El caso Matisyahu, o cómo el antisemitismo sigue vivo

Por razones históricas, el reggae goza de una particular simpatía entre las comunidades judías. Ha sido en el Rototom, un festival dedicado precisamente a este tipo de música, donde se ha coaccionado al artista judío estadounidense Matisyahu para que condenara la política del Estado de Israel.

Si alguna música popular tiene en el fondo una inspiración espiritual en el judaísmo, y hasta reivindica una peculiar forma de sionismo, esa es el reggae. Nace como fusión de ciertos ritmos afroestadounidenses con las expresiones musicales tradicionales de la religión rastafari. Y esta es una adaptación del judaísmo -y en menor medida del cristianismo- a la espiritualidad de los descendientes de esclavos en Jamaica.

El león que lucen muchas banderas, pósteres y pegatinas usados por los aficionados al reggae no es el símbolo de la nación española (como el de la cabecera de este periódico). Hace referencia a Haile Selassie I, emperador de Etiopía depuesto primero por Mussolini y después por el dictador comunista Mengistu.

Para los rastafaris, Haile Selassie es el León de Judá, último descendiente directo del monarca israelita Salomón (por tanto de la casa de David) y mesías (al considerar que, al igual que Jesús, es Dios hecho hombre). Consideran que los etíopes y otros negros africanos son los descendientes de las Tribus de Israel, y creen que habrá una era de paz tras el retorno a Sión. Claro que su Sión no está en Jerusalén, sino en una Etiopía idealizada.

Todo lo anterior hace que el movimiento rastafari y el reggae gocen de muchas simpatías entre las comunidades judías de todo el mundo, donde son vistos como unos parientes peculiares pero con los que se tiene mucho en común. Y sin embargo, ha sido en una gran cita musical bajo los símbolos de ese León de Judá africano donde se ha producido un bochornoso hecho antisemita que ha cruzado fronteras: la cancelación y posterior recuperación de la actuación del judío Matisyahu en el festival Rototom Sunsplash tras las presiones del grupúsculo judeófobo de izquierdas BDS País Valencià.

Los miembros del BDS y quienes lamentan que no se mantenga el veto a Matisyahu niegan ser antisemitas, pero lo son. El antisionismo que proclaman es la forma políticamente correcta de la tradicional judeofobia. Cada época tiene la suya. Desde bien entrado el siglo XIX el antijudaísmo de corte religioso cristiano tradicional estaba mal visto, sobre todo en ambientes urbanos, y se impuso el odio con la excusa racial o biológica. Este llegó a su paroxismo con el Holocausto, y pasó a estar mal visto tras hacerse público lo que ocurrió en la Europa controlada por los nazis.

Las tres formas conocidas hasta ahora de judeofobia (el antijudaísmo religioso, el antisemitismo supuestamente biológico y el antisionismo político) tienen mucho en común. Y eso es lo que nos permite distinguir la legítima crítica al Gobierno de Israel (criticable como cualquier otro del mundo) del nocivo odio a los judíos en su forma más políticamente correcta.

Una de las claves está en las acusaciones que se vierten contra los judíos, Israel o quienes defienden a dicho Estado. Por ejemplo, durante siglos y hasta 1965, la Iglesia católica imputó a los judíos en su conjunto el peor crimen que pueda concebir un ser humano: el deicidio, la muerte de Jesús.

Durante el final del siglo XIX y principios del XX, en una Europa enferma de nacionalismo en la que además predominaban tesis racialistas, los delitos más abyectos eran dos: la traición a la patria y la contaminación racial. Ambos fueron usados, y no sólo por los nazis. Fue como surgió en Francia el affaire Dreyfus, al ser este oficial de religión judía acusado de espiar para Alemania.

Los crímenes más abominables en la actualidad, al menos para un occidental, son los de genocidio o limpieza étnica. Y esa es la acusación permanente que hacen los antisionistas a Israel. La encontramos, además, en los argumentos de los promotores del boicot contra Matisyahu, que lo acusaron de “justificar a un Estado (Israel) que practica el apartheid y la limpieza étnica”. Se retrata a Israel como un país criminal en su conjunto (aunque sea el único de Oriente Medio donde existe libertad religiosa y los árabes gocen de los mismos derechos que los judíos) y se le identifica con el régimen racista de Sudáfrica, que sigue siendo para muchos la representación de un mal casi absoluto.

Las encuestas

No debe resultar extraño que los antisemitas adopten la máscara que adopten, se hayan apuntado un gran tanto en este caso (aunque al final se haya vuelto a invitar a Matisyahu, BDS ha logrado un gran protagonismo). Ni de lejos todos los españoles son antisemitas, pero las encuestas internacionales muestran que España es el país de Europa donde más extendidos están los prejuicios judeófobos. Afortunadamente, eso sí, no suelen tener una expresión tan violenta como sí ocurre en Francia o Polonia.

Pero hay que estar alerta. Según los datos de la Policía Nacional, la Guardia Civil y las policías autonómicas, en 2014 los actos antisemitas registrados aumentaron un 70% con respecto al año anterior. Y desde la prensa no falta quien alimenta este tipo de odio.

Tampoco ha de extrañar que las fuerzas políticas que han defendido el boicot al cantante judío hayan sido las más escoradas a la izquierda. No toda la izquierda es antisemita, pero una parte sí. Y lo es en coherencia con las raíces ideológicas del marxismo. El libro de Karl Marx menos difundido desde el final de la II Guerra Mundial es Sobre la cuestión judía. En él están contenidos la mayor parte de los tópicos antisemitas, desde la acusación de tener el dinero como centro de todo, a la de dominar el mundo (en aquel momento, Europa) o la de pervertir al resto de la humanidad.

Como hemos visto estos días, la judeofobia sigue viva en España y en el resto del mundo. Algo le diferencia del antisemitismo anterior: quien lo practica y promueve no quiere reconocerlo. Nadie aplaudiría que alguien dijera “soy antisemita”, pero muchos aceptan con normalidad y hasta celebran que se proclame el odio al judío, a Israel por el mero hecho de existir o se difundan todo tipo de mensajes y se promuevan acciones contra los hebreos en general.

*** Antonio José Chinchetru es periodista

FOTO: EFE

Liberticidio progresista

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Si el festival de música Rototom quería ponerse en el mapa, pardiez que lo ha conseguido de pleno. Toda la prensa internacional recoge las coacciones de la organización al estadounidense Matisyahu, forzándole primero a hacer una declaración política a favor del estado palestino y anulando después el concierto en respuesta a su negativa a pasar por el aro…

Si el festival de música Rototom quería ponerse en el mapa, pardiez que lo ha conseguido de pleno. Toda la prensa internacional recoge las coacciones de la organización al estadounidense Matisyahu, forzándole primero a hacer una declaración política a favor del estado palestino y anulando después el concierto en respuesta a su negativa a pasar por el aro.

Las disculpas del festival, cuatro días después de airearse la polémica, llegan demasiado tarde, cuando el incendio ha chamuscado hasta la última letra de su logotipo y el prestigio de la calidad democrática española.

La razón de cómo un acto cultural aparentemente inofensivo, celebrado en plena canícula en un rincón pacífico de la costa de Castellón se convierte en paradigma mundial de censura y persecución ideológica, hay que buscarla en la creciente presencia de un discurso de izquierda radical que presume de libertad, pero que no duda en cercenarla cuando no se ejerce en la dirección que ella desea.

Quienes ahora censuran a Matisyahu recogieron firmas para que no se suspendiera un concierto de Soziedad Alkoholika en Madrid y consiguieron que un terrorista de ETA diera una charla en la Universidad Jaime I de Castellón apelando a la libertad de expresión. Los mismos que reventaron una conferencia de Rubalcaba en la Universidad de Granada o impidieron hablar a Rosa Díez en la Autónoma de Barcelona.

 

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El Rototom justifica su actitud inquisitorial hacia Matisyahu por las presiones y amenazas que recibió de BDS, un grupúsculo nacionalista que trata de ganar simpatías enarbolando la bandera palestina. Pero pese a ser una organización anecdótica, se le teme, por la sencilla razón de que sus planteamientos de democracia popular y progresismo mal entendido coinciden con los de partidos que empiezan a tener poder.

Por algo la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia se ha adherido a la iniciativa de boicot a Israel que recientemente le presentó el BDS. ¿Dará marcha atrás después de ver el talante de los promotores de la campaña y comprobar cómo se enfanga el nombre de la institución?

También es significativa la respuesta de los partidos de izquierda. Podemos e IU insisten en que lo correcto es vetar al artista estadounidense, dándose así el retruécano de que aquellos que se divierten pintando a Merkel con bigotito y la presentan como a una nazi son los que persiguen a los judíos para que no se suban a un escenario.

Pero es que el PSOE y Compromís, que gobiernan en la Generalitat valenciana, han mostrado una tibieza rayana en la complicidad. El presidente, Ximo Puig, no ha dicho aún esta boca es mía. Impensable si la censura hubiera tenido distinto signo. Otro tanto cabe decir del conseller de Cultura, el lenguaraz Vicent Marzà, de Compromís, que anda desaparecido desde que se filtraron sus vivas a la independencia de Cataluña.

Sólo tras el ridículo internacional, Compromís ha tratado de borrar su papel de Torquemada, pero en un primer momento secundó el liberticidio, tal y como dejó claro su delegado en Castellón, Ignasi Garcia.

Con razón, a estos nuevos apóstoles de la democracia se les atraganta la Constitución, ésa que en su artículo 16 garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y que recuerda que nadie puede ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.

Matisyahu, o el antisemitismo de una parte de la izquierda española

Parte de la izquierda española ha vuelto a convertirse en abanderada del antisemitismo en España a raíz del ‘equívoco’ veto al cantante estadounidense de reggae Matisyahu en el festival Rototom de Benicassim.

NAPA, CA - MAY 30:  Matthew Miller aka Matisyahu performs during the Bottlerock Music Festival at the Napa Valley Expo on May 30, 2014 in Napa, California.  (Photo by Tim Mosenfelder/Getty Images)

Parte de la izquierda española ha vuelto a convertirse en abanderada del antisemitismo en España a raíz del ‘equívoco’ veto al cantante estadounidense de reggae Matisyahu en el festival Rototom de Benicassim.

A pesar de que la propia organización rectificó y pidió perdón por haber obligado al hipster judío a pronunciarse claramente sobre “el derecho del pueblo palestino a tener su propio Estado”, partidos políticos como Podemos, Izquierda Unida y Compromís desplegaron, como en anteriores ocasiones, un discurso beligerante que encaja con el antisemita.

Cuando los tuits del concejal Zapata, efímero responsable de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, aún resuenan en las redes sociales –“¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero”-, una nueva polémica con Israel y Palestina de fondo ha hecho que un sector de la izquierda española vuelva a posicionarse recurriendo al manual desplegado en ocasiones anteriores que desde filas socialistas califican como “antisemita, antijudío y antiisraelí”

En esta ocasión ha llevado a la izquierda más radical a hacer “el mayor ridículo en este ámbito en muchos años”, en palabras a EL ESPAÑOL del eurodiputado de Ciudadanos Juan Carlos Girauta.

Podemos, de forma más tibia, Izquierda Unida y Compromís -incluso después de conocerse que el festival levantaba el veto- no rectificaron su discurso, ya que consideran que la exigencia al cantante de pronunciarse ideológicamente era lícito para poder ofrecer un concierto.

Nada que ver con lo que apuntan a este periódico dirigentes del PSOE y Ciudadanos: “Es contrario al derecho a la libertad ideológica garantizado en la Constitución española y el discurso utilizado por estas formaciones políticas roza la ilegalidad”.

El “silencio” de la izquierda

Un órdago en forma de presiones, amenazas y coacciones incluidas lanzado por el autodenominado BDS (unas siglas que hacen referencia al boicot, la desinversión y las sanciones contra “la colonización, el apartheid y la ocupación israelí”) y en el que parte de la izquierda ha caído debido a “su desarticulado discurso” (insisten las fuentes consultadas) en el que “pesa su silencio” en lo que concierne a la defensa del Estado de Israel.

Hasta tal punto se ha evidenciado esta “falta de coherencia” en sus argumentos que los ciudadanos han presenciado cómo Compromís matizaba a Compromís, Podemos a Podemos e Izquierda Unida a Izquierda Unida.

Algo que recuerda a las contradicciones vertidas en los medios de comunicación después de que el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero se pusiese un pañuelo palestino al término de un mitin de Juventudes Socialistas, donde equiparó a Israel con Hezbolá.

Fueron en aquella ocasión destacados miembros socialistas como Nicolás Redondo Terreros, Enrique Múgica o Juan Barranco los que denunciaron el “discurso antijudío” de la izquierda y de su propio partido.

“Discurso antijudío” porque, a excepción de la extrema derecha, no hay partidos políticos que se atrevan a proclamarse públicamente como antisemitas. Es el caso del ex presidente de la República Islámica de Irán Mahmud Ahmadineyad quien, pese a afirmar su deseo de borrar a Israel del mapa, no se autodefine como antisemita.

Él, como parte de la izquierda en España, es sólo antisionista.

El acuerdo Washington-Teheran: un triunfo para Obama

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Irán y Estados Unidos acaban de firmar el llamado “Acuerdo Nuclear”. ¿Por qué se ha firmado un acuerdo ahora? El principal giro hay que buscarlo no en Teherán, sino en Washington. Teniendo en cuenta los inmensos cambios que están desarrollándose más allá de Oriente Próximo es difícil que Estados Unidos pueda defender sus intereses en el mundo musulmán al mismo tiempo que se centra en el enfrentamiento con China, algo que inevitablemente hará si quiere defender su posición hegemónica.

Irán y Estados Unidos acaban de firmar el llamado “Acuerdo Nuclear”. La República Islámica no sólo tendrá más facilidad para continuar con su programa nuclear, sino que dejará de ser un Estado paria para reintegrarse, pese a todas las sospechas, en la sociedad internacional. Lo que queda por ver es cómo será el aterrizaje de Irán en ese mundo del que fue expulsado en 1979, y qué se puede esperar del país persa y de sus vecinos en este nuevo escenario.

¿Por qué se ha firmado un acuerdo ahora? El nombramiento de Rouhani como presidente de la República en verano de 2013 y su política de acercamiento a Occidente parece ser el detonante de la negociación. Sin embargo, en Irán el Presidente de la República es un cargo con un poder muy limitado (es el único líder del Poder Ejecutivo del mundo que no tiene mando sobre las Fuerzas Armadas, por ejemplo), y por lo tanto corresponde al Ayatolá Supremo definir la política del país, tanto a nivel interno como con el resto del mundo.

Tampoco es la primera vez que un clérigo aperturista llega a la Presidencia de Irán: Mohammed Khatami, Presidente de la República entre 1997 y 2005, fue un reformista que permitió inspecciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica y firmó un acuerdo con Francia, Alemania y el Reino Unido, el Acuerdo de París, en el que se comprometía a suspender el enriquecimiento de uranio. Pero no se llegó a más, ni se profundizó tanto como se ha profundizado ahora, pese a darse unas condiciones similares.

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Presidente Rouhani de Irán

¿Por qué ahora?

El principal giro hay que buscarlo no en Teherán, sino en Washington. Al margen de las diferencias entre Obama y Bush, los intereses geoestratégicos de Estados Unidos han cambiado enormemente en los últimos diez años, coincidiendo con dos fenómenos que no tienen nada que ver con Irán: el ascenso de China en el Pacífico, con el consecuente incremento de su agresividad, y el desmesurado crecimiento de la producción de petróleo estadounidense, que desde 2008 ha crecido un 70%. El primer fenómeno supone un desafío a la hegemonía estadounidense, el segundo acerca a Estados Unidos a la independencia energética y a una menor dependencia de Oriente Próximo.

¿Qué relación tiene esto con el Acuerdo Nuclear? Una nación como Estados Unidos tiene intereses en todas las partes del globo, y no puede permitir desentenderse de ninguna de ellas. Si los estadounidenses reducen el nivel de implicación en Oriente Próximo, deben dejar tras de sí un escenario en el cual se minimicen los eventuales riesgos asociados a un menor control directo.

La razón por la que Washington no puede dejar desatendida ninguna zona del mundo está incrustada en la lógica del poder geopolítico, y la expresa perfectamente Mearsheimer, uno de los pensadores más relevantes del ámbito de las Relaciones Internacionales y creador de la teoría del realismo ofensivo. Según Mearsheimer, ninguna nación puede gobernar el mundo por completo, dado que es imposible obtener tal grado de poder que permita la dominación mundial. No obstante, las naciones pueden ser los poderes hegemónicos en sus zonas de influencia geográficas o culturales, y por lo tanto pueden (y deben) intentar evitar que ninguna otra nación del globo adquiera en su propia zona de influencia un poder similar.

Aplicado a la realidad geopolítica de nuestro tiempo, Estados Unidos no domina, ni puede dominar, el planeta. Pero sí domina el continente americano y seguirá siendo la primera potencia mundial mientras impida que otra nación gobierne en su propia zona de influencia. La lógica para enfrentarse a la Alemania nazi y a la Unión Soviética era evitar que ningún poder gobernara Europa en solitario, y esta misma lógica es lo que le impulsa a enfrentarse a China: para limitar su eventual dominio de Asia.

Ahora que el suministro de petróleo empieza a ser un tema secundario, la presencia militar en el Oriente Próximo lo será también, por lo que Estados Unidos puede recurrir a una situación menos conflictiva, menos costosa y más segura para los intereses estadunidenses. El propio Mearsheimer defendió esta teoría en 2008 en relación precisamente con Oriente Próximo. Esta estratagema consiste en enfrentar a dos naciones de una misma zona geográfica de forma que el conflicto les desgaste y les impida convertirse en potencias hegemónicas.

La realidad geopolítica

Oriente Próximo y el mundo musulmán en general está dividido en dos bloques antagónicos: por un lado, el mundo suní liderado por Arabia Saudí y las Monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo. Por otro lado, el mundo chií liderado por la República Islámica de Irán. Cualquiera que conozca de cerca el mundo islámico sabe, y Estados Unidos lo sabe bien, que se odian entre sí más de lo que odian a los estadounidenses o incluso a Israel.

Estados Unidos sabe que si el acuerdo nuclear no se hubiese firmado es probable que a la larga el bloque suní hubiera acabado desbancando al chií. Las sanciones a Irán limitarían su capacidad, por lo que el bloque suní tendría las manos libres para incrementar su influencia de manera contraria a los intereses estadounidenses (como ya sucedió en 1973). Para forzar al bloque suní a centrarse en su amenaza más próxima, es inevitable dotar de mecanismos a su enemigo. El levantamiento de las sanciones fortalecerá la capacidad económica de Irán y con ello, su capacidad para sostener movimientos anti-suníes en Iraq, Yemen, Líbano o Siria, que puedan hacer frente a los movimientos anti-chiíes financiados directa o indirectamente por Arabia Saudí y el Golfo, como el Estado Islámico, Al Qaeda o el Frente Al-Nusra.

También es muy importante tener en cuenta que a los ojos de Arabia Saudí (e Israel), este acuerdo deja las manos libres a Irán para conseguir la bomba atómica, un escenario insoportable para los saudíes. Esto obligará a Arabia Saudí a elevar el gasto militar (previsiblemente cerrando acuerdos con empresas de armamento estadounidenses) y a entrar en una carrera armamentística que Irán se verá obligada a seguir, lo que creará un agujero negro económico en ambas naciones que limitará su capacidad de amenazar a Estados Unidos y que probablemente intentaría ser saneado de la forma más eficaz que tienen ambas naciones, que es con la venta de hidrocarburos… posiblemente a Estados Unidos.

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Negociación del pacto nuclear

Pero, ¿y si realmente Irán consiguiera la bomba atómica? Esto no es en absoluto un escenario indeseable para la Casa Blanca, ya que entonces Arabia Saudí también la obtendría (de hecho lleva tiempo buscando adquirirla a través de Pakistán). Y cuando dos enemigos acérrimos obtienen la bomba atómica, se produce lo que en Relaciones Internacionales se conoce como la “paradoja estabilidad-inestabilidad”. Esto significa que los conflictos directos se reducen drásticamente, mientras que los conflictos indirectos aumentan en la misma medida.

Por lo tanto si esta situación de estabilidad-inestabilidad se reprodujera en Oriente Medio entre el bloque suní y el chií esto sería una bendición para Estados Unidos, ya que el país norteamericano  podría olvidarse definitivamente de que ninguno de los dos bloques obtuviera suficiente poder como para dominar esta zona geográfica.

El estatus de Israel

El único cabo suelto que quedaría en este nuevo escenario es el estatus de Israel. Muchos medios y políticos israelíes han presentado este acuerdo como un paso que pone en grave riesgo la supervivencia de Israel. Sin embargo es poco probable que esto suceda, ni siquiera aunque Irán consiguiera la bomba atómica. Si Corea del Norte, un Estado regido por un Gobierno demencial y con una sociedad civil masacrada, no ha lanzado la bomba atómica, no hay motivos para pensar peor de Irán, un Estado con un Gobierno suficientemente sensato como para sentarse a negociar con Occidente y con una sociedad civil enérgica y vibrante.

En segundo lugar, el lanzamiento de una bomba atómica requiere de muchas negociaciones y muchos preparativos, por lo que es improbable que pasara inadvertido por el Mossad, la CIA y las demás agencias de inteligencia, que seguramente podrían neutralizar eficazmente el lanzamiento. Esto se aplicaría a cualquier nación que pretendiera usar armamento nuclear, llámese Irán, Pakistán, Francia… o el propio Israel.

La razón por la que el Estado Judío ha batallado tan ardientemente contra el Acuerdo Nuclear no es por una cuestión de supervivencia, sino de influencia. Israel es un Estado cuya supervivencia se fundamenta en tres pilares: una política de contención agresiva con sus vecinos, un Ejército y unos servicios de inteligencia extraordinariamente profesionales, y la existencia de un lobby capaz de ejercer una presión sustancial sobre las naciones occidentales y particularmente sobre Estados Unidos. La diferencia entre ambas naciones es que Estados Unidos puede permitirse olvidarse de Israel, pero Israel no puede permitirse que Estados Unidos le olvide. Apoyar a Israel era conveniente para los estadounidenses cuando tenían grandes intereses en Oriente Próximo, pero ahora que esos intereses empiezan a cuestionarse, es poco probable que Israel disponga de la misma influencia que ha tenido hasta ahora en la política exterior de la Casa Blanca.

Israel todavía está a tiempo de revertir esta situación si los políticos estadounidenses patrocinados por el lobby judío consiguen crear una oposición suficientemente fuerte al acuerdo nuclear. No sería la primera vez que Israel interviene decisivamente en la política exterior de Estados Unidos. Pero, si no lo lograra, quizá sí sería la última vez.

Teniendo en cuenta los inmensos cambios que están desarrollándose más allá de Oriente Próximo es difícil que Estados Unidos pueda defender sus intereses en el mundo musulmán al mismo tiempo que se centra en el enfrentamiento con China, algo que inevitablemente hará si quiere defender su posición hegemónica. Previsiblemente, el mundo experimentará una gran transformación en los próximos veinte años, pero quien más capacidad tendrá para determinar el impacto y el ritmo de estos cambios será Washington. En el modelo que han diseñado para Oriente Próximo, el gran perdedor será Arabia Saudí, que nunca debió haber provocado a la superpotencia en 1973. Irán será un vencedor relativo, mejorando su estatus aunque sea a costa de una mayor tensión, pero el vencedor indiscutible será la Casa Blanca que ahora habita Barack Obama.

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Francisco Rivas es abogado, experto en Relaciones Internacionales en Oriente Próximo y ha trabajado en la Embajada de España en Omán. También es escritor; su último libro es 1212: Las Navas.

Varapalo del Supremo a Ruz por no razonar la justicia universal para investigar a Israel y Chile

Benjamin Netanyahu

La Sala Penal del Tribunal Supremo va a devolver al Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional las exposiciones redactadas por el juez Pablo Ruz sobre la aplicación del principio de jurisdicción universal para investigar a autoridades de Israel y Chile por el ataque a la Flotilla de la Libertad y por el asesinato del diplomático Carmelo Soria, respectivamente.

Flotilla

La Sala Penal del Tribunal Supremo va a devolver al Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional las exposiciones redactadas por el juez Pablo Ruz sobre la aplicación del principio de jurisdicción universal para investigar a autoridades de Israel y Chile por el ataque a la Flotilla de la Libertad y por el asesinato del diplomático Carmelo Soria, respectivamente. El Supremo considera que Ruz no justificó en absoluto los motivos por los que cree que los procesos judiciales iniciados a Turquía e Israel y el que tramitan los jueces chilenos carecen de la seriedad y eficacia suficientes como para legitimar la intervención de la Justicia española.

El Supremo vuelve a corregir a la Audiencia Nacional en la aplicación de la reforma de la jurisdicción universal que el Gobierno del PP llevó a cabo precipitadamente en marzo de 2014 para limitar los supuestos en los que los jueces españoles pueden perseguir a ciudadanos extranjeros por crímenes internacionales cometidos fuera de nuestras fronteras. En julio del pasado año, el TS revocó -por unanimidad- el archivo de las causas contra las tripulaciones de los narcobarcos acordado por la Audiencia y estableció que los tribunales nacionales seguían siendo competentes para apresar en alta mar buques cargados de droga.

Ahora, la Sala Penal ha rechazado valorar las exposiciones en las que Ruz defendía la competencia de la Audiencia Nacional para procesar al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, por el violento abordaje a los seis barcos que integraban la llamada Flotilla de la Libertad el 31 de mayo de 2010, así como para encausar a siete militares chilenos por el asesinato del diplomático español Carmelo Soria el 14 de julio de 1976.

El proceso contra Netanyahu, el ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman, y otras altas autoridades de Israel se abrió en la Audiencia Nacional tras la presentación de querellas por diversas organizaciones en el ejercicio de la acción popular. Les atribuyen haber planificado y ordenado el asalto en aguas internacionales a una flotilla que se dirigía a Gaza para llevar ayuda humanitaria rompiendo el bloqueo impuesto por Israel a Palestina. Nueve de los 750 ocupantes de las embarcaciones resultaron muertos y otros 38 fueron heridos. Los demás -entre ellos, tres españoles- fueron conducidos por la fuerza a territorio israelí, privados de libertad y luego deportados.

Siete militares de la DINA

Consta en el procedimiento que, aparte de la alegación de las autoridades israelíes de que los tribunales de este país tienen abierta una investigación, existe bajo jurisdicción turca un proceso en trámite en el que está acusado Eliézer Alfred Marom, comandante en jefe de la Armada israelí cuando sucedieron los hechos.

En el caso de los siete militares de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) de Chile procesados por el secuestro, tortura y asesinato de Soria, la Corte Suprema del país andino se negó en julio de 2013 a dar curso a la petición de extradición cursada por España al existir allí un procedimiento “en pleno desarrollo”. Siete meses antes los jueces chilenos habían aceptado una petición de la hija de Soria para reabrir las diligencias y, en sentido contrario, rechazaron el recurso de los imputados contra el reinicio de la investigación.

La reciente reforma de la justicia universal condiciona su ejercicio a la existencia de puntos de conexión con España (que el supuesto responsable del delito sea español o extranjero con residencia habitual en España, o que la víctima sea española) y potencia el principio de subsidiariedad. De esta manera, los jueces españoles no pueden actuar si los hechos están siendo investigados por un tribunal internacional o si hay procedimientos en el país donde han ocurrido o en el Estado del que es nacional la persona a la que se atribuya el delito.

No obstante, el principio de intervención subsidiaria de los jueces españoles no se aplica si se detecta que la investigación iniciada en esos Estados es ineficaz o sufre una demora injustificada, en definitiva, si hay indicios de que no existe una auténtica disposición a aclarar los hechos delictivos.

La reforma imponía el archivo automático de todas las causas sobre jurisdicción universal que la Audiencia Nacional tenía en trámite hasta que se verificase el cumplimiento de los nuevos requisitos legales. Ruz rechazó elevar a la Sala Penal de la Audiencia los procedimientos contra Israel y Chile a efectos de que fueran sobreseídos. Los mantuvo abiertos, pero sin justificar que concurrían los presupuestos de justicia universal y, sobre todo, sin razonar por qué las investigaciones de los jueces de esos países -especialmente, la de Turquía, país del que eran nacionales las nueve víctimas mortales de la Flotilla de la Libertad- no merecen ser tenidas en cuenta.

Fuentes judiciales señalaron que, debido a esas omisiones, los escritos de Ruz no pueden considerarse la “exposición razonada” que exige la ley. Será ahora su sucesor al frente del Juzgado número 5, José de la Mata, el que tendrá que decidir si vuelve a dirigirse al Supremo dando los argumentos por los que no procedería aplicar el principio de subsidiariedad o bien declina su competencia para que la Sala proceda a decretar el archivo.

La importancia del acuerdo nuclear con Irán en seis puntos

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Hace ya una semana que seis potencias con Estados Unidos al frente llegaron a un acuerdo con Irán sobre su programa nuclear. Desde entonces se analiza, discute, critica y elogia una y otra vez. El acuerdo tiene el potencial de cambiar la región; crear un conflicto grave con el gran aliado americano, Israel, o definir quién será el próximo presidente de Estados Unidos. Estos son los porqués:

1. Es muy importante, pero aún no es nada. El acuerdo del 2 de abril es solo un marco para seguir negociando. Los detalles no están cerrados. Es una declaración provisional, que no compromete a nadie. Pero a pesar de no ser nada concreto, ha generado miles de noticias y comentarios. Es una pequeña primera prueba de su importancia.

Los documentos han servido para avanzar y comprobar el ambiente. En un despliegue de sinceridad, el embajador francés en Estados Unidos ha dicho este viernes: “Mantengámonos frios. Cualquier negociación difícil va precedida de preparación de músculos y demandas. Esperemos las discusiones reales”.

Hace años que se negocia algún tipo de acuerdo. El embajador Araud llama calentamiento a lo que ha ocurrido hasta ahora. Es un consuelo que llegue la hora de la verdad. El plazo ahora para el acuerdo definitivo es el 30 de junio, pero podría retrasarse de nuevo.

2. Quién va ganando. Estados Unidos y sus aliados llevan ventaja. Irán defiende su derecho a tener un programa nuclear civil. Estados Unidos le acusa de camuflar un programa nuclear militar para lograr una bomba. Los países con armas nucleares son un club reducido: Rusia, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, China, Israel y Corea del Norte.

Para los países pequeños es sobre todo un arma defensiva, disuasoria. Si Corea del Norte es capaz de matar con un solo proyectil a cientos de miles de surcoreanos o japoneses, sus enemigos pensarán bien si quieren atacar o invadirles.

Irán aspira a la misma seguridad. Pero esa seguridad comprometería la de sus vecinos. En un momento de nervios y descontrol, una bomba nuclear puede ser el origen de una terrible reacción en cadena.

¿Cómo el mundo ha logrado por ahora detener el presunto avance iraní hacia una bomba? Con sanciones económicas. Estas medidas impulsadas por países concretos, por la Unión Europea y por Naciones Unidas hacen que las relaciones comerciales de Irán estén capadas.

Con menos ingresos por petróleo y con menos capacidad de participar en mercados internacionales, el país sufre. Tras años de economía de resistencia y con la elección de un presidente moderado, Hasan Rohani, Irán ha cambiado de rumbo. La CIA está segura de que el temor de un derrumbe económico -y por tanto del régimen- ha hecho que Irán se siente a negociar por su programa nuclear.

Las negociaciones serían un modo más seguro de salvar el régimen que una bomba. Al menos por ahora. Un analista iraní dice que Rohani quiere ser “el Deng Xiaoping iraní”, no el Gorbachev. Deng inició el cambio chino hacia el capitalismo para mantener el régimen. El problema de Rohani es que no tiene la última palabra. Las decisiones últimas en Irán son del ayatolá Jamenei.

Irán empezaba a negociar con desventaja y ha tenido que ceder. Todo esto es provisional, pero estas son las cuatro medidas más importantes que ha concedido: permitir inspecciones exhaustivas, enviar al extranjero casi todo su uranio enriquecido, detener y precintar dos tercios de centrifugadores que enriquecen uranio y transformar las centrales de Arak y Fordo.

3. Por qué Irán tiene suficiente. En una partida, si el pequeño logra salvar el tipo ya basta. Con no perder, Irán tiene suficiente. Los ayatolás se guardan al menos tres recursos: el acuerdo es para diez años, con lo que pueden esperar y ver; podrán seguir investigando sobre energía nuclear, y nada va a destruirse.

En una entrevista a la radio NPR, Obama dijo: “Lo que es un temor más relevante es que en los años 13, 14, 15 [después del inicio del acuerdo], ellos tienen centrifugadores avanzados que pueden enriquecer uranio bastante rápido, y en ese punto los tiempos para lograr uranio suficiente para una bomba pueden disminuir hasta cero”.

Obama está admitiendo que una vez caduque su acuerdo, la bomba podría ser cuestión de semanas. Es poco esperanzador para la comunidad internacional.

4. Los flecos son largos. Si hubiera que resumir el acuerdo en los dos puntos esenciales serían estos: inspecciones y sanciones. Estados Unidos y sus aliados quieren que Irán permita todo tipo de inspección intrusiva, tanto en bases militares como en centros de producción de armas de largo alcance.

Irán quiere que las sanciones desaparezcan el primer día tras la firma del acuerdo. Estados Unidos quiere que su retirada sea progresiva según Irán vaya cumpliendo sus obligaciones. Una vez anuladas, sería muy difícil volver a activar las sanciones. Las sanciones más eficaces son las multilaterales -Naciones Unidas y Unión Europea- porque afectan a más países. Si se derogan, Rusia o China pueden vetar su nueva puesta en marcha.

5. Por qué Israel se sigue quejando. Hay dos motivos sencillos por los que Israel tiene más interés en este acuerdo: la amenaza persistente iraní de destruirlo y la geografía. Israel tiene a norte y sur el Líbano y Gaza. Las bandas Hezbolá y Hamás viven de financiación iraní. Si llegaran a tener material radioactivo, su capacidad se multiplicaría de modo inimaginable.

El presidente Obama sólo promete a Israel que le ayudará en caso de conflicto contra Irán, pero los israelíes serían los primeros en sufrir la amenaza. Es lógico que el primer ministro Netanyahu vea el acuerdo como insuficiente. El problema son las alternativas escasas.

6. Qué alternativas hay si Irán hace trampas. La diplomacia está para hacer trampa. Nada es sencillo. El régimen norcoreano es la prueba de que detener con medios pacíficos a un país que quiere la bomba es difícil. También llegaron a un acuerdo con la administración Clinton y ahora Kim Jong-un vive tranquilo con sus armas nucleares.

El director de la CIA, John Brennan, dice que han aprendido la lección y que serán capaces de detectar posibles trucos iraníes. Pero nada será automático. Como dice aquí el eterno Henry Kissinger, “idear modelos teóricos de inspección es una cosa. Obligar a su cumplimiento, semana a semana, a pesar de crisis internacionales en paralelo y distracciones internas, es otra”.

Si se firma un acuerdo definitivo y aceptable e Irán engaña, el reto de Estados Unidos será demostrar que la trampa es real, constante y malintencionada. La tarea de convencer a chinos y rusos sobre todo sería difícil.

El camino hasta una guerra sería por tanto largo. La garantía que el presidente Obama ofrece con el posible acuerdo en vigor a los detractores del acuerdo -republicanos e israelíes, sobre todo- es que si Irán no cumple habrá un año para actuar antes de que logren una bomba.

Obama ha prometido que Irán no lograría un arma nuclear “en mi mandato”. Está a punto de conseguirlo. Pero la patata caliente pasará al siguiente. Si además de evitar el arma, logra algún tipo de acercamiento con Teherán gracias a la confianza generada, sería con más motivo el mayor legado de su presidencia.

Las consecuencias de un deshielo son imprevisibles. Aún así, ¿aseguraría eso que Irán deja de tener pretensiones nucleares? Probablemente no. El único modo seguro de frenar la amenazas iraní es un cambio de régimen. No es un método sencillo: ya se ha visto cómo han terminado la guerra de Irak y la primavera árabe.

Se mire como se mire, las consecuencias de las negociaciones con Irán son extraordinarias.

Israel sueña con ser un país normal y otras 5 claves de las elecciones

BIBI

Este martes los israelíes están llamados a las urnas. Estas son unas claves para entender mejor el proceso y las alianzas que decidirán el futuro de Benjamin Netanyahu. 

BIBI
Dos operarios retiran un cartel de Benjamin Netanyahu. Detrás aparece uno de su rival laborista Isaac Herzog.

 

Este martes 17 de marzo hay elecciones en Israel. Éstas son seis claves para entender mejor el proceso y los posibles resultados.

1. Netanyahu, Netanyahu, Netanyahu.

Benjamin Netanyahu es el segundo primer ministro israelí con más años en el cargo. El primero fue el fundador del país, David Ben Gurion. Netanyahu lleva en el poder desde marzo de 2009 y estuvo otros tres años entre 1996 y 1999.

Su gestión -junto a la de Ariel Sharon- ha marcado el Israel del siglo XXI: el proceso de paz firmado en Oslo está casi extinguido, hay más colonos en los asentamientos, Irán es el gran enemigo y hay una economía más liberalizada que ahora crece menos y donde el sector tecnológico es la estrella.

Estas elecciones son un referéndum en el que los israelíes deben responder esta pregunta: ¿quieres que Netanyahu siga? La gran ventaja del primer ministro es que nadie le hace sombra. El suyo es probablemente el cargo de primer ministro más duro del mundo. Netanyahu se lo ha hecho a su medida. No hay en el horizonte nadie con su perfil. Está tan claro que el primer ministro se permite grabar anuncios de campaña así: Israel es su guardería.

En diciembre, cuando convocó estas elecciones, su victoria parecía un trámite. Hace una semana, también. Pero de repente, a días de las elecciones, hay alguna opción pequeña de que no siga.

2. Alternativa gris pero eficaz.

Si Netanyahu no repite, el primer ministro será Isaac Herzog, el líder laborista. Herzog es nieto del primer rabino jefe de Israel e hijo de un militar de éxito y ex presidente -que no primer ministro- de Israel. Herzog es abogado de un barrio rico. Parece más joven de lo que es y no es un orador con carisma.

He hablado por correo electrónico con un israelí que conoce a Herzog desde hace 20 años y que prefiere que no le nombre porque trabaja ahora para el gobierno. Lo describe así:

La mayoría de la gente acepta que Herzog es un estratega político astuto, un tipo que cumple lo que dice (ha sido varias veces un ministro eficaz y la mayoría de ministros no lo son). Es un buen tipo, pero no un matador (lo digo en un sentido metafórico, no como nuestros enemigos describen a menudo a nuestros líderes). ¿Se enfrentará a alguien realmente amenazante? No lo veo suficientemente duro para el cargo.

Herzog tiene una respuesta para esta presunta debilidad: Levi Eshkol. Eshkol fue el primer ministro que sucedió al padre de la patria, Ben Gurion, en los 60. Era dubitativo, pactista, pero ayudó a levantar el país con infraestructuras y visión. Fue el primer ministro de la exitosa pero caótica Guerra de los Seis Días. Hoy le llaman “el héroe olvidado”. Herzog puede intentar ser algo parecido. Un primer ministro que mire hacia dentro y procure ganar, a su pesar, si una guerra acecha.

Desde 1999 ningún laborista gobierna Israel. El último primer ministro del partido fue Ehud Barak. El laborismo mandó en Israel desde 1948 hasta 1977. Desde entonces, sólo dos laboristas han ganado elecciones: Barak y Rabin. Los dos habían sido generales. Uno firmó los acuerdos de Oslo y el otro intentó un segundo acuerdo de paz en Camp David y Taba.

Hay algo más que ayuda a Herzog en estas elecciones. Al inicio de la campaña se alió con Tzipi Livni, que ha sido ministra en casi todos los gobiernos desde 2001. Primero con el Likud (con Ariel Sharon de primer ministro) y luego con Kadima (el partido que creó Sharon al escindirse del Likud). La unión de Herzog y Livni se llama Unión Sionista.

Si ganan, Herzog y Livni se repartirán el cargo de primer ministro: primero dos años para Herzog y luego otros dos para Livni. El acuerdo es un favor mutuo. El Partido Laborista es un partido mayor que Hatnuá, la formación de Livni. Ella aporta un toque centrista a Herzog, aunque hace ya años que el laborismo no es un partido de izquierdas.

3. Lo más probable.

En los sondeos de la última semana, la Unión Sionista ha sacado una ligera ventaja al Likud de Netanyahu: 24 escaños a 20. Los dos partidos están lejos de la mayoría absoluta de 61 escaños pero es importante ser el primero con holgura para que el presidente, Reuven Rivlin, encargue al ganador la formación del gobierno.

Ésta es por ejemplo la última encuesta que publicó este viernes Channel 10. Ya no se pueden publicar más pero la tendencia reciente a favor de Herzog y Livni es evidente.

Cuando acaben las elecciones, empezarán los problemas. El panorama político de Israel es un mosaico de colorines. Si la Unión Sionista gana, es más difícil que forme gobierno porque tiene menos aliados naturales que Netanyahu. Aquí están todas las opciones bien explicadas. Éstas son las principales:

a) Hacia la izquierda. El único partido judío realmente de izquierdas es Meretz. Hay un partido comunista, Hadash, formado por árabes y judíos, que este año se integra en la Lista Árabe Unida (JAL). Los partidos árabes podrían ser este año la tercera fuerza en Israel. Sería un bombazo. Les dedico el punto siguiente. Si Herzog se uniera con Meretz, sumarían 29 escaños.

b) De centro. Hay un partido de centro-izquierda, Yesh Atid, y uno de centro-derecha, Kulanu. Los dos fueron creados hace poco y pueden aliarse con cualquiera de los dos favoritos. El primero está liderado por Yair Lapid, ex presentador de televisión, que en sus segundas elecciones sacará algo más de 10 escaños. Ahora tenía 19. Kulanu es un partido recién fundado. Su líder, Moshe Kahlon, fue ministro del Likud. Entre Kulanu y Yesh Atid suman 22 escaños en los sondeos. El centro más la izquierda llegarían a 51 escaños, lejos aún de los 61 de la mayoría absoluta. Sería una coalición rara porque Kulanu es aliado natural de Netanyahu, pero podría ser.

c) Hacia la derecha. El Likud de Netanyahu tiene a su derecha a Bayit Yehudi e Yisrael Beitenu. Entre los tres sacarían 37 escaños. Si se añadieran los 22 del centro, serían 59. Netanyahu está más cerca de formar una coalición sólida. Pero si su partido pierde con varios escaños de distancia, el presidente Rivlin estará obligado a pedir a Herzog que intente levantar una coalición. La decisión de Rivlin depende también de consultas con los líderes de todos los partidos. Herzog dispondría de dos meses para lograr un acuerdo y lo tendría difícil, pero no imposible.

d) Los ultraortodoxos. El comodín para cualquiera de los dos favoritos son los 19 escaños de los tres partidos ultraortodoxos. Eso si van juntos. Los ultraortodoxos tienen intereses propios de su comunidad, que son básicamente que les dejen en paz y les sigan pagando subsidios para estudiar religión y tener familias numerosas. 

Un partido es el gran enemigo de los ultraortodoxos: Yesh Atid. Su líder Lapid ha impulsado una reforma para que los ultraortodoxos estén obligados a ir al ejército. Si en 2017 se niegan, se les impondrán las mismas sanciones que a cualquier desertor: detención y posible cárcel. Es improbable por tanto que si Yesh Atid va con Herzog -como sería natural- los ultraortodoxos acepten entrar.

Para complicarlo aún más, Meretz no quiere compartir alianza con Yisrael Beitenu. Las negociaciones serán un billar con bolas de porcelana. Todas estas teorías surgen de sondeos. Israel es un país que suele dar alguna sorpresa en las elecciones. He hablado por teléfono con una consultora de opinión pública. No puede dar su nombre porque asesora durante la campaña a un partido. Una de las grandes preguntas es si la tendencia se mantendrá y Unión Sionista llegará a los 30 escaños. Eso le facilitaría una coalición. “Es muy muy difícil”, me ha dicho.

En resumen: Netanyahu perderá la elección pero tendrá más fácil formar gobierno. Aunque si la victoria de Herzog es contundente, una de sus virtudes -su habilidad para los pactos- puede acabar por echar a Netanyahu del poder.

Por si todo esto lío no bastara, el presidente puede pedir a Herzog y a Netanyahu que formen un gobierno de unidad nacional. Es improbable, pero es una opción real.

4. Árabes menos invisibles.

La mayoría de los ciudadanos de Israel son judíos. Pero hay un 20 por ciento de israelíes que son de origen árabe. Tienen representación en el Parlamento pero no participan en gobiernos ni en grandes decisiones. Aunque sí ha habido algún ministro árabe en partidos judíos.

Esta vez ha habido un cambio electoral. Yisrael Beitenu impulsó un cambio en el porcentaje mínimo de votos para entrar en el Parlamento. Su intención era dejar fuera a los pequeños partidos árabes. Se han coaligado para evitarlo. En una ironía increíble, ese nuevo límite electoral amenaza con dejar fuera del Parlamento al partido que lo impulsó, Ysrael Beitenu, cuyo líder Avigdor Liberman era ministro de Exteriores.

Los partidos árabes suelen aparecer poco en los medios y en las conversaciones. Los miembros de la coalición forzosa son cuatro: dos nacionalistas, un islamista y un comunista. Ahora su alianza puede ser la tercera fuerza del país. No sólo eso: su líder, Ayman Odeh, es distinto. Su discurso no es sólo propalestino. Su intención es incluso captar votos judíos de descontentos con el trato a los pobres: “Mientras nos peleamos sobre la definición de Israel como estado judío o un estado para todos sus ciudadanos, Israel no es ninguna de las dos cosas. Es el estado de los magnates que nos mandan a todos”, dice Odeh.

Amnon Vidan, director de responsabilidad social corporativa en una empresa en Haifa, me dice por email: “Hasta ahora Odeh ha dado una impresión positiva y se le ve como pragmático, razonable y dialogante”. Es una percepción extendida. Odeh tiene al menos dos misiones: hacer que los israelíes judíos les tengan en cuenta y mantener unida a su variopinta coalición. Ya han tenido conatos de peleas.

5. El conflicto seguirá ahí.

Si no hay violencia, el conflicto no se ve o se ve menos. Al sol, en un café de Tel Aviv, es fácil olvidar que el país ocupa militarmente una región a menos de cien kilómetros de allí. El proceso de paz es el asunto eterno en Israel y en el extranjero. Gane quien gane, lo seguirá siendo: cerca de un 60% de israelíes cree que no habrá ningún avance después de las elecciones.

Los temas difíciles para el acuerdo son los cuatro de siempre: seguridad -Cisjordania desmilitarizada o no-, frontera definitiva, división de Jerusalén y asentamientos. ¿Por qué es difícil un acuerdo? En Gaza había menos de 10.000 colonos cuando Sharon les ordenó en 2005 que abandonaran sus casas. Fue un drama nacional y hoy Hamás lanza cohetes desde Gaza. En Cisjordania hay 350.000 colonos sin contar Jerusalén este. El esfuerzo nacional para hacer que toda esa gente abandone sus casas es inimaginable.

Herzog ha preparado cinco gestos si gana las elecciones y forma gobierno. El único que tiene que ver con la Autoridad Palestina y el conflicto es el cuarto: “Iré a El Cairo para reunirme con el presidente Al Sisi y ver si puede hacer volver a Mahmud Abás al proceso de paz”. Si esa negociación mediada avanzara, debería lidiar con los asuntos más difíciles. Así explica Herzog cómo lo hará:

No habrá retirada [militar de Cisjordania] hasta que no haya alguien que asuma responsabilidad por el territorio. Así que si se demuestra imposible conseguir un acuerdo permanente, intentaré obtener un acuerdo interino basado en delinear la frontera y asegurar seguridad. Y entonces, si el momento debiera llegar de sacar los asentamientos, lo haré. Pero solo lo haré como lo hizo [el primer ministro del Likud Menachem] Begin: con acuerdo y después de dialogar con los mismos colonos.

Todo son frases con condiciones. Es palabrería. El conflicto podría entrar en otra fase, pero una solución final es soñar.

6. Ser un país normal.

Israel es un país obsesionado por su seguridad. Herzog sería un candidato ganador en muchos otros países. Pero en Israel no. El conflicto sería sólo una de sus prioridades en sus primeros días como primer ministro. Las otras cuatro serían: visitar la tumba de su padre para demostrar sus raíces y lealtad, aplicar un programa socioeconómico nacido de las protestas de 2011 (el 15-M israelí), ir a Washington a ver al presidente Obama e intentar volver a ser amigos (a pesar de Irán) y hacer algún gesto de reconciliación hacia la población árabe israelí. Este anuncio electoral de la Unión Sionista insiste en esa idea:

Entre esas medidas, solo hay propuestas positivas: no hay amenazas ni miedos ni líneas rojas. No hay tensión. Es lo contrario de lo que ocurre hoy. Israel ha probado el camino de Netanyahu y su partido, el Likud. ¿Sienten hoy los israelíes que viven en un país más seguro? Según las encuestas, parece que no del todo. Así lo explica David Yabo, un israelí de origen español desde Rishon Lezion, un suburbio de Tel Aviv: “La política de Netanyahu se basa en el miedo. Hace creer a la población que sólo él puede mantener a raya el terrorismo palestino y se equivoca. Atentados, aunque pequeños, se siguen sucediendo en el país y caminar según por qué barrios de Jerusalén y a según qué horas sigue siendo arriesgado”.

Esto es lo que dice al diario Haaretz el director de un concesionario: “Netanyahu no se preocupa ya por la gente normal. Lo que quiero es un país normal donde el primer ministro no hable solo de Irán y tenga en cuenta cosas normales como los precios altos y la vivienda”. Israel no es un país normal. Pero quizá se pueda vivir en esa ficción unos meses, unos años. Es probable que sea poco, como dice aquí el experto en seguridad Daniel Nisman:

Por un rato, por una campaña, Israel se centrará en los impuestos y el Estado del Bienestar, en la educación y en la inflación. Incluso el Likud ve que debería haberlo hecho más. Pero será por poco tiempo. En abril, la Autoridad Palestina llevará los asentamientos y la última guerra de Gaza a la Corte Penal Internacional de La Haya. Empezará un proceso largo que requerirá atención y debate. Aunque no haya violencia -o la violencia sea asumible- Israel no podrá esconder la cabeza durante mucho tiempo.