El Gobierno y los empresarios sacan la artillería para conquistar el mercado iraní

635767890971031632wTres ministros, casi 50 empresas y un viaje de tres días por Irán para hacer negocios. España buscará la semana que viene el cierre de contratos con sus empresas punteras en tecnología, turismo e infraestructuras.

Foto: EFE/Abedin Taherkenareh

EFE/Abedin Taherkenareh

Tres ministros, casi 50 empresas y un viaje de tres días. España quiere aprovechar las oportunidades que pueda ofrecer el mercado iraní tras el deshielo nuclear con una misión comercial, entre el 6 y el 8 de septiembre, en la que estarán algunos de los grandes nombres de las compañías del Ibex 35 y pesos pesados del Ejecutivo de Mariano Rajoy.

La delegación estará liderada por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, junto con sus homólogos de Industria, José Manuel Soria, y Fomento, Ana Pastor, según han confirmado los departamentos de Exteriores y Economía. Con ellos, acudirán entre 40 y 50 empresas españolas, tal y como han confirmado a EL ESPAÑOL fuentes empresariales y del Ministerio de Economía que han pedido permanecer en el anonimato. Se espera que durante la semana se sume alguna compañía más.

En la lista de invitados están firmas como ACS, OHL, Sacyr, Cepsa (propiedad de Ipic, el fondo petrolero del emirato de Abu Dabi), Repsol, Seat (filial de la alemana Volkswagen); Grupo Antolin, Hotusa, Isolux, Indra, CAF, Talgo o las empresas públicas Paradores e Ineco, según confirman dichas fuentes empresariales. Constructoras, compañías de automoción, petroleras, empresas turísticas y de infraestructuras quieren posicionarse y, al mismo tiempo, adelantarse a competidores en un país que supera los 80 millones de habitantes.

Ya hay quien ha mostrado sus cartas. Sólo unos días después de que las principales potencias mundiales e Irán alcanzasen el acuerdo sobre su programa nuclear, la agencia española de viajes online Destinia anunciaba su salto al país de los ayatolás, autoproclamándose como la primera empresa occidental del sector en penetrar el mercado iraní. “Para nosotros es, sin duda, de todos los países [de la región] el menos explotado y es una gran oportunidad, demográficamente también”, afirma Ricardo Fernández, responsable de expansión internacional de la compañía puntocom, que visitará Irán en los próximos días por el convite del Gobierno.

Una intensa agenda

Con este viaje, España se embarca en una carrera a contrarreloj por el mercado local con sus socios europeos, como Francia, Alemania e Italia, que ya han enviado representantes. Exteriores, sin embargo, se ha negado en dos ocasiones a conceder una entrevista formal a EL ESPAÑOL antes del viaje. Asimismo, el saliente embajador español en Teherán, Pedro Villena, -el día 16 será sustituido por Eduardo López Busquets, actual director de la Casa Árabe en Madrid- declinó dos peticiones de entrevista respecto a los intereses de España en suelo iraní.

José Manuel García-Margallo junto a su homólogo iraní, Mohammad Javad Zarif.

Los ministros llegarán el domingo por la noche para iniciar una rueda de reuniones con diversos cargos iraníes, según la mencionada fuente de Economía. La agenda será intensa: Soria se reunirá con los titulares iraníes de Petróleo, Energía e Industria y con el vicepresidente de Asuntos Turísticos. Pastor hablará con el titular de Desarrollo Urbano y Vivienda y la Alcaldía de Teherán. Y Margallo, que ya visitó Irán en marzo del año pasado, se reunirá con su equivalente iraní, así como con los presidentes del Consejo de Discernimiento y el Centro de Investigación Estratégica. Los tres representantes españoles se verán además con el presidente de la República de Irán, Hasán Ruhaní, y el presidente del Parlamento, Alí Lariyaní.

Que llegue una misión comercial con más de 40 grandes compañías no significa que las empresas españolas empiecen en Irán desde cero. Firmas textiles como Mango, Adolfo Domínguez o la tienda de trajes de novia Rosa Clará cuentan con establecimientos en el país. La ingeniería Ineco también dispone de una oficina comercial e Indra -participada en un 20,1% por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI)- se adjudicó en julio un contrato para implantar su tecnología de control en el túnel de la línea 2 del Metro de Mashad, la segunda mayor ciudad del país.

Detrás de la aún reducida presencia de capital español en Irán está, sobre todo, el veto a cualquier tipo de tecnología que tuviera doble uso nuclear y, además, otras dificultades añadidas que, hasta ahora, han restringido las relaciones comerciales. Por ejemplo, 15 bancos iraníes fueron expulsados en 2012 del sistema SWIFT -la red de información interbancaria que utilizan las entidades financieras- por presión de Occidente, lo que ha obstaculizado las transacciones económicas.

Repsol y Cepsa

En la delegación estarán también presentes dos empresas petroleras: Repsol y Cepsa. En su caso, se trata de un regreso, ya que importaban crudo iraní hasta 2012, cuando se bloquearon las exportaciones de petróleo y ambas compañías tuvieron que buscar alternativas en otros países. En 2011, sólo las importaciones de crudo iraní de Repsol alcanzaban los 65.000 barriles diarios, según datos de la agencia Reuters.

Más allá del petróleo, Irán necesita mejorar sus infraestructuras, sus telecomunicaciones y su industria automovilística. En este último sector, allí ya están presentes corporaciones europeas como Renault, PSA Peugeot-Citroën o Fiat. Se trata de una industria anquilosada en modelos que acumulan muchos años a sus espaldas, dados los problemas para importar componentes de automoción (que podrían haberse usado con fines militares) con los que producir los modelos más innovadores.

Antes de las sanciones, e incluyendo los productos petrolíferos, Italia y España eran los países europeos con mayores volúmenes de importación, 5.000 y 4.000 millones de euros respectivamente, según datos del Icex. En 2013, las importaciones españolas se situaron en 68 millones de euros y las exportaciones al país de los ayatolás alcanzaron los 314 millones, según el organismo público. Sin embargo, la situación actual de Irán no permite lanzar rápidamente las campanas al vuelo. El 45,3% de la población iraní tiene entre 25 y 54 años y su renta per cápita en 2014 fue de sólo 5.940 dólares.

El acuerdo para limitar el desarrollo nuclear iraní llegó el pasado junio tras un largo tira y afloja entre Occidente y la República persa alrededor del secretismo de su programa de enriquecimiento de uranio. Entre las principales sanciones destaca un embargo de petróleo por parte de la Unión Europea en 2012 que propulsó la salida de compañías como Repsol y Cepsa. Ahora las sanciones internacionales se levantarán progresivamente si Irán cumple los compromisos acordados en Ginebra. “Si bien no forma parte del Grupo 5+1, el papel de España para llegar a ese acuerdo ha sido significativo, en relación a su peso dentro de la Unión Europea”, dice Kristina Kausch, responsable del programa de Norte de África y Oriente Medio del think tank patrio FRIDE. “Mi sospecha sería que lo que esperan es que la caída de precios del petróleo también ayude a reanimar la economía y a acelerar la recuperación”.

El reverso tenebroso de la caída del petróleo

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Para el consumidor es bueno. Para el productor, malo. Esta simple interpretación emerge del abaratamiento de los precios energéticos y de las principales materias primas, pero sus efectos colaterales se multiplican. Hay un reverso tenebroso especialmente dañino. La caída del petróleo Brent (Europa) y del crudo West Texas (EEUU) supera el 50% interanual desde el verano pasado (de más de 100 a menos de 50 dólares el barril).

Para el consumidor es bueno. Para el productor, malo. Esta simple interpretación emerge del abaratamiento de los precios energéticos y de las principales materias primas, pero sus efectos colaterales se multiplican. Hay un reverso tenebroso especialmente dañino. Lo está siendo ya entre países emergentes y en los exportadores de petróleo. La caída del petróleo Brent, de referencia en Europa, y del crudo West Texas (EEUU) supera el 50% interanual desde el verano pasado (de más de 100 a menos de 50 dólares el barril).

El drástico movimiento y su velocidad tienen un precedente que hace temblar a más de uno. Fue en el verano de 2008, previo a la quiebra de los bancos de inversión Lehman Brothers y Merrill Lynch. La cotización de los barriles de referencia (Brent y WTI) marcó su máximo histórico hasta la cercanía de los 150 dólares por barril. Seis meses después, la brutal crisis financiera en curso llevó al petróleo por debajo de los 40 dólares o un 70% de descenso. Pese a la recuperación de principios de 2009, el crudo se movió durante el resto del año en una caída interanual superior al 50%, siempre según su cotización en dólares.

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Las causas de la actual crisis

Son varias las causas de la caída del petróleo, pero hay dos fuerzas que han impuesto la ley de la gravedad en este mercado manejado por grandes inversores financieros y, en menor medida, por las propias necesidades de la industria.

  • La primera y principal es la guerra desatada por Arabia Saudí contra el resto de productores advenedizos como Venezuela, Brasil, México o, incluso, Rusia. Son las grandes despensas del mundo con sus nuevos yacimientos, pero la necesidad de altos precios para rentabilizar su extracción les impide planificar e invertir en nuevas perforaciones. Considerados como los banqueros centrales del crudo, los Saud han impuesto su dictadura en los precios para frenar también al poderoso sector del ‘fracking’ en EEUU. El cierre de pozos no convencionales en el país ha sido una constante desde el pasado otoño. El número de perforaciones activas se ha reducido a la mitad, de 1.800 a menos de 900, según la firma especializada Baker Hughes.
  • El aumento de la producción en Irak o Irán -una vez que se levanten las restricciones a sus exportaciones- dibujan un nuevo mapa productor dominado por los países donde se extrae el petróleo a menor coste y que es de mayor calidad a la hora de conseguir derivados de valor añadido como gasolinas y otros combustibles.
  • La desaceleración económica de China -el mayor importador del mundo de materias primas- y las expectativas de alza en los tipos de interés se han dado la mano en las últimas semanas a la hora de destrozar cualquier posibilidad de rebote en los precios. “Las tensiones macroeconómicas siguen siendo el telón de fondo del escenario energético en 2015. A pesar de que la industria tenía la esperanza de una rápida recuperación de los precios, los ciclos anteriores nos dicen que el descenso en el primer año termina con los precios un 40% por debajo de su máximo, por eso esperamos una mejoría muy modesta en lo que resta de año”, explican los analistas del banco Citigroup en un informe.

Las consecuencias del ‘shock’

  • La parte positiva de un descenso generalizado en los precios del petróleo señala directamente al bolsillo del consumidor. En España se observa como el ahorro por echar gasolina o diesel al coche puede llegar hasta el 30% respecto al mismo periodo del año pasado y se estima que puede equivaler a más de 10.000 millones anuales.
  • El freno de las inversiones en tecnología petrolera es el efecto más inmediato de un descenso prolongado en los precios del crudo. Lo sufrirán las ingenierías especializadas (por ejemplo, Técnicas Reunidas) o fabricantes de materiales y productos ligados a nuevas instalaciones como las tuberías de acero (Tubacex).  Al otro lado de la balanza, la actual crisis petrolera acelerará los procesos de fusión y alianzas entre las grandes compañías del sector para sacar mayor partido de inversiones ya realizadas y reducir los costes sobre las que ya estén en explotación.
  • Quizá la consecuencia menos visible sea la progresiva entrada en recesión de los países productores más débiles como Brasil en Latinoamérica. También la menor entrada de ingresos petroleros en los países exportadores y el tijeretazo que sufrirá su capacidad de inversión en cualquier activo, pero sobre todo en deuda de los países desarrollados. De Noruega a México, pasando por Arabia Saudí, Catar o los Emiratos Árabes, los grandes fondos soberanos y fortunas basadas en los ‘petrodólares’ tendrán menos dinero para invertir. Visto desde el otro lado, los países europeos que tengan que emitir deuda nueva en 2015 (caso de España) tendrán un menor número de inversores a los que acudir.

Imagen: Flickr/Damian Gadal

El acuerdo Washington-Teheran: un triunfo para Obama

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Irán y Estados Unidos acaban de firmar el llamado “Acuerdo Nuclear”. ¿Por qué se ha firmado un acuerdo ahora? El principal giro hay que buscarlo no en Teherán, sino en Washington. Teniendo en cuenta los inmensos cambios que están desarrollándose más allá de Oriente Próximo es difícil que Estados Unidos pueda defender sus intereses en el mundo musulmán al mismo tiempo que se centra en el enfrentamiento con China, algo que inevitablemente hará si quiere defender su posición hegemónica.

Irán y Estados Unidos acaban de firmar el llamado “Acuerdo Nuclear”. La República Islámica no sólo tendrá más facilidad para continuar con su programa nuclear, sino que dejará de ser un Estado paria para reintegrarse, pese a todas las sospechas, en la sociedad internacional. Lo que queda por ver es cómo será el aterrizaje de Irán en ese mundo del que fue expulsado en 1979, y qué se puede esperar del país persa y de sus vecinos en este nuevo escenario.

¿Por qué se ha firmado un acuerdo ahora? El nombramiento de Rouhani como presidente de la República en verano de 2013 y su política de acercamiento a Occidente parece ser el detonante de la negociación. Sin embargo, en Irán el Presidente de la República es un cargo con un poder muy limitado (es el único líder del Poder Ejecutivo del mundo que no tiene mando sobre las Fuerzas Armadas, por ejemplo), y por lo tanto corresponde al Ayatolá Supremo definir la política del país, tanto a nivel interno como con el resto del mundo.

Tampoco es la primera vez que un clérigo aperturista llega a la Presidencia de Irán: Mohammed Khatami, Presidente de la República entre 1997 y 2005, fue un reformista que permitió inspecciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica y firmó un acuerdo con Francia, Alemania y el Reino Unido, el Acuerdo de París, en el que se comprometía a suspender el enriquecimiento de uranio. Pero no se llegó a más, ni se profundizó tanto como se ha profundizado ahora, pese a darse unas condiciones similares.

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Presidente Rouhani de Irán

¿Por qué ahora?

El principal giro hay que buscarlo no en Teherán, sino en Washington. Al margen de las diferencias entre Obama y Bush, los intereses geoestratégicos de Estados Unidos han cambiado enormemente en los últimos diez años, coincidiendo con dos fenómenos que no tienen nada que ver con Irán: el ascenso de China en el Pacífico, con el consecuente incremento de su agresividad, y el desmesurado crecimiento de la producción de petróleo estadounidense, que desde 2008 ha crecido un 70%. El primer fenómeno supone un desafío a la hegemonía estadounidense, el segundo acerca a Estados Unidos a la independencia energética y a una menor dependencia de Oriente Próximo.

¿Qué relación tiene esto con el Acuerdo Nuclear? Una nación como Estados Unidos tiene intereses en todas las partes del globo, y no puede permitir desentenderse de ninguna de ellas. Si los estadounidenses reducen el nivel de implicación en Oriente Próximo, deben dejar tras de sí un escenario en el cual se minimicen los eventuales riesgos asociados a un menor control directo.

La razón por la que Washington no puede dejar desatendida ninguna zona del mundo está incrustada en la lógica del poder geopolítico, y la expresa perfectamente Mearsheimer, uno de los pensadores más relevantes del ámbito de las Relaciones Internacionales y creador de la teoría del realismo ofensivo. Según Mearsheimer, ninguna nación puede gobernar el mundo por completo, dado que es imposible obtener tal grado de poder que permita la dominación mundial. No obstante, las naciones pueden ser los poderes hegemónicos en sus zonas de influencia geográficas o culturales, y por lo tanto pueden (y deben) intentar evitar que ninguna otra nación del globo adquiera en su propia zona de influencia un poder similar.

Aplicado a la realidad geopolítica de nuestro tiempo, Estados Unidos no domina, ni puede dominar, el planeta. Pero sí domina el continente americano y seguirá siendo la primera potencia mundial mientras impida que otra nación gobierne en su propia zona de influencia. La lógica para enfrentarse a la Alemania nazi y a la Unión Soviética era evitar que ningún poder gobernara Europa en solitario, y esta misma lógica es lo que le impulsa a enfrentarse a China: para limitar su eventual dominio de Asia.

Ahora que el suministro de petróleo empieza a ser un tema secundario, la presencia militar en el Oriente Próximo lo será también, por lo que Estados Unidos puede recurrir a una situación menos conflictiva, menos costosa y más segura para los intereses estadunidenses. El propio Mearsheimer defendió esta teoría en 2008 en relación precisamente con Oriente Próximo. Esta estratagema consiste en enfrentar a dos naciones de una misma zona geográfica de forma que el conflicto les desgaste y les impida convertirse en potencias hegemónicas.

La realidad geopolítica

Oriente Próximo y el mundo musulmán en general está dividido en dos bloques antagónicos: por un lado, el mundo suní liderado por Arabia Saudí y las Monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo. Por otro lado, el mundo chií liderado por la República Islámica de Irán. Cualquiera que conozca de cerca el mundo islámico sabe, y Estados Unidos lo sabe bien, que se odian entre sí más de lo que odian a los estadounidenses o incluso a Israel.

Estados Unidos sabe que si el acuerdo nuclear no se hubiese firmado es probable que a la larga el bloque suní hubiera acabado desbancando al chií. Las sanciones a Irán limitarían su capacidad, por lo que el bloque suní tendría las manos libres para incrementar su influencia de manera contraria a los intereses estadounidenses (como ya sucedió en 1973). Para forzar al bloque suní a centrarse en su amenaza más próxima, es inevitable dotar de mecanismos a su enemigo. El levantamiento de las sanciones fortalecerá la capacidad económica de Irán y con ello, su capacidad para sostener movimientos anti-suníes en Iraq, Yemen, Líbano o Siria, que puedan hacer frente a los movimientos anti-chiíes financiados directa o indirectamente por Arabia Saudí y el Golfo, como el Estado Islámico, Al Qaeda o el Frente Al-Nusra.

También es muy importante tener en cuenta que a los ojos de Arabia Saudí (e Israel), este acuerdo deja las manos libres a Irán para conseguir la bomba atómica, un escenario insoportable para los saudíes. Esto obligará a Arabia Saudí a elevar el gasto militar (previsiblemente cerrando acuerdos con empresas de armamento estadounidenses) y a entrar en una carrera armamentística que Irán se verá obligada a seguir, lo que creará un agujero negro económico en ambas naciones que limitará su capacidad de amenazar a Estados Unidos y que probablemente intentaría ser saneado de la forma más eficaz que tienen ambas naciones, que es con la venta de hidrocarburos… posiblemente a Estados Unidos.

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Negociación del pacto nuclear

Pero, ¿y si realmente Irán consiguiera la bomba atómica? Esto no es en absoluto un escenario indeseable para la Casa Blanca, ya que entonces Arabia Saudí también la obtendría (de hecho lleva tiempo buscando adquirirla a través de Pakistán). Y cuando dos enemigos acérrimos obtienen la bomba atómica, se produce lo que en Relaciones Internacionales se conoce como la “paradoja estabilidad-inestabilidad”. Esto significa que los conflictos directos se reducen drásticamente, mientras que los conflictos indirectos aumentan en la misma medida.

Por lo tanto si esta situación de estabilidad-inestabilidad se reprodujera en Oriente Medio entre el bloque suní y el chií esto sería una bendición para Estados Unidos, ya que el país norteamericano  podría olvidarse definitivamente de que ninguno de los dos bloques obtuviera suficiente poder como para dominar esta zona geográfica.

El estatus de Israel

El único cabo suelto que quedaría en este nuevo escenario es el estatus de Israel. Muchos medios y políticos israelíes han presentado este acuerdo como un paso que pone en grave riesgo la supervivencia de Israel. Sin embargo es poco probable que esto suceda, ni siquiera aunque Irán consiguiera la bomba atómica. Si Corea del Norte, un Estado regido por un Gobierno demencial y con una sociedad civil masacrada, no ha lanzado la bomba atómica, no hay motivos para pensar peor de Irán, un Estado con un Gobierno suficientemente sensato como para sentarse a negociar con Occidente y con una sociedad civil enérgica y vibrante.

En segundo lugar, el lanzamiento de una bomba atómica requiere de muchas negociaciones y muchos preparativos, por lo que es improbable que pasara inadvertido por el Mossad, la CIA y las demás agencias de inteligencia, que seguramente podrían neutralizar eficazmente el lanzamiento. Esto se aplicaría a cualquier nación que pretendiera usar armamento nuclear, llámese Irán, Pakistán, Francia… o el propio Israel.

La razón por la que el Estado Judío ha batallado tan ardientemente contra el Acuerdo Nuclear no es por una cuestión de supervivencia, sino de influencia. Israel es un Estado cuya supervivencia se fundamenta en tres pilares: una política de contención agresiva con sus vecinos, un Ejército y unos servicios de inteligencia extraordinariamente profesionales, y la existencia de un lobby capaz de ejercer una presión sustancial sobre las naciones occidentales y particularmente sobre Estados Unidos. La diferencia entre ambas naciones es que Estados Unidos puede permitirse olvidarse de Israel, pero Israel no puede permitirse que Estados Unidos le olvide. Apoyar a Israel era conveniente para los estadounidenses cuando tenían grandes intereses en Oriente Próximo, pero ahora que esos intereses empiezan a cuestionarse, es poco probable que Israel disponga de la misma influencia que ha tenido hasta ahora en la política exterior de la Casa Blanca.

Israel todavía está a tiempo de revertir esta situación si los políticos estadounidenses patrocinados por el lobby judío consiguen crear una oposición suficientemente fuerte al acuerdo nuclear. No sería la primera vez que Israel interviene decisivamente en la política exterior de Estados Unidos. Pero, si no lo lograra, quizá sí sería la última vez.

Teniendo en cuenta los inmensos cambios que están desarrollándose más allá de Oriente Próximo es difícil que Estados Unidos pueda defender sus intereses en el mundo musulmán al mismo tiempo que se centra en el enfrentamiento con China, algo que inevitablemente hará si quiere defender su posición hegemónica. Previsiblemente, el mundo experimentará una gran transformación en los próximos veinte años, pero quien más capacidad tendrá para determinar el impacto y el ritmo de estos cambios será Washington. En el modelo que han diseñado para Oriente Próximo, el gran perdedor será Arabia Saudí, que nunca debió haber provocado a la superpotencia en 1973. Irán será un vencedor relativo, mejorando su estatus aunque sea a costa de una mayor tensión, pero el vencedor indiscutible será la Casa Blanca que ahora habita Barack Obama.

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Francisco Rivas es abogado, experto en Relaciones Internacionales en Oriente Próximo y ha trabajado en la Embajada de España en Omán. También es escritor; su último libro es 1212: Las Navas.

La importancia del acuerdo nuclear con Irán en seis puntos

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Hace ya una semana que seis potencias con Estados Unidos al frente llegaron a un acuerdo con Irán sobre su programa nuclear. Desde entonces se analiza, discute, critica y elogia una y otra vez. El acuerdo tiene el potencial de cambiar la región; crear un conflicto grave con el gran aliado americano, Israel, o definir quién será el próximo presidente de Estados Unidos. Estos son los porqués:

1. Es muy importante, pero aún no es nada. El acuerdo del 2 de abril es solo un marco para seguir negociando. Los detalles no están cerrados. Es una declaración provisional, que no compromete a nadie. Pero a pesar de no ser nada concreto, ha generado miles de noticias y comentarios. Es una pequeña primera prueba de su importancia.

Los documentos han servido para avanzar y comprobar el ambiente. En un despliegue de sinceridad, el embajador francés en Estados Unidos ha dicho este viernes: “Mantengámonos frios. Cualquier negociación difícil va precedida de preparación de músculos y demandas. Esperemos las discusiones reales”.

Hace años que se negocia algún tipo de acuerdo. El embajador Araud llama calentamiento a lo que ha ocurrido hasta ahora. Es un consuelo que llegue la hora de la verdad. El plazo ahora para el acuerdo definitivo es el 30 de junio, pero podría retrasarse de nuevo.

2. Quién va ganando. Estados Unidos y sus aliados llevan ventaja. Irán defiende su derecho a tener un programa nuclear civil. Estados Unidos le acusa de camuflar un programa nuclear militar para lograr una bomba. Los países con armas nucleares son un club reducido: Rusia, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, China, Israel y Corea del Norte.

Para los países pequeños es sobre todo un arma defensiva, disuasoria. Si Corea del Norte es capaz de matar con un solo proyectil a cientos de miles de surcoreanos o japoneses, sus enemigos pensarán bien si quieren atacar o invadirles.

Irán aspira a la misma seguridad. Pero esa seguridad comprometería la de sus vecinos. En un momento de nervios y descontrol, una bomba nuclear puede ser el origen de una terrible reacción en cadena.

¿Cómo el mundo ha logrado por ahora detener el presunto avance iraní hacia una bomba? Con sanciones económicas. Estas medidas impulsadas por países concretos, por la Unión Europea y por Naciones Unidas hacen que las relaciones comerciales de Irán estén capadas.

Con menos ingresos por petróleo y con menos capacidad de participar en mercados internacionales, el país sufre. Tras años de economía de resistencia y con la elección de un presidente moderado, Hasan Rohani, Irán ha cambiado de rumbo. La CIA está segura de que el temor de un derrumbe económico -y por tanto del régimen- ha hecho que Irán se siente a negociar por su programa nuclear.

Las negociaciones serían un modo más seguro de salvar el régimen que una bomba. Al menos por ahora. Un analista iraní dice que Rohani quiere ser “el Deng Xiaoping iraní”, no el Gorbachev. Deng inició el cambio chino hacia el capitalismo para mantener el régimen. El problema de Rohani es que no tiene la última palabra. Las decisiones últimas en Irán son del ayatolá Jamenei.

Irán empezaba a negociar con desventaja y ha tenido que ceder. Todo esto es provisional, pero estas son las cuatro medidas más importantes que ha concedido: permitir inspecciones exhaustivas, enviar al extranjero casi todo su uranio enriquecido, detener y precintar dos tercios de centrifugadores que enriquecen uranio y transformar las centrales de Arak y Fordo.

3. Por qué Irán tiene suficiente. En una partida, si el pequeño logra salvar el tipo ya basta. Con no perder, Irán tiene suficiente. Los ayatolás se guardan al menos tres recursos: el acuerdo es para diez años, con lo que pueden esperar y ver; podrán seguir investigando sobre energía nuclear, y nada va a destruirse.

En una entrevista a la radio NPR, Obama dijo: “Lo que es un temor más relevante es que en los años 13, 14, 15 [después del inicio del acuerdo], ellos tienen centrifugadores avanzados que pueden enriquecer uranio bastante rápido, y en ese punto los tiempos para lograr uranio suficiente para una bomba pueden disminuir hasta cero”.

Obama está admitiendo que una vez caduque su acuerdo, la bomba podría ser cuestión de semanas. Es poco esperanzador para la comunidad internacional.

4. Los flecos son largos. Si hubiera que resumir el acuerdo en los dos puntos esenciales serían estos: inspecciones y sanciones. Estados Unidos y sus aliados quieren que Irán permita todo tipo de inspección intrusiva, tanto en bases militares como en centros de producción de armas de largo alcance.

Irán quiere que las sanciones desaparezcan el primer día tras la firma del acuerdo. Estados Unidos quiere que su retirada sea progresiva según Irán vaya cumpliendo sus obligaciones. Una vez anuladas, sería muy difícil volver a activar las sanciones. Las sanciones más eficaces son las multilaterales -Naciones Unidas y Unión Europea- porque afectan a más países. Si se derogan, Rusia o China pueden vetar su nueva puesta en marcha.

5. Por qué Israel se sigue quejando. Hay dos motivos sencillos por los que Israel tiene más interés en este acuerdo: la amenaza persistente iraní de destruirlo y la geografía. Israel tiene a norte y sur el Líbano y Gaza. Las bandas Hezbolá y Hamás viven de financiación iraní. Si llegaran a tener material radioactivo, su capacidad se multiplicaría de modo inimaginable.

El presidente Obama sólo promete a Israel que le ayudará en caso de conflicto contra Irán, pero los israelíes serían los primeros en sufrir la amenaza. Es lógico que el primer ministro Netanyahu vea el acuerdo como insuficiente. El problema son las alternativas escasas.

6. Qué alternativas hay si Irán hace trampas. La diplomacia está para hacer trampa. Nada es sencillo. El régimen norcoreano es la prueba de que detener con medios pacíficos a un país que quiere la bomba es difícil. También llegaron a un acuerdo con la administración Clinton y ahora Kim Jong-un vive tranquilo con sus armas nucleares.

El director de la CIA, John Brennan, dice que han aprendido la lección y que serán capaces de detectar posibles trucos iraníes. Pero nada será automático. Como dice aquí el eterno Henry Kissinger, “idear modelos teóricos de inspección es una cosa. Obligar a su cumplimiento, semana a semana, a pesar de crisis internacionales en paralelo y distracciones internas, es otra”.

Si se firma un acuerdo definitivo y aceptable e Irán engaña, el reto de Estados Unidos será demostrar que la trampa es real, constante y malintencionada. La tarea de convencer a chinos y rusos sobre todo sería difícil.

El camino hasta una guerra sería por tanto largo. La garantía que el presidente Obama ofrece con el posible acuerdo en vigor a los detractores del acuerdo -republicanos e israelíes, sobre todo- es que si Irán no cumple habrá un año para actuar antes de que logren una bomba.

Obama ha prometido que Irán no lograría un arma nuclear “en mi mandato”. Está a punto de conseguirlo. Pero la patata caliente pasará al siguiente. Si además de evitar el arma, logra algún tipo de acercamiento con Teherán gracias a la confianza generada, sería con más motivo el mayor legado de su presidencia.

Las consecuencias de un deshielo son imprevisibles. Aún así, ¿aseguraría eso que Irán deja de tener pretensiones nucleares? Probablemente no. El único modo seguro de frenar la amenazas iraní es un cambio de régimen. No es un método sencillo: ya se ha visto cómo han terminado la guerra de Irak y la primavera árabe.

Se mire como se mire, las consecuencias de las negociaciones con Irán son extraordinarias.