10 meses, 10 historias, 10.534 suscriptores

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Nuestro blog arrancó el sábado 10 de enero en torno a las 11 de la noche con el primer artículo de Pedro J. Ramírez en EL ESPAÑOL. Unas horas antes del inicio de nuestro lanzamiento, recuperamos aquí algunas de las mejores historias que hemos publicado durante estos 10 meses. 

Nuestro blog arrancó el sábado 10 de enero en torno a las 11 de la noche con el primer artículo de Pedro J. Ramírez en EL ESPAÑOL. Unas horas antes del inicio de nuestro lanzamiento, recuperamos aquí 10 textos representativos de los que hemos publicado durante estos 10 meses.

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1.- Demos vida a EL ESPAÑOL, cambiemos España

Por PEDRO J. RAMÍREZ

EL ESPAÑOL proporcionará a los ciudadanos todas las informaciones que los poderosos esconden bajo siete llaves y todas las interpretaciones, explicaciones y opiniones que les ayuden a decidir su destino dentro de la ley. Queremos publicar un periódico útil en todos los sentidos del término y para ello emplearemos los formatos más innovadores en los dispositivos móviles que acompañan a cada español en su vida cotidiana.

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2.-  El ‘gigapan’ de la marcha de Podemos

Por 93METROS

Más de 100.000 personas vieron la panorámica gigante de la concentración organizada por Podemos que la productora 93 Metros elaboró para ‘El Español’ en la Puerta del Sol.

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3.- Anticorrupción no vio motivos para actuar contra Rato

Por MARÍA PERAL

La Oficina Nacional de Investigación del Fraude (ONIF) llevó a los fiscales de Madrid su investigación contra Rodrigo Rato después de que la Fiscalía Especial Anticorrupción considerara que esas indagaciones estaban “muy verdes” y era necesario profundizar en las sospechas delictivas antes de actuar.

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4.- El espontáneo

Por JORDI PÉREZ COLOMÉ

Hasta hace 15 meses Pablo Echenique era un físico con un cuerpo frágil y una mente de superdotado. Hoy es también el candidato de Podemos a la presidencia de Aragón. Este perfil es el fruto de la conversación con él y con dos docenas de personas de su entorno, que desvelan su éxito con las chicas, su humor gamberro y sus días como ‘heavy’ y entrenador.

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5.- El guardián de los mapas

Por MARÍA RAMÍREZ

Sergio Álvarez Leiva tiene 29 años y lleva una compañía estadounidense desde Chamberí. No acabó Informática. Pero con 23 años le diseñaba mapas a Google, a la ONU o a la NASA. Ahora, 100.000 usuarios hacen mapas con su empresa CartoDB, que el año pasado recaudó siete millones de dólares. El mayor atractivo de su aventura es su mayor riesgo: compite en el mercado global.

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6.- “Voy a morir, pero espero que sea rápido”

Por DAVID LÓPEZ FRÍAS

El terremoto del 25 de abril en Nepal dejó más de 8.000 muertos. Fue una de las peores catástrofes naturales de los últimos años. El español Pol Ferrús hacía una travesía a pie por las montañas del norte del país, cerca del Tíbet. Salvó varias veces la vida de milagro.

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7.- Las bolas del estafermo 

Por PEDRO J. RAMÍREZ

Sólo el baldón que supondría convertirse en el primer presidente de la democracia incapaz de repetir mandato, el horizonte de pasar a la historia no como un malvado o un inepto sino simplemente como un piernas, como un babieca o como un gil, sólo ese prurito de casino provinciano frente al qué dirán a la hora del chamelo le ancla en el empecinamiento de imponer su candidatura. 

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8.- Los cinco gráficos que Rajoy no quiere que veas

Por KIKO LLANERAS, PATRICIA LÓPEZ, EDUARDO SUÁREZ, JULIA TENA Y MARTÍN GONZÁLEZ

Mariano Rajoy presentó el 31 de julio ocho gráficos para demostrar hasta qué punto la economía había mejorado durante su mandato. La mayoría estaban mal dibujados, omitían detalles relevantes o destacaban datos erróneos. A continuación presentamos los datos del presidente bien presentados, acompañados de contexto y despojados de la propaganda oficial.

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9.- Anticorrupción descubre al ex tesorero de CiU destruyendo pruebas con una trituradora

Por ESTEBAN URREIZTIETA

La Fiscalía Anticorrupción y la Guardia Civil sorprendieron este viernes al ex tesorero de Convergéncia Democrática de Cataluña (CDC) destruyendo pruebas. Los investigadores descubrieron en el despacho de Daniel Osácar una trituradora repleta de documentos vinculados con Teyco, la empresa de la familia Sumarroca que pagó comisiones del 3% a la formación nacionalista.

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10.- El libro negro del periodismo en Cataluña

Por JORDI PÉREZ COLOMÉ

Ante casos flagrantes, la prensa catalana no ha clamado; ante casos dudosos, no ha insistido; ante casos ignorados, no ha rebuscado. Esta serie aborda la historia del periodismo en Cataluña desde la llegada al poder de Jordi Pujol a través de 80 entrevistas con directores, redactores, presentadores y jefes de comunicación.

Las normas de conducta de la Redacción de EL ESPAÑOL

"Nacemos al servicio de todas las personas que utilizan nuestro idioma común". Foto: Dani PozoLos periodistas de EL ESPAÑOL están comprometidos a proporcionar a los ciudadanos una información veraz de la más alta calidad. Para alcanzar ese objetivo se han redactado 26 normas de conducta que publicamos hoy con el deseo de que nuestros lectores puedan controlar su cumplimiento. En su elaboración se han tenido en cuenta no sólo las opiniones de la Redacción sino también las sugerencias de los accionistas y suscriptores, a los que agradecemos sus relevantes aportaciones.

Foto: Dani Pozo

Los periodistas de EL ESPAÑOL están comprometidos a proporcionar a los ciudadanos una información veraz de la más alta calidad. Para alcanzar ese objetivo se han redactado 26 normas de conducta que publicamos hoy con el deseo de que nuestros lectores puedan controlar su cumplimiento. En su elaboración se han tenido en cuenta no sólo las opiniones de la Redacción sino también las sugerencias de los accionistas y suscriptores, a los que agradecemos sus relevantes aportaciones

1. El compromiso esencial de los periodistas de EL ESPAÑOL es proporcionar a los ciudadanos una información veraz de la más alta calidad.

Ese compromiso se traduce en la obligación de ser diligentes en la búsqueda de la verdad y en la comprobación de todos los datos de la información; en la obtención de todas las versiones posibles; en el mantenimiento de un punto de vista crítico sobre los hechos y en el rechazo de cualquier presión indebida que pretenda subordinar el trabajo periodístico a intereses particulares.

Relaciones con las fuentes

2. Los periodistas de EL ESPAÑOL tienen el derecho y el deber de no revelar sus fuentes de información. No difundirán informaciones que hayan aceptado recibir bajo el compromiso del ‘off the record’ siempre que se mantengan las circunstancias del acuerdo.

3. Los periodistas de EL ESPAÑOL deben precisar siempre si los datos que publican proceden de su propia observación, de documentos o de terceras personas. En este último caso, si la información proviene de una única persona no deben emplear el plural ‘fuentes’ y concretar, como mínimo, de qué ámbito procede (‘fuente sindical’ o ‘fuentes diplomáticas’ o ‘fuentes próximas a’). Evitarán fórmulas vacías de contenido como ‘fuentes competentes’ o ‘fuentes bien informadas’.

4. Cuanto menos identificada o cuanto más imprecisa sea la fuente que proporciona una información, mayor será la obligación de verificación. Si se publica la información facilitada por un anónimo, deberá constar esa característica de la fuente, indicando cuál es el motivo (temor a represalias, desconocimiento de su identidad por proceder del Buzón de Denuncias de EL ESPAÑOL, compromiso de confidencialidad por razón de la materia o del lugar de trabajo de la fuente, etc).

5. Cuando sea imprescindible cambiar el nombre de alguna persona (agentes de los servicios secretos, menores, víctimas de delitos sexuales o malos tratos) esa modificación será advertida a los lectores.

6. Los periodistas de EL ESPAÑOL procurarán que la relación con sus fuentes no comprometa su integridad e imparcialidad. Como regla general, no aceptarán regalos, viajes o tratos de favor. La aceptación de invitaciones relacionadas con la crítica gastronómica y cultural o con la cobertura de informaciones ha de estar justificada por su interés periodístico y debe ser autorizada por los responsables de la Redacción.

Empleo de citas

7. Cada palabra o expresión entrecomillada por los periodistas de EL ESPAÑOL debe responder con fidelidad a lo transmitido por el emisor. La edición de un testimonio nunca debe alterar el sentido y la intencionalidad del emisor.

8. Los periodistas de EL ESPAÑOL no plagiarán ni reproducirán total o parcialmente textos de otro autor, ni en su literalidad ni en su estructura o argumentación, sin atribuírselos de forma expresa.

9. Cuando incluyan en sus textos informaciones extraídas de otros medios, deberán atribuírselas, incluso si se trata de algún dato aislado. No será preciso hacerlo si EL ESPAÑOL corrobora la noticia con sus propias fuentes. Por razones de equidad y cortesía, la mención al medio y a su autor será imprescindible cuando se trate de una exclusiva, si es posible incluyendo el enlace.

10. Los periodistas de EL ESPAÑOL no publicarán nunca informaciones centradas en rumores no verificados, sin que su atribución a otro medio sirva de excusa para ello.

Obtención y tratamiento de la información

11. Los periodistas de EL ESPAÑOL tienen que buscar y difundir honestamente todos los ángulos posibles de los hechos, situándolos en su contexto adecuado y sin omitir aspectos esenciales que conozcan, en especial si el asunto es controvertido. Esta tarea será inexcusable cuando se trate de investigaciones policiales o judiciales.

12. Ninguna persona, física o jurídica, puede verse sorprendida por la aparición de una noticia originada en la redacción de EL ESPAÑOL en la que resulte cuestionada, descalificada o perjudicada sin haber tenido previamente la posibilidad de dar su versión y que ésta sea difundida, si el afectado lo desea. Cuando no se le haya podido localizar o no haya querido responder, se harán constar estas circunstancias. Si la noticia tiene como base un documento oficial u otra fuente externa se tratará de recoger la versión del afectado lo antes posible sin que ello retrase la publicación.

13. Los periodistas de El ESPAÑOL no utilizarán métodos ilegales para obtener información. Sólo en casos de importancia excepcional, y siempre que no sea posible obtener la información por ninguna otra vía, podrán utilizar personalidades fingidas o realizar grabaciones subrepticias. La regla general es advertir al interlocutor de que sus palabras y/o imagen van a ser grabadas; la alteración de esta norma deberá ser autorizada por los responsables de la Redacción.

14. Si la información tiene una base documental, los periodistas de EL ESPAÑOL deben hacer todo lo posible para garantizar su autenticidad. No harán nunca una selección sesgada o intencionalmente dirigida a favorecer una determinada tesis, a partir de esos documentos.

15. Los periodistas de EL ESPAÑOL respetarán los derechos fundamentales al honor, la intimidad, la propia imagen y la presunción de inocencia. Se atendrán, así, a los límites a las  libertades de expresión e información que establece la Constitución española, incluida la protección de la juventud y la infancia.

16. Las fotografías e imágenes de vídeo que representen la realidad deben ser genuinas y sin distorsiones más allá de un correcto tratamiento técnico para lograr una difusión de calidad y de la capacidad periodística de poner el énfasis en uno u otro aspecto de la información.

17. Los periodistas de EL ESPAÑOL evitarán la difusión de expresiones e imágenes hirientes o despectivas sobre religiones, etnias o grupos sociales determinados, salvo que resulte imprescindible desde el punto de vista del interés informativo.

18. La información y la opinión estarán diferenciadas con nitidez. Las informaciones no contendrán juicios de valor del periodista. La titulación de las noticias no debe ser tendenciosa.

Comprobación de los datos

19. Los periodistas de EL ESPAÑOL comprobarán la veracidad de los datos que incluyan en sus informaciones y cuidarán de su corrección gramatical, con independencia de la existencia de los controles establecidos en la Redacción. A este respecto, al menos una segunda persona supervisará siempre cada historia o información. Las prisas no deben ser excusa para incluir datos no verificados. Si urge entregar una información y hay aspectos no comprobados, deberá advertirse a los responsables de la Redacción.

20. Los datos dudosos o de singular complejidad o trascendencia deben ser verificados por, al menos, dos fuentes independientes entre sí. El hecho de que la información provenga de una fuente oficial, de una institución o esté apoyada en un documento no eximirá al periodista de comprobar los aspectos que puedan resultar más conflictivos.

21. Los periodistas de EL ESPAÑOL deberán asegurarse de que sus informaciones no contengan injurias ni calumnias.

Rectificaciones

22. EL ESPAÑOL corregirá con inmediatez los errores de hecho, sin necesidad de esperar a recibir una queja. La rectificación deberá ser difundida de forma suficientemente visible.

23. Las rectificaciones procedentes de personas o instituciones que hayan sido aludidas serán publicadas en lo referente a los datos fácticos, pero no cuando tengan que ver con juicios de valor, interpretaciones u opiniones.

Conflictos de intereses

24. Los periodistas de EL ESPAÑOL evitarán los conflictos de interés entre sus actuaciones privadas (inversiones bursátiles, militancia activa en partidos, relaciones familiares) y su labor profesional. Cuando exista el menor riesgo de ello advertirán a los responsables de la redacción y serán sustituidos por otro compañero.

25. Los periodistas de EL ESPAÑOL no utilizarán la información que obtengan en el ejercicio de su profesión en beneficio personal o en el de sus familiares.

26. Ningún periodista de EL ESPAÑOL podrá trabajar, de forma remunerada o no, para gabinetes de imagen o de comunicación, empresas de relaciones públicas o agencias de publicidad.

La faena de la prensa catalana

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Jordi Pérez Colomé nos obliga a preguntarnos, de episodio sórdido en episodio sórdido, por qué desde los inicios del pujolismo toda la porquería que rodeaba a la Sagrada Familia gobernante fue sistemáticamente enterrada en la arena del oasis informativo catalán.

Ilustración: Javier Muñoz

Siempre hemos seguido a Felipe González por lo bien que se explica. Así cuando prometió un referéndum para sacar a España de la OTAN y lo celebró para mantenerla. O cuando lo de “no hay pruebas ni las habrá” -cadáveres en cal viva aparte-, pero que conste que “al Estado se le defiende también en las alcantarillas”.

No me extraña pues que siga siendo el gran referente intelectual del PAIDECLA -Partido de las Ideas Claras-, vulgo PSOE. A esa claridad de luminaria acaba de contribuir con sus centelleantes idas, venidas y revenidas sobre la actual encrucijada catalana. Ya sabemos que cuando escribió que la situación creada por Mas “es lo más parecido a la aventura alemana o italiana de los años treinta del siglo pasado” no se refería en absoluto a “que haya una intención fascistizante o conducente al fascismo hoy en Catalunya”, o sea a que se convoquen multitudinarias manifestaciones de adhesión al régimen, compartimentando a los ciudadanos provistos de cartulinas de distintos colores por demarcaciones, gremios e incluso preferencias sexuales. ¡Qué va! Se refería probablemente al súbito incremento de las ventas de las películas de Cinecittá, los textos de Marinetti y las canciones de Alfredo Clerici entre los barceloneses.

Y sobre todo ya sabemos que Glez, como le llamaba Umbral, está “absolutamente” a favor de que la Constitución reconozca “la identidad nacional de Cataluña” pero “absolutamente” en contra de que la Constitución reconozca a “Cataluña como nación”, lo que le ha hecho merecedor del aplauso sucesivo de toda la plana mayor del PAIDECLA. Nada nuevo bajo el PSOE.

Quien sí ha aportado diferencia a la polémica ha sido su brillante entrevistador Enric Juliana al presentar pruebas documentales de que si bien le preguntó por el  reconocimiento de la “identidad nacional de Cataluña” y luego alteró la transcripción haciendo creer que le había preguntado por el reconocimiento de “Cataluña como nación”, la “oficina” del ex presidente -o sea su veterano jefe de prensa Joaquín Tagar- dio por bueno el “resumen” y añadió: “Nada que objetar”.

La clave está pues en el “resumen”. Había que resumir: “identidad nacional de Cataluña” tiene cuatro palabras y “Cataluña como nación” sólo tres. ¿Pero por qué no escribió Juliana “identidad catalana” que son dos palabras y nos habrían dejado a todos tan contentos? Pues porque esto del soberanismo de la puta y la Ramoneta es como quien juega a las siete y media obsesionado con no quedarse corto. Por eso Maciá proclamó en el 31 la “Republica Federada Catalana dentro de la República Española” y Companys en el 34 el “Estado Catalán dentro de la República Federal Española”. Uno y otro se pasaron de listos, sencillamente porque el contenedor en el que situaban su continente no existía.

Y no existía porque las Cortes, con rotunda mayoría de centro izquierda, asumieron la tesis del presidente de su Comisión Constitucional, el socialista Luis Jiménez de Asúa, y proclamaron que “La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones”. Asúa lo explicó en el debate de totalidad en términos que parece entender mejor Susana Díaz que Pedro Sánchez: “No hablamos de un Estado federal porque federar es reunir. Se han federado aquellos Estados que vivieron dispersos y quisieron reunirse en colectividad”. Asúa anhelaba con sentido visionario una “federación de Europa” y “precisamente eso -añadía- es lo que nos ha hecho pensar en el Estado integral y no en el Estado federal”. ¿Qué pasa, paisano Luena? ¿Es que en Ferraz nadie lee a sus clásicos?

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Ilustración: Javier Muñoz

A propósito de los años 30, siempre he tenido la sensación de que, más que en el de Pla, Juliana intenta mirarse en el espejo de William L. Shirer y busca sobresaltos troglodíticos, con ahínco digno de mejor suerte, en el Madrid cloroformizado por el Estafermo. Su triquiñuela para sacar a Glez de su apócope mental y hacerle decir un poco más de lo que dijo sería irrelevante fuera del circo de los sintagmas en el que trapecistas y payasos entretienen a los catalanes. Pero es definitoria en su cotidiana nimiedad del papel esencial asignado a la prensa por los impulsores del soberanismo como portavoz de una agenda política irredentista, atizador de un clima social de agravio y gota malaya de un insomnio colectivo permanente.

También me ha llamado la atención que este colega considere una práctica “habitual” enviar el texto de una entrevista al entrevistado para que pueda corregirla antes de su publicación. No digo que no haya veces en que esté justificado, o que yo mismo no lo haya hecho en casos concretos -de hecho el Código Ético de EL ESPAÑOL no lo excluye taxativamente como proponían algunos compañeros- pero de ahí a considerarlo poco menos que una fase del proceso editorial, hay un trecho. El trecho de la condescendencia al final del cual resulta que “la mejor entrevista a Pujol” fue, según Pujol, una en la que Pujol no sólo puso las respuestas de Pujol sino también las preguntas a Pujol. Adivinen quién y cómo la publicó.

Podrán leerlo mañana en la tercera entrega de la impactante serie de investigación de Jordi Pérez Colomé El libro negro del periodismo en Cataluña. Tras entrevistar a más de ochenta redactores, directores, editores y personajes de toda laya de la galaxia mediática, Pérez Colomé nos obliga a preguntarnos, de episodio sórdido en episodio sórdido, por qué “ante casos flagrantes de corrupción la prensa catalana no ha clamado; ante casos dudosos, no ha insistido; ante casos ignorados, no ha rebuscado”.

Es decir por qué desde los inicios del pujolismo toda la porquería que rodeaba a la Sagrada Familia gobernante, empezando por el escándalo de Banca Catalana, siguiendo con el 3% denunciado por Maragall hace ya diez años y desembocando en el “todos eran mis hijos” de la seudoconfesión del patriarca, fue sistemáticamente enterrada en la arena del oasis informativo catalán. Y por qué aun hoy tienen que ser periodistas “foráneos” como Esteban Urreiztieta y Daniel Montero quienes descubran en un medio nonato como EL ESPAÑOL que las comisiones de los Pujol eran del 5% y que su monto les permitió trenzar una trama transcontinental de evasión y blanqueo que unía Andorra con Delaware, Londres con Gabón y los proyectos de ferrocarriles en Turquía con los de las granjas de cerdos en Brasil.

Desde los inicios del pujolismo toda la porquería que rodeaba a la Sagrada Familia gobernante, empezando por el escándalo de Banca Catalana, siguiendo con el 3% denunciado por Maragall hace ya diez años y desembocando en el “todos eran mis hijos” de la seudoconfesión del patriarca, fue sistemáticamente enterrada en la arena del oasis informativo catalán

La respuesta es que durante estas cuatro décadas de democracia la casi totalidad de los medios catalanes han hecho suyas las tesis del llamado “nuevo orden informativo internacional”, impulsado en los 70 y 80 por el director general de la UNESCO, el senegalés Amadou Mahtar M’Bow, según el cual en los países del Tercer Mundo debía anteponerse el “proceso de construcción nacional” a los valores del “periodismo occidental”. O sea que la  autocensura en sus modalidades más groseras o sutiles debía proteger el “Procés” porque lo que era bueno para los Pujol, sus aliados y amigos era bueno para Cataluña.

En otras ínsulas de la España autonómica han ocurrido fenómenos similares -los aupados por cada hecho diferencial siempre se abalanzaban sobre las cajas de ahorros y la prensa-, pero su alcance e intensidad han sido mucho menores. El caudal de dinero invertido por las instituciones controladas por los nacionalistas en el empeño de uniformar a la prensa no tiene precedente en el mundo democrático.

En la práctica en Cataluña no han existido sino medios públicos como TV3, medios concedidos como las emisoras de radio más furibundas y medios concertados como los periódicos cuya cuenta de resultados depende de millonarias subvenciones. En ese escenario no es de extrañar que la cómoda tentación de la servidumbre voluntaria, “la adherencia emocional a la causa catalana” según Pérez Colomé, haya tenido su complemento perfecto en “el temor a un poder total con un sinfín de maneras de imponerse”.

Claro que han existido y existen las excepciones individuales de quienes nadan contra corriente -y conste mi homenaje al equipo de El Mundo de Cataluña en su veinte aniversario-, pero en su conjunto el periodismo catalán, en lugar de ejercer de contrapoder y perro guardián de la democracia, ha sido cómplice activo de la manipulación nacionalista y, junto con el estamento docente, es el gran culpable de que entre mentiras mil veces repetidas y verdades mil veces ocultadas, hayamos llegado a la situación actual con media Cataluña enfrentada civilmente a la otra media. Si la prensa hubiera cumplido allí con su obligación, como algunos lo hicimos por ejemplo en Baleares, Convergencia habría quedado hace tiempo reducida a la misma condición de asociación para delinquir con que se recuerda ahora a Unió Mallorquina, sus líderes habrían merecido una suerte equivalente a la de Munar y compañía y el manantial del que brotaba el dinero con el que se ha narcotizado y envenenado a la sociedad catalana habría sido confiado a guardianes más honrados y leales.

Durante estas cuatro décadas de democracia la casi totalidad de los medios catalanes han hecho suyas las tesis del llamado “nuevo orden informativo internacional”, impulsado en los 70 y 80 por el director general de la UNESCO, el senegalés Amadou Mahtar M’Bow, según el cual en los países del Tercer Mundo debía anteponerse el “proceso de construcción nacional” a los valores del “periodismo occidental”

Por mucho que ahora traten de distanciarse de la purulenta figura que la Justicia y la qué-coño-es-la-UDEF están empezando a iluminar, todos los agrupados para decir “No” a la España constitucional mediante su orwelliano “juntos por el Sí”, e incluso los zapatófilos de la CUP, no son sino el producto del modelo totalizador y reduccionista, impulsado por Pujol desde la Generalitat, en paralelo al saqueo de Cataluña. Todo un ejemplo de ingeniería social a caballo entre el fanatismo público y la rapiña privada. De ahí que Javier Muñoz y yo hayamos querido hoy remedar la histórica portada del 2 de enero de 1902 con que se presentó en sociedad el  ¡Cu-Cut!, primera revista satírica en catalán que alcanzó tiradas masivas.

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Su protagonista, el payés con barretina y pañuelo con lazada que daba nombre al semanario y que sin duda inspiró a los padres de Pujol cuando lo engendraron rellenando el molde, aparecía manejando un tórculo o prensa para estampar grabados, bajo un titular en catalán arcaico: “La feyna de la prempsa catalana”. ¿Y en qué consistía esa “feina”, esa tarea, ese trabajo? Pues, tal y como mostraba el dibujo, en aplastar y estrujar a una serie de individuos variopintos de forma que su sangre se vertiera en una palangana y de ella brotaran jubilosos espermatozoides con barretina, a modo de réplicas de su creador. Una parodia de la famosa cita de Tertuliano sobre los mártires y los primeros cristianos rubricaba la página: “Sanguis cacicarum, semen catalanistarum”.

En relación a esta exhumación hemerográfica vienen hoy a cuento dos precisiones diferenciales. La primera que el periodismo lligaire -vinculado a la Lliga Regionalista de Prat de la Riba y Cambó- que practicaba el ¡Cu-Cut! era entonces una meritoria actividad de riesgo y por eso en 1905 la redacción fue arrasada por un grupo de militares iracundos, ofendidos en su honor por una viñeta más bien inocua sobre las derrotas del 98. La segunda es que lo certero sería darle ahora la vuelta a la parodia para decir “Sanguis catalanistarum, semen cacicarum” porque en definitiva son los catalanes de a pie los que han sido estrujados y expoliados de una parte de su identidad y de sus dineros para inseminar y expandir el cacicazgo nacionalista.

Nada de eso hubiera sido posible sin la complicidad servil de sus tórculos mediáticos. Sin esa presión cotidiana sobre el cerebelo colectivo, el independentismo en una democracia integrada en la Unión Europea, en la era de la globalización, sólo sería motivo de risa o de lástima. Pero Pujol se puso manos a la obra porque sabía que querer no es poder, que, en palabras de Salvat Papasseit, divulgadas por el mejor Serrat, “tenir un propòsit no és fer feina”. El “propòsit” habitaba en él, faltaba la “feina”. Y esa “feina” es la faena que nos ha hecho a todos la prensa catalana.

Lee aquí los dos primeros capítulos de ‘El libro negro en Cataluña’:

1. La corrupción / 2. La comunidad

Por nosotros no quedará

Foto: Dani Pozo

Foto: Dani Pozo

Queridos accionistas y suscriptores:

Cada vez que alguien me pregunta por la bomba informativa que, según el imaginario colectivo acompañará la salida de EL ESPAÑOL y dejará fuera de combate al actual Jefe de Gobierno, suelo contestar que lo último que tengo en la cabeza en estos días de intensivo pedaleo tecnológico es cuál será nuestra primera portada. Entre otras razones porque es difícil imaginar una noticia más trascendente a medio y largo plazo que la propia aparición de nuestro periódico. Por eso en la Avenida de Burgos se celebra cada avance en la visualización del sistema editorial como si fuera un gol de una final de la Champions.

Un agosto en la Avenida de Burgos (y IV)

Queridos accionistas y suscriptores:

Cada vez que alguien me pregunta por la bomba informativa que, según el imaginario colectivo acompañará la salida de EL ESPAÑOL y dejará fuera de combate al actual jefe de Gobierno, suelo contestar que lo último que tengo en la cabeza en estos días de intensivo pedaleo tecnológico es cuál será nuestra primera portada. Entre otras razones porque es difícil imaginar una noticia más trascendente a medio y largo plazo que la propia aparición de nuestro periódico. Por eso en la Avenida de Burgos se celebra cada avance en la visualización del sistema editorial como si fuera un gol de una final de la Champions.

En algún recodo de la canícula he sentido sin embargo la tentación de coger por banda al morboso interlocutor de turno que anhela poder hacerse el enterado en la próxima tertulia veraniega y explicarle, pidiéndole la máxima reserva, que tenemos unos documentos que acabarán para siempre con Rajoy pues prueban de forma inequívoca su connivencia con la corrupción en el PP.

“Cuenta, cuenta… sabes que yo soy una tumba”, me diría el fulano babeando de ansiedad para poder salir corriendo a trasladarlo de oreja en oreja. Entonces yo le explicaría que tenemos unos SMS de apoyo a Bárcenas, tecleados en el móvil personal del presidente desde el propio palacio de la Moncloa. Y que el último de ellos dice “Lo entiendo, Luis. Sé fuerte. Mañana te llamaré”. Y que está enviado 48 horas después de que se divulgara oficialmente que el ex tesorero tenía 25 millones escondidos en Suiza. Y que coincide con el momento en que estaba a punto de aflorar la contabilidad B del PP en la que consta que Rajoy cobraba sobresueldos ilegales. Lo nunca visto en materia de pistolas humeantes.

Cuando la jovial expectativa de ese prototípico diletante en Corte se trocara primero en un rictus de estupor y luego en una mueca de decepción, cuando el tipo estuviera a punto de reprocharme que le tomara el pelo al fingir revelarle lo ya publicado, yo le cogería ficticiamente por las solapas y le diría: “¿Pero por quién me has tomado? ¿Tú crees que hemos captado 5.624 inversores, que hemos reunido 18 millones de euros, que hemos creado más de cien puestos de trabajo, que hemos contratado a un estudio de diseño en Londres y a un artista gráfico en Bielorrusia, que hemos reunido a algunos de los mejores periodistas y técnicos españoles sólo para que los imbéciles y cobardes como tú tengáis más madera que amortizar a beneficio de inventario, con una mano en el gin-tonic y la otra protegiendo la cartera, mientras decís que Mariano es un castigo de la Providencia pero anda que los otros…?”.

Y aunque el diletante pusiera ojos de cordero degollado, yo no soltaría ya mi presa: “Sabes lo que te digo, que si el número uno de EL ESPAÑOL publicara un vídeo de Rajoy apuñalando a una viejecita y se convocara un pleno extraordinario del Congreso para debatir sobre el asunto, siempre habría una diputada tan chillona como la que esta semana ha proclamado que los embajadores ante la OCDE “se matan trabajando” -y que por lo tanto lo de los Wert es en realidad un castigo- que pediría una investigación sobre la agresividad de la anciana que se abalanzó sobre el presidente en el momento en que se disponía a despachar su correspondencia, abrecartas en ristre. Y que cuando Rajoy pronunciara un campanudo “me equivoqué” -refiriéndose, claro, a que no debía haber abierto las cartas delante de una extraña-, todos los miembros del grupo popular aplaudirían puestos en pie y votarían como un solo hombre, e incluso alguno como dos, solidarizándose con aquel de cuya caprichosa voluntad dependen. Y, no, no te escabullas, ocurriría que al día siguiente la prensa gubernamental de izquierda, de centro y de derecha se pondría de costado y las televisiones pendientes de la nueva piñata de licencias que se avecina se limitarían a nadar y guardar la ropa, cuidando bien a quién dejan hablar y a quién no bajo la directa supervisión de Soraya y sus pinches de cocina. Y encima ocurriría que las sabandijas como tú empezaríais a mascullar que algunos irresponsables entorpecemos la recuperación económica”.

¡Qué poco nos conocen a mis compañeros y a mí quienes creen que EL ESPAÑOL será el instrumento de una miope venganza! Como si en esta fascinante era de la revolución digital fuéramos a ser tan bobos como la mujer de Lot o a perder un solo átomo de energía mirando hacia atrás con ira. Es tan irrelevante el señor Rajoy que nadie se acordará de él cuando se haya muerto. Hablo sólo de política. Quiero decir que, a diferencia de González, Aznar e incluso Zapatero, el sonriente nefelibata, Rajoy saldrá para siempre de nuestras vidas a la vez que lo haga de la Moncloa.

Con visión de luces cortas, nada nos convendría tanto como que de las próximas urnas surgiera un gobierno estaférmico en precario, como el de aquella última legislatura felipista en la que nos hinchamos a vender periódicos mientras las letras de cambio iban venciendo y los cadáveres -por desgracia en sentido literal- afloraban en sus lechos de cal viva. Pero tampoco ese es el cálculo de EL ESPAÑOL. Las elecciones que de verdad nos importan son las de dentro de diez o veinte años cuando nuestras ideas hayan calado en la sociedad.

También: vídeo completo de la bienvenida de Pedro J. Ramírez a la redacción de EL ESPAÑOL

Si yo emprendo este tercer viaje de Colón, esta nueva salida de don Quijote es porque estoy convencido de que el desarrollo tecnológico permite ya que los periodistas volvamos a cumplir el papel de Defensor Civitatis que el hundimiento del modelo de negocio de la prensa impresa y la subsiguiente interferencia de los poderosos en los medios nos han arrebatado.

Al darles la bienvenida en esta emocionante semana expliqué el lunes a mis compañeros que EL ESPAÑOL “nace al servicio de todo aquel que se sienta indefenso frente al poder” y me comprometí ante ellos a “proteger los derechos constitucionales de los ciudadanos como votantes, como contribuyentes, como consumidores, como usuarios de servicios públicos, como accionistas de empresas cotizadas, como socios de entidades deportivas o como clientes de entidades bancarias”.

¿Cómo lo haremos? Impulsando los cambios en las reglas de juego recogidas en nuestras Obsesiones -en ellas no hay ninguna referencia ad hominem- y vigilando noche y día, durmiendo incluso con los ojos abiertos para que nadie abuse de su cargo o preeminencia, como según Saavedra y Fajardo debía hacer el león que representaba al príncipe volcado en el bienestar de su reino.

Tras los centenares de enmiendas recibidas durante la semana ya puedo anunciar que en esas prioridades editoriales habrá significativos cambios y adiciones. Hoy sometemos además las Normas de Conducta de la Redacción de EL ESPAÑOL, nuestras normas éticas, a la consideración y debate de accionistas y suscriptores. Se trata de un paso clave en el “hagámoslo juntos” porque como expliqué ante mis compañeros “elegir el periodismo como manera de vivir supone ingresar en una orden de caballería con su escala de valores, sus reglas y su código de honor”. Lo que pedimos por tanto a los que os suméis al empeño es que nos ayudéis a autorregularnos.

Esa mañana doblemente luminosa del 24 de agosto resumí nuestro proyecto intelectual en dos demandas muy concretas: “Buscad la verdad y cuidad la sintaxis”. O lo que es lo mismo: sed rigurosos en el fondo y en la forma. También reclamé el apoyo crítico de la redacción: “Si me equivoco, corregidme. Si dudo, ayudadme. Si os convenzo, seguidme”. Entonces nos miramos a los ojos y uno por uno fuimos sellando nuestro compromiso con el “Por mí no quedará” de Antonio Maura.

España necesita un impulso revitalizador a través del periodismo crítico. Cualquiera que pueda testar el ambiente de entusiasmo indomable que impera en la sede de EL ESPAÑOL se dará cuenta de que por nosotros no quedará. ¿Y por vosotros? Cuanto más contribuyáis a que crezca el número de nuestros suscriptores, promocionando el proyecto entre vuestro círculo de amigos para que a su vez ellos repitan la jugada, mejor garantizaréis la independencia y la fuerza del rugido del león. Del león que lleváis dentro.

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NORMAS DE CONDUCTA DE LA REDACCIÓN DE EL ESPAÑOL

El compromiso esencial de los periodistas de EL ESPAÑOL es proporcionar a los ciudadanos una información veraz de la más alta calidad.

Ese compromiso se traduce en la obligación de ser diligentes en la búsqueda de la verdad y en la comprobación de todos los datos de la información; en la obtención de todas las versiones posibles; en el mantenimiento de un punto de vista crítico sobre los hechos y en el rechazo de cualquier presión indebida que pretenda subordinar el trabajo periodístico a intereses particulares.

RELACIONES CON LAS FUENTES

1. Los periodistas de EL ESPAÑOL tienen el derecho y el deber de no revelar sus fuentes de información. No difundirán informaciones que hayan aceptado recibir bajo el compromiso del ‘off the record’ siempre que se mantengan las circunstancias del acuerdo.

2. Los periodistas de EL ESPAÑOL deben precisar siempre si los datos que publican proceden de su propia observación, de documentos o de terceras personas. En este último caso, si la información proviene de una única persona no deben emplear el plural ‘fuentes’ y concretar, como mínimo, de qué ámbito procede (‘fuente sindical’ o ‘fuentes diplomáticas’ o ‘fuentes próximas a’). Evitarán fórmulas vacías de contenido comol ‘fuentes competentes’ o ‘fuentes bien informadas’.

3. Cuanto menos identificada o cuanto más imprecisa sea la fuente, mayor será la obligación de verificación. Si se publica la información proporcionada por un anónim, deberá constar esa característica de la fuente, indicando cuál es el motivo (temor a represalias, desconocimiento de su identidad por proceder del Buzón de Denuncias, compromiso de confidencialidad por razón de la materia o del lugar de trabajo de la fuente, etc).

5. Cuando sea imprescindible cambiar el nombre de alguna persona (agentes de los servicios secretos, menores, víctimas de delitos sexuales o malos tratos) esa modificación será advertida a los lectores.

6. Los periodistas de EL ESPAÑOL procurarán que la relación con sus fuentes no comprometa su integridad e imparcialidad. No aceptarán regalos, viajes o tratos de favor, como regla general. La aceptación de invitaciones relacionadas con la crítica gastronómica y cultural o con la cobertura de informaciones ha de estar justificada por su interés periodístico y debe ser autorizada por los responsables de la Redacción.

EMPLEO DE CITAS

7. Cada palabra o expresión entrecomillada por los periodistas de EL ESPAÑOL debe responder con fidelidad a lo transmitido por el emisor. La edición de un testimonio nunca debe alterar el sentido y la intencionalidad del emisor.

8. Los periodistas de EL ESPAÑOL no plagiarán ni reproducirán parcialmente textos de otro autor, ni en su literalidad ni en su estructura o argumentación, sin atribuírselos de forma expresa.

9. Cuando incluyan en sus textos informaciones extraídas de otros medios deberán atribuírselas, incluso si se trata de algún dato aislado. No será preciso hacerlo si EL ESPAÑOL corrobora la noticia con sus propias fuentes. Por razones de equidad y cortesía, la mención al medio y a su autor será imprescindible cuando se trate de una exclusiva, si es posible incluyendo el enlace.

10. Los periodistas de EL ESPAÑOL no publicarán nunca rumores no verificados, sin que su atribución a otro medio sirva de excusa para ello.

OBTENCIÓN Y TRATAMIENTO DE LA INFORMACIÓN

11. Los periodistas de EL ESPAÑOL tienen que buscar y difundir honestamente todos los ángulos posibles de los hechos, situándolos en su contexto adecuado y sin omitir aspectos esenciales, en especial si el asunto es controvertido. Esta tarea será inexcusable cuando se trate de investigaciones policiales o judiciales.

12. Ninguna persona, física o jurídica, puede verse sorprendida por la aparición de una noticia originada en la redacción de EL ESPAÑOL en la que resulte cuestionada, descalificada o perjudicada sin haber tenido previamente la posibilidad de dar su versión y que ésta sea difundida, si el afectado lo desea. Cuando no se le haya podido localizar o no haya querido responder, se harán constar estas circunstancias. Si la noticia tiene como base un documento oficial u otra fuente externa se tratará de recoger la versión del afectado lo antes posible sin que ello retrase la publicación.

13. Los periodistas de El ESPAÑOL no utilizarán métodos ilegales para obtener información. Sólo en casos de importancia excepcional, y siempre que no sea posible obtener la información por ninguna otra vía, podrán utilizar personalidades fingidaso realizar grabaciones subrepticias. La regla general es advertir al interlocutor de que sus palabras y/o imagen van a ser grabadas; la alteración de esta norma deberá ser autorizada por los responsables de la Redacción.

14. Si la información tiene una base documental, los periodistas de EL ESPAÑOL deben hacer todo lo posible para garantizar su autenticidad. No harán nunca una selección sesgada o intencionalmente dirigida a favorecer una determinada tesis, a partir de esos documentos.

15. Los periodistas de EL ESPAÑOL respetarán los derechos fundamentales al honor, la intimidad, la propia imagen y la presunción de inocencia. Se atendrán así a los límites a las libertades de expresión e información de acuerdo con la Constitución española, incluida la protección de la juventud y la infancia.

16. Las fotografías e imágenes de vídeo que representen la realidad deben ser genuinas y sin distorsiones más allá de un correcto tratamiento técnico para lograr una difusión de calidad y de la capacidad periodística de poner el énfasis en uno u otro aspecto de la información.

17. Los periodistas de EL ESPAÑOL evitarán la difusión de expresiones e imágenes hirientes o despectivas sobre religiones, etnias o grupos sociales determinados, salvo que resulte imprescindible desde el punto de vista del interés informativo.

18. La información y la opinión estarán diferenciadas con nitidez. Las informaciones no contendrán juicios de valor del periodista.

COMPROBACIÓN DE LOS DATOS

19. Los periodistas de EL ESPAÑOL comprobarán la veracidad de los datos que incluyan en sus informaciones con independencia de la existencia de otros controles en la
Redacción. Las prisas no deben ser excusa para incluir datos no verificados. Si urge entregar una información y hay aspectos no comprobados deberá advertirse a los responsables de la Redacción. Al menos una segunda persona supervisará siempre cada historia o información.

20. Los datos dudosos o de singular complejidad o trascendencia deben ser verificados por, al menos, dos fuentes independientes entre sí. El hecho de que la información provenga de una fuente oficial, de una institución o esté apoyada en un documento no eximirá al periodista de comprobar los aspectos que puedan resultar más conflictivos.

21. Los periodistas de EL ESPAÑOL deberán asegurarse de que sus informaciones no contengan injurias ni calumnias.

RECTIFICACIONES

22. EL ESPAÑOL corregirá con inmediatez los errores de hecho, sin necesidad de esperar a recibir una queja.

23. Las rectificaciones procedentes de personas o instituciones aludidas serán publicadas en lo referente a los datos fácticos, pero no cuando tengan que ver con juicios de valor, interpretaciones u opiniones.

CONFLICTOS DE INTERÉS

24. Los periodistas de EL ESPAÑOL evitarán los conflictos de interés entre sus actuaciones privadas (inversiones bursátiles, militancia activa en partidos, relaciones familiares) y su labor profesional. Cuando exista el menor riesgo de ello advertirán a los responsables de la redacción y serán sustituidos por otro compañero.

25. Los periodistas de EL ESPAÑOL no utilizarán la información que obtengan en el ejercicio de su profesión en beneficio personal o en el de sus familiares.

26. Ningún periodista de EL ESPAÑOL podrá trabajar, de forma remunerada o no, para gabinetes de imagen o de comunicación, empresas de relaciones públicas o agencias de publicidad.

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“EL ESPAÑOL nace al servicio de todo aquel que se sienta indefenso frente al poder”

“Cada vez que nace un periódico libre e independiente como el nuestro renace el periodismo. Al menos el periodismo entendido como conciencia crítica de la sociedad y perro guardián de las libertades”.  Con estas palabras recibió Pedro J. Ramírez este lunes al grueso de la redacción de EL ESPAÑOL en su primer día en la Avenida de Burgos de Madrid.

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“Cada vez que nace un periódico libre e independiente como el nuestro renace el periodismo. Al menos el periodismo entendido como conciencia crítica de la sociedad y perro guardián de las libertades”.  Con estas palabras recibió Pedro J. Ramírez este lunes al grueso de la redacción de EL ESPAÑOL en su primer día en la Avenida de Burgos de Madrid.

“Seremos independientes, combativos, veraces, ecuánimes, creativos y audaces. Seremos el Defensor Civitatis que reza en la leyenda que completa nuestro emblema, asumiendo el título que los emperadores romanos otorgaban al defensor del pueblo frente a los abusos de los poderosos”.

“EL ESPAÑOL -insistió Ramírez- nace al servicio de todo aquel que se sienta indefenso frente al poder. Al servicio de todos los españoles, incluso de aquellos que se creen no serlo… Nacemos de la sociedad y a la sociedad nos debemos. Al conjunto de nuestros lectores, pero muy en particular a los 5.624 accionistas que han invertido en EL ESPAÑOL y al resto de los 9.100 suscriptores que nos han dado ya el número de su tarjeta de crédito para que les pasemos el cargo cuando salga el periódico”.

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“¿Cuándo nacerá EL ESPAÑOL? Este otoño, dijimos desde el momento en que los promotores pusimos en marcha el engranaje. Ese es nuestro compromiso público. Ahora puedo concretar un poco más. Nuestro periódico nacerá a comienzos de otoño y espero que a primeros de septiembre podamos concretar la fecha exacta…  Nuestro proyecto es muy innovador y, por lo tanto, muy complejo. No debemos salir ni un día antes de que todo lo esencial esté acabado, pero tampoco un día después de que eso suceda”.

“Si tuviera que resumir -dijo Pedro J. Ramírez a su nueva redacción- lo que se espera de vosotros en sólo dos peticiones os diría: buscad la verdad y cuidad la sintaxis. Es decir: sed rigurosos en el fondo y en la forma, individual y colectivamente”.

“Miles de colegas del mundo entero anhelan que EL ESPAÑOL amplíe la libertad de prensa, mejore la calidad de la información digital y pruebe que hay un camino para esa nueva edad de oro del periodismo y los periódicos que algunos venimos augurando”.

“Lo mismo ocurre en España, pero los comisarios del poder político que tratan en vano de tenerlo todo atado y bien atado no permiten que se hable de nosotros. Mientras en el resto del mundo se habla de EL ESPAÑOL a voces, en España se hace entre susurros. Desde fuera nos ven con esperanza; desde dentro, con terror a quedar en evidencia”.