La faena de la prensa catalana

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Jordi Pérez Colomé nos obliga a preguntarnos, de episodio sórdido en episodio sórdido, por qué desde los inicios del pujolismo toda la porquería que rodeaba a la Sagrada Familia gobernante fue sistemáticamente enterrada en la arena del oasis informativo catalán.

Ilustración: Javier Muñoz

Siempre hemos seguido a Felipe González por lo bien que se explica. Así cuando prometió un referéndum para sacar a España de la OTAN y lo celebró para mantenerla. O cuando lo de “no hay pruebas ni las habrá” -cadáveres en cal viva aparte-, pero que conste que “al Estado se le defiende también en las alcantarillas”.

No me extraña pues que siga siendo el gran referente intelectual del PAIDECLA -Partido de las Ideas Claras-, vulgo PSOE. A esa claridad de luminaria acaba de contribuir con sus centelleantes idas, venidas y revenidas sobre la actual encrucijada catalana. Ya sabemos que cuando escribió que la situación creada por Mas “es lo más parecido a la aventura alemana o italiana de los años treinta del siglo pasado” no se refería en absoluto a “que haya una intención fascistizante o conducente al fascismo hoy en Catalunya”, o sea a que se convoquen multitudinarias manifestaciones de adhesión al régimen, compartimentando a los ciudadanos provistos de cartulinas de distintos colores por demarcaciones, gremios e incluso preferencias sexuales. ¡Qué va! Se refería probablemente al súbito incremento de las ventas de las películas de Cinecittá, los textos de Marinetti y las canciones de Alfredo Clerici entre los barceloneses.

Y sobre todo ya sabemos que Glez, como le llamaba Umbral, está “absolutamente” a favor de que la Constitución reconozca “la identidad nacional de Cataluña” pero “absolutamente” en contra de que la Constitución reconozca a “Cataluña como nación”, lo que le ha hecho merecedor del aplauso sucesivo de toda la plana mayor del PAIDECLA. Nada nuevo bajo el PSOE.

Quien sí ha aportado diferencia a la polémica ha sido su brillante entrevistador Enric Juliana al presentar pruebas documentales de que si bien le preguntó por el  reconocimiento de la “identidad nacional de Cataluña” y luego alteró la transcripción haciendo creer que le había preguntado por el reconocimiento de “Cataluña como nación”, la “oficina” del ex presidente -o sea su veterano jefe de prensa Joaquín Tagar- dio por bueno el “resumen” y añadió: “Nada que objetar”.

La clave está pues en el “resumen”. Había que resumir: “identidad nacional de Cataluña” tiene cuatro palabras y “Cataluña como nación” sólo tres. ¿Pero por qué no escribió Juliana “identidad catalana” que son dos palabras y nos habrían dejado a todos tan contentos? Pues porque esto del soberanismo de la puta y la Ramoneta es como quien juega a las siete y media obsesionado con no quedarse corto. Por eso Maciá proclamó en el 31 la “Republica Federada Catalana dentro de la República Española” y Companys en el 34 el “Estado Catalán dentro de la República Federal Española”. Uno y otro se pasaron de listos, sencillamente porque el contenedor en el que situaban su continente no existía.

Y no existía porque las Cortes, con rotunda mayoría de centro izquierda, asumieron la tesis del presidente de su Comisión Constitucional, el socialista Luis Jiménez de Asúa, y proclamaron que “La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones”. Asúa lo explicó en el debate de totalidad en términos que parece entender mejor Susana Díaz que Pedro Sánchez: “No hablamos de un Estado federal porque federar es reunir. Se han federado aquellos Estados que vivieron dispersos y quisieron reunirse en colectividad”. Asúa anhelaba con sentido visionario una “federación de Europa” y “precisamente eso -añadía- es lo que nos ha hecho pensar en el Estado integral y no en el Estado federal”. ¿Qué pasa, paisano Luena? ¿Es que en Ferraz nadie lee a sus clásicos?

la feyna de la prempsa

Ilustración: Javier Muñoz

A propósito de los años 30, siempre he tenido la sensación de que, más que en el de Pla, Juliana intenta mirarse en el espejo de William L. Shirer y busca sobresaltos troglodíticos, con ahínco digno de mejor suerte, en el Madrid cloroformizado por el Estafermo. Su triquiñuela para sacar a Glez de su apócope mental y hacerle decir un poco más de lo que dijo sería irrelevante fuera del circo de los sintagmas en el que trapecistas y payasos entretienen a los catalanes. Pero es definitoria en su cotidiana nimiedad del papel esencial asignado a la prensa por los impulsores del soberanismo como portavoz de una agenda política irredentista, atizador de un clima social de agravio y gota malaya de un insomnio colectivo permanente.

También me ha llamado la atención que este colega considere una práctica “habitual” enviar el texto de una entrevista al entrevistado para que pueda corregirla antes de su publicación. No digo que no haya veces en que esté justificado, o que yo mismo no lo haya hecho en casos concretos -de hecho el Código Ético de EL ESPAÑOL no lo excluye taxativamente como proponían algunos compañeros- pero de ahí a considerarlo poco menos que una fase del proceso editorial, hay un trecho. El trecho de la condescendencia al final del cual resulta que “la mejor entrevista a Pujol” fue, según Pujol, una en la que Pujol no sólo puso las respuestas de Pujol sino también las preguntas a Pujol. Adivinen quién y cómo la publicó.

Podrán leerlo mañana en la tercera entrega de la impactante serie de investigación de Jordi Pérez Colomé El libro negro del periodismo en Cataluña. Tras entrevistar a más de ochenta redactores, directores, editores y personajes de toda laya de la galaxia mediática, Pérez Colomé nos obliga a preguntarnos, de episodio sórdido en episodio sórdido, por qué “ante casos flagrantes de corrupción la prensa catalana no ha clamado; ante casos dudosos, no ha insistido; ante casos ignorados, no ha rebuscado”.

Es decir por qué desde los inicios del pujolismo toda la porquería que rodeaba a la Sagrada Familia gobernante, empezando por el escándalo de Banca Catalana, siguiendo con el 3% denunciado por Maragall hace ya diez años y desembocando en el “todos eran mis hijos” de la seudoconfesión del patriarca, fue sistemáticamente enterrada en la arena del oasis informativo catalán. Y por qué aun hoy tienen que ser periodistas “foráneos” como Esteban Urreiztieta y Daniel Montero quienes descubran en un medio nonato como EL ESPAÑOL que las comisiones de los Pujol eran del 5% y que su monto les permitió trenzar una trama transcontinental de evasión y blanqueo que unía Andorra con Delaware, Londres con Gabón y los proyectos de ferrocarriles en Turquía con los de las granjas de cerdos en Brasil.

Desde los inicios del pujolismo toda la porquería que rodeaba a la Sagrada Familia gobernante, empezando por el escándalo de Banca Catalana, siguiendo con el 3% denunciado por Maragall hace ya diez años y desembocando en el “todos eran mis hijos” de la seudoconfesión del patriarca, fue sistemáticamente enterrada en la arena del oasis informativo catalán

La respuesta es que durante estas cuatro décadas de democracia la casi totalidad de los medios catalanes han hecho suyas las tesis del llamado “nuevo orden informativo internacional”, impulsado en los 70 y 80 por el director general de la UNESCO, el senegalés Amadou Mahtar M’Bow, según el cual en los países del Tercer Mundo debía anteponerse el “proceso de construcción nacional” a los valores del “periodismo occidental”. O sea que la  autocensura en sus modalidades más groseras o sutiles debía proteger el “Procés” porque lo que era bueno para los Pujol, sus aliados y amigos era bueno para Cataluña.

En otras ínsulas de la España autonómica han ocurrido fenómenos similares -los aupados por cada hecho diferencial siempre se abalanzaban sobre las cajas de ahorros y la prensa-, pero su alcance e intensidad han sido mucho menores. El caudal de dinero invertido por las instituciones controladas por los nacionalistas en el empeño de uniformar a la prensa no tiene precedente en el mundo democrático.

En la práctica en Cataluña no han existido sino medios públicos como TV3, medios concedidos como las emisoras de radio más furibundas y medios concertados como los periódicos cuya cuenta de resultados depende de millonarias subvenciones. En ese escenario no es de extrañar que la cómoda tentación de la servidumbre voluntaria, “la adherencia emocional a la causa catalana” según Pérez Colomé, haya tenido su complemento perfecto en “el temor a un poder total con un sinfín de maneras de imponerse”.

Claro que han existido y existen las excepciones individuales de quienes nadan contra corriente -y conste mi homenaje al equipo de El Mundo de Cataluña en su veinte aniversario-, pero en su conjunto el periodismo catalán, en lugar de ejercer de contrapoder y perro guardián de la democracia, ha sido cómplice activo de la manipulación nacionalista y, junto con el estamento docente, es el gran culpable de que entre mentiras mil veces repetidas y verdades mil veces ocultadas, hayamos llegado a la situación actual con media Cataluña enfrentada civilmente a la otra media. Si la prensa hubiera cumplido allí con su obligación, como algunos lo hicimos por ejemplo en Baleares, Convergencia habría quedado hace tiempo reducida a la misma condición de asociación para delinquir con que se recuerda ahora a Unió Mallorquina, sus líderes habrían merecido una suerte equivalente a la de Munar y compañía y el manantial del que brotaba el dinero con el que se ha narcotizado y envenenado a la sociedad catalana habría sido confiado a guardianes más honrados y leales.

Durante estas cuatro décadas de democracia la casi totalidad de los medios catalanes han hecho suyas las tesis del llamado “nuevo orden informativo internacional”, impulsado en los 70 y 80 por el director general de la UNESCO, el senegalés Amadou Mahtar M’Bow, según el cual en los países del Tercer Mundo debía anteponerse el “proceso de construcción nacional” a los valores del “periodismo occidental”

Por mucho que ahora traten de distanciarse de la purulenta figura que la Justicia y la qué-coño-es-la-UDEF están empezando a iluminar, todos los agrupados para decir “No” a la España constitucional mediante su orwelliano “juntos por el Sí”, e incluso los zapatófilos de la CUP, no son sino el producto del modelo totalizador y reduccionista, impulsado por Pujol desde la Generalitat, en paralelo al saqueo de Cataluña. Todo un ejemplo de ingeniería social a caballo entre el fanatismo público y la rapiña privada. De ahí que Javier Muñoz y yo hayamos querido hoy remedar la histórica portada del 2 de enero de 1902 con que se presentó en sociedad el  ¡Cu-Cut!, primera revista satírica en catalán que alcanzó tiradas masivas.

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Su protagonista, el payés con barretina y pañuelo con lazada que daba nombre al semanario y que sin duda inspiró a los padres de Pujol cuando lo engendraron rellenando el molde, aparecía manejando un tórculo o prensa para estampar grabados, bajo un titular en catalán arcaico: “La feyna de la prempsa catalana”. ¿Y en qué consistía esa “feina”, esa tarea, ese trabajo? Pues, tal y como mostraba el dibujo, en aplastar y estrujar a una serie de individuos variopintos de forma que su sangre se vertiera en una palangana y de ella brotaran jubilosos espermatozoides con barretina, a modo de réplicas de su creador. Una parodia de la famosa cita de Tertuliano sobre los mártires y los primeros cristianos rubricaba la página: “Sanguis cacicarum, semen catalanistarum”.

En relación a esta exhumación hemerográfica vienen hoy a cuento dos precisiones diferenciales. La primera que el periodismo lligaire -vinculado a la Lliga Regionalista de Prat de la Riba y Cambó- que practicaba el ¡Cu-Cut! era entonces una meritoria actividad de riesgo y por eso en 1905 la redacción fue arrasada por un grupo de militares iracundos, ofendidos en su honor por una viñeta más bien inocua sobre las derrotas del 98. La segunda es que lo certero sería darle ahora la vuelta a la parodia para decir “Sanguis catalanistarum, semen cacicarum” porque en definitiva son los catalanes de a pie los que han sido estrujados y expoliados de una parte de su identidad y de sus dineros para inseminar y expandir el cacicazgo nacionalista.

Nada de eso hubiera sido posible sin la complicidad servil de sus tórculos mediáticos. Sin esa presión cotidiana sobre el cerebelo colectivo, el independentismo en una democracia integrada en la Unión Europea, en la era de la globalización, sólo sería motivo de risa o de lástima. Pero Pujol se puso manos a la obra porque sabía que querer no es poder, que, en palabras de Salvat Papasseit, divulgadas por el mejor Serrat, “tenir un propòsit no és fer feina”. El “propòsit” habitaba en él, faltaba la “feina”. Y esa “feina” es la faena que nos ha hecho a todos la prensa catalana.

Lee aquí los dos primeros capítulos de ‘El libro negro en Cataluña’:

1. La corrupción / 2. La comunidad

Así llegó @elespanolcom a 100.000 seguidores en 113 días 

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Cuatro meses después de su debut, el perfil de EL ESPAÑOL alcanza los 100.000 seguidores en la red social que prefieren los consumidores ávidos de información. Aquí detallo los pasos que hemos seguido para llegar a esa cifra y explico lo que hemos aprendido en la redacción.

Quince minutos después del inicio de 2015, vio la luz el primer tuit de @elespanolcom. Incluía una expresión en inglés, una canción ‘indie’ y un hashtag que pretendía ser un grito de guerra: #nohafaltapapel. Lo retuitearon 511 personas y 38o lo marcaron como favorito mientras crecían nuestros seguidores a un ritmo inédito en el periodismo español.

113 días después de aquel debut, el perfil de EL ESPAÑOL alcanza los 100.000 seguidores en la red social que prefieren los consumidores ávidos de información. A continuación detallo los pasos que hemos seguido para llegar a esa cifra y explico lo que hemos aprendido durante estos cuatro meses en la redacción.

1. Los primeros días. 

Muchos colegas nos preguntan quiénes llevan nuestra cuenta de Twitter. Durante los primeros días de enero la llevamos entre María Ramírez y yo. Nuestro objetivo era darle un toque fresco que rompiera con lo que estaban haciendo otros medios españoles y con lo que se esperaba del “nuevo medio de Pedro J.”.

Decidimos arrancar siempre la jornada con la canción del día. Una sección donde fuimos incorporando sugerencias de nuestros lectores en Facebook o Instagram que luego incluíamos en nuestra banda sonora en Spotify. Se trataba de involucrar al máximo a la audiencia y construir una marca y una comunidad en torno a un proyecto con vocación amplia y con un mensaje nítido: crear un medio distinto en torno a la innovación y a la defensa de la libertad de expresión.

2. Lo mejor de la red. 

Durante los primeros 10 días, EL ESPAÑOL era un medio sin un solo contenido. Podíamos haber esperado hasta el lanzamiento de nuestro blog a mediados de enero para publicar nuestros primeros tuits. Pero nos decidimos por tomar un camino inédito y más interesante: convertir nuestro ‘timeline’ en una selección de los mejores contenidos de los demás.

Así lo hicimos desde el primer día del año pero mucho más durante el atentado terrorista contra la revista ‘Charlie Hebdo’, cuando se mezclaban rumores y medias verdades sobre lo que estaba ocurriendo en las calles de París.

Quien estaba de guardia era yo y enseguida tomé dos decisiones. La primera fue publicar una de las caricaturas de Mahoma en nuestros perfiles de Facebook, Twitter e Instagram. La segunda, intentar seleccionar información y reflexiones sobre la masacre. También compartir las mejores portadas y caricaturas que luego reunimos en este Storify.

Miles de personas empezaron a seguirnos durante esos días atraídos por esa selección, que incluía por supuesto enlaces a medios extranjeros y artículos de medios españoles como ‘El Mundo’ o ‘El País’. Ésa es una de las lecciones que hemos aprendido en estos cuatro meses: ayudar al lector a descubrir lo mejor de tus rivales te convierte en un medio más interesante y potencia la fidelidad de tu comunidad.

3. La ventaja de un ser humano. 

Al contrario que nuestros colegas, apenas programamos tuits y casi nunca colgamos nada durante la madrugada española. Lo hacemos con la voluntad de dejar claro que al cargo de la cuenta siempre está un reportero cualificado y no un robot. Al principio fuimos María y yo los encargados. A mediados de enero se nos unió Daniel Basteiro y a finales de febrero Pablo Romero y Jordi Pérez Colomé. @elespanolcom lo llevamos nosotros cinco y el espíritu siempre es muy similar: promocionar nuestras historias y descubrirle al lector las mejores que hayan elaborado los demás. Desde hace unos días nos presentamos por las mañanas. Una idea cuyo objetivo es que el lector sepa siempre quién está al cargo y que hemos tomado prestada de nuestros colegas de Reportedly.

Desde el primer día hemos seguido algunos estándares éticos que nos parecían importantes. Citamos siempre al autor de una imagen o de una infografía y a menudo damos las gracias a quien nos llama la atención sobre un artículo sobre un asunto de actualidad.

A menudo respondemos a las críticas y corregimos nuestros errores. Procuramos responder a quienes nos preguntan por detalles concretos y hacemos lo posible por echar mano del humor. Incluso cuando nos encontramos con viejos conocidos en la red.

4. Una herramienta de financiación. 

Dijimos que seriamos tuiteros y en apenas unas horas nuestro perfil reunió más de 40.000 seguidores. El sonido permanente de las notificaciones llevó a quienes llevamos la cuenta a silenciar el vibrador del teléfono móvil durante las primeras jornadas de @elespanolcom.

Twitter ha sido una gran herramienta editorial pero también un arma magnífica durante nuestra campaña de financiación colectiva. Persuadidos del éxito inicial, contratamos en febrero tuits patrocinados con la ayuda de nuestros amigos de la agencia 101. Pero la campaña de ‘crowdfunding’ no empezó entonces sino el 10 de enero de la mano de este vídeo de 93 metros e incluyó cientos de tuits que escribieron de nuevo manualmente nuestros reporteros. Sobre todo Daniel, María y yo.

La cuenta nos ayudó a detectar enseguida los problemas que se iban encontrando nuestros inversores y a responder a cualquier duda en tiempo real con la ayuda de nuestros colegas Eduardo RicoLeticia Lombardero. La inmensa mayoría de nuestros accionistas son miembros de Twitter y allí fue donde se enteraron de nuestra campaña. Nunca habríamos recaudado tres millones de euros sin la ayuda de la red del pájaro azul.

5. El éxito que más apreciamos. 

Hasta ahora las cifras han respaldado nuestra estrategia en redes sociales. Somos conscientes de que a medio plazo no podemos seguir gestionando @elespanolcom de una forma tan artesanal. Pero queremos que algunos elementos sobrevivan a este experimento inaugural.

Detalles como este tuit de nuestro colega Xavier Aldekoa nos hacen sentir muy satisfechos y nos confirman que caminamos en la buena dirección. También análisis como éste de Raúl Magallón o este otro de Francesc Pujol sobre nuestra cobertura de la tragedia del avión de Germanwings.

Ningún medio español informó en Twitter antes que nosotros sobre el avión estrellado en los Alpes.

la-tragedia-de-germanwings-tiempo-de-publicacionNinguno hizo una cobertura monográfica tan profunda ni tan respetuosa con las víctimas como la nuestra, que se extendió durante 22 horas como explican estos otros dos gráficos de Francesc Pujol.

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Nuestra intención es potenciar nuestro perfil en Twitter pero también nuestra presencia en otras redes sociales. Cada una tiene sus códigos y sus audiencias y cada  una supone un desafío para cualquier medio. Sobre todo en un mundo donde el ruido hace los mensajes cada vez más inaudibles y donde todos libramos una batalla  encarnizada por la atención menguante del lector.

Estos dos gráficos de nuestros amigos de Graphext ofrecen una idea sobre cómo hemos avanzado durante estos meses.

El primero indica a qué ritmo hemos ido creciendo después de la explosión de los primeros días.

FullSizeRender-1 El segundo refleja los días en los que hemos ganado más seguidores. Los primeros dos picos son nuestros directos de las elecciones griegas y de la manifestación de Podemos en la Puerta del Sol. La subida de los últimos días de febrero coincide con los últimos días de nuestra campaña de crowdfunding. Los picos de finales de marzo reflejan el interés que suscitó nuestra cobertura de las elecciones andaluzas y del siniestro del avión de Germanwings. FullSizeRender

Dijimos que nuestro medio sería tuitero y por ahora lo hemos demostrado. EL ESPAÑOL estará siempre allá donde esté su audiencia: en un teléfono móvil, en una televisión inteligente o en la pantalla minúscula de un reloj.

Pasión e innovación en el equipo de EL ESPAÑOL

En los últimos días nuestra redacción se ha fortalecido con personas clave que aportan pasión e innovación. Profesionales consolidados y de larga trayectoria que se suman a una propuesta informativa de vanguardia.

VÍDEO: 93 metros

Pasen, vean el vídeo elaborado por 93Metros y quédense en EL ESPAÑOL. Todo lo que cuentan los primeros integrantes de la redacción de este nuevo proyecto conduce hacia el mismo destino. Lo dice muy bien Jordi Pérez Colomé, uno de los fichajes que hoy presentamos y uno de los periodistas con perfil digital más profundo de este país: EL ESPAÑOL es una “oportunidad”.

En los últimos días nuestra redacción se ha fortalecido con nuevas incorporaciones en posiciones clave en un proyecto 100% digital: redacción e innovación. Profesionales consolidados y de larga trayectoria que se suman a una propuesta informativa de vanguardia.

Fernando Baeta será vicedirector de EL ESPAÑOL tras 25 años en El Mundo; María Ramírez y Eduardo Suárez, subdirectores. Ambos con una dilatada experiencia como reporteros y corresponsales en Bruselas, Nueva York y Londres.

Alrededor de ellos pivotará un equipo que se conformará en los próximos meses con redactores de diferentes perfiles, todos ellos con una clara vocación digital. Ya forman parte de EL ESPAÑOL Pérez Colomé, bloguero de éxito (Obamaworld) que hasta hace unos días publicaba en Yahoo! y Daniel Basteiro, que ha sido corresponsal en Bruselas del diario Público y miembro del equipo que fundó la edición española de El Huffington Post.

A estos periodistas hay que sumar a la jefa de diseño, Salugral Adriana Pazos, y al jefe de proyectos especiales de EL ESPAÑOL, David Domínguez, que tienen con una amplia experiencia en el mundo de la comunicación digital (El Mundo, Antena 3, Cambio 16) y estarán integrados en la redacción.

El vídeo vinculado a esta información presenta tres elementos esenciales de nuestro proyecto: la innovación, la pasíón -“el periodismo es pasión”, dice Baeta en uno de los planos- y el pacto generacional sobre el que se sustenta el proyecto de EL ESPAÑOL. Se trata de buscar la confluencia de la experiencia profesional y vital de periodistas con una sólida y larga experiencia con la de periodistas más jóvenes pero ya muy consolidados y la de nuevos periodistas que darán aquí sus primeros pasos.