Diez medidas europeas para atajar la crisis de los refugiados

“Ha llegado la hora de adoptar medidas para gestionar la crisis de los refugiados”, dijo el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en el discurso sobre el Estado de la Unión el 9 de septiembre. Se trata de habilitar medidas legales y seguras que eviten las travesías mortales a las que se arriesgan las personas que huyen de la guerra, la persecución, la pobreza y el caos.

1.  “Hacen falta normas obligatorias y competencias distribuidas”

El asilo es un derecho fundamental y su concesión una obligación internacional con arreglo a la Convención de Ginebra de 1951. Desde 1999, la Unión Europea trabaja en la creación de un Sistema Europeo Común de Asilo para establecer un espacio de protección y solidaridad compartido, basado en un procedimiento y un estatuto uniforme para estas personas en peligro.

“Estamos legislando, pero hay que aplicar en su totalidad estas normas, algo que no está sucediendo”, lamenta Juncker. Sólo cinco estados miembros aplican correctamente la legislación comunitaria en materia de asilo. Ninguno es España. Hasta el momento hay setenta y cinco procedimientos de infracción abiertos por este motivo.

“Los estándares mínimos están regulados, pero no están funcionando porque cada estado miembro aplica un sistema de asilo distinto”, asegura la portavoz del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), María Jesús Vega. Uno de los procedimientos abiertos contra España es por no adaptar la Directiva que armoniza criterios básicos como los que determinan quién debe ser considerado refugiado y, por tanto, ser protegido.

“Europa tiene que llegar a un acuerdo para poner en práctica una política común. Tienen que establecerla ya, con normas obligatorias y competencias distribuidas”, concluye Fernando Mariño, catedrático de Derecho Internacional Público en la Universidad Carlos III de Madrid.

2.  “Habilitar las embajadas para acelerar los trámites de asilo”

La acogida en las embajadas es posible. Implica otorgar asilo de facto, como ocurre con el caso de Julian Assange, fundador de Wikileaks, en la embajada de Ecuador en Londres. Cuestión distinta es la capacidad, o incapacidad, de embajadas y consulados para acoger a un gran número de personas, como serían todos los sirios que huyen de la guerra.

Los embajadores no tienen competencia para conceder asilo. “En la práctica no están concediendo un pasaporte que les permita llegar a un país seguro para solicitar asilo. Les dicen: nosotros no se lo podemos dar, pero vamos a enviar su petición a la capital y ahí van a estudiar su caso”, explica Fernando Mariño, miembro del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas.

Ante el retraso en la respuesta, el silencio o la negativa, muchas personas deciden alcanzar por su cuenta, o recurriendo a los traficantes de personas, las fronteras europeas.

Aunque algunas normas dejen abiertos pequeños resquicios, en la práctica estas personas sólo pueden solicitar asilo si llegan a la frontera del país Europeo en cuestión, lo cual se desprende del artículo 3 del Convenio de Dublín.

Sólo pueden pedir ayuda en las embajadas localizadas en terceros países de los que no sean nacionales, según el artículo 38 de la Ley de Asilo española. Así, los sirios, para pedir asilo en España, tendrían que trasladarse a otro país donde haya representación española. No pueden solicitarlo en Damasco.

Fernando Mariño cree que la situación podría mejorar si se estableciesen en el extranjero embajadas específicas ad hoc, delegaciones u oficinas de la Unión Europea en los países en conflicto que se encargasen de las solicitudes directamente: “Si se pusieran de acuerdo, podrían habilitar las embajadas para acelerar los trámites de asilo y tomar todas las medidas necesarias para proteger a estas personas”.

“De ese modo, estas personas vendrían al continente europeo con su solicitud de asilo ya hecha y no se arriesgarían a todo lo que estamos viendo”, apoya José Javier Sánchez Espinosa, director de inclusión social en Cruz Roja.

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Una niña sostiene una flor tras ser detenida por cruzar de forma ilegal la frontera húngara./ Dado Ruvic/ Reuters
3. “Si tuvieran un visado se podrían pagar un vuelo a Europa”

Para viajar a un país europeo legalmente, necesitan un pasaporte y un visado.

En estos momentos, las embajadas ofrecen un visado común para todos, sin diferenciar en función de las circunstancias personales de cada uno. Sánchez Espinosa explica que éste “exige acreditar recursos económicos, demostrar que tienes intención de volver a tu país, mostrar billete de ida y vuelta, tener un seguro médico”. Unos requisitos que ningún asilado puede probar, partiendo de que estas personas no pueden volver a su país sin arriesgar su vida, su integridad física o moral. “Por eso, cuando estas personas solicitan un visado normal, se les deniega”, concluye Cruz Roja.

En busca de una protección más amplia, se proponen los visados por razones humanitarias. Este permiso se concedería siempre que exista un conflicto armado (como el de Siria) o un peligro grave para la seguridad (las amenazas del Estado Islámico), sin necesidad de demostrar que existe un riesgo específico y personal (como la muerte). Este visado les permitiría llegar a nuestro país, o a suelo europeo, de forma legal. Una vez aquí, solicitar asilo.

Pero lo que está ocurriendo es lo contrario, explica Sánchez Espinosa: “Están obligados a entrar de forma irregular. Están pagando un precio muy alto a los traficantes de personas, cuando, con ese dinero, si tuvieran un visado, se podrían pagar un vuelo a Europa”.

4.     “No romper la unión familiar es un principio de humanidad”

A las mesas de ACNUR se acercan unos padres que tienen a sus hijas, ambas menores de diez años, solas en Jordania. A ellos no les dejan moverse. No pueden reunirse. También un hermano que, por haber cumplido dieciocho años, no puede estar con su familia.

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Una niña juega con su muñeca cerca de la frontera entre Serbia y Hungría./ Stoyan Nenov/ Reuters

La portavoz de la agencia de la ONU para los refugiados, María Jesús Vega, apuesta por una reunificación flexible y ágil.

Flexible.

Reformando el Convenio de Dublín, el cual establece que el solicitante está obligado a tramitar su asilo en el primer país europeo que pisa, aunque no quiera quedarse en él. Esto da lugar a devoluciones muchos años después: “El país en el que te asientas, que sabe que has pasado por uno anterior, te devuelve al primero. Hay refugiados establecidos en un país junto a decenas de familiares durante más de diez años, que trabajan, que tienen casa, y que son devueltos al primer país por el que pasaron, donde ni ahora ni nunca tuvieron absolutamente nada ni a nadie”.

Ágil.

“No puedo esperar tres años a que venga mi mujer y mi hijo porque para entonces puede que estén muertos por una bomba en Siria, o puede que a mi hija la hayan dado en matrimonio para dar de comer al resto de la familia si está en Jordania o en Líbano”, continúa la responsable de ACNUR.

Para Fernando Mariño este es un factor determinante, sobre todo si se trata de niños pequeños o mujeres embarazadas: “No romper la unión familiar es un principio de humanidad”.

5.      “Acogerlos con los brazos abiertos”

La Comisión Europea propuso en un principio establecer un mecanismo permanente de reubicación y fijar cuotas de reparto obligatorias por países. En este punto hay que diferenciar entre reubicación y reasentamiento. Reubicar es trasladar hasta un país de la Unión Europea a aquellas personas que ya están dentro de la Unión. A refugiados que ya han llegado y que se encuentran en los principales países de entrada a Europa.

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Niñas sirias dan clase en un colegio de Unicef en el campamento de Jordania./ Muhammad Hamed/ Reuters

Son las 160.000 personas a las que los estados miembros deben “recoger con los brazos abiertos”, dijo Juncker. Los 120.000 de Grecia, Hungría e Italia, y los 40.000 más que ya solicitaron protección en mayo y cuya reubicación fue aprobada el 14 de septiembre.

Una mayoría cualificada ha llegado también a un acuerdo para el reparto en dos años de los 120.000. Un acuerdo al que se oponen Hungría, Rumanía, República Checa y Eslovaquia. Éstos no están dispuestos a cumplir con lo adoptado y recurrirán la decisión.

Ya hay acuerdo también para los 120.000, aunque con el voto en contra de Hungría, Rumanía, República Checa y Eslovaquia. El primer año se trasladará a 66.000 personas procedentes de los centros de acogida de Grecia (50.400) e Italia (15.600). En un segundo año se reubicarán las 54.000 restantes.

El Alto Comisionado de la ONU advierte de que las 120.000 personas sólo equivalen al número de refugiados que llegan a Europa en veinte días. Nuria Díaz, portavoz de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), insiste en la necesidad de que éste sea un mecanismo permanente, y no puntual, para evitar “discusiones eternas cada vez que nos encontremos con esta situación en nuestras fronteras mientras al otro lado haya vidas humanas en riesgo”.

6.     “No se trata de números en una tabla de excel”

“Estas personas tienen que ser escuchadas. No se puede hacer una tabla de excel y enviar a unas personas para un lado y a otras para el otro sin ningún criterio”, señala la jefa de misión de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), María Jesús Herrera, quien apuesta por que sean organizaciones como la suya quienes identifiquen y determinen quiénes son los más vulnerables y a dónde deben ir.

¿Quiénes van a ser estas personas a distribuir en el seno de la Unión?, se pregunta ACNUR. “Si se encarga la UE, probablemente, por agilizar los trámites, se va a tratar de aquellas personas cuya nacionalidad goza de un alto reconocimiento en todos los países miembros y sobre las que existe consenso sobre su estatuto de refugiado: los eritreos, los sirios y los afganos. Los chechenos, por ejemplo, no tienen el mismo reconocimiento”, adelanta María Jesús Vega.

CEAR defiende que el reparto del número de refugiados se debe basar en la solidaridad de todos los estados por igual. Entiende que se puedan tener en cuenta una serie de criterios como la riqueza o los ingresos de un determinado país, pero insiste en que la única manera de homogeneizar el mapa consiste en trabajar para que “en todos los estados, las acogidas sean dignas, porque se les haya dotado de los medios necesarios y de reconocimientos parecidos”, reclama Nuria Díaz.

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Unos refugiados consultan un mapa al llegar a una estación de tren en Suecia./ Ola Torkelsson/ Reuters
7.     “Estamos hablando de personas y de realidades diferentes”

La OIM considera que es fundamental realizar un registro, una identificación y un análisis de las circunstancias de cada una de estas personas. Cree que es el único modo de dar garantías al proceso.

“Estamos hablando de personas y de realidades diferentes”, indica María Jesús Herrera. “Son muchas en números globales, pero dentro de Europa no son tantas: podemos permitirnos realizar una aproximación más directa de estas personas, seres humanos, víctimas de conflictos”.

ACNUR también cree que las medidas a desarrollar sólo serán exitosas si sabemos exactamente “quiénes están entrando y qué perfiles tienen” para lo que “tiene que haber una movilización de la Oficina de Asilo Europea, las agencias europeas de inmigración y de protección civil. La dimensión del fenómeno lo requiere”.

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Una joven siria a su llegada a la isla griega de Lebos./ Alkis Konstantinidis/Reuters
8.  “El 86% de los refugiados está en los países más pobres”

A diferencia de la reubicación, las tareas de reasentamiento pretenden trasladar a las personas refugiadas en terceros países fuera de la Unión Europea, y en los cuales no pueden permanecer por problemas de seguridad, escasez de recursos o porque necesitan atención psicosocial o un tratamiento básico que no existe. Y es que, según CEAR, “el 86% de los refugiados se encuentran en los países más pobres del planeta”.

Estos casos suelen ser detectados por ACNUR, quien propone su reasentamiento: “Hay 60 millones de personas en el mundo desplazadas por conflicto. No estamos pidiendo reasentamiento para todas, estamos hablando de una pequeña parte de esa población”.

Tal y como ha recordado Juncker, “en Líbano, los refugiados suponen el 25% de la población en un país que sólo posee un quinto de la riqueza de la que disfrutamos en Europa”. Las 160.000 personas que necesitan ayuda europea sólo representan el 0,11%.

9.     “Tener en cuenta la voluntad de regreso”

El presidente de la Comisión Europea ha defendido la creación de una lista de países seguros como una medida que aceleraría los procedimientos de asilo “al determinar cuántos pueden volver a sus países”. “Sería una simplificación del procedimiento, que en ningún caso elimina el derecho fundamental de los solicitantes de asilo”.

La responsable de la OIM, María Jesús Herrera, interpreta la propuesta en positivo: “Es bueno tener en cuenta la voluntad de estas personas, que pueden querer regresar a su país si la situación lo permite”.

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Dos niños se asoman a una valla en el campo de tránsito de Gevgelija, Macedonia. Ognen Teofilovski/ Reuters

La lista de Juncker también pretende “dar prioridad a aquellos que están huyendo de países más peligrosos, como Siria”. Ante eso, Herrera apuesta por el criterio de la vulnerabilidad: “podemos aceptar que en determinadas circunstancias haya colectivos considerados más vulnerables: los menores no acompañados, los enfermos, las víctimas de trata… o los ciudadanos sirios; lo importante es que esto no vaya nunca en perjuicio del resto”.

10.   “Pedir asilo no puede ser como jugar a la lotería”

Aunque, como ya hemos repetido, existe una regulación común europea, la política migratoria es competencia de cada uno de los estados miembros. Si no se alcanza un acuerdo comunitario, cada uno aplica su sistema y toma sus decisiones.

“Es necesario que pedir asilo no sea una lotería”, dice la portavoz de CEAR, Nuria Díaz. Hoy no es lo mismo pedir asilo en España que en Alemania, donde el reconocimiento es mayor. Esto ocurre en los veintiocho estados, que no se ponen de acuerdo sobre quién se considera refugiado, las condiciones de acogida, los plazos de resolución, “lo cual demuestra la dirección en la que debemos seguir trabajando: en hacer realidad un sistema común europeo de asilo”.

Además, “las medidas que cada país tome de forma individual sólo agravarán el problema”, completa ACNUR, que se muestra especialmente preocupada por las reformas de Hungría, con leyes que permiten al Ejército emplear pelotas de goma y gas lacrimógeno contra los migrantes y que prevén penas de entre tres y cinco años de cárcel por cruzar de forma ilegal sus fronteras, en las que ha levantado alambradas con cuchillas.

“Ha llegado la hora de adoptar medidas para gestionar la crisis de los refugiados”, dijo el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, el 9 de septiembre. Se trata de habilitar medidas legales y seguras que eviten las travesías mortales a las que se arriesgan las personas que huyen de la guerra, la persecución, la pobreza y el caos.

En la imagen, un niño hace la señal de victoria al llegar a un centro de atención para refugiados en Bruselas. Yves Herman/ Reuters

Hungría decreta el estado de emergencia por la crisis de refugiados

El Gobierno de Hungría ha decretado este martes el estado de emergencia en dos provincias lindantes con Serbia para afrontar la crisis de refugiados.

En la imagen, un padre y su hijo este martes cerca de Asotthalom, en la frontera servo-húngara. REUTERS / Laszlo Balogh

Un padre y su hijo este martes en Asotthalom, en la frontera servo-húngara. REUTERS / Laszlo Balogh

El Gobierno de Hungría ha decretado este martes el estado de emergencia en dos provincias lindantes con Serbia para afrontar la crisis de refugiados.

La probabilidad de que las autoridades locales declarasen el estado de crisis había sido adelantada en la mañana del martes por la embajadora húngara en España, Enikő Győri, en un desayuno con la prensa madrileña. Győri ha explicado que el Ejército húngaro se desplazará a la frontera para controlar el flujo migratorio, pero “los soldados no estarán autorizados a usar armas de fuego”.

Este martes entra en vigor una nueva legislación en el país centroeuropeo que puede enviar a los migrantes a prisión por hasta cinco años. Desde esta madrugada, todo el que cruce la valla levantada por Hungría en su frontera con Serbia sin pasar por los controles fronterizos habilitados, dañe la valla o impida su construcción (una valla más alta que la acabada continúa en construcción), puede acabar entre 3 y 5 años en la cárcel. Unas placas en la valla avisarán de esta posible pena. Por lo demás, el Gobierno húngaro deja en manos de la tecnología que la información llegue a tiempo a los nuevos refugiados. “La mayoría de los migrantes están muy bien equipados de móviles. Además, muchos tienen líderes de grupos que dictan a los demás qué hacer”, ha defendido Győri. La embajadora asegura que todo el que se declare refugiado al pasar un control fronterizo y solicite asilo entrará automáticamente en el proceso para obtener protección.

“La prioridad máxima es el control, la protección de las fronteras exteriores, no sólo porque estemos obsesionados con eso, sino porque (…) lo que hacemos nosotros es respetar y hacer respetar las leyes internacionales”, ha asegurado. Las acciones de Hungría frente a la llegada masiva de refugiados han despertado fuertes críticas entre la comunidad internacional en las últimas semanas. Győri, sin embargo, ha defendido que no es justo que se critique a un país miembro por cumplir con la legislación europea, que obliga a los Estados a controlar sus fronteras exteriores. “Recibo cada día más y más cartas diciendo que soy personalmente una sinvergüenza y mi primer ministro más, que toda Hungría es racista”, ha dicho la diplomática. “Pero también recibo cartas de aprecio”.

La embajadora aboga por una solución comunitaria a la crisis de refugiados que sea sostenible y efectiva. Respecto a las cuotas de acogida propuestas por la Comisión Europea, Győri ha afirmado que se llegará a ellas siempre que se estabilicen las fronteras y se controle el flujo de entrada de refugiados. También ha afirmado que es vital diferenciar entre refugiados, que se han visto forzados a abandonar sus hogares, y migrantes, que buscan mejores condiciones de vida, y controlar quién entra en Europa.

Casi 200.000 personas han llegado a Hungría en lo que va de año. El país ha recibido más de 170.000 solicitudes de asilo, de las que un 17% han sido aprobadas -frente al año pasado, que se aprobó el 9%. La embajadora en España ha indicado que muchos desaparecen durante el proceso y no se puede completar su solicitud. Sirios, afganos y kosovares son los principales solicitantes de protección internacional.

Triunfa la Europa de la fortaleza frente a la crisis de los refugiados

A Hungarian policeman looks at migrants, as they wait to enter Hungary near the village of Horgos, Serbia, September 14, 2015. Hungary has closed off a railway track used by tens of thousands of migrants to enter the European Union on foot, launching a crackdown promised by the right-wing government to tackle Europe's worst refugee crisis in two decades.  REUTERS/Marko Djurica

La UE ha vuelto a cambiar el rumbo en su respuesta a la crisis de refugiados. La prioridad ya no es el reparto entre los estados miembros de los demandantes de asilo, que volvió a fracasar este lunes en la reunión extraordinaria debido al bloqueo de los países del este, sino reforzar las fronteras exteriores y acelerar las repatriaciones de inmigrantes irregulares. España acogerá, en total, 35.000 refugiados este año.

Foto: REUTERS / Marko Djurica

 

Un policía húngaro vigila, este lunes, la llegada de refugiados en la frontera de su país con Serbia. REUTERS / Marko Djurica

La Unión Europea ha vuelto a cambiar el rumbo en su respuesta a la crisis de refugiados. La prioridad ahora ya no es el reparto entre los estados miembros de los demandantes de asilo, que volvió a fracasar en la reunión extraordinaria de ministros del Interior celebrada este lunes debido al bloqueo de los países del este, sino reforzar las fronteras exteriores y acelerar las repatriaciones de inmigrantes irregulares. La UE quiere además que Italia y Grecia pongan en marcha cuanto antes centros de registro en los que los refugiados podrían quedar retenidos a la espera de ser identificados.

El volantazo lo ha vuelto a marcar Alemania con su decisión de reintroducir el 13 de septiembre los controles fronterizos con Austria tras varias semanas dejando entrar a los refugiados. Es la primera vez que se cierran las fronteras en la UE por motivos migratorios desde la puesta en marcha del espacio Schengen en 1995. Le ha seguido la propia Austria y otros países como República Checa, Eslovaquia y Holanda reforzarán los controles. El ministro de Asilo e Inmigración belga, Theo Francken, ha avisado de un “efecto dominó” que podría poner en riesgo la libre circulación de personas, una de las principales conquistas de la UE.

Los 28 estados miembros coinciden en que “es imperativo un control fronterizo eficaz para la gestión de los flujos migratorios”, según figura en las conclusiones adoptadas por la presidencia luxemburguesa de la UE tras la reunión del lunes. “Francia y Alemania consideran que no se puede garantizar la sostenibilidad en la acogida de refugiados sin un dispositivo organizado, poderoso y eficaz de control de las fronteras exteriores de la UE”, ha subrayado el ministro del Interior francés, Bernard Cazeneuve. Para ello, los estados miembros quieren reforzar la Agencia Europea de Protección de Fronteras (Frontex) y encomendarle la tarea de “organizar la repatriación a los países de origen de los inmigrantes económicos irregulares”.

“Decir que se cierran las fronteras y se deja a todo el mundo fuera es poco realista, populista y simplemente imposible. Decir que se abren las fronteras y se deja entrar a todo el mundo tampoco es realista porque dañaría seriamente el modelo social europeo”, ha admitido el vicepresidente primero de la Comisión, Frans Timmermans.

Centros de retención de inmigrantes en Italia y Grecia

Italia y Grecia deberán montar de inmediato en sus territorios centros de registro de inmigrantes (‘hot spots’, en la jerga comunitaria), cuya función será identificar, registrar y tomar las huellas dactilares de las personas que llegan. Se trata de diferenciar entre los que necesitan protección internacional y los inmigrantes económicos, que serán repatriados a sus países de origen. En estos campos de registro se aplicarán “medidas de detención” a los refugiados si es necesario, señalan explícitamente las conclusiones.

“Un mecanismo de solidaridad permanente no puede ponerse en marcha hasta que se creen los centros de registro”, ha avisado el ministro del Interior francés. París y Berlín reclaman además destinar fondos comunitarios a los campos de Turquía, Jordania y Líbano con el fin de que los refugiados se queden allí y no traten de llegar a territorio europeo.

De hecho, los ministros aspiran a poner en marcha nuevos centros de refugiados en los países de tránsito, por ejemplo en África, para evitar que estas personas viajen a Europa. “Se debe empezar a aplicar una estrategia a medio plazo basada en este enfoque integrado, con el objetivo de desarrollar capacidades de recepción seguras y sostenibles en las regiones afectadas y proporcionando perspectivas duraderas y procedimientos adecuados para los refugiados y sus familias hasta que sea posible el retorno a su país de origen”, señalan las conclusiones.

División entre este y oeste

Si la crisis del euro agravó las divisiones entre la Europa del sur y la del norte, la de los refugiados ha mostrado una nueva fractura entre el este y el oeste. Los ministros del Interior de la UE han fracasado este lunes en su intento de repartir a 120.000 demandantes de asilo llegados a Grecia, Italia y Hungría, tal y como había propuesto la Comisión Europea. República Checa, Eslovaquia, Polonia, Letonia, Rumanía y la propia Hungría han sido los países que han bloqueado el plan de Bruselas, según han desvelado dos fuentes diplomáticas a EL ESPAÑOL. “Es verdad que el mensaje que se lanza a la opinión pública europea no es el que desearíamos”, ha admitido el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, al término de esta nueva reunión fallida.

“Las cuotas no resuelven el problema”, alegaba el ministro del Interior eslovaco, Robert Kalinak. En su opinión, los demandantes de asilo “no quieren quedarse” en Eslovaquia, Hungría o ni siquiera en Austria y “no se les puede obligar a la fuerza”. “Al cabo de dos días sabemos que se irán a Alemania o Suecia”, ha dicho. Los países del este culpan a Berlín de haber desencadenado la última oleada de refugiados al anunciar que aceptaría a todos los demandantes de asilo sirios que llegaran a su territorio. Y apuestan por el cierre de fronteras. El caso más extremo es el de Hungría, que ha construido una valla en su frontera con Serbia y rechaza incluso ser beneficiaria del plan de Bruselas. Y es que la Comisión proponía repartir entre el resto de estados miembros 54.000 refugiados llegados a Hungría, 50.400 de Grecia y 15.600 de Italia.

Los países que creen que las cuotas son parte de la solución tampoco ahorran reproches para los socios del este. “Desde hace muchos años hemos sido muy solidarios con los países del este”, ha resaltado el ministro belga, “y para mi está claro que ahora ellos deben ser solidarios también”. Por su parte, el luxemburgués Jean Asselborn reclamaba a Hungría “ser parte de la solución y no parte del problema”.

El ministro alemán, Thomàs de Maizière, y el francés Cazeneuve, presentaron durante el encuentro una posición común de máxima dureza contra la inmigración irregular en un intento final de convencer a los países del este. Pero su alianza fue esta vez contraproducente. Los dos ministros anunciaron a media tarde, en rueda de prensa conjunta, que ya había un principio de acuerdo sobre el reparto de los 120.000 inmigrantes, lo que acabó de enfadar a los más reticentes. Esta comparecencia prematura “no ayudó” a fraguar el compromiso, ha explicado un diplomático europeo.

Al tratarse de un acuerdo político, se necesitaba el apoyo unánime de los estados miembros para aprobarlo. El veto de los países del este obligó a que las conclusiones quedaran plasmadas en un texto firmado únicamente por la presidencia luxemburguesa, que no tiene carácter vinculante. El plan ahora es aprobar el reparto en la próxima reunión de ministros del Interior que se celebra el 8 de octubre en Luxemburgo por mayoría cualificada, dejando en minoría a los socios del este. De momento se descarta convocar una cumbre extraordinaria de jefes de Estado y de Gobierno. Pero no está claro que estos países vayan a aceptar unas cuotas aprobadas contra su voluntad y vayan a acoger efectivamente a estos refugiados.

España acogerá a 35.000 refugiados en 2015

A diferencia de lo que ocurrió en el anterior encuentro del 20 de julio, España no ha puesto esta vez “ningún problema” y ha aceptado sin discutir la cuota de casi 15.000 refugiados que le ha adjudicado Bruselas. A esta cifra hay que sumar los 2.800 que ya admitió en el anterior reparto de julio (de los 5.800 que le pedía Bruselas). Aparte de las cuotas de la UE, el Gobierno de Mariano Rajoy prevé tramitar este año 17.000 solicitudes de asilo. Así que en total, España acogerá a 35.000 refugiados en 2015. “Es un esfuerzo importante para España. Lo hacemos con gusto porque somos un país solidario y somos conscientes del drama humanitario”, ha asegurado Fernández Díaz. Sin embargo, España tampoco se plantea aceptar ahora a los 3.000 refugiados que rechazó en el reparto de julio.

“La actitud permisiva de las autoridades húngaras acabará muy pronto”

Lázsló Cselényi, ex director de la televisión internacional pública de Hungría, Duna TV, ha pasado muchas horas en la estación de Keleti en Budapest durante las últimas semanas. Allí ha visto a los refugiados que pasan cada día con destino hacia Austria y Alemania. Y ha compartido conversaciones con sirios, afganos, iraquíes, kurdos sobre las maravillas de Palmira, los bombardeos de Alepo, el Estado Islámico en Siria o las historias personales de cada uno…

En la imagen, un grupo de refugiados llega el pasado día 5 a la estación de Hegueshalom, en Hungria, cerca de la frontera de este país con Austria. LASZLO BALOGH / REUTERS

Por qué la crisis de los refugiados paraliza y enfrenta a la UE

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Lázsló Cselényi

Lázsló Cselényi (Cluj Napoca, Transilvania, 1951) presentó su dimisión como director de la televisión internacional pública de Hungría, Duna TV, el día que el Parlamento húngaro votó a favor de la polémica nueva Ley de Medios de 2010. Es un laureado director de documentales húngaro, especializado en minorías (él mismo nació como húngaro en Rumanía). Gran conocedor y amante de muchos de los países de los que provienen los refugiados que llegan a Europa, tiene amigos en Palmira (Siria) a los que hace tiempo que no contacta por temor a ponerles en peligro. No sabe si siguen vivos. Ha pasado muchas horas en la estación de Keleti en Budapest durante las últimas semanas, donde las autoridades húngaras ahora dejan proseguir su camino a los refugiados que pasan cada día por ahí con destino hacia Austria y Alemania. Ha compartido conversaciones con sirios, afganos, iraquíes, kurdos sobre las maravillas de Palmira, los bombardeos de Alepo, el Estado Islámico en Siria, las historias personales de cada uno… Atiende a EL ESPAÑOL a través del teléfono y por correo electrónico desde Budapest, donde reside desde hace décadas:

PREGUNTA.- Si tuviera que describir en una frase lo que está sucediendo con los refugiados en Hungría, ¿cuál sería?

RESPUESTA.– Caos, cinismo, desinterés, amedrentamiento de quienes quieren ayudar. [Aunque desde el fin de semana la situación ha mejorado mucho] en la estación de Keleti los migrantes ya llegan y se van sin problemas. Ahora los principales conflictos están en la zona de Röszke, en la frontera con Serbia [donde este martes salieron a la luz imágenes de una periodista poniendo zancadillas y pegando patadas a los refugiados].

P. El primer ministro húngaro, Viktor Orban, ya tenía un discurso xenófobo antes de esta crisis. ¿Le sorprende alguna de las medidas que está tomando, como la valla de espinas en la frontera o el traslado forzoso de los migrantes a un campo de refugiados?

R. No. Desde principios de este año sabemos que iban a llegar miles y miles de inmigrantes. Hungría y todos los países europeos reciben fondos especiales de la Unión Europea para estas situaciones, pero el Gobierno húngaro no estableció campos de refugiados modernos y humanitarios ni compró comida, ni camas o agua. Los migrantes han recibido todo esto mediante organizaciones civiles.

El Gobierno húngaro colgó carteles de las vallas en las fronteras en las que ponían: “Inmigrantes, no nos quiten trabajo”. Y lo pusieron en húngaro, de forma que no lo entienden siquiera. Da la impresión de que todo el problema de los migrantes es un producto de comunicación interno. Siempre que hay graves problemas internos, el Gobierno recurre a la propaganda para desviar la atención sobre la problemática real.

P. El año pasado el Gobierno de Orban llevó a cabo una dura campaña contra las ONG críticas con su Administración. ¿Quedan organizaciones humanitarias capaces de prestar ayuda a los refugiados? ¿Y ciudadanos individuales?

Una refugiada espera transporte para Austria o Alemania el pasado día 5, cerca de Budapest. DAVID W. CERNY / REUTERS

R. Han dificultado su actividad por todos los medios. Existe entre la ciudadanía gente dispuesta a ayudar, también algunas organizaciones civiles. Están en las estaciones de trenes, en lugares donde juntan a los refugiados, allá donde se les necesita. Pero las autoridades les han impedido  ejercer su función humanitaria. En Bicske [donde se encuentra el campo de refugiados a 40 km de Budapest donde las autoridades llevaron forzosamente a los refugiados con el tren] no les dejaban ni siquiera repartir agua. [Hasta el viernes pasado], si alguien intentaba llevarles en coche, les paraban inmediatamente y les podían detener porque dicen que son “inmigrantes ilegales”.

Las autoridades intentan no dejar funcionar correctamente a la prensa. Les apartan de los migrantes. La propaganda estatal es cada vez más intensa. [Habla de] peligro de terrorismo, agresividad de los migrantes, irresponsabilidad de Alemania y arrogancia de Austria… Un ejemplo: los trabajadores de la televisión pública (MTVA) han recibido instrucciones de no mostrar imágenes de niños entre los migrantes (“Que no haya niños”… en una información sobre la “interceptación” de 1.600 migrantes) porque ellos despiertan la simpatía de todo el mundo [la información se filtró en agosto].

Bajo mi punto de vista, esto es un crimen de guerra. Hay una parte de la población llena de odio, a quienes les gustaría cerrar herméticamente las fronteras y apartar a los migrantes con fusiles. El redactor jefe del periódico Demokrata, el más leído de Hungría y afin al Gobierno, ha llamado “animales”, literalmente, a los migrantes. La inmensa mayoría de los húngaros, engañados por la propaganda y las pancartas antimigrantes, tienen miedo de ellos. Y la Policía húngara hace lo que se les ordena y, dentro de lo que cabe, están obrando con humanidad.

Sin embargo, el mayor problema es la indiferencia. Grupos de extrema derecha podemos encontrarlos en cualquier parte pero pueden ser neutralizados a través de una sociedad sana. La indiferencia es el terreno de cultivo de todo esto. Es incomprensible que la memoria colectiva no esté funcionando. Esta nación, la húngara, ya se quebró una vez hace 70 años por la indiferencia, cuando volvieron la cabeza al pasar los convoyes de la muerte [deportando a  judíos].  [Este fin de semana] muchos húngaros han empezado a ayudar a los migrantes, [ya] sin miedo. ¡Menos mal!

Un grupo de refugiados llega el pasado día 5 a la estación de Hegueshalom, en Hungria, cerca de la frontera de este país con Austria. LASZLO BALOGH / REUTERS

P. Usted fue director de la televisión internacional húngara durante seis años (2004-2010) hasta que el Gobierno actual implantó una ley de censura para los medios. ¿Cómo están los medios públicos cubriendo las noticias estos días?

R. La televisión pública está norcoreanizándose. Da voz solo al discurso del Gobierno y contrario a los inmigrantes. Desde hace meses están emitiendo reportajes cuyo contenido “explica” los supuestos enormes peligros que entrañan los migrantes: cuántos terroristas podrían esconderse entre ellos, que están descuidados, que huelen mal, que no es verdad que hayan tenido que dejar su patria, que tienen dinero que les sobra, que tienen teléfonos móviles y que por qué no suben a un avión y van ahí donde quieren. Esto no es broma. Esto lo ha dicho el vicepresidente de Fidesz [el partido gubernamental]. Es una propaganda execrable.

Desde hace tiempo ya no se aplica el porcentaje de minutaje que las normas exigen conceder a la oposición y cuando lo hacen, lo compensan con una crítica demoledora. Los canales de la oposición están haciendo su trabajo, aunque con dificultad.

P. En España se ha empezado a abordar la crisis migratoria muy recientemente, pero en Hungría parece ser un asunto de discusión desde hace tiempo…

R. La situación ha cambiado [en las últimas semanas] en el sentido de que las autoridades se sienten más inseguras que antes, porque hay una gran avalancha. Las medidas que están tomando son contradictorias. Tienen una actitud muy firme en las negociaciones en el extranjero, pero internamente las negociaciones son caóticas. La [actual] actitud permisiva de las autoridades acabará muy pronto.

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Alvand, un joven sirio de 18 años, toma un selfie tras atravesar la frontera húngara cerca de Roszke, el pasado día 5. MARKO DJURICA / REUTERS

P. Aún así no todo es culpa del Gobierno húngaro, ¿no?

R. La Iglesia tampoco toma una postura decidida. Desde el sábado es más activa, pero [hasta entonces] no había ayudado a los refugiados. El cardenal húngaro, Peter Erdö, dijo en una entrevista que la Iglesia no puede dar cobijo a los migrantes, porque entonces estaría ayudando a los traficantes de personas, lo cual está prohibido por ley. La Iglesia Católica húngara actúa por su cuenta. Parece que Fidesz [el partido del Gobierno] es el jefe de la Iglesia aquí.

P. Usted ha estado yendo durante casi dos semanas a diario a la estación de tren de Keleti en Budapest para ayudar y charlar con los refugiados. ¿Qué le transmiten?

R. Ya no hay una aglomeración tan grande, pero siguen llegando. [Cuentan] que están en camino desde hace semanas, que su capacidad de resistencia están en las últimas, hay algunos que han estado durante meses en Turquía. Algunos decían “dios mío, qué no daría para poder recibir un baño caliente”.

Para ellos supone un gran apoyo la prensa internacional, por lo que las autoridades han tratado de impedir el trabajo de los informadores.

Enseguida están muy agradecidos por cualquier gesto hacia ellos, como darles agua, galletas o chocolatinas para los niños. Su única conexión con el mundo exterior es internet, a través del cuál ven el apoyo internacional que reciben. Esa cobertura que reciben, para ellos supone su defensa.

P. ¿Cuál es la historia que más le ha impresionado de los refugiados que ha visitado en esta estación de Budapest?

R. Un día en la estación de Keleti lloré. Muchas veces alguna pequeñez es suficiente. Había ahí una tubería rota de donde brotaba agua que caía al suelo y los migrantes se lavaban manos y piernas e intentaban lavar sus zapatos. Vi a una niña de unos cinco años que no tenía cepillo de dientes y metía su manita para coger algo de agua con el dedo y poder lavarse los dientes con un mejunge que guardaba su padre en una bolsita de plástico. Tuve que salir corriendo. Recordé a mis idolatrados nietos a la vez que pensaba que cualquiera en cualquier momento puede ser un refugiado.

P. ¿Qué hace falta hacer en Hungría con mayor urgencia?

R. Hay que pregonar la humanidad. Ese es el deber más importante. La indiferencia hay que eliminarla. A los fascistas, xenófobos, a quienes piden sangre, hay que condenarlos públicamente.

Tengo la esperanza de que dentro de unos años estas personas no escupan cuando se encuentren con algún húngaro o cuando escuchen hablar de Hungría. Esa es mi esperanza, porque somos muchos los que pensamos así.

Siete nombres para huir de Corea del Norte

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Han pasado 18 años desde que cruzó un río helado para llegar a China. Hyeonseo es su séptimo nombre. Significa “la fortuna de la luz del sol” y se lo puso ella misma al alcanzar la libertad. Ahora ha plasmado su vida en el libro La chica de los siete nombres (Península, 2015). 

Reportaje gráfico: Moeh Atitar

Hyeonseo Lee tiene una sonrisa dulce que ni siquiera desaparece cuando la rodean recuerdos de miseria, muerte y represión. Su pelo negro contrasta con un vestido blanco, que acompaña la luminosidad y la decoración sobria de la biblioteca. Habla en inglés, un idioma que siempre creyó “enemigo” hasta que huyó con 17 años de Corea del Norte.

Al explicar lo que supone para ella la libertad, reflejada en los grandes anuncios, las tiendas y los carteles de la Gran Vía madrileña, alza sus brazos intentando abrazar el espacio y gesticula diciendo: “No sabría explicar esa sensación, la de vivir en libertad por primera vez. No es sólo el aspecto de la calle, puede sentirse en el aire, en la naturaleza, en los olores, en las miradas de la gente”.

Han pasado 18 años desde que cruzó un río helado para llegar a China. Hyeonseo es su séptimo nombre. Se lo puso ella misma cuando alcanzó la libertad: “Lo elegí porque no quería volver a las sombras”. “Hyeon” significa “luz del sol”, y “seo”, “fortuna”.

Después de refugiarse en un sinfín de identidades, sufrir interrogatorios y esquivar la deportación durante años, ha plasmado su vida en el libro La chica de los siete nombres (Península, 2015). Ahora recorre el mundo con el objetivo de lograr apoyo internacional para proteger los derechos humanos en su país, que todavía “ama y echa de menos”. Lo que sigue a continuación es su vida según la cuenta ella misma en las páginas del libro y durante nuestra conversación. foto_nc1

Reportaje gráfico: Moeh Atitar

Un ruido atronador

La historia de Hyeonseo arranca cuando apenas tiene cuatro años. Lleva un vestido azul cielo. Ha salido a jugar al terraplén de hierba que hay detrás de su casa. Se sienta en la vía del tren y juega a recoger piedras, dejándolas en su regazo. El suelo húmedo ensucia sus manos de barro y hierba. De pronto, oye un ruido atronador, huele a quemado y no ve nada, tan sólo oscuridad. A gatas, escapa de los bajos de un vagón. Su madre, corriendo, se abre paso entre la multitud y la coge en brazos. Una mujer se acerca y dice: “Sobrevivir a tal accidente es un buen presagio. Tendrás una larga vida”.

No se equivocó. Unos años más tarde, la casa de los Lee ardió en llamas. A Hyeonseo no le pasó nada. Cuando el incendio calcinaba las paredes y el humo se tornaba cada vez más negro, su padre volvió dentro. Temían lo peor, pero consiguió salir con dos objetos rectangulares bajo el brazo: los retratos de los líderes Kim Il-sung y Kim Jong-il.

Hyeonseo creció bajo aquellas miradas, acristaladas y colocadas por imperativo legal en cualquier edificio: “Los marcos tenían que ser el objeto más elevado de la estancia y estar perfectamente alineados. Los limpiábamos con un paño especial proporcionado por el Gobierno que no debía usarse para nada más. Un oficial, con guantes blancos, los revisaba una vez al mes. Si no estaban limpios, se recibía un castigo”.

De niña fue feliz, o por lo menos así lo recuerda. “Creía que todo lo que ocurría a mi alrededor era normal. No sabía que más allá de las fronteras existía un universo distinto”. Hyesan, la ciudad donde vivía, está rodeada por las montañas, que brillan en verano, y en invierno se cubren de nieve. El río Yalu, que la recorre, separa al país de China, que empieza en la otra orilla. Tiene once metros de ancho y no es muy profundo. Cuando bajan las temperaturas, el hielo lo convierte en un puente hacia el contrabandismo o la libertad, como en el caso de Hyeonseo, que lo cruzaría poco antes de cumplir los dieciocho. “Parece que en Hyesan acaba todo, que no hay nada más allá. Por eso la llaman el fin del mundo”.

Las ejecuciones públicas

Cuando tenía siete años, vio su primera ejecución. Su madre la mandó a hacer un recado. Hacía calor, la humedad era desagradable y había algo que emanaba un olor fétido. Las moscas estaban por todas partes. Una masa de gente se amontonaba bajo el puente del ferrocarril. Había un hombre colgado del cuello. Una bolsa de tela cubría su rostro y llevaba las manos atadas a la espalda.

Ya en la educación primaria es obligatorio asistir a las ejecuciones públicas. Hyeonseo recuerda una de ellas: “Había tres hombres atados a una estaca. El juez anunció que los criminales habían confesado sus crímenes y luego les preguntó si tenían algo más que decir. Estaban amordazados, con la boca llena de piedras, supongo que para que no maldijeran al régimen con su último aliento. En el momento de los disparos, colocan a los parientes en primera fila”. Ahora, explica, contar al mundo que esto ocurre es una de las partes más importantes de su mensaje.

El colegio en Corea del Norte entraña muchas obligaciones. Una de ellas, las sesiones de autocensura. “Tenían lugar cada sábado. Asistíamos las cuarenta alumnas de la clase y las presidía la maestra. Por turnos, nos levantábamos para acusar a alguien y confesar algo”. Hyeonseo explica que los coreanos del norte son introvertidos, en gran parte, por miedo a que los delaten: “El ciudadano hace el trabajo del policía. Aprendí de mi madre, desde pequeña, a ser muy reservada, a no coger confianza con aquellos que no eran de mi familia”.

Hasta los 14 años, los alumnos son ‘exploradores’ y protagonizan los juegos colectivos, grandes desfiles que hacen de ellos “unos buenos comunistas”. Preguntada por el objetivo de estas actividades, utiliza unas palabras de Kim Jong-il: “Puesto que cada niño sabe que un solo desliz puede estropear una exhibición colectiva, aprende a subordinar su voluntad a la del grupo”. A partir de los 14, los juegos colectivos desaparecen para dejar paso a la liga de las juventudes socialistas, donde se adiestra militarmente a todos y cada uno de los adolescentes.

Las asignaturas, centradas en la vida de los líderes, la ética comunista y el odio hacia los coreanos del sur y los estadounidenses, contribuyen a crear un pensamiento vengativo: “Nos ponían imágenes de tanques del sur cruzando la frontera, masacrando la población civil. Los ojos se me ponían llorosos, bullía pensando en la venganza y en hacer justicia. Era un sentimiento común”.

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El suicidio y las castas

El padre de Hyeonseo siempre había trabajado en el ejército, pero fue destinado a una empresa comercial, lógicamente en manos del Estado, lo que llevó a la familia a orillas del río, a la frontera con China, adonde el señor Lee tendría que viajar con frecuencia. “Estábamos tan cerca de China que nuestro televisor podía sintonizar sus canales”.

Un día, el padre de Hyeonseo fue arrestado en la frontera. Cinco militares entraron en casa por la noche y buscaron objetos de valor y dinero: “Rompieron las paredes, abrieron el suelo y desmontaron el techo”. Lo acusaban de soborno y abuso de poder. Fue ingresado en el hospital porque le habían dado una paliza. Le obligaban a escribir una confesión. Cuando lo hacía, los militares la rompían una y otra vez al no conseguir lo que querían. Unos días después, el hospital certificó su fallecimiento: “Suicidio con sobredosis de tranquilizantes”.

El sistema de castas que estructura Corea del Norte castiga a los familiares de quienes se quitan la vida tachándolos de “hostiles”, lo que les impide estudiar en la universidad o acceder a un buen puesto de trabajo. “Mi madre sobornó al hospital y consiguió que cambiaran el certificado”.

Con 15 años, y a pesar de los canales chinos de televisión, la música extranjera de contrabando y las luces que brillaban en el país del otro lado del río, Hyeonseo conservaba una inocencia peligrosa: “Creía que me podía quedar embarazada con tan sólo besar a un hombre. Mis amigas pensaban lo mismo. Nos enteramos de la realidad viendo una película ilegal”.

La muerte del dictador

El 8 de julio de aquel año, 1994, Hyeonseo fue al colegio, pero las clases se suspendieron. Enviaron a los alumnos a casa y les dijeron que encendieran el televisor, lo que extrañó a muchos ya que no había emisiones diurnas.

“El gran corazón ha dejado de latir”, dijo la locutora. “Kim Il-sung ha muerto”.

Semanas más tarde, muchos fueron castigados por no haber vertido lágrimas suficientes: “No conseguía llorar. Me humedecía los ojos con saliva y los frotaba. Una chica de mi clase fue castigada, pero tuve suerte”.

Al año siguiente, la gran hambruna comenzó a asolar al país. Aparecieron mendigos por todas partes, sobre todo alrededor de los mercadillos. También había niños vagabundos que iban del campo a la ciudad.

Hyeonseo recuerda las aceras vacías y las personas hablando consigo mismas, alucinando por culpa del hambre. Había cuerpos en el río, boca arriba, que los guardias fronterizos recogían para que no los vieran desde la orilla china. Pero no solo faltaban los alimentos. También escaseaban los fertilizantes.

“Los niños fueron obligados a llevar al colegio sus excrementos para usarlos con este fin”, explica. “Las familias cerraban con llave sus retretes exteriores para que los ladrones no les quitasen lo que pudieran contener”. Hyeonseo empezó a preguntarse: “¿Por qué la gente se muere de hambre? ¿No vivimos en el mejor país del mundo?”.

La muerte por inanición del profesor de acordeón de su hermano o de un ladrón escuálido que no pudo llevarse el televisor de su casa por falta de fuerza son algunos de sus recuerdos de la gran hambruna.

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La huida

Durante el invierno de 1997, poco antes de que Hyeonseo cumpliera los 18 años, una compañera del colegio le propuso cruzar el río hacia China. Las luces de neón del otro lado, los guardias chinos fornidos y uniformados y los niños que no parecían hambrientos picaban su curiosidad. Sabía que si quería cruzar aquél era el momento.

A partir de la mayoría de edad, cometer un delito podía traerle problemas mucho más graves y hubo un detalle que la ayudó: el guardia que cubría el tramo del río más cercano a su casa se enamoró de ella. Llegó incluso a proponerle matrimonio. Su fuerte amistad le animó a cruzar. Sabía que si él la detenía, no correría demasiado peligro.

Ocurrió la segunda semana de diciembre. Era de noche. Hacía frío y sobre el río helado se podía caminar. La nariz quemaba y el vapor del aliento coloreaba la oscuridad. El viento apenas soplaba y el silencio era absoluto. Cuando Hyeonseo llegó al río se encontró con el guardia, al que convenció para cruzar. Así pisó China por primera vez.

“Tenía la idea de visitar a unos parientes. Ni siquiera miré atrás. Pensaba que volvería en unos días”, explica. Ya en casa de sus tíos, a la que llegó acompañada por un contrabandista amigo de su familia, se enamoró de los brillantes colores de la ropa, la música, los anuncios y la libertad. Su estancia se prolongó, celebró allí los 18 años y para cuando se dio cuenta estuvo a punto de casarse con el hijo de unos amigos de sus tíos. “Era un matrimonio de conveniencia”, dijo. “Notaba que todo lo que me pasaba sucedía, sin que yo pudiera elegir. Huí una vez más”.

A partir de ese momento, alternó trabajos en distintos restaurantes. Superó los interrogatorios en comisaría y evitó la deportación. La compra de un documento de identidad en el mercado negro le otorgó la nacionalidad china, lo que le dio tranquilidad y la posibilidad de optar a puestos mejor remunerados.

La libertad no es todo

Mientras tanto, en Corea del Norte, su madre sufría una estrecha vigilancia. Tuvo que fingir la desaparición de su hija, lo que no convencía a las autoridades. A su hermano, después de recibir dinero y objetos de contrabando, le pegaron una paliza, intentando averiguar la procedencia del paquete de su hermana.

La preocupación por la seguridad de su familia y la soledad llevaron a Hyeonseo a la frontera a recoger a su madre y a su hermano, para sacarlos de aquel infierno. Recorrieron China los tres juntos, disfrazados de una guía que acompañaba a dos sordomudos. Ya en la frontera con Laos, donde tenían previsto que la embajada de Corea del Sur les diera asilo político, su familia fue detenida por la policía, que los retuvo tres meses en la cárcel antes de permitirles viajar a Seúl.

– En el libro cuenta que “la libertad no lo es todo”, que incluso estuvo tentada de volver a su país.

– Es cierto. Pagué un precio demasiado alto por la libertad, el de no volver a ver a mi madre, a mi hermano, a mis tíos. Me corroía por dentro. No podía soportarlo. Además, no fui realmente libre hasta que llegué a Corea del Sur. Hasta entonces estuve escondiéndome, pensando en que mi deserción podía suponer los peores peligros para los que todavía estaban allí.

Ese peligro todavía acecha a los familiares de Hyeonseo que viven en Corea del Norte. Por ello, en el libro se refiere a ellos como el tío Cine, la tía Bonita o el tío Rico. Las caras de su madre y hermano, huidos gracias a ella recientemente, aparecen difuminadas por miedo a las represalias.

Hyeonseo ama su país. Desea volver algún día. Ahora lucha por los derechos humanos de quienes no pueden escapar, de aquellos que viven en la sombra, sin saber que “existe un mundo maravilloso, de ciudades preciosas, de sitios por conocer, y de personas tan distintas”.

¿Migrantes o refugiados?

Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

La crisis humanitaria que vive Europa ha encendido un debate en torno a los términos ‘migrante’ y ‘refugiado’ para hablar de los miles de personas que arriesgan su vida para alcanzar el viejo continente.

En la imagen, refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. Dimitris Michalakis/Reuters

Refugiados sirios rezan al llegar a la isla griega de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis
Refugiados sirios rezan al llegar a la isla griega de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

La crisis humanitaria que vive Europa ha encendido un debate en torno a los términos ‘migrante’ y ‘refugiado’ para hablar de los miles de personas que arriesgan su vida para alcanzar el viejo continente.

“Al nombrarlos como migrantes les estamos negando los derechos que son suyos”, afirma Teresa Vázquez, letrada especialista en derecho de asilo, por correo electrónico desde Líbano.

Algunos medios de comunicación usan ambas palabras indistintamente, otros se decantan por ‘migrante’ como un paraguas más amplio y Al Jazeera, por ejemplo, defiende el uso exclusivo de ‘refugiado’ ya que “migrante es una palabra que priva de voz a gente que sufre”.

¿Qué diferencia a un migrante de un refugiado?

“El refugiado ‘nace’ en la Convención de Ginebra de 1951 y alude a la obligación de los Estados que suscriban dicha declaración de dar protección a las personas que han debido dejar su lugar de origen o residencia por sufrir persecución”, explica Santiago Gómez-Zorrilla, de Accem, la ONG especializada en asilo y migraciones.

Por el contrario, el migrante decide abandonar su país para buscar unas condiciones de vida mejores en el extranjero, coinciden las fuentes no-gubernamentales consultadas por EL ESPAÑOL.

Pero para ser protegido, un refugiado necesita presentar una solicitud formal al país de destino. “Todavía no hay una armonización total tanto de los derechos como de las condiciones de acogida [en la UE]”, dice Rosa Otero, asistente de comunicación en ACNUR. “Se tiene que seguir trabajando en un sistema europeo común de asilo”.

En España las solicitudes son revisadas por la Oficina de Asilo y Refugio (OAR), que también decide si se admiten o no a trámite. El Ministerio del Interior toma la decisión final. Los tipos de protecciones fundamentales son el estatuto de refugiado y la protección subsidiaria para aquellas personas que, sin reunir las condiciones para ser refugiadas, pueden sufrir graves daños si retornan.

Los solicitantes de protección internacional tienen derecho a permanecer en España mientras se resuelve su solicitud y acceso a ciertas prestaciones y beneficios como asistencia jurídica gratuita.

“El sistema de asilo español es bastante bueno”, explica desde Líbano Teresa Vázquez. “El problema reside en que España no tiene un sistema claro para otorgar visados humanitarios en sus embajadas que les permita a los refugiados viajar sin poner en peligro sus vidas… Nuestro Gobierno tiene que volcarse ampliando las cuotas de reasentamiento y otorgando visados humanitarios en las embajadas de los países vecinos a zonas de conflicto”.

15.000 refugiados más para España

En 2014, España recibió alrededor del 1% del total de solicitudes de protección internacional en la UE, según un análisis de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Ese año concedió 384 estatutos de refugiado, 1.199 estatutos de protección subsidiaria y dos protecciones por razones humanitarias, según datos de Interior. El grupo más favorecido fueron los sirios.

La Comisión Europea propondrá el miércoles aumentar a 120.000 la cuota de refugiados que puede asumir la UE. A España le corresponderían casi 15.000 refugiados más, un 12% del total para los países miembros.

El Gobierno español ha asegurado este lunes que no tiene límite para la acogida de refugiados, tras una reunión de la comisión interministerial creada para la crisis humanitaria, informa EFE.

Respecto a la terminología para hablar de los afectados por la crisis humanitaria, Gómez-Zorrilla asegura que el término ‘migrante’ “es incorrecto en el sentido de que ‘refugiado’ es un término que resalta que son personas que se han visto forzadas a salir de su país en contra de su voluntad”.

Por su parte, Otero, de ACNUR, opina que conviene usar ambas terminologías en las informaciones de prensa. “Ahora mismo, lo que nosotros recomendamos es hablar, con la llegada que está habiendo desde el Mediterráneo, de inmigrantes y refugiados”, dice. “Pero es importante no hablar sólo de crisis migratoria porque es más bien una crisis de refugiados”.

Atrapados en el puerto de Lesbos

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Ni se hablará de ellos ni se recordarán sus nombres ni se conocerá su historia. Sus caras se perderán entre miles en las fotos de la prensa internacional. O ni siquiera eso. Pero ellos están aquí, con las caras quemadas bajo el sol inclemente de este comienzo de septiembre, en medio del infierno del puerto de Mitilene, en Lesbos.

Reportaje gráfico: Mariangela Paone

MITILENE (LESBOS).– Ni se hablará de ellos ni se recordarán sus nombres ni se conocerá su historia. Sus caras se perderán entre miles en las fotos de la prensa internacional. O ni siquiera eso. Pero ellos están aquí, con las caras quemadas bajo el sol inclemente de este comienzo de septiembre, en medio del infierno del puerto de Mitilene, en Lesbos.

Mientras el mundo entero llora la muerte del pequeño Aylan en la playa turca de Bodrum, en la otra orilla, cientos de niños como Aylan sufren en sus carnes las condiciones de una travesía inhumana que no ha hecho más que empezar. Están atrapados desde hace días, junto a sus padres, en el embudo que es esta isla griega para los miles de refugiados que siguen llegando a sus costas, sin parar, en lanchas cargadas más allá del límite.

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No hay sombra bajo la que resguardarse ni tiendas ni baños ni aseos en el inmenso campo de refugiados que es el muelle de esta ciudad. En los arcenes de la entrada, donde se encuentran los únicos árboles del recinto, las madres acunan a los más pequeños cuyos llantos se pierden en el griterío general. Algunas han caminado durante días para llegar desde la otra punta de la isla con los bebés a cuestas y los niños mayores de la mano. El trayecto se extiende durante 70 kilómetros.

Las marcas del camino están impresas en la piel: muchos niños tienen eritemas y fragmentos de piel enrojecida por todo el cuerpo. Los padres deben sacar una fuerza titánica para tranquilizarles mientras tratan a duras penas de disimular el cansancio y sobre todo el miedo. Como todos los que están aquí, no saben cuándo podrán dejar Lesbos y subirse a uno de los ferries que dos o tres veces a la semana trasladan a los refugiados hasta el puerto ateniense del Pireo sin que baje el número de los que se quedan aquí.

El alcalde de Mitilene, Spyros Galinos, pidió el miércoles la declaración del estado de emergencia porque en la isla puede haber más de 20.000 refugiados y la mitad se encuentra en los alrededores del puerto. Una ciudad dentro de la ciudad. “En los últimos dos meses, el número de migrantes que han pasado por la isla es mucho mayor que el de su población: 85.000 habitantes”, declaró. Los que salen son remplazados por los que llegan, que suelen ser entre 500 y 900 cada día aunque el sábado pasado desembarcaron unas cien lanchas: más de 4.000 personas.

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La única oficina de la policía portuaria que registra a los refugiados sirios y les entrega el salvoconducto que les permite salir de Lesbos está desbordada. El caos reina sobre el procedimiento, el lugar y los tiempos de entrega de los papeles. Hasta ahora los datos se tomaban en dos precarios campos a las afueras de Mitilene: el del pueblo cercano de Moria y el de Kara Tepe, a un par de kilómetros de la ciudad.  Allí mismo volvían los agentes para completar la gestión y entregar el documento. Pero ayer por la mañana Kara Tepe estaba casi vacío porque a los sirios se les había dicho que fueran al puerto para el registro. Una vez aquí se encontraron otra vez en el limbo, en una espera de horas sin respuestas ni certezas.

Muchos se agolpan frente a la oficina donde se hacen los registros, mantenidos a distancia por los militares que llevan las caras cubiertas por mascarillas sanitarias. Otros, sin perder de vista la oficina para captar cualquier cambio o anuncio, miran desde lejos por temor a que estallen desórdenes como sucedió hace unos días cuando la tensión acabó en enfrentamientos entre grupos de refugiados. A los sirios se le da prioridad frente a los afganos y a los iraquíes que forman parte de este inmenso éxodo. Los refugiados tienen miedo también a los militares. Un joven levanta la camiseta y enseña un gran moratón en el brazo.

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Poco después un agente sale de la zona acordonada blandiendo la porra y golpea a uno de los hombres. Los que están alrededor se dispersan. Entre ellos hay mujeres y niños. Pasan unos minutos y vuelven a concentrarse frente a la oficina, la primera y la última estación de un vía crucis que puede durar más de una semana. Muchos deciden no esperar en los campos de las afueras y se quedan en los alrededores, comprando tiendas de campaña de su propio bolsillo por 25 euros en los establecimientos de la ciudad.

Decenas y decenas de carpas azules ocupan el parque aledaño al puerto, al lado de un balneario destinado a las familias de los militares. Es un lugar de vacaciones protegido en medio del descontrol y rodeado de gente que vive en condiciones de insalubridad. “Nadie nos atiende, nadie nos ayuda. Se nos trata peor que a los animales”, dice un hombre sirio que lleva cinco días aquí. Es algo que repiten todos. Muchos se acercan espontáneamente para enseñar a sus hijos enfermos, para pedir si se puede hacer algo con los papeles, para pedir información, para enseñar las marcas de los porrazos recibidos por los militares. “Nos gritan: ¡Marchaos! ¡Marchaos! ¡Quietos! ¡Sentaos!”.

A media tarde en el puerto, se anuncia que las familias serán trasladadas otra vez a Kera Tepe para esperar allí la recogida del salvoconducto que les llevará en un ferry gratuito a Grecia. En Kera Tepe las condiciones son aún peores y la labor de las ONG internacionales es una gota de agua en un mar inmenso.

Al llegar el primer autobús, estalla el caos. Todos se apiñan frente a la puerta delantera intentando entrar sin dejar atrás a la familia y a los amigos. Las puertas se cierran entre los gritos de dos mujeres que se han quedado fuera con sus hijos subidos al autocar. El conductor ya ha arrancado cuando los agentes empiezan a golpear el vehículo para que pare y deje subir a las madres. Decenas de niños asisten mudos a la escena.

Por qué la crisis de los refugiados paraliza y enfrenta a la UE

Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

En lugar de solidaridad y acogida, el agravamiento de la crisis de los refugiados este verano ha provocado parálisis y enfrentamientos entre los estados miembros de la UE, que no se ponen de acuerdo sobre un sistema de cuotas obligatorias para repartirse a los demandantes de asilo. A continuación explico las claves de esa parálisis y de lo que puede ocurrir a partir de ahora. 

En la imagen, refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

Gráficos de Patricia López

La foto de la vergüenza de Europa / La muerte, en alejandrinos

“Por favor, no vengan”. Es el mensaje que ha lanzado desde Bruselas a los refugiados que tratan de llegar a Europa el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Ha sido su respuesta a la foto del niño sirio ahogado en una playa de Turquía. En lugar de solidaridad y acogida, el agravamiento de la crisis de los refugiados este verano ha provocado parálisis y enfrentamientos entre los estados miembros, que no se ponen de acuerdo sobre un sistema de cuotas obligatorias para repartirse a los demandantes de asilo.

El crecimiento de partidos populistas y de ultraderecha en muchos países europeos dificulta cualquier solución. Está además en riesgo uno de los principales logros de la UE, la libre circulación de personas en el espacio Schengen ya que países como Austria empiezan a reintroducir controles fronterizos. Para el 14 de septiembre se ha convocado una reunión extraordinaria de los ministros del Interior de los 28 en un intento de desbloquear la situación.

¿Por qué aumenta la llegada de refugiados a la UE?

Unos 340.000 inmigrantes y demandantes de asilo han sido detectados en las fronteras de la UE tratando de entrar de forma irregular entre enero y julio de este año, una cifra que casi triplica la registrada en el mismo periodo de 2014: 123.500 personas en los siete primeros meses y 280.000 en el total del año, según los datos de la Agencia Europea de Control de Fronteras (Frontex). Pese al fuerte aumento, esta cifra apenas representa el 0,06% de la población de la UE. Pero el incremento ha provocado una “presión sin precedentes” para las autoridades de control fronterizo de Grecia, Italia y Hungría, según admite la propia agencia.

La guerra civil en Siria, que ha entrado ya en su quinto año, el caos en Libia tras la intervención de la OTAN, el avance del Estado Islámico, la inestabilidad en Irak o Afganistán o los regímenes represivos en países africanos como Eritrea son las principales causas que explican el constante agravamiento de la crisis de refugiados.

Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis
Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

¿Cuáles son las principales rutas de entrada?

Los inmigrantes y los traficantes de personas van ajustando las rutas en función de las dificultades y controles que encuentran en cada punto. En estos momentos, la principal ruta de entrada a la UE es la del Mediterráneo oriental, por donde han llegado 132.000 personas en los siete primeros meses del año. Se trata sobre todo de sirios y afganos que acceden a Grecia por mar desde Turquía. Por Hungría han entrado, a través de los Balcanes, más de 100.000 refugiados que vienen de Afganistán y Siria pero también de Kosovo. En tercer lugar, está Italia, que en lo que va de año ha recibido a 90.000 inmigrantes, en su mayoría de Eritrea y Nigeria, que realizan la peligrosa ruta por mar desde Libia. En contraste, a España sólo han llegado este año alrededor de 7.000 inmigrantes, sobre todo por Ceuta y Melilla, según Frontex.

En estos viajes para llegar a Europa, los refugiados se juegan la vida. En lo que va de año, alrededor de 2.400 inmigrantes han muerto en el mar al tratar de llegar a las costas europeas, según los cálculos de la Organización Internacional para las Migraciones. El último ejemplo, el niño ahogado encontrado en una playa de Turquía. A ello hay que sumar casos como el de los más de 70 inmigrantes hallados muertos en un camión en Austria.

Refugiados sirios rezan al llegar a la isla griega de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis
Refugiados sirios rezan al llegar a la isla griega de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

¿Cuál ha sido la respuesta de la UE hasta ahora?

La política europea en materia de inmigración y asilo sólo ha avanzado a golpe de crisis y tragedias migratorias. Y ello por las diferencias entre los países con frontera exterior, sobre todo los del sur (que viven el problema directamente) y los del centro y este (que hasta ahora no lo han considerado urgente).

La crisis de los cayucos en España en 2006 fue el primer impulso para empezar a reforzar Frontex en su función de coordinar patrullas de vigilancia marítima de varios países de la UE, aunque el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ya experimentó las dificultades para concretar la solidaridad de los demás estados miembros. El naufragio de una barcaza procedente de Libia cerca de la isla italiana de Lampedusa en octubre de 2013 provocó la muerte de 366 inmigrantes y movilizó a los líderes europeos. Pero el impacto de la tragedia apenas se tradujo en medidas concretas.

Un nuevo naufragio en Lampedusa de una embarcación con 700 inmigrantes en abril de este año forzó a los jefes de Estado y de Gobierno a explorar nuevas soluciones. Los líderes acordaron triplicar el presupuesto y los barcos y aviones de las patrullas de Frontex por el Mediterráneo con el fin de detectar y asistir a las embarcaciones de inmigrantes en peligro.

En los siete primeros meses del año, 95.000 inmigrantes han sido rescatados en el Mediterráneo central. La UE también ha decidido lanzar una misión militar para destruir las embarcaciones que utilizan los traficantes de inmigrantes. De momento, los expertos de la UE se limitan a reunir información sobre las mafias porque todavía no cuentan con una resolución de Naciones Unidas que les autorice a actuar en territorio libio.

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Gráficos de Patricia López

¿Por qué han fracasado las cuotas de Bruselas?

La medida más novedosa propuesta la Comisión de Jean-Claude Juncker en abril fue un plan para repartir a 60.000 refugiados entre los Estados miembros con dos componentes. En primer lugar, Bruselas pretendía redistribuir, mediante un sistema de cuotas obligatorias, a 40.000 demandantes de asilo llegados a Italia y Grecia con el objetivo de aliviar la presión que sufren los dos países (lo que en la jerga europea se denomina reubicación). A ellos se sumarían otros 20.000 refugiados que se traerían a la UE desde el norte de África y Oriente Medio para abrir canales legales de inmigración y evitar que estas personas tengan que lanzarse al mar (reasentamiento). A diferencia del primero, este segundo componente tendría un carácter voluntario. Los criterios de reparto eran cuatro: la población de cada país (que contaba un 40%), su nivel de riqueza (40%), la tasa de paro (10%) y las peticiones de asilo tramitadas en el pasado (10%). A España le correspondía acoger en total a 5.837 refugiados. Al final sólo aceptó acoger a 2.749.

El plan, que contaba con el respaldo de Francia y sobre todo Alemania, quedó descafeinado en la última reunión de los ministros del Interior de los 28 celebrada el 20 de julio por la oposición de España, Reino Unido y los socios del este. Estos países lograron, en primer lugar, que el reparto no fuera en ningún caso obligatorio ni impuesto por Bruselas. Después ofrecieron cuotas muy inferiores a las sugeridas por la Comisión. El caso más extremo es precisamente el de Hungría, que se ha negado a participar. El resultado es que de momento los países de la UE sólo acogerán a 32.000 solicitantes de asilo procedentes de Italia y Grecia en lugar de 40.000. En contraste, sí que se ha logrado alcanzar la cifra de 20.000 refugiados reasentados.

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¿Por qué España no acepta más refugiados?

 El elevado paro, la posibilidad de que se genere un efecto llamada o los esfuerzos que hace España para controlar sus fronteras y frenar la inmigración irregular son algunos de los argumentos que ha esgrimido el Gobierno de Mariano Rajoy para justificar su negativa a las cuotas propuestas desde Bruselas. El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha alegado en una entrevista al periódico alemán Die Welt que la tasa de paro y los esfuerzos en inmigración “no se tienen en cuenta de forma suficiente” a la hora de calcular el reparto. “Con una tasa de paro tan alta como la de España, del 22%, no se puede ofrecer a la gente una oportunidad justa de integración”, ha dicho.

Para el Gobierno de Mariano Rajoy, la UE debería ir a la raíz del problema y reforzar la cooperación con los países de origen y tránsito de inmigrantes y refugiados, como hace España con Mauritania y Senegal.

Pese a que España ha sufrido varias crisis migratorias en los últimos años, en particular en las islas Canarias y en Ceuta y Melilla, sigue siendo uno de los países de la UE que tramita y acepta menos solicitudes de asilo. Durante el primer trimestre de 2015, España registró únicamente 2.035 demandas de asilo, el 1,1% del total en la UE, cuando su población es alrededor del 9% del total. En 2014 sólo concedió protección a 1.600 personas: el 0,8% de decisiones positivas en la UE.

Un grupo de refugiados protesta en la estación de tren de Bicske (Hungría). / REUTERS / Bernadett Szabo
Un grupo de refugiados protesta en la estación de tren de Bicske (Hungría). / REUTERS / Bernadett Szabo

¿Cuál ha sido el papel de Alemania?

Alemania ha tenido que asumir de nuevo, junto con la Comisión, el liderazgo en la crisis de los inmigrantes. La canciller, Angela Merkel, ha admitido que se trata de un “desafío mayor” que la crisis de Grecia y está multiplicando los llamamientos a la solidaridad, sobre todo los dirigidos a los países del este. Pero también ha avisado de que “si no se logra un reparto justo de refugiados dentro de Europa, entonces algunas personas querrán poner [el espacio sin fronteras] Schengen en la agenda”. Berlín prevé recibir este año 800.000 solicitudes de asilo y ha dicho que acogerá a todos los refugiados sirios que lleguen a su territorio.

Pero los vecinos de Alemania, en particular Hungría y Austria, se quejan de que estos anuncios están provocando un efecto llamada que está destrozando a sus propios países. El premier húngaro Orban ha llegado a decir que la crisis de refugiados es un “problema alemán” porque es allí donde quieren dirigirse todos los demandantes de asilo.

Por lo demás, la crisis ha provocado también cruces de reproches entre Francia y Reino Unido a cuenta de los inmigrantes que se acumulan en Calais (a la entrada del canal de la Mancha) o entre Francia e Italia por los que están en la ciudad fronteriza de Ventimiglia. El Gobierno francés ha criticado también la construcción por parte de Hungría de una valla en su frontera con Serbia.

¿Qué medidas prepara la Comisión? 

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, tiene previsto anunciar el próximo 9 de septiembre una nueva batería de medidas para hacer frente a la crisis migratoria. En primer lugar, Juncker planteará repartir entre los países de la UE a otros 120.000 inmigrantes llegados a Italia, Grecia y esta vez también Hungría, según ha adelantado el periódico italiano La Reppublica. Para evitar que los países del este o España bloqueen de nuevo el reparto, permitirá no obstante que los estados miembros que no deseen participar se excluyan, aunque tendrán que dar explicaciones a sus socios y opiniones públicas. El Ejecutivo comunitario pretende además poner sobre la mesa un sistema permanente de reparto que se activaría de forma automática cuando se superen determinados umbrales de llegada de refugiados.

La Comisión plantea también acelerar la puesta en marcha de centros de registro de inmigrantes y refugiados en Grecia e Italia y elaborar una lista de países seguros para facilitar la deportación de aquellos inmigrantes irregulares que se considera que no corren ningún riesgo en su país de origen. Esta lista es una petición de Alemania, que se ve desbordada por solicitudes de asilo de inmigrantes procedentes de los Balcanes. Las deniega casi todas pero su tramitación consume muchos recursos. Otra pista en la que se trabaja es la creación de un fondo para ayudar a los países de origen.

No está claro si esta nueva batería de medidas podrá salir adelante. Mariano Rajoy se ha mostrado dispuesto a reconsiderar su cuota de refugiados pero mantiene muchas reservas y los países del este (en particular Polonia, Hungría, Eslovaquia y República Checa) se han propuesto reforzar su alianza contra las cuotas. Pero la creciente presión de Alemania y de la opinión pública podría obligarles a flexibilizar su posición. 

La muerte, en alejandrinos

Anoche, tras un profundo debate del que hicieron partícipes a sus lectores, los periódicos decidieron llevar a sus portadas de papel una impactante fotografía que ya habían difundido a través de sus ediciones digitales. El dilema moral hacía horas que había sido zanjado…

ATTENTION EDITORS - VISUALS COVERAGE OF SCENES OF DEATH OR INJURYA Turkish gendarmerie carries a young migrant, who drowned in a failed attempt to sail to the Greek island of Kos, in the coastal town of Bodrum, Turkey, September 2, 2015. At least 11 migrants believed to be Syrians drowned as two boats sank after leaving southwest Turkey for the Greek island of Kos, Turkey's Dogan news agency reported on Wednesday. It said a boat carrying 16 Syrian migrants had sunk after leaving the Akyarlar area of the Bodrum peninsula, and seven people had died. Four people were rescued and the coastguard was continuing its search for five people still missing. Separately, a boat carrying six Syrians sank after leaving Akyarlar on the same route. Three children and one woman drowned and two people survived after reaching the shore in life jackets. REUTERS/Yasar Anter/DHA  TPX IMAGES OF THE DAY     ATTENTION EDITORS - NO SALES. NO ARCHIVES. FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS. THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY. IT IS DISTRIBUTED, EXACTLY AS RECEIVED BY REUTERS, AS A SERVICE TO CLIENTS. TURKEY OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN TURKEY. TEMPLATE OUT

Anoche, tras un profundo debate del que hicieron partícipes a sus lectores, los periódicos decidieron llevar a sus portadas de papel una impactante fotografía que ya habían difundido a través de sus ediciones digitales.
El dilema moral hacía horas que había sido zanjado.

Al final del día, por muy grandilocuentes que fueran los términos de la discusión, de lo que se trataba era ya solo de una cuestión de formato. Sobre la mesa había un símbolo y ahora había que decidir si le fabricábamos un póster, que es donde suelen terminar los símbolos. Hablamos, claro, de “el niño de la playa”: al parecer, lo primero que uno pierde en el tránsito hacia lo simbólico es el nombre y los apellidos.

Basta con remontarse al caso de la vietnamita Kim Phuc para dar cuenta de la histórica capacidad de movilización del periodismo. Yo creo que los periódicos todavía son un motor de transformación social y fotos como la del niño de la playa, un necesario acicate para las conciencias.

Lo que ya me provoca más dudas es si la lírica que hoy derrochamos contribuye a luchar contra la injusticia o sólo revela la ansiedad de la prensa por conservar su lugar, seriamente amenazado por las redes sociales, en el oligopolio de las buenas intenciones.

Si para conmover al lector es necesario añadir una sola palabra a la mera descripción de los hechos que muestra la fotografía del niño de la playa, es que no hay redención posible para la humanidad. Y si lo que se va a llevar a partir de ahora es adornar con alejandrinos las fotos impactantes, quizás sería más eficaz que los periodistas diéramos un paso atrás y nos encomendáramos a Twitter, la herramienta de derroche sentimental más potente que jamás ha creado el hombre.

El debate sobre la publicación de imágenes brutales es un clásico de este oficio y se reproducirá de forma cíclica sin que la gravedad de nuestras palabras y el amaneramiento de nuestros gestos acuse el desgaste. A fin de cuentas la afectación que usted, lector, soporta con paciencia no es más que un intento por enmascarar nuestro fracaso, que al cierre de la edición todavía no hayamos sido capaces de referirnos a ese niño por su nombre y apellidos.

La irregular atención sanitaria al extranjero en situación ilegal

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El ministro de Sanidad busca un acuerdo para devolver a los extranjeros en situación irregular la asistencia sanitaria primaria, tres años después de que el mismo Gobierno -con Ana Mato como titular de la cartera- aprobara el polémico Real Decreto que despojó de este derecho al colectivo. Esta norma no gusta ni a los miembros del propio Partido Popular, como demuestran los anuncios de deserción en varias comunidades autónomas, algunas gobernadas por ‘populares’. 

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Imagen: Moeh Atitar

El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (MSSSI) busca un acuerdo para devolver a los inmigrantes irregulares la asistencia sanitaria. Lo hace tres años después de que el mismo Gobierno -aunque con Ana Mato a la cabeza- aprobara el polémico Real Decreto que despojó de este derecho al colectivo (RD 16/2012). Se trata de una norma que parece no satisfacer ni a los miembros del propio Partido Popular como demuestran los anuncios de ‘deserción’ desde el inicio, que se han multiplicado desde las elecciones autonómicas. El último, el del gobierno madrileño presidido por Cristina Cifuentes.

El penúltimo intento de enmienda de la situación se produjo esta semana. Sanidad presentó a las comunidades autónomas un acuerdo para armonizar la atención social y sanitaria a los extranjeros en situación irregular. Lo que el secretario de Estado de Sanidad y Consumo, Rubén Moreno, ha propuesto a los representantes de las consejerías es que los extranjeros en situación irregular y sin recursos acrediten una residencia de seis meses en España para poder tener acceso a una atención similar al resto de la población, aunque con una importante diferencia: para acudir al médico, se les dará un documento acreditativo previo a su inclusión en una base de datos “a la que se pueda acceder desde todos los centros sanitarios”.

Así, la situación actual es, como mínimo, indefinida. La pregunta que surge es cómo y por qué se ha llegado hasta aquí.

cobertura-sanitaria1. El Gobierno publica el Real Decreto-Ley 16/2012.

El 20 de abril de 2012, el Consejo de Ministros aprobaba el Real Decreto de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones. Era una propuesta del Ministerio de Sanidad presidido entonces por Ana Mato.

Según explica a El Español la presidenta de Médicos del Mundo España, Sagrario Martín, el propio nombre del decreto incluye la supuesta explicación del mismo. “Las razones que se aducen son económicas y enmarcadas en el contexto de la crisis”, comenta. Según el médico de Atención Primaria y economista de la salud Javier Padilla, hay otra razón: “Si un inmigrante irregular tiene derecho a la asistencia sanitaria en España, esta se traslada a cualquier país europeo al que vaya el inmigrante, que luego le facturaría su atención a España”. “No querían cargar con esto y la excusa fue siempre la del ahorro económico, pero sin datos para apoyar la medida”, comenta Padilla. Las autoridades sanitarias cuantificaron la medida en la “desactivación” de 800.000 tarjetas sanitarias.

A efectos prácticos, los extranjeros en situación irregular no podrían recibir atención sanitaria excepto en Urgencias. La excepción eran los niños y las mujeres embarazadas.

Tanto Padilla como Martín apuntan también a un cambio “menos divulgado y más importante” que supuso la entrada en vigor del decreto. “La atención sanitaria pasó de estar considerada como un derecho a estar vinculada al trabajo”, señala Padilla. O, en otras palabras, pasó de asociarse al pago de impuestos a hacerlo a la cotización laboral. Así, sólo las personas que cotizaban y sus beneficiarios tendrían derecho a una atención sanitaria y los que no lo hacían, no. En el caso de los españoles e inmigrantes ‘legales’, esto se solventaría asignando una partida presupuestaria para su atención médica. Para las personas en situación irregular, no. “Se da la tremenda e injusta paradoja de que los inmigrantes indocumentados pagan impuestos, pero no pueden acceder a la sanidad”, apunta Padilla.

La presidenta de Médicos del Mundo hace un símil con la educación: “Es como si sólo tuvieran derecho a la enseñanza los niños hijos de padres trabajadores; eso es lo que se hizo con la salud con la aprobación de este Real Decreto, impedir que la atención sanitaria sea un derecho universal”.

2. Varias CCAA anuncian que seguirán dando atención sanitaria a los inmigrantes indocumentados.

Lo que sucedió justo después de la aprobación del Real Decreto es definido por Martín como “un absoluto galimatías”. “Prácticamente todas las comunidades autónomas han ido proporcionando vías alternativas de entrada al sistema, aunque algunas han sido más rígidas y otras más díscolas”, subraya. Andalucía y Asturias anunciaron su rebeldía casi de inmediato y, para Padilla, son las que más han seguido tratando a los extranjeros en situación irregular.

Las medidas, efectivamente, fueron muy variadas. En algunas regiones, se les daba atención a los afectados con unos ingresos menores de una cifra determinada, en otras se les facilitaba la asistencia a atención primaria pero no especializada y en algunas el problema se centraba más en el acceso al medicamento. “Las desigualdades eran abismales”, comenta Martín, que cita un informe (PDF) publicado por Médicos del Mundo con datos sobre la situación dos años después.

Padilla apunta a la diferencia entre el derecho y el acceso. “Aunque algunas regiones bordeaban el problema dando tarjetas especiales, este derecho no llegaba a personas sin dominio del lenguaje o domicilio fijo, por citar sólo dos barreras de acceso”. En la misma línea, Martín apunta a la falta de información “incluso dentro de la misma comunidad”. Las consecuencias, según la ONG que preside: diagnóstico de muchas enfermedades cuando estas ya estaban avanzadas. El ejemplo paradigmático es la tuberculosis, que hasta su diagnóstico puede ser fácilmente transmisible, sobre todo si se vive en condiciones de hacinamiento. “La gente pensaba que no tenía derecho y a eso había que añadirle el miedo habitual que acompaña a este colectivo”. Padilla va más allá: “Ha habido gente que ha fallecido, aunque es muy difícil demostrar la relación causal”.

El médico comenta una medida que se puso en marcha de forma paralela: la creación de un registro de médicos objetores de conciencia que se negaban a desatender al colectivo afectado.

3. Navarra interpone un recurso contra el RD 16/2012 ante el Tribunal Constitucional, que lo admite a trámite.

Casi a la vez que algunas regiones anunciaban su rebeldía en la aplicación del Real Decreto, otras lo hacían por la vía legal. La primera fue Navarra, que interpuso un recurso contra la norma en el mes de julio de 2012. Le siguió Andalucía y Cataluña. Para la presidenta de Médicos del Mundo “cualquier forma de intentar frenar el Real Decreto” era un apoyo, aunque esta medida no estaba tan centrada en la práctica. “Era más por un tema de competencias, por saber si la gestión de la norma correspondía al Gobierno o a las comunidades autónomas”.

4. El ministro Alfonso Alonso anuncia que el Gobierno devolverá a los inmigrantes irregulares la atención primaria.

Durante casi tres años se sucedieron las noticias sobre la aplicación de la normativa, así como sobre las alternativas que ideaban las comunidades y las ONG para que nadie quedara sin asistencia sanitaria. En noviembre de 2014 dimitía Ana Mato y Alfonso Alonso era nombrado nuevo ministro de Sanidad. Apenas cuatro meses después de su nombramiento, abordaba el asunto de la atención sanitaria a los extranjeros en situación irregular y anunciaba que podrían acceder a la Atención Primaria. Una bienvenida a los ambulatorios que pilló por sorpresa a muchos.

“Las razones habría que pedírselas a ellos, pero nosotros no vimos ningún hilo conductor. Pudo influir un informe (PDF) del Defensor del Pueblo sobre la situación de las urgencias hospitalarias”, comenta Martín.  Para la presidenta de Médicos del Mundo, el anuncio “que no vino acompañado de nuevos pasos”, estaba acompañado de “conceptos peligrosos”. “Parecía que se devolvía la Atención Primaria para evitar colapsar las Urgencias, como si fuera los inmigrantes los que tuvieran la culpa de este colapso”, añade.

“Las Urgencias son más ineficientes y más intervencionistas, la Atención Primaria es más efectiva”

“Está claro que las Urgencias son más ineficientes y más intervencionistas, y que la Atención Primaria es más coste efectiva. Al final parecía lo que era: que la medida no había servido para ahorrar, porque lo que realmente hubiera ahorrado dinero era lo que no se podía hacer, suprimir la asistencia sanitaria en su totalidad, algo que afortunadamente no permiten los convenios internacionales”, comenta por su parte Padilla.

5. Aragón, Comunidad Valenciana, Baleares y Cantabria anuncian que darán cobertura sanitaria a inmigrantes.

El mayo de 2015 tienen lugar las elecciones autonómicas y municipales. A un cambio del panorama político se sucede un aluvión de anuncios de que se prestará atención sanitaria completa a los extranjeros en situación irregular. No es casual. En marzo de este mismo año todos los partidos de la oposicion, salvo Ciudadanos, habían pactado esto en una declaración institucional promovida por Médicos del Mundo. “Hubo un cambio en la balanza de poder y se apuntaron incluso comunidades en las que gobernaba el PP, aunque en minoría”, comenta Padilla, que cree que la reactivación del asunto tiene también que ver con la cercanía de las elecciones generales. “Es un tema que va a sonar”, apunta el médico.

Para Martín, el anuncio es “muy positivo”, aunque lógico dentro del compromiso adquirido por los partidos dos meses antes. “Se puso en marcha”, resume.

6. La Comunidad de Madrid anuncia que dará cobertura sanitaria a inmigrantes irregulares.

La última suma a esta rebelión masiva la ha protagonizado una figura emblemática del propio Partido Popular. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, que gobierna apoyada por Ciudadanos, anunció el pasado 22 de agosto que daría atención sanitaria a este colectivo. Aunque al principio habló de crear un documento especial para los extranjeros en situación irregular, el diario El País filtró un documento que ordenaba la atención inmediata a cualquier persona “con o sin documentación”.

7.  Sanidad propone crear un registro de inmigrantes irregulares para conseguir la atención sanitaria.

El pasado 25 de agosto, el MSSSI anunciaba su intención de devolver la atención sanitaria a inmigrantes irregulares, pero con una salvedad: lo harían tras inscribirse en un registro de personas en su situación. “De primeras, nos parece peligroso y disuasorio, además de multiplicar la burocracia con la creación del registro y no la eficiencia”, comenta Martín, que se pregunta por qué no volver a la situación anterior al Real Decreto. “Todos los que tenemos tarjeta sanitaria estamos en un registro, que es de la propia tarjeta, no hay necesidad de crear otro y encima excluyente”, añade.

“¿Quién se va a querer apuntar ahí?”, se pregunta por su parte Padilla, que recalca que esta propuesta no regula la atención sanitaria como derecho.

8. Sanidad propone que los inmigrantes lleven seis meses empadronados para recibir asistencia sanitaria.

La última pieza de este puzle (lejos de ser la última) es la propuesta lanzada esta semana por Sanidad a la Comisión de Prestaciones, Aseguramiento y Financiación. La principal novedad es que propone que los extranjeros acrediten una residencia de seis meses para poder recibir asistencia. Además, tendrán que identificarse, aportar “una justificación de no disponer de recursos suficientes”, una “declaración responsable de no tener cobertura sanitaria por ninguna otra vía” y un “documento de que no procede la exportación del derecho a la asistencia sanitaria”.

Con esta propuesta, Sanidad pretende “que no se genere la obligación para España de atender gratuitamente a personas cuya asistencia ha de ser cubierta por su país de origen” y que “no se pueda exportar el derecho a ser atendido en otro país a cargo del Sistema Nacional de Salud”.

Padilla cree que con esta medida “no se da el paso necesario de volver a considerar la asistencia sanitaria un derecho”, por lo que aboga por la derogación -“quizás no total”- del Real Decreto de la polémica. La presidenta de Médicos del Mundo en España se manifiesta en la misma línea. “El derecho a la salud tiene que ser un derecho humano”, concluye.