El largo

GRA168. MATARÓ (BARCELONA), 19/09/2015.- El candidato del PPC a la presidencia de la Generalitat, Xavier García Albiol, come un trozo de sandía durante el paseo que ha realizado hoy por el mercado del barrio de Cerdanyola de Mataró (Barcelona). EFE/Quique García

Fotografía: Quique García / EFE

Xavier García Albiol es el elegido por el PP para contener el ascenso de Ciudadanos y luchar contra el soberanismo en Cataluña. Exjugador de baloncesto, aficionado a la vela y socio del Espanyol, sus años en Badalona lo convirtieron en un político conocido en todo el país.

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Xavier García Albiol es el elegido por el PP para contener el ascenso de Ciudadanos y luchar contra el soberanismo en Cataluña. Exjugador de baloncesto, aficionado a la vela y socio del Espanyol, sus años en Badalona lo convirtieron en un político conocido en todo el país.

Una mañana de septiembre de 1983, Miquel Nolis subía por la calle Prim de Badalona. Por la otra acera vio bajando a un chaval espigado de casi dos metros. Nolis iba mal de tiempo pero no se lo pensó. Cruzó la acera y le preguntó a ese joven si jugaba al baloncesto. “No, sólo a veces en el colegio”, le contestó un adolescente con una dicción peculiar. “Pues vente un día a probar al Joventut”, le contestó Nolis.

Miquel Nolis es uno de los entrenadores de baloncesto de base más prestigiosos de España. Fue seleccionador de las categorías juveniles y hasta Ricky Rubio le contrató para mejorar algunos aspectos técnicos antes de ir a la NBA. Esa mañana de 1983 acababa de fichar para el equipo a Xavier García Albiol, el futuro alcalde de la ciudad. “Nunca nadie imaginó que ese tío acabaría metido en política”, recuerda hoy el entrenador.

Tres décadas después, Xavier García Albiol (Badalona, 1967) es la apuesta del Partido Popular para presidir la Generalitat, frenar el ascenso de Ciutadans y mitigar la caída que vaticinan las encuestas.

Albiol, haciendo campaña en las calles de Badalona.
Albiol, haciendo campaña en las calles de Badalona. / ALBERTO GAMAZO

Rodeado de socialistas

El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, recordaba hace poco en una comida con Albiol y sus allegados su primer encuentro con el candidato popular.

“¿Recuerdas cuando nos conocimos? Eras un mocoso que me vino a decir que Badalona estaba fatal y que querías ser el presidente local para arreglarlo” le recordó, según cuenta uno de los comensales. “No sé cómo te aguanté, pero con el tiempo vi que estabas destinado a hacer grandes cosas”, remachó el ministro, orgulloso de su discípulo.

Albiol sólo tenía 24 años y ninguna experiencia cuando llegó al pleno del Ayuntamiento de Badalona. Ocurrió en 1991 cuando el socialista Joan Blanch acababa de ganar las elecciones por mayoría absoluta y Albiol irrumpía como único concejal del PP en una de las ciudades más de izquierdas de Cataluña.

Badalona era entonces uno de los principales feudos del cinturón rojo, el área metropolitana de Barcelona en el que ganaban siempre los socialistas. Un municipio en el que todavía se respiraba la estela de Màrius Díaz, primer alcalde en democracia y miembro del PSUC.

Quienes recuerdan a aquel Albiol lo hacen con cierta condescendencia. Era el concejal inexperto, el conservador en un pleno progresista. Su altura además hacía que no pasara inadvertido. “Era el tonto. El blanco de todos los golpes”, recuerda un veterano del PSC.

Este socialista cree que fue precisamente el desprecio con el que se recibió a Albiol lo que le empujó a no tirar la toalla. El concejal popular encajó todos los puñetazos dialécticos y aguantó.

Arropado por pesos pesados del PP como Enric Lacalle, Jorge Fernández Díaz y Josep Piqué, el concejal de Badalona estaba decidido a convertirse en el alcalde de su ciudad.

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ALBERTO GAMAZO

Uno de los nuestros

Badalona (217.210 habitantes) es una ciudad de contrastes. Los barrios del centro tienen vecinos con buen poder adquisitivo, profesionales liberales y gente cosmopolita que vive a pocos minutos de la playa.

Fuera de esos barrios, sin embargo, existe otra Badalona más degradada y abandonada a su suerte. Barrios como Llefià, La Salut o Sant Roc, más alejados del centro, en los que el paro y la oleada migratoria de principios de siglo han generado algunos problemas de convivencia e integración.

Después de pasear durante días por los barrios de la periferia uno percibe una importante brecha social entre ambas realidades. La mayoría de gente del centro vive de espaldas a la degradación de esos distritos mientras los habitantes del extrarradio sienten que sus problemas no importan a los vecinos con más recursos de la ciudad.

Albiol irrumpió en la política local asegurando a la gente de los barrios que era uno de los suyos. Un hijo de un andaluz que se había criado en el barrio de La Morera, que no tenía estudios (dejó la carrera de Derecho a medias) y que llamaba a las cosas por su nombre. “Yo no hablo para catedráticos”, explica. “La gente no está para frases bonitas, quieren hechos”.

Albiol reforzó esta sensación de proximidad con una presencia continua en la calle y en los bares, donde se reunía con los vecinos para escuchar sus problemas. Poco a poco la gente empezó a ponerle nombre a un político al que conocían como “el largo del PP”.

Albiol fue pescando votos en los feudos socialistas. De ser el único concejal popular en 1991 pasó a tener tres colegas en 1995, cuatro en los comicios de 1999 y 2003, seis en 2007 y 10 en las elecciones de 2011, cuando obtuvo el bastón de mando de la ciudad.

“Albiol no es precisamente un lumbreras, pero es obsesivo con su trabajo”, cuenta un exdirigente del Partido Popular catalán que lo ha visto crecer políticamente. “Es como una esponja. Escucha mucho e interioriza todo lo que ve”.

Alicia Sánchez Camacho juega al futbolín delante de Albiol  EFE/Marta Pérez
Alicia Sánchez Camacho juega al futbolín delante de Albiol / EFE / Marta Pérez

El chaval de La Morera

Hijo de una peluquera catalana y de un trabajador municipal nacido en Vélez Rubio (Almería), Albiol creció en el barrio de La Morera, situado en el norte de la ciudad.

La Morera es un barrio de gente trabajadora, tranquilo y en el que se respira normalidad. A diferencia de otros distritos obreros de Badalona, no ha sido azotado por la inmigración y en sus calles se oye sobre todo el castellano. A pocas semanas de las elecciones apenas se ven esteladas en los balcones y cuesta encontrar gente que hable mal de Albiol.

Juan Gómez tiene 61 años y conoce a la familia del candidato. Recuerda a Albiol como “un golfillo sin maldad” que ocupaba las horas dando vueltas por el barrio. Joan Escalada, actual presidente de la Asociación de Voluntarios de la ciudad, recuerda cómo Albiol era un asiduo de las sesiones de tarde en la discoteca Titus. “Nunca creaba problemas”, recuerda.

Algunos compañeros del colegio público Àngelus donde estudió recuerdan que era el más alto del colegio y que era muy malo para los estudios. El contraste de su altura con la de los demás alumnos se acrecentó cuando repitió curso y empezó a ir a clase con alumnos más jóvenes que él.

En La Morera circula una anécdota que niega Albiol. Hasta tres vecinos me contaron que su madre le obligaba a quedarse en su peluquería para que no hiciera gamberradas. Lo que no rechaza Albiol es el calificativo de golfo. “¡Claro que lo era! Y a mucha honra”, exclama Albiol con su sonrisa de anuncio de dentífrico.

Llega la gomina

Socio del Espanyol y padre de dos mellizos (Sandro y Nadia), asegura que vive a caballo entre un piso de la familia de su mujer en el barrio de Les Corts de Barcelona y su piso en Badalona. “En función de lo que tenga que hacer duermo en un sitio o en otro”, cuenta. Los demás partidos de Badalona afirman que toda la familia de Albiol vive en Barcelona y que Albiol lleva años sin residir en la ciudad.

Albiol se ha refinado con los años. El pelo perfectamente engominado, la camisa arremangada, los pantalones chinos y los mocasines impolutos le hacen parecerse más a un vecino de la zona alta de Barcelona que al chico de barrio que un día fue. Desde hace 15 años es aficionado a la vela y le gusta surcar los mares con su velero de 10 metros.

Albiol cuenta que empezó a ordenar su vida cuando fichó por el Joventut de Badalona a los 16 años después de su encuentro con Nolis. “Ahí aprendí lo que eran la disciplina y cumplir unos horarios”, recuerda.

Un ala-pivot prometedor

Albiol suele contar que jugó durante cuatro años en el Joventut de Badalona. Sus antiguos compañeros y entrenadores, sin embargo, aseguran que sólo fueron dos: uno en juvenil y el otro en la categoría junior.

En España hay cuatro equipos de elite en las categorías inferiores del baloncesto: el Barcelona, el Madrid, el Estudiantes y el Joventut. Albiol empezó jugando de ala-pívot pero sus entrenadores aspiraban a convertirlo en alero. En el equipo de su ciudad compartió entrenamientos con jugadores que después darían el salto al baloncesto profesional. Entre ellos Juan Antonio Morales o Rafael Jofresa. Aunque ellos jugaban en el equipo A y Albiol nunca salió del B.

Miquel Nolis, el entrenador que lo fichó al verlo por la calle, recuerda a un chico “muy simple, nada sofisticado” al que le gustaba hacer bromas en el vestuario. “Tenía esperanzas en él pero no acabó de cuajar”.

Un compañero de vestuario que prefiere no ser citado asegura que le sorprendió ver la soltura de Albiol cuando entró en política: “Se ha preparado y se ha cultivado mucho durante los años. Era muy mal estudiante y no tenía precisamente el don de la palabra”.

“No parecía que le diera muchas vueltas a las cosas. Por eso nos sorprendió verlo en política intentando convencer a la gente”, recuerda Nolis. “Tampoco se le vio ninguna tendencia españolista ni xenófoba”.

Los miembros del Joventut con los que he hablado describen un vestuario en el que reinaba el compañerismo. Se hablaba poco de política. Pero se podría decir que la tendencia mayoritaria en el equipo era el catalanismo.

Jugar en las categorías inferiores del Joventut era una tarea exigente. Los jugadores entrenaban cuatro días a la semana durante casi tres horas. Algunos jugadores se acercaban además una hora al mediodía para trabajar algunos aspectos técnicos.

Después de jugar un año en el juvenil y otro en el equipo junior, el entrenador le dijo a Albiol que no contaba con él.

El asesor listo

Después de haberse pateado de arriba a abajo las calles de Badalona durante años, Albiol tenía detectado el caldo de cultivo que le podía hacer ganar unas elecciones.

Fue entonces cuando se dirigió a Iván Redondo, un experto en comunicación política que entonces sólo tenía 26 años. Era 2007. Entre Redondo y el entorno de Albiol armaron un vídeo que ligaba la inseguridad en Badalona con la inmigración. El vídeo, tildado de xenófobo por varios partidos y entidades, proyectó a Albiol a todos los telediarios nacionales.

Albiol y Redondo supieron ver que el granero de votos del PP estaba en los barrios desfavorecidos que hasta entonces votaban al PSC y no entre los votantes conservadores del centro de la ciudad. “Identificamos problemas de inseguridad e inmigración ilegal en los distritos clave”, recuerda Redondo.

“Lo que queríamos era introducir nuestros temas en campaña”, explica este asesor, que reconoce que se inspiraron en la línea que por entonces esgrimía Sarkozy en Francia en contra de la inmigración ilegal. “No se buscaba la polémica por la polémica, pero era el único tema que podía hacer subir al PP”.

Redondo cree que ese vídeo y las horas “pateando la calle” de Albiol fueron la primera piedra para alcanzar la alcaldía en 2011. “Hablaba de un problema real. Si su mensaje no hubiera conectado con la ciudadanía, no habría subido en votos”.

Albiol vio que la inmigración era un filón y convirtió los mensajes xenófobos en su marca personal. En 2010 repartió un tríptico que vinculaba a los gitanos rumanos con la delincuencia y que le valió una imputación por incitar al odio y a la discriminación. Antes había calificado a ese colectivo como “una plaga que sólo ha venido a delinquir”.

El asesor Redondo es experto en forjar versos sueltos que se cuelan en bastiones progresistas. Asesoró a Monago en su campaña para presidir la junta de Extremadura, trabajó con Antonio Basagoiti y diseñó la última campaña de Alícia Sánchez-Camacho. Desde que empezó a trabajar con Albiol lo ha asesorado en todas las campañas electorales menos en la actual. Hoy ambos aseguran que mantienen una amistad que va más allá de la relación profesional.

 EFE/Toni Albir
Albiol en el Ritz. / EFE / Toni Albir

El ‘sheriff’ en la alcaldía

Dos décadas después de haber llegado a aquel pleno en el que todos le menospreciaban, Albiol cumplió su sueño de ser elegido alcalde de Badalona. Lo hizo con 11 concejales después de imponerse en 28 de los 32 barrios de la ciudad y gracias a la abstención de CiU en la votación.

Lejos de acomodarse, Albiol continuó con su lucha contra los de fuera y siguió recorriendo las calles de la ciudad, preocupándose por lo que le contaban los vecinos. Después de dejarse la suela de los zapatos durante dos décadas, se había convertido en una celebridad en Badalona.

Durante la campaña de las municipales de mayo lo acompañé durante una jornada en un mercadillo y vi el enorme tirón que tenía en la ciudad. Las abuelas se arremolinaban a su alrededor pidiéndole autógrafos y fotos. Albiol transmitía la sensación de conocerlas a todas. Vecinos de todas las edades le contaban sus problemas y él prometía soluciones. Albiol mantenía además un contacto físico constante con sus votantes. Con sus robustas manos agarraba los brazos de las señoras, se abrazaba continuamente a cualquiera que le venía a saludar y no escatimaba en besos.

A los señores les ponía la mano en el hombro y se agachaba para escucharlos.

El candidato popular no reniega del término populista. “Entiendo el populismo como la proximidad con los vecinos”, explica. “Si populismo es estar constantemente en la calle con ellos, soy un populista”.

A Albiol empezaron a llamarle el sheriff en Badalona por su estilo cuando asumió la Alcaldía. Se jactaba en Twitter de las redadas policiales e intentó promover un reglamento que restringía ayudas “no imprescindibles” a los inmigrantes. Actualizó el padrón para reducir el número de foráneos e hizo campaña en contra de una mezquita.

Albiol mudó su despacho del viejo consistorio a un edificio nuevo y lo decoró con dos camisetas de baloncesto firmadas por jugadores: la del Joventut y la de la selección española. Según cuentan en el pueblo, le puso el azul PP a todo lo que pudo. Se tiñeron de azul el árbol de Navidad de la ciudad, los globos de la empresa municipal Gestur y los pañuelos que se vendían en la fiesta mayor.

Los trabajadores de Badalona Comunicació, que engloba la televisión y la radio local que son propiedad del ayuntamiento, denunciaron el uso partidista que se hacía del canal. “En cuatro años no me han pedido ni siquiera una entrevista”, se lamentaba en las municipales Jordi Serra, exalcalde y líder de la oposición.

Hasta los rivales políticos de Albiol reconocen en privado que es buena persona. También un político que logró resistir una legislatura durísima sin mayoría absoluta. Aguantó un conato de moción de censura, la presión de las organizaciones sociales y varios casos de corrupción. En las siguientes elecciones mejoró los resultados de 2011. Pero una coalición de seis partidos se puso de acuerdo para desbancarle.

El dia de la investidura de la nueva alcaldesa, Dolors Sabater, las dos Badalonas se citaron en la plaza del Ayuntamiento. A un lado estaban los partidarios de Albiol y al otro los que celebraban haberlo echado del consistorio. Hubo tensión, gritos y banderas distintas. No era su día pero Albiol no lo dudó. Subió al ayuntamiento y salió al balcón a saludar.

El candidato explica que después de 20 años en la política municipal está preparado para lo que venga. En Badalona no descartan que vuelva a intentar hacerse con la alcaldía en un futuro. En el Partido Popular de Cataluña condicionan ese retorno a la posibilidad de que asuma la presidencia del partido.

En cualquier caso, Albiol seguirá nadando contracorriente: “Cuando creo en un planteamiento, lo defiendo sin tener en cuenta las consecuencias”.

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A la caza del voto inmigrante: propaganda independentista en árabe, chino, urdú y guaraní

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El arma secreta del independentismo es un díptico publicado en 16 idiomas que los partidarios de Junts pel Sí distribuirán en los próximos días en barrios con una fuerte proporción de inmigrantes. El objetivo es captar el voto de unos 130.000 inmigrantes: el 2,4% del censo electoral.

Hace 20 años el proyecto independentista de la provincia francófona de Quebec (Canadá) descarriló en el referéndum de autodeterminación por unos 50.000 votos que los sociólogos atribuyen en su mayoría a inmigrantes que acaban de adquirir la nacionalidad canadiense. La lista soberanista Junts pel Sí quiere evitar a toda costa que  esta vez suceda algo similar. De ahí que en los próximos días vaya a poner el énfasis en captar el voto de esos 130.000 inmigrantes (2,4% del censo electoral) que en la última década han adquirido la nacionalidad española y que por tanto pueden votar.

El arma del independentismo es un díptico publicado en 16 idiomas que en los próximos días los partidarios de Junts pel Sí van a distribuir en barrios con una fuerte proporción de inmigrantes. La traducción a varios idiomas europeos es excesivamente literal y contiene a veces algún error de sintaxis, pero se comprende.

Comparada con otras comunidades autónomas, Cataluña no ha ido la más respetuosa con la inmigración. Sobre todo con la musulmana, que es la más numerosa. Los ejemplos abundan. La Generalitat asumió hace 34 años las competencias en educación, pero no se enseñan en sus escuelas ni el islam ni el árabe pese a que en sus pupitres se sientan 75.841 alumnos musulmanes. En el País Vasco (6.065 alumnos musulmanes) y hasta en Cantabria (410 alumnos) sí se imparte esa asignatura de Religión aunque en esta última comunidad es el Estado el que abona los sueldos a los profesores. Barcelona es también la única gran ciudad europea con una importante comunidad musulmana en la que no hay una gran mezquita.

Pero esas contrariedades serán agua pasada después del 27S. Así lo anuncian los independentistas en el díptico, que dice que se empezará a construir “un nuevo país para todos” con “personas nacidas en más de 170 países diferentes que hablan más de 250 idiomas. Juntas construirán un nuevo país para mejorar nuestras vidas y la de nuestros hijos e hijas”.

El díptico se divide en dos partes. La primera presenta a seis candidatos de la lista soberanista y destaca a dos de ellos. El primero es Chakir el Homrani, de origen marroquí y concejal de Granollers por  Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que figura en el puesto número 15 de la lista por Barcelona y que saldrá elegido. La segunda es Ana Surra, de origen uruguayo, también afín a ERC, que no será diputada porque ocupa el puesto 47. El “mejor entrenador del mundo”, Josep Guardiola, también aparece en lugar preeminente del díptico quizá porque es el más conocido de los candidatos aunque figura en el último lugar de la lista electoral.

La segunda parte del díptico es un decálogo de las ventajas que para el inmigrante supondrá una Cataluña independiente. El texto dice que se construirá “con la participación de todas las personas, hayan nacido donde hayan nacido”, que se crearán los “mejores puestos de trabajo”, que contará con “mejores escuelas”, con una “mejor Sanidad y un sistema de pensiones seguro”. Será “un país diverso, donde se hablan 268 idiomas y donde se respetará la lengua que hables, que sientes y que vives”.

AngelColomConInmigrantes

El díptico lo han elaborado la sección de inmigración de ERC, de la fundación Nous Catalans(Nuevos Catalanes, vinculada a Convergència Democrática de Catalunya), de la Assemblea Nacional Catalana, de Òmnium Cultural y de pequeñas asociaciones como Sí amb nosaltres (Sí con nosotros), fundada junio de 2014 por Ana Surra con la intención de atraer a los inmigrantes latinoamericanos al independentismo. La ley de consultas catalana permitió votar en la consulta del 9 de noviembre 2014 a los extranjeros no comunitarios con sólo tres años de residencia.

A diferencia de la campaña electoral de las autonómicas de noviembre de 2012, esta vez no es CDC la que más esfuerzos lleva a cabo por seducir al inmigrante que adquirió recientemente la nacionalidad española. Hace tres años el director de Nous Catalans, Àngel Colom, recorrió las mezquitas de Barcelona y Tarragona. Colom predicó entonces las virtudes del Estat propi. Entonces no hablaban abiertamente de independencia.

Ahora es ERC la que más se implica en esa tarea. A diferencia de CDC y de Unió Democrática de Catalunya –y en el otro bando del PP catalán-, sus dirigentes no han proferido frases despectivas sobre la inmigración. Aunque su apuesta por la autodeterminación del Sáhara occidental ha dificultado en ocasiones sus relaciones con algunas asociaciones marroquíes.

ERC es la única formación que ha presentado un candidato de origen inmigrante con posibilidades de obtener un escaño en el Parlament. Sufragará también el grueso del importe de una cena multitudinaria con cerca de 200 comensales que algunos cabezas de lista de Junts pel Sí celebrarán en Barcelona, en vísperas del 27S, con responsables de numerosas asociaciones de inmigrantes.

Sudán del Sur, el último país del mundo

Reportaje en Adior, Sudán del Sur. Reconciliación entre los dinka y los nuer. Los nuer llegaron a Adior huyendo de la guerra en la región de Jonglei. Fotos realizadas en febrero de 2015.

Salva Kiir, presidente de Sudán del Sur, y Riek Machar, líder rebelde, firman un acuerdo de paz que aspira a poner fin a un conflicto que golpea la región desde hace más de sesenta años. En Adior, una aldea de la región de Lagos, los dinka y los nuer -etnias enfrentadas en el conflicto- conviven en un caso único de paz en el país.

En la imagen una niña de Bor, perteneciente a la etnia nuer, desplazada a la aldea de Adior. GONZALO ARALUCE

Salva Kiir, presidente de Sudán del Sur, y Riek Machar, líder rebelde, firman un acuerdo de paz que aspira a poner fin a un conflicto que golpea la región desde hace más de sesenta años. En Adior, una aldea de la región de Lagos, los dinka y los nuer -etnias enfrentadas en el conflicto- conviven en un caso único de paz en el país.

Mary Ayomkou no sabía qué hacer con su gente. Trescientos mujeres y niños la seguían en una marcha sin rumbo, huyendo de los envites de la guerra que desangraba Sudán del Sur. Tras de sí dejaban Bor, la tierra de sus ancestros, sin tener claro dónde dirigirse. Marchar hacia el este, hacia la región de Jonglei donde el conflicto se recrudecía, suponía una muerte segura; por otra parte, el condado de Lagos, al oeste, estaba controlado por la tribu de los dinka, enfrentada con el clan al que ellos pertenecían, los nuer. Apenas tenían comida ni agua y la fragilidad de su existencia amenazaba con resquebrajarse. Sin nada que perder y con las manos vacías emprendieron el camino hacia el oeste, a la tierra de sus enemigos.

El conflicto de Sudán del Sur viene prolongándose desde hace más de sesenta años. Primero, para alcanzar la independencia respecto a sus vecinos del norte, Sudán. El reportero polaco Ryszard Kapuscinski resumía así el espíritu de esta disputa: “Entre estas dos comunidades imperaba un antiguo antagonismo, la hostilidad y el odio –explicaba el periodista en su libro Ébano–, porque los árabes del norte durante años habían invadido el sur con el fin de apresar a sus habitantes, a los que luego vendían como esclavos. ¿Cómo aquellos mundos tan hostiles podían vivir en un mismo estado independiente? No podían”.

Los más débiles sufren los envites del hambre y la guerra de Sudán del Sur. En la imagen, una niña de Bor, perteneciente a la etnia nuer, desplazada a la aldea de Adior./ REPORTAJE GRÁFICO: GONZALO ARALUCE

No existen cifras oficiales sobre el alcance de este conflicto: algunos estudios estiman que cientos de miles de personas murieron víctimas de la escasez y la enfermedad; otras estadísticas elevan el número a dos millones. El número de desplazados internos habría alcanzado los cuatro millones, la mitad de la población del país.

En 2011, Sudán del Sur alcanzó la independencia, pero con ella no llegó la paz. A los pocos meses, su presidente Salva Kiir, y su vicepresidente, Riek Machar, -ambos habían compartido trincheras en el conflicto contra sus vecinos del norte- se enzarzaron en una guerra de poder que, salvo algunos paréntesis, se prolonga hasta hoy. Cada uno de ellos pertenece a una etnia –dinka y nuer, respectivamente–, a las que han empujado a combatir entre sí para defender sus intereses personales: a pesar de la pobreza endémica que sacude la región, Sudán del Sur es rico en yacimientos petrolíferos, a los que sólo acceden los privilegiados.

Tras dos años de conflicto interno y empujado por la presión internacional, el Gobierno de Kiir alcanzó, este miércoles, un principio de acuerdo de paz con los rebeldes de Machar.

Mary Ayomkou y las trescientas personas que la seguían eran víctimas de este conflicto. Perseguidas por el hambre y las balas, emprendieron un camino que no tenía destino. Era diciembre de 2014, época seca. A los miembros de la comitiva sólo les sostenía su lucha por la supervivencia. Sus ropas se pudrían al sol. Bajo sus pies, un desierto de piedra y tierra. Apenas encontraban comida y el agua con la que se cruzaban estaba estancada. Ni los animales bebían de ella.

Los más débiles no tardaron en enfermar: aquella fue su sentencia de muerte. Los supervivientes caminaban en silencio, “con la mirada vacía”: “Algunos soñaban despiertos con un lugar en el que asentarse; otros lloraban por dentro la ausencia de sus seres queridos”, explica Mary, que había sido elegida entre su comunidad por sus dotes de liderazgo para guiar a los suyos. Todos ellos eran nuer.

Mary Ayomkou, líder de los habitantes de Bor.

La gente que habitaba Adior, una aldea compuesta por un millar de dinka, temía el avance del conflicto. Sin embargo, no podían sospechar que, aquella tarde de febrero, llegaría el enemigo. Alguien dio la señal de alarma: “¡Se acercan los nuer!”. Las mujeres, presas del pánico, recogieron a sus niños y huyeron hacia la selva, buscando refugio. Los hombres, mientras tanto, con más miedo que decisión, se armaron para el combate: palos y machetes, cuchillos y rifles AK47 comprados en el mercado negro.

No tardaron en dar con el rastro de la comitiva. Pero la debilidad de las mujeres, niños y ancianos les desarmó: la piel se les pegaba a los huesos, suplicaban ayuda y en sus manos no tenían más que el sueño de alcanzar un lugar en el que asentarse. Entre dinka y nuer no era posible la comunicación, -cada tribu habla un idioma diferente-, pero los primeros comprendieron que la vida de los segundos estaba en sus manos. Les abrazaron y juntos marcharon hacia Adior.

Los líderes de la comunidad de Adior, única en Sursudán por la convivencia pacífica entre dinka y nuer, explican el “sinsentido” de la guerra que ha enfrentado, durante dos años, a las tribus a las que pertenecen. “Kiir y Machar quieren gobernar el país y cada uno de ellos utiliza a los suyos -valora Mary Ayomkou, jefa de los nuer-. A mis 48 años apenas he conocido unos breves periodos de paz. Ojalá mis siete hijos puedan vivir tranquilos en Adior e ir a la escuela. Es una bendición que nos hayan recibido”.

“¿Cómo no íbamos a darles la bienvenida?”, se pregunta Marta Amuor, una de las líderes de los dinka de Adior. A sus 23 años, carga con buena parte de la responsabilidad del pueblo. Su familia ha sido, tradicionalmente, la que ha dirigido la aldea. La guerra y el hambre obligó a muchos de los parientes de Marta a marcharse y ella asumió el compromiso de la jefatura. “Ellos son como nosotros -prosigue-. No representan ningún peligro y están hambrientos. También nosotros lo estamos. La única manera de encontrar una salida a todo este dolor es ayudarnos los unos a los otros”.

Hijos de ganaderos que viven en las inmediaciones de Adior. Impregnan su cara con cenizas para protegerse de los mosquitos.

Sin embargo, cuando no es la guerra la que persigue a los habitantes de Adior lo hace el hambre. Basta con dar una vuelta por el pueblo para comprobar que sus vecinos temen al futuro más inmediato. “Necesitamos anzuelos para pescar en el río”, apunta una mujer. “Y plástico para cubrir nuestros tejados y protegernos de las lluvias”, añade una segunda. “Y medicinas y comidas”, puntualiza la tercera.

“¿Ves a toda esta gente?”, pregunta un soldado del Ejército, vestido de uniforme y con el dedo en el gatillo de su kalashnikov: su nombre es Peter Malual. “No sé qué será de ellos -apunta Peter, mientras los señala con el dedo-. Soy el único que protege a todos estos ancianos, mujeres y niños. Los hombres, o bien se fueron a la guerra, o han muerto”. El soldado se ajusta la boina a su cabeza, da una palmada a su fusil y sentencia: “Pero si alguien viene con ganas de pelea, la encontrará”.

Juba, capital de Sudán del Sur, acogió la firma del acuerdo de paz entre Riek Machar y Salva Kiir. La Unión Africana y la ONU vienen presionando a ambos líderes desde que comenzó el conflicto para que pongan fin a las hostilidades. Uhuru Kenyatta y Yoweri Museveni, presidentes de Kenia y Uganda, y Haile Mariam Desalegne, primer ministro de Etiopía, asistieron al acto para manifestar su respaldo al proceso. Salva Kiir manifestó sus dudas a estampar su rúbrica: “Somos reticentes, pero firmaremos el documento”.

La frase del presidente sursudanés despertó la inquietud entre las autoridades asistentes al acto: en los últimos años, Kiir y Machar han alcanzado varios acuerdos de paz que al día siguiente morían bajo los disparos de sus hombres.

El hambre endémica, mientras tanto, sobrevuela la región, una de las más pobres del mundo. El país, que es también el más joven, firma las bases para mirar al futuro y cerrar las heridas del pasado; de una guerra que los habitantes de Adior califican como un “sinsentido” y a la que decidieron enterrar con el abrazo entre dinka y nuer.

La firma de paz entre Salva Kiir y Riek Machar abre las puertas a un futuro sin guerra en el país más pobre del mundo.

 

Adam Goodes, el fútbol y el racismo en Australia

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Adam Goodes, el número 37 de los Sydney Swans, jugador aborigen de fútbol australiano, ha pasado de tener a todo su país dividido en un debate sobre el racismo a unirlo en una campaña sin precedentes para que vuelva a los campos de juego. Goodes, dos veces campeón de Liga y dos veces mejor jugador del campeonato, además de Australiano del Año 2014, amenazó con dejarlo, harto de los insultos racistas que le gritan partido tras partido. 

En solo una semana Adam Goodes, jugador de fútbol australiano, el número 37 de los Sydney Swans, ha pasado de tener a todo su país dividido en un debate sobre el racismo a unirlo en una campaña sin precedentes para que vuelva a los campos de juego. El deporte, tan propio del país oceánico, ha actuado una vez más como reflejo de una sociedad a la que incomoda sobremanera todo lo relacionado con el racismo. Hace unos días el que fue nombrado ‘Australiano del Año 2014’, de raza aborigen, se planteaba retirarse debido a la actitud abiertamente racista de determinados seguidores rivales; incluso se negó a jugar un partido con su club.

Ahora, y tras recibir numerosas muestras de ánimo por parte de aficionados, prensa, otros indígenas, celebridades del país y australianos en general, Goodes ha regresado y está dispuesto a volver a jugar. Lo sucedido, un capítulo más en la historia del futbolista, pone de manifiesto la controversia que existe en el país ante una pregunta que no para de provocar escalofríos: ¿es Australia un país racista?

Tras los abucheos recibidos en el anterior encuentro frente a los West Coast Eagles, el deportista aborigen, todo un emblema para los suyos, se negó a jugar el pasado fin de semana con permiso de su equipo, los Sydney Swans. Una situación que Goodes lleva viviendo cada semana durante meses, y que ha trascendido las fronteras de su país por los insultos racistas a todo un defensor de los derechos de los indígenas.

Llevan pitándole años pero los abucheos se han visto incrementados desde que este año festejase un lance del juego con una danza de la guerra. La estrella australiana ha sido dos veces ganador de la liga y nombrado en otras dos ocasiones mejor jugador del torneo, pero no se ha librado nunca ni de las críticas ni de la polémica.

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Adam Goodes, en un partido reciente.

Un pasado que no gusta recordar

Algunos de sus compatriotas le acusan de ir de víctima y de que los pitos son por su actitud, no por su raza. A sus 35 años, es conocido por sus posturas y celebraciones extravagantes, siempre haciendo gala de sus orígenes, presumiendo de ello. Por eso y por sus acciones fuera del campo, combatiendo la discriminación, es considerado un quijote de la lucha contra el racismo. Esto es algo que no gusta a los australianos, que no desean que les recuerden los errores cometidos en el pasado contra los nativos.

Durante más de 200 años, hasta mediados del siglo pasado, a los originarios del país se les negaron los derechos básicos. Un trato que llegaba después de que los colonizadores ingleses casi les exterminaran, y muchos niños fuesen apartados de sus familias. Una situación dolorosa que tiene todavía eco en la Australia actual, generando resentimientos, y que Goodes recuerda a su manera, realizando bailes propios de los aborígenes o imitando el ataque con una lanza a los espectadores. De hecho el ‘arma’ imaginaria que ‘utilizó’ se puso a la venta en eBay por 20.000 dólares australianos (unos 13.500 euros).

Pero el futbolista lleva años tomando partido y dando la cara para mostrar su posición en este tema. El que seguramente sea el momento más famoso en esta historia contra el racismo se vivió en 2013, y tiene como coprotagonista a una niña de 13 años. Durante un partido de la Liga de Fútbol Australiana (AFL), mientras Goodes corría por la línea contigua a los aficionados, oyó una voz que le llamó “simio”. La ofensa venía de una niña a la que el australiano no dudó en señalar, provocando que los encargados de seguridad la echasen de la grada. La actuación del futbolista fue aplaudida y también criticada, por enseñar una lección y por humillar a una niña. “El racismo tiene una cara y anoche esa cara fue la de una niña de 13 años” comentó Goodes al día siguiente. Afirmó que ella no era culpable, que era la que más apoyo necesitaba, al mismo tiempo que responsabilizaba al entorno por permitir que algo así ocurriese.

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Goodes, Australiano del Año 2014.

Desde entonces se creó un debate que ahora se ha vuelto a intensificar. Por un lado quienes aseguran que pitar a Goodes muestra una actitud racista y quienes defienden que se le pita como a cualquier otro deportista, y que lo contrario sería discriminación positiva. Sostienen además que su actitud, acusando a su país de racista en declaraciones tras ser nombrado Australiano del Año, es merecedora de los abucheos: “El Día de Australia es como el ‘Día de la Invasión’”. Él mismo quiere ser reconocido por su lucha y asegura que si sólo se le recuerda por su fútbol “habrá fallado en la vida”. Señalan además sus detractores el comportamiento provocador ante aficionados rivales, llegando a pautas violentas como la famosa lanza imaginaria.

Se trata de un tema que no asusta a los políticos del país y el líder de la oposición, Bill Shorten, se ha atrevido a dar su opinión: “No hay duda de que la reacción que ha recibido se debe a su raza, y más gente se ha unido a los abucheos contra él porque es lo que otros hacen”. Hace falta sensibilidad, dijo, para que los abucheos e insultos no se conviertan en una moda. A una parte de la población australiana le ha causado un profundo malestar que Goodes recibiese premios precisamente por criticar a su país, y cree que las condecoraciones solo dan más importancia a un problema que ellos no consideran tal.

De Doug Nicholls a Cathy Freeman

No es el primer caso de discriminación en el fútbol australiano. Hace casi un siglo Doug Nicholls, que practicó además otros deportes, tuvo que abandonar el Carlton sin llegar a debutar porque a sus compañeros de equipo no les gustaba su olor. Se marchó al Northcote donde años más tarde sería campeón de la Liga. Ya en los años 70 se convirtió en el primer caballero aborigen y gobernador de Australia Meridional. Pasó a convertirse en un símbolo de integración, como también fue el caso de Cathy Freeman, campeona olímpica en 400 metros lisos en Sydney 2000. Fue la encargada de prender la antorcha en aquella edición de los Juegos Olímpicos y a pesar de tener sangre siria, escocesa y china, siempre se ha sentido orgullosa de su origen nativo.

Pero Goodes no está siendo tan respetado como Freman. El locutor australiano Alan Jones le acusaba de “hacerse la víctima” y de que los abucheos no tienen nada que ver con el racismo. Le llamó “estúpido” y criticó su puesta en escena previa a los lanzamientos. Muchos de los que abuchean al jugador indígena comparten su opinión, pero en el fútbol australiano otros actúan de esa manera, y no son pitados. Incluso otros como Hayden Bellantine, que también genera ira entre los aficionados, no son pitados de la misma manera. Del mismo modo también hay otros jugadores indígenas en la misma liga y no se les abuchea por ello. La conclusión es que Goodes, que aúna ambos elementos, forma un cóctel que estimula los insultos racistas por parte de la grada.

Tampoco agrada a sus críticos su forma de acusar de racistas a los australianos. Aunque una gran mayoría le aplaude precisamente por ello, ya que consideran que es necesario que alguien saque el problema a relucir y actúe de embajador para los indígenas, que se sienten discriminados. Fruto de ello ha sido la campaña que ha servido para que Goodes vuelva a jugar o que incluso dos periódicos líderes como The Age y The Sydney Morning Herald hayan regalado a sus lectores un póster suyo para apoyarle. Muchos aficionados se sumaron a la iniciativa colgando en redes sociales fotos con el dorsal 37, el del jugador australiano, pintado en brazos, espalda o carteles.

Aprovechando el Garma Festival, una convención anual para tratar las dificultades de los indígenas, miembros del clan Gumatj se pintaron el mismo dorsal en el cuerpo. También celebridades australianas como Cate Blanchett o Hugo Weaving dejaron unas palabras en forma de vídeo para agradecer a Goodes que diese voz a los indígenas. Su compañero de equipo Lewis Jetta, durante el encuentro en que el aborigen estuvo ausente, imitó su celebración de la danza de la guerra y la lanza invisible. Muestras muy simbólicas que han llevado a Goodes a volver a los campos, y que le animarán en su lucha contra un problema que no parece tener una cura rápida y al que Daniel Hick, en el Garma Festival, se refirió de forma clara: “El racismo siempre tiene el mismo efecto, duele”.

@diegonzalez86

Dinero público para hacer la yihad

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El objetivo de los terrorista de Fraternidad Musulmana, el grupo desarticulado por la Audiencia Nacional en la Operación Caronte,  era hacerse pasar por una asociación cultural, pedir subvenciones públicas y hacer colectas en las mezquitas. Y con esa excusa, sufragar sus ataques en suelo español y sus contactos con grupos radicales como el Estado Islámico.

Sobre el papel, el grupo Fraternidad Islámica debía tener la forma de una asociación cultural: la cara amable de un movimiento educativo relacionado con el islam. Con esta coartada, sus miembros podrían hacer colectas, recabar dinero y solicitar subvenciones. Podrían pasar por las mezquitas sin levantar sospechas y recabar fondos. Unos fondos que -según la Audiencia Nacional- servirían en realidad para sufragar atentados yihadistas en España y para facilitar captación de musulmanes dispuestos a combatir con el Estado Islámico en Siria.

La estrategia no es nueva. El lobo con piel de cordero. Según la Audiencia Nacional, un engaño similar fue utilizado durante años por los satélites del Movimiento de Liberación Nacional Vasco para financiar la banda terrorista ETA. Pero ahora, el quiebro legal está en manos de los yihadistas. “Al entrar en el vehículo, Antonio Sáez [considerado el líder de la célula] nos dice que lleva unos días dándole vueltas a algo interesante. Nos dice que el grupo conocido como Fraternidad Islámica va a dejar de existir, que debemos dejar de hablar de ese grupo. Nos explica que ha pensado crear una organización pantalla, una asociación cultural para el pueblo palestino o por la causa árabe, aun sin definir”. Quien así lo explica en sus informes es el agente Astor 385, un infiltrado que bajo el mandato de la Audiencia Nacional y con la cobertura del Centro Nacional de Inteligencia, entró en contacto con los presuntos terroristas oculto bajo una identidad operativa: el nombre falso de Josep Traoré.

“Su idea es crear una asociación cultural, legal para que así se pueda autofinanciar el grupo, pedir dinero por las mezquitas en nombre de esa organización establecer contactos con Palestina e incluso tener contacto con Hamás o Al-Fatah. Nos remarca que es algo legal pero que conlleva de fondo una actividad ilícita clandestina. Nos dice que el lunes mismo irá al Ayuntamiento de Sabadell a pedir información para poder crear la asociación cultural. Otro de los objetivos de la asociación es poder establecer vías de entrada para poder ir a países en conflicto armado”, explica el agente.

Desde su entrada en octubre de 2014, el topo policial diseccionó la red bajo la coartada de su pasión por Alá. Y colocó a la cabeza de Fraternidad Islámica a Antonio Sáez Martínez, un español converso que trabajaba en una peluquería de Terrassa. La Románica -que así se llamaba el local- se convirtió en uno de los centros de reunión de la célula. Las alertas saltaron varios meses antes, cuando los agentes de la Comisaría General d’Informació de los Mossos d’Esquadra detectaron que la llegada de otro miembro de este colectivo a Siria. “Nos han confiscado los teléfonos móviles para que los aviones aliados no puedan interceptarnos”, explicaba Abdellatif Chahmout a su mujer en una llamada interceptada por la Policía. Fue la única que hizo desde el frente y tuvo que viajar varios kilómetros desde su posición para hacerla.

Manual para reclutas

Ante el riesgo evidente de atentado, los agentes trasladaron la causa a la Audiencia Nacional. Así nació en julio de 2014 la Operación Caronte, que se saldó el pasado mes de abril con 11 detenidos. Un mes antes de lanzar la operación, la policía logró captar a un testigo protegido. Un marroquí residente en Terrassa que confirmó los planes de Fraternidad Islámica. Por un lado, una pequeña facción de sus miembros pensaba viajar a Siria para unirse al Estado Islámico. Por otro, el resto del grupo preparaba atentados en suelo español. Sinagogas, sucursales bancarias, hoteles turísticos y comisarías de policía eran sus principales objetivos. Ya habían comenzado los seguimientos a los objetivos más suculentos.

El testigo protegido alertó además de la existencia de dos menores entre los miembros de la célula: un joven brasileño detenido ahora en Bulgaria y Omar Borche Zelaya, conocido como Omar El Paraguayo y que con sus 17 años ha quedado bajo la custodia de la Fiscalía Central de Menores de la Audiencia Nacional. En un primer momento, los informes policiales explican que las armas para los ataques serían suministradas por terroristas chechenos. Tras meses de investigación, es detenido sin embargo un nuevo ciudadano español, Diego José Frías Álvarez, relacionado con un grupo de extrema derecha y que guardaba en su vivienda un auténtico arsenal con granadas incluidas.

Los informes policiales colocan como líder operativo de Fraternidad Islámica al español Antonio Sáez. Y explican cómo este granadino converso creó un manual para facilitar la captación de nuevos mártires. Las pruebas fueron localizadas por los agentes tras analizar con detenimiento sus bolsas de basura. En una de ellas, de color amarillo y requisada en un contenedor bajo su vivienda, los Mossos encontraron varios manuscritos del ahora detenido. Según los peritos policiales, la letra es la misma que la de un panfleto localizado en casa de otro de los detenidos en Burlgaria, Taufik Mouhouch. Un manual de reclutamiento que explica su proceso de captación en tres fases: “la primera consiste en darnos a conocer. La segunda es la preparación, donde se selecciona a las personas adecuadas para llevar a cabo la Yihad. Y una tercera de cara a conseguir los objetivos. Sus medios son una fe profunda, una preparación perfecta y un trabajo continuado.[…] El islam es la solucción. Por eso hay que asimilar y tener presente: Corán, Verdad y Yihad”. El 13 de enero de este año, el agente encubierto informó de que la célula tenía también traducido el manual del yihadista elaborado por Al Qaeda. Y dos meses después, Sáez revela al infiltrado su idea de realizar explosivos utilizando cloraso de potasa, un componente común, por ejemplo, en las pastillas para el dolor de garganta.

Morir por Alá

El 15 de diciembre de 2014 -cuatro meses antes de las detenciones- fue otra de las fechas claves para la caída de Fraternidad Islámica. A las seis de la tarde de ese lunes Kaike Luan Ribeiro, otro de los menores captados el grupo, llegó junto a dos compañeros al último punto de su viaje: el checkpoint de Kapitan Andreevo, en la frontera que separa Bulgaria de Turquía. Con solo 17 años, el joven dejó atrás Terrassa, a sus padres -cristianos e impuros- y cambió su nombre por el de Hakim: Kaike era un joven sin arraigo, pero Hakim tenía por delante el paraíso, 72 vírgenes y el privilegio de morir por Alá. Según las pesquisas policiales, al otro lado de la frontera le esperaba una red de salafistas radicales para llevarle hasta el frente y unirse a la yihad .

El viaje de Kaike -brasileño de nacimiento y catalán de adopción- arrancó en silencio el pasado 26 de noviembre. Era su segundo intento de alcanzar la guerra. Y antes de dejar España, el joven preparó una carta de despedida. Un borrador manuscrito que la policía encontró hecho pedazos en su habitación de casa. “Nunca te olvidaré y siempre te amaré mi amor. La vida terrenal es corta y siempre estarás en mis súplicas. Perdona por no haber cumplido mi promesa [de casarme contigo] pero hay una causa mayor y lo sabes: la yihad”, le decía a su prometida. Aquella noche, el joven se subió junto con otros dos compañeros -un carpintero de 24 años y un camarero de 27- en un Peugeot 308 y, tras repostar en una gasolinera de Sabadell, puso rumbo a Siria. A su estela, un grupo de agentes siguió sus pasos por Francia, Italia, Eslovenia, Hungría, Rumanía y finalmente Burlgaria.

No eran los primeros. Ni tampoco los únicos que habían dejado rastro con sus ganas de morir por Alá, por muy jóvenes que fuera: “¿Sabes qué pasa? Que en países como Palestina no hay niños, hay hombres ya desde pequeños. Los ves con siete años hablando y tu dices: alabado sea Alá. Pasa como en la época del profeta porque ahora se ve como ‘uff, un niño de diez años’. Yo con diez años tenía la regla. Era una mujer. Y las niñas de los pueblos no se crían como las de las ciudades, que son tontas […] Ahora se tienen los niños tan protegidos que son tontos”, explica una de las investigadas en una conversación intervenida. En otra llamada, Khadija -con voluntad de unirse a la yihad en Palestina- relata su miedo por que su marido, tras luchar por Alá, vaya a un nivel del paraíso superior al suyo: “Yo quiero que mi marido haga las mismas cosas que yo, porque no quiero estar en diferentes rangos cuando lleguemos la paraíso”. “Si él se va al combate y se muere, por mucho que tú ayunes…”, le contesta su interlocutor, en referencia a los privilegios de morir por Alá. “A mí se me va la cabeza, ¿sabes? Me pillo mis cosas y me piro para Siria. Que le den por saco a todo el mundo. No digo ni adiós”, mantiene por teléfono Taofiq Mauhouch, otro de los detenidos en Bulgaria. Y lo hizo.

Antes de partir, él también dejó un mensaje manuscrito: “Cuando te llegue esta carta, a lo mejor ya no estoy aquí. Me habré marchado para Siria. Porque lo primero es Alá. Y segundo porque un amigo mío me ha dicho que la Policía está detrás de nosotros. Prefiero que si me detienen, que sea por la causa de Alá. Te pido perdón por todo. Quiero que sepas que lo que he sentido por ti no lo he sentido nunca por ninguna mujer […] Si Alá quiere, nos volveremos a ver. Y si no, que sea en el paraíso”.

Además, en EL ESPAÑOL:

Así se recluta a un yihadista en España

Las autoridades desmantelaron en abril una célula yihadista cuyo epicentro estaba en Ca N’Anglada, un barrio deprimido de la ciudad de Terrassa. Sus habitantes describen aquí las claves del grupo, cuyos miembros fueron detenidos en Bulgaria antes de unirse al grupo Estado Islámico. 

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

Las autoridades desmantelaron en abril una célula yihadista cuyo epicentro estaba en Ca N’Anglada, un barrio deprimido de la ciudad de Terrassa. Sus habitantes describen aquí las claves del grupo, cuyos miembros fueron detenidos en Bulgaria antes de unirse al grupo Estado Islámico


El coche fue interceptado el 16 de diciembre en el check-point de Kapitan Andreevo, en la frontera entre Turquía y Bulgaria. Sus ocupantes se llamaban Taufik, Kaike y Mohamed y habían conducido 2.700 kilometros durante tres días.

Habían partido unos días antes de Ca N’Anglada, un barrio de las afueras de Terrassa (Barcelona). Atravesaron Francia, Italia, Eslovenia, Hungría y Rumanía. Su objetivo era unirse a las filas del grupo Estado Islámico en Siria, donde les esperaba Abdellatif Chahmout, un vecino que sí llegó. La policía búlgara impidió ese encuentro. Siguiendo las directrices de la Interpol, los tres fueron arrestados justo antes de entrar en Turquía. Un juez de Haskovo ordenó su extradición a España, donde ingresaron en prisión.

Aquellos tres yihadistas fueron los primeros encarcelados de la operación Caronte, que concluyó el 8 de abril con un balance de 14 detenciones y el desmantelamiento de la mayor célula terrorista desarticulada en Cataluña. Llevaba por nombre Fraternidad Islámica para la Predicación de la Yihad y casi todos sus integrantes residían en los barrios periféricos del extrarradio de Barcelona.

Entre sus miembros había un peluquero granadino, un camarero brasileño, un barcelonés en paro y un rapero de Tarragona. A ellos se suma un político neonazi catalán, que no formaba parte del clan pero les conseguía las armas.

No parece a priori el perfil de los integrantes de un grupo yihadista. Sin embargo, el auto del juez Santiago Pedraz asegura que casi todos ocupaban un rol destacado dentro de la estructura de la organización. Una información que revela la importancia que han cobrado los “nuevos musulmanes” en el terrorismo islámico.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

1. El adolescente brasileño.

El primer converso detenido se llama Kaike Luan Ribeiro Guimaraes y responde a un perfil de nuevo yihadista: extranjero, de raíces no musulmanas y marcado por el desarraigo. No procede de ningún país árabe sino de Formosa, un pequeño pueblo próximo a Goiás, Brasil. Tiene 18 años y lleva un par de años viviendo en España.

De familia muy humilde, fue educado en la fe cristiana evangelista y su bagaje laboral se limita a unos meses ejerciendo como camarero. En su entorno no hay consenso acerca de los motivos que le llevaron a cambiar de religión.”Sólo iba a la mezquita a rezar”, explica su hermana al diario digital InfoTalQual. “No es un terrorista sino una buena persona que encontró su fe en el islam”.

Otros apuntan que la conversión de Kaike podría responder a razones económicas. Es el caso de Amin Baghar, presidente de la Asociación Cultural Musulmana de Terrassa, que dice que los captadores se aprovechan de la crisis, de la situación de desamparo y de la desesperación: “Identifican a los chavales más necesitados y les lavan el cerebro. Les ofrecen un sueldo alto por irse al frente. Hasta 2.000 o 3.000 euros mensuales en algunos casos. Cantidades que son muy difíciles de rechazar. Se lo plantean como unas vacaciones pagadas. El problema es de la yihad uno no vuelve, y eso es lo que no cuentan”.

Baghar recuerda el día en el que Kaike abrazó el islam: “Acudí a su ceremonia de conversión en la mezquita de Terrassa. Fue un día feliz y todos lo veíamos muy seguro de su decisión. Pero entonces le advertimos de que los conversos son una presa fácil para los quienes captan adeptos para el salafismo”.

La premonición acabó por cumplirse y Kaike tardó sólo unos meses en convencerse de que su futuro pasaba por unirse a la yihad.

Los jóvenes del barrio no se creen la hipótesis económica. Un chico marroquí de 18 años, vecino de los detenidos, opina que “son personas que vivieron una mala vida y encontraron refugio en la religión. No hay más”. Además, considera irreal la presunta contraprestación económica. Dice sin rubor que “por 3.000 euros al mes me iba yo a pelear a Siria y eso que soy ateo”.

El joven no quiere dar su nombre por miedo a posibles consecuencias. “No quiero que se me relacione con este asunto por dar una opinión. En el barrio tenemos la impresión de que, por poco que hagamos o digamos nos van a meter en la cárcel. Una foto de Facebook ya te puede meter en problemas”, susurra. Esta sensación de caza de brujas flota cada vez con más intensidad en las calles del vecindario. “Hasta los niños musulmanes esquivan estos temas en público. En sus casas les ordenan que eviten hablar de estas cuestiones en la calle para no levantar sospechas infundadas”, explica la monitora de un centro cívico con mayoría de niños magrebíes.

Amin Baghar dice conocer a todos los miembros de la célula y está seguro de que algunos no tienen nada que ver con lo que les imputan: “Yo pienso en Reda [uno de los últimos detenidos, acusado de ser uno de los bastiones ideológicos del grupo] y no creo que esté implicado. En la mezquita todo el mundo se conoce. Al final intuyes quién puede y quién no puede formar parte de una cosa así. Conocemos incluso a los policías infiltrados. Los saludamos sin ningún problema”.

Baghar asegura detestar el fenómeno del yihadismo. “Aunque los radicales sean una minoría, sus acciones están salpicando a todos los musulmanes”, dice. “Ahora estamos todos en el mismo saco que esa minoría. Yo estuve trabajando hace poco en Francia y mis compañeros simulaban explotar cuando me acercaba. Puedes tomártelo con humor una o dos veces pero al final resulta inaguantable y te tienes que cabrear. Todo esto es lo que provoca el terrorismo. Violencia que engendra violencia”.

En Brasil deslizan otra posibilidad acerca de las razones que llevaron al joven Kaike a cambiar de religión. En Formosa, su pueblo natal, un policía amigo de la familia declaraba a la cadena Globo que Kaike entró en el Islam “porque estaba enamorado de una chica marroquí, según nos dijo su madre”. Pero también hay quien piensa que Kaike no era más que un infiltrado que dinamitó la célula desde dentro. Su pasado como cristiano militante ha disparado los rumores entre algunos musulmanes de planteamientos radicales. No lo dicen, y mucho menos en público. Pero lo escriben. Una pintada próxima a la mezquita de Terrassa refleja este pensamiento: “Kaike is cristiano”.

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Sea como fuere, Kaike se rebautizó como Hakim y empezó a relacionarse con miembros de Fraternidad Islámica. Aunque censado en la localidad vecina de Monistrol de Montserrat, pasaba la mayor parte del tiempo en Terrassa, en el piso ocupado en el que malvivía Taufik. Aquel ático se convirtió en el escenario de muchas de las reuniones de la célula. Kaike se imbuyó allí del salafismo radical, viendo algunos vídeos de decapitaciones y de niños de diez años ejecutando a “infieles”.

Al final Kaike dio el paso. Engañó a sus padres diciendo que se marchaba de viaje de fin de curso a Mallorca y emprendió la frustrada travesía a Siria de la mano de Taufik y Mohamed, el último miembro de la terna.

Sus conocidos aseguran que se trata de una persona con profundas convicciones religiosas. Cuando compareció ante el juez búlgaro que ordenó su extradición, recitó versículos del Corán a la espera de las preguntas del magistrado, según explica el diario búlgaro Dneven Trud. Su hermano también fue detenido en la segunda parte de la operación, aunque luego fue puesto en libertad.

2. A la entrada de la mezquita.

Rashid Alí es el director de InfoTalQual, un periódico digital de Terrassa que presta especial atención a las noticias relevantes para la comunidad árabe en Cataluña.

Alí es marroquí pero reside en Terrassa desde hace 15 años y asegura que la radicalización de Kaike (y del resto de miembros de la célula) no tiene sus raíces en internet sino en los corrillos que se forman a la salida del rezo, en la plaza frente a la mezquita de Terrassa.

Allí actúan los captadores salafistas. Se trata de musulmanes que se rigen por la ley islámica radical y que consideran impío a quien no la obedece. Defienden el regreso al Islam más puro, más primitivo. Imitan a Mahoma hasta en sus hábitos de comida o vestimenta. Sostienen que el Corán no está sujeto a interpretaciones, por lo que deben obedecer el texto al pie de la letra. Son violentos, odian a los occidentales y no dudan en menospreciar a los musulmanes moderados.

La tarea de los más radicales consiste en lograr adeptos para su causa. Personas que estén dispuestas a enrolarse en la yihad, unirse al frente sirio, atentar contra los cristianos o decapitar impuros. “Dentro de la mezquita no tienen poder. De hecho, consideran que el imán es un impuro porque no se somete a la ley islámica. Lanzan el cebo en la puerta del templo y no les resulta difícil encontrar a algún incomprendido dispuesto a escucharlos”, sostiene Alí.

No es la versión de Taufik Cheddadi, antiguo imán de Terrassa, que apuesta por internet como puerta de entrada al terrorismo. Chedaddi, que también es sociólogo e Islamólogo, expone que en la red “hay más intimidad y mucha más información”.

“También tendríamos que valorar otra cuestión”, explica Cheddali. “¿A quién pertenecen estas páginas? Canadá, Francia, Estados Unidos son los responsables de que estos contenidos estén en la web. Internet se convierte en el principal escenario para captar a estos jóvenes desarraigados y descontentos. En la mezquita seguro que no se radicalizan. Precisamente la mezquita es garantía de lo contrario: de control y convivencia. Lo que hagan en la puerta de la mezquita ya está fuera de nuestro control. Pero tampoco podríamos identificar a estas personas. No llevan escrito en la frente buen musulmán o mal musulmán”.

La radicalización del individuo puede tener varios orígenes. Pero si algo tienen en común casi todos los detenidos de esta operación es su lugar de residencia. El periodista Rashid Alí ha seguido el caso en detalle y no le sorprende que la mitad de los detenidos residan o hagan vida en un mismo barrio: Ca N’Anglada.

“La mayor parte de los magrebíes de esta zona vive virtualmente en los países árabes”, dice Alí. “Levantas la mirada por cualquier calle y lo único que ves son antenas parabólicas. La gente sintoniza Al-Yazira hasta para ver el fútbol que dan en abierto por TVE. Apenas les interesa lo que pasa aquí. No tienen demasiados alicientes. ¿Qué importancia tienen los musulmanes en los medios españoles? Interesan sólo cuando hay un caso de terrorismo. Los políticos lo saben pero no hacen nada por solucionarlo. No existe un proyecto de integración, por muchas conferencias que programen desde los partidos”.

3. Un gueto en la periferia.

La realidad que describe Alí ha convertido a Ca N’Anglada en el caldo de cultivo ideal para el desarrollo del terrorismo islámico. Este barrio periférico de Terrassa se convirtió hace 20 años en el epicentro musulmán de la ciudad.

En los años 90, el boom de la construcción revalorizó los barrios de nuevo cuño y devaluó la vieja Ca N’Anglada. Los precios de aquellos viejos caserones y pisos protegidos de la época franquista mantuvieron un precio más razonable que el resto de inmuebles de la localidad. Eran pisos baratos que acogieron a nuevos vecinos con poco poder adquisitivo, en su mayoría inmigrantes del norte de Marruecos, de Tánger o Tetuán. Personas de un carácter mucho más hermético y reservado que sus compatriotas de Casablanca o Rabat.

El efecto llamada hizo el resto y Ca N’Anglada se acabó convirtiendo en una especie de gueto. Una versión española de las banlieu francesas: barrios periféricos de las grandes ciudades en los que la pobreza y la escasez de oportunidades acaban deviniendo en un embrión de la violencia. Hoy los 13.000 marroquíes censados conforman el 6,07% del padrón de una ciudad de 200.000 habitantes. Pero la gran mayoría vive concentrada en este distrito que conoció su máximo esplendor en los años 70 y 80 como eje comercial de la deprimida zona oriental de la ciudad.

Si Terrassa pasa por ser un suburbio de Barcelona, Ca N’Anglada es el suburbio del suburbio. Una zona ubicada a las afueras de la ciudad, sin industrias ni servicios ni futuro. En las paredes de las plazas hay pintadas que exaltan a dos jóvenes pùgiles magrebíes que encontraron en el boxeo su plan de fuga y ahora se ganan la vida como profesionales. Ambos se han convertido en ídolos de una nueva generación que se apunta en masa a los gimnasios para emularlos.

“Las salidas de los chicos pasan por la violencia, el boxeo o la yihad”, explica Aziz, un vecino magrebí que lleva casi 20 años en el barrio. Dice sentirse preocupado por la deriva radical que han emprendido algunos de sus jóvenes compatriotas aunque cree que “estos problemas han llegado de la mano de la crisis”.

No se refiere sólo a la mala situación económica sino a lo que llama “una crisis de valores” y dice que “son chavales desarraigados, sin valores ni sentimiento de pertenencia”. Es algo que corrobora Jamal, un magrebí de 18 años que reside en el barrio desde su infancia: “Yo aquí no soy más que un moro. Pero bajo a Marruecos y mis primos me ven como un europeo estirado. Y cuando subo a Francia o a Bélgica, soy un español más”.

La importancia del desarraigo la comparte el imán Taufik Cheddadi: al abordar las noticias de las detenciones prefiere no personalizar “porque no es una cuestión de nombres”. Tiene una teoría elaborada:”“El morbo vende. Debemos hacer un análisis mucho más profundo. ¿En qué hemos fallado para que nuestros hijos, algunos de los cuales no saben ni hablar árabe, se vean inmersos en este tipo de problemas? Muchos fracasan en la escuela, se meten en las drogas, no van a la mezquita. Es más un problema de desarraigo, de identidad. No saben de dónde son y se convierten en personas a merced de los manipuladores”.

Cheddadi recuerda que siempre ha habido musulmanes en España y nunca hubo problemas de terrorismo. “Entre los años 50 y los años 70, muchos árabes contribuyeron a reconstruir el continente”, explica. “Ahora Europa se ha convertido en un exportador de terroristas. Lo que debemos analizar es qué problema tenemos en Europa. No si el islam es bueno o malo”.

El imam aboga por afrontar la religión islámica “como lo que es: parte de la historia de España aunque algunos no quieran verlo. Se tiende a relatar la historia del país sobre el pasado griego, romano y judeocristiano. Pero el Islam ha estado presente aquí durante muchos siglos en de forma mayoritaria. Si aprendemos a integrar este concepto en la enseñanza de los más pequeños, estaremos dando el primer paso para lograr evitar exclusiones y discriminaciones injustas”.

4. Rumbo a Siria.

La sensación de exclusión lleva a menudo a buscar la aceptación en una comunidad que les abra los brazos. “El Estado Islámico les ofrece una bandera, unos ideales, un concepto de hermandad utópico, y el único requisito exigido es abrazar el salafismo y morir por esos ideales corrompidos”, resume Baghar.

El desarraigo, la pobreza y la falta de oportunidades acaban sumiendo a los más jóvenes en situación difícil de mantener. Ahí es donde entra en juego la yihad.

El grupo Estado Islámico se ha convertido en un polo de atracción. Cualquier individuo puede pasar de sentirse un cero a la izquierda a considerarse imprescindible. Ni siquiera es necesario hablar árabe: “La estrategia de captación de Estado Islámico se basa en el concepto de las brigadas internacionales de la Guerra Civil española”, dice Alí. “Proponen un ejército conformado por soldados de todos los países. Comunicarse tampoco es difícil porque siempre los voluntarios siempre pueden encontrar a alguien que proceda de su país y les haga mucho más llevadero el proceso de integración”.

Según Alí, los estímulos que llegan a través de las redes sociales construyen una imagen del Estado Islámico casi irresistible: “Cuelgan fotos de muyahidines con grandes coches y armas, con poder. No descartan a nadie. No importa que te postules como soldado, como suicida o como trabajador. Siempre hay algo por hacer en un estado en construcción”.

Las motivaciones para unirse a una célula terrorista no son siempre las mismas.

En torno a Kaike se barajan hipótesis relacionadas con la religión, el dinero, el amor e incluso la traición.

Quienes conocen a Taufik tienen menos dudas: “Lo que buscaba era legitimar su violencia. Se trata de una persona violenta, con muchos problemas de adaptación y poca suerte en la vida”, señala Alí, que recuerda que Taufik tenía antecedentes por robo y narcotráfico. “Había pasado un tiempo en prisión. Delinquía y siempre se metía en líos. Llegó Estado Islámico y le ofreció irse a Siria a cortar cabezas y cobrar por ello. Aquello le convertiría en un héroe. Le estaban prometiendo una recompensa por hacer todo lo que aquí en España le suponía una condena. El dinero se acaba gastando. Ganar una reputación y encontrar tu lugar en el mundo son conceptos mucho más duraderos”.

Taufik se convirtió en uno de los elementos con más peso en la célula. Su carisma, su arrojo y sus planteamientos radicales le convirtieron enseguida en una de las voces más respetadas del círculo.

Que en el coche interceptado en Bulgaria viajaran tres personas fue una casualidad. Estaba previsto que con ellos viajase un cuarto miembro de la célula que al final no pudo unirse a la expedición.

El magistrado que instruye la causa explica que Said Touay, otro de los detenidos residentes en Ca N’Anglada, había manifestado su intención de enrolarse en Estado Islámico. “Tenía intención de partir con su familia o de atentar en España si no conseguía marcharse”, explica en su auto. La imposibilidad de llevarse a los suyos le llevó a permanecer en España y a seguir acudiendo a las reuniones del grupo.

“Con la marcha de Taufik, Kaike y Mohamed, su peso específico en la célula aumentó”, dice el auto del magistrado, que añade que “hacía proselitismo, justificaba el terrorismo y veía vídeos de acciones violentas, ejecuciones y canciones yihadistas de Estado Islámico”.

5. El peluquero y el neonazi.

Estas sesiones de exposición intensiva a discursos terroristas se desarrollaban sobre todo en el domicilio del cabecilla del grupo. Antonio Sáez es un peluquero granadino que reside en Sabadell y que encontró en el islam el refugio a una vida de excesos.

Se casó con una marroquí, se rebautizó como Alí, abandonó su adicción al alcohol y se entregó en cuerpo y alma al integrismo islámico.

Nadie en su barrio podía sospechar de sus actividades. “Se hizo musulmán, se dejó barba, sí, pero era un ciudadano ejemplar. Ayudaba a todo el mundo. Nadie podrá decirte una mala palabra de Antonio en este barrio”, resume Manuel, uno de sus vecinos. A pesar de las apariencias y de que “siempre saludaba”, Antonio fue el fundador de la célula terrorista y el alma del grupo.

El terrorismo procura extraños compañeros de viaje. En la peluquería que regentaba, el granadino conoció a Diego José Frías, un neonazi que lideró las listas electorales de dos partidos de extrema derecha: Movimiento Social Republicano (MSR) y España 2000. El odio a los judíos los unió, según explica el auto del juez.

Frías tenía afición por las armas y eso le convirtió en la persona encargada de conseguir el arsenal. Ambos planeaban atentar contra una librería judía de Barcelona y contra una sinagoga.

Pocos en Sant Quirze, donde vivía Frías, pueden creer que aquel joven xenófobo haya acabado en prisión por colaborar con la yihad. “No doy crédito; nunca hubiese imaginado que se relacionase con moros y mucho menos que planease atentar con ellos”, explica Xavier, un joven vecino de la urbanización en la que residía Frías. Lo define como “un tipo con las ideas claras que no escondía sus ideas racistas y sus planteamientos contrarios a la inmigración” aunque “creo que para todo su entorno ha resultado una sorpresa”.

No es la única sorpresa que entraña este caso. La última la han protagonizado las fuerzas policiales. Los Mossos d’Esquadra denunciaron recientemente que miembros de Policía Nacional alertaron a los miembros de esta célula yihadista del seguimiento que se les estaba realizando.

Este presunto chivatazo motivó que los integrantes de Fraternidad Islámica se pusiesen en guardia y modificasen sus planes iniciales. El conseller de Interior de la Generalitat, Ramon Espadaler, aseguró que los miembros de la célula se enteraron en noviembre de que les estaban investigando. Un soplo que según el conseller puso en peligro la operación y la integridad del agente de los Mossos que se hallaba infiltrado en el grupo.

Espadaler aseguró que los terroristas, al verse detectados, precipitaron su marcha a Siria por lo que hubo que alertar a la policía búlgara de que los interceptara antes de que entraran en las filas de Estado Islámico.

La alianza entre fundamentalistas islámicos y ultraderechistas es uno de los argumentos que esgrimen los expertos para eximir a la religión de ser la causa de la radicalización.

“Mezclar terrorismo yihadista e islam es propio de imbéciles”, dice José María Gil Garre, director del departamento de Estudios contra el Terrorismo del Instituto de Seguridad Global. “Es como si confundiéramos el terrorismo de las milicias cristianas de la República Centroafricana con la religión cristiana o a los grupos budistas que despellejan vivos a los musulmanes en Birmania con el hecho religioso budista”.

Gil Garre sostiene que los detenidos no han experimentado una conversión religiosa sino ideológica. “El terrorismo yihadista es una ideología que se apoya en unos argumentos muy definidos y en textos e interpretaciones del hecho religioso islámico”, dice. “El terrorismo yihadista es una basura ideológica y pseudoreligiosa. Retuerce el único libro en el que dicen creer, el Corán, hasta hacer que determinados textos signifiquen y digan lo que en realidad no significan ni dicen”.

Esta visión retorcida es la que se está llevando a más jóvenes al Estado Islámico. El Ministerio del Interior cifra en 60 el número de españoles que se hallan en los territorios ocupados por el grupo. La mayoría están en Raqqa la ciudad más importante de la región.

Entre ellos se encuentra Abdellatif Chahmout, el único vecino de Ca N’Anglada del que se tiene constancia que se haya unido a los terroristas. Llegó a Raqqa con escala en Alemania y no encontró ningún impedimento en su camino. El billete se lo pagó Lahcen Zamzani, otro de los detenidos en la operación Caronte.

No sólo le abonó aquel pasaje. También le dio las pistas para llegar mediante un itinerario seguro: haciendo escala en alguna ciudad alemana. El país cuenta con el mayor número de ciudadanos turcos de la Unión Europea y la conexión aérea con Turquía (paso previo a la entrada a Siria) es más habitual y fluida que en otros países. Los controles son mucho menos férreos. Abdellatif hizo escala en Dusseldorf y no encontró ningún obstáculo para alcanzar territorio sirio.

“De todos modos, antes casi todos los caminos eran seguros”, dice el periodista Rachid Alí. “Los españoles que se han unido a Estado Islámico llegaron a Siria entre 2012 y 2014. Durante ese intervalo, el control de las fronteras era nulo. Los gobiernos occidentales eran conscientes de que había gente que se marchaba a combatir con los radicales, pero a nadie interesó frenar ese fenómeno. Entonces el enemigo era el presidente Bashar al Asad e interesaba tener a gente peleando contra él. Ahora las cosas han cambiado”.

Los españoles que se unieron al Estado Islámico antes de que se endureciesen los controles fronterizos empiezan a echar raíces en su nueva patria. Hasta el punto de que el pasado mes de abril nació el primer español en territorio ocupado por el grupo. Se trata del primogénito de Kokito Castillejos y Assia Ahmed.

Casillejos es un informático de Ceuta que se unió a la yihad en 2013 y que ahora pasa por ser uno de los miembros más sanguinarios del ISIS: se ha hecho célebre en la red por fotografiarse con las cabezas de los enemigos a los que él mismo decapita. Ella es una ceutí que se marchó siguiendo sus pasos, logró atravesar la frontera siria y se unió a él en matrimonio. Ahora Assia ha dado a luz a un niño en Siria, según dice José María Gil Garre, director del Instituto de Seguridad Global.

El periodista Rachid Alí cree que España volverá a sufrir el impacto del terrorismo islámico. Entre otras cosas porque el problema ya no es un coto exclusivo de inmigrantes árabes. Cada vez más españoles caen las redes del terrorismo islámico.  Es una guerra hipodérmica que discurre por debajo de la piel y que cada vez resulta más difícil de identificar.

Así hace campaña García Albiol

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El Partido Popular ha designado a Xavier García Albiol como candidato a la Generalitat de Cataluña. A continuación reproducimos el reportaje que EL ESPAÑOL publicó justo antes de las elecciones municipales bajo el título Un golfo para limpiar Badalona.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo.

El Partido Popular ha designado a Xavier García Albiol, ex alcalde de Badalona, como candidato a la Generalitat de Cataluña. Reproducimos a continuación el reportaje que EL ESPAÑOL publicó el pasado mes de mayo con motivo de las elecciones municipales, bajo el título Un ‘golfo’ para limpiar Badalona.

 

En 2011, Xavier García Albiol acabó con más de 30 años de socialismo en Badalona, la tercera ciudad más grande de Cataluña. El PP sólo gobierna en nueve de los 947 municipios catalanes. Por eso el mensaje populista de Albiol ha sido imitado por otros candidatos de su partido en el extrarradio barcelonés. Recorremos la ciudad durante dos semanas para ver hasta qué punto el mensaje de Albiol ha calado entre la población.


La película que más le ha gustado últimamente a Xavier García Albiol (Badalona, 1967) se llama El Protector. En el filme, Denzel Washington interpreta a un ex miembro de la CIA que decide tomarse la justicia por su mano para ayudar a una chica que ha caído en las redes de la mafia rusa. Albiol no interpreta las leyes a su antojo pero, a juzgar por lo que se dice en ciertos barrios de Badalona, algunos lo consideran un auténtico justiciero que ha salvado la ciudad.

Albiol consiguió en 2011 teñir de azul uno de los tradicionales bastiones del cinturón rojo barcelonés. Su mensaje antiinmigración le llevó a los juzgados por repartir octavillas en las que se relacionaba inmigración e inseguridad y en las que había propuestas populistas como expulsar a los rumanos, pero fue absuelto en 2013. En cualquier caso, el mensaje caló. También prometer libros de texto gratis para todos los niños. Albiol consiguió que el Partido Popular gobernara en la tercera ciudad de Catalunya (217.210 habitantes) después de más de 30 años de hegemonía socialista en la localidad.


Todos los datos sobre Badalona


 

En una comunidad autónoma en la que sólo nueve municipios de 947 están gobernados por alcaldes populares, su victoria convirtió a Albiol en uno de los activos más importantes del partido de Mariano Rajoy. El 75% de catalanes que tienen un alcalde del PP son ciudadanos de Badalona. Las siglas del partido de Génova, sin embargo, no aparecen en ningún cartel ni folleto electoral. Albiol no se esconde: “Hemos hecho una campaña 100% personalista, las siglas hoy en día restan”.

Ni se ha expulsado a rumanos -solo hay censados 100 ciudadanos menos de esa nacionalidad respecto a 2011- ni ha habido libros de texto gratis para nadie. Pero la receta Albiol, como él dice, parece que funciona. Una de las últimas encuestas, publicada por El Periódico, da al actual alcalde entre 12 y 13 escaños. Una cifra por encima de los 11 que obtuvo en 2011 y muy cerca de los 14 que le darían la mayoría absoluta. Según el mismo sondeo, el 58% de los ciudadanos cree que Badalona ha mejorado durante su mandato y el 68% aprueba su gestión.

Albiol, haciendo campaña en las calles de Badalona.
Albiol, haciendo campaña en las calles de Badalona.

Reportaje gráfico: Alberto Gamazo

El primero contra la casta

Albiol lleva en política desde 1991. Pero consiguió ganar unas elecciones con un mensaje contra el establishment o la “casta” mucho antes de la irrupción de Pablo Iglesias, Albert Rivera o Ada Colau.

La crisis económica, el paro, un partido que llevaba más de 30 años en el consistorio y un aumento de la inmigración fueron el caldo de cultivo para su triunfo electoral.

Se mostró como uno más. Un político que no venía del elitista centro de Badalona sino que llegaba desde el barrio obrero de La Morera. Allí se mezclan las casas bajas construidas en los años 60 con nuevas edificaciones más modernas. Los vecinos de su barrio lo recuerdan como un pequeño gamberro que nunca destacó entre el resto.

“Era un golfo, como todos”, explica Juan Gómez, 61 años, vecino del barrio desde hace 40. Otros recuerdan cómo su madre, aprovechando su estatura (2,01) y para que no pasara tanto tiempo en la calle, lo colocó de vigilante de seguridad en la peluquería que regentaba.

Golfo “a mucha honra”

“Claro que fui un golfo, ¡Y a mucha honra!”, ironiza Albiol, que recuerda como empezó a ordenar un poco su vida al entrar a jugar a baloncesto, con 16 años, en el Joventut de Badalona, una auténtica institución en la ciudad. Él no reniega del término populista, tan denostado incluso desde la dirección nacional de su partido. “En el buen sentido de la palabra, lo soy”.

“Albiol se encontró con la tormenta perfecta”, analiza Ricard Vilaregut, vecino de Badalona y doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Barcelona.

En 2011, Albiol empleó un discurso más xenófobo que en la campaña actual. Denunciaba a los inmigrantes “que han venido a robar y se aprovechan de las ayudas sociales”. “Fue precursor de las formas de la nueva política”, opina Vilaregut. “Supo hacer un discurso de proximidad muy potente. Es una persona que se sabe relacionar muy bien en los barrios”.

“Yo no hablo para catedráticos”, explica Albiol mientras toma una coca cola zero en una terraza cerca del parque de Montigalà. “La gente no está para frases bien hechas. Prefiere a alguien que lleva muchos años pisando calle”. El líder de la oposición, Jordi Serra (PSC) coincide en el diagnóstico: “El político culto ya no se lleva”.

2552El pasado 15 de marzo, durante la presentación de su candidatura, el alcalde de Badalona ya dejó entrever por dónde irían los tiros en esta campaña. “Quiero obtener una mayoría suficiente para continuar barriendo todo lo que no nos gusta y genera problemas”, anunció mientras hacía un gesto, como si estuviese quitando el polvo. “Supongo que ya me entendéis”, remachó.

Albiol ha esgrimido en esta campaña un eslogan polémico: “Limpiando Badalona”. Si bien es mucho más ambiguo que el estilo usado en 2011, no ha quedado exento de polémica. Tanto ICV como PSC han denunciado ante la Comisión Europea la xenofobia del mensaje y a Albiol le han llovido críticas desde todos lados. “Es inconcebible, sobre todo si pensamos en las desgracias que han generado las limpiezas étnicas en la historia reciente” critica Alba Cuevas, portavoz de SOS Racismo.

El alcalde de Badalona se justifica y le quita hierro al asunto. “Yo no hablo con medias tintas. Me refería a problemas de incivismo y delincuencia en general. Cuando he tenido que denunciar ciertos comportamientos de los inmigrantes, lo he hecho sin tapujos”.

“A Albiol le interesaba la polémica”, sostiene el politólogo Ricard Vilaregut. “No hace nada por casualidad. Necesitaba arrastrar todos los votos de la derecha que se le podían escapar a Ciudadanos o a Plataforma per Cataluña”.

Lo que es evidente es que que su discurso ha creado escuela y ha llevado a otros candidatos del PP a experimentar con mensajes parecidos. Los alcaldables de Rubí, L’Hospitalet o incluso el de Barcelona han puesto sobre la mesa el tema de la inmigración con mensajes como “Primero los de casa” o promesas de limitar los locutorios y restaurantes de kebabs.

Una Badalona de dos velocidades

Dos profesionales con traje y corbata desayunan en el centro de la ciudad, cerca del Ayuntamiento. Hablan de trabajo, futuros proyectos y del próximo fin de semana en la Costa Brava.

A la misma hora y a menos de dos kilómetros de distancia, unas 60 personas hacen cola, cabizbajas, frente al banco de alimentos del barrio de Gorg. Este banco de comida, situado en una vieja nave industrial que el Ayuntamiento quiere convertir en piscina olímpica, es el que más familias atiende de toda España. Más de 2.000 al mes.

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Se oyen pocas palabras, apenas unos susurros. Reina el desengaño en los aledaños de la nave industrial. Un voluntario va comprobando las tarjetas de cada vecino a los que ordenadamente se les da una caja con alimentos básicos: arroz, lentejas, pasta, fruta y galletas. La gente va pasando, pero durante varias horas la cola permanece igual de larga, hasta casi doblar la esquina.

Hay gente de todo tipo, aunque la mayoría son ciudadanos españoles. Ciudadanos como Emlio Albela, 60 años, vecino del barrio de Llefià y carpintero en paro. O Miriam (no quiere dar su apellido), de 40 años, sin trabajo desde hace cuatro, con tres hijos menores a su cargo y residente en el barrio de Sant Roc. Ambos aseguran que no votarán, pero tampoco condenan el mensaje de Albiol. “Antes de que le den trabajo a uno de fuera, que me lo den a mí”, dice Juan Consuegra, 61 años, ex soldador y vecino de La Salut.

Badalona, lo reconoce su propio alcalde, es una ciudad que va a dos velocidades.

Existe una Badalona moderna, cosmopolita y sin complejos. Una ciudad que goza de calles limpias y buenos equipamientos y que disfruta de esta urbe con playa, cerca de Barcelona, con un bonito casco antiguo y un tejido asociativo de miles de vecinos orgullosos de ser badaloneses.

Fuera de esa ciudad existe otra degradada, con barrios abandonados a su suerte y en la que casi 24.000 personas requirieron la ayuda de los Servicios Sociales en 2013, último año del que hay datos disponibles. Una ciudad que, según una encuesta de la OCU de 2012, es la más insegura de España y en la que un 16% de los encuestados manifestaron no sentirse a salvo en su propia casa durante la noche. Una ciudad con 19.742 parados (el 19,3% de la población activa) donde existen barrios como Sant Roc, Artigues, Llefià o La Salut y donde basta pasearse unas horas y hablar con sus vecinos para ver que la brecha que divide ambos mundos es enorme.

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Ricardo Fajardo, un gitano de 29 años que pasa los días sentado en una silla de playa junto a su familia en la acera que hay delante de su casa, en el barrio de Sant Roc, lo resume de esta manera: “Aquí quien no roba o trafica no come”.

Es en esta segunda Badalona, la que va a paso lento, donde más ha calado el mensaje de Albiol. En las zonas más desfavorecidas y con más inmigración es donde su nuevo lema de campaña, Limpiando Badalona, hace más efecto. A pesar de que el PP fue primera fuerza en 28 de los 34 barrios en 2011, después de más de medio centenar de entrevistas a vecinos de toda la ciudad se puede observar que, al menos de cara a la galería, la gente con recursos y que no vive en los barrios más desestructurados se desmarca del mensaje de Albiol. Entre los sectores más desfavorecidos, en cambio, ha sido imposible encontrar una sola persona que critique la gestión del alcalde.

“Míralos, ¡Estos si que tienen comida!”, Francisco Fajardo, otro miembro del clan gitano de Sant Roc, señala a dos sudamericanos que pasean por el barrio con la bolsa de la compra.

Un 15,48% nació fuera

En la ciudad hay 29.437 vecinos nacidos en el extranjero. Un 15,48% de la población. El porcentaje es menor que el de Barcelona, por ejemplo, donde los extranjeros suponen el 21,71% de los ciudadanos. Aún así, en algunos barrios de Badalona muchos perciben a los inmigrantes como la causa de sus problemas.

La institución Badalona Som Tots i Totes, que agrupa las 12 principales entidades a favor de la integración de los inmigrantes y de apoyo a los colectivos más desfavorecidos, no ha querido participar en el reportaje. “No queremos que el tema de la inmigración entre en campaña”, han respondido, invitando a visitarlos pasadas las elecciones

Casto García, de 59 años, conoce bien las dos Badalonas. Después de 35 años como director del colegio Josep Boada, una enfermedad de corazón le obligó a jubilarse. Desde entonces dedica tres o cuatro mañanas semanales a repartir comida por las parroquias de la ciudad. Es uno de esos vecinos que conoce y saluda a todo el mundo en Badalona –desde políticos de todos los signos hasta comerciantes, policías municipales o curas- y que ha participado en varias asociaciones vecinales y de voluntariado.

“Albiol no tiene un pelo de tonto. Todo lo que hace es para lucirse”, explica mientras se dirige en una furgoneta Peugeot Boxer hacia la Zona Franca de Barcelona, donde recoge los alimentos que luego reparte. “Ha hecho muchas plazas, calles y ha arreglado muchas cosas”. Sobre el polémico Limpiando Badalona tampoco opina: “Es normal que su discurso cale entre la gente que sufre más la inmigración, como los que viven en Llefià”. La única crítica que se le oye durante varias horas de conversación tiene que ver con la carga de trabajo que tienen los voluntarios. “No somos la mano de obra a coste cero del alcalde”, refunfuña.

Le acompaña en la furgoneta Jesús, de 50 años, que conmuta con trabajos para la comunidad una pena de cárcel por haber agredido a un Mosso d’Esquadra el día que lo desahuciaron, hace ya ocho años. Con un tatuaje en la mano, pelo canoso y aspecto desvencijado, prefiere no opinar sobre Albiol y guarda silencio durante casi toda la jornada.

La asociación con la que colabora Casto García, llamada Voluntarios de Badalona, es el perfecto ejemplo de cómo el tejido asociativo de la ciudad se ha lanzado al rescate de los más necesitados, sin importar su origen ni religión. Fundada hace más de 25 años con el objetivo de organizar actos cívicos –campeonatos deportivos, la cabalgata de reyes…- la irrupción de la crisis obligó a que sus 2.000 voluntarios pasaran a ayudar al resto de badaloneses.

“La crisis estalló de golpe en 2008 y nos vimos con el deber de ayudar a los demás”, explica su presidente, Joan Escalada, en la sede de la entidad situada en el centro de Badalona. “En la ciudad hay una tradición muy grande de asociacionismo y lucha vecinal desde los tiempos del franquismo, y ahora nos hemos volcado en ayudar a los que más lo necesitan”.

Una oposición desmembrada

A pesar de todas las polémicas que han rodeado al alcalde de Badalona durante los últimos años, Albiol ha sobrevivido toda la legislatura a una oposición formada por PSC, ICV y CiU que lo ganaba en escaños.

Una imputación de un cargo de confianza de Albiol por chantajear a comerciantes, un caso de corrupción de un concejal o el juicio al alcalde por incitar al odio y a la discriminación no consiguieron que los partidos de la oposición se pusieran de acuerdo para desbancarlo del Ayuntamiento.

Ferran Falcó, candidato de CiU por cuarta vez, facilitó la investidura de Albiol al abstenerse en la votación en 2011. Asegura que no se arrepiente. “La gente quería un cambio”, explica desde su despacho en el Ayuntamiento, decorado con una fotografía de Jordi Pujol. “La incapacidad de otras fuerzas políticas para llegar a acuerdos no es nuestra culpa”.

En 2013 hubo un conato de moción de censura –”el momento más difícil de la legislatura”, reconoce Albiol– que después de 15 días de negociaciones entre los tres partidos de la oposición, no prosperó. “Al día siguiente pensé que era mejor no haberla hecho”, reconoce Jordi Serra, el candidato del PSC. “Para gobernar de esa manera, mejor no hacerlo”.

En esta campaña los grupos de la oposición dejan entrever que esta vez sí habrá acuerdo para desbancar a Albiol, pero las encuestas muestran un pleno muy fragmentado en el que entrarían siete formaciones, por las cuatro que hay ahora. Menos un escaño para Ciudadanos, todas las nuevas caras llegan desde la izquierda.

“Si entre tres partidos no nos pusimos de acuerdo, imagínate si también hay que pactar con Guanyem, la CUP y Esquerra Republicana”, resume una persona del grupo socialista.

Albiol habla con dos musulmanas.
Albiol habla con dos musulmanas.

El yerno ideal

Ver a Xavier García Albiol haciendo campaña por Badalona es como ver a un futbolista o a un cantante paseándose con su club de fans. La gente se agolpa para saludarlo, hacerse una foto con él o pedirle autógrafos.

El alcalde es una estrella en Badalona. Es cercano y cariñoso, bromea con todos los vecinos y mantiene un constante contacto físico con ellos. Por su altura, se agacha constantemente para besar y saludar. A las abuelas les sujeta del brazo con sus robustas manos y a los hombres les da palmadas en la espalda. Impolutamente afeitado, gomina, camisa y pantalones dockers, representa la imagen del yerno ideal. “A las abuelitas se les cae la baba”, analiza un miembro de su equipo durante la visita de Albiol a un mercadillo de la ciudad.

Albiol dice tener soluciones para todos. Escucha los problemas de los vecinos y les promete arreglarlos. Tres conceptos se repiten durante sus conversaciones con los votantes: asfalto, escaleras mecánicas y parques. Albiol pregunta a los vecinos de qué barrio son y, en función de la respuesta, les recuerda qué ha hecho allí estos años. Si alguien le cuenta un problema que no ha abordado, le da al vecino el teléfono de su asesor y le promete que si le vota “esto lo arreglaremos”.

Dos mujeres musulmanas, mayores y con velo, se le acercan con rostro de preocupación. Le preguntan al alcalde si las va a echar. “¿Vosotras os portáis bien?”, les responde Albiol, “a la gente que se porta bien no la queremos expulsar”.

A pocos metros de su baño de masas también hace campaña el líder del PSC, Jordi Serra. Casi nadie le hace caso comparado con el tirón de Albiol, al que decenas de vecinos le aseguran que han votado toda la vida a los socialistas pero que en las municipales lo votarán a él. Albiol mira a la paradita del PSC, semivacía, y se ríe: “¡Están desmoralizados!”.

El candidato del PP se muestra muy confiado de cara a estos comicios. Su formula “calle, calle y más calle” cómo dice él, parece convencer a una buena parte de los badaloneses. Este domingo se comprobará si la receta Albiol, cuyos ingredientes principales son populismo, presencia en los barrios y asfalto donde no lo había, vuelve a funcionar.

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En campaña en el café de Alí

E1 Restaurant-Cafe Horizontal

Ni conservadores ni laboristas prestan atención a los musulmanes británicos. Y sin embargo este jueves su voto puede ser decisivo. Les preocupan menos los problemas globales que la Sanidad o la vivienda. Así lo explican los clientes de este local minúsculo de uno de los barrios más musulmanes de Londres. 

Reportaje gráfico: Miguel Ángel Fonta

Ni conservadores ni laboristas prestan atención a los musulmanes británicos. Y sin embargo este jueves su voto puede ser decisivo. Les preocupan menos los problemas globales que la Sanidad o la vivienda. Así lo explican los clientes de este local minúsculo, situado en uno de los barrios más musulmanes de Londres. 


Al verme entrar por la puerta, Alí desconfía. “¿Esto lo va a leer el gobierno?”, me pregunta cuando le digo que soy periodista.

Alí lleva tres años trabajando en E1, un café restaurante situado a pocos minutos de la estación de metro de Whitechapel. El café, junto con sus dos sucursales en Bangladés, es propiedad de un pariente de Alí. Pero es él quien se ocupa casi siempre del negocio familiar.

“A veces estoy seis meses aquí y seis meses en Bangladesh”, me dice. Ahora lleva siete meses seguidos en este distrito del municipio londinense de Tower Hamlets cuya fama reside en ser el barrio donde cometió muchos de sus crímenes Jack El Destripador.

De los residentes de Tower Hamlets, el 34.5% son musulmanes. La mayoría proceden de Bangladés.

Musulmanes como Alí podrían decidir el resultado de 23 circunscripciones en las elecciones que se celebran este jueves en el Reino Unido. Así lo indican las cifras del Consejo Musulmán del Reino Unido, que advierten que la abstención de los musulmanes ha sido siempre más alta que la del resto de la población. Según datos de Ipsos Mori, el 53% de los musulmanes británicos no votó en las elecciones generales de 2010. Esta vez nadie sabe cuántos irán a las urnas.

Entre Londres y Bangladés

E1 es un café pequeño y un poco oscuro. Se nota que le faltan un par de ventanas. Pero el buen humor de quien lo regenta le da un aire tranquilo y acogedor. Alí es el cocinero pero a menudo se ocupa de servir el café. Abre a las nueve y media de la mañana y echa el cierre a las diez de la noche. Los domingos descansa. “El jefe no tiene dinero para contratar a alguien más y a mí no me importa ayudarle”, explica. “Somos una comunidad muy unida”.

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Musulmanes en el barrio de Whitechapel. / REPORTAJE GRÁFICO: MIGUEL Á. FONTA

De la población bangladesí en el Reino Unido, alrededor del 40% reside en esta zona del este de Londres. Los primeros inmigrantes vinieron a Londres en el siglo XVII. Pero la mayoría llegó aquí después de 1971, cuando se creó el estado de Bangladés.

Los inmigrantes de ese país son una de las minorías más desfavorecidas del Reino Unido. Según el Race Relations Institute, tres de cada cuatro niños de siete años de ese origen vivían en 2010 por debajo del umbral de la pobreza y en uno de cada cuatro hogares no había una sola persona que tuviera empleo.

“Aquí la situación es difícil”, dice Alí. “A los políticos les damos igual. Somos clase trabajadora y una minoría”.

Alí no es el único que se siente distanciado de la clase política. El 29% de los musulmanes que se abstuvieron en 2010 lo hicieron “por desinterés” o “porque no le veían sentido”.

Es un problema que quiere solucionar MEND, una organización musulmana cuyo objetivo es fomentar la participación musulmana en la política. A principios de año, sus líderes llevaron a cabo una investigación cuyo objetivo era averiguar cuáles eran los asuntos que más preocupan al electorado islámico. El estudio culminó con la creación de un Muslim Manifesto: una especie de programa con las principales demandas de este sector de la población.

“Descubrimos que los asuntos que más preocupan a los musulmanes son la creciente islamofobia, los derechos humanos, la falta del trabajo, las medidas antiterroristas y la política exterior del Gobierno inglés”, explica Azad Alí, uno de los líderes de MEND durante una entrevista que tiene lugar en las oficinas de la organización.

Un nido extremista

Algunas voces desconfían del mensaje de MEND. Este artículo del Telegraph dice que la organización es “una fachada para que individuos con opiniones extremistas obtengan influencia política” y acusa a Azad Alí de ser un “extremista” islámico. “La gente que dice estas cosas es la misma que está intentando aislar a la comunidad musulmana con el fin de evitar su participación en la política de Reino Unido”, dice el responsable de la organización.

“Los medios representan a los musulmanes de una forma muy negativa y eso contribuye a la islamofobia”, dice Azad Alí. “En 2010 se descubrió que unos extremistas estaban preparando un atentado contra el Papa y ciertos medios publicaron portadas con titulares proclamando ‘Musulmanes planean matar al Papa’. Nunca hubiesen escrito una portada como ésa sobre ninguna otra religión. Lo único que ha logrado la legislación antiterrorista del Gobierno es contribuir a este ambiente de desconfianza y hostilidad”.

No es la primera vez que surge la polémica al hilo de la legislación antiterrorista. La estrategia Prevent, introducida por primera vez después de los ataques del 11 de septiembre, recibió fuertes críticas de académicos, periodistas y defensores de derechos humanos. La Comisión de Igualdad y Derechos Humanos publicó un informe en 2011 criticando el impacto que esas medidas tenían sobre la comunidad. Muchos jóvenes musulmanes sólo tenían contacto con la policía cuando les paraban por la calle o en el aeropuerto para una inspección.

“Claro que me han parado en el aeropuerto”, dice uno de los clientes de Alí que prefiere no decir su nombre. “Me detuvieron sin darme ninguna razón. Me preguntaron cuántas horas rezaba y me dijeron si iba a la mezquita y si era musulmán”.

En febrero de este año, el Gobierno británico aprobó una nueva legislación antiterrorista cuyo objetivo es “combatir la amenaza del Estado Islámico (…) en el Reino Unido”, según palabras de la ministra Theresa May.

May afirmó en noviembre que se habían descubierto unos 40 complots terroristas desde los ataques del 7 de julio de 2005 y justificó las nuevas medidas diciendo que más de 500 británicos se habían enrolado en las filas yihadistas en Siria e Irak.

Espías en las aulas

Entre los puntos más polémicos de la legislación está la obligación de que colegios, universidades, mezquitas y hospitales colaboren con las autoridades para prevenir el radicalismo. Más de 520 profesores de universidad han firmado una carta protestando contra lo que consideran una amenaza a la libertad de cátedra.

“El Gobierno envía cartas a nuestras mezquitas y les pide que denuncien al Estado Islámico”, me dice el cliente del café de Alí que admite haber sido detenido en el aeropuerto. “Nadie mandó cartas a ninguna iglesia cuando el loco cristiano mató a toda aquella gente en Noruega. A los musulmanes nos tratan como a una comunidad sospechosa”. Le pregunto si se siente discriminado en su día a día y dice que no con la cabeza: “Aquí somos casi todos musulmanes. Somos una comunidad”.

Whitechapel Station

Un piso y una escuela

Al preguntarles por sus problemas, los clientes de Alí no mencionan la islamofobia ni la legislación antiterrorista. Tampoco la política exterior del Gobierno británico.

“Esos son asuntos globales”, dice el responsable del café. “Yo tengo cuatro hijos y vivo en una vivienda social que tiene dos habitaciones. Mi hija tiene 16 años y se está preparando el examen final de la Educación Secundaria. ¿Cómo va a sacar la nota necesaria cuando no tiene una habitación donde estudiar? Mi vida matrimonial se está viniendo abajo por la falta de espacio. Voy al dormitorio y hay cuatro personas. Voy al baño y hay cuatro personas. Se supone que tu casa es tu hogar y tu palacio. ¿Cómo se puede vivir así?”.

La vivienda es un problema que afecta a la mayoría de los musulmanes de este barrio. Según datos del Consejo Musulmán del Reino Unido, quienes vienen de Bangladés son los más proclives a ocupar viviendas sociales. En Tower Hamlets estas viviendas se adjudican según los ingresos y las necesidades de cada familia.

Es un asunto que también preocupa a Farzana, la profesora de inglés que se sienta ahora en el café. “Muchos de mis amigos tienen problemas con la vivienda”, dice. “Presentan solicitudes para obtener una vivienda social pero hay una lista de espera muy larga y ahora mismo no tienen donde vivir. Necesitamos que el Gobierno construya más casas”.

Muchos vecinos tienen otro problema: sus casas están demasiado lejos del colegio de sus hijos. “Ahora mismo las listas de espera para meter a un niño en un colegio de esta zona son de dos o tres años”, dice Ahmed. “Mi hermano viaja durante horas para llevar a sus hijos al colegio y luego tiene que ir a trabajar. Después tiene que ir a recogerlos y casi no duerme por las noches. Cientos de familias tienen el mismo problema”.

Whitechapel Market con The Royal London Hospital de fondo

Sin empleo ni ayudas 

La vivienda no es el único problema de los clientes del café de Alí. A Farzana le preocupan también los recortes sociales. “Cameron ha eliminado muchos empleos y ha reducido los gastos de la Sanidad pública. ¿Y de dónde sacan el dinero? De los inmigrantes. Desde abril quienes vengan a Reino Unido durante más de seis meses tendrán que pagar una tasa sanitaria de 200 libras al año”.

A Usman Alí, que trabaja en una ONG musulmana, le preocupa la educación. “Hasta hace cuatro años los jóvenes que venían de familias pobres podían pedir una ayuda para seguir estudiando. El Gobierno conservador eliminó en 2011 esa ayuda, que usaban el 80% de los jóvenes de Bangladés. También subió las tasas universitarias hasta las 9.000 libras. Una cantidad inalcanzable para muchos de los jóvenes del barrio”.

Mohamed, que estudia en la universidad, está de acuerdo: las nuevas tasas tienen un efecto negativo sobre la comunidad. “Muchos musulmanes no quieren pedir un préstamo con intereses por razones religiosas”, explica. “Tengo amigos que se niegan a pedir ese préstamo y no van a la universidad”.

“¿Ves lo que te digo?”, dice Alí mientras sirve a sus clientes. “No tengo tiempo para discutir sobre leyes antiterroristas o sobre política exterior. Quienes mueren en Irak o en Palestina me dan pena y lo siento por ellos. Pero ya tengo suficiente estrés. Nosotros somos personas normales y hablamos sobre lo que está pasando aquí”.

Dos hijos más

Le pregunto al responsable del café por quién votará este jueves y no lo tiene claro. “Me gusta el plan de vivienda que propone David Cameron”, sugiere. Este programa permitiría a quienes residen en viviendas sociales comprar su piso a un precio más bajo. Ese descuento en Londres rozaría las 100.000 libras. “Con este programa podría llegar a comprarme mi propia casa”, dice Alí ilusionado. “Pero no sé. No me fío”.

A Farzana, en cambio, le atrae el partido laborista. “Me gustan sus propuestas sobre educación y Sanidad. También han prometido construir más casas”. Lo que no le gusta es su líder Ed Miliband. “Tiene una cara rara”, dice entre risas. “No se parece mucho a un líder”.

Quienes desayunan en el café comparten las mismas aspiraciones del resto del electorado británico: una vivienda digna, una buena Sanidad y una educación para sus hijos. Quieren una vida mejor para ellos y para sus familias.

Alí me enseña orgulloso la foto de su mujer y de sus cuatro hijos: tres niñas y un niño de apenas seis años. “Mi hija mayor quiere ser profesora, mi otra hija quiere ser médico”, explica. “Los pequeños aún no lo saben”.

Y sin embargo le preocupa el futuro: “El Gobierno no construye suficientes viviendas sociales con cuatro habitaciones. Sólo hacen pisos con dos o tres”. A Alí le gustaría tener más niños y no le queda sitio. “¡Cuatro hijos son pocos!”, me dice entre risas. “¡Quiero tener al menos seis!”.