Arranca el juicio por la legítima de los hijos de la ‘duquesa roja’

pilarLos hijos de la “duquesa roja” reclaman su legítima en un juicio que según todas las partes será “largo y complejo”. Leoncio, Pilar y Gabriel González de Gregorio y Álvarez de Toledo reclaman sus derechos como herederos del patrimonio de su madre, integrado en la Fundación Casa Medina Sidonia.

 

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Pilar de Medina Sidonia. / Gtres

Este miércoles comienza en el Juzgado  de Instrucción número uno de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) un juicio que según señalan todas las partes implicadas será “largo y complejo”. Leoncio, Pilar y Gabriel González de Gregorio y Álvarez de Toledo reclaman sus derechos como herederos de la legítima del patrimonio de su madre, integrado en la Fundación Casa Medina Sidonia.

“Es una locura lo que se está diciendo de que queremos acabar con todo el patrimonio catalogado como Bien de Interés Cultural. Yo siempre he defendido, que si el juez determina que nos corresponde lo que estamos reclamando de nuestra legítima, el Estado tiene todo el derecho  hacernos una oferta, que por supuesto yo aceptaré dentro de unos parámetros. Pero de ahí a decir que queremos saquear la Fundación Casa Medina Sidonia que creó mi madre, no es cierto”, apunta Pilar Medina Sidonia, una de las hijas de la “duquesa roja”  a EL ESPAÑOL. Cada uno de los hijos acudirá con un abogado diferente pero no sólo porque las relaciones entre ellos no sean buenas: “Cada uno tiene unas reclamaciones y unas posiciones distintas. A Leoncio le corresponde además de la legítima, el tercio de mejora. Por lo que sus intereses son cuantitativamente mayores”, apunta uno de los letrados.

Donación inoficiosa

Este mediático proceso sienta en el banquillo también a la abogada Urquiola de Palacio, designada por la duquesa para la partición de sus bienes, y que en su día determinó que rondarían los 60 millones de euros. “Es inaudito que una de las personas de confianza de mi madre también haya sido demandada, cuando lo único que hizo fue encargarse de repartir de los bienes tal y como ella le encargó por amistad y cariño”, explica uno de los hijos.

Urquiola tuvo que demostrar en su día, que la “duquesa roja” llevó a cabo una donación inoficiosa a la Fundación, que excedió el valor de su tercio de libre disposición donándolo a la Fundación. Para hacer la valoración oficial ello se tomó como referencia el catálogo de bienes de la Fundación Medina Sidonia elaborado en su día por la UNED.

“Tiene lagunas, no aparecen todos los documentos, ni piezas artísticas que sabemos y tenemos comprobado que estuvieron allí. Exigimos transparencia. Le pedimos a Lilian, viuda de la duquesa (contrajo matrimonio “in artículo mortis”, el mismo día del fallecimiento) y presidenta vitalicia de la Fundación que nos dejara que Susana Bardón, experta en catálogos monográficos, hiciera uno más exhaustivo, pero se ha negado en todo momento a colaborar”, apunta una de las partes.

Los bienes adscritos a la Fundación Casa de Medina Sidonia (el Palacio de los Guzmanes, en Sanlúcar de Barrameda, y todas las obras de arte, libros y mobiliario que contiene, así como el Archivo) gozan de la categoría de Bien de Interés Cultural inscrito en el Catálogo General de Patrimonio Histórico de Andalucía, el máximo grado de protección de Patrimonio Histórico. De ahí que haya formado una plataforma ciudadana para que no se divida el legado de Medina Sidonia “es una intoxicación, porque yo tengo un palacio rehabilitado en San Lúcar, siempre he venido a veranear aquí y a mí nadie ha venido a preguntarme que es lo que estoy reclamando,  ni que voy hacer” afirma Pilar.

Ahora el juez tendrá que determinar primero, si se llevó a cabo una donación inoficiosa del tercio de libre disposición. De ser ahí cuantificarla y a partir de ahí determinar con las partes como reciben esa parte de la legítima que les corresponde, y de la cual a fecha de hoy, y siete años después de la muerte de la duquesa, todavía no han dispuesto. A la familia le gustaría que este asunto se resolviera únicamente en los tribunales pero no han podido impedir el revuelo mediático creado en torno a una fortuna de 60 millones de euros.

 

 

Un cuadro histórico aparece 100 años después en el Museo Cerralbo partido en 21 trozos

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Un siglo después de que se diera por destruido en el incendio que devastó el Tribunal Supremo el 4 de mayo de 1915, un cuadro histórico, El desembarco de Fernando VII en el Puerto de Santa María, ha aparecido en el Museo Cerralbo. El enorme lienzo, de 4,62 cms de alto por 7,30 de ancho, se encuentra ahora fragmentado en 21 trozos. Uno de ellos volverá a exhibirse la próxima semana en el Palacio de las Salesas.

En la imagen, una copia del cuadro original, realizada por Aparicio en un tamaño más pequeño, que se conserva en el Museo del Romanticismo.

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Una copia del cuadro original, realizada por Aparicio en un tamaño más pequeño, se conserva en el Museo del Romanticismo

Ironía de la historia: El desembarco de Fernando VII en el Puerto de Santa María, que inmortalizó el acontecimiento que dio paso a la Década Ominosa y, con ella, a la fulminante supresión del Supremo creado por la Constitución de 1812, fue precisamente uno de los cuadros elegidos para ser exhibido en el Alto Tribunal en 1883, cuando el Museo del Prado lo entregó en depósito junto a otras 86 obras.

El severo rostro del monarca absolutista en el momento de ser recibido por el duque de Angulema, encargado por la Santa Alianza de restituirle en sus poderes frente a las Cortes liberales, pudo ser contemplado hasta el 4 de mayo de 1915 en la antesala que precedía a las Salas Primera y Segunda.

Era un “aparatosísimo” lienzo– según lo describió el humanista Elías Tormo, miembro del Patronato del Museo del Prado en esa época- que servía de “distracción de los abogados vestidos de toga a la espera de las vistas” por el gran número de personajes que en él aparecían. Incluso “en los últimos años se había colocado, para descifrarlos, un cuadrito al pie en el que, numeradas las siluetas, se ofrecían los nombres de muchos de ellos”.

Mayor tasación que un ‘goya’

El alicantino José Aparicio, pintor de cámara de Fernando VII y que, junto a José de Madrazo y Juan Antonio de Ribera, es exponente de la escuela neoclásica, retrató a más de medio centenar de celebridades del siglo XIX: los miembros de la familia real, militares franceses y españoles y representantes de la nobleza y del clero. Hasta las nodrizas de los infantes, los maceros del Ayuntamiento de El Puerto y el patrón de la falúa real tuvieron su sitio en un cuadro que Aparicio tardó en realizar cuatro años y que llegó a tasarse en 180.000 reales a la muerte de Fernando VII. Como sorprendente referencia comparativa, La Familia de Carlos IV de Goya no pasó de 80.000.

Obsesionado con la reproducción fiel de los detalles, Aparicio se desplazó a El Puerto pocas semanas después de la “liberación” de Fernando VII y en noviembre ya había dibujado la barcaza tal como se encontraba en el momento del desembarco, el 1 de octubre de 1823. Terminó el cuadro en 1827 y el Rey dispuso que se presentara al público en la exposición que en septiembre de ese año se celebró en la Academia de San Fernando, según una investigación del historiador del arte Enrique Pardo Canalís. Luego se llevó al Real Museo de Pinturas, antecedente de El Prado.

Una real orden de 9 de marzo de 1883 autorizó el traslado de la tela al monasterio de las Salesas, incautado 13 años antes por el Estado para ser la sede del Tribunal Supremo.

Cuenta Tormo en un relevante artículo publicado en junio de 1915 (“La galería de cuadros del incendiado Palacio de Justicia”) que, saturado El Prado de obras pictóricas procedentes de la desamortización, “comenzó el desfile de miles y miles de lienzos para depósitos en palacios, ministerios (…) y otros centros”.

Lo que pasó en el Palacio de Justicia es que “allí el magistrado encargado de procurar selección en el envío de depósitos era un conocido poeta y un amante de las artes, don Joaquín José Cervino” y fue él quien acudió a elegir los cuadros que habían de trasladarse al Tribunal Supremo “cuando todavía de ellos no había salido a depósitos lo mejor de lo que había de salir”.

“Se ha quemado”

A las Salesas llegaron, de ese modo, obras de Alonso Cano, Ribera, Lucas Jordán… y el lienzo de Aparicio. Las últimas referencias que tenemos de él coinciden en que desapareció en medio de las llamas que redujeron el Palacio de Justicia a poco más que a muros y paredes maestras el 4 de mayo de 1915.

El periódico La Época del día siguiente aseguraba que “entre los objetos de valor destruidos por el fuego figura un Cristo de Alonso Cano (…) También ha sido destruido un cuadro de enormes dimensiones que representaba el Desembarco de Fernando VII en Cádiz”.

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Imagen del incendio que sufrió hace 100 años el Tribunal Supremo.

Elías Tormo también afirmó en el artículo citado que “el gran cuadro (…) del desembarco de Fernando VII en la isla de León, al ser libertado de los constitucionales por el duque de Angulema y los cien mil hijos de San Luis, se ha quemado”.

Y aún hoy la ficha que puede consultarse en la Red Digital de Colecciones de Museos de España, dependiente del Ministerio de Educación, refleja que El Desembarco quedó “destruido en el incendio del Convento de las Salesas reales de Madrid en 1915 (…)”.

Según fuentes del Supremo, a principios de este año la directora del Museo Cerralbo, Lurdes Vaquero, se puso en contacto con la oficina del presidente del tribunal para informar de que en los almacenes del museo se encontraba “un cuadro quemado” que en su día había estado depositado en el Palacio de las Salesas. Tanto el presidente del TS como el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid forman parte del patronato de la Fundación Museo Cerralbo ya que así lo dispuso el XVII marqués, Enrique de Aguilera y Gamboa, al donar su legado artístico a la nación española en 1922. [El actual presidente del Poder Judicial, Carlos Lesmes, no ha asistido nunca a las reuniones del patronato, delegando en el presidente del TSJM, Francisco Vieira].

A raíz de esa llamada, una veterana y eficaz documentalista del Alto Tribunal, María Luisa Román, empezó a investigar tanto el incendio de 1915 como el expediente de El desembarco y, con sus conclusiones, responsables del TS visitaron el Cerralbo con la pretensión de que el cuadro volviera a vestir las paredes del Palacio de Justicia. No ha sido posible: en el Cerralbo se les aseguró que el lienzo está ahora fragmentado en 21 trozos que necesitan ser restaurados para su exhibición. Finalmente, uno de los fragmentos, el del retrato de Fernando VII, va a ser mostrado en la exposición que, con motivo del centenario del incendio, se inaugurará el próximo día 11.

El misterio

Quién sacó el cuadro del Supremo, quién lo troceó y cómo fue a parar a lo que, hasta la aceptación por el Estado del legado de Aguilera y Gamboa en 1924, era una una colección privada forma parte del misterio. La directora del Museo Cerralbo, que atendió amablemente a EL ESPAÑOL, declinó hacer declaraciones al tratarse de un “asunto delicado”. Vaquero, no obstante, ha anunciado su participación en una mesa redonda que se celebrará también el día 11 en el TS.

Este periódico se dirigió igualmente al Ministerio de Educación, que en la tarde de ayer informó de que “la obra, fragmentada en varios lienzos -13 retratos y ocho fragmentos-, fue adquirida en los años 20 en el rastro por el XVII marqués de Cerralbo, Don Enrique de Aguilera y Gamboa, quien a su vez ordenó su restauración para salvaguardar este patrimonio que, en un principio, se identificó como autoría de otro pintor de corte como es José Camarón y Bonanat. La obra recuperada por el marqués de Cerralbo estaba ya incompleta y recortada cuando se adquirió, habiendo sobrevivido un 75-80% del lienzo original”.

Según el Ministerio, gracias a la documentación que se conservó del lienzo, que fue fotografiado por Juan Cabré, primer director del Museo Cerralbo, en 2014 Pilar Tébar Martínez, de la Universidad de Alicante, publicó el artículo “José Aparicio Inglada: de Alicante a la corte de Fernando VII”, identificando los fragmentos con la obra que se creía desaparecida de Aparicio.

“Comienza así una intensa colaboración entre los técnicos del Museo Cerralbo y del Museo Nacional del Prado que ha permitido, entre otros aspectos, la digitalización de todos los fragmentos conservados, el acondicionamiento físico de parte de la obra que aún estaba enrollada (…) y la regularización administrativa de la adscripción de la obra como fondo fundacional del Museo Nacional del Prado”, añade Educación.

De acuerdo con documentos del Museo Cerralbo, la obra de Aparicio ingresó en 1927 por legado de Amelia del Valle y Serrano procedente de la casa que la familia tenía en Santa María de Huerta (Soria). Segunda marquesa de Villa-Huerta, Amelia del Valle era hijastra de Enrique de Aguilera y Gamboa y, a la muerte de éste en 1922, se encargó de cuidar de la colección y asegurar su trasmisión al Estado, tal como estableció el marqués en su testamento, del que Amelia fue albacea.

¿Existe alguna otra obra u objeto procedente del Palacio de las Salesas en poder del Cerralbo? En el Tribunal Supremo creen que sí, pero desde el museo se niega. Por el momento, al menos la parte del cuadro que inmortalizó al Rey que quiso abolir el Supremo volverá a exhibirse en él. Larga vida al Tribunal.

 

La Fiscalía estudia imputar a Jaime Botín por contrabando tras sacar su ‘picasso’ de España

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El banquero Jaime Botín, ex presidente de Bankinter, podría enfrentarse a una acusación penal por contrabando tras sacar de España sin consentimiento un Picasso valorado en 26,2 millones de euros. El cuadro, de nombre “Cabeza de Mujer Joven”, fue localizado el pasado 4 de agosto en el barco que el financiero español tenía amarrado en el puerto de Calvi, en Córcega. El cuadro estaba envuelto y listo para ser enviado a Suiza.

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El banquero Jaime Botín, ex presidente de Bankinter, podría enfrentarse a una acusación penal por contrabando tras sacar de España sin consentimiento un Picasso valorado en 26,2 millones de euros. El cuadro, de nombre “Cabeza de Mujer Joven”, fue localizado el pasado 4 de agosto en el barco que el financiero español tenía amarrado en el puerto de Calvi, en Córcega. Según el servicio francés de aduanas, el lienzo, lejos de colgar en las paredes del yate, estaba envuelto y listo para ser enviado a Suiza. Sin embargo, sobre el cuadro pesa una prohibición expresa de exportación emitida por la Audiencia Nacional.

Según fuentes del caso, la Fiscalía valora ahora si sentar a Jaime Botín en el banquillo. La decisión jurídica tiene distintas interpretaciones; primero porque el banquero no se encontraba presente en el viaje que sacó el cuadro del país (sí estaba en el velero su hijo Alfonso, vicepresidente ejecutivo de Bankinter). Y segundo porque según las alegaciones presentadas ante en Tribunal Supremo por la defensa del financiero, el cuadro está oficialmente a nombre de una empresa panameña llamada Euroshipping Charter Company y barco -pese a estar anclado en Valencia- navega bajo bandera británica. Por lo tanto, nunca habría entrado realmente en territorio español.

Adiós al cuadro

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Jaime Botín.

El periplo del liezo se inició en diciembre de 2012, cuando la casa de subastas Christies solicitó permiso al Ministerio de Cultura para exportarlo a Londres, donde saldría a subasta. A dos días de terminar el año, la cartera de José Ignacio Wert declaró la obra como “inexportable”, en una decisión que los abogados de Botín recurrieron ante la Audiencia Nacional.

La Sección Sexta de lo Contencioso Administrativo, apoyada por los informes de Patrimonio Histórico, denegó de nuevo en 2013 el permiso para sacar el cuadro de España. Los expertos alegaron que  la obra “es una de las pocas realizadas por su autor dentro del denominado período de Gósol, etapa en la que Picasso se ve claramente influenciado por la plástica del arte ibérico”.

La prohibición de sacar el cuadro del país fue recurrida de nuevo por los letrados de Botín al Tribunal Supremo, que todavía no se ha pronunciado. Mientras, el Ministerio de Cultura reclamó explicaciones sobre la ubicación del Picasso. Según fuentes del caso, los expertos de Patrimonio realizaron  una pesquisa en el velero del ex presidente de Bankinter para comprobar el cuidado de la obra. Sin embargo, cuando acudieron al barco, el cuadro no estaba.

Juzgado en Pozuelo

Tras su investigación preliminar, Cultura contactó con la familia Botín para pedir explicaciones. “Explicaciones contradictorias que nos hicieron poner el caso en manos de la Justicia”, explican fuentes del caso. Los informes de Cultura pasaron a manos del equipo de Patrimonio Histórico de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Bajo el mandato de un juzgado de Pozuelo, donde reside el ex presidente de Bankinter, los agentes comenzaron a realizar pesquisas en mayo de este año para localizar el lienzo. Fue este grupo quien recibió la primera noticia de que la pintura había sido localizada en Francia.

El pasado viernes a las 13.00 de la mañana, los agentes de la Aduana francesa realizaron una revisión rutinaria en el velero Adix, amarrado en el puerto deportivo de Calvi, en Córcega. Sus sospechas arrancaron cuando los funcionarios localizaron el lienzo perfectamente embalado, y se confirmaron cuando el capitán del navío les confirmó que iba a ser enviado a Suiza. Sin embargo, no pudo aportar ningún permiso oficial para autorizar la venta.

Los funcionarios galos llamaron desde el mismo puerto a sus compañeros españoles, que se pusieron a su vez en contacto con el Ministerio de Cultura. Fueron los funcionarios de este ministerio quienes trasladaron los datos de la aduana francesa a la Guardia Civil en Madrid.  Ahora, y según informa el portal Infolibre, la fiscalía ha abierto un “expediente gubernativo”, es decir, una información interna para analizar el grado de  responsabilidad penal que pudieran tener tanto Jaime Botín como aquellos que participaron en el viaje para sacar el cuadro de España. “Si se le imputa algún delito, será el de contrabando”, confirman fuentes de la investigación. Según la normativa vigente,  en caso de ser condenado, el banquero se enfrentaría a un período de prisión y una posible multa de 104 millones de euros, cuatro veces el valor de la obra.