Así ha pasado Madina de enemigo acérrimo de Pedro Sánchez a número 7 de su lista

Madina

Perdió las primarias y consideró abandonar la política. Pero el diputado vasco quiere abrir una nueva etapa como candidato por Madrid. 

Hace un año y dos meses, Eduardo Madina perdió las primarias contra Pedro Sánchez. El diputado por Vizcaya, uno de los dirigentes con más proyección en los últimos años, se dio de bruces contra la democracia interna de su partido al cosechar casi 15.000 votos menos que Pedro Sánchez, un diputado hasta entonces desconocido. Entonces, Madina comenzó a coquetear con la idea de dejar la política. La inclusión de su nombre en la lista por Madrid como número 7, conocida este jueves, abre una nueva etapa en la vida del político.

El diputado ha mantenido desde entonces una gran discreción, alejado de los medios y acudiendo puntualmente al Congreso de los Diputados como uno más, ya sin el cargo de secretario general del grupo socialista en la Cámara Baja para el que había recibido la confianza de José Luis Rodríguez Zapatero primero y Alfredo Pérez Rubalcaba, después.

Sin embargo, Madina y su entorno no han ocultado en privado su amargura desde entonces. En primer lugar, por un proceso interno que consideraron desvirtuado. El apoyo de Susana Díaz a Sánchez movilizó a buena parte de los votantes socialistas, en especial los de la influyente federación andaluza, en una decisión estratégica poco o nada relacionada con las virtudes del candidato. Un año después, Díaz marca terreno frente a Sánchez, con quien ha tenido muchos encontronazos.

La aparición de un tercer candidato sin posibilidades de victoria, José Antonio Pérez Tapias, sentenció las posibilidades de Madina. Pérez Tapias, perteneciente a la corriente interna del PSOE, Izquierda Socialista, logró los 17.000 votos que hubieran dado la secretaría general al diputado vasco. El equipo del socialista vasco llegó a expresar dudas sobre la limpieza en la recogida de avales del tercer candidato, a quien consideraban un instrumento de Sánchez para llegar a la meta. Tal era la desazón del diputado que llegó a plantearse dejar la política.

Muy lejos de Ferraz

Durante este año, Madina ha seguido con preocupación los destinos del PSOE. En privado, el diputado vasco ha mantenido una intensa actividad, pero muy alejado de Ferraz, con quien no comparte la estrategia ni el mensaje. Madina rechazó integrarse en la Ejecutiva de Sánchez y hace unos meses en su grupo de expertos, el Gobierno en la sombra del candidato a La Moncloa. Se implicó intensamente en la campaña de las elecciones autonómicas y municipales, con muchos actos en localidades donde aprovechó para devolver el cariño que recibió durante las primarias.

Los resultados de las elecciones de mayo le parecieron malos, a pesar de que el PSOE recuperó gran parte del poder local perdido en 2011. También los 16 escaños del PSC en las elecciones catalanas, reivindicados como un buen resultado por Ferraz, fueron vistos con muchos matices por una parte del PSOE en la que él se enmarca.

Este mismo verano, Madina apoyó con un tuit a Juan Segovia, el candidato en las primarias del partido en Madrid frente a Sara Hernández, la candidata favorita de Pedro Sánchez. Madina, otra vez, volvió a perder en su apuesta y, de paso, enfadó a la federación socialista a la que ahora suma su nombre de cara a las generales.

 

Mucho ha cambiado desde julio de 2014. Pedro Sánchez se ha consolidado como líder y está inyectando una gran renovación en las listas para tratar de llegar a La Moncloa. Pero no todos apuestan por su victoria en un PSOE mermado en un contexto multipartito. A Pedro Sánchez le conviene contar con referentes jóvenes como Madina, apuntan fuentes socialistas, y ondear la bandera de un partido unido que ha superado las luchas intestinas del poszapaterismo.

A Madina, razonan las mismas fuentes, aparcar su orgullo y diferencias con la Ejecutiva para seguir en política gracias a un escaño que puede volver a poner su nombre en las quinielas si el PSOE pierde en diciembre. Muchos lo ven como un dirigente clave en caso de que Sánchez pierda las elecciones y la secretaría general del PSOE.

Madina no cree que Sánchez haya provocado el “shock de modernidad” que él propuso para el partido cuando presentó sus candidaturas a las primarias, pero quiere seguir contando en el PSOE. Por lo que pueda pasar.

Foto: Flickr Eduardo Madina / Inma Mesa (PSOE)

El desplome del bipartidismo en cuatro gráficos que deberían preocupar (sobre todo) a Pedro Sánchez

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PP y PSC viven sus horas más bajas en Cataluña, pero es Pedro Sánchez quien más debe preocuparse por el auge de Ciudadanos. Su carrera a La Moncloa podría verse más afectada.

“No se puede gobernar España sin Cataluña”. La frase la pronunció este lunes Pedro Sánchez, secretario general y candidato a La Moncloa del PSOE. Estaba dirigida a un Mariano Rajoy que “ha convertido a su partido en marginal”. En el PSOE creen haber salvado los muebles al superar el resultado que pronosticaban las encuestas y de paso a la marca que abanderaba Podemos, su principal rival en la izquierda.

El PSC, la marca socialista en Cataluña, ha perdido cuatro escaños con respecto a las últimas elecciones con un número de votos ligeramente inferior al cosechado en 2012. El PP, que también buscaba contener el desgaste, ha perdido ocho y, a diferencia del PSC, un número de votos muy significativo: más de 120.000. Los dos partidos que han gobernado España viven sus horas más bajas en Cataluña.

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Si se echa la vista atrás, el retroceso del PSC es mucho más significativo. Una comparación de resultados a corto plazo permite hacer un análisis compasivo con la campaña de Miquel Iceta. Contra pronóstico, llegó vivo al final del baile y su formación es la tercera en el Parlament. Pero el resultado del PSC es el peor de su historia.

La diferencia entre PP y PSOE

El PP nunca ha superado la barrera de los 20 escaños en un Parlament de 135 sillas. Nunca ha sido alternativa de Gobierno a Convergencia i Unió, que ha gobernado Cataluña más de 28 años con Jordi Pujol y Artur Mas. El PSC sí. Gobernó durante siete años (2003-2010).

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Los socialistas catalanes llegaron a conquistar 52 escaños en las elecciones de 1999, las primeras a las que se presentó Pasqual Maragall. Faltaban cuatro años para que el exalcalde de Barcelona se convirtiese en president de la Generalitat. Después le sucedió José Montilla al frente de otro tripartito hasta 2010. Hoy, cinco años después, los 37 escaños que gestionó Montilla parecen un sueño inalcanzable para el socialismo catalán.

Un par de mapas sirven para explicar otras preocupantes derivadas del resultado socialista. El PSC pierde en áreas de tradicional influencia. La ciudad de Barcelona, un feudo de la izquierda y del socialismo durante prácticamente toda la democracia, dejó de estar gobernada por el PSC en 2011, cuando Xavier Trias (CiU) se convirtió en alcalde. Hace unos meses, la izquierda recuperó el bastón de mando de la mano de Ada Colau, ausente de la campaña que han hecho sus compañeros de Catalunya Sí que es Pot (CSP).

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En estas elecciones, Junts pel Sí ha teñido de verde aguamarina todos los distritos menos uno: Nou Barris, un barrio obrero en el que solía imponerse el PSC. Pero Nou Barris no es socialista sino de Ciudadanos, según se puede ver en el mapa de la derecha.

En el área metropolitana de Barcelona, el naranja Ciudadanos se disputa con Junts pel Sí la predilección del electorado, desplazando de su tradicional feudo al PSC. En L’Hospitalet de Llobregat, la segunda ciudad más poblada de Cataluña con más de 250.000 habitantes, más electores votaron a Ciudadanos que al PSC. En las elecciones municipales de mayo, los socialistas tuvieron más del doble de votos que el partido que lidera Albert Rivera.

La comparación del porcentaje de voto socialista de las autonómicas de 1999, cuando el PSC logró su máximo histórico, y del de este domingo, muestra a una Cataluña que poco a poco ha ido perdiendo un color rojo que le era propio.

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Los socialistas recuerdan que pese a todo en las elecciones municipales el PSC fue el segundo partido con más votos en Cataluña, superando ligeramente a ERC y por detrás de CiU.

Unas elecciones generales inciertas

El resultado del PSC no dejaría de ser sencillamente un mal resultado en otra coyuntura política. Pero sus implicaciones para la política nacional pueden ser un serio problema en la carrera de Pedro Sánchez a La Moncloa.

Fuentes socialistas recuerdan que “todas las victorias del PSOE en España han contado con dos graneros de votos, Andalucía y Cataluña”. Los resultados de las últimas elecciones autonómicas no son halagüeños. Según un influyente diputado socialista, con unos resultados así, Cataluña sólo aportaría nueve diputados al grupo parlamentario del PSOE en el Congreso. Ahora tiene 14. La última vez que el PSOE ganó unas elecciones, con José Luis Rodríguez Zapatero en 2008, de Cataluña salieron 25 socialistas rumbo a la Carrera de San Jerónimo.

El desplome del PP tampoco permite aventurar un rebote en diciembre. En 2011, cuando Rajoy llegó a La Moncloa con una cómoda mayoría absoluta, Cataluña aportó 11 diputados. Entonces, un 20% del electorado se decantó por el PP. Este domingo, el porcentaje era del 8,5%.

La pronunciada caída del bipartidismo y la aparición de partidos emergentes como Ciudadanos auguran un Congreso de los Diputados muy fragmentado, al menos en cuanto a los diputados que se eligen en la comunidad. Queda por ver cómo se presentan ERC y CDC, espina dorsal de Junts pel Sí, y si votantes que han optado por CUP se decantan por Podemos en diciembre. Las elecciones autonómicas de este domingo muestran que el espacio de la izquierda sigue existiendo en Cataluña, pero que ya no lo capitaliza sin discusión el PSC.

También en EL ESPAÑOL:

Por qué Zapatero no ha participado en la campaña catalana

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Está apagado o fuera de cobertura o, lo que es lo mismo, “dolido” y viajando con la nueva ONG que preside, lejos de la trascendental campaña electoral catalana. Pero los problemas de agenda no son el único motivo de su ausencia.

Fue ante una muchedumbre y en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Acompañando sus palabras de versos en catalán de Miquel Martí i Pol y al lado de Pasquall Maragall, José Luis Rodríguez Zapatero pronunció la frase:

“Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán”.

Era noviembre de 2003, a tres días de las elecciones que alumbrarían el tripartito de PSC, ERC e ICV. Zapatero proponía, como hoy Pablo Iglesias, echar a Artur Mas, que se presentaba por primera vez como cabeza de lista, y a CiU de la Generalitat que la hoy extinta coalición ocupó durante más de dos décadas. Era, según él, el paso previo a desalojar del Gobierno meses después al PP y a Mariano Rajoy, que sería el candidato a La Moncloa.

Hoy, Zapatero está apagado o fuera de cobertura o, más bien, decepcionado y viajando con la ONG internacional Instituto de Diplomacia Cultural, con sede en Berlín. A diferencia de Felipe González, el último jefe del Ejecutivo socialista no ha participado en la campaña electoral catalana. Fuentes de su entorno explican que fue invitado por Miquel Iceta, el líder del PSC, pero no aceptó la oferta argumentando problemas de agenda. Sin embargo, en la decisión ha pesado mucho la imagen actual del expresidente, que se siente “dolido” y decepcionado por lo que considera una manipulación de su gestión.

“Zapatero puso de acuerdo a todos, también los nacionalistas de CiU y a ERC, para un nuevo estatuto que podría haber resuelto el problema para los próximos 20 o 30 años”, razonan estas fuentes. El recurso ante el Constitucional y su fallo, envuelto en la polémica, frustraron esa esperanza que tanto aplaudía Maragall en el Palau Sant Jordi. La sentencia de 2010 es considerada a menudo como el punto de inflexión tras el que el independentismo dejó de ser residual para convertirse en relevante en la sociedad catalana. Y Zapatero, al que le incomoda que le reproduzcan su frase, es considerado “como parte del problema, cuando en realidad lo fue de la solución”, agumentan sus próximos. Por si fuera poco, la inversión en Cataluña de los Gobiernos de Zapatero “fue altísima, al contrario que la del PP”, señalan, algo que no se está teniendo en cuenta.

Una mala relación con Ferraz

La relación del expresidente con Pedro Sánchez es un factor adicional que explica su insólito silencio. El actual líder del PSOE está desplegando una intensa actividad en Cataluña, en la que muchos ven un intento por fabricar una imagen de presidenciable que se vería contaminada por la presencia de sus antecesores en las riendas del partido.

Sánchez se ha desmarcado de la reforma de la Constitución que abanderó Zapatero en el verano de 2010, a pesar de que entonces votó a favor. Desde Ferraz, se reprocha al expresidente su cercanía a rivales internos como Eduardo Madina o recientemente Juan Segovia, el candidato a liderar el PSOE en Madrid que perdió en primarias frente a Sara Hernández, preferida por Sánchez.

Alfredo Pérez Rubalcaba tampoco ha estado en la campaña al serle imposible participar en la fecha que le propusieron, según confirman desde el PSC. En cualquier caso, fuentes cercanas a Rubalcaba y Zapatero destacan que, en caso de haber existido un gran interés por la presencia de ambos, no habrían faltado a la cita. “Cuando se quiere, se puede”, resumen. Desde la Ejecutiva de Ferraz, en cambio, se descarga en el PSC la responsabilidad de invitar a los que han sido primeros espadas del socialismo español, a pesar de que estaban llamados a compartir escenario con el actual líder del partido.

Estas ausencias contrastan con la gran presencia que ha tenido González en la campaña, compartiendo mitin este miércoles con Sánchez e Iceta y manteniendo una intensa presencia en medios de comunicación, incluyendo una polémica entrevista en la que consideró a Cataluña como nación y un artículo en el que pedía a los votantes que no se entregasen al independentismo.

Zapatero propone un “esfuerzo común y conjunto” para “hacer que las banderas no separen”, “que la diversidad nos una y que caminemos en el convencimiento del progreso”. Se refiere, en un vídeo que aparece en la web de la ONG que preside desde este verano, a los caminos de la diplomacia internacional.

El lío de Rajoy y el rifirrafe entre ‘Pájaro Naranja’ y ‘Coleta Morada’

GRA547. BARCELONA, 21/09/2015.- El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias durante su intervencion en el mitin celebrado esta tarde en la Plaça dAngel Pestaña en Barcelona junto al cabeza de lista de Catalunya Si Que es Pot, Lluis Rabell e Iñigo Errejón. EFE/Jesús Diges

El presidente del Gobierno se hace un lío con la nacionalidad de un vecino catalán si triunfa el bloque independentista. Cosas de salir del plasma. Mientras, Albert Rivera y Pablo Iglesias endurecen sus acusaciones para robar votos del granero de votos del cinturón rojo donde antes triunfaba el PSC.

Martes de campaña electoral marcada por el suspenso del presidente del Gobierno en Derecho constitucional: ignora completamente que un ciudadano catalán nunca dejará de ser español si no lo desea, como reza en el artículo 11 de la Constitución. También por un cruce de tuits entre Albert Rivera y Pablo Iglesias por los futuros pactos de Gobierno.

Helados se quedaron los simpatizantes del PSC que se acercaron a Sant Boi al mediodía para escuchar a la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, que reaparecía tras su baja de maternidad. Durante todo su discurso, ni siquiera se le escapó ninguna de estas cuatro palabras: Miguel Iceta y proyecto federal. La andaluza debió pensar que bastaba con respaldar en Mataró, ya caída la tarde, al candidato del PSC a la Generalitat.

“¿Y la europea tampoco?”

Mariano Rajoy no supo salir de laberinto en el que le metió el periodista Carlos Alsina en una entrevista sin plasma mediante. El presidente se hizo un lío en directo con qué nacionalidad tendría un ciudadano catalán en el hipotético caso de que Cataluña se independizase.

Alsina le recordó que, según la Ley actual, los catalanes seguirán teniendo la nacionalidad española si así lo desean. “Vale… ¿y la europea?”. “Si son españoles, también tendrán la nacionalidad europea”. Un par de frases que sirvieron para que las redes sociales se incendiaran con memes sobre el presidente y le criticaran que no se haya preparado a fondo la entrevista, sobre todo con el tema catalán.

La tercera anécdota de la jornada se vivió también en las redes sociales. las encuestas auguran que Ciudadanos y Podemos se disputarán el segundo puesto detrás el frente independentista. Y no es casualidad que sus líderes nacionales se metan el dedo en el ojo cada vez que tienen oportunidad.

Espero que el candidato separatista de ‘Coleta Morada’ no ‘haga el indio’ y apoye a Inés Arrimadas antes que a Mas…”, escribió el líder de Ciudadanos, que sale a diario a recorrerse Cataluña de cabo a rabo para seguir cosechando votos. Rivera quiso incidir en uno de los puntos clave de su campaña: Catalunya Sí que es Pot, la plataforma respaldada por Podemos, no es una buena opción porque se dice que no es secesionista y su candidato, Lluis Rabell, votó el año pasado a favor de la independencia.

Coleta morada no entender”

Pablo Iglesias respondió la insinuación del de Ciudadanos y utilizó el lenguaje indio con el que Artur Mas atacó a los líderes de PP, PSOE y Podemos a los que envió un “corte de mangas”. “Coleta morada no entender pequeño Pujol votar reforma laboral con gran jefe plasma”. Mientras Ciudadanos y Podemos se clavan puñales por pescar algún voto no independentista del cinturón metropolitano barcelonés, Pedro Sánchez prefiere esquivar a Susana Díaz y pasar el día en Zaragoza y La Rioja, aunque eso suponga perder algún votante más. Cosas del PSC.

Tras el amargo desayuno de Rajoy con Alsina, el presidente hizo de tripas corazón y cogió el AVE por la tarde, se plantó en Tarragona y evitó pronunciarse sobre el resbalón de la mañana. Sabía que lo más importante era acompañar a Xavier García Albiol. Aunque ambos sufrieron los abucheos de los independentistas.

Según se acerca el 27S, la temperatura de la campaña sube. Sin embargo, el que parece que todavía no ha reaccionado a la encerrona que le ha hecho la banca esta semana es Artur Mas, que ayer no dio ni un solo titular digno de ser recogido en esta crónica. Quizá esté esperando a que Luis María Linde, que comparece hoy el Senado, explique mejor aquello que soltó el lunes de que con una Cataluña independiente habría un corralito. 

Sr. Sánchez, cinco dudas sobre si Europa quiere más Europa

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El Partido Socialista aprovechó este martes el debate sobre Grecia para presentar una propuesta de resolución ante la Mesa del Congreso que pretende un cambio de calado en la estructura de la Unión Europea y se resume en una frase: “Más Europa pero también otra Europa”. Bajemos a la tierra, ¿son factibles estas propuestas?

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El Pisuerga pasó ayer por el Congreso de los Diputados en el pleno dedicado a debatir el tercer rescate a Grecia, un acuerdo que implica avalar a escote otros más de 86.000 millones de euros en préstamos a la nación helena (10.000 millones por parte de España) que irán a recapitalizar su banca y cubrir las necesidades de financiación del Gobierno de Alexis Tsipras. El Partido Socialista aprovechó el encuentro para presentar una propuesta de resolución ante la Mesa del Congreso, tal y como había avanzado El País, que pretende un cambio de calado en la estructura de la Unión Europea y se resume en una frase: “Más Europa pero también otra Europa”. La formación que lidera Pedro Sánchez se quiere así colocar en línea con el movimiento liderado por François Hollande desde Francia y Matteo Renzi desde Italia en busca de recuperar el espacio perdido por la socialdemocracia durante la crisis con un cambio de política a nivel europeo.

Bajando a los puntos concretos de la propuesta de los socialistas españoles, ¿son factibles? ¿Quiere Europa una mayor unión? Hace tiempo que todos parecen de acuerdo en que el proyecto común no tiene mucho más tiempo ni hueco para más parches para solucionar los problemas con los que nació su estructura pero aquí van cinco puntos que los socialistas deberían tener en cuenta para hacer una proposición realista que no suene a grandes titulares de etapa electoral.

1. Igualar los impuestos a las empresas: la bicha

Dice el documento socialista:

La fragmentación tributaria en la Unión Europea constituye una fuente permanente de fraude y elusión fiscal (…) y provocan la percepción ciudadana de que el esfuerzo fiscal y tributario en los diferentes Estados no es homogéneo (…). Es necesario avanzar hacia la armonización del tipo mínimo del impuesto de sociedades.

Armonizar el Impuesto de Sociedades en Europa, es decir, poner un impuesto mínimo igual en todos los países que se cobre a las empresas por su beneficio, es el ejemplo de libro a la hora de hablar de intereses divergentes de los miembros de la Unión Europea. Es la línea roja que se atrevió a trazar Irlanda, con amenaza incluida de salirse del euro, cuando negociaba las condiciones de su rescate. Aceptaba básicamente todo menos que le tocasen su flamante impuesto del 12,5% que atrae a tanta multinacional (en España está actualmente al 28%). Como además tenía el respaldo del Reino Unido, el impuesto irlandés no se tocó.

Si un país con la espada de Damocles de un rescate puede plantear semejante pulso y ganarlo, quién puede albergar esperanzas de una armonización máxime cuando los impuestos directos (y el de sociedades está entre ellos) exigen unanimidad de los Estados para su modificación. Ese sueño tiene además una larga historia.

Como recuerda Francisco de la Torre, inspector de Hacienda y responsable del programa fiscal de Ciudadanos, “Europa no ha sido capaz en casi 15 años de ponerse de acuerdo ni siquiera en una propuesta de base imponible armonizada común”. Es decir, no ha logrado aprobar ni qué se considera beneficio empresarial tributable y cómo se define el reparto de impuestos entre países cuando una misma empresa opera en varios Estados miembros (propuesta de Directiva de armonización de la base consolidada común, o BICCIS, a cuya aprobación también hace referencia el documento socialista).

Como explicó De la Torre ante el Comité Económico y Social Europeo en 2014, al que acudió en calidad de experto, “lo que hay que hacer son planteamientos de mínimos, como establecer normas comunes contra los paraísos fiscales, es decir, lograr que al menos el dinero se quede en Europa”.

Y hay que reconocer que se está avanzando en frenar la competencia desleal entre Estados pero por otra vía que no es la armonización y gracias a un motivo claro: la presión, tanto de la opinión pública como de EEUU. Para empezar, la Comisión Europea la preside hoy Jean Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo cuando se firmaron buena parte de los acuerdos secretos con multinacionales para minimizar su factura fiscal destapados por el Consorcio Internacional de Investigación Periodística (ICIJ) y contados en España por El Confidencial. Para seguir, Estados Unidos se ha cansado de que sus multinacionales usen a países europeos (como Holanda o Irlanda) para crear puentes a paraísos fiscales gracias a los que no pagan impuestos prácticamente en ningún sitio. El caso Apple fue un antes y un después.

De ahí vienen un buen número de investigaciones abiertas pero también los acuerdos de intercambio de información entre países (a nivel europeo y también mundial) que pretenden dar herramientas a las agencias tributarias para investigar si las empresas pagan por lo que ganan en cada país o si los Estados cierran acuerdos secretos con multinacionales que supongan competencia desleal con otras arcas públicas comunitarias. España tiene ya lista, a falta de aprobación en Consejo de Ministros, la normativa para que las multinacionales con sede en este país informen de sus datos país por país a partir de 2016.

2. Para las cajas alemanas no hay MUS

Dice el documento socialista:

La unión bancaria es un elemento fundamental de la unión monetaria para reforzar el sistema financiero, garantizar que contribuya al crecimiento de la economía real y hacer frente a futuras crisis financieras. (…) Se asienta sobre tres pilares: regulación europea, supervisión y resolución únicos para la zona euro.

Uno de los grandes orgullos que exhiben los gobiernos derivado de la crisis financiera y dirigido a estrechar lazos en la Unión Monetaria es el Mecanismo Único de Supervisión del Banco Central Europeo (BCE), el MUS, al que también alude el documento de los socialistas españoles recordando que “ya está en funcionamiento”. Ni mención hacen al alcance limitado del mecanismo.

Este policía común de la banca, que es el reconocimiento explícito de que los supervisores nacionales no son lo bastante independientes, existe para supervisar directamente a las entidades financieras, los riesgos que asumen, la calidad de sus órganos de gobierno y los procesos de toma de decisiones. Pero no mira a todas las entidades y no es casualidad. Como no lo es que fuesen Alemania y Austria quienes pusieran más empeño en defender que el BCE no iba a ser capaz de abarcar con la suficiente diligencia la supervisión de las miles de entidades financieras que operan en Europa (como si las cajas de ahorros no tuvieran capacidad de liarla parda).

Son precisamente el equivalente alemán de las cajas de ahorros españolas, las sparkassen, las que quedaron fuera del umbral fijado para pasar a control directo del BCE. Dicho umbral implica, a saber: tener bajo gestión activos con un valor superior a 30.000 millones de euros, representar el equivalente al 20% del PIB del país o haber recibido ayuda del Mecanismo Europeo de Estabilidad, es decir, haber sido rescatado.

El resultado de ese umbral es que, aunque Alemania por tamaño es el país que más entidades pasan a estar supervisadas por el MUS (21), ha logrado que el 48% de su sistema financiero quede fuera de la supervisión directa.

No son pocas las voces que han señalado los desequilibrios que este juego de tamaños puede generar a medio plazo.

3. Deuda común cuando más pesa la deuda

Dice el documento socialista:

Proponemos la creación de un Tesoro Europeo para la zona euro (…) con capacidad para emitir eurobonos y mutualizar parcialmente la deuda pública de los Estados miembros.

El de los eurobonos es otro de los temas recurrentes que ha mantenido dividida a Europa y en el que, hasta la fecha, ha resultado vencedora la posición en contra, con Alemania en cabeza. El economista jefe del Nomura, Richard Koo, entre otros, ha pasado años alertando a Europa de lo que estaba ocurriendo por el hecho de tener bonos de diferentes países emitidos en la misma moneda. Su explicación es sencilla: cuando un gran fondo de inversión reduce o aumenta su exposición a deuda pública en dólares lo único que puede hacer es vender o comprar títulos del Tesoro de EEUU. Sin embargo, reducir o aumentar su exposición a deuda pública denominada en euros puede hacerse vendiendo todos los bonos de un país y refugiándose en los de otro sin salir de la moneda única. Ese arbitraje, que ya fue dañino al comienzo de la crisis, es incluso más lógico ahora que la recesión y las medidas adoptadas han disparado los niveles de deuda sobre PIB de numerosos países. Alemania se negó incluso a la propuesta del prestigioso think tank Bruegel, con sede en Bruselas, de crear eurobonos (o bonos con respaldo europeo) que cubriesen solo hasta el equivalente al 60% del PIB de cada país cuando muchos países (incluida España entonces) no alcanzaban ese nivel y mucho menos el actual.

La propuesta de mínimos planteada desde diferentes círculos económicos en este punto se refiere a emitir deuda común para fines concretos, como los planes de inversión destinados a estimular la economía.

4. Salario Mínimo común… ¿sólo?

Dice el documento socialista:

El mercado de trabajo, al menos en la zona euro, debe estar más integrado (…). Ello implica construcción de un mercado de trabajo integrado en la zona euro que incluya la portabilidad de las contribuciones a la Seguridad Social, el desarrollo de políticas activas de empleo de dimensión europea y el establecimiento de un salario mínimo para la zona euro en base al salario mediano de cada Estado.

Para José García-Montalvo, catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra, no tiene sentido ponerse a plantear medidas comunes en el mercado laboral cuando los europeos no consideran que Europa sea un mercado laboral único. “En los países del sur se sigue tomando como un drama salir a trabajar a otro país y países del norte, como Alemania, legislan para que quien va a buscar trabajo se tenga que volver a su país de origen si en un plazo determinado no lo encuentra”.

Pero además son los propios sindicatos los que durante la crisis han pedido que no se ponga el foco de forma aislada en los costes laborales sin atender al resto de factores que influyen en la economía, ¿no sería esta una medida en la misma dirección y sentido inverso?

El ejemplo más claro de lo que ocurre cuando te centras aisladamente en todo lo que afecte al coste laboral es el sector del automóvil español, que en la última década ha tenido que ir renunciando a un número cada vez mayor de sus conquistas en materia laboral para lograr atraer producción a sus fábricas. La lucha por el coste laboral, además de la calidad de las líneas de producción, se ha encontrado un obstáculo constante en el precio de la electricidad en España o la mala conexión para el transporte de mercancías (en el país con más kilómetros de AVE por habitante). En un mundo en que las fábricas de una misma compañía compiten por hacerse con producción, modificar un parámetro sin atender al resto puede ser más perjudicial que beneficioso.

5. Es la política, estúpidos

El documento del PSOE repasa toda una serie de argumentos que han creado grietas entre las dos ideologías predominantes en Europa, como “la reforma del BCE para incorporar objetivos de crecimiento económico y creación de empleo, en pie de igualdad con los de inflación”; “armonizar la edad de jubilación en la zona euro” o establecer “un seguro de desempleo europeo”. Sin embargo, ¿no sería necesario avanzar ideologicamente en la visión de Europa para ver si hay recorrido hacia una mayor unión económica?

Javier Flores, jefe de Estudios de Asinver, señala que el problema que hay que solventar en Europa no es económico sino político y tiene su origen, de nuevo, en la propia creación de la Unión. “Francia la apoyó para recuperar la grandeur, para colocarse en el centro de una moneda capaz de ser reserva nacional y defender los ideales que históricamente había abanderado. Alemania pretendía participar en la creación de un área de comercio e influencia. Cuando la economía acompañaba no hubo conflicto entre ambas ideas. Ahora ambos deben darse cuenta de que no hay ideales que defender sin una economía fuerte ni Europa sin defensa de unos derechos comunes”. Y eso no se consigue “llevando a la opinión pública visiones nacionalistas”, como que el norte es una panda de usureros y el sur un montón de vagos, y utilizándola en los procesos electorales. “Hay una labor enorme que hacer desde la educación para hacer que Europa se una”.

Sánchez afianza su control del PSOE con la victoria en primarias de su candidata en Madrid

Sara Hernández

Sara Hernández, alcaldesa de Getafe y candidata preferida por la dirección del PSOE, será la nueva líder del partido en Madrid tras imponerse al diputado regional Juan Segovia. Con la victoria de Hernández, Sánchez afianza su ascendencia sobre la siempre convulsa federación madrileña de donde él mismo procede. Hernández, abogada de 38 años, lleva 13 militando en el PSOE y ha trabajado como cajera de supermercado y taquillera, según ha dicho en varias ocasiones.

Sara Hernández, alcaldesa de Getafe y candidata preferida por la dirección del PSOE, será la nueva líder del partido en Madrid tras imponerse al diputado regional Juan Segovia. Hernández logró el 57% de los votos frente al 42% de su rival en unas elecciones con baja participación. A partir de la semana que viene tomará las riendas del PSM de manos de la gestora que sucedió a Tomás Gómez, fulminado por Sánchez antes de las elecciones municipales y autonómicas.

Con la victoria de Hernández, Sánchez afianza su ascendencia sobre la siempre convulsa federación madrileña de donde él mismo procede. El líder del PSOE cumplió este domingo un año al frente del partido y vive su momento más dulce. Tras meses de dudas sobre su liderazgo y coqueteos de Susana Díaz con la idea de un salto a la política nacional, Sánchez se ha consolidado al frente de la organización y repunta en las encuestas. El partido ha recuperado altas cotas de poder institucional en ayuntamientos y comunidades, gracias a pactos que dejan en un segundo plano una histórica caída en votos.

Es la primera vez que el PSM elige a su líder a través de primarias, mecanismo utilizado habitualmente para decidir los candidatos a cargos institucionales. Hernández, abogada de 38 años, lleva 13 militando en el PSOE y también ha trabajado como cajera de supermercado y taquillera, según ha dicho en varias ocasiones.

Paz provisional

La victoria de Hernández es clara, pero no definitiva. Hace semanas, nadie tenía en su agenda unas primarias. Su convocatoria, antes de las elecciones generales, fue interpretada por muchos como un intento de Sánchez de afianzar el control de una federación que siempre ha sido un polvorín.

Sin embargo, a principios de 2016 deberá celebrarse otro congreso del PSM, esta vez ordinario, en el que deberá renovarse la dirección. La victoria de Hernández es sólo provisional.

Sólo un 43% del censo socialista madrileño participó en la elección de su líder: 6.571 de los 15.000 militantes de la federación. La abstención fue alta en agrupaciones del centro de Madrid con un gran número de militantes. La fecha, en el ecuador del verano, y la percepción en algunos sectores de que las primarias eran una operación de Ferraz son argumentos esgrimidos por los críticos con la dirección nacional.

Segovia, que llamó a Hernández “candidata oficial” en todo momento, ha recibido muchos apoyos de los cercanos a Tomás Gómez, el líder del PSM desde 2007 y hasta febrero. Aunque ambos crecieron a la sombra de Gómez, Hernández se ha ido distanciando de él. Cuando fue depuesto, no dudó en integrarse en la gestora dirigida por Rafael Simancas.

Durante la campaña para estas primarias, Segovia recibió el aval de Felipe González y el apoyo de José Luis Rodríguez Zapatero, Javier Solana y Eduardo Madina, candidato este último vencido por Sánchez en la pugna por el control del PSOE. En otras palabras: aunque la derrota fue clara, los apoyos fueron significativos y podrían servir como base para construir una nueva candidatura en el futuro.

La asignatura pendiente de la integración

En la noche del domingo, Segovia compareció junto a la ganadora y aseguró que Hernández tiene el apoyo del “100% de compañeros”. La nueva secretaria general le ofreció, por su parte, integrarse en la nueva ejecutiva regional. En realidad, no había grandes diferencias entre ambas candidaturas.

Los dos prometieron en campaña un tiempo nuevo y una apertura a la sociedad, pero las discrepancias se limitaron fundamentalmente a los cauces de una mayor participación de las bases en las decisiones del partido.

Que Hernández logre ahora integrar a su rival será clave a la hora de cerrar las heridas de un partido, que ambos candidatos asumen como alejado de los ciudadanos y mermado por la pujanza de Podemos.

A diferencia de Segovia, Hernández no es diputada regional y por lo tanto no podrá consolidarse como la alternativa visible a Cristina Cifuentes en los debates parlamentarios. El portavoz es el exministro Ángel Gabilondo, un independiente cuyo futuro en la asamblea es una incógnita.

Por si fuera poco, Hernández gobierna Getafe, una de las ciudades más grandes de la región (con 173.000 habitantes), en minoría y gracias a un pacto de investidura con Ahora Getafe, candidatura apoyada por Podemos, e Izquierda Unida. A partir de ahora, tendrá que compatibilizar ambos cargos.

Las frágiles mayorías de Cifuentes y Carmena

El tablero político madrileño podría verse sacudido en cualquier momento, brindando una primera prueba a la nueva dirección. En la Asamblea de Madrid, Cifuentes gobierna en solitario y sus escaños, junto a los de Ciudadanos, sólo aventajan en uno a la suma de PSOE y Podemos.

La presidenta regional afronta un cataclismo interno por la posible imputación de al menos dos de sus diputados, Bartolomé González y Jaime González Taboada, como adelantó en exclusiva EL ESPAÑOL al revelar el testimonio de un actor clave en la trama Púnica.

En el Ayuntamiento de la capital, escándalos como el de los tuits de varios concejales o la web Versión Original dan alas a los que auguran que Manuela Carmena podría tener que enfrentarse a una moción de censura tarde o temprano. El papel del PSOE, tercera fuerza en el consistorio bajo el liderazgo de Antonio Miguel Carmona, sería en ese caso decisivo.

Foto: PSOE Getafe/Twitter

El último tren a Katanga

katanga final 2

Cuando el pasado fin de semana Artur Mas alegó, con esa mezcla de fatalismo y rebeldía que siempre termina dando empleo y sueldo a los nacionalistas, que si el 27-S no triunfa la independencia “Cataluña caerá en una vía muerta” y añadió que entonces “en Madrid nos pasarán por encima sin misericordia”, no estaba eligiendo una metáfora cualquiera.

Ilustración: Javier Muñoz

Cuando el pasado fin de semana Artur Mas alegó, con esa mezcla de fatalismo y rebeldía que siempre termina dando empleo y sueldo a los nacionalistas, que si el 27-S no triunfa la independencia “Cataluña caerá en una vía muerta” y añadió que entonces “en Madrid nos pasarán por encima sin misericordia”, no estaba eligiendo una metáfora cualquiera.

Cataluña, la patria irredenta, es para él un tren formado por tantos vagones como partidos, organizaciones sociales, clubes deportivos o entidades diversas se sumen al empeño de la “desconexión” del convoy español que lastra y ralentiza su marcha hacia un destino próspero y glorioso. Mas se siente como el Maquinista de la General que ha plantado la bandera estelada en el morro de la añeja locomotora remozada, que es la lista unitaria, y lanza sus últimos pitidos convocando a los viajeros rezagados, mientras la caldera exhala sus vapores identitarios y el sistema hidráulico del periodismo subvencionado pone trabajosamente en marcha las ruedas.

Es una apuesta en la que sólo la evasión es sinónimo de victoria. Un trayecto sin marcha atrás en el que la alternativa a alcanzar la estación término es la tragedia de quedar atorados en esa “vía muerta” madrileña en la que lo que aguardaría a Cataluña no sería tan sólo el moho, la herrumbre, la parálisis, sino un implacable aplastamiento. Imaginad, queridos patufets, la escena: los patriotas catalanes invocando a la Mare de Deu, apiñados en los vagones con sus vituallas tradicionales y los libros de sus poetas, trémulos de miedo bajo sus barretinas, mientras la inexorable apisonadora española avanza entre la bruma del amanecer como los tanques soviéticos lo hicieron en Budapest y Praga.

Algo sólo comparable al Campo de los Mirlos o las fosas de Katyn. “¡Nos pasarán por encima sin misericordia”! Así apela Mas a la movilización. Así justifica el tal Romeva que le sirve de ariete -o ya veremos si de bumerán- su “¡vamos a por todas!” Lo que piden es un voto de confianza para vulnerar la ley por mor de un insoportable estado de necesidad. O la conquista del paraíso de la independencia o la laminación del ser de Cataluña por la barbarie centralista. Como en 1714 o en 1934.

katanga final 2
Ilustración: Javier Muñoz

Sus argumentos y consignas ya sonaron entonces: “Catalanes: los partidos y los hombres que han hecho públicas manifestaciones contra las menguadas libertades de nuestra tierra, los núcleos políticos que predican constantemente el odio y la guerra a Cataluña, constituyen hoy el soporte de las actuales instituciones… Cataluña enarbola su bandera, llama a todos al cumplimiento del deber y a la obediencia debida al gobierno de la Generalidad… Nos sentimos fuertes e invencibles… La hora es grave y gloriosa… ¡Viva la libertad!”.

Por actuar de forma acorde con esta proclama el Tribunal de Garantías Constitucionales de la Segunda República condenó a Lluis Companys y varios miembros de su gobierno a 30 años de cárcel. Luego fueron indultados. Otro régimen menos humanitario los habría fusilado. De hecho es lo que hizo después el franquismo, como santo y seña de su barbarie. No apelo por supuesto a esa alternativa pero debería existir un término medio entre la represión de una sublevación y la audiencia oficial del Jefe del Estado a quien anuncia su intención de emprenderla.

A medida que pasan los días resulta más incomprensible que el Rey Felipe se prestara a escenificar una normalidad institucional que si de verdad existiera le convertiría en cómplice inconsciente de una conspiración contra el orden constitucional. ¿Tan contagiosa es la estulticia del Estafermo como para que el Jefe del Estado se preste a blanquear con el detergente de la rutina protocolaria los cacareados propósitos de Mas de promover el incumplimiento de la legalidad y tomar a varios millones de españoles como rehenes de sus delirios? Y que no apelen los medios dinásticos a su semblante severo ni traten de amortizar ese error con su posterior advertencia de que los jueces han de aplicar la ley. Sólo faltaba que después del oprobio del Camp Nou le sonriera a Mas como en la foto del cochecito aquel o que no resaltara lo obvio ante los magistrados.

¿Tan contagiosa es la estulticia del Estafermo como para que el Jefe del Estado se preste a blanquear con el detergente de la rutina protocolaria los cacareados propósitos de Mas de promover el incumplimiento de la legalidad y tomar a varios millones de españoles como rehenes de sus delirios?

No se trata de que la Casa Real rompa los puentes institucionales con el Gobierno catalán -si hay que coincidir en un acto público se coincide- pero la audiencia podía y debía haberse aplazado al menos hasta después del 27-S. Faltaron reflejos para responder al condescendiente y perdonavidas “vengo en son de paz” de Mas y no hay mejor síntoma de la mala conciencia que debió quedar en la Zarzuela que la aparición del presidente de Cantabria ejerciendo de portavoz oficioso de la frustración del Rey una semana después.

Si en cuanto al fondo del asunto tuviéramos que basarnos en la aparente firmeza con que Rajoy insiste una y otra vez en que Cataluña no se separará de España, sus antecedentes en materia de bajada de impuestos, independencia judicial, modificación de la ley del aborto o respaldo a las víctimas del terrorismo deberían desatar todas las alarmas. La impresión general es que, en su redomada vagancia, en su olímpica abulia, en su aquietamiento existencial, volverá a irse de vacaciones un cuarto verano en el poder sin haber desarrollado plan de contingencia alguno para abortar la secesión.

Toda vez que Pedro Sánchez sigue sin enterarse de los argumentos que esgrimía Jiménez de Asúa para proclamar en nombre del PSOE la superioridad del “Estado integral” sobre el federalismo, sólo nos queda confiar en que, al cabo de tanta prosopopeya ferroviaria, sea el propio Mas quien haga descarrilar su expreso independentista. Dentro de ese género cinematográfico evocado por él mismo, la película a la que más tiende a parecerse la que se ha montado es de hecho El último tren a Katanga, ungida por Quentin Tarantino como antecedente de su manera de emplear la violencia como pathos narrativo. Y no porque su protagonista, Rod Taylor, sea el actor con el mentón achichonado más parecido al del líder de Convergencia, ni porque emprenda la misión bajo los auspicios de un ficticio presidente Ubi cuya rapacidad nos lleva al Ubu president de Boadella.

El paralelismo surge de la heterogénea recluta de los más audaces para ejecutar su golpe de mano y sobre todo de la mitificación del destino de su peligroso viaje. Como se recordará Katanga -con un peso relativo en demografía y riqueza similar al de Cataluña- trató de separarse de la República del Congo en 1960 cuando Bélgica le concedió la independencia. El presidente electo de la provincia, Moisés Tshombé, rompió unilateralmente con el gobierno de Lumumba -y contribuyó a su asesinato- alegando que su deriva marxista había arrastrado al país al caos.

Toda vez que Pedro Sánchez sigue sin enterarse de los argumentos que esgrimía Jiménez de Asúa para proclamar en nombre del PSOE la superioridad del “Estado integral” sobre el federalismo, sólo nos queda confiar en que, al cabo de tanta prosopopeya ferroviaria, sea el propio Mas quien haga descarrilar su expreso independentista

Era un buen argumento en el apogeo de la Guerra Fría y las minas de diamantes de Katanga constituían un señuelo de primer orden para todo tipo de intereses. Sin embargo, la comunidad internacional no picó en el anzuelo y ninguna potencia respaldó a los separatistas. Por el contrario la ONU envió a sus cascos azules a combatirlos y sofocó, al cabo de dos años de combates, la insurrección. Como telón de fondo legal quedó acuñada su doctrina de que el derecho de autodeterminación de los pueblos debe entenderse como protección de las minorías en el seno de los Estados constituidos y no como aval para romperlos.

No parece que exista ningún Gobierno de ningún país relevante que conceda hoy menos importancia a la integridad territorial de España que la que tenía hace medio siglo la de la República del Congo. Que no se siga engañando pues a los catalanes más incautos con el ejemplo de los nuevos Estados creados en Europa tras el desmoronamiento del imperio soviético. En primer lugar tendría que producirse un colapso equivalente de la Unión Europea. Y en segundo lugar hay que subrayar que incluso en ese contexto sólo hay dos modelos: la separación por mutuo acuerdo o la vía balcánica con su interminable reguero de destrucción y muerte.

Como ningún gobierno español aceptará nunca, bajo ninguna circunstancia, la secesión ilegal de Cataluña y cualquier acto de fuerza de la Generalitat sería contestado en el mismo plano -además del artículo 155, la Constitución también incluye el 116 que regula los estados de Alarma, Excepción y Sitio- con el respaldo sin fisuras de las instituciones europeas, el último tren a Katanga del comando de Artur Mas, con el chico de la colonia como adorno, sólo puede terminar en el fondo del barranco.

A esos efectos da igual que obtengan 60 o 120 escaños. Nadie puede disponer unilateralmente de lo que comparte con otro. Los diamantes de Katanga eran de todos los congoleños y la soberanía de Cataluña concierne a todos los españoles. Sólo una modificación de la Constitución que incluyera una Ley de Claridad como la de Quebec daría paso a hablar de procedimientos y porcentajes y es obvio que si para reformar un Estatuto de Autonomía se requieren los dos tercios de la cámara catalana, una decisión de alcance superior también exigiría una mayoría aún más cualificada.

¿No son conscientes de todo esto Mas, Junqueras y el chico de la colonia? Hay quien sostiene que lo que buscan es perder con dignidad -de ahí el artefacto de una candidatura apolítica liderada por un político distinto del que, emboscado en el cuarto puesto, seguiría en el poder en caso de victoria- pero corriendo el riesgo de pasarse de frenada como le ocurrió a Tsipras con el referéndum griego.

No tienen salida. La derrota les arrojaría al abismo por el lado de la vía del ridículo, la victoria los precipitaría por el flanco del suicidio. Su problema no es España sino el orden mundial. Por eso el epitafio que les recordará en el fondo del barranco dirá algo parecido al dedicado a una de las primeras víctimas del último tren de Katanga: “Le mató un arma china, pagada con rublos rusos, fabricada con el acero de una factoría alemana que construyeron los franceses, y transportada hasta aquí por una aerolínea sudafricana, subvencionada por los Estados Unidos”. Con la homologación de Bruselas, faltó añadir.

Nuestro sirtaki

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“Violar las grandes leyes de la naturaleza es un pecado mortal, no debemos apresurarnos o resistirnos sino obedecer el ritmo eterno”, le dice Zorba el Griego a su “patrón” británico. Y para demostrárselo le enseña a bailar el sirtaki.

La mayoría de quienes hace medio siglo se levantaron de las butacas de las salas cinematográficas fascinados por este final trepidante de la laureada película, creyeron que esa danza in crescendo, basada en cruzar los pies con la mano apoyada sobre el hombro de cada compañero de fila, era parte del folklore tradicional griego. Eso mismo piensan los turistas que, a pesar de la incertidumbre sobre si a partir de este lunes les darían el cambio en euros o dracmas, han seguido disfrutando de las alegres veladas en las tabernas de Atenas.

La verdad es que, aunque su fuente de inspiración fueran los ritmos lentos del “sirthos” y los rápidos del “pidikhtos”, el compositor Nikis Theodorakis inventó un baile completamente nuevo como plataforma de lucimiento para su subyugante banda sonora. Como si de una profecía autocumplida se tratara, el sirtaki se ha convertido 50 años después en una seña tan tópica de la identidad griega como las corridas de toros o el flamenco lo son de la española.

No es pues la primera vez que algún escritor u humorista gráfico representa con este baile la recurrente crisis griega en el seno de la UE. Sánchez Merlo lo acaba de hacer en este blog en uno de sus atinados comentarios y recuerdo un chiste en el que las autoridades comunitarias obligaban a Papandreu a bailar hasta reventar y otro en el que al efímero Papademos, sujeto entre Merkel y Sarkozy, no le llegaban los pies al suelo. Pero sí es la primera vez en que, por la inmediatez de nuestras elecciones generales, procede representar a los principales actores de la política española fatídicamente encadenados entre sí por la danza de Zorba.

La dificultad del sirtaki político radica en mantener el “ritmo eterno” que no es otro sino el que marca la orquesta de los acontecimientos. No sirve pues ni acelerar revolucionariamente el curso de la Historia como pretende Pablo Iglesias, ya que el riesgo de descarrilamiento es palmario, ni permanecer estólido, fingiendo el movimiento a base de arrastrar los pies, como viene siendo la costumbre de Rajoy.

Situados en los extremos de la fila, uno y otro sólo disponen de un punto de apoyo o ligamento y eso propicia que puedan perder el compás y el equilibrio. Como bien saben los aficionados al ciclismo, igual riesgo de caerse tiene quien olvida el control de su máquina al lanzarse alocadamente al sprint como quien se queda demasiados segundos clavado sobre la pista, cual pasmarote sobre ruedas, a la espera de lo que hagan sus rivales.

nuestro sirtaki 4

La crisis griega ha retratado muy bien a Iglesias y a Rajoy. El uno se apuntó con entusiasmo al “no” en el referéndum –festejándolo casi a la vez que Marine Le Pen– y el otro apostó sin rubor por el Grexit, importándole poco que la patada en el trasero de los griegos se la pudiera dar la UE en el futuro de todos. El uno trataba de capitalizar el órdago demagógico al orden establecido y el otro el castigo implacable al transgresor. Al aprovechar el “no” para aplicar medidas al menos tan duras como las que implicaba el “sí”, Tsipras les ha dejado a ambos compuestos y sin relato.

¿Qué sería del Coletas sin el Estafermo y a la recíproca? Ambos se retroalimentan en la añeja dinámica de las dos Españas. Ni los crecientes escrúpulos de buena parte de sus propios compañeros de viaje ante el cesarismo de Iglesias y su Mesalina de quita y pon, ni la gélida advertencia de Aznar de que hasta en su miedo manda él, les arredra lo más mínimo. El uno tiene que asaltar el cielo y el otro el cuarto de estar de su vivienda unifamiliar para satisfacer a sus respectivas clientelas.

Todo sería distinto si Rajoy hubiera cumplido sus promesas electorales, ejecutando el claro mandato que recibió de las urnas y manteniendo a una mayoría social cohesionada en torno a los valores liberales de la clase media que confió en él. Incluso si ahora entendiera el mensaje que por tres veces le ha remitido su base social –europeas, andaluzas, municipales– y renunciara a ser candidato a la Moncloa por cuarta vez.

Si este fin de semana, en vez de la improvisada Convención para promocionar a los sobrinos del Pato Donald –Pablito, Jorgito y Andreíta– que han sustituido a Hernández y Floriández y volver a adular a un jefe en el que no creen, las mesnadas del PP celebraran unas primarias limpias y abiertas para elegir un nuevo candidato a la Moncloa, sus posibilidades de éxito electoral se dispararían exponencialmente. Dejarlo para la próxima, igual que hacía el felipismo con las medidas anticorrupción que indultaban políticamente a cada hornada de consentidores, supone aplazar también la resurrección.

 

¿Qué sería del Coletas sin el Estafermo y a la recíproca? Ambos se retroalimentan en la añeja dinámica de las dos Españas… El uno tiene que asaltar el cielo y el otro el cuarto de estar de su vivienda unifamiliar para satisfacer a sus respectivas clientelas.

No es cambiando de actores de reparto o reemplazando su logotipo por una señal de tráfico, en la que parece que pone Prohibido Pasar, como tendrán sus males remedio. Sólo les faltaba aclarar que el nuevo símbolo es “minimalista” –como todo lo que se cuece ahí– y que han cambiado la gaviota por el charrán que, según el diccionario antes que “ave marina” es “pillo o tunante”.

Con Rajoy como símbolo y tapón de la vieja política, sustentado tan sólo en los pelotas del grupo parlamentario que anhelan repetir y en los capos mediáticos que le sirven de bochornoso aguamanil a la espera de concesiones, fusiones y demás favores in articulo mortis, nada permite predecir que habrá tres sin cuatro. Y menos si el aun jefe de Gobierno insiste en pasar del plasma a la logorrea, como si de repente tuviera que “darse a conocer”, tal y como aviesamente recomendó González a Almunia. De resultas de esa nueva estrategia ya ha quedado claro que nuestro gran endeudador ni siquiera se sabe la dimensión del agujero que genera.

Tampoco es imaginable, y menos si cuaja lo de Ahora en Común, que Podemos vaya más allá de la mítica barrera del 20%. Alcanzarla ya sería una hazaña política, a la vez que un grave indicio de desquiciamiento colectivo. De ahí que quien quiera estudiar los escenarios postelectorales más verosímiles debe fijarse en los dos bailarines que llevan el paso en los puestos interiores de la fila del sirtaki. Un Pedro Sánchez que mantiene alianzas con Podemos y Ciudadanos y un Albert Rivera que ha pactado con el PSOE y el PP. Uno y otro han dado síntomas de sentido común durante la crisis griega, poniendo primero objeciones al referéndum trampa de Tsipras, apostando luego por el “sí” y abogando desde el lunes por un acuerdo sobre el tercer rescate como mal menor.

Especialmente notable me parece la habilidad con que el líder socialista está logrando escabullirse del cliché de radicalismo que los portavoces del PP han tratado de explotar a raíz de sus pactos con Podemos. Las alcaldías de grandes ciudades han sido el peaje que ha tenido que pagar Sánchez si quería afianzar su liderazgo y candidatura, contraponiendo al poder territorial de Susana Díaz el de barones como Vara, Page, Puig, Armengol o Lambán. Sólo en el caso valenciano tenía alternativa, por muy alambicada que fuera, y es una lástima que no jugara a fondo la baza del pacto con Ciudadanos y la abstención del PP.

Hubiera sido una especie de ensayo general del que se perfila como uno de los escenarios más probables tras los comicios. Desde luego el nombramiento de Jordi Sevilla como responsable económico del gobierno en la sombra de Sánchez no apunta hacia un Frente Popular sino a un pacto de centro izquierda con Rivera. Tal vez por eso el ex ministro ha recibido muchas más llamadas de felicitación –y alivio– de grandes empresarios que cuando sus “dos tardes” con Zapatero.

Tampoco la iniciativa de reforma constitucional del PSOE, en la que hay propuestas razonables junto a otras tan nefastas como el blindaje de la inmersión lingüística, parece orientada a entenderse con la izquierda radical. Si el PSOE obtiene un escaño más que el PP, el pacto con Ciudadanos –desmochando estos residuos tóxicos de la colaboración con los nacionalistas, bajo el sauce de la bandera nacional– estaría servido. Incluso si el PP fuera el más votado, pero existiera una mayoría aritmética de izquierdas, sería más probable la investidura de Sánchez con el apoyo de Rivera y la abstención de los populares. Eso daría paso a una legislatura de inestabilidad pero en la que resultaría inimaginable una moción de censura apoyada a la vez por Podemos y el PP.

El nombramiento de Jordi Sevilla como responsable económico del gobierno en la sombra de Sánchez no apunta hacia un Frente Popular sino a un pacto de centro izquierda con Rivera.

Caben otras dos hipótesis: la poco consistente de que Ciudadanos esté levemente por encima del PSOE y el binomio se forme para investir a Rivera y la más verosímil de que el PP ponga distancia de por medio en lo que queda de legislatura y sea con diferencia la lista más votada y el grupo parlamentario con más escaños. En ese caso funcionaría el precedente de la Rioja y Rivera pondría como condición para completar una mayoría de centro derecha que el presidente no fuera Rajoy. Eso mismo plantearía el PSOE en el enrevesado escenario de que Ciudadanos fuera irrelevante y se hablara de una gran coalición.

De todo ello se deduce que sólo si el PP repitiera mayoría absoluta o algo parecido podría considerarse asegurada la investidura de Rajoy. Teniendo en cuenta que para ello tendría casi que duplicar su actual intención de voto, resulta todavía más difícil de entender el empecinamiento del jefe del Gobierno en concurrir por cuarta vez al frente de la candidatura conservadora. Marcado para siempre por sus SMS de complicidad a Bárcenas, su rechazo popular es altísimo, carece de respaldo social espontáneo alguno y hasta la persona que le designó le ha invitado a dejar paso a otro en los términos que la urbanidad política permite. Pero por acabar con una cita del mismo Zorba existencialista y cazurro con el que empecé, “no sirve de nada golpear en la puerta de un sordo”. Y no digamos nada si es alguien que se lo hace.

Así te contamos la noche electoral

Todos los detalles de la jornada con la opinión de Pedro J. Ramírez, la información de nuestros reporteros y los gráficos de Antonio Delgado, Patricia López y David Domínguez. 

Todos los detalles de la jornada con la opinión de Pedro J. Ramírez, la información de nuestros reporteros y los gráficos de Antonio Delgado, Patricia López y David Domínguez.

‘Gobernantes’ en la ‘torrentera’

Paco el del Molino volvió de su viaje de novios durante la semana que precedió al 12 de abril de 1931. Casi como por ensalmo se encontró con que los concejales escogidos por los vecinos en las elecciones de ese domingo “echaban roncas contra el sistema de arrendamiento de pastos”. Entre ellos estaba su padre. “Al saber esto Paco el del Molino, se sintió feliz y creyó por vez primera que la política valía para algo”.

Paco el del Molino volvió de su viaje de novios durante la semana que precedió al 12 de abril de 1931. Casi como por ensalmo se encontró con que los concejales escogidos por los vecinos en las elecciones de ese domingo “echaban roncas contra el sistema de arrendamiento de pastos”. Entre ellos estaba su padre. “Al saber esto Paco el del Molino, se sintió feliz y creyó por vez primera que la política valía para algo”.

Así lo explica Ramón J. Sender en su conmovedor Réquiem por un campesino español. Enseguida describe el impacto que aquellos comicios tuvieron en el pueblo: “Los nuevos concejales eran jóvenes y, con excepción de algunos, gente baja… El resultado de la elección dejó a todos un poco extrañados. El  cura estaba perplejo. Ni uno sólo de los concejales se podía decir que fuera hombre de costumbres religiosas”. Aún estaban asimilando el resultado, cuando “se supo de pronto que el Rey había huido de España”.

Nada equivalente hay este domingo en juego porque, a diferencia de lo que ocurría entonces con la dictadura de Primo de Rivera, el franquismo queda ya muy lejos y el actual monarca sólo desempeña funciones representativas. A nadie parece molestarle que quien entregue la copa de la Euroliga a Felipe Reyes sea el Rey Felipe, sobre todo si el protocolo no deja demasiado claro quién de los dos es el pívot y quien el Jefe del Estado. Pero hecha esta salvedad no sería una exageración alegar que estamos ante las elecciones municipales -y autonómicas- de mayor trascendencia política desde aquellas míticas del 31.

Hasta la propia María Dolores de las Mentiras que una vez más ha hecho honor a su renombre omitiendo en su declaración de bienes 12.000 metros cuadrados de cigarral recreativo, acaba de reconocer que estos comicios “van a condicionar los próximos veinte años de la vida española”. Podríamos incluso percibir una serie histórica con intervalos parecidos desde el advenimiento de la democracia. Pero así como las elecciones del 79 estuvieron rodeadas de la épica de la recuperación de la libertad municipal y dieron en las grandes ciudades las primeras victorias a la izquierda desde los tiempos de la República; y así como las elecciones del 95 marcaron el gran bandazo hacia la derecha que al año siguiente llevó a Aznar a la Moncloa, unas y otras no fueron sino expresiones del bipartidismo esbozado ya en el 77. Casi cabría decir que sirvieron para extender y consolidar por todo el territorio la alternancia de lo que hoy denominamos la casta.

La gran singularidad del envite de este 24-M consiste en que lo que se plantea no es un nuevo episodio rotatorio entre los dos polos de un mismo “enquistamiento” -así definía el doctor Marañón el turnismo de la Restauración-  sino un cambio radical en el modelo de representación política de los españoles. Podemos tiene una intención de voto muy superior a la de los mejores tiempos del PCE o Izquierda Unida y Ciudadanos ha irrumpido con muchos más apoyos de los que tuvieron nunca el CDS o UPyD. El catch a cuatro,  apenas intuido tras unas elecciones europeas que dieron visibilidad a los recién llegados, será dentro de unas horas una realidad política cuando las formaciones morada y naranja logren significativas cuotas de poder local y regional.

Ilustración: Javier Muñoz
Ilustración: Javier Muñoz

A nada que se cumplan las predicciones, viviremos la noche de los cuatro vencedores. Rajoy presentará ufano al PP como el partido más votado en ambas contiendas, Pedro Sánchez celebrará el importante recorte de los casi diez puntos y más de dos millones de votos que en las municipales del 2011 postergaron al PSOE respecto a su tradicional oponente y tanto Iglesias como Rivera se cuidarán muy mucho de recaer en el síndrome de Muskie -el candidato que se retiró llorando cuando en las primarias de New Hampshire obtuvo un triunfo menos arrollador del pronosticado- y celebrarán con brío sus logros, por mucho que se desvíen de las mejores encuestas.

Será el lunes por la mañana, una vez que se empiece a barrer el confetti, cuando el peso de la aritmética mostrará un escenario político muy diferente al actual pues, al margen de que cambie el color de más o menos gobiernos, las que se habrán esfumado serán las mayorías absolutas en las que hasta los peores mindundis y las más lelas han cimentado su prepotencia.  Ya anticipo que del río revuelto de la fragmentación del poder, lo normal es que la ganancia de pescadores corresponda a los ciudadanos. Cuanto menos sobrados y más azacaneados vayan quienes rijan ciudades, comunidades y provincias, menor será el riesgo de que abusen de nosotros.

Durante estas dos semanas de campaña el miedo a perder -rictus de pánico a veces- ha colgado permanentemente de la faz de los dos grandes y eso ya supone de por sí una satisfacción compensatoria de la ristra de pavadas y memeces que se desgranan en los mítines. El momento culminante aconteció en Santander el sábado pasado cuando Rajoy enfatizó, con campanudo retintín, que toca elegir “gobernantes y no tertulianos, ni comentaristas de televisión” porque “gobernar es muy difícil y muy serio y no se puede frivolizar”. Al día siguiente Pedro Sánchez complementó la argumentación en Zaragoza alegando que “el PSOE no es fruto de una torrentera” y que su “hoja de servicios” y su “sabiduría histórica” le legitiman para reemplazar al PP.

O sea que si estuviera en sus manos expenderían al alimón un carné de político, reservado exclusivamente para quienes acrediten varios trienios de militancia en una u otra empresa de empleo permanente. Si por ellos fuera, sería el único título habilitante para el ejercicio rotatorio de la profesión gubernamental u opositora y un escudo de defensa frente al intrusismo de los seguidores del Naranjito y el Coletas. Rajoy considera que sólo gobernando -o mejor dicho estando ahí- desde la más tierna infancia se puede gobernar -o mejor dicho seguir estando ahí- en la achacosa senectud. Y Sánchez viene a decirnos que haber protagonizado disparates y desmanes varios en distintas etapas del pasado es el mejor aval para tener la oportunidad de reproducirlos en el futuro.

A mí en cambio me parece que lo más atractivo de Podemos y Ciudadanos es precisamente lo de las tertulias televisivas y sobre todo lo de la “torrentera”. Es decir, su turbulento adanismo. Que hayan nacido como quien dice ayer, en plena plaza pública, en medio de la frustración y la cólera que la incompetencia y la corrupción de los instalados ha producido en la parroquia. Son hijos de una “pareja tan española -Ortega dixit– como el enojo y la esperanza”, e instrumentos por lo tanto, por mucha que sea a veces la distancia ideológica, de cuantos en esta encrucijada anhelamos un cambio radical en las reglas del juego de la vida pública.

La imagen de la campaña es la niña enfurruñada de Soraya que ha brotado de la estampa blandengue de la niña de Rajoy como una distorsión de pesadilla de aquella etiqueta clónica del Anís del Mono. Si los profesionales son Soraya o Margallo, Chaves o Griñán, que vengan pronto los amateurs a sustituir intereses creados por amor al arte. “No sabiendo los oficios los haremos con respeto”, escribió León Felipe. “Para enterrar a los muertos como debemos, cualquiera sirve, cualquiera menos un sepulturero”.

Si los protectores de la corrupción no son capaces de hacerse personalmente el harakiri, ni siquiera cuando les pillan con la pistola humeante en la pantalla del teléfono, menos aún pondrán bajo tierra el sistema que les nutre. Y esa es la clave de lo que nos pasa: el problema no es que hayan surgido tres, treinta o trescientas manzanas agusanadas sino que la podredumbre sea la condición natural del huerto y contamine hasta la carretilla y el cesto.

Cuando después de todo lo ocurrido la única “injusticia e ingratitud” que Aznar reprocha al PP de Rajoy es la cometida con Ana Botella y cuando Felipe González emerge una vez más de la bruma del pantano para marcar territorio a sus últimos polluelos, hay que abandonar toda esperanza de que los cambios radicales que necesita España vayan a surgir de ese duopolio. A la hora de la verdad en el PP y en el PSOE se cierra filas con quien manda, “como con la madre, con razón o sin ella”. Y la manipulación impregna los últimos espasmos preelectorales para identificar a Podemos con ETA o dar por hecho que Ciudadanos pactará con la izquierda, aunque lo que más debe preocuparnos a todos es que la declaración de la renta de Aguirre haya salido de la Agencia Tributaria de Montoro.  Al margen, claro está, de la obligación de publicar de los periódicos.

Es una lástima que la campaña concluya sin que ninguna de las dos fuerzas innovadoras haya puesto el foco en el paradigma López Aguilar: ¿cómo es posible que el padre de una ley por la que miles de ciudadanos son encarcelados por si acaso, haya podido escudarse en su aforamiento en un asunto estrictamente privado? También es una pena que nadie haya cuestionado el dispendio que supone celebrar elecciones andaluzas en marzo y catalanas en septiembre cuando tenemos unas autonómicas en mayo; o por qué la asamblea de una comunidad uniprovincial cuya población se concentra en el municipio de Madrid tiene nada menos que 129 diputados enganchados a la sopa boba.

Tras haber sido cortejado durante dos semanas por quienes lo ningunearon durante cuatro años, cada votante en cada municipio se convierte ante las urnas en una especie de señor de horca y cuchillo por un día. Es la hora del ajuste de cuentas”.

Bravo, en cambio, por la actitud de Ciudadanos al requerir al PP que se democratice como condición para pactar. La centelleante Inés Arrimadas lo explicó de forma convincente la otra mañana en esRadio: “No pedimos ni sillas ni concejalías sino unas mínimas bases de lucha contra la corrupción”. Y no cabe duda de que las primarias son un gran filtro para apartar del cursus honorum a personajes bajo sospecha. Si alguien quiere ser tu socio, si alguien pretende exhibirse contigo en público, es normal pedirle que guarde ciertas normas de urbanidad política.

Pero no adelantemos acontecimientos. Tras haber sido cortejado durante dos semanas por quienes lo ningunearon durante cuatro años, cada votante en cada municipio se convierte ante las urnas en una especie de señor de horca y cuchillo por un día. Es la hora del ajuste de cuentas. Lo singular de estas elecciones es que la aparición de nuevos actores ha arrojado al turbión de la incertidumbre a muchos personajes acostumbrados a navegar bajo el velamen de la comodidad y ahí tenemos a Esperanza, Rita, Fabra, Bauzá o la propia Cospedal chapoteando entorno a Rajoy con el agua al cuello, mientras Susana y Pedro Sánchez se aferran al mismo flotador pero se dan patadas subacuáticas a la espera de las carambolas del resultado.

Parecen personajes de un cuadro del Bosco o condenados al infierno de Dante tendiendo ansiosamente la mano a los únicos que pueden poner fin a su tormento: los votantes. En las próximas horas cada uno de nosotros decidirá a quién desea indultar, a quién quiere someter a la penitencia de tener que negociar su supervivencia y a quién pretende enviar para siempre al fondo del averno. No se trata de echar a ningún Rey pero sí de poner al menos contra las cuerdas a todo un Régimen. Una jornada en suma para sentirse dueños del destino colectivo y creer, como Paco el del Molino, “que la política sirve para algo”.