Las cinco claves del primer debate de las primarias republicanas

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Fue una noche alucinógena y salpicada de duelos insólitos en la que defraudaron los favoritos y destacaron aspirantes que hasta ahora no habían brillado en el firmamento conservador. A continuación explico lo más destacado del primer debate de las primarias republicanas.

Además, en EL ESPANOL: Todo lo que debes saber sobre el primer debate republicano

Ni siquiera hubo que esperar un minuto para escuchar el titular del primer debate republicano de la campaña presidencial de 2016. Lo arrancó el periodista Bret Baier, que animó a los candidatos a prometer que apoyarían fuera quien fuera al ganador de las primarias republicanas y que no lanzarían  por su cuenta una campaña presidencial. Quien no asumiera el compromiso debía levantar la mano. Sólo levantó la mano Donald Trump.

Fue el momento álgido de una noche alucinógena y salpicada de duelos insólitos en la que defraudaron los favoritos y destacaron aspirantes que hasta ahora no habían brillado en el firmamento conservador. A continuación explico lo más destacado del primer debate de las primarias republicanas. Hasta mediados de marzo se celebrarán otros diez cuyas fechas puedes consultar aquí.

1. El show de Trump. 

Todos los ojos estaban puestos en las salidas de tono del magnate neoyorquino y no defraudó: proclamó que los políticos eran “estúpidos”, espetó que la presidencia de George W. Bush había sido “una catástrofe” delante de su hermano y se rio cuando la periodista Megyn Kelly le recordó que su perfil de Twitter estaba lleno de insultos machistas. “No tengo tiempo para la corrección política y este país tampoco”, dijo desafiante después de admitir que había llamado “cerda” a la actriz Rosie O’Donnell, que enseguida le respondió con este tuit.

El momento más dañino para el millonario neoyorquino fue la pregunta inicial, que le granjeó los abucheos del público antes incluso de empezar a hablar. Trump levantó la mano y se encogió de hombros. Luego dijo con sorna que se comprometía a apoyar al candidato republicano siempre que fuera él.

Su insolencia situó a Trump en la estela del legendario Ross Perot, que logró el 19% de los votos como candidato independiente y propició la derrota de Bush padre en las presidenciales de 1992. ¿Se atreverá Trump a hacer lo mismo y presentarse por libre si no gana las primarias republicanas? Nadie lo sabe. Pero si lo hiciera dividiría el voto republicano y facilitaría el triunfo de Hillary Clinton, que anoche se hizo esta foto con Kim Kardashian durante el debate presidencial.

Clinton fue la protagonista de uno de los pasajes más divertidos de la velada:  el momento en el que Trump explicó por qué había donado dinero a su campaña al Senado en el año 2000: “Yo era un hombre de negocios y le daba dinero a todo el mundo. Cuando llamaban, les daba. ¿Y sabes qué? Cuando necesitaba algo de ellos, dos o tres años después, les llamaba y me ayudaban y es un sistema podrido. A Hillary Clinton le dije que viniera a mi boda y vino. ¿Por qué? No tenía otra elección porque le había dado dinero”.

Por supuesto, los usuarios de las redes sociales enseguida desempolvaron las fotos del enlace, que se celebró en Palm Beach.

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2. Un mal día para los favoritos. 

Ni Scott Walker ni Jeb Bush destacaron en el debate de Cleveland. Ambos cuentan con experiencia ejecutiva como gobernadores de Wisconsin y Florida y tienen posibilidades reales de lograr la candidatura republicana en 2016. Pero este jueves no cumplieron las expectativas y sembraron dudas sobre su capacidad para despegar.

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Bush fue el más titubeante de los dos. Sobre todo a la hora de responder sobre sus propuestas educativas y sobre inmigración. Mejor fue su respuesta sobre el peso de su dinastía: “Me siento orgulloso de mi padre y de mi hermano pero en Florida me llaman Jeb porque me lo he ganado”.

Walker ofreció algún fogonazo pero se mostró casi siempre plano y se limitó a repetir las frases de sus asesores cuando le preguntaron por detalles de política exterior. Su ventaja sigue siendo la misma que cuando presentó su candidatura: tres triunfos electorales en cuatro años en un estado junto a Iowa que vota por los demócratas en la carrera presidencial. Pero su futuro pasa por erigirse en una alternativa a Bush y atraer recursos del establishment. El debate de Cleveland no le ayudará.

3. El retorno de Rubio.

Periodistas tan influyentes como Ezra Klein o Nate Silver presentaban anoche al senador hispano como uno de los ganadores del debate.

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Rubio esquivó con oficio las preguntas sobre inmigración y economía y presentó sus orígenes humildes como la garantía de que debe ser el candidato republicano en 2016: “Si soy vuestro candidato, ¿cómo me puede dar lecciones Hillary Clinton sobre vivir nómina a nómina? ¡Yo me crié así durante muchos años!”.

El senador hispano se disparó en los sondeos en abril unos días después de presentar su candidatura y muchos le situaron como uno de los republicanos con más posibilidades de ganar. Desde entonces su campaña se fue desinflando poco a poco por la llegada de otros candidatos y sobre todo por la irrupción de Donald Trump. Su éxito en el debate podría invertir esa tendencia y devolverle ahora al pelotón de cabeza de la carrera presidencial.

Rubio fue demasiado cauto al hablar de inmigración y se hizo el loco cuando le recordaron que se había pronunciado a favor del aborto en los casos de incesto y violación. Pero se las arregló para ser amable con los demás aspirantes y esquivó sendas encerronas de los presentadores, que le empujaron sin éxito a criticar a Trump y a su mentor Jeb Bush.

La actitud del senador se resume lo que dijo cuando le preguntaron sobre su relación con Dios. Otros pronunciaron sermones. Rubio optó por una frase afilada dirigida a los Clinton: “Dios ha bendecido al partido republicano con algunos candidatos muy buenos. Los demócratas ni siquiera pueden encontrar uno”.

4. La ventaja de jugar en casa.

El otro triunfador de la noche fue John Kasich, que debutaba en un debate presidencial. El gobernador de Ohio recibió las ovaciones más sonoras de la noche y golpeó por encima del peso que hoy por hoy tiene en los sondeos y en las tablas de recaudación.

Kasich se presentó como un hombre con experiencia en el sector privado y recogió la bandera del conservadurismo compasivo, aquella etiqueta ideológica que nació durante la primera campaña presidencial de George W. Bush. Disertó sobre la necesidad de tratar a los enfermos mentales y sobre la lucha contra la pobreza y arrancó los aplausos del público en uno de los asuntos más difíciles de la noche: el matrimonio homosexual. “Acabo de ir a la boda de un amigo mío que es gay”, relató. “Que alguien no piense como yo no significa que no me preocupe por él o que no lo quiera. Por supuesto que quiero a esa persona y que la acepto porque es lo que nos enseñan a quienes tenemos una fe sólida”.

5. La triunfadora inesperada. 

El debate incluyó momentos tan divertidos como el enconado duelo entre Rand Paul y Chris Christie, que degeneró en este sopapo dialéctico de Donald Trump.

Ninguno de los tres tuvo una noche brillante. Tampoco el pastor Mike Huckabee o el neurocirujano Ben Carson, que estuvo espeso o desaparecido durante la primera parte del debate y sólo destacó con su discurso final. Ted Cruz no fue el mejor pero brilló al contar la historia de su padre, que abandonó el alcohol y volvió con su mujer después de convertirse al cristianismo militante.

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Ninguno de ellos lo hizo tan bien como Carly Fiorina, relegada por los responsables de Fox News al debate de perdedores que se celebró cuatro horas antes sin público en el mismo pabellón. La ejecutiva californiana arrasó en las cifras de búsquedas de Google y en los elogios de los analistas. Incluidos los de la presentadora Megyn Kelly, que llegó a decir a los 10 candidatos del debate importante que tenían suerte de no tener delante a Carly Fiorina. Un comentario que generó este pico de curiosidad.

La legalización del matrimonio homosexual en Estados Unidos: un fallo controvertido

 

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La sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos que ha legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo plantea una cuestión de fondo: si la Corte ha sobrepasado una línea roja al imponer, por una precaria mayoría, su particular visión sobre el asunto invadiendo el terreno de los legisladores. Los cuatro magistrados disidentes -entre ellos el juez Roberts, presidente del tribunal- creen que el Supremo se ha anticipado a las normas que cada Estado quiera darse.

El Tribunal Supremo de los Estados Unidos legalizó el pasado 26 de junio, por cinco votos contra cuatro, el matrimonio entre personas del mismo sexo en todos los Estados que forman la Unión. La reacción a esta decisión ha sido celebrada de manera unánime por el oficialismo político de ambos lados del Atlántico sin prestar atención quizá a lo que verdaderamente se ventilaba en este asunto. Cada uno de nosotros tenemos una opinión sobre el matrimonio, legítimas todas, pero este hecho no es el que se decidía en el caso presentado ante el más alto tribunal estadounidense. O, al menos, así era en un principio.

Muy pocos parecen haber reparado en lo que sostienen los cuatro magistrados disidentes, entre los que se encuentra el propio presidente del Tribunal, el juez Roberts, y el más antiguo miembro de la Corte, el controvertido a la vez que respetado juez Scalia. La lectura de las primeras páginas del voto particular redactado por Roberts (al que se unen Scalia y el juez Thomas) es una lección magistral sobre las raíces del Estado liberal y el papel que la Constitución de 1787 otorga a los tribunales.

La capacidad de legislar corresponde en exclusiva a los miembros de la comunidad y se articula a través del proceso político de decisión mediante la elección de aquellos ciudadanos que habrán de ejercer la representación ante las cámaras legislativas. Así, la labor de los tribunales no es otra que hacer cumplir las leyes que, fruto del pacto social, se han dado los hombres para poder desarrollarse en libertad y paz. El Tribunal Supremo es el máximo intérprete de la ley y le corresponde interpretar en último término la propia ley de leyes, es decir, la Constitución. Pero, ¿qué ocurre cuando el máximo intérprete se adelanta al proceso de decisión político o invade el terreno que a éste le corresponde? Los magistrados disidentes denuncian que exactamente eso es lo que ha ocurrido en la decisión mayoritaria.

Sin entrar a valorar la conveniencia o no del matrimonio entre personas del mismo sexo, estos jueces afirman que bajo la Constitución es al legislador, en primer lugar, al que corresponde decidir sobre este tipo de cuestiones. Ya sea estatal o federal, el poder legislativo representa el sentir de la mayoría de los votantes y, por lo tanto, es el que tiene la legitimidad democrática para imponer las normas que han de regir a la comunidad. El Poder Judicial habrá de velar por que esas normas se cumplan y que ni los ciudadanos ni las instituciones actúen en contra de ellas. Los tribunales son los guardianes de la libertad individual de los ciudadanos frente a los eventuales quebrantos que puedan producirse, vengan desde intereses particulares o desde las propias instancias del poder.

Anticiparse al legislador

En el asunto del matrimonio entre personas del mismo sexo, los magistrados disidentes sostienen que el tribunal está imponiendo la visión particular de cinco jueces sobre un tema que corresponde únicamente al legislador. Se menciona la situación de Massachusetts, California y otros Estados en los que ese tipo de matrimonios es legal después de que los correspondientes Parlamentos hayan aprobado normas en ese sentido. En estos casos la decisión ha sido impecable y acorde con la legalidad, dicen. Lo que no puede hacer el Supremo es anticiparse a las normas que las comunidades quieren darse.

Como ejemplo de Estado federal por antonomasia, en Estados Unidos cada territorio tiene amplios poderes legislativos. Ello explica que se produzcan diferencias importantes, como el hecho de que en algunos lugares exista la pena de muerte y en otros no, se pueda vender y consumir marihuana o que la regulación sobre la tenencia y uso de armas sea tan distinta en función de dónde nos encontremos.

Todas estas circunstancias reflejan la pluralidad de una nación con sensibilidades muy diversas, que la propia Constitución protege y ampara. Lo que hace el Tribunal Supremo en este caso es invadir una competencia de decisión que corresponde únicamente a los Estados, sostienen los discrepantes. El juez Scalia recuerda en su voto particular los mecanismos existentes para cambiar las normas y anima a los partidarios de una u otra posición a realizar campaña en el sentido que deseen para cambiar la ley, pero considera que en ningún caso puede corresponder a nueve jueces no elegidos democráticamente la función de imponer su visión particular sobre un tema debatido y debatible sobre el cual la Constitución se mantiene silente.

Esta sentencia, con sus correspondientes votos particulares, será estudiada por las generaciones venideras, ya que modifica y establece un nuevo marco de actuación de los tribunales. Hasta la fecha, el Tribunal Supremo había sido muy cauto en la determinación de las competencias que corresponden a cada uno de los tres poderes, a diferencia de lo que ocurre en muchos países europeos, donde los Tribunales Constitucionales (son lo órganos que más se le parecen) se pronuncian continuamente sobre cuestiones de índole político y ello sobre la base en una interpretación extensiva del ámbito constitucional.

Siguiendo la línea argumental de los jueces disidentes, no estaría de más preguntarnos si no resulta peligroso sobrepasar ciertas líneas rojas, por más que sea por una noble causa. En esto estamos en muchos países europeos y parece que ahora también en Estados Unidos.

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José Manuel Maza Muriel, es abogado y Máster en Derecho y Arbitraje Internacional por la Universidad de Georgetown.

Zerolo: del armario a la historia

Zerolo y Valenciano

Los que lo conocieron destacan su pasión (a veces explosiva), su suave manera de hablar (con acento canario) y la multitud de causas en las que se embarcó. Pero su imagen estará ligada a la defensa de los derechos LGTB y a la ley de matrimonio igualitario. Hablamos con tres de los miembros del PSOE que más lo conocieron. 

Zerolo y Valenciano

“Era una de las nuestras”. Elena Valenciano recuerda bien cómo conoció a Pedro Zerolo. A finales de los años 90, Zerolo luchaba como activista por la igualdad y desde cualquier frente. Por eso trabajó codo a codo con los movimientos feministas contra la violencia de género o para ensanchar derechos como el aborto o el divorcio. Por aquel entonces, él presidía la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) y no estaba en el PSOE sino sencillamente “en la calle, donde no dejó de estar ni antes, ni durante su etapa política, ni cuando no estuvo en primera línea”, recuerda la eurodiputada.

La noticia del fallecimiento de Zerolo sorprende a Valenciano en Estrasburgo, donde asiste al pleno del Parlamento Europeo junto a otros eurodiputados que lo conocieron bien. José Blanco, número dos del PSOE durante doce años, coincidió con él durante la celebración de las marchas del Orgullo Gay en 2002. “Me sorprendía lo importante que era su figura entonces y le ofrecí integrarse en el partido”. Desde 2003 fue concejal en el Ayuntamiento de Madrid, pasó a integrarse en la Ejecutiva del PSOE y fraguó uno de los símbolos sociales de la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero: la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, en 2005.

Los que trataron con él destacan su pasión (a veces explosiva), su suave manera de hablar (con acento canario) y la multitud de causas en las que se involucró. A partir de ahora, su imagen y su recuerdo probablemente quedarán ligados a la defensa de los derechos LGTB y a la ley de matrimonio igualitario. “Cuando la aprobamos en el Congreso, nos hicimos una foto y Zerolo me dio un beso en la mejilla”, explica Juan Fernando López Aguilar, entonces ministro de Justicia. “Hay quien me dijo que aquella no era una buena imagen. Cada día que pasa estoy más orgulloso de ella”, destaca el diputado, camino del aeropuerto para volver a Madrid.

Zerolo no fue el primero que propuso dar un salto de gigante en el reconocimiento de los derechos de los homosexuales. Pero sin su impulso no hubiera habido ley, coinciden los tres eurodiputados. “Al principio, en el PSOE había bromitas sobre Zerolo. A una parte de nuestro partido, como había pasado con el feminismo, le costaba aceptarlo”, reconoce Valenciano. “Pero a él no le importaba y tenía muy claro que su lucha era su vida”, dice.

A una bienvenida desigual siguió el respeto, la admiración y finalmente una calidez casi mística dentro del PSOE. Zerolo asumió la presidencia de los socialistas madrileños en febrero y se mantuvo activo hasta el final (su último tuit, contra la violencia de género, es de la semana pasada). Pero todos en el PSOE sabían que se iba poco a poco, consumido por una enfermedad letal. En cada acto del partido y en cada homenaje, Zerolo era venerado con aplausos, abrazos y besos de hombres y mujeres admirados por su resistencia.

Zerolo

Según sus compañeros, a Zerolo le dieron dos meses de vida y aguantó casi dos años, en parte gracias a su marido, Jesús, con el que protagonizó una de las primeras bodas homosexuales en España.

Blanco, que acudió a la boda oficiada por Trinidad Jiménez, recuerda “impactado” a “muchísimas personas llorando”. “Me recuerda a lo que años después vi en Washington con tantos negros llorando al ver a Barack Obama llegar a la presidencia”. Era 2005 y el matrimonio homosexual sólo existía en Países Bajos y Bélgica. Se trataba de una ley que se adelantaba al estado de ánimo del país y de la que ahora hacen uso políticos de partidos que se opusieron, como el alcalde de Vitoria, Javier Maroto.

López Aguilar vio a Zerolo hace unos días y dudó sobre viajar a Estrasburgo para el pleno de la Eurocámara. Finalmente lo hizo porque pensaba que el desenlace no sería inminente. De camino al aeropuerto para llegar a Madrid y despedirse de su amigo, recuerda su “lucha hasta el final, sin nunca rendirse ni marchitarse. Hasta el último momento, aún muy debilitado, quería hablar de política, de todo y de todos, menos de sí mismo”. “Vas a ser consejero con Gabilondo”, le dijo López Aguilar para animarlo. Y él respondía con una sonrisa “y su optimismo vital”, siempre al lado de su marido.

Zerolo no creía en Dios. Era “laico, republicano y había salido fuera de todos los armarios”, recuerda López Aguilar. Ahora, según sus amigos, entra en la historia de las luchas por la igualdad.