Yo vi jugar a Pau Gasol

Pau-Gasol-encuentro-Francia-REUTERS_65003500_38248_854x480 Con 35 años y renqueante desde el encuentro ante Grecia, Pau Gasol agiganta su grandeza con 18 de los últimos 28 puntos de España ante Francia para derrotar al anfitrión y actual campeón de Europa, vengar el Mundial de 2014, alcanzar la final del Eurobasket y certificar la clasificación para los JJOO de Río 2016.

Pau-Gasol-encuentro-Francia-REUTERS_65003500_38248_854x480No será este un artículo en primera persona. Ni mucho menos, pero dentro de algunos años -muchos, esperemos- usted, querido lector de EL ESPAÑOL, y yo podremos decir que vimos jugar a Pau Gasol. Será una frase que nos llene de orgullo, de recuerdos imborrables y también, delo por seguro, de nostalgia. Porque Pau Gasol, antes o después, ley de vida, terminará su recorrido con España, dejará de representar nuestra bandera, de regalarnos noches de gloria y sueños que parecían irrealizables. Porque algún día, usted y yo, descubriremos que vivimos un sueño. Tan grande como el de Rafa Nadal, igual de surrealista, igual de increíble. Pero fue verdad, lo vivimos. Usted y yo.

Se escabulle a la memoria su imagen imberbe y espigada, de aquellos tiempos cuando Sasha Djordjevic, entonces su mentor en el Barcelona, el domingo quizás entrenador del rival por el oro continental, abroncaba a Gasol y a su inseparable Juan Carlos Navarro por fumar a escondidas. Retoza en nuestra mente su aspecto de quinceañero con acné cuando David Stern le puso la gorra de los Atlanta Hawks en aquel draft de 2001. Aparece entre brumas su tímido gesto de desafío a Kevin Garnett (mirada abajo, hombro contra hombro) después de ese mate remontando la línea de fondo, botando con la izquierda, hundiéndola a dos manos…

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40 puntos, 11 rebotes, 11 faltas recibidas y 1 tapón. 52 de valoración. Pau Gasol anotó el 50% de los puntos de España en el Metropole Arena de Lille. 40 de 80, que se dice pronto. Ni los 27.000 franceses que abarrotaban las gradas ni los 100.000 hijos de San Luis habrían podido con el de Sant Boi. Con 35 años y renqueante desde el encuentro de cuartos de final ante Grecia, Pau Gasol anotó 10 de los últimos 14 puntos de España en el último cuarto (los otros cuatro fueron de Sergio Rodríguez) y ocho de los 14 puntos que la selección de Sergio Scariolo -que también tiene su mérito, y mucho- firmó en la prórroga.

La última gesta del sin duda alguna mejor jugador español de todos los tiempos. La última de muchas. Desde jugadas concretas como aquel mate ante Garnett o aquel contrataque, ya con los Lakers, con él dirigiendo la transición como si fuera un base de 1,80 pasándose el balón entre las piernas antes de dar la asistencia mirando al tendido. Desde aquella clasificación histórica de los Memphis Grizzlies para los playoffs de la NBA por primera vez en la historia de la franquicia gracias a él y a nadie más que a él a sus anillos con los Lakers.

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Desde aquel Mundial de Japón, en 2006, liderando en el parqué y también fuera de él. Sus números ante Argentina en semifinales, lesión incluida. Su capacidad para aglutinar a la selección que se proclamaría campeona del mundo en torno a su figura a pesar de que ni siquiera pudo jugar en aquella final ante Grecia.

Primeros retazos de una grandeza que no encuentra su fin, que no alcanza su cima. Ni siquiera con sus anillos de la NBA, ni siquiera cuando todo el Reedem Team pasó por el banquillo de España para rendir pleitesía al hombre que les mantuvo en jaque en las finales olímpicas de Pekín y Londres. Ni siquiera con su actuación ante Francia en un estadio de fútbol repleto de franceses, ante la actual campeona de Europa y defensora del título. Ni siquiera con una España mermada por las bajas de Calderón, Navarro o Ibaka.

Ni con todos esos condicionantes encuentra techo su grandeza, porque mientras toda España celebraba el pase a la final, la vendetta tras lo sucedido en nuestro Mundial en 2014 y la clasificación para los Juegos Olímpicos de Río 2016, él, calmado, bajas las pulsaciones y voz serena, respondía a un sencilla pregunta como sólo se puede esperar de él.

– ¿Qué le has dicho a tus compañeros?- Les he dicho enhorabuena, pero ahora queremos el oro.