Las bolas del Estafermo

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¿Cómo es posible que un ignoto monje benedictino llamado Íñigo Gómez de Barreda que publicó sus reflexiones políticas en apoyo del padre Feijoo a mediados del XVIII, emboscado en el seudónimo de Ignacio de la Erbada, retratara a Mariano Rajoy con tan premonitoria clarividencia?

¿Cómo es posible que un ignoto monje benedictino llamado Íñigo Gómez de Barreda que publicó sus reflexiones políticas en apoyo del padre Feijoo a mediados del XVIII, emboscado en el seudónimo de Ignacio de la Erbada, retratara a Mariano Rajoy con tan premonitoria clarividencia?

“Es un estafermo que fabrica una fantasía inquieta, una pasión inmoderada, una ambición mal corregida, una credulidad necia, una ligereza mal fundada, un voluntario engaño del deseo, un tributo de la flaqueza, un censo de la ansia, un embuste de la codicia, un latrocinio del tiempo, un desliz del entendimiento, un tropiezo del gusto, una ira del deseo, una impaciencia del apetito, una moneda que todos la deben conocer por falsa, pues pretenden deshacerse de ella”.

Tengo en mi biblioteca una primera edición de la obra principal de Erbada a la que pertenece este fragmento. Fue publicada en Salamanca en cuatro tomos entre 1761 y 1763. Se titula Las fantasmas de Madrid y estafermos de la Corte. Alguien puede decir que si los espectros que se le aparecían al benedictino eran femeninos -“las fantasmas”- también estaba vaticinando el advenimiento de Carmena y la evaporación de Aguirre. Pero el subtítulo viene a centrar el tiro al anunciar una “obra donde se dan al público los errores y falacias del trato humano para precaución de los Incautos”. Y al escribir esta última palabra con mayúscula el monje estaba sugiriendo que trataba de protegernos de un engaño masivo.

Erbada contempla la política como “un teatro de representación falsa” en el que “aparece un astuto y redomado haciendo el papel de ángel; y el hipocritón y falaz representando el papel de santo”. Pero detrás del decorado descubre a un “fantástico estafermo que habla halagüeño y espanta a los necios y crédulos, un embuste que abulta lo que no hay”. Cuando más adelante añade que ese émulo de Tartufo “vive en continua meditación, haciendo de estafermo en los corrillos y visitas porque siempre está pensando en lo que ha de adquirir”; y sobre todo cuando sentencia que es “un estafermo que espanta porque se mueve, una pintura feriada a mucho precio, una estatua conservada a grave costa… una imagen artificiosa que estando muerta parece que tiene vida”, es inevitable levantar los ojos del vetusto libro polvoriento y suspirar: Mariano, te han pillado.

Estafermo por aquí, estafermo por allá. Exhumando este documento vengo a reconocer la falta de originalidad del remoquete que endilgué hace meses a este individuo que, como acabo de explicar en una entrevista, “saldrá completamente de mi vida el día que deje de ser presidente”. En otro momento Erbada habla, de hecho, en plural de “aquellos politicones, fantasmones de tablero, estadistas de rebozo, celadores de las pragmáticas antiguas, estafermos de pasadizo, estorbos de puerta de calle”. Esta última expresión me parece la más atinada y grave. Todo un hallazgo: al Estafermo siempre lo tenemos ahí, “estorbándonos” a la vez en la puerta de la economía y en la calle de la política.

Pero la glosa de Erbada me sirve también para demostrar la pertinencia del símil entre el gobernante acomodaticio y ese muñeco con apariencia humana, a veces pasmado homínido con aire de maniquí, que utilizaban los caballeros medievales en justas y entrenamientos. Máxime cuando, al mostrarse inicialmente tan satisfecho por la debacle electoral de su partido en las municipales, Rajoy estaba celebrando que el tremendo impacto sobre su escudo pudiera convertirse, por mor de la inercia giratoria del estafermo, en el impulso prestado que le lleve a golpear por la espalda al adversario, con la maza o las bolas de hierro que penden de su otra mano, para alzarse así con un triunfo personal en las generales.

Carente de genio y de carisma, del menor garbo o luz interior, patoso e indolente, incapaz de generar empatía o tan siquiera complicidad, después de haber engañado a muchos, después de haber decepcionado a todos, Rajoy es ya carne de desolladero.

Si lo del Estafermo ha cundido como la pólvora en las redes sociales es porque tiene base. Rajoy pretende hacer de la aniquilación de Aguirre, Fabra, Bauzá, Rudi, Monago, Zoido, De la Riva, Teófila Martínez, Ignacio Diego o la propia Cospedal, buenos y malos mandatarios, arcaicos y renovadores, jovenzuelos y vejestorios, la fuente de su propia supervivencia. El secreto a voces se le escapó al trujimán Arriola, tal y como lo ha reflejado ECD: “Nos interesa perder las elecciones“.

Está claro por qué. Cuando, pese a disponer de mayoría absoluta para hacer y deshacer a voluntad, un gobernante lleva tres años y medio atascado entre el 2 y el 2,5 de valoración, es que ya es imposible depositar en él expectativa alguna. Carente de genio y de carisma, del menor garbo o luz interior, patoso e indolente, incapaz de generar empatía o tan siquiera complicidad, después de haber engañado a muchos, después de haber decepcionado a todos, Rajoy es ya carne de desolladero.

Ilustración: Javier Muñoz
Ilustración: Javier Muñoz

Sólo el baldón que supondría convertirse en el primer presidente de la democracia incapaz de repetir mandato, la perspectiva de no poder volver a salir literalmente de casa sin que se le caiga la cara de vergüenza después de haber dilapidado el mayor capital entregado jamás a un gobernante de centro derecha, el horizonte de pasar a la historia no como un malvado o un inepto sino simplemente como un piernas, como un babieca o como un gil, sólo ese prurito de casino provinciano frente al qué dirán a la hora del chamelo le ancla en el empecinamiento de imponer su candidatura. Salga el sol por Antequera, la única verdad teológica, el único dogma de fe en un partido desmochado de convicciones y creencias es que, impasible el ademán, lo ha dicho ya treinta y tres veces, el autodesignado Mariano Rajoy Brey tiene que aspirar por cuarta vez a la Moncloa.

El único esquema viable para ello pasa por presentarse como alternativa no ya a la inestabilidad y el caos sino a las furias desatadas del averno. De ahí que lo que más le incomode sea la moderación de Albert Rivera, convertido ahora en líder nacional. De ahí que le haya convenido mucho la derrota o equivalente pírrica victoria de tantos candidatos del PP, todos ellos dispares entre sí pero doblegados por el común lastre de la decepcionante gestión gubernamental. Son la carne de cañón con la que Rajoy alimenta ese último obús que disparará contra las hordas bolivarianas y la chusma marxista leninista cuando, tras implantar el comunismo municipal, se apresten a asaltar su Palacio de Invierno.

Por eso se frota las manos al imaginar a Ada Colau invadiendo entidades bancarias con la vara de alcaldesa en ristre, por eso le encanta que sea Carmena y no Carmona la que vaya a profanar, cual Lola Gaos en la escena de los mendigos de Viridiana, las estancias de diseño del Palacio de Cibeles, por eso disfruta con cada nueva ocurrencia de Esperanza Aguirre para hacer frente a la situación de emergencia termonuclear, en angustiosa fase de código rojo, que súbitamente se abate sobre los madrileños.

Si el riesgo es de tal calibre que justifica que un PP con 21 concejales entregue el ayuntamiento a un PSOE con nueve o suplique que se forme un gobierno de concentración que impida la creación de “sóviets de barrio”, ¿cómo no va a estar justificado hacer de tripas corazón y tapándose la nariz o poniéndose directamente la mascarilla antiséptica volver a votar en noviembre al inútil de Mariano -je, je, je (risas a la hora del sudoku)- antes de que los coletudos desorejados empiecen a asaltar nuestras viviendas, violar a nuestras hijas o quién sabe si subirnos los impuestos casi tanto como Montoro?

Si en la disyuntiva de que el brazo tonto del Estafermo esgrima una contundente maza o las bolas con púas heredadas por los guerreros medievales de los gladiadores reciarios, Javier Muñoz y yo nos hemos inclinado por las bolas, ha sido pensando en el esclarecedor equívoco -pobre arponero, qué sería de él sin sus socorridas paradojas- que proporcionan las diversas acepciones del término. Porque las bolas con que Rajoy nos golpea a todos por la espalda son las bolas de sus promesas electorales (independencia judicial, bajada de impuestos, firmeza ante el terrorismo y el separatismo) y las bolas de sus mentiras “corrupcionales” (en el PP nunca entró dinero negro, en el PP nunca se pagó nada en B, cuando mandé los SMS no sabía lo que supe luego).

Llevamos casi dos años atascados en el “Luis sé fuerte”. En cualquier otra democracia aquella portada habría puesto punto y final a la saga fuga del falsario. Aquí prevalecen los Hernández y Floriández, pero esas bolas para enanos con grandes tragaderas -vulgo grupo parlamentario- son ya las “bolas de nieve que más grandes se vuelven cuanto más ruedan” en las que Lutero veía encarnada la mentira.

Rajoy no ha estado cómodo dentro de su propio cuerpo ni el día de su boda, pero la sucesión de tics, ansiedades, latiguillos y desasosiegos que ahora supura en cada sesión de control cual eczema delator sólo puede entenderse con la ayuda de Séneca: “Qué mayor desdicha que vivir siempre sobre suposiciones falsas, no reparando lo mucho que cuesta haber de mentir a todas horas y haber de inventar muchas para mantener en crédito a una mentira; que como tienen contra sí el tiempo, no siempre cubren a la primera”.

Llevamos casi dos años atascados en el “Luis sé fuerte”. En cualquier otra democracia aquella portada habría puesto punto y final a la saga fuga del falsario.

Cercado por ese tupido bosque de Birnam de bolas y más bolas, trolas y cabriolas, mentiras enramadas que se contradicen entre sí, dispuesto a apuñalar ya hasta a su Lady Macbeth de El Bonillo, Rajoy sólo puede salir de esta por… bolas. O sea por sus santísimos cojones, tal y como nos ilumina Cela, citando en su Diccionario Secreto a Samaniego: “En tanto, el cardenal, que estaba a solas con Príapo, sintió que se estiraba el cutis arriesgado de sus bolas…” Y añadiendo el elocuente brindis de Ventura de la Vega: “Brinda tú a mi virote/ del que cuelgan dos bolas/ henchidas de placeres/ que a tu contacto brotan”.

Ha sido al darse cuenta de que en definitiva Rajoy pretende mantener su candidatura porque sí, por huevos, para demostrar sus redaños, sin tan siquiera someterla a debate alguno, cuando Juan Vicente Herrera ha pedido, como solución extrema, que por favor le traigan un espejo. No para que sea consciente, en pleno fragor de la batalla, de que, como le pasó al conde de Salisbury (Enrique VI, Primera Parte), “te han arrebatado un ojo y una de tus mejillas”. No para que se reencuentre con ese desvanecido “espejo de los reyes cristianos” (Enrique V) al que en el otoño de 2011 todos seguían “con los talones alados como Mercurios”. Ni siquiera para que se haga las preguntas rituales en el ocaso del poder (Ricardo II) antes de estrellar el vidrio contra el suelo: “¿Este rostro es el de aquel que mantenía bajo su techo a mil hombres? ¿Es este el rostro que como el sol cegaba a todos cuantos le contemplaban? ¿Es el rostro que hizo frente a tantas locuras…?”

No, Juan Vicente Herrera no busca poner en evidencia a Rajoy obligándole a romper el espejo. Bien poco le conozco o lo que de verdad pretende es provocar una confidencia íntima ante una luna de cuerpo entero, de manera que cuando la mirada del Estafermo aletee de soslayo por debajo del ombligo, como quien se asoma a ver qué es lo que hay, sea consciente de que todos los españoles sabemos ya que los tiene cuadrados. Tan cuadrados como los dados de un cubilete, las piezas del cubo de Rubik o las balas con alerones helicoidales de la carabina de Ambrosio.

21 reflexiones a vuelapluma sobre las elecciones del 24M

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Las reacciones de Ada Colau, Manuela Carmena, Juan Vicente Herrera y Mariano Rajoy, la campaña de Esperanza Aguirre, el hundimiento de IU y de UPyD o el “daño” que ha hecho Juego de Tronos a la política española. Así queda el país tras los apasionantes comicios del 24M.

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Ada Colau en campaña en Barcelona. Foto: Guanyem Barcelona.

1. Dice Ada Colau que un hipotético pacto de CiU con ERC y PSC para desalojarla de la alcaldía sería “un fraude de ley” y una alianza “contra natura”. Sorprende que una mujer teóricamente progresista recurra a un argumento tan reaccionario y meapilas como el del “orden natural de las cosas”. Nada más ordenadamente natural, por lo visto, que la superioridad moral de la izquierda. O que un enfermo de ébola sangrando por los ojos mientras los coágulos obstruyen sus órganos vitales. Habría que preguntarle a Ada si el más que probable pacto entre Badalona en Comú, PSC, ERC e Iniciativa para arrebatarle la alcaldía de Badalona al ganador Xavier García Albiol, que ha doblado en concejales al segundo más votado, es también un “fraude de ley contra natura” o algo mucho más ajustado al trino de los gorriones y los biorritmos de la madre Gaia.

2. Manuela Carmena, de 71 años, ha dicho que Esperanza Aguirre, que carga con 63 primaveras sobre sus hombros, es una “niña caprichosa” con “pataletas infantiles”. ¡Menuda condescendencia gastan las adolescentes de hoy en día! Como Carmena se cruce con Albert Rivera le pellizca los mofletes y le regala un Tigretón.

3. Ni la pérdida de 531 mayorías absolutas y de dos millones y medio de votos logró alterarle el pulso a Rajoy este lunes. Tuvo que ser Juan Vicente Herrera, el presidente de Castilla y León, el que forzara una reacción del jefe del Ejecutivo Nacional al pedir más o menos explícitamente su renuncia a presentarse como candidato a las futuras elecciones generales. Es fácil entender la frustración de Herrera y de buena parte de los barones del PP: cualquier día de estos Mariano se despierta de la siesta y descubre con sorpresa, tras leerlo en el Marca, que el presidente del Gobierno es él y no Alberto Contador.

4. El PSC y el PP están en Cataluña a un solo paso del extraparlamentarismo. Para el PP la noticia es mala, pero para el PSOE es catastrófica. Sin el voto catalán, el PSOE jamás volverá a ganar por mayoría absoluta unas elecciones generales en España.

5. Tras leer con atención el programa electoral de Ada Colau para Barcelona, que básicamente consiste en el exterminio de las fuentes de ingresos de una amplía mayoría de los barceloneses de clase media, es inevitable especular sobre quién va a pagar toda esta apología de la comuna y la autarquía de inspiración franquista. ¡Si hasta quieren crear una moneda local! Como decía un alto funcionario británico del muy austero Ghandi: “Si supiera este hombre la cantidad de dinero que nos cuesta mantenerle en la pobreza”.

6. Para Pablo Iglesias, el PSOE ya no es casta. Ahora son de los buenos. Como mucho, y si me apuran, castita. Una castita pequeñita. Nada grave. Pelillos a la mar. ¡Susana mon amour!

7. Cristina Cifuentes es en mi pequeño imaginario nihilista y liberal una Esperanza Aguirre 2.0. Una versión joven, moderna, corregida, mejorada, aumentada e infinitamente más cool que cualquier otro posible aspirante al trono de Rajoy. A diferencia del aburrido Alberto Núñez Feijóo, que viene a ser más de lo mismo y encima gallego para más déjà vu, Cifuentes es eso que los anglosajones llaman una game changer. Es decir alguien capaz de cambiar por completo las reglas del juego y sacar a la competencia del tablero a patadas. Así la describía Manuel Jabois en el diario El País hace un par de meses (cito de memoria): “Malasañera tatuada, republicana y agnóstica, partidaria del matrimonio homosexual, va a las asambleas del 15-M, partidaria de la cadena perpetua revisable, no entiende que el sistema penal esté enfocado a la rehabilitación del delincuente, habría prohibido la acampada en Sol”. Hay en esa simple descripción más programa de gobierno que en todo el PP de la última década. Aún mejor: en su partido, y especialmente en el sector más capillita del mismo, la odian. Lo cual la honra. Yo mismo la habría votado si fuera madrileño.

8. Hablando de Jabois. Esto dijo de él Salvador Sostres a raíz de una columna publicada en El País: “Los absurdos elogios de Manuel Jabois a Manuela Carmena representan la última estación del columnismo frivolón y falto de cualquier inteligencia, tan propio de los que se creen transgresores y graciosetes cuando en realidad no son más que vieja caspa políticamente correcta, carraca para entretener a chachas y peluqueras”. Si yo fuera Jabois, me lo tatuaba en la espalda con letras góticas un día antes de que me hicieran entrega oficial de mi sillón en la Real Academia.

9. La campaña de Esperanza Aguirre ha sido casi tan lamentable como la filtración de su declaración de la renta. Caótica, inconexa, confusa, desquiciada… Jaleada solo por sus fans más irredentos, Aguirre ha caído en la caricatura de lo peor de sí misma. Veremos cómo sale de ésta.

10. La práctica desaparición de IU, arrasada y fagocitada por un macho alfa mucho más joven y agresivo, no ha provocado más que indiferencia entre los españoles. Harían bien en no engañarse en IU con el éxito de las candidaturas de confluencia: su partido es ya un zombi político.

11. ¿Recuerdan cómo nos reíamos del Rajoy de la pantalla de plasma y de esas ruedas de prensa sin preguntas a las que los periodistas asistían con el único objetivo de tomar notas al dictado y reproducirlas como cotorras en sus medios? Por suerte, las cosas han cambiado. A peor, como suele suceder en este país. Aguirre propone un pacto para desbancar a Carmena de la alcaldía y Antonio Miguel Carmona responde, con gran respeto por el ciudadano, vía Twitter. Un poco más y Carmona dibuja la respuesta con plastidecores tras echarse una partidita a la Xbox y comerse un bocadillo de Nutella. Y el periodismo de este país, encantado y reproduciendo el tuit con entusiasmo. Tenemos lo que nos merecemos.

12. A Rajoy le ocurre como a Robert Neville, el protagonista de la novela ‘Soy leyenda’, escrita por Robert Mathison en 1954. En el libro, Robert Neville es el único superviviente de una pandemia que ha convertido al resto de los seres humanos en vampiros a los que él da caza. Al final de la novela, Neville comprende que en ese nuevo mundo apocalíptico habitado por seres extraños y amenazadores, el monstruo es él. De Rajoy sorprende esa constante defensa de la “normalidad” y la “previsibilidad”. Ese reaccionar a cualquier propuesta de sus adversarios o incluso de su propio partido con un “esto es un lío”. Porque cuando todos a tu alrededor son extravagantes e imprevisibles… es que el friki eres tú. Cuando Rajoy abandone el cargo ni siquiera disfrutará de esa extraña forma de reconocimiento que es el odio. Tanta indiferencia dejará como indiferencia ha demostrado hacia los ciudadanos del país que preside.

13. Las dificultades rocambolescas de Susana Díaz para formar gobierno en Andalucía van a parecer peccata minuta cuando Podemos y Ciudadanos, que a fin de cuentas han quedado sensiblemente por debajo de los resultados que les auguraban sus mejores encuestas, empiecen a conceder y denegar apoyos en función de sus intereses electorales de cara a las próximas elecciones generales. A día de hoy, ninguno de los dos partidos sabe si le conviene apuntalar al PSOE y al PP o hacerse los estrechos. O cómo hacerlo sin que se note demasiado. Y es que resulta difícil eso de mantener una apariencia prístina y virginal mientras te paseas por el patio político con las bragas en la mano.

14. El radicalismo de Podemos es “el conservadurismo de mañana inyectado en los asuntos de hoy”. Al tiempo. La frase no es mía sino de Ambrose Bierce.

15. UPyD ha conseguido lo impensable: que decenas de miles de españoles sientan pena por un puñado de políticos. Yo mismo estoy por adoptar a uno o dos de ellos.

16. Es probable que muchos en el PP crean sinceramente que lo que ha impedido que los españoles se percaten de los éxitos económicos logrados por el gobierno durante los últimos tres años ha sido su pésima política de comunicación. Hay antecedentes. En 2011 el sueldo de los consejeros de las 100 empresas más importantes de Gran Bretaña aumentó un 55% mientras que la riqueza de los 1.000 británicos más ricos lo hacía en un 20% (tras haber aumentado el año anterior un 30%). ¡Y tampoco nadie se lo agradeció a su gobierno! En España, por suerte, somos mucho más respetuosos con la privacidad financiera de nuestros caciques que los bárbaros británicos y por eso no disfrutamos de estadísticas similares.

17. Juego de Tronos ha causado estragos entre la clase política española y muy especialmente en su sector derecho. Monjas violadas, quema de iglesias, el fin de la civilización occidental, tertulianos colgados de ganchos, vivas a Cristo rey, la democracia en peligro, los distritos de Madrid convertidos en soviets… Cualquier día vemos un muro de hielo de doscientos metros de alto separando Serrano del resto de Madrid.

18. Cada vez es más habitual ver por las calles españolas carteles electorales en los que los candidatos han escondido a conciencia el logo de su propio partido. Uno no sabe ya si admirarles la vergüenza torera, la jeta morrocotuda o el cacao mental.

19. A ver lo que le dura la ilusión a los que creen que Carmena o Colau van a convertir Madrid y Barcelona en el paraíso del proletariado. No voy a ser yo el que les afee esas primeras semanas en las que darán rienda suelta a su afán de venganza (al menos una parte de sus víctimas se merecerán la que les va a caer encima). Pero veremos qué ocurre cuando tengan que empezar a gobernar de verdad y a gestionar la recogida de basuras. Ahí se verá si más allá del rencor y de un puñado de reclamaciones de puro sentido común hay ideas suficientes para administrar dos ciudades y cinco millones de habitantes.

20. Parece ser que de las cifras del paro sí que se ha acordado alguien. Dos millones y medio de ciudadanos, más concretamente. También es mala suerte para el PP que lo hayan hecho justo el día de las elecciones. ¡Ya se podrían haber acordado el lunes!

21. Yo voté por Carina Mejías, de Ciudadanos. Supongo que es de ley que los lectores lo sepan. Los motivos tienen menos que ver con su programa electoral (desastroso en algunos puntos) que con el hecho de que es la única candidata con la que he mantenido alguna que otra conversación interesante por email. Hay motivos peores para votar a alguien.


 

TAMBIÉN EN EL ESPAÑOL: 21 reflexiones a vuelapluma sobre las elecciones andaluzas

El PP se hunde, la izquierda revive

"Ha sido David contra Goliat", ha dicho Colau (Barcelona en comú)

Cuatro años. Eso es lo que ha durado la histórica mayoría del Partido Popular, conseguida en la víspera política de las elecciones generales y aniquilando en las urnas a barones socialistas en comunidades como Extremadura, Aragón y Castilla-La Mancha o alcaldías como Sevilla. La noche fue para la izquierda… y para Ciudadanos. Estos son los ganadores y perdedores de estas elecciones. 

Cuatro años. Eso es lo que ha durado la histórica mayoría del Partido Popular. Sus líderes la lograron en la víspera de las elecciones generales de 2011 y aniquilando en las urnas a barones socialistas en ciudades como Sevilla y en comunidades como Extremadura, Castilla-La Mancha o Aragón. Esta vez el PP no sólo ha perdido activos coyunturales. Cambiarán de manos feudos históricos como la ciudad de Valencia, la Comunidad Valenciana o el Ayuntamiento de Madrid.

Fue la noche de una izquierda fragmentada, cabreada y expresada en diversas formas y volúmenes según el lugar. Una izquierda condenada a entenderse para desalojar al PP. Al partido de Mariano Rajoy le queda el consuelo de poder cortejar a Ciudadanos para mantenerse en bastiones clave como Madrid. Pero el partido de Albert Rivera venderá caro su apoyo al tiempo que se consolida como una alternativa clara al PP. En el PSOE, Pedro Sánchez gozará de una cierta paz interna y Susana Díaz cosecha otro triunfo mientras trata de desbloquear su investidura. Pablo Iglesias y Albert Rivera confirman que sus partidos han cambiado el mapa de España. Próximo asalto, las generales.

Los ganadores

Ada Colau. “Esta ha sido la victoria de David contra Goliat”, afirmaba la candidata de Barcelona en Comú, que se hizo famosa por su oposición a los desahucios. Ha ganado por un escaño y casi 20.000 votos a Xavier Trias, hasta ahora alcalde y candidato de CiU. Liderará a un equipo de 11 concejales y será la próxima alcaldesa si logra llegar a pactos con las demás fuerzas de izquierda. La mayoría absoluta está en 21 concejales. ERC ha logrado cinco, el PSC cuatro y la CUP tres. Ciudadanos ha logrado cinco y el PP, tres.

Manuela Carmena. Por primera vez en 26 años, la capital no estará gobernada por la derecha. El tirón de la candidata y la unión en su lista de Podemos, Equo y desafectos de IU dará el bastón de mano a la ex jueza, de 71 años. “Tenemos el gran reto de conseguir que Madrid sea una ciudad decente”, dijo ante unos seguidores en éxtasis. En su victoria ha pesado el hundimiento del PSOE con Antonio Miguel Carmona, que tendrá que apoyar a Ahora Madrid para evitar que gobierne Esperanza Aguirre.

Guillermo Fernández Vara. Después de cuatro años en la oposición por la negativa de IU a apoyarle, el barón socialista regresa a la presidencia de la Junta de Extremadura al imponerse al popular José Antonio Monago.

Emiliano García-Page. Es una de las victorias más dulces del PSOE. Aunque María Dolores de Cospedal se ha impuesto en votos y escaños (16), ha perdido la histórica mayoría absoluta lograda en 2011. Con 14 diputados en las Cortes, necesitará los tres logrados por Podemos, que exigirá contrapartidas, pero odia a Cospedal.

Cifuentes, preparada para gobernar (PP)
Cifuentes, preparada para gobernar (PP)

Cristina Cifuentes. La candidata popular fue la delegada del Gobierno en Madrid con más proyección pública de los últimos años. Ahora ha logrado una victoria notable en su campaña a la Comunidad de Madrid. Necesitará los votos de Ciudadanos para su investidura. Pero su victoria, con 11 escaños de ventaja sobre el socialista Ángel Gabilondo, es incontestable. Entre otras cosas por un dato que tendrá lecturas internas: Cifuentes sacó más votos que su colega Aguirre en el municipio de Madrid.

Ximo Puig. El PSOE ha perdido casi 200.000 votos y 10 escaños en la Comunidad Valenciana. Pero el desplome del PP permitirá a Puig ser el próximo presidente dos décadas después de la llegada de Eduardo Zaplana al poder. El líder socialista necesitará llegar a acuerdos con Compromís y Podemos, cuyo apoyo le asegurarían una holgada mayoría.

Mónica Oltra. La coalición Compromís la logrado un resultado muy superior al previsto. En la Comunidad Valenciana, Oltra liderará a un equipo de 19 diputados, sólo cuatro menos que el PSOE. “Es el triunfo de la gente sencilla y honrada”, dijo la candidata, muy popular. El cabeza de cartel de Compromís en Valencia, Joan Ribó, será probablemente alcalde. 

Miguel Ángel Revilla. Vuelven los taxis y las anchoas a La Moncloa (con permiso de Rajoy o su sucesor). El más carismático de los presidentes cántabros volverá al poder. El PP superó por un escaño al Partido regionalista (PRC) de Revilla. Pero su líder Ignacio Diego ha anunciado que no explorará pactos con las demás fuerzas políticas, ya que la mayoría de la izquierda es muy clara en la región.

Javier Fernández. El presidente del Principado se ha impuesto en Asturias. En el fragmentado espacio político asturiano, el socialista podrá gobernar si llega a pactos con Podemos (sumando a este partido llega a la mayoría absoluta) o con Izquierda Unida.

Javier Lambán. Ex consejero del socialista Marcelino Iglesias, se convertirá con toda probabilidad en nuevo presidente de Aragón siempre que Pablo Echenique le dé su apoyo como se espera. Los dos desbancan a la popular Luisa Fernanda Rudi.

Pedro Antonio Sánchez. El candidato del PP en la Región de Murcia es uno de los pocos presidentes autonómicos que no ha perdido el partido de Mariano Rajoy. Aunque deberá pactar su investidura si quiere gobernar.

Juan Vicente Herrera. El presidente de Castilla León se queda a las puertas de la mayoría absoluta. Pero sus apoyos serán suficientes para gobernar.

Los perdedores

María Dolores de Cospedal. El primer paso es reconocer que tienes un problema. La presidenta de Castilla-La Mancha no lo hizo en la noche electoral. “El PP ha sido la fuerza más votada”, reivindicó. “Queda claro que los ciudadanos nos han dado su confianza mayoritaria”, añadió antes de decir que estaba “muy satisfecha de la campaña” que ha dilapidado la histórica victoria de 2011. Por primera vez en democracia, el PP logró entonces la mayoría absoluta y el Gobierno regional. Esta vez se quedó a un escaño (16) abriendo la puerta a un Gobierno del PSOE (14) con la ayuda de Podemos (3).

Rita Barberá. Un simpatizante la llamó hace unos días “la alcaldesa de España”. El resultado anticipa su adiós después de 24 años con el bastón de mando. En una turbada intervención ante la prensa, reivindicó su orgullo por haber servido “a todos los valencianos”, a quienes dijo que tendrán “el gobierno que han elegido”. En esta ocasión, no la apoyaron en El Cabanyal, el castigado barrio donde siempre ganaba.

Bipartidismo Madrileño

Antonio Miguel Carmona. La debacle del candidato socialista a la alcaldía de Madrid se explica con estos datos. Trinidad Jiménez (2003) cosechó 625.148 votos; Miguel Sebastián (2007), 487.893; Jaime Lissavetzky (2011), 364.600; Carmona, 249.152. Otra comparación letal: en el municipio de Madrid, el candidato socialista a la comunidad, Ángel Gabilondo, cosechó 415.715 votos. Es decir, 166.563 votos más que su colega Carmona.

Luisa Fernanda Rudi. La poderosa presidenta de Aragón ha ganado las elecciones. Pero ni con Ciudadanos ni con el PAR suma más escaños que una coalición de PSOE y Podemos, que se han revelado muy fuertes.

José Ramón Bauzá. “Algo hemos hecho mal para que los ciudadanos nos hayan retirado su apoyo”, ha reconocido el presidente de Baleares después de reconocer el peor resultado para su partido en 35 años de historia. Aunque se mostró abierto a pactos, la pujanza de la izquierda en un parlamento muy fragmentado le hará muy difícil quedarse en el Gobierno.

Esperanza Aguirre. Era la candidata popular con a priori más posibilidades en Madrid, y su victoria por un escaño ante Ahora Madrid sabe a derrota, porque no le garantiza la alcaldía. Aguirre necesitaba ser alcaldesa para sobrevivir políticamente en el PP, donde genera más odios que simpatías, especialmente en el despacho de Mariano Rajoy.

Alberto Fabra. Ha llevado a su partido a una debacle histórica que quizás haga añorar a Francisco Camps, el presidente que logró 55 diputados en 2011. Fabra, que no era querido en su partido y sobre el que Rajoy dudó hasta el último momento, ha hecho retroceder al PP 24 diputados. Valencia tendrá un nuevo presidente, del PSPV.

José Antonio Monago.
José Antonio Monago.

José Antonio Monago. Después de una campaña personalísima y huyendo de las siglas del PP, con raps e himnos pop, Monago ha reconocido su derrota. La coalición liderada por el PSOE ha ganado las elecciones, sacando dos diputados de ventaja al ‘barón rojo’ del PP, que no ha sabido apagar sus propios incendios.

José Ignacio Zoido. El PP ha perdido la mayoría absoluta de manera agridulce. Ha ganado las elecciones, pero una coalición de PSOE (con un escaño menos), Podemos e Izquierda Unida lo desalojarán de la alcaldía, ya que sus escaños no son suficientes ni con Ciudadanos. En un discurso a los militantes, Zoido pidió que le dejaran gobernar por ser la lista más votada. No parece que suceda.

Rosa Díez. Muy “orgullosa”, como repitió varias veces, la líder de UPyD ha presentado su renuncia en diferido, anunciando que no se presentará a la reelección como líder de la formación en el congreso extraordinario de junio. Su negativa a pactar con Ciudadanos y la ausencia de cambios tras la debacle andaluza han sellado el futuro de la que hace más de un lustro pusiera la primera pica en el bipartidismo.