Rajoy sale del plasma

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Mariano Rajoy se renueva y cambia de estrategia corporativa. El presidente del Gobierno ha aprovechado el parón veraniego para salir a la calle, dejarse fotografiar con todo aquel que se lo pidiera y subir la instantánea a Twitter. La estrategia, según los expertos, podría llegar tarde.

Rajoy se baña en el río Umia. Rajoy manda mensajes por Twitter. Rajoy con ropa deportiva. Rajoy se toma una caña. El presidente del Gobierno ha aprovechado el parón veraniego para aplicarse a sí mismo la nueva estrategia de comunicación que el Partido Popular impuso tras el desastre electoral del 24 de mayo: acercándose al pueblo se gana popularidad.

El presidente del Gobierno ha salido del plasma en agosto para pasear, saludar y dejarse fotografiar con todo hijo de vecino en la recta final de la legislatura. La estrategia, sin embargo, podría ser demasiado artificial y no tener el efecto esperado. El politólogo Pablo Simón cree que la ‘operación cosmética’ a la que Génova ha sometido al presidente llega ya demasiado tarde para conseguir elevar algún punto la popularidad del “presidente peor valorado de la Democracia”. En la misma línea se muestra el consultor de comunicación Emilio Serrano, que ve este cambio en la actitud del presidente un poco forzada. “Puede pecar de que sea demasiado tarde y no sea coherente con la imagen que ha transmitido hasta ahora, que le reste autenticidad al mensaje”.

El asesor político Antoni Gutiérrez-Rubí se muestra más optimista y da un voto de confianza al presidente: “Para cambiar a mejor nunca es tarde”, comenta. Por su parte, el profesor Guillermo López está seguro de que, aunque no sirva para mucho, “puede movilizar a algún votante del PP de toda la vida enfadado con la política mantenida hasta ahora”.

El salto de los partidos emergentes a la vida municipal y autonómica, una conquista conseguida en gran medida por el papel activo de sus protagonistas en los medios de comunicación, fue el detonante para que algunos barones del PP alertaran en Génova de que el Ejecutivo sufría graves problemas de comunicación que había que solventar ya si no querían perder las elecciones generales. Se quejaban amargamente de la estrategia de comunicación del inquilino de La Moncloa, aficionado a atender a la prensa a través de un plasma.

“Con las elecciones a la vuelta, es difícil de creer”

Mariano Rajoy ha entendido que si consigue ser un presidente más cercano y más activo en redes sociales, sin rendir cuentas sobre la corrupción que ha enfangado su partido, podría ganar puntos de popularidad en unos tiempos muy ingratos para ser político. Sin embargo, ¿tiene sentido esta estrategia de esquivar las preguntas sobre corrupción y limitarse a sacar pecho de la recuperación económica y acercarse al pueblo? Para Serrano, “un Gobierno tiene que comunicar lo que hace constantemente, desde el principio hasta el final de la legislatura. Ahora, con las elecciones generales a la vuelta de la esquina, es difícil de creer”.

La única manera de que esta metamorfosis tenga efecto real es “a través del efecto multiplicador que tiene en los medios de comunicación de masas convencional. Que se haga un selfie y lo suba a Twitter es irrelevante, pero si esa fotografía sale en la televisión o en los periódicos puede tener algún efecto”, añade Simón. “Su nivel de popularidad es tan extremadamente bajo que cualquier subida siempre será positiva”, matiza. Por su parte, González-Rubí considera que “esta rectificación ya es una corrección”. Otra cosa es que “ese cambio sea valorado por los electores”. Para López, este cambio radical tiene sentido en clave interna “para que su partido vea que se mueve y que está haciendo algo para cambiar los errores del pasado”.

El jefe del Ejecutivo pinchó su burbuja este martes al mediodía, cuando se hizo un receso en el Parlamento y Rajoy salió para comer en una cervecería cercana, en el madrileño barrio de Las Letras. Lo hizo a pie, en compañía de sus colaboradores más cercanos: la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría; el ministro de Sanidad, Alfonso Alonso; el director de Gabinete del presidente, Jorge Moragas; y el secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, José Luis Ayllón. Era otro gesto más de la imagen campechana que quieren vender del presidente.

La anécdota del día la protagonizó al cruzar la carrera de San Jerónimo. Rajoy se encontró con el campeón de biketrial Alan Rovira, un chaval que un 18 de agosto a las tres del mediodía estaba, con bicicleta incluida, en las inmediaciones del Congreso de los Diputados. Apenas fueron “unos segundos”, como el muchacho contó en su cuenta personal de Twitter. Unos segundos que el equipo de Moncloa también inmortalizó y después lo difundió a través de las redes sociales del presidente. El propio Rajoy escribió un mensaje al joven, que decía textualmente: “¡Eres un crack!”. Un mensaje nada común en el time line del presidente.

Rajoy sigue distante con los periodistas

El nuevo Rajoy informal que nació el martes choca frontalmente con el Rajoy serio y distante que se cruzó con los periodistas que cubrían el monográfico sobre Grecia ese mismo día. Hasta en cuatro ocasiones se rodeó al presidente del Gobierno de micrófonos y grabadoras y las cuatro veces contestó lo mismo: nada. Era la primera vez que volvía al Parlamento desde que el último Consejo de Ministros celebrado el 31 de julio nombrase a José Ignacio Wert nuevo embajador jefe de la delegación permanente de España ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en París.

El premio del Gobierno al ministro de Educación peor valorado de la Democracia no es el único asunto que dejó sin responder el presidente en los pasillos del Congreso. En agosto se ha filtrado la reunión que Jorge Fernández Díaz mantuvo con el exvicepresidente Rodrigo Rato en la sede del Ministerio. El propio ministro del Interior rindió cuentas ante la Comisión de Interior del Congreso en una comparecencia que arrojó más sombras que luces. Sin embargo, el presidente contestó con un “buenas tardes” cuando los periodistas le preguntaban sobre el polémico asunto.

La excusa que el equipo de Rajoy puso a las evasivas del presidente era que el Pleno del Congreso se reunía para votar el tercer rescate griego y si se metía en harina en otros temas se quitaba protagonismo al tema europeo. El presidente, advertían, viajaría al día siguiente a Galicia y allí haría unas declaraciones en una visita oficial a las obras del AVE.

Dicho y hecho. El miércoles hubo delante de las cámaras apretón de manos a los trabajadores del ferrocarril, visita guiada por las obras con casco incluido y más instantáneas que se subían a las redes sociales. Se convocó una rueda de prensa posterior en la que el presidente solo contestó a cinco preguntas, ninguna relacionada con la reunión de Rato y Fernández Díaz. De ahí se fue, acompañado de la ministra Ana Pastor y de la diputada Ana Vázquez, a dar un paseo por Celanova, donde siguió haciéndose selfies y estrechaba la mano a los paisanos del pueblo. La cuenta personal de Twitter del presidente seguía subiendo fotos que eran retuietadas por decenas de personas.

En La Moncloa, desde donde se coordina la campaña de las elecciones generales de finales de año, “la única estrategia que tienen para subir algún punto la popularidad de Rajoy son los gestos”, argumenta Simón. Sin embargo, “el efecto es muy limitado” porque “está muy forzado, parece impuesto”, concluye. ¿Conseguirá Mariano Rajoy convencer a su electorado con este nueva imagen?

 

Una reunión sin nada que ocultar

Nada que ocultar

UN AGOSTO EN LA AVENIDA DE BURGOS (II)

Queridos accionistas y suscriptores.

El hombre propone y los dioses del Olimpo disponen. Estaba yo tan dispuesto a dedicar esta segunda crónica agosteña a mis partidas de ping pong con la reina del HTML y la emperatriz del Javascript, mientras la madeja tecnológica se va trenzando espasmódicamente alrededor, cuando don Rodrigo Rato Figaredo Rodríguez de San Pedro Sela y Duquesne mandó llamar a su mecánico. Los de su estirpe no tienen conductor, menos aún chófer, sino mecánico y usan el plural con relamida condescendencia: “Saque el coche, que nos vamos al Ministerio del Interior”.

UN AGOSTO EN LA AVENIDA DE BURGOS (II)

Queridos accionistas y suscriptores:

El hombre propone y los dioses del Olimpo disponen. Estaba yo tan dispuesto a dedicar esta segunda crónica agosteña a mis partidas de ping pong con la reina del HTML y la emperatriz del Javascript, mientras la madeja tecnológica se va trenzando espasmódicamente alrededor, cuando don Rodrigo Rato Figaredo Rodríguez de San Pedro Sela y Duquesne mandó llamar a su mecánico. Los de su estirpe no tienen conductor, menos aún chófer, sino mecánico y usan el plural con relamida condescendencia: “Saque el coche, que nos vamos al Ministerio del Interior”.

El auriga sabía de sobra que todos los apellidos del prócer cabían holgadamente en el asiento trasero, pero no pudo evitar dirigirle una mirada de espanto. ¿Al ministerio del Interior? ¿Habría decidido don Rodrigo confesar nuevos delitos y entregarse? Su jefe se sintió obligado a tranquilizarle: “No, no se preocupe… Le contaré al ministro todo lo que me está pasando. Le daré mi versión”.

Y allí que se fueron, arrojando al llegar a Castellana 5 la colilla que prendió el gran incendio del verano. Aunque el fuego tardó, por razones que explicaré al final, más horas de lo normal en propagarse, ya que entrada la semana todo el bosque político era pasto de unas llamas que avanzaban imparablemente hacia el reducto vacacional del Jefe del Gobierno.

Tan grave era la conflagración que estuve a punto de pedir a Javier Muñoz y al Arponero Ingenuo que interrumpieran sus vacaciones y acudieran en mi ayuda para adentrarnos entre las lianas de fuego y las columnatas de humo, antes de que no quedara ni una yesca que llevarse al folio. Pero hétenos aquí que irrumpió don Tomás Serrano -apunten este nombre pues les hará sonreír muchas veces desde ahora- enviándonos el magnífico dibujo que acompaña a este texto, con tres palabras como título: “Nada que ocultar”. Y la magia de la imagen sirvió para activar un recuerdo de cuando el Arponero aún no había nacido, que cobra ahora extraordinaria importancia.

Partamos de la base de que yo creo a pies juntillas que Rato y Fernández no cerraron ningún trato inconfesable en su conversación del ministerio. Como bien refleja el dibujo, lo vergonzoso en sí, lo que obliga al pudor a meterse debajo de la mesa, fue el propio encuentro en el despacho oficial. A partir de que el ujier abrió la puerta del Excelentísimo al imputado acogotado, lo que se tratara allí ya sólo era un elemento ornamental. Un a más a más. Porque el medio era el mensaje y la noticia el encuentro en sí.

Por Rodrigo Rato como si había que hablar de las indubitadas apariciones de la Virgen de Fátima durante la vigilia de adviento en algunos cuarteles remotos de la Guardia Civil. Lo que le importaba era que la reunión se celebrara. Y que trascendiera. Que se supiera, que lo supieran los policías, los jueces, los fiscales, la prensa marianista –o sea toda la empapelada-, la opinión pública en suma: que él no es un apestado, que para la cúpula del PP sigue siendo “uno de los nuestros”, alguien a quien hay que proteger y defender en memoria de los servicios prestados, como hizo Rafael Hernando al decir que él también lo hubiera recibido. ¡Criatura! No nos cabe la menor duda de que lo hubiera hecho.

Lo sustancial no era el contenido del encuentro sino su apariencia. Por eso Rato sólo precisó que, claro, cómo no, había ido a hablar de lo suyo, “de todo lo que me está pasando”; cuando Fernández Díaz, en un alarde de majadería política con pocos precedentes, dijo en su nota de prensa que había puesto como “condición previa” que no se tratara de la “situación procesal” del visitante.

Hacía tiempo que nadie nos tomaba tan abiertamente por imbéciles. ¿Se imaginan el pitorreo si “el Pollo del Pinar” -Eligio Hernández en este mundo- se hubiera parapetado en esa misma “condición previa” cuando recibió a Amedo durante uno de sus permisos carcelarios en la sede de la Fiscalía General del Estado? O si Bermejo hubiera alegado que aceptó compartir caza y mantel con Garzón con la “condición previa” de no hablar de la Gürtel. O, por quitarle hierro, si Florentino Pérez se reuniera con su ten million dollar baby con la “condición previa” de no hablar de su renovación. O si dos apasionados amantes superaran todas las dificultades para verse con la “condición previa” de no tocarse.

Con comparecencias así de cínicas se destruye todo atisbo de fe en un sistema basado en la rendición de cuentas.

Por supuesto que hablaron de lo suyo, “de todo –todito todo- lo que me está pasando”, ¿cómo no iban a hacerlo? Pero los apaños ignominiosos, los tratos de favor inconfesables, se cocinan siempre a través de intermediarios de poco lustre. Cada cosa a su tiempo. Lo que Rato buscaba ahora era una especie de desagravio oficioso por el episodio de la mano en la nuca y el trato mediático anejo. Conoce lo suficientemente bien el percal como para saber que en la España del revoltijo de poderes sólo podrá afrontar acusaciones como las de blanqueo si previamente es blanqueado por los suyos. A partir de ahí, será cosa de los Enrique López, Concepción Espejel y demás jueces de partido.

La coartada recalentada por Fernández Díaz en el microondas de su comparecencia agosteña no pudo ser más ridícula. Dijo que Rato había recibido “400 tuits” intimidatorios –sin precisar si fueron de uno o de 400 tuiteros-, que estaba preocupado por el “eventual” riesgo de que le retiraran la escolta y que él consideró que era su deber “explicarle cómo funciona el sistema” de protección policial. Pamplinas. Ni Rato tiene cuenta de Twitter, ni se había tomado decisión alguna sobre su escolta, ni sería en todo caso el ministro el encargado de darle detalles técnicos.
Ahora nos cuentan que en realidad fue la pareja de Rato quien recibió un tuit de un tarado diciendo que iba a “desmembrar” al ex vicepresidente al modo de “la matanza de Texas”; pero, a juzgar por las fotos difundidas de ambos, no parece que estén pasando el verano bajo la sombra de la “motosierra”. Aunque en materia de seguridad personal toda precaución es poca, el “principio de proporcionalidad”, varias veces invocado por el ministro, no aparece aquí por ningún lado. Demasiado despacho para tan poco motivo. Además, ¿por qué ninguno de los dos interlocutores mencionó las amenazas en sus primeras versiones? Con comparecencias así de cínicas se destruye todo atisbo de fe en un sistema basado en la rendición de cuentas.

La pregunta clave no es si el presidente lo sabía. Salvando las distancias, es tan imposible que Rajoy ignorara que su ministro del Interior iba a recibir a Rato como que González ignorara que el suyo andaba secuestrando viajantes de comercio por error. La pregunta clave es por qué autorizó y tal vez propició el encuentro precisamente con Fernández Díaz. Y aquí entra en funcionamiento la hemeroteca de la memoria.

Nada que ocultar
Ilustración: Tomás Serrano

Cuando en julio de 2013 publiqué mis “Cuatro horas con Bárcenas” actué por mi cuenta y riesgo. Yo era, como siempre, un electrón libre. Ni la conversación había sido grabada, ni había convenido con el ex tesorero su publicación. Pero tampoco me había pedido que no lo hiciera. En las normas deontológicas de EL ESPAÑOL constará que un periodista sólo debe respetar el “off the record” tras haberlo convenido con la fuente de forma expresa. In dubio pro lector. Esa ha sido y será mi pauta. Pero no las tuve todas conmigo hasta que Bárcenas no avaló mi relato ante el juez Ruz.

El punto de no retorno para todos -menos para los lacayos del grupo parlamentario del PP que lamieron la mano del amo- fue la publicación de los SMS intercambiados durante años con Rajoy hasta desembocar en el “Luis, sé fuerte”, dos días después de que se divulgara el descubrimiento de su dineral en Suiza. Aunque el impacto mediático de aquella portada fue fulminante -sobre todo para mí- su intrahistoria no deja de tener su guasa pues Bárcenas se comunicaba como podía con su entorno desde la cárcel y eran otras personas las que localizaban los SMS en los distintos terminales móviles que había venido utilizando. Pues bien, en medio de aquel barullo hubo otros mensajes que no aparecieron: los de Fernández Díaz. Aparecieron los de Rajoy, aparecieron los de Mauricio Casals, Príncipe de las Tinieblas, pero no los del ministro del Interior.

¿Se refería a ellos Bárcenas cuando comentó durante su merendola con Raúl del Pozo que “hay en marcha un libro –sin duda el de Marisa Gallero para La Esfera- con dos SMS más que sale en septiembre”? Lo que es obvio es que esta “liaison dangereuse” debe vincularse al dispositivo montado desde Interior para controlar a la familia Bárcenas y apoderarse de sus documentos. En ese contexto fui víctima de los seguimientos que denuncié hace dos veranos en el programa de Jesús Cintora. También tienen mucho que ver las gestiones encaminadas a que la UDEF aclarara que “Luis el cabrón” no era Bárcenas sino otro, copatrocinadas por María Pico, jefa de gabinete de Soraya.

Como bien han apuntado varios amigos tuiteros, Fernández Díaz emerge así como el “señor Lobo” que “soluciona problemas” en la “Pulp Fiction” de chamarilería montada en la calle Génova. O, mejor todavía –apunto de mi cosecha-, como el fiel y doliente mastín Doug Stamper que va borrando las huellas de los desmanes de su jefe en House of Cards. Tras abandonar el pecado, como Stamper el alcohol, Fernández Díaz siempre acompañó a Rajoy de departamento en departamento en plan criado para todo. Que haga ahora el trabajo sucio en su condición de Ministro del Interior, no deja de ser un pleonasmo gravemente embarazoso para nuestra democracia.

El problema es que, abandonado a su suerte, Rato se convertiría a cuatro meses de las elecciones generales en la peor bomba de relojería imaginable. Le bastaría corroborar que tanto Mariano como él cobraban sobresueldos prohibidos por la ley cuando eran ministros, o que la cúpula del partido conocía el flujo de maletines que llegaba al despacho de Lapuerta, para que las limitadas posibilidades de seguir en el poder de este PP saltaran por los aires. De ahí que el despacho del ministro se metamorfoseara el 29 de julio en la ‘requetemanoseada’ consulta del “¿verdad que no vamos a hacernos daño, doctor?”.

Fernández Díaz emerge así como el “señor Lobo” que “soluciona problemas” en la “Pulp Fiction” de chamarilería montada en la calle Génova.

Y a modo de postdata aquí va la pregunta que se hacen con perplejidad algunos de los más conspicuos corresponsales extranjeros en España: ¿cómo es posible que tanto el periódico que tuvo la exclusiva del verano como el periódico que consiguió las declaraciones de Rato que desmentían la nota oficial del Ministerio enterraran esas impactantes noticias –devastadoras para el actual Gobierno- en sendas páginas pares, sin hacer mención alguna en sus portadas? En ninguno de los dos casos merecieron un lugar en el escaparate que con tanto cuidado se reparte. Ver para creer. ¿Tanto ha calado ya el responsable autocontrol –así se le llama ahora- en aquella “fábrica de Minerva” y en aquella “sabia Atenas”? ¿Tanto hay que mirar al poder por el rabillo del ojo, no vayamos a tener mañana un lío, que la última vez Soraya se puso como una fiera? Es para quedarse atónito. “Fabio, si tú no lloras, pon atenta la vista en luengas calles destruidas”.

Pero esto no pasará en EL ESPAÑOL y espero incluso que no pase con EL ESPAÑOL. Por algo decía Falstaff que, además de por su propio “ingenio”, había que valorarle por el que inducía en los demás. Ya veréis como antes de que nazcamos empezará a notarse. ¡Qué difícil lo van a tener quienes han medrado entregando lectores al poder, ahora que va a volver a ponerse de moda proporcionar poder a los lectores!

Cierre en falso a la sombra de Rajoy

Ni una sola explicación verosímil, ni una pizca de autocrítica y ni un solo argumento de fuste para justificar por qué el máximo responsable político de los cuerpos de seguridad había despachado en privado en el Ministerio con un ‘pluriimputado’ por administración desleal, falsedad documental, fraude tributario y blanqueo de capitales, entre otros.

La comparecencia de Jorge Fernández Díaz en el Congreso de los Diputados para rendir cuentas de su reunión con Rodrigo Rato en el Ministerio del Interior resultó previsiblemente decepcionante. 

Ni una sola explicación verosímil, ni una pizca de autocrítica y ni un solo argumento de fuste para justificar por qué el máximo responsable político de los cuerpos de seguridad había despachado en privado en el Ministerio con un ‘pluriimputado’ por administración desleal, falsedad documental, fraude tributario y blanqueo de capitales, entre otros.

El ministro adujo que aceptó entrevistarse con Rodrigo Rato porque ha sido víctima de graves amenazas en Twitter y en otros ámbitos y circunstancias que no detallaba por seguridad; que había decidido recibirle personalmente porque se trata del exvicepresidente del Gobierno y exdirector del FMI y que en los 60 minutos que duró la reunión en ningún momento hablaron de su situación procesal ni de las pesquisas de que está siendo objeto.

Tales explicaciones resultan tan inconsistentes que sólo contribuyen a extender aún más las sombras que se ciernen sobre el Gobierno y sobre el PP en lo que refiere a su compromiso real con la regeneración política y de lucha contra la corrupción. Puede que Rodrigo Rato tema ir sin escolta porque le pitan los preferentistas en la puerta del Juzgado, pero es evidente que este problema de seguridad no precisa de una intervención directa del ministro. Por otro lado, basta recordar el mando de Fernández Díaz sobre la Guardia Civil (a cargo de la investigación) para concluir que su reunión con Rato fue una grave irresponsabilidad.

Ni rastro de arrepentimiento

Lejos de mostrarse siquiera algo arrepentido, Fernández Díaz se permitió el lujo de reñir a la oposición por haberle obligado a comparecer en medio de sus vacaciones y por pedirle la dimisión  y, lo que es peor, preguntado al respecto, dejó en el aire la posibilidad de volver a recibir a Rato en el Ministerio si se lo vuelve a pedir.

El precedente de tanta prepotencia hay que atribuírselo al propio Rajoy, que puso a ras de suelo la asunción de responsabilidades políticas cuando, tras conocerse sus mensajes de apoyo a Bárcenas (“Luis, sé fuerte”), optó por continuar impasible sin dar explicaciones ni pedir perdón a la opinión pública. El presidente del Gobierno no esperó siquiera a que acabara la comparecencia para dar por buenas las explicaciones del ministro. A este cierre en falso de Jorge Fernández Díaz se sumó el portavoz del PP en la Comisión parlamentaria de Interior, Francisco Márquez, que se limitó a seguir al dedillo el guión prefijado.

Los diputados de la oposición fueron lógicamente contundentes. Una de las andanadas más relevantes fue la del portavoz de Izquierda Plural, Ricardo Sixto, cuando aventuró que si el ministro había recibido de a Rodrigo Rato en privado es porque ambos presumían que el ex vicepresidente tiene el teléfono pinchado. La acusación velada de que el titular de Interior estaba protegiendo a Rato de una supuesta intervención telefónica -no acreditada en los procedimientos judiciales- es gravísima, aunque Fernández Díaz prefirió no darse por aludido. Para su defensa contaba el ministro, de partida, con la experiencia y complicidad de Rajoy y con la precipitación con que el PSOE denunció el asunto la víspera ante la Fiscalía.

Además, en EL ESPAÑOL:

 

Las 19 incógnitas que la comparecencia de Fernández Díaz no despejó

Fernández Díaz

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, se sometió al escutrinio de la Cámara Baja en una comparecencia para rendir cuentas sobre la reunión que mantuvo con el ex vicepresidente Rodrigo Rato el 29 de julio en su despacho oficial. “Era mi deber atenderlo. Se reunió conmigo por su seguridad personal”, repitió durante su larga comparecencia sin ningún arrepentimiento. Dio algunas respuestas, pero son más las incógnitas. 

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, se sometió al escutrinio de la Cámara Baja en una comparecencia para rendir cuentas sobre la reunión que mantuvo con el ex vicepresidente Rodrigo Rato el 29 de julio en su despacho oficial. “Era mi deber atenderlo. Se reunió conmigo por su seguridad personal”, repitió durante su larga comparecencia sin ningún arrepentimiento.

EL ESPAÑOL diseñó este jueves una lista con las preguntas que el máximo mandatario del departamento de Interior debía responder para esclarecer el encuentro y sus implicaciones. Sin embargo, cuatro horas de comparecencia no bastaron para despejar todas las dudas que despertó una reunión que -de creer a Fernández Díaz- el propio presidente del Gobierno descubrió a través de la prensa.

El ministro se limitó a reconocer que Rodrigo Rato se puso en contacto con él entre el 9 y el 20 de julio, que a la reunión en la sede del Ministerio él mismo llegó tarde y que su jefe de gabinete participó, pero sólo al principio. Fue Rato quien solicitó el encuentro, según la versión del ministro, porque “estaba preocupado por la posibilidad de que le retirasen la seguridad” y por las amenazas en forma de tuit que recibieron él y su entorno. Finalmente, el titular de Interior se escudó en que Rato está en peligro para no dar más explicaciones a la ciudadanía.

Balance comparecencia

A continuación figuran las cuestiones que el ministro dejó sin responder. De las 35 planteadas inicialmente, más de la mitad quedaron sin aclarar: 19 en total.

  1. ¿Hay constancia de la llegada de Rato al Ministerio en el registro de entrada?
  2. ¿Alguien del PP sabía que iba a producirse ese encuentro? ¿Quién o quiénes?
  3. ¿Contó el ministro cómo fue la reunión a alguien? ¿A quién?
  4. ¿Ha recibido el ministro en su despacho a otros amigos para abordar sus problemas?
  5. ¿Pidió Rato al ministro que hiciera llegar a la AET o a Cristóbal Montoro su versión sobre el origen de su patrimonio?
  6. ¿Qué consecuencias tuvo el encuentro?
  7. ¿Por qué aseguró el Ministerio en su comunicado que Jorge Fernández Díaz no tiene ninguna relación con la investigación cuando es la Guardia Civil, bajo su mando, la que actúa como policía judicial?
  8. ¿Le comentó Rato si él o su familia habían interpuesto alguna denuncia por las amenazas a su familiar?
  9. ¿Por qué Interior tardó casi tres días en tratar de explicar los hechos si todo estaba tan claro, según la versión del ministro?
  10. ¿Se ha planteado el ministro llevar a cabo alguna actuación judicial contra Rato por asegurar que sí hablaron de su caso?
  11. ¿Tiene Fernández Díaz relación con Luis Bárcenas en la actualidad?
  12. ¿Mandó el ministro del Interior mensajes de apoyo a Luis Bárcenas, tal como ha asegurado el extesorero del PP?
  13. ¿Quién ordenó el dispositivo de vigilancia a Luis Bárcenas y sus familiares antes de que el extesorero entrara en prisión?
  14. ¿Hizo alguna gestión el ministro del Interior para identificar a los autores y responsables de este operativo de vigilancia a Bárcenas?
  15. Si la dimisión del exministro Bermejo estaba motivada por irse de cacería con un imputado, ¿debería el ministro presentar su renuncia?
  16. ¿Ha recibido instrucciones del presidente del Gobierno para contactar en su nombre con imputados por corrupción?
  17. ¿Ha participado en alguna reunión con el presidente del Gobierno para decidir la estrategia del PP sobre los casos de corrupción?
  18. ¿Se han tratado casos de corrupción como Gürtel, Púnica o el caso Bankia en reuniones del Gobierno?
  19. ¿Ha consultado con Soraya Sáenz de Santamaría o su jefa de gabinete la estrategia del Gobierno en relación a casos de corrupción que afectan al PP?

Con información de Antonio Delgado, Patricia López, Pablo Romero y Joaquín Vera.

Además, en EL ESPAÑOL:

Fernández Díaz alega que Rato está en peligro para no dar explicaciones

La oposición ha pedido la dimisión del ministro del Interior durante su comparecencia en el Congreso para explicar su cita con Rodrigo Rato, imputado por el ‘caso Bankia’, en sede ministerial. El presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, ha apoyado a Fernández Díaz: “A la oposición lo que le interesa es pescar en río revuelto”. Así se lo hemos contado.

La oposición ha pedido la dimisión del ministro del Interior durante su comparecencia en el Congreso para explicar su cita con Rodrigo Rato, imputado por el ‘caso Bankia’, en sede ministerial. El presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, ha apoyado a Fernández Díaz: “A la oposición lo que le interesa es pescar en río revuelto”. Así se lo hemos contado.

35 preguntas para Fernández Díaz por su reunión con Rato

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El encuentro de Jorge Fernández Díaz con Rodrigo Rato no fue uno más. No figuraba en la agenda del ministro del Interior y fue aireada por la prensa, con versiones contradictorias sobre su contenido, insólitos comunicados de prensa y finalmente una comparecencia extraordinaria en pleno agosto ante el Congreso. Fernández Díaz se reunió con Rato, el ex vicepresidente económico del Gobierno, ex director gerente del Fondo Monetario Internacional, expresidente de Bankia, ex casi todo en el PP pero actualmente imputado por varios delitos y con su patrimonio bajo sospecha. Aquí están todas las preguntas sin respuesta,

El encuentro de Jorge Fernández Díaz con Rodrigo Rato no fue uno más. No figuraba en la agenda del ministro del Interior y fue aireado por la prensa, con versiones contradictorias sobre su contenido, insólitos comunicados de prensa y finalmente una comparecencia extraordinaria en pleno agosto ante el Congreso. Fernández Díaz se reunió con Rato, el ex vicepresidente económico del Gobierno, ex director gerente del Fondo Monetario Internacional, expresidente de Bankia, ex casi todo en el PP pero actualmente imputado por varios delitos y con su patrimonio bajo sospecha.

Estas son las incógnitas que rodean a una de las citas más polémicas de los últimos años.

  1. ¿Cuándo recibió la llamada de Rodrigo Rato?
  2. ¿Qué problema personal invocó Rato para convencer al ministro de que debía recibirle?
  3. ¿No se podía tratar por teléfono?
  4. ¿Cuánto tiempo tardó en recibir a Rato desde que éste le expuso su interés por entrevistarse?
  5. ¿Por qué aceptó la entrevista a sabiendas de que hacerlo podía ponerlo en una difícil situación?
  6. ¿Le presionó Rato de alguna manera para convencerle? ¿Le amenazó con alguna información sensible?
  7. ¿Hay constancia de la llegada de Rato al Ministerio en el registro de entrada?
  8. ¿Cuánto duró?
  9. ¿De qué se habló?
  10. ¿Alguien del PP sabía que iba a producirse ese encuentro? ¿Quién o quiénes?
  11. ¿Contó el ministro cómo fue la reunión a alguien? ¿A quién?
  12. ¿Ha recibido el ministro en su despacho a otros amigos para abordar sus problemas personales?
  13. ¿Ha recibido el ministro a otros imputados en su despacho?
  14. ¿Informó el ministro a Rato de las pesquisas de la Guardia Civil en el marco de las investigaciones sobre el exbanquero?
  15. ¿Se mencionó en la reunión el papel decisivo de la Agencia Tributaria en la iniciación del ‘caso Rato’?
  16. ¿Pidió Rato al ministro que hiciera llegar a la AET o a Cristóbal Montoro su versión sobre el origen de su patrimonio?
  17. ¿Qué consecuencias tuvo el encuentro?

    La explicación de lo sucedido

  18. ¿Por qué no se informó en el comunicado de que la razón de la reunión era las amenazas a un familiar de Rato?
  19. ¿Por qué aseguró el Ministerio en su comunicado que Jorge Fernández Díaz no tiene ninguna relación con la investigación cuando es la Guardia Civil, bajo su mando, la que actúa como policía judicial?
  20. ¿Le comentó Rato si él o su familia habían interpuesto alguna denuncia por las amenazas a su familiar?
  21. ¿Habló con el imputado de su situación procesal, tal como sostiene el propio Rato?
  22. ¿Por qué Interior tardó casi tres días en tratar de explicar los hechos si todo estaba tan claro según la versión del ministro?
  23. ¿Miente Rato cuando asegura que hablaron de “lo que le estaba pasando”?
  24. ¿Se ha planteado el ministro llevar a cabo alguna actuación judicial contra Rato por asegurar que sí hablaron de su caso?

    Más allá de Rodrigo Rato

  25. ¿Tiene Fernández Díaz relación con Luis Bárcenas en la actualidad?
  26. ¿Mandó el ministro del Interior mensajes de apoyo a Luis Bárcenas, tal como ha asegurado el extesorero del PP?
  27. ¿Quién ordenó el dispositivo de vigilancia a Luis Bárcenas y sus familiares antes de que el extesorero entrara en prisión?
  28. ¿Hizo alguna gestión el ministro del Interior para identificar a los autores y responsables de este operativo de vigilancia a Bárcenas?
  29. Si la dimisión del exministro Bermejo estaba motivada por irse de cacería con un imputado, ¿debería el ministro presentar su renuncia?

    Rajoy

  30. ¿Pidió el ministro permiso a Mariano Rajoy para reunirse con Rato?
  31. ¿Informó a Mariano Rajoy con posterioridad del contenido de la reunión?
  32. ¿Ha recibido instrucciones del presidente del Gobierno para contactar en su nombre con imputados por corrupción?
  33. ¿Ha participado en alguna reunión con el presidente del Gobierno para decidir la estrategia del PP sobre los casos de corrupción?
  34. ¿Se han tratado casos de corrupción como Gürtel, Púnica o el caso Bankia en reuniones del Gobierno?
  35. ¿Ha consultado con Soraya Sáenz de Santamaría o su jefa de gabinete la estrategia del Gobierno en relación a casos de corrupción que afectan al PP?

Han preguntado: María Peral, Vicente Ferrer, Mariano Gasparet, Pablo Romero, Ana I. Gracia, Joaquín Vera y Daniel Basteiro.

Además, en EL ESPAÑOL:

El PSOE ataca a Fernández Díaz por el “escándalo” de los SMS a Bárcenas

Antonio Hernando

El PSOE redobla la presión contra Jorge Fernández Díaz. Para el portavoz de los socialistas en el Congreso, Antonio Hernando, es un “escándalo” que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, haya enviado SMS de ánimo a Luis Bárcenas cuando ya estaba ya siendo investigado, según reconoció el propio extesorero y publica este jueves EL ESPAÑOL

Los socialistas redoblan la presión contra Jorge Fernández Díaz. Para su portavoz en el Congreso, Antonio Hernando, es un “escándalo” que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, haya enviado SMS de ánimo a Luis Bárcenas cuando ya estaba ya siendo investigado, según reconoció el propio extesorero y publica este jueves EL ESPAÑOL.

Hernando considera “un escándalo que el ministro del Interior hubiese mandado mensajes al señor Bárcenas. Si es el ministro de Interior el que está haciendo esas cosas, que es el que dirige la Policía y la Guardia Civil, estamos ante una situación muy grave de cara a la seguridad, que tiene que ser la de todos los españoles y no solamente de los amigos del ministro”, ha dicho ante la Fiscalía General del Estado al ser preguntado por este periódico y otros medios.

Jorge Fernández Díaz, que mantuvo un encuentro en la sede del Ministerio con Rodrigo Rato  -ex vicepresidente del Gobierno e imputado por el caso Bankia- comparecerá este viernes en el Congreso para dar explicaciones sobre contenido y la oportunidad de la cita. Sin embargo, lo conocido hasta ahora merece para el PSOE una denuncia contra el ministro ante la Fiscalía. El partido de Pedro Sánchez pretende judicializar así el caso al apreciar indicios de tres delitos: prevaricación, omisión del deber de perseguir delitos y revelación de secretos. El escrito reclama la declaración en sede judicial del propio ministro, de Rato y de funcionarios de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil.

“Ni un minuto más como ministro”

En su redoblada presión al Gobierno, el PSOE ha considerado que Fernández Díaz “no debería de permanecer ni un minuto más al frente del Ministerio”, tanto si se confirma que incurrió en alguno de esos tres delitos como si arropó a Bárcenas en el momento en el que se investigaba su fortuna en Suiza.

“La corrupción es una prioridad política, social y es inaceptable” como para que Fernández Díaz se permita mandar SMS “a un corrupto”, algo que debería llevar a Mariano Rajoy a destituirlo “inmediatamente”, ha asegurado.

El Ministerio del Interior no ha tardado en reaccionar y ha amenazado con acciones legales por “denuncia falsa, injurias y calumnias”, según informa EFE. 

El PSOE no confía en las explicaciones que puede dar Fernández Díaz. Según recordó Hernando, el presidente del Gobierno advirtió el lunes de que de esa comparecencia no debe esperarse “nada particular”.

Bárcenas aseguró que recibió SMS de Fernández Díaz similares a los que le envió Rajoy

Memorial por las victimas del terrorismo

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, envió mensajes de apoyo al extesorero del PP Luis Bárcenas cuando ya estaba siendo investigado por la Policía y los tribunales. Así lo aseguró el propio Bárcenas, desde la cárcel y a través de su entorno directo, al entonces director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, cuando en julio de 2013 le facilitó los SMS que le enviaba Rajoy.

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, envió mensajes de apoyo al extesorero del PP Luis Bárcenas cuando ya estaba siendo investigado por la Policía y los tribunales. Así lo aseguró el propio Bárcenas, desde la cárcel y a través de su entorno directo, al entonces director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, cuando en julio de 2013 le facilitó los SMS que le enviaba Rajoy.

Según Bárcenas, los SMS del ministro del Interior eran similares o equivalentes a los que le enviaba el presidente del Gobierno con expresiones como “al final la vida es resistir y que alguien te ayude”, “nada es fácil, pero hacemos lo que podemos” o “Luis, lo entiendo, sé fuerte”.

De acuerdo con la versión de Bárcenas, esos mensajes eran parte del papel activo que Fernández Díaz habría mantenido para ayudar a Rajoy a tapar los escándalos del PP. Una pauta de conducta en la que se inscribiría también la entrevista con Rodrigo Rato, de la que tendrá que dar cuenta mañana ante la Comisión de Interior del Congreso.

Pese al deseo de Bárcenas de hacer también públicos esos mensajes, las personas que seguían sus instrucciones no lograron localizar en aquel momento en la memoria de sus teléfonos móviles los SMS de Fernández Díaz. Sí que aparecieron, en cambio, además de los de Rajoy, los intercambiados con el presidente del diario La Razón, Mauricio Casals, que hizo de intermediario entre el extesorero y el Gobierno después de que se divulgara la contabilidad B del partido. Casals mantiene una estrecha relación tanto con Rajoy como con Fernández Díaz.

Operación Kitchen

En su artículo del pasado 20 de julio en El Mundo titulado “Merienda con los Bárcenas” el columnista Raúl del Pozo ponía en boca del extesorero la siguiente afirmación: “Es tanta la documentación que guardamos que podíamos entregar cada día una bomba. Las grabaciones –a Rajoy y otros dirigentes del PP- serían 20 veces la documentación que entregué al juez Ruz”.

A continuación el propio Del Pozo añadía: “Me explica que hay en marcha un libro con dos SMS más que sale en septiembre”. EL ESPAÑOL no ha logrado verificar si se trata de dos nuevos SMS de Rajoy, de los de Fernández Díaz o de otro interlocutor significativo.

A finales de 2013, Bárcenas también comunicó al entonces director de El Mundo que Fernández Díaz había estado al tanto de las gestiones realizadas por María Pico, jefa de gabinete de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, para que la UDEF remitiera un informe al juez descartando que Bárcenas fuera el “Luis el cabrón” mencionado en uno de los documentos incautados a la trama Gürtel. Estas informaciones no pudieron ser verificadas antes de la destitución de Pedro J. Ramírez como director.

Por otra parte, el 4 de febrero de este año, Esteban Urreiztieta se hacía eco también en El Mundo de la denuncia judicial del comisario Villarejo en la que acusaba al comisario de Asuntos Internos Martín-Blas de hacer “gestiones de máximo secreto directamente para la dirección del Partido Popular” y completamente “ajenas a sus funciones policiales”. Urreiztieta añadía: “Según aseguran a este periódico fuentes policiales solventes, Villarejo se refiere en este caso concreto a la supuesta creación de un dispositivo de seguimiento de la familia del extesorero del PP Luis Bárcenas para conocer sus movimientos y averiguar el material probatorio que tiene en su poder y que todavía no ha aportado al juez”.

Según ha podido confirmar EL ESPAÑOL, un dispositivo de inteligencia policial controló los movimientos de Bárcenas hasta su entrada en prisión preventiva. Días antes de su arresto, los agentes constataron el encuentro del extesorero del PP con dos ciudadanos rusos en un conocido restaurante cercano al estadio Santiago Bernabéu de Madrid. Ese encuentro no fue incluido en los informes obrantes en la causa. Además, los agentes contaron con una red de confidentes en el entorno de Bárcenas, apodados con el nombre en clave de “cocineros”. Por eso, el operativo recibió el nombre de Operación Kitchen.

Finalmente, el 4 de mayo, el periodista José María Olmo publicó en El Confidencial que Bárcenas “ha conseguido una grabación en la que presuntamente aparecerían funcionarios de la Seguridad del Estado accediendo a una fábrica para tratar de sustraer documentación relacionada con la contabilidad B del PP… Las imágenes habrían sido captadas en agosto del pasado año por el circuito cerrado de video vigilancia de una fábrica situada en una población del norte de Madrid”.

Rato y la contabilidad B

Desde que está al frente del Ministerio del Interior, Fernández Díaz ha sido acusado en varias ocasiones -tanto por la oposición como por los sindicatos policiales- de anteponer los intereses del Partido Popular a los de algunas investigaciones abiertas. Según fuentes policiales, durante la última legislatura algunos responsables políticos han presionado para que se aceleraran las pesquisas de la Operación Gürtel, que investiga la presunta financiación ilegal del Partido Popular.

En medios del PP viene comentándose que pocas cosas podrían hacer tanto daño a Rajoy en vísperas de las elecciones generales como que Rodrigo Rato o algún otro antiguo dirigente del partido corroborara la autenticidad de algunos de los hechos reflejados en la contabilidad b del PP.

Jorge Fernández Díaz es de todos los miembros del Gobierno el más estrechamente vinculado a Rajoy, pues no en vano trabajó directamente a sus órdenes durante ocho años como Secretario de Estado en los ministerios de Administraciones Públicas, Cultura y Presidencia.

Foto: Ministerio del Interior / Flickr

 

La transparente opacidad

PP

Que Fernández Díaz haya recibido a Rato revela, en el mejor de los casos, una enorme torpeza por parte de Jorge Fernández. Porque lleva a pensar en otras explicaciones menos favorecedoras. Por ejemplo, si no será que alguien con la información interna que del PP y del Gobierno tiene Rodrigo Rato pudiera haber tratado de emplearla para forzar una reunión con el ministro y presionar a las autoridades.

Tres días después de que se conociese que el ministro del Interior recibió a Rodrigo Rato en su despacho a la semana siguiente de haberse negado éste a declarar ante el juez por la imputación de blanqueo, el departamento que dirige Jorge Fernández ha emitido un comunicado para intentar sofocar el consiguiente escándalo político y la petición de explicaciones de los partidos de la oposición. El documento tiene cinco puntos que suscitan al menos otros tantos interrogantes, por lo que, lejos de aclarar, aumenta las sospechas de lo turbio de ese encuentro.

Lo primero que destaca la nota es que Rato solicitó la reunión para tratar un asunto “exclusivamente personal”, haciendo saber que su petición nada tenía que ver con la “situación procesal” por la que atraviesa. Según el comunicado, el ministro se aseguró de aclarar ese extremo antes de aceptar la cita. Cabe preguntarse si Jorge Fernández es tan generoso con su tiempo como para recibir, en horas de oficina, a todo aquel que quiera confiarle un asunto “personal”. Dado que no es verosímil, cabría exigir al Ministerio que concrete cuáles son los criterios que utiliza para abrir las puertas del despacho de su titular.

En segundo lugar, se dice que la entrevista duró algo menos de una hora, y no dos, como se ha publicado. Una hora de conversación da para abordar varios temas e incluso alguno en profundidad. Toda vez que el propio comunicado especifica que Rato quería hablar de “una cuestión”, está claro que tuvo minutos suficientes para exponerla y debatirla. Convendría que el Ministerio informara del tiempo transcurrido desde que Rato pidió la entrevista hasta obtener el consentimiento, porque podría dar pistas en cuanto a la predisposición del ministro a recibirlo.

En su tercer punto, la nota precisa que Jorge Fernández eligió su despacho para la cita como forma de demostrar que no había “nada que ocultar”. La máxima que se esgrime es ésta: “Era más adecuado hacerlo en la sede del Ministerio que en el reservado de un restaurante”. Una tesis que fácilmente se puede poner del revés. Cuántas veces no se habrán cometido irregularidades usando precisamente los despachos oficiales como coartada. Para que la explicación del Ministerio fuera creíble debería haber comunicado previamente que la reunión se iba a producir. Presumir de que el encuentro fue en el despacho una vez desatado el escándalo puede llevar a pensar que ésa era la trampilla que el ministro había previsto para tratar de salir airoso en el caso de que los hechos trascendiesen a la opinión pública.

En cuarto lugar, la nota ministerial subraya que las investigaciones sobre Rato están en manos de la Fiscalía Anticorrupción y de la Unidad de Inteligencia Financiera, adscrita a la Agencia Tributaria. Sin embargo oculta que la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, encargada de la investigación, depende de Interior, ¿o es que por el hecho de actuar bajo la autoridad judicial sus miembros no tienen que responder ante Interior, y sus sueldos, reconocimientos, o ascensos no los decide el Ministerio?

En el quinto y último punto, Interior asegura que el ministro “no ha realizado ningún tipo de gestión” en relación a la situación procesal de Rato. Teniendo en cuenta que admitir lo contrario daría pie a investigarlo por prevaricación, se trata de un argumento de escaso valor.

El episodio revela, en el mejor de los casos, una enorme torpeza por parte de Jorge Fernández. Porque que el ministro del Interior reciba a una persona de la trascendencia de Rato, estando como está imputado por graves delitos, lleva a pensar en otras explicaciones menos favorecedoras. Por ejemplo, si no será que alguien con la información interna que del PP y del Gobierno tiene Rodrigo Rato pudiera haber tratado de emplearla para forzar una reunión con el ministro y presionar a las autoridades.

La lista de casos de corrupción que acumula el PP es tan extensa que, a estas alturas, debería haber servido de experiencia a sus dirigentes y cargos públicos para andar con mejor tiento y más escrúpulos. Jorge Fernández ha reaccionado tarde, cuando el asunto llevaba días pudriéndose en mitad de la calle, y la nota pretendidamente aclaratoria que ha facilitado a la opinión pública es un homenaje a la opacidad y el oscurantismo. Al final, se atrinchera en decir que nada puede desvelar porque lo tratado era “exclusivamente personal”. Por eso la última pregunta nos devuelve a la casilla de salida: ¿Es de recibo que el ministro del Interior hable de asuntos personales en su despacho oficial con un imputado por corrupción que fue vicepresidente del Gobierno y alto cargo de su partido?

Foto: El ministro de Hacienda, Cristobal Montoro en julio junto al ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz y el Vicesecretario de política Autonómica, Javier Arenas (Flickr / PP)

“La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido”

saidbueno_ok

Es sorprendente, dice el autor, la facilidad con la que los españoles dejamos de preguntar por lo que en su momento preguntamos con gran interés. Sin alcanzar las respuestas a la que como ciudadanos tenemos derecho, olvidamos centenares de importantísimas preguntas con asombrosa apatía. Esperanza Aguirre y Said Berraj, son dos ejemplos.

 

GRA412. MADRID, 18/04/2013.- La presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, durante la presentación del libro "Don Antonio Fontán Pérez. El espíritu de la Política", de Arturo Moreno Garcerán, hoy en Madrid. EFE/Kiko Huesca

Me sorprende la facilidad con la que los españoles dejamos de preguntar por lo que en su momento preguntamos con gran interés. Sin alcanzar las respuestas a la que como ciudadanos tenemos derecho, olvidamos centenares de importantísimas preguntas con asombrosa apatía.

Como primer ejemplo sirva la filtración de los datos de la declaración de la renta del año 2013 de la entonces candidata por el PP a la alcaldía de Madrid. Esperanza Aguirre lo calificó de delito gravísimo. Es más, aseguró que se trataba de “un ataque a la seguridad jurídica sin precedentes”. Así nos pareció a muchos. Poco después, la Agencia Tributaria negó cualquier filtración y tras las elecciones todo quedó en nada. Ya nadie pregunta por la autoría de la filtración.

¿En qué quedó la denuncia de la víctima ante la Fiscalía? ¿Qué ha hecho la propia Esperanza Aguirre para aclarar lo que considera un ataque a la seguridad jurídica? No solo a la de ella, a la de todos. La Fiscalía cobra de nuestros impuestos. ¿Lo va a dejar así? ¿Quién reveló sus datos? ¿Y los medios de comunicación? ¿Olvidaron sus portadas? ¿Ya no quieren saber de lo que en su momento consideraron un escándalo?

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El segundo ejemplo es muchísimo más doloroso: responde a otro tipo de seguridad y a un asunto mucho más triste. Si preguntáramos a diez mil ciudadanos si saben quién es Said Berraj muy pocos podrían responder. ¿Y si preguntáramos a cien periodistas? ¿Llegarían a tres los que acertarían con su  respuesta?

Según lo que nos han contado, Berraj es el único terrorista del 11-M que vive y está en busca y captura. Y no es eso lo único importante. Para cualquiera que haya investigado con un mínimo interés la masacre de Madrid, el marroquí podría aclarar mucho de lo que no sabemos. De otros terroristas huidos tras los atentados nos dijeron que habían muerto o estaban presos en Marruecos. No de Berraj.

El once de marzo de 2014, le preguntaron por él al ministro del Interior. Jorge Fernández Díaz respondió: “Lo que puedo saber no lo debo decir”. Y ahí quedó todo. Un año y cuatro meses después nada nos ha dicho sobre el que tenía que ser uno los hombres más buscados por todas las policías del mundo. ¿Qué fue de Berraj? ¿Qué hace la Policía para detenerlo? ¿A quién le importa?

Tal vez el ministro del Interior pueda escudarse en que él no puede decir lo que pueda saber, lo que cuesta mucho entender es la falta de interés de los periodistas. Dieciséis meses después ningún medio le ha preguntado públicamente a Fernández Díaz por el terrorista marroquí. Poco a poco se olvidará su nombre y se perderán sus respuestas. ¿Se trata de eso? ¿Nos conformaremos? ¿Nos hemos conformado  ya? ¿Olvidamos lo que juramos no olvidar?

Sin duda acertó García Márquez cuando dijo “la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido”. Si dejamos morir nuestras preguntas moriremos poco a poco con cada una de ellas.