De Guindos: claves de su derrota en el Eurogrupo

Todo se torció en la recta de llegada a meta. Casi en la foto final. O en palabras de su protagonista: “A veces se gana y a veces se pierde. Ha estado muy, muy apretado”. El ministro español Luis de Guindos ha perdido frente al holandés Jeroen Dijsselbloem y se ha quedado sin la presidencia del Eurogrupo, cetro que tenía virtualmente en su mano hasta hace apenas unos meses.

Todo se torció en la recta de llegada a meta. Casi en la foto final. O en palabras de su protagonista: “A veces se gana y a veces se pierde. Ha estado muy, muy apretado”. El ministro español Luis de Guindos se ha quedado sin la presidencia del Eurogrupo, cetro que tenía virtualmente en su mano hasta hace apenas unos meses.

El holandés Jeroen Dijsselbloem, su rival en la urna opaca de Bruselas, ha sido reelegido para un segundo mandato de la institución clave en asuntos económicos en Europa. El resultado fue ajustado según quien lo cuente: 10 votos contra 9 en la primera votación, según fuentes de la delegación española; 12 a 7, según la versión holandesa. En la segunda votación -previa retirada del español-, Dijsselbloem fue reelegido por unanimidad. Algunas de las claves del voto se han fraguado en las últimas semanas con el tercer rescate a Grecia como mar de fondo.

Tecnócrata versus político

De Guindos es un político, pero no está afiliado al Partido Popular. Es uno de los ‘independientes’ del Gobierno y su perfil es considerado tecnócrata (especialista o técnico) en las esferas políticas de Bruselas. En cambio, el holandés es un ‘animal’ de su partido, el Laborista desde 1985. Las últimas decisiones en el Eurogrupo poco tienen que ver con la lógica económica, sino que la subjetividad de la política y la solidaridad entre los países miembros del euro. El discurso antitecnócrata de la izquierda en Europa, con Syriza a la cabeza, quedaría neutralizado con la elección del holandés frente al español, cuyo pasado como banquero de inversión es de sobra sabido. Es la misma crítica que persigue de cuando en cuando a Mario Draghi (BCE).

El estigma de Lehman Brothers

El pasado siempre vuelve y, al igual que cuando el PP de Rajoy ganó las elecciones en 2011, la condición de ex presidente de Lehman Brothers España estuvo presente para todo el mundo, especialmente, en la prensa internacional, que no desaprovechó la ocasión para hacer leña y alinear el futuro del país a la experiencia laboral de su nuevo jefe de finanzas.

Sin embargo, De Guindos dobló el brazo a ese pasado con una gestión económica que nadie discute ya (ni dentro, ni fuera de España) y que le ha situado como finalista a presidir todo un Eurogrupo, el punto de encuentro de los jefes de finanzas de los gobiernos europeos. Objetivamente, la economía española se ha puesto a la cabeza del crecimiento europeo.

Gran parte del rescate a Grecia tiene en los bancos su centro de gravedad, con la creación de un fondo de privatizaciones que financiará, poco a poco, la recapitalización de los bancos griegos. Como ex banquero, la presencia continua del ministro español al frente del Eurogrupo dificultaría, cuando menos, el consumo interno en Grecia de un plan de rescate que contempla duros ajustes internos en materia de pensiones e impuestos.

Países del Norte, vecinos del Sur

Para bien o para mal, en Bruselas se alinean con frecuencia dos clases de países: los contribuyentes netos de fondos y los receptores de dinero comunitario. Esta desigualdad apenas trasciende a la opinión pública, pero tiene una peso latente en la toma de decisiones y el reparto de poder. Holanda está entre los primeros y España -salvo una breve estancia como ‘pagador’ en la última etapa Zapatero- está entre los que reciben más de lo que dan. Para muestra de esa alineación geográfica, el gesto de los ministros de los países bálticos cediendo a Holanda su voto en el maratoniano Eurogrupo del domingo al lunes.

Con la crisis de Grecia, Alemania ha endurecido sus posiciones porque le toca pagar. Pese a que Rajoy ha enarbolado públicamente el apoyo germano a su candidato De Guindos, el pretendido efecto de atraer votos de otros países no ha sido suficiente. España se ha quedado con el apoyo de los países periféricos y más débiles, pero siempre ha tenido en contra a los centroeuropeos. Grecia era uno de los votos con los que podía haber contado De Guindos, incluso tras la llegada al poder de Alexis Tsipras y el partido Syriza. Pero el Gobierno de Rajoy ha sido beligerante en las negociaciones con los griegos por cuestión de política interna (el ascenso electoral de Podemos) y el riesgo moral para el futuro político de un rescate sin condiciones para el país heleno.

Pérdida de peso de España

La derrota de De Guindos supone un revés evidente para la diplomacia española en el seno de Europa. Con el presidente Mariano Rajoy fuera de juego en los grandes asuntos, el responsable del área (José Manuel García-Margallo) parece haberse puesto de perfil en los últimos tiempos después de un enérgico inicio de legislatura. Puede atribuirse a factores externos y a la coyuntura actual, pero lo cierto es que el Gobierno de Rajoy no ha dado pie con bola en las últimas grandes remodelaciones de las instituciones comunitarias.

Por ejemplo, con el Banco Central Europeo (BCE) -perdió la representación en el consejo ejecutivo que tenía con González-Páramo- o en la nueva Comisión Europea de Jean-Claude Juncker, donde quemó las naves para aupar a Miguel Arias-Cañete a la comisaría de Energía y Medio Ambiente. España pasó de tener Competencia o Economía a una cartera de carácter secundario. El retorno de Cañete a Bruselas estuvo marcado por sus intereses privados en el sector petrolero, que solventó técnicamente con una venta de sus acciones en su empresa familiar.

También en EL ESPAÑOL

Un año después, ni rastro de los cabeza de lista en la Eurocámara

Pleno del Parlamento Europeo

Un año después de las elecciones europeas es prácticamente imposible encontrar en sus puestos a los candidatos que encabezaron las listas en España. La Eurocámara ha servido como primer eco de la convulsión del sistema político español. Sólo uno de los líderes de partidos que lograron más de dos diputados continúa al frente de su formación, y por poco tiempo. Se llama Pablo Iglesias.

Un año después de las elecciones europeas es prácticamente imposible encontrar en sus puestos a los candidatos que encabezaron las listas en España. La Eurocámara ha servido como primer eco de la convulsión del sistema político español. Sólo uno de los líderes de partidos que lograron más de dos diputados continúa al frente de su formación, y por poco tiempo. Se llama Pablo Iglesias.

Los cambios se asumen con naturalidad en los pasillos de Estrasburgo, donde conviven políticos en el inicio o el ocaso de su carrera junto a pesos pesados en horas bajas. La Eurocámara diluye en los trabajos del día a día las intrigas nacionales. Los pactos de toda naturaleza son habituales en el pleno de la institución, que esta semana celebra los 30 años de la firma del tratado por el que España selló su entrada en la Unión Europea.

Esta es la lista de cambios menos de 12 meses después de que comenzara la legislatura, que dura cinco años:

PP: Cañete a la Comisión. No sin intrigas (y cuñados atragantados), el cabeza de lista del PP se convirtió en comisario de Energía y Acción Climática, abandonando el liderazgo de los 16 diputados del partido. Le sucedió su número dos, Esteban González Pons, que asegura estar encantado con su desembarco europeo. Aunque suena para volver y ayudar a un PP en horas bajas, él se autodescarta. Por el momento.

PSOE: Valenciano, una diputada más. De ser la todopoderosa número dos del PSOE, Elena Valenciano pasó en poco tiempo a ser una diputada más. La derrota del PSOE (muy relativizada con el paso del tiempo) aceleró la marcha de Alfredo Pérez Rubalcaba. Pedro Sánchez escogió para liderar el PSOE en Bruselas a Iratxe García, otra veterana eurodiputada. Valenciano tardó en asumirlo, pero ahora disfruta dedicándose a la política exterior y a la presidencia de la comisión de derechos humanos.

IU: Willy Meyer no llegó ni a tomar posesión. En junio se descubrió que Willy Meyer, eurodiputado durante una década, había participado en un plan de pensiones privado gestionado por una SICAV en Luxemburgo. Se fue y lo sucedió Marina Albiol como jefa de unas filas donde también están Javier Couso, Paloma López y Ángela Vallina. En el grupo se vive la división del partido: Couso y Albiol tienen simpatías por Alberto Garzón, Vallina y López por la IU más tradicional.

Podemos: Tic-tac para la marcha de Pablo Iglesias. El líder de Podemos asiste regularmente a los plenos pero por poco tiempo, ya que con toda probabilidad será el cabeza de lista a las generales. Podemos tuvo cinco diputados: Carlos Jiménez Villarejo no volvió tras el verano. Teresa Rodríguez y Pablo Echenique se fueron para presentarse en Andalucía y Aragón. Sólo una de las iniciales resiste junto a Iglesias: Lola Sánchez.

UPyD: La marcha de Sosa Wagner y la implosión del partido. UPyD tuvo en Europa su primer foco de rebelión. El candidato, Francisco Sosa Wagner, abandonó su escaño criticando amargamente a Rosa Díez y la dirección. Después dejarían el grupo (no el escaño) dos de los cuatro miembros de la delegación, más próximos a Ciudadanos: Fernando Maura y el recién llegado Enrique Calvet. Resisten Beatriz Becerra y Maite Pagazaurtundua.

Ciudadanos y Esquerra Republicana mantiene a sus dos diputados. Los demás (PNV, Convergencia, Unió, Compromis-Equo, Bildu) vuelan por libre en diversas familias políticas europeas.

TTIP, nuevo tema estrella

Pleno del Parlamento Europeo

Esta semana, en el Parlamento Europeo, se celebraron los 30 años de la firma del tratado de adhesión que España firmó el 12 de junio de 1985 (entró el 1 de enero del 1986). Pero los eurodiputados tuvieron poco tiempo para celebrarlo, enfangados en una compleja refriega sobre el tratado de libre comercio entre EEUU y la UE conocido como TTIP.

No hay unanimidad entre los parlamentarios con los que EL ESPAÑOL ha podido hablar en Estrasburgo como parte de un grupo de periodistas invitados por la institución a seguir la sesión plenaria.

El texto, que se negocia en secreto, puede crear millones de empleos o destruirlos, relanzar la economía europea o convertirla en una colonia de Washington. Depende de a quién se pregunte. Otros diputados, según es posible constatar en la Eurocámara, no tienen claro que haya un informe realmente indicativo del impacto, que Bruselas cifra en el 0,5% del PIB europeo y en 400.000 empleos.

Por un lado está el Partido Popular Europeo, ardiente defensor de la alianza. Por otra, los partidos más a la izquierda de la cámara y la extrema derecha, que lo rechazan de plano. En medio, socialdemócratas y liberales pugnan por lograr un acuerdo sin ceder soberanía ni derechos. Los puntos más comprometidos son los derechos laborales, el respeto a las exigentes normas medioambientales europeas o el veto a los alimentos transgénicos vigente en varios países.

Por encima de todos esos escollos está la resolución de conflictos, especialmente cuando sea una empresa la que litigue contra un Estado. Las negociaciones, que transcurren a espaldas del Parlamento, entre EEUU y la Comisión Europea, plantean un tribunal de naturaleza privada que podría pisar a la Justicia y leyes de países europeos, algo considerado por la izquierda como un atentado a la democracia.

Aunque una mayoría de parlamentarios se oponen a este tribunal de conflictos, el conjunto del acuerdo genera múltiples controversias, por lo que la Eurocámara ha pospuesto la votación de su posición al menos hasta el mes que viene.

El Parlamento Europeo no es parte negociadora pero, una vez concluida la negociación, tiene el poder de tumbarlo en bloque. Por esa razón quiere fijar antes sus propias líneas rojas.