Los memes que mejor plasmaron la locura de la noche electoral

Catalan President Artur Mas greets supporters of Junts Pel Si (Together For Yes) after polls closed in a regional parliamentary election in Barcelona, Spain, September 27, 2015. Separatists have won a clear majority of seats in Catalonia's parliament, an exit poll showed on Sunday, in an election that could set the region on a collision course with Spain's central government over independence.   REUTERS/Andrea ComasAndrea Comas/Reuters

Memes, chistes, ataques y otros miles de comentarios de todo tipo y condición se han publicado para contar, juzgar y destripar lo sucedido en las urnas este 27 de septiembre. A modo de resumen, aquí se recogen algunos de los mejores tuits publicados antes, durante y después del cierre de los colegios electorales. 

Esta noche electoral histórica en Cataluña ha tenido su reflejo (más divertido) en Twitter. Memes, chistes, ataques y miles de comentarios para contar, juzgar y destripar lo sucedido en las urnas este 27 de septiembre. A modo de resumen, aquí se recogen algunos de los mejores tuits publicados antes, durante y después del cierre de los colegios electorales:

1. El “adiós” del candidato de la CUP.

Antonio Baños publicó este tuit en el que recogía un vídeo de youtube con la canción Adiós papá de Los Ronaldos. Una despedida “sin rencores” pero con mucha polémica.

 

2. Las mofas sobre el fracaso de Albiol…y Rajoy.

Uno de los políticos que más menciones recibió en Twitter fue Xavier García Albiol, candidato del PP. Vídeos, chistes y montajes para mofarse de su fracaso en las urnas.

 

 

3. ¿Dónde están los escaños de Unió?

Otro de los grandes derrotados del 27-S es Duran i Lleida. El líder de Unió fue objeto de numerosas bromas por no haber logrado representación parlamentaria en su primera cita electoral en solitario después de años de coalición junto a Convergencia.

 

 

4. El rostro de Rajoy al conocer el sondeo de TV3.

Nada más cerrarse las urnas, la cadena autonómica catalana TV3 hizo público su sondeo a pie de urna. Los datos apuntaban a una gran mayoría del independentismo. Muchos bromearon en Twitter con la reacción del presidente del Gobierno.

 

 

5. El bruto que separa Cataluña del resto de España.

Centenares de tuiteros se deleitaron con este tuit sobre la posible separación de Cataluña del resto de España. Un poco de humor entre tanta tensión.

 

6. La ‘celebración’ de Mas que acaba en tragedia.

El exconsejero de la Comunidad de Madrid Percival Manglano publicó este vídeo para jactarse de cómo podría acabar la celebración de los resultados por parte de Artur Mas.

 

7. Eran muy pocos, pero fueron trending topic.

Un centenar de ultras se concentraron en la Puerta del Sol de Madrid para manifestar su rechazo a la independencia de Cataluña al grito de “separatistas, terroristas”. Eran muy pocos, pero dieron mucho que hablar como trending topic durante varias horas.

8. “Español el que no bote”

En el acto de la celebración de la coalición Junts pel Sí se escucharon muchas canciones para celebrar la victoria en las urnas. Una de las más llamativas fue: “Español el que no bote”.

9. El batacazo de Iglesias y el triunfo de Ciudadanos.

Los resultados de la coalición liderada por Podemos tampoco han sido los augurados por las encuestas. Así, Pablo Iglesias tampoco escapa a las bromas en las redes sociales. Incluso, algunos interpretan su derrota frente a Albert Rivera.

 

https://twitter.com/javihoyos23/status/648224863916830721

 

10. Piqué acude a votar con su hijo y sigue el recuento.

Fue una de las imágenes del día. Y también una de las más comentadas y retuiteadas. El jugador del Barça Gerard Piqué acudió a votar con su hijo Milan en sus hombros. Horas después, el propio jugador contaba cómo estaba siguiendo el escrutinio.

 

 

11. Junqueras apunta a la independencia.

El líder de ERC apuntó claramente cuáles son sus planes para el futuro. En pocos minutos, centenares de personas retuitearon el mensaje de Oriol Junqueras.

 

12. Iceta se fija en Pujol y Ferrusola.

El candidato del PSC, Miquel Iceta, no bailó en esta ocasión. Por la mañana, antes de que terminase la votación, hizo algo que no hicieron otros: se fijó en cómo fueron a votar el expresidente de la Generalitat Jordi Pujol y su esposa, Marta Ferrusola.

 

Diccionario satírico burlesco (XIV)

La penúltima entrega del glosario de Anna Grau discurre entre la V de Vanguardia (La), el diario de la familia Godó, y la Z de ZP, el presidente que destapó la caja de los truenos al comprometerse a aceptar el Estatuto que le enviara Pasqual Maraggall, extremo que no fue posible. 

Vanguardia, La

A la vez más y menos que el gran periódico catalán. Lo mejor y lo peor. Alfa y omega de la prensa. Leyenda con luces y sombras, algunas que quitan el hipo. Tuvo que ser un director andaluz, Modesto Sánchez Ortiz, quien catapultara lo que inicialmente era un diario de avisos del puerto de Barcelona a algo digno de figurar en la cartelería histórica del modernismo. Cuando la dirigía Gaziel La Vanguardia fue incautada y reconvertida en órgano oficial de la Generalitat. Los propietarios originales, los Godó, no volvieron a serlo hasta la victoria de Franco. Impertérritos aguantaron entonces que les dirigiera el invento lo mismo Luis de Galinsoga que Manuel Aznar -abuelo de José María-, que les cambiaran el nombre de la cabecera y hasta que les obligaran a saltarse retroactivamente ediciones. ¿Se repite la historia, del derecho o del revés? A día de hoy nadie se incauta directamente de nada, no está bien visto, pero bueno, hay subvención o no la hay. De ahí el súbito y sorprendente entusiasmo de esos mismos Godó por lanzar una edición en catalán y hasta un editorial conjunto con todos los demás periódicos del vecindario. Hubo un tiempo en que se afirmaba que para entender la apasionante complejidad de Cataluña había que leer La Vanguardia. Empieza a ser más verdad al revés: si no eres catalán muy acérrimo, La Vanguardia aburrrrrre….¿volvemos a ser el diario de avisos del puerto?

World Trade Center

El de Barcelona, el de Barcelona, no el otro… aunque está cerca de ser declarado zona tan catastrófica como en su día lo fue el de Nueva York. Hablamos de un parque empresarial emblemático junto al frente marítimo, precioso y con firma arquitectónica ilustre. Una especie de Museo Guggenheim de Bilbao, pero en Barcelona y dedicado a la empresa y no al arte. A no ser que se considere un arte perder dinero. Tantos miles de metros de oficinas, de servicios, de hoteles, inaugurado todo con la mejor buena voluntad en 1999, y ahora boqueando, luchando por sobrevivir y por dejar de ser un monumento a la desinversión. Y a la pérdida de esperanza financiera en una ciudad que presumió de ser locomotora económica de toda España.

Xènius

El más famoso de los nombres de guerra de Eugeni D’Ors, uno de esos complicados personajazos catalanes que la patria tiene problemas para encajar en su panteón porque por un lado era eminentísimo, el padre del noucentisme, y por el otro… ¡se pasó con armas, bagajes y convicciones al franquismo! Es una jugada que se repite suficientes veces a lo largo de la atormentada historia intelectual catalana como para hacerse una, quizás, alarmante pregunta. La misma que en plan retórico lanzó Jordi Pujol en uno de sus mitines en los 90: “¡Hay gente más lista, más brillante que nosotros! ¡Pero nadie ama a Cataluña como nosotros!”. ¿Por qué será?

Yoda (Pujol)

“El tamaño no importa. Veme a mí. ¿Por mi tamaño me juzgas? ¿Hmm? Hmm. Pues hacerlo no deberías. Pues mi aliada es la Fuerza, y una poderosa aliada es”. Son palabras que en el episodio quinto de la saga Star Wars (El Imperio Contraataca) oye Luke Skywalker de la boca de Yoda, ese pequeño pero dicharachero jedi de increíble parecido físico con Jordi Pujol. La broma ha sido constante y recurrente desde que se estrenó esa película. Quien esto firma casi se come una vez las escaleras del Casino de Madrid al vislumbrar cómo unos periodistas de Telecinco tomaban planos de Pujol blandiendo feliz una espada de luz de juguete. Quien fue molt honorable ha sabido siempre sacar un inteligente partido de su limitada apostura y estatura. Durante muchos años eso le valió para sugerir subliminalmente, o no tanto, que él era un pobre David rodeado de Goliats. A los que se iba comiendo uno tras otro como cocos de un videojuego. Nada más hace falta recordar la espectacular conversión a la Fuerza de aquellos que una vez gritaron “Pujol, enano, habla castellano”. Dicho esto, en las distancias cortas Yoda-Pujol no ha carecido nunca de una sorprendente capacidad de seducción. Marta Ferrusola (a la que se atribuye la ascensión en política del único personaje más bajito que Pujol, el conseguidor Lluís Prenafeta, posteriormente procesado y mandado a Alcalá Meco junto a Macià Alavedra, bien es verdad que en virtud de un sumario instruido por Baltasar Garzón…) se plantó una vez en el programa de radio de Odette Pinto para exigir que cesaran ciertos rumores de amoríos extraconyugales porque, de ser cierto todo lo que se contaba, su marido sería “un Superman”.

ZP

Todavía no se sabe con absoluta seguridad qué fue primero, si el huevo o la gallina; si José Luis Rodríguez Zapatero o Pasqual Maragall, dos personajes, sépase de una vez, que jamás han tenido ni la más mínima química personal. Ni siquiera esa famosa noche en el Palau Sant Jordi de Barcelona en que el primero prometió dar apoyo al Estatut que el segundo le mandara, así se lo mandara dentro de un cucurucho de churros y con abundante azúcar glasé para disimular. ¿Quién calentó la boca a quién? Todavía hoy se echan los unos a los otros el Estatut de marras a la cabeza y nadie admite tener ninguna culpa de nada: ni los que metieron una pata ni los que metieron la otra. Cataluña salió innecesariamente humillada y escocida, España salió hasta los mismísimos de los catalanes. El Tribunal Constitucional salió como un ogro. Y en cuanto al PP, que Dios se lo pague con muchos florianos y bárcenas. Tanta acumulación de mal karma tampoco puede ser porque sí.

Diccionario satírico burlesco (XIII)

salvador

Salvador Alsius presentando el Telediario de TV3. 

La antepenúltima entrega del diccionario de Anna Grau comienza con Tarradellas, primer presidente catalán de la Democracia, y se cierra con Udef, la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal que ha destapado algunas irregularidades en Cataluña para disgusto de Jordi Pujol.

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Tarradellas

“Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí!”. No es el “Sangre, sudor y lágrimas” de Winston Churchill pero, con sólo esta frase, Josep Tarradellas entró en la gloria. En su persona se restauraba mágicamente la Generalitat como si no hubieran existido la Guerra Civil con todos sus trágicos errores (por los dos lados) ni el franquismo. O como si finalmente se le pudiese dar carpetazo. Atención que la frasecita gana enteros con el tiempo. Tarradellas, cuyo mayor mérito hasta la fecha había sido aguardar pacientemente en Francia a que escampara, pudo salir al balcón de la Generalitat y decir otra cosa. Pudo decir “Catalans, ja sóc aquí!”. Eligió la fórmula “Ciudadanos de Cataluña” porque quería que su llamado implicara y conmoviera a todos y cada uno. Vinieran de donde vinieran, hubieran nacido donde hubieran nacido, hablaran catalán o castellano. La verdadera Casa Gran, la Cataluña de todos. A partir de aquí todo fue retirarse de la política y llevarse fatal con Jordi Pujol. Se despreciaban el uno al otro colosalmente, genéticamente. El tiempo va poniendo en su lugar las luces y las sombras de cada uno.

Toros

Prohibidos en Cataluña por joder. Como suena. Por joder a los españoles y a España. Se puede decir más alto pero no más claro. La idea es que la tauromaquia la inventó Cagancho en Almagro (nada que ver con una tradición milenaria grabada en el fondo de la vasija de gigantescas civilizaciones…) y la perpetuó Franco para dar gusto a los bajos instintos de su pueblo primitivo y cerril. Por supuesto Hemingway y Picasso le veían la gracia al tema porque eran dos psicópatas y Ava Gardner porque era una ninfómana y una borracha. Da igual que el torero del que se enamoró fuera catalán. En la misma situación pre-esquizofrénica parecen encontrarse todos los que, condenando los toros, defienden el interés cultural de los correbous. Todo ello mientras los índices de audiencia de las corridas televisadas se disparan en Cataluña. ¡Freud, vuelve!

Tres per cent

Hablando de Freud, famosísimo lapsus del entonces president Pasqual Maragall en sede parlamentaria. En pleno rifirrafe con el entonces líder de la oposición Artur Mas, va y le espeta: “Ustedes tienen un problema, el tres per cent“. Al principio nadie entendía nada…o no lo quería entender. Al ponerse Mas colorado y hecho una hidra, ni con la mejor voluntad de papar moscas podía ignorarse que el famoso tres per cent era lo habitual en comisiones para hacer negocios con la Generalitat. Maragall en su día reculó alegando que se había equivocado y, en off the record, que no tenía pruebas. Pues ya eran ganas de no tenerlas. Con el tiempo se ha sabido con doloroso recochineo que si Maragall pecó de algo, fue de optimista: el tres per cent era sólo la punta de un iceberg que podía llegar fácilmente al cinco y al diez. Seguimos para bingo y no paramos.

TV3

Televisión catalana pagada con los impuestos de todos pero puesta exclusivamente al servicio de las ideas y los intereses de algunos. Esto, que en realidad no es nada nuevo en una tele pública y menos autonómica, alcanza cierto paroxismo en Cataluña, donde la reyerta no es meramente partidaria o política sino identitaria. No es una tele de derechas contra los de izquierdas o viceversa. Es un enjuague étnico. Es un simulacro de Cataluñita la Fantástica que se superpone cuidadosamente a la Cataluña real. Y con un poco de suerte la borra del mapa. Ah, TV3 también sirve para pagar a precio de oro producciones externas de gentes MUY adictas a la causa que con el dinero público así acumulado luego financian medios privados de comunicación que siguen engordando y engordando la bola de nieve… siempre la misma, ya es casualidad, y siempre rodando por el mismo lado… Es la forma más sutil y a la vez más definitiva de corrupción: financiar con el dinero de todos el país sólo de algunos. Errequeerrelandia.

Udef

“¿Qué coño es eso de la Udef?”, dijo Jordi Pujol cuando se enteró de que la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal estaba investigando las cuentas de su familia. La Udef, creada en pleno gobierno Zapatero -al césar lo que es del césar- es algo así como el FBI en el cogote de los delincuentes de guante blanco. Son los federales con licencia para actuar en todos los ámbitos y territorios. Antes de esta centralización, todas las brigadas de investigación de estos delitos estaban desperdigadas por distintos cuerpos, colaboraban entre sí lo mínimo, se pasaban información la justa, se ponían la zancadilla a tope… y entretanto, maletines y maletones multimillonarios se evaporaban allende nuestras fronteras. Lástima que esto no sea de verdad una peli americana sino la crónica negra de España de toda la vida y que a la hora de la verdad, una investigación económica tenga que pasar ciertas cribas políticas. Tienen razón Pujol y Mas cuando se quejan de que ahora les miran las cuentas con lupa porque han sido malos chicos. La misma que tenían todos los que durante décadas se desgañitaron en vano denunciando que por mor de sus pactos y pactufos se les permitía llevárselo muerto mientras el Estado miraba para otro lado. ¿Qué es peor, lo de ahora o lo de antes?

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El libro negro del periodismo en Cataluña (VI): La opinión dependiente

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Una opinión vale tanto como otra. Un hecho confirmado vale mucho más. Pero la opinión también ha sufrido limitaciones en Cataluña. En los últimos años se han censurado artículos en ‘La Vanguardia’, ‘Ara’ y ‘El Punt Avui’. 

Gráfico: Kiko Llaneras

Este martes, un epílogo con datos.

Lee aquí los cinco primeros capítulos:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’

Una opinión vale tanto como otra. Un hecho confirmado vale mucho más. Pero la opinión también ha sufrido limitaciones en Cataluña. En los últimos años se han censurado artículos en ‘La Vanguardia’, ‘Ara’ y ‘El Punt Avui’. 

En la primavera de 2015, un articulista mandó a su diario el texto de la semana. Era sobre un partido catalán en un momento conflictivo. Al cabo de un rato recibió un correo electrónico del director con esta respuesta:

Hoy han comido el editor y el líder del partido. Has hecho un artículo que traerá problemas. A ver qué se te ocurre para que los dos podamos evitarnos líos. Hay muchos nervios en ese partido, como sabes.

He ocultado el nombre del partido, del periódico y del articulista por razones obvias pero son los tres reconocidos.

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Lee aquí los cinco primeros capítulos:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’

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En los últimos años, La Vanguardia, Ara y El Punt Avui han censurado artículos de colaboradores habituales. Casi todos los artículos terminaron publicados en internet. En años anteriores -antes de la expansión de las redes sociales- salieron otros presuntos casos pero son más difíciles de detectar. El gremio de los dibujantes ha sufrido especialmente y no sólo censura política.

El director de La Vanguardia Joan Tapia fichó a Gregorio Morán poco después de ser nombrado en 1987. Era un articulista incómodo y La Vanguardia es más bien un periódico cómodo. Pero servía para dar equilibrio, que es algo que el diario ha buscado a menudo con la opinión, su sección tradicionalmente más atrevida.

A Morán le habían censurado hasta 2013 sólo dos artículos, en ambos casos con Tapia como director. Uno se lo retiraron porque se metía con Israel. El otro, por atacar a Jordi Pujol. Fue el 9 de octubre de 1999, en plena batalla electoral entre el president y Pasqual Maragall. El artículo se titulaba Las trampas del redentor y ya estaba maquetado, con su dibujo en página. Salió incluso en los primeros periódicos impresos. El director decidió quitarlo a última hora, cuando le avisaron. El texto criticaba sobre todo la doblez de Pujol:

[Pujol] ha conseguido hacer de la doblez una moral. Entre el personaje real y el que la gente se quiere creer hay tal diferencia que el resultado es un producto genuino; él es él y su doblez. No miente, sencillamente olvida decir la verdad. No tiene ningún apego al dinero, le basta con el que le tiene su entorno. Le importa un comino la familia, pero con tal de estar tranquilo en su casa acepta todas las trágalas que le presentan. No es un hombre corrupto; sencillamente, no pregunta ni de dónde salió el Lamborghini de su retoño ni por los éxitos empresariales de la floristería de su señora.

Hoy parece algo menor porque todo eso ha acabado circulando. Pero entonces el Lamborghini, por ejemplo, había salido sólo en El Mundo. Las páginas de opinión eran un modo de publicar lo que no salía como información.

Este tipo de censura nunca comportó grandes denuncias de compañeros en Cataluña. El 11 de octubre, Manuel Vázquez Montalbán escribía al final de su columna de El País: “Posdata: Un artículo de Gregorio Morán sobre Pujol desapareció el sábado en los subterráneos virtuales de La Vanguardia. Gregorio: Siempre nos quedará París y el Internet”.

El día 14, otro colega en El País, Guillem Martínez, decía dentro de una crónica desde el palco del Camp Nou: “El sábado, por cierto, un diario barcelonés levantó un artículo de Gregorio Morán -y, tal vez, a Gregorio Morán- titulado Las trampas del redentor. Sobre Pujol. En una democracia europea, éste hubiera sido el tema de la semana en una sala como ésta”.

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AYUNTAMIENTO DE GIRONA

El Col·legi de Periodistes de Catalunya no tiene por costumbre denunciar estas censuras. En su web aparecen 73 resultados cuando uno busca la palabra “censura”. Llamé para preguntar si tenían otro tipo de comunicados y me pasaron estos 58. Son similares. Todos están relacionados con la censura franquista o con la imposición de bloques electorales en la información electoral de los medios audiovisuales públicos.

Sólo hay un caso reciente en que el Col·legi ha emitido declaraciones oficiales: la portada censurada de El Jueves sobre la abdicación del Rey. “Nuestro compromiso es con la libertad de expresión como derecho fundamental y por eso estamos en contra de todo tipo de censura”, decía el Col·legi. Luego pedía que nada se convirtiera en “un tema tabú”. TV3 dedicó también un reportaje a la portada de El Jueves y se plantó en la sede de la editora de El Jueves -RBA- donde la reportera indignada denunciaba que a ella y a su equipo no les habían dejado entrar.

En el caso de artículos o humor gráfico sobre otros temas, el revuelo ha sido menor.

Un artículo en cuarentena

El Punt Avui censuró en 2013 un artículo de Bernat Dedéu donde acusaba al director de orquesta Carles Coll de quedarse con buena parte de las subvenciones que recibía para su Orquestra de Cambra de l’Empordà y maltratar laboralmente a sus músicos.

Dedéu daba los números y los nombres de los amigos de Coll en Girona, entre ellos Santi Vila, conseller de Territorio y Sostenibilidad. El director de El Punt Avui, Xevi Xirgo, dijo a Dedéu que ponía el artículo “en cuarentena”: “Es la única llamada que recibí del director. Me dijo que haría unas llamadas y nunca más se supo. Esperé un día y vi que no pintaba muy bien”.

Dedéu anunció que se iba. Ningún otro gran medio dio la noticia. Ahora escribe su blog, La torre de les hores, y tiene más visitas que muchos articulistas asentados en periódicos.

Dedéu es joven y pomposo. Le encanta su acento catalán no barcelonés (en la capital el acento es más chabacano) y salpica sus frases de palabras de otra época que le dan un aire clásico que equilibra bien con toques en inglés y algún taco. Le he visto en verano pero en invierno es fácil imaginarle con sombrero, bastón y capa.

Dedéu es un personaje con horas de elucubración. Cree que su caso ilustra que el miedo es un problema en los directores de periódicos en Cataluña: “Si uno de tus columnistas te asusta, es imposible ficharle. La pregunta entonces, que es casi filosófica, es de qué tienen miedo los directores de periódico catalanes. Si el caso que yo expliqué en El Punt Avui -que no daba como noticia sino como reflexión- no puede publicarse, imagina cuando toquemos algo importante”.

Bernat Dedéu en un evento. / BIBLIOTECA DE CATALUÑA.
Bernat Dedéu en un evento. / BIBLIOTECA DE CATALUÑA.

Sánchez-Piñol, lejos lejos

La Vanguardia censuró la publicación de un artículo del escritor Albert Sánchez-Piñol. Se metía con otro articulista del periódico, José Antonio Zarzalejos.

El título era Zarzalejos, lejos lejos. Pero la historia venía de un par de semanas antes. El artículo anterior de Sánchez-Piñol había sido sobre un hipotético museo militar en Barcelona. Piñol contaba los ataques del Ejército en Cataluña. Cuando La Vanguardia recibió el artículo, le dijo a Sánchez-Piñol que el texto tocaba temas sensibles y que verían qué hacían. Pero el domingo el artículo apareció por error durante unas horas en la web del periódico.

Al día siguiente, el director, Màrius Carol, dijo en RAC1, propiedad del Grupo Godó, que tenían una pieza sobre el grupo Estado Islámico más importante y que el artículo de Sánchez-Piñol se publicaría al cabo de unos días. Carol añadió una amenaza: “Algunos salvapatrias que estén tranquilos. Hay a quienes les gusta romper piernas, pero como todos nos tenemos detectados, tranquilos: ya nos encontraremos por el camino”.

Algunos “salvapatrias” salieron a defender a Sánchez-Piñol. A Carol no le gustó y usó el tópico de país pequeño: “Todos nos tenemos detectados”. El diario Ara y medios digitales publicaron una declaración del escritor que corrió por las redes sociales y donde contaba su versión.

Días después de publicar la pieza sobre el museo, otro artículo en La Vanguardia del catedrático Francesc Granell criticaba a Sánchez-Piñol.

El siguiente artículo del escritor fue Zarzalejos lejos lejos. La Vanguardia no lo publicó.

En la siguiente tertulia en RAC1 con Carol, el presentador no preguntó sobre el artículo. Semanas después, el ex director de La Vanguardia, José Antich, se despidió del periódico con este tuit: “Muy contento de estar aquí, con vosotros. Hoy La Vanguardia, lejos lejos”. Sánchez Piñol y La Vanguardia son más famosos que Dedéu y El Punt Avui, pero la diferencia de repercusión fue extraordinaria: la combinación de “Bernat Dedéu” y el músico “Carles Coll” da 37 resultados en Google; “Sánchez Piñol” y “lejos lejos”, más de 4 mil. El contenido de los artículos de Piñol encaja mejor en la narrativa preponderante.

Hay articulistas que perjudican

De las páginas del Ara se han ido dos articulistas después de que un artículo suyo no apareciera: la periodista Anna Grau, que ahora escribe en EL ESPAÑOL, y el profesor de la Universidad de Stanford Joan Ramon Resina.

Grau escribió una pieza en 2011 sobre una mujer negra en un autobús de Nueva York. Describía una discusión de racismo inverso. En Ara le dijeron que “los lectores catalanes no la entenderían”. En su testimonio en e-Notícies Grau dijo que antes ya había tenido problemas –llamadas, quejas- por dos artículos sobre Pujol y sobre la independencia. En su despedida voluntaria, el jefe de Opinión, Ignasi Aragay, le dijo que era lógico: “El Ara va por un lado y tú por otro”.

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La periodista Anna Grau. / MOEH ATITAR

El caso de Resina es menos conocido. Dedéu lo explicó en su blog. Contacté con Resina, pero prefirió no hacer declaraciones. En septiembre de 2013 publicó un artículo en la revista para tabletas Esguard, donde contó lo que había ocurrido.

Después de una disputa entre dos diputados del PSC y de la CUP en el Parlament por un artículo en el Frankfurter Allgemeine que ironizaba sobre el proceso catalán, Resina glosaba y criticaba la pieza alemana. En Ara le dijeron que aquello “ya no era relevante” y no publicaron el artículo. Resina escribió luego tres piezas más, que también fueron censuradas.

Desde el periódico ningún responsable le avisó del fin de su colaboración: “La Cataluña actual se ha hecho con estos silencios”, explica Resina, que cree que dejaron de publicarle cuatro artículos para disimular que había sobre todo uno que no querían sacar. Aquel texto se titulaba “Gestión de las estructuras culturales de Estado” y criticaba la labor del conseller de Cultura, Ferran Mascarell. Como el resto de piezas, este artículo lo publicó la revista para tabletas Esguard. Resina describe en una introducción el mal del diario Ara, que puede afectar a otros medios catalanes: “El Ara confunde interesadamente dos tipos de independencia, la que se propone como objetivo de un proceso político de impulso popular, que el diario ha sabido convertir en razón de ser de su éxito, y la que se ganan duramente los medios de información que no aceptan sobornos del poder y a los que no hace falta, en consecuencia, presionar a los colaboradores”. Esto tiene una consecuencia que puede afectar el modo de ser del país, según Resina: “Miserias de país pequeño, corregidas y aumentadas por la hipocresía, que hace que el espíritu crítico esté muy afilado contra el enemigo oficial y considerablemente embotado o totalmente romo ante quienes tienen la llave de la despensa”.

Un pensamiento folclorizado

Un periódico puede elegir a sus colaboradores. Pero es raro que una vez asumida la participación habitual de una pluma tenga problemas porque ese articulista dice cosas que disgustan. Es inevitable que esa postura acabe por afectar al escritor.

Jordi Graupera escribe para La Vanguardia. Prepara su doctorado en Nueva York y da clases de Filosofía. La mayoría de las personas que le conocen y saben que he hablado con él me han dicho una variante de esta frase: Graupera será un día presidente de Cataluña.

No sé si habrá confesiones privadas pero los motivos públicos son claros: argumenta con solidez en las tertulias de RAC1, habla sin trabarse y parece tener un proyecto político en la cabeza. En Cataluña con menos se han hecho políticos de larga carrera.

Graupera cree que debe vigilar con su escritura: “En un ambiente normal (Madrid, Washington, Londres) los mejores columnistas están estimulados para perseguir su libertad. Cada vez que me siento a escribir, no pienso ‘qué es lo que no ha dicho aún nadie’ sino ‘qué es lo que es publicable’. Esto te folcloriza el pensamiento”. Cree Graupera que este problema no sólo ocurre en las cabeceras barcelonesas: “Si en los diarios españoles hay menos censura es porque no se ponen a prueba las costuras fundamentales”.

Dedéu cree que una de las causas principales son las ayudas públicas: “Tú no puedes criticar al poder que te alimenta. Desde que la prensa catalana recibe un gran nivel de subvenciones, es imposible que no sea complaciente. Pero es que me pasaría también a mí. Por eso no recibo ayudas públicas. A veces pasa que quien las recibe se vuelve complaciente para seguir recibiéndolas”.

La consecuencia de una actitud así (aunque sea por otro motivo) es más grave: “Me preocupan los diarios para convencidos. Siempre hago mis artículos, como filósofo, para violentar el pensamiento. Pero la mayoría de lectores de periódico en Cataluña quieren reconfortar su pensamiento”. Es el tipo de mentalidad de quien lee un periódico deportivo.  

prensa

Gráfico: Kiko Llaneras

Todo es una tertulia

La opinión tiene otro ámbito creciente: la tertulia en radio o tele. El debate de bar entre gente que sabe bastante de algo y nada de mucho se ha convertido en un fijo de las programaciones por dos motivos: es fácil de montar y barato de hacer. No hay que buscar expertos en cada aspecto de la actualidad y tampoco hay que enviar a periodistas y cámaras a cubrir eventos durante horas o a hacer media docena de entrevistas. Sirven además para la tele y para la radio.

Con tanta tertulia, la ideología de cada participante se ha convertido a menudo en razón de Estado. Nadie niega que en las radios y teles en catalán hay sobrepeso de partidarios o próximos a la independencia. No es sin embargo un sobrepeso siempre apabullante, aunque esporádicamente sí.

Dedéu por ejemplo se negó en 2015 a ir a una tertulia en un canal informativo de TV3 porque los otros dos también eran independentistas. Se quejó en público y llamaron a uno de los jóvenes no independentistas ilustres, el joven politólogo y tertuliano ascendente Nacho Martín Blanco. Al final eran tres contra uno. La producción del programa dijo a Dedéu que a veces montaban tertulias entre independentistas para ver sus diferencias. Dedéu les respondió que no había visto nunca aún una tertulia sólo entre españolistas.

Los sectores independentistas tienen una excusa sencilla: las tertulias catalanas sobre el procés siguen sin ser tan parciales como las tertulias hechas en Madrid, donde la aparición de catalanes que simpatizan con la independencia es aún escasa. Hay memes en internet que reflejan esas quejas.

Las tertulias son una metáfora de una parte del sistema de medios: siempre hay alguien que lo hace peor y por tanto justifica un presunto comportamiento mediocre o poco limpio. El lema parece ser: “Primero hay que ganar. Luego ya habrá tiempo de ser mejores”. Durante tres décadas de democracia los medios han creado este ambiente irrealmente relajado.

Este martes, un epílogo con datos.

Lee aquí los cinco primeros capítulos:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’ / 5. ‘La tele de la mitad’

Diccionario satírico burlesco (X)

La letra M protagoniza la décima entrega del diccionario de Anna Grau, con nombres propios como los de Maragall, Miquel Roca o Marta Ferrusola, la esposa de Jordi Pujol, “flagelo de homosexuales y abortistas, pesadilla de las feministas”.   

Maragall

Vaya por delante que mucho le quisimos incluso los que jamás le votamos. Que casi todos lloramos al enterarnos de que padecía Alzheimer. ¿Cómo explicar su tierno encanto, sus tenaces hechuras de Peter Pan? Rompeolas del milagro olímpico y del milagro todavía más señalado, y más de Fátima, de que el socialismo llegara jamás a gobernar directamente en Cataluña, que es muy suya, va Maragall y la caga (perdón: en ocasiones el prurito de precisión arrasa con el de estilo) dejándose liar por los de ERC y por el espejismo de un NeoEstatut que, vamos a decirlo todo, pretendía nada menos que refundar España. Que darle sopas con honda y lecciones de Historia y de Modernidad. Así, en mayúsculas, ¿qué pasa? Es probable que Cataluña nunca se cure de esta obsesión suya por amejorar España, por sacarla de un lodo que sólo los catalanes huelen y ven. A favor del personaje: su cabal nobleza irredenta, su buena fe desarmante, su sincero deseo de arreglarlo todo, para siempre a ser posible. En plena aventura estatutaria Maragall se vino a Madrid, al Desfile de la Hispanidad, y nadie se lo agradeció. Ah, y, dicho sea de paso, fue de los pocos presidentes autonómicos, por no decir el único, que resistió los avances de un tal Iñaki Urdangarin sin darle jamás un contrato público. Al césar lo que es del césar, intratable pueblo de cabreros: ¿qué pasa, que os gustan más las cabras al frente de la presidencia de la Generalitat?

Marta Ferrusola

Això és una dona para unos. Para otros, lady Macbeth. Para ser justos, probablemente la verdad -que no la virtud- esté en el término medio. Cargó a Jordi Pujol de hijos y de mala conciencia católica, apostólica y romana por no ocuparse de ellos. Hasta bien entrados los años 80, Pujol seguía creyendo que la cocina de su casa funcionaba con leña. ¿Cómo no iba a creerse también que los deportivos de lujo que conducía su primogénito le habían tocado en una rifa de la parroquia? Nadie que haya intentado decirle al expresident en su cara lo que su familia estaba haciendo ha vivido (políticamente) para contarlo. Pujol mandaba en Cataluña pero Ferrusola mandaba en casa y sin soltar nunca el látigo. Terror de los consellers adúlteros o divorciados, flagelo de homosexuales y abortistas, pesadilla de las feministas, azote de inmigrantes y de presidentes de la Generalitat llamados Montilla y nacidos en Córdoba, cabeza de Medusa para los peluqueros… Costó Dios y ayuda y algún que otro patinazo conyugal desasirla de su moño gótico y modernizar imperceptiblemente su estética. Que no sus ideas. Valida y valedora de todo lo turbio y siniestro que ha tenido mando en plaza y en la Generalitat. Escandalosa jardinera del Barça, del World Trade Center y de los jardines de Aranjuez no, porque no se le pusieron a tiro. Precoz instigadora de pitadas al himno y a la bandera ya en el verano olímpico. Lo más intrigante que hay en ella es cierta ingenuidad a prueba de bomba. Cierta incapacidad sincera de admitir que el mundo pueda no ser como ella a machamartillo cree. Cierta noche que su hijo Oleguer no durmió en casa sino en el cuartelillo de la Guardia Civil, que le había detenido por forzar la entrada en una conocida escuela de inglés de Barcelona para darse el lote con su entonces novia, cuando la Benemérita llamó a la mañana siguiente para informar, tuvieron que informar a Marta, que es quien les cogió el teléfono. “Imposible”, les contestó, rotunda. De ahí no la han sacado todavía.

Miquel Iceta

Es de los últimos mohicanos que le quedan al PSC, de los últimos socialistas catalanes que no se volvieron locos con el tripartit, l’Estatut y el dret a decidir. Éste todavía entiende que él cobra por ponerse enfrente del nacionalismo y el independentismo, no encima ni debajo. Que la Constitución no es el Kamasutra. Su inmediato antecesor en el liderazgo del partido, Pere Navarro, fue abofeteado en plan Gilda en plena comunión en una iglesia de Terrassa. La bofetada no partió de Glenn Ford ni de ningún peligrosísimo elemento antisistema sino de la anciana suegra de un militante de CiU de cierto peso en Sant Cugat del Vallès. La abuela fue a entregarse a los Mossos para no hundir en el ridículo la carrera política de su yerno, sólo la de Pere Navarro. En el PSC se dieron cuenta de que había que reaccionar y recurrieron a Iceta. Es inteligente, distingue el aparato del partido del mando a distancia de la tele, es incluso valeroso en lo político y en lo personal. Otra cosa es que carezca de carisma y que, como cierto adminículo de higiene íntima femenina, le ha tocado estar en el mejor lugar (es un decir), en el peor momento.

Miquel Roca

Uno de los personajes más interesantes, más sobrevalorados y a la vez más incomprendidos de la política y la sociedad catalanas. De joven trató de ser socialista, como su amigo y socio (entonces) de bufete Narcís Serra, pero no le quisieron. Se hizo entonces del joven partido de Jordi Pujol, representando durante muchos años su ala amable, más abierta al mundo e incluso a Madrid. Ya entonces era un hombre de fuertes contrastes. De puertas afuera era brillante, fino, moderno, el más progre de CiU. Y padre de la Constitución además. De puertas para adentro su culto a la personalidad y su obsesión por la lealtad no quedaban tan lejos de Stalin. Con el tiempo y una crisis de los misiles en el partido provocada porque él quería ser ministro en Madrid, y el marido de Marta Ferrusola no quería que lo fuese, se vio que la paranoia de Roca no era del todo inexplicable. Una descripción detallada de lo que le hicieron entonces excede el libro de estilo de esta santa casa. Era cuestión de tiempo que nuestro hombre se refugiara en la abogacía de alta costura, donde su carrerón de Emma Bovary de la política coge un desvío hacia el ansiado final feliz. Hoy en día es venerado anciano de la tribu y defensor a ultranza y de confianza de la infanta Cristina (el Estado es español pero no tonto).

Mossos d’Esquadra

¿Los perros de la guerra contra el top manta? Es broma pero no tanto. La contemporánea policía autonómica catalana nació con muchas esperanzas y pretensiones, y con unas alpargatas de gala muy bonitas, pero nos ha llevado de decepción en decepción. Para lo mucho que cobran y gastan son poco o nada sutiles en la investigación, en el interrogatorio de sospechosos y hasta en el control de alborotos en discotecas. Hay quien no les quiere de escoltas porque no se fía de su discreción. Tampoco son extremadamente populares por colaborar con otras fuerzas de seguridad. Lo que se dice una alhaja de cuerpo. ¿Podrían evolucionar con el tiempo a Fuerza de Misión Imposible catalana, tan, tan, tan, tatatán? Miquel Sellarès, un veterano independentista que físicamente no recuerda demasiado a Tom Cruise, pero que acaso comparte algo de su espíritu, intentó con ahínco crear unos servicios secretos de la Generalitat pero le tiraron los papeles a la cabeza. ¿Quizás ahora mismo alguien los está rebuscando en las papeleras del Palau?

El libro negro del periodismo en Cataluña (V): La tele de la mitad

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La pregunta eterna sobre TV3 es su papel en la creación de la Cataluña actual. ¿La cadena ha manipulado o censurado informaciones? Sí. ¿Esa censura es siempre política? Lo parece. En la historia de TV3 hay hitos sueltos donde esa presión se ha hecho evidente. Pero en el día a día ha sucedido algo más sutil, constante y eficaz. Es lo que un redactor jefe de informativos en distintas etapas llama “la lluvia fina”.

Este domingo, el sexto capítulo: ‘La opinión dependiente’ 

Lee aquí los cuatro primeros:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’

La pregunta eterna sobre TV3 es su papel en la creación de la Cataluña actual. ¿La cadena ha manipulado o censurado informaciones? Sí. ¿Esa censura es siempre política? Lo parece. En la historia de TV3 hay hitos sueltos donde esa presión se ha hecho evidente. Pero en el día a día ha sucedido algo más sutil, constante y eficaz. Es lo que un redactor jefe de informativos en distintas etapas llama “la lluvia fina”.

El 30 de junio de 1998 ocurrió algo poco habitual en Cataluña. El director del recién creado Teatre Nacional de Catalunya (TNC), Josep Maria Flotats, convocó una rueda de prensa para insultar al conseller de Cultura, Joan Maria Pujals. Le llamó “jovencito con estilo de terrateniente tarraconense que se ha querido comer el mundo”. El motivo era su destitución durante su primera temporada al frente de la institución. Flotats daba sus motivos: “Se me amputaba el proyecto del TNC a causa del chantaje de tres empresarios y dos directores que amenazaron con hacer ruido, y yo mostré mi desacuerdo”.

Al mediodía TV3 dio la noticia sin declaraciones del director. Por la noche, el editor del Telediario, Carles Francino, tenía preparado un vídeo con cortes de voz de Flotats. Poco antes de empezar, el director de la Corporación, Lluís Oliva, pidió a Francino que diera la noticia sin declaraciones. Faltaban minutos para empezar la emisión. Francino se negó y no presentó aquella noche el telediario. Estuvo sola su compañera, Helena García Melero. Después de insistir con varios correos electrónicos, Francino no ha hablado para este reportaje.

Dentro de TV3, aquello se vivió como un momento emocionante. La redacción tenía un Estatuto desde aquel año. Como en todas las televisiones públicas españolas, el nombramiento de los directores de TV3 depende del Gobierno de turno.

Era al menos la segunda vez que un editor no presentaba el Telediario por desacuerdos. La primera fue en febrero de 1987, pero no hubo revuelo. Salvador Alsius dirigía el informativo. Barcelona ya era sede olímpica y el alcalde, Pasqual Maragall, hacía cada semana un acto deportivo con escolares. Alsius había acordado con el jefe de informativos que cubrirían sólo el primero de los actos de Maragall. Pero cuando Alsius supo que el tercero iba a consistir en cinco penaltis del alcalde al portero del Español, Tommy N’Kono, decidió darlo. El jefe de informativos se negó. Discutieron en el camerino, corbata en mano, según Alsius. Se hizo la hora y Àngels Barceló empezó a presentar sola.

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Angels Barceló durante sus años en TV3.

Dos semanas negras

La primera emisión de TV3 fue el 10 de septiembre de 1983. La redacción inicial era de izquierdas. Alsius fue el primer director del Telediario de mediodía. Recuerda una libertad razonable para elegir, excepto en dos semanas negras llenas de imposiciones.

La primera fue la de la querella contra Pujol por Banca Catalana. El director de la tele, Alfons Quintà, que había levantado el caso en El País tres años antes, ahora escribía los audios de alguna de las piezas sobre el caso en TV3 que iban a tener el efecto contrario.

La segunda semana fue la de las elecciones de 1986 donde se presentaron Miquel Roca y el Partido Reformista. TVE usó por primera vez imágenes de alguien que hablaba en catalán y le puso subtítulos. Era Roca. Pudieron pensar que si un político que aspiraba a presidente hablaba en catalán perdería puntos. En la Generalitat lo vieron así y decidieron responder. Alsius tuvo que sacar más a Roca. Recuerda un mitin de Felipe González con 40.000 personas en Bilbao y un encuentro de Roca en Yecla con 35, sin el mil detrás. El jefe de informativos creía que Roca debía salir primero.

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Salvador Alsius durante sus años en TV3.

El cargo más poderoso en los años 80 era el jefe de asignaciones, que decidía dónde enviar cámaras a cubrir actos. El jefe más célebre fue Josep Lluís Suelves. Alsius recuerda una gestión opaca. Le era fácil decir que para tal sitio no había cámaras o que no podía acudirse a otra cobertura. Era por tanto un puesto fácil para filtrar información.

Las leyendas que corren por la redacción de TV3 sobre Suelves, su influencia política, su línea directa con la Generalitat y su fidelidad al pujolismo son asombrosas. Si el president Pujol iba a un pueblo remoto, allí estaba TV3; si viajaba a un país menor, allí estaba TV3. La cobertura era amable, humana. El líder de la oposición socialista, Raimon Obiols, dijo en una entrevista a eldiario.es: “Cuando fui invitado por única vez a los estudios de TV3, después de años de ausencia, dije a los que me recibían que me sentía tentado de besar el suelo, como si fuera la tierra prometida”.

Obiols cita una investigación donde se decía que el porcentaje de pantalla de Pujol en TV3 era 22 veces superior al suyo mientras fue jefe de la oposición.

Paz por territorios

La etapa de los 80 en la redacción de la tele se conoce popularmente como “paz por territorios”: la redacción cumplía con lo que le pedían sin rechistar (paz) a cambio de convenios laborables favorables (territorios).

En aquellos años las noticias que se hacían a petición directa de la Generalitat se llamaban “discos solicitados”. Albert Sáez dirigió la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales entre 2008 y 2010. Como presidente le tocó lidiar con los beneficios excesivos de aquellos convenios que él mismo había disfrutado: “Cuando yo trabajaba en TV3 entre 1984 y 1988, en una huelga a los de mi categoría nos multiplicaron el sueldo por cuatro para equipararlo a otra categoría”. La estrategia sindical era obvia: “Los sindicatos de TVE y TV3 sincronizaban las negociaciones de los convenios para que fueran justo antes de las campañas electorales”, dice Sáez. Así llegaban las concesiones: los “territorios”. Aquellas concesiones del presidente dejaban a los directivos de la cadena “en una situación de extrema debilidad”, según Sáez.

La lluvia fina

En la historia de TV3 hay hitos sueltos donde la presión política se ha hecho evidente, pública y que han podido luego criticarse. Pero en el día a día ha sucedido algo más sutil, constante y eficaz. Es lo que un redactor jefe de informativos en distintas etapas llama “lluvia fina”.

La lluvia fina es la jerarquización de un contenido sobre otro, la extensión de un vídeo, las noticias amables por encima de las polémicas. Ese día en que el director de la tele llama a un director de informativos en fin de semana para que “dé bien las encuestas electorales” y el presentador le dice que no se preocupe y el director insiste en que “no olvide la del Avui”.

Es un goteo cualitativo, no cuantitativo: se puede analizar un día pero no sus efectos. El minutaje de los partidos y los políticos en pantalla, que es el único modo oficial de medir, no refleja estos matices.

El pasado 28 de agosto la Guardia Civil registró la sede de Convergència y de su fundación, CatDem, además de cuatro ayuntamientos convergentes. TV3 dedicó 14 minutos a la información. Los ocho minutos iniciales fueron para dos periodistas en las sedes y para un vídeo de resumen.

Era una información aceptable, aunque con poco contexto, con un inicio centrado en la visibilidad de la operación (no en la presunta corrupción) y con la alcaldesa de Sant Cugat, Mercè Conesa, que insinuaba que era una operación política. Los 2.30 minutos siguientes eran para dirigentes de Convergència, CatDem y el Govern. Los tres decían que era una operación política preelectoral.

El minuto siguiente estaba dedicado al Gobierno central. Los demás partidos catalanes tuvieron entre todos 1.45 minutos. La frase de Ramon Espadaler, de Unió, era sólo: “Respeto por la presunción de inocencia y por la actuación judicial”. A Xavier García Albiol, del PP, sólo se le oía esto: “Artur Mas en base a la responsabilidad como presidente de Convergència y a Romeva y Junqueras como socios de coalición electoral”. No tenía ni siquiera verbo.

No es el único ejemplo.

El 14 de octubre de 2012 el Telediario abrió con una previa de las elecciones venezolanas y con una concentración de castellers en Tarragona. La tercera noticia fue un vídeo de resumen de protestas contra los recortes en 57 ciudades. TVE abrió ese día con las manifestaciones. En el fragmento sobre los castells salía Artur Mas para pedir que los catalanes imitaran a los castellers e hicieran piña. Es poco probable -o imposible de descubrir sin confesiones- que estas cosas sean así debido a consignas políticas. Como en todos los medios, los periodistas saben en el fondo dónde trabajan.

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Este domingo, el sexto capítulo: ‘La opinión dependiente’ 

Lee aquí los cuatro primeros:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’

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El comportamiento de la sección de Política de TV3 se controla al minuto. Cuando hay una información política importante, ofrecen opiniones de todos los partidos: los siete enanitos, les llaman algunos en la redacción. Pero el Gobierno tiene el doble porque su partido es también uno de los enanitos. Una de las batallas importantes de TV3 ha sido decidir qué es más importante: el Consejo de Ministros o el Consell de Govern, la información local o la información que ese día pueda ser más importante fuera de Cataluña. Un análisis cuantitativo no percibe estos matices.

Ramon Espuny, presidente del Sindicat de Periodistes de Catalunya, cree que no es necesario dar órdenes: “Los mecanismos del micropoder van así. No hay que tener carné para obedecer a un partido o un gobierno; la mejor manera es no tenerlo y disfrazarlo de criterios profesionales”.

También es lluvia fina que las menciones de la palabra “nacional” sean sobre todo para “Cataluña” y que la información vinculada a España lleve el adjetivo “estatal”. A veces se ha hablado de “policía estatal” o “selección estatal”.

Esta lluvia fina no se da sólo en los informativos. Miquel Calçada presenta Afers exteriors, que busca catalanes por el mundo. En ninguna de sus ediciones ha sacado a un catalán que diera clases de castellano en el extranjero ni que hubiera aparecido en programas similares en otras cadenas.

El Che Guevara en Política

Los casos de manipulación burda son fáciles de detectar: un documental sobre el futuro de una Cataluña independiente sin que haya un documental alternativo sobre una Cataluña federal u otra gobernada por Ciudadanos; un debate después de las municipales para hablar sólo de la independencia; un espacio durante el Telediario para que el presidente convoque elecciones y una entrevista luego al “jefe de la oposición”, Oriol Junqueras, que ha sido aliado del Gobierno y va en su lista.

Pero es imposible generalizar la responsabilidad. Entre los 400 periodistas de la redacción de TV3 hay de todo. El apoyo a la independencia puede haberse colado para unos cuantos como un valor mayor que la profesionalidad, dice Espuny: “Hay gente independentista que aún dice que hay que defender la profesionalidad, gente que lo matiza y gente que quiere defender la profesionalidad en todo lo demás pero que piensa que éste es un tema de ‘vida o muerte’, de ‘ahora o nunca’, de ‘todo o nada’”.

Un redactor de una sección que no es Política y que defendió en una larga conversación off the record el papel de TV3 en el debate soberanista me dijo esta frase sobre la sección de Política en un correo electrónico posterior a nuestra charla: “Es una sección domesticada y poco conflictiva, atada de manos y pies: podría trabajar el Che Guevara de redactor y no se notaría”. Es una manera de reflejar las pocas intenciones de desligarse de la línea de quien mande en el Parlament.

En 2001 Europraxis, una empresa de Josep Pujol Ferrusola, asesoró a la multinacional Lear en el cierre de su planta en Cervera (Lleida). El secretario de Industria era su hermano, Oriol Pujol, y el conseller de Industria era Antoni Subirà, primo de Jordi Pujol, president de la Generalitat.

Fue un escándalo que llegó al Parlament. En 2002 Indra, que había comprado Europraxis en 2001, se llevó varios contratos millonarios de la Generalitat después de años intentándolo sin éxito. TV3 sólo ha hecho cinco menciones a Europraxis a lo largo de su historia. Fueron todas en 2006, cuando se publicó un informe de la Sindicatura de Cuentas sobre las concesiones “irregulares” a Indra. Había una diferencia con 2002: ya no gobernaba Convergència.

PACO JUNQUERA / GETTY
PACO JUNQUERA / GETTY

La primavera de Praga

En 1999 Pujol se quedó en minoría y una de las primeras leyes que se debatió en el Parlament fue la que regulaba el sector audiovisual. La oposición logró nombrar a un director de la Corporación por consenso, Miquel Puig, y se creó el Consejo del Audiovisual de Cataluña (CAC). La labor del CAC era fiscalizar a las teles y conceder licencias.

Miquel Puig fue un director con buena relación con la redacción. Un redactor jefe llama su época “la primavera de Praga”. Puig creía que uno de los pilares de TV3 debían ser los informativos y la credibilidad. Creó una serie de especiales sobre “los problemas de Cataluña”. El primero fue sobre las comarcas a las que afectaría el trasvase del Ebro. “Recibió muchas críticas desde las alturas”, dice Puig.

Otro episodio recordado es la noche del asesinato de Ernest Lluch. La muerte fue a última hora de la noche y TV3 emitía un programa de Buenafuente ya grabado. El director de Informativos, Josep Maria Torrent, tomó la decisión de no interrumpir la emisión después de dar un flash. Varios redactores llamaron y se ofrecieron a ir a la tele a improvisar un programa. Pero les dijeron que no hacía falta y no se mandó una unidad móvil al lugar de los hechos. Al día siguiente, el comité profesional pidió la destitución de Torrent en una reunión con Puig y el propio Torrent.

“[Hablamos después] en una conversación que no voy a revelar”, dice Puig. Torrent dimitió 24 horas después. Puig cree que “TV3 falló aquella noche”. Tres personas me han dicho que la sospecha principal que corría por la tele acerca de Torrent era que Lluch era socialista y no merecía tanta atención.

En 2002 llegó el final de Puig. Aunque él se resiste a reconocerlo, el Gobierno de Jordi Pujol le forzó a dimitir días después de que destituyera al director de Catalunya Ràdio, Josep Maria Clavaguera, por desacuerdos en la gestión. Puig lo recuerda así: “Habíamos perdido la confianza de CiU. El consenso se había roto”.

Hasta tal punto se había roto el consenso que Pujol nombró como nuevo director de la Corporación a Vicenç Villatoro, diputado de CiU y ex director del diario Avui. Torrent había trabajado también en Avui. Se acercaban las primeras elecciones de Artur Mas como cabeza de lista. Los políticos creen que en esos momentos es mejor tener a gente afín.

El CAC controlaba ya el pluralismo político en las teles pero no se quejó por la salida de Puig: “Era una cuestión interna del operador”, dijo su presidente, Francesc Codina, ex diputado de Convergència. El CAC tiene seis miembros; tres estaban entonces propuestos por CiU. Además de Codina, los otros dos eran un ex director de Avui y ex director general de Promoción Cultural de la Generalitat, Jaume Serrats, y un antiguo miembro del comité de gobierno de Unió y hoy recién cesado director de Catalunya Ràdio, Félix Riera. Los votos importantes iban a estar claros.

Un organismo débil

El CAC funciona con actuaciones acordadas por sus seis miembros. Cuando hay empate, decide el voto de calidad del presidente. Quien tiene el presidente y dos consejeros tiene, por tanto, el poder.

El CAC reparte licencias audiovisuales y vigila el pluralismo, la publicidad, las emisiones infantiles y en general la labor de las empresas que han recibido una licencia audiovisual para emitir. Los consejeros son propuestos por los partidos según su peso en el Parlament.

Es razonable dudar de partidismo en sus decisiones. Un modo para atenuar esas dudas entre la ideología y la profesionalidad es dar los cargos a personalidades sólidas y con una formación específica. En Cataluña el CAC se inspiró en el CSA de Francia. Allí los presidentes son jueces del Consejo de Estado, la alta función pública. La categoría de altos funcionarios, que no existe en Cataluña, ayuda a la independencia de los miembros: “Todo el mundo tiene su orientación pero no tiene que ser alguien sometido”, dice Elisenda Malaret, consejera del CAC entre 2008 y 2014, catedrática de Derecho administrativo en la Universidad de Barcelona y diputada socialista en el Congreso entre 2004 y 2008.

El Parlament aprueba los miembros del CAC. Malaret había visto los exámenes orales que se hacen en el Senado de Estados Unidos a quienes aspiran a cargos públicos importantes y se había preparado respuestas a presuntas incompatibilidades y propuestas sobre cómo mejorar el CAC. Pero la comisión sólo le preguntó vaguedades sobre si era miembro del PSC. Apenas habían hojeado su currículum.

La falta de respeto por la labor parlamentaria de control hace que el Consejo sea fácilmente manipulable. Rafael Jorba, periodista de La Vanguardia y consejero del CAC entre 2006 y 2010, vio que para que funcione bien un organismo de regulación se necesitan dos condiciones: “Una democracia de calidad y un subsistema de medios de calidad”. Jorba se llevó una decepción: “Me di cuenta de que no existe ninguno de los dos”. Jorba ha sido periodista desde 1978 en El Periódico, El País, TVE y La Vanguardia. Conoce por tanto el “subsistema de medios” catalán.

El CAC ha pasado por distintas etapas.

En 2011 sancionó al Grupo Godó con 12.000 euros porque su cadena, 8tv, había emitido en 2009 microespacios de publicidad encubierta del Ayuntamiento de Barcelona, entonces en manos del socialista Jordi Hereu.

En 2015, en cambio, ha creído que la campaña Preparats de la Generalitat es legítima publicidad institucional. En el anuncio sale gente alegre que se dice preparada para mejorar Cataluña. Esta decisión conllevó votos particulares de dos consejeros que explicaban sus diferencias. Sus motivos eran sobre todo dos. El primero, que según la ley la publicidad institucional “sólo” puede informar de servicios públicos. El segundo, que los lemas principales –Preparats y Fem-ho– eran los mismos que el de una campaña de Assemblea Nacional de Catalunya (ANC) en 2014 –Estem preparats– y el de CiU en las elecciones de 2012: La voluntat d’un poble. Fem-ho junts.

En su decisión, el CAC decía que eran eslóganes comunes: los habían usado de modo similar el PSC-PSOE en el año 2000, ERC en las municipales de Torelló en 2011, la Universitat de Vic en 2012, un encuentro empresarial en el Pirineu en 2015 o una campaña benéfica de la AMPA de Mallorca. Todas son campañas de una repercusión ridícula.

Con motivo de un anuncio por el Tricentenario del 1714, el CAC estuvo a punto de emitir un informe sobre la legalidad de esa publicidad institucional. La entonces consejera Elisenda Malaret se negó para que no hubiera un precedente sobre campañas institucionales que no lo son. Prefirió entonces que no saliera nada. Un año después, con la decisión sobre la campaña Preparats, ese precedente ya existe: a partir de ahora la publicidad institucional puede rozar la propaganda y ya hay una actuación del CAC que lo justifica.

Otro expediente polémico del CAC es el que permite que El Punt Avui TV alquilara siete licencias locales de Canal Català. La ley permite emitir sólo un 25% de contenido general en cadenas locales. El Punt Avui TV emite el mismo contenido sin apenas desconexiones. Es decir, se está saltando la ley.

Planeta y otras emisoras estatales -Localia de Prisa o urBeTV de Vocento- intentaron un modelo parecido para toda España pero fracasó por motivos económicos y porque en lugares como Cataluña el CAC lo iba a impedir de acuerdo con la ley. Aunque “tanto en Madrid como en el País Valenciano, Ver-T [de Planeta] emite en cadena por encima del 25% sin problemas porque, aparentemente, ningún organismo los controla”, según los profesores de la Universidad Autónoma de Bellaterra Montse Bonet y Josep Àngel Guimerà.

En Cataluña, para evitar el control del CAC y salvar El Punt Avui TV, la Generalitat cambió la definición de qué es “contenido en cadena de contenidos audiovisuales”.

“ERC e ICV nos pusimos tozudos y cambiaron la ley a través de la Ley de acompañamiento de Presupuestos”, dice la diputada de ICV Marta Ribas. Fue un cambio que se hizo sólo para salvar la tele de El Punt Avui. Mientras, en el CAC, dejaron el expediente en contra de El Punt Avui TV abierto hasta el cambio de ley. Así pudo seguir emitiendo. Nadie ha terminado por controlarles, como ocurrió con otras teles en Valencia o en Madrid.

Para qué ha servido TV3

La pregunta eterna sobre TV3 es su papel en la creación de la Cataluña actual. ¿La cadena ha manipulado o censurado informaciones? Sí. ¿Esa censura es siempre política? Lo parece. ¿Qué peso ha tenido? Quién sabe.

El Comité de Redacción se ha quejado de que la tele ha prestado poca atención al caso Pujol. Uno de los principales señalados ha sido 30 minuts, el Informe semanal catalán. Su director, Eduard Sanjuán, dice que la opción de grabar un documental sobre Pujol lleva tiempo sobre la mesa. No lo han hecho por la falta de concreción del caso y porque Pujol no quiere hablar. (Otro periodista de TV3 hace tiempo que persigue al ex president para un programa especial y no ha conseguido la entrevista. Para este reportaje, a sabiendas de este silencio, he intentado hablar con Lluís Prenafeta, secretario de Presidencia en los 80, que se ha negado con la excusa de que no tenía nada que decir.)

Sanjuán admite que si no ha habido documental sobre Pujol es sólo decisión suya. Dice que no ha recibido presiones.

30 minuts ha recibido otras presiones. En 1990 la Generalitat propuso a 30 minuts un viaje a Alemania para preparar un documental sobre el plan de residuos de Cataluña. En Alemania había un modelo en que se podía fijar el Gobierno catalán. El equipo de 30 minuts se quedó unos días más para ir a ver una planta de tratamiento de residuos en Schwabach. La periodista del equipo era una becaria. Hizo su trabajo y vio que en Schwabach estaban preocupados por los efectos perjudiciales de la planta. El programa se emitió y no gustó. El jefe de Informativos, Josep Maria Ràfols, no lo vio antes de la emisión y al cabo de unos días fue destituido. Y eso que en una pregunta parlamentaria de la época se llegó a decir que el programa se había manipulado para quitar secuencias negativas. Aparentemente no había sido suficiente. En el archivo de 30 minuts de TV3 no puede encontrarse por ahora este reportaje. “Los temas políticos siempre eran más difíciles”, dice Joan Salvat, director del programa durante 25 años hasta 2008.

¿Esto es lluvia fina? Y si lo es, ¿qué papel desempeña en la percepción de los catalanes? Es imposible de cuantificar.

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Mònica Terribas durante sus años en TV3.

Mónica Terribas fue periodista estrella en TV3 en un programa diario nocturno de actualidad y entrevistas. Luego dirigió la tele hasta 2012. Hoy presenta el programa matinal de Catalunya Ràdio, segundo en audiencia.

Pregunto a Terribas si en Cataluña se ha insistido poco con el caso Pujol. Se sorprende. Ha invitado al ex president al menos tres veces en antena a que vaya a explicarse. Pujol no ha ido. ¿Qué importancia tiene que Pujol no se haya explicado ni en TV3 ni en Catalunya Ràdio? Pujol podría hacer esas entrevistas sin problema: se reúne a menudo en privado con periodistas afines. Pero no quiere salir en público. El escaso martilleo de los medios para que hable no le afecta.

Es verdad que otros políticos fuera de Cataluña tampoco hablan. La excusa más habitual entre periodistas catalanes es ésa: en otros lugares -sobre todo en el resto de España- es igual o peor. Es un motivo razonable, pero si en otro lugar es peor, es una manera discreta de admitir que aquí se hace mal.

Así por ejemplo explica Terribas el papel de TV3 y otras cadenas en la situación política actual:

Los medios públicos de todo el mundo contribuyen a crear un imaginario. El trabajo de los informativos es menos importante que el de los programas. Puede construirse ese discurso de que TV3 es un desastre y está en manos del Gobierno. Es fácil. Quizá se acaba consiguiendo, más ahora. Pero la redacción de la tele tiene un amor propio importante y tiene mecanismos de autocorrección también importantes. Si esta imagen se extiende, será muy injusta para el colectivo profesional interno. Políticamente, los grupos mediáticos de España jugarán esta carta de una manera severa y dura, y pasará por desprestigiar las productoras privadas de aquí. Hay una parte que será muy injusta porque los periodistas están intentando hacer las cosas bien.

En esta declaración hay cuatro elementos importantes.

El primero es que las teles han sido cruciales.

El segundo es que es posible construir un relato de TV3 como un pilar de la Cataluña de hoy. Terribas no cree que sea cierto, al menos en el estricto sentido político. “Nosotros no hemos construido ninguna Cataluña. Hemos reflejado lo que está pasando y lo que pasa desde 2003 es la agonía de la construcción del Estatut. La raíz del crecimiento del movimiento independentista está en los movimientos de la política, no en los medios”, aclara.

El tercer elemento es que TV3 es la cadena líder en Cataluña. Si no existiera, la publicidad se repartiría entre el resto de cadenas y las productoras catalanas recibirían menos encargos y serían más débiles.

El cuarto detalle es que los periodistas de TV3 “intentan” hacer las cosas bien pero a veces se equivocan. Terribas lamenta la excesiva juventud de algunos mandos intermedios de informativos. “Les cuelan goles”, dice.

Hay algo que sí se puede medir: qué votantes de cada partido miran los informativos en TV3. Sigue sin quedar claro si influyó primero la tele o la ideología, pero se ve una Cataluña partida según la tele que usa para informarse:

tvEn los lugares de Cataluña menos interesados en la política local, TV3 no es líder. Es difícil encontrar datos geográficos de audiencia. Pero en esta nota de prensa de 2009 la cadena dice que es líder en Lleida, Girona y Tarragona. En Girona y Lleida es líder en todas las comarcas menos en el Valle de Arán. En Tarragona no es líder en cuatro comarcas y en Barcelona no es líder en tres, entre ellas la capital. En esas siete comarcas viven más de cuatro millones de catalanes.

Las teles líderes en esas comarcas ofrecen un contenido poco centrado en la política catalana. Pregunté a Albert Sáez, presidente de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales entre 2008 y 2010, por el resultado discreto de TV3 en esos lugares: “TVE también olvida geográficamente a una parte del país: en Cataluña es la sexta televisión”, dice. El fútbol y otros deportes eran importantes para lograr esas audiencias. Su falta y el momento político han propiciado el desinterés por la cadena, que en algunas zonas puede haber aumentado.

La presión a los directores

Es difícil desgranar los motivos de una redacción como la de TV3. Ha habido presiones políticas desde el inicio. Todos los directores me han dicho que las han vivido continuamente y que todo dependía de su reacción. Así, por ejemplo, Miquel Puig:

Me llamaba mucha gente para sugerirme que hiciera o dejara de hacer algo; sobre todo políticos aunque también empresarios. En una comparecencia en el Parlament, y como ejemplo, relaté que en un mismo día, en el cortísimo trayecto en coche de casa al despacho, había recibido dos llamadas: una para decirme lo importante que era lo que un ‘conseller’ estaba haciendo en Nueva York y la otra de un empresario cuyos problemas habían aparecido en un informativo, para decirme que no veía necesario volver a aparecer. Por cierto, el empresario era Félix Millet [que dimitió después de confesar que se había apropiado de tres millones de euros del Palau de la Música]. Siempre consideré, y así lo declaré a los diputados, que la responsabilidad de qué hacía tras las llamadas sólo era mía.

Puig acabó fuera antes del fin de su mandato.

Terribas describe así el papel de David Madí, secretario de Comunicación de Artur Mas en el último Gobierno de Jordi Pujol:

David Madí siempre ha tenido en la cabeza dos errores. Uno, la teoría de la aguja hipodérmica: aquello de que lo que dices por la tele acaba entrando en el cerebro de la gente y vota. Y dos, cree que al cambiar cargos cambia medios. No es verdad. Las redacciones tienen una identidad de cultura laboral. La cultura laboral de TV3 o Catalunya Ràdio es de servicio público y es muy orgullosa.

Madí cree que estos dos errores son “una solemne estupidez” y apunta que el origen de su conflicto con Terribas es que él quería una TV3 más pequeña en plantilla y por tanto más viable económicamente.

A pesar de esta definición de la labor de Madí, Terribas ha tenido sus mayores problemas, dice, con los socialistas. Después de la entrevista con ETA en Perpiñán del conseller en cap Josep Lluís Carod Rovira, Terribas dejó de hacer las entrevistas institucionales durante unos años. Los encargados de comunicación socialistas decidieron que sus preguntas eran demasiado incisivas, según Terribas. Pero Jordi Mercader, jefe de prensa del president Pasqual Maragall, dice que movieron a Terribas porque ya hacía un programa diario de entrevistas y hacer que el president pasara por ese mismo plató en entrevistas institucionales era quitarle peso.

La tele de Godó

En Cataluña hay una segunda televisión que ha tenido hasta ahora un papel menor: 8tv, del Grupo Godó, editor de La Vanguardia. Cuando llegó la TDT, la Generalitat dio los cuatro canales autonómicos a Godó, un caso sin precedentes en España. David Madí fue quien tomó la decisión. Fue el único grupo, dice, que se ajustó a los criterios del concurso. Hay concursos, claro, que se crean pensando en uno de los que se presenta.

El Grupo Godó tiene dos de esos canales alquilados a Barça TV y a TV3 en alta definición. La Generalitat concedió por tanto un canal a un grupo privado en 2003 y ahora le paga un alquiler a través de su televisión pública.

En 2012 el Gobierno de Artur Mas estuvo a punto de conceder al Grupo Godó a través de un concurso la gestión de la publicidad de TV3. Era un movimiento que podía privatizar uno de los ingresos principales de la tele pública. La Generalitat creía que se hacía de manera poco eficaz, según Martí Blanch, secretario de Comunicación. Terribas era aún directora de la tele e hizo lo posible para que no ocurriera junto a los trabajadores de la casa. Aquello prosperó. Tres años después, Telecinco se ha quedado con el 40% de 8tv.

El secretario de Comunicación de la Generalitat, Josep Martí Blanch, cree que la inversión de Telecinco en 8tv puede ser un problema para TV3 a largo plazo: “Ahora TV3 tiene un competidor que gestiona publicidad en toda España y que por tanto mandará más publicidad a 8tv. Tienes además una cadena con una alianza estratégica y accionarial, con talento y recursos para hacer televisión y con personas que conocen bien el mercado. Es posible que la programación de la tele del Grupo Godó mejore en un periodo razonable”. La audiencia de TV3 puede sufrir y perder su liderazgo histórico. ¿Hubiera sido mejor dejar que Godó vendiera la publicidad de TV3?

Terribas no sabe por qué la echaron de TV3 -“me llamaban la directora sindicalera y me decían que no podía hacer la reestructuración laboral que necesita la casa”- pero cree que la oposición a la gestión de la publicidad de Godó fue clave: “Con la gestión comercial de la publicidad me pusieron la cruz. Se te metían en casa por detrás”.

Su salida causó cierta polémica. Terribas volvió a la universidad. Al ser también una institución pública, la Sindicatura de Cuentas sugirió que no podía quedarse con el finiquito que había recibido. Terribas pidió a su hermana abogada que mirara el asunto y le dijo que no tenía de qué preocuparse. Brauli Duart, el director de la Corporación que la despidió de TV3 (Duart entró en marzo y Terribas salió en abril), la ha contratado ahora para hacer el matinal de Catalunya Ràdio.

Terribas se reunió con Mas cuando dejaba TV3. “Le conté los problemas estructurales que veía”, dice. Alguien en Convergència puede haber llegado a la conclusión de que es más fácil controlar la televisión privada que la pública: una depende de elecciones e incluso un día puede tener un consejo de administración independiente por ley. La otra siempre dependerá de su propietario, en quien es más fácil influir.

De todos modos, este debate pierde cada vez más sentido: en 2009 TV3 era líder con más del 20% de share. Hoy es líder con el 12%.

La época de la influencia crucial de las televisiones ha pasado. Es cierto que Cataluña no sería igual sin TV3. Es la tele autonómica española con más presupuesto y con más audiencia. Pero al final cada catalán ha escogido qué televisión veía. El menú además ha ido creciendo con los años. Si TV3 hubiera sido la BBC, Cataluña sería probablemente distinta. Pero si TVE hubiera sido la BBC, hoy España (y Cataluña) también serían distintas.

Este domingo, el sexto capítulo: ‘La opinión dependiente’ 

Lee aquí los cuatro primeros:

 1. ‘La corrupción‘ / 2. ‘La comunidad‘ / 3. ‘La prensa amiga’ / 4. ‘El pozo’

Diccionario satírico burlesco (IX)

Anna Grau avanza en su diccionario con las letras J, K y L. Comienza esta entrega con Jordi Pujol, verdadero “padre de la patria”, y se cierra con Lengua española, idioma oficial que en los colegios recibe trato de lengua extranjera.  

Jordi Pujol

No es que fuese el padre de la patria. Es que él la hizo. Se sacó de la chistera un país. Cogió la Marca Hispánica de Carlomagno como Dios había cogido, es un suponer, la costilla de Adán. Le insufló vida y/o Revolución Industrial. Et voilà la Catalogne! Cuando los países reales y los inventados coinciden en el espacio y en el tiempo tenemos un Estado nación. Cuando no…todo se complica inmensamente. En verdad Cataluña adquirió conciencia política, ánimo de ser, allá por la Edad Media, época de pueblos y gentes a pequeña escala y en muy poroso equilibrio entre sí: medio cristianos, medio moros, medio castellanos, medio catalanes… De pronto va uno y descubre América, eleva la mano y la ambición de todo a implacable escala atlántica y el chiringuito mediterráneo va y… ¿sucumbe? ¿Se acochina? Dejémoslo. El caso es que cada vez que una profunda crisis de cualquier tipo acogota España, renace de sus cenizas el sueño de que Catalonia is different, de que se puede volver a poner el marcador en el Año Mil como si aquí no hubiese pasado nada. El nacionalismo según Pujol tiene algo de psicoexilio interior: a él en realidad lo que le habría gustado es nacer en Holanda o Dinamarca, entonces trató toda su vida, por todos los medios, de convertir a Cataluña en una cosa así. Su drama es que siendo a la vez un hombre de Estado no lo tenía tan fácil para desentenderse de lo que realmente había. Trató de conciliar los cuentos y las cuentas inventándose una SuperCataluña moralista y redentora del resto de Iberia, una especie de Walhalla, de nido de águilas y de héroes… Lástima que luego te enteras de que la mujer y los hijos se lo llevaban crudo y, claro… Se te cae el Español del Año y Catalán del Siglo a los pies.

Junts pel Sí

Suprema tarantinada de la política catalana. Candidatura entera inspirada en Reservoir Dogs: tenemos una serie de señores (en este caso hay también señoras) que ya pasan de dar la cara y casi el nombre para explicar claramente en qué plan se presentan a estas elecciones. Sólo se identifican con un color: Señor Azul, Señor Marrón, Señor Rosa… Así se reparten entre todos el botín, si lo hay, y si no, pues la eventual castaña. El Señor Blanco, el que en la película de Tarantino interpretaba Harvey Keitel, podría ser Artur Mas, que se cree todo lo que le dice el Señor Naranja (Oriol Junqueras, interpretado en la peli por Tim Roth) sin querer darse cuenta de que en realidad es un infiltrado, no en este caso de las fuerzas de seguridad del Estado, pero sí del verdadero y peor enemigo que puede tener un separatista catalán: otro separatista catalán más listo que él que aspira a quitarle la silla. ¿Morirán al final dándose mutuamente por saco, después de cargarse entre todos al Señor Rubio (Raül Romeva), que se cree el más chulo de todos por haberle cortado la oreja a un policía? Próximamente, en esta pantalla. O no.

Kermés

Formato más o menos definitivo de la política catalana contemporánea. En ausencia de estructuras de Estado, las unas porque no son reales, las otras porque no se quieren interiorizar como tales, se hace ver como que la cosa pública es un picnic, una misa campera de nunca acabar, un rocío perpetuo (sin Rocío). Un viaje de LSD sin LSD. Un porro sin hachís. Una paella sin arroz. Una declaración de independencia sin mayoría. Uno se hace ilusiones con la Primavera Árabe (menudo timo) o con los Indignados (ejem) como si de verdad no hubiera democracia donde caerse muerto. O vivo. Cuatro años de guerra incivil, cuarenta años de antifranquismo y a lo tonto, a lo tonto, otros tantos de Transición para esto: para hacer política de andar por casa en zapatillas agujereadas. Qué cutre.

Lengua catalana

Sincera niña de los ojos. Voz verdadera del corazón. Espejo del alma que está roto. ¿De verdad a nadie se le ocurrió, nunca, que la manera más fácil de ganarse a los catalanes, de desarmar sus fobias y sus miedos, era abrazar esta muy amada lengua nuestra, que también lo es de España y de Dios? ¿Tan difícil era regar y cuidar esta frágil orquídea, este llir entre cards, en lugar de pasarle por encima como un rebaño de elefantes? Lo peor, saben, no fue ni siquiera la persecución franquista. Fue la posterior, democrática indiferencia. Tanto incultísimo desdén. En fin, aquello ya no tiene remedio, y lo que ha venido detrás (véase la voz siguiente) probablemente tampoco. Qué pena.

Lengua española

Una de las más nobles vasijas del sentimiento y del entendimiento humano… que, en Cataluña, hay quien se empeña en usar como orinal. Lo llaman normalización lingüística porque queda mejor que decir venganza. No se trata tanto de aprender bien catalán por fin y de normalizar socialmente su uso, que es verdad que ya tocaba, como de barrer en lo posible el castellano debajo de la alfombra. De romper los vínculos personales y emocionales con la lengua y la cultura. De volvernos entre todos mucho más marcianos. Y lerdos.

Josep Pujol ha manejado 2,7 millones de euros en bancos andorranos

– Josep Pujol Ferrusola ha mantenido al menos 2,7 millones de euros de origen desconocido en entidades bancarias andorranas.

– El tercero de los siete hijos del ex president ocultó alrededor de 700.000 euros en la Banca Privada de Andorra hasta abril de 2014.

– Dispone en estos momentos de dos millones más en fondos de inversión en el Banco Alcalá, propiedad de la entidad Crédit Andorrà desde el año 2011.

También en EL ESPAÑOL:

Josep Pujol Ferrusola ha mantenido al menos 2,7 millones de euros de origen desconocido en entidades bancarias andorranas. El tercero de los siete hijos del ex president ocultó alrededor de 700.000 euros en la Banca Privada de Andorra hasta abril de 2014, cuando comenzó a repatriarlos a una cuenta personal en Caixabank declarando que se trataba de “ahorros”. Además, dispone en estos momentos de dos millones más en fondos de inversión en el Banco Alcalá, propiedad de la entidad Crédit Andorrà desde el año 2011.

Según ha podido saber EL ESPAÑOL a través de fuentes financieras, Pujol Ferrusola hizo dos trasvases a España desde la Banca Privada de Andorra que destinó a una imposición a plazo y a fondos de inversión. Este dinero procede de la fortuna familiar custodiada en esta entidad y cuya magnitud real está siendo investigada en estos momentos por el Juzgado de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional y por el Juzgado de Instrucción número 31 de Barcelona.

Pese al argumento utilizado públicamente por el patriarca de los Pujol, que sostiene que los fondos proceden de una herencia que le legó su padre, la Fiscalía Anticorrupción apunta que el origen real del dinero es la corrupción política y añade que el ex presidente catalán ha empleado a sus propios hijos para cobrar comisiones y blanquear los fondos de origen ilícito.

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También en EL ESPAÑOL:

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Tal y como aseguran a este periódico estas fuentes financieras, entre el dinero manejado por este hijo del histórico dirigente nacionalista, destacan también varios fondos de inversión por importe de unos dos millones de euros que se encuentran en el Banco Alcalá y sobre los que ha solicitado recientemente el cambio del comercializador.

No sólo él sino sus propias empresas han registrado también movimientos bancarios con Andorra durante los últimos años. Así, su sociedad MT Tahat recibió desde allí en 2013 al menos una transferencia ordenada por su propietario que acabó en una cuenta a nombre de esta entidad en Caixabank.

En marzo de este año, la mujer de Josep Pujol, Laura Vila, llegó a hacer una transferencia de 200.000 euros que le fue devuelta. La transferencia la hizo a través de la Banca Privada de Andorra.  Entre abril de 2014 y abril de 2015, Vila recibió en España otros 45.000 euros que ella misma había enviado desde Andorra.

Josep Pujol posee además una cartera de valores a su nombre en el Banco de Madrid por valor de 70.000 euros y otra de 30.000 euros a nombre de su hija Laura. Ambas datan de 2006. El ingreso de estos fondos es anterior a la entrada de la Banca Privada de Andorra en Banco de Madrid.

Hasta la fecha sigue siendo un misterio la cifra exacta a la que se eleva el patrimonio oculto del clan catalán y el montante total que llegó a esconder en diferentes bancos andorranos. Tampoco se conocía hasta ahora la cantidad exacta de dinero manejada por Josep Pujol, de quien sólo había trascendido que regularizó dos millones de euros en paraísos fiscales con la aministía fiscal que puso en marcha por el ministro Cristóbal Montoro.

En su comparecencia ante la Comisión Parlamentaria que investigaba el ‘caso Pujol’, Josep negó tajantemente que su dinero hubiera sido obtenido de manera irregular y se jactó de ser “bastante rico desde los 30 años”. Es más, presumió de que su primer sueldo “fue más alto que el de su padre”.

También en EL ESPAÑOL:

La faena de la prensa catalana

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Jordi Pérez Colomé nos obliga a preguntarnos, de episodio sórdido en episodio sórdido, por qué desde los inicios del pujolismo toda la porquería que rodeaba a la Sagrada Familia gobernante fue sistemáticamente enterrada en la arena del oasis informativo catalán.

Ilustración: Javier Muñoz

Siempre hemos seguido a Felipe González por lo bien que se explica. Así cuando prometió un referéndum para sacar a España de la OTAN y lo celebró para mantenerla. O cuando lo de “no hay pruebas ni las habrá” -cadáveres en cal viva aparte-, pero que conste que “al Estado se le defiende también en las alcantarillas”.

No me extraña pues que siga siendo el gran referente intelectual del PAIDECLA -Partido de las Ideas Claras-, vulgo PSOE. A esa claridad de luminaria acaba de contribuir con sus centelleantes idas, venidas y revenidas sobre la actual encrucijada catalana. Ya sabemos que cuando escribió que la situación creada por Mas “es lo más parecido a la aventura alemana o italiana de los años treinta del siglo pasado” no se refería en absoluto a “que haya una intención fascistizante o conducente al fascismo hoy en Catalunya”, o sea a que se convoquen multitudinarias manifestaciones de adhesión al régimen, compartimentando a los ciudadanos provistos de cartulinas de distintos colores por demarcaciones, gremios e incluso preferencias sexuales. ¡Qué va! Se refería probablemente al súbito incremento de las ventas de las películas de Cinecittá, los textos de Marinetti y las canciones de Alfredo Clerici entre los barceloneses.

Y sobre todo ya sabemos que Glez, como le llamaba Umbral, está “absolutamente” a favor de que la Constitución reconozca “la identidad nacional de Cataluña” pero “absolutamente” en contra de que la Constitución reconozca a “Cataluña como nación”, lo que le ha hecho merecedor del aplauso sucesivo de toda la plana mayor del PAIDECLA. Nada nuevo bajo el PSOE.

Quien sí ha aportado diferencia a la polémica ha sido su brillante entrevistador Enric Juliana al presentar pruebas documentales de que si bien le preguntó por el  reconocimiento de la “identidad nacional de Cataluña” y luego alteró la transcripción haciendo creer que le había preguntado por el reconocimiento de “Cataluña como nación”, la “oficina” del ex presidente -o sea su veterano jefe de prensa Joaquín Tagar- dio por bueno el “resumen” y añadió: “Nada que objetar”.

La clave está pues en el “resumen”. Había que resumir: “identidad nacional de Cataluña” tiene cuatro palabras y “Cataluña como nación” sólo tres. ¿Pero por qué no escribió Juliana “identidad catalana” que son dos palabras y nos habrían dejado a todos tan contentos? Pues porque esto del soberanismo de la puta y la Ramoneta es como quien juega a las siete y media obsesionado con no quedarse corto. Por eso Maciá proclamó en el 31 la “Republica Federada Catalana dentro de la República Española” y Companys en el 34 el “Estado Catalán dentro de la República Federal Española”. Uno y otro se pasaron de listos, sencillamente porque el contenedor en el que situaban su continente no existía.

Y no existía porque las Cortes, con rotunda mayoría de centro izquierda, asumieron la tesis del presidente de su Comisión Constitucional, el socialista Luis Jiménez de Asúa, y proclamaron que “La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones”. Asúa lo explicó en el debate de totalidad en términos que parece entender mejor Susana Díaz que Pedro Sánchez: “No hablamos de un Estado federal porque federar es reunir. Se han federado aquellos Estados que vivieron dispersos y quisieron reunirse en colectividad”. Asúa anhelaba con sentido visionario una “federación de Europa” y “precisamente eso -añadía- es lo que nos ha hecho pensar en el Estado integral y no en el Estado federal”. ¿Qué pasa, paisano Luena? ¿Es que en Ferraz nadie lee a sus clásicos?

la feyna de la prempsa

Ilustración: Javier Muñoz

A propósito de los años 30, siempre he tenido la sensación de que, más que en el de Pla, Juliana intenta mirarse en el espejo de William L. Shirer y busca sobresaltos troglodíticos, con ahínco digno de mejor suerte, en el Madrid cloroformizado por el Estafermo. Su triquiñuela para sacar a Glez de su apócope mental y hacerle decir un poco más de lo que dijo sería irrelevante fuera del circo de los sintagmas en el que trapecistas y payasos entretienen a los catalanes. Pero es definitoria en su cotidiana nimiedad del papel esencial asignado a la prensa por los impulsores del soberanismo como portavoz de una agenda política irredentista, atizador de un clima social de agravio y gota malaya de un insomnio colectivo permanente.

También me ha llamado la atención que este colega considere una práctica “habitual” enviar el texto de una entrevista al entrevistado para que pueda corregirla antes de su publicación. No digo que no haya veces en que esté justificado, o que yo mismo no lo haya hecho en casos concretos -de hecho el Código Ético de EL ESPAÑOL no lo excluye taxativamente como proponían algunos compañeros- pero de ahí a considerarlo poco menos que una fase del proceso editorial, hay un trecho. El trecho de la condescendencia al final del cual resulta que “la mejor entrevista a Pujol” fue, según Pujol, una en la que Pujol no sólo puso las respuestas de Pujol sino también las preguntas a Pujol. Adivinen quién y cómo la publicó.

Podrán leerlo mañana en la tercera entrega de la impactante serie de investigación de Jordi Pérez Colomé El libro negro del periodismo en Cataluña. Tras entrevistar a más de ochenta redactores, directores, editores y personajes de toda laya de la galaxia mediática, Pérez Colomé nos obliga a preguntarnos, de episodio sórdido en episodio sórdido, por qué “ante casos flagrantes de corrupción la prensa catalana no ha clamado; ante casos dudosos, no ha insistido; ante casos ignorados, no ha rebuscado”.

Es decir por qué desde los inicios del pujolismo toda la porquería que rodeaba a la Sagrada Familia gobernante, empezando por el escándalo de Banca Catalana, siguiendo con el 3% denunciado por Maragall hace ya diez años y desembocando en el “todos eran mis hijos” de la seudoconfesión del patriarca, fue sistemáticamente enterrada en la arena del oasis informativo catalán. Y por qué aun hoy tienen que ser periodistas “foráneos” como Esteban Urreiztieta y Daniel Montero quienes descubran en un medio nonato como EL ESPAÑOL que las comisiones de los Pujol eran del 5% y que su monto les permitió trenzar una trama transcontinental de evasión y blanqueo que unía Andorra con Delaware, Londres con Gabón y los proyectos de ferrocarriles en Turquía con los de las granjas de cerdos en Brasil.

Desde los inicios del pujolismo toda la porquería que rodeaba a la Sagrada Familia gobernante, empezando por el escándalo de Banca Catalana, siguiendo con el 3% denunciado por Maragall hace ya diez años y desembocando en el “todos eran mis hijos” de la seudoconfesión del patriarca, fue sistemáticamente enterrada en la arena del oasis informativo catalán

La respuesta es que durante estas cuatro décadas de democracia la casi totalidad de los medios catalanes han hecho suyas las tesis del llamado “nuevo orden informativo internacional”, impulsado en los 70 y 80 por el director general de la UNESCO, el senegalés Amadou Mahtar M’Bow, según el cual en los países del Tercer Mundo debía anteponerse el “proceso de construcción nacional” a los valores del “periodismo occidental”. O sea que la  autocensura en sus modalidades más groseras o sutiles debía proteger el “Procés” porque lo que era bueno para los Pujol, sus aliados y amigos era bueno para Cataluña.

En otras ínsulas de la España autonómica han ocurrido fenómenos similares -los aupados por cada hecho diferencial siempre se abalanzaban sobre las cajas de ahorros y la prensa-, pero su alcance e intensidad han sido mucho menores. El caudal de dinero invertido por las instituciones controladas por los nacionalistas en el empeño de uniformar a la prensa no tiene precedente en el mundo democrático.

En la práctica en Cataluña no han existido sino medios públicos como TV3, medios concedidos como las emisoras de radio más furibundas y medios concertados como los periódicos cuya cuenta de resultados depende de millonarias subvenciones. En ese escenario no es de extrañar que la cómoda tentación de la servidumbre voluntaria, “la adherencia emocional a la causa catalana” según Pérez Colomé, haya tenido su complemento perfecto en “el temor a un poder total con un sinfín de maneras de imponerse”.

Claro que han existido y existen las excepciones individuales de quienes nadan contra corriente -y conste mi homenaje al equipo de El Mundo de Cataluña en su veinte aniversario-, pero en su conjunto el periodismo catalán, en lugar de ejercer de contrapoder y perro guardián de la democracia, ha sido cómplice activo de la manipulación nacionalista y, junto con el estamento docente, es el gran culpable de que entre mentiras mil veces repetidas y verdades mil veces ocultadas, hayamos llegado a la situación actual con media Cataluña enfrentada civilmente a la otra media. Si la prensa hubiera cumplido allí con su obligación, como algunos lo hicimos por ejemplo en Baleares, Convergencia habría quedado hace tiempo reducida a la misma condición de asociación para delinquir con que se recuerda ahora a Unió Mallorquina, sus líderes habrían merecido una suerte equivalente a la de Munar y compañía y el manantial del que brotaba el dinero con el que se ha narcotizado y envenenado a la sociedad catalana habría sido confiado a guardianes más honrados y leales.

Durante estas cuatro décadas de democracia la casi totalidad de los medios catalanes han hecho suyas las tesis del llamado “nuevo orden informativo internacional”, impulsado en los 70 y 80 por el director general de la UNESCO, el senegalés Amadou Mahtar M’Bow, según el cual en los países del Tercer Mundo debía anteponerse el “proceso de construcción nacional” a los valores del “periodismo occidental”

Por mucho que ahora traten de distanciarse de la purulenta figura que la Justicia y la qué-coño-es-la-UDEF están empezando a iluminar, todos los agrupados para decir “No” a la España constitucional mediante su orwelliano “juntos por el Sí”, e incluso los zapatófilos de la CUP, no son sino el producto del modelo totalizador y reduccionista, impulsado por Pujol desde la Generalitat, en paralelo al saqueo de Cataluña. Todo un ejemplo de ingeniería social a caballo entre el fanatismo público y la rapiña privada. De ahí que Javier Muñoz y yo hayamos querido hoy remedar la histórica portada del 2 de enero de 1902 con que se presentó en sociedad el  ¡Cu-Cut!, primera revista satírica en catalán que alcanzó tiradas masivas.

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Su protagonista, el payés con barretina y pañuelo con lazada que daba nombre al semanario y que sin duda inspiró a los padres de Pujol cuando lo engendraron rellenando el molde, aparecía manejando un tórculo o prensa para estampar grabados, bajo un titular en catalán arcaico: “La feyna de la prempsa catalana”. ¿Y en qué consistía esa “feina”, esa tarea, ese trabajo? Pues, tal y como mostraba el dibujo, en aplastar y estrujar a una serie de individuos variopintos de forma que su sangre se vertiera en una palangana y de ella brotaran jubilosos espermatozoides con barretina, a modo de réplicas de su creador. Una parodia de la famosa cita de Tertuliano sobre los mártires y los primeros cristianos rubricaba la página: “Sanguis cacicarum, semen catalanistarum”.

En relación a esta exhumación hemerográfica vienen hoy a cuento dos precisiones diferenciales. La primera que el periodismo lligaire -vinculado a la Lliga Regionalista de Prat de la Riba y Cambó- que practicaba el ¡Cu-Cut! era entonces una meritoria actividad de riesgo y por eso en 1905 la redacción fue arrasada por un grupo de militares iracundos, ofendidos en su honor por una viñeta más bien inocua sobre las derrotas del 98. La segunda es que lo certero sería darle ahora la vuelta a la parodia para decir “Sanguis catalanistarum, semen cacicarum” porque en definitiva son los catalanes de a pie los que han sido estrujados y expoliados de una parte de su identidad y de sus dineros para inseminar y expandir el cacicazgo nacionalista.

Nada de eso hubiera sido posible sin la complicidad servil de sus tórculos mediáticos. Sin esa presión cotidiana sobre el cerebelo colectivo, el independentismo en una democracia integrada en la Unión Europea, en la era de la globalización, sólo sería motivo de risa o de lástima. Pero Pujol se puso manos a la obra porque sabía que querer no es poder, que, en palabras de Salvat Papasseit, divulgadas por el mejor Serrat, “tenir un propòsit no és fer feina”. El “propòsit” habitaba en él, faltaba la “feina”. Y esa “feina” es la faena que nos ha hecho a todos la prensa catalana.

Lee aquí los dos primeros capítulos de ‘El libro negro en Cataluña’:

1. La corrupción / 2. La comunidad

El libro negro del periodismo en Cataluña (II): La comunidad

El ‘president’ después de reunirse con Felipe González. / PACO JUNQUERA / COVER / GETTY IMAGES

Jordi Pujol puso a sueldo de la Generalitat a periodistas críticos como Alfons Quintà o Wifredo Espina. Pero el dinero nunca fue su único recurso para acercar a periodistas catalanes rebeldes. Los otros dos eran el miedo y Cataluña.

Lee aquí el primer capítulo: La corrupción

Jordi Pujol puso a sueldo de la Generalitat a periodistas críticos como Alfons Quintà o Wifredo Espina. Pero el dinero nunca fue su único recurso para acercar a reporteros rebeldes. Los otros dos eran el miedo y Cataluña.

El periodista Arcadi Espada entró a trabajar en la redacción de Barcelona de El País en 1991. Con 34 años cumplía uno de sus dos objetivos en la vida. El otro era publicar un libro en Anagrama y lo logró unos años después. “Llegué a El País con el convencimiento de que había llegado a la cima de mi generación”, dice Espada. Probablemente por su miopía, Espada suele mirar el mundo de arriba abajo. No le hace falta ser alto: “Cuando llegué a El País, crecido como soy, era ya la hostia. Estaba dispuesto a decir a todo el mundo que eran unos medio mierdas”.

A los pocos días de entrar, esa sensación sufrió una convulsión. Llevaba 15 minutos de charla con Enric Company, un colega de la redacción, que le dijo: “Aquí estamos sitiados”. Company recuerda un adjetivo más suave: “Aislados”. En la cima de Espada había en Cataluña redactores asustados. El origen preciso de aquella marginación era una noticia que El País había publicado el sábado 19 de mayo de 1984: Inminente querella del fiscal general del Estado contra Jordi Pujol y otros responsables de Banca Catalana. El Estado acusaba al presidente de la Generalitat de haberse lucrado ilegalmente con el banco que dirigió en los años 70.

El 29 de abril de 1984 Pujol había sido reelegido presidente con su mayor mayoría absoluta. Un mes más tarde y sólo una semana después de la querella, fue la investidura. Fuera del Parlament miles de personas coreaban “Felipe y Guerra atacan nuestra tierra” y “Fuera las fuerzas de ocupación”. A pesar de la protección de los Mossos, el líder socialista catalán, Raimon Obiols, se llevó golpes y amenazas: “Matadlo, matadlo” y “Obiols, botifler”, que es la versión catalana de “traidor”.

Los manifestantes acompañaron a Pujol y a su Gobierno en una lenta comitiva desde el Parlament al Palau de la Generalitat. Llevaban pegatinas de “Jo, Pujol”. Cuando llegó a Palau, el president salió al balcón. Dijo frases célebres: “En adelante de moral y ética hablaremos nosotros”, “Cataluña no es una cosa con la que se pueda jugar” o “Gracias por esta extraordinaria manifestación con la que apoyáis a las instituciones de Cataluña, no a mí, y sobre todo [gracias] porque apoyáis a Cataluña”. Aquel 30 de mayo de 1984 es el día que tradicionalmente se ha tomado como el inicio de la identificación de Pujol con Cataluña. Si se criticaba al president Pujol, se atacaba a Cataluña.

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Así cubrió ‘La Vanguardia’ las protestas contra la querella del ‘caso Banca Catalana’ en mayo de 1984.

El efímero cuarto poder

La madrugada del 19 de mayo en que El País imprimió la noticia de la querella contra Jordi Pujol, el periodista José Antonio Sorolla tuvo una sensación especial cuando la rotativa empezó a girar. Fue especial porque se sentía Humphrey Bogart y aún la recuerda: “Me sentí como en la película El cuarto poder”. El argumento de esa película es: “Un director de periódico decide sacar a la luz los turbios negocios de un importante mafioso”.

El director de El País Cataluña, Antonio Franco, estaba también allí. Pocas horas después, hacia las seis, el president Pujol le llamaba a casa: “Me preguntó qué locura era ésa que publicaba El País y que por qué no le había llamado anoche”, dice Franco. Ésta fue, según Franco, su respuesta a Pujol:

Pensé que usted haría cosas para interferir la publicación. He tomado la decisión de periodista. Que conste que hemos buscado siempre su opinión antes de publicar algo de Banca Catalana. Pero en esto prefiero que nos dé su opinión al día siguiente.

Franco quería impedir la contrainformación del president: el desmentido antes de la noticia. Pujol era entonces accionista minoritario de El País. Días después llegó la investidura de Pujol con las agresiones a políticos socialistas. El País sufrió también ataques: quemaron periódicos, acusaron a sus periodistas de ser anticatalanes.

Unos meses antes, Jesús de Polanco, Juan Luis Cebrián y el entonces delegado en Cataluña, Alfons Quintà, habían ido a contar a Pujol que habría edición catalana de El País. A Pujol no le gustó la idea, según Quintà: “Nos dijo que prefería que los periódicos de Cataluña estuvieran en manos de catalanes”. Pujol intuía lo que podía pasar: la mayoría de las exclusivas que han revelado los negocios de su partido y de su familia han surgido de fuera de Cataluña. En Cataluña -por dinero, patriotismo, temor o cercanía-, los medios eran menos atrevidos.

El País había empezado antes a adaptarse a su nueva edición catalana. En 1979 había tratado con admiración la aparición del libro Lo que queda de España, de Federico Jiménez Losantos: un extracto de dos páginas en el suplemento Libros, una entrevista del jefe de Cultura, Jose Miguel Ullán, y la publicación del texto entero del discurso que pronunció en la presentación Francisco Umbral, que dijo que estaba ahí ese día “para asistir al nacimiento de un extraordinario escritor español”.

Periodico

Esta querencia de El País por Jiménez Losantos se diluyó en menos de dos años. En enero de 1981 salía el Manifiesto de los 2.300, cuyos firmantes denunciaban lo que entendían como una discriminación contra el castellano en Cataluña. Jiménez Losantos, que era uno de los firmantes, se lo ofreció a El País, que lo rechazó. Su impresión es que el periódico ya se protegía ante su inminente llegada a Cataluña.

El manifiesto lo publicó Diario 16, y El País respondió con un editorial crítico. En mayo de 1981, Jiménez Losantos recibió un tiro en la pierna en un atentado reivindicado por la banda terrorista Terra Lliure. La banda reivindicó el atentado con una llamada al Avui y lo relacionó con el Manifiesto de los 2.300.

La reacción de la prensa no fue unánime en su apoyo al periodista. El Periódico tituló en portada A Jiménez Losantos no le sorprendió el atentado. Era una manera de hacer una insinuación maliciosa: si no le sorprendió ni a él, cómo les iba a sorprender a los demás. Avui decía en portada que Terra Lliure amenaza la Generalitat con un antetítulo que decía “Después de agredir a Jiménez Losantos”. En páginas interiores, la condena era más clara. Raimon Obiols, líder del PSC, publicó en Avui una carta que empezaba así: “Mi desacuerdo político e ideológico con Jiménez Losantos es total. Pero con los miserables imbéciles que han cometido la cobardía inaudita, la bajeza incalificable de anteayer, no hay discrepancia posible. Sólo desprecio”. Ya se cerraban filas en el fondo ante el rival exterior.

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Portada del diario ‘Avui’ al día siguiente del atentado contra el periodista Federico Jiménez Losantos. Arriba, la portada de ‘El Periódico’. 

El recuerdo de Guruceta

Las llamadas de Jordi Pujol no pillaron a Antonio Franco por sorpresa. Hacía años que se conocían. Fue el día del árbitro Guruceta en Barcelona. El 6 de junio de 1970 el Barça y el Real Madrid jugaban la vuelta de cuartos de la Copa. En la ida el Madrid había ganado 2-0. En el Camp Nou iban 1-0 y en el minuto 59 Rifé derribó a Velázquez a un metro del área. El árbitro, Emilio Guruceta, pitó penalti. El Madrid marcó y la lluvia de almohadillas llevó al árbitro a suspender el partido a 10 minutos del final.

Un joven Antonio Franco estaba en la sección de Deportes del Diario de Barcelona. En su crónica del partido citó a Felipe V, el rey que sometió a Cataluña en 1714. “Esto entusiasmó a Pujol”, dice Franco. “Al cabo de una semana me llamó y me dijo que había un grupo de periodistas con los que hacía unas reuniones. Yo le dije que no era de los suyos”.

Pujol insistió y quedaron a solas en un restaurante: “Me llevó a un Piolindo. Era un sitio de pollo. Ibas con una bandeja y te daban a escoger entre pata y ala”. A Franco le sorprendió la frugalidad de Pujol: “Yo llegué a cubrir el Salón Náutico donde nos invitaban a comer caviar en platos soperos y allí había un banquero que me llevaba a comer pollo”.

Las comidas básicas de Pujol son una leyenda confirmada. Alfons Quintà, primer delegado de El País en Cataluña, comió varias veces con Pujol en la cafetería Tropezienne, cerca del despacho del president en el Paseo de Gracia: “Pujol inevitablemente comía una ensalada de tomate maduro y poco aceite y de segundo dos salchichas de Frankfurt y puré. De postre, un flan sin jugo. Agua, si podía ser, del grifo”.

Quintà fue el primer periodista que habló de los problemas de Banca Catalana. El 29 de abril de 1980 El País publicó Dificultades económicas del grupo bancario de Jordi Pujol. Quintà había mandado 12 folios a Madrid. El director, Juan Luis Cebrián, tardó unos días en dar el visto bueno. Cuando lo hizo, se lo pasó al redactor jefe de Economía, José Antonio Martínez Soler, que decidió publicarlo en dos entregas. “Le pedí que no lo hiciera”, dice Quintà. “Si salía la primera parte, no iba a salir la segunda”. Así fue. Alguien llamó a la dirección o a la propiedad para evitar que Banca Catalana se despeñara. El origen de la presión pudo ser alguien desde Cataluña o el Banco de España, al que no le interesaba naturalmente que un banco cerrara.

El origen de las presiones es importante porque la cercanía es clave. La información de la querella contra Pujol iba firmada desde Madrid. El director en Barcelona, Antonio Franco, no recuerda qué ocurrió pero admite que pudo ser una decisión premeditada. Era una forma de proteger a los catalanes. Pujol se atrevía a abroncar a Franco en Barcelona, pero no a la redacción de Madrid: ni tenía tanta confianza ni le tomarían tan en serio. Franco recuerda una llamada donde la estrategia de Pujol era clara:

Al margen de Banca Catalana, me llamó para otros temas. Hubo un editorial donde salía su padre. Me dijo que debía haber intervenido porque eso era indecente: “Y tú lo sabes”, añadió. “No es indecente”, le dije, “es el inicio de Banca Catalana”. Él insistió: “Debes pararles cuando los de Madrid proponen”. Yo le contesté que ese editorial se había escrito en Barcelona.

Todos los directores de periódico catalanes con quienes he hablado han recibido llamadas de Pujol o de sus consellers, aunque no todos igual ni con el mismo tono ni con las mismas consecuencias. Esas llamadas del president eran sólo una de las estrategias de presión que usaba el Gobierno catalán.

Quintà: de crítico a aliado

La historia de Alfons Quintà es una de las más fascinantes del inicio del pujolismo. Quintà fue Premio Ondas en 1977 por el programa Dietari de Radio Barcelona, el primero en catalán. En los años 70 fue también stringer (o periodista local a expensas del corresponsal) en Cataluña del New York Times y la agencia AP. Compaginó ambas labores con la delegación de El País en Barcelona desde 1976.

Quintà no era un periodista más. Su padre había sido buen amigo del escritor Josep Pla. Tenía fuentes fiables en el entorno de Tarradellas, a quien había tratado de joven: fue el primero en publicar que el president de la Generalitat negociaba su vuelta con Adolfo Suárez. Sacó también detalles sobre el caso de corrupción del padre de Javier de la Rosa en la Zona Franca de Barcelona y sobre la polémica del legado de Salvador Dalí. Pero hubo un caso que le hizo famoso: Banca Catalana.

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Alfons Quintà en Barcelona en 1977. / MANEL ARMENGOL

Pujol llamó a Quintà un día a las ocho de la mañana justo después de ganar sus primeras elecciones en 1980. No era para echarle bronca. Quería verle. Ya se conocían: “Había hecho salir a Pujol un par de veces en el New York Times”, recuerda Quintà. (En el archivo digital del Times hay cuatro artículos donde aparece Jordi Pujol entre 1976 y 1979.)

Quintà y Pujol tuvieron varias reuniones entre 1980 y 1981. Tarradellas ya había ofrecido a Quintà la dirección general de la que dependería la “tele de la Generalitat”. Quintà se negó: “Yo creía que la Generalitat no debía crear una televisión sino conceder un canal con unas normas”. Es lo que hizo Pujol, que quería como fuera que Quintà se pusiera a su servicio: “Pujol me dijo un día: ‘Deberías asesorarme en algo’. Quería ponerme a sueldo”. Era fácil imaginar por qué: “No había ningún periodista tan crítico con Pujol como yo”, dice Quintà. La pregunta sin responder en Cataluña es por qué Quintà accedió.

En aquella época El País quería abrir la delegación en Cataluña y sondeó a quien ya era su delegado: “Entre 1980 y 1981 Cebrián decía sin parar que debíamos hacer una versión catalana. Hablé con él, hablé con Polanco. Era una cosa hecha, pero no concretada”, dice Quintà. En el verano de 1981, Cebrián y Quintà se vieron varios días en el Empordà, en una casita que Quintà había alquilado en el pueblo de Regencós. Hubo algo en aquel verano que les distanció. Quintà nunca recibió una explicación y sólo tiene intuiciones.

Cuando supo que Cebrián no iba a contar con él, no aceptó nada a cambio. Un día Cebrián llamó a Quintà: “Tú eres la persona más odiada por los enemigos de este periódico después de mí”, le dijo, siempre según Quintà. Cebrián le ofreció lo que quisiera de redactor jefe para arriba en el periódico: “La única cosa que no aceptaba es que me fuera”, dice Quintà, que tenía claro qué ocurría: “Me quería matar hacia arriba”, dice. Pero ya no había nada que hacer: “Mi postura es que me iba. Me iba a la calle”.

Antonio Franco -que fue el último en intentar que Quintà se quedara en el periódico: en una corresponsalía en Asia, no en Barcelona- confirma esta versión. Quintà salió de El País sin trabajo, pero en menos de un mes había aceptado la oferta de Pujol. Quintà usa esta metáfora: “Tú puedes casarte con una chica porque tenga un gran encanto o porque te haya dejado otra y tengas necesidades afectivas. Mi ida a TV3 sólo se explica por mi salida de El País. Yo no salí de El País para ir a TV3”.

Quintà cree que nadie presionó a El País para que le sacaran de la delegación de Cataluña pero hay algo obvio: “Me quedé sin trabajo. ¿Quién me lo iba a ofrecer? Si La Vanguardia me hubiera contratado de gran reportero, me habría ido”. Pero sólo había alguien dispuesto a contratarle: el protagonista del escándalo de Banca Catalana, que era también president de la Generalitat.

Una vez en la tele, Quintà tomó decisiones que marcaron el futuro de la cadena: la tele iba a ser sólo en catalán, iba a tener una red de repetidores propia y no iba a ser un canal folclórico.

Contrató a unos americanos a quienes llamaban “los mormones” para que les enseñaran a hacer una tele. En febrero de 1984, el primer director del telediario de mediodía, Salvador Alsius, estuvo un mes en Nueva York para ver cómo hacían los informativos las grandes cadenas.

“Pujol quería hacer programas ultra adoctrinantes en castellano”, dice Quintà. “Yo le dije: ‘Esto no lo verá ni el realizador que lo haga’”. La etapa de Quintà en TV3 acabó mal: “Fui manipulado desde el primer día, pero siempre pensé lo mismo: me toca hacer una obra, debo hacerla bien. ¿Hice una tontería? Sí. ¿Estoy arrepentido? Aún más”.

Años después, en un viaje a Bruselas, el presidente Pujol reconoció a Lluís Foix, director adjunto de La Vanguardia, que buena parte del mérito del éxito histórico de TV3 era de su primer director.

Quintà aguantó algo más de dos años. Su dedicación al proyecto fue notable: en el despacho guardaba una carpeta con la etiqueta “Barbería”, donde guardaba documentos que quería leer en algún momento. Cuando su secretaria insistía que debía cortarse el pelo, subían a su despacho a hacerlo. Entonces Quintà tenía un rato donde podía leer.

Un ejemplo del dominio del Gobierno de Pujol en Cataluña es el reguero de cargos que su hombre de confianza, Lluís Prenafeta, ofreció a Quintà cuando salió de la tele: “Director general de Catalunya Ràdio, delegado del Gobierno en Madrid, director del Avui”. Quintà iba diciendo que no y que iba a dedicarse al Derecho. Prenafeta respondió rápido: “Te puedo colocar en el bufete de Joan Piqué Vidal”.

Piqué Vidal fue el abogado de Pujol en Banca Catalana y acabó condenado en 2005 a siete años de cárcel por extorsionar a empresarios. Quintà dijo a Prenafeta que las concepciones del derecho de Piqué y las suyas eran distintas. Al poco tiempo se convirtió en juez de distrito en el Prat de Llobregat, cerca de Barcelona.

Jordi Pujol en enero de 1983. / PACO ELVIDA / COVER / GETTY IMAGES
Jordi Pujol en enero de 1983. / PACO ELVIRA / COVER / GETTY IMAGES

Abducidos por Pujol

Quintà no fue el único periodista célebre al que Pujol captó para sus causas. Wifredo Espina escribía una columna leída en El Correo Catalán en pleno franquismo. Era la típica lectura que entre líneas contaba más de lo que el régimen admitía en los 60 y 70. Pujol se había hecho con El Correo Catalán en los 70 y no dejaba a los periodistas hacer  el periódico tranquilos: “Las presiones de Pujol iban dirigidas ya en el franquismo a ‘hacer país’: entrevistar a gente de Cataluña, que salieran más catalanes”, dice Espina.

Pujol no tenía ningún problema en dar órdenes al entonces director de El Correo, Andreu Roselló: “Ahora mando el editorial, esto mañana no se publica, el titular debería ser éste”, le decía, según Espina.

El columnista aguantó en El Correo hasta su cierre en 1985. Luego se fue al paro. El director del banco donde iba a cobrar el subsidio le reconoció: “Señor Wifredo, ¿qué ha pasado?”. Espina se avergonzaba de su situación. Empezó a colaborar en La Vanguardia, pero las columnas no cuajaron. Hubo presuntas presiones políticas. Jaime Arias, entonces subdirector, le llamaba para advertirle si algo era demasiado atrevido.

En julio de 1987 dejó La Vanguardia. Josep Faulí, director de Avui, le sugirió ser columnista político en las elecciones de 1988. Iba a decir que no porque sabía que no le iban a dejar escribir lo que quisiera. Sin haberse decidido, a los dos días recibió una llamada de Pujol. “Me invitó a cenar en la Casa dels Canonges [la residencia privada de la Generalitat]”, recuerda.

“Mire qué estofado nos han hecho en su honor”, recuerda que le dijo Pujol. Parece que con Espina Pujol tenía un apetito mejor. “Sabía hacerse el simpático cuando quería”, dice el periodista. “Pujol sabía que yo no era nacionalista político”.

El president le dijo durante la cena que en esto del periodismo y de los medios de comunicación había tanta irresponsabilidad que no ayudaban a hacer país. “Quería decir que el problema era que no le ayudaban”, dice Espina. Había que hacer algo. “Ya le llamará Prenafeta [el secretario general de Presidencia de la Generalitat]”, dijo Pujol.

Pregunté a Espina si no temía que le engatusaran para sacarle de los medios. “Sí, claro. Estaba en el paro. Luego he ido pensando: estos tíos dicen que no nos interesa tener otro enemigo conocido en el mundo de la prensa precisamente ahora. Quizá sí, pero Pujol nunca me lo dijo así”, dice Espina. Como con Quintà, primero ofrecieron a Espina otra cosa: ser abogado del gabinete jurídico de la Generalitat. “Me dijo Prenafeta que llamaba al jefe del gabinete jurídico y era ya miembro si quería”, dice Espina, que se negó.

Prenafeta creó para Espina el Centro de Investigación de la Comunicación. Espina pidió redactar el decreto del Diario Oficial que firmó Pujol. Espina aún tenía miedo: “En los tres o cuatro primeros meses vivía en vilo por si recibía una llamada que me dijera si eso sí o eso no, o que fuera a ver a Pujol”. Pero no ocurrió. Le dejaron hacer durante una década hasta que Espina tuvo más de 65 años: montaba conferencias, daba becas, publicaba estudios. Entonces le pidieron que se jubilara y clausuraron el Centro para siempre. Pujol no recibió a Espina para explicarle por qué lo cerró.

Ramón Pedrós, jefe de prensa de Jordi Pujol entre 1988 y 1998, cree que la estrategia de captación era más bien de Prenafeta: “Él me llegó a preguntar por algunos periodistas”.

La teoría de Prenafeta era simple, según Pedrós: “Si yo le hacía un análisis [de los periodistas] bastante próximo o positivo para la Generalitat, no le interesaba tanto. Si era al contrario, ya le interesaba más, y llegó a hacer ofertas en dos ocasiones”. La Generalitat ganaba así dos veces: “Compraba al periodista y revestía los nombramientos de una cierta independencia y pluralidad”, dice Pedrós. El mismo Pedrós, que había sido corresponsal de ABC y la agencia Efe, cree que ése pudo ser su caso.

Una comunidad y punto

El dinero nunca fue el único recurso de la Generalitat para acercar a periodistas catalanes rebeldes. Tenía otros dos recursos: el miedo y Cataluña.

La mayoría de los periodistas de los años 80 en Cataluña eran de izquierdas. Pero Pujol gobernó sin apenas oposición en la prensa. Carles Pastor, redactor jefe en El País y en El Periódico, tiene una teoría del origen de aquella docilidad: “La prensa en Barcelona, al contrario que en Madrid con el Gobierno franquista, nunca había tenido relación con un poder político real. El alcalde había sido lo máximo”. Cuando llegó el poder de verdad, eran inexpertos y tragaron. Pudo ser por miedo, por afinidad con la causa catalana -una prensa crítica hubiera perjudicado las aspiraciones de autogobierno-, pero claudicaron.

Txema Alegre, redactor jefe en La Vanguardia, dice: “Hicimos el pardillo. Era intangible. Muchos en aquella época no lo veíamos, no lo creíamos o no queríamos creerlo. Pero luego decías ‘madre mía, imbécil’. Hay un ejercicio de autocrítica que una generación de periodistas catalanes debe hacer”.

Arcadi Espada tiene una visión similar pero con su toque rimbombante. Espada veía dos maneras de reaccionar: “Una, el orgullo, que era la mía: ‘Nos atacan porque es el mejor diario del país y eso hace daño’. Y luego otra que decía: ‘Nos están haciendo el cordón sanitario’”. Ese cordón era compartido por mucha gente que votaba socialista: “Todos claudicaron”, dice, y sigue:

El gran problema de toda esta gente es que se sentía al borde de la expulsión. No eran valientes porque no tenían necesidad de serlo. Creían que el valor estaba en otro lugar. Decían: ‘Pujol debe caer’. No estaban contentos con el ‘pujolismo’. Pero esta oposición debía desarrollarse con unas reglas del juego nítidas: no podías salir de la comunidad moral, lingüística.

El Gobierno de Pujol había creado el marco: los críticos eran menos o peores o apenas catalanes. Era sólo el principio.

Este lunes, el tercer capítulo: La prensa amiga

Lee aquí el primero: La corrupción