“Lo que ocurre en Cataluña acabará mal por poco bien que vaya”

Corberó desde gruta, higuera. Julia jiménez

Xavier Corberó (Barcelona, 1935) es un escultor cuya obra se ha expuesto en los mejores museos del mundo. Amigo de Salvador Dalí, Man Ray o Marcel Duchamp, habla aquí con soltura sobre sus momentos con ellos, sobre sus obras y sobre el proceso de independencia catalán.

Xavier Corberó (Barcelona, 1935) es un escultor cuya obra se ha expuesto en museos tan importantes como el Metropolitan, el Victoria & Albert o el de Arte Moderno de Tokio. También en espacios públicos de ciudades como Londres, Barcelona, Chicago, Beirut o Dubai. Amigo de Salvador Dalí, Man Ray o Marcel Duchamp, habla con soltura sobre sus momentos con ellos, sobre sus obras y sobre el proceso de independencia catalán.

Hijo y nieto de broncistas, Corberó vive en Esplugues de Llobregat, donde ha ido creando su obra más personal. Su abuelo tocaba el clarinete en el trío de Pau Casals y su padre fundó junto a Llorenç Artigues la Escuela Massana donde estudió el propio Corberó. Completó su formación en el Central School of Arts and Crafts (Londres), donde adquirió un extraordinario dominio del oficio y el rigor por la obra bien hecha. Tras su paso por París, Mendrisio y Barcelona, dio el salto a Nueva York, que era el gran mercado internacional de arte.

Corberó fue quien tuvo la idea de seleccionar las esculturas de los artistas más interesantes del momento para que el Ayuntamiento de Barcelona las colocara en espacios públicos de la ciudad antes de los Juegos Olímpicos de 1992. También diseñó la medalla olímpica y consiguió que el círculo central de la de oro se hiciera con este metal y no con plata dorada como hasta entonces. A Corberó le parecía injusto que después de tanto esfuerzo los atletas recibieran una medalla falsa. Aquel año recibió la Cruz de Sant Jordi que entrega la Generalitat.

A lo largo de los últimos 46 años ha ido creando en el casco antiguo de Esplugues, a modo de testimonio artístico, su principal obra. En 1969 compró una masía del siglo XVII en un terreno de grutas y galerías subterráneas utilizadas ya por los romanos. Poco a poco fue ampliando el terreno hasta reunir casi una hectárea y lo rescató de la especulación. Sus muros llenos de vegetación hacen del carrer de Montserrat el más bonito de Esplugues. Es lo único que ven sus habitantes. Lo que hay dentro es un misterio pues casi nadie ha entrado.

Todo empezó en torno a un patio octogonal que desde una gruta fue elevándose hasta un quinto piso como un caleidoscopio. Con el paso del día, la luz reviste de distintos matices las salas unidas por arcos y escaleras de todo tipo. A través de un patio con cascada, una gran higuera y maravillosas gardenias que Corberó cuida y riega personalmente, se accede a la parte nueva empezada hace siete años donde la escala se amplía y los arcos se multiplican. En total son 12 edificios, 10 frondosos patios y miles de macetas.

Captura de pantalla 2015-09-12 a las 19.10.13Este conjunto monumental es el escenario ideal para mostrar una obra que abarca la arquitectura, la escultura, el paisajismo y la puesta en escena. Corberó es un refinado coleccionista de objetos. En la parte habitada de este espacio, sus esculturas se intercalan con muebles, figuritas, maletas, alfombras en un orden insólito donde todo tiene una intención. “Cuando me preguntan qué pretendo con esto, contesto: siempre he intentado hacer poesía”.

Todo ello se ha financiado con dinero que ha recaudado el propio artista según iba vendiendo esculturas y gracias al mecenazgo de “amigos y enemigos”. 

Hablar con Xavier Corbero es una refrescante lección de vitalidad e ingenio. Es un dandi divertido, valiente y  preclaro. Como decía su amigo el crítico de arte Robert Hughes, su espectro social  y su curiosidad son amplísimos. Hace 35 años le extirparon un pulmón y sigue fumando cigarrillos sin filtro. El médico que le operó en Houston le dio seis meses de vida. Luego le hacía una reverencia cuando iba a revisión porque era su paciente más longevo. A continuación transcribo su testimonio durante nuestra conversación en su casa durante una jornada de verano.

Español y catalán

Los españoles son como los catalanes pero por lo menos se levantan más tarde, porque los catalanes se levantan antes para poder estar más rato sin hacer nada. Los españoles hacen lo mismo (nada) pero se levantan más tarde.

Esto del soberanismo a mí me suena como algo terriblemente pecaminoso. Ser independiente no quiere decir nada ni ayer ni hoy. Samuel Johnson dijo que el nacionalismo era el último refugio de los sinvergüenzas y ésta es la puñetera realidad. Cuando uno es muy nacionalista, es que quiere robar más y no quiere que le robe otro y por eso aquí dicen que todo es culpa de Madrid. Todo lo que se ha robado en la época de Pujol no es culpa de Madrid.

Es triste que sea tan feo todo porque siempre pierden y continuarán perdiendo. Pero estoy seguro de que lo de Cataluña acabará mal por poco bien que vaya. Si empieza mal, acabará menos mal. Pero si empieza bien, acabará muy mal. Y además es raro: ¡España es un sitio tan bonito!

Con Franco yo me sentía muy catalán. Mi madre se murió cuando yo era niño y me acuerdo sólo de una de sus frases: “Sé un buen español y un buen catalán”. Es curioso porque yo pensé: qué tontería, ¿no? Buen español y buen catalán. Me parecía un poco cursi la frase pero ahora la entiendo.

El nacionalismo empezó en el siglo XIX y todo lo demás son inventos. En el siglo XIX, Cataluña era distinta de España. Era más rica porque vendía todo a España, que no tenía nada. Durante la II Guerra Mundial, mucho dinero que salía espantado de Europa vino a parar aquí y a esto lo llamaron la revolución industrial.

Por otro lado se inventaron una nacionalidad, igual que los vascos de Sabino Arana. Aquí todo siempre es un poquito menos aburrido que en el País Vasco porque está el Mediterráneo y los mediterráneos siempre tienen un lado gitano. Había un señor que se llamaba José Pijoán, que es el de la enciclopedia Summa Artis. Un buen día se cansó, se fue a vivir a Suiza y se hizo cuáquero. Entonces fueron de aquí a verle y le decían: “Señor Pijoán, que Cataluña le necesita porque Cataluña sin usted no es Cataluña”. Y él contestó: “¿Cata qué?”.

Las modelos. María Medina

El masajista

Mi masajista era un hermano de San Juan de Dios. Entonces se le puso tiesa y dijo que prefería casarse. Encontró una señora, se casó y fue a decirle a su padre, que era ferroviario en Zaragoza, que se casaba.”Yo estaba ‘acojonao’ porque era religioso”, me dijo. “Llegué allí y mi padre estaba con su boina en la vía y le aticé y él ni caso. Le aticé más fuerte, ni caso. Y le aticé verdaderamente fuerte, levantó la boina y me dijo: ‘¿Sabe lo que me dice? Ahora sabrás lo que es joder sin ganas, hijo”.

No me digas que no vale la pena ser español sólo para oír esto porque es aplastante. Estos detalles surrealistas que tenemos son preciosos. ¿Y queremos prohibirlos? ¿Tú crees que yo dejaré de ser español porque unos cabrones inventen un sistema? No.

Yo no me siento más de aquí que de Asturias cuando estoy en Asturias. Lo que pasa es que de aquí sé más. Hubo momentos después del franquismo en que me emocionaba oír cantar en catalán la sardana La santa espina. Era emocionante porque ya no estaba prohibido. Pero entre que esté prohibido a que sea obligatorio casi prefiero que esté prohibido. Yo quiero ir al fútbol y soy muy del Barça porque es de aquí y yo también. Pero esto no quiere decir que sea idiota, ¿eh? ¡Y también soy del Liverpool!

El otro club de Barcelona es el Espanyol. Lo pensé cuando hablábamos del periódico. Se llama español por algo porque ya entonces pasaba lo mismo: los del Espanyol son traidores a Cataluña. Lo que no sabe nadie, si lo preguntas en serio, es qué es Cataluña. Nada concreto. Porque el reino era de Aragón y Cataluña y el primer condado fue el de Empúries. Esperemos que todo esto no acabe a hostias, que podría.

Puede ser que al final no queden más cojones que traer al Ejército porque pasa otra cosa: a la primera hostia los catalanes se cagarán todos. Yo he vivido aquí 50 años de franquismo. Nací en 1935 y toda aquella gente estaba así [levanta el brazo a modo de saludo fascista] todo el santo día.

En el extranjero

Yo sabía que el mundo no podía ser como Franco lo pintaba. Pero yo nunca fui un exiliado porque pensaba que lo que tenía mérito era estar aquí y no fuera. El champagne allí era bueno y aquí malo y donde había hostias era aquí y no allí. Aquí se hicieron cosas extraordinarias porque la gente trabajó mucho después de la guerra por muy poco y se hizo esta España que hay ahora que, comparada con la de antes, es un milagro.

Yo me fui primero a Suecia un poquito porque me gustaba irme y porque tenía ideas falsas, pero ideas, de que los países nórdicos eran fantásticos. No son fantásticos y no son países: son pueblecitos. Suecia son cuatro gatos, Hospitalet es mucho más importante. Esto no lo sabía. Pero me espabilé con nada, tomaba té con mucho azúcar porque vivía del azúcar. No tenía dinero, no podía volver y me fui a Inglaterra porque tenía un billete gratis del Student Escandinavian Travel Service.

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El orfebre de Londres

A Londres llegué sin nada.

Yo buscaba Londres y no la encontraba. Decían que era una gran ciudad pero todas las casitas eran bajitas y eso parecía San Gervasio o La Moraleja. Un día llegué a la City y allí había un edificio muy grande que ponía Goldsmith Hall. Era la sede del gremio de orfebres y pensé: “Ésta es la mía”.

Tenía unas fotos de unas esculturas pequeñas y pedí ver al director. Le enseñé las fotos y le dije que eran unas obras de seis metros. Esas cosas en una foto no se saben. El tipo se dio cuenta de que yo era gracioso y me invitó a comer. Yo no hablaba nada de inglés. Pero este señor encantador se convirtió en un amigo.

Corberó de joven

Esto es muy inglés. Si les haces gracia por algo y te ayudan, te ayudan. Está todo preparado para funcionar. Aquí está todo preparado para no funcionar. Vender una escultura en Londres quiere decir vender muchas. Vender una aquí es no ver esa escultura nunca más. En Cataluña mucho más que en Madrid. No las ves nunca más. Y si no vas con cuidado, la venden a trozos como si fuera una longaniza o una butifarra.

A aquel orfebre de Londres no le vendí nada. Me hizo una matrícula en la Central School of Arts and Crafts [la Escuela de Bellas Artes más prestigiosa de Londres] y me paseé por Inglaterra yendo a todas las fábricas de platería y orfebrería. Allí aprendí todo lo que quería saber de orfebrería y de cincelado, y trabajé con un platero que es muy famoso ahora y que se llama Gerald Benney. También con un arquitecto que se llamaba Louis Osman y que hizo la corona de la investidura del Príncipe Carlos

Esto también es muy inglés. Me decían: “Vente a Bath”. Y entonces yo me iba a Bath en un coche alquilado gastándome el único penique que había ganado. Sólo tenía unos pantalones cortos como tiroleses y ellos se cambiaban y a menudo se ponían el esmoquin para cenar. Pero el día en que fui yo se vistieron todos de tiroleses. Los ingleses son la hostia. Yo los quiero mucho porque son al revés de lo que creemos aquí: son muy fieles y muy positivos, y pueden ser muy puñeteros. O sea, que tienen morbo.

Un catalán en Nueva York

Lo de Nueva York fue muy rápido. Yo me había prometido que no trabajaría de otra cosa. Pero claro: uno tiene que comprar la piedra y alguien tiene que comprarle la obra.

Entonces yo no tenía para comer, mi hija Ana ya había nacido y la inglesa [la madre de la niña] tenía hambre. Yo era amigo del artista Manuel Viola, que era gitano. Le dije que no quería trabajar pero que se estaban muriendo de hambre aquellas dos. Me dijo: “No te preocupes. Ha venido un americano muy rico que se llama Guasrosh y ya te comprará algo. Está en el hotel Avenida Palace”.

Yo ni me lo pensé. Me fui allí y pregunté por el señor Guasrosh. No existía, naturalmente, pero había un señor muy alto que me dijo: “Perdone usted. Pero yo ayer estuve con el pintor Viola y he oído lo que decía y a lo mejor usted me busca a mí. Pero no me llamo Guasrosh. Me llamo Gordon Washburn y soy el director del Instituto Carnegie”. Chillida, Tapies, Palazuelo… Todos habían salido por éste.

Entonces me dijo: “Mire, no le puedo comprar nada porque no soy rico, pero en cambio me gustaría ver su obra”. Vinimos a Esplugues y me dijo que fuera a verle a Cadaqués porque tenía allí un amigo que se llamaba Marcel Duchamp. ¡Cómo si fuera Pito Pérez! Y además me dijo que había allí un señor que se llama Staempfli que tenía una galería en Nueva York y era de los mejores marchantes del mundo. Me fui zumbando y ya no salí de allí. Me pasé toda la vida con Peter Harnden, que era el catalizador de todas las reuniones en Cadaqués. Bombelli, Man Ray, Max Ernst… Todos eran amigos de Washburn. Los que estaban de verdad aquí eran Duchamp y Dalí.

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El cerebro de Dalí

Es el hombre más inteligente que he conocido, era muy gracioso y muy humilde. Fue mi primer cliente. Yo exponía en la bienal hispanoamericana de Arte en Barcelona y un día me llama un señor y dice: “Alo alo, ici Dalí“.

Yo respondí que era el obispo Modrego, y enseguida colgué porque pensé que era un amigo mío tomándome el pelo. Al día siguiente me fui a Suecia y después de un tiempo hice mi primera exposición individual en Nueva York, donde veía a Dalí casi todos los días. Un día mantuve más o menos esta conversación.

– ¿Por qué viene cada día?

– Porque lo que hace usted a mí me interesa bastante pero es una pena que sea tan maleducado.

– ¿Qué he hecho yo?

– No qué ha hecho, ¿qué no ha hecho?

– ¿Qué no he hecho?

– Pues hombre, darnos las gracias a mí y a mi mecenas Arturo López por haber comprado todo lo que tenía en la bienal hispanoamericana de Arte.

– Es que no me he enterado yo de esto.

El cerebro de Dalí es uno de los cerebros importantes de la historia de la humanidad y estoy muy agradecido por haberle conocido y por que me tuviera una especie de flojera. En Nueva York hacíamos una cena a menudo en el restaurante Laurent.

A veces Dalí traía un invitado de honor. Yo hacía muchas semanas que le quería preguntar cuál era su relación con Picasso y siempre me olvidaba. Vino con Claude Levi-Strauss, que entonces era Dios. Pero yo le quería preguntar por lo de Picasso y le dije: “Bueno, ya hablaremos con este señor tan importante pero usted me puede decir cuál es su relación con Picasso”. Dalí me dijo: “¡Ah muy buena! Yo cada año le mando una postal en julio que pone Juliol, ni dona ni escargol [en julio, ni dama ni caracol]. Si no se la envío, ya sabe como es, me manda espías. Yo lo noto y entonces se la envío. Pero yo le estoy muy agradecido porque me prestó 60.000 dólares para venir a este país y se los devolví todos. Después Gala y yo compramos un cuadro suyo y se lo hemos regalado al museo de Barcelona”.

Yo me quedé calculando cuánto eran 60.000 dólares de 1942, que era mucha pasta. Dalí se dio cuenta de que no les escuchaba ni a él ni a Levi-Strauss y entonces me mira y me dice: “Bueno, hombre, bueno. Casi tots, casi tots“.

Dalí se divertía mucho con Francesc Pujols, un filósofo catalán, y resumía así una línea de su pensamiento: “Los catalanes habremos dominado el mundo cuando entremos en un restaurante y no tengamos que pagar”. A la entrada de su Teatro Museo, escribió esta frase de Pujols: “El pensamiento catalán rebrota siempre y sobrevive a sus ilusos enterradores”.

Era un hombre encantador, muy bien educado y muy gracioso. Una de las últimas cosas  que hizo fue decirme: “¡Oiga! En el sitio éste que he comprado para Gala [el castillo de Púbol] necesito tapar los radiadores. Piense algo”. Unos días después me llama y me dice: “¿Qué? ¿Ha pensado algo? Pues no. Menos mal, porque ya lo he arreglado. Los he pintado al trompe l’oeil y los he puesto delante. Es decir, que para tapar un radiador puso un radiador pintado. Es cojonudo.

El rizo de Duchamp

Marcel Duchamp era muy inteligente. De alguna manera vio venir algunas cosas. En 1906 Duchamp decidió que la pintura de caballete se había acabado y creó otra academia. Pero el mercado ha institucionalizado una academia contra la academia y el urinario se ha convertido en academia. Exponer el urinario en 1906 en Nueva York era una cosa y exponerlo en 2015, otra muy distinta.

Entonces él no pintaba. Sólo pensaba y hacía trabajos manuales. Se podía pasar un año arreglando una persiana que era realmente una obra de arte. Después del urinario, montó una academia más académica que la academia y más hiperrealista que el hiperrealismo porque una mujer [en su obra] era de piel de tocino y parecía una señora. Un buen día le pregunté mientras jugábamos al ajedrez: “¿Tú no tienes ganas de coger una tela y pintar?”. Se quedó serio, le cayeron dos lágrimas, no hubo más respuesta y no insistí.

Corberó desde gruta, higuera. Julia jiménez

El arte de hoy

Le falta oficio pero sobre todo le sobra una cantidad de bluf… Es políticamente correcto. Si tú sabes cuatro cositas y las sabes explicar, explicas un cuadro y un cuadro que se ha de explicar es una mierda de cuadro y así son casi todos.

La universidad es una enfermedad muy grave, sobre todo para el artista. El tío que sale de la universidad y sabe que él es minimal… ¡Es como si las putas salieran un día y supieran que eran putas! Cualquier escenógrafo de ópera lo hace mejor.

Siempre hay alguien salido de la universidad que hace de comisario de una exposición y que se tira al director del museo. Han creado una especie de submundo como el del golf. Es el golf de los que no juegan al golf y no hay mujer de burgués en Cataluña que no tenga tres o cuatro amigos en este círculo.

El marketing ha borrado el cerebro de la gente. Un Picasso ha salido por 150 millones. Un Degas, por 200. ¿Quiere decir que un cuadro malo de Picasso vale 150 millones? Es un sistema en el que todo es mentira. Pero como casi nadie sabe nada, los que saben sólo saben el precio. Es que no saben ni el color del cuadro.

Pensar que Cataluña puede ir mejor solita… ¡Solito no puede ir mejor nada! Ni Cataluña ni Suiza. Es más, yo creo que todos estos estados pequeños tienen una tendencia grave a desaparecer porque si no viven del robatorio no sobreviven. Ni San Marino ni Suiza ni Andorra. Todos viven de robar.

Un juicio gitano

Manuel Viola era un caso. Odiaba a Dalí. Viola era muy inteligente pero Dalí era mucho más inteligente. Dalí no era nada pasional y Viola sí.

La casa de Viola en Ríos Rosas, 54 era una maravilla. Abajo vivía González Ruano y en el cuarto o en el quinto vivía Viola con una niña adoptada que se llamaba Encarnita Heredia. También vivía con la Carmuca, que era francesa y que había sido novia de Picasso, a quien se la quitó Viola. Arriba vivían Camilo José Cela y dos generales de la República con sendos policías en la puerta y una escuela de parteras sin dolor.

Era bastante curioso este sitio. He visto cada cosa… Una vez el tío de Encarnita Heredia se fugó con su cuñada y el juicio gitano se hizo en casa de Viola. Vinieron los gitanos viejos. Unas pintas y una autoridad… Me acuerdo de que el más viejo, el rey, dijo que no le cortaba la oreja al tío de Encarnita porque era guapo y que la cuñada tenía menos culpa que si fuera feo. Total que se quedó con las dos orejas. Pero me he acordado siempre de esto: por ser guapo tenía perdón. Ahora es al revés: si eres guapo, es imperdonable. Esto es otra cosa que pasa con estos soberanistas: ¡Son de un feo! ¡Son impresentables!

Podemos es un poco lo mismo: una cosa populista que quiere decir que el infeliz está contento de joder al feliz y el feo está contento de joder al guapo. La gente ha quedado un poco idiotizada y entonces busca soluciones que no tienen que ver con nada.

Cuando uno visita el castillo de Cawdor en Escocia [donde tengo una fuente de bronce], le dan un panfleto que dice: “Ustedes se preguntarán cómo hemos logrado todo esto. Es muy sencillo: asesinatos, robos y bodas”. Ya está. Aquello me pareció muy bien.

Un niño de la guerra

La guerra puede parecer dramática. Pero para un niño pequeño nada es dramático. Lo que es dramático es aburrirse y los entierros, la muerte y todo esto aburrido no es. Pasa mucha gente. En casa no había nadie. Mi padre estaba en el frente, mi madre se había muerto y con cuatro años me iba al refugio solo. No había nadie más. Mi abuela no sé si estaba. A veces estaba y a veces no. Mi tía era enfermera. El refugio lo bueno que tenía es que estaba justo debajo de casa. Sólo tenía que bajar y meterme. Como era tan pequeño, todo el mundo me quería mucho. A mí me gustaba ir al refugio. Era igual que aquí. Esto de las grutas me ha gustado siempre.

Hay un momento de silencio. Miramos por el ventanal de su cuarto mientras riegan.

Me gusta este árbol muerto, me recuerda que voy yo después de él. Quiero que me metan un poco más allá y que ponga en una piedra: siéntese y no haga cumplidos. El epitafio que más me gusta es uno del cementerio de Carmona: “Aquí sigue descansando Gonzalo”, que no había pegado ni golpe nunca.

Es increíble lo poco que la gente ve. Tengo un amigo maestro de sushi que se llama Yasuda. Lo conocí en un restaurante en Nueva York, luego fue un número uno y se volvió a Tokio. Hace poco le dijeron que yo había cumplido 80 años, tuvo miedo de que me muriera antes de verme y vino de Tokio. Me dio un abrazo, se le cayeron cuatro lágrimas y se fue. Nos despedimos. ¡Es tan japonés!

Balzac dijo una cosa estupenda: sin gran voluntad, no hay gran talento. Muy bonito. Bernard Shaw dijo que los pañales y los políticos se han de cambiar con frecuencia y por la misma razón.

Antes de despedirse, Xavier Corberó recita estos versos de ‘Don Juan’:

“Siempre vive con grandeza /quien hecho de grandeza está.”

La izquierda más radical captura el liderazgo del laborismo británico

El candidato izquierdista Jeremy Corbyn -en la imagen- se ha hecho este sábado con el liderazgo del Partido Laborista británico por aplastante mayoría. El nuevo líder -declarado admirador de Pablo Iglesias y Podemos, activista antinuclear y pro-palestino declarado- ha conseguido un 59,5% de los votos totales, 40 puntos porcentuales por encima de su rival inmediato, Andy Burhnam (19%).

Foto: STEFAN WERMUTH / REUTERS

Jeremy Corbyn, el nuevo líder laborista británico, este sábado en Londres. NEIL HALL / REUTERS

El candidato izquierdista Jeremy Corbyn se ha hecho hoy con el liderazgo del Partido Laborista británico por aplastante mayoría. Este sábado, aun antes de finalizar el recuento y de ser declarado oficialmente como líder del grupo parlamentario laborista, Corbyn ha agradecido el apoyo de los más de 16.000 voluntarios implicados en una de las campañas más heterodoxas que se recuerdan. El nuevo líder ha conseguido un 59,5% de los votos totales, 40 puntos porcentuales por encima de su rival inmediato, Andy Burhnam (19%).

La victoria de Corbyn no ha sorprendido a nadie: los últimos meses de la campaña electoral se habían convertido en un referéndum sobre su persona y sus políticas. Quien fuera el último candidato en hacer pública su intención de unirse a la carrera por el liderazgo, superando apenas el número mínimo de avales requeridos -36 de los 35 que requiere el Partido Laborista-, y con la única intención explícita de “provocar un debate”, se había convertido en el protagonista indiscutible de la campaña.

Asociado al ala más radical del laborismo, Jeremy Corbyn ha dado de qué hablar entre los tradicionales votantes del Partido Laborista  -algo que los rostros conocidos de Yvette Cooper y Andy Burnham no han conseguido- con ideas tan atrevidas como polémicas. A pesar de que mucha de su retórica anti-austeridad y de sus planes de nacionalización de infraestructuras ya habían sido pregonadas por Ed Miliband y su entorno, declaraciones como su intención de no formar parte del Gabinete de la Reina, o la polémica propuesta de vagones separados para hombres y mujeres en el transporte público al más puro estilo de las monarquías wahabitas del Golfo, han avivado la llama que ha movilizado a gran número de simpatizantes, la mayoría jóvenes estudiantes y sindicalistas, que apoya un laborismo más inclinado a la izquierda del espectro político.

Su audacia no ha dejado indiferente a nadie, y mucho menos a los propios representantes laboristas. Al igual que Ed Miliband y su fallido ministro de Economía en la sombra, Ed Balls, Corbyn mantiene una línea dura contra el New Labour de Tony Blair. Incluso ha ido un paso más lejos declarando públicamente la ilegalidad de la invasión de Iraq en 2003 y asegurando que, si se encuentran pruebas suficientes de que el Blair cometió crímenes de guerra, será llevado ante la justicia sin trato de favor.

El discurso de Corbyn se ha centrado a partes iguales en su denuncia del gobierno conservador de David Cameron y su repulsa del New Labour, algo que ha provocado malestar entre las filas laboristas: los otros tres candidatos a la jefatura del partido -Andy Burnham, Yvette Cooper, Liz Kendall- se apresuraron a desautorizarle, y figuras de la talla de sir Alistair Darling, antiguo ministro laborista, o el propio Tony Blair polarizaron aún más la campaña escribiendo artículos en contra de la posible elección de Corbyn. A pesar de que incluso las figuras más hostiles a su candidatura han negado de forma incansable una hipotética ruptura del partido, ya hay rumores de que los vencidos están preparándose para plantar cara al nuevo líder laborista.

Admirador de Pablo Iglesias y Podemos

A espaldas de la prensa, la actitud tajante del nuevo líder durante la campaña ha generado un cierto sentimiento de desasosiego dentro del partido. El propio Corbyn ha sido contundente aun antes de ser declarado vencedor: “No habrá purgas”, declaró intentando acallar los temores ante posibles represalias políticas que están dividiendo el partido.

Declarado admirador de Pablo Iglesias y Podemos, y activista antinuclear y pro-palestino, Jeremy Corbyn era una figura relativamente desconocida hasta que su inesperada candidatura y su carisma le han coronado líder de uno de los partidos progresistas más poderosos del mundo. La situación internacional, especialmente la llamada Spanish Revolution y el mano a mano de Syriza con la Unión Europea, han ayudado a provocar un sentimiento anti-gubernamental en el Reino Unido del que Corbyn ha sabido aprovecharse.

El giro a la izquierda del Partido Laborista no ha sido beneficioso únicamente para él. En Londres, Sadiq Khan, uno de los candidatos más radicales a la alcaldía que deja vacante el conservador Boris Johnson, ha sido elegido para liderar las listas del laborismo; paradójicamente, es el único candidato de izquierdas al que las encuestas señalan con posibilidades de perder ante el Partido Conservador en una ciudad que suspira por volver con los laboristas.

La victoria de Corbyn ha sido favorecida precisamente por la decisión de varios líderes carismáticos y centristas del laborismo -como Chukua Umuna- de no presentarse a las elecciones generales del 2020, que ya dan por perdidas ante la creciente popularidad de los conservadores en los sectores menos radicales de la opinión pública británica.

 

Conservadores ‘votan’ por Corbyn

El discurso radical y anti-austeridad de Ed Miliband, que muchos en el laborismo ya veían con malos ojos, no sólo no consiguió ganar terreno a los conservadores de Cameron: Ed Miliband no pudo parar la debacle en Escocia -tierra tradicionalmente laborista donde los nacionalistas del SNP consiguieron 56 de los 59 escaños parlamentarios- ni consiguió atraer a los descontentos del Partido Liberal-Demócrata, cuyos feudos -se quedaron en 8 diputados de 56- fueron a parar a manos conservadoras.

El giro a la izquierda del Partido Laborista ha sido facilitado por la percepción general de que David Cameron ha sabido hacer lo que Tony Blair hizo en su día: ganarse al centro político y a los indecisos. La victoria de Corbyn parece favorecer tan sólo a los conservadores, quienes, según las encuestas, mantendrían su mayoría absoluta contra Corbyn en unas hipotéticas elecciones generales con gran facilidad.

De hecho, la campaña al liderazgo laborista se ha visto salpicada de curiosos incidentes en los que los conservadores han mostrado su apoyo al candidato izquierdista, con topics en Twitter como #toriesforcorbyn. Candidatos como Andy Burnham y Liz Kendall denunciaron que conservadores se estaban inscribiendo en masa en las filas laboristas para poder votar por Corbyn, algo, no obstante, de lo que no existen pruebas.

El laborismo británico se encuentra en una encrucijada existencial: las zonas consideradas leales al partido -Escocia, el norte industrial, y Londres- están divididas. Mientras que Escocia denuncia la excesiva tibieza del centro financiero londinense, Londres ve con temor un avance en la escena política de quienes considera como “bárbaros del Norte” que puedan hacer peligrar su prosperidad comercial. Los votantes laboristas, como su propio partido, se han polarizado en dos campos enfrentados, una lucha de la que Corbyn ha salido como indiscutido vencedor.

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Francisco Rivas es abogado, experto en Relaciones Internacionales en Oriente Próximo y ha trabajado en la Embajada de España en Omán. También es escritor; su último libro es 1212: Las Navas.

 

Hamlet, una estrella de rock

hamEsta nueva versión de la obra maestra de Shakespeare, interpretada por Benedict Cumberbatch, ostenta el récord de ser el espectáculo que más rápidamente ha agotado sus entradas en la historia del teatro en Londres. Los 100.000 tickets disponibles se vendieron en cuestión de minutos cuando se pusieron a la venta en agosto de 2014, un año antes de su estreno.

hamAlrededor de una veintena de fans hacen cola a las siete de la mañana cerca de la City de Londres en un frío y gris sábado de septiembre. Entre los 20 y los 40 años, alguno mayor, y de varias nacionalidades. Varios han pasado la noche al raso en sacos de dormir. No, no esperan a los chicos de ‘One Direction’, ni a Taylor Swift, ni a ninguna estrella del rock. Buscan entradas para el último montaje de ‘Hamlet’ en el teatro Barbican. La causa de esta expectación sin precedentes para ver el mayor clásico del teatro inglés es su protagonista, el actor de moda Benedict Cumberbatch, que saltó a la fama por encarnar al detective Sherlock Holmes en la aclamada serie de la BBC y ha protagonizado películas como The imitation game (Descifrando enigma en España)”.

Esta nueva versión de la obra maestra de Shakespeare ostenta el récord de ser el espectáculo que más rápidamente ha agotado sus entradas en la historia del teatro en Londres. Los 100.000 tickets disponibles se vendieron en cuestión de minutos cuando se pusieron a la venta en agosto de 2014, un año antes de su estreno. El fanatismo de los seguidores de Cumberbatch, ansiosos por fotografiar y grabar cada uno de sus movimientos como si se tratara de un concierto en un gran estadio, obligó al propio actor a intervenir. Tuvo que pedirles, al salir del teatro tras una de las primeras representaciones a principios de agosto, que no utilizaran cámaras o móviles durante el espectáculo. Las luces desconcentraban al reparto y suponían una experiencia “mortificadora”, les dijo.

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Como es tradición en Londres, incluso en las obras más codiciadas para las que no quedan entradas, el teatro reserva una treintena de tickets que se ponen a la venta cada día a primera hora de la mañana. Así que madrugando un poco y con paciencia (la diferencia horaria con Bruselas ayuda), consigo entradas para ver ‘Hamlet’ ¡por 10 libras! (ni llega a 14 euros).

Y la espera vale la pena. Pese a algunos excesos y altibajos de la producción, creo que Cumberbatch sale airoso y con nota del reto que para todo actor británico supone ponerse en la piel de Hamlet. La obra empieza con el príncipe de Dinamarca solo en escena, ensimismado hojeando lo que parece un álbum de fotos familiar, mientras suena ‘Nature Boy’ de Nat King Cole en un tocadiscos antiguo. Durante los últimos ensayos con público antes del estreno oficial, la directora, Lyndsey Turner, había situado en este momento inicial, como apertura de la representación, el famoso soliloquio del ‘Ser o no ser’. La reacción furibunda de parte de la prensa británica le ha hecho rectificar y devolverlo a su lugar original. Tras ver la obra, el ‘Ser o no ser’ podría perfectamente haber ido al principio, el único momento íntimo de la representación.

Los soliloquios de Hamlet

Porque a diferencia del último Hamlet teatral protagonizado por otra estrella, el de Jude Law en 2009, con una puesta en escena minimalista, el de Cumberbatch es una superproducción teatral con muchos elementos que lo acercan al cine. El decorado, que se revela tras esta escena inicial, reconstruye un enorme salón de un palacio decadente, en azul, con las paredes recargadas de cuadros y espadas, una gran lámpara de cristal y una escalera que da a una especie de balconada. Al final de la primera parte del espectáculo, cuando el rey Claudio ordena la muerte de Hamlet, una fuerte tormenta arrasa el palacio. Tras el descanso, el palacio aparece en ruinas, con las sillas por el suelo y todo cubierto de basura, en la que se entierra a Ofelia tras su suicidio. El vestuario mezcla elementos de época, como los uniformes, con ropa moderna, como vaqueros y camisetas, que permiten a Cumberbatch lucir su buena forma física.

Uno de los mejores hallazgos del montaje es la forma de poner en escena los soliloquios de Hamlet. Una luz blanca se concentra en él, mientras el resto de personajes en la escena quedan en penumbra, en segundo plano, aunque siguen moviéndose e interactuando en silencio, como a cámara lenta. Así, el primer monólogo, cuando Hamlet denuncia que su madre Gertrudis se haya casado con su tío Claudio poco después de la muerte de su padre, se produce en pleno banquete en el palacio con casi todos los personajes en escena. La acción se congela y Cumberbatch se sube a la mesa mientras se lamenta en voz alta. Pero a veces se echa de menos una mayor sutileza. Para mostrar que Hamlet finge estar loco con el fin de desenmascarar a su tío como asesino de su padre, aparece disfrazado de soldadito de plomo y con una especie de castillo hinchable gigante.

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Pero Cumberbatch es tan buen actor que evita el ridículo incluso en esa escena. Lo mejor de su actuación es su versatilidad. En apenas segundos es capaz de pasar sin esfuerzo aparente de un momento cómico, cuando se finge loco, a la agonía y casi la rabia por su incapacidad de ejecutar la venganza por el asesinato de su padre. Su Hamlet es reflexivo pero también un hombre de acción en escenas como el combate de esgrima final con Laertes. Su protagonismo es absoluto. De hecho, uno de los problemas del montaje es que el resto de personajes quedan muy difuminados.

La crítica británica ha sido poco amable con este montaje de Hamlet. Varios medios se saltaron el embargo y publicaron las primeras reseñas del espectáculo incluso antes del estreno oficial. En general, han elogiado la interpretación de Cumberbatch, aunque alguno la considera superficial, y critican sobre todo las simplificaciones y el gigantismo de la producción. El público no opina lo mismo. Tras las tres horas de representación –por cierto, en absoluto silencio y sin que se viera ninguna cámara grabando- aclamaron a los actores, sobre todo, como no, a Cumberbatch. Y a la salida sus fans le esperaban para que les firmara autógrafos, como a cualquier estrella del rock.

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Hamlet se representa en el teatro Barbican de Londres hasta el 31 de octubre. La representación del 15 de octubre se retransmitirá en directo en cines de todo el mundo.

En campaña en el café de Alí

E1 Restaurant-Cafe Horizontal

Ni conservadores ni laboristas prestan atención a los musulmanes británicos. Y sin embargo este jueves su voto puede ser decisivo. Les preocupan menos los problemas globales que la Sanidad o la vivienda. Así lo explican los clientes de este local minúsculo de uno de los barrios más musulmanes de Londres. 

Reportaje gráfico: Miguel Ángel Fonta

Ni conservadores ni laboristas prestan atención a los musulmanes británicos. Y sin embargo este jueves su voto puede ser decisivo. Les preocupan menos los problemas globales que la Sanidad o la vivienda. Así lo explican los clientes de este local minúsculo, situado en uno de los barrios más musulmanes de Londres. 


Al verme entrar por la puerta, Alí desconfía. “¿Esto lo va a leer el gobierno?”, me pregunta cuando le digo que soy periodista.

Alí lleva tres años trabajando en E1, un café restaurante situado a pocos minutos de la estación de metro de Whitechapel. El café, junto con sus dos sucursales en Bangladés, es propiedad de un pariente de Alí. Pero es él quien se ocupa casi siempre del negocio familiar.

“A veces estoy seis meses aquí y seis meses en Bangladesh”, me dice. Ahora lleva siete meses seguidos en este distrito del municipio londinense de Tower Hamlets cuya fama reside en ser el barrio donde cometió muchos de sus crímenes Jack El Destripador.

De los residentes de Tower Hamlets, el 34.5% son musulmanes. La mayoría proceden de Bangladés.

Musulmanes como Alí podrían decidir el resultado de 23 circunscripciones en las elecciones que se celebran este jueves en el Reino Unido. Así lo indican las cifras del Consejo Musulmán del Reino Unido, que advierten que la abstención de los musulmanes ha sido siempre más alta que la del resto de la población. Según datos de Ipsos Mori, el 53% de los musulmanes británicos no votó en las elecciones generales de 2010. Esta vez nadie sabe cuántos irán a las urnas.

Entre Londres y Bangladés

E1 es un café pequeño y un poco oscuro. Se nota que le faltan un par de ventanas. Pero el buen humor de quien lo regenta le da un aire tranquilo y acogedor. Alí es el cocinero pero a menudo se ocupa de servir el café. Abre a las nueve y media de la mañana y echa el cierre a las diez de la noche. Los domingos descansa. “El jefe no tiene dinero para contratar a alguien más y a mí no me importa ayudarle”, explica. “Somos una comunidad muy unida”.

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Musulmanes en el barrio de Whitechapel. / REPORTAJE GRÁFICO: MIGUEL Á. FONTA

De la población bangladesí en el Reino Unido, alrededor del 40% reside en esta zona del este de Londres. Los primeros inmigrantes vinieron a Londres en el siglo XVII. Pero la mayoría llegó aquí después de 1971, cuando se creó el estado de Bangladés.

Los inmigrantes de ese país son una de las minorías más desfavorecidas del Reino Unido. Según el Race Relations Institute, tres de cada cuatro niños de siete años de ese origen vivían en 2010 por debajo del umbral de la pobreza y en uno de cada cuatro hogares no había una sola persona que tuviera empleo.

“Aquí la situación es difícil”, dice Alí. “A los políticos les damos igual. Somos clase trabajadora y una minoría”.

Alí no es el único que se siente distanciado de la clase política. El 29% de los musulmanes que se abstuvieron en 2010 lo hicieron “por desinterés” o “porque no le veían sentido”.

Es un problema que quiere solucionar MEND, una organización musulmana cuyo objetivo es fomentar la participación musulmana en la política. A principios de año, sus líderes llevaron a cabo una investigación cuyo objetivo era averiguar cuáles eran los asuntos que más preocupan al electorado islámico. El estudio culminó con la creación de un Muslim Manifesto: una especie de programa con las principales demandas de este sector de la población.

“Descubrimos que los asuntos que más preocupan a los musulmanes son la creciente islamofobia, los derechos humanos, la falta del trabajo, las medidas antiterroristas y la política exterior del Gobierno inglés”, explica Azad Alí, uno de los líderes de MEND durante una entrevista que tiene lugar en las oficinas de la organización.

Un nido extremista

Algunas voces desconfían del mensaje de MEND. Este artículo del Telegraph dice que la organización es “una fachada para que individuos con opiniones extremistas obtengan influencia política” y acusa a Azad Alí de ser un “extremista” islámico. “La gente que dice estas cosas es la misma que está intentando aislar a la comunidad musulmana con el fin de evitar su participación en la política de Reino Unido”, dice el responsable de la organización.

“Los medios representan a los musulmanes de una forma muy negativa y eso contribuye a la islamofobia”, dice Azad Alí. “En 2010 se descubrió que unos extremistas estaban preparando un atentado contra el Papa y ciertos medios publicaron portadas con titulares proclamando ‘Musulmanes planean matar al Papa’. Nunca hubiesen escrito una portada como ésa sobre ninguna otra religión. Lo único que ha logrado la legislación antiterrorista del Gobierno es contribuir a este ambiente de desconfianza y hostilidad”.

No es la primera vez que surge la polémica al hilo de la legislación antiterrorista. La estrategia Prevent, introducida por primera vez después de los ataques del 11 de septiembre, recibió fuertes críticas de académicos, periodistas y defensores de derechos humanos. La Comisión de Igualdad y Derechos Humanos publicó un informe en 2011 criticando el impacto que esas medidas tenían sobre la comunidad. Muchos jóvenes musulmanes sólo tenían contacto con la policía cuando les paraban por la calle o en el aeropuerto para una inspección.

“Claro que me han parado en el aeropuerto”, dice uno de los clientes de Alí que prefiere no decir su nombre. “Me detuvieron sin darme ninguna razón. Me preguntaron cuántas horas rezaba y me dijeron si iba a la mezquita y si era musulmán”.

En febrero de este año, el Gobierno británico aprobó una nueva legislación antiterrorista cuyo objetivo es “combatir la amenaza del Estado Islámico (…) en el Reino Unido”, según palabras de la ministra Theresa May.

May afirmó en noviembre que se habían descubierto unos 40 complots terroristas desde los ataques del 7 de julio de 2005 y justificó las nuevas medidas diciendo que más de 500 británicos se habían enrolado en las filas yihadistas en Siria e Irak.

Espías en las aulas

Entre los puntos más polémicos de la legislación está la obligación de que colegios, universidades, mezquitas y hospitales colaboren con las autoridades para prevenir el radicalismo. Más de 520 profesores de universidad han firmado una carta protestando contra lo que consideran una amenaza a la libertad de cátedra.

“El Gobierno envía cartas a nuestras mezquitas y les pide que denuncien al Estado Islámico”, me dice el cliente del café de Alí que admite haber sido detenido en el aeropuerto. “Nadie mandó cartas a ninguna iglesia cuando el loco cristiano mató a toda aquella gente en Noruega. A los musulmanes nos tratan como a una comunidad sospechosa”. Le pregunto si se siente discriminado en su día a día y dice que no con la cabeza: “Aquí somos casi todos musulmanes. Somos una comunidad”.

Whitechapel Station

Un piso y una escuela

Al preguntarles por sus problemas, los clientes de Alí no mencionan la islamofobia ni la legislación antiterrorista. Tampoco la política exterior del Gobierno británico.

“Esos son asuntos globales”, dice el responsable del café. “Yo tengo cuatro hijos y vivo en una vivienda social que tiene dos habitaciones. Mi hija tiene 16 años y se está preparando el examen final de la Educación Secundaria. ¿Cómo va a sacar la nota necesaria cuando no tiene una habitación donde estudiar? Mi vida matrimonial se está viniendo abajo por la falta de espacio. Voy al dormitorio y hay cuatro personas. Voy al baño y hay cuatro personas. Se supone que tu casa es tu hogar y tu palacio. ¿Cómo se puede vivir así?”.

La vivienda es un problema que afecta a la mayoría de los musulmanes de este barrio. Según datos del Consejo Musulmán del Reino Unido, quienes vienen de Bangladés son los más proclives a ocupar viviendas sociales. En Tower Hamlets estas viviendas se adjudican según los ingresos y las necesidades de cada familia.

Es un asunto que también preocupa a Farzana, la profesora de inglés que se sienta ahora en el café. “Muchos de mis amigos tienen problemas con la vivienda”, dice. “Presentan solicitudes para obtener una vivienda social pero hay una lista de espera muy larga y ahora mismo no tienen donde vivir. Necesitamos que el Gobierno construya más casas”.

Muchos vecinos tienen otro problema: sus casas están demasiado lejos del colegio de sus hijos. “Ahora mismo las listas de espera para meter a un niño en un colegio de esta zona son de dos o tres años”, dice Ahmed. “Mi hermano viaja durante horas para llevar a sus hijos al colegio y luego tiene que ir a trabajar. Después tiene que ir a recogerlos y casi no duerme por las noches. Cientos de familias tienen el mismo problema”.

Whitechapel Market con The Royal London Hospital de fondo

Sin empleo ni ayudas 

La vivienda no es el único problema de los clientes del café de Alí. A Farzana le preocupan también los recortes sociales. “Cameron ha eliminado muchos empleos y ha reducido los gastos de la Sanidad pública. ¿Y de dónde sacan el dinero? De los inmigrantes. Desde abril quienes vengan a Reino Unido durante más de seis meses tendrán que pagar una tasa sanitaria de 200 libras al año”.

A Usman Alí, que trabaja en una ONG musulmana, le preocupa la educación. “Hasta hace cuatro años los jóvenes que venían de familias pobres podían pedir una ayuda para seguir estudiando. El Gobierno conservador eliminó en 2011 esa ayuda, que usaban el 80% de los jóvenes de Bangladés. También subió las tasas universitarias hasta las 9.000 libras. Una cantidad inalcanzable para muchos de los jóvenes del barrio”.

Mohamed, que estudia en la universidad, está de acuerdo: las nuevas tasas tienen un efecto negativo sobre la comunidad. “Muchos musulmanes no quieren pedir un préstamo con intereses por razones religiosas”, explica. “Tengo amigos que se niegan a pedir ese préstamo y no van a la universidad”.

“¿Ves lo que te digo?”, dice Alí mientras sirve a sus clientes. “No tengo tiempo para discutir sobre leyes antiterroristas o sobre política exterior. Quienes mueren en Irak o en Palestina me dan pena y lo siento por ellos. Pero ya tengo suficiente estrés. Nosotros somos personas normales y hablamos sobre lo que está pasando aquí”.

Dos hijos más

Le pregunto al responsable del café por quién votará este jueves y no lo tiene claro. “Me gusta el plan de vivienda que propone David Cameron”, sugiere. Este programa permitiría a quienes residen en viviendas sociales comprar su piso a un precio más bajo. Ese descuento en Londres rozaría las 100.000 libras. “Con este programa podría llegar a comprarme mi propia casa”, dice Alí ilusionado. “Pero no sé. No me fío”.

A Farzana, en cambio, le atrae el partido laborista. “Me gustan sus propuestas sobre educación y Sanidad. También han prometido construir más casas”. Lo que no le gusta es su líder Ed Miliband. “Tiene una cara rara”, dice entre risas. “No se parece mucho a un líder”.

Quienes desayunan en el café comparten las mismas aspiraciones del resto del electorado británico: una vivienda digna, una buena Sanidad y una educación para sus hijos. Quieren una vida mejor para ellos y para sus familias.

Alí me enseña orgulloso la foto de su mujer y de sus cuatro hijos: tres niñas y un niño de apenas seis años. “Mi hija mayor quiere ser profesora, mi otra hija quiere ser médico”, explica. “Los pequeños aún no lo saben”.

Y sin embargo le preocupa el futuro: “El Gobierno no construye suficientes viviendas sociales con cuatro habitaciones. Sólo hacen pisos con dos o tres”. A Alí le gustaría tener más niños y no le queda sitio. “¡Cuatro hijos son pocos!”, me dice entre risas. “¡Quiero tener al menos seis!”.