Un año después, ni rastro de los cabeza de lista en la Eurocámara

Pleno del Parlamento Europeo

Un año después de las elecciones europeas es prácticamente imposible encontrar en sus puestos a los candidatos que encabezaron las listas en España. La Eurocámara ha servido como primer eco de la convulsión del sistema político español. Sólo uno de los líderes de partidos que lograron más de dos diputados continúa al frente de su formación, y por poco tiempo. Se llama Pablo Iglesias.

Un año después de las elecciones europeas es prácticamente imposible encontrar en sus puestos a los candidatos que encabezaron las listas en España. La Eurocámara ha servido como primer eco de la convulsión del sistema político español. Sólo uno de los líderes de partidos que lograron más de dos diputados continúa al frente de su formación, y por poco tiempo. Se llama Pablo Iglesias.

Los cambios se asumen con naturalidad en los pasillos de Estrasburgo, donde conviven políticos en el inicio o el ocaso de su carrera junto a pesos pesados en horas bajas. La Eurocámara diluye en los trabajos del día a día las intrigas nacionales. Los pactos de toda naturaleza son habituales en el pleno de la institución, que esta semana celebra los 30 años de la firma del tratado por el que España selló su entrada en la Unión Europea.

Esta es la lista de cambios menos de 12 meses después de que comenzara la legislatura, que dura cinco años:

PP: Cañete a la Comisión. No sin intrigas (y cuñados atragantados), el cabeza de lista del PP se convirtió en comisario de Energía y Acción Climática, abandonando el liderazgo de los 16 diputados del partido. Le sucedió su número dos, Esteban González Pons, que asegura estar encantado con su desembarco europeo. Aunque suena para volver y ayudar a un PP en horas bajas, él se autodescarta. Por el momento.

PSOE: Valenciano, una diputada más. De ser la todopoderosa número dos del PSOE, Elena Valenciano pasó en poco tiempo a ser una diputada más. La derrota del PSOE (muy relativizada con el paso del tiempo) aceleró la marcha de Alfredo Pérez Rubalcaba. Pedro Sánchez escogió para liderar el PSOE en Bruselas a Iratxe García, otra veterana eurodiputada. Valenciano tardó en asumirlo, pero ahora disfruta dedicándose a la política exterior y a la presidencia de la comisión de derechos humanos.

IU: Willy Meyer no llegó ni a tomar posesión. En junio se descubrió que Willy Meyer, eurodiputado durante una década, había participado en un plan de pensiones privado gestionado por una SICAV en Luxemburgo. Se fue y lo sucedió Marina Albiol como jefa de unas filas donde también están Javier Couso, Paloma López y Ángela Vallina. En el grupo se vive la división del partido: Couso y Albiol tienen simpatías por Alberto Garzón, Vallina y López por la IU más tradicional.

Podemos: Tic-tac para la marcha de Pablo Iglesias. El líder de Podemos asiste regularmente a los plenos pero por poco tiempo, ya que con toda probabilidad será el cabeza de lista a las generales. Podemos tuvo cinco diputados: Carlos Jiménez Villarejo no volvió tras el verano. Teresa Rodríguez y Pablo Echenique se fueron para presentarse en Andalucía y Aragón. Sólo una de las iniciales resiste junto a Iglesias: Lola Sánchez.

UPyD: La marcha de Sosa Wagner y la implosión del partido. UPyD tuvo en Europa su primer foco de rebelión. El candidato, Francisco Sosa Wagner, abandonó su escaño criticando amargamente a Rosa Díez y la dirección. Después dejarían el grupo (no el escaño) dos de los cuatro miembros de la delegación, más próximos a Ciudadanos: Fernando Maura y el recién llegado Enrique Calvet. Resisten Beatriz Becerra y Maite Pagazaurtundua.

Ciudadanos y Esquerra Republicana mantiene a sus dos diputados. Los demás (PNV, Convergencia, Unió, Compromis-Equo, Bildu) vuelan por libre en diversas familias políticas europeas.

TTIP, nuevo tema estrella

Pleno del Parlamento Europeo

Esta semana, en el Parlamento Europeo, se celebraron los 30 años de la firma del tratado de adhesión que España firmó el 12 de junio de 1985 (entró el 1 de enero del 1986). Pero los eurodiputados tuvieron poco tiempo para celebrarlo, enfangados en una compleja refriega sobre el tratado de libre comercio entre EEUU y la UE conocido como TTIP.

No hay unanimidad entre los parlamentarios con los que EL ESPAÑOL ha podido hablar en Estrasburgo como parte de un grupo de periodistas invitados por la institución a seguir la sesión plenaria.

El texto, que se negocia en secreto, puede crear millones de empleos o destruirlos, relanzar la economía europea o convertirla en una colonia de Washington. Depende de a quién se pregunte. Otros diputados, según es posible constatar en la Eurocámara, no tienen claro que haya un informe realmente indicativo del impacto, que Bruselas cifra en el 0,5% del PIB europeo y en 400.000 empleos.

Por un lado está el Partido Popular Europeo, ardiente defensor de la alianza. Por otra, los partidos más a la izquierda de la cámara y la extrema derecha, que lo rechazan de plano. En medio, socialdemócratas y liberales pugnan por lograr un acuerdo sin ceder soberanía ni derechos. Los puntos más comprometidos son los derechos laborales, el respeto a las exigentes normas medioambientales europeas o el veto a los alimentos transgénicos vigente en varios países.

Por encima de todos esos escollos está la resolución de conflictos, especialmente cuando sea una empresa la que litigue contra un Estado. Las negociaciones, que transcurren a espaldas del Parlamento, entre EEUU y la Comisión Europea, plantean un tribunal de naturaleza privada que podría pisar a la Justicia y leyes de países europeos, algo considerado por la izquierda como un atentado a la democracia.

Aunque una mayoría de parlamentarios se oponen a este tribunal de conflictos, el conjunto del acuerdo genera múltiples controversias, por lo que la Eurocámara ha pospuesto la votación de su posición al menos hasta el mes que viene.

El Parlamento Europeo no es parte negociadora pero, una vez concluida la negociación, tiene el poder de tumbarlo en bloque. Por esa razón quiere fijar antes sus propias líneas rojas.