El último tren a Katanga

katanga final 2

Cuando el pasado fin de semana Artur Mas alegó, con esa mezcla de fatalismo y rebeldía que siempre termina dando empleo y sueldo a los nacionalistas, que si el 27-S no triunfa la independencia “Cataluña caerá en una vía muerta” y añadió que entonces “en Madrid nos pasarán por encima sin misericordia”, no estaba eligiendo una metáfora cualquiera.

Ilustración: Javier Muñoz

Cuando el pasado fin de semana Artur Mas alegó, con esa mezcla de fatalismo y rebeldía que siempre termina dando empleo y sueldo a los nacionalistas, que si el 27-S no triunfa la independencia “Cataluña caerá en una vía muerta” y añadió que entonces “en Madrid nos pasarán por encima sin misericordia”, no estaba eligiendo una metáfora cualquiera.

Cataluña, la patria irredenta, es para él un tren formado por tantos vagones como partidos, organizaciones sociales, clubes deportivos o entidades diversas se sumen al empeño de la “desconexión” del convoy español que lastra y ralentiza su marcha hacia un destino próspero y glorioso. Mas se siente como el Maquinista de la General que ha plantado la bandera estelada en el morro de la añeja locomotora remozada, que es la lista unitaria, y lanza sus últimos pitidos convocando a los viajeros rezagados, mientras la caldera exhala sus vapores identitarios y el sistema hidráulico del periodismo subvencionado pone trabajosamente en marcha las ruedas.

Es una apuesta en la que sólo la evasión es sinónimo de victoria. Un trayecto sin marcha atrás en el que la alternativa a alcanzar la estación término es la tragedia de quedar atorados en esa “vía muerta” madrileña en la que lo que aguardaría a Cataluña no sería tan sólo el moho, la herrumbre, la parálisis, sino un implacable aplastamiento. Imaginad, queridos patufets, la escena: los patriotas catalanes invocando a la Mare de Deu, apiñados en los vagones con sus vituallas tradicionales y los libros de sus poetas, trémulos de miedo bajo sus barretinas, mientras la inexorable apisonadora española avanza entre la bruma del amanecer como los tanques soviéticos lo hicieron en Budapest y Praga.

Algo sólo comparable al Campo de los Mirlos o las fosas de Katyn. “¡Nos pasarán por encima sin misericordia”! Así apela Mas a la movilización. Así justifica el tal Romeva que le sirve de ariete -o ya veremos si de bumerán- su “¡vamos a por todas!” Lo que piden es un voto de confianza para vulnerar la ley por mor de un insoportable estado de necesidad. O la conquista del paraíso de la independencia o la laminación del ser de Cataluña por la barbarie centralista. Como en 1714 o en 1934.

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Ilustración: Javier Muñoz

Sus argumentos y consignas ya sonaron entonces: “Catalanes: los partidos y los hombres que han hecho públicas manifestaciones contra las menguadas libertades de nuestra tierra, los núcleos políticos que predican constantemente el odio y la guerra a Cataluña, constituyen hoy el soporte de las actuales instituciones… Cataluña enarbola su bandera, llama a todos al cumplimiento del deber y a la obediencia debida al gobierno de la Generalidad… Nos sentimos fuertes e invencibles… La hora es grave y gloriosa… ¡Viva la libertad!”.

Por actuar de forma acorde con esta proclama el Tribunal de Garantías Constitucionales de la Segunda República condenó a Lluis Companys y varios miembros de su gobierno a 30 años de cárcel. Luego fueron indultados. Otro régimen menos humanitario los habría fusilado. De hecho es lo que hizo después el franquismo, como santo y seña de su barbarie. No apelo por supuesto a esa alternativa pero debería existir un término medio entre la represión de una sublevación y la audiencia oficial del Jefe del Estado a quien anuncia su intención de emprenderla.

A medida que pasan los días resulta más incomprensible que el Rey Felipe se prestara a escenificar una normalidad institucional que si de verdad existiera le convertiría en cómplice inconsciente de una conspiración contra el orden constitucional. ¿Tan contagiosa es la estulticia del Estafermo como para que el Jefe del Estado se preste a blanquear con el detergente de la rutina protocolaria los cacareados propósitos de Mas de promover el incumplimiento de la legalidad y tomar a varios millones de españoles como rehenes de sus delirios? Y que no apelen los medios dinásticos a su semblante severo ni traten de amortizar ese error con su posterior advertencia de que los jueces han de aplicar la ley. Sólo faltaba que después del oprobio del Camp Nou le sonriera a Mas como en la foto del cochecito aquel o que no resaltara lo obvio ante los magistrados.

¿Tan contagiosa es la estulticia del Estafermo como para que el Jefe del Estado se preste a blanquear con el detergente de la rutina protocolaria los cacareados propósitos de Mas de promover el incumplimiento de la legalidad y tomar a varios millones de españoles como rehenes de sus delirios?

No se trata de que la Casa Real rompa los puentes institucionales con el Gobierno catalán -si hay que coincidir en un acto público se coincide- pero la audiencia podía y debía haberse aplazado al menos hasta después del 27-S. Faltaron reflejos para responder al condescendiente y perdonavidas “vengo en son de paz” de Mas y no hay mejor síntoma de la mala conciencia que debió quedar en la Zarzuela que la aparición del presidente de Cantabria ejerciendo de portavoz oficioso de la frustración del Rey una semana después.

Si en cuanto al fondo del asunto tuviéramos que basarnos en la aparente firmeza con que Rajoy insiste una y otra vez en que Cataluña no se separará de España, sus antecedentes en materia de bajada de impuestos, independencia judicial, modificación de la ley del aborto o respaldo a las víctimas del terrorismo deberían desatar todas las alarmas. La impresión general es que, en su redomada vagancia, en su olímpica abulia, en su aquietamiento existencial, volverá a irse de vacaciones un cuarto verano en el poder sin haber desarrollado plan de contingencia alguno para abortar la secesión.

Toda vez que Pedro Sánchez sigue sin enterarse de los argumentos que esgrimía Jiménez de Asúa para proclamar en nombre del PSOE la superioridad del “Estado integral” sobre el federalismo, sólo nos queda confiar en que, al cabo de tanta prosopopeya ferroviaria, sea el propio Mas quien haga descarrilar su expreso independentista. Dentro de ese género cinematográfico evocado por él mismo, la película a la que más tiende a parecerse la que se ha montado es de hecho El último tren a Katanga, ungida por Quentin Tarantino como antecedente de su manera de emplear la violencia como pathos narrativo. Y no porque su protagonista, Rod Taylor, sea el actor con el mentón achichonado más parecido al del líder de Convergencia, ni porque emprenda la misión bajo los auspicios de un ficticio presidente Ubi cuya rapacidad nos lleva al Ubu president de Boadella.

El paralelismo surge de la heterogénea recluta de los más audaces para ejecutar su golpe de mano y sobre todo de la mitificación del destino de su peligroso viaje. Como se recordará Katanga -con un peso relativo en demografía y riqueza similar al de Cataluña- trató de separarse de la República del Congo en 1960 cuando Bélgica le concedió la independencia. El presidente electo de la provincia, Moisés Tshombé, rompió unilateralmente con el gobierno de Lumumba -y contribuyó a su asesinato- alegando que su deriva marxista había arrastrado al país al caos.

Toda vez que Pedro Sánchez sigue sin enterarse de los argumentos que esgrimía Jiménez de Asúa para proclamar en nombre del PSOE la superioridad del “Estado integral” sobre el federalismo, sólo nos queda confiar en que, al cabo de tanta prosopopeya ferroviaria, sea el propio Mas quien haga descarrilar su expreso independentista

Era un buen argumento en el apogeo de la Guerra Fría y las minas de diamantes de Katanga constituían un señuelo de primer orden para todo tipo de intereses. Sin embargo, la comunidad internacional no picó en el anzuelo y ninguna potencia respaldó a los separatistas. Por el contrario la ONU envió a sus cascos azules a combatirlos y sofocó, al cabo de dos años de combates, la insurrección. Como telón de fondo legal quedó acuñada su doctrina de que el derecho de autodeterminación de los pueblos debe entenderse como protección de las minorías en el seno de los Estados constituidos y no como aval para romperlos.

No parece que exista ningún Gobierno de ningún país relevante que conceda hoy menos importancia a la integridad territorial de España que la que tenía hace medio siglo la de la República del Congo. Que no se siga engañando pues a los catalanes más incautos con el ejemplo de los nuevos Estados creados en Europa tras el desmoronamiento del imperio soviético. En primer lugar tendría que producirse un colapso equivalente de la Unión Europea. Y en segundo lugar hay que subrayar que incluso en ese contexto sólo hay dos modelos: la separación por mutuo acuerdo o la vía balcánica con su interminable reguero de destrucción y muerte.

Como ningún gobierno español aceptará nunca, bajo ninguna circunstancia, la secesión ilegal de Cataluña y cualquier acto de fuerza de la Generalitat sería contestado en el mismo plano -además del artículo 155, la Constitución también incluye el 116 que regula los estados de Alarma, Excepción y Sitio- con el respaldo sin fisuras de las instituciones europeas, el último tren a Katanga del comando de Artur Mas, con el chico de la colonia como adorno, sólo puede terminar en el fondo del barranco.

A esos efectos da igual que obtengan 60 o 120 escaños. Nadie puede disponer unilateralmente de lo que comparte con otro. Los diamantes de Katanga eran de todos los congoleños y la soberanía de Cataluña concierne a todos los españoles. Sólo una modificación de la Constitución que incluyera una Ley de Claridad como la de Quebec daría paso a hablar de procedimientos y porcentajes y es obvio que si para reformar un Estatuto de Autonomía se requieren los dos tercios de la cámara catalana, una decisión de alcance superior también exigiría una mayoría aún más cualificada.

¿No son conscientes de todo esto Mas, Junqueras y el chico de la colonia? Hay quien sostiene que lo que buscan es perder con dignidad -de ahí el artefacto de una candidatura apolítica liderada por un político distinto del que, emboscado en el cuarto puesto, seguiría en el poder en caso de victoria- pero corriendo el riesgo de pasarse de frenada como le ocurrió a Tsipras con el referéndum griego.

No tienen salida. La derrota les arrojaría al abismo por el lado de la vía del ridículo, la victoria los precipitaría por el flanco del suicidio. Su problema no es España sino el orden mundial. Por eso el epitafio que les recordará en el fondo del barranco dirá algo parecido al dedicado a una de las primeras víctimas del último tren de Katanga: “Le mató un arma china, pagada con rublos rusos, fabricada con el acero de una factoría alemana que construyeron los franceses, y transportada hasta aquí por una aerolínea sudafricana, subvencionada por los Estados Unidos”. Con la homologación de Bruselas, faltó añadir.

Así te contamos la noche electoral

Todos los detalles de la jornada con la opinión de Pedro J. Ramírez, la información de nuestros reporteros y los gráficos de Antonio Delgado, Patricia López y David Domínguez. 

Todos los detalles de la jornada con la opinión de Pedro J. Ramírez, la información de nuestros reporteros y los gráficos de Antonio Delgado, Patricia López y David Domínguez.

El PP se hunde, la izquierda revive

"Ha sido David contra Goliat", ha dicho Colau (Barcelona en comú)

Cuatro años. Eso es lo que ha durado la histórica mayoría del Partido Popular, conseguida en la víspera política de las elecciones generales y aniquilando en las urnas a barones socialistas en comunidades como Extremadura, Aragón y Castilla-La Mancha o alcaldías como Sevilla. La noche fue para la izquierda… y para Ciudadanos. Estos son los ganadores y perdedores de estas elecciones. 

Cuatro años. Eso es lo que ha durado la histórica mayoría del Partido Popular. Sus líderes la lograron en la víspera de las elecciones generales de 2011 y aniquilando en las urnas a barones socialistas en ciudades como Sevilla y en comunidades como Extremadura, Castilla-La Mancha o Aragón. Esta vez el PP no sólo ha perdido activos coyunturales. Cambiarán de manos feudos históricos como la ciudad de Valencia, la Comunidad Valenciana o el Ayuntamiento de Madrid.

Fue la noche de una izquierda fragmentada, cabreada y expresada en diversas formas y volúmenes según el lugar. Una izquierda condenada a entenderse para desalojar al PP. Al partido de Mariano Rajoy le queda el consuelo de poder cortejar a Ciudadanos para mantenerse en bastiones clave como Madrid. Pero el partido de Albert Rivera venderá caro su apoyo al tiempo que se consolida como una alternativa clara al PP. En el PSOE, Pedro Sánchez gozará de una cierta paz interna y Susana Díaz cosecha otro triunfo mientras trata de desbloquear su investidura. Pablo Iglesias y Albert Rivera confirman que sus partidos han cambiado el mapa de España. Próximo asalto, las generales.

Los ganadores

Ada Colau. “Esta ha sido la victoria de David contra Goliat”, afirmaba la candidata de Barcelona en Comú, que se hizo famosa por su oposición a los desahucios. Ha ganado por un escaño y casi 20.000 votos a Xavier Trias, hasta ahora alcalde y candidato de CiU. Liderará a un equipo de 11 concejales y será la próxima alcaldesa si logra llegar a pactos con las demás fuerzas de izquierda. La mayoría absoluta está en 21 concejales. ERC ha logrado cinco, el PSC cuatro y la CUP tres. Ciudadanos ha logrado cinco y el PP, tres.

Manuela Carmena. Por primera vez en 26 años, la capital no estará gobernada por la derecha. El tirón de la candidata y la unión en su lista de Podemos, Equo y desafectos de IU dará el bastón de mano a la ex jueza, de 71 años. “Tenemos el gran reto de conseguir que Madrid sea una ciudad decente”, dijo ante unos seguidores en éxtasis. En su victoria ha pesado el hundimiento del PSOE con Antonio Miguel Carmona, que tendrá que apoyar a Ahora Madrid para evitar que gobierne Esperanza Aguirre.

Guillermo Fernández Vara. Después de cuatro años en la oposición por la negativa de IU a apoyarle, el barón socialista regresa a la presidencia de la Junta de Extremadura al imponerse al popular José Antonio Monago.

Emiliano García-Page. Es una de las victorias más dulces del PSOE. Aunque María Dolores de Cospedal se ha impuesto en votos y escaños (16), ha perdido la histórica mayoría absoluta lograda en 2011. Con 14 diputados en las Cortes, necesitará los tres logrados por Podemos, que exigirá contrapartidas, pero odia a Cospedal.

Cifuentes, preparada para gobernar (PP)
Cifuentes, preparada para gobernar (PP)

Cristina Cifuentes. La candidata popular fue la delegada del Gobierno en Madrid con más proyección pública de los últimos años. Ahora ha logrado una victoria notable en su campaña a la Comunidad de Madrid. Necesitará los votos de Ciudadanos para su investidura. Pero su victoria, con 11 escaños de ventaja sobre el socialista Ángel Gabilondo, es incontestable. Entre otras cosas por un dato que tendrá lecturas internas: Cifuentes sacó más votos que su colega Aguirre en el municipio de Madrid.

Ximo Puig. El PSOE ha perdido casi 200.000 votos y 10 escaños en la Comunidad Valenciana. Pero el desplome del PP permitirá a Puig ser el próximo presidente dos décadas después de la llegada de Eduardo Zaplana al poder. El líder socialista necesitará llegar a acuerdos con Compromís y Podemos, cuyo apoyo le asegurarían una holgada mayoría.

Mónica Oltra. La coalición Compromís la logrado un resultado muy superior al previsto. En la Comunidad Valenciana, Oltra liderará a un equipo de 19 diputados, sólo cuatro menos que el PSOE. “Es el triunfo de la gente sencilla y honrada”, dijo la candidata, muy popular. El cabeza de cartel de Compromís en Valencia, Joan Ribó, será probablemente alcalde. 

Miguel Ángel Revilla. Vuelven los taxis y las anchoas a La Moncloa (con permiso de Rajoy o su sucesor). El más carismático de los presidentes cántabros volverá al poder. El PP superó por un escaño al Partido regionalista (PRC) de Revilla. Pero su líder Ignacio Diego ha anunciado que no explorará pactos con las demás fuerzas políticas, ya que la mayoría de la izquierda es muy clara en la región.

Javier Fernández. El presidente del Principado se ha impuesto en Asturias. En el fragmentado espacio político asturiano, el socialista podrá gobernar si llega a pactos con Podemos (sumando a este partido llega a la mayoría absoluta) o con Izquierda Unida.

Javier Lambán. Ex consejero del socialista Marcelino Iglesias, se convertirá con toda probabilidad en nuevo presidente de Aragón siempre que Pablo Echenique le dé su apoyo como se espera. Los dos desbancan a la popular Luisa Fernanda Rudi.

Pedro Antonio Sánchez. El candidato del PP en la Región de Murcia es uno de los pocos presidentes autonómicos que no ha perdido el partido de Mariano Rajoy. Aunque deberá pactar su investidura si quiere gobernar.

Juan Vicente Herrera. El presidente de Castilla León se queda a las puertas de la mayoría absoluta. Pero sus apoyos serán suficientes para gobernar.

Los perdedores

María Dolores de Cospedal. El primer paso es reconocer que tienes un problema. La presidenta de Castilla-La Mancha no lo hizo en la noche electoral. “El PP ha sido la fuerza más votada”, reivindicó. “Queda claro que los ciudadanos nos han dado su confianza mayoritaria”, añadió antes de decir que estaba “muy satisfecha de la campaña” que ha dilapidado la histórica victoria de 2011. Por primera vez en democracia, el PP logró entonces la mayoría absoluta y el Gobierno regional. Esta vez se quedó a un escaño (16) abriendo la puerta a un Gobierno del PSOE (14) con la ayuda de Podemos (3).

Rita Barberá. Un simpatizante la llamó hace unos días “la alcaldesa de España”. El resultado anticipa su adiós después de 24 años con el bastón de mando. En una turbada intervención ante la prensa, reivindicó su orgullo por haber servido “a todos los valencianos”, a quienes dijo que tendrán “el gobierno que han elegido”. En esta ocasión, no la apoyaron en El Cabanyal, el castigado barrio donde siempre ganaba.

Bipartidismo Madrileño

Antonio Miguel Carmona. La debacle del candidato socialista a la alcaldía de Madrid se explica con estos datos. Trinidad Jiménez (2003) cosechó 625.148 votos; Miguel Sebastián (2007), 487.893; Jaime Lissavetzky (2011), 364.600; Carmona, 249.152. Otra comparación letal: en el municipio de Madrid, el candidato socialista a la comunidad, Ángel Gabilondo, cosechó 415.715 votos. Es decir, 166.563 votos más que su colega Carmona.

Luisa Fernanda Rudi. La poderosa presidenta de Aragón ha ganado las elecciones. Pero ni con Ciudadanos ni con el PAR suma más escaños que una coalición de PSOE y Podemos, que se han revelado muy fuertes.

José Ramón Bauzá. “Algo hemos hecho mal para que los ciudadanos nos hayan retirado su apoyo”, ha reconocido el presidente de Baleares después de reconocer el peor resultado para su partido en 35 años de historia. Aunque se mostró abierto a pactos, la pujanza de la izquierda en un parlamento muy fragmentado le hará muy difícil quedarse en el Gobierno.

Esperanza Aguirre. Era la candidata popular con a priori más posibilidades en Madrid, y su victoria por un escaño ante Ahora Madrid sabe a derrota, porque no le garantiza la alcaldía. Aguirre necesitaba ser alcaldesa para sobrevivir políticamente en el PP, donde genera más odios que simpatías, especialmente en el despacho de Mariano Rajoy.

Alberto Fabra. Ha llevado a su partido a una debacle histórica que quizás haga añorar a Francisco Camps, el presidente que logró 55 diputados en 2011. Fabra, que no era querido en su partido y sobre el que Rajoy dudó hasta el último momento, ha hecho retroceder al PP 24 diputados. Valencia tendrá un nuevo presidente, del PSPV.

José Antonio Monago.
José Antonio Monago.

José Antonio Monago. Después de una campaña personalísima y huyendo de las siglas del PP, con raps e himnos pop, Monago ha reconocido su derrota. La coalición liderada por el PSOE ha ganado las elecciones, sacando dos diputados de ventaja al ‘barón rojo’ del PP, que no ha sabido apagar sus propios incendios.

José Ignacio Zoido. El PP ha perdido la mayoría absoluta de manera agridulce. Ha ganado las elecciones, pero una coalición de PSOE (con un escaño menos), Podemos e Izquierda Unida lo desalojarán de la alcaldía, ya que sus escaños no son suficientes ni con Ciudadanos. En un discurso a los militantes, Zoido pidió que le dejaran gobernar por ser la lista más votada. No parece que suceda.

Rosa Díez. Muy “orgullosa”, como repitió varias veces, la líder de UPyD ha presentado su renuncia en diferido, anunciando que no se presentará a la reelección como líder de la formación en el congreso extraordinario de junio. Su negativa a pactar con Ciudadanos y la ausencia de cambios tras la debacle andaluza han sellado el futuro de la que hace más de un lustro pusiera la primera pica en el bipartidismo.