. Es cierto que Cataluña no sería igual sin TV3. Es la tele autonómica española con más presupuesto y con más audiencia. Pero al final cada catalán ha escogido qué televisión veía. El menú además ha ido creciendo con los años. Si TV3 hubiera sido la BBC, Cataluña sería probablemente distinta. Pero si TVE hubiera sido la BBC, hoy España (y Cataluña) también serían distintas.

Este domingo, el sexto capítulo: ‘La opinión dependiente’ 

Lee aquí los cuatro primeros:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’

El libro negro del periodismo en Cataluña (IV): El pozo

CC RAULITO 39 / FLICKR

Fotografía: CC RAULITO 39 / FLICKR

Ha habido momentos en Cataluña en que medios de éxito han buscado el calor del dinero público para ganar más. Ha ocurrido en otras regiones pero en menor medida. Las subvenciones fijas hacen que la prensa se acomode: es más fácil convencer o engañar o chantajear a un político que satisfacer a miles de lectores.

Este viernes, el quinto capítulo: ‘Una tele para la mitad’ 

Lee aquí los tres primeros:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’

Ha habido momentos en Cataluña en que medios de éxito han buscado el calor del dinero público para ganar más. Ha ocurrido en otras regiones pero en menor medida. Las subvenciones fijas hacen que la prensa se acomode: es más fácil convencer o engañar o chantajear a un político que satisfacer a miles de lectores.

Las subvenciones públicas a medios privados son el gran enigma del periodismo catalán. Desde la Transición ha habido al menos cinco tipos de trasvase de dinero público a medios privados.

El primero se justifica con la lengua: las ayudas por publicar en catalán. A veces salen listas de los medios que más y menos reciben pero son clasificaciones poco útiles: el dinero se reparte según la difusión.

Cuantos más ejemplares o visitas, más dinero. Para medios pequeños pueden ser sustanciales, pero para los grandes son la guinda del pastel. No hay factores políticos más allá de la creencia de que el catalán merece ayuda porque compite en inferioridad.

Eduard Voltas, secretario de Cultura en el Gobierno de José Montilla y cofundador del grupo Cultura03, las justifica así: “Por trabajar con una lengua minoritaria tienes menos potencial de mercado. En un mercado publicitario como el español, muy centralizado, compites por tanto con una mano atada a la espalda. Tiene sentido que la Administración compense”.

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Lee aquí los tres primeros capítulos de la serie:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’

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El segundo tipo de ayudas son las subvenciones por proyectos, que no se dan desde 2012. La Generalitat ha presumido de ese recorte. Pero hasta entonces eran a dedo: los medios presentaban propuestas y el Gobierno decidía quién salía ganando. Josep Martí Blanch, actual secretario de Comunicación, fue quien decidió prescindir de ellas por dos motivos, El primero, porque el presupuesto de la Secretaría de Comunicación “cayó más de un 70% respecto a 2010”. El segundo es más importante: “Hice una cata histórica del resultado de estas subvenciones y vi que no habían servido para hacer lo que se tenía que hacer para la reconversión de la industria periodística, que eran la transformación digital, hacer investigación y desarrollo”. El sector usaba este dinero para sobrevivir; no era un incentivo para innovar.

Martí decidió eliminar esas ayudas: “Todos los sectores económicos, cuando se toma una decisión que lesiona sus intereses, no están contentos”. La Vanguardia, por ejemplo, relevó al director José Antich, acusado de soberanista y convergente en 2013. El conde de Godó, según Antich, le destituyó porque “se habían logrado unos objetivos que estaban en función de una determinada línea informativa”. A partir de entonces, por lo tanto, podía haber más beneficios en otra “línea informativa”: “[La Vanguardia] podía obviamente cambiar la línea informativa, que era más fácil con un director nuevo”, dice Antich.

El tercer tipo de ayudas no son subvenciones sino publicidad institucional. Hay publicidad que es servicio, hay publicidad encubierta y hay publicidad en el límite. Este capítulo puede incluir, según las descripciones difusas del Diari Oficial, “inserción de anuncios de publicidad institucional de varias campañas publicitarias en diferentes medios impresos de todo el territorio de Cataluña”.

En alguna ocasión se cita el medio que recibe el dinero: “Inserción de monográficos en el diario Ara, en papel y digital” o “Inserción de secciones en formato papel y online sobre la realidad y la identidad de cada una de las comarcas catalanas en el El Periódico de Catalunya”. Son modos peculiares de describir un “anuncio”.

Al contrario que los proyectos, el capítulo de publicidad crece desde 2012: en 2011 fueron 10 millones y ahora vuelven ser unos 18. Martí Blanch dice que no lo hacen para sustituir el dinero de los desaparecidos proyectos. “Es la voluntad de ir normalizando la inversión publicitaria. Yo con 10 millones voy muy justo. Al contrario que otras administraciones, tengo toda la campaña de turismo de Cataluña en el mismo presupuesto”, dice Martí.  

El cuarto trasvase son las suscripciones o las compras de ejemplares en bloque: en universidades, en el zoo, en trenes, en ambulatorios, en autobuses hay a menudo montañas de periódicos gratis. Las suscripciones son un gran pozo porque no están centralizadas en el Departamento de Presidencia. Durante el tripartito de José Montilla, se quiso ordenar el gasto de cada Departamento. Pero se decidió que los gastos en suscripciones eran facultad de cada conseller. Hay otras administraciones públicas y empresas privadas que usan este tipo de suscripciones.

Con el mandato de Martí esta tradición también ha desaparecido. El secretario de Comunicación de la Generalitat aún no ha contestado a una petición de transparencia de EL ESPAÑOL para que revele los datos, pero admitió la eliminación: “Cuando llegué, el Departamento de Gobernación por ejemplo sí tenía [suscripciones en bloque]”. Gobernación estaba en 2011 en manos de Joana Ortega, de Unió, y había estado en manos de Esquerra durante el tripartito.

En Renfe, Ferrocarrils de la Generalitat, hospitales, universidades, la Fira o el zoo sigue habiendo montones de periódicos: “Yo no sé si Renfe paga porque no forma parte de mis competencias, pero en el caso de Ferrocarrils de la Generalitat nadie paga. Sólo hay una autorización para que los dejen. Si en algún centro hospitalario o universidad públicos pasa lo mismo, pues es igual. No sé si todos los montones de Vanguardias que hay en Cataluña están ahí gratis, pero los que están bajo mi responsabilidad, sí”, dice Martí.

La Vanguardia es el periódico español que más diferencia tiene entre venta de ejemplares y difusión: más del triple. La Vanguardia ha presumido siempre de tener más suscriptores que nadie. ¿Pero más del triple que ventas comunes? Tanto si hace pasar la difusión gratuita por suscripción como si alguien la paga la Generalitat en 2015 no es quien la sufraga, aunque sí lo fuera en el pasado.

Ante la imposibilidad de averiguar nada a través del Grupo Godó, opté por vías vinculadas a empresas de distribución de prensa. No puedo ser más concreto para evitar perjudicar a estas fuentes. La falta de concreción de los datos sigue siendo notable, pero he podido averiguar que las suscripciones en bloque apenas se usan en verano y que en el caso de La Vanguardia la cifra puede rondar los 17.000 o los 20.000 ejemplares por edición. En esta información de 2004, se habla de 16.000 suscripciones, pero entonces La Vanguardia tenía sólo edición en castellano.

El quinto modo de ayudas a la prensa es el innombrable: contratos sin transparencia, ayudas que llegan desde la Diputación, desde grandes ayuntamientos o desde el puerto o empresas públicas con una relación etérea con la Generalitat.

“El Gobierno tiene muchas formas legales de dar dinero a las empresas de comunicación”, dice Jordi Mercader, jefe de gabinete de Pasqual Maragall y director de la Oficina de Difusión al principio del tripartito. Cuando Mercader llegó a la Generalitat, el último Gobierno de Pujol con Mas de conseller en cap había gastado en el último año 60 millones de euros entre subvenciones y publicidad, según dice Mercader en su libro Mil dies amb PM. Mercader no recuerda el motivo de esa cantidad, pero puede ser que incluya la publicidad televisiva institucional. Aquí dicen que fueron 31 millones entre todos los conceptos, de los que 12 fueron para La Vanguardia. Para poner las cifras en contexto, el Grupo Godó -propietario de La Vanguardia, de la radio RAC1 y de la tele 8TV- facturó 196 millones en 2014. Sus beneficios no llegaron al millón. Una porción de de 30 o 60 millones puede significar mucho dinero para el Grupo Godó.

Rotativa de 'El Punt'. / AYUNTAMIENTO DE GIRONA
Rotativa de ‘El Punt’. / AYUNTAMIENTO DE GIRONA

Los agujeros en el reparto

El Mundo publicó en 2014 una investigación de las ayudas entre 2007 y 2013: salían 82 millones en total. En un tuit en julio de Martí Blanch, las subvenciones en esos seis años sumaban algo menos: 76,3. No sólo bailan esos millones. Según la investigación de El Mundo, había además 99 millones de publicidad institucional para repartir.

La Generalitat repartió al menos 18 millones de euros en anuncios en 2014. La mayor parte de ese dinero la gestionan dos centrales de medios: Media Planning Group (10 millones) y Focus Media (ocho). Media Planning es propiedad del grupo Havas. Su vicepresidente, Ferran Rodés, es presidente del consejo editorial del diario Ara. El director general de Havas es Alfonso Rodés, hermano de Ferran.

Martí Blanch, actual secretario de Comunicación, defiende que Media Planning debe seguir siendo una central de medios homologada por la Generalitat pese a la aparente incompatibilidad: “Ellos saben cuál es su negocio matriz y lo defenderán como se merece. Pondría la mano en el fuego que no lo harían porque sería dispararse en el pie”.

Si Media Planning no tuviera permiso para gestionar anuncios de la Generalitat, Martí habría tenido un problema hace unos años. Media Planning tiene capacidad para trabajar con presupuestos grandes y plazos de pago largos: “En 2010 y 2011, nuestros plazos de pago eran tan largos que teníamos dificultades para trabajar. Necesito que haya unas cuantas agencias. No puedo renunciar a una. Aunque tampoco lo haría. Havas es un líder mundial. Si confían instituciones francesas o españolas, por qué no yo”, añade.

En una petición de transparencia de EL ESPAÑOL sobre la publicidad institucional que sí ha sido respondida, la Generalitat evita aclarar quién se beneficia más de sus anuncios entre medios. La petición pedía claramente “la distribución por medios de comunicación”. Pero nada: el Gobierno catalán sólo da los totales por Departamento desde 2007. La única apariencia de respuesta de la Generalitat son los criterios de reparto, pero tampoco se detallan porque dependen de los profesionales de las centrales de medios y sirven “para rentabilizar las inversiones”.

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Las otras ayudas

Hay otras fórmulas de presuntas ayudas públicas que no implican a la Generalitat. El Periódico creó entre 2009 y 2010 la serie Distritos. Es información amable sobre distintas zonas de Barcelona: entrevistas a líderes vecinales, inauguraciones, historias de barrio. La fuente principal de la información, según el entonces director Rafel Nadal, y la gestora externa a la redacción, Núria Padrós, eran las sedes municipales de los distritos. Es más bien información de servicio.

Nadal llevaba una racha dura con portadas en contra del ayuntamiento: apagones, quejas por los trenes de Cercanías, el aeropuerto. Esta nueva sección daría otro aire a El Periódico. Nadal dice que El Periódico no cobraba por estas ocho páginas semanales, “aunque yo no sé qué tipo de acuerdos había con el Ayuntamiento”. Nadal creía que esa información era necesaria porque “El Periódico siempre ha tenido esta información de barrios” y la encargó a periodistas externos. La sección Distritos sigue en marcha.

La publicidad y las subvenciones comunes no son el único modo de hacer fluir el dinero público. Toni Bolaño, jefe de prensa del president José Montilla, da este ejemplo de cómo las subvenciones pueden disfrazarse:

¿Cómo sabes que no se puede hacer un convenio con el Colegio de Médicos de Cataluña para fomentar la salud pública? Eso puede implicar que el Departamento de Sanidad compre 20.000 ejemplares de ‘La Vanguardia’. El Colegio gana que ‘La Vanguardia’ hable bien de su presidente.

El único que sale perdiendo es quien paga esos 20.000 ejemplares: el contribuyente. Bolaño ha visto de hecho otro tipo de trucos. Éste es un buen ejemplo de las presuntas ofertas que recibía en su despacho:

“Tengo esta información [mala para el gobierno], pero fíjate, tenemos un proyecto muy interesante”. Se ha hecho una cultura muy determinada: la Administración paga. Paga el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat, el Ayuntamiento de Terrassa, de Sabadell, de Reus. La información es una mercancía. Estamos hablando de críticas importantes. Callar un periódico con una campaña de publicidad. Se hace.

Así es la vida

Nadie niega en Cataluña que “se haga”. La excusa que más veces he oído es que se hace en todas partes. En Madrid el acusado no son las subvenciones directas a la prensa, que el Gobierno dejó de dar en 1988. Los acusados son las empresas del Ibex-35 y los ministerios. Vicent Sanchis fue director de Avui entre 1996 y 2007. Así razona la ayuda de la Generalitat con respecto a la que reciben otros medios españoles:

La Generalitat, como el Ibex-35 en Madrid a través del Estado, siempre ha ayudado -que significa financiado en cierta manera- muchas actividades de ciertas empresas. Cuando yo dirigía el ‘Avui’, no me gustaba nada oír que era un periódico subvencionado porque todos los demás en Barcelona y en Madrid de un modo u otro también lo están.

En mi charla con Sanchis, el asunto de las ayudas públicas salió varias veces. Le pregunté sobre un tema recurrente de este reportaje: ¿las ayudas al catalán -las más públicas y estructurales- no hacen al final que sean menos independientes? Su respuesta es de nuevo defensiva: “¿El hecho de que los diarios importantes del Estado deban fortunas a la Seguridad Social y Hacienda y que dependan de la publicidad de 33 empresas que están tarifadas y marcadas por el Gobierno del Estado los hace menos independientes?”

Probablemente, le dije. Y Sanchis: “Pues así es la vida”.

Eduard Voltas también cree que la publicidad en el resto de España sustituye cualquier ayuda catalana: “En Madrid se ahorran las subvenciones con la inversión publicitaria brutal, absolutamente desproporcionada, sin lógica de mercado de los ministerios y el Ibex-35”.

Arsenio Escolar, director de la Asociación de Editoriales de Publicaciones Periódicas y de 20minutos, denuncia la falta de transparencia de los 141 millones de euros que repartió el Gobierno en campañas en 2014. Hay una salvedad respecto a los medios catalanes: La Vanguardia y El Periódico están también entre los que más reciben.

Menos ayudas fuera

En 2012 sólo seis comunidades autónomas daban subvenciones públicas a medios privados: Andalucía, Asturias, Cataluña, Valencia, Galicia y País Vasco. En cinco casos las ayudas están relacionadas con lenguas propias de cada comunidad. En Andalucía están vinculadas a la promoción de la lectura.

El País Vasco concede desde 2008 algo más de cuatro millones de euros. Una cifra que no ha variado durante la crisis. Galicia daba algo más de tres millones y en 2012 no llegaba al millón. Las otras tres comunidades dan cantidades menores: medio millón en Andalucía, 100.000 en Asturias y menos de 50.000 en Valencia.

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El sector de prensa en el fondo es distinto, dice Martí Blanch: “Los diarios son empresas muy particulares: si fueran normales, en los últimos ocho años habrían desaparecido cabeceras. Y no ha pasado. Si fueran empresas normales y estuvieran vinculadas sólo a la cuenta de resultados de varios años, habría menos cabeceras en el quiosco”. Esta irregularidad de recursos de los periódicos no es un problema sólo de los medios. Es también un reto de la sociedad. Las subvenciones fijas hacen que la prensa se acomode: es más fácil convencer o engañar o chantajear a un político que satisfacer a miles de lectores. La independencia queda tocada.

A cambio de unos medios saneados con dinero público, hay a la fuerza más connivencia con el poder. Voltas lo ve de una manera similar: “El poder político ha usado las subvenciones para tener un canal directo o una influencia dentro de los medios de comunicación”.

La alternativa a que el Gobierno o unos anuncios sufraguen un medio es que lo paguen sus clientes: la audiencia. Ha habido momentos en Cataluña en que medios de éxito han seguido buscando el calor del dinero público para ganar más. Su credibilidad merece por tanto poco respeto. Si quiere volver a ganarse, el camino más fiable queda lejos del dinero que reparten instituciones y empresas. La sociedad debe tenerlo en cuenta.

El declive del papel

La confusión con el rol del papel también tiene algo que ver. El papel sólo es rentable porque instituciones y corporaciones ponen anuncios. “No hay ningún poder público que gestione la publicidad de un modo absolutamente profesional”, dice Martí Blanch, que es el encargado de gestionar ese dinero. Pero según Martí no es por las típicas conspiraciones sino porque el papel debería recibir ya menos inversión publicitaria: “Los medios escritos deben saber que el papel como soporte publicitario puro es cada vez menos amortizable”, dice. “Los grupos de comunicación que asientan su cuenta de resultados sobre el papel si ponen las luces largas deben estar muy preocupados”.

Martí dice que el papel se preserva porque la administración se mueve despacio. Nadie parece acelerar la transformación: ¿qué periódico sobreviviría sin los miles de euros que llegan por la publicidad en papel cuando un báner digital vale varias veces menos?

Hay quien cree que esa ayuda es debilidad para el sector. Los fundadores de Cultura03, Oriol Soler y Eduard Voltas, creen que buena parte de las subvenciones perjudican más que ayudan. El grupo fue un éxito desde el principio y llegó a facturar 20 millones de euros antes de pensar en lanzar el diario Ara. Además de revistas de turismo, cocina e Historia, su núcleo de negocio estaba formado por una imprenta y servicios editoriales. Sus revistas y su periódico recibieron dinero público en condiciones similares a las de otros productos en catalán, pero no tuvieron una experiencia buena: “La crisis hizo muy evidente el megaerror que es pensar que los políticos pueden solucionarte algo en un proyecto empresarial. Hacen perder agilidad, músculo, prestigio. Las subvenciones que tuvimos las merecíamos, éramos los que menos recibíamos, pero creo que fue un gran error dedicar tiempo a aquello”, dice Oriol Soler.

Soler cree que las ayudas sirven sobre todo como excusa ante un fracaso: “Esta idea victimista de que ‘no me ayudaron bastante’ no me sirve”. La salida es cortar las subvenciones y que cada empresa sobreviva como puede. Según Soler, sería un modo de terminar con ese asomo de connivencia:

Forma parte del paso de este país a la modernidad que se acabe el despropósito de culpar a los otros cuando quien dice si una cosa funciona o no es el mercado. Los empresarios de medios de comunicación tienen mucha responsabilidad al considerar que las subvenciones son un derecho que utilizan para condicionar los contenidos de sus medios. Y los primeros interesados en que este país no entre en la modernidad son algunos empresarios, porque ya les va bien que no impere el mercado”.

Algunos editores de prensa catalanes han acabado por vivir más cómodos cerca del poder que del servicio público. Es cierto que no sólo ha ocurrido en Cataluña. Pero en Cataluña el fenómeno ha estado muy extendido.

Este viernes, el quinto capítulo: ‘Una tele para la mitad’ 

Lee aquí los tres primeros:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’

El libro negro del periodismo en Cataluña (III): La prensa amiga

Pujol lee el ‘Avui’ en su casa. A su derecha, Marta Ferrusola. / SIGFRID CASALS / GETTY

Jordi Pujol apuntaló con dinero público cabeceras como el ‘Avui’ y llegó a escribir de su puño y letra las preguntas y las respuestas de sus entrevistas. Ni ‘El Periódico’ ni ‘La Vanguardia’ rompieron ese control sobre los medios, que se perpetuó durante los años del tripartito catalán.

Este miércoles, el cuarto capítulo: ‘El pozo con fondo’ 

Lee aquí los dos primeros:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad

Jordi Pujol apuntaló con dinero público cabeceras como el ‘Avui’ y llegó a escribir de su puño y letra las preguntas y las respuestas de sus entrevistas. Ni ‘El Periódico’ ni ‘La Vanguardia’ rompieron ese control sobre los medios, que se perpetuó durante los años del tripartito catalán.

Los periodistas Andreu Farràs, de El Periódico, y Salvador Sabrià, del Diari de Barcelona, salieron de un ascensor en un hotel de Montevideo en 1988 y se encontraron al presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, el empresario Josep Maria Figueras. Los tres formaban parte de una gran comitiva que acompañaba a Jordi Pujol por América del Sur. Figueras les dejó caer que Uruguay no merecía la pena: “Se ha de tener mucho valor para invertir aquí”, les dijo.

Los dos periodistas incluyeron las declaraciones en sus crónicas. No estaban en el titular ni al principio. Farràs lo daba en el octavo párrafo aunque estaba también en un destacado. Sabrià lo daba en los dos últimos párrafos. El día en que salieron los textos, la jefa de prensa de Pujol, Eva Algarra, llamó a Farràs: “[El secretario de Presidencia] Lluís [Prenafeta] quiere hablar contigo”. Prenafeta esperaba en la recepción del hotel donde se hospedaban, ya en la siguiente etapa del viaje, en la ciudad brasileña de São Paulo.

Era el primer viaje de Ramon Pedrós, nuevo jefe de prensa de Pujol, que iba a sustituir a Algarra. En su libro La volta al món amb Jordi Pujol (Planeta, 2002), Pedrós describe así la escena: “Con la cara encendida y a gritos, Prenafeta gesticulaba mientras el periodista [Andreu Farràs] intentaba protegerse del vendaval, aguantando estoicamente la diatriba, bajando la cabeza”.

La escena tiene mérito porque Prenafeta es muy bajito. El secretario acusaba al periodista de inventarse las declaraciones. Mientras duraba la escena, apareció Figueras, el empresario. Farràs le pidió a Prenafeta que le preguntara. Pedrós reproduce lo que respondió Figueras: “Yo a este señor no lo conozco de nada. No lo he visto en mi vida”. Farràs se defiende aún hoy: “Era la palabra de dos [Sabrià y Farràs] contra uno”. Le pregunté a Farràs si ya en Barcelona se quejó ante su jefe de sección, Antoni Ribas, o ante su director, Antonio Franco. No lo recuerda. “Tampoco hubiera servido de mucho”, añade.

Prenafeta no guardó rencor a Farràs, que fue unos años después el jefe de Política de El Observador, el diario que el hombre de confianza de Pujol impulsó en 1990 para dar una visión en castellano de Cataluña y competir con La Vanguardia. Alfons Quintà, que había sido el primer director de TV3, fue el escogido para dirigirlo. En su primera entrevista con Quintà, Farràs le preguntó si Prenafeta estaba detrás del proyecto. Quintà le juró que no, dice Farràs. El Observador duró apenas tres años, pero prueba que Prenafeta no tenía manías para escoger a sus aliados.

En otro viaje de Pujol por el cono Sur unos años después, en 1997, aparecieron dos de sus hijos en la comitiva: Pere y Marta. En la crónica de cierre del viaje en La Vanguardia, el título es un regalo: Pujol acaba su viaje al Cono Sur ‘abrumado’ por el trato recibido. El subtítulo, aún más: La visita del president, un hito en la proyección de la Generalitat. Pero las últimas cinco líneas, sin ni siquiera ser un párrafo aparte, eran sobre los dos hijos, que habían salido ya en otros periódicos: “Respecto a la presencia de dos hijos (Marta y Pere) del matrimonio Pujol en distintas etapas del viaje, el president se mostró dispuesto a contestar en el Parlament una pregunta de Esquerra pese a que va dirigida al conseller de la Presidéncia, Xavier Trias”. En la dirección de La Vanguardia recuerdan el enfado del presidente como si fuera la bomba atómica.

Captura de pantalla 2015-09-13 a la(s) 12.17.24Crónica final del viaje de final de Pujol por el Cono Sur en diciembre de 1997. 

Pujol, periodista

Un diario de Girona había publicado una entrevista a Pujol. El president quería que La Vanguardia reprodujera las mejores frases y llamó a Lluís Foix, que permaneció en cargos directivos de La Vanguardia entre 1982 y 2000. Foix pidió a un redactor que preparara dos columnas. Al día siguiente, el president llamó para quejarse porque no le había gustado el titular. Era una entrevista sobre valores y Pujol insistía con los valores: “Presidente”, le dijo Foix, “me has hablado muchas veces de valores, pero primero son las conductas”.

“Nunca más me habló de valores”, recuerda Foix.

A Pujol le obsesionaban los titulares y las fotos, según Foix. Despreciaba en cambio los editoriales. “¡No los lee nadie!”, le dijo un día a Foix cuando le contó que iban escribir un editorial sobre un asunto que le interesaba. El president sabía jugar con la autoridad. En otra llamada a Foix le dijo: “¿Verdad que tú no mandas sobre los chistus [chistes en catalán es acudits; ‘chistus’ es un barbarismo]?”. “Era una manera de decirme que tenía poca autoridad”, dice Foix. “Quería que no tocáramos a su familia en los chistes”.  

El nivel de implicación y conocimiento de Pujol en la redacción era ridículamente exagerado. Alguna vez había pedido a Foix que pusieran “una ladilla”. Un “ladillo” es un título que sirve para romper una columna de texto.

El momento quizá más célebre del Pujol periodista fue la entrevista que mandó a La Vanguardia ya hecha. “¿Sabes quién es la persona que mejor me hace las entrevistas?”, preguntó a Foix el president. Foix esperaba que dijera algún periodista de La Vanguardia. “¡Yo!”, dijo Pujol.

A principios de 1990, cumplió y mandó una entrevista ya terminada. Arcadi Espada popularizó aquel episodio con un artículo en el Diari de Barcelona: Jordi Pujol, redactor jefe de Cataluña. Tapia y Foix discutieron qué hacer y optaron por publicarla. Para firmarla, recordaron una fórmula que usaba Le Monde:Declaraciones del presidente de la Generalitat recogidas por ‘La Vanguardia. Pujol usaba el recurso de preguntarse a sí mismo a menudo. Esos textos acabaron otras veces, según su jefe de prensa Ramon Pedrós, en otros periódicos o agencias.

Captura de pantalla 2015-09-13 a la(s) 12.20.32Aquí arriba, la autoentrevista que Pujol publicó en las páginas 11 y 12 de ‘La Vanguardia’ del 7 de enero de 1990. Aquí debajo, la nota al pie que idearon Tapia y Foix.

Captura de pantalla 2015-09-13 a la(s) 12.26.59Las ruedas de prensa eran otra especialidad de Pujol. Tenía dos trucos. El primero era repartir preguntas. Pedrós debía colocar entre los periodistas los temas que Pujol quería explicar: “Quería que pasara las preguntas mientras él empezaba. Era muy duro. Sólo alguna vez logré que esperara un poco antes de empezar para que diera las preguntas. Lo pedía más a amigos que a medios: ‘Ya sabéis cómo es’, les decía”. Había periodistas que se prestaban más. Andreu Farràs era uno de los que pasó por esas ruedas de prensa: “Sabías que Pujol colocaba preguntas pero no sabías cuáles. Algunas veces se pasaba: una vez le preguntaron por los sellos de la Generalitat”.

El segundo truco de Pujol era evitar responder a lo que no quería. Había una frase típica: “Això no toca. El presidente imponía su ley: “Eso quería decir que el poder político fijaba la agenda de lo que toca y no. No tenía gracia, pero nos reíamos”, dice Rafael Jorba, ex subdirector de La Vanguardia.

Pujol tenía un alto concepto de sí mismo. En 1990, el secretario de Estado más importante de la segunda mitad del siglo XX, Henry Kissinger, estuvo en Barcelona. Fue de visita a la Generalitat, donde charló con Pujol, que le contó el papel de Cataluña. La charla se alargó y Pujol, animado, pidió que dieran a Kissinger dos conferencias suyas sobre otros países traducidas al inglés, una sobre los Balcanes. El president parecía creer que su punto de vista sobre la política internacional iba a interesar a uno de los mayores expertos del mundo.

Captura de pantalla 2015-09-13 a la(s) 13.51.05Las correcciones de Jordi Pujol a una entrevista que había pedido revisar.

‘O Foix o Convergència’

Lluís Foix fue nombrado director de La Vanguardia en 1982. Entre 1974 y 1982 fue corresponsal en Londres y en Washington. Cuando volvió a la redacción de Barcelona, el editor Javier Godó, que acababa de hacerse con el mando, creyó que era el momento de nombrar a su primer director. El paso de Foix por Londres y Washington debía ser una garantía. Fue lo contrario. Enseguida le acusaron de tener una concepción demasiado norteamericana del oficio. A la vuelta de un viaje de Madrid, Miquel Roca se encontró con un periodista de La Vanguardia en la capital. En la charla, Roca dijo: “Para La Vanguardia es o Foix o Convergència”. Foix fue destituido poco tiempo después.

El conde nombró director entonces a Paco Noy y director adjunto a Manuel Ibáñez Escofet, que era el hombre de Pujol en la redacción y no se escondía. En 1990 El Periódico publicó un documento que circulaba por la Generalitat sobre la “recatalanización del país”. En el apartado de medios, un epígrafe decía: “Asuntos fundamentales. Introducir a gente nacionalista con una elevada profesionalidad y gran cualificación técnica entre los lugares clave de los medios de comunicación”. Ibáñez Escofet pudo ser uno de ellos.

Después de su destitución, Foix siguió como subdirector “no operativo”, tal como le llamaban, en la sección de Internacional. Aquellos fueron los años más difíciles para Pujol, con la querella de Banca Catalana. La Vanguardia estuvo a su servicio.

Pero incluso para el conde de Godó había un límite: La Vanguardia no era, en el fondo, el periódico de la Generalitat. La Vanguardia estaba cerca de las clases medias catalanas, que tendían hacia Convergència pero eran plurales. Aun así el diario podía simpatizar con Pujol  y hasta sacar partido económico de su Gobierno: La Vanguardia fue uno de los beneficiarios del dinero procedente de la empresa Casinos, que gestionaba los locales de juego en Cataluña y desvió dinero a CiU y a otras instituciones a finales de los años 80, según denunció en 1990 su director financiero Jaume Sentís.

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Antes de las elecciones generales de 1986, La Vanguardia publicó un sondeo con una empresa nueva, Line Staff. Se presentaba Miquel Roca con un partido de centro: el Partido Reformista Democrático (PRD). La encuesta de El País auguraba al PRD entre uno y dos diputados en el Congreso. La Vanguardia decía que iban a obtener entre ocho y 12 escaños.

Al final el PRD no sacó ningún escaño. No es algo que el propietario del periódico pudiera encajar bien. La Vanguardia volvió a su firma demoscópica habitual: el Instituto Opina. Durante los años 90 y los primeros años del siglo XXI, sin embargo, La Vanguardia publicó algunos sondeos de Line Staff. Pero ya no eran encargados por el diario sino encuestas “a las que La Vanguardia había tenido acceso”. Es decir, encuestas que les habían pasado.

En 2002 El País publicó una información titulada El Gobierno de Pujol ha pagado encuestas a Line Staff a un precio que triplica el del mercado. El periodista, Pere Rusiñol, escribía: “Line Staff ha estado varias veces en el ojo del huracán político por las estrechas relaciones que mantiene con CiU y el Gobierno catalán”.

‘Hay que llevarse bien con Pujol’

En Madrid mandaba Felipe González. Joan Tapia, que había vuelto al periódico después de haber sido asesor del ministro de Economía Miguel Boyer, podía ser un recambio para Noy. Godó pudo pensar que no estaría mal cobijarse bajo la sombra del otro gran poder en España y dijo un día en un acto público que Tapia podría ser un buen director.

El encargo del conde para Joan Tapia era claro. “Javier Godó quería hacer un diario moderado y plural”, dice ahora Tapia. “Me nombra director no para ir contra la Generalitat (porque me dice claramente que hay que llevarse bien con Pujol). Pero quiere defender a la empresa: ésta es nuestra casa, no la suya”. Godó creó ese año el equipo de investigación formado por Eduardo Martín de Pozuelo y Jordi Bordas. Era otro modo de asustar a Convergència.

La Vanguardia se tomó su venganza con Prenafeta. El equipo de investigación publicó en 1990 varias páginas dedicadas al papel que tenía Prenafeta en el consejo de administración de una empresa, Iberia de Seguros. Al cabo de unos meses, Prenafeta dimitió pero no olvidó. En sus memorias, responsabiliza de su final político a La Vanguardia: “La querella que me puso el fiscal jefe de Cataluña, señor Jiménez Villarejo, se basó en las 21 páginas que La Vanguardia me dedicó, en muy pocas semanas, para intentar demostrar que yo actuaba en una sociedad de seguros”.

Martín de Pozuelo recuerda que vieron entrar “de casualidad” un día que estaban en la barcelonesa Casa Batlló a Prenafeta en un consejo de administración. Preguntaron al portero y ataron cabos. 

Pero el trato a Prenafeta fue insólito. La noticia de Bordas y Pozuelo salió el 19 de noviembre de 1989. Hasta el 1 de diciembre, La Vanguardia le dedicó cinco piezas más a los chanchullos de Prenafeta con Iberia. La insistencia es un comportamiento poco habitual en La Vanguardia. “Es más bien al contrario: cuando llevas tres días con un tema en portada te dicen que pares”, dice Santiago Tarín, en La Vanguardia desde 1985 y centrado en Tribunales e investigación. Ésta es la teoría de Tarín: “En La Vanguardia desarrollas la técnica del cazador. Te colocas detrás del seto y esperas. Siempre habrá un momento en que podrás darle una perdigonada a alguien. Entonces debes ir con papeles y todo preparado”.

En 1994 dimitieron dos consejeros sucesivos de Obras Públicas del Gobierno de Pujol: Josep Maria Cullell y Jaume Roma. Cullell estaba acusado de presionar a un alcalde para favorecer a su cuñado.

El Mundo publicó a partir del 6 de noviembre de 1994 y durante varios días unas conversaciones telefónicas donde Cullell presionaba al alcalde: Cullell presionó a un alcalde de CiU para que comprara un terreno de su cuñado era el titular de El Mundo.

El domingo 7 de noviembre La Vanguardia publicaba en portada: Cullell se revuelve contra el Ayuntamiento por el caso de la clínica New Teknon. No había ni una palabra de las grabaciones, que sólo salieron el lunes 8 en una pieza diminuta en páginas interiores titulada El Mundo publica otra conversación de CullellEl texto tenía tres frases.

Al día siguiente, José Antich, que entonces estaba en la sección de Política, publicaba una información sobre las intenciones de Pujol: “Las denuncias de tráfico de influencias precipitan la remodelación del Govern”. En periodismo eso se considera “noticia” y no es tan sencillo: requiere llamar al presidente, que se ponga y que lo explique. Son favores difíciles de lograr. Cullell duró 10 días más. Pero La Vanguardia nunca acabó de explicar qué había ocurrido. Las noticias las publicaban otros periódicos.

El 1 de junio de 1995 El Periódico publicaba en exclusiva una querella contra el sucesor de Cullell, Jaume Roma. El titular de El Periódico era suave: Una quiebra salpica al conseller Roma. El titular iba pequeño en portada y la noticia iba en la sección de Economía, no en la de Política. Ni siquiera abría Economía: la noticia principal era La escasez de cereal amenaza al IPC.

Al día siguiente El País titulaba con más claridad Un consejero de la Generalitat acusado de malversación dice que se querellará y La Vanguardia lo hacía así en la página 33, dentro de la sección de Sociedad: Cinco subcontratistas acusan al ICS de adjudicar obras a dedo. En El País las palabras “Jaume Roma” aparecían después de las 10 primeras. En La Vanguardia, “Jaume Roma” salía en la línea 16.

La Vanguardia favorecía a Convergència i Unió porque mandaba y porque era un diario conservador, como el partido. “La Vanguardia es un diario prudente, conservador; más que ideológicamente, es conservador con lo que hay: no se quiere enfrentar a los gobiernos. Nunca es un diario antigubernamental”, dice Tapia. Esa defensa hace que, según Tapia, “las informaciones que hacen daño al pujolismo salgan un poco por casualidad. No son el objetivo pero salen. Podíamos no ser esclavos del régimen pujolista. Pero no era nuestra idea ir en contra. Entre otras cosas porque nadie quería ir”.

Todos los medios tienen tendencias aunque en las mejores cabeceras esa adscripción es a una corriente ideológica (progresista, conservadora, catalanista, cristiana) y no a unas siglas de partido. Los medios en Cataluña, con el Grupo Godó al frente, siempre han recibido ayudas públicas: “Pujol quería medios débiles para que fueran a mendigarle”, dice Tapia. El problema es saber si todas esas ayudas eran subvenciones más o menos regladas o había de otros géneros.

PACO JUNQUERA / GETTY
Pujol de visita en un pueblo de Castilla y León. / PACO JUNQUERA / GETTY

Sostres en Baqueira

En el invierno de 1997 Salvador Sostres trabajaba para La Vanguardia. Hacía una sección pequeña donde recomendaba restaurantes en Barcelona. El redactor jefe de Política, José Antich, le pidió en Navidad si podía ir a hacer unas crónicas a Baqueira Beret, donde pasaban las fiestas el Rey Juan Carlos y el presidente José María Aznar. Antich le dijo a Sostres -que aún no era un columnista célebre- que siguiera a la comitiva de prensa y le fuera contando.

Antich hizo otra cosa: le dio el número de Sostres a Josep Sánchez Llibre, miembro de Unió Democràtica y diputado en el Congreso de los Diputados por CiU, un cargo que todavía ejerce. “Yo estaba subiendo hacia Baqueira y Sánchez Llibre ya me llamó para saber a qué hora llegaba”, dice Sostres. La presencia del político ya no le abandonó en la semana que estuvo en Baqueira: “Menos follar hicimos todo juntos”.

Incluso cuando lograba escabullirse, a Sostres se le aparecía Sánchez Llibre: “La noche de fin de año fui a cenar con unos amigos periodistas a un hotel por allí. Éramos 12 o 13 y cuando fui a pagar, ya estaba pagado”. Después de las 12 campanadas, “la primera llamada del año no fue de mi madre sino de Sánchez Llibre”. El objetivo central eran las crónicas de Sostres: “Él te decía qué tenías que escribir. ‘¿Tienes para apuntar?’, me preguntaba”.

sostres

La Vanguardia publicó cuatro crónicas de Sostres desde Baqueira. En todas salía Josep Antoni Duran i Lleida, líder de Unió, aunque no viniera a cuento. En la más breve (dos párrafos) el titular era El Rey, objetivo constante de los fotógrafos. El segundo párrafo empezaba así: “Josep Antoni Duran Lleida fue también protagonista al efectuar sus primeras declaraciones en Baqueira”. El titular de la pieza más larga era sobre una reunión entre Duran y Aznar y el subtítulo era el siguiente: El presidente se reúne con el líder de Unió antes de verse con Pujol.

En la última crónica, Sostres hizo un pequeño homenaje a su anfitrión. Pidió (o alguien pidió) a dos monitores de esquí que puntuaran a sus alumnos: la copa fue para el entonces Príncipe Felipe y dos medallas de oro para Don Juan Carlos y Doña Sofía. Las medallas de plata eran para el secretario de Estado de Hacienda, el ministro Rodrigo Rato, Duran i Lleida y Sánchez Llibre, que era según los monitores “el político más simpático de las pistas y el que sabe elegir con la misma elegancia los forros polares que las corbatas”. En 2013 Sostres escribía: “La prevalencia que por ejemplo tiene Duran en la política catalana, pese a su indemostrada fuerza electoral, tiene mucho que ver con lo bien que le ha tratado siempre La Vanguardia”. Sabía de lo que hablaba.

Así trabaja José Antich

José Antich sustituyó a Joan Tapia en la dirección de La Vanguardia en el año 2000. En 1999, Pujol había ganado por los pelos su último mandato y tenía en el Parlament el apoyo del Partido Popular. En Madrid, Aznar acababa de conseguir la mayoría absoluta. Era un mal momento para un director como Tapia nombrado en los mejores años de Felipe González. En la campaña de las generales de 2000, cuatro periodistas de La Vanguardia fueron a La Moncloa a entrevistar a Aznar. Cuando acabaron, Antich se puso a preguntar al presidente por problemas familiares con una confianza insólita.

Antich sabe por qué lo hicieron director: “Cuando a mí me ficha [de director] el conde, no es porque tuvieran problemas con Convergència, que Tapia y Foix ya tenían bien resueltos. Tenían problemas con el Gobierno del PP”.

A José Antich le precede su fama. Es un maestro en las relaciones humanas y en el difícil arte de engatusar al poder. Así describe Antich su modo de hacer periodismo:

En periodismo no hay un sistema mejor o peor que otro. Debes escoger el sistema en que te mueves cómodamente y puedes preservar tu independencia. La manera en que yo preservo mi independencia no tiene por qué ser la de otro. Conozco a muchos periodistas que creen que la mejor manera de que un político no te contamine es no hablar con él. Yo creo que la mejor manera es estar muy cerca de él, pero a la vez un punto alejado para que cuando estire el brazo no pueda atraparte. Que me pueda rascar pero no atrapar. Es la manera más ventajosa para llevar información a mi medio. Siempre me ha funcionado.

Antich no está cerca (o muy cerca) de un político sólo para hacerle la pelota. Éste es el trato que le propone: “Yo necesito información. Si la tengo el primero, las cosas irán bien. Si la tengo el segundo, las cosas no irán bien. Tendremos problemas. No podremos tener una relación objetiva”.  

La pregunta obvia es si alguna vez se ha manchado por haber estado tan cerca y ha tenido que decir cosas que no quería: “Seguramente sí. No puedo ser objetivo [al hablar] sobre mí mismo. Si eso ha pasado alguna vez, hay que poner en una balanza qué he traído y qué he perdido”. Eso tiene un nombre que el mismo Antich pone a su labor: “He jugado muy al límite”.

La revista Mongolia publicó el libro Papel mojado. Allí se decía que el PP catalán, cuando lo dirigía el hoy ministro Jorge Fernández Díaz, mandaba a menudo sobres con dinero a Antich. En el sumario del caso Pallerols, sale “el periodista Pepe”, que recibía favores de Unió y que muchos identifican con Antich.

¿Por qué no se ha querellado? “No conozco ningún caso de personas que en casos así se hayan querellado y hayan ganado. Traté el tema con el diario. Me dijeron que yo era director de La Vanguardia, que acabaría haciendo más barullo, que no le diera más vueltas”, responde Antich. He hablado con la fuente de Mongolia sobre los sobres del PP. Describe con precisión las peticiones que le llegaban, el modo en que buscaba el dinero y la mujer que hacía de correo hasta la casa de Antich.

Pasqual Maragall y Jordi Pujol se enfrentaron en las elecciones de 1999. Xavier Roig dirigió la campaña electoral de Maragall en 1999 y recuerda muchas dificultades con La Vanguardia: “Yo decía a la dirección de La Vanguardia que los textos de Antich no eran verdad, pero me decían que no se podían meter. Era todo bastante lamentable”.

Desde la dirección del periódico admiten también dificultades con la sección de Política, dirigida por José Antich. Lluís Foix recuerda un día en que había cuatro páginas para Pujol y una para Maragall. En Política quitaron la de Maragall y Foix se impuso para reponerla. “En el 99 yo no marcaba la línea”, dice Antich. “Era otro que me había dado su confianza. Si yo pasaba por ser convergente, él [Joan Tapia] pasaba por ser socialista. La responsabilidad debe ser de quien dirigía, que dejaba hacer. Nunca recibí una indicación de ‘Oye Pepe, quizá nos estamos pasando’”. El director tenía dos opciones: permitir que hiciera su trabajo o destituirle. Permitió que siguiera con su trabajo. Menos de un año después, fue Antich quien sustituyó a Tapia.

Los pueblerinos de Maragall

Maragall fue jefe de la oposición en el Parlament hasta 2003. En una entrevista con Manuel Fuentes emitida en Telecinco en 2002, llamó “pueblerinos” a quienes querían estrecharle la mano.

El periodista Manuel Trallero debía hacer una crónica. El director, Antich, y el redactor jefe de Política, Jordi Barbeta, querían que aprovechara el texto para destacar la frase de Maragall. “Era la típica astracanada de Maragall, no le veía el interés”, dice Trallero. “Yo había visto la entrevista, pero les dije que no la había visto para evitar hacerlo”.

Barbeta le dijo que no había ningún problema, que fuera a la redacción y que le volverían a poner el programa en vídeo. Trallero fue, hizo el texto y puso el comentario en el quinto párrafo. “Querían más sangre pero les dije que hicieran lo que quisieran y me fui”, recuerda. En el texto de Trallero aparece destacado el comentario de Maragall. Se nota además que se hizo con prisa porque está lleno de erratas. Trallero se había olvidado el reloj en la sala del vídeo. Cuando volvió, el encargado sacaba la cinta. En la etiqueta ponía “Departament de Presidència”. Era el departamento que entonces dirigía Artur Mas.

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Con Antich de director, otra de las víctimas iniciales fue el equipo de investigación, que fue desmembrado. “Nos dijo que no creía en la investigación”, recuerda Martín de Pozuelo. Ésta es la explicación que da Antich: “Sólo puedes dedicarte a la investigación periodística si te vas a dedicar a fondo. La historia nos demuestra que el 80-90% de lo que llamamos investigación periodística son investigaciones policiales pasadas a periodistas”.

Antich centró su periódico en la política catalana, Barcelona y la economía. “No nos servía descubrir temas de la mafia italiana”, dice Antich. La mafia era uno de los temas que Pozuelo y Bordas habían trabajado en los 90. Pero entonces no era la guerra de Antich. “Los diarios pueden dar varias batallas pero nunca todas las batallas”, concluye.

Sin equipo, Martín de Pozuelo siguió sacando algún tema en profundidad, sobre todo de Franco: “Era mi modo de trabajar; siempre hago un par de llamadas de más”, dice. Pero había poco sobre Cataluña. Los tres grandes trabajos del equipo de investigación, según Pozuelo, habían sido “la mafia en España, los desaparecidos españoles en las dictaduras de Argentina y Chile y los secretos del franquismo [a partir de los archivos sobre España del espionaje norteamericano]”. Era un modo de hacer periodismo, pero de lejos. El motivo para Pozuelo es el carácter de su periódico: “La Vanguardia nunca ha tenido un objetivo político sino periodístico; no tenemos más objetivo que ir informando”, dice.

La alianza de los Pepes

La influencia de Convergència en La Vanguardia ha tenido al menos tres frentes: trasvase de dinero público en metálico, en licencias audiovisuales o en compra de ejemplares; las llamadas constantes y los  periodistas puntuales afines dentro de la redacción. Pero el diario estaba de algún modo bien hecho o los catalanes confiaban en él: ha sido el más vendido en Cataluña durante toda la democracia.

Antich logró que la buena relación con la Generalitat se mantuviera en los años del tripartito. Al menos siete personas de dentro del periódico y de la administración me han dicho que el motivo fue la alianza de Antich con el secretario de organización del PSC, José Zaragoza. Les llamaban “los Pepes”.

El pacto tácito era seguir con las mismas ayudas a cambio de no disparar contra el president. Antich tenía fácil su parte del trato: “La Vanguardia nunca ha estado históricamente en contra de ningún presidente”, dice.

Toni Bolaño –que tuvo un enfrentamiento público con Jordi Barbeta, jefe de Política en años de Antich- recuerda ese buen trato con Montilla: “A veces sacaban un artículo diciendo que Montilla era la pera: alto, rubio y con ojos azules”. Eran elogios exagerados para cumplir. El resto del Gobierno y sus socios en cambio no salían tan bien parados. Tal como ha acabado la historia con la dimisión de Zaragoza por las grabaciones del restaurante La Camarga, no parece que su afán por proteger a su partido haya sido un éxito: “Zaragoza no tiene fama de pardillo ni de dejarse liar. Si una persona logró liarlo una vez, quizá es que se dejó o que le interesaba dejarse liar”, dice Antich en alusión a la dirigente popular Alicia Sánchez-Camacho. 

Antich admite que David Madí, secretario de Comunicación de Artur Mas, les ayudó mucho durante el último Gobierno de Jordi Pujol: “Es posible que la actuación de Madí entonces no fuera neutra”. Madí dice que no recuerda nada raro pero que Antich “puede estar mosqueado con su antigua casa”. Sea como sea, Antich advierte que Madí “dejó la política en 2003 y nuestra posición es mejor hoy que entonces”. Por tanto, dice Antich, “si ponemos el mérito de la gente que ayudó no puede quedar fuera Zaragoza; también nos ayudó mucho”. Esta doble ayuda cristalizó incluso en cenas de Antich con Madí y Zaragoza “cuando aún se hablaban”.

‘El Periódico’ no es el rebelde

El empresario Eloi Martín tenía en 1996 una empresa de informática y otras dos que trabajaban para el Servicio Catalán de Ocupación en cursos de formación y orientación. Un día le mandaron por fax una petición para justificar una cantidad muy alta: “Era muy confuso. La cantidad no se parecía en nada a lo que habíamos hecho”, dice Martín. Cuando llamó para confirmar de qué se trataba, le dijeron que o firmaban o dejaba de trabajar para la Generalitat.

Martín reconoció el fraude y quiso que se publicara. Fue a los dos periódicos principales: La Vanguardia y El Periódico. Explicó su caso en recepción y salieron a recibirle dos personas de cada periódico. Martín no supo los nombres. “Me dijeron que no interesaba, se nos sacaron de encima”, dice. Cuando volvía a casa, vio la redacción de El Mundo. Salió a recibirles Xavier Rius, que aceptó, investigó unos meses y publicó el tema. Fue sólo un destello de lo que años después sería el caso Pallerols de corrupción en cursos subvencionados por la Unión Europea. Dos años después, Martín y Rius creaban eNotícies, el medio digital más rebelde en catalán.

El periodista Rafael Wirth cuenta un caso similar en una entrevista en eldiario.es:

En 1984 investigué el modo extraño como se estaba preparando la creación del Hipódromo de Catalunya. Decían que la empresa que lo quería gestionar, Cirsa, daba dinero a Convergència Democràtica. Estuve trabajando este tema durante un año y encontré irregularidades. Al final, ‘La Vanguardia’ me paró y me dijo que me olvidara del tema. [El consejero] Macià Alavedra los llamó y dijo que estaba metiéndome demasiado en este asunto y le estaba creando problemas.

Los problemas no los ponían sólo los políticos o los directivos de periódicos. Un periodista de La Vanguardia me ha contado este caso. Uso una versión sin atribuir porque coincide en el fondo con otros dos episodios parecidos:

Tengo un grupo de amigos de la infancia. Muchos eran ‘pujolistas’. Un día hace años uno, que tenía una empresa, me dijo: “Me han aconsejado que vaya a ver al hijo de Pujol para que me consiga contactos”. Le dije que no perdiera el tiempo, que le cogerían el dinero y no le darían los contactos, que ya estaba dado. Así fue. Años después, cuando Pujol confesó, me dijo: “Tenías razón, todo eso de las comisiones era verdad”. ¡Después de vivirlo, sólo se lo creyó cuando confesó Pujol!

Pujol en Madrid. Antonio Franco, con barba, es el séptimo periodista por la derecha. / PACO JUNQUERA / GETTY
Pujol en Madrid. Antonio Franco, con barba, es el séptimo periodista por la derecha. / PACO JUNQUERA / GETTY

Si algún periódico catalán podía romper esta ensoñación era El Periódico. Competía en lectores con La Vanguardia y tenía unos números de audiencia formidables. No tenía por qué condescender con el pujolismo ni con otros partidos pero lo hacía. El motivo último era la debilidad empresarial del Grupo Zeta. Su director fundador, Antonio Franco, describe así el papel de El Periódico: “No conseguimos superar las dificultades objetivas para informar mejor, pero conseguimos vivir internamente como si fuéramos libres y haciendo putadas. Pero eran putadas puntuales, no estructurales”.

Una de esas putadas fue el caso del 3% en febrero de 2005, en pleno tripartito. El president Pasqual Maragall dijo en el Parlament a Artur Mas: “Ustedes [Convergència] tienen un problema y ese problema es el 3%”. Se refería a las presuntas comisiones que Convergència cobraba de constructoras que hacían las obras públicas en Cataluña. Maragall lo soltó sin ningún otro dato, sin ninguna prueba y rectificó en el mismo pleno.

El origen de la frase de Maragall fue un editorial de El Periódico que, según Franco, “resumía la impotencia de los eunucos: lo sabemos pero no lo podemos demostrar”. El asunto estaba de actualidad por el agujero en el Carmelo, un barrio popular de Barcelona cuyas casas se habían agrietado durante la construcción de la línea 9 del metro. Así eran los dos párrafos clave:

Han existido defectos en el proceso de construcción [del túnel del Carmel]. Se debe determinar si el ahorro económico en materiales y en elementos de seguridad responde a negligencias profesionales, o a que posibles comisiones ilícitas iniciales o subcontrataciones abusivas han desviado de la obra parte del dinero necesario para efectuarla correctamente.

Llega la hora de investigar, por ejemplo, si todo lo que se dice en Cataluña sobre el destino del 3% del dinero de las obras públicas adjudicadas años atrás ha acabado influyendo en el grosor de los encofrados o en el número de catas de la obra del Carmel. También es la hora de lamentar que la nueva Administración catalana esté tardando tanto tiempo en sentar, de una vez, unas nuevas reglas de juego en las adjudicaciones.

Franco no tenía pruebas de que las comisiones o las adjudicaciones poco transparentes hubieran perjudicado el grosor del túnel. Así que hizo un editorial: “Aprovechamos el Carmelo para explicar a la gente qué significan las comisiones”, dice. Según Franco, no había otra manera de contar aquello si no era en un texto de opinión: “La pretensión era que lo que no se pueda sostener ante un tribunal, no lo voy a publicar. Pero voy a intentar crear el ambiente, el estado de opinión de que esto existe”.

Jordi Corachan era uno de los dos miembros del equipo de investigación de El Periódico. Intentó buscar pero tuvo poca suerte: “Había una omertà. No prosperabas. No hablaba ni Dios”. El director, Antonio Franco, cierra así el argumento: “El Periódico ha hecho lo que ha podido. Pero no había un puto testimonio fiable. Vivimos de los rebotados en los conflictos. Aquí en Cataluña había una cosa fantástica: a los rebotados en los conflictos, si tenían alguna posibilidad de hablar, los indemnizaban correctamente”.  

Es una queja habitual entre periodistas catalanes que intentaron saber más de la familia Pujol o de otros casos célebres de corrupción. Pero algo más se podía hacer. En plena crisis del 3%, cuando los periódicos ya hablaban de una “crisis de gobierno”, El Mundo hizo esta portada: CiU recibe desde hace 12 años 5.500 euros al día de forma opaca. El subtítulo decía: Recaudan en Cataluña el 50% más que el PP en toda España. Los dos periodistas que firmaban habían consultado el Tribunal de Cuentas. Era más de lo que se dijo en Cataluña.

La presión política de un periódico no sólo dependía de la búsqueda de nuevas noticias. También del modo en que se trataban. El Periódico solía disimular sus temas más potentes. El abogado chileno de Filesa, Carlos Alberto Van Schouwen, encontró en un periodista de El Periódico, Luis Alberto Fernández Hermana, alguien en quien confiar sus sospechas sobre la financiación ilegal del PSOE.

El Periódico investigó durante semanas. Franco no acababa de fiarse del asunto y no lo sacaban: “Hablábamos con un tipo que no sabíamos quién era [Van Schouwen] y que venía con fotocopias. Yo quería originales. Mis compañeros me decían que yo era un loco peligroso, pero yo les decía que también sabía hacer fotocopias falsas impecables”.

Al final Van Schouwen llevó el material que El Periódico ya había investigado a El Mundo. Cuando El Periódico supo que El Mundo iba a publicarlo, lo sacó el mismo día. Pero la publicación fue distinta. En El Mundo abría el periódico a cinco columnas: Sociedades del PSOE cobran cientos de millones a grandes empresas y luego pagan gastos electorales. El Periódico lo sacó por debajo a dos columnas con un titular más discreto: Dos empresas cobran por extraños estudios para financiar el PSOE. Dentro El Mundo dedicaba tres páginas de información. El Periódico sólo una y con este titular: Dos empresas recaudan para el PSOE.

La sensación de importancia no es la misma en ambos casos. Si luego la tele, la radio y otros periódicos no insisten, el tema se apaga. Los casos de corrupción no son fáciles de seguir: entre los presuntos y las conexiones ocultas cuesta saber qué ocurre. Sin el repique de muchos medios, uno solo no llega muy lejos. Aún menos si apenas insiste.

El catalán juega en otra liga

El Periódico fue el primer gran medio en hacer la doble edición castellano-catalán en 1997. Había un hueco para aumentar su audiencia, vender más periódicos y una opción de recibir subvención automática por el catalán. El presidente del Grupo Zeta, Antonio Asensio, y el director de El Periódico, Antonio Franco, fueron a presentarle el proyecto al president.

“Asensio creía que saldría de allí con la Creu de Sant Jordi”, dice Franco, que era más escéptico. Pujol dijo años después al profesor Josep Àngel Guimerà que sus dos grandes logros en los medios para normalizar el catalán fueron la tele y El Periódico en catalán. Pero aquel día Asensio y Franco no hicieron feliz al president: “deberíais dejar de salir en castellano”, les dijo Pujol según Franco. “Entonces me haríais feliz”, añadió. Franco se negó. La relación distante pero necesaria entre Pujol y el Grupo Zeta siguió.

El diario Avui nació el 23 de abril de 1976 con una espectacular campaña de suscriptores y socios antes de salir. Pero enseguida fue mal y se acabó el dinero, sobre todo por tremendos problemas de distribución de los ejemplares. Su primer director, Josep Faulí, se fue rápido por falta de confianza de la propiedad, llena de fieles a Convergència, que aún no gobernaba.

Pujol leyendo un ejemplar de ‘Avui’. A su derecha, su esposa, Marta Ferrusola. / SIGFRID CASALS / GETTY

Jordi Maluquer sustituyó a Faulí. Estuvo cinco años, pero el periódico no se recuperó. Nunca lo hizo. El gerente de El Correo Catalán, José Manuel Novoa, se hizo cargo a principios de los 80 de ambas empresas. El Correo era de Pujol y al Avui siempre le llegaba dinero de algún lugar. Cuando Novoa no tenía, se lo pedía al administrador único, Carles Sumarroca Coixet, hoy imputado en el caso que instruye el juez José de la Mata. Novoa cuenta así cómo se financiaban entonces los periódicos que gestionaba:

‘El Correo’ no se financiaba solo. Necesitaba unos cinco millones de pesetas cada mes. Sumarroca me decía: “Ve a La Caixa y pide un crédito de tanto”. Yo ya sabía, no tenía que preguntar. Iba allí y decía: necesitamos un crédito. “No se preocupe”, me decían. Les enseñaba los balances y les decía: “Deben hacerse unos retoques”, que significaba que eran mentira. El tipo aceptaba y ya. A este nivel todos saben qué papel hacen.

Avui fue perdiendo dinero durante los 90. El president Pujol reconocía en 2009 en una entrevista con el profesor Guimerà que “era un símbolo: una publicación catalana, de lengua y mentalidad” y “por eso lo ayudamos tanto”. La empresa editora de Avui, Premsa Catalana, vivía a expensas de las ayudas externas y del dinero público. Ramon Pedrós, jefe de prensa de Pujol, cuenta que el conseller de Turismo en 1991, Lluís Alegre, tuvo que firmar en un viaje a Holanda unos cuantos cheques que fueron llevados a Barcelona enseguida para que en el Avui pudieran cobrar la nómina. La historia de la empresa editora está llena de intentos de ampliación de capital.

En 2003 el tripartito recién llegado se encontró con el agujero económico de Avui: “Si lo dejábamos morir, qué hubieran dicho los salvapatrias”, se pregunta Jordi Mercader, director entonces de la Oficina de Difusión. Pusieron más dinero y buscaron dos inversores que mantuvieran el periódico a flote sin hacerse cargo de las deudas: Lara, del Grupo Planeta, y Godó. La apuesta de Lara y Godó duró unos años pero en 2009 se lo quitaron de encima. Entonces la Generalitat aún era la propietaria del 20% de la empresa. El tripartito salvó así a un periódico que simpatizaba históricamente con el nacionalismo.

Un diario nuevo

La Vanguardia empezó a publicarse en catalán en 2011. Unos meses antes, en noviembre de 2010, salió otro periódico en catalán que estaba llamado a jugar un gran papel: Ara. Cinco años después, es líder digital y tiene 31.000 suscriptores pero en papel vende apenas 14.000 ejemplares, 10.000 menos que El Punt Avui. Aún no es un diario rentable y tampoco ha cumplido por ahora las expectativas iniciales. Su impulsor fue Oriol Soler, del grupo cooperativista Cultura03. Buscó empresarios y estrellas de la tele que dieran solidez y fama al proyecto.

Soler creía que en la primera década de los años 2000 “era necesaria una plaza para pensar el país que venía: era un momento equivalente al nacimiento de Le Monde después de la II Guerra Mundial o de El País después de la Transición”.

Acertó en que iban a pasar cosas gordas: “Venían grandes cambios en el mundo y era evidente que en Cataluña se movían cosas profundas”. Más allá del espacio social, en la prensa Soler también veía un hueco. Aquí es donde también empieza a verse la falta de éxito de Ara respecto a sus pretensiones: “Nosotros vinimos para competir con El Periódico y La Vanguardia, no con el Avui. Mi tesis era: en Cataluña hay lugar para dos plazas. La plaza del pasado probablemente es La Vanguardia y la plaza del futuro la queríamos ocupar nosotros”. El Periódico debía quedar ya fuera del plano, pero los números de Ara están de momento lejos.

Dos años después de la creación de Ara, Soler salió de la empresa por diferencias empresariales. Cree que el único responsable de su fracaso en Ara es él:

El gran error del ‘Ara’ es editorial, no financiero. Y eran errores míos: el director, no haber dedicado más tiempo. El problema del ‘Ara’ es que nacimos para hacer una cosa que no supimos hacer. No era para llevar el país a la independencia sino para poder hablar tranquilamente sobre el país que queríamos y construir un paradigma de país moderno que seguramente sería independiente, claro. ‘El País’ en su momento nace para dibujar una España nueva y en esta lógica nacía el ‘Ara’ y no supimos hacerlo bien. Si te compras un horno de pan para hacer pan y haces cruasanes, pues no haces pan. El proyecto no funcionará.

El tópico dice que Ara es un periódico de buen rollo, tierno, juvenil, que apenas muerde. ¿Existiría el Ara sin las subvenciones anuales por publicar en catalán? Probablemente sí. Es un diario con una estructura manejable respecto a sus competidores.

Pero Ara no ha aprovechado del todo bien sus primeros años de vida. Sólo sobrevive. Su madurez debería ser contar cosas que alguien -incluso cercano ideológicamente- no quiera oír. He hablado con tres redactores o ex redactores de Ara pero ninguno ha querido que le cite en esta serie. Hay una prevención especial. Da la impresión que Ara no es tierno porque reciba dinero público o no sólo por ese motivo.

Siempre en off the record, un periodista del Ara ha contado cómo ha preferido disimular antes de crujir a miembros de su partido predilecto que le contaban hechos contradictorios. Otro periodista ha tenido que tragarse noticias valientes porque algunos jefes no querían luego recibir llamadas. Son pasos que dejan de darse y luego puede ser difícil remontar. Las noticias no son siempre buenas para el equipo de casa. A largo plazo acaba por notarse. Aunque es más fácil redirigir periódicos con cinco años de vida que con décadas o siglos.

Este miércoles, el cuarto capítulo: ‘El pozo con fondo’ 

Lee aquí los dos primeros:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad