Hungría decreta el estado de emergencia por la crisis de refugiados

El Gobierno de Hungría ha decretado este martes el estado de emergencia en dos provincias lindantes con Serbia para afrontar la crisis de refugiados.

En la imagen, un padre y su hijo este martes cerca de Asotthalom, en la frontera servo-húngara. REUTERS / Laszlo Balogh

Un padre y su hijo este martes en Asotthalom, en la frontera servo-húngara. REUTERS / Laszlo Balogh

El Gobierno de Hungría ha decretado este martes el estado de emergencia en dos provincias lindantes con Serbia para afrontar la crisis de refugiados.

La probabilidad de que las autoridades locales declarasen el estado de crisis había sido adelantada en la mañana del martes por la embajadora húngara en España, Enikő Győri, en un desayuno con la prensa madrileña. Győri ha explicado que el Ejército húngaro se desplazará a la frontera para controlar el flujo migratorio, pero “los soldados no estarán autorizados a usar armas de fuego”.

Este martes entra en vigor una nueva legislación en el país centroeuropeo que puede enviar a los migrantes a prisión por hasta cinco años. Desde esta madrugada, todo el que cruce la valla levantada por Hungría en su frontera con Serbia sin pasar por los controles fronterizos habilitados, dañe la valla o impida su construcción (una valla más alta que la acabada continúa en construcción), puede acabar entre 3 y 5 años en la cárcel. Unas placas en la valla avisarán de esta posible pena. Por lo demás, el Gobierno húngaro deja en manos de la tecnología que la información llegue a tiempo a los nuevos refugiados. “La mayoría de los migrantes están muy bien equipados de móviles. Además, muchos tienen líderes de grupos que dictan a los demás qué hacer”, ha defendido Győri. La embajadora asegura que todo el que se declare refugiado al pasar un control fronterizo y solicite asilo entrará automáticamente en el proceso para obtener protección.

“La prioridad máxima es el control, la protección de las fronteras exteriores, no sólo porque estemos obsesionados con eso, sino porque (…) lo que hacemos nosotros es respetar y hacer respetar las leyes internacionales”, ha asegurado. Las acciones de Hungría frente a la llegada masiva de refugiados han despertado fuertes críticas entre la comunidad internacional en las últimas semanas. Győri, sin embargo, ha defendido que no es justo que se critique a un país miembro por cumplir con la legislación europea, que obliga a los Estados a controlar sus fronteras exteriores. “Recibo cada día más y más cartas diciendo que soy personalmente una sinvergüenza y mi primer ministro más, que toda Hungría es racista”, ha dicho la diplomática. “Pero también recibo cartas de aprecio”.

La embajadora aboga por una solución comunitaria a la crisis de refugiados que sea sostenible y efectiva. Respecto a las cuotas de acogida propuestas por la Comisión Europea, Győri ha afirmado que se llegará a ellas siempre que se estabilicen las fronteras y se controle el flujo de entrada de refugiados. También ha afirmado que es vital diferenciar entre refugiados, que se han visto forzados a abandonar sus hogares, y migrantes, que buscan mejores condiciones de vida, y controlar quién entra en Europa.

Casi 200.000 personas han llegado a Hungría en lo que va de año. El país ha recibido más de 170.000 solicitudes de asilo, de las que un 17% han sido aprobadas -frente al año pasado, que se aprobó el 9%. La embajadora en España ha indicado que muchos desaparecen durante el proceso y no se puede completar su solicitud. Sirios, afganos y kosovares son los principales solicitantes de protección internacional.

Triunfa la Europa de la fortaleza frente a la crisis de los refugiados

A Hungarian policeman looks at migrants, as they wait to enter Hungary near the village of Horgos, Serbia, September 14, 2015. Hungary has closed off a railway track used by tens of thousands of migrants to enter the European Union on foot, launching a crackdown promised by the right-wing government to tackle Europe's worst refugee crisis in two decades.  REUTERS/Marko Djurica

La UE ha vuelto a cambiar el rumbo en su respuesta a la crisis de refugiados. La prioridad ya no es el reparto entre los estados miembros de los demandantes de asilo, que volvió a fracasar este lunes en la reunión extraordinaria debido al bloqueo de los países del este, sino reforzar las fronteras exteriores y acelerar las repatriaciones de inmigrantes irregulares. España acogerá, en total, 35.000 refugiados este año.

Foto: REUTERS / Marko Djurica

 

Un policía húngaro vigila, este lunes, la llegada de refugiados en la frontera de su país con Serbia. REUTERS / Marko Djurica

La Unión Europea ha vuelto a cambiar el rumbo en su respuesta a la crisis de refugiados. La prioridad ahora ya no es el reparto entre los estados miembros de los demandantes de asilo, que volvió a fracasar en la reunión extraordinaria de ministros del Interior celebrada este lunes debido al bloqueo de los países del este, sino reforzar las fronteras exteriores y acelerar las repatriaciones de inmigrantes irregulares. La UE quiere además que Italia y Grecia pongan en marcha cuanto antes centros de registro en los que los refugiados podrían quedar retenidos a la espera de ser identificados.

El volantazo lo ha vuelto a marcar Alemania con su decisión de reintroducir el 13 de septiembre los controles fronterizos con Austria tras varias semanas dejando entrar a los refugiados. Es la primera vez que se cierran las fronteras en la UE por motivos migratorios desde la puesta en marcha del espacio Schengen en 1995. Le ha seguido la propia Austria y otros países como República Checa, Eslovaquia y Holanda reforzarán los controles. El ministro de Asilo e Inmigración belga, Theo Francken, ha avisado de un “efecto dominó” que podría poner en riesgo la libre circulación de personas, una de las principales conquistas de la UE.

Los 28 estados miembros coinciden en que “es imperativo un control fronterizo eficaz para la gestión de los flujos migratorios”, según figura en las conclusiones adoptadas por la presidencia luxemburguesa de la UE tras la reunión del lunes. “Francia y Alemania consideran que no se puede garantizar la sostenibilidad en la acogida de refugiados sin un dispositivo organizado, poderoso y eficaz de control de las fronteras exteriores de la UE”, ha subrayado el ministro del Interior francés, Bernard Cazeneuve. Para ello, los estados miembros quieren reforzar la Agencia Europea de Protección de Fronteras (Frontex) y encomendarle la tarea de “organizar la repatriación a los países de origen de los inmigrantes económicos irregulares”.

“Decir que se cierran las fronteras y se deja a todo el mundo fuera es poco realista, populista y simplemente imposible. Decir que se abren las fronteras y se deja entrar a todo el mundo tampoco es realista porque dañaría seriamente el modelo social europeo”, ha admitido el vicepresidente primero de la Comisión, Frans Timmermans.

Centros de retención de inmigrantes en Italia y Grecia

Italia y Grecia deberán montar de inmediato en sus territorios centros de registro de inmigrantes (‘hot spots’, en la jerga comunitaria), cuya función será identificar, registrar y tomar las huellas dactilares de las personas que llegan. Se trata de diferenciar entre los que necesitan protección internacional y los inmigrantes económicos, que serán repatriados a sus países de origen. En estos campos de registro se aplicarán “medidas de detención” a los refugiados si es necesario, señalan explícitamente las conclusiones.

“Un mecanismo de solidaridad permanente no puede ponerse en marcha hasta que se creen los centros de registro”, ha avisado el ministro del Interior francés. París y Berlín reclaman además destinar fondos comunitarios a los campos de Turquía, Jordania y Líbano con el fin de que los refugiados se queden allí y no traten de llegar a territorio europeo.

De hecho, los ministros aspiran a poner en marcha nuevos centros de refugiados en los países de tránsito, por ejemplo en África, para evitar que estas personas viajen a Europa. “Se debe empezar a aplicar una estrategia a medio plazo basada en este enfoque integrado, con el objetivo de desarrollar capacidades de recepción seguras y sostenibles en las regiones afectadas y proporcionando perspectivas duraderas y procedimientos adecuados para los refugiados y sus familias hasta que sea posible el retorno a su país de origen”, señalan las conclusiones.

División entre este y oeste

Si la crisis del euro agravó las divisiones entre la Europa del sur y la del norte, la de los refugiados ha mostrado una nueva fractura entre el este y el oeste. Los ministros del Interior de la UE han fracasado este lunes en su intento de repartir a 120.000 demandantes de asilo llegados a Grecia, Italia y Hungría, tal y como había propuesto la Comisión Europea. República Checa, Eslovaquia, Polonia, Letonia, Rumanía y la propia Hungría han sido los países que han bloqueado el plan de Bruselas, según han desvelado dos fuentes diplomáticas a EL ESPAÑOL. “Es verdad que el mensaje que se lanza a la opinión pública europea no es el que desearíamos”, ha admitido el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, al término de esta nueva reunión fallida.

“Las cuotas no resuelven el problema”, alegaba el ministro del Interior eslovaco, Robert Kalinak. En su opinión, los demandantes de asilo “no quieren quedarse” en Eslovaquia, Hungría o ni siquiera en Austria y “no se les puede obligar a la fuerza”. “Al cabo de dos días sabemos que se irán a Alemania o Suecia”, ha dicho. Los países del este culpan a Berlín de haber desencadenado la última oleada de refugiados al anunciar que aceptaría a todos los demandantes de asilo sirios que llegaran a su territorio. Y apuestan por el cierre de fronteras. El caso más extremo es el de Hungría, que ha construido una valla en su frontera con Serbia y rechaza incluso ser beneficiaria del plan de Bruselas. Y es que la Comisión proponía repartir entre el resto de estados miembros 54.000 refugiados llegados a Hungría, 50.400 de Grecia y 15.600 de Italia.

Los países que creen que las cuotas son parte de la solución tampoco ahorran reproches para los socios del este. “Desde hace muchos años hemos sido muy solidarios con los países del este”, ha resaltado el ministro belga, “y para mi está claro que ahora ellos deben ser solidarios también”. Por su parte, el luxemburgués Jean Asselborn reclamaba a Hungría “ser parte de la solución y no parte del problema”.

El ministro alemán, Thomàs de Maizière, y el francés Cazeneuve, presentaron durante el encuentro una posición común de máxima dureza contra la inmigración irregular en un intento final de convencer a los países del este. Pero su alianza fue esta vez contraproducente. Los dos ministros anunciaron a media tarde, en rueda de prensa conjunta, que ya había un principio de acuerdo sobre el reparto de los 120.000 inmigrantes, lo que acabó de enfadar a los más reticentes. Esta comparecencia prematura “no ayudó” a fraguar el compromiso, ha explicado un diplomático europeo.

Al tratarse de un acuerdo político, se necesitaba el apoyo unánime de los estados miembros para aprobarlo. El veto de los países del este obligó a que las conclusiones quedaran plasmadas en un texto firmado únicamente por la presidencia luxemburguesa, que no tiene carácter vinculante. El plan ahora es aprobar el reparto en la próxima reunión de ministros del Interior que se celebra el 8 de octubre en Luxemburgo por mayoría cualificada, dejando en minoría a los socios del este. De momento se descarta convocar una cumbre extraordinaria de jefes de Estado y de Gobierno. Pero no está claro que estos países vayan a aceptar unas cuotas aprobadas contra su voluntad y vayan a acoger efectivamente a estos refugiados.

España acogerá a 35.000 refugiados en 2015

A diferencia de lo que ocurrió en el anterior encuentro del 20 de julio, España no ha puesto esta vez “ningún problema” y ha aceptado sin discutir la cuota de casi 15.000 refugiados que le ha adjudicado Bruselas. A esta cifra hay que sumar los 2.800 que ya admitió en el anterior reparto de julio (de los 5.800 que le pedía Bruselas). Aparte de las cuotas de la UE, el Gobierno de Mariano Rajoy prevé tramitar este año 17.000 solicitudes de asilo. Así que en total, España acogerá a 35.000 refugiados en 2015. “Es un esfuerzo importante para España. Lo hacemos con gusto porque somos un país solidario y somos conscientes del drama humanitario”, ha asegurado Fernández Díaz. Sin embargo, España tampoco se plantea aceptar ahora a los 3.000 refugiados que rechazó en el reparto de julio.

“La actitud permisiva de las autoridades húngaras acabará muy pronto”

Lázsló Cselényi, ex director de la televisión internacional pública de Hungría, Duna TV, ha pasado muchas horas en la estación de Keleti en Budapest durante las últimas semanas. Allí ha visto a los refugiados que pasan cada día con destino hacia Austria y Alemania. Y ha compartido conversaciones con sirios, afganos, iraquíes, kurdos sobre las maravillas de Palmira, los bombardeos de Alepo, el Estado Islámico en Siria o las historias personales de cada uno…

En la imagen, un grupo de refugiados llega el pasado día 5 a la estación de Hegueshalom, en Hungria, cerca de la frontera de este país con Austria. LASZLO BALOGH / REUTERS

Por qué la crisis de los refugiados paraliza y enfrenta a la UE

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Lázsló Cselényi

Lázsló Cselényi (Cluj Napoca, Transilvania, 1951) presentó su dimisión como director de la televisión internacional pública de Hungría, Duna TV, el día que el Parlamento húngaro votó a favor de la polémica nueva Ley de Medios de 2010. Es un laureado director de documentales húngaro, especializado en minorías (él mismo nació como húngaro en Rumanía). Gran conocedor y amante de muchos de los países de los que provienen los refugiados que llegan a Europa, tiene amigos en Palmira (Siria) a los que hace tiempo que no contacta por temor a ponerles en peligro. No sabe si siguen vivos. Ha pasado muchas horas en la estación de Keleti en Budapest durante las últimas semanas, donde las autoridades húngaras ahora dejan proseguir su camino a los refugiados que pasan cada día por ahí con destino hacia Austria y Alemania. Ha compartido conversaciones con sirios, afganos, iraquíes, kurdos sobre las maravillas de Palmira, los bombardeos de Alepo, el Estado Islámico en Siria, las historias personales de cada uno… Atiende a EL ESPAÑOL a través del teléfono y por correo electrónico desde Budapest, donde reside desde hace décadas:

PREGUNTA.- Si tuviera que describir en una frase lo que está sucediendo con los refugiados en Hungría, ¿cuál sería?

RESPUESTA.– Caos, cinismo, desinterés, amedrentamiento de quienes quieren ayudar. [Aunque desde el fin de semana la situación ha mejorado mucho] en la estación de Keleti los migrantes ya llegan y se van sin problemas. Ahora los principales conflictos están en la zona de Röszke, en la frontera con Serbia [donde este martes salieron a la luz imágenes de una periodista poniendo zancadillas y pegando patadas a los refugiados].

P. El primer ministro húngaro, Viktor Orban, ya tenía un discurso xenófobo antes de esta crisis. ¿Le sorprende alguna de las medidas que está tomando, como la valla de espinas en la frontera o el traslado forzoso de los migrantes a un campo de refugiados?

R. No. Desde principios de este año sabemos que iban a llegar miles y miles de inmigrantes. Hungría y todos los países europeos reciben fondos especiales de la Unión Europea para estas situaciones, pero el Gobierno húngaro no estableció campos de refugiados modernos y humanitarios ni compró comida, ni camas o agua. Los migrantes han recibido todo esto mediante organizaciones civiles.

El Gobierno húngaro colgó carteles de las vallas en las fronteras en las que ponían: “Inmigrantes, no nos quiten trabajo”. Y lo pusieron en húngaro, de forma que no lo entienden siquiera. Da la impresión de que todo el problema de los migrantes es un producto de comunicación interno. Siempre que hay graves problemas internos, el Gobierno recurre a la propaganda para desviar la atención sobre la problemática real.

P. El año pasado el Gobierno de Orban llevó a cabo una dura campaña contra las ONG críticas con su Administración. ¿Quedan organizaciones humanitarias capaces de prestar ayuda a los refugiados? ¿Y ciudadanos individuales?

Una refugiada espera transporte para Austria o Alemania el pasado día 5, cerca de Budapest. DAVID W. CERNY / REUTERS

R. Han dificultado su actividad por todos los medios. Existe entre la ciudadanía gente dispuesta a ayudar, también algunas organizaciones civiles. Están en las estaciones de trenes, en lugares donde juntan a los refugiados, allá donde se les necesita. Pero las autoridades les han impedido  ejercer su función humanitaria. En Bicske [donde se encuentra el campo de refugiados a 40 km de Budapest donde las autoridades llevaron forzosamente a los refugiados con el tren] no les dejaban ni siquiera repartir agua. [Hasta el viernes pasado], si alguien intentaba llevarles en coche, les paraban inmediatamente y les podían detener porque dicen que son “inmigrantes ilegales”.

Las autoridades intentan no dejar funcionar correctamente a la prensa. Les apartan de los migrantes. La propaganda estatal es cada vez más intensa. [Habla de] peligro de terrorismo, agresividad de los migrantes, irresponsabilidad de Alemania y arrogancia de Austria… Un ejemplo: los trabajadores de la televisión pública (MTVA) han recibido instrucciones de no mostrar imágenes de niños entre los migrantes (“Que no haya niños”… en una información sobre la “interceptación” de 1.600 migrantes) porque ellos despiertan la simpatía de todo el mundo [la información se filtró en agosto].

Bajo mi punto de vista, esto es un crimen de guerra. Hay una parte de la población llena de odio, a quienes les gustaría cerrar herméticamente las fronteras y apartar a los migrantes con fusiles. El redactor jefe del periódico Demokrata, el más leído de Hungría y afin al Gobierno, ha llamado “animales”, literalmente, a los migrantes. La inmensa mayoría de los húngaros, engañados por la propaganda y las pancartas antimigrantes, tienen miedo de ellos. Y la Policía húngara hace lo que se les ordena y, dentro de lo que cabe, están obrando con humanidad.

Sin embargo, el mayor problema es la indiferencia. Grupos de extrema derecha podemos encontrarlos en cualquier parte pero pueden ser neutralizados a través de una sociedad sana. La indiferencia es el terreno de cultivo de todo esto. Es incomprensible que la memoria colectiva no esté funcionando. Esta nación, la húngara, ya se quebró una vez hace 70 años por la indiferencia, cuando volvieron la cabeza al pasar los convoyes de la muerte [deportando a  judíos].  [Este fin de semana] muchos húngaros han empezado a ayudar a los migrantes, [ya] sin miedo. ¡Menos mal!

Un grupo de refugiados llega el pasado día 5 a la estación de Hegueshalom, en Hungria, cerca de la frontera de este país con Austria. LASZLO BALOGH / REUTERS

P. Usted fue director de la televisión internacional húngara durante seis años (2004-2010) hasta que el Gobierno actual implantó una ley de censura para los medios. ¿Cómo están los medios públicos cubriendo las noticias estos días?

R. La televisión pública está norcoreanizándose. Da voz solo al discurso del Gobierno y contrario a los inmigrantes. Desde hace meses están emitiendo reportajes cuyo contenido “explica” los supuestos enormes peligros que entrañan los migrantes: cuántos terroristas podrían esconderse entre ellos, que están descuidados, que huelen mal, que no es verdad que hayan tenido que dejar su patria, que tienen dinero que les sobra, que tienen teléfonos móviles y que por qué no suben a un avión y van ahí donde quieren. Esto no es broma. Esto lo ha dicho el vicepresidente de Fidesz [el partido gubernamental]. Es una propaganda execrable.

Desde hace tiempo ya no se aplica el porcentaje de minutaje que las normas exigen conceder a la oposición y cuando lo hacen, lo compensan con una crítica demoledora. Los canales de la oposición están haciendo su trabajo, aunque con dificultad.

P. En España se ha empezado a abordar la crisis migratoria muy recientemente, pero en Hungría parece ser un asunto de discusión desde hace tiempo…

R. La situación ha cambiado [en las últimas semanas] en el sentido de que las autoridades se sienten más inseguras que antes, porque hay una gran avalancha. Las medidas que están tomando son contradictorias. Tienen una actitud muy firme en las negociaciones en el extranjero, pero internamente las negociaciones son caóticas. La [actual] actitud permisiva de las autoridades acabará muy pronto.

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Alvand, un joven sirio de 18 años, toma un selfie tras atravesar la frontera húngara cerca de Roszke, el pasado día 5. MARKO DJURICA / REUTERS

P. Aún así no todo es culpa del Gobierno húngaro, ¿no?

R. La Iglesia tampoco toma una postura decidida. Desde el sábado es más activa, pero [hasta entonces] no había ayudado a los refugiados. El cardenal húngaro, Peter Erdö, dijo en una entrevista que la Iglesia no puede dar cobijo a los migrantes, porque entonces estaría ayudando a los traficantes de personas, lo cual está prohibido por ley. La Iglesia Católica húngara actúa por su cuenta. Parece que Fidesz [el partido del Gobierno] es el jefe de la Iglesia aquí.

P. Usted ha estado yendo durante casi dos semanas a diario a la estación de tren de Keleti en Budapest para ayudar y charlar con los refugiados. ¿Qué le transmiten?

R. Ya no hay una aglomeración tan grande, pero siguen llegando. [Cuentan] que están en camino desde hace semanas, que su capacidad de resistencia están en las últimas, hay algunos que han estado durante meses en Turquía. Algunos decían “dios mío, qué no daría para poder recibir un baño caliente”.

Para ellos supone un gran apoyo la prensa internacional, por lo que las autoridades han tratado de impedir el trabajo de los informadores.

Enseguida están muy agradecidos por cualquier gesto hacia ellos, como darles agua, galletas o chocolatinas para los niños. Su única conexión con el mundo exterior es internet, a través del cuál ven el apoyo internacional que reciben. Esa cobertura que reciben, para ellos supone su defensa.

P. ¿Cuál es la historia que más le ha impresionado de los refugiados que ha visitado en esta estación de Budapest?

R. Un día en la estación de Keleti lloré. Muchas veces alguna pequeñez es suficiente. Había ahí una tubería rota de donde brotaba agua que caía al suelo y los migrantes se lavaban manos y piernas e intentaban lavar sus zapatos. Vi a una niña de unos cinco años que no tenía cepillo de dientes y metía su manita para coger algo de agua con el dedo y poder lavarse los dientes con un mejunge que guardaba su padre en una bolsita de plástico. Tuve que salir corriendo. Recordé a mis idolatrados nietos a la vez que pensaba que cualquiera en cualquier momento puede ser un refugiado.

P. ¿Qué hace falta hacer en Hungría con mayor urgencia?

R. Hay que pregonar la humanidad. Ese es el deber más importante. La indiferencia hay que eliminarla. A los fascistas, xenófobos, a quienes piden sangre, hay que condenarlos públicamente.

Tengo la esperanza de que dentro de unos años estas personas no escupan cuando se encuentren con algún húngaro o cuando escuchen hablar de Hungría. Esa es mi esperanza, porque somos muchos los que pensamos así.

Por qué la crisis de los refugiados paraliza y enfrenta a la UE

Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

En lugar de solidaridad y acogida, el agravamiento de la crisis de los refugiados este verano ha provocado parálisis y enfrentamientos entre los estados miembros de la UE, que no se ponen de acuerdo sobre un sistema de cuotas obligatorias para repartirse a los demandantes de asilo. A continuación explico las claves de esa parálisis y de lo que puede ocurrir a partir de ahora. 

En la imagen, refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

Gráficos de Patricia López

La foto de la vergüenza de Europa / La muerte, en alejandrinos

“Por favor, no vengan”. Es el mensaje que ha lanzado desde Bruselas a los refugiados que tratan de llegar a Europa el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Ha sido su respuesta a la foto del niño sirio ahogado en una playa de Turquía. En lugar de solidaridad y acogida, el agravamiento de la crisis de los refugiados este verano ha provocado parálisis y enfrentamientos entre los estados miembros, que no se ponen de acuerdo sobre un sistema de cuotas obligatorias para repartirse a los demandantes de asilo.

El crecimiento de partidos populistas y de ultraderecha en muchos países europeos dificulta cualquier solución. Está además en riesgo uno de los principales logros de la UE, la libre circulación de personas en el espacio Schengen ya que países como Austria empiezan a reintroducir controles fronterizos. Para el 14 de septiembre se ha convocado una reunión extraordinaria de los ministros del Interior de los 28 en un intento de desbloquear la situación.

¿Por qué aumenta la llegada de refugiados a la UE?

Unos 340.000 inmigrantes y demandantes de asilo han sido detectados en las fronteras de la UE tratando de entrar de forma irregular entre enero y julio de este año, una cifra que casi triplica la registrada en el mismo periodo de 2014: 123.500 personas en los siete primeros meses y 280.000 en el total del año, según los datos de la Agencia Europea de Control de Fronteras (Frontex). Pese al fuerte aumento, esta cifra apenas representa el 0,06% de la población de la UE. Pero el incremento ha provocado una “presión sin precedentes” para las autoridades de control fronterizo de Grecia, Italia y Hungría, según admite la propia agencia.

La guerra civil en Siria, que ha entrado ya en su quinto año, el caos en Libia tras la intervención de la OTAN, el avance del Estado Islámico, la inestabilidad en Irak o Afganistán o los regímenes represivos en países africanos como Eritrea son las principales causas que explican el constante agravamiento de la crisis de refugiados.

Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis
Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

¿Cuáles son las principales rutas de entrada?

Los inmigrantes y los traficantes de personas van ajustando las rutas en función de las dificultades y controles que encuentran en cada punto. En estos momentos, la principal ruta de entrada a la UE es la del Mediterráneo oriental, por donde han llegado 132.000 personas en los siete primeros meses del año. Se trata sobre todo de sirios y afganos que acceden a Grecia por mar desde Turquía. Por Hungría han entrado, a través de los Balcanes, más de 100.000 refugiados que vienen de Afganistán y Siria pero también de Kosovo. En tercer lugar, está Italia, que en lo que va de año ha recibido a 90.000 inmigrantes, en su mayoría de Eritrea y Nigeria, que realizan la peligrosa ruta por mar desde Libia. En contraste, a España sólo han llegado este año alrededor de 7.000 inmigrantes, sobre todo por Ceuta y Melilla, según Frontex.

En estos viajes para llegar a Europa, los refugiados se juegan la vida. En lo que va de año, alrededor de 2.400 inmigrantes han muerto en el mar al tratar de llegar a las costas europeas, según los cálculos de la Organización Internacional para las Migraciones. El último ejemplo, el niño ahogado encontrado en una playa de Turquía. A ello hay que sumar casos como el de los más de 70 inmigrantes hallados muertos en un camión en Austria.

Refugiados sirios rezan al llegar a la isla griega de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis
Refugiados sirios rezan al llegar a la isla griega de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

¿Cuál ha sido la respuesta de la UE hasta ahora?

La política europea en materia de inmigración y asilo sólo ha avanzado a golpe de crisis y tragedias migratorias. Y ello por las diferencias entre los países con frontera exterior, sobre todo los del sur (que viven el problema directamente) y los del centro y este (que hasta ahora no lo han considerado urgente).

La crisis de los cayucos en España en 2006 fue el primer impulso para empezar a reforzar Frontex en su función de coordinar patrullas de vigilancia marítima de varios países de la UE, aunque el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ya experimentó las dificultades para concretar la solidaridad de los demás estados miembros. El naufragio de una barcaza procedente de Libia cerca de la isla italiana de Lampedusa en octubre de 2013 provocó la muerte de 366 inmigrantes y movilizó a los líderes europeos. Pero el impacto de la tragedia apenas se tradujo en medidas concretas.

Un nuevo naufragio en Lampedusa de una embarcación con 700 inmigrantes en abril de este año forzó a los jefes de Estado y de Gobierno a explorar nuevas soluciones. Los líderes acordaron triplicar el presupuesto y los barcos y aviones de las patrullas de Frontex por el Mediterráneo con el fin de detectar y asistir a las embarcaciones de inmigrantes en peligro.

En los siete primeros meses del año, 95.000 inmigrantes han sido rescatados en el Mediterráneo central. La UE también ha decidido lanzar una misión militar para destruir las embarcaciones que utilizan los traficantes de inmigrantes. De momento, los expertos de la UE se limitan a reunir información sobre las mafias porque todavía no cuentan con una resolución de Naciones Unidas que les autorice a actuar en territorio libio.

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Gráficos de Patricia López

¿Por qué han fracasado las cuotas de Bruselas?

La medida más novedosa propuesta la Comisión de Jean-Claude Juncker en abril fue un plan para repartir a 60.000 refugiados entre los Estados miembros con dos componentes. En primer lugar, Bruselas pretendía redistribuir, mediante un sistema de cuotas obligatorias, a 40.000 demandantes de asilo llegados a Italia y Grecia con el objetivo de aliviar la presión que sufren los dos países (lo que en la jerga europea se denomina reubicación). A ellos se sumarían otros 20.000 refugiados que se traerían a la UE desde el norte de África y Oriente Medio para abrir canales legales de inmigración y evitar que estas personas tengan que lanzarse al mar (reasentamiento). A diferencia del primero, este segundo componente tendría un carácter voluntario. Los criterios de reparto eran cuatro: la población de cada país (que contaba un 40%), su nivel de riqueza (40%), la tasa de paro (10%) y las peticiones de asilo tramitadas en el pasado (10%). A España le correspondía acoger en total a 5.837 refugiados. Al final sólo aceptó acoger a 2.749.

El plan, que contaba con el respaldo de Francia y sobre todo Alemania, quedó descafeinado en la última reunión de los ministros del Interior de los 28 celebrada el 20 de julio por la oposición de España, Reino Unido y los socios del este. Estos países lograron, en primer lugar, que el reparto no fuera en ningún caso obligatorio ni impuesto por Bruselas. Después ofrecieron cuotas muy inferiores a las sugeridas por la Comisión. El caso más extremo es precisamente el de Hungría, que se ha negado a participar. El resultado es que de momento los países de la UE sólo acogerán a 32.000 solicitantes de asilo procedentes de Italia y Grecia en lugar de 40.000. En contraste, sí que se ha logrado alcanzar la cifra de 20.000 refugiados reasentados.

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¿Por qué España no acepta más refugiados?

 El elevado paro, la posibilidad de que se genere un efecto llamada o los esfuerzos que hace España para controlar sus fronteras y frenar la inmigración irregular son algunos de los argumentos que ha esgrimido el Gobierno de Mariano Rajoy para justificar su negativa a las cuotas propuestas desde Bruselas. El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha alegado en una entrevista al periódico alemán Die Welt que la tasa de paro y los esfuerzos en inmigración “no se tienen en cuenta de forma suficiente” a la hora de calcular el reparto. “Con una tasa de paro tan alta como la de España, del 22%, no se puede ofrecer a la gente una oportunidad justa de integración”, ha dicho.

Para el Gobierno de Mariano Rajoy, la UE debería ir a la raíz del problema y reforzar la cooperación con los países de origen y tránsito de inmigrantes y refugiados, como hace España con Mauritania y Senegal.

Pese a que España ha sufrido varias crisis migratorias en los últimos años, en particular en las islas Canarias y en Ceuta y Melilla, sigue siendo uno de los países de la UE que tramita y acepta menos solicitudes de asilo. Durante el primer trimestre de 2015, España registró únicamente 2.035 demandas de asilo, el 1,1% del total en la UE, cuando su población es alrededor del 9% del total. En 2014 sólo concedió protección a 1.600 personas: el 0,8% de decisiones positivas en la UE.

Un grupo de refugiados protesta en la estación de tren de Bicske (Hungría). / REUTERS / Bernadett Szabo
Un grupo de refugiados protesta en la estación de tren de Bicske (Hungría). / REUTERS / Bernadett Szabo

¿Cuál ha sido el papel de Alemania?

Alemania ha tenido que asumir de nuevo, junto con la Comisión, el liderazgo en la crisis de los inmigrantes. La canciller, Angela Merkel, ha admitido que se trata de un “desafío mayor” que la crisis de Grecia y está multiplicando los llamamientos a la solidaridad, sobre todo los dirigidos a los países del este. Pero también ha avisado de que “si no se logra un reparto justo de refugiados dentro de Europa, entonces algunas personas querrán poner [el espacio sin fronteras] Schengen en la agenda”. Berlín prevé recibir este año 800.000 solicitudes de asilo y ha dicho que acogerá a todos los refugiados sirios que lleguen a su territorio.

Pero los vecinos de Alemania, en particular Hungría y Austria, se quejan de que estos anuncios están provocando un efecto llamada que está destrozando a sus propios países. El premier húngaro Orban ha llegado a decir que la crisis de refugiados es un “problema alemán” porque es allí donde quieren dirigirse todos los demandantes de asilo.

Por lo demás, la crisis ha provocado también cruces de reproches entre Francia y Reino Unido a cuenta de los inmigrantes que se acumulan en Calais (a la entrada del canal de la Mancha) o entre Francia e Italia por los que están en la ciudad fronteriza de Ventimiglia. El Gobierno francés ha criticado también la construcción por parte de Hungría de una valla en su frontera con Serbia.

¿Qué medidas prepara la Comisión? 

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, tiene previsto anunciar el próximo 9 de septiembre una nueva batería de medidas para hacer frente a la crisis migratoria. En primer lugar, Juncker planteará repartir entre los países de la UE a otros 120.000 inmigrantes llegados a Italia, Grecia y esta vez también Hungría, según ha adelantado el periódico italiano La Reppublica. Para evitar que los países del este o España bloqueen de nuevo el reparto, permitirá no obstante que los estados miembros que no deseen participar se excluyan, aunque tendrán que dar explicaciones a sus socios y opiniones públicas. El Ejecutivo comunitario pretende además poner sobre la mesa un sistema permanente de reparto que se activaría de forma automática cuando se superen determinados umbrales de llegada de refugiados.

La Comisión plantea también acelerar la puesta en marcha de centros de registro de inmigrantes y refugiados en Grecia e Italia y elaborar una lista de países seguros para facilitar la deportación de aquellos inmigrantes irregulares que se considera que no corren ningún riesgo en su país de origen. Esta lista es una petición de Alemania, que se ve desbordada por solicitudes de asilo de inmigrantes procedentes de los Balcanes. Las deniega casi todas pero su tramitación consume muchos recursos. Otra pista en la que se trabaja es la creación de un fondo para ayudar a los países de origen.

No está claro si esta nueva batería de medidas podrá salir adelante. Mariano Rajoy se ha mostrado dispuesto a reconsiderar su cuota de refugiados pero mantiene muchas reservas y los países del este (en particular Polonia, Hungría, Eslovaquia y República Checa) se han propuesto reforzar su alianza contra las cuotas. Pero la creciente presión de Alemania y de la opinión pública podría obligarles a flexibilizar su posición. 

El caso húngaro: ‘crowdfunding’ para defender la libertad de prensa

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El director de uno de los principales medios del país se negó a retirar una historia molesta para el Gobierno. Fue despedido. Siete meses después, ha creado un nuevo medio con el reportero que investigó aquel caso. Entre los dos y un colega acaban de lanzar una operación de crowdfunding para garantizar su independencia.

El invierno pasado, después de ochos meses trabajando en el Washington Post, Andras Petho acababa de volver a Origo, el medio online más leído de Hungría. Como parte de una beca de la Universidad de Maryland sobre periodismo y datos, había investigado en el Post contratos federales o el crimen local. A su regreso a Budapest, quería aprovechar las herramientas que había aprendido para seguir con el reporterismo que siempre prefirió, el que pide cuentas a los poderosos.

En enero de 2014, empezó con lo que describe como un “trabajo rutinario”. En una base de datos del Gobierno, encontró tres viajes de un alto cargo del primer ministro Viktor Orbán a Italia, Suiza y Reino Unido. Dos o tres días con gastos de hotel de 6.300 euros. El gabinete del primer ministro se negó a dar explicaciones y Petho llevó el caso a los tribunales con la ayuda de la ONG Transparency International. Los propietarios de Origo, la telefónica Magyar Telekom, estaban incómodos.

“La presión no fue directa pero era clara. Nunca me dijeron que no hiciera la historia, pero desde luego que intentaron influir en mi trabajo”, nos cuenta Petho. Primero, le sugirieron que retrasara la publicación porque coincidía con las elecciones de abril. En mayo, el director, Gergő Sáling, recibió una petición de los gestores de su medio de que quitara la historia de la web. “La tensión creció tanto que no me sorprendió cuando mi director fue obligado a marcharse a principios de junio. Dimití unos días después”, explica Petho. Así lo hizo la mitad de la redacción. También hubo protestas delante de la sede de Origo. La libertad de prensa está en peligro constante en Hungría por las restrictivas leyes aprobadas por Orbán y denunciadas por la Comisión Europea.

“Unos días después del despido de Gergő, empezamos a hablar sobre cómo crear una pequeña unidad de investigación”, cuenta Petho, que decidió optar con su ex director y un colega por una organización sin ánimo de lucro para tener “más libertad para escribir historias sensibles”. Así nació Direkt36, que ha lanzado esta semana su operación de crowdfunding para pedir apoyo aquí y así poder hacer historias profundas y con el uso pormenorizado de bases de datos sobre “corrupción, gasto público, abuso de poder o decisiones no transparentes” en húngaro y en inglés. Sus fundadores también se explican en Medium en inglés.

Esperan dinero de cualquier país de Europa para empezar a colgar los primeros artículos dentro de un mes. Como EL ESPAÑOL, han grabado un vídeo para contar su historia.

“Hemos puesto el objetivo en 20.000 euros. Sé que no es mucho para los estándares internacionales pero somos un nuevo equipo y este tipo de campañas no tienen tradición aquí en Hungría”, explica. En tres días ya han conseguido la mitad de ese dinero, que de momento sólo les permite mantener una estructura con los tres fundadores, uno de ellos a tiempo parcial.

El recurso a la financiación a través de una petición en Internet está empezando a dar frutos en Europa para la creación de nuevos proyectos periodísticos con sustancia como el holandés De Correspondent y el alemán Krautreporter, que consiguieron llegar al millón de euros en 2013 y 2014 respectivamente.

EL ESPAÑOL todavía está lejos de esa cifra, pero está a punto de batir el récord absoluto de crowdfunding en España. Ya superó la marca máxima del mecenazgo accionarial, que tenía hasta la semana pasada la empresa catalana de drones Hemav. Y está muy cerca del máximo conseguido en Internet con el llamado crowdfunding de recompensa, que tiene una empresa que promocionaba un juego de mesa y está en 680.000 euros. Este sábado por la noche, este periódico ya había conseguido más de 660.000 euros de 1.190 personas, que serán accionistas del proyecto. El plazo para poder sumarse termina el 28 de febrero.

El final de la campaña suele ser clave, como cuenta Christian Fahrenbach, de Krautreporter en Nueva York. “El ritmo se aceleró en los últimos meses. Entre otras cosas porque apelamos a quienes nos habían dado dinero y les dijimos que hablaran con su círculo de amigos y les convencieran de las ventajas de ser suscriptor. A todos nos gusta presumir de que hacemos algo interesante antes que nadie y esa estrategia funcionó. En cuatro semanas conseguimos un millón de euros”, explica el reportero alemán en una hamburguesería justo debajo del New York Times.

El holandés De Correspondent fue la primera experiencia de gran éxito unos meses antes, en 2013. Su editor, Ernst-Jan Pfauth, explica durante una conversación telefónica que su proyecto también empezó después del despido de un director de un periódico. El nuevo medio holandés consiguió el apoyo de 19.000 personas que se convirtieron en suscriptores. “Estaban hartos de las noticias de cada día. Mucho gancho para que la gente haga click, mucha superficialidad… En Holanda hay muchos debates sobre los problemas, pero nunca sobre la sustancia”, cuenta Pfauth.

De Correspondent publica cuatro o cinco historias cada día, todas únicas. Las más populares son “las que investigan soluciones para los problemas”.