El viaje a ninguna parte

viaje2ok¿Cómo hemos podido llegar a la tesitura actual cuando el independentismo dentro de un Estado que ha cedido ya gran parte de su soberanía a la Unión Europea, para adaptarse a las reglas y tamaños de la era de la globalización, resulta un anacronismo ridículo y sin sentido? 

Ilustración: Javier Muñoz

Puesto que tras la lectura del “libro negro” de Jordi Pérez Colomé el género periodístico que merece ser tomado más en serio en Cataluña es el humorístico, y como no hay dos sin tres, sigamos el viaje que iniciamos con el ¡Cu-Cut!, continuamos con L’Esquella de la Torratxa y hoy nos lleva a recalar en El Be Negre -a la vez la oveja negra y el bien negro-, brillantísimo semanario satírico afín a Acció Catalana, el partido de los intelectuales nacionalistas durante la Segunda República.

Detengámonos en concreto en la portada del número del 4 de enero del 34 -diez meses antes de la declaración de independencia de octubre- y fijémonos en el chiste incrustado en la quinta y sexta columnas, dedicadas al nuevo gobierno de la Generalitat que se formó tras la muerte de Maciá. El ujier del palacio de la plaza de San Jaime recibe a Companys con una pregunta: “Ja es bé catalanista, senyor Companys?”. Y el nuevo presidente le responde: “Més que no era mariner quan vaig ésser ministre”.

be2Obsérvese que lo que el funcionario pregunta no es si el nuevo líder de Esquerra se ha hecho  “separatista” o ni siquiera “nacionalista”, sino tan sólo si es ya lo suficientemente “catalanista” como para entrar por esa puerta. Y que Companys le contesta que “más o menos como era marinero cuando fui ministro”, aludiendo a que durante el verano anterior, en el tercer gobierno presidido por Azaña, había ocupado la cartera de Marina.

Sin esa reticencia generalizada que rodeaba al político logrero y oportunista, comparado siempre en desventaja con el padre de la patria difunto, no se comprende bien su delirio del 6 de Octubre al proclamar el “Estado catalán dentro de la -inexistente- República Federal Española”. Sus pretextos eran tan nimios como que el nuevo gobierno de Lerroux incluía tres ministros “involucionistas” de la CEDA y que el TC de entonces había tumbado la Ley de Contratos de Cultivo. Algo equivalente a la mala relación de estos años con el PP y a la frustración por la sentencia del Estatut.

Poca cosa desde una visión amplia. Por eso hay que centrarse en el factor humano. De hecho las primeras palabras que Companys masculla más que pronuncia tras la arenga del balcón, al volver al salón de Sant Jordi, parecen la continuación del chiste: “Ja està fet! Ja veurem com acabarà! A veure si ara també direu que no soc catalanista!”.

Con ese “a ver si ahora también diréis que no soy catalanista” parece estar midiéndose cada día Mas desde que inició la huida hacia adelante para separarse tanto de la fétida sombra de Pujol como de la memoria de aquel muchacho ambicioso y desideologizado a quien en el colegio Aula todos llamaban Arturo. Igual que Companys trataba de emanciparse del legado de Maciá y del recuerdo del abogadillo laboralista al que los compañeros de UGT llamaban Luis.

Podríamos continuar con el paralelismo preguntándonos si el papel de Dencás que se escapó por la alcantarilla, abandonando en su huida una barba postiza, lo desempeñará esta vez Quico Homs o algún gerifalte de la ANC. Pero más que en los comparsas, el mimetismo está en el ambiente. Y de nuevo la portada de El Be Negre nos lo explica todo al mostrarnos, en fecha tan próxima ya al cataclismo como el 19 de septiembre, a dos visitantes del Observatorio Astronómico del Tibidabo, atónitos ante el gran telescopio que apunta a un cielo cuatribarrado en el que brilla, solitaria, la estrella independentista: “Com ha crescut aquesta estrella en poc temps!”.

be1¡Sí, cómo había crecido, cómo ha crecido ahora, esa estrella en poco tiempo y de la misma manera! Hoy como entonces las instituciones del Estado, emanadas de un Estatuto de Autonomía aprobado por las Cortes, sirven de palanca política y catalizador emocional de un nuevo intento de destruir a ese Estado. Y ahí está la sonrisa de Mas en el balcón del ayuntamiento, idéntica a la del Nou Camp el día del himno, regodeándose de nuevo ante la humillación de un símbolo de la legalidad de la que proceden sus poderes. Solo un gobierno de cabestros políticos como el que tenemos en Madrid ha podido consentir que lleguemos a este punto.

“Tot plegat semblava un somni…”, escribió en sus memorias el gran jurista Amadeu Hurtado al describir los sucesos del 6 de octubre. Sí, todo junto -el balcón, la arenga, el bando, la independencia…- parecía un sueño que enseguida se trocó en pesadilla cuando Lerroux declaró el estado de guerra y el general Batet desplegó unos cientos de hombres para sofocar la sublevación. “Señor ministro, acuéstese, duerma y descanse”, le dijo al titular de Defensa Diego Hidalgo. “Ordene que le llamen a las ocho… A esa hora todo habrá terminado”.

Y así fue una vez que los escamots que defendían la Generalitat salieron despavoridos. “A estos, una zurra en el culo y a dormir”, escribió el comunista Rafael Vidiella en el número de noviembre de la revista Leviatan. Pocos días después Companys daba por hecho que sería condenado a la pena capital: “Es que si no me la piden, me estafan”, le dijo a su abogado Ossorio y Gallardo.

Solo un gobierno de cabestros políticos como el que tenemos en Madrid ha podido consentir que lleguemos a este punto

Ahora también toca frotarse los ojos con incredulidad al repasar el itinerario surrealista que nos ha colocado ante unas elecciones en las que los sondeos pronostican el triunfo rotundo de quienes amenazan con declarar igualmente la independencia por las bravas: aquel “aprobaré el Estatuto que venga de Cataluña”, desmentido lógicamente por la flagrante inconstitucionalidad del texto; aquella absurda demora de cuatro años del TC para llegar a las conclusiones obvias; aquella requisitoria de Pacto Fiscal de Mas bajo amenaza secesionista; esas Diadas multitudinarias, orquestadas desde la Generalitat con las pautas de los regímenes totalitarios; ese referéndum ilegal, celebrado en abierto desafío a la resolución del Constitucional, ante la pasividad de Rajoy; esta nueva convocatoria electoral en la que los que dicen “no” a la legalidad democrática para separarse de ella, se declaran “juntos por el sí”; esta patética campaña en la que la mentira ha sido la verdad y el odio, el amor…

En efecto, “tot plegat sembla un somni”. ¿Cómo hemos podido llegar a la tesitura actual cuando el independentismo dentro de un Estado que ha cedido ya gran parte de su soberanía a la Unión Europea, para adaptarse a las reglas y tamaños de la era de la globalización, resulta un anacronismo ridículo y sin sentido? Sólo la catadura y circunstancia de los actores lo explica. Mas ha resultado ser un frívolo aventurero sin escrúpulos que ha huido así de rendir cuentas sobre la corrupción maremágnum del clan Pujol y la quiebra técnica de la Comunidad Autónoma que ha presidido. El iluminado Junqueras y el trilero Romeva han resultado ser sus perfectos compañeros de viaje y los fanáticos supremacistas de la ANC y Omnium, su fuerza de choque.

Viaje a ninguna parteIlustración: Javier Muñoz

Pero más dañina que su etiología es la de quienes están enfrente. Unos reprochan a Rajoy que no haya blandido ninguna zanahoria, otros que no haya hecho asomar al menos la punta de algún palo. Lo cierto y terrible es que la derrota electoral de las propuestas constitucionales que su mayoría absoluta le obligaba a liderar lleva camino de producirse después de cuatro años de incomparecencia y dos semanas de confusión con goles clamorosos en propia puerta.

Y es que al cabo de toda una legislatura meramente contemplativa, sin iniciativa política alguna, sesteando de manera crónica con el pretexto de no alimentar la espiral soberanista, el jefe del Gobierno y el ridículo pavo real que tiene como ministro de Exteriores han dado un grotesco bandazo, aceptando durante la campaña jugar el partido en el terreno de sus adversarios. Eso es lo que ha ocurrido cuando Rajoy se ha puesto a divagar sobre si los catalanes perderían o no la nacionalidad española -lo que para ZP era “discutido y discutible” parece para él ignorado e ignorable-, dando la misma lacia imagen que aquella noche en Veo 7 cuando me dijo que no entendía su escritura. Eso es lo que ha ocurrido cuando el PP se ha dirigido en un video exclusivamente en catalán -toma inmersión- a una comunidad bilingüe.  Y sobre todo eso es lo que ha ocurrido cuando el gallo Margallo no sólo se ha avenido a debatir con Junqueras, máximo aspirante a presidir la soñada República Catalana, como si la tele de Godó fuera el Consejo de Seguridad de la ONU, sino que ha sido capaz de plantear el símil argelino, regalándole a su rival el argumento de que Cataluña es un territorio pendiente de descolonizar. ¡Mare de Déu!

La noche anterior a la declaración unilateral de independencia Azaña, que había pasado a la oposición y se encontraba en Barcelona, advirtió al conseller de Justicia Lluhí de lo que podría ocurrirles: “No sabrían ustedes qué hacer con su victoria… Todos los resortes del Estado funcionarían de manera automática… No durarían ni dos horas”. A eso es a lo que sin duda se refería el otro día el exquisito Xavier Corberó cuando auguraba a María Marañón que “esto terminará mal a nada que vaya bien”.

Mas ha resultado ser un frívolo aventurero sin escrúpulos que ha huido así de rendir cuentas sobre la corrupción maremágnum del clan Pujol y la quiebra técnica de la Comunidad Autónoma que ha presidido

 

Lluhí replicó a Azaña que lo que se avecinaba era “una demostración pacífica” y que “todo pasaría de manera alegre y sin choques”. También le desveló sus cartas: “Luego cederemos unos y otros. Aquí tendremos que ceder… en Madrid también cederán y todo pasará en paz”. O sea lo mismo que sotto voce repite hoy el entorno de Mas.

Los hechos dieron la razón a Azaña. En sus memorias de aquellos años, certeramente tituladas La pequeña historia de España pues durante toda la Segunda República la grandeza brilló por su ausencia, Lerroux presenta el pulso con Companys como una cuestión de testosterona: “Pudo inmortalizarse él, si hubiese tenido…lo que le falta. O pude inmortalizarle yo, si me hubiese faltado lo que me sobra”. Cambó, opuesto al balconazo, rebaja varios grados la dimensión del conflicto: “No fou més que una gran criaturada”, escribirá a los pocos meses.

Pues ahí vamos: de chiquillada en chiquillada hacia la gamberrada final. Pero si en aquel momento convulso en el que hasta fallaban los teléfonos, funcionaron los “automatismos del Estado”, esta vez -con cada escena televisada en directo- ocurriría lo mismo, con la diferencia de que, en lugar del estado de guerra, se aplicaría el artículo 155 de la Constitución y en lugar de un par de tanquetas, bastaría con mandar a la Generalitat la nota de prensa de la Unión Europea respaldando nuestro orden constitucional.

A ese guión es al que debería haberse ceñido el Gobierno en lugar de fantasear sobre “corralitos”, tasas de paro y una Liga sin el Barça. Nada de eso sucederá porque la guerra de Troya no tendrá lugar. Hay líneas rojas que no se pueden cruzar sin que se dinamiten los puentes. Ni siquiera Rajoy podría aceptar una declaración de independencia -o sea la destrucción de España- sin suspender de inmediato la autonomía de Cataluña, con el respaldo abrumador de la opinión pública y la comunidad internacional. Una UE cargada de corsos, bretones, bávaros y lapadanos no va a admitir jamás un precedente que la corroería  mediante el efecto contagio desde su flanco sur.

He aquí la única certeza: sea cual sea el resultado de este domingo, el independentismo catalán está inmerso en un viaje a ninguna parte, condenado a eternizarse como aquellos interminables trayectos de los renqueantes tranvías de la Barcelona de hace un siglo, en los que, según las bromas de L’Esquella de la Torratxa, de los mayores sólo quedaba el esqueleto, a los jóvenes les crecían luengas barbas, los conejos se reproducían por doquier y hasta el más pequeño cactus se hacía gigantesco, pero nunca se llegaba al destino deseado.

Lee la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla / El exportador de cava

9089

‘El libro negro del periodismo en Cataluña’

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’ / 6. ‘La opinión dependiente’

 

 

La campaña catalana, en cinco despropósitos

iceta

Todo es posible en las campañas electorales. Los candidatos participan en tantos actos, dan tantas entrevistas y son ayudados (o eso creen ellos) por sus respectivos partidos políticos en tantas ocasiones, que cualquier desliz puede darle un vuelco a sus expectativas electorales.

Todo es posible en las campañas electorales. Los candidatos participan en tantos actos, dan tantas entrevistas y son ayudados (o eso creen ellos) por sus respectivos partidos políticos en tantas ocasiones, que cualquier desliz puede darle un vuelco a sus expectativas electorales.

Eso es lo que esperaban y temían Junts pel Sí como el PP cuando acordaron un debate electoral entre Oriol Junqueras, número 5 de la candidatura independentista, y José Manuel García-Margallo, ministro de Exteriores. Y, sin embargo, no hubo daños colaterales y se convirtió en uno de esos debates que faltaban en una campaña llena de exabruptos.

1.- “Pues, eh… ¿y la europea?”

https://www.youtube.com/watch?v=OHebSDdmdW8

El periodista Carlos Alsina se convertía, muy a su pesar, en un icono de parte del independentismo, que celebró la manera en la que descolocó al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, con un sencillo recordatorio de la legislación vigente.

Al recordarle que el Código Civil (que desarrolla la Constitución) prevé que un ciudadano español de origen pueda conservar su nacionalidad si así lo desea, Rajoy titubeó y dio alas al independentismo. “Han mentido sobre tu nacionalidad. Las otras amenazas también son falsas”, reza un vídeo de Junts pel Sí en el que la candidatura reproduce el vídeo de la entrevista como una pretendida cesión de espacio electoral al PP.

La reacción en las redes sociales fue masiva. Para muestra, este tuit:

2.- “Coleta morada” y los indios reservistas

“Grandes jefes PP, PSOE, Podemos, venir reserva catalana. Decir indígenas qué conviene votar”, dijo Artur Mas en Tortosa. “Indígenes decir jefes Madrid PP, PSOE, Podemos, gran corte de manga, que en el lenguaje de la reserva, se dice gran butifarra”.

Su frase provocó una espiral de imitadores.

https://twitter.com/pnique/status/646072210331959297?ref_src=twsrc%5Etfw

“Yo no hablar comanche, hablar serio. Mas nos ha estafado”, dijo por su parte Miquel Iceta.

3.- Las frases fuera de tono

“Gilipollas”, dijo Meritxell Genao, candidata de Catalunya si que es pot, a una persona que en realidad la animaba en un mitin. Se acabó disculpando.

Pablo Iglesias llamó “tonto” a Mariano Rajoy por decir que “un vaso es un vaso y un plato es un plato”.

Son muchas las voces que han clamado contra el encasillamiento de la campaña catalana. Para empezar, por la dinámica de bloques planteada por Junts pel Sí en la que se convocaban unas elecciones plebiscitarias. Además, varios partidos, como Ciudadanos, Catalunya si que es pot o el PSC, han pedido que Artur Mas diese la cara y respondiese por su gestión. O que se hablase de temas que no fuesen la independencia de Cataluña.

4.- La bandera catalana

Es la última polémica de la camapaña. El portavoz de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona, Alfred Bosch, desplegó una bandera catalana en el balcón del consistorio durante el acto institucional de las fiestas de la Mercè.

Acto seguido, el portavoz del PP, Alberto Fernández, hizo lo propio con la bandera española, ante los pitos de los asistentes.

https://twitter.com/electrofraude/status/647202487892635648?ref_src=twsrc%5Etfw

Alfred Bosch ha pedido perdón, Ada Colau ha lamentado el uso electoralista de las banderas (en un Ayuntamiento que en sus primeros compases ha retirado un busto del rey Juan Carlos) y la polémica no ha ido a más.

5.- El baile de Iceta

¿Fue espontáneo? ¿Fue preparado? De lo que no cabe duda es de que el baile del primer secretario del PSC, Miquel Iceta, fue una de las gotas de humor de la campaña electoral.

Era la puesta de largo de la campaña. A su lado, Pedro Sánchez sonreía, entre incrédulo y divertido. Y su baile se hizo viral. Después empezaron las teorizaciones. ¿Debe bailar un candidato a presidente de la Generalitat? Desde el PP criticaron que no era serio una demostración de entusiasmo público tan apasionada. “Con lo que está cayendo, sobra”, dijo Xavier García Albiol.

Otros, como Romeva, trataron de emularlo, quizás con más ritmo. O no.

Y finalmente el propio Iceta, considerado en su partido como uno de los cerebros más brillantes, acabó por quitarle hierro al asunto.

Por qué el independentismo se ha triplicado en Cataluña en la última década

Captura de pantalla 2015-09-24 a las 18.04.29

Los catalanes que quieren una Cataluña independiente se han multiplicado por tres y en las próximas elecciones del 27 de septiembre las candidaturas abiertamente independentistas aspiran a ocupar la mayoría de los escaños del Parlamento Catalán. ¿Qué hay detrás de este crecimiento espectacular? 

Por qué Junts pel Sí crece a la izquierda

Así ha evolucionado el voto catalán durante 2015

Durante los últimos años, el independentismo en Cataluña ha experimentado un crecimiento indiscutible. Un movimiento que apenas era capaz de reunir unos pocos miles de incondicionales ha logrado realizar, en pocos años, manifestaciones multitudinarias que han dado la vuelta al mundo. Los catalanes que quieren una Cataluña independiente se han multiplicado por tres y en las próximas elecciones del 27 de septiembre las candidaturas abiertamente independentistas aspiran a ocupar la mayoría de los escaños del Parlamento Catalán. ¿Qué hay detrás de este crecimiento espectacular?

Captura de pantalla 2015-09-24 a las 18.04.29

No se puede descartar que la principal razón del independentismo de Artur Mas sea mantener su influencia política y la de su partido. En las recientes elecciones autonómicas de mayo, sólo dos de los 13 presidentes autonómicos revalidaron la presidencia. Ocurrió en Murcia y en Castilla y León, cuyos presidentes estaban muy por encima del 31 % cosechado por Artur Mas en 2012 e incluso del 38% alcanzado en 2010.

La gestión política de la crisis económica pasa factura, más aún cuando el partido está salpicado por la corrupción por los cuatro costados: Palau, ITV, Adigsa o la confesión de Pujol. Con este panorama, se antoja difícil imaginar que Mas y Convergència hubieran podido seguir gobernando Cataluña sin su reciente conversión al independentismo.

Ahora bien, las razones por las que tantos catalanes apoyan hoy la independencia no pueden confundirse con las de una elite política. Con tal de minimizar el fenómeno independentista, algunos prefieren pensar que se trata de un montaje del president y de TV3. A pesar de que la televisión pública catalana no es un ejemplo de neutralidad y de las innegables aptitudes políticas de Mas, cada ciudadano forma autónomamente sus razones para ser o no ser independentista. Conviene, por tanto, entender esas razones.

Las razones de cada independentista para apoyar un estado catalán son distintas. Además, cada independentista puede tener más de una razón para serlo e incluso alguna razón para no serlo. Hay razones de carácter identitario (quienes no se sienten españoles), razones de carácter instrumental (quienes creen que con la independencia vivirían mejor) e incluso razones de carácter estratégico (quienes apoyan la independencia como una amenaza para lograr mayor autonomía y recursos económicos para Cataluña).

El primer elemento que debemos tener en cuenta es que el independentismo no ha aumentado de forma homogénea entre quienes tienen distintos sentimientos de pertenencia. Sólo ha aumentado significativamente entre quienes se sienten más catalanes que españoles o exclusivamente catalanes. Por norma general, una preeminencia de la identidad catalana parece ser condición necesaria aunque no suficiente a la hora de adoptar actitudes independentistas.

Captura de pantalla 2015-09-24 a las 18.04.39

Sin embargo, la identidad nacional no es algo inmutable. Los catalanes que se sienten sólo catalanes o más catalanes que españoles han experimentado un aumento en los últimos años en detrimento, principalmente, de los que se consideraban tan catalanes como españoles. Es difícil predecir qué puede explicar tales cambios. Pero es probable que los debates surgidos a raíz de la reforma del Estatut cambiaran la perspectiva de algunos catalanes que hasta el momento se habían sentido cómodos con la doble identidad.

Captura de pantalla 2015-09-24 a las 18.04.46

 

Más allá de la identidad, otro factor a tener en cuenta son las perspectivas que los catalanes tienen de un hipotético estado independiente. El movimiento independentista durante los últimos años ha puesto especial énfasis en los beneficios económicos que tendrían los catalanes en una Cataluña independiente. El razonamiento es meridianamente simple: puesto que Cataluña aporta más a España de lo que recibe, una Cataluña independiente dispondría de mayores recursos y con estos recursos podría invertir más en servicios sociales para los catalanes.

Esta perspectiva, sin embargo, no está exenta de motivos identitarios. Si una Cataluña independiente dispondría de más recursos, es muy difícil argumentar que una España sin Cataluña no dispondría de menos. La identidad nacional y las perspectivas de la independencia no son ortogonales porque la identidad construye el sujeto sobre el que calcular los beneficios económicos de la independencia. Dejando de lado consideraciones de solidaridad, a mayor identidad catalana, menor importancia tiene el efecto de la independencia sobre el resto de España y viceversa. En realidad, incluso cuando se habla de los beneficios económicos de la independencia se está hablando de identidades.

Es difícil saber cómo acabará esta historia. Los votantes sólo consideran relevante la identidad cuando puede ser movilizada para conseguir objetivos políticos y económicos. La incapacidad de los partidos tradicionales y sobre todo de la socialdemocracia europea para dar respuesta a las necesidades sociales en los peores años de la crisis ha hecho más atractivas otras alternativas políticas. El independentismo mantendrá su salud mientras no haya una alternativa política que dé una respuesta más convincente a las necesidades de los catalanes.

Por qué Junts pel Sí crece a la izquierda

Así ha evolucionado el voto catalán durante 2015

Un suflé muy resistente: tres razones que explican por qué no se desinfla el independentismo catalán

evoluci__n_preferencias_720

Hay razones para pensar que el cambio que hemos observado en los últimos años se ha ido consolidando. El independentismo no parece ir en camino de lograr una supermayoría en la opinión pública catalana. Pero tampoco es probable que se retraiga a los niveles previos al proceso soberanista. ¿En qué se sustenta este nuevo equilibrio? ¿Qué nos lleva a pensar que estamos en una fase de relativa consolidación de posiciones?

El Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat empezó a preguntar a los catalanes en 2005 si preferían un estado independiente frente a otras opciones como el federalismo, la autonomía o un sistema regional. Entonces el porcentaje de ciudadanos que preferían la independencia rondaba el 13%. Diez años después, se sitúa alrededor del 40%. En estos años se han producido fuertes turbulencias en la opinión pública catalana, que se ha movido en distintas direcciones contribuyendo decisivamente a una transformación profunda del sistema catalán de partidos.

Sin embargo, al menos en lo que al apoyo a la independencia se refiere, parece que la fase de los grandes movimientos ya pasó. Desde principios de 2013, entramos en una fase de estabilización de la opinión pública, seguida de un moderado descenso de las preferencias independentistas. El desgaste del independentismo, que podemos cifrar en unos cinco puntos desde su nivel máximo de 2013, en ningún caso parece que tenga que devolver las cosas al punto de partida. De hecho, hay indicios que apuntan que en el marco de la campaña del 27S se está produciendo un nuevo repunte del independentismo. Después de un fuerte (y rápido) realineamiento de la opinión pública catalana, hay signos de un período de relativa estabilidad con altos y bajos coyunturales.

evoluci__n_preferencias_720

Fuente: CEO. Datos ponderados por el autor para hacer coincidir la composición lingüística (lengua primera) de la muestra con la de la población mayor de 18 años con derecho a voto (basado en EULC 2013)

En un tiempo de turbulencias políticas como el que atravesamos, pueden suceder muchas cosas en los próximos meses o años que rompan este nuevo equilibrio. Pero hay razones para pensar que el cambio que hemos observado en los últimos años, más allá de algunas oscilaciones, se ha ido consolidando. El independentismo no parece ir en camino de lograr una supermayoría en la opinión pública catalana. Pero tampoco es probable que se retraiga a los niveles previos al proceso soberanista. ¿En qué se sustenta este nuevo equilibrio? ¿Qué nos lleva a pensar que estamos en una fase de relativa consolidación de posiciones?

Hay al menos tres razones que nos conducen a formular esta hipótesis. Son tres mecanismos de anclaje de la opinión pública que hacen más difícil el cambio en la opinión pública: el cambio observado en la identificación nacional, la consolidación de posiciones de líderes políticos y sociales, y un proceso de maduración del debate.

1. La identificación nacional.

En primer lugar, si nos fijamos en las encuestas, podemos ver cómo junto con el crecimiento del apoyo a la independencia se ha producido también un cierto cambio, aunque no tan brusco, en algo que hasta hace poco considerábamos muy estable: la identificación nacional de los catalanes. Si en 2005 el 15% declaraba sentirse sólo catalán, este porcentaje se situaba en el 18% en 2011 y se disparó hasta superar el 25% en 2013.

Hasta ahora se pensaba la identidad nacional como algo que cambia muy lentamente, entre generaciones. Por tanto, veíamos la identidad como una causa de las preferencias territoriales. Sin embargo, tenemos evidencias de que las preferencias políticas y territoriales también pueden a su vez influir en la identidad nacional, que resulta ser algo más maleable de lo que se tendía a creer. Que se haya producido este movimiento en la identificación nacional parece sugerir que el cambio de preferencias sobre la relación Cataluña-España ha penetrado en la opinión pública y ha llevado a un segmento de la sociedad catalana a replantearse su propia identidad. Cierto es que tal como ha subido podría bajar de nuevo pero no parece el escenario más probable.

apoyo independencia

Fuente: CEO. Datos ponderados por el autor para hacer coincidir la composición lingüística (lengua primera) de la muestra con la de la población mayor de 18 años con derecho a voto (basado en EULC 2013)

2. Los líderes políticos.

Hay que tener en cuenta que no es sólo la opinión pública la que ha cambiado. También algunos partidos y líderes de opinión. Empezando por Convergència i Unió o el propio Artur Mas y siguiendo por destacados miembros del PSC o deportistas, músicos y actores que hoy defienden la independencia. Otros líderes políticos y sociales han ido consolidando sus posiciones en sentido contrario y son pocos los que mantienen aún una cierta ambigüedad.

Estos liderazgos actúan a menudo como referentes para parte de la opinión pública y contribuyen a fijar las posiciones porque se convierten en puntos de anclaje. En estos años han surgido o crecido organizaciones bien estructuradas (desde la independentista ANC a la antiindependentista SCC) que contribuyen a movilizar a sus bases y mantenerlas cohesionadas alrededor de posiciones bien definidas.

3. La maduración del debate.

Y sin embargo sería erróneo pensar que los anclajes de la opinión pública sólo tienen que ver con la identidad o con los liderazgos. A pesar de todo el debate racional, el intercambio de argumentos también contribuye a que una parte de la sociedad tome partido en una dirección o en otra. A medida que pasa el tiempo, el debate sobre la cuestión ha ido madurando. A menudo tenemos la sensación de que oímos los mismos argumentos una y otra vez y que las posiciones parecen ya muy fijadas. Quien era susceptible de cambiar de opinión sobre la independencia ha tenido ya muchas oportunidades para hacerlo. Es decir, de modo natural el espacio para el cambio de posiciones se va reduciendo a medida que pasa el tiempo.

En los términos que usa el politólogo canadiense Lawrence LeDuc, experto en referéndums, hemos pasado de un escenario en 2011-2012 de formación de opiniones sobre un tema que saltó al centro de la agenda política a un escenario de mucha más estabilidad en la que la campaña se convierte en una lucha muy focalizada con un segmento menguante de votantes susceptibles de cambiar de opinión. Lo que Leduc denomina uphill struggle.

Así pues, a pesar de que la prudencia más elemental recomienda abstenerse de hacer cualquier tipo de predicción y más en tiempos de turbulencias como los que atravesamos, existen elementos para pensar que después de la tormenta la opinión pública catalana ha entrado en una fase de relativa estabilidad.

Sólo acontecimientos políticos de gran calado podrían alterar de modo significativo y rápido las posiciones.La hipótesis más razonable es que nos espera un período de pequeños cambios, altos y bajos, más que de grandes sobresaltos como los que hemos tenido estos años quienes seguimos las encuestas de opinión. El independentismo como fenómeno de masas parece que está aquí para quedarse. No parece que le espere un plácido paseo triunfal, pero tampoco es previsible que se deshinche como un suflé en el corto plazo. Tenemos tema para rato.

_____________

Jordi Muñoz es politólogo e investigador de la Universidad de Barcelona.

Todo lo que debes saber sobre el futuro de las pensiones de una Cataluña independiente

GRA602. MANRESA (BARCELONA), 18/09/2015.- Artur Mas, president de la Generalitat y número 4 de la candidatura de 'Junts pel Sí' (c), durante el acto de campaña celebrado hoy en la plaza de Sant Domènec de Manresa . EFE/ Quique García

Uno de los temas que más preocupan a los contribuyentes catalanes y españoles es el futuro de sus pensiones. El debate mezcla cuestiones económicas y jurídicas con proclamas políticas. EL ESPAÑOL arroja un poco de luz a la polémica.

Una de las preocupaciones principales de los contribuyentes catalanes y españoles es conocer cuál será el futuro de sus pensiones. El debate público ha mezclado cuestiones económicas y jurídicas con proclamas políticos. Es necesario aportar algo de luz con la regulación vigente.

¿Qué cambiaría en las pensiones catalanas en una Cataluña independiente?

Para comprender los cambios a los que se enfrentaría el sistema de pensiones catalán hay que comprender cómo funciona actualmente en España. El modelo español es de reparto. Esto es, las cotizaciones de los trabajadores sirven para financiar todos los gastos de la Seguridad Social. De este modo, los cotizantes pagan año a año las pensiones salvo una parte concreta que se sufraga a través de los Presupuestos. Es decir, que se financia por medio de los impuestos o del déficit público.

Los años en los que hay superávit, el excedente se acumula en el Fondo de Reserva, popularmente conocido como la hucha de las pensiones. En el año 2011 llegó a acumular un saldo de 66.815 millones de euros. Pero entonces llegaron los años de déficit, que se pagaron también con esta caja. En julio se conoció que el montante ahorrado está ya por debajo de los 40.000 millones de euros.

Este sistema de reparto sería el que adoptaría también Cataluña después de la independencia, por lo que el cambio respecto a la situación actual sería limitado. El cambio sería mucho mayor si se pasara de un sistema de reparto a uno de capitalización.

¿En qué consiste un modelo de capitalización? Es un sistema similar a un plan de pensiones: cada trabajador va acumulando su propia hucha durante su vida laboral y esa hucha se emplea luego para pagar su jubilación, muy común en los países latinoamericanos, como Chile o México. También existe el modelo mixto, que mezcla los dos sistemas, empleado especialmente en el norte y este de Europa, como en Suecia, Rusia, Bulgaria o Rumanía. Con el modelo de reparto (que es el mayoritario en el mundo), si Cataluña se independiza y asume su propia Seguridad Social, la contribución de sus trabajadores se destinaría a cubrir los gastos de su Seguridad Social, entre ellos el pago de las pensiones de sus mayores, un escenario similar al actual.

¿Qué pasaría con el Fondo de Reserva?

Éste es uno de los aspectos clave, ya que la hucha de las pensiones es la que garantiza actualmente el pago de las pensiones en España y por extensión en Cataluña. Desde el año 2011 los gastos de la Seguridad Social están por encima de los ingresos por cotizaciones, lo que provoca que el sistema incurra en un déficit cada año que hay que pagar. El Estado cubre este agujero con el Fondo de Reserva. Cataluña también incurre en déficit anual, por lo que también necesitaría disponer de su parte de la hucha. ¿Se puede romper?

La propuesta que ha lanzado el Consejo Asesor para la Transición Nacional, un órgano creado por la Generalitat para preparar el camino a la independencia, dispone que el nuevo estado catalán independiente tendría que negociar con España para romper la hucha y repartir el ahorro. Su escenario base en estas conversaciones para repartir activos y pasivos sería que Cataluña se quedase con “la parte del Fondo que se dotó con los superávits de la Seguridad Social de Cataluña”. La segunda opción que plantea, que es “más conservadora”, es la de realizar el reparto en función de la población, lo que supondría que a Cataluña le correspondería algo más de un 16% del ahorro actual, esto es, en torno a 6.500 millones de euros.

Sin embargo, la hucha única está protegida por la legislación española, que determina que el sistema de pensiones es de reparto y solidario, por lo que no puede partirse. ¿Qué significa “solidario”? Que cada región, al igual que cada generación, aporta al sistema de forma solidaria, por lo que no puede reclamar una parte mayor de lo que le corresponde. Al igual que la generación del baby boom no puede reclamar una parte mayor de la que le corresponde por haber contribuido más a la Seguridad Social, una región tampoco puede hacerlo. De este modo, la regulación actual determina que una Cataluña independiente no tendría acceso a la hucha de las pensiones.

pensiones

¿Qué pasaría con los catalanes que han cotizado en España?

La normativa también es taxativa en este punto: España tiene que cubrir la pensión de todos sus nacionales. En otras palabras: los catalanes recibirán su pensión del sistema estatal, ya que no puede retirarse la nacionalidad española a ningún ciudadano. ¿O sí se puede? Éste es uno de los debates más calientes de los últimos días, pero se escapa al marco puramente económico para entrar a depender del marco legal. En principio, todos los catalanes que hayan cotizado en España tendrán que recibir su pensión de las arcas públicas españolas. Artur Mas ya ha explicado que hasta que no se produzca un traslado total de las competencias España tendrá que seguir pagando las jubilaciones.

¿Y si los catalanes pierden la nacionalidad española?

Si los catalanes perdiesen la nacionalidad española tras la independencia, algo que actualmente no contempla la legislación, pasarían a tener el mismo tratamiento que los extranjeros. En este caso, hay que distinguir dos tipos de foráneos en función de si su país tiene firmado un acuerdo bilateral con la Seguridad Social española o si no lo tiene.

En el grupo de países que tienen firmado un pacto con España se encuentran todos los miembros de la Unión Europea, los estados latinoamericanos y el resto de principales economías desarrolladas. Este convenio entre los países supone que, a la hora de pagar las pensiones, cada estado aporta a la pensión una parte proporcional al periodo en que el cotizante contribuyó en cada uno de ellos.

El segundo grupo está formado por los países que no tienen un acuerdo bilateral con España. En estos casos, la cotización se perdería, ya se trate de un nacional que fuese a trabajar a otra región o de un extranjero que llegase a España.

En definitiva, sería necesario que las dos autoridades negociasen para alcanzar un acuerdo. “Lo lógico, por analogía con los tratados que ahora hay con otros países, sería que la pensión de un trabajador que ha cotizado en varios territorios la paguen a escote esos territorios en proporción a lo que el trabajador haya cotizado en cada uno de ellos, y que el trabajador mantenga sus derechos independientemente de donde elija vivir cuando se jubile”, explica Ángel de la Fuente, investigador del Instituto de Análisis Económico del CSIC.

¿Es sostenible el sistema catalán de pensiones?

La respuesta es diferente en el corto o en el largo plazo. A corto plazo, el sistema de pensiones catalán es deficitario, por lo que podría tener un problema si tuviese que pagar sus pensiones.

Al cierre de 2014, el gasto en pensiones de Cataluña superó a los ingresos de la seguridad social en 4.544 millones de euros y sólo las comunidades autónomas de Madrid y Baleares consiguieron superávit en el balance de ingresos y gastos al cierre del ejercicio. Cataluña no podría cubrir este desfase con la hucha de las pensiones, por lo que tendría que cargarlo a cuenta de sus Presupuestos y cubrirlo con impuestos o déficit. La otra opción sería reducir la cuantía de los pagos. La asociación antinacionalista Societat Civil Catalana ha aprovechado esa eventualidad para decir que los pensionistas catalanes cobrarían entre un 6,7% y un 16,9% menos.

En cuanto a la sostenibilidad a largo plazo la respuesta es tajante: es difícil que sea sostenible, exactamente igual que el sistema español. Cataluña se vería obligada a adoptar un sistema de reparto, ya que al nacer desde cero las contribuciones se tendrían que emplear en pagar las pensiones. De este modo, tendría que lidiar con el mismo problema de España y que es inherente a los sistemas de reparto: la demografía. A medida que la generación del baby boom va envejeciendo, que la natalidad baja y que la esperanza de vida se va alargando, quedan menos contribuyentes para sufragar los pagos a un número creciente de jubilados. Cuando la pirámide poblacional se convierte en un rectángulo, todo sistema de reparto tiene un grave problema.

La propuesta del Consejo Asesor para la Transición Nacional reconoce que será necesario financiar una parte de las pensiones con los Presupuestos. En cualquier caso, una Cataluña independiente tendría que afrontar el problema de la demografía, igual que tiene que hacerlo España. A partir de ahí, a muy largo plazo cualquier situación es posible. Dependerá, en gran medida, de cómo se gestione.

Diccionario satírico burlesco (y XV)

 

Anna Grau concluye su particular diccionario satírico burlesco catalán con un apéndice en el que incluye algunas de las palabras que más repercusión han tenido en la campaña electoral, como es el caso de Botifarra o Corralet.

Borrell

Cuando era ministro y secretario de Estado de Hacienda, el catalán José/Pepe Borrell, según la confianza y los gustos, salía abundantemente en TVC. No siempre por el lado bueno, pero salía. Ha bastado que se siente a escribir un libro (Las cuentas y los cuentos de la independencia, Catarata) haciendo números de lo que costaría de verdad la secesión de Cataluña de España para que pase a ser inentrevistable, innombrable y hasta impensable. Vamos, es que ni en Blanquerna, la librería de la Generalitat en Madrid, le han dejado presentar el libro. (En confianza, yo también quería presentar uno ahí y me pusieron tantas pegas que desistí… ¿será la agenda el moderno índice de lecturas prohibidas?). En su estudio, Borrell tritura la fantasía de que una Cataluña que se va de casa se iría con 16.000 millones de euros extra. Qué va. Como mucho sacaría 3.000 millones y se tendría que gastar el triple para empezar a hablar de dotarse de los servicios normales que normalmente paga el Estado, desde el Ejército hasta Correos pasando por embajadas de las de verdad, con embajadores que presentan credenciales y todo… Eso sin contar el delicado tema de qué pasa con los pensionistas que han cotizado toda su vida en Cataluña pero al jubilarse e irse a su pueblo de origen han empezado a cobrar la pensión fuera… O con la deuda pública acumulada… ¿No les parece extraordinario que TVC considere que todos estos no son temas de interés durante la campaña electoral que nos ocupa? ¿Cuándo habría que hablar de ellos, entonces, y dónde? ¿El verano que viene en las fiestas de Sigüenza?

Botifarra

Embutido muy popular en Cataluña, sobre todo en los restaurantes de cocina étnica después de que Artur Mas desvelara sorpresivamente su ascendencia india. Para que luego digan que el mestizaje es un obstáculo que impide acceder a la presidencia de la Generalitat: pues los catalanes hemos tenido presidentes nacidos en Córdoba, y ahora uno que resulta que es medio Pocahontas. No se le notaba nada: la inmersión lingüística hace milagros. Uno de los más interesantes es explicar por qué la expresión castellana “corte de mangas” se traduce por “botifarra” en indio algonquín y en catalán. Sin duda la etimología catalana prefiere poner el énfasis en la mitad de la manga que, al cortarse, queda desafiantemente erecta. ¿Ven? Basta con una cucharadita de bilingüismo para hacer mucho más divertido cualquier tipo de órdago.

Corralet

Salen las entidades bancarias y de ahorro más serias de Cataluña y de España a decir que poca coña con esto de la secesión, que hay experimentos que ni con gaseosa (refresco barato, pero que tampoco se vende exacta ni completamente gratis…); sale el Banco de España a avisar del peligro de corralito a la catalana, de corralet, si alguien confunde la zona euro con un cajero automático en Bangladesh; y salen los que llevan tiempo viviendo de la mamandurria de la subvención o del tres per cent a decir que imposible y a poner el grito en el cielo. ¿A quién creería usted? Por cierto, ¿saben que ya ha habido corralet en Andorra? ¿Adivinan por culpa de quién? Fue poco después de que la Banca Privada d’Andorra resultase intervenida por orden del Tesoro de Estados Unidos a raíz de su entusiasmo blanqueador de capitales…

DUI

No es dispositivo intrauterino (DIU) mal escrito, pretende ser una manera compacta, informal y guay de referirse a la Declaración Unilateral de Independencia. Esa que todo el mundo coincide en que no tendría otro efecto jurídico que el de marear la perdiz, ni otro efecto político que el de marear la perdiz. Pues sí, por partida doble. Ganen o pierdan las elecciones los partidarios de declarar eso, no se va a notar mucho la diferencia, porque en cualquier caso podrán ampararse en el recurso de que no les dejan hacer lo que les da la gana como a ellos les da la gana, para ni hacerlo de una p… vez (y a ver qué pasa de verdad, qué pasa en serio) ni para admitir de una p… vez que no puede hacerse. Amagar y no dar… siempre unilateralmente, claro. Faltaría.

Margallo vs Junqueras

Combate, más que debate, del año. Vuelven los pesos pesados a bailar en la lona. En el PP catalán están de los nervios (pero allí siempre han sido carne de Prozac, para qué nos vamos a engañar) y hasta en Madrid cunden los despistados que creen que el ministro Margallo se metería en un jardín así (como aquel otro ministro que se reunió en su ministerio con Rodrigo Rato…) sin que Mariano Rajoy como mínimo diga: venga. Que igual no significa lo mismo que vale, pero incluso para un gallego se le parece mucho. Lástima que este tipo de debates sólo suelen calar en los ya convencidos. Todos los demás ven la tele, piensan y votan a balón parado. Pero sólo con que algún indeciso se quitara aquel día de la peli o del fútbol, podría quedar agradablemente sorprendido al ver dos de las mentes menos trilladas que se interesan por este conflicto frente a frente, moderadas por el periodista Josep Cuní en la televisión del conde de Godó, que a este paso se va a zampar con patatas lo que queda de TVC…

Cinco lecciones del debate entre Margallo y Junqueras

635786466881048782w

El ministro de Asuntos Exteriores, Jose Manuel García Margallo, y el presidente de Esquerra Republicana y número cinco de la lista de Junts pel Sí, Oriol Junqueras, han debatido sobre una posible Cataluña independiente en la televisión privada catalana 8TV. Estas son las cinco lecciones principales del encuentro.

El ministro de Asuntos Exteriores, Jose Manuel García Margallo, y el presidente de Esquerra Republicana y número cinco de la lista de Junts pel Sí, Oriol Junqueras, han debatido sobre una posible Cataluña independiente en la televisión privada catalana 8TV. Estas son las cinco lecciones principales del encuentro.

1. Siempre tendrás una declaración a tu favor.

La futura presunta nacionalidad de los catalanes ha sido el tema inaugural. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no supo aclarar el martes si los catalanes seguirían siendo españoles y europeos en un hipotético estado nuevo.

Margallo ha recordado la ironía de querer ser un Estado nuevo para mantener los beneficios que daba la nacionalidad antigua: “Quieren salirse de España, pero quieren conservar la nacionalidad española, la pertenencia al mercado español, quieren salirse conservándolo todo. ¿De qué independencia estamos hablando?”. Ha puesto el ejemplo de Argelia, que fue un Departamento francés hasta su independencia. Junqueras ha agradecido “el ejemplo colonial” y ha citado a Albert Camus, que siguió siendo francés a pesar de haber nacido en Argelia. Pero no todos eran como Camus, ha respondido Margallo.

Era sólo una del puñado de citas enciclopédicas del debate. Margallo se ha agarrado a la declaración del presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, sobre la autoexclusión de Cataluña si se independiza –que luego no era tan clara por “un error interno”. Junqueras insistía que en había jurisprudencia de La Haya que decía lo contrario. Se iba el debate por el camino de la confusión. Josep Cuní, el presentador, les ha dicho que entraban en “un bucle”.

2. Katanga y los buques rusos.

“La viabilidad de una Cataluña como estado necesita de Naciones Unidas y la Unión Europea”, ha dicho Margallo. Si no es un Estado reconocido por Naciones Unidas, no podrá formar parte de la Unión Europea. Ha recordado que se necesitan nueve votos de los 15 miembros del Consejo de Seguridad, cinco de los cuales tienen derecho a veto. Maragllo cree que tendría a esos cinco de su parte. “¡Acabo de estar con Obama! Sé perfectamente lo que piensa de este tema”, ha añadido.

Margallo ha puesto ejemplos de presuntos estados sin reconocimiento completo: Palestina, la República Saharaui, Osetia del Sur, Abjasia y hasta Katanga, que fue una parte independiente de la República del Congo entre 1960 y 1963.

Junqueras no quería ir tan lejos: “Póngame ejemplos europeos”, ha pedido. Toda esa retahíla internacional no le servía porque Cataluña nunca iba a salir de la UE. Por si acaso, ha recordado que durante una temporada no dirán nada de Gibraltar y permiten a buques rusos de guerra repostar en puertos españoles. ¿El motivo? No mosquear a miembros con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.

3. ¡El paro más alto del mundo!

Las consecuencias económicas y comerciales para Cataluña si se independiza implicarán, según Margallo, un paro de 689.000 personas, “siete veces la población de Girona”. El paro se dispararía “hasta el 37% y sería el más alto del mundo”, ha añadido. La causa sería el “efecto frontera”, según Margallo: los estados nuevos pierden comercio con el exterior en los años siguientes a su independencia.

Junqueras ha llamado las hipótesis de Margallo “un cuento de la lechera a la inversa” y “profecías apocalípticas”. No tenía sentido, ha dicho, comparar el siglo XXI con lo que ocurrió en las repúblicas ex soviéticas porque “España no es la URSS ni Rajoy es Gorbachov”. Junqueras ha recordado que una Cataluña independiente debería parecerse más a Dinamarca y a Holanda, “que es el principal suministrador de Alemania”. El efecto frontera no se produciría, ha dicho Junqueras, porque nadie pondría nuevos aranceles porque a nadie le interesa: “España no tiene ningún interés en que haya aranceles y nosotros tampoco”.

Junqueras recordó que Cataluña había hecho récords recientes en inversión extranjera y exportación. Habían sido dentro de España, respondió Margallo.

4. Junqueras quiere amor y Margallo ofrece un piropo.

Las metáforas de Margallo sobre la independencia habían sido sobre todo negativas: “Si un amigo va a tirarse de un puente”, “si un vecino quema todo el edificio”, “dinamitar”. Junqueras se lo ha reprochado: “Use verbos propositivos”. Margallo ha aceptado y ha dicho “concordia”, “unidad” y ha lanzado una propuesta de amor: “¿No crees que yo quiero a Cataluña?”. Junqueras ha dudado: “No se ha notado mucho su amor”.

Han vuelto los momentos duros: alguien de Junts pel Sí que comparó a los catalanes con los negros de Alabama, se ha quejado Margallo, y por tanto a España con un Estado esclavista. También ha salido la acusación de llevar a jugadores del Barça a la selección para españolizarles. Junqueras ha respondido que iba en las dos direcciones: “Hubo un ministro [Wert] que quiso hacer una reforma educativa para españolizar a los alumnos catalanes”.

Margallo ha querido cerrarlo con un “yo lo que quiero es catalanizar España por este espíritu emprendedor, abierto” y, más al final, ha clamado “se os quiere, es muy antiguo, no lo rompamos”. Junqueras quería sentirse más querido. Margallo ha guardado un piropo pra el final: “Aquí el que manda es Oriol”, ha dicho en referencia a Junqueras, que no lo ha negado ni ha hecho ademán de responder. 

5. Ha habido pocos debates así.

El debate Margallo-Junqueras ha sido a ratos académico, intelectual, aburrido. Pero hasta ahora había sido difícil tratar cuestiones de peso en horario de máxima audiencia. Las conclusiones definitivas para los votantes quizá sean difíciles de sacar por el grosor del debate -“si hay algún ciudadano que tenga una duda puede consultar la jurisprudencia“, ha dicho Junqueras sin bromear-, pero seguro que hay más argumentos.

El debate sobre la nacionalidad de españoles en Cataluña, en cinco claves

PLENO COMPARECENCIA MARGALLO

¿Se verán los ciudadanos de una Cataluña independiente privados automáticamente de la nacionalidad española? Resumimos qué dice la Constitución, el Código Civil y los expertos. 

El problema catalán en 21 preguntas

¿Se verán los ciudadanos de una Cataluña independiente privados automáticamente de la nacionalidad española? En declaraciones a los medios, José Manuel García-Margallo ha explicado que “cuando uno se sale de un país es obvio que abandona todos los atributos que le da la pertenencia a ese país”.

Lo dijo este miércoles, horas antes de debatir con Oriol Junqueras, líder de ERC y número cinco de Junts pel Sí, en un insólito encuentro en televisión que destacados dirigentes del Partido Popular han criticado como inoportuno por los mismos motivos: someter a debate las consecuencias internacionales de una efectiva independencia de Cataluña y que el interlocutor del Gobierno sea nada menos que el titular de Exteriores.

Este martes, Mariano Rajoy titubeó sobre el asunto, pero siempre prestándose a hacer hipótesis sobre cómo sería vivir en una Cataluña independiente. En una entrevista en Onda Cero, el periodista Carlos Alsina le trasladó como afirmación retórica que los ciudadanos de una Cataluña independiente conservarían la nacionalidad. “Ah, no lo sé. ¿Por qué no la perderían? ¿Y la europea tampoco?”, replicó el jefe del Ejecutivo.

1.- ¿Dónde se regula la pérdida de nacionalidad?

Para empezar, en la Constitución. La norma básica lo incluye en su título primero, el relativo a los derechos fundamentales. El número 11 especifica que “ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad”.

Pero una cosa es “ser privado”, como dice el artículo, y otra perderla. El mismo artículo de la Carta Magna prevé la adquisición, mantenimiento y pérdida del derecho y remite el desarrollo a otras leyes. La Constitución también prevé la doble nacionalidad con países “iberoamericanos” o que tengan “una particular vinculación con España”, pero siempre por acuerdo y siempre de manera bilateral con cada país concreto.

2.- ¿Cómo se pierde la nacionalidad?

Hay varios supuestos. El Código Civil, en su artículo 24, prevé que la pierdan los españoles que residan “habitualmente en el extranjero, adquieran voluntariamente otra nacionalidad o utilicen exclusivamente la nacionalidad extranjera”. Esa pérdida no es inmediata, sino que se demora tres años y puede evitarse si se pide explícitamente.

Por si fuera poco, esta norma no se aplica a “países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial o Portugal” por los especiales lazos con España.

3.- ¿Y en caso de conflicto?

Los juristas consultados por EL ESPAÑOL coinciden en que la secesión de un territoritorio no está prevista, ni en la Constitución ni en las leyes que desarrollan el artículo 11.

Sin embargo, el Código Civil tiene un apartado significativamente esclarecedor en el artículo que regula la pérdida de la nacionalidad. “No se pierde la nacionalidad española, en virtud de lo dispuesto en este precepto, si España se hallare en guerra”. Es decir, ni aún en caso de conflicto bélico abierto y declarado, por ejemplo una guerra civil, los que se situasen en un hipotético bando catalán perderían la protección de las leyes españolas.

4.- ¿Quiere Junts pel Sí despojar a los catalanes de la nacionalidad española?

No. Es más, esbozan una Cataluña en la que los ciudadanos que así lo deseen mantengan una doble nacionalidad. El propio presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha asegurado estar “convencido de que la mayoría de los catalanes conservarán las dos nacionalidades, la catalana y la española”, según ha declarado a la agencia AFP. Cuando es preguntado por su decisión personal, la respuesta es otra pregunta: “¿Por qué no?”. En realidad, según Mas, la convivencia de las nacionalidades no es un problema ya que el objetivo principal, el de la independencia, habrá sido ya alcanzado.

5.-¿Qué dicen los expertos?

Entre los juristas y magistrados hay opiniones para todos los gustos. Todas comienzan por la advertencia de que el supuesto de independencia no ha sido previsto y, por lo tanto, no hay respuesta jurídica definitiva. Elementos como un posible acuerdo entre el Estado catalán en ciernes y el español o un nulo reconocimiento internacional de una república catalana alterarían el debate que Margallo ve ya zanjado.

No hay ciudadanos sin nacionalidad. Las leyes españolas contemplan la pérdida de nacionalidad en caso de que se adquiera otra, por lo que el reconocimiento de la UE y el resto del mundo la declaración de secesión sería un factor importante.

La nacionalidad no puede otorgarse y retirarse “por decreto”. Es una decisión “personalísima” que no puede hacerse “en masa” y de forma indiscriminada sino caso a caso, según fuentes jurídicas. En muchos países, incluido España, la concesión de nacionalidad a extranjeros comporta exámenes y hasta un acto solemne de aceptación de la Constitución y los símbolos nacionales.

Otros juristas coinciden con Margallo y argumentan que, del mismo modo que los ciudadanos de un nuevo Estado no serían españoles para pagar impuestos, tampoco tendrían por qué serlo a efectos de nacionalidad. Un posible precedente comentado en este debate es el de los ciudadanos del Sahara Occidental, durante años españoles de pleno derecho, que dejaron automáticamente de serlo, aunque se les permitió optar de nuevo a la nacionalidad española.

Foto: EFE/Alberto Martín

El problema catalán en 21 preguntas

El lío de Rajoy y el rifirrafe entre ‘Pájaro Naranja’ y ‘Coleta Morada’

GRA547. BARCELONA, 21/09/2015.- El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias durante su intervencion en el mitin celebrado esta tarde en la Plaça dAngel Pestaña en Barcelona junto al cabeza de lista de Catalunya Si Que es Pot, Lluis Rabell e Iñigo Errejón. EFE/Jesús Diges

El presidente del Gobierno se hace un lío con la nacionalidad de un vecino catalán si triunfa el bloque independentista. Cosas de salir del plasma. Mientras, Albert Rivera y Pablo Iglesias endurecen sus acusaciones para robar votos del granero de votos del cinturón rojo donde antes triunfaba el PSC.

Martes de campaña electoral marcada por el suspenso del presidente del Gobierno en Derecho constitucional: ignora completamente que un ciudadano catalán nunca dejará de ser español si no lo desea, como reza en el artículo 11 de la Constitución. También por un cruce de tuits entre Albert Rivera y Pablo Iglesias por los futuros pactos de Gobierno.

Helados se quedaron los simpatizantes del PSC que se acercaron a Sant Boi al mediodía para escuchar a la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, que reaparecía tras su baja de maternidad. Durante todo su discurso, ni siquiera se le escapó ninguna de estas cuatro palabras: Miguel Iceta y proyecto federal. La andaluza debió pensar que bastaba con respaldar en Mataró, ya caída la tarde, al candidato del PSC a la Generalitat.

“¿Y la europea tampoco?”

Mariano Rajoy no supo salir de laberinto en el que le metió el periodista Carlos Alsina en una entrevista sin plasma mediante. El presidente se hizo un lío en directo con qué nacionalidad tendría un ciudadano catalán en el hipotético caso de que Cataluña se independizase.

Alsina le recordó que, según la Ley actual, los catalanes seguirán teniendo la nacionalidad española si así lo desean. “Vale… ¿y la europea?”. “Si son españoles, también tendrán la nacionalidad europea”. Un par de frases que sirvieron para que las redes sociales se incendiaran con memes sobre el presidente y le criticaran que no se haya preparado a fondo la entrevista, sobre todo con el tema catalán.

La tercera anécdota de la jornada se vivió también en las redes sociales. las encuestas auguran que Ciudadanos y Podemos se disputarán el segundo puesto detrás el frente independentista. Y no es casualidad que sus líderes nacionales se metan el dedo en el ojo cada vez que tienen oportunidad.

Espero que el candidato separatista de ‘Coleta Morada’ no ‘haga el indio’ y apoye a Inés Arrimadas antes que a Mas…”, escribió el líder de Ciudadanos, que sale a diario a recorrerse Cataluña de cabo a rabo para seguir cosechando votos. Rivera quiso incidir en uno de los puntos clave de su campaña: Catalunya Sí que es Pot, la plataforma respaldada por Podemos, no es una buena opción porque se dice que no es secesionista y su candidato, Lluis Rabell, votó el año pasado a favor de la independencia.

Coleta morada no entender”

Pablo Iglesias respondió la insinuación del de Ciudadanos y utilizó el lenguaje indio con el que Artur Mas atacó a los líderes de PP, PSOE y Podemos a los que envió un “corte de mangas”. “Coleta morada no entender pequeño Pujol votar reforma laboral con gran jefe plasma”. Mientras Ciudadanos y Podemos se clavan puñales por pescar algún voto no independentista del cinturón metropolitano barcelonés, Pedro Sánchez prefiere esquivar a Susana Díaz y pasar el día en Zaragoza y La Rioja, aunque eso suponga perder algún votante más. Cosas del PSC.

Tras el amargo desayuno de Rajoy con Alsina, el presidente hizo de tripas corazón y cogió el AVE por la tarde, se plantó en Tarragona y evitó pronunciarse sobre el resbalón de la mañana. Sabía que lo más importante era acompañar a Xavier García Albiol. Aunque ambos sufrieron los abucheos de los independentistas.

Según se acerca el 27S, la temperatura de la campaña sube. Sin embargo, el que parece que todavía no ha reaccionado a la encerrona que le ha hecho la banca esta semana es Artur Mas, que ayer no dio ni un solo titular digno de ser recogido en esta crónica. Quizá esté esperando a que Luis María Linde, que comparece hoy el Senado, explique mejor aquello que soltó el lunes de que con una Cataluña independiente habría un corralito. 

Por qué un catalán nunca perdería la nacionalidad española

nacionalidad doble

Mariano Rajoy no sabe qué ocurriría con el pasaporte español de los ciudadanos catalanes en una Cataluña independiente. Nosotros te lo explicamos aquí.

El problema catalán en 21 preguntas

La mayoría de las fuerzas independentistas como CDCERC o la ANC se decantan por la fórmula de la doble nacionalidad y la Constitución dice que “ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad”. Por lo tanto, lo más probable es que en una Cataluña independiente los catalanes pudieran conservar la nacionalidad española.

Pero eso no implica que los catalanes tuvieran estrictamente doble nacionalidad: la catalana y la española. El Código Civil establece que prevalecerá siempre la española si se ostenta otra nacionalidad no prevista en la ley vigente o en los tratados internacionales. Es decir, que mientras el Estado no reconociera la independencia de Cataluña, los catalanes no podrían usar la nacionalidad catalana en España ni en los demás países que tampoco reconocieran al nuevo estado catalán. A los catalanes sólo les valdría la nacionalidad española para moverse por otros países. 

En una hipotética independencia de Cataluña se abrirían varias posibilidades sobre la nacionalidad de los catalanes: un modelo de doble nacionalidad (catalana y española), la subordinación de una de las nacionalidades o la elección libre de cada catalán entre las dos.

El problema catalán en 21 preguntas