Diez medidas europeas para atajar la crisis de los refugiados

“Ha llegado la hora de adoptar medidas para gestionar la crisis de los refugiados”, dijo el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en el discurso sobre el Estado de la Unión el 9 de septiembre. Se trata de habilitar medidas legales y seguras que eviten las travesías mortales a las que se arriesgan las personas que huyen de la guerra, la persecución, la pobreza y el caos.

1.  “Hacen falta normas obligatorias y competencias distribuidas”

El asilo es un derecho fundamental y su concesión una obligación internacional con arreglo a la Convención de Ginebra de 1951. Desde 1999, la Unión Europea trabaja en la creación de un Sistema Europeo Común de Asilo para establecer un espacio de protección y solidaridad compartido, basado en un procedimiento y un estatuto uniforme para estas personas en peligro.

“Estamos legislando, pero hay que aplicar en su totalidad estas normas, algo que no está sucediendo”, lamenta Juncker. Sólo cinco estados miembros aplican correctamente la legislación comunitaria en materia de asilo. Ninguno es España. Hasta el momento hay setenta y cinco procedimientos de infracción abiertos por este motivo.

“Los estándares mínimos están regulados, pero no están funcionando porque cada estado miembro aplica un sistema de asilo distinto”, asegura la portavoz del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), María Jesús Vega. Uno de los procedimientos abiertos contra España es por no adaptar la Directiva que armoniza criterios básicos como los que determinan quién debe ser considerado refugiado y, por tanto, ser protegido.

“Europa tiene que llegar a un acuerdo para poner en práctica una política común. Tienen que establecerla ya, con normas obligatorias y competencias distribuidas”, concluye Fernando Mariño, catedrático de Derecho Internacional Público en la Universidad Carlos III de Madrid.

2.  “Habilitar las embajadas para acelerar los trámites de asilo”

La acogida en las embajadas es posible. Implica otorgar asilo de facto, como ocurre con el caso de Julian Assange, fundador de Wikileaks, en la embajada de Ecuador en Londres. Cuestión distinta es la capacidad, o incapacidad, de embajadas y consulados para acoger a un gran número de personas, como serían todos los sirios que huyen de la guerra.

Los embajadores no tienen competencia para conceder asilo. “En la práctica no están concediendo un pasaporte que les permita llegar a un país seguro para solicitar asilo. Les dicen: nosotros no se lo podemos dar, pero vamos a enviar su petición a la capital y ahí van a estudiar su caso”, explica Fernando Mariño, miembro del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas.

Ante el retraso en la respuesta, el silencio o la negativa, muchas personas deciden alcanzar por su cuenta, o recurriendo a los traficantes de personas, las fronteras europeas.

Aunque algunas normas dejen abiertos pequeños resquicios, en la práctica estas personas sólo pueden solicitar asilo si llegan a la frontera del país Europeo en cuestión, lo cual se desprende del artículo 3 del Convenio de Dublín.

Sólo pueden pedir ayuda en las embajadas localizadas en terceros países de los que no sean nacionales, según el artículo 38 de la Ley de Asilo española. Así, los sirios, para pedir asilo en España, tendrían que trasladarse a otro país donde haya representación española. No pueden solicitarlo en Damasco.

Fernando Mariño cree que la situación podría mejorar si se estableciesen en el extranjero embajadas específicas ad hoc, delegaciones u oficinas de la Unión Europea en los países en conflicto que se encargasen de las solicitudes directamente: “Si se pusieran de acuerdo, podrían habilitar las embajadas para acelerar los trámites de asilo y tomar todas las medidas necesarias para proteger a estas personas”.

“De ese modo, estas personas vendrían al continente europeo con su solicitud de asilo ya hecha y no se arriesgarían a todo lo que estamos viendo”, apoya José Javier Sánchez Espinosa, director de inclusión social en Cruz Roja.

  REUTERS/Dado Ruvic
Una niña sostiene una flor tras ser detenida por cruzar de forma ilegal la frontera húngara./ Dado Ruvic/ Reuters
3. “Si tuvieran un visado se podrían pagar un vuelo a Europa”

Para viajar a un país europeo legalmente, necesitan un pasaporte y un visado.

En estos momentos, las embajadas ofrecen un visado común para todos, sin diferenciar en función de las circunstancias personales de cada uno. Sánchez Espinosa explica que éste “exige acreditar recursos económicos, demostrar que tienes intención de volver a tu país, mostrar billete de ida y vuelta, tener un seguro médico”. Unos requisitos que ningún asilado puede probar, partiendo de que estas personas no pueden volver a su país sin arriesgar su vida, su integridad física o moral. “Por eso, cuando estas personas solicitan un visado normal, se les deniega”, concluye Cruz Roja.

En busca de una protección más amplia, se proponen los visados por razones humanitarias. Este permiso se concedería siempre que exista un conflicto armado (como el de Siria) o un peligro grave para la seguridad (las amenazas del Estado Islámico), sin necesidad de demostrar que existe un riesgo específico y personal (como la muerte). Este visado les permitiría llegar a nuestro país, o a suelo europeo, de forma legal. Una vez aquí, solicitar asilo.

Pero lo que está ocurriendo es lo contrario, explica Sánchez Espinosa: “Están obligados a entrar de forma irregular. Están pagando un precio muy alto a los traficantes de personas, cuando, con ese dinero, si tuvieran un visado, se podrían pagar un vuelo a Europa”.

4.     “No romper la unión familiar es un principio de humanidad”

A las mesas de ACNUR se acercan unos padres que tienen a sus hijas, ambas menores de diez años, solas en Jordania. A ellos no les dejan moverse. No pueden reunirse. También un hermano que, por haber cumplido dieciocho años, no puede estar con su familia.

 REUTERS/Stoyan Nenov
Una niña juega con su muñeca cerca de la frontera entre Serbia y Hungría./ Stoyan Nenov/ Reuters

La portavoz de la agencia de la ONU para los refugiados, María Jesús Vega, apuesta por una reunificación flexible y ágil.

Flexible.

Reformando el Convenio de Dublín, el cual establece que el solicitante está obligado a tramitar su asilo en el primer país europeo que pisa, aunque no quiera quedarse en él. Esto da lugar a devoluciones muchos años después: “El país en el que te asientas, que sabe que has pasado por uno anterior, te devuelve al primero. Hay refugiados establecidos en un país junto a decenas de familiares durante más de diez años, que trabajan, que tienen casa, y que son devueltos al primer país por el que pasaron, donde ni ahora ni nunca tuvieron absolutamente nada ni a nadie”.

Ágil.

“No puedo esperar tres años a que venga mi mujer y mi hijo porque para entonces puede que estén muertos por una bomba en Siria, o puede que a mi hija la hayan dado en matrimonio para dar de comer al resto de la familia si está en Jordania o en Líbano”, continúa la responsable de ACNUR.

Para Fernando Mariño este es un factor determinante, sobre todo si se trata de niños pequeños o mujeres embarazadas: “No romper la unión familiar es un principio de humanidad”.

5.      “Acogerlos con los brazos abiertos”

La Comisión Europea propuso en un principio establecer un mecanismo permanente de reubicación y fijar cuotas de reparto obligatorias por países. En este punto hay que diferenciar entre reubicación y reasentamiento. Reubicar es trasladar hasta un país de la Unión Europea a aquellas personas que ya están dentro de la Unión. A refugiados que ya han llegado y que se encuentran en los principales países de entrada a Europa.

  REUTERS/ Muhammad Hamed
Niñas sirias dan clase en un colegio de Unicef en el campamento de Jordania./ Muhammad Hamed/ Reuters

Son las 160.000 personas a las que los estados miembros deben “recoger con los brazos abiertos”, dijo Juncker. Los 120.000 de Grecia, Hungría e Italia, y los 40.000 más que ya solicitaron protección en mayo y cuya reubicación fue aprobada el 14 de septiembre.

Una mayoría cualificada ha llegado también a un acuerdo para el reparto en dos años de los 120.000. Un acuerdo al que se oponen Hungría, Rumanía, República Checa y Eslovaquia. Éstos no están dispuestos a cumplir con lo adoptado y recurrirán la decisión.

Ya hay acuerdo también para los 120.000, aunque con el voto en contra de Hungría, Rumanía, República Checa y Eslovaquia. El primer año se trasladará a 66.000 personas procedentes de los centros de acogida de Grecia (50.400) e Italia (15.600). En un segundo año se reubicarán las 54.000 restantes.

El Alto Comisionado de la ONU advierte de que las 120.000 personas sólo equivalen al número de refugiados que llegan a Europa en veinte días. Nuria Díaz, portavoz de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), insiste en la necesidad de que éste sea un mecanismo permanente, y no puntual, para evitar “discusiones eternas cada vez que nos encontremos con esta situación en nuestras fronteras mientras al otro lado haya vidas humanas en riesgo”.

6.     “No se trata de números en una tabla de excel”

“Estas personas tienen que ser escuchadas. No se puede hacer una tabla de excel y enviar a unas personas para un lado y a otras para el otro sin ningún criterio”, señala la jefa de misión de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), María Jesús Herrera, quien apuesta por que sean organizaciones como la suya quienes identifiquen y determinen quiénes son los más vulnerables y a dónde deben ir.

¿Quiénes van a ser estas personas a distribuir en el seno de la Unión?, se pregunta ACNUR. “Si se encarga la UE, probablemente, por agilizar los trámites, se va a tratar de aquellas personas cuya nacionalidad goza de un alto reconocimiento en todos los países miembros y sobre las que existe consenso sobre su estatuto de refugiado: los eritreos, los sirios y los afganos. Los chechenos, por ejemplo, no tienen el mismo reconocimiento”, adelanta María Jesús Vega.

CEAR defiende que el reparto del número de refugiados se debe basar en la solidaridad de todos los estados por igual. Entiende que se puedan tener en cuenta una serie de criterios como la riqueza o los ingresos de un determinado país, pero insiste en que la única manera de homogeneizar el mapa consiste en trabajar para que “en todos los estados, las acogidas sean dignas, porque se les haya dotado de los medios necesarios y de reconocimientos parecidos”, reclama Nuria Díaz.

 REUTERS/Ola Torkelsson
Unos refugiados consultan un mapa al llegar a una estación de tren en Suecia./ Ola Torkelsson/ Reuters
7.     “Estamos hablando de personas y de realidades diferentes”

La OIM considera que es fundamental realizar un registro, una identificación y un análisis de las circunstancias de cada una de estas personas. Cree que es el único modo de dar garantías al proceso.

“Estamos hablando de personas y de realidades diferentes”, indica María Jesús Herrera. “Son muchas en números globales, pero dentro de Europa no son tantas: podemos permitirnos realizar una aproximación más directa de estas personas, seres humanos, víctimas de conflictos”.

ACNUR también cree que las medidas a desarrollar sólo serán exitosas si sabemos exactamente “quiénes están entrando y qué perfiles tienen” para lo que “tiene que haber una movilización de la Oficina de Asilo Europea, las agencias europeas de inmigración y de protección civil. La dimensión del fenómeno lo requiere”.

 REUTERS/Alkis Konstantinidis
Una joven siria a su llegada a la isla griega de Lebos./ Alkis Konstantinidis/Reuters
8.  “El 86% de los refugiados está en los países más pobres”

A diferencia de la reubicación, las tareas de reasentamiento pretenden trasladar a las personas refugiadas en terceros países fuera de la Unión Europea, y en los cuales no pueden permanecer por problemas de seguridad, escasez de recursos o porque necesitan atención psicosocial o un tratamiento básico que no existe. Y es que, según CEAR, “el 86% de los refugiados se encuentran en los países más pobres del planeta”.

Estos casos suelen ser detectados por ACNUR, quien propone su reasentamiento: “Hay 60 millones de personas en el mundo desplazadas por conflicto. No estamos pidiendo reasentamiento para todas, estamos hablando de una pequeña parte de esa población”.

Tal y como ha recordado Juncker, “en Líbano, los refugiados suponen el 25% de la población en un país que sólo posee un quinto de la riqueza de la que disfrutamos en Europa”. Las 160.000 personas que necesitan ayuda europea sólo representan el 0,11%.

9.     “Tener en cuenta la voluntad de regreso”

El presidente de la Comisión Europea ha defendido la creación de una lista de países seguros como una medida que aceleraría los procedimientos de asilo “al determinar cuántos pueden volver a sus países”. “Sería una simplificación del procedimiento, que en ningún caso elimina el derecho fundamental de los solicitantes de asilo”.

La responsable de la OIM, María Jesús Herrera, interpreta la propuesta en positivo: “Es bueno tener en cuenta la voluntad de estas personas, que pueden querer regresar a su país si la situación lo permite”.

 REUTERS/Ognen Teofilovski
Dos niños se asoman a una valla en el campo de tránsito de Gevgelija, Macedonia. Ognen Teofilovski/ Reuters

La lista de Juncker también pretende “dar prioridad a aquellos que están huyendo de países más peligrosos, como Siria”. Ante eso, Herrera apuesta por el criterio de la vulnerabilidad: “podemos aceptar que en determinadas circunstancias haya colectivos considerados más vulnerables: los menores no acompañados, los enfermos, las víctimas de trata… o los ciudadanos sirios; lo importante es que esto no vaya nunca en perjuicio del resto”.

10.   “Pedir asilo no puede ser como jugar a la lotería”

Aunque, como ya hemos repetido, existe una regulación común europea, la política migratoria es competencia de cada uno de los estados miembros. Si no se alcanza un acuerdo comunitario, cada uno aplica su sistema y toma sus decisiones.

“Es necesario que pedir asilo no sea una lotería”, dice la portavoz de CEAR, Nuria Díaz. Hoy no es lo mismo pedir asilo en España que en Alemania, donde el reconocimiento es mayor. Esto ocurre en los veintiocho estados, que no se ponen de acuerdo sobre quién se considera refugiado, las condiciones de acogida, los plazos de resolución, “lo cual demuestra la dirección en la que debemos seguir trabajando: en hacer realidad un sistema común europeo de asilo”.

Además, “las medidas que cada país tome de forma individual sólo agravarán el problema”, completa ACNUR, que se muestra especialmente preocupada por las reformas de Hungría, con leyes que permiten al Ejército emplear pelotas de goma y gas lacrimógeno contra los migrantes y que prevén penas de entre tres y cinco años de cárcel por cruzar de forma ilegal sus fronteras, en las que ha levantado alambradas con cuchillas.

“Ha llegado la hora de adoptar medidas para gestionar la crisis de los refugiados”, dijo el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, el 9 de septiembre. Se trata de habilitar medidas legales y seguras que eviten las travesías mortales a las que se arriesgan las personas que huyen de la guerra, la persecución, la pobreza y el caos.

En la imagen, un niño hace la señal de victoria al llegar a un centro de atención para refugiados en Bruselas. Yves Herman/ Reuters

Por qué Zapatero no ha participado en la campaña catalana

Zapatero

Está apagado o fuera de cobertura o, lo que es lo mismo, “dolido” y viajando con la nueva ONG que preside, lejos de la trascendental campaña electoral catalana. Pero los problemas de agenda no son el único motivo de su ausencia.

Fue ante una muchedumbre y en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Acompañando sus palabras de versos en catalán de Miquel Martí i Pol y al lado de Pasquall Maragall, José Luis Rodríguez Zapatero pronunció la frase:

“Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán”.

Era noviembre de 2003, a tres días de las elecciones que alumbrarían el tripartito de PSC, ERC e ICV. Zapatero proponía, como hoy Pablo Iglesias, echar a Artur Mas, que se presentaba por primera vez como cabeza de lista, y a CiU de la Generalitat que la hoy extinta coalición ocupó durante más de dos décadas. Era, según él, el paso previo a desalojar del Gobierno meses después al PP y a Mariano Rajoy, que sería el candidato a La Moncloa.

Hoy, Zapatero está apagado o fuera de cobertura o, más bien, decepcionado y viajando con la ONG internacional Instituto de Diplomacia Cultural, con sede en Berlín. A diferencia de Felipe González, el último jefe del Ejecutivo socialista no ha participado en la campaña electoral catalana. Fuentes de su entorno explican que fue invitado por Miquel Iceta, el líder del PSC, pero no aceptó la oferta argumentando problemas de agenda. Sin embargo, en la decisión ha pesado mucho la imagen actual del expresidente, que se siente “dolido” y decepcionado por lo que considera una manipulación de su gestión.

“Zapatero puso de acuerdo a todos, también los nacionalistas de CiU y a ERC, para un nuevo estatuto que podría haber resuelto el problema para los próximos 20 o 30 años”, razonan estas fuentes. El recurso ante el Constitucional y su fallo, envuelto en la polémica, frustraron esa esperanza que tanto aplaudía Maragall en el Palau Sant Jordi. La sentencia de 2010 es considerada a menudo como el punto de inflexión tras el que el independentismo dejó de ser residual para convertirse en relevante en la sociedad catalana. Y Zapatero, al que le incomoda que le reproduzcan su frase, es considerado “como parte del problema, cuando en realidad lo fue de la solución”, agumentan sus próximos. Por si fuera poco, la inversión en Cataluña de los Gobiernos de Zapatero “fue altísima, al contrario que la del PP”, señalan, algo que no se está teniendo en cuenta.

Una mala relación con Ferraz

La relación del expresidente con Pedro Sánchez es un factor adicional que explica su insólito silencio. El actual líder del PSOE está desplegando una intensa actividad en Cataluña, en la que muchos ven un intento por fabricar una imagen de presidenciable que se vería contaminada por la presencia de sus antecesores en las riendas del partido.

Sánchez se ha desmarcado de la reforma de la Constitución que abanderó Zapatero en el verano de 2010, a pesar de que entonces votó a favor. Desde Ferraz, se reprocha al expresidente su cercanía a rivales internos como Eduardo Madina o recientemente Juan Segovia, el candidato a liderar el PSOE en Madrid que perdió en primarias frente a Sara Hernández, preferida por Sánchez.

Alfredo Pérez Rubalcaba tampoco ha estado en la campaña al serle imposible participar en la fecha que le propusieron, según confirman desde el PSC. En cualquier caso, fuentes cercanas a Rubalcaba y Zapatero destacan que, en caso de haber existido un gran interés por la presencia de ambos, no habrían faltado a la cita. “Cuando se quiere, se puede”, resumen. Desde la Ejecutiva de Ferraz, en cambio, se descarga en el PSC la responsabilidad de invitar a los que han sido primeros espadas del socialismo español, a pesar de que estaban llamados a compartir escenario con el actual líder del partido.

Estas ausencias contrastan con la gran presencia que ha tenido González en la campaña, compartiendo mitin este miércoles con Sánchez e Iceta y manteniendo una intensa presencia en medios de comunicación, incluyendo una polémica entrevista en la que consideró a Cataluña como nación y un artículo en el que pedía a los votantes que no se entregasen al independentismo.

Zapatero propone un “esfuerzo común y conjunto” para “hacer que las banderas no separen”, “que la diversidad nos una y que caminemos en el convencimiento del progreso”. Se refiere, en un vídeo que aparece en la web de la ONG que preside desde este verano, a los caminos de la diplomacia internacional.

Doña Letizia hecha muñeca

38582_2_635774878240947061w

La tercera edición de Madrid Fashion Doll Show Convention -que se celebra estos días- tendrá una protagonista: una réplica de la Reina Letizia. La muñeca Real es la estrella de la convención que tiene lugar en el Hotel Ayre Gran Colón. “A estas alturas seguro que la Reina ya la ha visto porque ha salido en todos los telediarios. Espero que le haya gustado porque es muy auténtica”, relata ilusionada una de las organizadoras.

70672_2_635774878902226822w

La tercera edición de Madrid Fashion Doll Show Convention -que se celebra estos días- tendrá una protagonista: una réplica de la Reina Letizia. La muñeca Real es la estrella de la convención que tiene lugar en el Hotel Ayre Gran Colón. “A estas alturas seguro que la Reina ya la ha visto porque ha salido en todos los telediarios. Espero que le haya gustado porque es muy auténtica”, relata ilusionada una de las organizadoras.

No se esperaban tanta repercusión y es que todo lo que lleve asociado el nombre de la Reina Letizia es sinónimo de éxito y polémica, a partes iguales. EL ESPAÑOL pregunta en prensa de Zarzuela cuál ha sido la cara de la Reina al verse convertida en la muñeca con la que seguramente ella jugó de pequeña. “Nada que decir al respecto”, apuntan desde prensa de Casa Real.

Los creadores de la Barbie Letizia son Vasili Barbier (ningún parentesco con la célebre muñeca) y Sergei Amelko, dos rusos treintañeros coleccionistas que decidieron hace cuatro años dedicarse a “make a dolls” (hacer muñecas), como ellos mismos aclararon este jueves en la presentación a la prensa en Madrid. No debe ser su único negocio, ya que sólo se dedican a transformar Barbies para que se parezcan a celebridades famosas, como la de la Reina Letizia, y sólo fabrican una unidad de cada creación.

La inspiración les vino durante un viaje a Madrid que coincidió en el tiempo con la proclamación del rey Felipe VI. De Doña Letizia les impresionó “su belleza, elegancia y saber estar”. Al llegar a Rusia se documentaron sobre su actividad como monarca y les cautivó definitivamente su dedicación e interés por los temas sociales y por los más desfavorecidos.

Tal es la fascinación de estos jóvenes creadores rusos que, de manera excepcional, la muñeca de Doña Letizia no se subastará este domingo sino que esperan podérsela entregar en persona o hacérsela llegar a Zarzuela. La filosofía de la creadora de Barbie tiene muchos paralelismos con la vida de la monarca: a través de la muñeca cualquier niña puede ser lo que desee. Aunque muchas feministas reprocharon que representaba un modelo estético inalcanzable. A la Reina le preocupa y mucho su estética.

La réplica de Letizia es casi exacta. Los jóvenes rusos han sabido recrear con precisión los pómulos, la barbilla y la nariz que tanto se ha retocado la Reina. La han vestido con el diseño que lució en la cena previa a la boda de los Duques de Cambridge. Un modelo de su modisto de cámara, Felipe Varela, de tul gris con bordados florales y escote palabra de honor.

Coleccionistas y curiosos se darán cita este domingo en la capital para contemplar no sólo la Barbie Real, sino un centenar de muñecas que bien podrían conformar toda la corte. Se podrá pujar por ellas y los beneficios irán destinados a la ONG “Un Juguete, una Ilusión”. Además, y a través de Ebay, se podrá acceder a una subasta durante todo el mes de septiembre, cuyos beneficios también se destinarán a hacer llegar juguetes a los niños desfavorecidos.

Quizás la Reina tenga un gesto solidario y, como ha hecho en alguna ocasión, se presente sin previo aviso acompañada de sus dos hijas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía, a contemplar su versión más plástico fino, que decía Radio Futura.

La Barbie Letizia llega tarde, otras royals europeas, hace tiempo que tienen su réplica en palacio.

 

“La actitud permisiva de las autoridades húngaras acabará muy pronto”

Lázsló Cselényi, ex director de la televisión internacional pública de Hungría, Duna TV, ha pasado muchas horas en la estación de Keleti en Budapest durante las últimas semanas. Allí ha visto a los refugiados que pasan cada día con destino hacia Austria y Alemania. Y ha compartido conversaciones con sirios, afganos, iraquíes, kurdos sobre las maravillas de Palmira, los bombardeos de Alepo, el Estado Islámico en Siria o las historias personales de cada uno…

En la imagen, un grupo de refugiados llega el pasado día 5 a la estación de Hegueshalom, en Hungria, cerca de la frontera de este país con Austria. LASZLO BALOGH / REUTERS

Por qué la crisis de los refugiados paraliza y enfrenta a la UE

IMG_0015
Lázsló Cselényi

Lázsló Cselényi (Cluj Napoca, Transilvania, 1951) presentó su dimisión como director de la televisión internacional pública de Hungría, Duna TV, el día que el Parlamento húngaro votó a favor de la polémica nueva Ley de Medios de 2010. Es un laureado director de documentales húngaro, especializado en minorías (él mismo nació como húngaro en Rumanía). Gran conocedor y amante de muchos de los países de los que provienen los refugiados que llegan a Europa, tiene amigos en Palmira (Siria) a los que hace tiempo que no contacta por temor a ponerles en peligro. No sabe si siguen vivos. Ha pasado muchas horas en la estación de Keleti en Budapest durante las últimas semanas, donde las autoridades húngaras ahora dejan proseguir su camino a los refugiados que pasan cada día por ahí con destino hacia Austria y Alemania. Ha compartido conversaciones con sirios, afganos, iraquíes, kurdos sobre las maravillas de Palmira, los bombardeos de Alepo, el Estado Islámico en Siria, las historias personales de cada uno… Atiende a EL ESPAÑOL a través del teléfono y por correo electrónico desde Budapest, donde reside desde hace décadas:

PREGUNTA.- Si tuviera que describir en una frase lo que está sucediendo con los refugiados en Hungría, ¿cuál sería?

RESPUESTA.– Caos, cinismo, desinterés, amedrentamiento de quienes quieren ayudar. [Aunque desde el fin de semana la situación ha mejorado mucho] en la estación de Keleti los migrantes ya llegan y se van sin problemas. Ahora los principales conflictos están en la zona de Röszke, en la frontera con Serbia [donde este martes salieron a la luz imágenes de una periodista poniendo zancadillas y pegando patadas a los refugiados].

P. El primer ministro húngaro, Viktor Orban, ya tenía un discurso xenófobo antes de esta crisis. ¿Le sorprende alguna de las medidas que está tomando, como la valla de espinas en la frontera o el traslado forzoso de los migrantes a un campo de refugiados?

R. No. Desde principios de este año sabemos que iban a llegar miles y miles de inmigrantes. Hungría y todos los países europeos reciben fondos especiales de la Unión Europea para estas situaciones, pero el Gobierno húngaro no estableció campos de refugiados modernos y humanitarios ni compró comida, ni camas o agua. Los migrantes han recibido todo esto mediante organizaciones civiles.

El Gobierno húngaro colgó carteles de las vallas en las fronteras en las que ponían: “Inmigrantes, no nos quiten trabajo”. Y lo pusieron en húngaro, de forma que no lo entienden siquiera. Da la impresión de que todo el problema de los migrantes es un producto de comunicación interno. Siempre que hay graves problemas internos, el Gobierno recurre a la propaganda para desviar la atención sobre la problemática real.

P. El año pasado el Gobierno de Orban llevó a cabo una dura campaña contra las ONG críticas con su Administración. ¿Quedan organizaciones humanitarias capaces de prestar ayuda a los refugiados? ¿Y ciudadanos individuales?

Una refugiada espera transporte para Austria o Alemania el pasado día 5, cerca de Budapest. DAVID W. CERNY / REUTERS

R. Han dificultado su actividad por todos los medios. Existe entre la ciudadanía gente dispuesta a ayudar, también algunas organizaciones civiles. Están en las estaciones de trenes, en lugares donde juntan a los refugiados, allá donde se les necesita. Pero las autoridades les han impedido  ejercer su función humanitaria. En Bicske [donde se encuentra el campo de refugiados a 40 km de Budapest donde las autoridades llevaron forzosamente a los refugiados con el tren] no les dejaban ni siquiera repartir agua. [Hasta el viernes pasado], si alguien intentaba llevarles en coche, les paraban inmediatamente y les podían detener porque dicen que son “inmigrantes ilegales”.

Las autoridades intentan no dejar funcionar correctamente a la prensa. Les apartan de los migrantes. La propaganda estatal es cada vez más intensa. [Habla de] peligro de terrorismo, agresividad de los migrantes, irresponsabilidad de Alemania y arrogancia de Austria… Un ejemplo: los trabajadores de la televisión pública (MTVA) han recibido instrucciones de no mostrar imágenes de niños entre los migrantes (“Que no haya niños”… en una información sobre la “interceptación” de 1.600 migrantes) porque ellos despiertan la simpatía de todo el mundo [la información se filtró en agosto].

Bajo mi punto de vista, esto es un crimen de guerra. Hay una parte de la población llena de odio, a quienes les gustaría cerrar herméticamente las fronteras y apartar a los migrantes con fusiles. El redactor jefe del periódico Demokrata, el más leído de Hungría y afin al Gobierno, ha llamado “animales”, literalmente, a los migrantes. La inmensa mayoría de los húngaros, engañados por la propaganda y las pancartas antimigrantes, tienen miedo de ellos. Y la Policía húngara hace lo que se les ordena y, dentro de lo que cabe, están obrando con humanidad.

Sin embargo, el mayor problema es la indiferencia. Grupos de extrema derecha podemos encontrarlos en cualquier parte pero pueden ser neutralizados a través de una sociedad sana. La indiferencia es el terreno de cultivo de todo esto. Es incomprensible que la memoria colectiva no esté funcionando. Esta nación, la húngara, ya se quebró una vez hace 70 años por la indiferencia, cuando volvieron la cabeza al pasar los convoyes de la muerte [deportando a  judíos].  [Este fin de semana] muchos húngaros han empezado a ayudar a los migrantes, [ya] sin miedo. ¡Menos mal!

Un grupo de refugiados llega el pasado día 5 a la estación de Hegueshalom, en Hungria, cerca de la frontera de este país con Austria. LASZLO BALOGH / REUTERS

P. Usted fue director de la televisión internacional húngara durante seis años (2004-2010) hasta que el Gobierno actual implantó una ley de censura para los medios. ¿Cómo están los medios públicos cubriendo las noticias estos días?

R. La televisión pública está norcoreanizándose. Da voz solo al discurso del Gobierno y contrario a los inmigrantes. Desde hace meses están emitiendo reportajes cuyo contenido “explica” los supuestos enormes peligros que entrañan los migrantes: cuántos terroristas podrían esconderse entre ellos, que están descuidados, que huelen mal, que no es verdad que hayan tenido que dejar su patria, que tienen dinero que les sobra, que tienen teléfonos móviles y que por qué no suben a un avión y van ahí donde quieren. Esto no es broma. Esto lo ha dicho el vicepresidente de Fidesz [el partido gubernamental]. Es una propaganda execrable.

Desde hace tiempo ya no se aplica el porcentaje de minutaje que las normas exigen conceder a la oposición y cuando lo hacen, lo compensan con una crítica demoledora. Los canales de la oposición están haciendo su trabajo, aunque con dificultad.

P. En España se ha empezado a abordar la crisis migratoria muy recientemente, pero en Hungría parece ser un asunto de discusión desde hace tiempo…

R. La situación ha cambiado [en las últimas semanas] en el sentido de que las autoridades se sienten más inseguras que antes, porque hay una gran avalancha. Las medidas que están tomando son contradictorias. Tienen una actitud muy firme en las negociaciones en el extranjero, pero internamente las negociaciones son caóticas. La [actual] actitud permisiva de las autoridades acabará muy pronto.

   REUTERS/Marko Djurica      TPX IMAGES OF THE DAY
Alvand, un joven sirio de 18 años, toma un selfie tras atravesar la frontera húngara cerca de Roszke, el pasado día 5. MARKO DJURICA / REUTERS

P. Aún así no todo es culpa del Gobierno húngaro, ¿no?

R. La Iglesia tampoco toma una postura decidida. Desde el sábado es más activa, pero [hasta entonces] no había ayudado a los refugiados. El cardenal húngaro, Peter Erdö, dijo en una entrevista que la Iglesia no puede dar cobijo a los migrantes, porque entonces estaría ayudando a los traficantes de personas, lo cual está prohibido por ley. La Iglesia Católica húngara actúa por su cuenta. Parece que Fidesz [el partido del Gobierno] es el jefe de la Iglesia aquí.

P. Usted ha estado yendo durante casi dos semanas a diario a la estación de tren de Keleti en Budapest para ayudar y charlar con los refugiados. ¿Qué le transmiten?

R. Ya no hay una aglomeración tan grande, pero siguen llegando. [Cuentan] que están en camino desde hace semanas, que su capacidad de resistencia están en las últimas, hay algunos que han estado durante meses en Turquía. Algunos decían “dios mío, qué no daría para poder recibir un baño caliente”.

Para ellos supone un gran apoyo la prensa internacional, por lo que las autoridades han tratado de impedir el trabajo de los informadores.

Enseguida están muy agradecidos por cualquier gesto hacia ellos, como darles agua, galletas o chocolatinas para los niños. Su única conexión con el mundo exterior es internet, a través del cuál ven el apoyo internacional que reciben. Esa cobertura que reciben, para ellos supone su defensa.

P. ¿Cuál es la historia que más le ha impresionado de los refugiados que ha visitado en esta estación de Budapest?

R. Un día en la estación de Keleti lloré. Muchas veces alguna pequeñez es suficiente. Había ahí una tubería rota de donde brotaba agua que caía al suelo y los migrantes se lavaban manos y piernas e intentaban lavar sus zapatos. Vi a una niña de unos cinco años que no tenía cepillo de dientes y metía su manita para coger algo de agua con el dedo y poder lavarse los dientes con un mejunge que guardaba su padre en una bolsita de plástico. Tuve que salir corriendo. Recordé a mis idolatrados nietos a la vez que pensaba que cualquiera en cualquier momento puede ser un refugiado.

P. ¿Qué hace falta hacer en Hungría con mayor urgencia?

R. Hay que pregonar la humanidad. Ese es el deber más importante. La indiferencia hay que eliminarla. A los fascistas, xenófobos, a quienes piden sangre, hay que condenarlos públicamente.

Tengo la esperanza de que dentro de unos años estas personas no escupan cuando se encuentren con algún húngaro o cuando escuchen hablar de Hungría. Esa es mi esperanza, porque somos muchos los que pensamos así.

¿Migrantes o refugiados?

Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

La crisis humanitaria que vive Europa ha encendido un debate en torno a los términos ‘migrante’ y ‘refugiado’ para hablar de los miles de personas que arriesgan su vida para alcanzar el viejo continente.

En la imagen, refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. Dimitris Michalakis/Reuters

Refugiados sirios rezan al llegar a la isla griega de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis
Refugiados sirios rezan al llegar a la isla griega de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

La crisis humanitaria que vive Europa ha encendido un debate en torno a los términos ‘migrante’ y ‘refugiado’ para hablar de los miles de personas que arriesgan su vida para alcanzar el viejo continente.

“Al nombrarlos como migrantes les estamos negando los derechos que son suyos”, afirma Teresa Vázquez, letrada especialista en derecho de asilo, por correo electrónico desde Líbano.

Algunos medios de comunicación usan ambas palabras indistintamente, otros se decantan por ‘migrante’ como un paraguas más amplio y Al Jazeera, por ejemplo, defiende el uso exclusivo de ‘refugiado’ ya que “migrante es una palabra que priva de voz a gente que sufre”.

¿Qué diferencia a un migrante de un refugiado?

“El refugiado ‘nace’ en la Convención de Ginebra de 1951 y alude a la obligación de los Estados que suscriban dicha declaración de dar protección a las personas que han debido dejar su lugar de origen o residencia por sufrir persecución”, explica Santiago Gómez-Zorrilla, de Accem, la ONG especializada en asilo y migraciones.

Por el contrario, el migrante decide abandonar su país para buscar unas condiciones de vida mejores en el extranjero, coinciden las fuentes no-gubernamentales consultadas por EL ESPAÑOL.

Pero para ser protegido, un refugiado necesita presentar una solicitud formal al país de destino. “Todavía no hay una armonización total tanto de los derechos como de las condiciones de acogida [en la UE]”, dice Rosa Otero, asistente de comunicación en ACNUR. “Se tiene que seguir trabajando en un sistema europeo común de asilo”.

En España las solicitudes son revisadas por la Oficina de Asilo y Refugio (OAR), que también decide si se admiten o no a trámite. El Ministerio del Interior toma la decisión final. Los tipos de protecciones fundamentales son el estatuto de refugiado y la protección subsidiaria para aquellas personas que, sin reunir las condiciones para ser refugiadas, pueden sufrir graves daños si retornan.

Los solicitantes de protección internacional tienen derecho a permanecer en España mientras se resuelve su solicitud y acceso a ciertas prestaciones y beneficios como asistencia jurídica gratuita.

“El sistema de asilo español es bastante bueno”, explica desde Líbano Teresa Vázquez. “El problema reside en que España no tiene un sistema claro para otorgar visados humanitarios en sus embajadas que les permita a los refugiados viajar sin poner en peligro sus vidas… Nuestro Gobierno tiene que volcarse ampliando las cuotas de reasentamiento y otorgando visados humanitarios en las embajadas de los países vecinos a zonas de conflicto”.

15.000 refugiados más para España

En 2014, España recibió alrededor del 1% del total de solicitudes de protección internacional en la UE, según un análisis de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Ese año concedió 384 estatutos de refugiado, 1.199 estatutos de protección subsidiaria y dos protecciones por razones humanitarias, según datos de Interior. El grupo más favorecido fueron los sirios.

La Comisión Europea propondrá el miércoles aumentar a 120.000 la cuota de refugiados que puede asumir la UE. A España le corresponderían casi 15.000 refugiados más, un 12% del total para los países miembros.

El Gobierno español ha asegurado este lunes que no tiene límite para la acogida de refugiados, tras una reunión de la comisión interministerial creada para la crisis humanitaria, informa EFE.

Respecto a la terminología para hablar de los afectados por la crisis humanitaria, Gómez-Zorrilla asegura que el término ‘migrante’ “es incorrecto en el sentido de que ‘refugiado’ es un término que resalta que son personas que se han visto forzadas a salir de su país en contra de su voluntad”.

Por su parte, Otero, de ACNUR, opina que conviene usar ambas terminologías en las informaciones de prensa. “Ahora mismo, lo que nosotros recomendamos es hablar, con la llegada que está habiendo desde el Mediterráneo, de inmigrantes y refugiados”, dice. “Pero es importante no hablar sólo de crisis migratoria porque es más bien una crisis de refugiados”.

Atrapados en el puerto de Lesbos

DSC01607

Ni se hablará de ellos ni se recordarán sus nombres ni se conocerá su historia. Sus caras se perderán entre miles en las fotos de la prensa internacional. O ni siquiera eso. Pero ellos están aquí, con las caras quemadas bajo el sol inclemente de este comienzo de septiembre, en medio del infierno del puerto de Mitilene, en Lesbos.

Reportaje gráfico: Mariangela Paone

MITILENE (LESBOS).– Ni se hablará de ellos ni se recordarán sus nombres ni se conocerá su historia. Sus caras se perderán entre miles en las fotos de la prensa internacional. O ni siquiera eso. Pero ellos están aquí, con las caras quemadas bajo el sol inclemente de este comienzo de septiembre, en medio del infierno del puerto de Mitilene, en Lesbos.

Mientras el mundo entero llora la muerte del pequeño Aylan en la playa turca de Bodrum, en la otra orilla, cientos de niños como Aylan sufren en sus carnes las condiciones de una travesía inhumana que no ha hecho más que empezar. Están atrapados desde hace días, junto a sus padres, en el embudo que es esta isla griega para los miles de refugiados que siguen llegando a sus costas, sin parar, en lanchas cargadas más allá del límite.

20150903_121009[1]

No hay sombra bajo la que resguardarse ni tiendas ni baños ni aseos en el inmenso campo de refugiados que es el muelle de esta ciudad. En los arcenes de la entrada, donde se encuentran los únicos árboles del recinto, las madres acunan a los más pequeños cuyos llantos se pierden en el griterío general. Algunas han caminado durante días para llegar desde la otra punta de la isla con los bebés a cuestas y los niños mayores de la mano. El trayecto se extiende durante 70 kilómetros.

Las marcas del camino están impresas en la piel: muchos niños tienen eritemas y fragmentos de piel enrojecida por todo el cuerpo. Los padres deben sacar una fuerza titánica para tranquilizarles mientras tratan a duras penas de disimular el cansancio y sobre todo el miedo. Como todos los que están aquí, no saben cuándo podrán dejar Lesbos y subirse a uno de los ferries que dos o tres veces a la semana trasladan a los refugiados hasta el puerto ateniense del Pireo sin que baje el número de los que se quedan aquí.

El alcalde de Mitilene, Spyros Galinos, pidió el miércoles la declaración del estado de emergencia porque en la isla puede haber más de 20.000 refugiados y la mitad se encuentra en los alrededores del puerto. Una ciudad dentro de la ciudad. “En los últimos dos meses, el número de migrantes que han pasado por la isla es mucho mayor que el de su población: 85.000 habitantes”, declaró. Los que salen son remplazados por los que llegan, que suelen ser entre 500 y 900 cada día aunque el sábado pasado desembarcaron unas cien lanchas: más de 4.000 personas.

DSC01607

La única oficina de la policía portuaria que registra a los refugiados sirios y les entrega el salvoconducto que les permite salir de Lesbos está desbordada. El caos reina sobre el procedimiento, el lugar y los tiempos de entrega de los papeles. Hasta ahora los datos se tomaban en dos precarios campos a las afueras de Mitilene: el del pueblo cercano de Moria y el de Kara Tepe, a un par de kilómetros de la ciudad.  Allí mismo volvían los agentes para completar la gestión y entregar el documento. Pero ayer por la mañana Kara Tepe estaba casi vacío porque a los sirios se les había dicho que fueran al puerto para el registro. Una vez aquí se encontraron otra vez en el limbo, en una espera de horas sin respuestas ni certezas.

Muchos se agolpan frente a la oficina donde se hacen los registros, mantenidos a distancia por los militares que llevan las caras cubiertas por mascarillas sanitarias. Otros, sin perder de vista la oficina para captar cualquier cambio o anuncio, miran desde lejos por temor a que estallen desórdenes como sucedió hace unos días cuando la tensión acabó en enfrentamientos entre grupos de refugiados. A los sirios se le da prioridad frente a los afganos y a los iraquíes que forman parte de este inmenso éxodo. Los refugiados tienen miedo también a los militares. Un joven levanta la camiseta y enseña un gran moratón en el brazo.

DSC01606

Poco después un agente sale de la zona acordonada blandiendo la porra y golpea a uno de los hombres. Los que están alrededor se dispersan. Entre ellos hay mujeres y niños. Pasan unos minutos y vuelven a concentrarse frente a la oficina, la primera y la última estación de un vía crucis que puede durar más de una semana. Muchos deciden no esperar en los campos de las afueras y se quedan en los alrededores, comprando tiendas de campaña de su propio bolsillo por 25 euros en los establecimientos de la ciudad.

Decenas y decenas de carpas azules ocupan el parque aledaño al puerto, al lado de un balneario destinado a las familias de los militares. Es un lugar de vacaciones protegido en medio del descontrol y rodeado de gente que vive en condiciones de insalubridad. “Nadie nos atiende, nadie nos ayuda. Se nos trata peor que a los animales”, dice un hombre sirio que lleva cinco días aquí. Es algo que repiten todos. Muchos se acercan espontáneamente para enseñar a sus hijos enfermos, para pedir si se puede hacer algo con los papeles, para pedir información, para enseñar las marcas de los porrazos recibidos por los militares. “Nos gritan: ¡Marchaos! ¡Marchaos! ¡Quietos! ¡Sentaos!”.

A media tarde en el puerto, se anuncia que las familias serán trasladadas otra vez a Kera Tepe para esperar allí la recogida del salvoconducto que les llevará en un ferry gratuito a Grecia. En Kera Tepe las condiciones son aún peores y la labor de las ONG internacionales es una gota de agua en un mar inmenso.

Al llegar el primer autobús, estalla el caos. Todos se apiñan frente a la puerta delantera intentando entrar sin dejar atrás a la familia y a los amigos. Las puertas se cierran entre los gritos de dos mujeres que se han quedado fuera con sus hijos subidos al autocar. El conductor ya ha arrancado cuando los agentes empiezan a golpear el vehículo para que pare y deje subir a las madres. Decenas de niños asisten mudos a la escena.

La foto de la vergüenza de Europa

ATTENTION EDITORS - VISUAL COVERAGE OF SCENES OF DEATH OR INJURY A Turkish gendarmerie carries a young migrant, who drowned in a failed attempt to sail to the Greek island of Kos, in the coastal town of Bodrum, Turkey, September 2, 2015. At least 11 migrants believed to be Syrians drowned as two boats sank after leaving southwest Turkey for the Greek island of Kos, Turkey's Dogan news agency reported on Wednesday. It said a boat carrying 16 Syrian migrants had sunk after leaving the Akyarlar area of the Bodrum peninsula, and seven people had died. Four people were rescued and the coastguard was continuing its search for five people still missing. Separately, a boat carrying six Syrians sank after leaving Akyarlar on the same route. Three children and one woman drowned and two people survived after reaching the shore in life jackets. REUTERS/Nilufer Demir/DHA ATTENTION EDITORS - NO SALES. NO ARCHIVES. FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS. TEMPLATE OUT. THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY. IT IS DISTRIBUTED, EXACTLY AS RECEIVED BY REUTERS, AS A SERVICE TO CLIENTS. TURKEY OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN TURKEY.

El pequeño de la foto no va a llegar con vida a la reunión del Consejo Europeo prevista para el próximo 14 de septiembre. 12 días más a la espera de decidir en los despachos qué hacer con una crisis humanitaria anunciada y sabida. Las iniciativas ciudadanas y las ONG intentan paliar la falta de acción coordinada de la UE.

En la imagen un agente de la guardia costera turca rescata el cuerpo sin vida de un pequeño en las playas de Bodrum. REUTERS / NILUFER DEMIR

Un pequeño yace inerte en brazos de un agente de la guardia costera turca. Ha fallecido en aguas del Mediterráneo mientras intentaba alcanzar junto a su familia la isla griega de Kos. Es una de las últimas víctimas de la crisis migratoria que sufren miles de sirios, afganos, y otros ciudadanos que tratan de llegar a la Unión Europea huyendo de los conflictos en sus países. Es, también, la foto de la vergüenza del viejo continente.

Las imágenes de este miércoles -en este caso de la agencia Reuters- muestran la crudeza de lo que sucede a las puertas de nuestras casas. “Es una foto chocante, pero más chocante es saber que hay niños que mueren así”, lamenta Eva Cosse, portavoz de Human Rights Watch en Grecia en conversación telefónica con EL ESPAÑOL.

Para aquellos que consiguen llegar, las cosas tampoco son nada fáciles. “Llegan a un país que no puede lidiar con la situación”, afirma Kate O’Sullivan, que trabaja en la isla de Lesbos con Save the Children. “Las ONG están sufriendo para cubrir sus necesidades; es absolutamente abrumador”. Cosse coincide, pero recuerda que era una crisis anunciada: “La crisis humanitaria aguda comenzó hace un año, pero la situación empezó cinco años atrás. Llevamos años pidiendo a la Unión Europea y a Grecia que mejoren su política de asilo, y nada. Ahora las autoridades [griegas] son completamente incapaces de hacer frente a la situación”.

Sólo en junio, 4.270 niños llegaron a las islas griegas. De ellos, 86 viajaban solos. “La reunión del Consejo Europeo es un movimiento positivo”, dice O’Sullivan. “Por supuesto, si trabajas sobre el terreno a diario con niños nada es demasiado pronto”.

Tareas urgentes

La llegada masiva de refugiados, la inestabilidad política del país y sus dificultades económicas han formado un cóctel explosivo que sobrepasa al país heleno. Cosse cree que la solución pasa por que los 28 estados miembros envíen personal sanitario, policial y trabajadores sociales para poder atender a los miles de inmigrantes que llegan a diario. Enumera otras tareas que a su juicio debe llevar a cabo urgentemente la UE:

  • Crear un camino humanitario seguro para llegar a la UE
  • Facilitar visados humanitarios
  • Facilitar la reunificación familiar con refugiados ya asentados
  • Reducir los trámites burocráticos

12 días más. Ese es el margen que se han concedido los gobernantes de la Unión Europea para buscar nuevas soluciones a una crisis migratoria que no deja de crecer hasta la reunión del Consejo Europeo el 14 de septiembre. Mientras tanto, cientos de personas siguen pereciendo de camino a un lugar que -esperan- les permita llevar una vida digna.

Los refugiados siguen llegando por miles y se topan de bruces con alambradas levantadas de la noche a la mañana y jefes de Gobierno que no se ponen de acuerdo en el reparto de una avalancha de personas necesitadas, para las que no estaban preparados.

12 días más, como mínimo, para empezar a hablar. Mientras tanto, miles de refugiados se tendrán que contentar con encontrar ayuda en las iniciativas ciudadanas como una suerte de “Airbnb de los refugiados” en Alemania para darles un techo bajo el que cobijarse, según relata el diario británico The Guardian, o llevándoles comida al campo de refugiados improvisado junto a la estación ferroviaria central de Budapest.

Mientras tanto, miles de de personas que se han salvado tras recorrer miles de kilómetros se exponen a volver a temer de nuevo por su vida cuando un grupo de neonazis venga a dejarles claro que no les quieren en su país, como ya ha sucedido. Y ellos tienen suerte, porque muchos otros ni siquiera han tenido la oportunidad de encontrar esa ayuda desinteresada de personas solidarias, pues pierden la vida en el camino.

Al menos 11 personas han muerto en las últimas horas ahogados intentando alcanzar la isla griega de Kos, según la agencia de noticias turca Dogan. Los dos botes en que viajaban las víctimas -que se cree son sirias- se hundieron tras dejar la costa suroeste de Turquía, recoge Reuters. El niño de la imagen estaba entre ellos.

2.500 migrantes muertos cruzando el mar

Todos ellos seguían una de las rutas habituales de entrada a Europa para afganos y sirios en su mayoría, explican desde Médicos Sin Fronteras, que está atendiendo la llegada de refugiados en las islas helenas de Kos y Lesbos. Sólo en la capital de la isla de Kos, del mismo nombre, MSF estima que se encuentran 6.000 migrantes en busca de asilo.

Ya en los meses de abril y mayo las autoridades alojaron a cientos de personas en un hotel abandonado. En MSF tienen tanto trabajo que ha resultado imposible poder hablar con representantes de la ONG presentes en la isla. No dan abasto, explican desde Madrid.

“Traficantes de botes tan organizados que incluso dan recibos por 5.350 dólares a una familia de nueve [miembros]”, tuitea el director de emergencias de HRW. (Vean la foto de la factura).

En lo que va de año, más de 2.500 migrantes han muerto o desaparecido intentando cruzar el mar, según datos de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (IOM). Los que han conseguido atravesar el Mediterráneo superan ya los 300.000. El año pasado, fueron unos 220.000. Y sin embargo, “volverían a correr el riesgo, porque se trata de vivir o morir”, recuerda Cosse.

Grecia e Italia, respectivamente, son los principales receptores dado que absorben la inmensa mayoría de las llegadas. El resto llegan a España, según la Organización Internacional para las Migraciones. Por datos como estos, Human Rights Watch subraya que es imprescindible crear una política de asilo “armonizada” entre los Estados miembros, lo que está en boca de muchos líderes europeos, pero que no sucederá a corto plazo.

La ruta Libia-Italia también ha recibido un constante flujo de inmigrantes. Este martes, cuatro cuerpos fueron encontrados en las aguas del Mediterráneo central y 781 personas -procedentes sobre todo de Nigeria, Costa de Marfil y Senegal- fueron rescatados, según la ACNUR.

¿Castigar o no la prostitución? 4 razones en contra y 4 a favor

prostitucion

La organización de derechos humanos Amnistía Internacional ha planteado una pregunta casi tan vieja como el oficio más antiguo del mundo. ¿Es la prostitución un crimen que debería ser penalizado?

La organización de derechos humanos Amnistía Internacional ha planteado una pregunta casi tan vieja como el oficio más antiguo del mundo. ¿Es la prostitución un delito que debería ser penalizado?

El comité directivo de Amnistía ha aprobado este martes adoptar la despenalización de la prostitución como su postura oficial. Durante las últimas semanas esta propuesta ha suscitado una batalla de declaraciones por parte de numerosas organizaciones, trabajadores sexuales y hasta celebridades cómo Emma Thompson o Meryl Streep.

Para elaborar este documento, Amnistía ha entrevistado a trabajadores sexuales de cinco países y se ampara en investigaciones de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud. Su conclusión es que criminalizar el trabajo sexual aumenta la probabilidad de discriminación, acoso y violencia de las personas que se dedican a estas actividades. Por lo tanto, a partir de ahora Amnistía defenderá formalmente descriminalizar la prostitución, siempre que sea entre adultos y consentida.

EL ESPAÑOL ha hablado con organizaciones y plataformas activas en el debate, que defienden desde considerar la prostitución un crimen bajo cualquier circunstancia hasta despenalizar la actividad de todos los participantes de la industria del sexo, incluyendo clientes y proxenetas.

4 argumentos en contra de castigar la prostitución

Descriminalizar la industria del sexo protege a los trabajadores sexuales

Más de 800 personas, entre las que se incluyen numerosos trabajadores sexuales, académicos y miembros de instituciones de derechos humanos han firmado una carta iniciada por el Comité Internacional sobre los derechos de los trabajadores sexuales en Europa (ICRSE) apoyando la iniciativa de Amnistía “de proteger a los trabajadores sexuales de la violencia y discriminación”.

La organización Red Global de proyectos de trabajadores sexuales (NSWP) también ha comenzado una petición en Change.org a favor de la despenalización de la prostitución, firmada por 10.073 personas.

El coordinador del ICRSE y trabajador sexual desde hace diez años Luca Stevenson afirma que descriminalizar el trabajo sexual sería beneficioso para los trabajadores sexuales. “El trabajo sexual no es violento de por naturaleza, pero existe mucha violencia en la industria”, asegura. Para Stevenson, “el gran nivel de violencia y abuso es culpa de la criminalización del negocio del sexo y del estigma que tiene”.

Pye Jackobsson es la presidenta de NSWP, vive en Suecia y es una trabajadora sexual desde hace 27 años. “La única mala experiencia que he tenido en la industria del sexo fue hace muchos años en Grecia (antes de que Grecia legalizase la prostitución)”, afirma. “Me contrataron para un trabajo de diez días en un club, y los dueños me encerraron en un apartamento que había encima del local. Si el trabajo sexual fuese reconocido como cualquier otra profesión habría podido ir a la Policía y hubiese habido una respuesta legal. Como la prostitución era un crimen, no dije nada”.

Criminalizar a los clientes no es suficiente

El conocido como modelo nórdico, aplicado con matices en Suecia, Noruega, Islandia, Canadá e Irlanda del Norte, es considerado por muchos cómo el mejor para regular la prostitución, ya que criminaliza a clientes y terceras personas que participan en la industria del sexo, como burdeles y proxenetas, pero no a los que la ejercen.

Sin embargo coordinador de ICRSE Luca Stevenson afirma que cuando ser cliente es un crimen hay menos demanda, por lo que los trabajadores sexuales tienen que trabajar más horas y en condiciones menos seguras. “Criminalizar la fuente de ingresos hace más probable la violencia”, concluye.

Pye Jackobsson también está en contra del modelo nórdico. “Yo soy de Suecia, y puedo decirte que este modelo no funciona. La Policía vigila los apartamentos de los trabajadores sexuales y muchas veces no hace distinción entre el que compra y el que vende el sexo. Los trabajadores sexuales no confían en los agentes y no acuden a ellos si están en peligro”, asegura.

Un recurso contra el tráfico sexual

Luca Stevenson considera que de todos los países que ha legalizado la prostitución, Nueva Zelanda es el único que realmente ha descriminalizado la industria del sexo. “En Nueva Zelanda no existen pruebas concluyentes de que haya aumentado el tráfico de personas”, declara Luca Stevenson. “En Noruega se ha alcanzado un número récord de víctimas de tráfico en los últimos años, pero en este país los clientes son criminalizados, lo que puede reforzar la explotación de los trabajadores sexuales ya que siguen teniendo que esconderse”.

El coordinador de ICRSE añade que en aquellos países donde la prostitución es legal (Alemania, Países Bajos) es más fácil identificar el número de trabajadores sexuales que están siendo explotadas, lo que puede crear la ilusión de que el tráfico ha aumentado.

La prostitución: un trabajo como cualquier otro

Jacobsson afirma que ella ejerce como trabajadora sexual porque quiere. “Respeto las experiencias de todo el mundo y entiendo que hay trabajadores sexuales que no han tenido buenas experiencias. Sin embargo, hay muchas personas que piensan que la prostitución debería ser un crimen desde un punto de vista ideológico. Yo te estoy hablando de mi vida. Ellos piensan que saben que es lo mejor para nosotros, pero eso es condescendiente y ofensivo”.

Stevenson cree que “el trabajo sexual suele estar relacionado con la pobreza, la desigualdad y la opresión, por lo que minorías, inmigrantes y mujeres forman la mayor parte de los trabajadores sexuales.”. Pero eso no significa que estas personas no tengan capacidad de decisión, añade el coordinador.

4 argumentos a favor de castigar la prostitución

 La industria del sexo es violenta por naturaleza

En las últimas semanas, más de 400 personas de distintas organizaciones feministas y de derechos humanos han firmado una carta de la organización Coalición contra el tráfico de mujeres (CATW en inglés) en la que piden que Amnistía no adopte una política que “se posiciona a favor de los compradores de sexo, proxenetas y otros explotadores en vez de con los explotados”. El texto ha sido apoyado por actrices como Meryl Streep, Emma Thompson y Anne Hathaway.

La institución también ha iniciado una petición de Change.org en contra de la descriminalización del negocio del sexo, que en el momento de publicar este artículo ya tiene 8.769 firmantes.

Taina Bien-Aime, directora ejecutiva de CATW, afirma que el sexo a cambio de dinero siempre es un acto de violencia, aun cuando es consensual.

“La industria del sexo es causa y consecuencia de la desigualdad de género”, afirma Bien-Aime. “No todas las mujeres que participan están siendo explotadas, pero la prostitución siempre es violenta y discriminatoria de por sí. Este negocio significa que un hombre tiene el derecho a comprar un acto sexual, y realizar sus fantasías más oscuras con otro ser humano. Mientras una mujer pueda ser comprada por un servicio sexual nunca habrá verdadera igualdad”.

Asunción Miura, la representante de CATW en España, considera que ejercer la prostitución genera muchos efectos secundarios, como por ejemplo el daño psicológico. “La mujer que participa en este negocio es una víctima”, defiende.

Castigar, pero al cliente

Según la directora de CATW el modelo nórdico es el único posible para regular la prostitución, ya que el que mejor protege las mujeres que venden su cuerpo. “Los resultados en los países donde se ha aplicado este modelo (por ejemplo en Suecia) han sido muy positivos”, afirma.

Taina Bien-Aime añade que “los seres humanos que se compran y venden en el comercio sexual, que son en su mayoría mujeres, no deben ser criminalizados”. Sin embargo, CATW está a favor de castigar a clientes, burdeles y proxenetas. “La responsabilidad penal la tienen los explotadores, no los explotados”, asegura.

Luchando contra la prostitución se lucha contra la trata

Asunción Miura declara que “hay trata porque hay prostitución”. “La trata es la globalización de la prostitución”, dice. “Tienen las mismas raíces, y las razones por las que existen los dos fenómenos son los mismos”.

“Amnistía dice que la prostitución y el tráfico sexual son fenómenos distintos, pero están unidos intrínsecamente”, explica la directora ejecutiva de CATW. “Es imposible evitar el tráfico sexual sin abordar el mercado del sexo comercial”.

Taina Bien-Aime asegura que la legalización de la prostitución tiene efectos catastróficos. “El crecimiento legal de burdeles en Alemania ha provocado un aumento en el tráfico sexual. También en los Países Bajos”, afirma.

Una realidad basada en eufemismos

La directora de CATW se niega a usar el término “trabajador sexual” para referirse a las personas que ejercen la prostitución. “Nosotros preferimos llamarlas ‘mujeres en prostitución’”, explica. “El término ‘trabajador sexual’ es un invento de la industria del sexo para ocultar el daño que hace e intentar compararlo con cualquier otro trabajo normal”.

Bein-Aime se basa en datos de SPACE International, una organización que representa a “supervivientes de la industria del sexo”, para afirmar que la mayor parte de mujeres en prostitución son objeto de violencia física y mental.

Asunción Miura afirma que “nadie ejerce la prostitución porque quiere”.

“La prostitución no es una opción si no hay ninguna otra opción”, dice Ben-Aime. “El consentimiento no legitima la industria del sexo”.

 

Foto: Flickr/Surlzar

Nadie callará ahora a Nadejda

uz 1

Hace más de 13 años que Nadejda Atayeva huyó con su padre y su hermano de Uzbekistán tras sufrir el acoso del régimen. Ahora preside la Asociación para los Derechos Humanos en Asia Central y lucha por proteger a los presos de conciencia de la antigua república soviética. 

Fotos: Samuel de Román

Nadejda Atayeva tiene 57 años y nació en Gulistan, una capital de provincia de Uzbekistán. Hace 13 años, la activista huyó del país con su padre y su hermano. “Mi padre era el encargado de organizar el trigo para la población de Uzbekistán”, explica la defensora de derechos humanos. “Cuando el trigo empezó a escasear, las autoridades le obligaron a firmar un documento donde se declaraba culpable por esta escasez. Afortunadamente, unos amigos avisaron a mi padre antes de que le arrestasen y pudimos salir a tiempo del país”.

La activista y su familia llegaron a Francia en 2002, donde se les concedió asilo político. En 2005, Nadejda fundó la Asociación para los Derechos Humanos en Asia Central, una organización con base en Francia dedicada a documentar las violaciones de derechos humanos en las antiguas repúblicas soviéticas y a proteger los derechos de sus ciudadanos. Actualmente vive en Francia y está de visita en España para colaborar con la campaña de “Stop Tortura” de Amnistía Internacional.

“Hay más de 12.000 presos de conciencia en Uzbekistán”, afirma la defensora de derechos humanos en una entrevista con EL ESPAÑOL. “Muchos de ellos son torturados, algunos asesinados. Cada uno de ellos tiene su historia, y todos sus nombres importan”.

Sin embargo, Nadejda Atayeva no siempre fue opositora al régimen. “Nací en una familia acomodada. Mi padre trabajaba para el gobierno. Por la ventana de mi cuarto veía a los trabajadores recogiendo algodón día y noche, niños incluidos. Me parecía normal. En la televisión oíamos que teníamos que trabajar duro por la patria y yo me lo creía”.

Nadejda se licenció en Periodismo y durante años trabajó para distintos medios del país. Es una etapa de su vida que la activista recuerda con amargura.

“Realmente no era periodista, porque lo que yo estaba haciendo era propaganda. Cuando escribía sobre los trabajadores, hablaba del orgullo que eran para el país en vez de escribir sobre la esclavitud de los campos. Debería haber escrito que los niños tienen que estudiar, no llevar 40 kilos de algodón en la espalda. Pero no me daba cuenta”.

Cuando lo recuerda, los ojos se le llenan de lágrimas. “Ahora tengo una niña pequeña. Quiero que los niños sueñen con poder ir al espacio, no con tener un trozo de pan. Miro hacia atrás y no siento mucho orgullo por mi época cómo periodista”.

El perverso control del algodón

La defensora de derechos humanos explica que la producción de algodón es un trabajo obligatorio para toda la población. “Todos los agricultores que quieren trabajar tienen que alquilar la tierra al gobierno”, explica. “El requerimiento para poder alquilar un trozo de tierra es producir algodón. Todos los agostos (antes de que empiece la cosecha) los funcionarios del gobierno llaman a las puertas de cada casa y obligan a todos los miembros de la familia a trabajar en los campos. Esto incluye a jubilados y embarazadas. Para no trabajar en los campos necesitas pagar por un certificado”.

“Todo el sistema financiero de Uzbekistán se basa en el algodón. Los empresarios también están obligados a trabajar en este sector. Gracias a ello las autoridades tienen el control absoluto de todos los ciudadanos.”

Hasta hace tres años, niños y niñas en edad de ir al colegio también estaban obligados a recoger algodón en los campos. Gracias a la asociación fundada por Nadejda el gobierno de Uzbekistán ha suspendido esta obligación.

“Para nosotros es un logro increíble”, afirma Nadejda. “Es verdad que en pueblos pequeños, donde las autoridades se sienten más seguras, los niños todavía tienen que ir a los campos. Pero la gran diferencia es que ahora el gobierno tiene miedo de que la comunidad internacional se entere”.

La Asociación para los Derechos Humanos en Asia Central también ha conseguido otra importante victoria. “El gobierno de Uzbekistán ha adoptado finalmente un programa de abolición del trabajo forzado” dice la activista. “Otra cosa es que se aplique. Pero es un primer paso”.

uz 2
Nadejda Atayeva, durante un momento de la entrevista (Fotos: Samuel de Román)

Huida de Uzbekistán

Nadejda fundó su asociación en Francia, pero su compromiso con los derechos humanos no comenzó en Europa. “Yo ya era activista en Uzbekistán, lo que pasa es que no me consideraba opositora al régimen”, explica. “Cuando veía un problema intentaba solucionarlo. No quería luchar contra el gobierno, solo hacer reformas”.

“Cuando tenía 20 años, conseguí trabajo escribiendo para un periódico de una fábrica de tractores en Tashkent, la capital de Uzbekistan. Las condiciones laborales de esta fábrica eran horribles. De vez en cuando, la maquinaria cortaba los dedos a algún trabajador, pero en vez de cambiar el sistema la dirección de la fábrica simplemente le daba una pequeña compensación”.

Fue en esta fábrica donde Nadejda comenzó su trabajo de activista. “Había algunos disidentes entre los trabajadores”, explica. “Yo me hice muy amiga de uno de ellos. Comenzamos a hablar, y decidimos hacer algo por los derechos de la gente que trabajaba en la fábrica. Con mi máquina de imprimir, empezamos a hacer folletos. Esta información tuvo una gran popularidad, así que organizamos una conferencia de sindicatos, en la que se revisó el acuerdo de la empresa con los trabajadores. Al final conseguimos que quitasen al director general. Fue una gran victoria”.

Por desgracia, esta victoria fue lo que puso a Nadejda en el punto de mira del KGB, el Comité de Seguridad del Estado de la Unión Soviética.

“Jamás me imaginé que el KGB me incluiría en la lista de personas sospechosas por mi trabajo en la fábrica”, dice Nadejda. “Esta no fue la única vez que me sentí intimidada por los servicios de seguridad. En 1990, cuando trabajaba en el periódico “Taskentskaya pravda” (“La verdad de Tashkent”) y a la vez escribía para agencias de noticias occidentales, el Servicio de Seguridad Nacional comenzó a interrogar a mis colegas periodistas y a mis vecinos sobre con quien mantenía contacto. Decidí vivir fuera temporalmente, y pasé un año en Moscú y Ekaterinburgo.”

Sin embargo, Nadejda no es el único miembro de su familia que ha sido acosado por el gobierno.

“En el año 2000, mi padre se dio cuenta de que las estadísticas que afirmaban que Uzbekistán producía 40.000 toneladas de trigo eran mentira y que a menos que el gobierno tomase acción urgente no habría suficiente pan para toda la población”.

Nadejda explica cómo su padre se presentó ante el mismísimo presidente de Uzbekistán, Islom Karimov, para transmitirle sus preocupaciones.

“Karimov aseguró a mi padre que el gobierno importaría todo el trigo necesario para que no le faltase el pan a ningún ciudadano de Uzbekistán”, afirma”. “Esta reunión tuvo lugar el 4 de marzo. El 9 de marzo, las autoridades responsabilizaron a mi padre por la escasez de trigo y le obligaron a firmar un documento donde se declaraba culpable”. Antes de que fuese arrestado, Nadejda, su padre y su hermano abandonaron el país.

En 2002, el gobierno francés les concedió asilo político. En julio de 2013, el tribunal municipal de Tashkent condenó a Nadejda en ausencia a seis años de prisión. Su padre y su hermano también fueron condenados.

Un papel, tres nombres

Nadejda termina la entrevista escribiendo tres nombres en un papel.  Estos nombres son Azan Poirmonov, Muhammad Bejkanou y Murat Djuraev. “Azan Poirmonov es un agricultor que se convirtió en activista de derechos humanos para luchar contra la injusticia de los campos de algodón”, declara Nadejda. “Ahora está en Karakalpakstan, un campo de concentración moderno donde los prisioneros son torturados con regularidad”.

“Muhammad Bekjanou era redactor jefe del periódico ERK. Es uno de los periodistas que más tiempo llevan encarcelados del mundo. Murad Dzhuraev era miembro del parlamento uzbeko. Lleva 21 años en prisión por decir que los niños tienen que estudiar en la escuela en vez de trabajar en los campos de algodón. Ambos han sido torturados”.

“Cuando estaba en Uzbekistán no me daba cuenta. Ahora no me voy a callar”, declara la activista de derechos humanos.

“Caían piedras del tamaño de elefantes”

Captura de pantalla 2015-06-19 a la(s) 21.27.04

Sara Pavone y Pol Ferrús estaban en las montañas de Nepal el 25 de abril. Se habían separado para hacer dos rutas distintas. El terrible terremoto que dejó más de 8.000 muertos les pilló por tanto en dos lugares diferentes. Hace unas semanas publicamos el relato de Pol, que es, hasta el momento, la pieza más visitada de la historia de EL ESPAÑOL. Ahora es Sara quien cuenta su historia en primera persona.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

La historia de Pol: “Voy a morir, pero espero que sea rápido”

Sara Pavone y Pol Ferrús estaban en las montañas de Nepal el 25 de abril. Se habían separado para hacer dos rutas distintas. El terrible terremoto que dejó más de 8.000 muertos les pilló por tanto en dos lugares diferentes. Hace unas semanas publicamos el relato de Pol, que es, hasta el momento, la pieza más visitada de la historia de EL ESPAÑOL. Ahora es Sara quien cuenta su historia en primera persona.


Una despedida inquietante

Cuando me despedí de Pol la mañana del día 22, en una posada de Katmandú, le entregué mi portafortuna (amuleto en italiano) para que le protegiese y le dije: “Ten cuidado. Nos vemos pronto”. Él iba a hacer una excursión en solitario por la zona tibetana del Tamang y yo llevaba varios días inquieta. No sé si era a causa de mis dolores intensos en una pierna o de un mal augurio. Llevaba varias noches sin dormir bien.

Pol y yo no solemos separarnos en los viajes. En los tres años y medio que llevamos de relación hemos visitado muchos lugares, pero siempre juntos. Tampoco le di más importancia. No tengo poderes ni adivino el futuro. ¿Por qué iba a preocuparme? Pol conocía bien la montaña y yo esperaría en Katmandú a que llegasen nuestros amigos: una australiana, una inglesa y una pareja de sudafricanos. Los cinco saldríamos unos días más tarde, para encontrarnos con Pol en Rimche y hacer los seis juntos el valle del Langtang.

Captura de pantalla 2015-06-19 a la(s) 21.28Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Dos días después, el 24, salimos de Katmandú. Hicimos noche en el poblado de Syabru Beshi y partimos a la mañana siguiente -ya día 25- en dirección a Rimche. El día era perfecto, de esos que siempre elegirías para hacer una excursión: limpio, soleado, despejado. Invitaba a dar un paseo por los gigantescos valles abiertos del Nepal. Había pájaros por todos lados y paseábamos a través de caminos que olían a marihuana. La sensación de bienestar hacía que casi me olvidase de mi dolor. Paramos a las tres horas en la aldea de Bamboo y desayunamos té y muesli. Coincidimos con una pareja de excursionistas alemanes y nos saludamos. Sabíamos que íbamos a hacer la misma ruta y nos despedimos con un “nos vemos por el camino”.

El silencio más extraño de mi vida

Recuerdo el momento exacto en el que a tierra se empezó a mover. Los sudafricanos y yo habíamos parado a hacer unas fotos en un puente. Íbamos haciendo el tonto, riéndonos. La chica australiana y la inglesa caminaban ligeramente atrás. Justo cuando atravesamos el puente, se hizo el silencio más extraño que recuerdo en mi vida. Lo que le siguió fue una especie de explosión, un ruido estremecedor. Miré arriba y pensé que era una avalancha, porque la ladera se estaba deshaciendo. Caían piedras del tamaño de elefantes.

Sara Pavone sonríe minutos antes del terremoto, que ocurrió poco después de cruzar el puente: Foto: Kate Ahrends
Sara Pavone sonríe minutos antes del terremoto, que ocurrió poco después de cruzar el puente: Foto: Kate Ahrends

El suelo empezó a temblar y se levantó tanto polvo que no nos veíamos a un metro de distancia. Mike, el sudafricano, entendió enseguida que aquello era un terremoto: “It’s an earthquake”, gritó. Nos abrazamos los tres con todas nuestras fuerzas. Yo intenté cubrir nuestras cabezas con mi mochila, con la inocente idea de protegernos así. Ni siquiera eso podía hacer. La tierra temblaba, perdíamos el equilibrio, no teníamos control sobre nuestras acciones. Mike nos dijo que teníamos que intentar situarnos pegados a una roca que se mantenía sólida y hacia allí corrimos cuando pudimos hacerlo. Igual fueron treinta segundos, pero me pareció una vida entera. Su chica, Kate, lloraba y nos decía “I love you”, como si se estuviese despidiendo.

Vídeos: Merche Negro

Cuando el temblor cesó, miramos a nuestro alrededor y el terreno había cambiado radicalmente: piedras enormes por todos lados, paredes derrumbadas y caminos sepultados. No parecía el mismo lugar. El caudal del río había crecido una barbaridad y el agua bajaba con violencia. En cuanto pudimos reaccionar nos asaltó el pánico porque la chica inglesa y la australiana se habían quedado atrás. Mike corrió a buscarlas. Habían logrado cruzar el puente por poco y se habían refugiado bajo una roca que se mantenía firme. Ya estábamos todos juntos.

¿Dónde estará Pol?

Todos, menos Pol. En ese instante se me encogió el corazón. Mi novio estaba solo en la montaña. A partir de ahí me resultó imposible controlar mis pensamientos. Aunque sé que es montañero experto, es inevitable pensar en lo peor. Imaginaba que estaría herido, incomunicado, perdido. Lo primero que teníamos que hacer era ponernos a salvo. Corrimos hasta la primera casa que vimos. Estaba devastada, una roca la había partido por la mitad. En la puerta estaban sus propietarios: una mujer y su hijo adolescente. Ambos estaban arrodillados, rezando mantras budistas. Me acerqué a ella, la abracé por instinto y se puso a llorar. No podía consolarla.


La historia de Pol: “Voy a morir, pero espero que sea rápido”


 

Miré a mis compañeros y entonces reparé en la pinta que teníamos todos. Nuestras caras de pánico estaban tan cubiertas de polvo que la tierra nos llenaba hasta la boca. Nunca antes había tenido esa sensación tan parecida a estar muerta. Sabía que teníamos que salir de allí cuanto antes. Les preguntamos a los nepalíes qué debíamos hacer o hacia dónde teníamos que marchar, pero no nos contestaban. Entre el shock de haber perdido su casa y que no hablaban inglés, la comunicación fue imposible. Lo único que pudo decirnos fue “here not safe”.

Cogí lo esencial: medicinas, la tablet y el ukelele

Optamos por volver hacia Bamboo, donde sabíamos que había gente, pero al levantar la vista nos dimos cuenta de que el camino había sido arrasado. Teníamos que volver a cruzar el puente, pero el terremoto había dejado sólo la estructura, así que nos vimos obligados a buscar caminos alternativos por barrancos. Era nuestro primer día de ruta, por lo que llevábamos las mochilas llenas. Demasiado peso a cuestas para un camino tan arriesgado; vaciamos casi toda la carga y sólo nos llevamos lo imprescindible. Yo cogí lo más esencial: medicinas, la tablet casi sin batería y el ukelele. No me preguntes por qué. Imagino que me di cuenta de que había sucedido algo muy grave, así que entendí que la música podía ayudar o sacar una sonrisa.

6785peque

Echamos a andar y el camino se convirtió en una aventura. Lo primero que hicimos fue bajar por un barranco agarrándonos a unas plantas que nos servían de liana, pero eran urticantes y nos provocaron una hinchazón. Encontramos obstáculos durante todo el trayecto. A veces tocaba escalar, otras caminar sobre troncos y otras lanzarse al vacío. Siempre teníamos que fijarnos muy bien en la roca en la que nos apoyábamos, porque muchas cedían. Cruzábamos cornisas en fila india porque el suelo no era lo suficientemente ancho para que caminasen dos personas a la vez.

Los gritos, los heridos, las mascotas

Tras una hora y media de camino, regresamos a Bamboo, que es un pueblecito con cinco o seis refugios de montaña. El único edificio que quedaba en pie era un hostal. Su estructura se mantenía firme pero el interior estaba totalmente derrumbado. La situación era dramática. Se habían reunido unas sesenta personas, más de la mitad turistas, en absoluto estado de shock.

Una nepalí chillaba desesperada mientras dos vecinos la sujetaban por los brazos. Su esposo estaba sepultado bajo las piedras. Era estremecedor escuchar el eco de los gritos por su marido muerto. Qué duro es saber que el cadáver está ahí, pero que no hay forma humana de rescatar el cuerpo sin herramientas. Todo ello ocurría entre réplicas del terremoto, que se sucedían a menudo. Nadie sabía quién iba a ser el siguiente.

Locales y turistas nos reunimos en una especie de cueva bajo un bloque de piedra gigante que se mantenía firme. Un guía nepalí con la cabeza abierta y un turista holandés con el brazo roto eran los heridos más graves. Todos sacamos los medicamentos de nuestra mochila y una pareja de holandeses, estudiantes de medicina, se encargó de administrárselos, diseñar un tratamiento y mandarnos que improvisásemos una cama con mantas y esterillas para acomodarlos.

Las noticias llegan desde Israel

Entre los turistas había americanos, franceses, holandeses y, sobre todo, muchos israelíes. También había seis vacas y dos gallinas, asustadas, que se acabaron convirtiendo en nuestras mascotas. No se separaron de nosotros. Uno de los israelíes tenía un teléfono vía satélite. Es la única forma de contactar con el resto del mundo en una zona en la que no hay cobertura de móvil ni internet. A través de ese terminal nos empezamos a enterar de lo que pasaba a nuestro alrededor. Estábamos en mitad de un terremoto, pero las noticias nos iban llegando desde Israel. “Ha habido un temblor de 7,8 grados, el país está devastado y el aeropuerto de la capital, cerrado. Las evacuaciones tardarán”, nos resumió el dueño del teléfono.

Gracias a él pudimos avisar a nuestras casas. Recopilamos los emails de nuestros familiares y enviamos un correo con copia a todos, para explicarles que estábamos bien, pero que no sabíamos cuándo saldríamos de allí. Dadas las circunstancias, y a sabiendas que íbamos a pasar bastante tiempo en un pueblo arrasado, nos pusimos a trabajar para intentar montar un campamento de supervivencia. Hicimos una asamblea para repartir las tareas. Las mujeres accedimos a un almacén destruido en el que quedaban algunas provisiones. Los hombres aprovecharon unas viejas lonas para montar una carpa bajo el bloque de piedra y poder pasar allí la noche, en esterillas.

Mientras, los nepalíes ya habían sacado varios “camping gas” para prepararnos té y comida. Muchos de ellos habían perdido a su familia, pero en todo momentos se pusieron a nuestra disposición, cocinaron, nos ayudaron. Decidimos comprarles toda la comida que les quedaba, porque ya habían anunciado que por la mañana se iban a marchar hasta un pueblo próximo en el que residían sus familiares. Íbamos a quedarnos solos los turistas, los guías nepalíes y varios portadores. Teníamos comida para una semana, que es lo que le habían estimado al israelí que tardarían en empezar a evacuarnos.

6831peque

La primera noche

Aquella noche nadie pudo dormir, por el miedo, los temblores, los desprendimientos, las lluvias y el espacio tan reducido que ocupábamos: dormíamos sesenta personas en un trocito en el que caben veinte. Yo además tenía el añadido de que mi novio estaba solo en las montañas, perdido. Tenía más miedo por él que por mí. No era la única persona en esa situación. Ravid, uno de los israelís, tenía a su novia ilocalizable en el Valle de Langtang, la zona más afectada. Nos intentábamos ayudar mutuamente pero resultaba imposible. A los dos nos animaban diciendo que nuestras parejas estarían bien, que conocían la montaña, pero también sabíamos que no era más que eso: ánimos. Nadie tenía un solo dato sobre ellos.

Entre temblores y lluvia pasamos la noche todos, con el calzado puesto por si había que salir a correr de repente. En esa situación, estar tan apretados tampoco era tan malo: de alguna manera nos dábamos seguridad. No sabíamos los nombres de casi nadie pero nos habíamos convertido en una familia.

Las vacas se comen el helipuerto

Los nepalíes se marcharon al día siguiente y nos dejaron las llaves del almacén de las provisiones. Los israelíes tomaron el mando y nos iban informando de cualquier novedad que llegaba. Algunos habían acabado recientemente el servicio militar y estaban muy preparados. Lo primero que idearon fue un sistema básico de purificación de agua: muy rudimentario pero muy elaborado y útil. Un depósito con varios agujeros a los que incorporamos unos tubos que desembocaban en otros depósitos. Allí colocábamos unas sábanas que servían de filtro. Echábamos el agua hervida y la depurábamos. Una movida que a mí no se me hubiese ocurrido en la vida, qué quieres que te diga. El resultado era agua apta para consumir, pero con un color marrón tierra horrible y una textura densa. Eso es lo que estuvimos bebiendo durante casi una semana.

Hacíamos solo una comida al día: arroz o noodles, verduras de los huertos destruidos y sobre todo huevos hervidos, que no he comido tantos en toda mi vida. Por encima de nuestras cabezas veíamos pasar helicópteros militares, pero volaban demasiado alto, así que pensamos en hacer señales para que nos localizasen. Empleamos cañas de bambú para hacer señales de humo y ropas de colores muy vivos. Pero allí no nos veía nadie. Por si acaso, habíamos preparado dos pistas de aterrizaje para helicópteros. Despejamos el terreno y utilizamos harina del almacén para dibujar la letra H que deben tener los helipuertos. Pero las pobres vacas tenían mucha hambre y se la comieron. Luego lo intentamos con hojas e hicieron lo mismo. La tuvimos que acabar dibujando con una especie de pintura con barniz que encontramos entre las ruinas de uno de los edificios derrumbados.

Es el caos

Entretanto seguía llegando gente. Sobre todo nepalíes deshechos, que traían noticias: “Es el caos. Los pueblos están arrasados y hay cadáveres por todos lados”. Yo les preguntaba por Pol pero nadie lo había visto. Lo intentaba describir pero no me entendían. Desesperada, cogí un rotulador y a todo el que llegaba le pintaba el nombre de Pol en un antebrazo y el mío en el otro. Estaba en un estado de absoluta ansiedad, tampoco sabía qué más podía hacer. Por la tarde apareció un nepalí que me dijo que creía que lo había visto. Me dio un vuelco el corazón. En seguida me puse a enseñarle fotos y me confirmó que no. Que se había equivocado. Me puse histérica. Quería ir a buscar a Pol. No me importaba caminar hasta donde fuese necesario. Los sudafricanos me disuadieron diciéndome que era peligroso y que si me pasara algo por el camino sería mucho más difícil localizarme y evacuarme.

6843p

Al tercer día llegó el primer helicóptero. Eran japoneses. Venían a evacuar a los suyos y a los heridos. También se subió Kami, un guía nepalí que nos ayudó en todo momento. También lo intentó Wilhem, el holandés con el brazo roto, pero estaba lejos en el momento en el que tenía que haberse montado a bordo. Echó a correr con todas sus fuerzas pero llegó justo cuando la nave despegaba. “Intentaremos volver a por ti”, le dijeron. Lo dejaron en tierra y nunca más aparecieron. Sentimos mucha rabia, aunque él es una persona muy positiva y le restó importancia. Siempre estuvo animando. Hacía bromas, decía que odiaba a la gente con dos brazos y que por eso iba a aprender a abrocharse la sudadera solo, pero siempre nos acababa pidiendo ayuda. Era la persona que físicamente estaba peor, pero también uno de los que aportó más fuerza al grupo.

El hombre de la compañía de seguros

Después llego un helicóptero del que bajó un hombre de una compañía de seguros israelí. Lo primero que hizo fue grabar un video de cada uno de nosotros diciendo nuestros nombres, para que constase quién se iba a quedar en la montaña y avisar a las embajadas correspondientes. Nos dijo que tenía la orden de evacuar solamente a los israelíes y a los heridos. No podía llevarse a nadie más porque había otras zonas en una situación mucho más complicada que Bamboo. El glaciar del valle de Langtang, el que tenía que ser el final de nuestra excursión, se había desprendido y se estaba fundiendo, arrasando pueblos enteros.

En aquella área se habían empezado a registrar los primeros conflictos entre turistas y nepalíes, porque no habían provisiones para todos. Era urgente actuar en aquella zona en la que, por cierto, se encontraba la novia de Ravid. Estaba a salvo e iba a ser rescatada. Ravid se marchó con el resto de compatriotas, no sin antes abrazarme y prometerme que iría a buscar a Pol. En el helicóptero subieron todos los israelíes, salvo dos que quisieron quedarse con nosotros. Se sentían mal por dejarnos solos. A la mañana siguiente vinieron a por ellos con la orden expresa de que fuesen evacuados. Les dijeron que en Israel se había difundido la noticia de que habían rechazado la ayuda y que eso era inconcebible. Les obligaron a marcharse. Antes de irse nos dejaron el teléfono y nos prometimos vernos en Katmandú.

Pol está bien

Cuando se fueron pensé en utilizar el teléfono para avisar a los míos. Primero avisé a mi madre. Le mandé un mensaje para decirle que estaba bien. Me inventé que estaba en un campamento, rescatada, a salvo. No quería preocuparla. ¿Qué hizo mi madre? Pues lo que hace cualquier mamma italiana: preguntarme si estaba comiendo bien. No quise preocuparla y volví a engañarle diciendo que sí, que comía bien y que no estaba sola. Después decidí avisar a Enric, el padre de Pol. Imaginaba que no sabría que su hijo se había ido sólo a hacer a excursión y que estaría preocupado. Intenté encender mi tablet sin batería. Me aguantó unos segundos. Los justos para apuntar el teléfono del padre de Pol. Cuando lo tuve, envié un mensaje. Le dije que no sabía nada de Pol y que necesitaba noticias.

Me daba miedo cómo iba a reaccionar, así que escribí el mensaje y solté el teléfono. Al cabo de una hora, una chica holandesa me dijo: “Creo que ha llegado un sms para ti”. Yo estaba picando ajo y pimiento para hacer la comida. Tiré el cuchillo y salí corriendo a por el móvil. Era la respuesta del padre de Pol, confirmándome que ya lo tenía localizado. Pol estaba sano y salvo y yo empecé a llorar de alivio y alegría. Aquella tarde fue una fiesta. Me olvidé de los dolores, de la ansiedad y de los problemas estomacales que provocaban cuatro días bebiendo agua con tierra.

Un terrible funeral nepalí

Por la tarde sucedió algo que nos impactó profundamente. Subió un grupo de nepalíes desde Syabru Beshi, para enterrar al hombre que había quedado sepultado el primer día bajo las piedras. Uno de ellos era su propio hermano. Con mucho esfuerzo rescataron el cadáver de los escombros. Nosotros miramos todo aquello guardando un silencio terrible. Le pusieron unas hojas verdes en los orificios, porque estaba en estado de descomposición, nos recomendaron que nos tapásemos la boca y la nariz y se lo llevaron. A pesar de estar pasando por un momento tan duro, el hermano del fallecido todavía tuvo fuerzas para sacar más mantas para nosotros. Aún me estremezco recordando aquello.

Los americanos nos salvan

Al día siguiente, mientras recogíamos la basura, llegó el helicóptero que nos empezó a evacuar. Entre todos los que quedábamos en Bamboo habíamos hecho una lista con el orden en el que se subiría la gente en los helicópteros. A mi me pusieron en el primer grupo porque tenía que buscar a Pol. Empecé a correr hacia el helicóptero con todas mis fuerzas, pero me daba la sensación de que no avanzaba. Tardé como dos minutos en llegar. Los del helicóptero eran americanos. Al final nos salvaron los americanos, igual que en las películas. Me subí con Mike y Kate y nos abrazamos con una alegría que se desvaneció en cuanto despegamos y vimos el estado catastrófico en el que habían quedado todos los pueblos. Nosotros nos íbamos a casa, pero aquella gente tenía que reconstruir sus vidas enteras.

Llegamos al campo militar de Dunche, en el que la policía nepalí nos registró en una base de datos. El campamento era muy rudimentario, no había mantas suficientes y el panorama era desolador, casi peor que en Bamboo. Aún había más gente, no tenían agua y la comida escaseaba. Los militares nos empezaron a dividir por nacionalidades. Tanto daba que te separasen de tu grupo; los italianos tenían que irse con los italianos. Así que fui a parar con dos compatriotas a los que no conocía de nada. Me dijeron que teníamos la opción de esperar a que nos evacuasen o marcharnos caminando de allí. Yo descarté esa opción porque unos vascos del campamento me habían dado la noticia de que Jesús y Raquel, una pareja española que había intentado escapar caminando, había tenido un accidente y ella había muerto.

Preferí hablar por el teléfono de la policía nepalí con la unidad de crisis del Ministerio de Exteriores de Italia. Me recomendaron que cogiese “el primer helicóptero que pase”. Les respondí que aquello no era una parada de bus. Yo estaba súper nerviosa, aunque ellos entendieron bien mi situación y me calmaron. Después logré hablar con mi madre y escuchar su voz por primera vez después del terremoto. Ella también me recomendó que no caminase. Decidí tumbarme en el césped, descalzarme por primera vez en seis días (¡qué alivio!) y esperar. Maté el tiempo jugando con unos niños que me tiraban flores y se comportaban como si nada hubiese pasado. Interrumpió nuestros juegos un helicóptero que venía de Syabru Beshi y traía a unos ingleses. Les pregunté por Pol, les enseñé unas fotos y me confirmaron que estaba con ellos, que lo evacuarían al día siguiente.

¡Ahí viene Pol!

Pero no hizo falta esperar tanto. A la media hora aterrizó otro helicóptero y desde el interior del campamento lo vi bajar. Todo el mundo estaba al corriente de nuestra historia y me decían que corriese a buscarlo. Por fin se acababa la espera. Lo veía a través de una valla y ese rato se me hizo eterno porque también lo tenían que registrar. Cuando por fin entró, se montó una escena de película. Un abrazo interminable, mucha alegría, la gente aplaudiendo, la locura. En seguida me devolvió el portafortuna que le di el día que nos separamos. Allí mismo decidimos que teníamos que montar algo para ayudar a los nepalíes.

Aquella noche celebramos nuestro reencuentro y un dhal bhat caliente (pato típico de Nepal). Dormimos todos juntos en el campamento de Dunche. A la mañana siguiente nos vinieron a rescatar en un helicóptero indio en el que quería subir todo el mundo. Los militares decidieron que priorizarían a las mujeres, pero yo no me quería volver a separar de Pol. Nos cogimos de la mano y no nos separamos, ni siquiera cuando estaba subiendo a bordo. Al final nos dejaron montarnos a todos: nosotros dos y los sudafricanos.

6852p

Katmandú y una ONG nueva

Llegamos a Katmandú, donde también se estaban viviendo escenas duras. Grupos de rescate con perros que olían vida debajo de los escombros. Queríamos hacer algo. Por eso rechazamos el primer avión que Italia nos ofreció. Contactamos con María, una amiga que tiene una ONG en Katmandú y la intentamos ayudar. Nos pidió que esa noche durmiésemos los tres juntos. Aún tenía miedo. Volvimos juntos a Europa y seguimos sin descansar.

Trabajamos ahora con todas nuestras fuerzas para montar la ONG “Living Nepal”. Tenemos un correo, un proyecto de web y una página de Facebook con el nombre de la entidad. Es un trabajo enorme que está ocupando todo nuestro tiempo, pero es nuestra forma de devolver a los nepalís una pequeña parte de lo que hicieron por nosotros. Siempre nos acogieron con una sonrisa.

Recuerdo que estando aún en el campamento de Dunche, un policía me recomendó, ante mi estado de nervios, que fuese a hablar con una trabajadora social (como yo). Ella me atendió sonriendo, me calmó y me dio ánimos mientras dábamos un paseo. Caminábamos a través de un pueblo devastado, con colegios derrumbados y casas destruidas. La vida se había paralizado y ella acababa de perder a una enfermera que trabajaba con ella. Pero en todo momento sólo se preocupó por mí. Esas situaciones me obligan a intentar con todas mis fuerzas que, a partir de ahora, seamos nosotros los que nos preocupemos por ellos.