El espejismo Corbyn

 REUTERS/Toby Melville

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La elección de Jeremy Corbyn como líder laborista fue saludada en sectores de la izquierda española con una efusión que evoca ejemplos recientes, no siempre con final feliz. 

La elección de Jeremy Corbyn como líder laborista fue saludada en sectores de la izquierda española con una efusión que evoca ejemplos recientes, no siempre con final feliz. Pablo Iglesias intentó capitalizar un supuesto paralelismo, “hurtándole” a Corbyn a la familia socialdemócrata –a la que, bien es cierto, es probable que sólo pertenezca por las particularidades del sistema de partidos británico. Con el fiasco de Tsipras aún presente, quizás la prudencia aconsejaría no correr a abrazarse a figuras que en poco tiempo se consumen en la hoguera de la política real ni intentar apropiarse a toda costa de triunfos que, además de ajenos, pueden acabar amargando.

Pero, al margen del tacticismo electoral, el súbito entusiasmo con Corbyn –que antes fue Tsipras, que antes fue Hollande, que antes fue…– refleja la lectura distorsionada a la que aboca fijarse en personajes y discursos antes que en realidades subyacentes. La elección de Tsipras en enero podía significar un mandato contra la austeridad y un hartazgo respecto a los dos grandes partidos, pero difícilmente que una mayoría de griegos hubieran decidido superar el capitalismo o romper con la UE. Así lo indican a las claras la nueva victoria electoral de Syriza tras la rendición de julio pasado y el fracaso de su escisión purista. El fervor sobrevenido por Corbyn también corre el riesgo de interpretaciones excesivas.

Una de las claves de la elección de Corbyn ha sido el nuevo procedimiento, adoptado durante el mandato de Miliband. Si el antiguo sistema otorgaba el mismo peso a tres colegios electorales (sindicalistas, parlamentarios y afiliados), el nuevo consagra el principio de “un afiliado, un voto” y favorece a las bases frente a las elites del partido. Además, se han simplificado los trámites para afiliarse y votar: uno se registra por Internet y pagando una cantidad más bien simbólica. Este sistema, por cierto, despertó en su momento el miedo de que comunistas y tories se infiltrasen… para votar a Corbyn.

Esta simplificación ha tenido el efecto de multiplicar la afiliación, atrayendo entre otros a un gran número de jóvenes antes desafectos con el partido o la política en general. Hasta qué punto estos votantes jóvenes (ideológicos e hipermovilizados en internet) o las bases laboristas más a la izquierda sean representativos del votante mediano británico en unas generales está por ver, pero no parece haber demasiados motivos para el optimismo.

Como señala David Goodhart en Prospect, la elección de Corbyn no parece corresponder a ningún giro en la opinión pública sino más bien a la búsqueda entre los votantes más politizados de un mensaje distinto y una esperanza tras la mediocridad galopante del período post-Blair, y dada la dificultad de la socialdemocracia actual para ilusionar o vender un proyecto distintivo. Hay incluso quien equipara el protagonismo de Corbyn con el de Nigel Farage en la derecha: candidatos que sobresalen del adocenado discurso político del establishment, vacuo, carente de imaginación y de alternativas, más preocupado de no incurrir en incorrecciones de mensaje o valores que de proponer nada emocionante o disruptivo. Pero lo que para el UKIP puede ser un nicho satisfactorio o exitoso, para el laborismo significa quedarse al margen de las mayorías sociales que dan acceso al gobierno. Frente a las bases laboristas más ideológicas o el universitario de clase media que ha pagado tres libras para votar a Corbyn, la realidad electoral británica aún debe de parecerse más a aquel “Mondeo man” popularizado por Tony Blair: un votante tradicional laborista pero orgulloso de su modesta prosperidad y de los signos de su trabajosamente adquirido estatus, que empieza a percibir el socialismo como una amenaza antes que una esperanza.

Dato interesante: Goodhart compara desfavorablemente a Corbyn con Podemos, en cuanto el partido español sí reflejaría un cambio profundo de tendencia en el electorado. Entre las razones para la desafección de los jóvenes españoles hacia el “sistema”, y muy singularmente hacia el Partido Socialista, están sin duda la dualización y precarización del mercado de trabajo, donde la socialdemocracia y los grandes sindicatos han aparecido más como colaboradores necesarios que como protectores. Esta crisis de aspiraciones se refleja también, sin duda, en el el movimiento pro-Corbyn; aunque, como apunta Goodhart, los jóvenes británicos quizás sean en conjunto más conservadores en términos económicos que los españoles.

Sin embargo, la distribución ideológica de los españoles no ha virado más que marginalmente a la izquierda durante esta crisis. En origen, el propio 15M reflejaba no sólo descontento político y una crisis de representación, sino la frustración larvada de unas aspiraciones materiales básicas, y no exactamente revolucionarias: trabajo, vivienda, la capacidad de construir una vida autónoma y formar una familia. Nada indica que las mayorías de gobierno se ganen ahora peleando por valores extremos de la escala ideológica; ni que la propia escala se haya transformado en ese “arriba vs. abajo” que resume la hipótesis populista de Podemos; ni, en fin, que el espacio de Pablo Iglesias vaya a ser más amplio que el de un hipotético Labour radicalizado. Los problemas de la socialdemocracia, que son reales, no se van a solucionar respondiendo al reflejo de los activistas y el comentariado progresista de “girar a la izquierda” después de cada derrota. Sobre todo si eso significa idealizar el pasado antes que afrontar el presente.

John McDonnell, responsable de Hacienda en el Shadow Cabinet de Corbyn, bromeó en cierta ocasión con que le gustaría viajar al pasado y matar a Margaret Thatcher. La ocurrencia, de mejor o peor gusto, retrata un cierto talante, de nuevo más preocupado por personajes, manifestaciones y símbolos que por el trasfondo. La intelligentsia de izquierdas a menudo parece empeñada en luchar contra fantasmas, y en prepararse concienzudamente para ganar todas las guerras pasadas. Porque, por supuesto, el menor de los problemas de la socialdemocracia europea hoy es Margaret Thatcher. O el giro hacia el “rigor” de Mitterrand en 1983. O, para el caso, Angela Markel. Pese a los discursos apocalípticos, la socialdemocracia ha triunfado en más de un sentido, y muere de éxito: asumida en alguna medida su agenda económica y de valores por todo el espectro político, la paradoja es que hoy parece ofrecer poco de diferencial. Nadie que aspire al gobierno en Europa puede oponerse frontalmente al Estado de bienestar y algún grado de redistribución, e incluso EEUU comienza a mirarse en el espejo escandinavo. Los problemas de verdad atañen a cómo sostener esos Estados de bienestar con una demografía adversa y una realidad laboral compleja, cómo redefinirlos para atender las nuevas urgencias sociales, y cómo conjugarlos con el crecimiento y una inmigración que a veces las clases medias y populares perciben como amenazante.

Los partidos socialistas se enfrentan a dificultades estratégicas que encajan mal en la lógica izquierda-derecha clásica. Goodhart enumera algunas. Sus electorados tradicionales están envejecidos, y la lógica del obrerismo se disipa en economías tercerizadas. En España, como apuntábamos, la dualidad laboral agranda esta fractura entre votantes tradicionales y jóvenes precarios, subempleados y frustrados. Los jóvenes universitarios urbanos y los votantes de más edad, rentas más bajas o circunscripciones rurales divergen en valores: si los primeros comparten una perspectiva posmaterialista con buena parte de sus coetáneos, los otros a menudo defienden valores más tradicionales. Por fin, hay que sumar el dilema territorial, que en el Reino Unido se refleja en la pérdida de Escocia para el laborismo -léase en España el hundimiento del PSOE en alguno de sus feudos tradicionales. ¿Qué soluciones plantean los partidos socialistas en Europa y en España para superar estos retos? No está escrito que sean capaces de generar de nuevo grandes coaliciones sociales uniendo a los trabajadores fijos, a los jóvenes sobrecualificados, a los working poor, a los autoempleados, a los partidarios de más autonomía frente al gobierno central o la UE, a quienes reniegan de la carga fiscal que implica el bienestar, o a quienes recelan de compartir ese bienestar con inmigrantes. (Tampoco sabemos, por cierto, qué opinan de todo esto los supuestos émulos españoles de Corbyn, salvo su decidida voluntad de pescar en el caladero socialista.) Nada es para siempre: los viejos partidos liberales europeos, los socialdemócratas suecos o los laboristas israelíes son testigos de que las hegemonías desaparecen cuando las coaliciones de votantes y los equilibrios sociales que las sostienen se esfuman.

¿Significa esto que el talante y la ideología de los líderes son irrelevantes, y que Corbyn pasará sin pena ni gloria, como muchos vaticinan? Los liderazgos, cuando disfrutan de un cierto capital político, pueden reformular y hasta modelar las preferencias de sus electorados, de abrir camino por así decirlo hacia un nuevo equilibrio político. Algo de eso hubo en Thatcher, como en el tan denostado hoy Blair: supieron reconocer tendencias sociales y reforzarlas desde el gobierno para construir coaliciones ganadoras. Pero esta capacidad es limitada, y quien pretende ejercerla contra las realidades sociológicas y políticas más tozudas suele estrellarse. La lógica del activismo y la de la política no son idénticas, como algunos han aprendido en Grecia y otros están aprendiendo a marchas forzadas en España.

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Jorge San Miguel es politólogo y asesor político. Actualmente colabora con el Equipo Económico de Ciudadanos.

La derrota del vencedor deja en el aire a Cataluña

Junts pel Sí ha ganado aritméticamente las elecciones autonómicas, pero se trata de una victoria pírrica. Tanto el número de  escaños como el porcentaje de votos obtenidos (47%) son un freno para el proyecto separatista de Mas.

Junts pel Sí ha ganado aritméticamente las elecciones autonómicas, pero se trata de una victoria pírrica. Tanto el número de  escaños como el porcentaje de votos obtenidos (47%) son un freno para el proyecto separatista de Mas.

Las elecciones catalanas dejan una Cataluña partida por la mitad y un escenario de manifiesta ingobernabilidad. Partida, porque los afines a la inpedendencia recogen el 47% de los votos. Ingobernable, porque Artur Mas no puede plantear la secesión con el resultado obtenido ni puede presentar un programa de gobierno o aprobar unos presupuestos de la mano de la extrema izquierda y los radicales antisistema.

Si Artur Mas tuviera un ápice de responsabilidad debería presentar hoy mismo su dimisión. Ha sometido a Cataluña a una enorme tensión en los últimos cinco años, con la convocatoria de tres elecciones en ese tiempo, un simulacro de referéndum y sucesivas Diadas y cadenas humanas para agitar la calle. Con todo a favor -el control de los resortes del poder y la unidad de fuerzas por encima de ideologías en torno al sueño independentista- no ha logrado su objetivo.

La candidatura de Junts pel sí (Convergència, ERC y colectivos de izquierda) gana las elecciones, pero consigue 62 escaños, seis menos de los que dan la mayoría absoluta y nueve menos de los que CiU y ERC sumaron en las últimas autonómicas: 71.

Es cierto que con los 10 escaños de la CUP, los partidarios de la secesión alcanzan los 72, que son, aritméticamente, cuatro más de los necesarios para ganar una votación en el Parlament. Pero incluso con la CUP, este bloque obtuvo más escaños en 2010: 74.

La realidad es que si estos comicios hubieran sido un plebiscito, que es el espíritu con el que Artur Mas los convocó, los independentistas lo habrían perdido con menos del 48% de los votos. Es decir, ni tiene margen legal para intentarlo ni ha conseguido el respaldo moral que perseguía.

Aunque intente presentar ahora los resultados como una victoria, la verdad es que, en aras de su apuesta independentista, ha acabado entregando a la extrema izquierda un partido que durante décadas defendió los intereses de la burguesía tradicional catalana. El balance que puede presentar es desolador: Mas tenía 62 escaños en 2010; cinco años después tiene los mismos, pero para lograrlos ha debido de  movilizar desde Lluís Llach a Pep Guardiola, y esos escaños ya no son sólo suyos: los comparte con Romeva y Junqueras.

Mas puede caer en la tentación de decir que el “procés” continúa, pero para seguir hinchando ese globo necesita el aire de la CUP, un partido que quiere sacar a Cataluña de la UE y de la OTAN y que ya anuncia que “desobedecerá” cualquier ley qque no sea de su agrado.

Los grandes derrotados en estas elecciones, junto a Mas, son los populares y Catalunya sí que es pot, la coalición en la que participaba el partido de Pablo Iglesias junto a ICV. El PP pierde ocho escaños y se queda como quinta fuera política con 11 escaños. Los partidarios de Iglesias obtienen otros tantos, pero ICV por sí sola, sacó 13 en 2012.

El batacazo del PP debería llevar a Rajoy a renunciar a ser el candidato de su partido en las generales de finales de año. Ya acumula tres fracasos históricos en 2015: el de las andaluzas, el de las muncipales y autonómicas, y ahora el de las catalanas. ¿Irá a por el cuarto?

Enfrente, el gran ganador es Albert Rivera y Ciudadanos. Este partido triplica sus apoyos y se convierte en la segunda fuerza política en Cataluña, con 25 escaños. Se trata de un resultado histórico que supone un trampolín para Rivera de cara a las generales.

El éxito de Ciudadanos contribuye a hacer más evidente la derrota del ganador aritmético, Artur Mas, para quien, desde hoy mismo comienza su cuenta atrás. Ni ha obtenido la pretendida mayoría absoluta ni la mayoría de votos para su proyecto rupturista. Aunque la CUP se abstenga en segunda votación, sus 62 escaños son uno menos de los que podría aglutinar Arrimadas en torno a la idea de convocar nuevas elecciones que facilitaran la gobernabilidad.

Todo sigue en el aire en Cataluña.

Los memes que mejor plasmaron la locura de la noche electoral

Catalan President Artur Mas greets supporters of Junts Pel Si (Together For Yes) after polls closed in a regional parliamentary election in Barcelona, Spain, September 27, 2015. Separatists have won a clear majority of seats in Catalonia's parliament, an exit poll showed on Sunday, in an election that could set the region on a collision course with Spain's central government over independence.   REUTERS/Andrea ComasAndrea Comas/Reuters

Memes, chistes, ataques y otros miles de comentarios de todo tipo y condición se han publicado para contar, juzgar y destripar lo sucedido en las urnas este 27 de septiembre. A modo de resumen, aquí se recogen algunos de los mejores tuits publicados antes, durante y después del cierre de los colegios electorales. 

Esta noche electoral histórica en Cataluña ha tenido su reflejo (más divertido) en Twitter. Memes, chistes, ataques y miles de comentarios para contar, juzgar y destripar lo sucedido en las urnas este 27 de septiembre. A modo de resumen, aquí se recogen algunos de los mejores tuits publicados antes, durante y después del cierre de los colegios electorales:

1. El “adiós” del candidato de la CUP.

Antonio Baños publicó este tuit en el que recogía un vídeo de youtube con la canción Adiós papá de Los Ronaldos. Una despedida “sin rencores” pero con mucha polémica.

 

2. Las mofas sobre el fracaso de Albiol…y Rajoy.

Uno de los políticos que más menciones recibió en Twitter fue Xavier García Albiol, candidato del PP. Vídeos, chistes y montajes para mofarse de su fracaso en las urnas.

 

 

3. ¿Dónde están los escaños de Unió?

Otro de los grandes derrotados del 27-S es Duran i Lleida. El líder de Unió fue objeto de numerosas bromas por no haber logrado representación parlamentaria en su primera cita electoral en solitario después de años de coalición junto a Convergencia.

 

 

4. El rostro de Rajoy al conocer el sondeo de TV3.

Nada más cerrarse las urnas, la cadena autonómica catalana TV3 hizo público su sondeo a pie de urna. Los datos apuntaban a una gran mayoría del independentismo. Muchos bromearon en Twitter con la reacción del presidente del Gobierno.

 

 

5. El bruto que separa Cataluña del resto de España.

Centenares de tuiteros se deleitaron con este tuit sobre la posible separación de Cataluña del resto de España. Un poco de humor entre tanta tensión.

 

6. La ‘celebración’ de Mas que acaba en tragedia.

El exconsejero de la Comunidad de Madrid Percival Manglano publicó este vídeo para jactarse de cómo podría acabar la celebración de los resultados por parte de Artur Mas.

 

7. Eran muy pocos, pero fueron trending topic.

Un centenar de ultras se concentraron en la Puerta del Sol de Madrid para manifestar su rechazo a la independencia de Cataluña al grito de “separatistas, terroristas”. Eran muy pocos, pero dieron mucho que hablar como trending topic durante varias horas.

8. “Español el que no bote”

En el acto de la celebración de la coalición Junts pel Sí se escucharon muchas canciones para celebrar la victoria en las urnas. Una de las más llamativas fue: “Español el que no bote”.

9. El batacazo de Iglesias y el triunfo de Ciudadanos.

Los resultados de la coalición liderada por Podemos tampoco han sido los augurados por las encuestas. Así, Pablo Iglesias tampoco escapa a las bromas en las redes sociales. Incluso, algunos interpretan su derrota frente a Albert Rivera.

 

https://twitter.com/javihoyos23/status/648224863916830721

 

10. Piqué acude a votar con su hijo y sigue el recuento.

Fue una de las imágenes del día. Y también una de las más comentadas y retuiteadas. El jugador del Barça Gerard Piqué acudió a votar con su hijo Milan en sus hombros. Horas después, el propio jugador contaba cómo estaba siguiendo el escrutinio.

 

 

11. Junqueras apunta a la independencia.

El líder de ERC apuntó claramente cuáles son sus planes para el futuro. En pocos minutos, centenares de personas retuitearon el mensaje de Oriol Junqueras.

 

12. Iceta se fija en Pujol y Ferrusola.

El candidato del PSC, Miquel Iceta, no bailó en esta ocasión. Por la mañana, antes de que terminase la votación, hizo algo que no hicieron otros: se fijó en cómo fueron a votar el expresidente de la Generalitat Jordi Pujol y su esposa, Marta Ferrusola.

 

La campaña catalana, en cinco despropósitos

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Todo es posible en las campañas electorales. Los candidatos participan en tantos actos, dan tantas entrevistas y son ayudados (o eso creen ellos) por sus respectivos partidos políticos en tantas ocasiones, que cualquier desliz puede darle un vuelco a sus expectativas electorales.

Todo es posible en las campañas electorales. Los candidatos participan en tantos actos, dan tantas entrevistas y son ayudados (o eso creen ellos) por sus respectivos partidos políticos en tantas ocasiones, que cualquier desliz puede darle un vuelco a sus expectativas electorales.

Eso es lo que esperaban y temían Junts pel Sí como el PP cuando acordaron un debate electoral entre Oriol Junqueras, número 5 de la candidatura independentista, y José Manuel García-Margallo, ministro de Exteriores. Y, sin embargo, no hubo daños colaterales y se convirtió en uno de esos debates que faltaban en una campaña llena de exabruptos.

1.- “Pues, eh… ¿y la europea?”

https://www.youtube.com/watch?v=OHebSDdmdW8

El periodista Carlos Alsina se convertía, muy a su pesar, en un icono de parte del independentismo, que celebró la manera en la que descolocó al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con un sencillo recordatorio de la legislación vigente.

Al recordarle que el Código Civil (que desarrolla la Constitución) prevé que un ciudadano español de origen pueda conservar su nacionalidad si así lo desea, Rajoy titubeó y dio alas al independentismo. “Han mentido sobre tu nacionalidad. Las otras amenazas también son falsas”, reza un vídeo de Junts pel Sí en el que la candidatura reproduce el vídeo de la entrevista como una pretendida cesión de espacio electoral al PP.

La reacción en las redes sociales fue masiva. Para muestra, este tuit:

2.- “Coleta morada” y los indios reservistas

“Grandes jefes PP, PSOE, Podemos, venir reserva catalana. Decir indígenas qué conviene votar”, dijo Artur Mas en Tortosa. “Indígenes decir jefes Madrid PP, PSOE, Podemos, gran corte de manga, que en el lenguaje de la reserva, se dice gran butifarra”.

Su frase provocó una espiral de imitadores.

https://twitter.com/pnique/status/646072210331959297?ref_src=twsrc%5Etfw

“Yo no hablar comanche, hablar serio. Mas nos ha estafado”, dijo por su parte Miquel Iceta.

3.- Las frases fuera de tono

“Gilipollas”, dijo Meritxell Genao, candidata de Catalunya si que es pot, a una persona que en realidad la animaba en un mitin. Se acabó disculpando.

Pablo Iglesias llamó “tonto” a Mariano Rajoy por decir que “un vaso es un vaso y un plato es un plato”.

Son muchas las voces que han clamado contra el encasillamiento de la campaña catalana. Para empezar, por la dinámica de bloques planteada por Junts pel Sí en la que se convocaban unas elecciones plebiscitarias. Además, varios partidos, como Ciudadanos, Catalunya si que es pot o el PSC, han pedido que Artur Mas diese la cara y respondiese por su gestión. O que se hablase de temas que no fuesen la independencia de Cataluña.

4.- La bandera catalana

Es la última polémica de la camapaña. El portavoz de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona, Alfred Bosch, desplegó una bandera catalana en el balcón del consistorio durante el acto institucional de las fiestas de la Mercè.

Acto seguido, el portavoz del PP, Alberto Fernández, hizo lo propio con la bandera española, ante los pitos de los asistentes.

https://twitter.com/electrofraude/status/647202487892635648?ref_src=twsrc%5Etfw

Alfred Bosch ha pedido perdón, Ada Colau ha lamentado el uso electoralista de las banderas (en un Ayuntamiento que en sus primeros compases ha retirado un busto del rey Juan Carlos) y la polémica no ha ido a más.

5.- El baile de Iceta

¿Fue espontáneo? ¿Fue preparado? De lo que no cabe duda es de que el baile del primer secretario del PSC, Miquel Iceta, fue una de las gotas de humor de la campaña electoral.

Era la puesta de largo de la campaña. A su lado, Pedro Sánchez sonreía, entre incrédulo y divertido. Y su baile se hizo viral. Después empezaron las teorizaciones. ¿Debe bailar un candidato a presidente de la Generalitat? Desde el PP criticaron que no era serio una demostración de entusiasmo público tan apasionada. “Con lo que está cayendo, sobra”, dijo Xavier García Albiol.

Otros, como Romeva, trataron de emularlo, quizás con más ritmo. O no.

Y finalmente el propio Iceta, considerado en su partido como uno de los cerebros más brillantes, acabó por quitarle hierro al asunto.

Las cinco lecciones de la campaña

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Acaba de terminar la campaña más importante para Cataluña desde 1980. Aquí van cinco lecciones de dos semanas de mítines, debates y momentazos.

¿Cómo votarán los catalanes? Una predicción del 27S a partir de las encuestas

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El próximo domingo se celebran unas elecciones transcendentales en Cataluña y muchas preguntas permanecen abiertas: ¿logrará Junts pel Sí una mayoría absoluta? ¿Quién será la segunda fuerza? Aquí Kiko Llaneras aborda esas preguntas usando un modelo estadístico de predicción. 

También en EL ESPAÑOL:

El promedio de las encuestas. El primer paso para la predicción hecha en este artículo.

Así son los catalanes que votarán el 27S: una radiografía en cinco gráficos. Una radiografía de los votantes del 27S según su edad, su origen, su nivel de estudios o su renta.

Radiografía de los votantes españoles (I). Donde María Ramos y yo analizamos la edad, profesión, nivel de estudios y la clase social de los votantes del PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos.

Radiografía de los votantes españoles (II). Una radiografía similar a la anterior pero que responde otra pregunta: ¿cómo es la ideología de los votantes de cada partido?

Acaba de terminar la campaña más importante para Cataluña desde 1980. Aquí van cinco lecciones de dos semanas de mítines, debates y momentazos.

1. Los ‘shows’ cuentan.

El icono de la campaña será Miquel Iceta. Empezó bailando y acabó bailando. Son detalles a veces inocuos pero que han dado un foco a Iceta que, por ejemplo, Ramon Espadaler de Unió no ha logrado. Otros partidos criticaron su banalidad, pero vieron rápido que sonaban gruñones. ¿Hubo un asesor que pidió a Iceta que bailara? Probablemente no. La naturalidad fue su victoria: Iceta baila y cuando baila lo da todo. El mitin de final de campaña del PSC tenía el eslogan de “Ven a bailar con Iceta” y el hashtag #Icetalopeta.

Hubo también lenguaje de indios: “Grandes jefes venir reserva catalana para decir a indígenas lo que conviene votar”, dijo Artur Mas. Se refería a los líderes de PP, PSOE y Podemos y pedía para ellos “un corte de mangas”. Pablo Iglesias le respondió con una parrafada en indio. Sus mejores metáforas fueron “coleta morada”, “gran jefe plasma” y “pájaro naranja”. Las bromas llegaron a twitter.

Puede ser que algún mote quede. Pablo Iglesias no se conformó con este lenguaje. También se lanzó a versionar a Krahe. El baile de Iceta tuvo más éxito.

El tercer show fue el más serio. En la fiesta de la Mercè en el Ayuntamiento de Barcelona hubo una pelea de banderas. Aquí se cuenta bien qué pasó. Todos acabaron por pedir disculpas. Hay shows tan ridículos que pueden ser arriesgados. Pero la lección no es ésa sino esta otra: los votos se ganan de maneras muy distintas.

GRA487. BARCELONA, 23/09/2015.-El candidato a la presidencia de la Generalitat por la CUP, Antonio Baños, interviene en el acto político que se celebra esta noche en Cornellà de Llobregat (Barcelona), de cara a las elecciones del 27S. EFFE/Toni Albir
EFE/Toni Albir

2. Algunos líderes mueven (aún) pasiones.

Miquel Iceta destacó por su baile. Luego en los debates fue serio, pero era uno más. Si hubo alguien que destacó en la dialéctica fue Antoni Baños, de la CUP. Baños tiene ese aspecto de yo pasaba por ahí. Como si estar en la tele rodeado de famosos no fuera con él. Excepto los equilibrios sobre la investidura, ha hablado con poco control. Baños bromea con los periodistas (recuerda que lo fue) y coleguea con todos. Es difícil que Baños caiga fatal y que (más allá de ideologías) no se piense que es el tipo más normal. Si la CUP mejora aún más sus perspectivas, su candidato habrá tenido un peso.

Los otros líderes fueron resultones pero ninguno logró destacar con consistencia.

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3. Los líderes no autonómicos también mueven votos.

Ciudadanos y Catalunya Sí que es Pot han jugado con dos equipos. Los titulares (Inés Arrimadas y Lluís Rabell) han tenido unos sustitutos que han jugado casi más: Albert Rivera y Pablo Iglesias. El objetivo obvio de ambos es que sus votantes identifiquen a sus partidos con ellos.

Todos los candidatos de estas elecciones eran nuevos. Pero la marca previa de Ciudadanos y Podemos luce de momento más que la otras siglas tradicionales. El mejor modo de recordarlo a los votantes es que sus lideres estuvieran en todas partes. Eso explica su ubicuidad.

4. Las preguntas importantes siguen sin respuesta.

La lista que logrará más votos (Junts pel Sí) dio a estas elecciones un tono épico: “El voto de tu vida”. Veníamos de lemas como “ahora o nunca” o “ha llegado la hora”. Si Cataluña puede independizarse el día 28 de septiembre de repente, los ciudadanos que dudan debían tener más respuestas: ¿seguirían siendo españoles y europeos? ¿El euro sería aún la moneda y los bancos no tendrían problemas? ¿Las pensiones estarían garantizadas? ¿La liga sería solo catalana? Las preguntas no son aún sobre la calidad del “país nuevo” sino sobre la viabilidad de una transición.

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El problema catalán en 21 fichas 

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Las preguntas, al menos, han empezado a debatirse. Las disputas han sido cada vez más concretas y serias y culminaron en el debate entre Oriol Junqueras y el ministro García Margallo. Pero sigue sin saberse nada con certeza total. Unos insisten en que es obvio que irá bien porque no puede ir de otro modo y que sería absurdo poner trabas en el siglo XXI. Otros insisten que todo irá mal porque a quién se le ocurre levantar fronteras en el siglo XXI. Pero no hay nada pactado. La comunidad internacional no asumirá un cambio inmediato, definitivo pero con alfileres el 28 de septiembre.

A pesar de la épica y con una metáfora que usó Maiol Roger, de El País, en una charla en la radio, ahora “estamos en cuartos de final”. Quien gane pasará a semifinales. Las preguntas aún abiertas necesitan respuestas. Las respuestas necesitan que los votantes las reflexionen. La campaña electoral de las generales no será un momento de pausa para hablar, pero quizá luego sí. Sólo quizá. El año 2015 prometía sacudidas. Pronto todos tendremos ganas de que termine.

GRA444. OLOT (GIRONA), 14/09/2015.- El presidente de la Generalitat, Artur Mas, asiste a un acto de campaña de Junts pel Sí en Olot. EFE/Robin Townsend
Robin Townsend / EFE

5. El ‘president’ más probable no ha bajado del bus.

Estas elecciones tenían un tema principal y no era la gestión del último Gobierno. Se ha comentado mucho la jugada maestra de Mas para seguir si las encuestas aciertan como president sin tener que hablar mucho de recortes, corrupción o deuda. La lista de Junts pel Sí se mueve con otros códigos, llenos de deseos y emoción, pero lejos de políticas públicas específicas. No les que tocaba ahora, ha sido el argumento.

En junio el partido de Mas caía en las encuestas. La gestación de esta lista fue difícil. Hubo unos días en julio en los que la “lista sin políticos” ganó peso y Mas dudó si dejar que hicieran la lista sin él, como cuenta este magnífico reportaje de Crític. Al final se impuso y es probable que le salga bien su jugada: seguir de presidente. Si sólo le hubiera interesado la presidencia, la lista de la sociedad civil tenía mejores perspectivas electorales.

Si optó por este camino es porque no quería sacrificarse aún. Como dijo en una entrevista a Mónica Terribas, “después de todo lo que he hecho puedo pedir una reflexión” y tengo “el pequeño derecho de hacer propuestas”. Su propuesta fue usar a ERC, la Assemblea Nacional de Catalunya y Òmnium. Si no aceptaban, no había elecciones el 27 de septiembre.

También en EL ESPAÑOL:

Lee la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla / El exportador de cava

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El lío de Rajoy y el rifirrafe entre ‘Pájaro Naranja’ y ‘Coleta Morada’

GRA547. BARCELONA, 21/09/2015.- El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias durante su intervencion en el mitin celebrado esta tarde en la Plaça dAngel Pestaña en Barcelona junto al cabeza de lista de Catalunya Si Que es Pot, Lluis Rabell e Iñigo Errejón. EFE/Jesús Diges

El presidente del Gobierno se hace un lío con la nacionalidad de un vecino catalán si triunfa el bloque independentista. Cosas de salir del plasma. Mientras, Albert Rivera y Pablo Iglesias endurecen sus acusaciones para robar votos del granero de votos del cinturón rojo donde antes triunfaba el PSC.

Martes de campaña electoral marcada por el suspenso del presidente del Gobierno en Derecho constitucional: ignora completamente que un ciudadano catalán nunca dejará de ser español si no lo desea, como reza en el artículo 11 de la Constitución. También por un cruce de tuits entre Albert Rivera y Pablo Iglesias por los futuros pactos de Gobierno.

Helados se quedaron los simpatizantes del PSC que se acercaron a Sant Boi al mediodía para escuchar a la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, que reaparecía tras su baja de maternidad. Durante todo su discurso, ni siquiera se le escapó ninguna de estas cuatro palabras: Miguel Iceta y proyecto federal. La andaluza debió pensar que bastaba con respaldar en Mataró, ya caída la tarde, al candidato del PSC a la Generalitat.

“¿Y la europea tampoco?”

Mariano Rajoy no supo salir de laberinto en el que le metió el periodista Carlos Alsina en una entrevista sin plasma mediante. El presidente se hizo un lío en directo con qué nacionalidad tendría un ciudadano catalán en el hipotético caso de que Cataluña se independizase.

Alsina le recordó que, según la Ley actual, los catalanes seguirán teniendo la nacionalidad española si así lo desean. “Vale… ¿y la europea?”. “Si son españoles, también tendrán la nacionalidad europea”. Un par de frases que sirvieron para que las redes sociales se incendiaran con memes sobre el presidente y le criticaran que no se haya preparado a fondo la entrevista, sobre todo con el tema catalán.

La tercera anécdota de la jornada se vivió también en las redes sociales. las encuestas auguran que Ciudadanos y Podemos se disputarán el segundo puesto detrás el frente independentista. Y no es casualidad que sus líderes nacionales se metan el dedo en el ojo cada vez que tienen oportunidad.

Espero que el candidato separatista de ‘Coleta Morada’ no ‘haga el indio’ y apoye a Inés Arrimadas antes que a Mas…”, escribió el líder de Ciudadanos, que sale a diario a recorrerse Cataluña de cabo a rabo para seguir cosechando votos. Rivera quiso incidir en uno de los puntos clave de su campaña: Catalunya Sí que es Pot, la plataforma respaldada por Podemos, no es una buena opción porque se dice que no es secesionista y su candidato, Lluis Rabell, votó el año pasado a favor de la independencia.

Coleta morada no entender”

Pablo Iglesias respondió la insinuación del de Ciudadanos y utilizó el lenguaje indio con el que Artur Mas atacó a los líderes de PP, PSOE y Podemos a los que envió un “corte de mangas”. “Coleta morada no entender pequeño Pujol votar reforma laboral con gran jefe plasma”. Mientras Ciudadanos y Podemos se clavan puñales por pescar algún voto no independentista del cinturón metropolitano barcelonés, Pedro Sánchez prefiere esquivar a Susana Díaz y pasar el día en Zaragoza y La Rioja, aunque eso suponga perder algún votante más. Cosas del PSC.

Tras el amargo desayuno de Rajoy con Alsina, el presidente hizo de tripas corazón y cogió el AVE por la tarde, se plantó en Tarragona y evitó pronunciarse sobre el resbalón de la mañana. Sabía que lo más importante era acompañar a Xavier García Albiol. Aunque ambos sufrieron los abucheos de los independentistas.

Según se acerca el 27S, la temperatura de la campaña sube. Sin embargo, el que parece que todavía no ha reaccionado a la encerrona que le ha hecho la banca esta semana es Artur Mas, que ayer no dio ni un solo titular digno de ser recogido en esta crónica. Quizá esté esperando a que Luis María Linde, que comparece hoy el Senado, explique mejor aquello que soltó el lunes de que con una Cataluña independiente habría un corralito. 

Todo dependerá de los catalanes

nacionalidad doble

Las elecciones del 27S y la más que probable mayoría inequívocamente secesionista no sólo sitúan en el centro de la política española una realidad que muchos concebían como mera ciencia-ficción sino que confirman la cuestión secesionista como un fenómeno hegemónico en Cataluña.

Los apologetas del españolismo ibérico y catalán afirmaron pomposamente durante lustros que no se podría tomar en serio al secesionismo: aquel ideario que para muchos, entre ellos ilustres catalanistas, no era nada más que un subproducto de la Cataluña payesa y de la testosterona rural hasta que el Parlament no contó con una mayoría de diputados favorables a la independencia con la conversión del nacionalismo moderado a lo que apocalípticos y cursis denominan el desafío al Estado.

Las elecciones del 27S y la más que probable mayoría inequívocamente secesionista en la cámara de representación catalana no sólo sitúan en el centro de la política española una realidad que muchos concebían como mera ciencia-ficción sino que confirman la cuestión secesionista como un fenómeno hegemónico en Cataluña. En el templo de la democracia, donde la única verdad reside en la suma de voluntades individuales, el independentismo no es ya una opción extremista ni radical: los independentistas seremos centro y mayoría.

Contrariamente, los partidos españoles con sucursales en Cataluña han reaccionado a la preeminencia del independentismo con una ridícula e improductiva apuesta por la radicalidad, cayendo de esta guisa en todos los tópicos fraudulentos que pretendían combatir. Ahí tienen por ejemplo a nuestro amiguito Pablo Iglesias con su vuelta al lenguaje del etnicismo guerrista, apelando a algo tan poco new politics como el origen y los apellidos de los votantes, como si no existiesen obreros extremeños o andaluces independentistas.

Admiren también al pintoresco Xavier García Albiol, un personaje que acusa al nacionalismo de repartir carnés de catalanidad cuando ha sido uno de los únicos políticos de Europa que ha tenido la desfachatez de referirse a la inmigración como una basura que debe limpiarse. Mientras Miquel Iceta practica el arte del bailoteo ante la atónita mirada de Pedro Sánchez (no sabemos si de alucine por la gestualidad alocada del tipo o por la sangría de votos que adelgaza al PSC), la influencia del PP y del PSOE en la política catalana va esfumándose hasta caer en la más estricta marginalidad.

Resulta curioso que el único foco de resistencia del unionismo en Cataluña lo protagonice un partido como Ciutadans, formación que nació como látigo a la inmersión lingüística y que ha ido modulando su programa electoral según sopla el viento (si tienen tiempo y paciencia, consulten qué se decía sobre la inmigración en los primeros programas electorales de Albert Rivera y verán cómo las fronteras abiertas del progresismo han acabado en murallas llenas de alfileres). Que el líder de Ciutadans haya abandonado su querida tierra natal para dejarla en manos de una centinela les dará una idea de lo prioritaria que es Cataluña para el hombre que negaría la independencia aunque ésta fuera defendida por el 90% de los catalanes. Rivera es un hombre de convicciones férreas: lo que piensen los ciudadanos catalanes, aunque sea por unanimidad, le trae sin cuidado. Como diría la broma hegeliana, cuando la realidad no se subsume a tus postulados, el problema no recae en tu mirada sino en la testarudez de los hechos.

Ciudadanos puede tener un resultado fantástico en Cataluña. Pero la formación de Rivera sólo ha encontrado calor mediático (y monetario) por su oposición al independentismo y ha sido jaleada por los poderes fácticos únicamente por  su prelavado de imagen a las corruptelas del bipartidismo. En una o dos legislaturas, cuando los capataces del ÍBEX 35 ya no le necesiten y vuelvan a confiar en el binomio PP-PSOE, Rivera va a volver a pasearse desnudo por el mundo y podrá acompañar a Rosa Díez en su residencia de elefantes. Si el Parlament que salga del 27S obtiene una mayoría suficiente con la única oposición de los ilustres enemigos que acabo de relatar, la aceleración del proceso recaerá entera y estrictamente en la pericia de las fuerzas independentistas. Por voluntad expresa de la ciudadanía y por primera vez en la historia de Cataluña, las decisiones que tomen sus políticos serán producto de su entera responsabilidad y valentía, sin ningún ápice de sucursalismo. El independentismo, como la Ilustración, se basa en normalizar la mayoría de edad de los ciudadanos.

Desde el inicio del llamado Procés (una analogía literaria horrenda, dicho sea de paso), la idea rectora del independentismo ha consistido en concebir a los catalanes como sujetos de acción libre, sin ataduras. Entiendo que quienes habían vivido acostumbrados a que pidiéramos permiso para existir y a decir que todos los catalanistas que se habían forrado a base de distribuirse las migajas del sistema autonómico estén notoriamente atemorizados y teman por su sueldazo. Sólo así se entiende que nos acusen de nazis (en los años 30 éramos judíos o masones, mire usted por dónde) o de norcoreanos y de totalitarios por el simple hecho de urdir manifestaciones en las que gentes de ideologías plurales gritan con una sola voz algo tan simple como que aquello que consideran su país se convierta en un estado. Lo que hoy es un radicalismo del lenguaje va a transformarse en una política activa del miedo que tendrá a funcionarios públicos y pensionistas como foco central. El Gobierno no inhabilitará a Mas ni enviará tanques a la Diagonal, pero amedrentará a los trabajadores públicos jugando con su sueldo y su tranquilidad existencial.

El primer estadio de la secesión catalana puede acontecer el 27S  en forma de mayoría parlamentaria, pero su consolidación definitiva dependerá de la resistencia de los ciudadanos de Cataluña ante la amenaza de la burocracia española y de la pericia de los políticos de Junts pel Sí y de la CUP para fomentar un clima de normalidad y erigir las estructuras básicas de un estado catalán (en especial su Hacienda) con suma rapidez. Esto no ha hecho nada más que empezar. Disfruten, mientras puedan, del silencio inmediatamente anterior a la contienda. Y que gane el que más resista hasta el último asalto. Como siempre.

Pablo Iglesias reaparece para poner orden en Podemos

Pablo Iglesias

Moreno, sonriente y decidido a poner orden en Podemos para recuperar terreno. En su primera comparecencia ante la prensa, Iglesias ha matizado la estrategia de la formación y ha endurecido el tono, sin dudar en contradecir a los portavoces y dirigentes de la formación que en su ausencia han hablado en nombre del partido.

Moreno, sonriente y decidido a poner orden en Podemos para recuperar terreno. Así ha vuelto de sus vacaciones Pablo Iglesias, el líder político que más alejado ha estado de los focos en el último mes. Iglesias ha estado “por ahí”, según él, leyendo y viendo series de televisión como House of Cards, que narra las bajezas de la política estadounidense.

En su primera rueda de prensa tras el verano, Iglesias ha matizado la estrategia de la formación y ha endurecido el tono, sin dudar en contradecir a los portavoces y dirigentes que en su ausencia han hablado en nombre del partido.

1.- Ganar las elecciones

El 24 de mayo de 2014, Pablo Iglesias comparece para celebrar, con semblante muy serio, los resultados del partido en las elecciones europeas. Según la mayoría de encuestas, el partido lograría uno o ningún eurodiputado. La formación se hizo con cinco, irrumpiendo en la política española. “Podemos no nació para ser testimonial. Vamos a por todas. No nos conformamos”, dijo entonces Iglesias, anunciando que aquello era solo el principio.

Poco más de un año después, pocos niegan el bajón o, al menos, el estancamiento de las expectativas electorales del partido. El Centro de Investigaciones Sociológicas calcula una caída desde el 23,9% al 15,7% en estimación de voto entre enero y julio. Al conocer los resultados, Pablo Bustinduy, portavoz de la Ejecutiva, aceptó un “ligero retroceso con respecto al anterior [estudio], un dato claramente insuficiente”. En el entorno de Podemos se reconoce, desde hace semanas, una pérdida de entusiasmo en sus bases atribuida entre otros factores a Grecia y la transición desde el activismo y la protesta hacia un partido más clásico e institucional. Superar al PSOE, que parece recuperarse, se antoja lejano, por el momento.

Después de las vacaciones, Iglesias ha tratado de romper con la apatía. Su equipo ha hecho circular en redes sociales la etiqueta #PabloIglesiasALaMoncloa y el líder ha sugerido que los sondeos se equivocan, como lo hicieron en las europeas.

“Desearía que el PP y el PSOE se crean las encuestas, que estén tranquilos y no se preocupen”. Según ellos, subestimar a Podemos es lo que va a “llevar en volandas” al partido a La Moncloa, como antes ha sucedido con líderes asociados a su marca, como Manuela Carmena en Madrid, Ada Colau en Barcelona, Xulio Ferreiro en A Coruña o José María González, Kichi, en Cádiz. Vuelve el Podemos inconformista pese a las encuestas.

2.- No pactar con el PSOE

Si hace tan solo unas semanas Íñigo Errejón, secretario de Política de Podemos, abría la puerta a un posible pacto con el PSOE con esta declaración:

“[Si] el PSOE decide concurrir a la senda del cambio político, esto es, de poner las instituciones al servicio de la mayoría empobrecida, de abrir puertas y ventanas… Entonces es posible que pueda haber entendimiento”.

El entendimiento ya se ha producido en ayuntamientos y comunidades autónomas donde PSOE y Podemos no han dudado en pactar para evitar que gobierne el PP.

Sin embargo, este lunes Pablo Iglesias aseguró que un pacto con el PSOE es “absolutamente improbable”. El líder de Podemos desplegó el discurso del partido sobre la casta, aunque sin referirse a un término que en la organización ha caído en desuso. Llamó a PP y PSOE “cobardes” y “colaboracionistas” con los poderes financieros y con las élites políticas europeas y denunció la intención de ambos de establecer una gran coalición tras las generales.

“El PSOE tiene voluntad de gobernar con el PP. Nosotros salimos a ganar y no está en nuestra agenda plantearnos cualquier otra cosa. El pacto del que habría que hablar es del pacto del PP y del PSOE”, zanjó.

3.- Abierto a pactos con IU

¿Cómo pactar con IU sin pactar con IU? ¿Cómo contar con Alberto Garzón en una candidatura conjunta sin integrarse en Ahora en Común, la marca que patrocina el diputado por Málaga? La pregunta pareció quedar resuelta este lunes con una vuelta de tuerca a la estrategia de pactos de Podemos.

“No va a haber por nuestra parte ningún acuerdo con ninguna organización política a nivel estatal”, advirtió Iglesias. Podemos sí está abierto a pactos en todas las circunscripciones, siempre que sea una por una. Es lo que Iglesias ha llamado “diferentes procesos descentralizados” para lograr la “unidad popular”. En otras palabras: una única candidatura (al estilo de Ahora Madrid o Barcelona en común en las municipales) sigue descartada para las generales. Sin embargo, puede haber una candidatura Podemos-IU o Podemos-Ahora en común en las provincias donde las formaciones logren entenderse. Del “no” absoluto a provincia por provincia. El gesto ha sido visto como una cesión por el propio Garzón.

4.- Matizar a los críticos en la organización

Teresa Rodríguez, la líder de Podemos en Andalucía y una de las referentes del ala más izquierdista del partido, expresó la semana pasada su miedo a que Podemos ceda a las presiones. “Me aterroriza el temblor de piernas de Tsipras tras haber conseguido un no claro de la ciudadanía para ser desobedientes a la Troika”, dijo antes de rectificar públicamente.

Según Iglesias, sólo “a las personas valientes les tiemblan las piernas”. El líder de Podemos aseguró que a él mismo le pasa cuando da ruedas de prensa. Y que Alexis Tsipras ha hecho lo que debía al aceptar un rescate “que no gusta a nadie” para a continuación convocar elecciones por eso mismo.

El ‘pucherazo’ de Alicante cuestiona el sistema de primarias utilizado por Podemos

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La lista oficialista de Podemos en Alicante, aquella que contó con el apoyo de Pablo Iglesias en las primarias locales, intentó inflar el censo de las primarias para alzarse con el control del partido. Así al menos lo indican las conversaciones a las que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, charlas en las que el líder del partido en Alicante habla de usar “pisos francos” para inscribir simpatizantes y que ponen en cuestión la seguridad del sistema de elección de candidatos utilizado por Podemos. 

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La lista oficialista de Podemos en Alicante, que contó con el apoyo de Pablo Iglesias en las primarias locales, intentó manipular las elecciones para alzarse con el control del partido. Así al menos lo indican las conversaciones a las que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, charlas en las que los integrantes de la lista Sí Se Puede en Alicante, compuesta entre otros por la diputada autonómica Covadonga Peremach y la candidata de Podemos al Congreso Rita Bosahu, hablan abiertamente de registrar a familiares y amigos en direcciones ficticias para inflar el censo electoral y ganar las primarias.

La revelación pone en cuestión el sistema de elección de los Comités Ciudadanos en toda España, ya que el partido no puede utilizar censos electorales, padrones ni otros documentos oficiales para confirmar los datos y el lugar de residencia de los simpatizantes inscritos. Por tanto, cualquier persona puede simplemente cambiar su domicilio en la web y votar en las primarias de cualquier municipio, tal y como explica el siguiente mensaje de Jesús Bustos, ahora secretario general de Podemos en Alicante:screenshot-{domain} {date} {time} (10)

El anterior mensaje fue registrado el 19 de diciembre de 2014, cuando Podemos abrió las votaciones para sus primarias municipales. La lista Sí Se Puede, encabezada por Bustos, luchaba por el control del partido con En Alicante Podemos, una candidatura crítica encabezada por Nerea Belmonte, letrada de la plataforma Stop Desahucios y actual concejala en el Ayuntamiento de Alicante. El resultado de la pugna se preveía estrecho. Tanto que en el chat interno de la lista Sí Se Puede, el líder de Podemos en Alicante habla de utilizar un “piso franco” para inscribir militantes de otros lugares que votaran a su favor.

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El pasado mes de junio, el diario Información publicó los primeros indicios del posible pucherazo. Acto seguido, la Comisión de Garantías Democráticas de Podemos abrió una investigación sobre el asunto. Por su parte,  los aludidos, ahora en el Consejo Ciudadano Municipal, lanzaron una nota pública donde negaban cualquier intento de manipular las primarias. En ella, Bustos y sus colaboradores aseguran que las conversaciones publicadas hacían referencia a un grupo “de desahogo y bromas donde se dicen muchas cosas en tono jocoso, pero que no se corresponden con la realidad”.  Sin embargo la afirmación no es cierta, ya que las conversaciones reveladas ahora por EL ESPAÑOL tienen lugar en el chat interno de la candidatura, donde están inscritos los 25 integrantes y donde se coordinó la estrategia electoral de la actual gestora. Basta leer el siguiente diálogo, registrado en el chat interno del Consejo Ciudadano actual, para confirmarlo:screenshot-{domain} {date} {time} (16)

“Va a ser un canteo”

Tal y como ha confirmado EL ESPAÑOL, los miembros de la candidatura Sí Se Puede contaban en realidad con dos grupos de Whatsapp distintos en el momento de las primarias. El primero de ellos, al que pertenecen las capturas anteriores, servía para coordinar oficialmente las acciones de la lista oficialista. El segundo, llamado “Ganemos Elda”, fue abierto el pasado 4 de diciembre por Daniel Gomis, encargado de redes sociales de Sí Se Puede Alicante. En él, al contrario que en el chat oficial, fueron incluidas solo 12 personas. Es aquí donde se registraron conversaciones como la siguiente:screenshot-{domain} {date} {time} (14)
Un día después, 27 de diciembre, los miembros del actual Consejo Ciudadano de la ciudad vuelven a solicitar nuevas direcciones. Quedan solo 24 horas para que Podemos cierre sus primarias:screenshot podemos
El 3 de enero de 2015, una semana después de estas conversaciones, Podemos hizo oficial que la lista Sí Se Puede, avalada por Pablo Iglesias, había ganado las elecciones. La candidatura de Bustos se impuso a la de Nerea Belmonte por tan solo 114 votos y sus colaboradores coparon el Consejo Ciudadano.

Investigación oficial

El pasado 23 de junio la Comisión de Garantías Democráticas de Podemos anunció de forma oficial la apertura de un expediente para investigar las primarias en Alicante. El proceso de indagación sigue abierto y se prevé finalizarlo, según fuentes del partido, para la segunda semana de septiembre. Por su parte, la nota de prensa hecha pública por la lista ganadora habla textualmente de que ningún reglamento de Podemos “hace referencia a que la gente  no participe donde desea y tiene que participar donde vive […] de ser ésta una irregularidad, se debería auditar todos los procesos municipales, pues es algo altamente común”.

A expensas de lo que suceda en la Comisión de Garantías, desde la dirección de Podemos se niega de forma categórica un posible pucherazo en Alicante o en cualquier otro punto de España: “Nuestros sistemas de alerta lo habrían detectado”, aseguran. Los portavoces de Podemos reconocen que el partido no tiene manera de comprobar formalmente los datos de los simpatizantes inscritos. Sin embargo, mantienen que sus sistemas informáticos son capaces de advertir las manipulaciones. “Si llegan por ejemplo 300 votos desde la misma IP son inmediatamente anulados”, aseguran.

Las mismas fuentes confirman que los sistemas de alerta saltaron en varias ocasiones durante las primarias municipales de 2014, pero mantienen que las irregularidades fueron subsanadas y los votos fraudulentos, eliminados. El caso más flagrante fue el de Ferrol, donde la Comisión del Consejo Ciudadano de Procesos Constituyentes detectó más de 200 filiaciones falsas y mandó repetir las primarias. En total, y según los datos facilitados por la formación, las primarias municipales de Podemos registraron 469 votos con incidencias y 24 posibles infracciones de su código ético.

En el caso de Alicante, la dirección del partido sostiene que la Comisión de Garantías investiga las conductas de varios de los cargos electos durante la campaña, pero niega que sus actuaciones, sean sancionables o no, se tradujeran en una “manipulación efectiva” capaz de alterar el resultado de las primarias.

Pon las tuyas a remojar

ARPONERO BARBERO FINAL

No es la primera vez en la historia que un gobernante ha tenido la sensación de ser víctima de alguno de los refinados castigos que los dioses reservaban a quienes osaban desafiar su poder…

No es la primera vez en la historia que un gobernante ha tenido la sensación de ser víctima de alguno de los refinados castigos que los dioses reservaban a quienes osaban desafiar su poder. El conde-duque de Olivares se identificaba con Atlas, obligado a sostener sobre sus hombros el globo terráqueo, y no sería difícil asignar a tal o cual de sus homólogos, en uno u otro siglo, el papel de Sísifo levantando la piedra una y otra vez hacia la cima de la ladera, el de Tántalo con las relucientes manzanas del jardín de las Hespérides siempre a la vista pero nunca al alcance, el de Ixión atado a la rueda de los acontecimientos, el de Ocnos tejiendo eternamente la cuerda que se zampaba el burro del Estado o no digamos el de Ticio o Prometeo, encadenados mientras el buitre de la insidia iba devorando su hígado.

Ya le gustaría a Alexis Tsipras poder optar hoy por alguno de estos males con tal de eludir el que, sin otro artilugio que los propios útiles del oficio, parece haber sido diseñado expresamente para escarmiento de políticos temerarios. Y es que no cabe sadismo a la vez más refinado e implacable que el que viene aplicándosele al primer ministro griego desde que osó encender unilateralmente el fuego de la democracia y convocó el referéndum contra las exigencias de Bruselas para seguir financiando a su quebrado país.

Tsipras se comportó como si Grecia fuera aun un Estado soberano en el que la opinión pública supone la razón última del gobernante, fingiendo ignorar que el objeto de la consulta concernía, al menos en igual medida, a sus a la vez socios y acreedores. Incurrió en el eterno pecado de la hubris -el asaltaremos los cielos de la soberbia humana- y en toda la hubris le han dado Frau Merkel y sus 17 palanganeros.

Quien hasta hace dos semanas era percibido como un rebelde ciclópeo que atemorizaba al continente con sus machadas y amenazas, está quedando retratado ahora como un cretino político a merced de la autoridad competente. Y no me digan que, a propósito de castigos divinos, eso evocaría al impuesto por Apolo al rey Midas cuando cambió sus orejas por las de un asno, porque ya quisiera Tsipras tener a cambio el don de convertir en oro lo que tocara.

No, su única corona es la del Olimpo de los tontos, pues su admisión de que ni siquiera contaba con un plan viable para sustituir el euro por el dracma prueba que no sólo ha estado engañando a los griegos sino engañándose a sí mismo. Así es como cobra sentido la dimisión de Varoufakis a la mañana siguiente de ganar el referéndum. En el fondo los líderes de Syriza debían saber que lo que les convenía era perder el plebiscito -que triunfara el “sí”- para poder dar un heroico paso atrás, dejar a otros la gestión del embolado del tercer rescate y volver a quedar en la reserva con la aureola de los rebeldes con causa.

Lo que era inmanejable era su victoria porque la partida pasaba a jugarse en el tablero del Bild Zeitung, las cadenas de televisión y las encuestas alemanas. Opinión pública por opinión pública siempre iban a pesar más los 83 millones de un país opulento -y eso sin contar a sus satélites- que los 11 de uno en las últimas.

Tras el insolente desafío en las urnas, la negociación entre tecnócratas se transformaba así en un ajuste de cuentas que requería no de la derrota sino de la humillación de Grecia, obligada a pasar bajo las horcas caudinas de unas condiciones draconianas. Y el justo castigo a la perversidad, o más bien a la idiotez política, de Tsipras está siendo obligarle a liderar la rendición incondicional de su pueblo, compareciendo cargado de cadenas, uncido al carro del triunfo de la Europa de los Mercados –Vae victis– entre el estupor de los propios -cócteles molotov en la calle, cisma en Syriza en el parlamento- y el regocijo de los ajenos.

 

El justo castigo a la perversidad, o más bien a la idiotez política, de Tsipras está siendo obligarle a liderar la rendición incondicional de su pueblo, compareciendo cargado de cadenas, uncido al carro del triunfo de la Europa de los Mercados

 

Nadie encontrará en este análisis ni comprensión ni disculpa tras la irresponsable necedad de Tsipras. Que ahora invoque que nadie ha pasado por un “dilema de conciencia” como el suyo no inspira ninguna pena. Me alegro de que quienes hasta la propia víspera del referéndum le hacían la ola a Sietemachos Varoufakis cuando llamaba “terroristas” a los líderes europeos, hayan quedado engullidos en su propio maremoto y floten hoy como detritos de un oceánico ridículo. Pero no puedo sentirme cómodo en mis convicciones liberales con el ensañamiento del que están siendo víctimas las instituciones griegas, al ser sometidas a un público auto de fe, encañonadas por el grifo del Banco Central Europeo.

ARPONERO BARBERO FINAL
Ilustración: Javier Muñoz

Los peores augurios de que el euro se convirtiera en ese castillo monetario de “irás y no volverás” al que me refería hace dos semanas, se están cumpliendo. Si Atenas hubiera conservado el dracma, los griegos habrían ido empobreciéndose paulatinamente mediante sucesivas devaluaciones pero no se habrían encontrado nunca entre la espada de un diktat insoportable y la pared de una bancarrota segura. Si Tsipras no pasaba por el aro como una fiera domesticada, los bancos cerrados se hubieran transformado en bancos quebrados, dando paso al colapso del Estado y a un escenario de caos social. Ni siquiera hubiera podido pagar a la policía para defenderse de los suyos.

A la hora de la verdad las supuestas alternativas basadas en la ayuda rusa se diluyeron en el aire. Bastó con que le enseñaran el Big Bertha de la expulsión del euro para que el gobierno griego capitulara incondicionalmente, reproduciendo amargos episodios de la historia centroeuropea de hace 80 años, que renuncio a evocar para no ser tildado de pintor de brocha gorda.

¿Era imprescindible imponer un ultimátum de 72 horas para la aprobación por el Parlamento griego de las medidas de ajuste duro rechazadas por el pueblo en las urnas? ¿Resultaba realmente necesario obligar a constituir ese fondo de activos públicos por valor de 50.000 millones bajo supervisión comunitaria como garantía de futuros pagos? ¿Significará esto que los bancos alemanes terminarán siendo los dueños de unas cuantas islas griegas, y quién sabe si del propio Partenón, en el caso de que se vuelva a desatender el servicio de la deuda o acaso Tsipras y sus ministros deberán ingresar como prenda física en una de aquellas cárceles para morosos abolidas por la Revolución Francesa?

La propia escenificación del trágala en una interminable reunión de líderes europeos insomnes, polarizados entre el policía alemán malo (Schäuble) y el policía alemán bueno (Merkel), denota la falta de mecanismos racionales de decisión en una Europa reducida a teatro de la hegemonía de una de sus partes. El propio Der Spiegel reprochaba hace poco a la canciller que, aun conservando la retórica paneuropea de Kohl, en la práctica ha sustituido la construcción política de la UE por un “imperialismo pedagógico” destinado a imponer, a base de exigentes rescates, sus propios valores calvinistas de rigor presupuestario y control del déficit al resto de los miembros.

En el momento en que la técnica del afeitado en seco que funcionó para España, Portugal e Irlanda ha encallado en la rugosa piel de la sociedad griega, la señora Merkel se ha transformado en el remedo político de Sweeney Todd, aquel barbero diabólico de Fleet Street que degollaba a sus víctimas cuando pasaban por su establecimiento a que les hiciera un arreglo y las convertía luego en el picadillo del pastel de carne que vendía en un restaurante anexo. Ese es el menú que desde Berlín y Bruselas se ofrece ahora a la comunidad financiera: de primero carpaccio de Alexis en láminas muy finas, de segundo estofado a la Tsipras y de postre souflé de Syriza.

Al reconocer que no tiene más remedio que aplicar unas medidas en las que ni él ni sus conciudadanos creen, el jefe del Gobierno de Atenas está levantando acta no sólo de su propia defunción política sino de que Grecia ha dejado de existir como Estado independiente. Lo cual tendría sentido si su soberanía hubiera quedado voluntariamente diluida en la de unos Estados Unidos de Europa cuyo gobierno democrático aplicara políticas fiscales uniformes para amortizar la deuda de todos, asumida como carga común. Así actuaría la solidaridad propia de una unión política en la que la moneda única fuera el escaparate de una realidad previa.

A falta de todo ello los actores políticos de los países de la zona euro se dividen en resignados zombis al servicio de los designios de quien manda y clientes potenciales de la barbería de Sweeney Merkel. Reducido a la mudez en los pasillos y antesalas comunitarias -los estafermos no hablan inglés-, Rajoy es el más dócil y servicial de los primeros. Sujeta la bacinilla y los útiles de afeitar a la barbera o limpia con la fregona el rastro de sus sanguinarios alardes sin que ello requiera contraprestación alguna. Y si hasta la propinilla de la presidencia del Eurogrupo para un paisano recomendado se le niega, pues qué le vamos a hacer. Otra vez será. De momento él sigue empleado ahí.

 

Los actores políticos de los países de la zona euro se dividen en resignados zombis al servicio de los designios de quien manda y clientes potenciales de la barbería de Sweeney Merkel. Reducido a la mudez en los pasillos y antesalas comunitarias -los estafermos no hablan inglés-, Rajoy es el más dócil y servicial de los primeros

El segundo grupo es el de los insensatos que, creyéndose capaces de alterar los términos o fronteras de la pax germana impuesta sobre la eurozona, caminan alegres y confiados hacia un inexorable destino tragicómico. Cuando las barbas de Alexis veas pelar, pon las de Pablo a remojar. Zas, zas, un par de tijeretazos y adiós Coletas. Y que vayan contestando Mas, Junqueras y el tal Romeva -que por algo dicen que se parece a Varoufakis- cuantos días aguantaría su pulso independentista con los bancos catalanes cerrados por falta de liquidez o de solvencia. El soberanismo identitario hace lo suficientemente memos a sus comulgantes como para tragarse la añagaza de la lista única de partidos adversos y políticos despolitizados pero, como en el caso de Grecia, lo que tu decidas es irrelevante si no encaja en lo que decidan los demás.

A falta de mejores argumentos, Rajoy ya se ha apresurado a poner el paralelismo tanto ante las narices de Podemos como ante las del orfeón independentista. Sería preferible no tener que recurrir a ello y que nuestra democracia se bastara y sobrara para cerrar el paso mediante la persuasión y la aplicación de la legalidad a ambos tipos de populismo. Pero con un liderazgo como este y una inteligencia institucional como la que permite que alguien pueda anunciar un martes que va a destruir España y sea el viernes recibido en audiencia oficial por el Jefe del Estado -¿rememoraron juntos la pitada del Camp Nou o sólo miraron hacia el abismo?-, ya no nos queda casi sino confiar, compungidos, en la protección de la navaja ordenancista de Frau Merkel. Porque como canta el Figaro asesino en la película de Tim Burton “no hay más que dos tipos de personas: las que están en su sitio y las que te ponen el pie en la cara”. Y alguien tendrá que obligar a estas a volver a meterlo en el tiesto.