Atrapados en el puerto de Lesbos

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Ni se hablará de ellos ni se recordarán sus nombres ni se conocerá su historia. Sus caras se perderán entre miles en las fotos de la prensa internacional. O ni siquiera eso. Pero ellos están aquí, con las caras quemadas bajo el sol inclemente de este comienzo de septiembre, en medio del infierno del puerto de Mitilene, en Lesbos.

Reportaje gráfico: Mariangela Paone

MITILENE (LESBOS).– Ni se hablará de ellos ni se recordarán sus nombres ni se conocerá su historia. Sus caras se perderán entre miles en las fotos de la prensa internacional. O ni siquiera eso. Pero ellos están aquí, con las caras quemadas bajo el sol inclemente de este comienzo de septiembre, en medio del infierno del puerto de Mitilene, en Lesbos.

Mientras el mundo entero llora la muerte del pequeño Aylan en la playa turca de Bodrum, en la otra orilla, cientos de niños como Aylan sufren en sus carnes las condiciones de una travesía inhumana que no ha hecho más que empezar. Están atrapados desde hace días, junto a sus padres, en el embudo que es esta isla griega para los miles de refugiados que siguen llegando a sus costas, sin parar, en lanchas cargadas más allá del límite.

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No hay sombra bajo la que resguardarse ni tiendas ni baños ni aseos en el inmenso campo de refugiados que es el muelle de esta ciudad. En los arcenes de la entrada, donde se encuentran los únicos árboles del recinto, las madres acunan a los más pequeños cuyos llantos se pierden en el griterío general. Algunas han caminado durante días para llegar desde la otra punta de la isla con los bebés a cuestas y los niños mayores de la mano. El trayecto se extiende durante 70 kilómetros.

Las marcas del camino están impresas en la piel: muchos niños tienen eritemas y fragmentos de piel enrojecida por todo el cuerpo. Los padres deben sacar una fuerza titánica para tranquilizarles mientras tratan a duras penas de disimular el cansancio y sobre todo el miedo. Como todos los que están aquí, no saben cuándo podrán dejar Lesbos y subirse a uno de los ferries que dos o tres veces a la semana trasladan a los refugiados hasta el puerto ateniense del Pireo sin que baje el número de los que se quedan aquí.

El alcalde de Mitilene, Spyros Galinos, pidió el miércoles la declaración del estado de emergencia porque en la isla puede haber más de 20.000 refugiados y la mitad se encuentra en los alrededores del puerto. Una ciudad dentro de la ciudad. “En los últimos dos meses, el número de migrantes que han pasado por la isla es mucho mayor que el de su población: 85.000 habitantes”, declaró. Los que salen son remplazados por los que llegan, que suelen ser entre 500 y 900 cada día aunque el sábado pasado desembarcaron unas cien lanchas: más de 4.000 personas.

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La única oficina de la policía portuaria que registra a los refugiados sirios y les entrega el salvoconducto que les permite salir de Lesbos está desbordada. El caos reina sobre el procedimiento, el lugar y los tiempos de entrega de los papeles. Hasta ahora los datos se tomaban en dos precarios campos a las afueras de Mitilene: el del pueblo cercano de Moria y el de Kara Tepe, a un par de kilómetros de la ciudad.  Allí mismo volvían los agentes para completar la gestión y entregar el documento. Pero ayer por la mañana Kara Tepe estaba casi vacío porque a los sirios se les había dicho que fueran al puerto para el registro. Una vez aquí se encontraron otra vez en el limbo, en una espera de horas sin respuestas ni certezas.

Muchos se agolpan frente a la oficina donde se hacen los registros, mantenidos a distancia por los militares que llevan las caras cubiertas por mascarillas sanitarias. Otros, sin perder de vista la oficina para captar cualquier cambio o anuncio, miran desde lejos por temor a que estallen desórdenes como sucedió hace unos días cuando la tensión acabó en enfrentamientos entre grupos de refugiados. A los sirios se le da prioridad frente a los afganos y a los iraquíes que forman parte de este inmenso éxodo. Los refugiados tienen miedo también a los militares. Un joven levanta la camiseta y enseña un gran moratón en el brazo.

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Poco después un agente sale de la zona acordonada blandiendo la porra y golpea a uno de los hombres. Los que están alrededor se dispersan. Entre ellos hay mujeres y niños. Pasan unos minutos y vuelven a concentrarse frente a la oficina, la primera y la última estación de un vía crucis que puede durar más de una semana. Muchos deciden no esperar en los campos de las afueras y se quedan en los alrededores, comprando tiendas de campaña de su propio bolsillo por 25 euros en los establecimientos de la ciudad.

Decenas y decenas de carpas azules ocupan el parque aledaño al puerto, al lado de un balneario destinado a las familias de los militares. Es un lugar de vacaciones protegido en medio del descontrol y rodeado de gente que vive en condiciones de insalubridad. “Nadie nos atiende, nadie nos ayuda. Se nos trata peor que a los animales”, dice un hombre sirio que lleva cinco días aquí. Es algo que repiten todos. Muchos se acercan espontáneamente para enseñar a sus hijos enfermos, para pedir si se puede hacer algo con los papeles, para pedir información, para enseñar las marcas de los porrazos recibidos por los militares. “Nos gritan: ¡Marchaos! ¡Marchaos! ¡Quietos! ¡Sentaos!”.

A media tarde en el puerto, se anuncia que las familias serán trasladadas otra vez a Kera Tepe para esperar allí la recogida del salvoconducto que les llevará en un ferry gratuito a Grecia. En Kera Tepe las condiciones son aún peores y la labor de las ONG internacionales es una gota de agua en un mar inmenso.

Al llegar el primer autobús, estalla el caos. Todos se apiñan frente a la puerta delantera intentando entrar sin dejar atrás a la familia y a los amigos. Las puertas se cierran entre los gritos de dos mujeres que se han quedado fuera con sus hijos subidos al autocar. El conductor ya ha arrancado cuando los agentes empiezan a golpear el vehículo para que pare y deje subir a las madres. Decenas de niños asisten mudos a la escena.

Por qué la crisis de los refugiados paraliza y enfrenta a la UE

Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

En lugar de solidaridad y acogida, el agravamiento de la crisis de los refugiados este verano ha provocado parálisis y enfrentamientos entre los estados miembros de la UE, que no se ponen de acuerdo sobre un sistema de cuotas obligatorias para repartirse a los demandantes de asilo. A continuación explico las claves de esa parálisis y de lo que puede ocurrir a partir de ahora. 

En la imagen, refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

Gráficos de Patricia López

La foto de la vergüenza de Europa / La muerte, en alejandrinos

“Por favor, no vengan”. Es el mensaje que ha lanzado desde Bruselas a los refugiados que tratan de llegar a Europa el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Ha sido su respuesta a la foto del niño sirio ahogado en una playa de Turquía. En lugar de solidaridad y acogida, el agravamiento de la crisis de los refugiados este verano ha provocado parálisis y enfrentamientos entre los estados miembros, que no se ponen de acuerdo sobre un sistema de cuotas obligatorias para repartirse a los demandantes de asilo.

El crecimiento de partidos populistas y de ultraderecha en muchos países europeos dificulta cualquier solución. Está además en riesgo uno de los principales logros de la UE, la libre circulación de personas en el espacio Schengen ya que países como Austria empiezan a reintroducir controles fronterizos. Para el 14 de septiembre se ha convocado una reunión extraordinaria de los ministros del Interior de los 28 en un intento de desbloquear la situación.

¿Por qué aumenta la llegada de refugiados a la UE?

Unos 340.000 inmigrantes y demandantes de asilo han sido detectados en las fronteras de la UE tratando de entrar de forma irregular entre enero y julio de este año, una cifra que casi triplica la registrada en el mismo periodo de 2014: 123.500 personas en los siete primeros meses y 280.000 en el total del año, según los datos de la Agencia Europea de Control de Fronteras (Frontex). Pese al fuerte aumento, esta cifra apenas representa el 0,06% de la población de la UE. Pero el incremento ha provocado una “presión sin precedentes” para las autoridades de control fronterizo de Grecia, Italia y Hungría, según admite la propia agencia.

La guerra civil en Siria, que ha entrado ya en su quinto año, el caos en Libia tras la intervención de la OTAN, el avance del Estado Islámico, la inestabilidad en Irak o Afganistán o los regímenes represivos en países africanos como Eritrea son las principales causas que explican el constante agravamiento de la crisis de refugiados.

Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis
Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

¿Cuáles son las principales rutas de entrada?

Los inmigrantes y los traficantes de personas van ajustando las rutas en función de las dificultades y controles que encuentran en cada punto. En estos momentos, la principal ruta de entrada a la UE es la del Mediterráneo oriental, por donde han llegado 132.000 personas en los siete primeros meses del año. Se trata sobre todo de sirios y afganos que acceden a Grecia por mar desde Turquía. Por Hungría han entrado, a través de los Balcanes, más de 100.000 refugiados que vienen de Afganistán y Siria pero también de Kosovo. En tercer lugar, está Italia, que en lo que va de año ha recibido a 90.000 inmigrantes, en su mayoría de Eritrea y Nigeria, que realizan la peligrosa ruta por mar desde Libia. En contraste, a España sólo han llegado este año alrededor de 7.000 inmigrantes, sobre todo por Ceuta y Melilla, según Frontex.

En estos viajes para llegar a Europa, los refugiados se juegan la vida. En lo que va de año, alrededor de 2.400 inmigrantes han muerto en el mar al tratar de llegar a las costas europeas, según los cálculos de la Organización Internacional para las Migraciones. El último ejemplo, el niño ahogado encontrado en una playa de Turquía. A ello hay que sumar casos como el de los más de 70 inmigrantes hallados muertos en un camión en Austria.

Refugiados sirios rezan al llegar a la isla griega de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis
Refugiados sirios rezan al llegar a la isla griega de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

¿Cuál ha sido la respuesta de la UE hasta ahora?

La política europea en materia de inmigración y asilo sólo ha avanzado a golpe de crisis y tragedias migratorias. Y ello por las diferencias entre los países con frontera exterior, sobre todo los del sur (que viven el problema directamente) y los del centro y este (que hasta ahora no lo han considerado urgente).

La crisis de los cayucos en España en 2006 fue el primer impulso para empezar a reforzar Frontex en su función de coordinar patrullas de vigilancia marítima de varios países de la UE, aunque el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ya experimentó las dificultades para concretar la solidaridad de los demás estados miembros. El naufragio de una barcaza procedente de Libia cerca de la isla italiana de Lampedusa en octubre de 2013 provocó la muerte de 366 inmigrantes y movilizó a los líderes europeos. Pero el impacto de la tragedia apenas se tradujo en medidas concretas.

Un nuevo naufragio en Lampedusa de una embarcación con 700 inmigrantes en abril de este año forzó a los jefes de Estado y de Gobierno a explorar nuevas soluciones. Los líderes acordaron triplicar el presupuesto y los barcos y aviones de las patrullas de Frontex por el Mediterráneo con el fin de detectar y asistir a las embarcaciones de inmigrantes en peligro.

En los siete primeros meses del año, 95.000 inmigrantes han sido rescatados en el Mediterráneo central. La UE también ha decidido lanzar una misión militar para destruir las embarcaciones que utilizan los traficantes de inmigrantes. De momento, los expertos de la UE se limitan a reunir información sobre las mafias porque todavía no cuentan con una resolución de Naciones Unidas que les autorice a actuar en territorio libio.

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Gráficos de Patricia López

¿Por qué han fracasado las cuotas de Bruselas?

La medida más novedosa propuesta la Comisión de Jean-Claude Juncker en abril fue un plan para repartir a 60.000 refugiados entre los Estados miembros con dos componentes. En primer lugar, Bruselas pretendía redistribuir, mediante un sistema de cuotas obligatorias, a 40.000 demandantes de asilo llegados a Italia y Grecia con el objetivo de aliviar la presión que sufren los dos países (lo que en la jerga europea se denomina reubicación). A ellos se sumarían otros 20.000 refugiados que se traerían a la UE desde el norte de África y Oriente Medio para abrir canales legales de inmigración y evitar que estas personas tengan que lanzarse al mar (reasentamiento). A diferencia del primero, este segundo componente tendría un carácter voluntario. Los criterios de reparto eran cuatro: la población de cada país (que contaba un 40%), su nivel de riqueza (40%), la tasa de paro (10%) y las peticiones de asilo tramitadas en el pasado (10%). A España le correspondía acoger en total a 5.837 refugiados. Al final sólo aceptó acoger a 2.749.

El plan, que contaba con el respaldo de Francia y sobre todo Alemania, quedó descafeinado en la última reunión de los ministros del Interior de los 28 celebrada el 20 de julio por la oposición de España, Reino Unido y los socios del este. Estos países lograron, en primer lugar, que el reparto no fuera en ningún caso obligatorio ni impuesto por Bruselas. Después ofrecieron cuotas muy inferiores a las sugeridas por la Comisión. El caso más extremo es precisamente el de Hungría, que se ha negado a participar. El resultado es que de momento los países de la UE sólo acogerán a 32.000 solicitantes de asilo procedentes de Italia y Grecia en lugar de 40.000. En contraste, sí que se ha logrado alcanzar la cifra de 20.000 refugiados reasentados.

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¿Por qué España no acepta más refugiados?

 El elevado paro, la posibilidad de que se genere un efecto llamada o los esfuerzos que hace España para controlar sus fronteras y frenar la inmigración irregular son algunos de los argumentos que ha esgrimido el Gobierno de Mariano Rajoy para justificar su negativa a las cuotas propuestas desde Bruselas. El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha alegado en una entrevista al periódico alemán Die Welt que la tasa de paro y los esfuerzos en inmigración “no se tienen en cuenta de forma suficiente” a la hora de calcular el reparto. “Con una tasa de paro tan alta como la de España, del 22%, no se puede ofrecer a la gente una oportunidad justa de integración”, ha dicho.

Para el Gobierno de Mariano Rajoy, la UE debería ir a la raíz del problema y reforzar la cooperación con los países de origen y tránsito de inmigrantes y refugiados, como hace España con Mauritania y Senegal.

Pese a que España ha sufrido varias crisis migratorias en los últimos años, en particular en las islas Canarias y en Ceuta y Melilla, sigue siendo uno de los países de la UE que tramita y acepta menos solicitudes de asilo. Durante el primer trimestre de 2015, España registró únicamente 2.035 demandas de asilo, el 1,1% del total en la UE, cuando su población es alrededor del 9% del total. En 2014 sólo concedió protección a 1.600 personas: el 0,8% de decisiones positivas en la UE.

Un grupo de refugiados protesta en la estación de tren de Bicske (Hungría). / REUTERS / Bernadett Szabo
Un grupo de refugiados protesta en la estación de tren de Bicske (Hungría). / REUTERS / Bernadett Szabo

¿Cuál ha sido el papel de Alemania?

Alemania ha tenido que asumir de nuevo, junto con la Comisión, el liderazgo en la crisis de los inmigrantes. La canciller, Angela Merkel, ha admitido que se trata de un “desafío mayor” que la crisis de Grecia y está multiplicando los llamamientos a la solidaridad, sobre todo los dirigidos a los países del este. Pero también ha avisado de que “si no se logra un reparto justo de refugiados dentro de Europa, entonces algunas personas querrán poner [el espacio sin fronteras] Schengen en la agenda”. Berlín prevé recibir este año 800.000 solicitudes de asilo y ha dicho que acogerá a todos los refugiados sirios que lleguen a su territorio.

Pero los vecinos de Alemania, en particular Hungría y Austria, se quejan de que estos anuncios están provocando un efecto llamada que está destrozando a sus propios países. El premier húngaro Orban ha llegado a decir que la crisis de refugiados es un “problema alemán” porque es allí donde quieren dirigirse todos los demandantes de asilo.

Por lo demás, la crisis ha provocado también cruces de reproches entre Francia y Reino Unido a cuenta de los inmigrantes que se acumulan en Calais (a la entrada del canal de la Mancha) o entre Francia e Italia por los que están en la ciudad fronteriza de Ventimiglia. El Gobierno francés ha criticado también la construcción por parte de Hungría de una valla en su frontera con Serbia.

¿Qué medidas prepara la Comisión? 

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, tiene previsto anunciar el próximo 9 de septiembre una nueva batería de medidas para hacer frente a la crisis migratoria. En primer lugar, Juncker planteará repartir entre los países de la UE a otros 120.000 inmigrantes llegados a Italia, Grecia y esta vez también Hungría, según ha adelantado el periódico italiano La Reppublica. Para evitar que los países del este o España bloqueen de nuevo el reparto, permitirá no obstante que los estados miembros que no deseen participar se excluyan, aunque tendrán que dar explicaciones a sus socios y opiniones públicas. El Ejecutivo comunitario pretende además poner sobre la mesa un sistema permanente de reparto que se activaría de forma automática cuando se superen determinados umbrales de llegada de refugiados.

La Comisión plantea también acelerar la puesta en marcha de centros de registro de inmigrantes y refugiados en Grecia e Italia y elaborar una lista de países seguros para facilitar la deportación de aquellos inmigrantes irregulares que se considera que no corren ningún riesgo en su país de origen. Esta lista es una petición de Alemania, que se ve desbordada por solicitudes de asilo de inmigrantes procedentes de los Balcanes. Las deniega casi todas pero su tramitación consume muchos recursos. Otra pista en la que se trabaja es la creación de un fondo para ayudar a los países de origen.

No está claro si esta nueva batería de medidas podrá salir adelante. Mariano Rajoy se ha mostrado dispuesto a reconsiderar su cuota de refugiados pero mantiene muchas reservas y los países del este (en particular Polonia, Hungría, Eslovaquia y República Checa) se han propuesto reforzar su alianza contra las cuotas. Pero la creciente presión de Alemania y de la opinión pública podría obligarles a flexibilizar su posición.