Hat trick de Cristiano, hat trick de lesiones

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El estreno de Champions del palco de EL ESPAÑOL y AXA en el Santiago Bernabéu vivió el tercer hat trick de Cristiano Ronaldo en la máxima competición continental y vio torcer el gesto a Rafa Benítez tras las lesiones de Bale, Sergio Ramos y Varane.

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El sueño de la Champions comenzaba por el Santiago Bernabéu y el Real Madrid sumó los tres puntos contra un Shakhtar que puso pocos problemas (4-0). Los accionistas y suscriptores de nuestro periódico fueron testigos de excepción de un hat-trick de Cristiano en el palco de EL ESPAÑOL y AXA frente a un conjunto ucraniano muy inferior técnicamente.

No tardaron en llegar las ocasiones para el conjunto blanco. Karim Benzema falló a portería vacía al cuarto de hora del comienzo. Minutos más tarde no volvería a errar. Un fallo del portero ucraniano en la salida dejaron el 1-0 en bandeja del francés. “Yo no le vendía para traer a otro”, exclamaba José Manuel, uno de nuestros accionistas. “Me parece un jugador al que no se valora como se debe”, aseguraba.

Pero la alegría empezó a nublarse bajo una ventisca de lesiones que comenzó con la sustitución de Gareth Bale a la media hora de juego. El conjunto madridista se presentó con las bajas de Danilo y James Rodriguez, pero esta lista puede engrosar en las próximas horas. Jorge, suscriptor de EL ESPAÑOL, como si de una premonición se tratase auguraba que “este partido le puede salir caro” al Real Madrid. Y así fue. Sergio Ramos, Varane y el citado Bale abandonaron el terreno de juego por molestias durante el encuentro. “Estos del Shakhtar no tienen nada que perder”, continuaba Jorge.

“Yo soy más de Mourinho”

Mientras que en el campo el Real Madrid sujetaba al Shakhtar, en la banda Benítez trataba de rellenar el puzzle de las lesiones que venían. La sustitución de Bale dio pie al debut en Champions de Mateo Kovacic. “Este chico tiene un futuro prometedor aquí”, se murmuraba en el palco. De nuevo José Manuel participaba en la mini-tertulia algo resignado cuando se hablaba de Benítez: “Sí, sí me gusta, pero yo soy más de Mourinho”. Y concluía: “En los años de Mourinho y Guardiola el partido se disfrutaba antes, durante y después de los 90 minutos.” No le falta razón. Lo cierto es que Kovacic tardó poco en convencer al respetable: un tiro entre palos arrancó los aplausos de un Bernabéu tímido en esta noche de septiembre.

El que no estuvo nada tímido fue Cristiano Ronaldo: 10 disparos y 3 goles, dos de ellos de penalti. Después del descanso el colegiado expulsó a Stepanenko por doble amarilla y el Madrid se coló por la defensa del conjunto de Donetsk como un puñal. Cristiano no perdonó desde los 11 metros ejecutando las dos penas máximas por el mismo lado. Cuando su fiesta particular parecía acabar, redondeó el casillero con el definitivo 4-0 en el minuto 82.

Hubo poco trabajo para Keylor Navas, que sólo se vio exigido al final del encuentro en un balón bombeado que parecía colarse justo por debajo del larguero. Keylor solventó la faena con una estirada espectacular que confirmaba el KO definitivo al Shakhtar. Adrián, suscriptor y accionista reconocía el nivel del portero actual, pero aún echa de menos a Casillas. “Soy de Mostoles y Casillas es vecino”, exclamaba en tono jocoso. Los aplausos para Keylor no tardaron en llegar.

De lo que no tuvieron dudas nuestros suscriptores es de la expectación que genera el ya cercano 7 de octubre. “¡Qué ganas tenemos de que llegue!”, decían tanto Jesús, que había venido desde Zaragoza con su hijo, como Antonio que vino con su hermana desde Badajoz. “Tenemos mucha fe en el proyecto”. Amén.

Casillas: 25 años, 25 momentos

Más de 500 partidos de Liga y 150 en Champions League con el Real Madrid se lleva Iker Casillas en su mochila.  Es historia viva del club blanco que ahora defenderá la portería del Oporto portugués. En el momento de la despedida hay que recordar en 25 momentos, tantos como años defendió el escudo madridista, el camino que le ha llevado a ser considerado en cinco ocasiones el mejor cancerbero del planeta.

Iker Casillas ya no es jugador del Real Madrid. La vida del mostoleño, con 25 de sus 34 años dedicados al equipo blanco, ha dejado una carrera de ensueño, que le ha servido para convertirse en una leyenda para los aficionados madridistas. Con 723 partidos jugados con su club es el segundo futbolista que más veces ha vestido la camiseta blanca, tras su antecesor como capitán, Raúl González, que disputó 741 encuentros. Más de 500 partidos de Liga y 150 en Champions League que desgastan a cualquier jugador y que, como en toda trayectoria, tiene sus altibajos. Pero si Casillas se ha convertido en historia viva del Real Madrid es por sus buenos momentos, entre los que destacan los 19 títulos levantados. Es el momento de la despedida y de recordar en 25 momentos el camino desde su debut a su  proclamación como mejor portero del mundo, para acabar con su marcha al Oporto.

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1.     Llegada al Real Madrid

En 1990, con nueve años, Iker se encontraba en un campo de Móstoles parando unos disparos que lanzaba su padre. Un amigo suyo había leído que el Real Madrid estaba haciendo pruebas y sugirió a Casillas que participase. Entró como prebenjamin y pasó 9 años en las categorías inferiores hasta llegar al Real Madrid C.

2.     1997: Primera convocatoria

El director de su instituto le sacó de clase porque Jupp Heynckes le había convocado para ir a Noruega a jugar contra el Rosenborg. Era noviembre de 1997 y las bajas de Illgner y Contreras propiciaron que estuviese en la expedición blanca, aunque fue Cañizares quien ocupó la portería. Aun así, el joven portero comentaba en declaraciones que aún no se lo creía y que “pensaba que era una broma”.

3.     1999: Debut

Dos años más tarde llegó el momento que había estado esperando, el que califica como el más importante. El escenario fue el viejo San Mamés, donde John Toshack le dio su primera oportunidad. En aquel partido contra el Athletic, que acabó con empate a dos, acaparó los primeros elogios por su actuación.

4.     Primer partido con la selección

Su otro debut, el de la selección absoluta, fue en junio del año 2000, en un partido previo a la Eurocopa. El partido en Gotemburgo contra Suecia, con resultado de empate a uno, fue el primero de una larga lista que le han llevado a ser el español con más internacionalidades. Fue un amistoso aunque su estreno oficial sería pocos meses más tarde ante Bosnia.

5.     “Trofeo Bravo”

Ya desde mi joven empezó a ganar premios, también individuales. El más significativo de sus primeros años fue en el año 2000 cuando se le otorgó el Trofeo Bravo como mejor jugador menor de 21 años en Europa.

https://www.youtube.com/watch?v=4p4Y5kyyGvU

6.     Champions League 2002

Los madridistas recuerdan la final de Glasgow por dos hechos principales: el gol de Zidane y las paradas de Casillas. Hollywood podía haber sido la cuna para el guion de la noche de la novena Copa de Europa blanca. Vicente Del Bosque le había dado rol de suplente pero durante el partido contra el Bayer Leverkusen, César se lesionó y salió Iker. Tres intervenciones en los minutos finales para salvar el resultado, además de la alegría del joven guardameta, están todavía en la retina de los aficionados.

7.     Mundial 2002

Fue en el torneo disputado en Korea y Japón donde se le empezó a conocer como ‘El Santo’, debido a sus intervenciones. Era  convocado a  su primer Mundial por Camacho y un accidente de Cañizares con un frasco de colonia, permitió que fuese titular, puesto que ha mantenido durante más de diez años.

14 Mar 2000:  Iker Casillas of Real Madrid marshalls his defence during the UEFA Champions League match against Dynamo Kiev at the Bernabeu Stadium in Madrid, Spain.  The match was drawn 2-2.  Mandatory Credit: Clive Brunskill /Allsport
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8.     Su mejor partido

Fue en 2008. Y precisamente frente al equipo contra el que debutó Iker Casillas. Su actuación en el Bernabéu contra el Athletic de Bilbao, con un penalti detenido a Garmendia incluido, dejaba ver que el mostoleño estaba en su mejor momento.  El resultado de 3-0 fue engañoso gracias a sus sobresalientes intervenciones.

9.     Renovación

También en 2008 Ramón Calderón firmó dos renovaciones para los capitanes blancos en aquel momento. Raúl firmaba hasta 2011 y Casillas hacía lo propio hasta 2017, contrato que se ha mantenido hasta el momento. Vinculaciones a largo plazo que no terminaron cumpliéndose. La cláusula del portero era y seguía siendo de 113 millones de euros.

10.  Zamora

Esa misma temporada Casillas ganaba el único trofeo Zamora de su palmarés. 32 goles recibidos en 36 partidos. Un título individual que sumó a su segunda liga consecutiva, con Capello y Schuster como entrenadores.

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11.  Eurocopa 2008

Tras varias décadas de fracasos continuados, la selección española volvía a ganar un título y fue Casillas como capitán el encargado de levantarlo. Su actuación en cuartos frente a Italia con dos paradas durante el choque y dos penaltis detenidos en la tanda, le encumbraron a héroe nacional.

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12.  Mejor portero del mundo

Ese mismo año (2008) fue nombrado por primera vez mejor portero del mundo. Repetiría ese galardón cuatro veces más, haciéndose un hueco entre los arqueros más laureados de la historia de este deporte. Solo Manuel Neuer, las dos últimas temporadas, ha conseguido sacarle del primer puesto.

13.  Humillación frente al Barcelona

En una carrera tan prolongada se viven también momentos duros. Uno de ellos fue sin duda el 2-6 recibido contra el Barcelona en 2009, un partido en el que Casillas sin embargo fue protagonista deteniendo otra media docena de ocasiones. Años más tarde, el 5-0 contra el eterno rival en territorio rival, tampoco fue fácil de digerir.

14.  Capitán madridista

Con la marcha de Raúl en 2010 y la llegada de Mourinho, Casillas se convirtió en capitán del primer equipo. Ya había sustituido al delantero encabezando la selección. Una presión que le ha supuesto una responsabilidad añadida.

15.  Campeón del Mundo en 2010

Durante el torneo de Sudáfrica fue doble protagonista: objetivo de las críticas al comienzo  y elogio generalizado al final. La lupa se puso tras él y su relación con la periodista Sara Carbonero, después de una jugada fortuita que supuso el gol y la derrota de España ante Suiza en el primer partido. Sus actuaciones durante el resto del torneo taparon cualquier incógnita y su milagrosa parada a Robben en la final consiguió poder, tras el gol de Iniesta, ver a un español levantando la Copa del Mundo de Fútbol por primera vez en la historia.

16.  Su mejor parada

Casillas es un portero que hace paradas al alcance de muy pocos. La más recordada por los aficionados es la que hizo en 2011 ante el Sevilla contra el argentino Perotti en la capital hispalense. Cuando tras un pase de la muerte la afición sevillista ya cantaba el gol, apareció Iker.  Porque aquello fue una auténtica aparición. “Fue una cuestión de fe”, aseguró el portero tras el partido. Años más tarde repitió la hazaña en una jugada muy similar contra Agüero, en un choque frente al Manchester City.

17.  Llamada a Xavi

Una de las acciones más polémicas de Iker Casillas como capitán blanco fue la llamada que realizó a Xavi para rebajar la tensión producida por los enfrentamientos -hasta cuatro en pocas semanas- entre el Real Madrid y el Barcelona. Se han contado varias versiones de aquella conversación pero él defiende que no fue una disculpa sino de reproche mutuo, tratando de cambiar la imagen que se estaba dando. Aseguran que Jose Mourinho, entonces entrenador blanco, jamás le perdonó esta llamada.

18.  El comienzo de su suplencia

En diciembre de 2012, el citado Mourinho decidió dar la titularidad en un partido de Liga contra el Málaga a Antonio Adán, lo que sorprendió a todo el mundo. El entrenador portugués había criticado durante el comienzo de temporada las acciones a balón parado de los suyos y parecía buscar una solución. Aunque también se achacó a problemas personales entre ambos y el intento del portugués de buscar un culpable.

19.  Su lesión

Tras recuperar la titularidad, una acción con Álvaro Arbeloa frente al Valencia acabó con una fractura en la base del primer metacarpiano de su mano izquierda. Una baja de varios meses sin jugar ante la que Florentino Pérez reaccionó fichando a Diego López en el mercado invernal. El también canterano blanco dejó a Iker de suplente durante el resto del año, y aunque Casillas se había recuperado, no se hizo merecedor, según su cuerpo técnico, del “alta competitiva”.

21.  La alternancia de Ancelotti

Una nueva etapa comenzó con el técnico italiano. Ante la duda de quién sería el portero titular, el nuevo entrenador decidió repartir competiciones, jugando Casillas Champions y Copa. Una decisión que parecía mediadora y que no dejaba claro quién era el portero titular. Durante toda la campaña se pudo ver a un Iker Casillas que mostraba un nivel muy estable a pesar de no contar con regularidad.

22. Champions 2014

Doce años después de la última final el Real Madrid volvía a disputar una final, y en esta ocasión con Casillas como titular. Aunque no fue la noche soñada, ya que un error suyo provocó un gol en contra del Atlético, al final hubo remontada y el capitán madridista pudo levantar la décima Copa de Europa. Y rendir pleitesía a la Cibeles.

23.  Mundial 2014

Mucho menos triunfal fue su paso por Brasil para repetir título. Tras haber ganado consecutivamente dos Eurocopas y un Mundial, la selección aspiraba a levantar la Copa del Mundo por segunda vez. EL mazazo inicial llegó con la derrota frente a Holanda por 1-5 y la eliminación en primera fase se completó tras caer también ante Chile con 0-2. Ya se empezaba a hablar de relevo en la selección, con De Gea en el horizonte.

24.  Último año

La pasada temporada, a pesar de comenzar con Supercopa de Europa y Mundialito, acabó sin ningún trofeo importante. Diego López se había ido y Keylor Navas apareció como suplente de Casillas que jugaba Liga y Champions. La afición madridista se mostraba cada vez más dividida y fue pitado en su propio estadio en grandes ocasiones. En una de ellas, el mostoleño acabó respondiendo con un mal gesto. Su último partido en la que ha sido su casa durante 25 años fue ante el Getafe y acabó con goleada blanca: 7-3.

25.  Camino de Oporto

Tras varios años en los que se barajaba su posible salida, ahora se ha confirmado su salida al Oporto. La intención del Real Madrid es la de sustituirle David De Gea y acabar con la polémica que ha rodeado la portería del club blanco. Para ello han facilitado la salida del capitán. El equipo dirigido por Lopetegui tendrá en su plantilla al jugador mejor pagado de Portugal. El capitán dice adiós al club de toda su vida, y empieza la nueva etapa de su carrera.

 

 

 

 

Toni Nadal-Rafael Nadal: los principios desde el principio

MD38. MADRID, 09/05/09.- El tenista español, Rafael Nadal (d), junto a su tio y entrenador, Toni Nadal (i), durante el entrenamiento que ha realizado hoy en las instalaciones de la Caja Mágica para el torneo Madrid Masters 1000. EFE/Emilio Naranjo

Más de veinticinco años después de que un canijo de tres años llamado Rafa, cuya altura no sobrepasaba la de la red, diera sus primera bolas en el Club de Tenis de Manacor, Toni Nadal, su tío, mentor y entrenador, cuenta la trayectoria de ambos en Todo se puede entrenar, un libro que narra el camino del mejor tenista español de todos los tiempos y uno de los más grandes de la historia de este deporte.

 

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“La vida no cambia por ganar o perder”, dijo Rafael Nadal tras salir vencido de Roland Garros, la tierra que ha reinado durante casi una década. Alejado del podio mundial e incluso pudiendo salir del top ten, el de Manacor asegura que volverá el año que viene con la intención de hacerse con su décima copa de los mosqueteros. “Djokovic ha sido mejor, no he ido por delante en el marcador en ningún momento. Tan solo me queda felicitarle”. Pero, ¿cómo se forja un campeón? ¿Cómo empieza el camino de los pocos que eternizan su victoria, ganando incluso en la derrota?

A Toni Nadal le hubiera gustado encabezar todas sus respuestas con un “yo pienso que”, pero algunas razones de estilismo lo han impedido. No todos los caminos llevan a Roma, pero existen muchos que sí lo hacen. Esta es su historia, la de un éxito incuestionable.

Toni Nadal recuerda aquél día mientras entrena a sus alumnos en la pista número dos del Club de Tenis Manacor. Son pistas pequeñas, como las de cualquier otro pueblo, como las de ninguna gran ciudad. Lanza las pelotas a sus pupilos cuando llega su hermano Sebastián con Rafael, de tres años. En un descanso, Toni mete al hijo de su hermano en la pista y éste, con destreza e intuición golpea las bolas que su tío le envía, sobrepasando la red –que todavía es más alta que él– en todos sus intentos.

Madrid. Han pasado más de veinticinco años desde aquellas primeras bolas. Toni desayuna piña con nueces en el hotel. Es día de partido. Apoya una libreta en la mesa y mira a la cámara sonriendo. Bromea diciendo que la última vez que salió bien en una foto fue allá por los noventa. Le gusta el diálogo, lo tacha de esencial, de elemento necesario para el progreso. Ahora, después de recoger la formación de su sobrino en forma de libro –Todo se puede entrenar (Alienta, 2015)- detalla las claves de un camino hacia el éxito que califica insistentemente de “particular”, un sendero válido para ellos, quizá para otros, aunque quizá para nadie más.

El gran Natali y la gestión de la inocencia

Toni no dio importancia a aquel día en la pista dos del Club Tenis de Manacor, pero existe algo en su subconsciente que le hace recordarlo, una pequeña gran ilusión que ni siquiera lo fue. “En ese momento tan solo pensé que mi sobrino le daba bien a la pelota, nada más que eso”. Por aquel entonces, Toni llevaba entrenando más de una década. “Tenía buenos jugadores: un niño entre los tres mejores de España en su categoría y una chica entre las cinco primeras. Disfrutaba y estaba entretenido”.

Un par de años más tarde, Rafael empezó a dar clases con su tío. Eran los días del ‘gran Natali’. Toni, bajo este apodo, se presentaba ante su sobrino como un héroe con superpoderes. En uno de sus primeros partidos, con cinco o seis años, le hizo pensar que podía controlar la lluvia. Esa inocencia, la que llevaba a Rafael a creer que Natali fue uno de los mejores delanteros en la historia del Milán, endulzaba los juegos de tío y sobrino, que disfrutaban juntos dentro y fuera de la pista.

La docilidad fue fundamental en la formación de Rafael, apunta Toni. “La entiendo como un elemento esencial. Es muy difícil trabajar con una persona con la que uno tiene que pelearse constantemente. Él fue un niño dócil y muy bueno. Daba gusto llevárselo a cualquier sitio”. La conversación avanza hacia la autoridad, un elemento que Toni aborda en el libro detalladamente y que ahora describe de forma pausada, midiendo cada palabra “por miedo a un malentendido”: “Hablo de una autoridad responsable y prudente. La posición del que está arriba tiene que ser consecuente con el objetivo marcado. Vivimos un momento en el que el criterio infantil ha ganado un terreno que antes no tenía. No se puede tratar a un niño de tú a tú y luego pretender que se deje guiar”.

Los años pasaban y Rafael lograba grandes resultados. Toni, “de forma inevitable”, comparaba a su sobrino con el resto de alumnos que había tenido: “Si este era el número dos con estas condiciones y mi sobrino tiene muchas más…” Esa inocencia, aquella docilidad risueña que hacía fácil la formación del carácter de Rafael, no pasaba por la ocultación de la realidad: “A un niño no se le puede abstraer de lo que vive. Cuando gana, sabe que ha sido mejor que el resto, pero siempre existen motivos y razones para no desmesurar lo conseguido”. Un día, cuando Rafael ganó el campeonato de Baleares, Toni pidió a la federación que le enviara la lista de los últimos veinticinco vencedores. “Mira, ¿cuántos de estos chicos conoces? ¿Cuántos de ellos son ahora profesionales?”

“Algunas veces me he pasado de la raya”

Tanto en el libro como en esta conversación, Toni reconoce haberse pasado de la raya en ocasiones, en manifestaciones verbales y también en exigencia. “Es muy difícil ser ponderado al cien por cien. Cuando se tiene la misión de formar a alguien para que pueda hacer algo realmente extraordinario se tiende a sobrepasar esa raya”. Toni trata de explicar los pensamientos que le abordan cuando recuerda esos momentos: “Rafael ha tenido muchísima paciencia conmigo. En esto también ha demostrado su equilibrada personalidad y buen entendimiento. Tan solo recuerdo una vez en la que, con mucha educación, me contestó: ‘No sé más’”.

Toni responde con esa voz rasgada tan característica. Lo hace de forma sosegada. Aprovecha las preguntas para apurar el desayuno. A veces deja silencios entre sus comentarios, espacios de reflexión que preceden las conclusiones de sus respuestas. Es una conversación sobre conversaciones. Los diálogos con su sobrino fueron claves en el proceso de formación y lo siguen siendo hoy. Una vez, otro entrenador se quedó sorprendido cuando Toni le dijo que las órdenes siempre iban acompañadas de un intercambio previo de pareceres.

El tenis, esa continua toma de decisiones que puede cambiar el devenir del partido en cualquier momento, está exento de diálogo en las situaciones de mayor tensión. Ahí es cuando se producen miradas, gestos de complicidad y gritos de rabia. El reglamento prohíbe el cruce de opiniones entre jugadores y entrenadores. Pero, ¿cómo son las últimas palabras antes del que puede ser el partido más importante de toda una vida? ¿Qué le dice un entrenador a su pupilo después de ganar un grand slam? Toni acepta el reto de describir el antes y el después, con el objeto de dar valor a ese elemento fundamental en la formación de Rafael: el diálogo.

Aquella charla de 2009 en Australia

“La charla más larga que he tenido antes de una final fue la del Open de Australia de 2009. Fueron dos horas, quizá tres. ¿Hace falta que te la cuente entera?”. Rafael Nadal afrontaba el partido después de ganar a Fernando Verdasco en cinco horas y catorce minutos. Los periodistas calificaron de “histórica” aquella semifinal. Nadal quedó exhausto, con tan solo un día por delante para descansar.

Fueron a calentar a falta de tres o cuatro horas para el partido. Todo eran problemas: a Rafael se le subían los gemelos, tenía el hombro fastidiado y le dolía la cabeza. Al ver que el entrenamiento era imposible, Toni comenzó una charla que recuerda así:

– Ten buena actitud.

–  No puedo, estoy muy cansado, no puedo.

–  Inténtalo, Rafael.

–  Claro, para ti es fácil.

–  No. Si hubiera sido fácil, ya lo hubiera hecho yo. Tú sabrás si quieres hacer un esfuerzo.

–  De verdad, no puedo.

–  Ahora estás mal, en tres horas será peor. No van a bajar ni Dios ni tus padres para ayudarte. Tú sabrás si quieres hacer un esfuerzo.

–  No puedo, no puedo…

–  Que me quieras engañar a mí vale, pero que te quieras engañar a ti mismo es el colmo.

–  Toni, ¡no es fácil!

–   Haz lo que quieras, pero ya sabes que quizá nunca vuelvas a tener la oportunidad de ganar un torneo tan importante como éste. Si hubiera un francotirador en la grada que te disparara cada vez que dejases de moverte, irías corriendo hasta Manacor.

Toni relata la charla como si hubiera sido ayer. Recuerda los diálogos, incluso las caras de su sobrino. Cuenta que, ya desde muy pequeño, siempre le pidió “buena cara” dentro de la pista. Había pasado más de una hora desde el comienzo de la conversación y el gesto de Rafael comenzó a cambiar. “En ese momento mi mensaje pasó a ser otro. Adopté un tono positivo. Recuerdo la campaña de Obama, que estaba muy reciente. Estuvimos bromeando con el famoso Yes we can”.

La charla del después es totalmente distinta. Toni no es un tipo dado a las grandes expresiones de alegría. Confiesa que, tras las victorias más importantes, siente un miedo que se mezcla vertiginosamente con la satisfacción. “Me ha pasado toda la vida y ya estoy aceptando que el día que me retire lo haré con esa lacra. En las victorias de mi sobrino he adoptado una postura de contención por pudor íntimo, pero también por ese miedo, porque he temido que la euforia nos pudiera nublar la percepción, y que esto supusiera reducir la intensidad de nuestro trabajo”.

Toni sabe que los títulos pueden dar lugar a la complacencia, a la pérdida de la ilusión. Ésta, precisamente, llena varias de las páginas de su libro, donde la describe como un motor de vida imprescindible. “Siempre le he dicho a Rafael que fuera consciente de su situación en el mundo, de lo bueno que le pasa y que, a partir de ahí, empezara a estimularse. La ilusión viene dada por los objetivos elevados, renovables, pero asumibles. Estar ilusionado con lo que uno hace es casi una obligación”.

Rafa Nadal, acostumbrado a la adversidad

Esa ilusión pretendió inculcarla en su sobrino desde muy pequeño, cuando el equipo de trabajo se reducía a la pareja, cuando nadie más que ellos tomaba decisiones. De ahí nace un apartado que él titula ‘Individualismo’: “Lo entiendo en el sentido de la responsabilidad. Si estuviera en un equipo de fútbol, pensaría lo mismo. Esto no significa hacer lo que me plazca, sino lo que más convenga al conjunto. No me gusta que interfieran en mi trabajo, del mismo modo que a mí no me gusta intervenir en el de los demás. Hablo del individualismo como una forma diferente de ser responsable”.

Es la segunda vez -en 11 participaciones- que Nadal no gana Roland Garros. En Montecarlo perdió con Djokovic, igual que en París. Después, en Madrid, le tocó vengarse a Murray. Los rivales, los pesos pesados del top ten que ahora se le resisten, han sido junto a las lesiones “las mayores adversidades de Rafael”. Sin embargo, antes de que se cruzara con los tratamientos o los reveses cruzados de Djokovic, Toni se preocupó por que su sobrino sintiera el peso de lo difícil. “En la etapa de formación fui yo su mayor adversidad. Intenté que trabajara bien la capacidad de aguante. Sabía que le sería bueno en el tenis, pero también en la vida. Recuerdo que hace años le detectaron un grave problema en el pie. El especialista me preguntó cómo podía jugar con ese dolor, un dolor que además supone desconcentración en la pista. Ahora, sigue estando en lo más alto. Acostumbrarse a lo adverso le ha ido bien”.

El desayuno ha terminado. La mesa está despejada y Toni no tardará en llenarla de periódicos. El primero de ellos es color salmón, que apoyado sobre el mantel, dibuja un bonito contraste con el azul de su libreta. No la ha abierto en ningún momento, pero si la lleva encima es porque todavía quedan páginas por escribir. “Esto es tan solo una propuesta. Si hubiera tenido que educar a Rafael en cualquier otra disciplina, lo hubiese hecho en base a los mismos principios”. Unos principios que estuvieron desde el principio.

 

 

Un derbi en la sala VIP

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De los catorce años de derbis asimétricos con un contendiente empequeñecido hemos pasado a una tensión de violines acelerados, como se vio tras un sorteo de Champions que no contentó ni a unos ni a otros. Y al repensar la relación de los dos grandes madrileños encontraremos que el salto de lo tabernario a lo planetario, curiosamente, les ha acercado más que nunca.

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Imagen de la Puerta del Sol con las camisetas del Real Madrid y del Atlético de Madrid en mayo de 2014, por la final de la Champions (Foto: Madrid.org)

 

La última victoria atlética antes de la llegada de Simeone se produjo en 1999 y se me ocurren tres formas de ilustrar lo lejos que queda aquel partido:

  • Por la vía estética: las camisetas de ambos equipos eran tremendamente holgadas, como sacadas de El príncipe de Bel-Air, todavía propias de esa década perdida para el buen gusto que fueron los años noventa.
  • Por la vía nostálgica: las defensas centrales de ambos equipos estuvieron formadas por Iván Campo y Julio César, en el lado blanco, y por Gamarra y Chamot, en el contrario.
  • Por la vía paradójica: Bizarri fue expulsado al comienzo de la segunda parte y saltó al campo Iker Casillas. El Bernabéu le recibió con una ovación.

De los catorce años de derbis asimétricos con un contendiente empequeñecido hemos pasado a una tensión de violines acelerados, como se vio tras un sorteo de Champions que no contentó ni a unos ni a otros. Y no lo digo precisamente por las comprometidísimas palabras de Butragueño (“podría haber sido mejor o podría haber sido peor”), sino por esa sensación de incomodidad que se apoderó de los aficionados de ambos equipos, la misma energía que se concentra a la salida de un cine tras la proyección de un thriller psicológico, cuando sólo queda encenderse un cigarrillo o guardar un rato de silencio.

Repensar las rivalidades cada cierto tiempo, no caer en la fábula moral de pobres contra ricos, es un ejercicio sano. Lo hizo David Remnick a propósito de Joe Frazier y Mohammed Ali, sobre quien escribió una hermosa biografía: “A pesar de toda la dimensión psicológica y racial que tenían sus combates en los años setenta, ahora creo que aquella lucha se situaba en un nivel casi estrictamente individual, era una disputa de fuerza interior, de condición física y de voluntad”. Es decir, que después de mucho repensarlo, aquello no era una pugna entre clases y carácteres, sino dos personas liándose a mamporros porque querían ganar.

Y al repensar la relación de los dos grandes madrileños encontraremos que el salto de lo tabernario a lo planetario, curiosamente, les ha acercado más que nunca. El Atlético, con unos años de retraso, ha desembarcado definitivamente en el G-20 de las pretemporadas transoceánicas, de los patrocinadores que no aparecían en los mapas de nuestra infancia, de evangelizar infieles futbolísticos con partidos amistosos, de salvar la primera ronda de Champions antes de la última jornada y de la sensación egocéntrica de que perder un solo partido es tirar la liga por la borda… La novedad de ahora mismo es que estamos ante un derbi de sala VIP.

El Real Madrid

El Real Madrid llega al partido después de unos meses extraños y con la duda de si tiene los músculos atrofiados por su falta de uso.

Es cierto que hubo lesiones tan importantes como las de Modric, James y Ramos. Especialmente importante me pareció la de Modric, porque usar al croata como mediocentro fue el primer título de Carletto con el Real Madrid. Lo recuerdo en su primera entrevista como jugador blanco, asustado, respondiendo con las uñas clavadas en el asiento, y entonces pensé que Modric era de esos a quienes sudan las manos en los actos oficiales, un muñeco para un pastel de bodas, un futbolista con botas de Lladró. Pero Ancelotti decidió ponerlo ahí. Muchas veces, el centro del campo de un equipo de fútbol se parece al reparto de ‘Los gemelos golpean dos veces’. Un tipo duro, como Arnold Schwarzenegger, encargado de asfixiar rivales. Y un tipo graciosete, como Danny DeVito, que crea el juego. Modric es ambos.

Pero es que a Modric se han sumado Kroos y James conformando el primer centro del campo radicalmente vanguardista. Lo digo porque antes en el fútbol cabía un poco más de anarquía, los entrenadores no inspiraban sus estrategias en ordenanzas cívicas. Se dejaba ver una subida valerosa de Gordillo, que no regateaba ni hacia la derecha ni hacia la izquierda, sino hacia abajo, siempre a punto de perder el equilibrio. O una carrera hipervitaminada de Stoichkov sin levantar la vista del suelo, como si diseñara autopistas o trazados para una partida de chapas.

Ahora el fútbol es milimétrico: jugadores que guardan su posición con más celo que un mayordomo británico, cambios de juego con precisión de tabla excel, controles perfectamente orientados que hacen caer de culo al rival… Y en cuanto se produce el más mínimo fallo, todos como monteros a por el rival. Fallo = gol. Así tiende a ser el fútbol moderno, atinado y casi infalible, y los arqueólogos del futuro encontrarán las primeras células de eso en Modric, Kroos y James.

Por todo esto, la capacidad de Modric y James para resistir un partido de la máxima intensidad será uno de los factores a tener en cuenta en estos cuartos de final. Porque Ancelotti no soporta su banquillo. El italiano tiene maneras de profesor en colegio de pago, es consciente de que debe mantener la compostura porque las cosas cuestan dinero, y disfruta viendo desde la línea de cal a sus once jugadores ejecutar algo delicioso, una especie de ensayo general de un coro en el Eton College. Pero todo se tuerce cuando posa la mirada en su banquillo. No puede evitarlo: en vez de ver a unos profesionales esperando su turno en un banquillo de clase business encuentra a un grupo de adolescentes deseosos de instagram en el banco de un parque. Chicharito, Coentrao, Khedira, Illarramendi, Jesé. Y lo intenta nuevamente: mira a los once del césped y el mundo es un lugar reconfortante. Devuelve su vista al banquillo y se pone nervioso y eso le lleva a los cambios raros y de ahí a la anarquía y a una experimentación de profesor chiflado, inadmisible en un buen colegio.

Entre las cosas que han salido mal en el Madrid en las últimas fechas también se encuentra Cristiano Ronaldo, irreconocible hasta que marcó cinco al Granada. Los amantes de la cámara superlenta saben que su registro de emociones sobre el césped es mecánico: rabia, alegría, puchero, alegría, alegría, queja. En los últimos partidos su paleta se había ensombrecido, él era un niño temeroso dispuesto a mandar al tercer anfiteatro las gorras a lo DJ Kun, los pendientes de brillantes y los versos de Kevin Roldan. Pero seguro que todo esto se le pasa al olor de la alta competición, así que tranquilidad para los madridistas.

En el apogeo de la melancolía ronaldiana fueron Benzema e Isco quienes sostuvieron el chiringuito: hay que reconocérselo. A Benzema, por reformular una ley de la geometría que ahora dice que la distancia más corta entre dos puntos es una carrera suya. Los buenos futbolistas, en realidad, maduran igual que los buenos escritores: se van desprendiendo de la adjetivación. Y Benzema es un jugador sustantivo. Y a Isco, por sus andares de futbolista goyesco y por agarrarse como una fiera a la ramita que separa el césped de la caída a los banquillos, habiéndose disciplinado tanto que ahora Ancelotti no puede ignorarlo: ¿James o Isco?, nos preguntamos para el martes.

El Atético de Madrid

Hace cuatro años vivimos en España el máximo apogeo de los grandes relatos gracias a Guardiola -el icono de la Super Pop que pegaban los intelectuales en sus carpetas- y a Mourinho -el parche que adherían los malotes a sus chupas-. La marcha de ambos rebajó la fiebre por las discusiones sobre qué estilo nos llevaría más rápido hacia el perfeccionamiento humano. Y el cortejo fúnebre de los grandes relatos cobrará forma de contragolpe el día en que Luis Enrique gane un título para el Barcelona con una jugada en tres pases, o a la salida de un córner.

La llegada de Simeone al Atlético enterró otro relato grande, el del “pupas”, y demos gracias. Porque estas formulaciones filosóficas son bastante tramposas: recurrir a la condición de “pupas” servía para justificar cualquier debacle sin detenerse en la horrenda gestión deportiva del club. El único problema es que se ha cambiado el relato del “pupas” por el de la brutal capacidad de motivación de Simeone. A mí eso me parece simplista, porque hay fundamentos científicos que evidencian que la motivación no basta para jugar bien al fútbol. Me refiero al debut de Salva Ballesta con la selección española: nunca hubo un jugador más motivado, y todo para acabar como un auto de choque en una persecución desesperada de la pelota.

Pero lo de Simeone tiene mucho mérito, no vamos a negarlo. Hay entrenadores que hacen bueno a un futbolista: ahí está el renacer futbolístico de Reyes a las órdenes de Quique Sánchez Flores, en un ejemplo dentro del Atlético. Pero es que Simeone lo ha hecho con todo el equipo: ha convertido a Juanfran en un lateral brasileño, y no solo eso, sino que también sabe defender; ha revestido de tanto aplomo a sus centrales que ahora se parecen a las estrellas del billar que poblaban las madrugadas de Eurosport, y así con todos sus futbolistas.

El Atlético, como el Madrid, tampoco llega en su mejor momento: en la Liga se encuentra más alejado de la cabeza que el año pasado y en la Champions sufrió mucho para deshacerse del Leverkusen. El equipo se ha reinventado pero ya no sorprende tanto. En parte es normal, por una cuestión de expectativas. También porque hay jugadores que no se encuentran al mismo nivel, léanse Gabi y Raúl García.

Pero sobre todo por la ausencia grande de Diego Costa, que era el anuncio de una desgracia irremediable para los defensas, un dinamitero de western: controlaba y los defensas salían volando cómicamente a su alrededor. Los tres delanteros de ahora no echan raíces y lo que es peor: hasta resultan entrañables. Un viejoven (aunque, ojo, Torres huele a policía retirado que regresa solo para dar caza a su archienemigo), un croata con pinta de regentar un emporio de lounges y un soldado de la infantería gala en una película sobre la Segunda Guerra Mundial (ojo también, que Griezmann anda especialmente encendido).

Si defendíamos lo vanguardista del centro del campo blanco, lo justo es ensalzar la democracia radical del mediocampo atlético. En algunos partidos destaca Koke (bueno, mejor dicho, en casi todos). En otros, Tiago (este año ya ha marcado más goles que en cualquier otra temporada con el Atlético). En otros, Saúl (nos sorprendió a todos con su papelón en el 4-0 de Liga al Madrid). En otros, Mario Suárez (fue el hombre grande contra el Leverkusen). Y, siempre, Arda Turan, que es bueno hasta para definirse a sí mismo: “Mi fútbol es una calle estrecha de Estambul”, le dijo a la gente de Líbero. Porque es cierto, su fútbol es una calle repleta de gente, es la obligación de conservar la pelota ante la amenaza de un mercader liante o de la banda del barrio, y al final el turco obra el encantamiento de que 21 futbolistas graviten en su órbita.

Y concluiremos el repaso a las piezas atléticas con una hermosa historia circular en la que un novelista encontraría el destino y la venganza: Moyá se hizo titular en la portería del Atlético por una lesión de Oblak y es probable que Oblak se haga definitivamente titular por una lesión de Moyá. Digo hermosa, especialmente para los atléticos, por la seguridad de ambos.

En cuestión de precedentes, los blancos se acordarán de la pasada final de Lisboa mientras que los rojiblancos enfatizarán su imbatibilidad en los seis enfrentamientos de esta temporada. En resumen, sobre los precedentes podría decirse casi cualquier cosa: hacer un Butragueño. Por un lado, parece un hecho que Simeone ha mostrado más recursos en estos encuentros: desde que su equipo juegue mejor (el ejemplo del 4-0) hasta convertirse en un malvado de la lucha libre que estampa una silla en la cabeza del juez (el ejemplo del calvote al cuarto árbitro). Pero también sabemos que la Champions es el gran fetiche blanco, el escenario para ultrajar a sus fantasmas como ocurrió el año pasado con el Bayern de Guardiola. Es decir, que hay precedentes para todo.

Más allá del resultado, que no se nos escape el hecho excepcional de que sea el segundo año con Madrid y Atleti jugándosela en Champions. ¿Cómo ilustraremos el tiempo hasta que algo así ocurra de nuevo? ¿Qué pensaremos de la estética de esta década? ¿Qué pensaremos de los centrales de ambos equipos? ¿Y qué pensaremos de Casillas?

Álvaro Llorca es periodista y editor en Libros del K.O., una pequeña editorial que publica grandes reportajes.