A la caza del voto inmigrante: propaganda independentista en árabe, chino, urdú y guaraní

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El arma secreta del independentismo es un díptico publicado en 16 idiomas que los partidarios de Junts pel Sí distribuirán en los próximos días en barrios con una fuerte proporción de inmigrantes. El objetivo es captar el voto de unos 130.000 inmigrantes: el 2,4% del censo electoral.

Hace 20 años el proyecto independentista de la provincia francófona de Quebec (Canadá) descarriló en el referéndum de autodeterminación por unos 50.000 votos que los sociólogos atribuyen en su mayoría a inmigrantes que acaban de adquirir la nacionalidad canadiense. La lista soberanista Junts pel Sí quiere evitar a toda costa que  esta vez suceda algo similar. De ahí que en los próximos días vaya a poner el énfasis en captar el voto de esos 130.000 inmigrantes (2,4% del censo electoral) que en la última década han adquirido la nacionalidad española y que por tanto pueden votar.

El arma del independentismo es un díptico publicado en 16 idiomas que en los próximos días los partidarios de Junts pel Sí van a distribuir en barrios con una fuerte proporción de inmigrantes. La traducción a varios idiomas europeos es excesivamente literal y contiene a veces algún error de sintaxis, pero se comprende.

Comparada con otras comunidades autónomas, Cataluña no ha ido la más respetuosa con la inmigración. Sobre todo con la musulmana, que es la más numerosa. Los ejemplos abundan. La Generalitat asumió hace 34 años las competencias en educación, pero no se enseñan en sus escuelas ni el islam ni el árabe pese a que en sus pupitres se sientan 75.841 alumnos musulmanes. En el País Vasco (6.065 alumnos musulmanes) y hasta en Cantabria (410 alumnos) sí se imparte esa asignatura de Religión aunque en esta última comunidad es el Estado el que abona los sueldos a los profesores. Barcelona es también la única gran ciudad europea con una importante comunidad musulmana en la que no hay una gran mezquita.

Pero esas contrariedades serán agua pasada después del 27S. Así lo anuncian los independentistas en el díptico, que dice que se empezará a construir “un nuevo país para todos” con “personas nacidas en más de 170 países diferentes que hablan más de 250 idiomas. Juntas construirán un nuevo país para mejorar nuestras vidas y la de nuestros hijos e hijas”.

El díptico se divide en dos partes. La primera presenta a seis candidatos de la lista soberanista y destaca a dos de ellos. El primero es Chakir el Homrani, de origen marroquí y concejal de Granollers por  Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que figura en el puesto número 15 de la lista por Barcelona y que saldrá elegido. La segunda es Ana Surra, de origen uruguayo, también afín a ERC, que no será diputada porque ocupa el puesto 47. El “mejor entrenador del mundo”, Josep Guardiola, también aparece en lugar preeminente del díptico quizá porque es el más conocido de los candidatos aunque figura en el último lugar de la lista electoral.

La segunda parte del díptico es un decálogo de las ventajas que para el inmigrante supondrá una Cataluña independiente. El texto dice que se construirá “con la participación de todas las personas, hayan nacido donde hayan nacido”, que se crearán los “mejores puestos de trabajo”, que contará con “mejores escuelas”, con una “mejor Sanidad y un sistema de pensiones seguro”. Será “un país diverso, donde se hablan 268 idiomas y donde se respetará la lengua que hables, que sientes y que vives”.

AngelColomConInmigrantes

El díptico lo han elaborado la sección de inmigración de ERC, de la fundación Nous Catalans(Nuevos Catalanes, vinculada a Convergència Democrática de Catalunya), de la Assemblea Nacional Catalana, de Òmnium Cultural y de pequeñas asociaciones como Sí amb nosaltres (Sí con nosotros), fundada junio de 2014 por Ana Surra con la intención de atraer a los inmigrantes latinoamericanos al independentismo. La ley de consultas catalana permitió votar en la consulta del 9 de noviembre 2014 a los extranjeros no comunitarios con sólo tres años de residencia.

A diferencia de la campaña electoral de las autonómicas de noviembre de 2012, esta vez no es CDC la que más esfuerzos lleva a cabo por seducir al inmigrante que adquirió recientemente la nacionalidad española. Hace tres años el director de Nous Catalans, Àngel Colom, recorrió las mezquitas de Barcelona y Tarragona. Colom predicó entonces las virtudes del Estat propi. Entonces no hablaban abiertamente de independencia.

Ahora es ERC la que más se implica en esa tarea. A diferencia de CDC y de Unió Democrática de Catalunya –y en el otro bando del PP catalán-, sus dirigentes no han proferido frases despectivas sobre la inmigración. Aunque su apuesta por la autodeterminación del Sáhara occidental ha dificultado en ocasiones sus relaciones con algunas asociaciones marroquíes.

ERC es la única formación que ha presentado un candidato de origen inmigrante con posibilidades de obtener un escaño en el Parlament. Sufragará también el grueso del importe de una cena multitudinaria con cerca de 200 comensales que algunos cabezas de lista de Junts pel Sí celebrarán en Barcelona, en vísperas del 27S, con responsables de numerosas asociaciones de inmigrantes.

El Gobierno reforma “manu militari” el islam en España

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El Gobierno quiere poner orden en las filas de los musulmanes de España y  reformará “manu militari” las relaciones del islam con el Estado. El ministro Catalá impondrá a los musulmanes, vía Real Decreto, unos nuevos estatutos y creará la figura de Presidente de la Comisión Islámica. Justicia insiste en la necesidad “urgente” de contar con un interlocutor representativo para estudiar y aplicar medidas que aborten la radicalización, especialmente de los más jóvenes. Profesores de derecho eclesiástico tachan la iniciativa de inconstitucional.

Lea el Proyecto de Real Decreto

En la imagen Ryad Tatari, de la Unión de Comunidades Islámicas de España, y Mounir Benjelloun, de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas.

 

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Ryad Tatari, de la Unión de Comunidades Islámicas de España, y Mounir Benjelloun, de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas.

El Gobierno español quiere poner orden en las filas del 1,8 millones de musulmanes –casi el 4% de la población–residentes en España. Considera que su representación ante el Estado no funciona y se dispone a legislar para, asegura, poder contar con un interlocutor válido con el que, por ejemplo, estudiar y poner en práctica iniciativas que impidan la radicalización, especialmente de los más jóvenes.

Para ello creará la figura de Presidente de la Comisión Islámica de España (CIE), el órgano de representación de los musulmanes ante el Estado, y eliminará los dos cargos de secretarios generales que hay en la actualidad. A partir de ahora el presidente será el único interlocutor para “dirigir y coordinar” las relaciones de los musulmanes españoles con la administración.

El presidente dispondrá de amplios poderes y será elegido por una comisión permanente compuesta por 25 miembros. El Real Decreto que ha elaborado el Ministerio de Justicia impondrá así unos nuevos estatutos a la CIE que, asegura, “reflejan la nueva realidad” y favorecerán “su papel de representante de todos los musulmanes residentes en España”. 

La intención del Ejecutivo, de reformar “manu militari” sus relaciones con el islam en España, ha desatado una gran polémica en el seno de las comunidades islámicas y entre expertos en derecho eclesiástico. “¿Se atrevería el Gobierno a decir a la Conferencia Episcopal cómo debe designar a sus obispos?”, se pregunta sorprendido Juan Ferreiro, catedrático de derecho eclesiástico de la Universidad de A Coruña. “Pues eso es lo que un Estado aconfesional como el español quiere imponer a los musulmanes”, recalca. “¡Es intervencionismo!”.

“Es grave porque supone una injerencia inconstitucional en la organización de las confesiones religiosas”, sostiene José María Contreras, profesor de derecho eclesiástico de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. “Viola, por un lado, el principio de laicidad del Estado y, por otro, los derechos de libertad religiosa y asociación sin que la causa para hacerlo sea legítima ni proporcional”, añade.

 

El ministro de Justicia Rafael Catalá.

Desde el Ministerio de Justicia se insiste, sin embargo, en que es constitucional y que se ha tomado tal iniciativa a petición de numerosas comunidades islámicas hartas del bloqueo que, desde hace más de dos décadas, impide el desarrollo del Acuerdo que en 1992 el Estado suscribió con los representantes musulmanes y que les otorga amplios derechos.

El ministro de Justicia Rafael Catalá ha convocado, el 16 de septiembre, a la Comisión Asesora de Libertad Religiosa (CALR), en la que participan las principales confesiones religiosas, para informarle del Real Decreto que reorganiza por completo la CIE. A continuación Catalá elevará el decreto, en principio antes de finales de septiembre, al Consejo de Ministros.

Tatari versus Benjelloun

Dos congregaciones regentan ahora la CIE cuya estructura es bicéfala. La mayoritaria es la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), que dirige desde hace casi un cuarto de siglo el imán Ryad Tatari, español de origen sirio. El Ministerio del Interior le coloca “en la órbita de los Hermanos Musulmanes”, el movimiento fundado en 1928 por el egipcio Hassan el Banna para renovar el islam y luchar pacíficamente contra la influencia de Occidente. Tatari niega cualquier relación con ese movimiento.

La minoritaria es la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI), que encabeza desde hace seis años Mounir Benjelloun, español de origen marroquí, apoyado por un nutrido grupo de conversos españoles. El Ministerio de Justicia vincula a Benjelloun con Justicia y Espiritualidad (JyE), el movimiento islamista no violento de oposición a la monarquía marroquí. Benjelloun no niega que comparte su filosofía, pero desmiente cualquier relación orgánica con sus correligionarios en Marruecos.

“Esta estructura bicéfala unida a la falta de entendimiento entre ambas federaciones (UCIDE y FEERI) ha impedido a la Comisión Islámica de España situarse como órgano representativo del islam e interlocutor eficaz ante el Estado para el seguimiento del Acuerdo de 1992”, señala el preámbulo del Real Decreto. El Acuerdo, que tiene rango de ley, apenas se ha desarrollado lo que perjudica a los musulmanes.

El bloqueo de la Comisión Islámica de España, a causa de la animadversión entre sus dos secretarios generales actuales, Tatari y Benjelloun, reviste ahora más gravedad, según fuentes cercanas a Catalá. “El Estado”, insisten, “necesita urgentemente un interlocutor musulmán representativo para estudiar y aplicar medidas que aborten la radicalización” y otras muchas relacionadas con la enseñanza del islam en los colegios, la formación de los imanes…

“Es una intervención autoritaria”

Benjelloun ha puesto el grito en el cielo mientras que Tatari se declara “en principio favorable” a la resolución de Catalá porque “es un mal menor que pondra algo de orden”. “Es una intervención autoritaria en los asuntos internos de los musulmanes de España”, denunció en cambio Benjelloun al teléfono. “Es totalmente inaceptable”, prosiguió. Anuncia que convocará manifestaciones ante Justicia y acudirá a los tribunales para impugnar el decreto. Éste “aumentará la desconfianza hacia el Estado y fomentará la radicalización”, vaticina.

Benjelloun sospecha además que, en el fondo, se trata de una maniobra para colocar a Tatari, su eterno rival, al frente de la Comisión Islámica porque siempre se ha mostrado menos reivindicativo a la hora de exigir que se pongan en práctica los derechos de los musulmanes recogidos en el Acuerdo de 1992.

A lo largo de los últimos años las autoridades de Rabat han reprochado a las españolas subvencionar a la FEERI de Benjelloun para llevar a cabo sus actividades en España, mientras que en Marruecos los islamistas de Justicia y Espiritualidad son un movimiento ilegal aunque tolerado en algunas ocasiones. “Vosotros ayudáis a los mismos que nosotros perseguimos aquí”, es una queja repetida con frecuencia por responsables marroquíes ante sus interlocutores españoles.

En 2011, Justicia ya promulgó un Real Decreto para obligar a la Comisión Islámica de España a abrir la puerta a comunidades religiosas que deseaban ingresar en ella. Aun así UCIDE y FEERI siguen siendo, cuatro años después, hegemónicas, y también antagónicas, en el seno de la institución que representa a los musulmanes ante el Estado.

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Lea el proyecto de Real Decreto

 

El acuerdo Washington-Teheran: un triunfo para Obama

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Irán y Estados Unidos acaban de firmar el llamado “Acuerdo Nuclear”. ¿Por qué se ha firmado un acuerdo ahora? El principal giro hay que buscarlo no en Teherán, sino en Washington. Teniendo en cuenta los inmensos cambios que están desarrollándose más allá de Oriente Próximo es difícil que Estados Unidos pueda defender sus intereses en el mundo musulmán al mismo tiempo que se centra en el enfrentamiento con China, algo que inevitablemente hará si quiere defender su posición hegemónica.

Irán y Estados Unidos acaban de firmar el llamado “Acuerdo Nuclear”. La República Islámica no sólo tendrá más facilidad para continuar con su programa nuclear, sino que dejará de ser un Estado paria para reintegrarse, pese a todas las sospechas, en la sociedad internacional. Lo que queda por ver es cómo será el aterrizaje de Irán en ese mundo del que fue expulsado en 1979, y qué se puede esperar del país persa y de sus vecinos en este nuevo escenario.

¿Por qué se ha firmado un acuerdo ahora? El nombramiento de Rouhani como presidente de la República en verano de 2013 y su política de acercamiento a Occidente parece ser el detonante de la negociación. Sin embargo, en Irán el Presidente de la República es un cargo con un poder muy limitado (es el único líder del Poder Ejecutivo del mundo que no tiene mando sobre las Fuerzas Armadas, por ejemplo), y por lo tanto corresponde al Ayatolá Supremo definir la política del país, tanto a nivel interno como con el resto del mundo.

Tampoco es la primera vez que un clérigo aperturista llega a la Presidencia de Irán: Mohammed Khatami, Presidente de la República entre 1997 y 2005, fue un reformista que permitió inspecciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica y firmó un acuerdo con Francia, Alemania y el Reino Unido, el Acuerdo de París, en el que se comprometía a suspender el enriquecimiento de uranio. Pero no se llegó a más, ni se profundizó tanto como se ha profundizado ahora, pese a darse unas condiciones similares.

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Presidente Rouhani de Irán

¿Por qué ahora?

El principal giro hay que buscarlo no en Teherán, sino en Washington. Al margen de las diferencias entre Obama y Bush, los intereses geoestratégicos de Estados Unidos han cambiado enormemente en los últimos diez años, coincidiendo con dos fenómenos que no tienen nada que ver con Irán: el ascenso de China en el Pacífico, con el consecuente incremento de su agresividad, y el desmesurado crecimiento de la producción de petróleo estadounidense, que desde 2008 ha crecido un 70%. El primer fenómeno supone un desafío a la hegemonía estadounidense, el segundo acerca a Estados Unidos a la independencia energética y a una menor dependencia de Oriente Próximo.

¿Qué relación tiene esto con el Acuerdo Nuclear? Una nación como Estados Unidos tiene intereses en todas las partes del globo, y no puede permitir desentenderse de ninguna de ellas. Si los estadounidenses reducen el nivel de implicación en Oriente Próximo, deben dejar tras de sí un escenario en el cual se minimicen los eventuales riesgos asociados a un menor control directo.

La razón por la que Washington no puede dejar desatendida ninguna zona del mundo está incrustada en la lógica del poder geopolítico, y la expresa perfectamente Mearsheimer, uno de los pensadores más relevantes del ámbito de las Relaciones Internacionales y creador de la teoría del realismo ofensivo. Según Mearsheimer, ninguna nación puede gobernar el mundo por completo, dado que es imposible obtener tal grado de poder que permita la dominación mundial. No obstante, las naciones pueden ser los poderes hegemónicos en sus zonas de influencia geográficas o culturales, y por lo tanto pueden (y deben) intentar evitar que ninguna otra nación del globo adquiera en su propia zona de influencia un poder similar.

Aplicado a la realidad geopolítica de nuestro tiempo, Estados Unidos no domina, ni puede dominar, el planeta. Pero sí domina el continente americano y seguirá siendo la primera potencia mundial mientras impida que otra nación gobierne en su propia zona de influencia. La lógica para enfrentarse a la Alemania nazi y a la Unión Soviética era evitar que ningún poder gobernara Europa en solitario, y esta misma lógica es lo que le impulsa a enfrentarse a China: para limitar su eventual dominio de Asia.

Ahora que el suministro de petróleo empieza a ser un tema secundario, la presencia militar en el Oriente Próximo lo será también, por lo que Estados Unidos puede recurrir a una situación menos conflictiva, menos costosa y más segura para los intereses estadunidenses. El propio Mearsheimer defendió esta teoría en 2008 en relación precisamente con Oriente Próximo. Esta estratagema consiste en enfrentar a dos naciones de una misma zona geográfica de forma que el conflicto les desgaste y les impida convertirse en potencias hegemónicas.

La realidad geopolítica

Oriente Próximo y el mundo musulmán en general está dividido en dos bloques antagónicos: por un lado, el mundo suní liderado por Arabia Saudí y las Monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo. Por otro lado, el mundo chií liderado por la República Islámica de Irán. Cualquiera que conozca de cerca el mundo islámico sabe, y Estados Unidos lo sabe bien, que se odian entre sí más de lo que odian a los estadounidenses o incluso a Israel.

Estados Unidos sabe que si el acuerdo nuclear no se hubiese firmado es probable que a la larga el bloque suní hubiera acabado desbancando al chií. Las sanciones a Irán limitarían su capacidad, por lo que el bloque suní tendría las manos libres para incrementar su influencia de manera contraria a los intereses estadounidenses (como ya sucedió en 1973). Para forzar al bloque suní a centrarse en su amenaza más próxima, es inevitable dotar de mecanismos a su enemigo. El levantamiento de las sanciones fortalecerá la capacidad económica de Irán y con ello, su capacidad para sostener movimientos anti-suníes en Iraq, Yemen, Líbano o Siria, que puedan hacer frente a los movimientos anti-chiíes financiados directa o indirectamente por Arabia Saudí y el Golfo, como el Estado Islámico, Al Qaeda o el Frente Al-Nusra.

También es muy importante tener en cuenta que a los ojos de Arabia Saudí (e Israel), este acuerdo deja las manos libres a Irán para conseguir la bomba atómica, un escenario insoportable para los saudíes. Esto obligará a Arabia Saudí a elevar el gasto militar (previsiblemente cerrando acuerdos con empresas de armamento estadounidenses) y a entrar en una carrera armamentística que Irán se verá obligada a seguir, lo que creará un agujero negro económico en ambas naciones que limitará su capacidad de amenazar a Estados Unidos y que probablemente intentaría ser saneado de la forma más eficaz que tienen ambas naciones, que es con la venta de hidrocarburos… posiblemente a Estados Unidos.

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Negociación del pacto nuclear

Pero, ¿y si realmente Irán consiguiera la bomba atómica? Esto no es en absoluto un escenario indeseable para la Casa Blanca, ya que entonces Arabia Saudí también la obtendría (de hecho lleva tiempo buscando adquirirla a través de Pakistán). Y cuando dos enemigos acérrimos obtienen la bomba atómica, se produce lo que en Relaciones Internacionales se conoce como la “paradoja estabilidad-inestabilidad”. Esto significa que los conflictos directos se reducen drásticamente, mientras que los conflictos indirectos aumentan en la misma medida.

Por lo tanto si esta situación de estabilidad-inestabilidad se reprodujera en Oriente Medio entre el bloque suní y el chií esto sería una bendición para Estados Unidos, ya que el país norteamericano  podría olvidarse definitivamente de que ninguno de los dos bloques obtuviera suficiente poder como para dominar esta zona geográfica.

El estatus de Israel

El único cabo suelto que quedaría en este nuevo escenario es el estatus de Israel. Muchos medios y políticos israelíes han presentado este acuerdo como un paso que pone en grave riesgo la supervivencia de Israel. Sin embargo es poco probable que esto suceda, ni siquiera aunque Irán consiguiera la bomba atómica. Si Corea del Norte, un Estado regido por un Gobierno demencial y con una sociedad civil masacrada, no ha lanzado la bomba atómica, no hay motivos para pensar peor de Irán, un Estado con un Gobierno suficientemente sensato como para sentarse a negociar con Occidente y con una sociedad civil enérgica y vibrante.

En segundo lugar, el lanzamiento de una bomba atómica requiere de muchas negociaciones y muchos preparativos, por lo que es improbable que pasara inadvertido por el Mossad, la CIA y las demás agencias de inteligencia, que seguramente podrían neutralizar eficazmente el lanzamiento. Esto se aplicaría a cualquier nación que pretendiera usar armamento nuclear, llámese Irán, Pakistán, Francia… o el propio Israel.

La razón por la que el Estado Judío ha batallado tan ardientemente contra el Acuerdo Nuclear no es por una cuestión de supervivencia, sino de influencia. Israel es un Estado cuya supervivencia se fundamenta en tres pilares: una política de contención agresiva con sus vecinos, un Ejército y unos servicios de inteligencia extraordinariamente profesionales, y la existencia de un lobby capaz de ejercer una presión sustancial sobre las naciones occidentales y particularmente sobre Estados Unidos. La diferencia entre ambas naciones es que Estados Unidos puede permitirse olvidarse de Israel, pero Israel no puede permitirse que Estados Unidos le olvide. Apoyar a Israel era conveniente para los estadounidenses cuando tenían grandes intereses en Oriente Próximo, pero ahora que esos intereses empiezan a cuestionarse, es poco probable que Israel disponga de la misma influencia que ha tenido hasta ahora en la política exterior de la Casa Blanca.

Israel todavía está a tiempo de revertir esta situación si los políticos estadounidenses patrocinados por el lobby judío consiguen crear una oposición suficientemente fuerte al acuerdo nuclear. No sería la primera vez que Israel interviene decisivamente en la política exterior de Estados Unidos. Pero, si no lo lograra, quizá sí sería la última vez.

Teniendo en cuenta los inmensos cambios que están desarrollándose más allá de Oriente Próximo es difícil que Estados Unidos pueda defender sus intereses en el mundo musulmán al mismo tiempo que se centra en el enfrentamiento con China, algo que inevitablemente hará si quiere defender su posición hegemónica. Previsiblemente, el mundo experimentará una gran transformación en los próximos veinte años, pero quien más capacidad tendrá para determinar el impacto y el ritmo de estos cambios será Washington. En el modelo que han diseñado para Oriente Próximo, el gran perdedor será Arabia Saudí, que nunca debió haber provocado a la superpotencia en 1973. Irán será un vencedor relativo, mejorando su estatus aunque sea a costa de una mayor tensión, pero el vencedor indiscutible será la Casa Blanca que ahora habita Barack Obama.

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Francisco Rivas es abogado, experto en Relaciones Internacionales en Oriente Próximo y ha trabajado en la Embajada de España en Omán. También es escritor; su último libro es 1212: Las Navas.

Estambul, un refugio sirio

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La urbe más grande y rica de Turquía se ha convertido en capital oficiosa del exilio sirio y refugio para medio millón de ellos. Yassin Swehat es uno de esos 500.000. Hace 20 meses dejó Santiago de Compostela, donde nació, y una incipiente carrera como médico para coordinar y escribir en Al Jumuriyah –La República-, una revista online en árabe sobre el conflicto sirio, que él mismo fundó en 2012 junto a otros escritores, periodistas y blogueros sirios contrarios al régimen de Bachar Al Asad 

La urbe más grande y rica de Turquía se ha convertido en capital oficiosa del exilio sirio y refugio para medio millón de ellos. Yassin Swehat es uno de esos 500.000. Hace 20 meses dejó Santiago de Compostela -donde nació- y una incipiente carrera como médico para coordinar y escribir en Al Jumuriyah –La República-, una revista online en árabe sobre el conflicto sirio, que él mismo fundó en 2012 junto a otros escritores, periodistas y blogueros sirios contrarios al régimen de Al Asad.

Algunos sirios llegados a Estambul por la guerra civil en su país han empezado a renombrar ciertos lugares del centro de la ciudad. Así, la pequeña calle Nevizade, repleta de bares y terrazas, es ahora shara al-bira o “la calle de la cerveza”. Al lado está “la pescadería”, la calle Sahne con sus puestos de pescado fresco. La plaza de Galatasaray, en mitad de la bulliciosa y comercial avenida Istiklal, es conocida como sahet al-khawaziq o “la plaza del empalamiento” debido a un monumento de barras metálicas que miran al cielo, dedicado al ejército turco.

Este mecanismo, bien por el desinterés o la dificultad de aprender el idioma local, funciona también en otras zonas de Estambul y explica las necesidades de la diáspora siria. Las callejuelas entre Taksim y Besiktas son “el consulado alemán”; el populoso barrio de Nisantasi es “el consulado sirio”; al norte de Istiklal, “el consulado inglés”.

Yassin Swehat quiere rescatar este mapa desconocido de la urbe más grande y rica de Turquía, convertida en capital oficiosa del exilio sirio y refugio para medio millón de ellos. “Varios amigos artistas nos están ayudando a dibujarlo, quizás luego hagamos pósters o camisetas para darlo a conocer. Al final, un lugar no es sólo piedras y calles, sino también las experiencias de las personas que pasan por él”.

Yassin nació en Santiago de Compostela hace 30 años. Su padre, Mohammad, había dejado Raqqa en 1969 para estudiar medicina en España. Se casó, tuvo cuatro hijos y obtuvo el título de cardiólogo antes de volver a Raqqa. Yassin se trasladó a Siria con su familia y vivió en Raqqa hasta los 18 años. Los veranos los pasaba en Santiago. En 2002 volvió definitivamente a la ciudad española para hacer la selectividad y estudiar medicina. “Tengo un recuerdo bastante gris de la Siria de antes de la guerra. En el instituto teníamos que recitar un juramento cada mañana antes de entrar a clase: ‘Resistiré al imperialismo, al sionismo y a los reaccionarios y aplastaré a su diabólica división, la banda criminal de los Hermanos Musulmanes”.

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Yassin Swehat vive en Estambul desde hace 20 meses.

De médico a periodista

Ahora vive en Estambul desde hace un año y ocho meses. Dejó Santiago y una incipiente carrera como médico para coordinar y escribir en Al Jumuriyah -La República-, una revista online en árabe sobre el conflicto sirio, que él mismo fundó en 2012 junto a otros escritores, periodistas y blogueros sirios contrarios al régimen de Bachar Al Asad. “Nunca me lo planteé como una forma de activismo, ni de que manera puedo ser más útil, porque si entras en esa dinámica igual acabas con un arma en la mano en Aleppo, y no”, dice Yassin. “Simplemente, quise hacer lo que me gusta y la medicina no es lo que me llamaba”.

El padre de Yassin sigue viviendo en Raqqa. Tiene una clínica privada y acciones en un hospital. “Él, como toda la gente allí, intenta hacer la menor vida posible fuera de casa, pasar desapercibido y no tener ningún roce con ellos, no saber nada de ellos”. Ellos son el Estado Islámico, el grupo terrorista que tomó el control de Raqqa a finales de 2013 y la convirtió en el centro de operaciones de su “califato”. Yassin relata con incredulidad que la ciudad de su infancia, por entonces muy pequeña y dedicada a la agricultura, tiene ahora un restaurante chino para los muchos integrantes del Estado Islámico llegados desde Asia y sitios donde se puedan comprar los mejores chocolates belgas y suizos. Los puestos de zumos de frutas han prosperado en una Raqqa muy dañada en la que escasea el combustible, el gas y el agua. La electricidad se va durante días.

“Hay ciertos negocios que florecieron mucho con la llegada del Estado Islámico y los combatientes extranjeros, que son el músculo principal y tienen mucho dinero. Han abierto restaurantes de comida rápida muy al estilo occidental. No hay un McDonald’s, pero sí una especie de hermano pequeño, con su crispy chicken“. Yassin y su padre hablan por teléfono con frecuencia. A veces, cae una bomba durante la conversación y como la conexión a internet en Raqqa es pésima, su padre le pide: “Mírame dónde cayó”.

Anochece en Estambul y Yassin ha quedado para cenar con algunos compañeros de Al Jumuriyah y con otros sirios residentes de la ciudad. El local, en la primera planta de una calle del centro, es un clásico restaurante turco o meyhane donde se sirve hummus, carne y raki, un licor típico muy parecido al anís. Los relatos en la mesa dan una idea del desastre sirio. Karam Nachar, doctorado en Historia del Oriente Medio Contemporáneo por la universidad de Princeton, dejó la vida del campus para estar “más cerca” de Siria. Es otro de los fundadores de Al Jumuriyah. Su padre fue preso político, y tras ser liberado la familia vino a Estambul. Sherry Al Hayek, una joven de 26 años, es cámara y ha hecho algunos trabajos sobre los refugiados sirios para televisiones alemanas. Dejó a sus padres, partidarios del régimen, en Chicago.

Yassin Haj Saleh llega tarde a la cita. Es uno de los escritores y disidentes más conocidos de Siria. Pasó 16 años en las cárceles de Asadantes de la guerra. Recuerda que en 2013 publicó un artículo de opinión en El Mundo, ‘Carta sobre Siria a los intelectuales y líderes de opinión en Occidente’. Tiene 64 años, es colaborador habitual de Al Jumuriyah y sorprende la precisión temporal con la que narra su peripecia. “Pasé dos años en Damasco, en la clandestinidad. Luego, tres meses en Douma, liberada del régimen poco antes. El viaje a Raqqa, mi ciudad natal, duró 19 días. Fue una travesía dura, de caminos secundarios, escondido de la aviación y los combates. Sólo pude estar 10 semanas, también en la clandestinidad. Daesh [acrónimo árabe para el Estado Islámico] comenzaba a apoderarse de la ciudad y había secuestrado a dos de mis hermanos”.

1,7 millones de sirios en Turquía

Su mujer, Samira Khalil, es una de los cuatro activistas de Douma que desaparecieron de la oficina del Centro de Documentación de Derechos Humanos en diciembre de 2013, presumiblemente a manos de una milicia conocida como Ejército del Islam. “Me tuve que ir porque ya no tenía sentido. No podía salir de casa para observar lo que ocurría y escribir de ello”, afirma Saleh. En Estambul tenía amigos que le ayudaron a establecerse. En su opinión, los sirios sólo aparecen en los medios de comunicación como refugiados que necesitan asistencia para seguir vivos y nada más. “La inmensa mayoría de los sirios en Turquía pensaban que el exilio sería algo temporal y esa percepción ha cambiado ahora radicalmente”. En un momento de la cena, los asistentes levantan los alargados vasos de raki y bridan por el retorno.

De los cerca de cuatro millones de sirios que han abandonado su país, 1,7 millones están en Turquía, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). La sociedad paralela que han construido en regiones del sur como Gaziantep -donde, aproximadamente, un tercio de la población ya es siria-, cuenta en Estambul con el peso de la política y el dinero. Aquí están las sedes del Consejo Nacional Sirio y de la Coalición opositora, los dos grandes grupos contrarios a Asad. Hay grandes empresarios que pudieron sacar su patrimonio del país y abrir nuevos negocios inmobiliarios, textiles o de restauración. Sin embargo también hay escritores, periodistas, músicos y hasta familias enteras que mendigan en la calle.

“Hay gente que abrió un negocio, una tienda, un ultramarinos sirio. Esa capacidad de cambio, de reinventarse, es algo increíble”. Los camareros del restaurante que frecuenta Yassin son desertores del ejército de Asad. “No querían luchar con el régimen ni contra él. No querían morir y ahora son camareros en Estambul”.

En el barrio de Aksaray, en el distrito estambulí de Fatih donde viven más de 50.000 sirios, algunos negocios con rótulos en árabe delatan la procedencia de los dueños. Un puesto de pollo frito exhibe junto al nombre que “fue fundado en Siria en 1991”. A pocos metros está el Beyrut, otro de los restaurantes sirios de esta calle. Hay también inmobiliarias para los recién llegados, centros de idiomas para aprender turco y anuncios pegados a las farolas. En la entrada a la estación de metro de Aksaray es frecuente ver a hombres solos, con una maleta o mochila, que esperan a la persona que les ha prometido llevar a Europa, por tierra o por mar.

Yassin dice haberse hecho una Estambul del tamaño de Santiago de Compostela. Todas las mañanas, camina de su buhardilla en “el consulado alemán” a la redacción en “el inglés”. La última vez que estuvo en Siria fue en 2009, antes de la guerra. “Cuando miro hacia atrás, es lógico que aquello acabara así. Siento el sufrimiento de la gente, saber cómo vivían y ver que tienen que empezar de cero. Quienes peor lo pasan son los que se quedaron parados en cierto punto, pensando que esto iba a terminar”.

 

 

El ISIS siempre gana… en Twitter

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Un año después de la eclosión del Estado Islámico, los gobiernos occidentales aun no saben cómo combatir la propaganda de los yihadistas. Hasta ahora solo han podido jugar una ineficaz y desnivelada partida de ping-pong en las redes sociales. En Twitter, todavía ganan los malos.

“No camines hacia la tierra del ISIS. Corre. Allí podrás aprender nuevas habilidades: volar mezquitas, crucificar y ejecutar a musulmanes… Bienvenido a la tierra del ISIS”.

https://www.youtube.com/watch?v=-wmdEFvsY0E&oref=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3D-wmdEFvsY0E&has_verified=1

Este vídeo, inspirado en los Monty Python y sus Caballeros de la mesa cuadrada, fue colgado en Youtube a finales de agosto del año pasado por el Departamento de Estado de Estados Unidos y ya ha superado las 850.000 reproducciones.

 “Bienvenido a la tierra de ISIS” es, probablemente, el mejor ejemplo de la contra-propaganda que los gobiernos occidentales intentan llevar a cabo contra el Estado Islámico. Este vídeo forma parte de una campaña más amplia del Gobierno norteamericano que bajo el lema “Think again, turn away” (Piénsalo de nuevo, date la vuelta”) trata de contrarrestar el efecto llamada que la organización yihadista ha logrado a través de las redes sociales. Pero, ¿funciona?

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“Así perdemos los corazones y las mentes [de los musulmanes]”, le advertía en 2005 Aymán al-Zawahiri en una carta a Abu Musab Al Zarqaui, líder de Al Qaeda en Irak, la división que una década más tarde se independizaría y proclamaría el califato del Estado Islámico hace ahora un año. El número dos de Bin Laden ordenaba así al líder de la organización en Irak que no difundiera más vídeos de decapitaciones, ya que consideraba que en la batalla en los medios aquellas campañas les perjudicaban.

Hoy, el Estado Islámico no solo ha continuado con aquella tradición iniciada por su líder primigenio Al Zarqaui, muerto en un bombardeo en 2006, sino que la lleva a su máximo exponente. El centro Al Hayat es el responsable de los mensajes de la organización. Esta división crea periódicos en PDF (ISN, Islamic State News), docenas de páginas fácilmente accesibles a través de Internet, cuentas de Twitter y sobre todo producciones audiovisuales traducidas a varios idiomas. Las producciones más inofensivas muestran escenas de vida cotidiana en los territorios conquistados, mercados abiertos y musulmanes que acuden a rezar a las mezquitas. Las más polémicas y las que más han trascendido exhiben ejecuciones y decapitaciones en vídeos en alta definición, con producción y postproducción.

Estos videos, alojados en servidores gratuitos de Internet, son distribuidos en las redes sociales por miles de simpatizantes que los difunden, los comparten y los cuelgan de nuevo en Youtube o Facebook cuando las cuentas originales son censuradas y retiradas.

 “Nuestra narrativa es derrotada por el Estado Islámico. Somos reactivos. Pensamos en cómo responder, en lugar de en [cómo articular] nuestra propia narrativa”. Así analizaba la situación hace pocas semanas uno de los responsables del Departamento de Estado en un informe enviado a John Kerry, el secretario de Estado, filtrado a The New York Times. También se lamentaba por la falta de recursos del Centro de Comunicaciones Estratégicas contra el Terrorismo (CSCC) del Gobierno norteamericano, un departamento que se creó en 2010 para combatir la propaganda terrorista.

 

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“No vale decir el terrorismo es malo…”

Richard LeBaron, miembro del think tank Atlantic Council, y experto en la región del Golfo, afirma que “los gobiernos se sienten comprometidos a responder a los terroristas en los medios y a usar las mismas herramientas que ellos. Pero convertirlo en un partido de ping pong es inútil”. Para LeBaron, no existe hoy una contra-narrativa útil contra el ISIS porque “las que se hacen desde Occidente no funcionan”. Aunque tampoco cree que sean eficaces las del propio Estado Islámico: “Los gobiernos han sobreestimado sus campañas. El apoyo al ISIS es muy individual, y la prueba es que no se ven grandes grupos de simpatizantes en países como Estados Unidos o España. Tendemos a creer que las suyas son campañas muy sofisticadas y nos sorprendemos de que unos terroristas árabes puedan ser tan inteligentes. Pero este tipo de razonamiento roza el racismo y nos limita”.

Richard Barrett, antiguo responsable de la lucha contra el terrorismo del MI6 (el servicio de inteligencia británico) y hoy directivo de la consultora en seguridad internacional Soufan Group, afirma que “los gobiernos no son los mejores agentes para llevar a cabo esa contra-comunicación. Es más efectiva si la hacen las comunidades de do donde han salido los extremistas. Además la clave es el mensaje. No vale con decir que el terrorismo es malo, sobre todo porque no sabes qué es lo que la otra persona está buscando”.

El nuevo responsable del CSCC en Estados Unidos, Rashad Jussain, reconocía pocas semanas antes de su nombramiento en una conferencia en Abu Dhabi  que “el Estado Islámico tiene un mensaje mucho más emocional que el nuestro”. En aquella charla apuntó sin saberlo las claves de la que hoy es la hoja de ruta de su división para combatir la propaganda del ISIS: “Restarle glamour, mostrar las miserables condiciones de vida de los combatientes, ensalzar las narrativas positivas, demostrar cómo los jóvenes musulmanes pueden triunfar en el mundo moderno, contar historias inspiradoras y de figuras influyentes de países musulmanes y movilizar y amplificar a los líderes religiosos”.

“Las contra-narrativas que se emplean no satisfacen las necesidades de la gente ni se dirigen a sus vulnerabilidades de la misma forma que lo hace el ISIS o Al Qaeda” explica Anne Speckhard, profesora del departamento de Estudios Psiquiátricos y de Seguridad de la Universidad de Georgetown. “Son racionales y les falta ese componente emocional, ese gancho”.

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La profesora de Estudios Psiquiátricos ha entrevistado a decenas de terroristas para analizar su conducta. “Debemos usar la emoción frente a la lógica”, insiste.

“Jugar al ping-pong”

Un problema grave en la lucha contra la propaganda de ISIS  es que se ha reaccionado tarde y se quiere (como dice LeBaron) “jugar al ping-pong”. Estados Unidos creó su oficina oficial de contra-propaganda casi una década después del 11-S. El Reino Unido también dispone de una, pero hay países que no tienen ningún tipo de estrategia contra el yihadismo. Tras el asesinato de los dibujantes de Charlie Hebdo, el gobierno francés lanzó una campaña bajo el hashtag #stopjihadisme en la que, siguiendo el ejemplo del vídeo Bienvenido a la tierra del Estado Islámico, difundían vídeos con imágenes de ejecuciones y del sufrimiento de los civiles en los territorios invadidos por el ISIS. Este mes de enero, se ha instaurado el Equipo Asesor de Comunicaciones Estratégicas en Siria (SSCAT), el primer proyecto europeo de contra-narrativa con un presupuesto de un millón de dólares y coordinado desde el Ministerio de Interior de Bélgica. 

SSCAT, según explican fuentes del Consejo Europeo, cuenta con un equipo de una decena de personas que presta asesoramiento técnico sobre cómo hacer campañas de comunicación. La idea es que pueda ser el “proyecto embrionario” de una organización mayor. De momento, el trabajo realizado en estos primeros meses se mantiene en secreto “para darle al equipo las máximas posibilidades de éxito”, explica un portavoz del ministerio belga.

La Unión Europea intenta además involucrar en la lucha a las grandes compañías de Internet. El pasado octubre hubo un encuentro informal entre altos funcionarios de la UE y representantes de empresas como Twitter y Facebook, y en otoño (un año después de ese primer contacto) está previsto que se celebre una nueva reunión, esta vez de carácter oficial.

Esta alianza es importante, ya que Twitter y Facebook han sido el mayor campo de batalla de la contienda frente al ISIS en esta partida de ping-pong. “Sin embargo las redes sociales por sí solas no son la solución”, advierte LeBaron. “No debemos caer en la trampa de pensar que los terroristas solo influencian a la gente a través de Internet. Nuestro reto es averiguar cómo llegar a los diferentes tipos de audiencias a los que ISIS intenta atraer, algunas de las cuales son pequeñas y están muy aisladas socialmente y culturalmente”.

FAMILIA-FELIZ

Una batalla perdida

Barrett coincide con este razonamiento, e invita a comparar los seguidores que el Departamento de Estado tiene en su Twitter con los que poseen algunas cuentas del Estado Islámico. “Los mensajes del Gobierno no llegan a mucha gente, aunque tampoco podemos decir que eso sea una pérdida de tiempo ya que hay muchas audiencias diferentes para ese tipo de mensajes. Quizá no se llegue a los extremistas que están muy involucrados y a los que es casi imposible persuadir, pero sí a otras personas que puede ser simpatizante de ISIS”.

El problema de la contraprogramación en Twitter es que cuantitativamente es una batalla perdida. Un informe reciente de la Institución Brookings estimaba que existen más de 70.000 cuentas abiertas en Twitter de miembros o simpatizantes del ISIS, con una media cada una de 1.000 seguidores, el 75 por ciento en árabe y con una activad por encima de la media de 14 tweets diarios. Cuando una cuenta es suspendida por Twitter enseguida vuelven a brotar otras nuevas que rápidamente enlazan con los seguidores de las anteriores. Y la mayoría de ellas no son cuentas oficiales sino de simpatizantes.

Otro estudio sobre el uso de Twitter enfocado en los “Foreign Fightes”, es decir los extranjeros que abandonan sus propios países para combatir con ISIS y realizado por el prestigioso Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización británico, revelaba que las cuentas más populares eran las consideradas “diseminadoras”. Estas cuentas se encuentran fuera de Siria e Irak, comparten los mensajes de la organización y dan apoyo moral a los yihadistas. El estudio mostraba además que, al revés de lo que ocurre en la comunidad internacional (donde se publican muchos tweets sobre ISIS con poca interacción), en el caso de las cuentas yihadistas un número mucho más reducido de mensajes eran muy compartidos y difundidos.

 “Lo fundamental es saber por qué en un grupo de individuos muy similares, con el mismo bagaje y las mismas influencias, uno de cada cien decide convertirse en terrorista. Ese es el problema de la contra narrativa contra el Estado Islámico: cómo identificar a ese uno de cada cien”, explica LeBaron. La cuenta de Twitter de la campaña del Departamento de Estado que intenta disuadir a aquellos que piensan unirse a ISIS (@ThinkAgain_DOS) tiene menos de 22.000 seguidores. En un día normal, uno de sus tweets puede conseguir que cinco personas lo retuiteen. Con esos datos de interacción, comparándolos con los miles de usuarios simpatizantes de ISIS activos 24 horas al día y en ebullición continua, los intentos de occidente son vistos como un chiste malo de Monty Python buscando desesperadamente a un terrorista oculto entre un centenar de personas asistentes a una boda o entre los caballeros de la mesa cuadrada.

Dinero público para hacer la yihad

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El objetivo de los terrorista de Fraternidad Musulmana, el grupo desarticulado por la Audiencia Nacional en la Operación Caronte,  era hacerse pasar por una asociación cultural, pedir subvenciones públicas y hacer colectas en las mezquitas. Y con esa excusa, sufragar sus ataques en suelo español y sus contactos con grupos radicales como el Estado Islámico.

Sobre el papel, el grupo Fraternidad Islámica debía tener la forma de una asociación cultural: la cara amable de un movimiento educativo relacionado con el islam. Con esta coartada, sus miembros podrían hacer colectas, recabar dinero y solicitar subvenciones. Podrían pasar por las mezquitas sin levantar sospechas y recabar fondos. Unos fondos que -según la Audiencia Nacional- servirían en realidad para sufragar atentados yihadistas en España y para facilitar captación de musulmanes dispuestos a combatir con el Estado Islámico en Siria.

La estrategia no es nueva. El lobo con piel de cordero. Según la Audiencia Nacional, un engaño similar fue utilizado durante años por los satélites del Movimiento de Liberación Nacional Vasco para financiar la banda terrorista ETA. Pero ahora, el quiebro legal está en manos de los yihadistas. “Al entrar en el vehículo, Antonio Sáez [considerado el líder de la célula] nos dice que lleva unos días dándole vueltas a algo interesante. Nos dice que el grupo conocido como Fraternidad Islámica va a dejar de existir, que debemos dejar de hablar de ese grupo. Nos explica que ha pensado crear una organización pantalla, una asociación cultural para el pueblo palestino o por la causa árabe, aun sin definir”. Quien así lo explica en sus informes es el agente Astor 385, un infiltrado que bajo el mandato de la Audiencia Nacional y con la cobertura del Centro Nacional de Inteligencia, entró en contacto con los presuntos terroristas oculto bajo una identidad operativa: el nombre falso de Josep Traoré.

“Su idea es crear una asociación cultural, legal para que así se pueda autofinanciar el grupo, pedir dinero por las mezquitas en nombre de esa organización establecer contactos con Palestina e incluso tener contacto con Hamás o Al-Fatah. Nos remarca que es algo legal pero que conlleva de fondo una actividad ilícita clandestina. Nos dice que el lunes mismo irá al Ayuntamiento de Sabadell a pedir información para poder crear la asociación cultural. Otro de los objetivos de la asociación es poder establecer vías de entrada para poder ir a países en conflicto armado”, explica el agente.

Desde su entrada en octubre de 2014, el topo policial diseccionó la red bajo la coartada de su pasión por Alá. Y colocó a la cabeza de Fraternidad Islámica a Antonio Sáez Martínez, un español converso que trabajaba en una peluquería de Terrassa. La Románica -que así se llamaba el local- se convirtió en uno de los centros de reunión de la célula. Las alertas saltaron varios meses antes, cuando los agentes de la Comisaría General d’Informació de los Mossos d’Esquadra detectaron que la llegada de otro miembro de este colectivo a Siria. “Nos han confiscado los teléfonos móviles para que los aviones aliados no puedan interceptarnos”, explicaba Abdellatif Chahmout a su mujer en una llamada interceptada por la Policía. Fue la única que hizo desde el frente y tuvo que viajar varios kilómetros desde su posición para hacerla.

Manual para reclutas

Ante el riesgo evidente de atentado, los agentes trasladaron la causa a la Audiencia Nacional. Así nació en julio de 2014 la Operación Caronte, que se saldó el pasado mes de abril con 11 detenidos. Un mes antes de lanzar la operación, la policía logró captar a un testigo protegido. Un marroquí residente en Terrassa que confirmó los planes de Fraternidad Islámica. Por un lado, una pequeña facción de sus miembros pensaba viajar a Siria para unirse al Estado Islámico. Por otro, el resto del grupo preparaba atentados en suelo español. Sinagogas, sucursales bancarias, hoteles turísticos y comisarías de policía eran sus principales objetivos. Ya habían comenzado los seguimientos a los objetivos más suculentos.

El testigo protegido alertó además de la existencia de dos menores entre los miembros de la célula: un joven brasileño detenido ahora en Bulgaria y Omar Borche Zelaya, conocido como Omar El Paraguayo y que con sus 17 años ha quedado bajo la custodia de la Fiscalía Central de Menores de la Audiencia Nacional. En un primer momento, los informes policiales explican que las armas para los ataques serían suministradas por terroristas chechenos. Tras meses de investigación, es detenido sin embargo un nuevo ciudadano español, Diego José Frías Álvarez, relacionado con un grupo de extrema derecha y que guardaba en su vivienda un auténtico arsenal con granadas incluidas.

Los informes policiales colocan como líder operativo de Fraternidad Islámica al español Antonio Sáez. Y explican cómo este granadino converso creó un manual para facilitar la captación de nuevos mártires. Las pruebas fueron localizadas por los agentes tras analizar con detenimiento sus bolsas de basura. En una de ellas, de color amarillo y requisada en un contenedor bajo su vivienda, los Mossos encontraron varios manuscritos del ahora detenido. Según los peritos policiales, la letra es la misma que la de un panfleto localizado en casa de otro de los detenidos en Burlgaria, Taufik Mouhouch. Un manual de reclutamiento que explica su proceso de captación en tres fases: “la primera consiste en darnos a conocer. La segunda es la preparación, donde se selecciona a las personas adecuadas para llevar a cabo la Yihad. Y una tercera de cara a conseguir los objetivos. Sus medios son una fe profunda, una preparación perfecta y un trabajo continuado.[…] El islam es la solucción. Por eso hay que asimilar y tener presente: Corán, Verdad y Yihad”. El 13 de enero de este año, el agente encubierto informó de que la célula tenía también traducido el manual del yihadista elaborado por Al Qaeda. Y dos meses después, Sáez revela al infiltrado su idea de realizar explosivos utilizando cloraso de potasa, un componente común, por ejemplo, en las pastillas para el dolor de garganta.

Morir por Alá

El 15 de diciembre de 2014 -cuatro meses antes de las detenciones- fue otra de las fechas claves para la caída de Fraternidad Islámica. A las seis de la tarde de ese lunes Kaike Luan Ribeiro, otro de los menores captados el grupo, llegó junto a dos compañeros al último punto de su viaje: el checkpoint de Kapitan Andreevo, en la frontera que separa Bulgaria de Turquía. Con solo 17 años, el joven dejó atrás Terrassa, a sus padres -cristianos e impuros- y cambió su nombre por el de Hakim: Kaike era un joven sin arraigo, pero Hakim tenía por delante el paraíso, 72 vírgenes y el privilegio de morir por Alá. Según las pesquisas policiales, al otro lado de la frontera le esperaba una red de salafistas radicales para llevarle hasta el frente y unirse a la yihad .

El viaje de Kaike -brasileño de nacimiento y catalán de adopción- arrancó en silencio el pasado 26 de noviembre. Era su segundo intento de alcanzar la guerra. Y antes de dejar España, el joven preparó una carta de despedida. Un borrador manuscrito que la policía encontró hecho pedazos en su habitación de casa. “Nunca te olvidaré y siempre te amaré mi amor. La vida terrenal es corta y siempre estarás en mis súplicas. Perdona por no haber cumplido mi promesa [de casarme contigo] pero hay una causa mayor y lo sabes: la yihad”, le decía a su prometida. Aquella noche, el joven se subió junto con otros dos compañeros -un carpintero de 24 años y un camarero de 27- en un Peugeot 308 y, tras repostar en una gasolinera de Sabadell, puso rumbo a Siria. A su estela, un grupo de agentes siguió sus pasos por Francia, Italia, Eslovenia, Hungría, Rumanía y finalmente Burlgaria.

No eran los primeros. Ni tampoco los únicos que habían dejado rastro con sus ganas de morir por Alá, por muy jóvenes que fuera: “¿Sabes qué pasa? Que en países como Palestina no hay niños, hay hombres ya desde pequeños. Los ves con siete años hablando y tu dices: alabado sea Alá. Pasa como en la época del profeta porque ahora se ve como ‘uff, un niño de diez años’. Yo con diez años tenía la regla. Era una mujer. Y las niñas de los pueblos no se crían como las de las ciudades, que son tontas […] Ahora se tienen los niños tan protegidos que son tontos”, explica una de las investigadas en una conversación intervenida. En otra llamada, Khadija -con voluntad de unirse a la yihad en Palestina- relata su miedo por que su marido, tras luchar por Alá, vaya a un nivel del paraíso superior al suyo: “Yo quiero que mi marido haga las mismas cosas que yo, porque no quiero estar en diferentes rangos cuando lleguemos la paraíso”. “Si él se va al combate y se muere, por mucho que tú ayunes…”, le contesta su interlocutor, en referencia a los privilegios de morir por Alá. “A mí se me va la cabeza, ¿sabes? Me pillo mis cosas y me piro para Siria. Que le den por saco a todo el mundo. No digo ni adiós”, mantiene por teléfono Taofiq Mauhouch, otro de los detenidos en Bulgaria. Y lo hizo.

Antes de partir, él también dejó un mensaje manuscrito: “Cuando te llegue esta carta, a lo mejor ya no estoy aquí. Me habré marchado para Siria. Porque lo primero es Alá. Y segundo porque un amigo mío me ha dicho que la Policía está detrás de nosotros. Prefiero que si me detienen, que sea por la causa de Alá. Te pido perdón por todo. Quiero que sepas que lo que he sentido por ti no lo he sentido nunca por ninguna mujer […] Si Alá quiere, nos volveremos a ver. Y si no, que sea en el paraíso”.

Además, en EL ESPAÑOL:

Así se recluta a un yihadista en España

Las autoridades desmantelaron en abril una célula yihadista cuyo epicentro estaba en Ca N’Anglada, un barrio deprimido de la ciudad de Terrassa. Sus habitantes describen aquí las claves del grupo, cuyos miembros fueron detenidos en Bulgaria antes de unirse al grupo Estado Islámico. 

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Las autoridades desmantelaron en abril una célula yihadista cuyo epicentro estaba en Ca N’Anglada, un barrio deprimido de la ciudad de Terrassa. Sus habitantes describen aquí las claves del grupo, cuyos miembros fueron detenidos en Bulgaria antes de unirse al grupo Estado Islámico


El coche fue interceptado el 16 de diciembre en el check-point de Kapitan Andreevo, en la frontera entre Turquía y Bulgaria. Sus ocupantes se llamaban Taufik, Kaike y Mohamed y habían conducido 2.700 kilometros durante tres días.

Habían partido unos días antes de Ca N’Anglada, un barrio de las afueras de Terrassa (Barcelona). Atravesaron Francia, Italia, Eslovenia, Hungría y Rumanía. Su objetivo era unirse a las filas del grupo Estado Islámico en Siria, donde les esperaba Abdellatif Chahmout, un vecino que sí llegó. La policía búlgara impidió ese encuentro. Siguiendo las directrices de la Interpol, los tres fueron arrestados justo antes de entrar en Turquía. Un juez de Haskovo ordenó su extradición a España, donde ingresaron en prisión.

Aquellos tres yihadistas fueron los primeros encarcelados de la operación Caronte, que concluyó el 8 de abril con un balance de 14 detenciones y el desmantelamiento de la mayor célula terrorista desarticulada en Cataluña. Llevaba por nombre Fraternidad Islámica para la Predicación de la Yihad y casi todos sus integrantes residían en los barrios periféricos del extrarradio de Barcelona.

Entre sus miembros había un peluquero granadino, un camarero brasileño, un barcelonés en paro y un rapero de Tarragona. A ellos se suma un político neonazi catalán, que no formaba parte del clan pero les conseguía las armas.

No parece a priori el perfil de los integrantes de un grupo yihadista. Sin embargo, el auto del juez Santiago Pedraz asegura que casi todos ocupaban un rol destacado dentro de la estructura de la organización. Una información que revela la importancia que han cobrado los “nuevos musulmanes” en el terrorismo islámico.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

1. El adolescente brasileño.

El primer converso detenido se llama Kaike Luan Ribeiro Guimaraes y responde a un perfil de nuevo yihadista: extranjero, de raíces no musulmanas y marcado por el desarraigo. No procede de ningún país árabe sino de Formosa, un pequeño pueblo próximo a Goiás, Brasil. Tiene 18 años y lleva un par de años viviendo en España.

De familia muy humilde, fue educado en la fe cristiana evangelista y su bagaje laboral se limita a unos meses ejerciendo como camarero. En su entorno no hay consenso acerca de los motivos que le llevaron a cambiar de religión.”Sólo iba a la mezquita a rezar”, explica su hermana al diario digital InfoTalQual. “No es un terrorista sino una buena persona que encontró su fe en el islam”.

Otros apuntan que la conversión de Kaike podría responder a razones económicas. Es el caso de Amin Baghar, presidente de la Asociación Cultural Musulmana de Terrassa, que dice que los captadores se aprovechan de la crisis, de la situación de desamparo y de la desesperación: “Identifican a los chavales más necesitados y les lavan el cerebro. Les ofrecen un sueldo alto por irse al frente. Hasta 2.000 o 3.000 euros mensuales en algunos casos. Cantidades que son muy difíciles de rechazar. Se lo plantean como unas vacaciones pagadas. El problema es de la yihad uno no vuelve, y eso es lo que no cuentan”.

Baghar recuerda el día en el que Kaike abrazó el islam: “Acudí a su ceremonia de conversión en la mezquita de Terrassa. Fue un día feliz y todos lo veíamos muy seguro de su decisión. Pero entonces le advertimos de que los conversos son una presa fácil para los quienes captan adeptos para el salafismo”.

La premonición acabó por cumplirse y Kaike tardó sólo unos meses en convencerse de que su futuro pasaba por unirse a la yihad.

Los jóvenes del barrio no se creen la hipótesis económica. Un chico marroquí de 18 años, vecino de los detenidos, opina que “son personas que vivieron una mala vida y encontraron refugio en la religión. No hay más”. Además, considera irreal la presunta contraprestación económica. Dice sin rubor que “por 3.000 euros al mes me iba yo a pelear a Siria y eso que soy ateo”.

El joven no quiere dar su nombre por miedo a posibles consecuencias. “No quiero que se me relacione con este asunto por dar una opinión. En el barrio tenemos la impresión de que, por poco que hagamos o digamos nos van a meter en la cárcel. Una foto de Facebook ya te puede meter en problemas”, susurra. Esta sensación de caza de brujas flota cada vez con más intensidad en las calles del vecindario. “Hasta los niños musulmanes esquivan estos temas en público. En sus casas les ordenan que eviten hablar de estas cuestiones en la calle para no levantar sospechas infundadas”, explica la monitora de un centro cívico con mayoría de niños magrebíes.

Amin Baghar dice conocer a todos los miembros de la célula y está seguro de que algunos no tienen nada que ver con lo que les imputan: “Yo pienso en Reda [uno de los últimos detenidos, acusado de ser uno de los bastiones ideológicos del grupo] y no creo que esté implicado. En la mezquita todo el mundo se conoce. Al final intuyes quién puede y quién no puede formar parte de una cosa así. Conocemos incluso a los policías infiltrados. Los saludamos sin ningún problema”.

Baghar asegura detestar el fenómeno del yihadismo. “Aunque los radicales sean una minoría, sus acciones están salpicando a todos los musulmanes”, dice. “Ahora estamos todos en el mismo saco que esa minoría. Yo estuve trabajando hace poco en Francia y mis compañeros simulaban explotar cuando me acercaba. Puedes tomártelo con humor una o dos veces pero al final resulta inaguantable y te tienes que cabrear. Todo esto es lo que provoca el terrorismo. Violencia que engendra violencia”.

En Brasil deslizan otra posibilidad acerca de las razones que llevaron al joven Kaike a cambiar de religión. En Formosa, su pueblo natal, un policía amigo de la familia declaraba a la cadena Globo que Kaike entró en el Islam “porque estaba enamorado de una chica marroquí, según nos dijo su madre”. Pero también hay quien piensa que Kaike no era más que un infiltrado que dinamitó la célula desde dentro. Su pasado como cristiano militante ha disparado los rumores entre algunos musulmanes de planteamientos radicales. No lo dicen, y mucho menos en público. Pero lo escriben. Una pintada próxima a la mezquita de Terrassa refleja este pensamiento: “Kaike is cristiano”.

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Sea como fuere, Kaike se rebautizó como Hakim y empezó a relacionarse con miembros de Fraternidad Islámica. Aunque censado en la localidad vecina de Monistrol de Montserrat, pasaba la mayor parte del tiempo en Terrassa, en el piso ocupado en el que malvivía Taufik. Aquel ático se convirtió en el escenario de muchas de las reuniones de la célula. Kaike se imbuyó allí del salafismo radical, viendo algunos vídeos de decapitaciones y de niños de diez años ejecutando a “infieles”.

Al final Kaike dio el paso. Engañó a sus padres diciendo que se marchaba de viaje de fin de curso a Mallorca y emprendió la frustrada travesía a Siria de la mano de Taufik y Mohamed, el último miembro de la terna.

Sus conocidos aseguran que se trata de una persona con profundas convicciones religiosas. Cuando compareció ante el juez búlgaro que ordenó su extradición, recitó versículos del Corán a la espera de las preguntas del magistrado, según explica el diario búlgaro Dneven Trud. Su hermano también fue detenido en la segunda parte de la operación, aunque luego fue puesto en libertad.

2. A la entrada de la mezquita.

Rashid Alí es el director de InfoTalQual, un periódico digital de Terrassa que presta especial atención a las noticias relevantes para la comunidad árabe en Cataluña.

Alí es marroquí pero reside en Terrassa desde hace 15 años y asegura que la radicalización de Kaike (y del resto de miembros de la célula) no tiene sus raíces en internet sino en los corrillos que se forman a la salida del rezo, en la plaza frente a la mezquita de Terrassa.

Allí actúan los captadores salafistas. Se trata de musulmanes que se rigen por la ley islámica radical y que consideran impío a quien no la obedece. Defienden el regreso al Islam más puro, más primitivo. Imitan a Mahoma hasta en sus hábitos de comida o vestimenta. Sostienen que el Corán no está sujeto a interpretaciones, por lo que deben obedecer el texto al pie de la letra. Son violentos, odian a los occidentales y no dudan en menospreciar a los musulmanes moderados.

La tarea de los más radicales consiste en lograr adeptos para su causa. Personas que estén dispuestas a enrolarse en la yihad, unirse al frente sirio, atentar contra los cristianos o decapitar impuros. “Dentro de la mezquita no tienen poder. De hecho, consideran que el imán es un impuro porque no se somete a la ley islámica. Lanzan el cebo en la puerta del templo y no les resulta difícil encontrar a algún incomprendido dispuesto a escucharlos”, sostiene Alí.

No es la versión de Taufik Cheddadi, antiguo imán de Terrassa, que apuesta por internet como puerta de entrada al terrorismo. Chedaddi, que también es sociólogo e Islamólogo, expone que en la red “hay más intimidad y mucha más información”.

“También tendríamos que valorar otra cuestión”, explica Cheddali. “¿A quién pertenecen estas páginas? Canadá, Francia, Estados Unidos son los responsables de que estos contenidos estén en la web. Internet se convierte en el principal escenario para captar a estos jóvenes desarraigados y descontentos. En la mezquita seguro que no se radicalizan. Precisamente la mezquita es garantía de lo contrario: de control y convivencia. Lo que hagan en la puerta de la mezquita ya está fuera de nuestro control. Pero tampoco podríamos identificar a estas personas. No llevan escrito en la frente buen musulmán o mal musulmán”.

La radicalización del individuo puede tener varios orígenes. Pero si algo tienen en común casi todos los detenidos de esta operación es su lugar de residencia. El periodista Rashid Alí ha seguido el caso en detalle y no le sorprende que la mitad de los detenidos residan o hagan vida en un mismo barrio: Ca N’Anglada.

“La mayor parte de los magrebíes de esta zona vive virtualmente en los países árabes”, dice Alí. “Levantas la mirada por cualquier calle y lo único que ves son antenas parabólicas. La gente sintoniza Al-Yazira hasta para ver el fútbol que dan en abierto por TVE. Apenas les interesa lo que pasa aquí. No tienen demasiados alicientes. ¿Qué importancia tienen los musulmanes en los medios españoles? Interesan sólo cuando hay un caso de terrorismo. Los políticos lo saben pero no hacen nada por solucionarlo. No existe un proyecto de integración, por muchas conferencias que programen desde los partidos”.

3. Un gueto en la periferia.

La realidad que describe Alí ha convertido a Ca N’Anglada en el caldo de cultivo ideal para el desarrollo del terrorismo islámico. Este barrio periférico de Terrassa se convirtió hace 20 años en el epicentro musulmán de la ciudad.

En los años 90, el boom de la construcción revalorizó los barrios de nuevo cuño y devaluó la vieja Ca N’Anglada. Los precios de aquellos viejos caserones y pisos protegidos de la época franquista mantuvieron un precio más razonable que el resto de inmuebles de la localidad. Eran pisos baratos que acogieron a nuevos vecinos con poco poder adquisitivo, en su mayoría inmigrantes del norte de Marruecos, de Tánger o Tetuán. Personas de un carácter mucho más hermético y reservado que sus compatriotas de Casablanca o Rabat.

El efecto llamada hizo el resto y Ca N’Anglada se acabó convirtiendo en una especie de gueto. Una versión española de las banlieu francesas: barrios periféricos de las grandes ciudades en los que la pobreza y la escasez de oportunidades acaban deviniendo en un embrión de la violencia. Hoy los 13.000 marroquíes censados conforman el 6,07% del padrón de una ciudad de 200.000 habitantes. Pero la gran mayoría vive concentrada en este distrito que conoció su máximo esplendor en los años 70 y 80 como eje comercial de la deprimida zona oriental de la ciudad.

Si Terrassa pasa por ser un suburbio de Barcelona, Ca N’Anglada es el suburbio del suburbio. Una zona ubicada a las afueras de la ciudad, sin industrias ni servicios ni futuro. En las paredes de las plazas hay pintadas que exaltan a dos jóvenes pùgiles magrebíes que encontraron en el boxeo su plan de fuga y ahora se ganan la vida como profesionales. Ambos se han convertido en ídolos de una nueva generación que se apunta en masa a los gimnasios para emularlos.

“Las salidas de los chicos pasan por la violencia, el boxeo o la yihad”, explica Aziz, un vecino magrebí que lleva casi 20 años en el barrio. Dice sentirse preocupado por la deriva radical que han emprendido algunos de sus jóvenes compatriotas aunque cree que “estos problemas han llegado de la mano de la crisis”.

No se refiere sólo a la mala situación económica sino a lo que llama “una crisis de valores” y dice que “son chavales desarraigados, sin valores ni sentimiento de pertenencia”. Es algo que corrobora Jamal, un magrebí de 18 años que reside en el barrio desde su infancia: “Yo aquí no soy más que un moro. Pero bajo a Marruecos y mis primos me ven como un europeo estirado. Y cuando subo a Francia o a Bélgica, soy un español más”.

La importancia del desarraigo la comparte el imán Taufik Cheddadi: al abordar las noticias de las detenciones prefiere no personalizar “porque no es una cuestión de nombres”. Tiene una teoría elaborada:”“El morbo vende. Debemos hacer un análisis mucho más profundo. ¿En qué hemos fallado para que nuestros hijos, algunos de los cuales no saben ni hablar árabe, se vean inmersos en este tipo de problemas? Muchos fracasan en la escuela, se meten en las drogas, no van a la mezquita. Es más un problema de desarraigo, de identidad. No saben de dónde son y se convierten en personas a merced de los manipuladores”.

Cheddadi recuerda que siempre ha habido musulmanes en España y nunca hubo problemas de terrorismo. “Entre los años 50 y los años 70, muchos árabes contribuyeron a reconstruir el continente”, explica. “Ahora Europa se ha convertido en un exportador de terroristas. Lo que debemos analizar es qué problema tenemos en Europa. No si el islam es bueno o malo”.

El imam aboga por afrontar la religión islámica “como lo que es: parte de la historia de España aunque algunos no quieran verlo. Se tiende a relatar la historia del país sobre el pasado griego, romano y judeocristiano. Pero el Islam ha estado presente aquí durante muchos siglos en de forma mayoritaria. Si aprendemos a integrar este concepto en la enseñanza de los más pequeños, estaremos dando el primer paso para lograr evitar exclusiones y discriminaciones injustas”.

4. Rumbo a Siria.

La sensación de exclusión lleva a menudo a buscar la aceptación en una comunidad que les abra los brazos. “El Estado Islámico les ofrece una bandera, unos ideales, un concepto de hermandad utópico, y el único requisito exigido es abrazar el salafismo y morir por esos ideales corrompidos”, resume Baghar.

El desarraigo, la pobreza y la falta de oportunidades acaban sumiendo a los más jóvenes en situación difícil de mantener. Ahí es donde entra en juego la yihad.

El grupo Estado Islámico se ha convertido en un polo de atracción. Cualquier individuo puede pasar de sentirse un cero a la izquierda a considerarse imprescindible. Ni siquiera es necesario hablar árabe: “La estrategia de captación de Estado Islámico se basa en el concepto de las brigadas internacionales de la Guerra Civil española”, dice Alí. “Proponen un ejército conformado por soldados de todos los países. Comunicarse tampoco es difícil porque siempre los voluntarios siempre pueden encontrar a alguien que proceda de su país y les haga mucho más llevadero el proceso de integración”.

Según Alí, los estímulos que llegan a través de las redes sociales construyen una imagen del Estado Islámico casi irresistible: “Cuelgan fotos de muyahidines con grandes coches y armas, con poder. No descartan a nadie. No importa que te postules como soldado, como suicida o como trabajador. Siempre hay algo por hacer en un estado en construcción”.

Las motivaciones para unirse a una célula terrorista no son siempre las mismas.

En torno a Kaike se barajan hipótesis relacionadas con la religión, el dinero, el amor e incluso la traición.

Quienes conocen a Taufik tienen menos dudas: “Lo que buscaba era legitimar su violencia. Se trata de una persona violenta, con muchos problemas de adaptación y poca suerte en la vida”, señala Alí, que recuerda que Taufik tenía antecedentes por robo y narcotráfico. “Había pasado un tiempo en prisión. Delinquía y siempre se metía en líos. Llegó Estado Islámico y le ofreció irse a Siria a cortar cabezas y cobrar por ello. Aquello le convertiría en un héroe. Le estaban prometiendo una recompensa por hacer todo lo que aquí en España le suponía una condena. El dinero se acaba gastando. Ganar una reputación y encontrar tu lugar en el mundo son conceptos mucho más duraderos”.

Taufik se convirtió en uno de los elementos con más peso en la célula. Su carisma, su arrojo y sus planteamientos radicales le convirtieron enseguida en una de las voces más respetadas del círculo.

Que en el coche interceptado en Bulgaria viajaran tres personas fue una casualidad. Estaba previsto que con ellos viajase un cuarto miembro de la célula que al final no pudo unirse a la expedición.

El magistrado que instruye la causa explica que Said Touay, otro de los detenidos residentes en Ca N’Anglada, había manifestado su intención de enrolarse en Estado Islámico. “Tenía intención de partir con su familia o de atentar en España si no conseguía marcharse”, explica en su auto. La imposibilidad de llevarse a los suyos le llevó a permanecer en España y a seguir acudiendo a las reuniones del grupo.

“Con la marcha de Taufik, Kaike y Mohamed, su peso específico en la célula aumentó”, dice el auto del magistrado, que añade que “hacía proselitismo, justificaba el terrorismo y veía vídeos de acciones violentas, ejecuciones y canciones yihadistas de Estado Islámico”.

5. El peluquero y el neonazi.

Estas sesiones de exposición intensiva a discursos terroristas se desarrollaban sobre todo en el domicilio del cabecilla del grupo. Antonio Sáez es un peluquero granadino que reside en Sabadell y que encontró en el islam el refugio a una vida de excesos.

Se casó con una marroquí, se rebautizó como Alí, abandonó su adicción al alcohol y se entregó en cuerpo y alma al integrismo islámico.

Nadie en su barrio podía sospechar de sus actividades. “Se hizo musulmán, se dejó barba, sí, pero era un ciudadano ejemplar. Ayudaba a todo el mundo. Nadie podrá decirte una mala palabra de Antonio en este barrio”, resume Manuel, uno de sus vecinos. A pesar de las apariencias y de que “siempre saludaba”, Antonio fue el fundador de la célula terrorista y el alma del grupo.

El terrorismo procura extraños compañeros de viaje. En la peluquería que regentaba, el granadino conoció a Diego José Frías, un neonazi que lideró las listas electorales de dos partidos de extrema derecha: Movimiento Social Republicano (MSR) y España 2000. El odio a los judíos los unió, según explica el auto del juez.

Frías tenía afición por las armas y eso le convirtió en la persona encargada de conseguir el arsenal. Ambos planeaban atentar contra una librería judía de Barcelona y contra una sinagoga.

Pocos en Sant Quirze, donde vivía Frías, pueden creer que aquel joven xenófobo haya acabado en prisión por colaborar con la yihad. “No doy crédito; nunca hubiese imaginado que se relacionase con moros y mucho menos que planease atentar con ellos”, explica Xavier, un joven vecino de la urbanización en la que residía Frías. Lo define como “un tipo con las ideas claras que no escondía sus ideas racistas y sus planteamientos contrarios a la inmigración” aunque “creo que para todo su entorno ha resultado una sorpresa”.

No es la única sorpresa que entraña este caso. La última la han protagonizado las fuerzas policiales. Los Mossos d’Esquadra denunciaron recientemente que miembros de Policía Nacional alertaron a los miembros de esta célula yihadista del seguimiento que se les estaba realizando.

Este presunto chivatazo motivó que los integrantes de Fraternidad Islámica se pusiesen en guardia y modificasen sus planes iniciales. El conseller de Interior de la Generalitat, Ramon Espadaler, aseguró que los miembros de la célula se enteraron en noviembre de que les estaban investigando. Un soplo que según el conseller puso en peligro la operación y la integridad del agente de los Mossos que se hallaba infiltrado en el grupo.

Espadaler aseguró que los terroristas, al verse detectados, precipitaron su marcha a Siria por lo que hubo que alertar a la policía búlgara de que los interceptara antes de que entraran en las filas de Estado Islámico.

La alianza entre fundamentalistas islámicos y ultraderechistas es uno de los argumentos que esgrimen los expertos para eximir a la religión de ser la causa de la radicalización.

“Mezclar terrorismo yihadista e islam es propio de imbéciles”, dice José María Gil Garre, director del departamento de Estudios contra el Terrorismo del Instituto de Seguridad Global. “Es como si confundiéramos el terrorismo de las milicias cristianas de la República Centroafricana con la religión cristiana o a los grupos budistas que despellejan vivos a los musulmanes en Birmania con el hecho religioso budista”.

Gil Garre sostiene que los detenidos no han experimentado una conversión religiosa sino ideológica. “El terrorismo yihadista es una ideología que se apoya en unos argumentos muy definidos y en textos e interpretaciones del hecho religioso islámico”, dice. “El terrorismo yihadista es una basura ideológica y pseudoreligiosa. Retuerce el único libro en el que dicen creer, el Corán, hasta hacer que determinados textos signifiquen y digan lo que en realidad no significan ni dicen”.

Esta visión retorcida es la que se está llevando a más jóvenes al Estado Islámico. El Ministerio del Interior cifra en 60 el número de españoles que se hallan en los territorios ocupados por el grupo. La mayoría están en Raqqa la ciudad más importante de la región.

Entre ellos se encuentra Abdellatif Chahmout, el único vecino de Ca N’Anglada del que se tiene constancia que se haya unido a los terroristas. Llegó a Raqqa con escala en Alemania y no encontró ningún impedimento en su camino. El billete se lo pagó Lahcen Zamzani, otro de los detenidos en la operación Caronte.

No sólo le abonó aquel pasaje. También le dio las pistas para llegar mediante un itinerario seguro: haciendo escala en alguna ciudad alemana. El país cuenta con el mayor número de ciudadanos turcos de la Unión Europea y la conexión aérea con Turquía (paso previo a la entrada a Siria) es más habitual y fluida que en otros países. Los controles son mucho menos férreos. Abdellatif hizo escala en Dusseldorf y no encontró ningún obstáculo para alcanzar territorio sirio.

“De todos modos, antes casi todos los caminos eran seguros”, dice el periodista Rachid Alí. “Los españoles que se han unido a Estado Islámico llegaron a Siria entre 2012 y 2014. Durante ese intervalo, el control de las fronteras era nulo. Los gobiernos occidentales eran conscientes de que había gente que se marchaba a combatir con los radicales, pero a nadie interesó frenar ese fenómeno. Entonces el enemigo era el presidente Bashar al Asad e interesaba tener a gente peleando contra él. Ahora las cosas han cambiado”.

Los españoles que se unieron al Estado Islámico antes de que se endureciesen los controles fronterizos empiezan a echar raíces en su nueva patria. Hasta el punto de que el pasado mes de abril nació el primer español en territorio ocupado por el grupo. Se trata del primogénito de Kokito Castillejos y Assia Ahmed.

Casillejos es un informático de Ceuta que se unió a la yihad en 2013 y que ahora pasa por ser uno de los miembros más sanguinarios del ISIS: se ha hecho célebre en la red por fotografiarse con las cabezas de los enemigos a los que él mismo decapita. Ella es una ceutí que se marchó siguiendo sus pasos, logró atravesar la frontera siria y se unió a él en matrimonio. Ahora Assia ha dado a luz a un niño en Siria, según dice José María Gil Garre, director del Instituto de Seguridad Global.

El periodista Rachid Alí cree que España volverá a sufrir el impacto del terrorismo islámico. Entre otras cosas porque el problema ya no es un coto exclusivo de inmigrantes árabes. Cada vez más españoles caen las redes del terrorismo islámico.  Es una guerra hipodérmica que discurre por debajo de la piel y que cada vez resulta más difícil de identificar.

En campaña en el café de Alí

E1 Restaurant-Cafe Horizontal

Ni conservadores ni laboristas prestan atención a los musulmanes británicos. Y sin embargo este jueves su voto puede ser decisivo. Les preocupan menos los problemas globales que la Sanidad o la vivienda. Así lo explican los clientes de este local minúsculo de uno de los barrios más musulmanes de Londres. 

Reportaje gráfico: Miguel Ángel Fonta

Ni conservadores ni laboristas prestan atención a los musulmanes británicos. Y sin embargo este jueves su voto puede ser decisivo. Les preocupan menos los problemas globales que la Sanidad o la vivienda. Así lo explican los clientes de este local minúsculo, situado en uno de los barrios más musulmanes de Londres. 


Al verme entrar por la puerta, Alí desconfía. “¿Esto lo va a leer el gobierno?”, me pregunta cuando le digo que soy periodista.

Alí lleva tres años trabajando en E1, un café restaurante situado a pocos minutos de la estación de metro de Whitechapel. El café, junto con sus dos sucursales en Bangladés, es propiedad de un pariente de Alí. Pero es él quien se ocupa casi siempre del negocio familiar.

“A veces estoy seis meses aquí y seis meses en Bangladesh”, me dice. Ahora lleva siete meses seguidos en este distrito del municipio londinense de Tower Hamlets cuya fama reside en ser el barrio donde cometió muchos de sus crímenes Jack El Destripador.

De los residentes de Tower Hamlets, el 34.5% son musulmanes. La mayoría proceden de Bangladés.

Musulmanes como Alí podrían decidir el resultado de 23 circunscripciones en las elecciones que se celebran este jueves en el Reino Unido. Así lo indican las cifras del Consejo Musulmán del Reino Unido, que advierten que la abstención de los musulmanes ha sido siempre más alta que la del resto de la población. Según datos de Ipsos Mori, el 53% de los musulmanes británicos no votó en las elecciones generales de 2010. Esta vez nadie sabe cuántos irán a las urnas.

Entre Londres y Bangladés

E1 es un café pequeño y un poco oscuro. Se nota que le faltan un par de ventanas. Pero el buen humor de quien lo regenta le da un aire tranquilo y acogedor. Alí es el cocinero pero a menudo se ocupa de servir el café. Abre a las nueve y media de la mañana y echa el cierre a las diez de la noche. Los domingos descansa. “El jefe no tiene dinero para contratar a alguien más y a mí no me importa ayudarle”, explica. “Somos una comunidad muy unida”.

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Musulmanes en el barrio de Whitechapel. / REPORTAJE GRÁFICO: MIGUEL Á. FONTA

De la población bangladesí en el Reino Unido, alrededor del 40% reside en esta zona del este de Londres. Los primeros inmigrantes vinieron a Londres en el siglo XVII. Pero la mayoría llegó aquí después de 1971, cuando se creó el estado de Bangladés.

Los inmigrantes de ese país son una de las minorías más desfavorecidas del Reino Unido. Según el Race Relations Institute, tres de cada cuatro niños de siete años de ese origen vivían en 2010 por debajo del umbral de la pobreza y en uno de cada cuatro hogares no había una sola persona que tuviera empleo.

“Aquí la situación es difícil”, dice Alí. “A los políticos les damos igual. Somos clase trabajadora y una minoría”.

Alí no es el único que se siente distanciado de la clase política. El 29% de los musulmanes que se abstuvieron en 2010 lo hicieron “por desinterés” o “porque no le veían sentido”.

Es un problema que quiere solucionar MEND, una organización musulmana cuyo objetivo es fomentar la participación musulmana en la política. A principios de año, sus líderes llevaron a cabo una investigación cuyo objetivo era averiguar cuáles eran los asuntos que más preocupan al electorado islámico. El estudio culminó con la creación de un Muslim Manifesto: una especie de programa con las principales demandas de este sector de la población.

“Descubrimos que los asuntos que más preocupan a los musulmanes son la creciente islamofobia, los derechos humanos, la falta del trabajo, las medidas antiterroristas y la política exterior del Gobierno inglés”, explica Azad Alí, uno de los líderes de MEND durante una entrevista que tiene lugar en las oficinas de la organización.

Un nido extremista

Algunas voces desconfían del mensaje de MEND. Este artículo del Telegraph dice que la organización es “una fachada para que individuos con opiniones extremistas obtengan influencia política” y acusa a Azad Alí de ser un “extremista” islámico. “La gente que dice estas cosas es la misma que está intentando aislar a la comunidad musulmana con el fin de evitar su participación en la política de Reino Unido”, dice el responsable de la organización.

“Los medios representan a los musulmanes de una forma muy negativa y eso contribuye a la islamofobia”, dice Azad Alí. “En 2010 se descubrió que unos extremistas estaban preparando un atentado contra el Papa y ciertos medios publicaron portadas con titulares proclamando ‘Musulmanes planean matar al Papa’. Nunca hubiesen escrito una portada como ésa sobre ninguna otra religión. Lo único que ha logrado la legislación antiterrorista del Gobierno es contribuir a este ambiente de desconfianza y hostilidad”.

No es la primera vez que surge la polémica al hilo de la legislación antiterrorista. La estrategia Prevent, introducida por primera vez después de los ataques del 11 de septiembre, recibió fuertes críticas de académicos, periodistas y defensores de derechos humanos. La Comisión de Igualdad y Derechos Humanos publicó un informe en 2011 criticando el impacto que esas medidas tenían sobre la comunidad. Muchos jóvenes musulmanes sólo tenían contacto con la policía cuando les paraban por la calle o en el aeropuerto para una inspección.

“Claro que me han parado en el aeropuerto”, dice uno de los clientes de Alí que prefiere no decir su nombre. “Me detuvieron sin darme ninguna razón. Me preguntaron cuántas horas rezaba y me dijeron si iba a la mezquita y si era musulmán”.

En febrero de este año, el Gobierno británico aprobó una nueva legislación antiterrorista cuyo objetivo es “combatir la amenaza del Estado Islámico (…) en el Reino Unido”, según palabras de la ministra Theresa May.

May afirmó en noviembre que se habían descubierto unos 40 complots terroristas desde los ataques del 7 de julio de 2005 y justificó las nuevas medidas diciendo que más de 500 británicos se habían enrolado en las filas yihadistas en Siria e Irak.

Espías en las aulas

Entre los puntos más polémicos de la legislación está la obligación de que colegios, universidades, mezquitas y hospitales colaboren con las autoridades para prevenir el radicalismo. Más de 520 profesores de universidad han firmado una carta protestando contra lo que consideran una amenaza a la libertad de cátedra.

“El Gobierno envía cartas a nuestras mezquitas y les pide que denuncien al Estado Islámico”, me dice el cliente del café de Alí que admite haber sido detenido en el aeropuerto. “Nadie mandó cartas a ninguna iglesia cuando el loco cristiano mató a toda aquella gente en Noruega. A los musulmanes nos tratan como a una comunidad sospechosa”. Le pregunto si se siente discriminado en su día a día y dice que no con la cabeza: “Aquí somos casi todos musulmanes. Somos una comunidad”.

Whitechapel Station

Un piso y una escuela

Al preguntarles por sus problemas, los clientes de Alí no mencionan la islamofobia ni la legislación antiterrorista. Tampoco la política exterior del Gobierno británico.

“Esos son asuntos globales”, dice el responsable del café. “Yo tengo cuatro hijos y vivo en una vivienda social que tiene dos habitaciones. Mi hija tiene 16 años y se está preparando el examen final de la Educación Secundaria. ¿Cómo va a sacar la nota necesaria cuando no tiene una habitación donde estudiar? Mi vida matrimonial se está viniendo abajo por la falta de espacio. Voy al dormitorio y hay cuatro personas. Voy al baño y hay cuatro personas. Se supone que tu casa es tu hogar y tu palacio. ¿Cómo se puede vivir así?”.

La vivienda es un problema que afecta a la mayoría de los musulmanes de este barrio. Según datos del Consejo Musulmán del Reino Unido, quienes vienen de Bangladés son los más proclives a ocupar viviendas sociales. En Tower Hamlets estas viviendas se adjudican según los ingresos y las necesidades de cada familia.

Es un asunto que también preocupa a Farzana, la profesora de inglés que se sienta ahora en el café. “Muchos de mis amigos tienen problemas con la vivienda”, dice. “Presentan solicitudes para obtener una vivienda social pero hay una lista de espera muy larga y ahora mismo no tienen donde vivir. Necesitamos que el Gobierno construya más casas”.

Muchos vecinos tienen otro problema: sus casas están demasiado lejos del colegio de sus hijos. “Ahora mismo las listas de espera para meter a un niño en un colegio de esta zona son de dos o tres años”, dice Ahmed. “Mi hermano viaja durante horas para llevar a sus hijos al colegio y luego tiene que ir a trabajar. Después tiene que ir a recogerlos y casi no duerme por las noches. Cientos de familias tienen el mismo problema”.

Whitechapel Market con The Royal London Hospital de fondo

Sin empleo ni ayudas 

La vivienda no es el único problema de los clientes del café de Alí. A Farzana le preocupan también los recortes sociales. “Cameron ha eliminado muchos empleos y ha reducido los gastos de la Sanidad pública. ¿Y de dónde sacan el dinero? De los inmigrantes. Desde abril quienes vengan a Reino Unido durante más de seis meses tendrán que pagar una tasa sanitaria de 200 libras al año”.

A Usman Alí, que trabaja en una ONG musulmana, le preocupa la educación. “Hasta hace cuatro años los jóvenes que venían de familias pobres podían pedir una ayuda para seguir estudiando. El Gobierno conservador eliminó en 2011 esa ayuda, que usaban el 80% de los jóvenes de Bangladés. También subió las tasas universitarias hasta las 9.000 libras. Una cantidad inalcanzable para muchos de los jóvenes del barrio”.

Mohamed, que estudia en la universidad, está de acuerdo: las nuevas tasas tienen un efecto negativo sobre la comunidad. “Muchos musulmanes no quieren pedir un préstamo con intereses por razones religiosas”, explica. “Tengo amigos que se niegan a pedir ese préstamo y no van a la universidad”.

“¿Ves lo que te digo?”, dice Alí mientras sirve a sus clientes. “No tengo tiempo para discutir sobre leyes antiterroristas o sobre política exterior. Quienes mueren en Irak o en Palestina me dan pena y lo siento por ellos. Pero ya tengo suficiente estrés. Nosotros somos personas normales y hablamos sobre lo que está pasando aquí”.

Dos hijos más

Le pregunto al responsable del café por quién votará este jueves y no lo tiene claro. “Me gusta el plan de vivienda que propone David Cameron”, sugiere. Este programa permitiría a quienes residen en viviendas sociales comprar su piso a un precio más bajo. Ese descuento en Londres rozaría las 100.000 libras. “Con este programa podría llegar a comprarme mi propia casa”, dice Alí ilusionado. “Pero no sé. No me fío”.

A Farzana, en cambio, le atrae el partido laborista. “Me gustan sus propuestas sobre educación y Sanidad. También han prometido construir más casas”. Lo que no le gusta es su líder Ed Miliband. “Tiene una cara rara”, dice entre risas. “No se parece mucho a un líder”.

Quienes desayunan en el café comparten las mismas aspiraciones del resto del electorado británico: una vivienda digna, una buena Sanidad y una educación para sus hijos. Quieren una vida mejor para ellos y para sus familias.

Alí me enseña orgulloso la foto de su mujer y de sus cuatro hijos: tres niñas y un niño de apenas seis años. “Mi hija mayor quiere ser profesora, mi otra hija quiere ser médico”, explica. “Los pequeños aún no lo saben”.

Y sin embargo le preocupa el futuro: “El Gobierno no construye suficientes viviendas sociales con cuatro habitaciones. Sólo hacen pisos con dos o tres”. A Alí le gustaría tener más niños y no le queda sitio. “¡Cuatro hijos son pocos!”, me dice entre risas. “¡Quiero tener al menos seis!”.

Baréin: la Fórmula de la sangre

Manifestaciones en Bahréin, 22 de febrero de 2011. © AI

De todas las revoluciones de la primavera árabe, la de Baréin es la más desconocida y olvidada. Tuvo su pico de atención informativa en 2011, pero luego cayó en el olvido. Se trata de un país minúsculo, difícil de situar en el mapa, sometido a un apagón informativo por parte del gobierno, y eclipsado mediáticamente por la violencia en Irak, Siria, Egipto o Yemen. Baréin solo vuelve a la actualidad con ocasión del Gran Premio de Fórmula 1, que se celebrará este fin de semana en una fabulosa pista en mitad del desierto. Y en estas fechas de lo último de lo que se habla es de la situación política. Lo que pasa en Baréin se queda fuera.

Manifestaciones en Bahréin, 22 de febrero de 2011. © AI
Manifestaciones en Bahréin, 22 de febrero de 2011. © AI

De todas las revoluciones de la primavera árabe, la de Baréin es la más desconocida y olvidada. Tuvo su pico de atención informativa en 2011, pero luego cayó en el olvido. Se trata de un país minúsculo, difícil de situar en el mapa, sometido a un apagón informativo por parte del gobierno, y eclipsado mediáticamente por la violencia en Irak, Siria, Egipto o Yemen. Baréin solo vuelve a la actualidad con ocasión del Gran Premio de Fórmula 1, que se celebrará este fin de semana en una fabulosa pista en mitad del desierto. Y en estas fechas de lo último de lo que se habla es de la situación política. Lo que pasa en Baréin se queda fuera.

Byron Young, corresponsal de Fórmula 1 en el Daily Mirror, explica en su cuenta de Twitter que ha recibido un correo electrónico del Gobierno recordándole que solo está autorizado a cubrir los eventos dentro del circuito. Para ejercer de periodista fuera del recinto deportivo, requiere del permiso especial de la Autoridad de Asuntos Informativos. En el dudoso caso de que se lo concedieran, iría escoltado por funcionarios del Ministerio del Interior.

¿A qué se debe tanto celo?¿Qué es lo que el Gobierno no quiere que veas? Las manifestaciones, las barricadas en las carreteras, los cócteles molotov, los gases lacrimógenos, las tanquetas antidisturbios apuntando a los pueblos chiíes, los torturados, los presos políticos hacinados en las cárceles.

Empecemos por el principio, empecemos por el mapa: Baréin es una isla del tamaño de Menorca situada en el Golfo Pérsico. Entre Catar y Arabia Saudí, con la que está conectada a través de una autopista de 25 kilómetros. Tiene fama de ser el país más liberal del Golfo, un título que en esta región hay que tomar con cierta cautela. No hay, como en la vecina Arabia, policía religiosa patrullando las calles ni ejecuciones públicas. Las mujeres están integradas en el mercado laboral. Aunque la presión social es grande, no hay ninguna ley que les obligue a vestir con niqab o hiyab. Aunque es un estado confesional, existe libertad de culto. El expatriado occidental puede hacer negocios con facilidad y hasta beber alcohol. En general, la vida es menos opresiva que en los países de su entorno. Hasta aquí la parte bonita que las empresas de relaciones públicas americanas contratadas por el gobierno cultivan con mimo en medios occidentales.

Baréin es un país de mayoría chií. Pero ha sido gobernado por la familia suní Al Jalifa desde el siglo XVIII, incluso durante la época colonial británica que finalizó en 1971. El Gobierno se vende a sí mismo como una monarquía parlamentaria. Pero lo cierto es que todo el poder emana de la familia real porque el Parlamento, elegido por sufragio universal, no posee capacidad legislativa. El primer ministro Jalifa bin Salman Al Jalifa es el tío del actual rey y gobierna el país desde hace más de 40 años, lo que le convierte en el gobernante en activo más longevo del mundo. Fue él quien compro por un dinar (al cambio unos dos euros y medio) los terrenos públicos en los que se construyó el complejo de rascacielos Bahrain Financial Harbour (BFH).

Una Gomorra infiel

La familia real funciona en la práctica como un empresario privilegiado. Posee numerosas inversiones en construcción, hoteles de lujo y explota la lucrativa venta de alcohol para el cual hay abundante público: la población expatriada occidental, los trabajadores asiáticos, los soldados estadounidenses de la Quinta Flota, algunos locales y los miles de saudíes que inundan el puente cada fin de semana con el ansia de libertad de un adolescente en viaje de fin de curso. En algún bar puede verse la insólita escena de soldados estadounidenses y ciudadanos saudíes charlando con prostitutas filipinas en la misma barra. Baréin es visto por los fundamentalistas del Golfo como una Gomorra infiel.

Casi toda la población vive concentrada en el tercio norte de la isla, mientras el resto del país es propiedad privada de la familia real o instalaciones militares. Como resultado, la sensación de chiringuito y rapiña familiar es asfixiante en un país minúsculo de un millón y medio de habitantes de los cuales la mitad son trabajadores extranjeros.

No hay un censo oficial sobre filiación religiosa desde los años 70, pero se calcula que entre el 60 y 70 por ciento de la población es chií. A pesar de ser mayoría, los seguidores de esta rama del Islam sufren discriminación laboral y de acceso a políticas sociales como la vivienda. Se trata de una discriminación oficiosa, sin base jurídica en el ordenamiento legal, que funciona como un tabú innombrable en medios oficiales. Pero los hechos no dejan lugar a dudas: los chiíes tienen vetado su acceso al Ejército y a la policía. En su lugar, el Gobierno contrata y concede la nacionalidad a policías suníes de otros países árabes: sirios, jordanos, yemeníes, egipcios y pakistaníes. Esta marginación de facto es una losa que lleva décadas alimentando la frustración de la población chií y envenenando la convivencia entre ambas comunidades.

Manifestaciones en Bahréin, 22 de febrero de 2011. © AI
Manifestaciones en Bahréin, 22 de febrero de 2011. © AI

En febrero de 2011, la ola de las revoluciones árabes encontró en Baréin el cultivo perfecto: al tradicional desencanto chií se unió el hartazgo de muchos suníes hacia la corrupción y el absolutismo del gobierno. Se produjo una acampada en la Plaza de la Perla, una rotonda hostil en un país sin plazas, coronada por una escultura de seis columnas rematada por una perla gigante. El nombre de la plaza tiene su explicación: antes del petróleo, la perla era la principal actividad económica del país.

Aquella acampada recibió el apoyo de casi todo el espectro político local: de islamistas moderados a izquierdistas laicos y partidos que incluyen a varias confesiones. Todos ellos con experiencia en la lucha política desde los años 70. Más allá de las posibles agendas ocultas de los diferentes partidos, fue un movimiento que trascendía las tradicionales reivindicaciones chiíes. El grito, moderado y masivamente compartido, era “queremos reformar la monarquía”. El blanco de las iras no era tanto el rey sino el primer ministro, el hombre con un dinar en el bolsillo.

Aquella revuelta fue especialmente inquietante para las monarquías del golfo, con Arabia Saudí a la cabeza. Era pacífica, tenía un enorme apoyo popular y fue capaz de articular, momentáneamente, un discurso integrador de chiíes y suníes. El 17 de febrero de 2011 la policía atacó el campamento y mató a cuatro personas, pero días después los manifestantes volvieron a tomar la plaza.

Una protesta aplastada por tanques saudíes

Cualquier posibilidad de acuerdo dialogado con la oposición fue aplastada cuando el 14 de marzo los tanques saudíes -y otras fuerzas del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG)- entraron a sangre y fuego en Baréin.

El símbolo de la protesta, el campamento de la Perla, fue arrasado. No fue suficiente: poco después se mandó derribar el monumento con la excusa de remodelar urbanísticamente la plaza que aún hoy, cuatro años después, sigue cerrada y cercada por el Ejército y la policía. La televisión nacional transmitió el derribo en directo pero hubo de interrumpir la emisión porque la perla gigante, al caer, mató a un operario.

Siguiendo con esta cruel e infantil destrucción de la memoria física, se retiraron de la circulación las monedas acuñadas con la estatua de la perla, que hoy se venden bajo cuerda en el zoco como reliquias históricas junto a billetes de Sadam Husein. El efecto logrado ha sido el contrario: la estatua de la perla se ha convertido en el símbolo de la resistencia y su efigie aparece dibujada en las paredes de los pueblos chiíes.

Empezaron las detenciones arbitrarias, las desapariciones, las torturas y la caza de brujas con campañas animando a denunciar a cualquier persona que hubiera participado en la acampada. Varios detenidos aparecieron en televisión pidiendo perdón en un bochornoso acto de contrición pública.

Nadie estaba a salvo. En plena paranoia represora, el Ejército saudí convirtió el principal hospital del país en objetivo militar. Impidió que los heridos fueran atendidos, dio palizas a conductores de ambulancia y encarceló a numerosos médicos, algunos suníes, que habían atendido a los heridos. Muchos siguen aún en la cárcel. El editor, librero y fundador del periódico Al Wasat, Abd al-Karim Fajrawi, acudió a comisaría a quejarse de la persecución a la que estaba siendo sometido un familiar. Lo torturaron hasta la muerte.

Presionado por sus socios occidentales y por el estado de shock en el que se encontraba el país, el Gobierno se vio obligado a establecer un Diálogo Nacional. Una comisión independiente elaboró un informe sobre violaciones de derechos humanos. El rey aceptó las conclusiones del informe y se comprometió a castigar a los culpables y poner cámaras en las instalaciones policiales para evitar la tortura.

Aquel movimiento prometedor sólo ha servido como lavado de imagen. Desde entonces, han surgido centros de detención clandestina y solo se han dictado un puñado de sentencias leves contra algunos agentes acusados de asesinato.

A una contrarrevolución no le basta con la violencia: necesita un relato. El Gobierno tuvo claro su mensaje: la revuelta había sido una conspiración sectaria de los chiíes, apoyada por Irán. Ahondar en la brecha sectaria se convirtió en la prioridad ideológica y en los meses posteriores a la revuelta, el Gobierno derribó unas 40 mezquitas chiíes. A día de hoy, muchos fieles todavía acuden a rezar al aire libre allí donde antes se levantaban los templos.

El rey, ¿un mal menor?

La estrategia del gobierno fue un éxito. Algunos suníes que habían apoyado las primeras manifestaciones empezaron ahora a cerrar filas en torno a lo que consideran el mal menor: “Mejor un rey corrupto que una revuelta chií que nos convertirá en una teocracia como Irán” es la coletilla frecuente utilizada por suníes descontentos pero leales al Régimen.

La profecía de odio sectario va camino de hacerse realidad gracias también a la coyuntura política de la región. Todo lo que sucede en los países vecinos tiende a leerse en clave sectaria: las matanzas de chiíes por parte del ISIS, las contraofensivas de las milicias chiíes en Irak, o los recientes bombardeos de la coalición liderada por Arabia Saudí contra los hutíes de Yemen. La narrativa de lucha sectaria se ha impuesto sobre la vieja dicotomía libertad-tiranía de la Primavera árabe. De alguna manera, los más beneficiados de este cambio de guión son los propios regímenes dictatoriales.

La campaña de represión ha radicalizado a parte de la oposición chií, cuya estrategia de lucha callejera incluye ahora esporádicos atentados mortales contra agentes de policía (3 muertos en el último año), vistos como mercenarios de una fuerza de ocupación extranjera. Las barricadas en la carretera con neumáticos ardiendo se repiten a diario alimentando una espiral infinita de acción-represión. El empleo indiscriminado de gas lacrimógeno ha costado la vida a varias personas (no hay datos fiables), algunas de las cuales estaban dentro de sus casas.

Fuera de los núcleos más conflictivos, gran parte de la población vive estos hechos con indiferencia y sin sufrir más molestia que algún ocasional atasco. Aunque el helicóptero de la policía y las columnas de humo sean parte del paisaje diario, no pude decirse, ni mucho menos, que los altercados callejeros hayan paralizado la vida normal del país. Para mucha gente, las barricadas es como vivir en un país en obras. Los suníes lo ven como un prueba más de la intolerancia chii, y la comunidad chii se divide entre quienes lo ven con simpatía y quienes consideran que es una estrategia dañina que, en última instancia, solo provoca molestias a los habitantes de los pueblos chiíes.

En general cunde la resignación y se asume que no hay nada que hacer. “Nosotros ya tuvimos nuestra dosis de represión, y bien que nos lo comimos. Ahora le toca el turno a la nueva generación”, dice uno de los participantes en la acampada de la Perla.

En 2011, Ecclestone no tuvo más remedio que suspender la carrera de Fórmula 1. No porque le preocupara la violación sistemática de los derechos humanos sino por el miedo a la seguridad de los pilotos en un país con toque de queda, patrullado por el Ejército saudí. En 2012, la Fórmula 1 volvió a Baréin y la carrera sigue celebrándose desde entonces a pesar de la llamada al boicot por numerosas asociaciones de derechos humanos. A medida que se acerca la fecha, la violencia aumenta en las calles de los pueblos chiíes y se multiplican los carteles, pintadas y vídeos contra lo que ellos llaman la Fórmula de sangre.

Manifestaciones en Bahréin, 22 de febrero de 2011. © AI
Manifestaciones en Bahréin, 22 de febrero de 2011. © AI

La ética de los grandes premios

En estas circunstancias, merece la pena plantear la responsabilidad ética de los grandes acontecimientos deportivos al dar legitimidad a regímenes crueles. Ahí está el caso de la vecina Catar, cuyas obras para el Mundial de fútbol han costado la vida a más de 1.200 trabajadores asiáticos. Un eufemismo utilizado en el Golfo para referirse a la mano de obra semi-esclava. No sabemos qué capacidad de presión sobre un Gobierno posee un evento deportivo privado. Lo que sí habría que plantearse es la capacidad de presión que tendrían las potencias mundiales.

Baréin no es Siria, dijo David Cameron en 2011 para justificar su tibieza ante la represión en este país del golfo. “Allá donde haya una injusticia, allí acudiremos los americanos”, dijo entonces el presidente Obama en referencia a la incipiente primavera árabe cuando solo amenazaba a regímenes enemigos. La reacción de ambos países antes los sucesos de Baréin ha oscilado entre la condena tímida y la presión para elaborar el informe al que nos hemos referido antes, al elogio y la complicidad.

¿Por qué no se muestran más inflexibles? Porque Baréin es, a efectos políticos, un apéndice de Arabia Saudí. Porque Estados Unidos tiene en Baréin la Quinta Flota del ejército, la mayor base americana en Oriente Medio. Porque Reino Unido ha firmado recientemente un acuerdo para construir en Baréin la que sería la única base británica permanente en Oriente Medio. Porque ambos países son, además, los principales vendedores de material militar a Baréin. España, por cierto, también vendió armamento por valor de 6,3 millones de en 2011 y 21,1 millones en 2012.

Estos países argumentarán que Baréin es un socio estable en la lucha contra el ISIS. Pero lo cierto es que el gobierno no siempre ha combatido el islamismo radical interno con la misma energía con el que lo ha hecho fuera de sus fronteras. Antes de convertirse en activo militante del ISIS, Turki al-Binali se pasó meses haciendo proselitismo del ISIS en Baréin sin tener ningún problema con la policía. Es cierto, sin embargo, que recientemente le ha incluido en la lista de 72 ciudadanos a los que ha revocado la nacionalidad. Lo más llamativo es que en ese grupo, junto a 19 yihadistas, aparecían 50 miembros chiíes de la oposición (periodistas, doctores, activistas de derechos humanos). Al meterlos a todos en la misma lista, el Gobierno intenta equiparar al terrorismo con la oposición democrática.

Uno de los que más ha denunciado la represión es el activista Nabeel Rajab, fundador del Centro Bareiní Derechos Humanos y una de las caras más conocidas de la oposición. Ha pasado dos de los tres últimos años en la cárcel. Ahora se enfrenta a dos condenas de cárcel, una de ella por 10 años, por escribir dos tuits. En el primero afirmaba que muchos de los bareiníes alistados al Estado Islámico procedían de las fuerzas de seguridad, a la que acusó de ser el incubador ideológico del terrorismo. En el segundo denunciaba las torturas en la prisión de Jaw, situada a unos 20 kilómetros del circuito de F1. Rajab es carismático, tolerante, laico, valiente y con buenos contactos en la prensa global: esta semana, el New York Times ha publicado una carta abierta a Obama.

Fue detenido hace dos semanas y espera condena en la cárcel. Es una de las personas que el Gobierno no quiere que veas ni escuches mientras se celebra la carrera de F1. Pero basta ya de palabras. Que empiece el espectáculo.

Aclaración: El nombre de la autora de este artículo es un seudónimo. Baréin no permite trabajar con libertad a periodistas.

El estado lamentable de la primavera árabe

Si parte del mundo árabe vive una transición, será una transición larga. Túnez es el único país afectado por las revueltas de 2011 que parece progresar hacia una situación política más libre. El ataque terrorista en el Museo del Bardo hace peligrar ese avance.

Si parte del mundo árabe vive una transición, será una transición larga. Túnez es el único país afectado por las revueltas de 2011 que parece progresar hacia una situación política más libre. El ataque terrorista en el Museo del Bardo (con 19 víctimas, 17 turistas extranjeros) hace peligrar ese avance.

El ataque no lo ha reivindicado nadie pero no faltan candidatos. Túnez es uno de los principales proveedores de combatientes del grupo conocido como Estado Islámico en Siria, Irak y Libia: más de 7.000. Quienes van pueden volver con una misión como ocurre en los países europeos. El mercado ilegal de armas es también más accesible. Pero hasta que no haya una reivindicación creíble nada es definitivo.

Tampoco faltan posibles excusas. Una podría ser que la presunta muerte en combate este martes en Sirte (Libia) de Ahmed Rouissi, un tunecino sospechoso de asesinar al político Chokri Belaid en 2013. Otra que en el momento del ataque el Parlamento debatía una nueva ley antiterrorista. Una prueba de la unión de los diputados es este canto improvisado del himno durante el cierre por el ataque:

[su_youtube url=”https://youtu.be/Rpor6rOPJZM”] 

“La voluntad del ataque de desestabilizar Túnez es obvia”, dice Eduard Soler, coordinador de investigación en el Cidob: el turismo es una fuente básica de ingresos y el Parlamento, que está en el mismo complejo de edificios que el museo, es la muestra de unidad de la sociedad tunecina. Soler no cree que el atentado vaya a acabar por ahora con el experimento tunecino. Ha ocurrido otras veces: en octubre de 2013 hubo dos intentos fallidos. El terrorismo tiene fácil acertar -es extraño de hecho que no haya ocurrido antes en Túnez-, pero también requiere cierta organización. Los cruceros suelen atracar en Túnez los miércoles y los pistoleros esperaron a que llegaran los buses para atacar.

El polvorín de Libia

La primavera árabe fuera de Túnez no necesita nuevos atentados para descarrilar. Hubo al menos otros cinco países donde las revueltas tuvieron cierto impacto: hoy son todos un desastre igual o mayor que en 2011. Siria es el caso más sangrante. El régimen ha matado a decenas de miles de sirios y el caos ha permitido el desarrollo de Jabat al Nusra y Estado Islámico. Libia es un polvorín. Egipto y Túnez viven pendientes de sus fronteras con Libia. Egipto bombardea de vez en cuando suelo libio. Túnez, además, debe vigilar que Al Qaeda en el Magreb no le ataque desde Argelia. Sirte, la ciudad natal de Gadafi, está dominada por Estado Islámico. Con el dictador habría sido impensable. Yemen es un país dividido entre el presidente depuesto, que gobierna desde Adén (en el sur del país) y el norte controlado por los hutíes, una secta chií que conquistó la capital en enero. Las monarquías del Golfo ya han colocado sus embajadas en Adén. El embajador americano, que ha cerrado la sede diplomática en Saná, la capital, estuvo de visita en Adén hace poco. No hay guerra civil pero puede haberla. Los asesinatos de periodistas y activistas apenas son noticia en el exterior.

Bahráin revive de vez en cuando la represión de los chiíes, que es intermitente desde 2011. Egipto es otra broma pesada. El Gobierno del presidente Sisi es más severo que el de Mubarak ante cualquier tipo de oposición. Acaba de implantar un visado previo al viaje para los turistas, como si no necesitara sus ingresos para subsistir. La excusa que ofrecen es que Europa exporta ahora posibles islamistas. Egipto vive amenazado por ataques terroristas, sobre todo en la península del Sinaí.

Antes de que las cosas mejoren, primero van a peor. Las revueltas acarrearon al menos tres cosas que no han ayudado al desarrollo en la región:

  • La caída falsa de la vieja guardia. Gadafi, Ben Ali, Mubarak, Asad, Saleh, los Saud mandaban y mandan mucho en sus países pero su régimen no era cosa de una sola persona. Hay miles de acólitos en sus partidos y en el ejército que vivían bien gracias a la “estabilidad”. Su caída era el fin de la buena vida para muchos. No lo han permitido y la vieja guardia ha vuelto o nunca se ha ido.
  • La libertad y el poder. En Túnez y en Egipto sobre todo se vivieron meses donde la sociedad fue más o menos libre de equivocarse. Y se equivocaron. Pero también bajó la vigilancia contra el yihadismo. Los predicadores salafistas eran más libres de reclutar. Es una ironía que la libertad trajera más problemas, pero ninguna sociedad en transición gestiona con facilidad los cambios repentinos. En 2010, el futuro presidente islamista de Egipto, Mohamed Morsi, decía que la palabra oposición no le gustaba: “Tiene la connotación de perseguir el poder y en este momento no buscamos el poder porque requiere preparación y la sociedad no está preparada”. En poco más de dos años, Morsi y los Hermanos Musulmanes cambiaron de opinión. La cercanía al poder les pudo y el país, claro, no estaba preparado.
  • La falta de desarrollo. El problema de las dictaduras no era tanto la falta de libertades como la falta de progreso económico. Cuando el cambio político no trajo mejoras económicas, muchos decepcionados se volvieron hacia otros líderes: la oferta terrenal y espiritual del yihadismo ha visto un hueco para los decepcionados.

El foco estará estos días en el norte de África y en Oriente Medio. Pasará como otras veces hasta nuevo aviso. Las transiciones tienen otro tipo de tiempo. La única esperanza es que Túnez aguante en su camino.