El renovador de las letras se hace mayor

Fdez Mallo A

Agustín Fernández Mallo, capitán de la Generación Nocilla, compila dos décadas dedicadas a la poesía, con el inédito ‘Ya nadie se llamará como yo’.

Fdez Mallo, A._ (c) Aina Lorente Solivellas
Agustín Fernández Mallo. (Foto: Aina Lorente)

La muerte. “Cuando alguien muere tienes la oportunidad de que renazca en ti. Empiezas a ver cosas de la persona fallecida que no habías visto. Es un renacimiento, un regalo que el fallecido te hace”. Y así Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) ha dado a luz su nuevo poemario: Ya nadie se llamará como yo (Seix Barral), editado junto a su poesía reunida desde 1998. Cuando alguien fallece, su nombre desaparece pero no su memoria.

 

“La muerte es una fiesta de la objetividad”, escribe en uno de sus versos. Un tema grave sin gravedad. Ni pesimismo. Tampoco se entrega a la fiesta pop como lo hizo en Carne de píxel. El desenfreno irónico del absurdo de la sociedad de consumo se relaja, se atempera y pierde el folclore de la anécdota. “Es un poemario más tranquilo y más grave”, reconoce el cabecilla de la Generación Nocilla. “Quería afrontar el tema de la muerte con mucho menos artificio, a pesar de que está mi voz y mis tics. Hay menos fiesta, menos alardes pop”, añade.

Hay mucha menos ironía, quizás porque me voy haciendo mayor. No quería despistar del tema esencial, la muerte

Aunque siempre hay una grieta por la que se cuela su mundo propio. En este caso, la voz narradora se pregunta, en una iglesia, de qué marca es el agua bendita. La irreverencia Bezoya. Sin broma. “Hay mucha menos ironía, quizás porque me voy haciendo mayor. No quería despistar del tema esencial, la muerte”.

Hace tres años publicó Antibiótico fue la mejor expresión de lo que él llamó la postpoesía y un artefacto muy alejado de Ya nadie se llamará como yo. “Ahora sé que la muerte existe y es analfabeta”, se puede leer en el nuevo libro. Este libro es menos celebratorio, aunque se regodea en la introspección y en el vitalismo, porque Agustín celebra la dimensión mortal. Fuera penas.

La fantasía burguesa

Pero también hay un acercamiento -muy leve- a la realidad de España 2015, algo que ha sorteado hasta el momento. Alguna referencia política se cuela. “Es imposible que no esté el contexto social y político, porque está en todo lo que escribimos. Sé que está, pero no podría decirte dónde está porque no pienso explícitamente en ello. Sí te puedo decir que es la primera vez en todos mis poemarios que cito la expresión clase media”, dice.

El verso es así: “Sólo existe la clase media y lo demás es fantasía estadística”. Y en otro momento del libro: “En el tronco de un álamo del último bosque encuentro una hoz y un martillo, no fueron grabados por una hoz de verdad y un martillo de veras, / creo recordar el abrelatas, la fantasía burguesa que residía en su punta de rayo, eficaz tan sólo en materiales blandos”. Nuevo destello crítico contra el espíritu revolucionario de aquella burguesía que quiso ser clase obrera.

La poesía no puede estar completamente fuera del sistema, porque entonces sería autista. Ahí es donde surgen las metáforas radicales

Habla de fantasía burguesa. ¿Es la poesía una fantasía burguesa? “Claro que sí, de las mayores. La poesía y la estadística”, responde a este periódico. “La estadística es una mentira consoladora muy de la clase media. La estandarización te la da la estadística. Seamos claros: no ha habido ningún poeta analfabeto o sin cultivar. Necesitas una base culta. No creo en ese mito de la idea natural de la poesía”. ¿Y Miguel Hernández? “Yo es que no me creo que Miguel Hernández fuera analfabeto. Eso es un mito del mundo burgués, que creó esta figura heroica para consolarse. Yo soy un burgués y tengo mis fantasías”, explica.

Las fronteras. Llegar a los límites de los mapas de la literatura. No en vano abre el libro una cita del artista Robert Smithson. Agustín Fernández Mallo trabaja desde los límites. Dice que la poesía se encuentra en los límites de cualquier sistema de normas. Escribe para explorar, ni para agradar ni desagradar. “La poesía no puede estar completamente fuera del sistema, porque entonces sería autista. Ahí es donde surgen las metáforas radicales”.

El jefe de los espías durante el 11-M asegura que Aznar le “marginó, manipuló y engañó”

dezcallar2Diplomático brillante y jefe de espías, Jorge Dezcallar denuncia en un libro inédito en nuestro país que Aznar lo “marginó, manipuló y engañó” durante tres días tras el sangriento atentado. “Yo lo que sé es que a mí me llamaron para que dijera una cosa que, en el momento en el que me llamaron, sabían que era falsa”.

Foto: MOEH ATITAR

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El embajador Jorge Dezcallar este jueves en Madrid. / MOEH ATITAR

Jorge Dezcallar sigue como siempre: con pinta de pincel recién salido de la ducha e impecable como el pañuelo que emerge del bolsillo de su chaqueta.

Las arrugas no han hecho mella en él ni por dentro ni por fuera: no hay sombra de esos 70 años que cumple dentro de un mes ni de esas dentelladas que dice haber sufrido en nuestra España cainita.

Haber sido uno de los diplomáticos más brillantes de la democracia -11 años al frente de la dirección general de Africa del Norte y Oriente Medio; gestor político del ministerio o embajador en Marruecos-  no le sirvió de escudo protector para evitar pasillos con el PSOE y con el PP. La última vez, tras la victoria de Mariano Rajoy en noviembre de 2011.  Cuatro años tuvo que adelantar su jubilación porque el ministro Margallo no encontró sitio para él en ningún lugar del mundo para el que entonces era embajador en Washington.  “No soy ni de unos, ni de otros. Soy independiente”, explica el día que sale a la venta su primer libro,  Valió la pena,  (Península), un documento inédito en nuestro país:  por primera vez, un ex jefe de los servicios de inteligencia se lanza a desvelar el engaño “masivo” del que fue objeto por parte de un Gobierno en un momento particularmente duro, con 191 cadáveres sobre la mesa.

Sabe de lo que habla cuando escribe, al final de las  479 páginas que dedica a la vida de “ese chico de provincias nacido en el franquismo” : “Es triste constatar que los políticos en España están todos cortados por el mismo patrón: quieren lealtades acríticas y les agrada rodearse de yes-men”.

“Señor, ha cometido errores graves”

Él no lo es.  Poco antes de abdicar,  en la primavera de 2014,  el rey Juan Carlos le consultó si creía que era realmente tan impopular como decían los medios. Dezcallar fue sincero: “Señor, ha cometido errores graves en un momento en el que la opinión no está para bromas, la gente lo está pasando mal, y esto marca el final de una etapa. Ya no se dejan pasar cosas que antes sí se dejaban. Pero esto no quiere decir que la historia lo vaya a juzgar por esto: la historia lo juzgará por haber posibilitado la mejor época de la historia de España en 300 años”.

Al igual que el Rey con su desafortunado final, Dezcallar no quiere permitir que el 11-M marque una carrera de servicio a España que comenzó a los 25 años.  Este libro se lo debe, dice, a su familia. También reconoce que fue un “elemento esencial” el segundo tomo de las memorias de Aznar aparecido en 2013. En él, el ex presidente del Gobierno se refiere al informe Dezcallar hecho público después del atentado y vierte sobre él la responsabilidad de lo que él considera un “uso partidista” del atentado terrorista.

Valió la pena tiene dos partes muy señaladas. Hay una claramente ligera de recuerdos diplomáticos como los líos logísticos vividos con el inefable Chencho Arias o el embarazoso incidente del bailaor de Hassan II: “Responde a mi deseo de explicar por qué me hice diplomático”. La segunda (capítulos 8 y 9) es oscura como lo fueron los acontecimientos desde su llegada al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en junio de 2001:  el 11-S,  los informes sobre las inexistentes armas de destrucción masiva de Sadam Hussein,  el asesinato de siete agentes del CNI en Irak. Y así hasta el terrible día 11 de marzo.

Ahí está el leitmotiv de la obra:  “El libro de Aznar me hizo pensar que yo tenía una obligación con mi familia, conmigo y con el Centro que he dirigido, en contar cómo vi yo las cosas por dentro, honradamente, desde un punto de vista absolutamente independiente y dar mi visión que es importante porque se están contando muchas medias verdades que están desfigurando la realidad”.

“Es el rey quien me envía a Washington”

Sin ese volumen de Aznar quizá se hubiera sentido sufiencientemente resarcido con la intervención del rey Juan Carlos cuatro años después del 11-M, cuando él ya estaba felizmente trabajando en Repsol y no tenía ninguna intención de regresar a la carrera: “A mi el Rey cuando me llama para ir a Washington, porque es él el que me llama, y me dice: ´Jorge yo quiero que tú vayas Washington porque este país no se ha portado bien contigo, y yo quiero que se te reconozca públicamente tu trabajo´.”

Esta intervención real no está contada en el libro, como tampoco está relatado que Don Juan Carlos quiso que él se quedara al frente del CNI cuando Zapatero llegó al poder.  Bono amenazó con dimitir si Dezcallar permanecía, y de nuevo fue el Rey el que llamó para advertirle de que iban a cesarlo.

Dezcallar quiere ahora destacarlo: “Eso fue bonito por su parte”.  Pero no suficiente.  El libro Valió la pena es un duro J´accuse contra la acción de Aznar y su Gobierno esos tres días aciagos de 2004.

Dezcallar asume su parte de culpa: “El CNI no vio venir el 11-M como al CIA no vio el 11-S, y tiene muchos más medios que nosotros”. Pero quiere que los demás también lo hagan.

¿No ha sido revisado (cleared) por el CNI? “Yo no le he pasado este libro absolutamente a nadie antes de publicar, ni siquiera a mi mujer, porque no quiero que nadie sea responsable de nada”.  Como jubilado, explica, no tiene la obligación de los funcionarios en activo: “No cuento secretos oficiales. Entiendo que un secreto oficial es aquello que afecta al funcionamiento del servicio: a los agentes, a los informadores, a los objetivos, pero el que me hagan a mi una faena no es un secreto oficial. Conmigo se portaron muy mal”.

Hace unos días envió una carta de cortesía al actual director del CNI, Félix Sanz Roldán, y nada más. A Aznar, del que no pudo, dice, ni despedirse, tampoco lo ha llamado. “Nuestra relación no era buena. Luego le he visto, y me he puesto a su disposición, pero nunca nos hemos ido a comer juntos.  Porque él no ha querido. Le mandé una carta de despedida que tampoco me contestó”.

¿Le faltó arrojo para dimitir en esos días?  Por ejemplo, el sábado 13 de marzo cuando, harto de ser menospreciado, se autoinvita a una reunión con Angel Acebes y su número dos, Ignacio Astarloa, en Interior: “Es posible. Ese día, cuando vengo de la conversación con Astarloa,  tengo seis llamadas de [Alfredo] Timmermans [portavoz de Moncloa] para que salga en televisión.  Le contesté así, en voz muy alta: ´Dile al presidente que mi obligación no es salir en televisión, y que no lo voy a hacer´.  A la sexta vez que me llama, le digo haré un comunicado [descafeinado en el que no descarta ninguna de las dos líneas de investigación, ni la de ETA ni la islamista].  Eso efectivamente no complace ni a tirios ni troyanos. Pero que me hagan eso sin decirme que ya estaban detenidos [los indios que vendieron las tarjetas de los móviles] no tiene nombre. Si lo llego a saber, no habría emitido ese comunicado”.

“Ninguneado desde el primer momento del 11 de marzo”

Ese día fue el determinante, pero Dezcallar explica que fue “ninguneado desde el primer momento” del jueves 11 de marzo. “No me invitaban a participar en las reuniones de políticos. Hubo una decisión clara de marginarme. Aquella mañana [11 de marzo] yo estoy reunido con mi gente y no me avisan de esa primera reunión en Moncloa. Después hay otra en Interior y tampoco. Después la furgoneta y nada, no nos lo dicen. Mi gente se pone en contacto con Interior y les cierran la puerta”.

¿Quizá por la sospecha de que era un infiltrado de  Rubalcaba? “Eso es una infamia. Lo mismo me pasó con el PSOE.  En este país si no estás cien por cien con unos estás con los otros.  Yo tengo sentido del Estado, y eso en este país aparentemente no se lleva. Pensar que yo fui desleal al Gobierno es una injuria que no tiene ningún fundamento. Otra cosa es que a Aznar no le gustara lo que yo le decía. Yo empiezo a notar que mi relación con él se enfría a partir de 2002 cuando doy una conferencia en Elcano sobre las armas de Hussein. Es una apreciación que yo tuve. Me dolía cuando él decía que no se guiaba por los informes de los servicios secretos.  Se produce un distanciamiento. Me va preguntando menos.  Nunca me dice lo que tengo que decir pero yo noto que no le gusta”.

¿Le da miedo dar este puñetazo encima de la mesa?  “Digo que me engañaron a mi, me sentí usado y manipulado. Pero te lo diré citando a Artigas,  el padre de la independencia uruguaya: ‘Con la verdad ni ofendo ni temo’. Yo cuento la verdad, yo cuento cómo lo viví yo. No tengo ningún interés político, no aspiro a nada, pero quiero que que no se cuenten cosas que no son verdad: antes de que yo dijera que había sido ETA lo habían dicho el presidente del Gobierno, el ministro del Interior y Ana Palacio se había lanzado a escribir las instrucciones de Naciones Unidas.  No me echen a mi la culpa de eso. Yo acuso de que a mi me manipularon, me usaron, quisieron utilizarme para que les fuera útil en determinados fines que yo ignoro, habría que preguntárselos a ellos. Yo lo que sé es que a mí me llamaron para que dijera una cosa que, en el momento en el que me llamaron, sabían que era falsa. Yo no quiero hacerme enemigos, pero no quiero que se me eche el muerto encima”.

El momento que más le dolió, y más puso en pie de guerra a su gente del centro, fue cuando Aznar decidió dos días después de los comicios desclasificar parcialmente el llamado informe Dezcallar en el que se sugiere la autoría de ETA. Eso, viniendo de un presidente que en 1996 cuando ganó las elecciones a Felipe González se negó a a desclasificar los famosos papeles del Cesid sobre la creación de los GAL: “No se desclasifican  documentos del CNI. Nunca. El no lo ha hace para defender la seguridad del Estado. El lo hace para defender sus vergüenzas y la de los suyos. Y en el centro eso sienta muy mal. Había un malestar terrible”.

Reconoce que podía/debía quizá haber dado el golpe sobre la mesa que está dando ahora con este libro la tarde-noche del sábado 13 de marzo de 2004 después de la conversación con Astarloa.  Pudo más, dice, su sentido del deber: “Había tipos con explosivos por la calle y unas elecciones generales al día siguiente. El bombazo hubiera sido tan grande. La responsabilidad era demasiado pesada”.  Y ante determinados acontecimientos recientes en el CNI, acaba con una  sonrisa,  tan perfecta como el golpe de pañuelo en su bolsillo: “Como escribo en el libro, en el centro no hay cadáveres, si acaso alguna que otra cucaracha”.

 

El Apocalipsis según Salman Rushdie

El escritor publica ‘Dos años, ocho meses y veintiocho noches’, una novela fantástica que reflexiona sobre el fanatismo y el poder de las historias para cambiar el mundo.

Foto:  © Beowulf Sheehan www.beowulfsheehan.com

© Beowulf Sheehan www.beowulfsheehan.com

Hay un hilo dorado y extraordinario que conecta los relatos contenidos en la Biblia y el Corán con las epopeyas griegas, con las fábulas del Panchatantra y con las historias tradicionales contenidas en libros como Las mil y una noches, una conexión en cómo sus enseñanzas fueron transmitidas de generación en generación y terminaron siendo asimiladas, conformando nuestra visión del mundo, el de ayer, el de hoy y el de mañana. O, como reflexiona uno de los personajes de Dos años, ocho meses y veintiocho noches, la nueva novela de Salman Rushdie, “en la forma en que los cuentos estaban encajados dentro de otros cuentos que contenían todavía más cuentos, de tal manera que el cuento se convertía en un verdadero espejo de la vida”. Porque “todas nuestras historias contienen las historias de los demás y están contenidas dentro de narraciones mayores y más grandiosas, las historias de nuestras familias, nuestras patrias y nuestras creencias”.

El problema surge cuando dos narrativas deben compartir espacio y luchan por imponer su visión del mundo. Y si hacemos caso a la tradición popular, desde la literatura apocalíptica a los romances trágicos, todo apunta a que el conflicto acaba en una guerra decisiva y fatal. Y es que hay otro hilo evidente e igualmente fabuloso en cómo, tanto unos mitos como otros, se han valido de la épica, la alegoría y lo fantástico para captar la atención del público. Porque no hay nada como una noble y espectacular batalla entre el Bien y el Mal para encender un fuego, pocas visiones tan inspiradoras como la de dos ejércitos de ángeles y demonios luchando por una civilización que amenaza con hundirse y con dejar paso a una nueva era.

Este es el terreno legendario que Rushdie ha elegido para construir Dos años, ocho meses y veintiocho noches, que en España será publicada el 6 de octubre por la editorial Seix Barral –en traducción del escritor Javier Calvo–, lo que supone la salida del autor de la casa Penguin Random House, que hasta ahora tenía sus derechos de publicación. Un novelón que ya desde su título es un homenaje a Las mil y una noches y que, bajo su apariencia de cuento de hadas, ofrece una bella reflexión sobre el potencial de las ideas para cambiar el mundo y de las historias populares para contarnos quiénes somos y a qué hemos venido a este mundo.

Fe contra razón

Dos años, ocho meses y veintiocho noches arranca en Lucena, Córdoba, a finales del siglo XII, durante el destierro del filósofo Ibn Rushd, conocido en Occidente por el nombre de Averroes y por defender que ni las ideas ni la ciencia debían estar sometidas a Dios. Y recorre, en sus 400 páginas, más de ocho siglos de conflictos en la sombra entre sus herederos y los seguidores del también filósofo Al-Ghazali, que durante la misma época defendió, desde el fanatismo, el sometimiento de la filosofía a la religión.

El viejo conflicto fe contra razón, en definitiva, dos visiones opuestas del mundo que, llevadas al extremo, desembocan en nuestros días –o en un futuro inmediato muy reconocible– en un escenario global y multicultural, marcado por el choque de tradiciones centenarias, algunas de las cuales son capaces de justificar la intolerancia, el miedo, el racismo, el odio hacia el otro, la violencia y la sumisión de la mujer.

El lector asiste en estas páginas al nacimiento y posterior batalla entre dos bandos opuestos, mientras la economía mundial se viene abajo y los presidentes de las mayores potencias son incapaces de reaccionar. Aparecen las plagas, se suceden asombrosas tormentas y surgen fenómenos para los que ni la religión ni la ciencia tienen respuesta.

Algunos personajes comienzan a desarrollar sorprendentes poderes, como levitar o lanzar rayos por los dedos y, como suele suceder en los momentos de crisis, incluso ha surgido un bebé milagroso capaz de marcar a aquellos manchados por la corrupción. “El Azar, el eterno principio oculto del universo, estaba uniendo fuerzas con la alegoría, el simbolismo, el surrealismo y el caos y haciéndose cargo de los asuntos humanos”, escribe Rushdie.

Y, efectivamente, ni ciencia ni religión tienen la respuesta: esto es literatura.

El genio de la botella

Es complicado enfrentarse a Dos años, ocho meses y veintiocho noches sin entender la figura del yinn o genio, presente en Las mil y una noches pero también en el Corán. “Son criaturas hechas de fuego sin humo”, capaces de conceder deseos a los mortales y de volar sobre urnas mágicas. Son seres “caprichosos, extravagantes y juguetones” y no todos saben diferenciar el Bien del Mal.

Rushdie presenta dos mundos separados por un velo: uno es el nuestro, el de los mortales, el mundo “inferior”. El otro es el de los yinn, llamado a veces Peristán o País de las Hadas. Por ellos se mueven distintos tipos de genios, algunos son malvados por naturaleza y disfrutan viniendo a nuestro mundo para poseer y torturar a los humanos. Otros son capaces de amar, de hablar con los hombres y algunos, solo los muy excepcionales, también saben escuchan y pueden aprender de nosotros, especialmente de los más sobresalientes.

Dos años… cuenta la historia de cómo una yinnia, llamada Dunia, también conocida como la Princesa Centella, bajó a nuestro mundo hace más de ochocientos años para caer enamorada de un mortal (Ibn Rushd/Averroes) y parir un número inimaginable de hijos fruto de ese amor. Y cómo volvió, siglos después, para reunir a su prole –los Rushd, nótese la similitud con el apellido Rushdie, luego volveremos a ello– y llevarlos hasta una guerra final que durará dos años, ocho meses y veintiocho noches, es decir, mil y una noches.

Dunia, “que podría haber sido la hermana de Sherezade”, no es sin embargo la cuentacuentos de estos relatos, sino algo más cercano a una diosa de la guerra y el amor (estamos ante un yinn inusual que aprendió a amar a la especie humana precisamente por nuestra capacidad de amar) y ante la matriarca de su propia tribu perdida, su pueblo elegido, un ejército de bastardos dotado de poderes asombrosos para la batalla y cuyos miembros comparten un rasgo físico característico: todos carecen de lóbulo en las orejas.

Frente a ellos, los partidarios del fanático Al-Gahzali están liderados por los llamados cuatro Grandes Ifrits. Solo hay que leer sus nombres para saber el tipo de horror que pueden desatar en el mundo: Zumurrud el Grande, el hechicero Zabardast, Ra’im Bebesangre y Rubí Resplandeciente. Les une su desprecio por los humanos y la sed de sangre.

Su objetivo es extender el miedo y la codicia entre los hombres, que “son las herramientas con que se puede controlar a esos insectos con una facilidad que casi da risa”, según reconoce Zumurrud, que durante un momento de la Historia fue el genio personal del Al-Ghazali. “El miedo empuja a los hombres hacia Dios”, oímos decir al filósofo, convertido en polvo, desde la tumba.

“El miedo era más fuerte que la ética, más fuerte que el discernimiento, más fuerte que la responsabilidad y que la civilización”, reflexiona el encantador jardinero Gerónimo, otro de los muchos personajes de Dos años, ocho meses y veintiocho noches. “El miedo era un fanático, un tirano, un cobarde, un enajenado y una puta”.

Filosofía con Mickey Mouse

La de Rushdie es una carta de amor a la filosofía y a la labor de los filósofos: la existencia de Dios, el papel de la ciencia, las tradiciones y sus tabúes, la distinción mente-cuerpo, la convivencia de dos mundos y el lugar del hombre en el universo son algunos de los temas que Ibn Rushd y su amada Dunia comparten en la cama tras disfrutar del sexo. ¿Qué hay después de un mundo post-ateista, de una sociedad que ha llegado a la conclusión de que su dios es una ficción, una manifestación de la irracionalidad destructiva del hombre?, se pregunta Rushdie en estas páginas. ¿Quizá tras ello nos espera otro relato capaz de contener de forma no conflictiva todos los relatos anteriores? ¿Cuál es el poder sobrenatural de las palabras y los números, qué tiene de mágico una cifra como 1.001?

Pero al mismo tiempo que Dos años, ocho meses y veintiocho noches apuesta por imitar las formas de los textos y leyendas sagradas, Rushdie también es consciente de que vivimos en una época marcada por los relatos fragmentarios y es asimismo un gran conocedor de la vastísima cultura popular generada durante el siglo XX. Y ésta no se reduce a viejas recopilaciones de relatos orales y manuales heredados de nuestros antepasados.

Como especie narradora que somos, los humanos no hacemos sino fabricar nuevos mitos y lo que le interesa al autor de Los versos satánicos es el potencial de las historias para hablar de nosotros, independientemente del formato elegido para contarlo, ya sea un manuscrito hallado, una serie de televisión o las viñetas de un cómic.

En este contexto, no parece tan importante que el general que surca los cielos con un relámpago entre los dedos se llame Dunia, Atenea, Shiva o Thor, el antiguo dios del trueno, que en la última reencarnación de Marvel, por cierto, es una mujer. De hecho, en este contexto en el que las viejas deidades comparten espacio con hombres-murciélago y capitanes superpatriotas, ¿qué diferencia hay entre los milagros y los superpoderes?

Rushdie incorpora y salpica su texto con gran parte de la cultura popular que arrastramos, algunas veces de manera sorprendente. Un ejemplo: a la hora de presentar al temible hechicero Zabardast, no puede ignorar algunos referentes modernos que todos manejamos y asegura que, durante mucho tiempo, al mago se le conoció por la imagen popular de barba larga, bastón y sombrero puntiagudo, de tal forma que “el brujo del que el ratón Mickey fue aprendiz, Gandalf el Gris y Zabardast se habrían reconocido como espíritus afines”.

Luego, prosigue Rushdie para terminar el giro, el malvado brujo se llegó a plantear copiar la imagen del actor de artes marciales Jet Li, aunque finalmente desistió. Para el ateo Rushdie, el dios de Adán y Eva y el supercomputador Skynet de Terminator conviven en el mismo plano elevado, sobre nuestras cabezas, en el cielo, atemorizando a los sufridos humanos.

Ciencia ficción y mil maravillas

Repleta de mil y una historias y de cientos de personajes que se superponen de forma endogámica y hasta incestuosa, Dos años, ocho meses y veintiocho noches se puede leer de muchas formas. Y una de ellas es, claro, a través de la literatura fantástica reciente que se ha ocupado de conflictos parecidos, desde los más épicos –American Gods de Neil Gaiman, que rescata del olvido a las viejas deidades erosionadas por el progreso y les pone a darse guantazos– a aquellos que se centran en la trascendencia de las ideas y en el valor de la cultura para definirnos, como la fabulosa Tiempos de arroz y sal, de Kim Stanley Robinson, que también recorre ocho siglos de historia alternativa a la oficial y que se plantea la más que interesante pregunta: ¿Y si toda Europa hubiera crecido bajo el influjo de los valores orientales, en lugar bajo el amparo de las ideas cristianas?

No es casual que el libro arranque con el grabado El sueño de la razón produce monstruos de Goya, que reza lo siguiente: “La fantasía abandonada de la razón, produce monstruos imposibles: unida con ella, es la madre de las artes y el origen de sus marabillas” [sic].

“Sin duda la ciencia ficción fue el punto de partida” de la novela, ha reconocido Rushdie al New York Times. “Cuando era un crío era un loco de la ciencia ficción. Fue también uno de mis primeros intereses como escritor, solo me ha tomado mi tiempo poder cerrar el círculo y volver al punto de partida”. Y ha sido también una reacción a su trabajo previo, Joseph Anton (2012), su libro de memorias. “Durante dos o tres años me volqué en contar la verdad, y para cuando terminé, estaba harto de ella: basta de verdad, hagamos algo diferente”.

Es normal que para Rushdie también estamos ante uno de sus libros más divertidos. Y que, por encima de moralejas y enseñanzas, el autor quiera que disfrutemos del viejo y maravilloso acto de la lectura, sin distinciones entre alta y baja cultura, consciente de que la literatura sagrada está en el ADN de toda gran ficción y de que las religiones se construyen alrededor de historias no muy distintas a las de los genios y las alfombras voladoras.

Y antes de acabar, volvamos a aquello de la similitud entre Rushd y Rushdie y al juego de espejos entre realidad y ficción. “Conozco a Rushdie desde hace muchos años, antes de la fatwa, pero no consigo recordar si tiene lóbulos en las orejas. Si es el caso, los paralelismos están claros”, reconocía la escritora Ursula K. Le Guin en su reseña para The Guardian, para quien “este libro es una fantasía, un cuento de hadas y una seria y brillante reflexión sobre las decisiones y sufrimientos en nuestra vida, en este mundo”.

Rushdie ha tenido que explicarse al respecto, y con ello ha hecho una sorprendente revelación: que su abuelo no era un Rushdie. Que fue su padre el que cambió el apellido familiar, el que se lo inventó, literalmente, debido a su pasión por el filósofo Ibn Rushd. El hoy novelista no hizo sino contagiarse de ese amor hacia el filósofo y sus ideas y mantener el apellido. Cansado de su biografía y de tanta verdad, hemos de suponer que ha optado por imaginar su propia genealogía, que se remonta a los tiempos ancestrales en que una diosa bajó del cielo y se enamoró de un mortal.

Luis Alberto de Cuenca: “Mas debería leer a Ramón Llull para comportarse como un verdadero caballero”

ESPA—A UIMP. VELADAS POETICAS:CUL24. SANTANDER, 01/09/11.- El poeta, filÛlogo, traductor y ensayista, Luis Alberto de Cuenca quien se encargar· de cerrar la dÈcima ediciÛn del ciclo; "Veladas PoÈticas ", que organiza la Universidad Internacional MenÈndez Pelayo en Santander. EFE/Esteban Cobo.

Foto:  Esteban Cobo/EFE

ESPAÑA UIMP. VELADAS POETICAS:CUL24. SANTANDER, 01/09/11.- El poeta, filólogo, traductor y ensayista, Luis Alberto de Cuenca quien se encargará de cerrar la décima edición del ciclo; "Veladas Poéticas ", que organiza la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander. EFE/Esteban Cobo.
Esteban Cobo/EFE

Luis Alberto de Cuenca (Lora del Río, Sevilla, 1950) lo ha hecho todo. Filólogo convertido en político, poeta con ropa de editor y traductor, humanista con plaza en la Real Academia de la Historia, ha controlado los impulsos culturales del país desde la Secretaría de Estado de Cultura con José María Aznar como presidente (entre 2000 y 2004), después de haber dirigido la Biblioteca Nacional (de 1996 a 2000). Entre todos los oropeles que adornaban su trayectoria como poeta faltaba el Premio Nacional de Poesía, que acaba de recibir gracias a su poemario Cuaderno de vacaciones (Visor). El jurado señala que “constituye una de las aportaciones poéticas de mayor motivación existencia y simbólica en la historia de la lírica reciente en España”.

Es un libro lleno de tembleques, que se agita ante la muerte y la vejez, que ríe con cada amanecer después de haber derrotado a la muerte. De Cuenca tiende a la alegría, a restar gravedad a lo grave sin caer en lo trivial. A pesar de su título, es un libro tragicómico, en el que el autor vibra sobre sus contradicciones -las nuestras-, sin renunciar a la máquina de picadillo pop que ha caracterizado su última poesía, capaz de mezclar la cuenta del supermercado con el pintor de Quattrocento Piero Della Francesca.

El tribunal del Premio habla de la excelencia de su estilo, de la autenticidad de su voz y de la fuerza emocional. Él dice que es un canto a la vacación, a la relajación, un punto de fuga de lo que asedia, una oportunidad para lo que no preocupa. Que por escrito las fobias pierden calibre, que en el papel las amenazas asustan poco. “El hombre es el único animal capaz de reírse y estos poemas tienen algo de sonrisa, de esperanza y desesperanza. La poesía tiene también algo de autoayuda. Puede tener un efecto terapéutico, la poesiterapia”, cuenta a este periódico, sin olvidarse de la otra, la que sume en la desesperación más absoluta. Reconoce adoración por Ángel González y Pepe Hierro.

P. No produce, no es rentable, trata de saltarse las reglas, ¿la poesía es antisistema?

R. No, porque forma parte del sistema de lo humano desde la época sumeria. Lo antisistémico es muy aburrido, porque es delirante pensar que se puede uno sustraer al sistema. Todo lo crea el sistema y es imposible sustraerse a él.

P. Pero se le supone un ánimo crítico.

R. La poesía siempre es crítica, la mía también. No poesía social como la de los años cincuenta y sesenta. La poesía no derriba gobiernos. Pero la actitud del poeta siempre es crítica por su inteligencia. La poesía que yo he elegido es la de la comunicación, la que trata de llegar a un público que no lee poesía. Hay lectores de poesía en potencia en un número mayor de lo que pensamos, me los encuentro en los centros de Educación Secundaria a los que voy a recitar. No hay mediadores que difundan nuestro mensaje. A Pepe Hierro se le podría recitar en un estadio de fútbol.

P. ¿Mejor comunicar que presumir?

R. Uno si tiene la facultad de hacer una poesía comunicativa y fácil y directa.

P. Pero antes, cuando era joven, su obra no era así.

R. Cuando uno es joven todo está enmarañado y lioso y eso es un deslumbramiento tan grande que uno no puede dar títere con cabeza. Creo que en esa maraña del principio está toda mi poesía más reciente.

P. ¿Leer a Tintín le hace a uno estar en contacto con la calle?

R. Tintín es un caso de literatura secuenciada, cómic, absolutamente elitista, que ha llegado a todos los rincones gracias a la línea clara de Hergé. Hergé es uno de los grandes artistas plásticos del XX.

P. ¿Los poetas de España en 2015 son diferentes, el contexto hace al poeta?

R. Los poetas de 2015 son distintos, pero la actitud ante la relación con el mundo es la mismo: el mensaje poético. El mensaje poético es la cursiva de la realidad. Debe insistir en lo que la gente no percibe.

P. ¿Y eso de la “poesía útil”, qué es?

R. Siempre he defendido ese concepto que pretende que la poesía mejore a los lectores. La poesía puede ser muy útil.

P. ¿Podría librarnos de los corruptos?

R. Eso es difícil. De los corruptos no nos librará nadie, porque el hombre incurre por naturaleza en la corrupción. El buenismo ha intentado hacernos creer en el buen salvaje, pero el hombre es proclive a la corrupción. En todos los países hay listillos que quieren forrarse a costa de los demás. No es un fenómeno típicamente español, pero hay que arbitrar las leyes necesarias para detenerles.

P. Usted que ha estado cerca de todos, ¿qué presidente le ha parecido que ha apoyado más a la cultura?

R. José María Aznar. Soy un enamorado, porque intentó hacer algo por la cultura. Por ejemplo, apoyó mucho a la Academia del Cine, pero no hay ninguna placa en la sede Zurbano que lo recuerde. Acepté entrar en política porque en ese momento me divertía probar otra parcela de actuación. Me dediqué con todos mis sentidos a la tarea. Si no hubieran sido años de bonanza me lo habría pensado…

P. ¿Qué poesía le regalaría a Artur Mas?

R. Le regalaría el Libro de la orden de caballería, de Ramón Llull. Un manual fabuloso sobre cómo debe comportarse un caballero, que he traducido al castellano. Para ver si así aprende a comportarse como un verdadero caballero.

P. ¿Y a Mariano Rajoy?

R. Cualquier libro relacionado con el ciclismo, que es lo que más le gusta a Mariano.

P. ¿A Mas le alecciona y a Rajoy le perdona?

R. Es que le tengo mucho cariño y lo que quiero es complacerle.

P. Y en la Academia de la Historia, ¿es más poeta que político?

R. En la Academia soy un historiador de la literatura y filólogo de lenguas clásicas. Soy un fanático de la literatura universal, sé de todas un poco y nada de una en particular. Humanismo contra la hiperespecialización.

P. Su editor habrá mandado una reimpresión de Cuaderno de vacaciones hoy mismo, ¿cree como él que la poesía femenina no es comparable con la masculina?

R. Me gustan mucho las poetas. Amalia Batista y Almudena Guzmán están entre las mejores y comparables con los poetas masculinos. La poesía femenina es mucho más atractiva que lo que le parece a Jesús, mi editor.

P. ¿Es un lugar machista la poesía?

R. ¡En absoluto! Pero si se la inventó Safo. La auténtica lírica nace en Grecia fruto de una mujer. La poesía no entiende de sexos.

 

El monje de Montserrat votó por correo pero no dice por quién

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Bernabé Dalmau es el mayor de ocho hermanos. “A todos los casé yo”, dice con orgullo. No es sólo el sacerdote de cabecera de su familia. Es también uno de los monjes más antiguos de la Abadía de Montserrat, donde vive desde hace 55 años.

Reportaje gráfico: David López Frías

Los otros capítulos de la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla / El exportador de cava

Bernabé Dalmau es el mayor de ocho hermanos. “A todos los casé yo”, dice con orgullo. No es sólo el sacerdote de cabecera de su familia. Es también uno de los monjes más antiguos de la Abadía de Montserrat, donde vive desde hace 55 años.

Bernabé Dalmau (Igualada, 1944) no se moverá este domingo de Montserrat: “Es que yo ya he votado, ¿sabe? Lo he hecho por correo como hacemos las tres cuartas partes de los monjes. Hay un monje encargado de llevar el control de los DNI. Elegimos papeleta, rubricamos con firma electrónica y votamos. Es mucho más cómodo que bajar al pueblo”, explica sonriente.

No se pronuncia sobre sus preferencias políticas ni se presta a pronósticos porque así se lo han pedido desde la dirección de la abadía. Es la única condición que impone Montserrat para la entrevista: “Nada de preguntas sobre la independencia. Son las normas. Montserrat es de todos y no queremos que haya malos entendidos ni discusiones relativas al proceso”.

Yo acepto las reglas. Pero Bernabé no rehúye hablar de las elecciones aunque sea de forma tangencial. “Siempre voto. Con responsabilidad y emoción. No falto a unas elecciones autonómicas ni a unas generales. Yo nací en pleno franquismo por lo que soy un enamorado de la democracia y creo que es un derecho que hay que ejercer”.

Los únicos comicios que se suele saltar son los municipales porque son “los que menos nos afectan”. El monasterio depende de Monistrol de Montserrat, un pequeño pueblo situado a los pies de la montaña. Pero a efectos prácticos se podría decir que es el municipio de Monistrol el que depende económicamente del monasterio. La montaña de Montserrat no tiene ayuntamiento pero genera casi toda la actividad laboral de la comarca.

Monistrol es un pueblo que no llega a los 3.000 habitantes. No tiene industrias ni servicio. Por la Abadía pasaron 2,4 millones de personas el año pasado.

“Muchos de los habitantes del pueblo trabajan en la Abadía”, dice el monje. “Si conocemos a algún concejal del Ayuntamiento es porque trabaja aquí y lo vemos de vez en cuando”.

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Un niño cantor

En Montserrat sólo quedan tres monjes que procedieran de la legendaria escolanía del monasterio. Bernabé Dalmau es uno de ellos. La escolanía es una coral que hace giras por todo el planeta. Su canal de Youtube cuenta un millón y medio de visitas.

“Nací en el seno de una familia muy religiosa, muy cristiana y muy catalana”, explica el monje. “No sé por qué me trajeron aquí a cantar con nueve años ya que nunca destaqué por cuestiones musicales. Pero el hecho es que estuve aquí hasta los 13. El ambiente me pareció tan agradable que empecé a plantearme la idea de ingresar como monje y con 16 años volví para quedarme”.

Dalmau se licenció en Teología y en su proceso de preparación pasó por Estrasburgo y Roma. Con 28 años y ya ordenado sacerdote, volvió al monasterio y se quedó aquí a vivir.

Además de monje es escritor y editor. Empezó a escribir como distracción para pasar los ratos muertos. En 2016 cumplirá 30 años como director de la revista Documents d’Esglesia, una publicación mensual de 64 páginas que se edita desde 1966 y que recoge detalles del mundo católico en catalán.

Dalmau ha escrito una veintena libros, todos ellos de divulgación cristiana. “Siempre tengo tres libros en mente. El que sale, aquél en el que estoy trabajando y el que estoy proyectando”. Es el autor de títulos como Envejecer con dignidad o Manual cristiano de autoestima. Sus dos ocupaciones confluyen y aprovecha muchos de los textos de la revista para sus libros y viceversa. “Es muy catalán esto de aprovecharlo todo”, reconoce con una sonrisa pícara.

Al igual que Bernabé, la mayoría del medio centenar de monjes que viven en el Monasterio estarán pendientes del televisor el domingo para seguir el transcurso de las elecciones. “Claro que tenemos tele, ¿qué se cree? Una sala con una pantalla muy moderna y unos asientos bien cómodos. Tenemos hasta Internet. De hecho, cada monje tiene su propio ordenador para trabajar”, explica con gracia.

“Cada mañana rezamos una plegaria que se transmite por la radio y por Internet”, dice Dalmau. “Fíjese: una de mis hermanas se despierta todos los días escuchándome desde su casa y alguno oye esa plegaria en el coche, de camino a su trabajo”.

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Una abadía menguante

El monje tiene siete hermanos y 22 sobrinos, que a su vez tienen 22 hijos. “¿Curioso, eh? Pues uno de estos pequeños acaba de entrar a cantar en la Escolania de Montserrat en la que yo entré”, dice Dalmau, que no cree que ninguno de estos jóvenes vaya a heredar su vocación.

“En mi época era mucho más habitual hacerse monje”, explica. “Luego llegó la Transición y con ella el Estado del Bienestar y una sociedad más materialista. Cambió la forma de transmitir la fe. Hace ya tiempo que se ha reducido el número de personas que quieren ordenarse sacerdotes. Antes pensaba que tal vez fuese mejor así, que me parecía mejor que fuésemos pocos pero buenos. Ahora pienso que igual somos demasiado pocos”.

Dalmau entiende que este desinterés por la fe es “fruto de una carencia importante de cultura religiosa”. A pesar de esta presunta disminución de interés por la fe entre los más jóvenes, Dalmau no cree que los monjes vayan a desaparecer nunca de Montserrat. Aquí hay monjes de todas las edades. “El más mayor tiene 93 años y es el único que llegó antes de la Guerra Civil. El más joven tiene 23 y la próxima semana recibiremos a unos candidatos que rondan los 40 años”.

La transmisión de la fe es una de las razones por las que la vida monástica atrae cada vez a menos gente. Los horarios de los monjes podrían ser otro de los motivos: “Nos levantamos a las cinco y media y a las seis rezamos la primera plegaria durante tres cuartos de hora. Después tenemos tiempo para una plegaria personal libre que cada uno realiza como cree conveniente. Leyendo, en su habitación, paseando… Así hasta las 7:30, cuando hacemos la segunda plegaria conjunta del día. A las ocho almorzamos. Luego tenemos tres horas de trabajo y a las 11 celebramos la misa de comunidad”.

A esa hora es cuando llegan los turistas y los monjes se retiran a trabajar hasta la una y media, que es cuando se juntan para comer. A las tres hacen otra plegaria y siguen trabajando. “En torno a las nueve y media ya puedes estar durmiendo”, dice el monje. “Como puede comprobar, tenemos un horario bastante europeo”.

“Llevamos en la montaña más años que la propia virgen”, dice Dalmau. “En 1023, el Abat Oliva trajó a este monasterio a los primeros monjes procedentes del Ripollés. Los estudios aseguran que la imagen de la virgen llegó a la montaña en torno al año 1200. Llegamos casi 200 años antes que ella” explica entre risas.

El monje es un ferviente defensor de la ciencia y salpica su relato con datos probados: “No me gustan las leyendas. Soy más de hechos contrastados”.

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Una ‘Moreneta’ blanca

No da por buena ninguna de las leyendas que existen en torno al color negro de la piel de la Virgen de Montserrat, conocida por los catalanes como La Moreneta. “Su color negro se debe a la oxidación del material con el que está fabricada la figura”, dice. “Las sucesivas restauraciones conllevaron que los restauradores pintasen la cara del color que la veían. Como cada vez estaba más oscura, al final la acabaron pintando de negro. De hecho, se sabe que la aplicación de ese color en su cara data de una restauración practicada hace 150 años”. Dalmau apunta una curiosidad: “En el altar de la Basílica de San Pedro del Vaticano hay una figura de una Virgen de Montserrat que procede de Brasil y que es totalmente blanca”.

Dalmau ampoco cree el mito que dice aquí se guarda el Santo Grial. “Ésa es otra leyenda que se popularizó en el siglo XX, pero no he encontrado referencias anteriores. Es algo que procede de la afición de Hitler por Wagner. En su ópera Parsifal hablaba de que un grupo de guerreros protegían el cáliz de Cristo en una singular montaña sagrada llamada ‘Montsalvat’. El parecido con Montserrat y la particular orografía de nuestro monte llevó a los nazis a pensar que aquí podría hallarse el grial. Un día vino Himmler a visitar el monasterio. Lo atendió un monje que hablaba alemán. Estuvieron hablando cerca de dos horas, se dio un paseo por la abadía… y tal y como vino se marchó”.

Dalmau acaba la entrevista y se recoge a sus aposentos para seguir trabajando. Espera con impaciencia los resultados de las elecciones y cree que tendrán mucho seguimiento entre los monjes: “Hay mucho interés por todas las noticias que se producen en nuestro entorno. Recuerdo que nunca se congregaron más monjes en torno al televisor que el 11 de septiembre de 2001, cuando atentaron contra las Torres Gemelas”.

La tele no es uno de los divertimentos preferidos de Dalmau. El monje prefiere acceder  a la información por Internet. Antes de marcharse confiesa: “A lo que no he conseguido aficionarme es a eso [se toca varias veces la palma de la mano con el dedo índice] a eso del móvil”.

Y se despide con una carcajada.

Lee la serie ‘Espejos de Cataluña’:

El rey de los ‘castells’ / El decano de la Boqueria / La sobretituladora del Liceu / El retratista de la Rambla / El exportador de cava

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“Papá, mamá: Me ejecutarán mañana de mañana”

FonsecaHace ahora 40 años cinco hombres fueron fusilados a la madrugada acusados de terroristas. Eran Xosé Humberto Baena, (25 años), Ángel Otaegui (33), Ramón García Sanz (27), José Luis Sánchez (21) y Juan Paredes (21). El periodista Carlos Fonseca recupera su recuerdo en el libro Mañana cuando me maten.

Fonseca26 de septiembre de 1975. “Papá, Mamá: Me ejecutarán mañana de mañana. Quiero daros ánimos. Pensad que yo muero, pero que la vida sigue. Recuerdo que en tu última visita, papá, me dijiste que fuese valiente, como un buen gallego. Lo he sido, te lo aseguro. Cuando me fusilen mañana pediré que no me tapen los ojos para ver la muerte de frente”. Xosé Humberto, de 25 años, escribe a sus padres antes de ser fusilado junto a Ángel Otaegui (33 años), Ramón García Sanz (27 años), José Luis Sánchez (21 años) y Juan Paredes (21 años), acusados de ser militantes del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico) y de ETA, y condenados por matar a cuatro miembros de la policía armada y de la guardia civil.

El periodista Carlos Fonseca (Madrid, 1959) ha recuperado el episodio para dar a conocer a quienes no habían nacido entonces uno de los capítulos más miserables de la dictadura y demostrar que la decisión sobre las penas de muerte fue “arbitraria”. El autor se ha vestido con las ropas de historiador para rastrear el pasado, como los periodistas hacen con el presente, partiendo de documentos, datos y testimonios hasta llegar a la verdad.

“Dramatizo los acontecimientos para conseguir una lectura más amena, esa es la diferencia entre la historia, el periodismo y la narrativa. Mañana cuando me maten (La esfera de los libros) no es un libro académico, pero no está reñido con el rigor”, cuenta el autor, que tocó el éxito hace once años con el libro Trece rosas rojas.

La carta de Xosé Humberto continúa: “Siento tener que dejaros. Lo siento por vosotros, que sois viejos y sé que me queréis mucho, como yo os quiero, no por mí. Pero tenéis muchos hijos, que todo el pueblo es vuestro hijo. Al menos, yo así os lo pido”. No es la única misiva que incluye en el texto, también aparece la de Gregorio Peces Barba explicando por qué no se hace cargo de la defensa.

“No creo que le deje en buen lugar, porque los abogados que los defendieron lo hicieron porque estaban en contra de la pena de muerte. Defenderlos era su deber ético”, señala Fonseca. Pero tanto el PSOE como el PCE dieron instrucciones a sus abogados para no defender a ningún militante de ETA o del FRAP, porque para ellos los atentados no contribuían a poner fin a la dictadura, sino que torpedeaban la apertura del régimen.

“Una victoria de los intransigentes”

Carlos Fonseca reconoce que los historiadores y periodistas no están ceñidos por las mismas condiciones. La diferencia está en el relato. “No estamos encorsetados como lo está el historiador. Nosotros tenemos una voluntad divulgativa. Quiero que la gente se entretenga”, dice. Los historiadores tampoco son amigos de los testimonios, porque a pesar del color y el tono de las declaraciones, desconfían de las subjetividad de las fuentes. “Muchos de los documentos también están falseados y manipulados. De la unión de ambos surge una aproximación a la verdad”.

“¿Recordáis lo que dije en el juicio? Que mi muerte sea la última que dicte un tribunal militar. Ese era mi deseo, pero tengo la seguridad de que habrá muchos más. ¡Mala suerte!”. La frustración de Xosé se mantiene hasta el final de la carta. “Los fusilamientos fueron una victoria de los intransigentes sobre los aperturistas”, sentencia el autor.

Fonseca no lo ha tenido fácil. El acceso oficial ha sido parcial. “Nunca pensé que iba a encontrarme con tantas dificultades”, reconoce. Ni transparencia, ni accesibilidad en los archivos de la represión militar. La documentación que necesitaba estaba depositada pero no para consulta historiográfica. Los papeles que encontraba, además, chocaban con dos leyes: Memoria Histórica y de Patrimonio Nacional. Una permite la publicación, la otra preserva el honor de los implicados hasta 50 años.

Sólo una sentencia de los tribunales haría posible una sentencia que determinase el interés. “Ojalá alguien decida entrar en el tema a fondo, porque la Memoria Histórica se ha quedado en retórica. Prefiero tener ésta ley a ninguna, aunque esté inutilizada. El franquismo no forma parte de la agenda política”.

El libro tiene una pretensión modesta: dar a conocer el episodio… 40 años después. Quizá no hayamos ejercitado lo suficiente la memoria para dar a luz estos hechos enterrados. “La Transición no fue modélica, fue la que se pudo hacer con lo que había. Nos ha valido. Pero frente a esa historia de transición modélica donde todo eran parabienes ha llegado el momento de contar los otros detalles y episodios que matizan esa versión amable. No se trata de desmerecer la Transición, sino de aproximarnos a la verdad. Por eso no termino de entender que se califique a la Memoria Histórica como marketing. Todavía hay mucho por investigar en un país sometido por la historia de los vencedores”.

Y Xosé cierra la carta a su padre: “¡Cuánto siento morir sin poder daros ni siquiera el último abrazo!”.

 

 

¿Tiene futuro la agencia Balcells?

cbA diez días de la Feria de Fráncfort, la cita más importante de la industria editorial -y con el recuerdo de la gran negociadora presente-, el futuro de la agencia literaria Carmen Balcells, la más importante del país, está en manos de su hijo, Luis Miguel Palomares Balcells. Debe decidir si mantener el negocio de su madre o venderlo

 

García Márquez, Edwards, Vargas Llosa, Balcells, Donoso y Muñoz Suay, en 1974. Fotografía: Archivo Balcells

Carmen Balcells, fallecida el pasado lunes en Barcelona, “podría haber evitado la situación en la que ha dejado la agencia”, reconoce al otro lado del teléfono una fuente cercana a la empresa de la superagente literaria que creó en los sesenta el mayor fenómeno comercial de las letras latinoamericanas, con epicentro en Barcelona. Ella era consciente de que el tiempo se le echaba encima y no resolvía ni el agujero financiero ni la transición de su retirada que debía evitar el peligro para los casi 250 autores representados y la plantilla de 20 trabajadores. “Estaba muy preocupada, pero era así: trabajaba a impulsos”.

A diez días de la Feria de Fráncfort, la cita más importante de la industria editorial -y con el recuerdo de la gran negociadora presente-, el futuro de la agencia literaria más importante del país está en manos de su hijo, Luis Miguel Palomares Balcells. Debe decidir si mantener el negocio de su madre o venderlo. Lo más urgente es cerrar la segunda parte del archivo que vendió en 2010 al Estado, por 3 millones de euros. La oferta de José María Lassalle, Secretario de Estado de Cultura, es por un millón y medio de euros y 700.000 euros en desgravaciones fiscales como máximo. Que se airee la deuda con Hacienda tampoco tranquiliza a los escritores.

El calendario ideal obliga al heredero a lanzar al mundo editorial, a sus clientes y a sus autores un gesto de tranquilidad. Sin embargo, parece que la Feria es una cita demasiado prematura como para que Luis Miguel arroje luz sobre el futuro. Las fuentes consultadas explican que la fecha tope para resolver la delicada situación en la que ha quedado todo sería antes de final de año.

‘Qué hay de lo mío’

El tiempo corre en contra del hijo de Balcells, al que tampoco se le conoce una especial dedicación o atención al negocio familiar. “A Luis Miguel se le ha infravalorado mucho. Algunos lo han pintado como un tonto y sabe muy bien lo que quiere”, asegura la fuente cercana a la empresa. La clave para mantener unida a la gran familia es la paciencia de los autores, pero la fidelidad inquebrantable que han mantenido podría deteriorarse según se aleje la fecha del fallecimiento de su amiga.

“Conociendo como conozco a los autores, en estos momentos todos se están preguntando por el “qué hay de lo mío”. Están muy preocupados, sobre todo aquellos que tienen que negociar su próxima novela”, cuenta un editor a este periódico. El compromiso personal sin ella al otro lado de la mesa salta por los aires. “Balcells era mucho Balcells, pero como persona, no como empresa”, explica otro editor para subrayar la identidad de una empresa excesivamente personalista. A pesar de la situación, para los más próximos a los Balcells el equipo es muy solvente y mantiene “solidísimas relaciones con los autores”. A corto plazo no hay peligro de hundimiento.

García Márquez, Vargas Llosa, Allende

“¿Qué proyecto sucede a Carmen?”, se pregunta otra fuente cercana a la agencia. El día a día de la empresa descansa sobre Gloria Gutiérrez y Carina Pons, que mantienen la relación con la mayoría de los escritores. De hecho, Balcells se había centrado en los últimos años en los tres grandes: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa e Isabel Allende. Sin ella los acuerdos y pactos se revisarán. En este sentido, la situación personal del Nobel peruano, en pleno proceso de separación, podría ser decisivo para ratificar o no su relación con la agencia. Es más, su amistad con la agente Mónica Martín -tan dura como Balcells en las negociaciones con las editoriales- presume una futura alianza entre ambos.

En el proceso de desmigue juega un papel decisivo Andrew Wylie, la incógnita más bélica de todas. Para unos, sólo quiere la parte Top del catálogo. “No va a entrar a negociar con el hijo. Lo habitual es que haga un movimiento agresivo y se quede con los tres grandes”, asegura dicha fuente. Para otros, el fichaje del exeditor Cristóbal Pera por Wylie para dirigir sucursal de la agencia del inglés en Barcelona no ha sido más que una cortina de humo cuyo fin último era presionar y desestabilizar a Balcells. Estos piensan que Wylie desea la integración de ambas empresas. Es la versión más amable de la novela que ha empezado a escribirse. De cualquier modo, la confianza de los autores está pendiente de Luis Miguel, que tiene el aliento del chacal muy cerca y debe decidir como nunca lo habría hecho su madre: sin pasión.

Carmen Balcells, la gran especuladora que salvó a los autores

balLectora perspicaz, negociadora nata, generosa, extravagante, alegre e incansable… Carmen Balcells protegió a sus escritores por encima de lo que fuera

En la imagen, Gabo, Edwards, Vargas Llosa, Donoso, Muñoz Suay y Balcells. / Archivo Carmen Balcells

Gabo, Jorge Edwards, Mario Vargas Llosa, José Donoso y Ricardo Muñoz Suay acompañan en la imagen de 1974 a la editora desaparecida.

Cinco tráilers entran en el Archivo General de la Administración (AGA), en Alcalá de Henares, en las Navidades de 2010. Están repletos de cajas con manuscritos, cartas, recibos, comunicados, fotografías, facturas, albaranes… Son las intimidades burocráticas de cinco décadas de trabajo que desvelan una febril actividad dedicada a velar por las necesidades de cientos de escritores, representados por Carmen Balcells, que ha fallecido a los 85 años. La agente vendió al Estado los secretos de sus amigos por tres millones de euros.

Los archiveros clasificaron y catalogaron las tripas de la agencia literaria que obligó a los editores, en pleno franquismo y con la máquina censora a pleno rendimiento, a aceptar los derechos de sus autores. Cinco años después, las estanterías metálicas que rebosan cajas verdes no se pueden consultar. Nadie puede entrar a desmenuzar este bosque impenetrable de la cara oculta y miserable de la actividad literaria, en el que asoman las palabras de Jorge Edwards (Santiago de Chile, 1931) para encargarle la compra de una casa en Calafell. El equipo de Balcells busca la hipoteca para adquirir la casa de dos plantas y ocho millones de pesetas, “a reformar”.

En la misma carpeta del escritor chileno hay una carta en la que le escribe preocupado por “la mordida” de Hacienda sobre sus honorarios de Adiós poeta, una biografía muy personal de Pablo Neruda, publicada en 1990. “Lo ideal sería efectuar el pago a través de una agencia holandesa y pagar los impuestos que correspondan a los contratos de Holanda (si esto es posible)”, pedía el autor de Persona non grata.

“En teoría yo debería pagar impuestos en España y después, de nuevo, en Chile, lo cual significaría trabajar para los fiscos de ambos países. Como esto es absurdo consecuencia de la ausencia de convenios de doble tributación, hay que encontrar soluciones”, advierte. Ella las encontraba. Ella las tenía. Nunca fallaba a sus autores, sobre todo, a los más rentables. Edwards firmó Adiós poeta por un anticipo de 2 millones de pesetas con la editorial Tusquets.

El bosque impenetrable se hizo inaccesible después de las informaciones de los dos únicos periodistas que tuvieron acceso a las bajezas pecuniarias. En las cajas hay de todo y falta literatura. Después de tres días de informaciones, la agente amenazó al Ministerio de Cultura de Ángeles González-Sinde con llevar el asunto a los tribunales si dejaba consultar el archivo que acababa de comprar para hacerlo público.

Vendido y embargado

Balcells se movió rápido y logró clausurar el tesoro mejor guardado del mundo de las letras hasta quién sabe cuándo. Había vendido una gran montaña de humo, repleta de intimidades sensibles. Los papeles iban a ser parte de un centro que acogería el legado de los escritores españoles en un Centro de Creadores. En medio de la ola de leyes que reforzaban la transparencia y la garantía del derecho de la ciudadanía a los archivos, los investigadores se quedaron con las ganas.

Marzo de 1981. Camilo José Cela (1916-2002) terminó La última exclusa y Mazurca de los tres muertos (que terminó titulando Mazurca para dos muertos) pero tenía problemas económicos: “La suspensión de pagos de Noguer y la indecisa actitud de Destino me tienen un poco desorientado y quisiera que tú me hablases de posibilidades y de realidades”. Es una carta manuscrita ocho años antes de que le concedieran el Premio Nobel.

Balcells también tuvo como cliente a Santiago Carrillo (1915-2012). La agente logra vender la primera edición de Eurocomunismo y Estado en Yugoslavia, Grecia, Inglaterra, Portugal, Dinamarca y Turquía. “Cuando termine el Congreso y haya pasado la ‘marabunta leninista’, te enviaré una petición de datos para poder hacer de la mejor manera posible la declaración de renta de Santiago, y un capítulo importante de sus ingresos por no decir el único, a parte del sueldo del Partido son los derechos de autor”, escribe la secretaria del líder del PCE, Belén Pinies (quien pagó la peluca para que entrara clandestinamente en España, en 1976) a Magdalena Oliver, mano derecha de la agente literaria.

El Ministerio remata la compra de parte del archivo que no vendió en su día, según fuentes de la Secretaría de Estado de Cultura. Por los restos de aquella primera venta el Estado pagará, si las negociaciones llegan a buen puerto después del fallecimiento de Balcells, un millón y medio de euros. La venta de los archivos era urgente, la empresa pasaba por una profunda crisis y la agente se movía con rapidez. En la Feria de Fráncfort previa a la primera compra compra se destapó que Miguel Barroso -exsecretario de Estado de Comunicación con su amigo José Luis Rodríguez Zapatero, marido de Carme Chacón e íntimo de Jaume Roures- quería comprarle la agencia. Ella necesitaba un socio con medio millón de euros para ampliar el capital y salvar el bache. Y Barroso hizo todo lo posible, movió todos los hilos para convencerla, pero no fue suficiente.

La mujer más poderosa de las letras españolas negociaba como nadie. Entre los cinco trailers que llegaron al AGA no estaban los papeles de Gabo. Se había guardado una bala en la recámara: se encargó de expurgar los documentos más personales del autor colombiano. Ni siquiera dejó los mecanoscritos que García Márquez le mandaba con sus correcciones. Apenas una petición de Mercedes, la compañera del escritor, en 1989, de la documentación del BMW (40.932 pesetas) que la agencia le había mandado desde Madrid a La Habana…

Champán y chocolate

Era elegante, era leal, creó un imperio en el que no entendía el fracaso e inventó una fórmula que sigue vigente en los contratos entre editoriales y autores de este país. Ha dado la batalla por todos sus autores, los gestos con Ana María Matute, a la que mandaba en taxis sobres con billetes de miles de pesetas para mantener a la escritora dolida y tocada, son inolvidables. Su mundo era color blanco y sabía a champán y chocolate. Era la gran embaucadora, la que era capaz de lo que fuera por defender a los suyos. Ellos firmaban a ciegas lo que ella les ponía delante.

Nunca traicionó la confianza de sus autores y estos se lo devolvieron con una fidelidad sin grietas, que jugó a su favor cuando su ocaso parecía inminente. Al final de su vida se enfrentó a la horma de su zapato: Andrew Wylie, el chacal. Hace un año comunicó que se fusionaba con el gigante internacional de los derechos de autor, pero nunca llegó a realizarse.

Seguía teniendo la última palabra sobre la obra de Mario Vargas Llosa, Gabo, Carlos Fuentes, Javier Cercas, Camilo José Cela, Miguel Delibes, Rafael Alberti, Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza o Jaime Gil de Biedma. Precisamente, Mendoza escribió ante la muerte de su representante: “Mi amistad con Carmen se remonta a 1965 y ha sido y es mi agente desde hace casi cuarenta años. Durante este tiempo, nunca se me ocurrió leer una sola cláusula de los contratos que me pasaba a la firma, como nunca dejé de cumplir a ciegas los consejos que me daba, en el terreno literario y, sobre todo, en el terreno personal. Y puedo asegurar que Carmen ha intervenido en los momentos más importantes de mi vida”.

No quiso rendirse ante Wylie, que mandó la negociación al traste, harto de esperar, y anunció hace un mes el desembarco de su propia agencia en España. Su carisma y su presencia a favor de los suyos sólo ocurre una vez cada 75 años, como poco.

#PigGate, la vendetta del extesorero ‘tory’ contra Cameron

Le ha llevado cinco años, pero Lord Ashcroft ha logrado su venganza por quedar excluido del Gobierno británico. Una biografía no oficial del primer ministro, David Cameron, escrita por el extesorero de su partido Lord Michael Ashcroft ha sacudido Reino Unido este lunes con alegaciones escandalosas sobre la etapa universitaria del líder conservador.

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El primer ministro británico David Cameron. Toby Melville / REUTERS

Una biografía no oficial del primer ministro británico, David Cameron, escrita por el extesorero de su partido Lord Michael Ashcroft ha sacudido Reino Unido este lunes con alegaciones escandalosas sobre la etapa universitaria del líder conservador.

En la noche del domingo, el tabloide Daily Mail publicó extractos del libro de Lord Ashcroft que revelan un supuesto pasado oscuro del premier que incluye consumo de drogas y hasta sexo con un animal muerto. El libro titulado Llámame Dave verá la luz el mes que viene y es obra del que fuera “el más famoso empresario de Reino Unido y mayor donante del Partido Conservador”, tal y como lo definió The Guardian.

El libro acusa a Cameron de haber pertenecido a un club de consumo de drogas en la Universidad de Oxford y haber introducido “una parte privada de su anatomía” en la boca de un cerdo muerto como ritual de iniciación en una sociedad universitaria. Asegura también que el líder tory sabía antes de llegar al poder que Ashcroft tenía su domicilio fiscal en el extranjero y no pagaba impuestos en Reino Unido por sus ganancias exteriores, escándalo que saltó a la luz poco antes de que Cameron saliera elegido en las urnas en 2010.

“Parte de esto, probablemente, es venganza, es personal”, explica Charlie Beckett, director del think tank Polis de la London School of Economics, en entrevista telefónica con EL ESPAÑOL. Pero la biografía, opina Beckett, persigue además un objetivo político.

La polémica ha estallado a dos semanas del congreso de otoño del Partido Conservador y pone de manifiesto una ruptura entre el primer ministro y su extesorero tras la victoria tory en 2010. La ruptura, indica el libro, se produjo cuando Cameron incumplió una promesa de otorgar a Ashcroft un puesto “significativo” en el Gobierno.

Más tarde, el primer ministro cambió de parecer y ofreció a Ashcroft un cargo menor en el Ministerio de Exteriores. “Tras darlo todo durante casi diez años -tanto como tesorero con William Hague como vicepresidente del partido- e invertir unos 8 millones de libras en la formación, entendí esto como una oferta declinable”, escribe Ashcroft en su libro. “Habría sido mejor que Cameron no me ofreciera nada”.

Pero aparte de escarmentar a Cameron, el extesorero busca desplazar la política del primer ministro hacia posiciones más conservadoras, dice Beckett. “Estoy seguro de que Ashcroft espera que esto debilite la reputación de David Cameron entre sus parlamentarios y que tenga que ser un poco más euroescéptico y derechista”, afirma.

Ashcroft ha hecho público en su página web el prefacio de su libro, donde expone sus motivos para escribir la biografía tras explayarse sobre sus problemas personales con Cameron. “A pesar de las decepciones que he descrito, quiero ser claro acerca de mi motivación para escribir este libro, el cual -aunque lamento lo que ocurrió- no tiene que ver con ajustar cuentas”, escribe el extesorero. “Quería contar la historia de Cameron, no la mía (…) Como la existente biografía del primer ministro por Francis Elliott y James Hanning fue escrita principalmente en 2007, parecía el momento oportuno para producir una”.

Ashcroft, una fortuna de 1.500 millones de dólares

Ashcroft es oficialmente caballero británico y miembro de la Cámara de los Lores desde el año 2000 y tiene en su bolsillo casi 1.500 millones de dólares, según Forbes. Construyó su fortuna a base de dirigir y vender empresas, como la compañía de seguridad en el hogar ADT, que vendió a Tyco International por más de 6.700 millones de dólares en 1997. Se describe como un “emprendedor” y un “simpatizante para toda la vida del Partido Conservador”. Ha donado unos 8 millones de libras (unos 11 millones de euros) de su fortuna a la formación.

Su relación con Cameron comenzó en 2005, cuando el primer ministro acudió a verle antes de pasar a dirigir a los tories, dice Ashcroft en el libro. Poco después, tras su elección como líder conservador, Cameron ofreció a Ashcroft ser vicepresidente del partido, cargo que ejerció hasta 2010. Antes había servido como tesorero entre 1998 y 2001. En marzo, renunció a su asiento en la Cámara de los Lores porque “mis otras actividades no me permitían dedicar el tiempo que la pertenencia a los Lores requiere”.

La Oficina del Primer Ministro se ha negado a hacer declaraciones sobre las alegaciones de Ashcroft, informa The Guardian. El diario cita, sin embargo, a fuentes del Partido Conservador que desmienten las alegaciones, especialmente las más controvertidas. En 2010, cuando prendió la polémica sobre las prácticas fiscales de Ashcroft, Cameron afirmó que la situación había llegado a sus oídos apenas unas semanas antes.

El terremoto mediático desencadenado por los extractos de la biografía ha alcanzado también las redes sociales, donde etiquetas como #PigGate (un juego de palabras con “cerdo” y “Watergate”) o #Hameron (Jamón Cameron) dirigen el debate. Muchos comentarios hacen referencia a la serie de televisión Black Mirror, que en un capítulo cuenta precisamente el chantaje a un primer ministro para que tenga relaciones sexuales con un cerdo.

El ataque a la imagen del primer ministro responde a la existencia de una corriente entre los tories que no ve en Cameron a un buen líder conservador, afirma el analista jefe de la London School of Economics. “Es síntoma de un sentimiento dentro del Partido Conservador de que David Cameron no es una persona seria, ideológica o lo suficientemente conservadora”, opina Beckett, que no cree que las alegaciones vayan a tener un gran impacto político en Cameron. “Su dignidad está siendo dañada, pero no pienso que su poder político haya sido minado, porque el contexto de esto es que el ya dicho de que no va a ser primer ministro al final de la legislatura”.

Las lecturas del tesorero del 3%: ‘Jo No Soc Espanyol’ y las conversaciones con Artur Mas

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La imagen fue tomada en el registro de la vivienda de Daniel Osácar y muestra dos de los referentes culturales del hombre que manejó durante años las finanzas de Convergencia Democrática de Cataluña (CDC).

La imagen fue tomada en el registro de la vivienda de Daniel Osácar y muestra dos de los referentes culturales del hombre que manejó durante años las finanzas de Convergencia Democrática de Cataluña (CDC). Sobre la estantería el libro más accesible para Osácar es un ensayo sobre la “identidad catalana” con el título Jo No Soc Espanyol: Yo no soy español.

La obra, escrita por el periodista Víctor Alexandre, es una recopilación de 20 entrevistas basadas en una premisa: “Una forma de reafirmar quiénes somos es afirmar sin complejos quién no somos”. En su página web, Alexandre dice: “Cuando la legalidad no es justa, es de Justicia transgredirla”.

La segunda obra sobre la estantería del tesorero es Artur Mas, el hombre, el político, el pensadoruna conversación del líder de Convergència con la periodista Teresa Pou que publicó en 2013 la editorial Ara Libres. El libro analiza las creencias de Mas, sus “espacios vitales” y por qué ha tomado “la decisión de liderar un país en estos momentos tan excepcionales”.