La bomba Levy

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La sede de Génova es gris con tonos azules. La quinta planta está vacía el miércoles por la tarde. En un despacho Andrea Levy, de 31 años, lee un dosier. Llevaba un vestido corto fucsia, una cazadora tejana y un collar de cuentas de colorines. Levy es una de las caras nuevas del Partido Popular. Desde hace unas horas es además la número dos de la lista a la Generalitat.

Reportaje gráfico: Dani Pozo

De ascendencia judía, explosiva, novia de un independentista, Andrea Levy acaba de llegar a la vicesecretaría de Programas y Estudios del Partido Popular para aportar frescura y revolucionar la campaña electoral. Está por ver qué le dejan hacer. Así es la bomba Levy.

La sede del Partido Popular es gris con tonos azules. La quinta planta estaba vacía el miércoles por la tarde. En un despacho Andrea Levy, de 31 años, leía un dosier. Llevaba un vestido corto fucsia, una cazadora tejana y un collar de cuentas de colorines. El aspecto de Levy no encajaba en el ambiente.

Andrea Levy es desde el 18 de junio vicesecretaria de Programas y Estudios del Partido Popular. Antes tenía el mismo cargo en el PP de Cataluña, donde nació y creció. Es un cargo importante: sustituye a Esteban González Pons y debería encargarse del programa electoral. La secretaria general, María Dolores de Cospedal, la llamó una hora y media antes del nombramiento. Cuando vio la llamada, Levy pensó que querría algún artículo sobre Cataluña. “¿Qué tal, cómo estás?”, le dijo Cospedal. Era un saludo raro: “Aquí, preparando la comida”, respondió Levy, siempre según su versión.

“¿Te vendrías a Madrid?”, le dijo la secretaria general. Levy tampoco imaginó una oferta seria. Cospedal le anunció el cargo. Levy entonces pensó, según dice: “Cómo debe estar el PP para que me pongan de vicesecretaria”. No era tan raro: el Partido Popular busca renovar su imagen y acercarse a los jóvenes. El objetivo del ascenso de Levy -junto a Pablo Casado y Javier Maroto- es cambiar el tono del partido y ampliar los flancos débiles. Los tres se parecen más a candidatos de Ciudadanos que Mariano Rajoy o Esperanza Aguirre. De momento es maquillaje. Si hay cambios más profundos, está por ver.

Andrea Levy es nueva. El director de una de sus primeras tertulias fija en Barcelona, Daniel Domenjó de La Rambla en Barcelona TV, vio un artículo suyo con foto en un periódico y la fichó. El director de la tertulia de radio más escuchada en Cataluña, Jordi Basté de RAC1, la contrató porque “siempre busca gente nueva”. El Partido Popular buscaba caras nuevas. Ahí está Andrea Levy. La novedad ha sido su trampolín.

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Reportaje gráfico: Dani Pozo

Pero detrás había más. Hay un consenso entre la gente con quien he hablado y que conoce a Andrea Levy sobre cuál es su mejor cualidad pública: su autonomía dentro del partido. Levy lo sabe y presume de criterio propio. Su mayor excentricidad en una tertulia ha sido abandonar el estudio de la emisora catalana RAC1 porque un participante -Xavier Sala i Martín, catedrático de Economía en la Universidad de Columbia- pusiera en duda su independencia.

Sala le preguntaba una y otra vez si es militante del PP. El profesor quería demostrar que Levy es sólo portavoz de unas siglas. La sentencia final de Sala que hizo que Levy estallara y abandonara el estudio es: “Hace un par de semanas me dijiste que recibías broncas y que decías cosas aunque luego te riñeran”. Sala no ha respondido a repetidos correos electrónicos donde le pedía confirmación de la frase. La discusión en catalán puede oírse en este vídeo, sobre todo los últimos tres minutos. Puede percibirse también la facilidad con que Levy sube de tono.

En su siguiente aparición, Levy explicó por qué se había molestado tanto: “Yo no soy militante del PP, soy la número tres del PP en Cataluña”. El partido no hace su opinión, sino que su opinión conforma el partido. Toni Comín, profesor de Esade, ex diputado socialista en Cataluña y contertulio habitual de Levy, tiene esta teoría: “Andrea no se mueve a golpe de argumentario. Pero no lo hace por ser díscola o la minoría crítica, sino porque aprovecha su posición de peso e influencia política para tener discurso propio, como persona intelectualmente libre, al margen a veces de la posición oficial”.

Paraguas en lugar de jaulas

Levy entiende el papel de los políticos con un margen de maniobra mayor: las opiniones pueden diferir porque la lealtad a las líneas generales está descontada. Los partidos son así más paraguas que jaulas. “Estoy súperorgullosa de las responsabilidades que me han dado en el Partido, pero quiero que mi perfil sea destacado. En las tertulias si me siento y la gente dice ‘PP’, ya saben qué diré. En cambio, conmigo la gente se sigue quedando a oírme”, dice Levy.

Los partidos en España están hoy bien acostumbrados. Sus soldados suelen seguir las órdenes. Levy en cambio chapotea más allá de la línea roja y a veces todo tiembla debido a la persistencia de la ridícula unidad irreal de partido. He preguntado a Levy y a otras personas que valoran su criterio cuándo ha traspasado el límite. Me han señalado cinco casos: 1. Levy dijo sentir “vergüenza ajena” cuando sorprendieron jugando a ‘Candy Crush’ en el Congreso a Celia Villalobos. 2. El PP fue el único partido junto a Unió en votar en contra de una ley contra la homofobia en Cataluña y Levy lo criticó. 3. Le pareció mal que el delegado del Gobierno en Andalucía, del Partido Popular, dijera: “No quiero que en Andalucía mande un partido llamado Ciutadans y su presidente, Albert”. 4. Criticó los evidentes malos resultados de su partido en las últimas elecciones municipales; veía una oportunidad evidente de renovación, como así ha sido al menos para ella. 5. Al contrario de lo que cree Jose Ramón Bauzà, ex presidente de las Baleares, que cambió la ley de la función pública para que el catalán no fuera un requisito, Levy ha dicho que un ciudadano balear o valenciano debe poder dirigirse en cualquiera de sus lenguas a un funcionario.

Levy puede ser una bomba, pero no siempre se lanza. A pesar de que Levy sea del PP por cómo es -y no al revés: piensa así por ser del PP-, sabe bien quién está en su equipo. Un ejemplo destacado es su reyerta con el ex diputado y ex militante del PP, Joan López Alegre. En una tertulia en 2013, López criticó a su antiguo partido. Levy le recordó con vehemencia que había sido militante y diputado del PP: “Ahora no hagas el numerito”, le dijo, o “va, cuenta milongas”. López le respondió que era “una maleducada”. López nunca había visto a Levy y nunca la ha vuelto a ver, “aunque no guardo ningún rencor por aquello”, dice. Levy no ha querido ahondar en el origen de la rabieta.

La independencia de Levy no es por tanto barra libre. “Es muy leal al partido”, dice Juan Milián, su sustituto en el PP catalán. Jordi Basté recibe en su tertulia a Levy una vez por semana desde 2013. “Es de las personas con más capacidad de autocrítica de su partido que he conocido”, dice Basté, que se refiere no sólo a personas del PP sino de todos los partidos. Pero es fiel. Basté ofrece un ejemplo del tercer programa que tuvo a Levy en antena: “Hice un comentario a micro cerrado sobre [la presidenta del PP catalán] Alicia Sánchez Camacho. Al día siguiente me llamaron para reprochármelo. Cuando volví a ver a Andrea, le recordé que aquello era privado. ‘Ya, contestó, pero es que soy muy amiga de Alicia’. Me sorprendió su fidelidad”, cuenta Basté.

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Una pareja independentista

La prueba más personal de su criterio propio es quizá su pareja: Enric Vila, un célebre escritor independentista catalán que publica cada semana en El Punt Avui y El Singular. En una de sus últimas tertulias en RAC1, Levy llamó con sorna “prohombres de la independencia” a Vila y dos de sus amigos, el periodista y profesor en la New York University Jordi Graupera y el escritor y filósofo Bernat Dedéu, con quienes Levy comparte tertulias y amistad. Levy y Vila, 12 años mayor, no esconden su relación. Ninguno de los dos ha querido hablar sobre ella para este reportaje. En un artículo de inicios de julio en El Punt Avui, Vila critica a Enric Millo, portavoz parlamentario del PP catalán. En una entrevista en mayo en Crónica Global, Levy decía: “Nos ‘independizaremos’ de los independentistas”. La pareja parece capaz de separar la vida privada de la vida pública.

Desde el Partido Popular catalán destacan la valentía de Levy, pero imaginan una situación cotidiana difícil: “Por suerte a mí no me pasa, pero creo que me sería más fácil estar con una comunista”, dice riendo Juan Millán, sucesor de Levy. José Antonio Coto, que coincidió con Levy en Nuevas Generaciones en Barcelona, imagina que “deben hablar poco de política”.

La modelo más difícil

El estilo de Levy es hiperactivo, estridente, a veces histriónico. Habla con una voz aguda inolvidable y ríe casi a la vez, como si estuviera nerviosa sin estarlo. Gesticula sin parar y mira a los lados. El fotógrafo de este reportaje, Dani Pozo, no recordaba a alguien tan difícil de captar: “Apenas mantiene el gesto, tienes segundos para disparar”, dice. Sus asesores en el partido le piden respuestas más cortas y menos rapidez al hablar. Han intentado también que lleve otro tipo de ropa: “Pero no lo han conseguido”, dice Levy. Cuando el fotógrafo la hace posar con miradas a lo lejos se queja de su cursilería.

Esa hiperactividad y su juventud ayudan en la apariencia de mantener un supuesto apego menor al partido: “Dice que ocupa la vicesecretaría, no que es vicesecretaria”, dice su jefe de gabinete, David Álvaro. En el Partido Popular Levy ha tenido dos cargos orgánicos, no electos, aunque ha ido dos veces en las listas a elecciones.

La labor que parecen haber encargado a Levy –renovar la imagen del partido- no es sencilla, más si su margen de maniobra es escaso. Isabel Benjumea, cofundadora de red Floridablanca, una plataforma para el debate de ideas de centroderecha, cree que “la voluntad de Andrea es sincera, tiene ganas de hacer cosas, viene de una larga batalla en Cataluña”. Hay sin embargo una objeción, según Benjumea: “No sé si es sincero su nombramiento. El PP ha puesto a dos personas jóvenes y creen que ya han cubierto, pero ahora hay que hablar de ideas, no de quién”. El programa de la Conferencia Política del PP da poco margen para la novedad: ministros, cargos orgánicos. No hay ningún riesgo, ni aventura, más allá de las caras nuevas, que solas solo pueden figurar.

Cinco personas que conocen bien a Levy me han dicho que tiene un carácter variable: es encantadora, seductora, pero en un mal día puede pasar de todo. Ella dice que “debe ser porque soy un poco acelerada y me coges con treinta cosas a la vez; pero cuando me paso, intento reconciliarme”. Twitter ha visto trifulcas célebres de Levy. Luego borra los tuits. Cuando le pregunté, dijo que cerró una vez la cuenta y “se borraron tuits”, que es algo que no ocurre. Quizá su polémica más sonada ha sido por este tuit: “A los que les gusta hablar de la DUI [Declaración Unilateral de Independencia] de Kosovo quizás deberían recordar también sus 12.000 muertos #noeslomismo”.

Bernat Dedéu se lo recriminó en público y se enzarzaron. Levy dijo que Dedéu “voluntariamente buscaba bronca”. Pero no fue a más. “Luego lo arreglamos con unos gintónics”, me dijo Dedéu. “Todo lo arreglamos con gintónics”, me confirmó Levy. Dedéu dijo tras el lance: “No sé cómo sería una Cataluña independiente, pero sí sé que un mundo con gente tan inteligente como Andrea sería mucho mejor”. Levy me lo recordó: “¿No te ha dicho Dedéu que el mundo conmigo es mucho mejor?”

Levy ha tenido otras apariciones tuiteras subidas de tono. He encontrado estas capturas. A la periodista de La Sexta Pilar Carracelas le dice en los tres tuits centrales: “Qué va. Estoy estupenda, pero tengo un límite en tonterías. Pero tu tranki, que seguro que si sigues así todo irá bien”. “Es que a veces te haces un poco pesada. En especial cuando quieres saber de cosas que no sabes. De buen rollo”. “Cuánto sabes tronka, ¡no sé cómo no te han hecho aún un monumento!”.

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Esta ristra da también idea del lenguaje de Levy en un momento encendido. Es explosiva en distancias cortas:

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La tradición judía

Andrea Levy creció en la plaza Bonanova, una de las zonas más selectas de Barcelona. Es hija única. Su apellido es -junto a Cohen- uno de los que tienen mayor tradición en el judaísmo. La mención “los hijos de Levi” aparece ya en el Éxodo. Pero su padre no la educó en la cultura judía. Dos amigas de grandes familias judías catalanas la han animado varias veces a acercarse a la comunidad. “Me he mantenido al margen”, dice Levy.

Como buena política, presume de libros sesudos desde la niñez: “El primer libro que me regalaron fue El principito. También recuerdo una versión de La Odisea. Tenía más libros que juguetes”. Estudió en el Liceo Francés -“lo que más recuerdo son las huelgas de profesores”- y antes de empezar la universidad estuvo una temporada en Londres: quería ser artista e hizo un curso de tres meses de dibujo en Central Saint Martins, uno de los centros más prestigiosos del mundo del arte. Hoy un curso allí de una semana de inicio al dibujo cuesta 728 euros. Saint Martins es también la escuela donde estudia la niña pija de la canción Common People de Pulp. “En aquella época escuchaba mucho Common People, de Pulp. También New Order, Blur, Suede, Radiohead”, dice Levy.

Después de estudiar, siguió en Londres: “Era entonces muy poco seria. No hice de camarera, era un poco mimada”. Regresó a Barcelona para estudiar Relaciones Internacionales y Protocolo: “Me cogió un poco de conciencia, debía centrarme en la vida”. En esos años decidió afiliarse al Partido Popular y entrar en Nuevas Generaciones. A pesar de que hacía una beca con el entonces conseller socialista de Agricultura Antoni Siurana -que no ha querido hablar para este reportaje-, optó por afiliarse al PP: “Para que las cosas sean fáciles en Cataluña hay que afiliarse al PP”, dice sonriendo.Captura de pantalla 2015-07-10 a la(s) 23.52.46Cuando acabó Relaciones Internacionales, empezó Derecho. Estuvo una temporada también de “mindundi” en el despacho de Roca Junyent y luego le salió un trabajo en una agencia de comunicación, Tinkle, que combinaba con Nuevas Generaciones y la carrera. Levy ha tendido a hiperactividad laboral desde la universidad. Como otros políticos, Ada Colau o Albert Rivera, Levy fue delegada de clase en primero de carrera. Creó también el grupo de Nuevas Generaciones en Derecho de la Universidad de Barcelona.

Vida de abogada

Tras licenciarse, en septiembre de 2011, entró al despacho Uría Menéndez, uno de los tres con más prestigio en España entre juristas -junto a Garrigues y Cuatrecasas- y el que tiene las pruebas de acceso más duras. La entrada en Uría requiere un expediente académico extraordinario. Levy no ha querido compartir el suyo: “Sería pedante”, dice. En uno de los exámenes de acceso a Uría, Levy tuvo que abandonar por una infección en el riñón. A pesar de eso, y para su sorpresa, logró entrar.

Uría no ha permitido que ninguno de sus abogados hable para este reportaje -“es un asunto personal y no profesional”, me dijo por correo el director de comunicación, Dionisio Uría Ronsmans. Pero he podido averiguar que la carrera de Levy en Uría no fue fulgurante. Uría tiene un sistema establecido de promoción. Los abogados de primer año están dos ciclos de seis meses -llamados rotaciones- en dos departamentos distintos: uno al azar y uno escogido. Cuando acaban, promocionan a junior 1. Una gran mayoría lo hace. A los que no, Uría les invita a salir o les ofrece una tercera rotación. En el ambiente competitivo de estos despachos es una mala señal. Levy hizo una tercera rotación. Durante su tiempo en Uría, ya dejó claro que su vida estaba en la política y no iba a proseguir la carrera jurídica. Salió por voluntad propia para aceptar la propuesta de la presidenta del PP catalán Alicia Sánchez Camacho y convertirse en vicesecretaria.

Durante el año y medio en Uría y hasta ahora, ha sido también concejal de distrito en el barrio de Gracia de Barcelona, que es donde vive ahora. Conserva un recuerdo ambiguo de la política municipal: “Mi primera intervención fue para un vecino que me escribió que en su calle había muchas cagadas de paloma y que pasara más el camión de basura”, dice.

He hablado con media docena de abogados jóvenes de grandes bufetes y trabajan fácilmente 12 horas diarias. La compaginación de la labor allí con la política municipal primero y con la Ejecutiva del PP a partir de mayo 2012 era inasumible. Así terminó la carrera jurídica por ahora de Andrea Levy.

Quiere ser Richelieu

La vocación política de Levy era preponderante. “Ha llegado a la política para quedarse y tiene una ambición indisimulable”, dice su amigo independentista Bernat Dedéu. Levy cree que la política es muy necesaria, pero que eso no significa que trabaje siempre desde un partido. Dedéu también cree que “bajo su dulzura, hay una Maquiavelo en potencia”. Le pregunto a Levy por la definición. Ríe, se mueve y no da con nada: “Nunca me hago reflexiones sobre mí misma”. Pero se queda con Maquaivelo, que saca otras veces durante nuestra charla y no le gusta. Un buen rato después, con la entrevista ya terminada, en plena sesión de fotos, me grita: “¡Richelieu!”, y no Maquiavelo. Ése es el personaje que quiere tener debajo de su dulzura. Levy me recomienda el libro Richelieu y Olivares, de John H. Elliott.

En 2013, después de Uría, Levy se paseaba por las principales tertulias de Cataluña. Empezó por pequeñas y fue a más. Pertenece a la generación de políticos que se ha hecho mayor en los platós. Los tres grandes representantes son Pablo Iglesias, Ada Colau y Albert Rivera, pero no los únicos. A Levy le han dado tablas, fama y capacidad de argumentar: “Las tertulias han tenido en un ambiente convulso como el catalán la capacidad de permitirme una argumentación que no te expulse directamente del sistema”, dice Levy Europa Press describe así su ascenso: “La plataforma de Levy han sido principalmente las tertulias en los medios de comunicación”. Sin tertulias en las principales radios y teles catalanas, Levy hoy no sería quien es. En Madrid ya ha recibido ofertas para ir a alguna de las grandes tertulias. No me dejan revelar el nombre de una porque el acuerdo no está cerrado y el responsable de prensa prefiere la cautela para decidir qué hacen con calma.

El cargo nuevo de vicesecretaria nacional da otro perfil a Levy. “Ahora seré algo más formal”, dice. Madrid impone. La bomba procurará controlar su capacidad explosiva. Desde Barcelona, algunos amigos temen por Andrea. Tendrá más presencia, más audiencia. La Conferencia Política del PP es su bautizo oficial. Pero está por ver si esa exposición y ese riesgo mayores se traducen en poder dentro de un partido que todavía controla Mariano Rajoy.

Un político de carrera

Pablo Casado

Pablo Casado ya no es una joven promesa. Pesos pesados del PP como Aznar o Juan Vicente Herrera lo señalan ya como el presente del partido. Está en política desde los 23 años y nunca ha trabajado en la empresa privada. Es la cara del PP en muchas tertulias televisivas y reivindica el ala liberal de su partido. Si en noviembre pierde su escaño, dejará la política y se mudará a EEUU.

Reportaje gráfico: Dani Pozo.

Pablo Casado ya no es una joven promesa. Pesos pesados del PP como Aznar o Juan Vicente Herrera lo señalan ya como el presente del partido. Está en política desde los 23 años y nunca ha trabajado en la empresa privada. Es la cara del PP en muchas tertulias y reivindica el ala liberal de su partido. Si en noviembre pierde su escaño, dejará la política y se mudará a EEUU.


A sus 34 años, Pablo Casado se ha convertido en una de las caras nuevas de la política española. Asiduo de las tertulias de televisión, su nombre suena cada vez con más fuerza. El último que lo ha pronunciado ha sido el expresidente José María Aznar, que cree en él como uno de los máximos exponentes de la generación que renovará el PP.

Pablo Casado es portavoz electoral del Partido Popular, responsable de la comunicación online del partido y diputado del Congreso. Se define como un liberal sin complejos. Desde los 23 años se dedica profesionalmente a la política. Fue entonces cuando el vicepresidente segundo de la Comunidad de Madrid, Alfredo Prada, le fichó como asesor parlamentario. Después ha ocupado una decena de cargos dentro del Partido Popular y en diversas instituciones públicas, pero nunca ha trabajado en el sector privado.

De padre leonés y madre cántabra, Casado es el quinto de seis hermanos. Su abuelo, su padre y tres de sus hermanos se han dedicado a la medicina, pero él nunca ha sentido la tentación de ponerse una bata blanca. Si alguna vocación se le ha quedado por el camino, esa ha sido la de periodista. “Hubiera podido ganarme la vida con el periodismo, cuanto más estoy en contacto con los periodistas, más lo pienso”, confiesa en uno de nuestros encuentros, en el que su Blackberry no para de sonar con peticiones de periodistas.

Habla inglés y francés. A los 14 años, sus padres le mandaron a estudiar a Londres. El modelo educativo británico le brindó su primera toma de contacto con la política. Fue a través de un taller de debates. Por aquel entonces ni se le pasaba por la mente que practicaría tan intensamente veinte años después.

Con 18, Casado aterrizó en Madrid para comenzar su formación universitaria. Es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense, y en Administración y Dirección de Empresas por la Rey Juan Carlos. Decidió hacer dos carreras porque no tenía claro si le gustaba más el mundo de la empresa o el Derecho. Pero no llegaría a ejercer en ninguno de los dos porque en esos años decidió afiliarse a las Nuevas Generaciones del PP.

Militó en el distrito de Moncloa-Aravaca desde 2001, donde se encargaba de los temas de comunicación y de la revista que esta organización editaba. Allí lo conoció Rubén Urosa, actual director del Instituto de la Juventud (INJUVE), con quien mantiene una estrecha amistad desde entonces. “Era una persona muy inquieta, pero por aquel entonces no destacaba entre el resto”, recuerda Urosa. “Sin embargo, ha sabido modelar su formación para dedicarse a la política”.

Ésta es una posible explicación de la larga lista de posgrados cursados en prestigiosos centros privados y en varias universidades americanas que figuran en el currículum de Pablo Casado. Realizó el programa de Emprendimiento e Innovación de Deusto, el de Gestión Parlamentaria del IE, y el conocido programa de Gestión Pública del IESE de la Universidad de Navarra. Un certificado en Estudios Legislativos por Georgetown, y el Driving Government Performance Program de Harvard son otros de los títulos que ostenta.

Si en las próximas elecciones generales de noviembre no obtuviera un escaño, se iría a trabajar a Estados Unidos. Coordina un proyecto de investigación en la Universidad Johns Hopkins. “Se trata de una actividad no remunerada y compatible con mi escaño de diputado, pero que me permitiría irme a Washington en el momento en que decidiera dejar la política y seguir pagando mi hipoteca sin depender de unas listas. La política es una vocación para toda la vida, pero debe ser una ocupación temporal”.

Su descubridor

Las Nuevas Generaciones del PP le sirvieron como plataforma para contactar con figuras destacadas de la política. Fue el caso de Alfredo Prada, a quien conoció en el año 2002 cuando éste era vicepresidente del Senado. En aquel momento, Casado le pidió que diera una conferencia en el colegio mayor en el que vivía. Y Prada no olvidó la buena impresión que le causó un joven cargado de iniciativa. Un año después, Prada es nombrado vicepresidente segundo de la Comunidad de Madrid y consejero de Justicia e Interior, y entonces es él quien llama a Casado para ofrecerle un puesto como asesor.

“Yo fui el descubridor de Pablo”, defiende Prada. Me recibe en su despacho de la Carrera de San Jerónimo 36, donde recuerda aquel encuentro que tuvo lugar hace más de diez años. “En Pablo vi a una persona a la que le gustaba la política más que comer con los dedos. Su pasión por la política y su capacidad para trabajar en ella me recordaron a mí mismo cuando tenía su edad y decidí darle una oportunidad”.

Pablo Casado

Reportaje gráfico: Dani Pozo

Con 23 años recién cumplidos, Casado comenzó a trabajar como asesor parlamentario. Y un 11 de marzo de 2004, se despierta con la noticia de los atentados de Atocha. Confiesa que el 11-M le sobrepasó: “Estuve dos días prácticamente sin dormir en el Anatómico Forense. Vi cosas que jamás se me olvidarán… Así fue mi aterrizaje en la política. El fracaso electoral posterior [del Partido Popular] fue en lo que menos pensé”.

Trabajó como asesor parlamentario de Alfredo Prada hasta 2007. Pero compaginaría el puesto con un cargo importante dentro del organigrama de Nuevas Generaciones. El propio Prada recuerda cómo fue la conversación que probablemente determinó el futuro político de Casado: “Era el verano de 2004, recibí una llamada de Esperanza Aguirre en la que me dijo que iba a haber congreso de Nuevas Generaciones de Madrid, y le propuse a Pablo como candidato para presidirlas. Ella lo conocía de haberlo visto conmigo en la Asamblea, y me dijo: si tú me lo recomiendas, dile que venga a verme”.

Rebeldes con causa

Aquel congreso de Nuevas Generaciones tenía más relevancia de lo normal, porque llevaba siete años sin convocarse y se necesitaba un impulso regenerador urgente. Supuso una ruptura casi completa, porque salió toda una generación de políticos que rondaban los 30 por aquel entonces y entró otra de jóvenes de veintipocos entre los que estaba Casado.

Con el apoyo de Aguirre, fue elegido presidente de Nuevas Generaciones de Madrid en mayo de 2005, cargo que ha ocupado hasta el año 2013. Casado supo llegar en el momento preciso y contar con el respaldo de la persona adecuada, algo que dejó claro en su discurso de investida, donde afirmó que las Nuevas Generaciones del Partido Popular estaban con Esperanza Aguirre porque los del PP son “rebeldes con causa”. “Esperanza es políticamente incorrecta –me explica ahora–. No tiene complejos a la hora de defender sus creencias porque lleva la ideología por bandera”.

Su relación con Aguirre fue muy estrecha desde el principio. Siempre se refiere a ella por su nombre de pila. “Esperanza quería renovar las Nuevas Generaciones del PP, donde había muchos conflictos internos, y dar un giro hacia el ala liberal y un carácter más ideológico. Conseguimos que pasara de ser una organización juvenil de un partido a nivel orgánico a ser la vanguardia ideológica de ese partido”.

Su excompañera en Nuevas Generaciones Ana Camins va más allá. “Con la entrada de Pablo, las nuevas generaciones dejaron de ser esa parte del partido a la que sólo llaman para llenar las traseras de los actos y meter entre el público para que haya caras jóvenes. Se convirtió en un espacio en el que se hacía política y donde se hablaba de lo que era ser liberal”. Casado eligió a Ana Camins como Secretaria General, su número dos. Fueron muchas horas las que pasaron juntos trabajando y Camins destaca la capacidad de trabajo de Pablo para sacar adelante todo lo que se proponía. “Nunca veía el momento de irse, le echaba las horas que hicieran falta y yo le tenía que decir a veces: oye, que me tengo que marchar, que mi novio me va a plantar un día de estos”.

Acampado antes de Sol

Camins recuerda cómo se movilizaron activamente durante aquellos años. “Fuimos muy beligerantes con el tema del terrorista Iñaki de Juana Chaos y llegamos a organizar una campaña en contra de su excarcelación [en marzo de 2007]. Acampamos frente al Ministerio de Interior [del que era titular Alfredo Pérez Rubalcaba], hasta que la Policía nos requisó las tiendas de campaña. Viajamos en un autobús hasta el hospital de San Sebastián, donde le ingresaron a su salida de prisión, para protestar allí también; y fuimos por delante del partido en muchas cuestiones relacionadas con la defensa de las víctimas. Pablo siempre ha estado muy pegado a la defensa de las víctimas y diseñaba incluso las pegatinas para las manifestaciones”.

Igual que para otros políticos de su generación, como Albert Rivera, uno de los detonantes que empujó a Casado a querer participar activamente en la política fue el asesinato de Miguel Ángel Blanco el 13 de julio de 1997. Por eso sigue participando en actos y homenajes a las víctimas y mantiene una excelente relación con varios de sus portavoces.

Pero en 2007 Pablo Casado no se limitó a organizar acampadas sino que se adelantó al modo de protesta que adoptaría el Movimiento 15-M cuatro años después. Después, dio otro paso adelante en su carrera política al obtener un escaño de diputado en la Asamblea de Madrid. No llegó a completar la legislatura. Dejó su acta de diputado cuando José María Aznar le propuso en 2009 ser jefe de Gabinete de la Oficina del expresidente del Gobierno.

Vocación atlántica

Casado había conocido a Aznar en la boda de Ana Camins. Al ser nombrado jefe de su Gabinete, se abrió uno de los capítulos más apasionantes de su vida. “Durante los dos años y medio que trabajé con Aznar –relata–, visité más de 150 países y conocí a muchos de los líderes internacionales más importantes”.

Estableció también lazos con varias instituciones universitarias estadounidenses en las que el expresidente daba clase o participaba en proyectos académicos. Entre estos proyectos se encuentra la investigación sobre las cuatro cuencas atlánticas, que lidera José María Aznar en la Johns Hopkins. “Me considero una persona con formación atlántica, tanto económica como jurídica. Y si no viviera en España, mi residencia estaría en Estados Unidos”. Al preguntarle por qué, Pablo se detiene a pensarlo unos instantes y responde: “Porque es la cuna de la democracia, por su patriotismo y defensa de la libertad y de los valores occidentales. También porque Estados Unidos ha combatido el comunismo por medio mundo”.

Casado no esconde su ideario profundamente liberal. Desde el primer encuentro cita Camino de servidumbre de Friedrich Hayek como uno de sus referentes. Pero muestra una cara más conservadora al preguntarle por la designación de candidatos dentro del PP, que hasta la fecha consiste en lo que señale el dedo de su presidente. “Los procesos de primarias dentro de los partidos para elegir candidatos terminan siendo un engaño, y lo hemos visto con la experiencia socialista y lo que sucedió con Tomás Gómez, o con Tania Sánchez en Izquierda Unida. Hablar de primarias queda muy bonito sobre el papel, pero con el sistema de partidos que tenemos hoy en España no es más que maquillaje”, sentencia.

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La batalla dialéctica

Casado comenzó como tertuliano en el mismo plató que Pablo Iglesias, el de El gato al agua, en la cadena Intereconomía. Por aquel entonces, y en calidad de presidente de Nuevas Generaciones, ya exponía su ideario político sin complejos. “Nosotros fuimos los primeros en proponer la prisión permanente revisable, o la postura de no meternos demasiado en la cuestión del matrimonio homosexual para no caer en trampas semánticas”.

“Uno de los valores que tiene Pablo para el PP es que es buen comunicador, pero no es algo nuevo, siempre ha sido muy mediático, y en esos años ya despuntaba”, recuerda Camins. Uno de los programas en los que más sale es La Sexta Noche, el programa político que conduce Iñaki López. Para el periodista, Casado es, junto a Borja Sémper, el político joven del PP que más tirón tiene. “Es un tío muy inteligente y yo creo que en la empresa privada haría carrerón, así que si ha optado por la política es de esperar que en su partido lo sepan aprovechar bien”.

López está convencido de que Pablo Casado tiene una concepción nueva de la política: “Tiene ganas de abrir las ventanas y ha supuesto una brisa de aire fresco para el Partido Popular, porque además de bregar con todos los temas, sabe escuchar y hacer autocrítica. Pero también tiene cosas negativas como tertuliano, como lo de recurrir al ‘y tú más’ que es tan cansino y no lleva a ninguna parte”. “Luego está el hándicap de que nunca ha estado en la empresa privada, no sabe lo que es trabajar por mil euros al mes o estar en paro. Eso es algo que probablemente le van a echar en cara en el futuro”.

Casado confiesa que su secreto para salir ileso de cualquier tertulia política es no entrar en cuestiones personales. “Rehúyo los golpes bajos, y si puedo pegar una patada en la espinilla en lugar de en el hígado, lo prefiero”. “Me lo paso muy bien en las tertulias –comenta cuando salimos de la que conduce Federico Jiménez Losantos en EsRadio, un jueves por la mañana–, aunque no sé si es bueno o malo porque te confías. Pero creo que la espontaneidad es buena y que el ciudadano lo que quiere es que le hables en su idioma”.

Aunque ha nacido en Palencia, es diputado por Ávila desde 2011. Intentó acceder al Hemiciclo en las elecciones de 2008, cuando dirigió además la campaña electoral de Manuel Pizarro. Pero su nombre ocupaba un puesto demasiado discreto en las listas electorales y no obtuvo el escaño.

Aznar le ayudó personalmente para que eso no volviera a suceder, y -según publicó en aquellos días la prensa local- el expresidente del Gobierno pidió que fuera incluido en las listas abulenses. Finalmente, ocupó el número dos en la lista por Ávila, aprovechando la vacante que dejaba el ex ministro Ángel Acebes.

Hoy, desde su escaño, Casado es portavoz de la Comisión Mixta Congreso-Senado para la Unión Europea y vocal de las comisiones de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional. Dentro de su partido lo nombraron jefe de comunicación online en 2013. Desde enero es también portavoz del Comité de Campaña Electoral a propuesta de Carlos Floriano y María Dolores de Cospedal.

El punto de inflexión

En calidad de portavoz electoral, sus apariciones en los medios se han multiplicado en los últimos meses. Y los marrones que se ha comido, también. “Mi labor es dar la cara, para eso estoy”, sentencia en un momento en el que caen chuzos de punta sobre el Partido Popular.

Pero la batalla de cada día se queda en la sede de la calle Génova número 13, junto con el cargo de portavoz. Y quien vuelve a casa cada noche, junto a su mujer y a sus dos hijos pequeños, es simplemente Pablo. “Mi familia es infinitamente más importante que mi trabajo”, afirma. Lo vio claro durante los cuatro meses que pasó en el hospital el año pasado, cuando su segundo hijo nació con tan sólo 25 semanas de gestación y 700 gramos de peso. “Ha sido un milagro que algo tan pequeñito haya salido adelante, y si algo he aprendido habiendo tenido la muerte de mi hijo tan cerca es a relativizar las cosas”.

Le cuesta mucho hablar de su vida privada. En ese terreno no está tan cómodo como en las tertulias políticas. Declina la posibilidad de que entreviste a su esposa o al resto de su familia. Pero asegura que es el pilar fundamental de su vida. En 2009 se casó con Isabel Torres Orts, una conocida joven de Elche. Su abuelo, el empresario Luis Torres Fenoll, fue el fundador de la empresa de golosinas Damel y era conocido como “el rey de los caramelos” en las décadas de los 60 y 70.

Se conocieron en Madrid. Ella vivía en el colegio mayor que estaba junto al de Pablo, mientras estudiaba Psicología. “Es la mujer de mi vida, no puedo decir nada más”, musita Casado. Contrajeron matrimonio por la Iglesia, en régimen de separación de bienes, y en la ceremonia estuvieron presentes Esperanza Aguirre y José María Aznar.

Casado asegura que siguen “cuidando la relación”, y se reservan una noche todas las semanas para salir a cenar solos y disfrutar de una de una de sus pasiones: la gastronomía.

La lectura también le parece un buen refugio para el caos de vida que lleva. Su libro de cabecera es Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa. Procura sacar tiempo para leer ensayo político y biografías o para visitar exposiciones de arte contemporáneo. “Me gusta la pintura abstracta española, también la escultura y la arquitectura del siglo XX; Tapies y Miró, pero sobre todo Picasso, por todo lo que recoge y por todo lo que supuso para las generaciones que vinieron después”.

Desde que llegaron sus hijos ha cambiado las salas de conciertos madrileñas, como Clamores o el recientemente cerrado Café Central, por espectáculos de canta juegos. Pero le gusta descubrir cómo suenan nuevos artistas. Norah Jones o Jamie Cullum son dos de sus últimos hallazgos. Y sus gustos incluyen Depeche Mode, Radiohead, Pearl Jam, o Coldplay. La música clásica también es algo que quedó de su paso por el conservatorio, donde cursó estudios de violonchelo, guitarra y solfeo durante ocho años. ¿Su canción favorita? Insurrección, de Manolo García. También le gusta el bricolaje. “Todo lo que hay que montar en mí casa lo hago yo… muebles, cortinas, pintar”.

Ha sido imposible lograr que alguien enumerara algún defecto de Casado. Pero muchos coinciden en describirlo como “prometedor” e incluso “presidenciable”. Pero Pablo Casado es demasiado respetuoso con las jerarquías como para pensar que ya ha llegado su momento, por lo que zanja el tema alegando que “primero le toca a esa generación de políticos que ahora están entre los cuarenta y los cincuenta”, y mientras, “espera sin pedir nada”.

Puede que sea una estrategia para no exponerse demasiado ante este encumbramiento tan precoz por parte de pesos pesados del PP. “Si alguna vez me tiene que renovar alguien, que sea Pablo Casado”, dijo Aznar hace unos días. Juan Vicente Herrera, el presidente de Castilla León, dijo tras las elecciones del 24 de mayo que era “el turno de la generación de Casado”. En política, a veces, el clavo que sobresale es el primero que se lleva un martillazo.

Aclaración: A petición del protagonista de este artículo, dejamos claro que las entrevistas y las fotografías que lo integran se hicieron antes de las elecciones del 24 de mayo.