Por nosotros no quedará

Foto: Dani Pozo

Foto: Dani Pozo

Queridos accionistas y suscriptores:

Cada vez que alguien me pregunta por la bomba informativa que, según el imaginario colectivo acompañará la salida de EL ESPAÑOL y dejará fuera de combate al actual Jefe de Gobierno, suelo contestar que lo último que tengo en la cabeza en estos días de intensivo pedaleo tecnológico es cuál será nuestra primera portada. Entre otras razones porque es difícil imaginar una noticia más trascendente a medio y largo plazo que la propia aparición de nuestro periódico. Por eso en la Avenida de Burgos se celebra cada avance en la visualización del sistema editorial como si fuera un gol de una final de la Champions.

Un agosto en la Avenida de Burgos (y IV)

Queridos accionistas y suscriptores:

Cada vez que alguien me pregunta por la bomba informativa que, según el imaginario colectivo acompañará la salida de EL ESPAÑOL y dejará fuera de combate al actual jefe de Gobierno, suelo contestar que lo último que tengo en la cabeza en estos días de intensivo pedaleo tecnológico es cuál será nuestra primera portada. Entre otras razones porque es difícil imaginar una noticia más trascendente a medio y largo plazo que la propia aparición de nuestro periódico. Por eso en la Avenida de Burgos se celebra cada avance en la visualización del sistema editorial como si fuera un gol de una final de la Champions.

En algún recodo de la canícula he sentido sin embargo la tentación de coger por banda al morboso interlocutor de turno que anhela poder hacerse el enterado en la próxima tertulia veraniega y explicarle, pidiéndole la máxima reserva, que tenemos unos documentos que acabarán para siempre con Rajoy pues prueban de forma inequívoca su connivencia con la corrupción en el PP.

“Cuenta, cuenta… sabes que yo soy una tumba”, me diría el fulano babeando de ansiedad para poder salir corriendo a trasladarlo de oreja en oreja. Entonces yo le explicaría que tenemos unos SMS de apoyo a Bárcenas, tecleados en el móvil personal del presidente desde el propio palacio de la Moncloa. Y que el último de ellos dice “Lo entiendo, Luis. Sé fuerte. Mañana te llamaré”. Y que está enviado 48 horas después de que se divulgara oficialmente que el ex tesorero tenía 25 millones escondidos en Suiza. Y que coincide con el momento en que estaba a punto de aflorar la contabilidad B del PP en la que consta que Rajoy cobraba sobresueldos ilegales. Lo nunca visto en materia de pistolas humeantes.

Cuando la jovial expectativa de ese prototípico diletante en Corte se trocara primero en un rictus de estupor y luego en una mueca de decepción, cuando el tipo estuviera a punto de reprocharme que le tomara el pelo al fingir revelarle lo ya publicado, yo le cogería ficticiamente por las solapas y le diría: “¿Pero por quién me has tomado? ¿Tú crees que hemos captado 5.624 inversores, que hemos reunido 18 millones de euros, que hemos creado más de cien puestos de trabajo, que hemos contratado a un estudio de diseño en Londres y a un artista gráfico en Bielorrusia, que hemos reunido a algunos de los mejores periodistas y técnicos españoles sólo para que los imbéciles y cobardes como tú tengáis más madera que amortizar a beneficio de inventario, con una mano en el gin-tonic y la otra protegiendo la cartera, mientras decís que Mariano es un castigo de la Providencia pero anda que los otros…?”.

Y aunque el diletante pusiera ojos de cordero degollado, yo no soltaría ya mi presa: “Sabes lo que te digo, que si el número uno de EL ESPAÑOL publicara un vídeo de Rajoy apuñalando a una viejecita y se convocara un pleno extraordinario del Congreso para debatir sobre el asunto, siempre habría una diputada tan chillona como la que esta semana ha proclamado que los embajadores ante la OCDE “se matan trabajando” -y que por lo tanto lo de los Wert es en realidad un castigo- que pediría una investigación sobre la agresividad de la anciana que se abalanzó sobre el presidente en el momento en que se disponía a despachar su correspondencia, abrecartas en ristre. Y que cuando Rajoy pronunciara un campanudo “me equivoqué” -refiriéndose, claro, a que no debía haber abierto las cartas delante de una extraña-, todos los miembros del grupo popular aplaudirían puestos en pie y votarían como un solo hombre, e incluso alguno como dos, solidarizándose con aquel de cuya caprichosa voluntad dependen. Y, no, no te escabullas, ocurriría que al día siguiente la prensa gubernamental de izquierda, de centro y de derecha se pondría de costado y las televisiones pendientes de la nueva piñata de licencias que se avecina se limitarían a nadar y guardar la ropa, cuidando bien a quién dejan hablar y a quién no bajo la directa supervisión de Soraya y sus pinches de cocina. Y encima ocurriría que las sabandijas como tú empezaríais a mascullar que algunos irresponsables entorpecemos la recuperación económica”.

¡Qué poco nos conocen a mis compañeros y a mí quienes creen que EL ESPAÑOL será el instrumento de una miope venganza! Como si en esta fascinante era de la revolución digital fuéramos a ser tan bobos como la mujer de Lot o a perder un solo átomo de energía mirando hacia atrás con ira. Es tan irrelevante el señor Rajoy que nadie se acordará de él cuando se haya muerto. Hablo sólo de política. Quiero decir que, a diferencia de González, Aznar e incluso Zapatero, el sonriente nefelibata, Rajoy saldrá para siempre de nuestras vidas a la vez que lo haga de la Moncloa.

Con visión de luces cortas, nada nos convendría tanto como que de las próximas urnas surgiera un gobierno estaférmico en precario, como el de aquella última legislatura felipista en la que nos hinchamos a vender periódicos mientras las letras de cambio iban venciendo y los cadáveres -por desgracia en sentido literal- afloraban en sus lechos de cal viva. Pero tampoco ese es el cálculo de EL ESPAÑOL. Las elecciones que de verdad nos importan son las de dentro de diez o veinte años cuando nuestras ideas hayan calado en la sociedad.

También: vídeo completo de la bienvenida de Pedro J. Ramírez a la redacción de EL ESPAÑOL

Si yo emprendo este tercer viaje de Colón, esta nueva salida de don Quijote es porque estoy convencido de que el desarrollo tecnológico permite ya que los periodistas volvamos a cumplir el papel de Defensor Civitatis que el hundimiento del modelo de negocio de la prensa impresa y la subsiguiente interferencia de los poderosos en los medios nos han arrebatado.

Al darles la bienvenida en esta emocionante semana expliqué el lunes a mis compañeros que EL ESPAÑOL “nace al servicio de todo aquel que se sienta indefenso frente al poder” y me comprometí ante ellos a “proteger los derechos constitucionales de los ciudadanos como votantes, como contribuyentes, como consumidores, como usuarios de servicios públicos, como accionistas de empresas cotizadas, como socios de entidades deportivas o como clientes de entidades bancarias”.

¿Cómo lo haremos? Impulsando los cambios en las reglas de juego recogidas en nuestras Obsesiones -en ellas no hay ninguna referencia ad hominem- y vigilando noche y día, durmiendo incluso con los ojos abiertos para que nadie abuse de su cargo o preeminencia, como según Saavedra y Fajardo debía hacer el león que representaba al príncipe volcado en el bienestar de su reino.

Tras los centenares de enmiendas recibidas durante la semana ya puedo anunciar que en esas prioridades editoriales habrá significativos cambios y adiciones. Hoy sometemos además las Normas de Conducta de la Redacción de EL ESPAÑOL, nuestras normas éticas, a la consideración y debate de accionistas y suscriptores. Se trata de un paso clave en el “hagámoslo juntos” porque como expliqué ante mis compañeros “elegir el periodismo como manera de vivir supone ingresar en una orden de caballería con su escala de valores, sus reglas y su código de honor”. Lo que pedimos por tanto a los que os suméis al empeño es que nos ayudéis a autorregularnos.

Esa mañana doblemente luminosa del 24 de agosto resumí nuestro proyecto intelectual en dos demandas muy concretas: “Buscad la verdad y cuidad la sintaxis”. O lo que es lo mismo: sed rigurosos en el fondo y en la forma. También reclamé el apoyo crítico de la redacción: “Si me equivoco, corregidme. Si dudo, ayudadme. Si os convenzo, seguidme”. Entonces nos miramos a los ojos y uno por uno fuimos sellando nuestro compromiso con el “Por mí no quedará” de Antonio Maura.

España necesita un impulso revitalizador a través del periodismo crítico. Cualquiera que pueda testar el ambiente de entusiasmo indomable que impera en la sede de EL ESPAÑOL se dará cuenta de que por nosotros no quedará. ¿Y por vosotros? Cuanto más contribuyáis a que crezca el número de nuestros suscriptores, promocionando el proyecto entre vuestro círculo de amigos para que a su vez ellos repitan la jugada, mejor garantizaréis la independencia y la fuerza del rugido del león. Del león que lleváis dentro.

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NORMAS DE CONDUCTA DE LA REDACCIÓN DE EL ESPAÑOL

El compromiso esencial de los periodistas de EL ESPAÑOL es proporcionar a los ciudadanos una información veraz de la más alta calidad.

Ese compromiso se traduce en la obligación de ser diligentes en la búsqueda de la verdad y en la comprobación de todos los datos de la información; en la obtención de todas las versiones posibles; en el mantenimiento de un punto de vista crítico sobre los hechos y en el rechazo de cualquier presión indebida que pretenda subordinar el trabajo periodístico a intereses particulares.

RELACIONES CON LAS FUENTES

1. Los periodistas de EL ESPAÑOL tienen el derecho y el deber de no revelar sus fuentes de información. No difundirán informaciones que hayan aceptado recibir bajo el compromiso del ‘off the record’ siempre que se mantengan las circunstancias del acuerdo.

2. Los periodistas de EL ESPAÑOL deben precisar siempre si los datos que publican proceden de su propia observación, de documentos o de terceras personas. En este último caso, si la información proviene de una única persona no deben emplear el plural ‘fuentes’ y concretar, como mínimo, de qué ámbito procede (‘fuente sindical’ o ‘fuentes diplomáticas’ o ‘fuentes próximas a’). Evitarán fórmulas vacías de contenido comol ‘fuentes competentes’ o ‘fuentes bien informadas’.

3. Cuanto menos identificada o cuanto más imprecisa sea la fuente, mayor será la obligación de verificación. Si se publica la información proporcionada por un anónim, deberá constar esa característica de la fuente, indicando cuál es el motivo (temor a represalias, desconocimiento de su identidad por proceder del Buzón de Denuncias, compromiso de confidencialidad por razón de la materia o del lugar de trabajo de la fuente, etc).

5. Cuando sea imprescindible cambiar el nombre de alguna persona (agentes de los servicios secretos, menores, víctimas de delitos sexuales o malos tratos) esa modificación será advertida a los lectores.

6. Los periodistas de EL ESPAÑOL procurarán que la relación con sus fuentes no comprometa su integridad e imparcialidad. No aceptarán regalos, viajes o tratos de favor, como regla general. La aceptación de invitaciones relacionadas con la crítica gastronómica y cultural o con la cobertura de informaciones ha de estar justificada por su interés periodístico y debe ser autorizada por los responsables de la Redacción.

EMPLEO DE CITAS

7. Cada palabra o expresión entrecomillada por los periodistas de EL ESPAÑOL debe responder con fidelidad a lo transmitido por el emisor. La edición de un testimonio nunca debe alterar el sentido y la intencionalidad del emisor.

8. Los periodistas de EL ESPAÑOL no plagiarán ni reproducirán parcialmente textos de otro autor, ni en su literalidad ni en su estructura o argumentación, sin atribuírselos de forma expresa.

9. Cuando incluyan en sus textos informaciones extraídas de otros medios deberán atribuírselas, incluso si se trata de algún dato aislado. No será preciso hacerlo si EL ESPAÑOL corrobora la noticia con sus propias fuentes. Por razones de equidad y cortesía, la mención al medio y a su autor será imprescindible cuando se trate de una exclusiva, si es posible incluyendo el enlace.

10. Los periodistas de EL ESPAÑOL no publicarán nunca rumores no verificados, sin que su atribución a otro medio sirva de excusa para ello.

OBTENCIÓN Y TRATAMIENTO DE LA INFORMACIÓN

11. Los periodistas de EL ESPAÑOL tienen que buscar y difundir honestamente todos los ángulos posibles de los hechos, situándolos en su contexto adecuado y sin omitir aspectos esenciales, en especial si el asunto es controvertido. Esta tarea será inexcusable cuando se trate de investigaciones policiales o judiciales.

12. Ninguna persona, física o jurídica, puede verse sorprendida por la aparición de una noticia originada en la redacción de EL ESPAÑOL en la que resulte cuestionada, descalificada o perjudicada sin haber tenido previamente la posibilidad de dar su versión y que ésta sea difundida, si el afectado lo desea. Cuando no se le haya podido localizar o no haya querido responder, se harán constar estas circunstancias. Si la noticia tiene como base un documento oficial u otra fuente externa se tratará de recoger la versión del afectado lo antes posible sin que ello retrase la publicación.

13. Los periodistas de El ESPAÑOL no utilizarán métodos ilegales para obtener información. Sólo en casos de importancia excepcional, y siempre que no sea posible obtener la información por ninguna otra vía, podrán utilizar personalidades fingidaso realizar grabaciones subrepticias. La regla general es advertir al interlocutor de que sus palabras y/o imagen van a ser grabadas; la alteración de esta norma deberá ser autorizada por los responsables de la Redacción.

14. Si la información tiene una base documental, los periodistas de EL ESPAÑOL deben hacer todo lo posible para garantizar su autenticidad. No harán nunca una selección sesgada o intencionalmente dirigida a favorecer una determinada tesis, a partir de esos documentos.

15. Los periodistas de EL ESPAÑOL respetarán los derechos fundamentales al honor, la intimidad, la propia imagen y la presunción de inocencia. Se atendrán así a los límites a las libertades de expresión e información de acuerdo con la Constitución española, incluida la protección de la juventud y la infancia.

16. Las fotografías e imágenes de vídeo que representen la realidad deben ser genuinas y sin distorsiones más allá de un correcto tratamiento técnico para lograr una difusión de calidad y de la capacidad periodística de poner el énfasis en uno u otro aspecto de la información.

17. Los periodistas de EL ESPAÑOL evitarán la difusión de expresiones e imágenes hirientes o despectivas sobre religiones, etnias o grupos sociales determinados, salvo que resulte imprescindible desde el punto de vista del interés informativo.

18. La información y la opinión estarán diferenciadas con nitidez. Las informaciones no contendrán juicios de valor del periodista.

COMPROBACIÓN DE LOS DATOS

19. Los periodistas de EL ESPAÑOL comprobarán la veracidad de los datos que incluyan en sus informaciones con independencia de la existencia de otros controles en la
Redacción. Las prisas no deben ser excusa para incluir datos no verificados. Si urge entregar una información y hay aspectos no comprobados deberá advertirse a los responsables de la Redacción. Al menos una segunda persona supervisará siempre cada historia o información.

20. Los datos dudosos o de singular complejidad o trascendencia deben ser verificados por, al menos, dos fuentes independientes entre sí. El hecho de que la información provenga de una fuente oficial, de una institución o esté apoyada en un documento no eximirá al periodista de comprobar los aspectos que puedan resultar más conflictivos.

21. Los periodistas de EL ESPAÑOL deberán asegurarse de que sus informaciones no contengan injurias ni calumnias.

RECTIFICACIONES

22. EL ESPAÑOL corregirá con inmediatez los errores de hecho, sin necesidad de esperar a recibir una queja.

23. Las rectificaciones procedentes de personas o instituciones aludidas serán publicadas en lo referente a los datos fácticos, pero no cuando tengan que ver con juicios de valor, interpretaciones u opiniones.

CONFLICTOS DE INTERÉS

24. Los periodistas de EL ESPAÑOL evitarán los conflictos de interés entre sus actuaciones privadas (inversiones bursátiles, militancia activa en partidos, relaciones familiares) y su labor profesional. Cuando exista el menor riesgo de ello advertirán a los responsables de la redacción y serán sustituidos por otro compañero.

25. Los periodistas de EL ESPAÑOL no utilizarán la información que obtengan en el ejercicio de su profesión en beneficio personal o en el de sus familiares.

26. Ningún periodista de EL ESPAÑOL podrá trabajar, de forma remunerada o no, para gabinetes de imagen o de comunicación, empresas de relaciones públicas o agencias de publicidad.

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Una reunión sin nada que ocultar

Nada que ocultar

UN AGOSTO EN LA AVENIDA DE BURGOS (II)

Queridos accionistas y suscriptores.

El hombre propone y los dioses del Olimpo disponen. Estaba yo tan dispuesto a dedicar esta segunda crónica agosteña a mis partidas de ping pong con la reina del HTML y la emperatriz del Javascript, mientras la madeja tecnológica se va trenzando espasmódicamente alrededor, cuando don Rodrigo Rato Figaredo Rodríguez de San Pedro Sela y Duquesne mandó llamar a su mecánico. Los de su estirpe no tienen conductor, menos aún chófer, sino mecánico y usan el plural con relamida condescendencia: “Saque el coche, que nos vamos al Ministerio del Interior”.

UN AGOSTO EN LA AVENIDA DE BURGOS (II)

Queridos accionistas y suscriptores:

El hombre propone y los dioses del Olimpo disponen. Estaba yo tan dispuesto a dedicar esta segunda crónica agosteña a mis partidas de ping pong con la reina del HTML y la emperatriz del Javascript, mientras la madeja tecnológica se va trenzando espasmódicamente alrededor, cuando don Rodrigo Rato Figaredo Rodríguez de San Pedro Sela y Duquesne mandó llamar a su mecánico. Los de su estirpe no tienen conductor, menos aún chófer, sino mecánico y usan el plural con relamida condescendencia: “Saque el coche, que nos vamos al Ministerio del Interior”.

El auriga sabía de sobra que todos los apellidos del prócer cabían holgadamente en el asiento trasero, pero no pudo evitar dirigirle una mirada de espanto. ¿Al ministerio del Interior? ¿Habría decidido don Rodrigo confesar nuevos delitos y entregarse? Su jefe se sintió obligado a tranquilizarle: “No, no se preocupe… Le contaré al ministro todo lo que me está pasando. Le daré mi versión”.

Y allí que se fueron, arrojando al llegar a Castellana 5 la colilla que prendió el gran incendio del verano. Aunque el fuego tardó, por razones que explicaré al final, más horas de lo normal en propagarse, ya que entrada la semana todo el bosque político era pasto de unas llamas que avanzaban imparablemente hacia el reducto vacacional del Jefe del Gobierno.

Tan grave era la conflagración que estuve a punto de pedir a Javier Muñoz y al Arponero Ingenuo que interrumpieran sus vacaciones y acudieran en mi ayuda para adentrarnos entre las lianas de fuego y las columnatas de humo, antes de que no quedara ni una yesca que llevarse al folio. Pero hétenos aquí que irrumpió don Tomás Serrano -apunten este nombre pues les hará sonreír muchas veces desde ahora- enviándonos el magnífico dibujo que acompaña a este texto, con tres palabras como título: “Nada que ocultar”. Y la magia de la imagen sirvió para activar un recuerdo de cuando el Arponero aún no había nacido, que cobra ahora extraordinaria importancia.

Partamos de la base de que yo creo a pies juntillas que Rato y Fernández no cerraron ningún trato inconfesable en su conversación del ministerio. Como bien refleja el dibujo, lo vergonzoso en sí, lo que obliga al pudor a meterse debajo de la mesa, fue el propio encuentro en el despacho oficial. A partir de que el ujier abrió la puerta del Excelentísimo al imputado acogotado, lo que se tratara allí ya sólo era un elemento ornamental. Un a más a más. Porque el medio era el mensaje y la noticia el encuentro en sí.

Por Rodrigo Rato como si había que hablar de las indubitadas apariciones de la Virgen de Fátima durante la vigilia de adviento en algunos cuarteles remotos de la Guardia Civil. Lo que le importaba era que la reunión se celebrara. Y que trascendiera. Que se supiera, que lo supieran los policías, los jueces, los fiscales, la prensa marianista –o sea toda la empapelada-, la opinión pública en suma: que él no es un apestado, que para la cúpula del PP sigue siendo “uno de los nuestros”, alguien a quien hay que proteger y defender en memoria de los servicios prestados, como hizo Rafael Hernando al decir que él también lo hubiera recibido. ¡Criatura! No nos cabe la menor duda de que lo hubiera hecho.

Lo sustancial no era el contenido del encuentro sino su apariencia. Por eso Rato sólo precisó que, claro, cómo no, había ido a hablar de lo suyo, “de todo lo que me está pasando”; cuando Fernández Díaz, en un alarde de majadería política con pocos precedentes, dijo en su nota de prensa que había puesto como “condición previa” que no se tratara de la “situación procesal” del visitante.

Hacía tiempo que nadie nos tomaba tan abiertamente por imbéciles. ¿Se imaginan el pitorreo si “el Pollo del Pinar” -Eligio Hernández en este mundo- se hubiera parapetado en esa misma “condición previa” cuando recibió a Amedo durante uno de sus permisos carcelarios en la sede de la Fiscalía General del Estado? O si Bermejo hubiera alegado que aceptó compartir caza y mantel con Garzón con la “condición previa” de no hablar de la Gürtel. O, por quitarle hierro, si Florentino Pérez se reuniera con su ten million dollar baby con la “condición previa” de no hablar de su renovación. O si dos apasionados amantes superaran todas las dificultades para verse con la “condición previa” de no tocarse.

Con comparecencias así de cínicas se destruye todo atisbo de fe en un sistema basado en la rendición de cuentas.

Por supuesto que hablaron de lo suyo, “de todo –todito todo- lo que me está pasando”, ¿cómo no iban a hacerlo? Pero los apaños ignominiosos, los tratos de favor inconfesables, se cocinan siempre a través de intermediarios de poco lustre. Cada cosa a su tiempo. Lo que Rato buscaba ahora era una especie de desagravio oficioso por el episodio de la mano en la nuca y el trato mediático anejo. Conoce lo suficientemente bien el percal como para saber que en la España del revoltijo de poderes sólo podrá afrontar acusaciones como las de blanqueo si previamente es blanqueado por los suyos. A partir de ahí, será cosa de los Enrique López, Concepción Espejel y demás jueces de partido.

La coartada recalentada por Fernández Díaz en el microondas de su comparecencia agosteña no pudo ser más ridícula. Dijo que Rato había recibido “400 tuits” intimidatorios –sin precisar si fueron de uno o de 400 tuiteros-, que estaba preocupado por el “eventual” riesgo de que le retiraran la escolta y que él consideró que era su deber “explicarle cómo funciona el sistema” de protección policial. Pamplinas. Ni Rato tiene cuenta de Twitter, ni se había tomado decisión alguna sobre su escolta, ni sería en todo caso el ministro el encargado de darle detalles técnicos.
Ahora nos cuentan que en realidad fue la pareja de Rato quien recibió un tuit de un tarado diciendo que iba a “desmembrar” al ex vicepresidente al modo de “la matanza de Texas”; pero, a juzgar por las fotos difundidas de ambos, no parece que estén pasando el verano bajo la sombra de la “motosierra”. Aunque en materia de seguridad personal toda precaución es poca, el “principio de proporcionalidad”, varias veces invocado por el ministro, no aparece aquí por ningún lado. Demasiado despacho para tan poco motivo. Además, ¿por qué ninguno de los dos interlocutores mencionó las amenazas en sus primeras versiones? Con comparecencias así de cínicas se destruye todo atisbo de fe en un sistema basado en la rendición de cuentas.

La pregunta clave no es si el presidente lo sabía. Salvando las distancias, es tan imposible que Rajoy ignorara que su ministro del Interior iba a recibir a Rato como que González ignorara que el suyo andaba secuestrando viajantes de comercio por error. La pregunta clave es por qué autorizó y tal vez propició el encuentro precisamente con Fernández Díaz. Y aquí entra en funcionamiento la hemeroteca de la memoria.

Nada que ocultar
Ilustración: Tomás Serrano

Cuando en julio de 2013 publiqué mis “Cuatro horas con Bárcenas” actué por mi cuenta y riesgo. Yo era, como siempre, un electrón libre. Ni la conversación había sido grabada, ni había convenido con el ex tesorero su publicación. Pero tampoco me había pedido que no lo hiciera. En las normas deontológicas de EL ESPAÑOL constará que un periodista sólo debe respetar el “off the record” tras haberlo convenido con la fuente de forma expresa. In dubio pro lector. Esa ha sido y será mi pauta. Pero no las tuve todas conmigo hasta que Bárcenas no avaló mi relato ante el juez Ruz.

El punto de no retorno para todos -menos para los lacayos del grupo parlamentario del PP que lamieron la mano del amo- fue la publicación de los SMS intercambiados durante años con Rajoy hasta desembocar en el “Luis, sé fuerte”, dos días después de que se divulgara el descubrimiento de su dineral en Suiza. Aunque el impacto mediático de aquella portada fue fulminante -sobre todo para mí- su intrahistoria no deja de tener su guasa pues Bárcenas se comunicaba como podía con su entorno desde la cárcel y eran otras personas las que localizaban los SMS en los distintos terminales móviles que había venido utilizando. Pues bien, en medio de aquel barullo hubo otros mensajes que no aparecieron: los de Fernández Díaz. Aparecieron los de Rajoy, aparecieron los de Mauricio Casals, Príncipe de las Tinieblas, pero no los del ministro del Interior.

¿Se refería a ellos Bárcenas cuando comentó durante su merendola con Raúl del Pozo que “hay en marcha un libro –sin duda el de Marisa Gallero para La Esfera- con dos SMS más que sale en septiembre”? Lo que es obvio es que esta “liaison dangereuse” debe vincularse al dispositivo montado desde Interior para controlar a la familia Bárcenas y apoderarse de sus documentos. En ese contexto fui víctima de los seguimientos que denuncié hace dos veranos en el programa de Jesús Cintora. También tienen mucho que ver las gestiones encaminadas a que la UDEF aclarara que “Luis el cabrón” no era Bárcenas sino otro, copatrocinadas por María Pico, jefa de gabinete de Soraya.

Como bien han apuntado varios amigos tuiteros, Fernández Díaz emerge así como el “señor Lobo” que “soluciona problemas” en la “Pulp Fiction” de chamarilería montada en la calle Génova. O, mejor todavía –apunto de mi cosecha-, como el fiel y doliente mastín Doug Stamper que va borrando las huellas de los desmanes de su jefe en House of Cards. Tras abandonar el pecado, como Stamper el alcohol, Fernández Díaz siempre acompañó a Rajoy de departamento en departamento en plan criado para todo. Que haga ahora el trabajo sucio en su condición de Ministro del Interior, no deja de ser un pleonasmo gravemente embarazoso para nuestra democracia.

El problema es que, abandonado a su suerte, Rato se convertiría a cuatro meses de las elecciones generales en la peor bomba de relojería imaginable. Le bastaría corroborar que tanto Mariano como él cobraban sobresueldos prohibidos por la ley cuando eran ministros, o que la cúpula del partido conocía el flujo de maletines que llegaba al despacho de Lapuerta, para que las limitadas posibilidades de seguir en el poder de este PP saltaran por los aires. De ahí que el despacho del ministro se metamorfoseara el 29 de julio en la ‘requetemanoseada’ consulta del “¿verdad que no vamos a hacernos daño, doctor?”.

Fernández Díaz emerge así como el “señor Lobo” que “soluciona problemas” en la “Pulp Fiction” de chamarilería montada en la calle Génova.

Y a modo de postdata aquí va la pregunta que se hacen con perplejidad algunos de los más conspicuos corresponsales extranjeros en España: ¿cómo es posible que tanto el periódico que tuvo la exclusiva del verano como el periódico que consiguió las declaraciones de Rato que desmentían la nota oficial del Ministerio enterraran esas impactantes noticias –devastadoras para el actual Gobierno- en sendas páginas pares, sin hacer mención alguna en sus portadas? En ninguno de los dos casos merecieron un lugar en el escaparate que con tanto cuidado se reparte. Ver para creer. ¿Tanto ha calado ya el responsable autocontrol –así se le llama ahora- en aquella “fábrica de Minerva” y en aquella “sabia Atenas”? ¿Tanto hay que mirar al poder por el rabillo del ojo, no vayamos a tener mañana un lío, que la última vez Soraya se puso como una fiera? Es para quedarse atónito. “Fabio, si tú no lloras, pon atenta la vista en luengas calles destruidas”.

Pero esto no pasará en EL ESPAÑOL y espero incluso que no pase con EL ESPAÑOL. Por algo decía Falstaff que, además de por su propio “ingenio”, había que valorarle por el que inducía en los demás. Ya veréis como antes de que nazcamos empezará a notarse. ¡Qué difícil lo van a tener quienes han medrado entregando lectores al poder, ahora que va a volver a ponerse de moda proporcionar poder a los lectores!

Las 19 incógnitas que la comparecencia de Fernández Díaz no despejó

Fernández Díaz

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, se sometió al escutrinio de la Cámara Baja en una comparecencia para rendir cuentas sobre la reunión que mantuvo con el ex vicepresidente Rodrigo Rato el 29 de julio en su despacho oficial. “Era mi deber atenderlo. Se reunió conmigo por su seguridad personal”, repitió durante su larga comparecencia sin ningún arrepentimiento. Dio algunas respuestas, pero son más las incógnitas. 

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, se sometió al escutrinio de la Cámara Baja en una comparecencia para rendir cuentas sobre la reunión que mantuvo con el ex vicepresidente Rodrigo Rato el 29 de julio en su despacho oficial. “Era mi deber atenderlo. Se reunió conmigo por su seguridad personal”, repitió durante su larga comparecencia sin ningún arrepentimiento.

EL ESPAÑOL diseñó este jueves una lista con las preguntas que el máximo mandatario del departamento de Interior debía responder para esclarecer el encuentro y sus implicaciones. Sin embargo, cuatro horas de comparecencia no bastaron para despejar todas las dudas que despertó una reunión que -de creer a Fernández Díaz- el propio presidente del Gobierno descubrió a través de la prensa.

El ministro se limitó a reconocer que Rodrigo Rato se puso en contacto con él entre el 9 y el 20 de julio, que a la reunión en la sede del Ministerio él mismo llegó tarde y que su jefe de gabinete participó, pero sólo al principio. Fue Rato quien solicitó el encuentro, según la versión del ministro, porque “estaba preocupado por la posibilidad de que le retirasen la seguridad” y por las amenazas en forma de tuit que recibieron él y su entorno. Finalmente, el titular de Interior se escudó en que Rato está en peligro para no dar más explicaciones a la ciudadanía.

Balance comparecencia

A continuación figuran las cuestiones que el ministro dejó sin responder. De las 35 planteadas inicialmente, más de la mitad quedaron sin aclarar: 19 en total.

  1. ¿Hay constancia de la llegada de Rato al Ministerio en el registro de entrada?
  2. ¿Alguien del PP sabía que iba a producirse ese encuentro? ¿Quién o quiénes?
  3. ¿Contó el ministro cómo fue la reunión a alguien? ¿A quién?
  4. ¿Ha recibido el ministro en su despacho a otros amigos para abordar sus problemas?
  5. ¿Pidió Rato al ministro que hiciera llegar a la AET o a Cristóbal Montoro su versión sobre el origen de su patrimonio?
  6. ¿Qué consecuencias tuvo el encuentro?
  7. ¿Por qué aseguró el Ministerio en su comunicado que Jorge Fernández Díaz no tiene ninguna relación con la investigación cuando es la Guardia Civil, bajo su mando, la que actúa como policía judicial?
  8. ¿Le comentó Rato si él o su familia habían interpuesto alguna denuncia por las amenazas a su familiar?
  9. ¿Por qué Interior tardó casi tres días en tratar de explicar los hechos si todo estaba tan claro, según la versión del ministro?
  10. ¿Se ha planteado el ministro llevar a cabo alguna actuación judicial contra Rato por asegurar que sí hablaron de su caso?
  11. ¿Tiene Fernández Díaz relación con Luis Bárcenas en la actualidad?
  12. ¿Mandó el ministro del Interior mensajes de apoyo a Luis Bárcenas, tal como ha asegurado el extesorero del PP?
  13. ¿Quién ordenó el dispositivo de vigilancia a Luis Bárcenas y sus familiares antes de que el extesorero entrara en prisión?
  14. ¿Hizo alguna gestión el ministro del Interior para identificar a los autores y responsables de este operativo de vigilancia a Bárcenas?
  15. Si la dimisión del exministro Bermejo estaba motivada por irse de cacería con un imputado, ¿debería el ministro presentar su renuncia?
  16. ¿Ha recibido instrucciones del presidente del Gobierno para contactar en su nombre con imputados por corrupción?
  17. ¿Ha participado en alguna reunión con el presidente del Gobierno para decidir la estrategia del PP sobre los casos de corrupción?
  18. ¿Se han tratado casos de corrupción como Gürtel, Púnica o el caso Bankia en reuniones del Gobierno?
  19. ¿Ha consultado con Soraya Sáenz de Santamaría o su jefa de gabinete la estrategia del Gobierno en relación a casos de corrupción que afectan al PP?

Con información de Antonio Delgado, Patricia López, Pablo Romero y Joaquín Vera.

Además, en EL ESPAÑOL:

35 preguntas para Fernández Díaz por su reunión con Rato

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El encuentro de Jorge Fernández Díaz con Rodrigo Rato no fue uno más. No figuraba en la agenda del ministro del Interior y fue aireada por la prensa, con versiones contradictorias sobre su contenido, insólitos comunicados de prensa y finalmente una comparecencia extraordinaria en pleno agosto ante el Congreso. Fernández Díaz se reunió con Rato, el ex vicepresidente económico del Gobierno, ex director gerente del Fondo Monetario Internacional, expresidente de Bankia, ex casi todo en el PP pero actualmente imputado por varios delitos y con su patrimonio bajo sospecha. Aquí están todas las preguntas sin respuesta,

El encuentro de Jorge Fernández Díaz con Rodrigo Rato no fue uno más. No figuraba en la agenda del ministro del Interior y fue aireado por la prensa, con versiones contradictorias sobre su contenido, insólitos comunicados de prensa y finalmente una comparecencia extraordinaria en pleno agosto ante el Congreso. Fernández Díaz se reunió con Rato, el ex vicepresidente económico del Gobierno, ex director gerente del Fondo Monetario Internacional, expresidente de Bankia, ex casi todo en el PP pero actualmente imputado por varios delitos y con su patrimonio bajo sospecha.

Estas son las incógnitas que rodean a una de las citas más polémicas de los últimos años.

  1. ¿Cuándo recibió la llamada de Rodrigo Rato?
  2. ¿Qué problema personal invocó Rato para convencer al ministro de que debía recibirle?
  3. ¿No se podía tratar por teléfono?
  4. ¿Cuánto tiempo tardó en recibir a Rato desde que éste le expuso su interés por entrevistarse?
  5. ¿Por qué aceptó la entrevista a sabiendas de que hacerlo podía ponerlo en una difícil situación?
  6. ¿Le presionó Rato de alguna manera para convencerle? ¿Le amenazó con alguna información sensible?
  7. ¿Hay constancia de la llegada de Rato al Ministerio en el registro de entrada?
  8. ¿Cuánto duró?
  9. ¿De qué se habló?
  10. ¿Alguien del PP sabía que iba a producirse ese encuentro? ¿Quién o quiénes?
  11. ¿Contó el ministro cómo fue la reunión a alguien? ¿A quién?
  12. ¿Ha recibido el ministro en su despacho a otros amigos para abordar sus problemas personales?
  13. ¿Ha recibido el ministro a otros imputados en su despacho?
  14. ¿Informó el ministro a Rato de las pesquisas de la Guardia Civil en el marco de las investigaciones sobre el exbanquero?
  15. ¿Se mencionó en la reunión el papel decisivo de la Agencia Tributaria en la iniciación del ‘caso Rato’?
  16. ¿Pidió Rato al ministro que hiciera llegar a la AET o a Cristóbal Montoro su versión sobre el origen de su patrimonio?
  17. ¿Qué consecuencias tuvo el encuentro?

    La explicación de lo sucedido

  18. ¿Por qué no se informó en el comunicado de que la razón de la reunión era las amenazas a un familiar de Rato?
  19. ¿Por qué aseguró el Ministerio en su comunicado que Jorge Fernández Díaz no tiene ninguna relación con la investigación cuando es la Guardia Civil, bajo su mando, la que actúa como policía judicial?
  20. ¿Le comentó Rato si él o su familia habían interpuesto alguna denuncia por las amenazas a su familiar?
  21. ¿Habló con el imputado de su situación procesal, tal como sostiene el propio Rato?
  22. ¿Por qué Interior tardó casi tres días en tratar de explicar los hechos si todo estaba tan claro según la versión del ministro?
  23. ¿Miente Rato cuando asegura que hablaron de “lo que le estaba pasando”?
  24. ¿Se ha planteado el ministro llevar a cabo alguna actuación judicial contra Rato por asegurar que sí hablaron de su caso?

    Más allá de Rodrigo Rato

  25. ¿Tiene Fernández Díaz relación con Luis Bárcenas en la actualidad?
  26. ¿Mandó el ministro del Interior mensajes de apoyo a Luis Bárcenas, tal como ha asegurado el extesorero del PP?
  27. ¿Quién ordenó el dispositivo de vigilancia a Luis Bárcenas y sus familiares antes de que el extesorero entrara en prisión?
  28. ¿Hizo alguna gestión el ministro del Interior para identificar a los autores y responsables de este operativo de vigilancia a Bárcenas?
  29. Si la dimisión del exministro Bermejo estaba motivada por irse de cacería con un imputado, ¿debería el ministro presentar su renuncia?

    Rajoy

  30. ¿Pidió el ministro permiso a Mariano Rajoy para reunirse con Rato?
  31. ¿Informó a Mariano Rajoy con posterioridad del contenido de la reunión?
  32. ¿Ha recibido instrucciones del presidente del Gobierno para contactar en su nombre con imputados por corrupción?
  33. ¿Ha participado en alguna reunión con el presidente del Gobierno para decidir la estrategia del PP sobre los casos de corrupción?
  34. ¿Se han tratado casos de corrupción como Gürtel, Púnica o el caso Bankia en reuniones del Gobierno?
  35. ¿Ha consultado con Soraya Sáenz de Santamaría o su jefa de gabinete la estrategia del Gobierno en relación a casos de corrupción que afectan al PP?

Han preguntado: María Peral, Vicente Ferrer, Mariano Gasparet, Pablo Romero, Ana I. Gracia, Joaquín Vera y Daniel Basteiro.

Además, en EL ESPAÑOL:

El PSOE ataca a Fernández Díaz por el “escándalo” de los SMS a Bárcenas

Antonio Hernando

El PSOE redobla la presión contra Jorge Fernández Díaz. Para el portavoz de los socialistas en el Congreso, Antonio Hernando, es un “escándalo” que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, haya enviado SMS de ánimo a Luis Bárcenas cuando ya estaba ya siendo investigado, según reconoció el propio extesorero y publica este jueves EL ESPAÑOL

Los socialistas redoblan la presión contra Jorge Fernández Díaz. Para su portavoz en el Congreso, Antonio Hernando, es un “escándalo” que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, haya enviado SMS de ánimo a Luis Bárcenas cuando ya estaba ya siendo investigado, según reconoció el propio extesorero y publica este jueves EL ESPAÑOL.

Hernando considera “un escándalo que el ministro del Interior hubiese mandado mensajes al señor Bárcenas. Si es el ministro de Interior el que está haciendo esas cosas, que es el que dirige la Policía y la Guardia Civil, estamos ante una situación muy grave de cara a la seguridad, que tiene que ser la de todos los españoles y no solamente de los amigos del ministro”, ha dicho ante la Fiscalía General del Estado al ser preguntado por este periódico y otros medios.

Jorge Fernández Díaz, que mantuvo un encuentro en la sede del Ministerio con Rodrigo Rato  -ex vicepresidente del Gobierno e imputado por el caso Bankia- comparecerá este viernes en el Congreso para dar explicaciones sobre contenido y la oportunidad de la cita. Sin embargo, lo conocido hasta ahora merece para el PSOE una denuncia contra el ministro ante la Fiscalía. El partido de Pedro Sánchez pretende judicializar así el caso al apreciar indicios de tres delitos: prevaricación, omisión del deber de perseguir delitos y revelación de secretos. El escrito reclama la declaración en sede judicial del propio ministro, de Rato y de funcionarios de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil.

“Ni un minuto más como ministro”

En su redoblada presión al Gobierno, el PSOE ha considerado que Fernández Díaz “no debería de permanecer ni un minuto más al frente del Ministerio”, tanto si se confirma que incurrió en alguno de esos tres delitos como si arropó a Bárcenas en el momento en el que se investigaba su fortuna en Suiza.

“La corrupción es una prioridad política, social y es inaceptable” como para que Fernández Díaz se permita mandar SMS “a un corrupto”, algo que debería llevar a Mariano Rajoy a destituirlo “inmediatamente”, ha asegurado.

El Ministerio del Interior no ha tardado en reaccionar y ha amenazado con acciones legales por “denuncia falsa, injurias y calumnias”, según informa EFE. 

El PSOE no confía en las explicaciones que puede dar Fernández Díaz. Según recordó Hernando, el presidente del Gobierno advirtió el lunes de que de esa comparecencia no debe esperarse “nada particular”.

Bárcenas aseguró que recibió SMS de Fernández Díaz similares a los que le envió Rajoy

Memorial por las victimas del terrorismo

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, envió mensajes de apoyo al extesorero del PP Luis Bárcenas cuando ya estaba siendo investigado por la Policía y los tribunales. Así lo aseguró el propio Bárcenas, desde la cárcel y a través de su entorno directo, al entonces director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, cuando en julio de 2013 le facilitó los SMS que le enviaba Rajoy.

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, envió mensajes de apoyo al extesorero del PP Luis Bárcenas cuando ya estaba siendo investigado por la Policía y los tribunales. Así lo aseguró el propio Bárcenas, desde la cárcel y a través de su entorno directo, al entonces director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, cuando en julio de 2013 le facilitó los SMS que le enviaba Rajoy.

Según Bárcenas, los SMS del ministro del Interior eran similares o equivalentes a los que le enviaba el presidente del Gobierno con expresiones como “al final la vida es resistir y que alguien te ayude”, “nada es fácil, pero hacemos lo que podemos” o “Luis, lo entiendo, sé fuerte”.

De acuerdo con la versión de Bárcenas, esos mensajes eran parte del papel activo que Fernández Díaz habría mantenido para ayudar a Rajoy a tapar los escándalos del PP. Una pauta de conducta en la que se inscribiría también la entrevista con Rodrigo Rato, de la que tendrá que dar cuenta mañana ante la Comisión de Interior del Congreso.

Pese al deseo de Bárcenas de hacer también públicos esos mensajes, las personas que seguían sus instrucciones no lograron localizar en aquel momento en la memoria de sus teléfonos móviles los SMS de Fernández Díaz. Sí que aparecieron, en cambio, además de los de Rajoy, los intercambiados con el presidente del diario La Razón, Mauricio Casals, que hizo de intermediario entre el extesorero y el Gobierno después de que se divulgara la contabilidad B del partido. Casals mantiene una estrecha relación tanto con Rajoy como con Fernández Díaz.

Operación Kitchen

En su artículo del pasado 20 de julio en El Mundo titulado “Merienda con los Bárcenas” el columnista Raúl del Pozo ponía en boca del extesorero la siguiente afirmación: “Es tanta la documentación que guardamos que podíamos entregar cada día una bomba. Las grabaciones –a Rajoy y otros dirigentes del PP- serían 20 veces la documentación que entregué al juez Ruz”.

A continuación el propio Del Pozo añadía: “Me explica que hay en marcha un libro con dos SMS más que sale en septiembre”. EL ESPAÑOL no ha logrado verificar si se trata de dos nuevos SMS de Rajoy, de los de Fernández Díaz o de otro interlocutor significativo.

A finales de 2013, Bárcenas también comunicó al entonces director de El Mundo que Fernández Díaz había estado al tanto de las gestiones realizadas por María Pico, jefa de gabinete de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, para que la UDEF remitiera un informe al juez descartando que Bárcenas fuera el “Luis el cabrón” mencionado en uno de los documentos incautados a la trama Gürtel. Estas informaciones no pudieron ser verificadas antes de la destitución de Pedro J. Ramírez como director.

Por otra parte, el 4 de febrero de este año, Esteban Urreiztieta se hacía eco también en El Mundo de la denuncia judicial del comisario Villarejo en la que acusaba al comisario de Asuntos Internos Martín-Blas de hacer “gestiones de máximo secreto directamente para la dirección del Partido Popular” y completamente “ajenas a sus funciones policiales”. Urreiztieta añadía: “Según aseguran a este periódico fuentes policiales solventes, Villarejo se refiere en este caso concreto a la supuesta creación de un dispositivo de seguimiento de la familia del extesorero del PP Luis Bárcenas para conocer sus movimientos y averiguar el material probatorio que tiene en su poder y que todavía no ha aportado al juez”.

Según ha podido confirmar EL ESPAÑOL, un dispositivo de inteligencia policial controló los movimientos de Bárcenas hasta su entrada en prisión preventiva. Días antes de su arresto, los agentes constataron el encuentro del extesorero del PP con dos ciudadanos rusos en un conocido restaurante cercano al estadio Santiago Bernabéu de Madrid. Ese encuentro no fue incluido en los informes obrantes en la causa. Además, los agentes contaron con una red de confidentes en el entorno de Bárcenas, apodados con el nombre en clave de “cocineros”. Por eso, el operativo recibió el nombre de Operación Kitchen.

Finalmente, el 4 de mayo, el periodista José María Olmo publicó en El Confidencial que Bárcenas “ha conseguido una grabación en la que presuntamente aparecerían funcionarios de la Seguridad del Estado accediendo a una fábrica para tratar de sustraer documentación relacionada con la contabilidad B del PP… Las imágenes habrían sido captadas en agosto del pasado año por el circuito cerrado de video vigilancia de una fábrica situada en una población del norte de Madrid”.

Rato y la contabilidad B

Desde que está al frente del Ministerio del Interior, Fernández Díaz ha sido acusado en varias ocasiones -tanto por la oposición como por los sindicatos policiales- de anteponer los intereses del Partido Popular a los de algunas investigaciones abiertas. Según fuentes policiales, durante la última legislatura algunos responsables políticos han presionado para que se aceleraran las pesquisas de la Operación Gürtel, que investiga la presunta financiación ilegal del Partido Popular.

En medios del PP viene comentándose que pocas cosas podrían hacer tanto daño a Rajoy en vísperas de las elecciones generales como que Rodrigo Rato o algún otro antiguo dirigente del partido corroborara la autenticidad de algunos de los hechos reflejados en la contabilidad b del PP.

Jorge Fernández Díaz es de todos los miembros del Gobierno el más estrechamente vinculado a Rajoy, pues no en vano trabajó directamente a sus órdenes durante ocho años como Secretario de Estado en los ministerios de Administraciones Públicas, Cultura y Presidencia.

Foto: Ministerio del Interior / Flickr

 

Varapalo judicial para Ruz y la Fiscalía Anticorrupción por la investigación suiza de la Gürtel

Madrid 15/10/2013     TRIBUNALES Imagen del juez Ruz p˜r la calle de Goya en Madrid en un receso del juicio de Pescanova Foto de AGUSTIN CATALAN

La investigación está cerrada. Así que ni los fiscales, ni la policía ni el abogado del Estado pueden realizar nuevos informes para buscar datos de Luis Bárcenas en Suiza. Y menos enviarlos a la justicia helvética. Ni siquiera para convencer a sus colegas de que levanten el veto sobre las pruebas contra el ex tesorero del PP, que llegó a esconder 47 millones en el país helvético.  Además, Bárcenas ha pedido que se investigue a los fiscales.

Madrid 15/10/2013     TRIBUNALES Imagen del juez Ruz por la calle de Goya en Madrid en un receso del juicio de Pescanova Foto de AGUSTIN CATALAN
El juez Pablo Ruz.

La investigación está cerrada. Así que ni los fiscales, ni la policía ni el abogado del Estado pueden realizar nuevos informes para buscar datos de Luis Bárcenas en Suiza. Y menos enviarlos a la justicia helvética. Ni siquiera para convencer a sus colegas de que levanten el veto sobre las pruebas contra el ex tesorero del PP, que llegó a esconder 47 millones en el país helvético.

La decisión fue tomada el pasado 3 de junio por la sección cuarta de la sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Y supone un serio revés tanto para el juez Pablo Ruz, instructor de la causa durante los últimos cinco años, como para la Fiscalía Anticorrupción, que el pasado 16 de abril y bajo el amparo del magistrado, intentó remitir una nueva comisión rogatoria a Suiza, ahora revocada.

El entuerto judicial -que complica además la utilización de la principal prueba de la causa contra Luis Bárcenas- arrancó el 2 de abril de 2014, cuando la Audiencia Nacional solicitó datos de varias cuentas bancarias del ex tesorero del PP en Suiza. En respuesta a su petición, el Juzgado de Instrucción número 5 recibió una montaña de extractos bancarios; la prueba de que Bárcenas llegó a esconder 47 millones de euros allí. La petición se fundamentó entonces en un presunto delito fraude fiscal. Algo que no existe para la Justicia helvética.

Aun así, el 14 de abril de 2014, la Oficina Federal de Justicia suiza autorizó de forma expresa a la Audiencia Nacional a utilizar los datos. Algo que Bárcenas recurrió en territorio alpino. El ex tesorero del PP contrató a unos abogados sobre el terreno y, mientras en España clamaba colaboración, en Suiza intentaba poner palos en la rueda.

Seis meses después, el Tribunal Federal Penal de Berna le dio la razón y revocó la autorización para usar los datos a los tribunales españoles. Así, las pruebas de que Luis Bárcenas ocultó más de 40 millones al fisco español existen, pero la Audiencia Nacional no puede utilizarlas.

Investigación contra las fiscalas

La decisión de impedir el uso de la documentación bancaria llegó en noviembre de 2014. Y fue una medida cautelar. Desde entonces, la justicia helvética deshoja la margarita sobre si permite o no a España utilizar los datos. Falta la decisión final sobre el caso. El 5 de enero de este mismo año, Suiza ofreció a los fiscales españoles la posibilidad de ampliar la información contra Bárcenas; de aportar nuevas pruebas en su contra que -esta vez sí- sean consideradas un delito en su país.

La Fiscalía Anticorrupción se puso entonces a trabajar. Y comenzó a elaborar un informe; un escrito de 27 páginas que relata cómo Bárcenas y otros cinco imputados -los empresarios Francisco Correa y Pablo Crespo, el ex consejero Alberto López Viejo y los ex alcaldes Guillermo Ortega y Arturo González Panero- utilizaron presuntamente facturas falsas, amaños contables y otras operaciones opacas para mover su dinero lejos de los ojos de la hacienda española.

Sin embargo, en mitad de este proceso, sin decisión en firme sobre las pruebas contra Bárcenas y pese a tener este importante fleco judicial abierto, Pablo Ruz dio por terminada la investigación del caso. El pasado cinco de marzo, un mes antes de dejar su puesto en la Audiencia Nacional, el juez decretó la apertura de juicio oral, sentó en el banquillo a cuarenta personas. Y cerró la puerta a nuevas investigaciones en esta causa.

Pese a la decisión judicial de terminar con el caso -o al menos con la primera parte, llamada Época 1- varios responsables judiciales españoles se reunieron una semana después en Suiza con sus homólogos helvéticos. La reunión se mantuvo en secreto y no fue comunicada al resto de las partes. Sin embargo, las defensas de los principales imputados consiguieron pruebas oficiales de que la reunión se produjo. Y han recurrido ante la Audiencia Nacional también este movimiento, arguyendo una importante merma en su derecho de defensa.

Los abogados de Luis Bárcenas han solicitado incluso la apertura de una pieza separada para investigar quién o quienes estuvieron presentes en la reunión, celebrada en Berna. Los primeros autos judiciales normalizan el encuentro como una reunión más de cooperación entre fiscales. Sin embargo, el acta de la cita -aportada el 2 de abril por los fiscales helvéticos a los abogados de Bárcenas en Suiza- revela que el único tema tratado en la reunión fue la documentación bancaria del extesorero del PP.

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Luis Bárcenas.

Reunión secreta

El 16 de abril de 2015, la Fiscalía Anticorrupción presentó en el juzgado su escrito con nuevas pruebas sobre la presunta ocultación de fondos de Bárcenas en Suiza. Y sustentó su nueva petición sobre las presuntas falsedades en documento público realizadas por Bárcenas; algo que la justicia helvética sí contempla. Un día después, es el propio Pablo Ruz quien autoriza la comisión rogatoria a Suiza número 51, que incorpora el nuevo informe elaborado por la fiscalía y solicita de nuevo, esta vez con más datos, la autorización para utilizar en España los datos bancarios de Luis Bárcenas.

La decisión judicial supuso desde el primer momento una cascada de recursos. Afectados como Bárcenas o el financiero Ivan Yañez entienden en sus escritos que el informe de la fiscalía es fruto de la reunión mantenida en Berna. Una reunión a la que no tuvieron posibilidad de asistir. Y que además llega tarde, ya que la causa está oficialmente cerrada.

En un primer momento, el actual instructor del caso, el magistrado José de la Mata, mantuvo el criterio de Ruz y rechazó los recursos presentados por las defensas. Pero ahora, la sala cuarta de lo Penal ha utilizado la doctrina contraria. Y deja sin efecto tanto el informe de la fiscalía como la nueva comisión rogatoria enviada a Suiza.

“No solo ha finalizado la fase de instrucción, sino que se ha presentado escrito de acusación, se ha dictado el auto de apertura de juicio oral y el procedimiento solo pende de la aportación del escrito de la defensa”, explica el auto que tumba la decisión aprobada por Ruz. “Lo que parece exceder del momento procesal actual es que la incorporación de lo remitido, vía comisión rogatoria, de lugar a una de las partes a la emisión de un nuevo informe dando la posibilidad de reabrir la fase de investigación, ya precluída”, concluye el documento, firmado por los magistrados Ángela Murillo, María Teresa Palacios Criado y Juan Francisco Martel Rivero.

Carta fiscales suiza

El cuerpo del delito

El cuerpo del delito

Dice Juan Antonio Ortega en el epílogo de su admirable Memorial de transiciones que “en la época democrática han subsistido las redes de favoritismos clientelares bajo la capa de la estructura oligárquica partidaria, con sus comisiones, cohechos, mordidas o coimas, todo disimulado bajo el lindo velo del patriotismo grupal de los nuestros o protegido por una omertà casi mafiosa”. Sobra el “casi”.

Dice Juan Antonio Ortega en el epílogo de su admirable Memorial de transiciones que “en la época democrática han subsistido las redes de favoritismos clientelares bajo la capa de la estructura oligárquica partidaria, con sus comisiones, cohechos, mordidas o coimas, todo disimulado bajo el lindo velo del patriotismo grupal de los nuestros o protegido por una omertà casi mafiosa”. Sobra el “casi”.

A la vez que saquean la finca los mafiosos pagan a sus comisarios mediáticos para que mantengan narcotizado al perro guardián. El duopolio televisivo acaba de liquidar a uno de sus periodistas más brillantes e incisivos con un comunicado delatoramente escrito con la peor lengua de trapo de la política. A la vez los diarios gubernamentales han tenido suerte de que el auto mediante el que el juez Ruz cierra dos años de investigación sobre los llamados papeles de Bárcenas, haya quedado emparedado entre las elecciones que mantendrán postrada a Andalucía pero abren horizontes de cambio para el conjunto de España y la tragedia de los Alpes que primero encogió el corazón a cuantos cruzamos los cielos de Europa y ahora nos asoma al agujero negro de la psique humana.

Ese solapamiento informativo ha enmascarado el bajonazo ratonero con que portadas y editoriales han fingido ignorar el mastodonte que ha parido la montaña judicial. Ni los marianistas de derechas, ni los marianistas de centro, ni los marianistas de izquierdas han tenido ese mínimo de dignidad intelectual que requería la ocasión y les obligaba a pedir la dimisión fulminante tanto de aquel cuya estabilidad rentabilizan -ser gubernamental es hoy un negocio- como de todos los demás dirigentes del PP políticamente afectados por las demoledoras conclusiones del instructor.

Como ya ocurriera con la investigación de los crímenes de los GAL este es un asunto transideológico en el que la línea divisoria vuelve a estar entre los muchos que proporcionan lectores al poder y los pocos que siempre hemos intentado dar poder a los lectores. He de reconocer que me siento orgulloso de que mi nombre aparezca de nuevo en un texto judicial de tanta trascendencia, por mor de mi contribución como periodista y ciudadano al esclarecimiento de los hechos. Concretamente en el folio 130 del auto cuando el juez establece que “los soportes documentales originales aportados a la causa por el testigo Pedro José Ramírez Codina” figuran entre los elementos que le han permitido “racionalmente concluir” que el PP mantuvo durante casi veinte años una caja B que se nutría del dinero negro que entregaban en mano los adjudicatarios de obra pública y servía para pagar campañas electorales, sobresueldos de cargos del partido y todo tipo de amenidades.

O sea, lo contrario de lo que el presidente del Gobierno ha mantenido estólidamente una y otra vez desde que el 2 de febrero de 2013 comprometió sin ambages su palabra: “En este partido no se pagan cantidades que no hayan sido registradas en la contabilidad ni que de cualquier manera sean físicamente opacas. No es cierto que hayamos recibido dinero en metálico que hayamos ocultado al fisco”. Hétenos aquí en la Aldeanueva de Ebro del Estafermo. La cita de las tres mentiras, a la luz del auto del juez: el PP sí pagaba cantidades no registradas en su contabilidad oficial, el PP sí recibía dinero en metálico -billetes en sacos, bolsas y maletines- y el PP sí ocultaba ese dinero al fisco.

El cuerpo del delito
Ilustración: JAVIER MUÑOZ.

Se dice pronto: casi dos décadas haciendo trampas, engañándonos a todos, alterando el juego limpio en la política, mediante prácticas amén de ilegales abiertamente gansteriles, pues ¿qué era eso sino una mutación sofisticada del negocio de la protección mafiosa? No me extraña que no haya podido establecerse el vínculo del cohecho entre cada entrega de dinero y cada contrato: cuando alguien es cliente de una familia del hampa, el pago siempre es a bulto y el amparo también. Resulta frustrante, eso sí, que como ya ocurriera en la acera de enfrente con el caso Filesa, los sometidos a esta servidumbre voluntaria a costa del contribuyente -la corrupción política se repercute siempre en el precio- vayan a quedar impunes, pues ningún empresario corrompido se sentará en el banquillo. Razón de más para ser implacables en la exigencia de responsabilidades a sus corruptores.

Ya no es un “delincuente”, al que sus otrora jefes, amigos y protectores despojaron de la presunción de inocencia para arrojarle a una mazmorra como preso preventivo, quien acusa. Ya no es un periodista indeseable, compendio de todas las taras y movido por los motivos más espurios, quien le da crédito. Es el juez instructor -o sea la Justicia- quien, tras interrogar a decenas de testigos y practicar centenares de diligencias, concluye que lo que dice el ex-tesorero respecto a la financiación ilegal del PP, tal y como quedó reflejado en mi Carta del Director del 7 de julio de 2013 Cuatro horas con Bárcenas, es verdad; y que los apuntes de la Caja B que entregué al día siguiente en el juzgado y sobre los que declaré ante Su Señoría tres días más tarde, son auténticos.

Es cierto que, aunque Ruz da por adverada esa documentación y pone múltiples ejemplos de entradas y salidas comprobadas por otras vías, no desciende al detalle de acreditar cada asiento por separado. Entre otras razones porque la mayoría de ellos o bien son penalmente inocuos o corresponden a hechos en los que el delito habría ya prescrito. De ahí que no podamos decir que el juez afirme que Rajoy tuvo los santísimos huevos de cobrar sobresueldos cuando la ley se lo prohibía expresamente por ser ministro, pero la única alternativa a esa certeza -que hubiera implicado su destitución infamante de haberse sabido a tiempo- consiste en pensar que Bárcenas y, atención, Lapuerta -que ahí están sus visé y por eso Ruz le lleva también al banquillo- entreveraban sus apuntes veraces con algunas invencioncillas malévolas -venga, vamos a ponerles unos miles de euros a Javier, a Rodrigo o a Mariano- con la intención de poder difamar a sus jefes dos décadas después.

O el loro era tan gilipollas que no se enteraba de nada de lo que sucedía alrededor y en su nombre, o el loro estaba metido hasta la última pluma en la repelente pomada”.

Que cada uno piense lo que quiera porque lo esencial no es que el loro se zampara su chocolatina sino que estaba delante mientras en la habitación sucedía de todo. Si Aznar, Cascos y Acebes siguieran en la política hoy pediría que abandonaran todos sus cargos. Puesto que son Rajoy, Arenas y Cospedal quienes perviven, no queda otra que aplicarles el mismo rasero y advertir que nadie con convicciones democráticas puede respaldar al PP mientras sean ellos quienes lo representen. Porque una de dos, a cual peor: o el loro era tan gilipollas que no se enteraba de nada de lo que sucedía alrededor y en su nombre, o el loro estaba metido hasta la última pluma en la repelente pomada.

Los sumisos óvidos del grupo agropecuario popular se aferraron a la primera opción aclamando a Rajoy en el pleno del 1 de agosto cuando después de llamarme “tergiversador” y “manipulador” -los Dámasos y Gerardos se frotaron ese día las manos- proclamó aquello de “me equivoqué”. Grande es Dios en el Sinaí y más grande aun el Jefe en sus equivocaciones. Confió en un sinvergüenza y ahora lleva la cruz a cuestas. ¿Qué menos que hacer todos piña en rededor como fieles cirineos de la cofradía de la Santa Lista Cerrada y Bloqueada? Esta seguía siendo de hecho la trinchera de María Dolores de las Mentiras, Hernández, Floriández y demás portavoces del partido: si es que había una caja B, era de Bárcenas.

Pero al margen de que Lapuerta empiece por L, el auto de Ruz pulveriza esta penúltima coartada. Nada menos que 57 folios dedica a reconstruir con minuciosidad de entomólogo y precisión quirúrgica, planta por planta, revestimiento por revestimiento, falso techo por falso techo -y vaya que si los había- cómo se utilizó la caja B para financiar la remodelación de la sede de Génova. ¿Si el dinero negro fuera suyo por qué iban a ser el tesorero y el gerente tan altruistas como para dedicar cerca de un millón de euros a que la moqueta resultara más mullida, la climatización más eficiente y las terrazas más anchas de lo oficialmente presupuestado? Sólo cabría la hipótesis de que esos dos “empleados” del partido -así los caracteriza el auto- fueran en realidad los propietarios de Génova 13 y estuvieran invirtiendo en revalorizar su patrimonio para cobrar un alquiler mayor al inquilino.

Perdón, se me ocurre otra posibilidad cuyo desarrollo cedo con mucho gusto a esos colegas que antes o después tendrán que dejar de hacerse los autistas y argumentar una posición editorial a la altura de la gravedad de los hechos. Y es que, tratándose de lo que se llama hoy en día un “edificio inteligente”, todo haya sido cosa del propio inmueble. ¿Existe acaso otra actividad a la que se dedique más “inteligencia” en la España sacamantecas de los impuestos astronómicos que la de defraudar a Hacienda? Si lo hacen las personas físicas, si lo hacen las personas jurídicas, si lo hacen los dioses del balón y los clubes de fútbol, era cuestión de tiempo que por una simple cuestión viral comenzaran a hacerlo los edificios que, como en el planeta de Goomer que dibujaba Ricardo Martínez, de vez en cuando piensan y adquieren vida propia.

Pronto comenzarán a proliferar las inspecciones a los bloques de viviendas, las paralelas a los rascacielos y las complementarias de palacetes, chalés de lujo y demás mansiones. Pero no adelantemos acontecimientos ni pongamos en marcha el ventilador de la basura. El caso concreto es que el edificio inteligente este se ha pasado de listo y le han pillado en orsay. ¿A qué esperan los marianistas de derechas para pedir la imputación de don Génova 13, los marianistas de centro para reclamar la retirada del pasaporte u otras medidas cautelares y los marianistas de izquierdas para exigir que se dicte prisión sin fianza, previa exhibición del reo esposado, para que tome buena nota la comunidad inmobiliaria?

“Planta Séptima, lo entiendo. Sé fuerte. Mañana te llamo”. Esta es de verdad la última explicación que le queda al PP: fue el edificio. Es cierto que corre el riesgo de que igual que se reclama que no haya imputados en las listas, cunda la moda de que tampoco se toleren actividades políticas en inmuebles investigados por un juez. Pero a grandes males, grandes remedios. Habría llegado la hora de deshacerse a la vez del criminal y del cuerpo del delito. Bastaría declarar el edificio en ruina -moral-, proceder a su demolición para que no quedara piedra sobre piedra, recalificar el terreno, subastar entre Villar Mir, Del Rivero y García Pozuelo una licencia de obra para construir apartamentos y, plusvalía mediante, trasladar la sede del PP a un espacio de la zona norte que incluya una ciudad deportiva para jóvenes canteranos.

¿Regeneración? ¿Refundación? ¿Catarsis? Para qué meterse en mayores jaleos, si la opinión publicada se conformaría con una mudanza.

El PPP

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Ahí les tenéis. Fijaos en esos púgiles paradójicamente próximos, en esa pamema de pugna en el pantano, en esa pareja promotora del pánico, en esos pícaros de un poder polarizado…

Ahí les tenéis. Fijaos en esos púgiles paradójicamente próximos, en esa pamema de pugna en el pantano, en esa pareja promotora del pánico, en esos pícaros de un poder polarizado, en ese pertinaz pedrisco de paráfrasis, en esa patota de propaladores de ponzoña, en esos puritanos del punzón y del puñal, en esos parlanchines puteando al personal, en esos perseguidores de plumíferos polémicos, en esa patología popular o populista, en ese priapismo palabrero prendido de la puñetera pantalla de plasma que nos pringa de prosopopeya en el papeo.

“En las próximas elecciones habrá dos opciones: PP y Podemos”. Hacía tiempo que no se descorchaba tanto champagne en la Moncloa como cuando llegó la portada del pasado domingo de El País con esta declaración de Pablo Iglesias. El Estafermo y su indescriptible equipo de colaboradores -el más mediocre que jamás ha acampado por ahí- tenían al fin una expectativa que celebrar. Si la gente termina por creer eso, estamos salvados. Incluso a María Dolores de las Mentiras se le apartó fugazmente el vinagre de la faz.

Camino de consumir la mayoría absoluta más yerma de la historia de la democracia -hasta su preterido patriarca pregunta si de verdad quieren ganar-, el partido del Gobierno no tiene de hecho otra estrategia para el vertiginoso año electoral en ciernes sino el estímulo del miedo a la banda del Coletas. In fear we trust. El eslogan le va a Rajoy como anillo al dedo. Son tantos sus fracasos, traiciones e incumplimientos que sabe que lo único que puede sacarle de los pies de los caballos de las urnas es que los ciudadanos acudan a votar embargados por un sentimiento más fuerte que la irritación y el ansia de desquite.

Nada le beneficiaría tanto como que un nuevo Ramiro de Maeztu pudiera revalidar aquel atroz diagnóstico de la topografía política de hace un siglo: “Ahí las tienen ustedes, son dos Españas, contrarias, antagónicas, colocadas frente a frente”. Nada como ese frentismo cainita podría favorecer a un egoísta incompetente empeñado en rehuir toda asunción de responsabilidades políticas. Nada como el fantasma revolucionario de las expropiaciones, las ocupaciones de fincas, el reparto de la propiedad y la riqueza, los impuestos estratosféricos, la suspensión de pagos del Estado, el corralito financiero, los topes salariales… para que una aturdida clase media se tapara la nariz, soslayara la cuestión previa de la corrupción y los SMS que le dieron amparo y viera un valor refugio en este PP inmovilista y romo.

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“…el presentido pluralismo primaveral es suplantado por la pasmosa pareja pragmática de polka, pericón o pasodoble…” | Ilustración: JAVIER MUÑOZ

De ahí que la consigna mediática haya sido dramatizar el irrelevante encuentro del retirado Zapatero con Iglesias.  Si Podemos sigue comiendo terreno a los socialistas gracias a los dos metros de apolínea torpeza del pobre Pedro, vaya poste, y llega a ser percibido como aglutinante de una izquierda rupturista -mira por donde quienes tanto clamaban contra el bipartidismo intentan ahora coprotagonizarlo- desencadenaría la carambola anhelada por el gurú de los sobresueldos en B: la voladura del centro como espacio para el voto útil. Tras el error autodestructivo de Rosa Díez, sería más fácil bloquear así el ascenso de Ciudadanos, presentándola como la opción escapista, poco menos que testimonial, de quien toca el violín mientras los bárbaros acampan a las puertas de la ciudad.

De igual manera que un PP en cuya primera línea sigan atrincherados los cooperadores necesarios de Bárcenas, ungidos por los santos óleos de su caja negra, supone un regalo inagotable para Podemos -he ahí la quintaesencia purulenta de la casta-, cuanto más cumpla la guardia de corps de Iglesias con el arquetipo de los jóvenes airados dispuestos a llevarse lo que sea por delante, mejor que mejor para los populares. Si después de que su ninfa sevillana haya propuesto abolir la Semana Santa al modo de los exaltados del Trienio, uno de ellos remedara a Romero Alpuente para proclamar que la “guerra civil es un don del cielo” o a Alvaro de Albornoz para ensalzar el “derecho a la barbarie”, habría repique de campanas en la calle Génova y hasta un Te Deum en el Ministerio del Interior.

Tras su yerma mayoría absoluta, Rajoy no tiene otra estrategia para el vertiginoso año electoral en ciernes sino el estímulo del miedo a la banda del Coletas. In fear we trust”.

Poco ha durado, es cierto, la alegría en la casa del pobre. La ortopédica sonrisa bruñida a toda prisa para la Convención de este fin de semana se les trocó a los marianistas en agrio rictus cuando las fauces de Soto del Real regurgitaron a su cuate y tesorero sano, salvo y cabreado como un oso estepario herido, poniendo el foco en lo que Rajoy le escribió desde la Moncloa. Ese no era el guion. El guión era convertirle en el Hombre de la Máscara de Hierro. En un ciego, sordo y mudo que no recordara ni su propio nombre. Para eso llevaba camino de los dos años como preventivo y no me resisto a reproducir aquí los dos párrafos de prosa psicodélica con los que el director de la cárcel le denegó el mes pasado su solicitud de mantener conmigo una “comunicación ordinaria” a través del locutorio, advirtiendo que prácticamente cada línea contiene gérmenes tóxicos para la sintaxis que pueden causar daños irreparables a la salud gramatical del lector:

“El presente acuerdo se ha adoptado por razones de Seguridad y buen orden del Establecimiento. Don Pedro José Ramírez Codina ostenta de forma pública la condición de Periodista y ha efectuado numerosos artículos e intervenciones sobre la persona de usted, la última realizada a Pedro Aparicio en el medio digital prnoticias.com el día 25 de noviembre del presente”.

“La instrumentalización de la comunicación solicitada tiene en los medios audiovisuales una importante repercusión mediática que favorece y provoca intereses económicos incitadores para otros internos a introducir objetos e instrumentos prohibidos con mecanismos de reproducción y grabación como ya sucediera con el medio televisivo la Sexta y la emisión de imágenes de usted y otros internos en distintas actividades regimentales”.

¡Santa Madonna! Hay que reconocer que la paella de paridas de tal ponencia no desmerece de su prosa de palinúrido parapléjico. Cuando la leí me pregunté si más que por puto periodista pericoloso no me habrían tomado por cirujano: de ahí que el director del penal coligiera que después de aquella “intervención” de amígdalas que a mí me costó el rótulo y a Bárcenas la libertad, tal vez pretendiera extraerle ahora unos cuantos cálculos renales. Tranquiliza, eso sí, saber que quien hable con el colega Aparicio -de la nota se deduce que también pasó por mi quirófano- no puede hacerlo con Bárcenas, que cuanto sale en los medios tiene “repercusión mediática” -cráneo privilegiado- y que no hay nada como una autorización reglamentaria para que enseguida se vulnere el reglamento.

“¿No sería bueno que se comenzasen a emplear en los Ministerios a gentes que por lo menos supiesen ya leer y escribir?”, se preguntaba a comienzos de 1836 en El Español nuestro pontífice, padre y padrino Mariano José de Larra ante una deposición análoga del Director General de Correos. Claro que también reprochaba pocos días después a los actores del Teatro de la Cruz que utilizaran expresiones como incensantementeojebciones o prespectiva, instándoles a cuidar el idioma “sobre todo en noches en que haya público”. Pues eso: dígale, señor director de la cárcel de Soto, a su Director General de Prisiones que le diga al Secretario de Estado, que le diga al Señor Ministro que cuide el dictado de sus arbitrariedades a través de la cadena de mando, sobre todo en días en que lo vaya a leer alguien.

“¿Tiene motivos Rajoy para temer a Bárcenas?”, me preguntó Jesús Cintora en la primera conexión en directo que hizo con la redacción de EL ESPAÑOL colándose por una rendija del boicot de los sorayos. “A quien tiene motivos para temer es a los electores”, le contesté ipso facto. Y no tuve tiempo de añadir -seguro que habrá pronto ocasión- que su último salvavidas son los de Pablemos, que diría FJL.

¿Se imaginan el padecimiento, la pelagrosa pesadilla de tener que vivir en una España en la que hubiera que elegir entre el PP del plegadizo pasmarote y la pantera pendenciera de Podemos?”.

Algo juega un tanto inesperadamente a favor de este presidente pánfilo y panarra, de este parsimonioso y pamplinero papamoscas que más que perezoso es pamposado en su pachorra. Y es que detrás del parloteo de Pablo Pueblo, más allá de la pelambrera y la perilla del profeta también aflora la picara pandereta patrañera. ¿En qué se diferencia la reacción de Iglesias avalando la “honorabilidad” de su hasta ahora pareja Tania Sánchez de la de Rajoy respaldando, mientras pudo, a Ana Mato, excepto en que en Rivas-Vaciamadrid no pastan los jaguares? ¿Qué distingue la negativa de Errejón y sobre todo de Monedero a dar un paso atrás cuando han sido descubiertos -buen trabajo el de El Plural– en situaciones que son la antítesis de la ejemplaridad, de la bunquerización equivalente de aquellos a los que llevan tantos meses azotando?

Frente a la perfidia purulenta de otro Pablo -Escobar- se formó en la Colombia de los 90 una sorprendente amalgama de terrorismo antiterrorista autodenominada los Pepes. Eran los “perseguidos por Pablo” que incluían tan extraños compañeros de cama como los paramilitares, el cartel de Cali o altos mandos de la Policía. Aquí y ahora, si el parto de la prestidigitadora prodigiosa no lo remedia y el presentido pluralismo primaveral es suplantado por la pasmosa pareja pragmática de polka, pericón o pasodoble que forman el plúmbeo y provecto pinchaúvas y el proteico pimpollo proletario, la cacofonía tartamudeará hacia los Pepepes: penosos, pragmáticos postizos… patosos, papagayos, pollastres… pazguatos, petulantes, pedestres.

Dice la académica Inés Fernández Ordóñez que el sonido de la “p” es “uno de los primeros fonemas que adquieren los niños al aprender a hablar y uno de los últimos que se olvidan en los procesos de afasia o de pérdida del habla”. Pero una cosa es que esa letra colonice el  idioma por doquier y otra que nuestra preciosa poligamia política quede engullida por tan pobre y paródico paraguas. ¿Se imaginan el padecimiento, la pelagrosa pesadilla de vivir en una España en la que hubiera que elegir entre el PP del plegadizo pasmarote y la pantera pendenciera de Podemos?

Afortunadamente, como señala el difunto gran poeta y también académico Ángel González Muñiz hay otra consonante -sólo esa- con más capacidad de arrastrar vocablos que la “p”. Se trata de la “c”. La “c” de la cordura, la “c” del centrismo, la “c” de la ciudadanía.