La resaca electoral, en directo

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La lista conjunta de Junts pel Sí gana las elecciones con 62 escaños, pero se queda a seis de la mayoría absoluta: el independentismo gana en escaños pero no en votos. Ciudadanos pasa de tener nueve representantes en el Parlamento de Cataluña a 25, mientras sus principales adversarios políticos descienden en escaños: El PSC pierde cuatro y el PP ocho. Cataluña sí que es Pot se estrena con 11 diputados.

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    La lista conjunta de Junts pel Sí gana las elecciones con 62 escaños, pero se queda a seis de la mayoría absoluta: el independentismo gana en escaños pero no en votos. Ciudadanos pasa de tener nueve representantes en el Parlamento de Cataluña a 25, mientras sus principales adversarios políticos descienden en escaños: El PSC pierde cuatro y el PP ocho. Cataluña sí que es Pot se estrena con 11 diputados.


    Las cinco lecciones de la campaña

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    Acaba de terminar la campaña más importante para Cataluña desde 1980. Aquí van cinco lecciones de dos semanas de mítines, debates y momentazos.

    ¿Cómo votarán los catalanes? Una predicción del 27S a partir de las encuestas

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    El próximo domingo se celebran unas elecciones transcendentales en Cataluña y muchas preguntas permanecen abiertas: ¿logrará Junts pel Sí una mayoría absoluta? ¿Quién será la segunda fuerza? Aquí Kiko Llaneras aborda esas preguntas usando un modelo estadístico de predicción. 

    También en EL ESPAÑOL:

    El promedio de las encuestas. El primer paso para la predicción hecha en este artículo.

    Así son los catalanes que votarán el 27S: una radiografía en cinco gráficos. Una radiografía de los votantes del 27S según su edad, su origen, su nivel de estudios o su renta.

    Radiografía de los votantes españoles (I). Donde María Ramos y yo analizamos la edad, profesión, nivel de estudios y la clase social de los votantes del PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos.

    Radiografía de los votantes españoles (II). Una radiografía similar a la anterior pero que responde otra pregunta: ¿cómo es la ideología de los votantes de cada partido?

    Acaba de terminar la campaña más importante para Cataluña desde 1980. Aquí van cinco lecciones de dos semanas de mítines, debates y momentazos.

    1. Los ‘shows’ cuentan.

    El icono de la campaña será Miquel Iceta. Empezó bailando y acabó bailando. Son detalles a veces inocuos pero que han dado un foco a Iceta que, por ejemplo, Ramon Espadaler de Unió no ha logrado. Otros partidos criticaron su banalidad, pero vieron rápido que sonaban gruñones. ¿Hubo un asesor que pidió a Iceta que bailara? Probablemente no. La naturalidad fue su victoria: Iceta baila y cuando baila lo da todo. El mitin de final de campaña del PSC tenía el eslogan de “Ven a bailar con Iceta” y el hashtag #Icetalopeta.

    Hubo también lenguaje de indios: “Grandes jefes venir reserva catalana para decir a indígenas lo que conviene votar”, dijo Artur Mas. Se refería a los líderes de PP, PSOE y Podemos y pedía para ellos “un corte de mangas”. Pablo Iglesias le respondió con una parrafada en indio. Sus mejores metáforas fueron “coleta morada”, “gran jefe plasma” y “pájaro naranja”. Las bromas llegaron a twitter.

    Puede ser que algún mote quede. Pablo Iglesias no se conformó con este lenguaje. También se lanzó a versionar a Krahe. El baile de Iceta tuvo más éxito.

    El tercer show fue el más serio. En la fiesta de la Mercè en el Ayuntamiento de Barcelona hubo una pelea de banderas. Aquí se cuenta bien qué pasó. Todos acabaron por pedir disculpas. Hay shows tan ridículos que pueden ser arriesgados. Pero la lección no es ésa sino esta otra: los votos se ganan de maneras muy distintas.

    GRA487. BARCELONA, 23/09/2015.-El candidato a la presidencia de la Generalitat por la CUP, Antonio Baños, interviene en el acto político que se celebra esta noche en Cornellà de Llobregat (Barcelona), de cara a las elecciones del 27S. EFFE/Toni Albir
    EFE/Toni Albir

    2. Algunos líderes mueven (aún) pasiones.

    Miquel Iceta destacó por su baile. Luego en los debates fue serio, pero era uno más. Si hubo alguien que destacó en la dialéctica fue Antoni Baños, de la CUP. Baños tiene ese aspecto de yo pasaba por ahí. Como si estar en la tele rodeado de famosos no fuera con él. Excepto los equilibrios sobre la investidura, ha hablado con poco control. Baños bromea con los periodistas (recuerda que lo fue) y coleguea con todos. Es difícil que Baños caiga fatal y que (más allá de ideologías) no se piense que es el tipo más normal. Si la CUP mejora aún más sus perspectivas, su candidato habrá tenido un peso.

    Los otros líderes fueron resultones pero ninguno logró destacar con consistencia.

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    3. Los líderes no autonómicos también mueven votos.

    Ciudadanos y Catalunya Sí que es Pot han jugado con dos equipos. Los titulares (Inés Arrimadas y Lluís Rabell) han tenido unos sustitutos que han jugado casi más: Albert Rivera y Pablo Iglesias. El objetivo obvio de ambos es que sus votantes identifiquen a sus partidos con ellos.

    Todos los candidatos de estas elecciones eran nuevos. Pero la marca previa de Ciudadanos y Podemos luce de momento más que la otras siglas tradicionales. El mejor modo de recordarlo a los votantes es que sus lideres estuvieran en todas partes. Eso explica su ubicuidad.

    4. Las preguntas importantes siguen sin respuesta.

    La lista que logrará más votos (Junts pel Sí) dio a estas elecciones un tono épico: “El voto de tu vida”. Veníamos de lemas como “ahora o nunca” o “ha llegado la hora”. Si Cataluña puede independizarse el día 28 de septiembre de repente, los ciudadanos que dudan debían tener más respuestas: ¿seguirían siendo españoles y europeos? ¿El euro sería aún la moneda y los bancos no tendrían problemas? ¿Las pensiones estarían garantizadas? ¿La liga sería solo catalana? Las preguntas no son aún sobre la calidad del “país nuevo” sino sobre la viabilidad de una transición.

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    El problema catalán en 21 fichas 

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    Las preguntas, al menos, han empezado a debatirse. Las disputas han sido cada vez más concretas y serias y culminaron en el debate entre Oriol Junqueras y el ministro García Margallo. Pero sigue sin saberse nada con certeza total. Unos insisten en que es obvio que irá bien porque no puede ir de otro modo y que sería absurdo poner trabas en el siglo XXI. Otros insisten que todo irá mal porque a quién se le ocurre levantar fronteras en el siglo XXI. Pero no hay nada pactado. La comunidad internacional no asumirá un cambio inmediato, definitivo pero con alfileres el 28 de septiembre.

    A pesar de la épica y con una metáfora que usó Maiol Roger, de El País, en una charla en la radio, ahora “estamos en cuartos de final”. Quien gane pasará a semifinales. Las preguntas aún abiertas necesitan respuestas. Las respuestas necesitan que los votantes las reflexionen. La campaña electoral de las generales no será un momento de pausa para hablar, pero quizá luego sí. Sólo quizá. El año 2015 prometía sacudidas. Pronto todos tendremos ganas de que termine.

    GRA444. OLOT (GIRONA), 14/09/2015.- El presidente de la Generalitat, Artur Mas, asiste a un acto de campaña de Junts pel Sí en Olot. EFE/Robin Townsend
    Robin Townsend / EFE

    5. El ‘president’ más probable no ha bajado del bus.

    Estas elecciones tenían un tema principal y no era la gestión del último Gobierno. Se ha comentado mucho la jugada maestra de Mas para seguir si las encuestas aciertan como president sin tener que hablar mucho de recortes, corrupción o deuda. La lista de Junts pel Sí se mueve con otros códigos, llenos de deseos y emoción, pero lejos de políticas públicas específicas. No les que tocaba ahora, ha sido el argumento.

    En junio el partido de Mas caía en las encuestas. La gestación de esta lista fue difícil. Hubo unos días en julio en los que la “lista sin políticos” ganó peso y Mas dudó si dejar que hicieran la lista sin él, como cuenta este magnífico reportaje de Crític. Al final se impuso y es probable que le salga bien su jugada: seguir de presidente. Si sólo le hubiera interesado la presidencia, la lista de la sociedad civil tenía mejores perspectivas electorales.

    Si optó por este camino es porque no quería sacrificarse aún. Como dijo en una entrevista a Mónica Terribas, “después de todo lo que he hecho puedo pedir una reflexión” y tengo “el pequeño derecho de hacer propuestas”. Su propuesta fue usar a ERC, la Assemblea Nacional de Catalunya y Òmnium. Si no aceptaban, no había elecciones el 27 de septiembre.

    También en EL ESPAÑOL:

    Lee la serie ‘Espejos de Cataluña’:

    El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla / El exportador de cava

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    Por qué Zapatero no ha participado en la campaña catalana

    Zapatero

    Está apagado o fuera de cobertura o, lo que es lo mismo, “dolido” y viajando con la nueva ONG que preside, lejos de la trascendental campaña electoral catalana. Pero los problemas de agenda no son el único motivo de su ausencia.

    Fue ante una muchedumbre y en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Acompañando sus palabras de versos en catalán de Miquel Martí i Pol y al lado de Pasquall Maragall, José Luis Rodríguez Zapatero pronunció la frase:

    “Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán”.

    Era noviembre de 2003, a tres días de las elecciones que alumbrarían el tripartito de PSC, ERC e ICV. Zapatero proponía, como hoy Pablo Iglesias, echar a Artur Mas, que se presentaba por primera vez como cabeza de lista, y a CiU de la Generalitat que la hoy extinta coalición ocupó durante más de dos décadas. Era, según él, el paso previo a desalojar del Gobierno meses después al PP y a Mariano Rajoy, que sería el candidato a La Moncloa.

    Hoy, Zapatero está apagado o fuera de cobertura o, más bien, decepcionado y viajando con la ONG internacional Instituto de Diplomacia Cultural, con sede en Berlín. A diferencia de Felipe González, el último jefe del Ejecutivo socialista no ha participado en la campaña electoral catalana. Fuentes de su entorno explican que fue invitado por Miquel Iceta, el líder del PSC, pero no aceptó la oferta argumentando problemas de agenda. Sin embargo, en la decisión ha pesado mucho la imagen actual del expresidente, que se siente “dolido” y decepcionado por lo que considera una manipulación de su gestión.

    “Zapatero puso de acuerdo a todos, también los nacionalistas de CiU y a ERC, para un nuevo estatuto que podría haber resuelto el problema para los próximos 20 o 30 años”, razonan estas fuentes. El recurso ante el Constitucional y su fallo, envuelto en la polémica, frustraron esa esperanza que tanto aplaudía Maragall en el Palau Sant Jordi. La sentencia de 2010 es considerada a menudo como el punto de inflexión tras el que el independentismo dejó de ser residual para convertirse en relevante en la sociedad catalana. Y Zapatero, al que le incomoda que le reproduzcan su frase, es considerado “como parte del problema, cuando en realidad lo fue de la solución”, agumentan sus próximos. Por si fuera poco, la inversión en Cataluña de los Gobiernos de Zapatero “fue altísima, al contrario que la del PP”, señalan, algo que no se está teniendo en cuenta.

    Una mala relación con Ferraz

    La relación del expresidente con Pedro Sánchez es un factor adicional que explica su insólito silencio. El actual líder del PSOE está desplegando una intensa actividad en Cataluña, en la que muchos ven un intento por fabricar una imagen de presidenciable que se vería contaminada por la presencia de sus antecesores en las riendas del partido.

    Sánchez se ha desmarcado de la reforma de la Constitución que abanderó Zapatero en el verano de 2010, a pesar de que entonces votó a favor. Desde Ferraz, se reprocha al expresidente su cercanía a rivales internos como Eduardo Madina o recientemente Juan Segovia, el candidato a liderar el PSOE en Madrid que perdió en primarias frente a Sara Hernández, preferida por Sánchez.

    Alfredo Pérez Rubalcaba tampoco ha estado en la campaña al serle imposible participar en la fecha que le propusieron, según confirman desde el PSC. En cualquier caso, fuentes cercanas a Rubalcaba y Zapatero destacan que, en caso de haber existido un gran interés por la presencia de ambos, no habrían faltado a la cita. “Cuando se quiere, se puede”, resumen. Desde la Ejecutiva de Ferraz, en cambio, se descarga en el PSC la responsabilidad de invitar a los que han sido primeros espadas del socialismo español, a pesar de que estaban llamados a compartir escenario con el actual líder del partido.

    Estas ausencias contrastan con la gran presencia que ha tenido González en la campaña, compartiendo mitin este miércoles con Sánchez e Iceta y manteniendo una intensa presencia en medios de comunicación, incluyendo una polémica entrevista en la que consideró a Cataluña como nación y un artículo en el que pedía a los votantes que no se entregasen al independentismo.

    Zapatero propone un “esfuerzo común y conjunto” para “hacer que las banderas no separen”, “que la diversidad nos una y que caminemos en el convencimiento del progreso”. Se refiere, en un vídeo que aparece en la web de la ONG que preside desde este verano, a los caminos de la diplomacia internacional.

    Un afrancesado a la sombra de Pablo Iglesias

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    Lluís Rabell encabeza la lista de izquierdas de Catalunya Sí Que u Pot, que incluye a Podemos, ICV, EUiA y Equo. Amante de la ‘chanson’ francesa y ligado desde siempre a los movimientos de extrema izquierda, lucha por hacer oír su voz en una campaña polarizada por el proceso soberanista.

    Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

    Lluís Rabell encabeza la lista de izquierdas de Catalunya Sí Que es Pot, que incluye a Podemos, ICV, EUiA y Equo. Amante de la ‘chanson’ francesa y ligado desde siempre a los movimientos de extrema izquierda, lucha por hacer oír su voz en una campaña polarizada por el proceso soberanista.

    En julio de 2015 Josep Lluís Franco Rabell (Barcelona, 1954) recibió un ultimátum telefónico. Entonces presidía  la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB) y se encontraba reunido en una junta de ese organismo. Desde la candidatura de Catalunya Sí Que es Pot (CSP) le dijeron que no tenía más tiempo para pensar. Debía decirles urgentemente si aceptaba ser el número uno de la lista de su formación.

    Rabell era consciente de que no era ni el primero ni el segundo plato. Era la tercera o cuarta opción de los responsables de la lista y ya había rechazado la oferta en una ocasión. Su intención era seguir donde estaba y terminar su mandato al frente de la FAVB. Según explica, se decidió a presentarse por unas palabras de Artur Mas que hicieron que le hirviera la sangre.

    Todo el movimiento que ha habido en la política catalana de los últimos 4 o 5 años ha venido por la enorme movilización del movimiento soberanista. ¿Y quién se está agrupando para el 27-S? El mundo del ‘Sí se puede’. (minuto 59 de este vídeo)

    “Ese posado arrogante, de niño de casa buena, presentándose como el adalid de Cataluña y hablando con tono de menosprecio me hizo sentir realmente irritado”, rememora Rabell. Al colgar el teléfono consultó con los miembros de la junta de la FAVB. Algunos le dijeron que tirara hacia adelante. Otros, pensando en la pérdida que significaba para la entidad, optaron por no opinar.

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    Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

    Una lista a contrarreloj

    Quienes estuvieron en la mesa de negociaciones entre los partidos para elegir quién encabezaba la lista de CSP describen el proceso como “muy duro”. Agosto se echaba encima y todavía no tenían candidato. Las prisas hicieron que lo que tenía que ser una candidatura de base se acabara pareciendo más a un mero acuerdo entre partidos.

    Podemos quería que el candidato fuera Albano Dante, el periodista que había ganado las primarias del partido. ICV apostaba por Joan Coscubiela, hasta entonces diputado en el Congreso. El partido Procés Constituent, que finalmente se cayó de las negociaciones, optaba por la monja progresista Teresa Forcades, pero su figura generaba muchos recelos. Al final se llegó a la conclusión de que lo mejor era designar un candidato independiente.

    Se barajaron varios nombres. La principal apuesta era el economista Arcadi Oliveres. También se contempló la posibilidad de escoger a la periodista de El País Milagros Pérez-Oliva e incluso al televisivo Jordi Évole. Pérez-Oliva y Évole no se subieron al barco. Oliveres aceptó en un primer momento, pero después de consultarlo con Procés Constituent reculó alegando motivos de salud.

    Sólo entonces se le ofreció el puesto a Rabell.

    Marc Bertomeu, secretario general de Podemos en Barcelona, cuenta que Rabell se había ofrecido antes “para lo que hiciera falta”. Pero recuerda que les advirtió que no era ni Ada Colau ni Pablo Iglesias. “Voy a necesitar mucha ayuda”, les dijo.

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    Un vecino más

    “Presentarse a una lista a este nivel no estaba en el esquema mental de Rabell”, explica Joan Maria Solé, actual vicepresidente de su federación de asociaciones de vecinos. Solé cree que accedió a liderar la formación porque consideró que en ese momento se le necesitaba. He hablado con una docena de personas en el entorno de Rabell y todas coinciden en señalar que si le llegan a contar hace un año dónde estaría ahora no se lo habría creído.

    Toda la gente que ha trabajado con él resalta su capacidad de diálogo y de generar consensos, fruto de trabajar en un movimiento como el vecinal, en el que se deben aunar distintas sensibilidades. “Es experto en acercar posiciones y buscar compromisos”, cuenta Joan Subirats, catedrático de Ciencia Política y uno de los impulsores de la candidatura de Ada Colau a la Alcaldía de Barcelona. 

    En la federación de asociaciones de vecinos todos hablan muy bien de Rabell y resaltan la pérdida para la entidad que supuso su marcha. “Ha sido de los presidentes más carismáticos que hemos tenido”, dice Solé.

    Como nota negativa, algunos cuentan en privado que peca de vehemencia y mal carácter cuando hay algo que no le gusta. También mencionan cierta seguridad que a veces parece impostada. “Es imposible que una persona delante de un reto como éste no presente dudas e inquietudes”, cuenta Bertomeu. “Rabell se lo queda todo para él”.

    A Rabell se le ve muy cómodo en los mítines y actos de calle. Habla bien en público y tiene cierto carisma a la hora de articular sus discursos y relacionarse con la gente. En algunos mítines incluso se ha soltado y se le ha visto cantar.

     

    Los allegados de Rabell explican que su pasión por cantar es compartida. Rabell toca la guitarra y forma un dueto de chanson francesa junto a su pareja, Sylviane. Cuentan que el candidato incluso compone algunas canciones y que ha actuado junto a su mujer en alguna ocasión.

    Donde no se le ve tan cómodo a Rabell es en las entrevistas y en los debates televisados. No acostumbra a mirar a los ojos cuando responde y en algunos de los debates se le ha visto un poco ausente. “Es una persona que viene del mundo reivindicativo. No está acostumbrado a tener oposición a su discurso porque él siempre ha sido el opositor”, explica una persona de su entorno que prefiere no desvelar su nombre.

    Años clandestino

    En 1974 Rabell era un estudiante de Filosofía y Letras y de Ciencias Económicas en la Universidad de Barcelona. Militaba activamente en su universidad a través de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), de carácter trotskista, bajo el pseudónimo de Gerard. Un encargo de la organización le obligó a dejar los estudios y trasladarse a París.

    Rabell no quiere explicar qué fue a hacer a la capital francesa durante tres años. “Como fue una petición clandestina de un grupo ilegal, entenderás que no lo quiera revelar”, contesta. “La vida del revolucionario, sobre todo durante la juventud, está llena de episodios interesantes cuyos detalles no tienen por qué explicarse”.

    He hablado con varias personas que durante el tardofranquismo y durante la Transición militaron en la LCR y en la Liga Comunista (LC), una organización también trotskista que se escindió de la primera. Muchos de ellos hoy ocupan cargos de responsabilidad en grandes compañías, organizaciones empresariales o partidos y la mayoría de ellos no han querido que les cite en este perfil.

    Todos coinciden en que el papel de Rabell en esos años era ejercer como enlace entre organizaciones, confeccionar y distribuir propaganda y tal vez infiltrarse en otras formaciones de izquierda de la época.

    Los consultados describen a los miembros de la LCR y la LC como el sector más duro de la disidencia franquista en la universidad. “Nosotros éramos los de los cócteles molotov”, explica Josep Maria Rañé, exconsejero de Trabajo e Industria en el Gobierno del tripartito y exmilitante de la LC. “Abogábamos por el estilo de guerrillas mientras que los del PSUC eran más moderados en este aspecto”. Un exmiembro de la LCR que ahora tiene un cargo en el PSC también cuenta que en la LCR había cierta ambigüedad respecto al terrorismo de ETA. “Eran otras épocas”, añade.

    A Rañé no le sorprende que a Rabell le mandaran dejar los estudios e irse al extranjero. “El concepto de militancia era duro. Te podían pedir cualquier cosa una vez estabas dentro”, explica. “Vi a mucha gente dejar los estudios e irse a trabajar a la obra sólo para organizar allí el frente obrero”.

    En Francia Rabell hizo primero trabajos de traductor. Luego se licenció en Traducción e Interpretación en Montpellier. Su mujer es francesa y sus dos hijos nacieron en Francia. Al volver a Barcelona en 1987, Rabell se dedicó a Talleres Franco, su empresa familiar dedicada al mármol. La empresa cerró víctima de la crisis inmobiliaria durante el año 2010.

    Desde su vuelta a Barcelona, Rabell formó parte de la Asociación de Vecinos de la Esquerra de l’Eixample y militó en partidos de extrema izquierda como el Partido Obrero Revolucionario (POR) y Revolta Global. Entre 2012 y 2015 presidió la FAVB.

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    El azote de Trias

    Durante los años al frente de la FAVB, Rabell se convirtió en uno de los grandes opositores a las políticas del alcalde de Barcelona, Xavier Trias (CiU).

    Su mandato al frente de la entidad se caracterizó por un control férreo de la gestión municipal y por las críticas de muchos vecinos al modelo turístico de la ciudad. Rabell apoyó la movilizaciones vecinales en los barrios de la Barceloneta y la Sagrada Familia en contra del turismo y colaboró con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y con varias ONG. La entidad también impulsó una querella colectiva contra la familia Pujol después de que el expresidente de la Generalitat reconociera que había defraudado al fisco.

    Después de unos meses de fuerte movilización vecinal en contra del alcalde, Trias insinuó en una entrevista en El Periódico que Rabell creaba agitación entre los ciudadanos para desgastar a su Gobierno ante un inminente salto a la política.

    Los estatutos de la FAVB establecen que ningún miembro de la junta puede ir en una lista electoral. Rabell no estaba en ninguna candidatura pero participó activamente en la creación de Guanyem, el germen de la plataforma que al cabo de unos meses arrebataría la alcaldía a Trias. “Entre bastidores hacía lo que podía”, reconoce Rabell, que desliga esta actividad de su cargo al frente de la federación.

    Las acusaciones de Trias y la actividad de Rabell generaron cierto recelo en la FAVB, que vio cómo su independencia se ponía en entredicho. La junta obligó a Rabell a enviar una carta a El Periódico dirigida a Trias. En el escrito Rabell aseguraba que “no formaría parte de ninguna lista en las siguientes elecciones [municipales] ni en cualquier otro tipo de comicios”.

    Al cabo de un año Rabell fue presentado como candidato a la presidencia de la Generalitat.

    El entorno de Trias no ha querido hacer ningún comentario sobre la disputa entre Rabell y el exalcalde para este reportaje.

    La ausencia de Colau

    Rabell no esconde que participó en la gestación del germen de la candidatura de Ada Colau mientras presidía la FAVB. Describe reuniones con Joan Subirats, con Ada Colau y con su segundo Gerardo Pisarello. “Cualquier proyecto político necesita lo que se llama cocina y yo estuve en la cocina”, explica.

    “No se implicó personalmente pero sí que aportó muchas ideas”, recuerda Subirats.

    Colau, sin embargo, no se ha significado a favor de Rabell, con quien le une una estrecha relación personal.  Las distintas sensibilidades respecto al soberanismo han impedido que le apoyara públicamente. “Guanyem es plural”, dice Subirats. “Dentro hay independentistas que pueden ser más próximos a la CUP”.

    Los miembros de CSP consultados coinciden en que el apoyo de una figura como Colau habría sido determinante para una candidatura que no acaba de despegar en las encuestas. Rabell no esconde su decepción pero pide comprensión. “Hay que comprenderla y respetarla”, se lamenta. “Tenemos una buena alcaldesa, no la quememos antes de hora”.

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    El problema de la independencia

    La postura sobre el debate soberanista de CSP ha situado el partido en tierra de nadie. No están en el bloque soberanista pero tampoco se sienten cómodos en el bando unionista. Su postura es fiarlo todo a que Podemos gane en las generales de diciembre y permita un referéndum pactado.

    Cuando entré a la entrevista con Rabell en la sede de ICV, me crucé con los presidentes de las dos grandes organizaciones independentistas: la ANC y de Òmnium. El calendario marcaba el 3 de septiembre y todavía se especulaba con la presencia de CSP en los actos de la Diada. En la mesa de la sala de reuniones quedaban bocetos con diferentes propuestas para situar a Rabell y a los suyos en el acto sin que se sintieran incómodos. En esa reunión, sin embargo, se decidió que el partido no estaría representado en la Meridiana.

    “Se nos usa por un lado y por el otro. No puedo ceder a este chantaje de Mas”, se quejaba entonces Rabell. “Aun así hemos quedado que el 28 de septiembre nos sentaremos otra vez [con Òmnium y la ANC] porque habrá que hablar muchas cosas”.

    El candidato de CSP, que votó Sí-Sí en la consulta del 9N, asegura que 2015 es el primer año que no participa en la Diada. “Yo ya iba antes de que las manifestaciones fueran masivas, cuando nos reuníamos cuatro gatos por la tarde”. La gente que acudía a esas manifestaciones recuerda cómo ahí sólo se juntaba la izquierda independentista más radical. A las juventudes de ERC se las había llegado a expulsar de la movilización en alguna ocasión porque se consideraba que sus miembros estaban demasiado cerca del establishment nacionalista.

    Rabell asegura que no es independentista. Algo que desde el PP y C’s se le ha reprochado continuamente durante la campaña. “Soy soberanista, que es distinto. Creo en la autodeterminación de los pueblos”, matiza.

    Otro aspecto que le reprochan es que cambiara su nombre de Josep Lluís Franco Rabell a Lluís Rabell escondiendo su primer apellido: Franco. “No me avergüenzo de mi apellido”, replica, “llevo muchos años firmando mis traducciones con el segundo en honor a mi abuelo materno, que fue quien me crió”.

    Rabell se enmarca en el federalismo pero asegura que CSP también es una lista soberanista. En un artículo publicado en 2009 en la revista Viento Sur Rabell escribía esto:

    Defendemos sin ambigüedad la perspectiva de una República Catalana: la realidad nacional del país y lo prolongado de la injusticia a que se ha visto sometido hacen insoslayable una salida basada en el pleno ejercicio de la soberanía democrática. A partir de ahí, cabe decir que ni somos independentistas ni estigmatizamos la soberanía democrática

    En ese texto Rabell se desmarcaba del discurso que liga el nacionalismo con la burguesía catalana.

    Conviene huir de cierto “jacobinismo” -muy extendido incluso en la extrema izquierda- que, cuando no puede negar la problemática nacional, la aborda como un engorroso vestigio del pasado o como una inevitable concesión de veleidades culturales de la “pequeña burguesía”.

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    El gran desconocido

    A Rabell se le considera un clásico del movimiento reivindicativo barcelonés. Fuera de este ámbito, no obstante, es un gran desconocido. Lo avala una larga trayectoria ligada a las luchas sociales, pero muchos ciudadanos no lo conocen a falta de menos de una semana para las elecciones.

    “La poca trayectoria desde que se convierte en dirigente vecinal [en 2012] hasta que es candidato es uno de sus principales defectos”, explica Subirats.

    “Es un hecho objetivo: soy desconocido”, reconocía Rabell al principio de la campaña. “Me tocará picar mucha piedra”.

    En una era en que las campañas también se juegan en las redes sociales, Rabell pierde la partida en Internet. En el momento en el que escribo este perfil apenas tiene 7.300 seguidores en Twitter. Sólo Ramon Espadaler (Unió), tiene menos seguidores. Colau tenía unos 220.000 cuando lanzó su candidatura a la alcaldía de Barcelona.

    Este desconocimiento también se aprecia en los mítines y actos de campaña, donde Rabell se ve eclipsado por Pablo Iglesias. En todos los actos a los que he asistido he podido apreciar cómo los corrillos y las peticiones de selfies y besos se dirigen a Iglesias o incluso a Íñigo Errejón.

    Todos los consultados reconocen que la falta de tiempo y una precampaña en pleno agosto han jugado en contra de CSP. La gente no conoce a su candidato y en ocasiones ni siquiera la marca con la que se presenta. “El mayor problema que tendremos el 27-S es que la gente sepa cuál es la papeleta de Podemos”, ironiza en privado un miembro de ICV.

    El lío de Rajoy y el rifirrafe entre ‘Pájaro Naranja’ y ‘Coleta Morada’

    GRA547. BARCELONA, 21/09/2015.- El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias durante su intervencion en el mitin celebrado esta tarde en la Plaça dAngel Pestaña en Barcelona junto al cabeza de lista de Catalunya Si Que es Pot, Lluis Rabell e Iñigo Errejón. EFE/Jesús Diges

    El presidente del Gobierno se hace un lío con la nacionalidad de un vecino catalán si triunfa el bloque independentista. Cosas de salir del plasma. Mientras, Albert Rivera y Pablo Iglesias endurecen sus acusaciones para robar votos del granero de votos del cinturón rojo donde antes triunfaba el PSC.

    Martes de campaña electoral marcada por el suspenso del presidente del Gobierno en Derecho constitucional: ignora completamente que un ciudadano catalán nunca dejará de ser español si no lo desea, como reza en el artículo 11 de la Constitución. También por un cruce de tuits entre Albert Rivera y Pablo Iglesias por los futuros pactos de Gobierno.

    Helados se quedaron los simpatizantes del PSC que se acercaron a Sant Boi al mediodía para escuchar a la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, que reaparecía tras su baja de maternidad. Durante todo su discurso, ni siquiera se le escapó ninguna de estas cuatro palabras: Miguel Iceta y proyecto federal. La andaluza debió pensar que bastaba con respaldar en Mataró, ya caída la tarde, al candidato del PSC a la Generalitat.

    “¿Y la europea tampoco?”

    Mariano Rajoy no supo salir de laberinto en el que le metió el periodista Carlos Alsina en una entrevista sin plasma mediante. El presidente se hizo un lío en directo con qué nacionalidad tendría un ciudadano catalán en el hipotético caso de que Cataluña se independizase.

    Alsina le recordó que, según la Ley actual, los catalanes seguirán teniendo la nacionalidad española si así lo desean. “Vale… ¿y la europea?”. “Si son españoles, también tendrán la nacionalidad europea”. Un par de frases que sirvieron para que las redes sociales se incendiaran con memes sobre el presidente y le criticaran que no se haya preparado a fondo la entrevista, sobre todo con el tema catalán.

    La tercera anécdota de la jornada se vivió también en las redes sociales. las encuestas auguran que Ciudadanos y Podemos se disputarán el segundo puesto detrás el frente independentista. Y no es casualidad que sus líderes nacionales se metan el dedo en el ojo cada vez que tienen oportunidad.

    Espero que el candidato separatista de ‘Coleta Morada’ no ‘haga el indio’ y apoye a Inés Arrimadas antes que a Mas…”, escribió el líder de Ciudadanos, que sale a diario a recorrerse Cataluña de cabo a rabo para seguir cosechando votos. Rivera quiso incidir en uno de los puntos clave de su campaña: Catalunya Sí que es Pot, la plataforma respaldada por Podemos, no es una buena opción porque se dice que no es secesionista y su candidato, Lluis Rabell, votó el año pasado a favor de la independencia.

    Coleta morada no entender”

    Pablo Iglesias respondió la insinuación del de Ciudadanos y utilizó el lenguaje indio con el que Artur Mas atacó a los líderes de PP, PSOE y Podemos a los que envió un “corte de mangas”. “Coleta morada no entender pequeño Pujol votar reforma laboral con gran jefe plasma”. Mientras Ciudadanos y Podemos se clavan puñales por pescar algún voto no independentista del cinturón metropolitano barcelonés, Pedro Sánchez prefiere esquivar a Susana Díaz y pasar el día en Zaragoza y La Rioja, aunque eso suponga perder algún votante más. Cosas del PSC.

    Tras el amargo desayuno de Rajoy con Alsina, el presidente hizo de tripas corazón y cogió el AVE por la tarde, se plantó en Tarragona y evitó pronunciarse sobre el resbalón de la mañana. Sabía que lo más importante era acompañar a Xavier García Albiol. Aunque ambos sufrieron los abucheos de los independentistas.

    Según se acerca el 27S, la temperatura de la campaña sube. Sin embargo, el que parece que todavía no ha reaccionado a la encerrona que le ha hecho la banca esta semana es Artur Mas, que ayer no dio ni un solo titular digno de ser recogido en esta crónica. Quizá esté esperando a que Luis María Linde, que comparece hoy el Senado, explique mejor aquello que soltó el lunes de que con una Cataluña independiente habría un corralito. 

    Ciudadanos tiene la llave de Murcia

    murcia

    El partido de Albert Rivera tendrá en sus manos el destino del ‘popular’ Pedro Antonio Sánchez, cuyo partido ha gobernado la región desde hace dos décadas. 

    El partido de Albert Rivera tendrá en sus manos el destino del ‘popular’ Pedro Antonio Sánchez, cuyo partido ha gobernado la región desde hace dos décadas. 


     

    El Partido Popular gobierna en Murcia desde 1995. Antes de que llegara al poder José María Aznar. Si las elecciones arrojaran el resultado que indica la última encuesta de CEMOP (la firma que el CIS reconoce como el instituto de referencia en la región), el PP seguiría siendo la fuerza más votada con alrededor del 35% de los votos y lograría entre 18 y 20 escaños en la Asamblea regional. Pero estaría lejos de los 33 actuales y se quedaría entre tres y cinco escaños por debajo del umbral de la mayoría absoluta, que se sitúa en 23 escaños.

    Los sondeos indican que Ciudadanos y el PSOE se encuentran un empate técnico, con un 21% y 11 escaños cada uno. Podemos irrumpiría en la Asamblea con cinco escaños y el 14%. Izquierda Unida perdería el único diputado que tiene y UPyD seguiría fuera.

    Los murcianos no suelen conocer los nombres de los candidatos regionales y municipales de los partidos nuevos o minoritarios. Importa sobre todo la marca nacional. Cientos de personas hicieron cola para ver a Pablo Iglesias, los más fieles se agolparon para hacerse seflies en las dos visitas de Mariano Rajoy los de UPyD se pusieron nerviosos porque venía Rosa Díez y le regalaron una rosa rosa.

    La marca nacional de UPyD perjudica las aspiraciones en Murcia, dice Encarna Hernández, candidata municipal de la formación magenta en Molina de Segura y portadora de la flor: “Nos vamos a salvar en los pueblos donde la gente nos conoce. Es muy triste que cuatro años de trabajo se pierdan por eso”.

    Tanto ella como el candidato a la presidencia de la Región, César Nebot, insisten en que votar UPyD no es tirar el voto. “El Gangnam Style fue una moda y ahora nadie lo baila, ¿verdad?”, dice Nebot en referencia a Ciudadanos. “Pues no dejaría la política sanitaria en manos de quien inventó el Gangnam Style“.

    “Teledirigidos por el IBEX”

    Rosa Díez insistió molesta durante el turno de preguntas que no contemplaba otro resultado que la victoria este domingo y argumentó que la culpa de la caída de UPyD en las encuestas “manipuladas” la tenía Ciudadanos, al que acusó de estar “teledirigido por el IBEX-35”.

    “Cada uno tendrá sus motivos”, aseguró el candidato de Ciudadanos, Miguel Sánchez López, que pasó cuatro años en la delegación de UPyD en la localidad de Caravaca antes de afiliarse al partido de Albert Rivera. Ocurrió a finales de 2014 y le acompañaron unos 140 compañeros, motivados por un desacuerdo con la dirección estatal.

    El candidato acababa de anular una entrevista con Popular TV. El motivo es que era un canal próximo a la Universidad Católica de Murcia (UCAM), cuyo presidente José Luis Mendoza dijo en Onda Cero: “No quiero ni pensar que no gane el Partido Popular. […] Si se forma un tripartito con Podemos, Ciudadanos y el Partido Socialista, yo creo que sería la ruina de Murcia, la ruina total de nuestra región”. Mendoza despotricó contra el aborto, la prostitución y la legalización de las drogas y advirtió sobre la invasión de Europa “por el islam” y el “comportamiento cobarde” del Gobierno de Mariano Rajoy.

    En el PP, los asistentes a los primeros actos de la precampaña percibieron la ausencia del azul y la gaviota. También durante la visita de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, que estuvo en Murcia para encontrarse con los grandes empresarios de la región.

    Unos días antes, hubo un debate sin preguntas entre los seis candidatos a la presidencia  regional. No lo organizaba un medio sino UCOMUR, una unión de cooperativas que luego ha patrocinado publirreportajes electorales en el diario La Verdad de Murcia.

    El debate se celebró durante la tarde en que detuvieron a Rodrigo Rato. Al darse la noticia en la sala, hubo euforia, jaleo y aplausos. El candidato popular, Pedro Antonio Sánchez, sacó enseguida el argumentario oficial y defendió que “el Estado de Derecho funciona igual para todos”.

    No lo ven igual los militantes de Podemos, que hicieron el mitin más grande de la campaña en la región. Miles de personas arroparon a Pablo Iglesias el 15 de mayo en el céntrico Parque de Fofó. Había gente en las azoteas y en las vallas para escuchar las arengas del líder.

    Iglesias dijo que el PP estaba sacando otra vez a los zombies: Una expresión que hacía referencia a Aznar, al que llegó a comparar con Darth Vader. “No se puede gobernar para todos […] y resulta que los de abajo somos mayoría”, dijo Iglesias antes de añadir que aspiraban a ser “los carteros de la gente” y no “los mayordomos de los ricos”.

    ¿Prevaricación?

    Podemos ha presentado una querella contra tres magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Murcia (TSJRM) por prevaricación en la gestión del caso del auditorio de Puerto Lumbreras, donde era alcalde el candidato popular Pedro Antonio Sánchez. Podemos alega que sus señorías devolvieron el asunto a un juzgado de instrucción ordinario para evitar que Sánchez -aforado y por lo tanto imputable por el TSJRM- fuera imputado de nuevo en plena campaña.

    Antes de entrar en el mitin de Pablo Iglesias, su candidato en Murcia, Óscar Urralburu, sacó una foto del auditorio aún sin terminar. Esa misma foto se ve también en la sede regional del PSOE, dónde el candidato Rafael González Tovar dice que hay olor a cambio por la corrupción «generalizada en la cúpula» del PP.

    “El Partido Popular es un partido muy honrado”, dice el líder socialista. “Pero su cúpula ha cometido delitos y nosotros los hemos denunciado. El Partido Popular está lleno de buena gente que además no comparte posiciones de delitos ni posiciones de corrupción». Explica que los jueces siguen rechazando las querellas presentadas “o porque las denuncias no se pueden sustanciar o porque el cohecho es difícil de explicar” pero que “los casos están todos vivos”.

    El plasma

     

    Los periodistas no pudieron preguntar a Mariano Rajoy en ninguno de sus dos actos en Murcia y el PP de la región se negó varias veces a concederme una entrevista con sus dirigentes Pedro Antonio Sánchez, José Ballesta, Ramón Luis Valcárcel o Miguel Ángel Cámara.

    El primer acto de Rajoy se celebró en un pabellón pequeño al lado del parque donde miles de personas harían cola para ver a Pablo Iglesias. Rajoy reunió a unos 500 fieles y no mencionó a Rodrigo Rato ni habló de la corrupción en general. El segundo acto se celebró en una sala anexa al Auditorio Victor Villegas y congregó a unas 300 personas.

    En ambos actos se les ofreció a los periodistas seguir el acto a través de una pantalla de plasma y la mayoría aceptó.

    PSOE, UPyD, Podemos e Izquierda Unida firmaron un pacto que fue noticia nacional. Ellos lo presentaron como un acuerdo “para la regeneración”. El entorno de Pedro Antonio Sánchez lo presentó como un acuerdo “anti-PP”. Miguel Sánchez López, candidato de Ciudadanos, negó que hubieran recibido oferta alguna por parte del PP a cambio de no firmarlo: “Rotundamente no. Ciudadanos no hace pactos por sillones”.

    Si las encuestas aciertan, el papel de Ciudadanos (que hace seis mese apenas tenía presencia en Murcia y ahora dice tener unos 1.400 afiliados), sería clave. Si se abstuvieran o llegaran a un pacto con los populares, el PP podría seguir gobernando. Si se unieran finalmente a los otros cuatro partidos, el PP dejaría el Gobierno por primera vez en dos décadas.

    El candidato formula su propuesta con estas palabras: “¿A ti te parece que es igual que te gobierne una persona que empezó en el partido con 15 o 16 años, fue concejal de su pueblo y luego acabó como director general, consejero o presidente sin haber cotizado nunca nada fuera de la política o alguien que es profesor de universidad, médico, ingeniero o abogado?”.

    El domingo por la noche, Murcia tendrá la repuesta.

    Una política más

    Fue delegada de su clase, ‘okupa’ y símbolo del enfado ciudadano contra la burbuja inmobiliaria. Ahora se perfila como la gran rival de Xavier Trias en la pugna por la alcaldía de Barcelona. Así es Ada Colau según una veintena de personas que la conocen. 

    Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

    Fue delegada de su clase, ‘okupa’ y símbolo del enfado ciudadano contra la burbuja inmobiliaria. Ahora se perfila como la gran rival de Xavier Trias en la pugna por la alcaldía de Barcelona. Así es Ada Colau según una veintena de personas que la conocen. 


    El New York Times publicó el 24 de junio de 2001 una breve nota sobre Barcelona. Ese día hubo una manifestación antiglobalización que acabó con 32 heridos y 19 detenidos y escaparates rotos del Burger King o Swatch. El periódico citaba la opinión de una portavoz de la Campaña contra el Banco Mundial: “La policía provocó la pelea; eran parte de ella”, dijo. Esa portavoz era una joven de 27 años llamada Ada Colau.

    Entonces era portavoz porque sabía hablar en público y porque había trabajado en comunicación. Pero no era su formación. En 1992 había empezado a estudiar Filosofía en la Universidad de Barcelona. Fue una estudiante lenta. Según su expediente académico, que ha colgado en su web, Colau se fue matriculando de algo cada año hasta el curso 1998-99. Sigue sin ser licenciada; le quedan cinco asignaturas. Pero mientras estudió, fue aplicada: seis matrículas de honor -cuatro de ellas en asignaturas de ética y filosofía social- y 16 sobresalientes en 44 materias.

    La lentitud de sus estudios tiene al menos dos explicaciones: que se desanimó porque la Facultad le acabó “cansando” y que era delegada de curso y tenía asambleas y obligaciones fuera de sus horas de clase. Ya había sido delegada durante BUP en la Acadèmia Febrer, en el barrio de Sant Gervasi. La temprana representación de los intereses de los estudiantes en clase es un indicio claro de futuros políticos. Colau lo cumple.

    Hay otros rasgos de su personalidad que Colau mantiene desde entonces. Su profesor de Historia aquellos años, Vicenç Molina, que es amigo hoy de Colau, hace este retrato de su antigua alumna: “Tenía una actitud de inquietud curiosa, insistente y constante, de deseo de comprometerse en todo aquello que pensara que podía ser útil para las causas de la libertad y la justicia, un sentido existencial vinculado a ciertos tics de antes de su generación, la post 68. Era muy lectora de Sartre, Camus, Simone de Beauvoir. Tenía una cierta tozudez con todo lo que era su centro de interés: sucesivamente, la lectura, el teatro, el voluntariado, la lucha política. Y sí, claramente, cierto afán de protagonismo, bastante autoaceptado”.

    Las charlas con gente que se ha cruzado con Ada Colau durante años sucesivos confirman estos rasgos: entregada, concienciada, persistente, protagonista.

    Ada Colau aspira ahora a ser alcaldesa de Barcelona con una coalición de grupos llamada Barcelona en Comú. Los sondeos dicen que si no lo logra, será la primera fuerza de la oposición. Su recorrido no es el habitual en un político de partido, pero parece más normal en la España de 2015 donde los activistas ven una oportunidad evidente de entrar en las instituciones.

    Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

    A pesar de múltiples peticiones durante la campaña, Ada Colau no ha hablado conmigo para este perfil. Cuando le dije a su equipo de prensa que tenía detalles que quería contrastar, me pidieron que mandara la entrevista por escrito. Envié 11 preguntas. Dos días después, su coordinadora de prensa, Yolanda Viñals, me llamó para decir que Colau no quería entrar en temas tan personales. Se refirió por teléfono a dos de las preguntas. La primera era si había cenado en enero o febrero de 2014 en casa de Gemma Ubasart, de Podem, con Ricard Gomà, de Iniciativa, para cerrar el acuerdo de candidatura conjunta entre Guanyem, Iniciativa y Podem. Colau era entonces portavoz de la PAH.

    Meses después, en su carta de despedida como portavoz de la PAH, Colau decía: “Como ciudadana, estaré encantada de apoyar y participar en procesos amplios que planteen un cambio real en las formas de hacer política”. Es muy probable que estuviera ya todo cerrado. En su mitin de campaña en el barrio de Gràcia, Colau pidió a CiU, PSC y ERC que anunciaran si habían pactado ya para repartirse el poder. No es algo que ella haya cumplido en su corta de vida de política: presuntamente ya había pactado y lo anunció cuando le vino bien.

    La otra pregunta que su equipo destacó para no responder al cuestionario es si la televisión pública catalana había puesto condiciones a su aparición en el programa El convidat en octubre de 2014. El presentador, Albert Om, pasa dos días en casa de un personaje famoso. Es un formato amable para lucirse y dar la vuelta al ruedo.

    Ningún político en activo ha salido, aunque sí han aparecido otros ya retirados: Josep Lluís Carod-Rovira o Jordi Pujol antes del escándalo. El programa revivía en parte la labor en la PAH de Colau cuando ya no era portavoz. La campaña de Colau considera que esta pregunta era meterme en los acuerdos a los que habían llegado con otro periodista, Albert Om. Pero ese programa de la tele pública lo vio más de medio millón de catalanes. En Barcelona, en las últimas elecciones, Convergència i Unió sacó 15 concejales con 174.000 votos.

    Tampoco ha sido fácil hablar con gente vinculada a Ada Colau. He entrevistado a 19 personas que han compartido etapas de su vida con la candidata. En cuatro casos quisieron pedirle permiso a la campaña o a Colau antes de hablar conmigo. En otros tres optaron directamente por no hablar.

    Es una cautela curiosa en un grupo de activistas que ha emergido en parte gracias a los medios de comunicación. Mis colegas Daniel Basteiro, Adriano Morán y Javier Álvarez han acompañado en jornadas de campaña a los cuatro candidatos principales en Madrid. La única que puso reparos fue Esperanza Aguirre, del Partido Popular.

    La ambigüedad del liderazgo

    La excusa más común para evitar preguntas sobre Ada Colau es una variante de esta frase: no somos una persona, somos un movimiento. Marina Garcés, profesora de Filosofía en la Universidad de Zaragoza y compañera de estudios de Colau, me dijo que un perfil así “no responde a mi manera de entender la política, el papel de los políticos y su personalización”. El trasfondo es que Colau no importa porque es una más y tiene ese papel.

    He oído otro motivo: Colau recibe más palos por ser la cabeza visible de un movimiento que une a mucha gente. El silencio de sus allegados es por tanto un modo de protección. Pero la política es más ruidosa y es difícil acceder a un cargo público sólo con música celestial.

    Colau prefiere que la llamen “referente” y no líder. “Mi carácter de referente tiene más valor que otro porque está avalado no por lo que yo diga sino por lo que hacemos colectivamente”. El colectivo quería evitar los personalismos. Por eso, me dice Marcelo Expósito, miembro de Barcelona en Comú, el movimiento Guanyem nació con una triple portavocía: además de Ada Colau, el abogado Jaume Asens (hoy número cuatro de la lista) y el catedrático Joan Subirats. Pero había pocas dudas sobre el fin. “Es bastante obvio que ella debía liderarlo, simbolizaba muy bien lo que se quería hacer”, dice Subirats.

    La confluencia de Barcelona en Comú la forman Guanyem, Iniciativa-Esquerra Unida, Podem, Procés Constituent y Equo. La monja independentista Teresa Forcades, que aparece en alguna de las fotos que acompañan a este artículo y  que participó en el mitin de Gràcia, es miembro de Procés Constituent. Estaba tan claro quién debía liderar el movimiento y qué peso tenía cada formación que la lista se cerró a puerta cerrada y no tuvo rival en las primarias.

    “Se trabajó mucho en cómo queríamos que fuera el equipo encabezado por Ada”, dice Eloi Badia, uno de los impulsores de Guanyem. “Se hizo pensando cómo formar un equipo de gobierno cohesionado y hasta qué punto podía ser un grupo abierto”. Está claro que no podía serlo. En 2019, todo será diferente, promete Badia. La nueva política de verdad deberá esperar otros cuatro años.

    Es un debate que los activistas de Guanyem han tenido: ahora toca cerrar filas. Marcelo Expósito me cuenta cómo criticó hace un año que la cara de Pablo Iglesias fuera el logo de Podemos en las europeas. “Pero ahora entiendo por qué hay que poner la cara de Ada”, dice. “Es un liderazgo político nuevo en una fase de ruptura. Hay que experimentar”.

    Es innegable que Ada Colau es un valor político que debe aprovecharse. Colau da tres razones para haber llegado a estar a un paso de la alcaldía de Barcelona: la veteranía, la experiencia y saber hablar en público. Las tres son ciertas: sabe de activismo, sabe de vivienda y urbanismo y habla bien.

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    De un guión a la vivienda

    Después de las asambleas universitarias, Colau estuvo en 1998 en la productora Classic and New para producir un programa de anuncios en el Canal 33 de la tele catalana: SpotTV. Su compañera allí era Cinta Escorsa: “Recuerdo cuando coincidíamos algún día para desayunar en el bar: leía cinco periódicos y comparaba las noticias mientras charlaba”, dice Escorsa. Su recuerdo de Colau es similar al de otros: “Era muy trabajadora, hiperactiva, tenía mucha empatía con el sufrimiento ajeno y mucha fluidez verbal”.

    Eran años donde Colau combinaba trabajos sueltos con la Filosofía en la universidad. Su segundo trabajo en la tele fue el rodaje en 2000 de la serie juvenil Dos + una, que emitió Antena 3.

    Colau fue sobre todo guionista de la serie, pero hizo un papel pequeño de actriz: “Ada estaba vinculada al proyecto porque su familia intervenía en él [el marido de su madre fue el autor de la idea]. Sus méritos son los de saber narrar en un papel historias que ocurrieron en el entorno de los adolescentes”, dice el director, Ricardo Giménez Roig. Su recuerdo de Colau es parecido al de otros: “La Ada que recuerdo es una mujer muy trabajadora y directa con los objetivos marcados, lo que hacía que las reuniones de trabajo fueran muy concisas y rentables. No se le escapaba ni una”.

    Pero en 2000 Colau estaba a punto de meterse de lleno en su verdadero interés: el activismo. En diciembre de 1999 las protestas en una reunión de la Organización Mundial del Comercio en Seattle acabaron con más de 150 detenidos. La globalización, creían los manifestantes, no iba a traer el desarrollo prometido. Aquel movimiento llegó a Europa con protestas similares en Praga en septiembre de 2000. En Barcelona había un grupo pendiente del movimiento global: en junio el Banco Mundial iba a reunirse en la ciudad. Querían boicotearlo. Varias organizaciones formaron la Plataforma contra el Banco Mundial. Una era el Movimiento de Resistencia Global, donde militaba Colau.

    Los preparativos y protestas fueron un germen donde coincidieron activistas que luego han destacado en política o en otros ámbitos: David Fernández, diputado con la CUP; Enric Duran, militante contra los bancos; Gemma Ubasart, hoy en Podem; Toni Baños, periodista con un papel creciente en la CUP.

    El altavoz mediático

    Aquellos meses fueron el germen de otro detalle vital para el futuro del activismo: la relación con los medios de comunicación. Un proyecto financiado por el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) llamado Las Agencias reunió a un grupo que quería salir del gueto de los fanzines y las primeras webs independientes, entonces sobre todo Indymedia.

    Marcelo Expósito fue miembro de Las Agencias. Allí dice que entendieron tres cosas: “Uno, puede no gustarnos, pero la sociedad se informa con los medios de comunicación. Dos, el mensaje del activismo no era para el gobierno o para nosotros mismos, era para la sociedad civil. Y tres, a pesar de que las estructuras de la prensa son las que son (y más en aquella época) hay periodistas afines que pueden colar historias”. Las ruedas de prensa pasaron a ser en lugares emblemáticos para que las teles tuvieran mejores imágenes. Hacían acciones de guerrilla informativa capaces de convertirse en noticias eficaces.

    “Empezaba una lucha por la hegemonía cultural y había que ganar por alguna vía la batalla ideológica en los medios”, dice Toni Comín, profesor de Esade, ex diputado de Ciutadans pel Canvi/PSC y participante también en aquel movimiento antiglobalización: “Emerge entonces una constatación: si los medios no están hechos para informar sino para entretener, debes dar a tus acciones una dimensión de espectáculo. Debes montar shows y olvidarte de las oscuras manis sindicales de los 60 y 70″.

    La herencia de aquel uso inteligente de los medios aparece en toda la carrera pública de Ada Colau: el héroe Súpervivienda, el lema “No tendrás casa en tu puta vida”, los escraches o las apariciones en El gran debate en Telecinco. En su carta de despedida de la PAH, Colau escribe: “Es un canal que hay que utilizar con prudencia, pero vivimos en una sociedad mediática y hay que usar también esos canales”.

    Ese bautismo activista se diluye después de la muerte de un manifestante en las protestas de Génova pero sobre todo después del 11-S. Aunque se reactiva en un movimiento de masas más general contra la Guerra de Irak. Pero aquella globalización iba a empezar a tener un reflejo en la crisis española. Colau empezaría enseguida a interesarse en serio por el gran tema de su vida: la vivienda.

    Son los años en los que Colau está más cerca del movimiento okupa. Es obvio que sus rivales usan el nombre para criminalizar su pasado, pero la participación de Colau es aparentemente distinta: “Éramos okupas sin cresta”, dice Albert Sancho, amigo de Ada Colau desde la universidad. Su participación se centra en el colectivo Miles de Viviendas, que pasó por varios edificios barceloneses. Stephen Luis Vilaseca, profesor de la Northern Illinois University y autor de este libro sobre ocupas, lo ve igual: “Los okupas de Miles de Viviendas evitaron conscientemente la estética okupa de los punkis para cambiar el foco del aspecto de un okupa a lo que un okupa hace”.

    Una crónica de Jesús García publicada en El País en 2006 con el título Barcelona, capital okupa describe sin querer y con grandes trazos la trayectoria de Ada Colau en aquellos años: “El colectivo okupa es heterogéneo y, como un camaleón, ha ido mutando al son de los tiempos. En 2000 y 2001, apareció ligado a las protestas contra la globalización. En 2003, se apiñó en torno a las manifestaciones contra la guerra de Irak. Y hoy está vinculado más que nunca a la denuncia de la especulación inmobiliaria”.

    Las diferencias que existían entre la lucha okupa y unos objetivos más generales eran cada vez más evidentes: “Los okupas han perdido la exclusiva -o al menos, el exceso de protagonismo- que hasta ahora habían ostentado sobre el problema de la vivienda. La Asamblea Popular por una Vivienda Digna ha conseguido canalizar la movilización de numerosos sectores sociales”.

    Una de las portavoces de esa Asamblea es Ada Colau: “No somos violentos. Se inventan incidentes fantasma para suspender la cumbre [de ministros de Vivienda en Barcelona] y no abordar los problemas”. En esas declaraciones Colau ya usaba una frase que no ha parado de repetir durante la campaña electoral para el Ayuntamiento: “Pero lo que falta es voluntad política”. En otras palabras, faltan narices para enfrentarse a aquéllos a quienes no les convienen estos cambios.

    En aquellos años, el problema principal de la vivienda era el mobbing inmobiliario. En los años de la burbuja, las empresas propietarias de edificios presionaban con artimañas dudosas a inquilinos que pagaban renta antigua para que se fueran de su casa. Un hito del movimiento okupa fue salvar a una pareja de ancianos y a otro que vivía solo en un edificio histórico de la calle Magdalenes de Barcelona donde una inmobiliaria quería construir un hotel. Aquel edificio pasó a ser el Espai Social Magdalenes. En 2010 fue desalojado y el hotel debería estar listo para este año. Allí Ada Colau participó en charlas sobre viviendas como representante de Miles de Viviendas o del Taller contra la Violencia Inmobiliaria y Urbanística. También en otros espacios afines.

    Llega el momento de la verdad

    El Observatorio DESC (Derechos Económicos, Sociales y Culturales) fichó en 2007 a Ada Colau para que abriera un eje de trabajo sobre la vivienda. El observatorio es una ONG que había nacido unos años antes para defender los derechos sociales, no sólo en Cataluña. Su financiación procede en parte del Ayuntamiento de Barcelona. El presupuesto de la PAH, por ejemplo, lo gestiona el DESC: en el último año recibió 120.000 euros de subvención municipal. De ahí salía el salario de Colau como portavoz. Su sueldo lo pagaba el equipo del alcalde Xavier Trias, al que ella aspira ahora a suceder.

    Vanesa Valiño, directora del DESC, recuerda la llegada de Colau: “Nos dijo que era la primera vez que iba a tener un contrato fijo”. Poco después se implicaría en V de Vivienda, donde apareció el personaje de Súpervivienda, cuyo vídeo sacó en exclusiva El Punt Avui en plena campaña. Colau ha dicho que está orgullosa de su aparición espontánea en un mitin de Iniciativa, partido que hoy es su socio en la coalición Barcelona en Comú. Los actores que interpretaban a Súpervivienda iban variando. Uno era Adrià Alemany, que se convirtió luego en pareja de Colau. Juntos tienen un hijo, Luca. Colau ha publicado su declaración de renta de 2013: ingresó algo más de 30.000 euros.

    La crisis iba a peor y el conocimiento de Ada Colau del mercado inmobiliario le llevaría a entender mejor cuál era la lucha básica, específica para España: la dación en pago. En febrero de 2009 nació la Plataforma de Afectados por la Hipóteca (PAH). Cuando Ada Colau salió por segunda vez en el New York Times en 2010, el titular reflejaba esa novedad: “En España, te quitan la casa pero te dejan la deuda”. En el resto de países occidentales había fórmulas para irse de la casa hipotecada y quedar libre. En España, no. La causa era de una justicia evidente y el drama humano tan obvio que los medios se entregaron a la causa.

    La opción de la PAH es mostrar el problema y llevarlo al debate público. Con la entrada de su ex portavoz en política, la organización ha hecho un comunicado para decir que no son partidistas. Pero en una nota de prensa anterior dicen: “Estos 500.000 desahucios producidos hasta hoy tienen unos responsables políticos directos: los sucesivos gobiernos del PPSOE”.

    Hay otras organizaciones que son más discretas en su lucha política y se centran en resolver problemas específicos. Algo que la PAH también hace pero no como objetivo principal: “En la PAH teníamos claro que no queríamos hacer políticas asistenciales -que es lo contrario del empoderamiento-, ¡sino todo lo contrario! El asistencialismo te confirma que eres un inútil y que necesitas alguien que lo haga por ti”, dice Colau. Desde el Ayuntamiento han planteado incluso dudas sobre el uso esporádico pero a veces excesivo de residentes en el momento del desahucio. La imagen cuenta mucho.

    La PAH tenía un objetivo político: reformar la ley. El discurso de Ada Colau en el Congreso de los Diputados fue el día cumbre de esa campaña: “Allí nos dimos cuenta de que teníamos algo”, dice Marcelo Expósito.

    El momento más recordado fue cuando llamó “criminal” a un representante de la banca, Javier Rodríguez Pellitero, que había intervenido antes: “Decir que la legislación española es estupenda cuando hay personas que se están quitando la vida por una ley injusta es absolutamente criminal. Les aseguro que no le he tirado un zapato porque quería explicar mi punto de vista. Es un criminal y deberían tratarle así, no es un experto”. Colau se negó a retirar esas palabras.

    En política también se puede

    El trabajo en la PAH estaba hecho: todos los españoles sabían ya que el pago de una hipoteca no acababa con salir de casa. Ahora hacía falta legislar. Pero después de cinco años, Ada Colau abandonaba la PAH para entrar en política. Una búsqueda de “portavoz PAH” en Google sigue sacando a Colau en nueve de los 10 enlaces de portada. Sólo en un programa de La Sexta aparece Carlos Macías, el portavoz vigente.

    A Colau le hicieron ofertas, pero no iba a ceder su voluntad para ir en la lista de otro partido. Pretendía participar en un movimiento que lograra hacer confluir a varias siglas. Iniciativa per Catalunya obtuvo en 2011 cinco concejales. Si no accedía a las condiciones de Colau, podía quedarse sin nada, como puede pasarle en Madrid a Izquierda Unida. Se dio entonces el acuerdo: Iniciativa ponía dinero (la campaña cuesta 160.000 euros), acceso a las instituciones en periodo electoral, experiencia política. Guanyem ponía a Ada Colau.

    El País publicó en enero los contenidos básicos del pacto. En los siete primeros puestos de la lista van Colau y tres compañeros de siempre (Gerardo Pisarello, Jaume Asens y Gala Pin), dos personas de Iniciativa (Laia Ortiz y Janet Sanz) y uno de Podemos (Raimundo Viejo). Los sondeos les dan entre ocho y 10 concejales. Durante sus cuatro años de mandato, el alcalde Trias ha gobernado con apoyos tácitos y puntuales de PSC, PP y ERC. Como candidata a la alcaldía, Ada Colau ha debido explicar su visión del proceso soberanista: no es independentista pero está a favor de hacer un referéndum y de más democracia. En la consulta del 9 de noviembre, votó por la independencia y escribió un post en Facebook para explicar sus motivos.


     

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    Una de las preguntas que Colau no ha querido responder era por qué en una candidatura que presumía de abrirse a la ciudadanía los puestos principales estaban en manos de viejos conocidos. Es por supuesto legítimo, pero no es nueva política con primarias abiertas o candidatos independientes. En Madrid lamentaban no tener su Ada Colau y en unas primarias encontraron a quien podía interpretar su papel: la jueza Manuela Carmena.

    Aquí están las primeras propuestas de choque de Barcelona en Comú si ganan las elecciones. “Es posible hacer las cosas de otra manera”, dice el profesor de Derecho Gerardo Pisarello en un mitin en el barrio de Sarrià. “Participo de un proceso amplio, donde miles de personas se han dejado la piel”, dice Ada Colau durante su mitin en el barrio de Gràcia. Es cierto que es una gran novedad, aunque menos en la España de hoy con Podemos y Ciudadanos. Las novedades definitivas deberán empezar a verse dentro del Ayuntamiento.

    Los otros perfiles de Jordi Pérez Colomé:

    La campaña ‘underground’ de José Bono

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    Para Bono, ganar unas elecciones es otra cosa. Dejó la presidencia de Castilla-La Mancha tras seis mayorías absolutas. Ahora, recorre pequeños pueblos haciendo campaña y piropeando a las vecinas como un referente para el PSOE que después del domingo promete jubilarse. 

    Reportaje fotográfico: Dani Pozo

    Para Bono, ganar unas elecciones es simplemente otra cosa. Dejó la presidencia de Castilla-La Mancha en 2004 después de seis mayorías absolutas. Ahora recorre pequeños pueblos haciendo campaña y piropeando a las vecinas como un referente para el PSOE que después del domingo promete jubilarse. 


    José Bono sale del coche, se pone la chaqueta y la música empieza a sonar. Literalmente. Una charanga se recrea con La campanera mientras salen a su encuentro los responsables del PSOE local. Lo reciben con una amplia sonrisa y una frase inequívoca: “Bienvenido, presidente”.

    Estamos en Cabanillas del Campo, un pueblo de algo menos de 10.000 habitantes enmarcado en el corredor industrial del Henares, en la provincia de Guadalajara. “Espero que esto no sea por mí”, dice Bono con cara expectante. Es casi la hora de comer y el ex presidente de Castilla-La Mancha entra en un bar donde reina un ambiente festivo. Corre la cerveza y proliferan los móviles en modo selfie. Allí lo esperan el candidato, José García Salinas, el secretario general del partido en la provincia, Pablo Bellido, y el único senador socialista por Guadalajara, el veterano Jesús Alique.

    Cabanillas tuvo un alcalde socialista desde 1979 hasta que el PP logró la mayoría absoluta en 2011. Es uno de los pueblos que contribuyeron a teñir Castilla-La Mancha de azul y que auparon a María Dolores de Cospedal como presidenta.

    “Bueno, ¿vamos a ganar?”, pregunta Bono al candidato.

    Ganar tiene un extraño significado para José Bono (Salobre, Albacete, 1950). El ex presidente recuerda con orgullo en su libro Diario de un ministro que en 2004 dejó el Gobierno de la Junta después de seis mayorías absolutas consecutivas. En las últimas autonómicas a las que se presentó, las de 2003, un 58,2% de los castellano-manchegos votaron al PSOE. Después fue ministro de Defensa y por último presidente del Congreso. Desde 2011 no ocupa ningún cargo público.

    Bono, en Cabanillas del Campo.
    Bono, en Cabanllas del Campo.

    Reportaje fotográfico: Dani Pozo

    Bono echa estos días una mano en la campaña electoral. Sólo una mano, como la mayoría de dirigentes del PSOE de su generación. Basta una anécdota para explicarlo. Mientras Bono está Guadalajara, se entera de que Alfredo Pérez Rubalcaba está en un bolo similar en Tobarra (Albacete). Lo llama corriendo. “¡Pájaro!”, lo saluda con una carcajada. Al colgar, explica que Rubalcaba le ha dicho que sólo va “a pueblos de menos de 20.000 habitantes… ¡y eso si hay algún amigo!”.

    En realidad, los pueblos que visitan Bono, Rubalcaba o José Luis Rodríguez Zapatero suelen tener muchos menos habitantes que 20.000. En la era de la nueva política en la que Podemos y Ciudadanos marcan el paso, los actuales dirigentes del PSOE reservan los grandes actos para sí mismos y los candidatos. Los antiguos referentes con ganas de subir al escenario lo hacen lejos de las grandes capitales, recibidos con gran cariño en pequeños auditorios o en casas del pueblo.

    Es ahí donde Bono sigue siendo “el presidente”. Una especie de Mister Marshall que desde el Gobierno autonómico construyó una nueva sede para el ayuntamiento, una piscina o una carretera. “Aquí siempre me pedían un paso a nivel”, recuerda Bono durante el caluroso sábado en el que lo acompaño por los pueblos de Cabanillas, Marchamalo, Fontanar y Alovera. “Recuerdo cuando inauguramos el campo de fútbol. ¡Cómo se puso a llover!”, sigue.

     


    Todos los datos de Cabanillas, Marchamalo y Alovera


     

    Bono confirma varias de las leyendas que se cuentan sobre él. En su despacho tenía un mapa con chinchetas de colores esparcidas por toda la región. Indicaban el tiempo que había pasado desde su última visita. A los pueblos que visitaba acudía a veces con un puñado de relojes que regalaba con puntualidad para regocijo de los vecinos. “Nos costaban muy poquito”, explica.

    Basta un paseo con él por Cabanillas del Campo para comprobar cómo fue cimentando sus mayorías absolutas. Entre atracciones hinchables y puestos de comida, José Bono prueba todas las rosquillas que le ofrecen varias mujeres del pueblo, a quien aprovecha para piropear. A su lado, un candidato delgadísimo y engalanado prefiere reservarse para la comida. La plaza se para en torno a él y hasta los concejales del PP acuden a saludarlo. No así Beatriz Talegón, natural del pueblo, militante de la corriente interna Izquierda Socialista y crítica con la dirección, que lo sigue a lo lejos con la mirada.

    Bono siempre apunta los cumpleaños de unos y otros. Después les sorprende acordándose de felicitarlos. Por la tarde, en Fontanar, toma nota en el último modelo de iPhone con resolución aumentada y a prueba de presbicia. El expresidente está a la última y dicta whatsapps a Siri, el programa de reconocimiento de voz, que demuestra que funciona cuando transcribe a la perfección sus eses pronunciadas como jotas.

    En el calendario del teléfono está el cumpleaños de Víctor San Vidal, un candidato de veintipocos años. Pero también el de un obispo, un directivo de El Corte Inglés, varios empresarios y la mujer de un compañero de partido. Bono ya no mantiene un diario personal, tarea de la que se jubiló al salir del Gobierno. Pero cuenta que su vida previa a 2006 está registrada, hasta el punto de ir al servicio en medio de reuniones oficiales para apuntar.

    A Cospedal la abuchearían

    La comida es en Marchamalo, un pueblo donde resiste el socialismo con mayoría absoluta. Bono entra en un pabellón donde se celebra una paella multitudinaria por las fiestas patronales del Santo Cristo de la Esperanza. Saluda a los cocineros, abraza al alcalde y sirve varias raciones.

    Paella en Marchamalo
    Paella en Marchamalo

    Ahí, mientras decide si se salta o no una cola kilométrica, habla de Cospedal. “No podría entrar aquí, probablemente la abuchearían”, augura. Cospedal “no cae simpática, no le gusta estar con la gente”, dice. Además de su gestión, ésa es una de las críticas que más utiliza el PSOE en la provincia. Cospedal gobierna atrincherada y sin recorrer los pueblos salvo si hay foto, dice el argumentario de la oposición.

    Él se deja querer. Lo saludan muchos vecinos, muchas vecinas (como las que figuran en la primera foto de este reportaje, que lo piropean sin complejos), pero pocos jóvenes. Uno de ellos, en una silla de ruedas, le pide que le dedique su libro. Se quita la chaqueta y se sienta para comer su ración con una cerveza y flan de supermercado de postre.

    Bono es optimista. Cree que en Castilla-La Mancha hay partido porque el Cospedal no ha sabido afianzar la histórica mayoría lograda en 2011. El PSOE es la alternativa indiscutible, Ciudadanos no despunta en las encuestas y Podemos no podría permitirse el coste de no apoyar al PSOE y permitir la reelección de Cospedal.

    El expresidente habla del partido de Pablo Iglesias en pasado. “Podemos tuvo la fuerza de concitar y congregar a muchas personas que estaban enfadadas. Era un partido protesta, pero para muchos ciudadanos ha decaído”, explica. “Además de protesta, la gente quiere propuestas”.

    En sus mítines nunca se olvida de un dardo para Pablo Iglesias. “Quería asaltar los cielos y que el miedo cambiase de bando”, dice entre aplausos. “Pero nosotros no queremos ni que haya bandos, ni que haya miedo”.

    Bono augura un buen resultado para Podemos y Ciudadanos. “Marcarán un punto de inflexión en la vida política española”, reconoce. Sin embargo, no cree que el resultado en las municipales y autonómicas de estas dos formaciones condicione el de las generales. “Son premonitorias, pero no determinantes”.

    Bono, en un alto en la llamada "carretera de la patata"
    Bono, en un alto en la llamada “carretera de la patata”

    Sobrio apoyo a Sánchez

    Como Susana Díaz, Zapatero o José Blanco, Bono apoyó a Pedro Sánchez frente a Eduardo Madina para el liderazgo del PSOE. Hoy lo defiende con disciplina pero sin ardor. Si el PSOE no consigue teñir de rojo el mapa electoral español, no será un fracaso de Sánchez porque “no se presenta”. A los que puedan disputarle la candidatura a las primarias les recuerda la norma no escrita que dice que “los secretarios generales son los candidatos” pero siempre que “no ocurra ningún hecho que altere la normalidad”.

    En Bono se adivina un cierto regusto amargo. Se resiste a ser uno de esos jarrones chinos con los que Felipe González comparaba a los ex presidentes. No aspira a ejercer como un pepito grillo, pero no niega sus incomodidades con un PSOE con el que no comparte el modelo territorial, causa de su salida del Gobierno por la negociación del Estatut de Cataluña.

    Tampoco cree en la política de alianzas que ha seguido el PSOE, hábil en “pactar con quien nos ha hecho la cama”. “Con los nacionalistas en Cataluña y el País Vasco, con los comunistas en Andalucía”, lamenta. Cuestiona incluso algunas declaraciones de Susana Díaz, a la que algunos temen y él dice tener “mucho respeto”. “Dice que los pactos en Andalucía se decidirán en Andalucía. Entonces, ¿para qué queremos el partido?”, se pregunta.

    En los mítines Bono despliega una sólida oratoria sin despeinar su poblada melena. Su discurso tiene tres consejos recurrentes a los candidatos socialistas.

    El primero es la reivindicación de los éxitos de Castilla-La Mancha, que cuando en 1983 llegó a la presidencia no tenía buenas carreteras ni universidad pero sí “80.000 casas sin váter”. Según Bono, es el PSOE quien ha hecho avanzar a España. El segundo consejo a los candidatos es que llamen “a todas las puertas”, también las del PP. Lo ejemplifica con la anécdota de la condecoración que impuso a una monja misionera, interrumpida en un acto público por un militante del partido. “Cuidado, que ésa no es de los nuestros”, relata Bono. “Pero yo sí quiero ser de los de ellos”, respondió. El tercer consejo es evitar el dogmatismo y estar dispuesto a cambiar de opinión. “El carné no añade nada a la persona. Es al revés, la actitud es la que honra o deshonra el carné”.

    Bono ya no influye en el PSOE. Ya no está en las decisiones, pero nunca se ha ido. Como muestra, la agenda de reuniones, comidas y cenas que sigue manteniendo, con periodistas, compañeros de partido o incluso líderes de otras formaciones como Podemos.

    Ahora, con 64 años y casi dos tercios de su vida en activo, asegura que después del 24 de mayo se jubila de verdad para dedicarse a sus negocios y a su hija pequeña, a la que de vez en cuando recoge a la salida del colegio. Sin embargo, sigue apuntando los cumpleaños de propios y extraños, cada vez más jóvenes.

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    Así es Carmena, la futura alcaldesa de Madrid

    Carmena, junto a miembros de la candidatura en Moncloa (Flickr: Ahora Madrid)

    Manuela Carmena se desjubiló y acabó con el retiro que se ganó tras una vida como jueza. Ahora, con 71 años, está a punto de convertirse en alcaldesa de Madrid tras lograr 20 concejales. Hace unos días, pasamos una jornada entera con ella. Este perfil y este vídeo describen al nuevo símbolo de la izquierda madrileña.

      Vídeo: Javier Álvarez / Adriano Morán (93 metros)

      Cuando tenía ocho años, a Manuela Carmena le hablaron de los Reyes Magos. En el colegio de monjas francés donde estudiaba, Madame Sainte Esperance pidió que los padres de las alumnas hicieran un donativo para que los niños de las chabolas de Madrid también recibieran algún juguete. “Nos dijo que los Reyes Magos no iban nunca a llevarles regalos a los niños pobres”. La monja les advirtió de que era “imposible que con esos vestidos tan preciosos y con esas capas de terciopelo y armiño” puediesen entrar en los barrios donde viven los pobres, “llenos de barro y suciedad”.

      La revelación quedó grabada en la mente de la hoy candidata a la alcaldía de Madrid por Ahora Madrid. Tanto que la reflejó en un libro más de seis décadas después. El libro explica por qué decidió “desjubilarse” y abandonar el retiro que se ganó después de toda una vida como jueza. Volvió a ejercer labores de asesoría y fundó una empresa, Yayos emprendedores, donde parados y presos hacen ropa que después comercializan en la calle y que lleva su nombre de pila (Manuela) pero el apellido Malasaña.

      Tiene 71 años y se siente útil. Ya no cree en los Reyes Magos sino en la redistribución de la riqueza.

      Uno de los rivales de Carmena ironiza en privado que si se pregunta a los cinco primeros candidatos de la lista de Ahora Madrid por asuntos como la renta básica, la república o Venezuela, saldrían cinco opiniones distintas y contradictorias. La plataforma es una compleja amalgama. Reúne a Podemos, Equo, desafectos de Izquierda Unida e independientes. Celebraron unas primarias y se unieron en una candidatura que va de barrio en barrio celebrando asambleas con vecinos. En ellas explican un programa en cuya redacción no ha participado la cabeza de lista. Porque Carmena quiere ser alcaldesa, pero asegura que no quería en un primer momento. Antes de dejarse convencer, su primer impulso la llevó a decir que no en favor de alguien más joven.

      Carmena, junto a miembros de la candidatura en Moncloa (Flickr: Ahora Madrid)
      Carmena, junto a miembros de la candidatura en Moncloa (Flickr: Ahora Madrid)

      No es de Podemos

      La candidata deja claro cada vez que tiene ocasión que ella no pertenece a Podemos. Es más, cree que es “una pena que no se haya encontrado otra manera” de traducir el espíritu del 15-M que a través de “las estructuras de partido”.

      Su discurso, netamente de izquierdas, es una reivindicación constante de los logros de la Transición a la que parte de Podemos culpa de los actuales problemas del país. “Mi generación fue la que empezó a soñar hacer posible la democracia”, recuerda en la asamblea a la que la acompaño.

      Carmena era una de las abogadas laboralistas del despacho de Atocha. Pero se salvó del atentado que en 1977 mató a cinco compañeros. “Cuando dicen que somos antisistema, tenemos que decir que eso no es verdad. Que la humanidad ha avanzado gracias a que ha habido utópicos y que la democracia era entonces una utopía”, defiende.

      Las utopías de Carmena son hoy más manejables, lejos de nuevos proyectos constituyentes. Para ella, una utopía hoy es que la corporación saliente rinda cuentas y ponga las cuentas sobre la mesa. Para eso pidió una reunión con Ana Botella. Llamó ella misma, le pasaron con su secretaria y se acabó poniendo la alcaldesa. Al final, se reunieron en el palacio de Cibeles (“qué desangelado lo tienes, Ana”, le espetó), pero su propuesta de que los mandatos acaben con un strip-tease público no levantó pasiones. “Es normal, es demasiado nueva”, se lamenta.

      Entre sus utopías está también avanzar en la igualdad de los madrileños, la apuesta por lo público y el poder de los vecinos, reunidos en asambleas de barrio, para decidir sobre proyectos de sus distritos.

      Que los vecinos se involucren en política es una de sus prioridades. Por eso, cuando le preguntan por el collage ideológico de su candidatura, Carmena responde que lo importante es que “los objetivos estén muy claros. ¿El cómo? Hay que improvisar”.

      Objetivo: que la conozcan

      El día con Carmena comienza a media mañana en la federación de asociaciones de vecinos que hasta hace un par de meses presidía Ignacio Murgui, el número dos de la candidatura. La candidata ha dado algunas entrevistas por teléfono desde su casa y aún le quedan otras dos: un encuentro digital en El Mundo y La noche en 24 horas de TVE.

      Al igual que la candidata de Ciudadanos, Carmena necesita darse a conocer en muy poco tiempo. Famosa en la judicatura y reconocible en algunos ámbitos de la izquierda, es una gran novedad para muchos vecinos, a los que tiene que ganarse para romper el techo de Podemos en las encuestas.

      Su apuesta es superar al PSOE en las urnas y gobernar, siempre que el PP no logre la alcaldía en solitario o con la ayuda de Ciudadanos. Una vez en la alcaldía, promete transparencia, garantizar el acceso a la vivienda y hacer reverdecer la ciudad, entre otras cosas con más presencia de las bicicletas, su medio de transporte favorito.

      En el encuentro con vecinos, en el barrio de Moncloa, escuchan sus propuestas muy pocos jóvenes y mucha gente mayor. Algunos de ellos, ya jubilados como Carmena, tampoco creen en los Reyes Magos pero sí en ella.

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