Un sistema proporcional habría dejado al independentismo catalán sin mayoría absoluta

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Ciudadanos propuso este martes un sistema electoral más proporcional para Cataluña. Aquí calculamos qué habría ocurrido en las elecciones del domingo con tres sistemas alternativos. 

Artur Mas convocó las últimas elecciones el 3 de agosto. En la disposición que publicó el Diari Oficial invocaba “la disposición transitoria cuarta del Estatut d’autonomia de Catalunya de 1979”. El texto jurídico que regula la conversión de votos en escaños en las elecciones catalanas en 2015 fue aprobado durante la Transición.

La aprobación de una ley electoral que derogue esa disposición necesita el voto de dos tercios del Parlament: 90 diputados. Nunca ha habido un consenso suficiente. Los diputados más necesarios (los del partido tradicionalmente mayoritario en Cataluña, Convergència) nunca lo han visto claro.

El Estatut vigente dice que el sistema electoral “debe asegurar la representación adecuada de todas las zonas del territorio de Cataluña”. En términos demográficos, Cataluña es lo que se conoce como una macrocefalia: está dominada por Barcelona y su área metropolitana, donde vive el 75% de los catalanes.

El sistema electoral actual cumple una parte de ese mandato del Estatut: “Asegura la representación de todas las zonas del territorio”. La pregunta es si es la “adecuada”.

Escaños caros, escaños baratos

En las elecciones del domingo, un escaño en Lleida costó 13.816 votos y en Barcelona, 34.658. Son los dos extremos: un voto en Lleida vale 2,5 veces más que en Barcelona. Los escaños en Girona y Tarragona costaron cerca de 22.000 votos.

Los partidos nacionalistas suelen tener mejores resultados fuera de Barcelona. De ahí que Convergència esté cómoda con este sistema. Los partidos de izquierdas o nacionales preferirían ir hacia un sistema más proporcional. Es decir, un sistema en el que el voto de cualquier persona valga lo mismo (o casi) en todo el territorio, incluida Barcelona. Esto tendría una desventaja: la atención durante la legislatura a zonas menos pobladas podría ser menor porque luego el castigo electoral sería imperceptible.

Durante el Gobierno tripartito de PSC, ERC e Iniciativa per Catalunya, el Parlament creó una comisión de expertos apadrinados por los distintos partidos para preparar una nueva ley electoral. En 2007 publicaron su informe. Hemos contactado con cinco de los seis miembros de aquella comisión. Sólo han accedido a hablar dos: el presidente Josep M. Colomer y el vocal Josep Maria Reniu. Agustí Bosch y Jaume Magre han preferido no comentar nada. Joan Botella estaba ocupado. Proponían un sistema basado en las veguerías: unas divisiones geográficas catalanas de origen medieval. En Cataluña hay siete veguerías que sustituirían como circunscripciones electorales a las cuatro provincias actuales. En 2009, Colomer convirtió aquel proyecto en un borrador de ley electoral; la única vez en 35 años que se ha estado tan cerca. Pero no se aprobó.

El modelo mejora la relación entre el número de habitantes de una región y el número de diputados que tiene asociados. Lo hace asignando más escaños a las veguerías de Barcelona pero conservando cierto sobrepeso en el resto de regiones menos pobladas. De nuevo el objetivo es asegurar esa “representación adecuada” del territorio. Ese sobrepeso es particularmente fuerte en dos veguerías: Aran (Lleida) y las tierras del Ebro (Tarragona).

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Y sin embargo con los resultados de 2015 este modelo alternativo no mejora la proporcionalidad. Es decir, la relación entre los votos a un partido y los escaños que obtiene. Lo que hace es introducir un sesgo mayoritario que beneficia a los partidos más votados, especialmente en las regiones menos pobladas.

Un miembro de esa comisión, Josep Maria Reniu, dice que es inútil valorar un sistema electoral nuevo “con la calculadora en la mano” porque el comportamiento del votante sería distinto.

A continuación hemos tomado los resultados de las elecciones del 27 de septiembre y hemos asignado los escaños con tres repartos alternativos: el de las veguerías, un reparto por provincias pero más proporcional que el actual y un distrito único. Las veguerías, según Reniu, son “el mejor sistema teórico para una realidad política concreta”. Pero quienes prefieran un sistema más proporcional no lo verán tan claro.

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La segunda alternativa es parecida a la propuesta que hizo el PSC en el último debate para reformar la ley en mayo de 2015: usar las cuatro provincias actuales pero asignando a cada una un número de escaños proporcional a su población. Ahora mismo Barcelona tiene 85 escaños. Esta alternativa le asignaría 101.

La tercera propuesta es la proporción pura: un voto vale lo mismo en cualquier rincón del territorio. Madrid o La Rioja tienen sistemas de circunscripción única. En esta simulación hemos eliminado también la barrera del 3% de votos para entrar. Sin esa barrera, además de Unió, habría entrado en el Parlament el partido animalista PACMA.

El distrito único evidencia el dilema entre personas y territorios. Da todo el peso a las personas (por eso es proporcional) y ninguno a los territorios. Pero si queremos que un sistema electoral represente también la singularidad de cada región, la única forma de hacerlo es restar proporcionalidad al reparto porque las regiones no tienen la misma población. Es decir, los votos de algunas personas contarán menos para que los votos de los otras regiones valgan más.

La tabla siguiente muestra la desproporción entre los votos que recibe un partido y el número de diputados que habría obtenido con cada propuesta de reparto. De nuevo es una simulación con los votos de las elecciones del domingo pasado.

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Con el sistema actual, los partidos más votados tienen una ligera sobrerrepresentación: Junts pel Sí ha obtenido el 39,5% de los votos y con eso logra el 46% de los diputados. El efecto no es demasiado acusado. El reparto con el sistema de las veguerías exagera ese efecto: JxSí hubiese logrado un 48% de los diputados con los mismos votos. Ocurre así porque dos veguerías son muy pequeñas —Arán reparte sólo tres escaños y Tierras del Ebro sólo cinco—, lo que provoca a menudo un efecto que favorece a los partidos con más apoyo en esos lugares. Con los votos de 2015 habría sido exactamente así y Junts pel Sí habría logrado los ocho diputados de esas dos regiones. Como era previsible, la segunda alternativa mejora la proporcionalidad. Lo mismo que el reparto por distrito único, que ajusta las proporciones de votos a las de escaños.

Una ley basada en el informe de aquella comisión no sólo cambiaría el reparto de escaños. También propiciaría otros cambios. Por ejemplo, que los votantes pudiesen reordenar los miembros de una lista con el sistema de listas cerradas pero no bloqueadas. El fracaso del borrador de la ley en 2009 se debió sobre todo a esta cuestión: “En realidad ni CiU ni PSC la querían porque los dos querían mantener las listas cerradas”, dice Colomer. Otras novedades de aquella propuesta eran reducir el coste de votar o regular los gastos de campañas.

Es un debate complejo. No hay una solución para dilemas como el que afronta la proporcionalidad con la representación territorial. Además Convergència tiene pocos incentivos para variar una ley que le beneficia y que está basada en el sistema que rige el resto de España. En general, un partido en el poder tiene pocos incentivos a cambiar las reglas si esas reglas son precisamente las que le llevaron al poder. Es más fácil que una ley electoral se reforme si un partido pequeño lo pone como condición para entrar en una coalición de gobierno.

Así ha evolucionado el voto catalán: el porqué del avance de Junts pel Sí

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La creación de Junts pel Sí parece haber ayudado a las dos grandes candidaturas independentistas (ERC y CDC) a recuperar parte del espacio perdido en junio. Sobre todo entre los ciudadanos de entre 45 y 59 años y entre los catalanes con un padre nacido fuera de Cataluña.

Gráficos: Patricia López

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Hay muchos elementos que hacen de estas elecciones una cita especial: los temas de debate, el carácter aparentemente histórico de la decisión, la gran fragmentación que se avecina. Sin embargo, hay uno que me parece especialmente relevante por los efectos imprevisibles que puede tener sobre el resultado electoral: los cambios en la oferta electoral de los partidos respecto a 2012.

Son pocos los comicios en los que encontramos tal número de nuevas candidaturas y nuevos candidatos. En estas elecciones los ciudadanos podrán escoger, por primera vez desde 1978, entre los dos socios de la histórica coalición Convergència i Unió. Además, se encontraran con dos nuevas coaliciones entre partidos que hasta ahora nunca se habían presentado juntos: Junts pel sí (la lista creada por Convergencia, ERC y otras entidades independentistas) y Catalunya Sí que es Pot (surgida de la unión de Podemos e Iniciativa per Catalunya y sus socios). A estos cambios de alianzas hay que sumarle los cambios en los liderazgos de las distintas candidaturas: sin tener en cuenta la particular situación de Mas, ninguno de los candidatos que se presentan en estas elecciones repite respeto a los últimos comicios.

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Estos cambios se han dado en muy poco tiempo. En los tres últimos barómetros realizados por GESOP para El Periódico (febrero, junio y septiembre), podemos captar casi todos los movimientos. En febrero Convergència i Unió aún parecía un actor estable que se presentaría a las elecciones en coalición y separado de otros partidos independentistas, y Podemos e Iniciativa aún mantenían sus proyectos separados. En el barómetro de junio, en cambio, ya parecía muy evidente que Unió se presentaría por separado y que Podemos e Iniciativa repetirían la opción que tanto éxito les acababa de dar en las municipales de Barcelona.

Sin embargo, aún no estaba claro si Esquerra acabaría uniendo fuerzas con Convergència y las entidades independentistas en una candidatura común ni quedaba claro quién encabezaría la mayoría de las listas. En este sentido, es probable que algunos nombres también hayan podido cambiar las percepciones e intenciones de voto de los ciudadanos. En especial, los nombres de Raül Romeva y el potencial impacto de su pasado en Iniciativa, el perfil independentista de Lluís Rabell para la candidatura de Catalunya Sí que es Pot y el relevo en el Partido Popular con la elección de Xavier García Albiol, personaje conocido por su duro discurso contra la inmigración.

Los efectos del cambio

Todos estos cambios son importantes porque pueden haber cambiado la forma en la que los ciudadanos perciben el escenario y las distintas opciones entre las que escoger. Es decir, tienen el potencial de cambiar las percepciones que los votantes tienen de las opciones entre las que deben elegir y por lo tanto pueden afectar la forma en que deciden su voto.

En este sentido, es interesante ver si los movimientos en la oferta electoral se han trasladado o no al comportamiento de los ciudadanos y han alterado algunas de las alianzas creadas entre partidos y los distintos grupos sociales. Con la precaución que pide el tamaño reducido de las muestras, y sin olvidarnos de agradecer a GESOP la apertura de los datos, podemos observar cómo han cambiado los apoyos de los distintos sociales en los tres últimos barómetros.

La evolución de los apoyos a las distintas opciones electorales evoluciona de forma muy similar entre hombres y mujeres. La confluencia entre Podemos e Iniciativa consigue mejorar mucho sus apoyos entre los grupos en junio, cuando la suma de los apoyos supera a los que tenían en febrero los dos partidos por separado. Pero cae fuertemente en septiembre, llegando incluso a niveles inferiores a los que tenían los partidos por separado en febrero. La lista Junts pel sí consigue en cambio aumentar sus apoyos de forma clara en septiembre mejorando la intención de voto que tenían Esquerra y el president Mas en junio, cuando se presentaban en listas separadas.

Existen algunas diferencias moderadas entre hombres y mujeres, como por ejemplo la caída de Ciutadans entre las mujeres en junio, mucho más débil entre los hombres. O los mayores niveles de indecisión entre ellas que entre ellos, sobre todo en septiembre. Pero en general los dos grupos siguen una lógica muy similar.

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Gráficos: Patricia López

También entre los distintos grupos de edad la evolución de los apoyos sigue lógicas bastante parecidas. Más allá de las diferencias iniciales, los distintos grupos de edad muestran dinámicas muy paralelas. Destaca, la mejora de la intención de voto hacia las listas independentistas en septiembre sobre todo entre los catalanes de entre 45-59 años. Es en este grupo donde la confluencia entre Podemos e Iniciativa había conseguido sumar más apoyos en junio y donde ahora sufre su mayor caída.

La relativa fuerza del PP y PSC entre los mayores de 60 años es muy notoria, pero son dinámicas que no parecen haber cambiado en los últimos meses. Unió tenía cierta fuerza en junio entre los mayores de 60 años aunque en el barómetro de septiembre parece haber perdido gran parte de esta fuerza.

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Si observamos los apoyos a las distintas opciones por nivel de estudios podemos observar cómo la caída de Catalunya Sí que es Pot en septiembre es especialmente pronunciada entre los ciudadanos con estudios post-obligatorios no universitarios. Precisamente el grupo en el que destaca el aumento de los apoyos de la lista por la independencia encabezada por Romeva. Este crecimiento del apoyo a los independentistas es, en cambio, muy moderado entre los ciudadanos sin estudios o con estudios universitarios.

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Si consideramos las diferencias entre grupos según el lugar de nacimiento de sus padres o su lengua habitual, las variables sociodemográficas generalmente más relacionadas con el apoyo al proyecto independentista, también nos encontramos muchas diferencias.

Por ejemplo, el grafico muestra cómo Podemos (ya sea solo o en coalición) nunca ha conseguido entrar con mucha fuerza entre los ciudadanos con dos padres nacidos en Cataluña. Incluso en junio, cuando la confluencia de izquierdas tenía más de un 30% de los votos, conseguía menos de un 10% de los votos de los catalanes con padres nacidos en Cataluña. De hecho, el apoyo a estos ciudadanos apenas se ha movido desde septiembre más allá de los cambios debidos a la distribución de estos votantes entre CiU y ERC antes de que formaran coalición y se presentaran juntos. En este sentido es interesante señalar que en junio, sin Unió en su candidatura, una lista encabezada por Mas conseguía superar a ERC a diferencia de lo que ocurría en febrero.

La confluencia entre Podemos e Iniciativa ha perdido la fuerza que tenía entre los catalanes con los dos padres nacidos fuera de Cataluña o entre aquellos con uno fuera y otro dentro. Esta pérdida de influencia parece haberse diluido en la abstención y en la indecisión. Aunque no hay que ignorar el crecimiento de los apoyos a Junts pel Sí durante el verano entre este grupo.

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La dinámica de los grupos según su lengua habitual se parece bastante a la observada en el anterior gráfico. Entre aquéllos que hablan catalán de forma habitual el apoyo a las candidaturas independentistas se ha mantenido muy estable a lo largo del año. El voto a otras candidaturas siempre ha sido muy marginal, incluso en junio después de las municipales.

Entre los que hablan castellano de forma habitual encontramos bastantes más cambios. Sobre todo debido al auge y posterior caída de la confluencia de Iniciativa y Podemos, que en septiembre consigue menos apoyos entre este grupo de los que tenían en febrero los dos partidos por separado. Este auge y caída se da, por lo general, sin afectar a los apoyos que reciben los otros partidos no independentistas: PSC, PP y Ciutadans crecen muy ligeramente en septiembre con respecto a junio.

El cambio de mayor calado se da en el aumento de los indecisos y de los abstencionistas. Además es interesante notar que la candidatura independentista no consigue mejorar de forma notable sus apoyos entre los castellanohablantes. Los apoyos a Junts pel Sí se sitúan incluso por debajo de los que tenían CiU y ERC por separado en febrero, aunque sí mejoran los resultados de junio.

Por último, entre los que utilizan las dos lenguas por igual nos encontramos unas dinámicas muy similares a los de los castellanohablantes, con Catalunya Sí que es Pot cayendo fuertemente de junio a setiembre en favor de la abstención y la indecisión, y con cierto crecimiento de los otros partidos no independentistas. La lista por la independencia Junts pel Sí consigue mejorar ligeramente sus resultados entre este grupo con respecto a junio, pero sin superar los resultados que tenían ERC y CiU por separado en febrero.

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Los datos reflejan importantes diferencias en el comportamiento electoral de los distintos grupos de la sociedad catalana. Los distintos grupos también parecen haber reaccionado de un modo diferente a los cambios del tablero político catalán. En especial al auge y posterior caída de la confluencia entre Podemos e Iniciativa. Tanto el auge de junio como la caída de septiembre han sido transversales en todos los grupos pero ha sido más pronunciado en ciertos sectores: castellanohablantes, catalanes con al menos un padre nacido fuera de Cataluña, gente con estudios post-obligatorios y ciudadanos de entre 45 y 59 años.

Estos grupos respondieron con gran entusiasmo a la confluencia después de las municipales y se desmovilizaron durante el verano. Diferentes elementos pueden explicar esta caída: la elección de un líder poco conocido y con un perfil muy determinado, la caída de apoyos que parece estar sufriendo Podemos o la reaparición del debate nacional con la lista conjunta.

Por último, la creación de Junts pel Sí parece haber ayudado a las dos grandes candidaturas independentistas (ERC y CDC) a recuperar parte del espacio perdido en junio. Sobre todo entre los ciudadanos de entre 45 y 59 años y entre los catalanes con un padre nacido fuera de Cataluña aunque en pocos sectores consigue mejorar los resultados que tenía en febrero.

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Así son los catalanes que votarán el 27S: una radiografía en cinco gráficos

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En Cataluña la disputa electoral tiene tres ejes: la ideología, el soberanismo y el contraste entre nueva y vieja política. Quizás por eso su sistema de partidos está más fragmentado: hasta ocho partidos pueden lograr escaños el 27S. ¿Pero cómo son los simpatizantes de cada formación? Hoy nos preguntamos a qué votantes está atrayendo cada partido, según su edad, su origen, su nivel de estudios o su renta.

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En Cataluña la disputa electoral tiene tres ejes: la ideología, el soberanismo y el contraste entre nueva y vieja política. Quizás por eso su sistema de partidos está más fragmentado: ocho partidos pueden lograr escaños en las próximas elecciones y cinco de ellos superarán el 10% de votos según las encuestas.

¿Pero cómo son los simpatizantes de cada formación? Hoy nos preguntamos a qué votantes está atrayendo cada partido, según su edad, su origen, su nivel de estudios o su renta.

1. Los votantes catalanes: edad, sexo y población

El primer gráfico muestra el porcentaje de simpatizantes que logra cada partido entre diferentes grupos. Los datos provienen del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) y en concreto de su barómetro de junio. He decidido usar una encuesta previa a que se formasen las coaliciones coyunturales del 27S —Junts pel Sí y Catalunya Sí que es Pot— porque creo que eso hace que la radiografía sea más informativa.uno

En el gráfico vemos que CiU tiene un electorado envejecido: consigue tres veces más simpatizantes entre mayores de 50 años que entre menores de 34. Al PSC y el PP les ocurre algo parecido. Los jóvenes, en cambio, prefieren a Podem, ERC y la CUP. Desde una perspectiva generacional, de hecho, la CUP y CiU son perfectos opuestos.

También hay diferencias llamativas entre hombres y mujeres. Tres partidos tienen más simpatizantes mujeres, precisamente los tres tradicionales: CIU, PSC y PP. En ERC y los partidos nuevos dominan los hombres: con Ciutadans simpatizan siete mujeres por cada diez hombres, con las CUP entre seis y siete, y con Podem apenas seis.

CiU y ERC tienen también una gran ventaja en los pueblos mientras que en las grandes ciudades —entre las que dominan Barcelona y su cinturón— los partidos que despiertan más simpatía son Podem y PSC.

2. Los votantes catalanes: educación y renta

El siguiente gráfico muestra el porcentaje de simpatizantes que logra cada partido entre grupos de distinto nivel educativo y de renta familiar.tres

ERC, Podem y las CUP tienen más simpatizantes entre las personas con estudios superiores. En cambio el PSC se distingue por ser exitoso entre personas sin estudios o con estudios básicos. Estos datos se explican en parte por diferencias de edad: los jóvenes tienen más estudios y por tanto los partidos con simpatizantes más jóvenes tienen simpatizantes más educados.

También son claras las diferencias por renta.

ERC y CiU logran las simpatías del 18% y el 16% de las personas que declaran unos ingresos familiares de más de 1.800 euros. Pero sus apoyos entre familias de rentas inferiores a los mil euros caen al 8% y el 9% respectivamente.

El caso del PSC es opuesto y aún más acusado. Los socialistas catalanes son el partido preferido por las rentas bajas (17%), pero sólo el quinto para las rentas más altas (7%). También el PPC tiene un éxito escaso entre las familias de mayores ingresos.

3. Los votantes catalanes: origen y lengua

El siguiente gráfico muestra la distribución de simpatizantes según el origen de los encuestados y su lengua habitual.dos

A la izquierda muestro las simpatías políticas de los encuestados cuyos padres nacieron en Cataluña o fuera de ella.

Las diferencias son muy marcadas.

Entre los votantes cuyos padres nacieron en Cataluña hay sobre todo simpatizantes de CiU y ERC. También de la CUP. En cambio, el PP, Podem y el PSC consiguen más apoyo de los hijos cuyos padres no nacieron en Cataluña. El único partido que tiene el mismo éxito entre uno y otro grupo es Ciutadans.

La lengua habitual de los encuestados también puede relacionarse con su voto. Quienes tienen el catalán como lengua habitual simpatizan más con CiU, ERC y la CUP mientras que los castellanohablantes prefieren al PSC, Podem y Ciutadans. Podem es también el preferido de los catalanes que dicen usar el castellano y el catalán por igual.

4. Los votantes catalanes: radiografía laboral

El cuarto gráfico representa el porcentaje de simpatizantes que logra cada partido según la situación laboral de los encuestados.cuatro

Aunque ERC y CiU tiene muchos simpatizantes en todas las circunstancias, su éxito es menor entre parados y trabajadores temporales. Las personas desempleadas simpatizan más con Podem y los trabajadores temporales con la CUP.

El PSC, Podem y Ciutadans comparten una característica: los tres partidos despiertan más simpatías entre los trabajadores ‘precarios’ —parados y temporales— que entre autónomos o trabajadores fijos.

5. Los votantes catalanes: por provincias

El último gráfico muestra la distribución de los votantes en cada una de las provincias catalanas, Barcelona, Girona, Lleida y Tarragona.cinco

Girona y Lleida son las provincias con más simpatizantes independentistas (incluyendo ahí a todos los simpatizantes de CiU antes de la escisión de Unió). En las dos provincias los partidos con más apoyo son ERC, CiU y la CUP. En el otro extremo queda Barcelona, donde los partidos con más simpatizantes son Podem y el PSC.

 

Nota. En este texto he usado datos de simpatía por un partido. Esta variable es útil para los propósitos de este artículo, pero no es una buena predicción del voto. Entre cosas porque un 25% de encuestados no declara simpatía por ningún partido.


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El escrutinio de las municipales del 24M no cuadra

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Al escrutinio provisional del Minsterior del Interior no le salen las cuentas. En 19 municipios de más de 10.000 habitantes los votos a cada partido y los nulos/blancos no suman la cifra total de votantes.

También en EL ESPAÑOL: Consulta todos los resultados

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(Foto: PSOE)

Los datos del escrutinio provisional de las elecciones municipales que ofrece la página web del Ministerio del Interior no cuadran en  lo más básico. En varios casos, dos y dos no suman cuatro. Es lo que ocurre en los resultados de 19 de los municipios de más de 10.000 habitantes. En todos ellos, desde Melilla a Badalona, los votos asignados a los partidos no dan como resultado la cifra total de votantes tras restar el voto en blanco y el voto nulo.

En Burgos, por ejemplo, la suma total de los votos repartidos entre las nueve formaciones que se presentaron es de 87.719. Pero si tomamos el número total de votantes (91.339) y le restamos el voto nulo y el voto en blanco (que suman 3.696 votos), nos sale un total de 87.643 votos a distribuir entre los partidos, un número algo menor. Esto es, hay 76 votos que se han asignado a partidos pero no están en la suma de votos válidos. O, lo que es lo mismo, los porcentajes de voto de cada formación no suman cien, sino algo más.

Lo mismo ocurre en ciudades como Sevilla (60 votos asignados que no estaban contabilizados en el total de válidos), Melilla (36), Jaén (30), Vitoria-Gasteiz (19), Huesca (17), A Coruña (17), Tarragona (15), Ceuta (14), Alcobendas (13), Torrent (7) y Badalona (1).

La situación contraria es la que se puede encontrar en el escrutinio provisional de otras siete ciudades. En estos casos, la suma total de los votos asignados a cada partido es menor al total de votos contabilizados una vez restados nulos y blancos. Es decir, las distintas formaciones, en total, reciben menos votos de los efectivamente contabilizados y hay algunos que se quedan en el aire. Es lo que ocurre en Talavera de la Reina (Toledo): los votos a repartir -emitidos menos nulos y blancos- son 39.545, pero si sumamos los que se han repartido por partido obtenemos una cifra menor, 39.537. Hay ocho votos que se contabilizaron, no fueron nulos ni blancos y no están asignados a ningún partido. O, lo que es lo mismo, los porcentajes de voto de cada formación no suma 100 sobre el total, sino algo menos.

Esta situación se vive en el escrutinio de otras ciudades como Santander (5 votos sin asignar a ninguna formación política), Avilés (4), Pamplona (2), Candelaria (1), Marratxí (1) y Mérida (1).

En tres de las 19 localidades en las que no cuadran los números (Tarragona, Candelaria y Marratxí) el escrutinio no está al 100%, pero eso no explicaría las diferencias entre la suma de las candidaturas y el total de votos válidos contabilizados. En concreto, en 58 municipios de los más de 8.000 no se ha finalizado el escrutinio (van desde el 44,75% escrutado en Los Arcos hasta el 99,84% en Barcelona) y para otros ocho municipios el recuento no ha comenzado (o no se ha publicado, aún, en la página web oficial).

Puede que existan más errores -o no- en el escrutinio provisional publicado por el Ministerio del Interior en su página web, pero lo que sí sabemos es que en muchas localidades las cifras publicadas no cumplen un criterio básico en las comprobaciones de resultados: que la suma de los porcentajes sea 100%.

Los datos analizados conforman el escrutinio provisional, realizado por Indra desde la noche electoral. Los resultados definitivos no se han publicado aún y pueden diferir de éstos pero en algunos casos, como ocurrió en las elecciones andaluzas y publicó El Confidencial, se han utilizado estos datos provisionales como definitivos y no se han comprobado si coincidían con los sobres que firman y envían las mesas electorales, tal y como obliga la ley.


Nota: los resultados fueron extraídos de la página web oficial la mañana del 31 de mayo y pueden sufrir cambios desde entonces. Puedes consultar la tabla completa y las desviaciones aquí.


 

Este artículo está publicado también en el sitio El BOE nuestro de cada día, de la Fundación Civio.

Por qué Rita Barberá perdió la alcaldía de Valencia

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Mi primera hipótesis es que la participación ha beneficiado a los partidos emergentes y sobre todo ha perjudicado al PP.  La segunda es que tanto la incorporación de Compromís como la de Ciudadanos al mapa electoral siguen pautas muy relacionadas con el nivel económico de los votantes.

Si había en España una ciudad considerada como del PP, ésa era Valencia. Al igual que en Madrid, los conservadores llevaban gobernando desde 1991. Pero al contrario que en la capital, en mi tierra natal gobernó la misma persona de manera ininterrumpida. Rita Barberá es la alcaldesa más longeva de las seis mayores ciudades españolas. Su dominio parecía incontestable desde hace mucho. Demasiado, para algunos votantes.

Esos votantes afrontaban estos comicios con una mezcla de esperanza (“al fin es posible”) y temor, pues las encuestas daban a Barberá como ganadora. No con mayoría absoluta pero sí con una mayoría suficiente como para hacer temer un pacto con Ciudadanos.

Al igual que en ocasiones anteriores, la oposición socialista no presentaba una alternativa fuerte ni en perfil ni en aparente intención de voto. Compromís y VLC en Comú (la candidatura apadrinada por Podemos) se intuían según las encuestas como alternativas sin el impulso suficiente y Esquerra Unida luchaba por no quedarse fuera del consistorio. Cuál no fue la sorpresa de todos, y aquí me incluyo, cuando el escrutinio empezó y acabó con Compromís segundo (23.28% del voto), muy cerca de un PP tan debilitado (25.71%) que simplemente no podría hacer nada contra una hipotética coalición de izquierdas. Ciudadanos fue el tercer partido con 15.38%, y el PSPV se vio relegado a un humillante cuarto puesto con su 14.07%. VLC En Comú entró en un modesto quinto lugar con 9.81%.

Entre la alegría de unos y la tristeza de otros por la caída de la alcaldesa, la duda se imponía en la mente de los más curiosos: ¿qué ha pasado exactamente?

Los datos disponibles para intentar responder esa pregunta son aún escasos. Aun así, vale la pena jugar un rato con los resultados de 2015 y de 2011 a nivel de distrito para intentar identificar algunas tendencias. Es importante resaltar que al emplear tal método no se pueden extraer conclusiones sólidas. Entre otros problemas, se corre el riesgo de caer en lo que se llama una falacia ecológica atribuyendo a individuos las características observadas en un conjunto. Sin embargo, es un buen punto de inicio para explorar qué ha sucedido en Valencia.

Mis hipótesis de partida son sencillas. La primera es que la participación ha beneficiado a los partidos emergentes y sobre todo ha perjudicado al PP. La segunda es que tanto la incorporación de Compromís como la de Ciudadanos al mapa electoral siguen pautas que están muy relacionadas con el nivel económico (renta y riqueza) de los votantes. Tres destacan sobre las demás.

  • Compromís recibe más apoyos allá donde el nivel económico es más bajo.  Ocurre algo similar con el PSOE: son partidos de barrios obreros. Ésta ha sido la puerta de entrada de la formación de Mónica Oltra a la ciudad.
  • Ciudadanos cosecha sus victorias en barrios de mayor estatus, siguiendo e incluso superando al PP en su perfil de partido de clase alta.
  • VLC En Comú, por último, anda algo más desligada de esta dimensión.

Quién fue a las urnas y a qué

Lo primero que llama la atención es el incremento generalizado de la participación, que no baja en ningún distrito. Es cierto que los cambios en la participación son extremadamente ambiguos y sensibles a la interpretación: una menor abstención puede querer decir que los votantes jóvenes o quienes no habían votado en otros comicios se han incorporado para apoyar a las nuevas candidaturas emergentes. Pero también puede indicar que los votantes conservadores desencantados con el PP son menos de los esperados y no se han quedado en casa. Los dos gráficos que reproduzco a continuación parecen indicar (con toda la cautela necesaria) que la participación ha perjudicado al Partido Popular antes que beneficiarlo.

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En el eje vertical se representa el cambio en el porcentaje de votos a cada partido en cada distrito entre las municipales de 2011 y las de 2015. Un -0.5 significa que los votos a se partido se han desplomado a la mitad: por ejemplo, del 50% al 25%. El eje horizontal, por el contrario, representa el incremento en puntos porcentuales en la participación global en cada distrito: por ejemplo, un 0.05 representa un incremento del 70% al 75%).

Cada punto en el gráfico es un distrito situado en función de su posición en ambos valores. La línea que cruza el gráfico indica la tendencia lineal de la relación. En el gráfico de la izquierda, hay una tendencia descendente: es decir, a mayor incremento de la participación en un distrito, más grande es la caída del PP.

El voto conservador se ha retraído en mayor medida allá donde más ciudadanos han acudido a las urnas. Pero el gráfico apunta que este voto se ha dispersado algo más allá de los partidos emergentes, que tienen una relación algo más débil con los cambios en la participación. Esta relación se intuye por el nivel de inclinación de la línea de tendencia, menos pronunciada en el gráfico de la derecha que en el gráfico de la izquierda.

¿Dos Valencias?

Bajar al nivel de barrio permite una aproximación más afinada.

Los 85 barrios que conforman Valencia tienen valores catastrales medios que van desde los 120 euros por metro cuadrado de Cases de Bàrcena-Mauella o los 180 del más urbano Fonteta de Sant Lluis hasta los 500 del Pla del Remei. Mientras en el primero el PSOE llega al 25.1% del voto y Compromís se queda en el 20.1%, en el exclusivo barrio del Eixample valenciano (exclusivo más allá del valor catastral) el PP obtiene su único resultado por encima del 50%, la coalición valencianista se queda en el 8% y el PSOE no llega ni al 5%.

El siguiente panel ofrece un análisis más sistemático. En el eje vertical, se incluye el valor catastral medio de un barrio como aproximación (muy imperfecta pero disponible al nivel geográfico analizado) al nivel económico de sus habitantes. En el eje horizontal, se refleja el porcentaje de votos obtenido por cada candidatura en 2015. Esto permite dibujar un perfil de voto-renta por aproximación para cada partido.

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Otro aspecto fundamental que merece la pena observar es cómo ha evolucionado esta relación con el vuelco electoral. En el panel inferior se incluye la misma relación pero comparándola con 2011 en aquellos partidos que ya se presentaron entonces.

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Hay muchas cosas que comentar. La relación entre el nivel económico y el voto al PP parece positiva pero no demasiado sólida: los puntos no están muy ajustados a la línea y eso indica que la tendencia puede estar decidida por unos pocos casos y no determinada por la mayoría. Merece la pena comparar ese gráfico con el que mostraba el voto a Ciudadanos, donde la nube de puntos que representa a los barrios se agrupa organizadamente en torno a la línea de tendencia. Es esto lo que mide el valor R2 indicado en cada gráfico: hasta qué punto se ajusta esa recta indicativa al conjunto de los casos individuales. Por eso para Ciudadanos esa cifra es mucho más alta que para el PP: los votantes del partido de Albert Rivera parecen ser más de clase que los del Partido Popular.

El cambio de 2011 a 2015 para el PP es tan pequeño que poco cabe interpretar. Algo similar ocurre con el PSOE, aunque muestra unos valores más consistentes para cada año y con un sentido invertido: sacan más votos en aquellos barrios con un supuesto menor nivel económico. La Ciudad del Artista Fallero, Beniferri o la Fuensanta, zonas de corte obrero, son buenos ejemplos, todos ellos con un 22-23% de voto al PSPV.

Es con Compromís donde las cosas se ponen interesantes. En 2011 la relación entre voto y nivel económico era inexistente. Esta vez es muy relevante. El enorme incremento en los apoyos recibidos por Compromís proviene en mayor medida de barrios con rentas mucho más bajas, si bien la relación no es tan fuerte como en el caso del PSPV-PSOE. La relación negativa entre incremento de votos y nivel económico viene a corroborar esta impresión.

Por último y respecto a los dos partidos de nuevo cuño, la relación positiva y continua entre nivel económico y voto a Ciudadanos no podía ser más estrecha. Cuanto más arriba está un barrio en la escala económica, más tienden sus habitantes a votar a Ciudadanos.

El ejemplo extremo es el 31% que ha recibido en Penya-roja, la zona de nueva construcción junto a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Para VLC En Comú, sin embargo, el nivel económico del barrio no parece ser determinante. Compromís y sobre todo el PSPV parecen aglutinar un mayor peso en el voto de clase.

Se podría decir que Compromís y la ‘marca blanca’ de Podemos luchaban en gran medida por un tipo de electorado similar, que unía protesta y pérdida si no de poder adquisitivo, sí al menos de expectativas durante la crisis. Por si el volumen global de votos no fuese suficiente, estos datos vienen a apuntalar la idea de que ha sido Compromís quien ha vencido en la segunda batalla.

Una conclusión abierta

El presente análisis no es sino un ejercicio exploratorio. Hacen falta datos a nivel individual para poder confirmar las dos hipótesis de este artículo: que quienes tienen mayor nivel de ingresos, tienen más probabilidades de votar a Ciudadanos o al PP y que quienes tienen menor nivel tienen más probabilidades de dar su apoyo a Compromís o al PSPV. Es más: en un mundo ideal estos datos deberían indicar la renta actual y pasada de un mismo grupo de individuos (ahora y en 2011) así como su voto en ambas ocasiones. Sólo eso nos permitiría observar los cambios precisos en la relación entre las dos variables. Como siempre, sin embargo, tenemos más prisa por saber que información disponible.

Por eso es necesario dejar la conclusión abierta: parece que el PP ha perdido con la participación en contra, y sobre todo por un voto de clase que el PSPV no ha sabido rentabilizar, quedándose huérfano de urbanitas.

Los socialistas obtuvieron en las autonómicas 54.644 votos en la ciudad de Valencia: unos 3.000 menos que en las municipales. En Madrid, por el contrario, los datos sugieren que mucha gente ha combinado en sus sobres los nombres de Manuela Carmena y Ángel Gabilondo. Un detalle que sugiere que tal vez Carmena ha recibido apoyos socialistas de prestado por ser una alternativa viable. No así en Valencia. El voto urbano ha abandonado al socialismo valenciano en un contexto en que era posible aprovecharlo por la brutal e insólita bajada del PP. Alguien en Ferraz debería preguntarse seriamente por qué y continuar la presente exploración de manera mucho más seria.

Los siete mapas que mejor explican la noche electoral

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Las elecciones han dejado un giro a la izquierda, un rosario de ganadores y perdedores y un refuerzo de los nuevos partidos. Estos siete mapas resumen de un vistazo una intensa jornada electoral.

Los comicios de este domingo han arrojado resultados inesperados en muchos lugares de España. Muchas ciudades han girado a la izquierda y nuevas formaciones como Podemos o Ciudadanos han ganado apoyos en distintos puntos de la geografía nacional. Estos siete mapas resumen de un vistazo una intensa jornada electoral.

1. Evolución del poder autonómico desde 2003.

Así ha ido cambiando el mapa político de las autonomías en los últimos 12 años. Esta imagen animada refleja el partido más votado en cada región en las elecciones de 2003, 2007, 2011 y 2015.

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2. El ganador en cada distrito de Madrid.

Este mapa refleja qué candidatura ganó en cada uno de los distritos de la capital. El norte sigue siendo el feudo del PP y el sur es de Ahora Madrid. Lo que más llama la atención el vuelco en el distrito Centro, donde no ganaba la izquierda desde hace mucho tiempo.

3. Más votos en Madrid… pero no en todas partes.

Este mapa refleja los distritos donde la participación subió en la ciudad de Madrid con respecto a 2011. Son cifras provisionales tomadas del avance de participación de las seis de la tarde. Pero ofrecen una idea aproximada de las claves del triunfo de Manuela Carmena: muchos más madrileños fueron a votar en los distritos sureños de Vicálvaro, Vallecas y San Blas.

4. Más votos en Barcelona, Lugo y Valencia.

Este mapa refleja el aumento de la participación en algunos puntos de España con respecto a 2011. Son cifras provisionales tomadas del avance de participación de las seis de la tarde. Pero llama la atención el crecimiento en plazas clave como Barcelona, Madrid o Valencia, frente a descensos en lugares como Sevilla o Navarra.

5. El ganador en cada distrito en Barcelona.

Barcelona vivió un vuelco electoral histórico y tendrá una alcaldesa por primera vez en su historia. Aquí se puede comprobar la división del voto por distritos. El centro y los barrios obreros de la periferia están en manos de Barcelona en Comú mientras la zona alta de la ciudad sigue fuel a CiU.

6. Dónde estaban los nuevos votantes.

El censo incluyó este domingo a más de 386.000 nuevos votantes. En el mapa superior se muestra su distribución geográfica por provincias.

7. Demasiado jóvenes para votar en 2011.

Este mapa muestra la distribución por provincias de los nuevos votantes con respecto a las municipales de 2011. Atención a plazas como Sevilla, Cádiz, Navarra, Badajoz y Baleares, lugares que han experimentado importantes cambios y donde podría haber sido decisivo el voto juvenil.

Las mejores historias de la campaña electoral

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Las elecciones municipales y autonómicas de este 24 de mayo son una prueba para las costuras políticas que tradicionalmente ha tenido España. Aunque nuestro periódico nacerá en otoño, en EL ESPAÑOL no hemos querido estar al margen de esta cita. Así te hemos contado la campaña.

Las elecciones municipales y autonómicas de este 24 de mayo son una prueba para las costuras políticas que tradicionalmente ha tenido España. Aunque nuestro periódico nacerá en otoño, en EL ESPAÑOL no hemos querido estar al margen de esta cita. Así te hemos contado la campaña en nuestro blog:

España en cifras

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En este especial, coordinado por Antonio Delgado, te permite acceder a miles de datos de población, deuda, paro o destino de fondos públicos para que tengas toda la información antes de votar. Entra haciendo click aquí.

La batalla de Madrid

La alcaldía de Madrid siempre ha tenido una importancia estratégica en los cálculos electorales del PP y el PSOE. En 2015, la batalla está más abierta que nunca.

Daniel Basteiro siguió junto a Adriano Morán y Javier Álvarez, de 93 metros, a los cuatro candidatos con más posibilidades de convertirse en alcaldes: Esperanza Aguirre (PP), Manuela Carmena (Ahora Madrid), Antonio Miguel Carmona (PSOE) y Begoña Villacís (Ciudadanos). El resultado, en estos vídeos y textos:

Radiografía de los votantes

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Kiko Llaneras ha estudiado todas las encuestas para explicar, con textos y gráficos, el perfil de los votantes y sus intenciones de cara a estos comicios clave.

Las urnas en Cataluña

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En Cataluña no hay elecciones autonómicas. Están previstas para el 27 de septiembre, pero lo que pase este domingo condicionará la larga precampaña electoral y, según algunos, hasta un aplazamiento de la cita anunciada por Artur Mas.

Reportajes fotográficos: Alberto Gamazo.

Socorro: ¡#nopuedovotar!

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Puedes intentarlo de muchas maneras, pero si estás en el extranjero, quieres utilizar tu DNI electrónico o un juez ha declarado tu incapacidad total, todo son trabas. Te ofrecemos tres reportajes que te harán pensar sobre las grietas de uno de los derechos fundamentales:

Aragón, Extremadura, Murcia…

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Un total de 13 comunidades autónomas decidirán su suerte este domingo. En EL ESPAÑOL hemos querido acercarnos a muchas de ellas para contarte sus realidades y preocupaciones:

Foto de portada: IU El Viso

Así son los votantes de cada comunidad autónoma

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El sistema de partidos está cambiando. Las nuevas formaciones -sobre todo Podemos- triunfan entre los más jóvenes y PSOE y PP ven envejecer a sus electorados. Se asume que estas tendencias son iguales en toda España. ¿Pero de verdad lo son?

También en EL ESPAÑOL:

El sistema de partidos está cambiando. Aún no entendemos bien en qué dirección ni hasta qué punto, pero todas las encuestas así lo reflejan. El ascenso de dos partidos nuevos y el mantenimiento de los tradicionales asegura una reconfiguración de los votantes. Sociólogos y analistas nos estamos peleando por identificar los ejes de esta reconfiguración. A día de hoy, parece que la edad y la ideología de los votantes están desempeñando un papel clave.

Sabemos, por ejemplo, que el PP está perdiendo apoyos del centro-derecha mientras Ciudadanos lo está ganando alrededor del centro. Observamos que Podemos ha encontrado una barrera a su intento inicial de ser una iniciativa transversal. Por otro lado, mientras las nuevas formaciones -sobre todo Podemos- triunfan entre los más jóvenes, el PSOE y el PP ven envejecer a sus electorados. Se asume que estas tendencias son iguales en lo largo y ancho del territorio español. ¿Pero de verdad lo son?

Para responder a esta pregunta analizaremos cinco comunidades autónomas. Utilizamos los datos de los estudios preelectorales del CIS para investigar la distribución por edad e ideología de cada partido en cada región.

La ideología en cada región

El primer gráfico muestra los perfiles ideológicos de los votantes en cada comunidad. Representa el lugar donde se ubican a sí mismos en el eje izquierda/derecha aquéllos que tienen intención de votar a un partido o simpatizan con él.

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Lo primero que salta a la vista es que las comunidades autónomas confirman grosso modo las tendencias nacionales. El PP obtiene la mayoría de su electorado del lado derecho del espectro ideológico, el PSOE y Podemos hacen lo propio por la izquierda y Ciudadanos tiene una presencia más centrada.

¿Pero qué pasa si observamos cada comunidad con más detalle? Para ello usaremos un gráfico diferente a partir de los mismos datos: los perfiles ideológicos de los votantes en cada comunidad. Para facilitar la comparación, en la columna de la izquierda hemos representado la distribución del conjunto de los ciudadanos en cada región.

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Los simpatizantes del PP tienen un perfil más de derechas en algunas comunidades. En Madrid y Aragón dominan los votantes de derecha “pura” (7). En Valencia, en cambio, tienen un perfil más heterogéneo. Allí los populares buscan y consiguen votos en el (6) e incluso en el (5) si bien menos que en anteriores comicios.

Todavía más variada es la composición del PSOE. En Asturias es la izquierda la que nutre a los socialistas mientras en Madrid el partido consigue votos incluso del centro-derecha. Esta circunstancia refleja el contraste entre un partido socialista de base obrera (y minera) y otro en un entorno más urbano. En la Comunidad Valenciana, el PSOE mantiene un único granero de votos: el centro-izquierda (4). Seguramente porque la huella del PP y de Compromís -la coalición liderada por Mónica Oltra- es profunda.

Podemos compite por los mismos espacios que el PSOE. Así, el partido de Pablo Iglesias es el favorito de los votantes de izquierda (3) en Aragón y en Madrid. En ninguna de las cinco autonomías estudiadas está tan escorado a la izquierda como en Aragón. Algo que quizás se explica por su candidato y por la organización que allá se está conformando.

Pero lo más llamativo de los cinco perfiles de Podemos es su transversalidad en Asturias. Allí logra muchos votos del centro e incluso del centro-derecha (6). Más incluso que el PSOE o Ciudadanos. Resulta ilustrativo el hecho de que el Podemos asturiano esté obteniendo, según el propio CIS, casi tantos apoyos de ex-votantes del PSOE como del FAC de Álvarez-Cascos y de UPyD.

Ciudadanos, por el contrario, tiene una presencia territorial de momento homogénea. En Madrid y en otros lugares el partido está construyendo una plataforma relativamente centrada. La mayor excepción ocurre en la Comunidad Valenciana, donde el partido es más fuerte en el centro-izquierda. Allí le resulta seguramente más fácil crecer entre ese electorado porque hasta hace poco era el PP quien mantenía el liderazgo en ese segmento de la población.

El peso de la edad

Para complementar la radiografía vamos a revisar el perfil de edad de los votantes. De nuevo analizaremos cada partido en las mismas cinco autonomías, dividiendo el voto y simpatía por franjas de edad de en torno a una década, siguiendo la pauta del CIS.

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El envejecimiento de los electorados del PP y del PSOE es evidente. El partido conservador destaca especialmente por el apoyo de los mayores de 65 años: sólo con ellos consigue un 7% del censo total en las cinco autonomías. En el PSOE esta tendencia es algo menos acusada. Pero a cambio tiene más éxito entre quienes tienen más de 55 años y menos de 64. Es decir, la generación nacida entre 1949 y 1959.

Podemos y Ciudadanos tienen perfiles más jóvenes. El primero destaca por sus apoyos en la franja que va de los 18 y a los 34 años. Ciudadanos tiene más éxito con personas entre 35 y 44.

Estas tendencias generales tienen matices en cada región. Para apreciarlos usaremos el siguiente gráfico, que reordena los mismos datos.

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En gris hemos representado la distribución por edad de los electores de cada comunidad. Es un dato importante que nos informa sobre el peso relativo de cada franja de edad. Así podemos observar que Aragón y sobretodo Asturias tienen una población más envejecida. Excepto Madrid, que tiene un perfil ligeramente más joven, todas las regiones comparten una característica: la franja con más población es la de los mayores de 65 años.

El caso de Asturias es muy llamativo: allí el PSOE logra las simpatías del 15% del censo sólo con votantes mayores de 55 años. En cambio, los más jóvenes están apoyando a Podemos. Además, ya vimos que la nueva formación ha logrado en Asturias llegar a personas de ideología más moderada. Es muy posible que esto ponga en peligro la sostenibilidad de la actual estrategia socialista.

Parece claro que la cuestión generacional está impulsando a Ciudadanos y Podemos pero no igual en todas partes. En Madrid, por ejemplo, eso significa que los dos partidos podrían sacar partido de la estructura demográfica no tan envejecida de la población madrileña. En la Comunidad Valenciana, Ciudadanos cuaja más entre votantes de mediana edad y Podemos entre los más jóvenes. En Castilla-La Mancha, los jóvenes parecen preferir a Ciudadanos y en Asturias a Podemos.

Entretejer un partido

Hemos visto que los simpatizantes de cada partido no son homogéneos en todas partes. Existen elementos comunes a todas las regiones. Pero hay variaciones en cada una que podemos relacionar con su estructura demográfica e ideológica. Los partidos se adaptan a las particularidades de cada comunidad y tienen éxito también en función de su posición y su actitud frente a asuntos locales.

No es una sorpresa. Al fin y al cabo, las elecciones funcionan como un mercado en el más amplio sentido de la palabra. Los partidos (la oferta electoral) se adaptan a la demanda (los votantes) y también al resto de partidos (su competencia). El equilibrio de este juego entre votantes y partidos no es igual en toda la geografía española.

El PSOE y el PP tuvieron que encontrar formas para hacerse un nicho de votantes en cada lugar. Quizás mineros y sindicalistas en Asturias para el PSOE o asociaciones de amas de casa y agrupaciones falleras en Valencia para el PP. Ciudadanos y Podemos tendrán que hacer lo mismo si quieren perdurar, incluso en estos tiempos de redes sociales y democracia por televisión.

También en EL ESPAÑOL:


Nota. En este artículo nos referimos a votantes y simpatizantes como la misma cosa porque la variable que hemos usado para el análisis es la denominada “voto+simpatía” del CIS. Esta variable es útil para los propósitos de este artículo, pero cabe recordar que no es una buena predicción del voto. También es importante tener en cuenta que alrededor del 25% de encuestados no declara voto o simpatía por ningún partido. Por último, cabe recordar que los datos provienen de una encuesta y que pequeñas variaciones estarán dentro de los márgenes de error de la muestra.

Todo lo que debes saber sobre tu ciudad antes de votar

Aquí puedes consultar la tasa de paro, la deuda, el presupuesto, el número de habitantes de cualquier municipio y de cualquier comunidad autónoma. Así es España en cifras. Explórala.