Diccionario satírico burlesco (XIV)

La penúltima entrega del glosario de Anna Grau discurre entre la V de Vanguardia (La), el diario de la familia Godó, y la Z de ZP, el presidente que destapó la caja de los truenos al comprometerse a aceptar el Estatuto que le enviara Pasqual Maraggall, extremo que no fue posible. 

Vanguardia, La

A la vez más y menos que el gran periódico catalán. Lo mejor y lo peor. Alfa y omega de la prensa. Leyenda con luces y sombras, algunas que quitan el hipo. Tuvo que ser un director andaluz, Modesto Sánchez Ortiz, quien catapultara lo que inicialmente era un diario de avisos del puerto de Barcelona a algo digno de figurar en la cartelería histórica del modernismo. Cuando la dirigía Gaziel La Vanguardia fue incautada y reconvertida en órgano oficial de la Generalitat. Los propietarios originales, los Godó, no volvieron a serlo hasta la victoria de Franco. Impertérritos aguantaron entonces que les dirigiera el invento lo mismo Luis de Galinsoga que Manuel Aznar -abuelo de José María-, que les cambiaran el nombre de la cabecera y hasta que les obligaran a saltarse retroactivamente ediciones. ¿Se repite la historia, del derecho o del revés? A día de hoy nadie se incauta directamente de nada, no está bien visto, pero bueno, hay subvención o no la hay. De ahí el súbito y sorprendente entusiasmo de esos mismos Godó por lanzar una edición en catalán y hasta un editorial conjunto con todos los demás periódicos del vecindario. Hubo un tiempo en que se afirmaba que para entender la apasionante complejidad de Cataluña había que leer La Vanguardia. Empieza a ser más verdad al revés: si no eres catalán muy acérrimo, La Vanguardia aburrrrrre….¿volvemos a ser el diario de avisos del puerto?

World Trade Center

El de Barcelona, el de Barcelona, no el otro… aunque está cerca de ser declarado zona tan catastrófica como en su día lo fue el de Nueva York. Hablamos de un parque empresarial emblemático junto al frente marítimo, precioso y con firma arquitectónica ilustre. Una especie de Museo Guggenheim de Bilbao, pero en Barcelona y dedicado a la empresa y no al arte. A no ser que se considere un arte perder dinero. Tantos miles de metros de oficinas, de servicios, de hoteles, inaugurado todo con la mejor buena voluntad en 1999, y ahora boqueando, luchando por sobrevivir y por dejar de ser un monumento a la desinversión. Y a la pérdida de esperanza financiera en una ciudad que presumió de ser locomotora económica de toda España.

Xènius

El más famoso de los nombres de guerra de Eugeni D’Ors, uno de esos complicados personajazos catalanes que la patria tiene problemas para encajar en su panteón porque por un lado era eminentísimo, el padre del noucentisme, y por el otro… ¡se pasó con armas, bagajes y convicciones al franquismo! Es una jugada que se repite suficientes veces a lo largo de la atormentada historia intelectual catalana como para hacerse una, quizás, alarmante pregunta. La misma que en plan retórico lanzó Jordi Pujol en uno de sus mitines en los 90: “¡Hay gente más lista, más brillante que nosotros! ¡Pero nadie ama a Cataluña como nosotros!”. ¿Por qué será?

Yoda (Pujol)

“El tamaño no importa. Veme a mí. ¿Por mi tamaño me juzgas? ¿Hmm? Hmm. Pues hacerlo no deberías. Pues mi aliada es la Fuerza, y una poderosa aliada es”. Son palabras que en el episodio quinto de la saga Star Wars (El Imperio Contraataca) oye Luke Skywalker de la boca de Yoda, ese pequeño pero dicharachero jedi de increíble parecido físico con Jordi Pujol. La broma ha sido constante y recurrente desde que se estrenó esa película. Quien esto firma casi se come una vez las escaleras del Casino de Madrid al vislumbrar cómo unos periodistas de Telecinco tomaban planos de Pujol blandiendo feliz una espada de luz de juguete. Quien fue molt honorable ha sabido siempre sacar un inteligente partido de su limitada apostura y estatura. Durante muchos años eso le valió para sugerir subliminalmente, o no tanto, que él era un pobre David rodeado de Goliats. A los que se iba comiendo uno tras otro como cocos de un videojuego. Nada más hace falta recordar la espectacular conversión a la Fuerza de aquellos que una vez gritaron “Pujol, enano, habla castellano”. Dicho esto, en las distancias cortas Yoda-Pujol no ha carecido nunca de una sorprendente capacidad de seducción. Marta Ferrusola (a la que se atribuye la ascensión en política del único personaje más bajito que Pujol, el conseguidor Lluís Prenafeta, posteriormente procesado y mandado a Alcalá Meco junto a Macià Alavedra, bien es verdad que en virtud de un sumario instruido por Baltasar Garzón…) se plantó una vez en el programa de radio de Odette Pinto para exigir que cesaran ciertos rumores de amoríos extraconyugales porque, de ser cierto todo lo que se contaba, su marido sería “un Superman”.

ZP

Todavía no se sabe con absoluta seguridad qué fue primero, si el huevo o la gallina; si José Luis Rodríguez Zapatero o Pasqual Maragall, dos personajes, sépase de una vez, que jamás han tenido ni la más mínima química personal. Ni siquiera esa famosa noche en el Palau Sant Jordi de Barcelona en que el primero prometió dar apoyo al Estatut que el segundo le mandara, así se lo mandara dentro de un cucurucho de churros y con abundante azúcar glasé para disimular. ¿Quién calentó la boca a quién? Todavía hoy se echan los unos a los otros el Estatut de marras a la cabeza y nadie admite tener ninguna culpa de nada: ni los que metieron una pata ni los que metieron la otra. Cataluña salió innecesariamente humillada y escocida, España salió hasta los mismísimos de los catalanes. El Tribunal Constitucional salió como un ogro. Y en cuanto al PP, que Dios se lo pague con muchos florianos y bárcenas. Tanta acumulación de mal karma tampoco puede ser porque sí.

Diccionario satírico burlesco (X)

La letra M protagoniza la décima entrega del diccionario de Anna Grau, con nombres propios como los de Maragall, Miquel Roca o Marta Ferrusola, la esposa de Jordi Pujol, “flagelo de homosexuales y abortistas, pesadilla de las feministas”.   

Maragall

Vaya por delante que mucho le quisimos incluso los que jamás le votamos. Que casi todos lloramos al enterarnos de que padecía Alzheimer. ¿Cómo explicar su tierno encanto, sus tenaces hechuras de Peter Pan? Rompeolas del milagro olímpico y del milagro todavía más señalado, y más de Fátima, de que el socialismo llegara jamás a gobernar directamente en Cataluña, que es muy suya, va Maragall y la caga (perdón: en ocasiones el prurito de precisión arrasa con el de estilo) dejándose liar por los de ERC y por el espejismo de un NeoEstatut que, vamos a decirlo todo, pretendía nada menos que refundar España. Que darle sopas con honda y lecciones de Historia y de Modernidad. Así, en mayúsculas, ¿qué pasa? Es probable que Cataluña nunca se cure de esta obsesión suya por amejorar España, por sacarla de un lodo que sólo los catalanes huelen y ven. A favor del personaje: su cabal nobleza irredenta, su buena fe desarmante, su sincero deseo de arreglarlo todo, para siempre a ser posible. En plena aventura estatutaria Maragall se vino a Madrid, al Desfile de la Hispanidad, y nadie se lo agradeció. Ah, y, dicho sea de paso, fue de los pocos presidentes autonómicos, por no decir el único, que resistió los avances de un tal Iñaki Urdangarin sin darle jamás un contrato público. Al césar lo que es del césar, intratable pueblo de cabreros: ¿qué pasa, que os gustan más las cabras al frente de la presidencia de la Generalitat?

Marta Ferrusola

Això és una dona para unos. Para otros, lady Macbeth. Para ser justos, probablemente la verdad -que no la virtud- esté en el término medio. Cargó a Jordi Pujol de hijos y de mala conciencia católica, apostólica y romana por no ocuparse de ellos. Hasta bien entrados los años 80, Pujol seguía creyendo que la cocina de su casa funcionaba con leña. ¿Cómo no iba a creerse también que los deportivos de lujo que conducía su primogénito le habían tocado en una rifa de la parroquia? Nadie que haya intentado decirle al expresident en su cara lo que su familia estaba haciendo ha vivido (políticamente) para contarlo. Pujol mandaba en Cataluña pero Ferrusola mandaba en casa y sin soltar nunca el látigo. Terror de los consellers adúlteros o divorciados, flagelo de homosexuales y abortistas, pesadilla de las feministas, azote de inmigrantes y de presidentes de la Generalitat llamados Montilla y nacidos en Córdoba, cabeza de Medusa para los peluqueros… Costó Dios y ayuda y algún que otro patinazo conyugal desasirla de su moño gótico y modernizar imperceptiblemente su estética. Que no sus ideas. Valida y valedora de todo lo turbio y siniestro que ha tenido mando en plaza y en la Generalitat. Escandalosa jardinera del Barça, del World Trade Center y de los jardines de Aranjuez no, porque no se le pusieron a tiro. Precoz instigadora de pitadas al himno y a la bandera ya en el verano olímpico. Lo más intrigante que hay en ella es cierta ingenuidad a prueba de bomba. Cierta incapacidad sincera de admitir que el mundo pueda no ser como ella a machamartillo cree. Cierta noche que su hijo Oleguer no durmió en casa sino en el cuartelillo de la Guardia Civil, que le había detenido por forzar la entrada en una conocida escuela de inglés de Barcelona para darse el lote con su entonces novia, cuando la Benemérita llamó a la mañana siguiente para informar, tuvieron que informar a Marta, que es quien les cogió el teléfono. “Imposible”, les contestó, rotunda. De ahí no la han sacado todavía.

Miquel Iceta

Es de los últimos mohicanos que le quedan al PSC, de los últimos socialistas catalanes que no se volvieron locos con el tripartit, l’Estatut y el dret a decidir. Éste todavía entiende que él cobra por ponerse enfrente del nacionalismo y el independentismo, no encima ni debajo. Que la Constitución no es el Kamasutra. Su inmediato antecesor en el liderazgo del partido, Pere Navarro, fue abofeteado en plan Gilda en plena comunión en una iglesia de Terrassa. La bofetada no partió de Glenn Ford ni de ningún peligrosísimo elemento antisistema sino de la anciana suegra de un militante de CiU de cierto peso en Sant Cugat del Vallès. La abuela fue a entregarse a los Mossos para no hundir en el ridículo la carrera política de su yerno, sólo la de Pere Navarro. En el PSC se dieron cuenta de que había que reaccionar y recurrieron a Iceta. Es inteligente, distingue el aparato del partido del mando a distancia de la tele, es incluso valeroso en lo político y en lo personal. Otra cosa es que carezca de carisma y que, como cierto adminículo de higiene íntima femenina, le ha tocado estar en el mejor lugar (es un decir), en el peor momento.

Miquel Roca

Uno de los personajes más interesantes, más sobrevalorados y a la vez más incomprendidos de la política y la sociedad catalanas. De joven trató de ser socialista, como su amigo y socio (entonces) de bufete Narcís Serra, pero no le quisieron. Se hizo entonces del joven partido de Jordi Pujol, representando durante muchos años su ala amable, más abierta al mundo e incluso a Madrid. Ya entonces era un hombre de fuertes contrastes. De puertas afuera era brillante, fino, moderno, el más progre de CiU. Y padre de la Constitución además. De puertas para adentro su culto a la personalidad y su obsesión por la lealtad no quedaban tan lejos de Stalin. Con el tiempo y una crisis de los misiles en el partido provocada porque él quería ser ministro en Madrid, y el marido de Marta Ferrusola no quería que lo fuese, se vio que la paranoia de Roca no era del todo inexplicable. Una descripción detallada de lo que le hicieron entonces excede el libro de estilo de esta santa casa. Era cuestión de tiempo que nuestro hombre se refugiara en la abogacía de alta costura, donde su carrerón de Emma Bovary de la política coge un desvío hacia el ansiado final feliz. Hoy en día es venerado anciano de la tribu y defensor a ultranza y de confianza de la infanta Cristina (el Estado es español pero no tonto).

Mossos d’Esquadra

¿Los perros de la guerra contra el top manta? Es broma pero no tanto. La contemporánea policía autonómica catalana nació con muchas esperanzas y pretensiones, y con unas alpargatas de gala muy bonitas, pero nos ha llevado de decepción en decepción. Para lo mucho que cobran y gastan son poco o nada sutiles en la investigación, en el interrogatorio de sospechosos y hasta en el control de alborotos en discotecas. Hay quien no les quiere de escoltas porque no se fía de su discreción. Tampoco son extremadamente populares por colaborar con otras fuerzas de seguridad. Lo que se dice una alhaja de cuerpo. ¿Podrían evolucionar con el tiempo a Fuerza de Misión Imposible catalana, tan, tan, tan, tatatán? Miquel Sellarès, un veterano independentista que físicamente no recuerda demasiado a Tom Cruise, pero que acaso comparte algo de su espíritu, intentó con ahínco crear unos servicios secretos de la Generalitat pero le tiraron los papeles a la cabeza. ¿Quizás ahora mismo alguien los está rebuscando en las papeleras del Palau?