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Nuestro blog arrancó el sábado 10 de enero en torno a las 11 de la noche con el primer artículo de Pedro J. Ramírez en EL ESPAÑOL. Unas horas antes del inicio de nuestro lanzamiento, recuperamos aquí algunas de las mejores historias que hemos publicado durante estos 10 meses. 

Nuestro blog arrancó el sábado 10 de enero en torno a las 11 de la noche con el primer artículo de Pedro J. Ramírez en EL ESPAÑOL. Unas horas antes del inicio de nuestro lanzamiento, recuperamos aquí 10 textos representativos de los que hemos publicado durante estos 10 meses.

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1.- Demos vida a EL ESPAÑOL, cambiemos España

Por PEDRO J. RAMÍREZ

EL ESPAÑOL proporcionará a los ciudadanos todas las informaciones que los poderosos esconden bajo siete llaves y todas las interpretaciones, explicaciones y opiniones que les ayuden a decidir su destino dentro de la ley. Queremos publicar un periódico útil en todos los sentidos del término y para ello emplearemos los formatos más innovadores en los dispositivos móviles que acompañan a cada español en su vida cotidiana.

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2.-  El ‘gigapan’ de la marcha de Podemos

Por 93METROS

Más de 100.000 personas vieron la panorámica gigante de la concentración organizada por Podemos que la productora 93 Metros elaboró para ‘El Español’ en la Puerta del Sol.

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3.- Anticorrupción no vio motivos para actuar contra Rato

Por MARÍA PERAL

La Oficina Nacional de Investigación del Fraude (ONIF) llevó a los fiscales de Madrid su investigación contra Rodrigo Rato después de que la Fiscalía Especial Anticorrupción considerara que esas indagaciones estaban “muy verdes” y era necesario profundizar en las sospechas delictivas antes de actuar.

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4.- El espontáneo

Por JORDI PÉREZ COLOMÉ

Hasta hace 15 meses Pablo Echenique era un físico con un cuerpo frágil y una mente de superdotado. Hoy es también el candidato de Podemos a la presidencia de Aragón. Este perfil es el fruto de la conversación con él y con dos docenas de personas de su entorno, que desvelan su éxito con las chicas, su humor gamberro y sus días como ‘heavy’ y entrenador.

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5.- El guardián de los mapas

Por MARÍA RAMÍREZ

Sergio Álvarez Leiva tiene 29 años y lleva una compañía estadounidense desde Chamberí. No acabó Informática. Pero con 23 años le diseñaba mapas a Google, a la ONU o a la NASA. Ahora, 100.000 usuarios hacen mapas con su empresa CartoDB, que el año pasado recaudó siete millones de dólares. El mayor atractivo de su aventura es su mayor riesgo: compite en el mercado global.

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6.- “Voy a morir, pero espero que sea rápido”

Por DAVID LÓPEZ FRÍAS

El terremoto del 25 de abril en Nepal dejó más de 8.000 muertos. Fue una de las peores catástrofes naturales de los últimos años. El español Pol Ferrús hacía una travesía a pie por las montañas del norte del país, cerca del Tíbet. Salvó varias veces la vida de milagro.

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7.- Las bolas del estafermo 

Por PEDRO J. RAMÍREZ

Sólo el baldón que supondría convertirse en el primer presidente de la democracia incapaz de repetir mandato, el horizonte de pasar a la historia no como un malvado o un inepto sino simplemente como un piernas, como un babieca o como un gil, sólo ese prurito de casino provinciano frente al qué dirán a la hora del chamelo le ancla en el empecinamiento de imponer su candidatura. 

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8.- Los cinco gráficos que Rajoy no quiere que veas

Por KIKO LLANERAS, PATRICIA LÓPEZ, EDUARDO SUÁREZ, JULIA TENA Y MARTÍN GONZÁLEZ

Mariano Rajoy presentó el 31 de julio ocho gráficos para demostrar hasta qué punto la economía había mejorado durante su mandato. La mayoría estaban mal dibujados, omitían detalles relevantes o destacaban datos erróneos. A continuación presentamos los datos del presidente bien presentados, acompañados de contexto y despojados de la propaganda oficial.

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9.- Anticorrupción descubre al ex tesorero de CiU destruyendo pruebas con una trituradora

Por ESTEBAN URREIZTIETA

La Fiscalía Anticorrupción y la Guardia Civil sorprendieron este viernes al ex tesorero de Convergéncia Democrática de Cataluña (CDC) destruyendo pruebas. Los investigadores descubrieron en el despacho de Daniel Osácar una trituradora repleta de documentos vinculados con Teyco, la empresa de la familia Sumarroca que pagó comisiones del 3% a la formación nacionalista.

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10.- El libro negro del periodismo en Cataluña

Por JORDI PÉREZ COLOMÉ

Ante casos flagrantes, la prensa catalana no ha clamado; ante casos dudosos, no ha insistido; ante casos ignorados, no ha rebuscado. Esta serie aborda la historia del periodismo en Cataluña desde la llegada al poder de Jordi Pujol a través de 80 entrevistas con directores, redactores, presentadores y jefes de comunicación.

El nuevo poderío

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El autor critica la falta de contenido del mensaje de los indignados, un movimiento que apelaría más a las tripas que a la razón. Según señala, ha encontrado eco en una ciudadanía necesitada de emociones fuertes y que afronta los problemas del país con actitud pueril. 

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Durante el partido en que la Juventus eliminó al Real Madrid, en la grada del Bernabéu prendió el “Sí se puede”. No fue mayoritario y apenas duró un suspiro, pero lo cierto es que los seguidores del club más laureado del mundo incurrieron en la extravagancia de hacerse pasar por famélica legión. Ni siquiera la posibilidad de que ese grito acabara pendiendo de la undécima hizo desistir al público de dárselas de maldito, que es como se designa, en el Upper Castellana, a los pupas con glamour.

La ola podemista del 24-M tiene que ver con ese frenesí, con la indisimulada inclinación de la ciudadanía a disolverse en masa para, al grito fuenteovejúnico de “Sí se puede”, protagonizar un relato heroico. La otra gran consigna de aquel germen, por cierto, “Lo llaman democracia y no lo es”, parece arrumbada ante la evidencia, ya paladeada por sus promotores, de que debajo de la palabra está la cosa.

“Sí se puede” es el clamor espectral que azota la piel del mundo. Traducción castiza del “Yes we can“, heredero posmoderno del “No pasarán” y hermano bastardo del “Hemos pasao”, el mantra podemita opera a semejanza de un fractal de bondades a cien. Es acercarse al animalillo, toquetearlo curiosamente y desatarse una tormenta de gemidos infalibles, ya se trate de “¡El pueblo unido, jamás será vencido!”, “¡Este partido lo vamos a ganar!” o “¡Viva México, cabrones!”. Todo el andamiaje del nuevo poderío, en fin, descansa sobre una pulsión de hooligan. Sin esa efervescencia, sin el afán de convertir el espacio público en un remedo de Evasión o victoria no habría populismo, que lo es, sobre todo, por imperativo folklórico, pues, como el nacionalismo (un subproducto del populismo), sólo pervive en un medio social en que los sentimientos hayan reemplazado a la razón.

Acaso el lector avisado reponga que no, que “Sí se puede”, lejos de ser la vacuidad que pretendo, hunde sus raíces en el lema de la United Farm Workers of America. No obstante, la única conexión que se me ocurre entre aquella Unión de Campesinos y nuestros desheredados es que, según consta en la Wikipedia, su líder, César Chávez, era vegano. Por lo demás, las condiciones de trabajo de los vendimiadores californianos poco tienen que ver con las de los quincemesinos, que en tanto pueblo viven en estado de perpetua necesidad. Sobre todo, ay, de emociones fuertes.

Así las cosas, lo que se puede no está del todo claro e incluso puede que no se pueda. Como afirma instructivamente Carlos Herrera, el asalto del cielo podría consistir en llenar la ciudad de conserjes y ascensoristas, por aquello de impulsar el empleo de carácter asistencial. Mas ningún decreto, por prodigioso que resulte, va a ser tan molón como el perpetuo atronar del “Sí se puede”. Es rumboso, susceptible de dejar al alcance de los niños y, como en tiempos de la mili obligatoria, sólo compromete a sus objetores.

(Coda: “El problema, el verdadero problema de las drogas en nuestro siglo de pretensiones humanas exageradas y decepcionantes es, sencillamente, que están demasiado ricas”. Sabino Méndez, Corre Rocker).

Cuando Robespierre guillotina al verdugo

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El golpe contra Monedero equivale al que liquidó a los jacobinos más radicales que querían acelerar el curso de la revolución. Había que ganar espacio para el posibilismo y romper amarras con el embarazoso pasado chavista.

Desde que el 30 de abril, con la cabeza ya separada del tronco cual Sleepy Hollow de la pradera urbana, Juan Carlos Monedero escribiera en su blog un emotivo texto de despedida titulado Para mi amigo Pablo, yo vivía sin vivir en mí. Y no por su alta calidad literaria (“Las convicciones no se nos han movido porque nos nacieron de muy adentro”), ni por su poderosa capacidad evocativa (“Las sentimos durante muchas noches, compartiendo tranquilidad en medio de pinares”), ni por su entrañable  idealismo en medio de un entorno hostil (“Los dos estábamos rondando la tristeza por culpa de un mundo al que le falta empatía”). Ni siquiera por su inaudito desparpajo al llevar el agua de la historia al molino podemita, apoyándose en uno de los episodios más reaccionarios de la ofensiva jesuítica, oligárquica y castiza contra la modernidad del siglo de las luces (“Teníamos a nuestro favor el motín de Esquilache que supuso el 15M”).

Lo que me tenía en vilo era el significado político oculto de lo que enseguida percibí como una mezcla de señuelo y desafío: “¿Cómo es posible que [Pablo Iglesias] aún no haya visto la versión inglesa de House of Cards?”. Un latigazo así escondía necesariamente un mensaje cifrado. Ese envite entre dos personas acostumbradas a interpretar la vida política a través de las series de televisión tenía que tener alguna clave emboscada y sólo sería posible detectarla compartiendo la experiencia requerida.

Hurtando horas a la lectura, me puse pues ante el televisor dispuesto a seguir las peripecias del imaginario primer ministro Francis Urquhart, híbrido contemporáneo de Ricardo III y Macbeth, amén de eslabón ideológico entre Thatcher y Cameron, a la espera de que se encendiera alguna bombilla que iluminara el enigma. No me arrepiento de haberlo hecho por el verismo de los debates en Westminster, la impresionante interpretación de Ian Richardson y sobre todo por la sutileza del cinismo británico que, en efecto, deja en evidencia la vulgaridad antiséptica de la mucho más difundida versión americana.

Hay distintas maneras de decir una cosa verbalizando la contraria. Como hace poco me comentaba un amigo y paisano, cuando los riojanos queremos decir “no” de forma convincente, soltamos un abrupto “sí por los cojones”. En cambio Urquhart, epítome del maquiavelismo moldeado en Eton, tiene una elegante fórmula asertiva que utiliza para confirmar las informaciones o rumores más dañinos para sus adversarios: “You might very well think that; I couldn’t possibly comment”. Algo así como “puedes pensar eso si quieres, yo no voy a comentarlo en ningún caso”.

Tan sinuoso como bien educado. Pero ni esa expresión ni el resto del catálogo de dardos envenenados, si hace falta con matarratas, que Urquhart dirige a quienes le estorban, envueltos en el manual de urbanidad de la Corte de Saint James, explicaba la fijación de Monedero. A quienes tienen claro que lo suyo es tomar el cielo por asalto, poco debe importarles que los acordes zafios de la habitual lengua de trapo de la casta sean reemplazados por el discreto encanto de unas mentes criminales distinguidas.

Por un momento pensé que el mensaje oculto en el DVD tenía que ver con la implacable  batalla por el control del Estado que Urquhart libra con el titular de la Corona. Esto es, que Juan Carlos ha recordado las banderas republicanas que brotaron como hongos y tremolaron espontáneas en la marcha sobre Sol y le ha querido mandar un recado a Pablo: en vez de rendir pleitesía al Rey con lo de Juego de Tronos, aprende en esta otra serie cómo hay que tratar a un fulano con corona. Pero no, no podía ser eso porque en el pulso entre el primer ministro conservador y un Carlos de Inglaterra obsesionado por ayudar a los desfavorecidos cuando llega al trono, todas las simpatías se desplazan hacia el monarca. Tenía que ser otra cosa.

Al fin, cuatro capítulos y otras tantas horas después de iniciar el viaje, pude ver la luz. Fue en el momento en que Urquhart concluye su estrecha relación de intimidad con su confidente, amante e instrumento de poder, la periodista Matti Sorin. ¡Y de qué manera lo hace! No es una escena cualquiera en un lugar cualquiera. Están en la terraza del edificio del parlamento cuando él le confiesa lo inconfesable y le pregunta si puede confiar en ella. Matti responde que sí, pero él no la cree, la agarra en volandas y la arroja al vacío con vigor inexorable. Mientras vuela enamorada hacia la muerte, Matti le llama por el nombre que codifica su pasión -“¡Daddyyy!”- mientras en su rostro se refleja un rictus de estupor.

Ilustración: Javier Muñoz.
Ilustración: Javier Muñoz.

De repente la habitación quedó iluminada y el enigma resuelto. En el propio texto de Monedero, al rememorar los inicios de Podemos, estaba la pista inequívoca que ahora cobraba pleno sentido: “Contábamos con la grandeza de un tipo auténtico, con coleta, voz trenzada con el timbre de la gente de abajo… Cuando Pablo me dijo: “¿Nos lanzamos?”, le contesté: “Contigo, Pablo, me lanzo”. Más claro, agua.

Ahora resulta que Thelma ha empujado a Louise y contempla desde lo alto del acantilado cómo ella y sólo ella se zambulle en el despeñadero hacia la nada. No es lo mismo lanzarse “con Pablo” que ser lanzado “por Pablo”. Monedero no ha dejado de quererle por eso -un diputado de Burdeos ayudó al verdugo a reparar la guillotina para que pudiera ejecutarle y había víctimas de Stalin que le daban las gracias por matarles- pero quiere que sea consciente de que muere por la causa y a su modo ha encontrado la forma de hacérselo ver. Comprende que lo ya descubierto, y no digamos nada lo intuido, sobre la financiación venezolana le habían convertido en un riesgo para el líder y asume la lógica de ser sacrificado en el altar de la razón de partido pero pide que se le amortaje con el mismo cariño, pompa y circunstancia con que Aquiles lo hizo con su “celestial” Patroclo. Tal vez no le grita a Pablo “¡Papaítooo!”, pero sí “¡Hermanooo!”, “¡Amigooo!” o “¡Compañerooo!”.

El problema es que mientras la Revolución va devorando a sus hijos, Robespierre siempre está empolvándose la peluca o alisándose la coleta. Aunque se trate de sus más íntimos amigos. O diríamos que especialmente si se trata de sus más íntimos amigos. El golpe contra Monedero equivale al que liquidó a los jacobinos más radicales que querían acelerar el curso de la revolución. Había que ganar espacio para el posibilismo y romper amarras con el embarazoso pasado chavista. Pero a la vista del derrumbe en el último sondeo del CIS, tal vez haya también llegado la hora de ajustar cuentas con los moderados que, con Errejón a la cabeza, están desvirtuando el espíritu fundacional de Podemos. Tras el turno de los “ultra”, puede llegar el de los “citra”. Golpear a quienes se pasan y a quienes no llegan. Ese es el sino del Incorruptible, del jefe revolucionario a  quien le están vedadas las emociones. A un bandazo ha de sucederle otro de signo opuesto con tal de preservar el único propósito permanente, el principio y el fin de todas las cosas: la conquista del poder… al servicio del pueblo.

Monedero no puede quejarse. No en vano era quien más le reía la gracia a Iglesias cuando hace sólo dos años escribió que tocaba hacer con los grandes capitalistas lo mismo que Robespierre hizo con Luis XVI porque “su mera existencia es en sí misma un crimen”. Y, glosando una de las letras de los raperos más vitriólicos, añadió: “¡Qué hostias! Yo también quiero esa guillotina en la Puerta del Sol”. Urquhart le hubiera rogado que no blasfemara al incitar al derramamiento de sangre en masa. Ante todo los modales.

Al final se cosecha lo que se siembra. El propio Monedero se metió directamente en harina cuando en fecha mucho más reciente, hace apenas unos meses, intercambiamos algunos golpes desde la distancia en el programa de Jesús Cintora: “Te diría,  Pedro J., que la revolución es hacer posible lo imposible. No es establecer guillotinas en la Puerta del Sol, que a mí no me gustaría –el éxito de las elecciones europeas había ya reblandecido a los enragés– pero te aseguro que cuando el miedo cambia de bando, los ricos no cometen esas tropelías”. Ante mi objeción de que me gustaría vivir en “un país sin miedos ni bandos”, él insistió en “recuperar” la memoria del Comité de Salud Pública: “Si alguno piensa que Podemos tiene algo que ver con Robespierre, igual nuestro pueblo deja de sufrir tanto como está sufriendo”. ¿Qué era eso sino la prescripción de dos cucharaditas de terror, disueltas en media dosis de virtud?

¿Cómo recuperar la confianza de los ‘sans culottes’? Pues por ejemplo breando a impuestos a esos ricos explotadores que se atreven a ganar 50.000 euros al año mientras el pueblo sufre. O soltando alaridos contra la doblemente guillotinable Esperanza Aguirre: aristócrata consorte y del PP, ¡a la carreta!

Siempre que visito el Museo Carnavalet me detengo ante un fascinante dibujo a tinta de autor anónimo, en el que los cadalsos se multiplican inquietantes como si fueran alargados campanarios del París del viejo régimen. Se titula Robespierre guillotinando al verdugo después de haber guillotinado a todos los franceses. El grabado se difundió en 1794 pero nunca he sabido si antes o después de Thermidor. Es decir, si sirvió como banderín de enganche contra la dictadura revolucionaria o de pieza justificativa del derrocamiento y ejecución de su atildado primus inter pares.

Ahora la secuencia de los acontecimientos está mucho más clara: Iglesias ha liquidado a su lugarteniente más extremista cuando en vez de un asset era ya una liability -nada como el lenguaje de la City o Wall Street para ilustrar la saga/fuga de Podemos- y aunque eso ha tranquilizado a los parqués, las encuestas indican que el pueblo revolucionario no lo ha entendido. ¿Cómo recuperar la confianza de los sans culottes? Pues por ejemplo breando a impuestos a esos ricos explotadores que se atreven a ganar 50.000 euros al año mientras el pueblo sufre. O soltando alaridos contra la doblemente guillotinable Esperanza Aguirre: aristócrata consorte y del PP, ¡a la carreta!

Por supuesto que todo esto es “simbólico”, que “las guillotinas son simbólicas” y que por tanto la decapitación ritual de Monedero también ha sido “simbólica”. Así nos lo aclaró el propio interfecto a Cintora y a mí el día de marras -sólo “simbólico”, nada menos que “simbólico”- , a la par que se metía en un loco jardín identificando el “genio tenebroso” de Fouché no con Rubalcaba, como suele ser recurrente, sino con Aznar. Desde entonces tengo ganas de encontrármelo par recordarle que fue precisamente el biógrafo de Fouché Stefan Zweig quien advirtió que el pecado original de la Revolución fue “embriagarse de palabras sangrientas” porque “los hechos siguieron fatalmente a las expresiones frenéticas”.  Claro que en esa época no existía el CIS.

Qué es Podemos en nueve gráficos

Podemos: radiografia

Desde la irrupción de Podemos, una de las preguntas recurrentes es quiénes son sus simpatizantes. La cuestión es tan simple como complejo resulta darle una respuesta. Pero es imprescindible cuando menos esbozarla para comprender mejor la tensión a la que se verá sometido el partido si pretende definir un programa que ponga en común a todas sus fuentes de votos potenciales.

Gráficos: Kiko Llaneras

Desde la irrupción de Podemos, una de las preguntas recurrentes es quiénes son sus simpatizantes. La cuestión es tan simple como complejo resulta darle una respuesta. Pero es imprescindible cuando menos esbozarla para comprender mejor la tensión a la que se verá sometido el partido si pretende definir un programa que ponga en común a todas sus fuentes de votos potenciales.

Si queremos averiguar quiénes son y cómo son los simpatizantes de Podemos, un buen punto de partida es dibujar su perfil sociodemográfico. Lo haremos a partir de los datos del barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de enero de 2015 (pdf).

En este primer gráfico se representa el porcentaje de votantes y simpatizantes que logra Podemos en diferentes segmentos de la población: por franjas de edad, niveles de estudios, tamaños de municipios y clases sociales. Por ejemplo, un porcentaje del 100% en el sector “18 a 24 años” significaría que todos los ciudadanos en esa franja de edad lo apoyan.

Podemos: radiografia

Estos datos ofrecen una radiografía de los simpatizantes de Podemos: son relativamente jóvenes, tienden a tener estudios y son más numerosos en la ciudad que en el campo. Consiguen apoyos entre todas las clases sociales, pero especialmente entre los obreros y las clases altas y medias-altas. No obstante, antes de elaborar más sobre el perfil de los votantes de Podemos, conviene compararlo con el del resto de los partidos.

A continuación ofrecemos el perfil de los simpatizantes de cada partido según su edad, nivel de estudios, tamaño del municipio en el que viven y clase social. El primer gráfico muestra el porcentaje de votantes o simpatizantes que logra cada partido en diferentes categorías. En el segundo los datos están normalizados, porque así podemos observar mejor los perfiles de IU, Ciudadanos y UPyD.

Otros partidos

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(En el gráfico normalizado, cada línea representa el ratio de votos que logra el partido en una categoría respecto a su media; por ejemplo, un valor de 1,4 en el segmento “de 18 a 34 años” significa que en ese tramo de edad Podemos logra 1,4 veces más votos -un 40% más- que entre la población general.)

Podemos, más popular en los jóvenes

Respecto a la edad, El PP y el PSOE aparecen como dos partidos de electorado envejecido. Podemos, IU, Ciudadanos y UPyD funcionan mejor entre los menores de 54 años. Podemos es particularmente popular entre los más jóvenes.

La variable campo-ciudad muestra unos patrones similares, aunque mucho menos determinantes: el PSOE y el PP son marginalmente más exitosos en los municipios pequeños, mientras que UPyD, IU, Ciudadanos y Podemos tienden a ser más competitivos en las ciudades de más de 100.000 habitantes.

También se observan diferencias en lo que respecta a los estudios. El PP y el PSOE son los partidos con más apoyo de ciudadanos sin estudios o con estudios básicos. Podemos, en cambio, destaca entre quienes tienen estudios superiores, igual que Ciudadanos, UPyD e IU.

En cuanto a la clase social, vemos que cada partido tiene un perfil diferente. El PSOE se destaca como un partido de clase obrera y pierde muchos votos entre las clases medias/altas y altas. El PP tiende claramente al alejamiento del voto de clase -cuenta con apoyos similares entre obreros, asalariados y clases medias/altas- y solo se caracteriza por la simpatía que sienten por él las clases medias, que incluyen a autónomos y propietarios de pequeños negocios. Podemos, por su parte, presenta un perfil en forma de “U”; es decir, combina un gran apoyo obrero con un éxito enorme entre las clases medias/altas y las clases altas.

Para completar este cuadro de la clase social, vamos a revisar los apoyos de cada partido según la situación profesional de los encuestados. Los resultados del siguiente gráfico indican entre qué colectivos es particularmente exitoso cada partido.

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Podemos es popular entre los parados (que simpatizan con el nuevo partido o con el PSOE, pero apenas con el PP); también entre los estudiantes, mientras que los jubilados prefieren al PSOE y al PP. En cuanto a las profesiones, Podemos logra muchos apoyos de obreros y personal administrativo o de servicios, en competencia con el PSOE. Es el favorito de los profesionales asalariados, y además logra amplios apoyos de empresarios, altos funcionarios, profesionales y ejecutivos, que se debaten entre Podemos y el PP.

Así pues, las estadísticas compiladas corroboran la idea de que Podemos está logrando ser transversal en lo que respecta a la clase social. Esto es algo que comparte con los dos grandes partidos, PSOE y PP, que también son capaces de obtener amplios apoyos entre personas en situaciones muy diferentes. Sin embargo, y dicho esto con la cautela a la que obligan los acontecimientos (Podemos acaba de llegar a las encuestas y la opinión pública), el perfil de clase/situación de Podemos parece aún más transversal, o, como mínimo, más que el PSOE en cuanto a clase social y más que el PP a efectos de la situación profesional. Esto era previsible.

PP y PSOE se han enfrentado durante décadas y es normal que el equilibrio refleje un cierto reparto de los intereses y las preferencias (el PP es una coalición donde, por ejemplo, abundan los empresarios, mientras que el PSOE aglutina más obreros). Podemos no solo no ha participado (aún) de este equilibrio, sino que además se presenta como una alternativa a ambos, un argumento casi necesariamente transversal.

En resumen, los últimos datos disponibles confirman la popularidad de la formación de Pablo Iglesias entre los jóvenes, los estudiados y los estudiantes, los parados, los obreros, los profesionales asalariados y las clases medias/altas. Se trata de un electorado variado, que sigue la tradición del sistema de partidos español de alineamiento alejado de categorías clásicas de clase ocupacional. En cambio, sí representa una novedad en términos de apoyo según la clase económica.

El PP logra votos entre todas las clases sociales, pero especialmente entre las viejas clases medias, y apenas entre los desempleados. El PSOE se está convirtiendo en un partido de clase que conserva su voto obrero y el de muchos desempleados, pero pierde apoyos conforme sube la escala socioeconómica. En competencia con ambos emerge Podemos y su perfil transversal en forma de “U”; un perfil quizás construido sobre el desencanto o las ganas de renovación, que le permite recoger votos de obreros y parados y, al mismo tiempo, ser el partido con más simpatías entre las clases medias/altas.

Los simpatizantes de Podemos y su ideología

En la sección anterior hemos visto cómo son los simpatizantes de Podemos según su edad o su clase social; a continuación, analizaremos cómo son en términos ideológicos. Como Podemos es una formación nueva, empezaremos por mostrar a qué otros partidos votaron sus simpatizantes en elecciones pasadas. Este gráfico proporciona esa información: la procedencia de los partidarios de Podemos según su voto en las elecciones generales de 2011.

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Los simpatizantes de Podemos provienen principalmente del PSOE, ya que hasta un 29% de ellos votaron a los socialistas en las últimas elecciones generales. Detrás vendrían los ex votantes de Izquierda Unida, que suponen un 14%. El resto de los simpatizantes de Podemos que votaron por otros partidos se reparten entre el PP (8%), UPyD (3%) y todos los demás (10%). Estas mismas transferencias se ven diferentes si tomamos la otra perspectiva, la de los partidos que pierden votantes en favor de Podemos. Así, los ex votantes del PSOE que apoyarán a Podemos representan un 5% del total del censo e implican una caída considerable para los socialistas, pero no una sangría espectacular. Peor son las cosas para Izquierda Unida, pues su fuga de votos representa un 3% del censo y le supone perder una parte considerable del total de sus apoyos.

Por último, cabe destacar que hasta un 22% de los simpatizantes de Podemos —¡muchos!— afirman que no votaron por ningún partido en 2011. Son lo que podríamos llamar desafectos, personas descontentas con las formaciones existentes, que no votaron, votaron en blanco o votaron nulo.

Estos datos dan una primera idea de cómo son políticamente los votantes de Podemos. En su gran mayoría son antiguos abstencionistas, ex votantes de IU o ex votantes del PSOE. Serán, cabe pensar, gente a la izquierda de la escala ideológica. Pero ¿cuánto a la izquierda? El siguiente gráfico representa la autoubicación en el eje izquierda/derecha de aquellos que simpatizan con cada partido.

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Podemos tiene un perfil de centro-izquierda, que se asemeja al del conjunto de los ciudadanos, pero algo desplazado a la izquierda. La mitad de sus simpatizantes proceden del 3 y el 5 ideológico, y en eso coincide con el PSOE, pero Podemos también recoge amplios apoyos de la extrema izquierda: un 21% de sus simpatizantes se ubican allí, frente al 7% de los del PSOE. Lo paradójico es que este éxito en el extremo no le penaliza entre los votantes más centrados, donde Podemos es igual de competitivo que el PSOE. La centralidad de Podemos se encuentra ahí, en el entorno del 2-4. Esto significa que el partido de Pablo Iglesias está consiguiendo esa centralidad que pretende, aunque en realidad es una centralidad escorada a la izquierda.

En resumen, los datos aquí recogidos sirven para precisar una idea muy repetida por Pablo Iglesias: la búsqueda de la centralidad en la política española. Se ha visto que Podemos sí logra una cierta transversalidad entre clases y situaciones profesionales, pero al mismo tiempo es evidente que el grueso de sus votantes viene desde la izquierda y se consideran de izquierdas.

El objetivo de Podemos no es (y, si lo era, no ha funcionado) convertirse en una propuesta “ni de izquierdas ni de derechas”. Tampoco han pretendido (o no han logrado) alinearse totalmente con el conjunto del electorado en nuestro país, que les queda todavía algo a la derecha. La suya es, por tanto, una centralidad en la izquierda.

Podemos, ¿un camaleón ideológico?

No hay semana que no se critique a Podemos por su falta de propuestas específicas. Se le acusa de no concretar sus acciones en caso de llegar al gobierno y es verdad que algunas de sus propuestas han ido cambiando a lo largo de los meses. La pregunta de cuál es el proyecto de Podemos para España tiene una respuesta vaga… y, al mismo tiempo, tremendamente definida para muchos: otra cosa.

Podemos ha recogido el “no nos representan” y una suerte de “que se vayan todos”, y les ha dado un nombre: casta. Convierte así aquellos gritos en un diagnóstico con el que muchos puedan coincidir. Pero la cosa no acaba aquí. Podemos también ha identificado una serie de aspectos concretos donde cree que las demandas de la mayoría de la sociedad son o pueden ser bastante similares (al menos para ese grueso de población en el centro de la izquierda al que llega). Se trata de áreas donde se puede clamar por lo que se pide sin necesidad, de momento, de explicar exactamente qué se propone. Así ocurre, por ejemplo, con los servicios públicos, sobre todo sanidad y educación.

Podemos insiste de manera constante en su defensa a capa y espada. Pero cabe subrayar que es una defensa, claro, porque de lo que se trata es de articular un acuerdo de demandas. Todos (o casi todos) los españoles desean sanidad y educación financiadas con dinero público (así lo constatan diversas encuestas). Cómo financiarlas, de qué manera ofrecerlas (modelo universal, contributivo, asistencial, con privatización, sin ella…), eso queda fuera del debate. El trabajo necesario para concretar un consenso de propuestas, ya sea parcial, resulta difícil, evidentemente. Podemos se articula entonces como una especie de acuerdo ambiguo.

Esta descripción del acuerdo ambiguo ha tenido predicamento en el debate público y nos parece una hipótesis razonable para interpretar el éxito de este partido. No solo es compatible con el perfil social e ideológico de la nueva formación, sino que además podemos encontrar, entre los datos del CIS, otros indicios que la sostienen.

Pensemos primero en la idea de acuerdo. Ya se vio al principio del capítulo que Podemos logra ser atractivo en capas bien diferentes de votantes (algunos particularmente castigados por la crisis, y otros no tanto). También se ha constatado que sus simpatizantes comparten un diagnóstico. Por ejemplo, manifiestan un descontento (genérico) con la situación económica y política actual. Como se observa en el siguiente gráfico, sus simpatizantes coinciden en que nuestra política no funciona, sienten que la situación económica está mal y creen que empeorará.

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De aquí parte la idea de ambigüedad. Algunos datos de las encuestas del CIS sugieren que, en efecto, la coalición que aglutina Podemos está poco definida en términos ideológicos. El primer indicio lo ofreció Pepe Fernández-Albertos, cuando escribió que Podemos tiene algo de “camaleón ideológico”.

Como se observa en este gráfico, el partido de Pablo Iglesias logra algo infrecuente: consigue que lo perciban muy de izquierdas los muy de izquierdas, pero sustancialmente más moderado los más moderados. Es el único partido de izquierda con esta propiedad camaleónica. Es más, al resto de los partidos les ocurre lo contrario, los más extremistas los perciben como más moderados y los más moderados los perciben como más extremistas. En realidad, eso es lo que uno esperaría; que alguien muy de izquierdas vea a un partido determinado como más de derechas que una persona de centro. Al fin y al cabo, todos ubicamos los partidos tomándonos como referencia.

Podemos logra lo contrario: consigue que la gente de izquierdas lo perciba más de izquierdas que la gente de centro, de forma que unos y otros acaban sintiendo que el partido les queda más próximo. Este resultado es un síntoma de que Podemos es ambiguo e indefinido en términos ideológicos, o de que sus votantes aún no conocen bien sus posiciones y rellenan los huecos a su gusto.

gráfico 10

Un segundo indicio de la ambigüedad ideológica de Podemos lo proporcionan las etiquetas con que se definen sus propios simpatizantes. Una de las preguntas habituales del CIS consiste en pedir a los encuestados que identifiquen su ideología con una etiqueta: “liberal”, “socialista”, “conservador”, “comunista”, etcétera. Pues bien, los datos dicen que los votantes de Podemos son más variados ideológicamente que los votantes del resto de los partidos, especialmente el PP y el PSOE.

A continuación se muestran las etiquetas que escogen los votantes de cada partido para definirse. Los del PSOE se definen sobre todo como “socialistas» (42%) y los del PP como conservadores» (41%). A estos dos partidos les basta una etiqueta para definir al 35% de sus votantes; UPyD e IU, en cambio, necesitan dos etiquetas cada uno, pero Podemos necesita tres. Las más comunes entre los simpatizantes de Podemos son “progresista”, “liberal” y “socialista” (16%, 15% y 13%, respectivamente). El mismo efecto se observa cuando se aglutina al 60% de los simpatizantes del cada partido: Podemos necesita cinco etiquetas, una más que UPyD e IU, y dos más que el PP y el PSOE.

Gráfico 11

Estos datos de ubicación y etiquetas están lejos de constituir una prueba definitiva, pero sí indican que Podemos se rodea de cierta ambigüedad. Es posible que esto sea un efecto temporal debido a su juventud o a una estrategia política. Pero a día de hoy el partido de Pablo Iglesias es una suerte de acuerdo ambiguo. Un acuerdo entre votantes que comparten su preocupación por la situación política y económica del país, pero ambiguo en sus propuestas y, también, en lo que esperan del partido en caso de que llegue al poder. Gracias a ello, Podemos logra propiedades de un camaleón ideológico. Mantiene una relativa indefinición para recoger votos desde la izquierda hasta el centro; aúna a socialistas, liberales y comunistas casi por igual, y consigue que los votantes de izquierdas los perciban como muy de izquierdas y los votantes de centro, como no tan de izquierdas.

A esa heterogeneidad que observamos en el eje ideológico se añade, seguramente, una ambigüedad calculada a la hora de fijar ciertos objetivos y renunciar a otros. Es una estrategia típica de negación de dilemas, que en mayor o menor grado intentan todos los partidos. Por eso cabe pensar que, a medio plazo, Podemos tampoco podrá escapar a los dilemas del resto de las formaciones de izquierda que han visto cómo se segmentaba su electorado al ritmo de los cambios de la estructura social y laboral.

De ahí la pregunta: ¿por cuánto tiempo logrará Podemos mantener ese acuerdo ambiguo? ¿Se acabará su camaleonismo conforme pase el tiempo y la opinión pública conozca mejor sus propuestas? ¿Aparecerán conflictos motivados por la heterogeneidad de sus apoyos? ¿Podrán conciliarse esos conflictos o generarán una rápida decepción entre sus partidarios? Esas y otras preguntas las abordamos en el siguiente capítulo.

Politikon es el proyecto de un grupo de académicos y profesionales independientes entre los que se encuentran Jorge GalindoKiko LlanerasOctavio MedinaJorge San MiguelRoger Senserrich y Pablo Simón, firmantes de este análisis. El texto es un extracto del cuarto capítulo del libro ‘Podemos, la cuadratura del círculo’ (DEBATE), a la venta desde el 9 de abril.

 

Lo súbito

Podemos

“Lo súbito requiere, tanto en lo bueno como en lo malo, de un largo tiempo de gestación”. La frase es de Martin Heidegger, y está dirigida en 1953 a su entonces ex alumna y ex amante, la también filósofa y escritora Hannah Arendt.

Podemos

“Lo súbito requiere, tanto en lo bueno como en lo malo, de un largo tiempo de gestación”. La frase es de Martin Heidegger, y está dirigida en 1953 a su entonces ex alumna y ex amante, la también filósofa y escritora Hannah Arendt.

Es de suponer que el contexto de la frase fuera la discusión que mantuvieron ambos a toro pasado sobre lo sucedido en la Alemania de Hitler. Andrés Trapiello la utiliza como cita de apertura de su extenso y erudito trabajo sobre el papel de los escritores españoles durante la Guerra Civil, Las armas y las letras, para justificar las profundas raíces del problema sociopolítico de la España de la época, y lo mismo podría servirnos para el momento actual, donde ha estallado, al cabo de 30 años, el bipartidismo.

De una manera “súbita” han aparecido en escena dos nuevos partidos, Ciudadanos y Podemos, que amenazan con romper el monopolio del poder representativo que ejercían hasta hacía nada PP y PSOE, con los partidos nacionalistas como partidos bisagra imprescindibles a la hora de asegurar la gobernabilidad. Aquello fue una previsión de una ley electoral pensada en primer lugar para evitar los problemas que generó la legislación electoral de la II República, mucho más jacobina, digámoslo así, que garantizaba entre el 75% y el 80% de los escaños a la lista del partido más votado y el resto al segundo (con las consecuencias que todos sabemos: esos bandazos drásticos de la II República fueron lo que los padres de la Constitución, buenos conocedores de la historia, quisieron evitar); y también para que los nacionalistas PNV y CiU pudieran tener un rol relevante en el Congreso de los Diputados.

Las consecuencias hoy, al cabo de casi 40 años, están a la vista de todos. Los partidos bisagra, los nacionalistas, son quienes se han llevado el gato al agua y quienes han chantajeado hasta la saciedad a los partidos mayoritarios, consiguiendo la mayoría de sus objetivos políticos con una eficacia increíble, dada su escasa representatividad. Ello en detrimento de partidos más “nacionales”, como Izquierda Unida, gran perjudicada desde siempre, o UPyD, cuyo mayor número de votos en términos globales resultan diluidos por la actual circunscripción provincial.

Al mismo tiempo aquello no ha servido para paliar el bipartidismo ni para evitar los bandazos políticos que han seguido dando el PP y el PSOE, el mismo vicio político que se pretendía evitar. Bien es verdad que no se ha llegado a la guerra civil sino que, al contrario, lo que se ha producido es una alternancia entre dos partidos que se han repartido el poder durante 30 años de manera no muy diferente, en la práctica, a la forma en que lo hicieron Cánovas y Sagasta durante la Restauración.

Que la ley electoral es uno de los aspectos que debemos reformar si queremos regenerar la democracia, creo que eso ya no lo duda nadie. Que mientras esta ley exista, la confluencia de los dos nuevos partidos va a tener una incidencia clave en la gobernabilidad del país y va a obligar a nuevas variaciones geométricas y a nuevos pactos, eso también es una evidencia, y refrescará el panorama político. De repente la cosa se va a poner mucho más interesante y las elecciones andaluzas no son más que un anticipo de lo que será la política nacional. Pero –para volver a nuestro arranque- la “súbita” aparición de estos partidos nuevos ha tenido una gestación larga, muy larga.

Hay quien ha descubierto la figura de Pablo Iglesias a raíz de las elecciones europeas, cuando su formación sorprendió a todos con un millón de votos. Pero Iglesias y su entorno ya estaban ahí en el 2011, durante el 15-M, cuando entre otras cosas se ofrecieron a Izquierda Unida para canalizar un movimiento que pensaban poder controlar.

Esa fecha es el principio de todo. Fue entonces cuando se visualizó el descontento masivo de la sociedad española con el sistema bipartidista de la Transición. Fue entonces cuando muchos miles de personas clamaron contra una Constitución que al cabo de 36 años pide una reforma, contra una ley electoral injusta, contra una monarquía a la que se le ha agotado la legitimidad del 78, contra esas listas cerradas que suponen en la práctica un secuestro de la soberanía popular y contra un Estado de las Autonomías que, a fecha de hoy, no es ni chicha ni limoná, y encima resulta tremendamente oneroso.

Al cabo de un tiempo, viendo que la calle se calmaba, los políticos de siempre siguieron como siempre, y hasta se mofaron. Nadie atendió a aquello que, puede ya decirse, ha sido el movimiento popular más importante de la historia reciente. Hoy ya no se mofa ninguno. Hoy los tienen enfrente y pronto los tendrán a su lado en el Congreso. De súbito, como decía Heidegger, esto no ha tenido nada.


José Ángel Mañas es escritor y autor de libros como ‘Historias del Kronen’ (1994) o ‘El siglo de Águila Roja’.

Podemos llena Sol y se mira en Syriza

Vídeo: 93metros

Pablo Iglesias lidera la marcha entre las banderas de Grecia y de la izquierda helena. Juan Carlos Monedero insiste en que su partido es una alternativa de Gobierno.

Vídeo: 93metros

Pablo Iglesias lidera la marcha entre las banderas de Grecia y de la izquierda helena. Juan Carlos Monedero insiste en que su partido es una alternativa de Gobierno. Cientos de pancartas contra la corrupción y contra Mariano Rajoy.

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De Sol a Sol: así llega Podemos a la manifestación del sábado

Asamblea Ciudadana

Una demostración de fuerza. Una exhibición de músculo. Un acto de autoafirmación, pero también de advertencia al sistema político en general y al actual inquilino de la Moncloa en particular. Todo eso busca Podemos en su primera gran manifestación como partido, con la que este sábado pretende llenar el centro de Madrid. La manifestación termina en la Puerta del Sol, epicentro del 15-M del que la organización se siente heredera.

Hace un año, Podemos no existía como tal. Era una suerte de ‘queremos’ (o ‘querríamos’) con orígenes muy concretos. Unos profesores de la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, una corriente de opinión con raíces en el 15-M y sectores de la izquierda a la izquierda del PSOE y una cabeza visible: Pablo Iglesias. Hoy más de una encuesta sitúa al partido como el primero en intención de voto. Así ha llegado de la nada hasta este 31 de enero el movimiento de Pablo Iglesias:

1.-Gaudeamus igitur

Las tres personas que figuran como fundadores de Podemos en los registros del Ministerio de Interior tienen algo en común: son profesores de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid.

transEn 2008, Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y Carolina Bescansa, junto con otros docentes e investigadores como Íñigo Errejón y Pablo Sánchez-León, fundan Promotora del Pensamiento Crítico, una de las incubadoras de Podemos.

Con ese y otros paraguas organizan actos y debates, como “99 segundos one step beyond”, un debate con un formato inspirado en parte en el programa 59 segundos (cartel a la derecha), que acabarían desembocando en formatos televisivos como La Tuerka.

2.- El parlamento de verdad son las tertulias

“Tengo la impresión de que los parlamentos no sirven para nada”, confesaba Pablo Iglesias en una entrevista con Jordi Évole hace menos de tres meses. “Esa intervención vale para algo si sale un vídeo”. Como parlamentario europeo, Iglesias asegura tener “la sensación de que el debate parlamentario no sirve y que los verdaderos parlamentos son las tertulias de televisión”.

Pablo Iglesias, cuya foto llegó a servir como logotipo en las papeletas de las elecciones europeas, entró en la vida de los españoles a través de una pantalla de televisión. Dos programas, La Sexta Noche (La Sexta) y Las mañanas de Cuatro, lo consagraron definitivamente. Sin embargo, el paso de televisiones como Tele K y Canal 33 a las cadenas nacionales comenzó con episodios como este, en el que él mismo reconocía cruzar “las líneas enemigas” para “charlar en territorio comanche”. Entonces era presentado tan solo como simpatizante del 15-M. Enfrente, el eurodiputado Alejo Vidal-Quadras y el periodista Federico Jiménez Losantos. Era El gato al agua, en Intereconomía. Abril de 2013. Para muchos, su salto al estrellato.

3.- Podemos es un partido, pero no cualquiera

En el Ministerio de Interior figura la inscripción de Podemos el 11 de marzo de 2014. Constan como responsables legales el propio Iglesias, Monedero y Bescansa. El partido pronto inició una gran expansión, aunque en la Ejecutiva (de cinco hombres y cinco mujeres) hay una importante presencia del núcleo duro universitario que acompaña a Iglesias.

Desde entonces, la formación ha alentado la aparición de círculos, o foros de debate y movilización por temas o localidades, sin que exista un listado oficial que reconozca a algunos y los diferencie de los aparecidos espontáneamente o los incluso contradictorios con las tesis fundamentales del partido.

Podemos ha utilizado numerosas herramientas para propagarse con rapidez. Ha renunciado al concepto de militancia clásica (inscripción, pago de cuotas, cierta presencia física) y apuesta por los inscritos, o personas que se registran, debaten y votan a través de internet. Según la organización, hay ya 319.000, más que el número de militantes del PSOE (unos 200.000), pero menos que el PP, que presume de tener más de 800.000 afiliados (aunque no es público el número de militantes que pagan cuota y el de simpatizantes). El partido también se ha servido de las redes sociales para multiplicar su eco. Pablo Iglesias tiene 800.000 seguidores en Twitter (Rajoy, 691.000, Sánchez, 127.000) y Podemos, 514.000 (el PSOE, 206.000, PP, 204.000).

4.- Pisando la moqueta de la casta

La noche del 25 de mayo, los líderes de Podemos comparecieron con media sonrisa. Habían logrado 5 de los 54 diputados al Parlamento Europeo y 1.200.000 votos. Estaban satisfechos con un resultado electoral que pilló desprevenido hasta al más audaz de los estudios demoscópicos, pero no se conformaron. Con gesto serio, anunciaron que iban a por más y que no pararían hasta presentarse a las elecciones generales y ganarlas.

Poco más de seis meses después, ha quedado claro que el Parlamento Europeo estaba llamado a ser un trampolín, pero sólo eso. El primero de los cinco en abandonar el barco fue Carlos Jiménez Villarejo, que estuvo sólo unas semanas en la Eurocámara. En los próximos meses lo harán probablemente Pablo Iglesias, más que posible candidato a la presidencia del Gobierno, Teresa Rodríguez, que aspira a la Junta de Andalucía, y Pablo Echenique, que quiere presentarse a las autonómicas en Aragón. Siempre y cuando superen el proceso de primarias de la organización. Después de sólo uno de los cinco años que dura la legislatura europea, en la Eurocámara podría no quedar casi ninguno de los candidatos elegidos en las urnas.

5.- Proclamación y derrota del sector crítico

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Pablo Echenique (en la foto) quería otro modelo. El eurodiputado no quería un secretario general sino tres portavoces y la elección por sorteo de los componentes de los órganos de dirección. Así se evitarían vicios de los partidos tradicionales, como el culto al líder o tener una ejecutiva separada del las bases. Así lo propuso a la Asamblea Ciudadana que se celebró en octubre. Sin éxito.

Pablo Iglesias se impuso sin concesiones y pidiendo tener las manos libres. “Sé que, si la gente está de acuerdo con nuestra propuesta, se echarán a un lado porque son gente honesta para apoyarnos en este trabajo”, aseguró en el encuentro.

Echenique y su equipo no se echaron a un lado y han hecho suya aquello de que “el cielo no se toma por consenso, sino por asalto”. Una frase que pronunció Iglesias durante el encuentro (inspirada en Marx). El propio Echenique pugna en Aragón por controlar el partido contra la lista apadrinada por Iglesias. Teresa Rodríguez, eurodiputada y del sector crítico, aspira a ser la candidata a las elecciones andaluzas.

6.- Primer partido en intención de voto directo

Captura de pantalla 2015-01-29 a la(s) 21.08.43

Noviembre fue un buen mes para las expectativas electorales de Podemos. El barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, cuyas entrevistas se hicieron en octubre, colocó a Podemos como primera fuerza en voto directo (y tercera en estimación de voto).

Aunque el escenario de elecciones generales era remoto entonces, el gráfico, de Kiko Llaneras (Politikon) resume la tendencia, también expresada en otros sondeos de empresas privadas en las mismas fechas:

7.- Los tics de la vieja política

Monedero

La exigencia de transparencia y de beligerancia contra la corrupción parece haberse vuelto en contra de Podemos. El partido denuncia una cacería, una campaña de acoso y derribo contra sus líderes. Sin embargo, tanto Íñigo Errejón como Juan Carlos Monedero (en la foto) han pasado de ser sólidos pilares del proyecto a presentar grietas de incierta evolución.

Monedero cobró 425.000 euros a través de una empresa de la que es el único titular por asesorar a Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador. Aunque tributó en España, lo hizo por medio de una sociedad sin estructura ni empleados y no como persona física, ahorrándose buena parte de los impuestos. Además, declaró la actividad tres años después justificando un retraso en el pago y no informó debidamente a la Universidad Complutense hasta el último minuto, lo que le ha valido un expediente por parte de la institución.

El secretario de Política de Podemos, Íñigo Errejón, también se enfrenta a un expediente en la Universidad de Málaga, para la que hizo trabajos sin respetar un contrato que le obligaba a trabajar en el campus 40 horas a la semana. Su supervisor era otro profesor vinculado a Podemos.

Estos casos, que Pablo Iglesias ve como munición enemiga en una caza de brujas, son para el resto de partidos la prueba de que la nueva formación ni es tan nueva en las formas ni puede dar lecciones a los demás.

(Fotos: Podemos, Promotora de Pensamiento Crítico, Parlamento Europeo)