Pla y Cambó se citan en el Ritz

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Se instalan cara a cara. Más que su jefe, Cambó es casi su padrino. Hay una gran afinidad de carácter y un tremendo respeto mutuo que ha cuajado en la obra ditirámbica que Pla ha publicado recientemente sobre él. Al ser Cambó elegido diputado en los últimos comicios por Barcelona, se ven con frecuencia. Pero es la primera vez en bastante tiempo que el propio Cambó lo cita, y Pla tiene curiosidad por saber el motivo.

Ilustración: Carlos Rodríguez 

Para esta entrevista era necesario acercarse al Ritz de los años 30 y lo he hecho. Mientras el camarero se aleja, Josep Pla se acomoda en su butaca y lanza una ojeada a su alrededor. Con la apertura de las Cortes, el vestíbulo del Ritz -al igual que el del Palace- está animadísimo. La política vuelve a carburar y las mesas están casi todas ocupadas, con los diputados tomando café o licor o fumando. Por todas partes se ven corrillos discretos de caballeros ataviados de tarde, con trajes elegantes. Reconozco a Santiago Alba, el actual presidente del Congreso, en medio de un grupo de radicales, junto a una de las palmeras de ese jardín de invierno que tanto encandila a las damas de provincias; y  más allá al monárquico Goicoechea. También hay algún que otro hombre de la CEDA y por supuesto la plana principal de la Lliga regionalista catalana, que tiene en el Ritz su centro de operaciones.

Pla, que lleva unos años cubriendo la actualidad parlamentaria para La Veu de Catalunya, está más que familiarizado con todos estos caballeros y sus códigos. Cuando el vestíbulo del Ritz se ve medio desierto, con parejitas sentimentales aquí y allá, es que nada excepcional ocurre. Cuando se llena, algo se está cociendo. Se nota la excitación en el ambiente, en los aires conspiratorios de los corros políticos. Aquí está medio Madrid y también media Cataluña, o por lo menos esa parte de banqueros y empresarios asociados a la Lliga que pulula por los aledaños de las Cortes.

– Aquí tiene, señor Pla.

El camarero le trae un café con leche y media tostada, y Pla se lo agradece. De pronto la señorita de la mesa vecina se vuelve hacia él.

– Perdone, ¿es usted Josep Pla, el cronista de La Veu? Encantada de conocerle. Mi marido está suscrito a su periódico. Soy una sobrina del señor Ventosa –es el parlamentario de la Lliga del que Pla habla mejor–. En fin, sólo quería decirle que le leemos con asiduidad. Los catalanes debemos apoyarnos y más en estos tiempos. Estará usted que trina, con el president Companys en la cárcel y los derechos constitucionales suspendidos. Ésta no es la república que todos queríamos, no señor. No es esto, como ha dicho el señor Ortega y Gasset con gran criterio…

Pla esboza una media sonrisa (“Su tío es un gran parlamentario, perdone un momento”) y aprovecha que aparece Francesc Cambó por el otro extremo del vestíbulo para ponerse en pie. Cambó, que lo busca con la vista, endereza el rumbo. Hombre de poca estatura y seco de carnes, el presidente de la Lliga a sus 50 años todavía no ha perdido esa tensión nerviosa que le caracteriza. Un trabajo metódico y serio lo ha llevado a ser uno de los políticos más valorados y a su edad continúa manteniendo una actividad incesante en Madrid y Barcelona como propagador de las ideas regionalistas. Los años le han agrisado la barba corta; no así la mirada ni la inteligencia. Por el camino saluda a varios conocidos antes de llegar a la mesa donde espera Pla, a quien da un recio apretón de manos.

– Bona tarda, senyor Pla. Siéntese, y perdone que le hable en castellà, pero en los tiempos que corren no pasamos los catalanes por nuestro mejor momento… Es más discreto.

Se instalan cara a cara. Más que su jefe, Cambó es casi su padrino. Hay una gran afinidad de carácter y un tremendo respeto mutuo que ha cuajado en la obra ditirámbica que Pla ha publicado recientemente sobre él. Al ser Cambó elegido diputado en los últimos comicios por Barcelona, se ven con frecuencia. Pero es la primera vez en bastante tiempo que el propio Cambó, siempre bien informado de lo que ocurre entre bambalinas en Madrid, lo cita, y Pla tiene curiosidad por saber el motivo.

– Supongo que se habrá imaginado, dada mi insistencia, que acontece algo excepcional –empieza el político–. Ya habrá notado usted la electricidad que hay en el ambiente, con la apertura de las Cortes. Pues esto no es nada comparado con lo que serán los próximos días…Vamos a tener un otoño más que movido. Tengo noticias de que está a punto de estallar un gran escándalo que salpicará a las más altas instancias de esta República…-dice.

Pero se detiene, porque se acaba de dar cuenta de mi presencia. Pla le explica que hemos quedado para una entrevista y Cambó aprovecha para desaparecer, sin más. Las celebridades del pasado son así. Entonces, cansado del contexto, Pla me propone que salgamos al paseo de Recoletos y mientras lo hacemos se lía un pitillo calmosamente y achina los ojos.

– ¿No sería más lógico entrevistar a Baroja?… Seguramente estará en la cuesta de Moyano, ojeando libros.

– No, le estaba buscando a usted. Me interesa.

– ¿Yo? Soy un escritor catalán, te recuerdo.

– También publica artículos en castellano y dentro de unos años publicará hasta libros.

– Supongo que porque no habrá más remedio… Pero no me va bien este idioma. Está demasiado hinchado para mi gusto, demasiado barroco.

– Hay de todo. Están los Quevedos y están los Barojas. Están los veleros bergantines que van viento en popa, y está Antonio Machado.

Me doy cuenta de que la conversación va a ser complicada, porque a Pla es difícil sacarle de su hurañía, pero lo intento. Le cito a d’Ors, aprovechando que pasamos cerca de donde estará un día su monumento. Sé que es una de sus debilidades.

– Ah, D’Ors. Ha sido el más culto de todos los periodistas de La Veu, y de todos los escritores de la Barcelona de principios de siglo. Nadie, en Cataluña, tenía las lecturas que acumulaba don Eugeni, y yo leía con fruición cada uno de sus artículos durante casi quince años, hasta que dejó Barcelona en el año 20. Eran todos terriblemente nutritivos, sugerentes. Allí había referencias con las que yo construía mi cultura, que me indicaban en qué dirección dirigir mis lecturas.

– También lo frecuentó personalmente en las tertulias de la peña del Ateneo de Barcelona.

– En los años diez, en efecto. Él, Josep María de Sagarra, Francesc Pujols y Alexandre Plana eran, para mí, las personalidades más brillantes de aquella época.

– Es curioso que le haya gustado tanto d’Ors, cuando es un temperamento totalmente opuesto al suyo.  Sus textos están en las antípodas de Pla. Él trabaja con ideas y usted con cosas.

– Yo trabajo con la realidad. Siempre lo digo. Tener opiniones es algo relativamente fácil, pero en cambio una buena descripción… Eso es lo difícil, en literatura. Una descripción de verdad, de una persona, por ejemplo, en la que se vea todo, desde el aspecto físico de los pies a la cabeza, pasando por el efecto que produce, cómo piensa, dónde se posiciona, todo. ¿Cuántas veces se encuentra uno con eso? O un buen paisaje, con todos sus matices. Sólo Azorín ha sido capaz de intentarlo, aunque sea de una manera un tanto aritmética.

– Umbral, uno de sus admiradores, dice que Azorín no sabe coordinar…

– Una crítica malintencionada. Azorín busca una prosa voluntariamente aritmética y es de los pocos, junto con Baroja, que hace sonar el castellano de una manera diferente a la carraca esa barroca y burocrática que tanto gusta aquí.

– A usted, los escritores españoles le respetan. Consideran que hasta en castellano escribe usted bien, a diferencia de Baroja, del que siempre dicen…

– No me gusta que me utilicen para atacar a otros escritores.

– Gusta mucho su adjetivación, y se ha repetido mucho eso de que la literatura está en el adjetivo…

– Es que es cierto.

– Supongo que también estará en el ritmo.

– Es otro de los factores. Pero un adjetivo preciso… eso es una joya. El preciosismo de la literatura está en ese adjetivo. Si Valle-Inclán ha pasado a la historia de la literatura en castellano, es por eso.

– Pero usted no es tan etéreo como Valle. Él podría cerrar los ojos y seguir escribiendo sobre cualquier cosa. Usted en cambio necesita la realidad delante. Usted siempre tuvo los pies en la tierra.

– Yo he necesitado siempre escribir sobre las cosas que tenía delante, sobre lo que he vivido, sí.

– Así escribió sus dos diarios sobre Madrid, su Cartas de lejos y sus libros-reportaje como el que publicó sobre Rusia. Casi estoy tentado a decir que todas sus obras. Son textos muy sencillos pero que funcionan precisamente por esa acumulación de detalles verídicos sacados de la observación. En eso usted siempre ha estado muy cerca de Hemingway.

– Es un gran escritor, ese Hemingway. Es, curiosamente, el único que ha sabido escribir un libro sobre el mundo del toreo como Dios manda. Me ha gustado mucho Muerte en la tarde. Un gran trabajo.

– Cambiemos un poco de tema, ya que estamos aquí. ¿Por qué le gusta tan poco Madrid?

– Porque es una ciudad de tenderos, funcionarios, la villa de recreo de los aristócratas andaluces. Aquí sólo tenéis cortesanos. Es una ciudad con muy poca consistencia histórica. No tiene el pasado medieval de Barcelona. Es una construcción artificial y burocrática que nace a raíz de un capricho de Felipe II, cuando en la segunda mitad del siglo XVI se decide a construir su monasterio –una cosa horrenda, a mi juicio– y escoge la población más cercana como sede conveniente para su corte. Es una ciudad a la que le falta historia. No se la puede equiparar con Londres o París.

– Hubiera sido más lógico que Toledo fuera la capital de España, ¿no es así?

– Eso habría tenido más sentido. De todas maneras, yo la primera vez que llegué a Madrid venía de París, y aquello no se podía comparar. Todo esto resultaba muy pobre y algo triste en comparación. Se supone que una ciudad es la cristalización de un proceso histórico imperial…

– “Imperio”, una palabra muy d’orsiana.

– D’Ors está teniendo más influencia de la que parece, sí. En realidad ha influido más en José Antonio que Ortega. Pero como aquí se le ha leído poco, no se dan cuenta. Decía que una ciudad es la cristalización de un proceso histórico imperial, de un esfuerzo nacional importante, y ahí están las pruebas. Roma, Londrés, París, Viena, son todas la materialización arquitectónica y espiritual de sus respectivos imperios. Pero ¿Madrid? ¿Dónde se siente eso? Parece increíble que esto haya sido la capital de uno de los grandes imperios históricos.

– A lo mejor cuando se la hizo capital, ya empezaba a declinar el imperio… Pero vamos, algo le gustará a usted de esta ciudad. Al menos este paseo sí que le gusta.

– Este paseo es realmente maravilloso. Es lo único que se salva. El Madrid de los Austrias, pase, pero para Galdós. Los barrios bajos, bueno, tienen su personalidad, pero como todos los barrios bajos de cualquier ciudad. Y los barrios modernos son tan anodinos como cualquier barrio moderno. La Gran Vía aspira a ser de un funcionalismo norteamericano sin ningún interés. Pero este ensanche…, esta gran arteria que se abre desde Atocha y que llega hacia el norte, buscando el Guadarrama. El conjunto que forman el Prado, Recoletos y la Castellana, con su arbolado, sus fuentes y bancos, es  sencillamente una maravilla.

– Y está el Prado. La pinacoteca.

– El Prado es un museo que no se merecen los madrileños, ni los españoles. Es, en mi opinión, la mejor pinacoteca del mundo. Ninguna otra, ni siquiera el Louvre, alcanza su categoría. Es el mayor tesoro artístico del país, y solo por el Prado merece Madrid que la visitemos una y otra vez. Esta mañana estuve en él, paseando.

– Como d’Ors.

– ¿Le ha visto?

– No, todavía no porque está ahora mismo en París. Pero lo tengo pendiente. Siempre he pensado que usted y él son como Ortega y Baroja, dos temperamentos opuestos y complementarios. Son ustedes las dos mayores figuras de la cultura catalana de principios de siglo.

– Cataluña es un país pequeño.     

– ¿Quiere usted hablar del problema catalán, en estos momentos? Lo digo porque es una cuestión que va a traer mucha cola… Usted escribió un buen libro sobre el asunto, el que le dedicó a Cambó, muy ditirámbico, por cierto, en el que trazó la genealogía del pensamiento nacionalista catalán…

– El catalanismo, la existencia de Cataluña, no es un problema, como pensáis los castellanos; es una realidad. Aquí, tenéis tendencia a actuar como los ateneístas de nuestro amigo Azaña. Esa gente se reúne, debate los problemas del país, votan una solución, y piensan que el problema, así, estaba resuelto. Y resultaba, claro, que la realidad va por su cuenta y ni se ha enterado. Aquí, en Madrid, lo discutís todo en vuestro Congreso y en vuestros periódicos y vuestras tertulias, y pensáis que así quedan resueltos los problemas… Pero la realidad es muy tozuda.

– De siempre, los catalanes han querido ser muy ingleses a nivel de mentalidad política, muy pragmáticos.

– Es normal. Francia, en cuestión de centralismo, ha sido peor que ningún otro país. Y los catalanes franceses pueden atestiguarlo. En muchos sentidos, están peor que nosotros. Al final, fuerza es reconocerlo, no nos ha ido tan mal con España.

Es una bonita frase de cierre y como veo que Josep está nervioso por volver al hotel, decido despedirme y lo dejo alejándose por entre los plátanos crecidos de Recoletos. Es el autor catalán más importante del siglo XX y, según se aleja, me pregunto qué pensará Artur Mas de su obra. ¿Y de Cambó? ¿Cuánto ha cambiado el catalanismo desde sus tiempos a hoy? Yo diría que poco en lo esencial, pero todo en lo circunstancial. Se diría que han perdido el seny, y sin embargo están más cerca que nunca de su independencia efectiva. El resultado de las elecciones autonómicas nos dirá si todo ha sido un espejismo más o si el proyecto soberanista es una realidad viable, y veremos también si, al igual que en los años treinta, no se ve obligado el Gobierno español a suspender la autonomía. En los tiempos que corren, a mí, por lo menos, ya no me extraña nada.

4.500 granos de levadura

Siempre recordaré este clarificador 24 de febrero en el que, “mustia la piel, el pelo cano” Mariano Rajoy sacó a relucir el Mariano Rajoy que llevaba dentro y reflejando “el vacío del mundo en la oquedad de su cabeza” pretendió expulsar al líder de la oposición del “casino provinciano” con el que confunde el Parlamento. 

Además: Por qué he invertido en EL ESPAÑOL, por Sergio López Quintales

Siempre recordaré este clarificador 24 de febrero en el que, “mustia la piel, el pelo cano” Mariano Rajoy sacó a relucir el Mariano Rajoy que llevaba dentro y reflejando “el vacío del mundo en la oquedad de su cabeza” pretendió expulsar al líder de la oposición del “casino provinciano” con el que confunde el Parlamento. Este clarificador 24 de febrero en el que Pedro Sánchez se quedó patéticamente callado cuando el susodicho le llamó “patético”, en vez de coger aire recitando las provincias españolas desde el escaño como hacía Aznar cuando Felipe le endilgaba el último sopapo. Este clarificador 24 de febrero en el que Lady Candy Crush nos mostró, como buena verdulera tecky, lo que podemos esperar de una clase política entregada a la gallofa con los aliños y aderezos licuados por el dinero oscuro de su marido.

Poco antes de que comenzara tal sesión de Fantasmagoría por la que desfilaron espectros varios mientras faltaban casi todos los vivos, las puertas de los salones del Ritz iban abriéndose en cascada, cual esclusas de una presa, para albergar el torrente de más de medio millar de personas de calidad y ciencia que querían conocer los planes de EL ESPAÑOL en el Foro de la Nueva Comunicación. Fuera por el reluciente pan bajo el brazo que mostró nuestra consejera delegada Eva Fernández -un estimulante descubrimiento para muchos- o por la determinación de la sonrisa colectiva que tuve el placer de encarnar sobre la tarima, el caso es que al conjuro del término del acto, buena parte de los asistentes comenzó a pulsar la tecla “Invertir” bajo la cabecera de nuestro blog y cebó lo que los barandilleros llamarían un rally alcista que va a situar el número de nuestros accionistas por encima de la barrera mágica de los 4.500.

Este sprint final que concluirá a las doce de la noche del domingo -quedará luego una semana para solventar fallos o errores en el proceso de inscripción- desembocará en un podio en el que además de celebrar el récord mundial de inversión colectiva en nuestro sector -lo hemos pulverizado por más de un millón-, recibiremos una recompensa mucho más valiosa: la de poder nacer siendo el medio de comunicación con más accionistas de la Historia de España.

Ya expliqué lo que esto significa. Yo no comparecí en el Ritz flanqueado por ningún ministro o líder de la oposición ni protegido por ningún presidente del Ibex, pero lo hice acompañado ya de “tres mil voluntades, tres mil pares de brazos, tres mil corazones latiendo acompasadamente en pro de la libertad de prensa y el derecho a la información de los ciudadanos”. Y esta compañía que, como digo, no cesa de ampliarse hora a hora, minuto a minuto, es el mayor tesoro que podía anhelar cuando a las 00.15 del 1 de enero de 2015 lancé mi primer tuit del Año Nuevo: “Nuestro periódico será universal pero se llamará EL ESPAÑOL”.

Ilustración: Iván Solbes
Ilustración: Iván Solbes

¿A qué se debe este doble milagro de que tantas personas, cercanas algunas, desconocidas las más, veteranas y noveles como en toda gran masa social, se hayan sumado a nuestro empeño, desviando un promedio de más de 600€ de sus ahorros -aquí no hay magnates- para invertirlos en un periódico del que hace 58 días desconocían hasta su mismo nombre y al que en realidad le faltan aún seis meses para ver la luz?

La respuesta está en el mero hecho de que en una sociedad democrática puedan plantearse cuestiones como las que acribillaban las tarjetas que desbordaron a José Luis Rodríguez -artífice y moderador de los desayunos del Ritz- a la hora del coloquio. La gran mayoría aludía a la concentración del poder político y económico, a su prepotencia y despotismo en detrimento de la independencia de los medios que dominan, a los turbios manejos para imponer mordazas, deponer directores, incrustar censores disfrazados de ejecutivos y poner en definitiva al periodismo de rodillas. La reciente portada común de todos los sojuzgados, a mayor gloria de quien descuelga el teléfono para advertir periódicamente cuáles son las líneas rojas, ha causado tal estupor en la élite ilustrada que, al igual que sucede en la política, 2015 se ha convertido ya en el año en que la sociedad española busca con avidez antídotos para los venenos que se le ha obligado a engullir por vía impresa.

Poco pude decir sobre mi experiencia inmediata pues las emociones fuertes me producen amnesia -es curioso, me acuerdo de todas las vilezas y grandezas del 89 pero de nada de lo de 2014- y tendrá que pasar algún tiempo para que poco a poco vaya recuperando la memoria. Pero en relación al lanzamiento de EL ESPAÑOL tras el verano una cosa está muy clara: por mucho que se reitere la comparación por la intensidad de la fuerza emergente, nosotros no vamos a ser el Podemos del periodismo.

Tanto es así que hago mías, con los matices que requiere el paso de dos siglos, las palabras de  Andrés Borrego, fundador de nuestro homónimo ancestro, el primer periódico moderno de España: “No serán aptos para gobernaros ni debéis dar vuestros sufragios a hombres que no conciban un sistema de administración que disminuya considerablemente el número de empleados y eleve entre nosotros a principio moral y máxima política que cada hombre recibió de Dios con los medios de proveer a su subsistencia la obligación de hacerlo, sin pedir al Estado que sea su tutor y se haga cargo de su carrera y adelantos”.

EL ESPAÑOL será pues un defensor radical de las libertades, incluida la de empresa y, en este sentido, un periódico pro-business que alentará el éxito en los negocios limpios, la creación de riqueza y la recompensa de los inversores. Pero no transigirá en cambio con lo que Luis Garicano ha definido como “capitalismo de amiguetes”, basado en las puertas giratorias, la endogamia en la gestión, la usurpación por los ejecutivos de los derechos de los accionistas y el trasiego de maletines black para engrasar el bipartidismo y narcotizar al perro guardián de la finca. Y si algunos de esos mandarines que han logrado ser más innombrables que el propio emperador pretende hacernos pasar por el aro de la servidumbre como requisito previo a cualquier relación de justicia comercial nuestros casi cinco mil socios, valientes, inconformistas e hiperactivos en las redes sociales, serán los primeros en enterarse.

Sin salir del útero materno, EL ESPAÑOL ya contiene multitudes. Sus más de cuatro mil quinientos accionistas forman un escudo protector tan tupido y para nosotros venerable como la barba del Walt Whitman más anciano. Pero no lo emplearemos para amurallarnos en la quietud sino para garantizar que nuestras puertas estarán siempre abiertas y nuestro tren en perpetuo movimiento.

Nunca olvidaremos cuáles eran los requerimientos de Larra cuando se puso a buscar “un papel público en donde fabricar el nido para lo que faltara de invierno” a finales de 1835: “Queríale grande… largo, ancho, desahogado, como lo había imaginado mil veces para tanto como tengo aún que decir”. Y él, “que a imitación del borracho del cuento, aguardaba que pasase mi casa para meterme en ella”, entró “de rondón” en EL ESPAÑOL.

Esa es también la actitud expectante de gran parte de la sociedad española. Espera acontecimientos que ni siquiera ha logrado hoy atisbar. No se dará cuenta de lo que le conviene hasta que alguien se lo muestre en movimiento. Aturdida, no por los vapores etílicos, sino por la sucesión de desengaños, aguarda a que “pase su casa” -la morada de sus ideales e ilusiones, de sus principios e intereses- para “meterse en ella”. EL ESPAÑOL debe ser ese casero fiable de renta antigua -la tecnología del futuro nos permitirá ofrecer precios del pasado- que aposente a millones de españoles, “preocupados” como el de D’Ors y Penagos que se buscaba a sí mismo en las afueras, en una morada informativa bien decorada, cómoda, segura y estimulante.

Ya tenemos lo primero que necesitábamos para construir el edificio. Más de cuatro mil quinientos accionistas habéis puesto los cimientos. O más exactamente sois la levadura que, según la parábola bíblica, permitirá que la masa fermente.

Aún quedan algunas horas antes de que concluya el plazo para invertir en EL ESPAÑOL en las mismas condiciones que los fundadores y con un tope máximo que diversifica nuestra base social y protege el proyecto de cualquier infiltración no deseada. Y ya que este año se cumple el sexto centenario de la batalla de Agincourt que sirvió de plataforma a Shakespeare para su tantas veces citado discurso en el que Enrique V toma por “hermanos” a los campesinos que forman su ejército, permitidme enmendar la parte menos conocida del argumento. Porque cuando su primo Westmoreland se lamenta de que no puedan contar con diez mil soldados más, el joven rey replica: “Cuantos menos seamos mayor será nuestra gloria… ¡Por Júpiter no desees un hombre más!”.

Yo digo lo contrario: cuantos más seamos, mayores serán nuestras posibilidades de triunfar en la batalla de las ideas, las propuestas y la información diferenciada que libraremos a partir del otoño. Del tamaño de la levadura dependerá en definitiva nuestra fuerza expansiva. O sea que ¡por Júpiter, por Cibeles, por Neptuno, por la fuente de Canaletas, por San Mamés, por la pirotecnia valenciana, por los manes de la Puerta de Jerez y la verdiblanca Plaza Nueva de Sevilla y por supuesto por los dioses pericos que surgían en mi infancia de las aguas luminosas de la falda de la Montaña de Montjuic!, si ya eres accionista, convence a algún amigo o familiar de que se sume a nuestro empeño antes de que levante el vuelo el búho de Minerva. Y si no lo eres todavía, mueve ya tus alas. No te quedes atrás, hagámoslo juntos.

“El valor de EL ESPAÑOL rondará los 100 millones en cinco años”

Un sólido punto de partida, una apuesta por la innovación y un modelo de negocio con estimaciones muy prudentes. Esa es la clave del éxito empresarial que construirá el equipo de gestión de EL ESPAÑOL, liderado por su consejera delegada, Eva Fernández. “Al finalizar el quinto año, el valor de la compañía rondará los 100 millones de euros, lo que supone multiplicar por 5 o por 6 el valor del lanzamiento”, ha augurado en la mañana de este martes en el Foro de la Nueva Comunicación celebrado en el Hotel Ritz.

Eva Fernández

Fotografía: Dani Pozo

Un sólido punto de partida, una apuesta por la innovación y un modelo de negocio con estimaciones muy prudentes. Ésa es la clave del éxito empresarial que construirá el equipo de gestión de EL ESPAÑOL, liderado por su consejera delegada, Eva Fernández.

“Al finalizar el quinto año, el valor de la compañía rondará los 100 millones de euros, lo que supone multiplicar por 5 o por 6 el valor del lanzamiento”, ha augurado este martes en el Foro de la Nueva Comunicación celebrado en el Hotel Ritz.

Fernández, primera mujer consejera delegada de un gran medio de comunicación en España, ha informado del rumbo de la financiación del proyecto, que rozará los nueve millones cuando acabe la ronda de financiación colectiva o crowdfunding, que roza ya los dos millones de euros.

Según la consejera delegada, la independencia del proyecto está asegurada porque “directa o indirectamente el capital social y la mayoría siempre van a estar en manos de Pedro J. Ramírez”. La financiación total del proyecto en el momento del lanzamiento estará entre los 15 y los 18 millones de euros.

La innovación será clave en EL ESPAÑOL. Y no sólo en la constitución societaria: es el primer medio español que usa crowdfunding de inversión y convierte en accionistas a los que contribuyen. También en la filosofía, expresada en el mismo nombre de la empresa editora: No hace falta papel.

La renovación llegará también al modelo de negocio, con la “diversificación total” de sus fuentes de ingresos, tomando lo mejor de los modelos actualmente existentes: la publicidad y la suscripción. Asentándose en ambos pilares (y sin incluir a otros incipientes), el proyecto logrará en pocos años la rentabilidad.

El estado de la nación… digital

¿Es posible un periodismo independiente, participativo, que explique con rigor y que escuche con atención? EL ESPAÑOL se presenta a la sociedad con el respaldo de más de 3.000 accionistas y decenas de miles de seguidores que creen que un medio así es necesario, incluso seis meses antes de su nacimiento. 

Foro Nueva Economía

Fotografía: Dani Pozo

¿Es posible un periodismo independiente, participativo, que explique con rigor y que escuche con atención? EL ESPAÑOL se presenta a la sociedad con el respaldo de 3.170 accionistas -y subiendo- y decenas de miles de seguidores que creen que un medio así es más necesario que nunca, incluso seis meses antes de su nacimiento. Hoy todo esto sólo es posible gracias a Internet. Bienvenidos al estado de la nación digital.

Sólo en España más de 28,2 millones de personas son usuarios frecuentes de Internet, según los últimos datos de AIMC. El acceso es igualitario por sexos y apenas entiende de diferencias de edad o clase social. Más de la mitad de los usuarios suele acudir a la Red para informarse mes a mes. Lo que quiere decir que existe una demanda real de periodismo independiente y comprometido con los hechos en esta nueva era. El uso de los dispositivos móviles está tan extendido que más del 80% de los usuarios consumen información a través de móviles y tabletas. No es el futuro. Es el presente.

Apenas tres horas antes del inicio del debate sobre el estado de la nación y a pocos metros del Congreso de los Diputados, Pedro J. RamírezEva Fernández presentaron a la sociedad civil EL ESPAÑOL, un proyecto periodístico 100% digital.

Unas 500 personas inundaron hasta tres salones del hotel Ritz para escuchar el fundador y a la consejera delegada del proyecto en un desayuno organizado por Nueva Economía Fórum y patrocinado por Vodafone. La afluencia fue similar a eventos protagonizados por el presidente del Gobierno. Estuvieron los responsables de empresas digitales, representantes de operadores de telecomunicaciones y otras compañías con una clara vocación innovadora. El acto sirvió también para presentar públicamente los nombres de tres personas que se sentarán en el consejo de administración de la sociedad editora de EL ESPAÑOL: su subdirectora María Ramírez, el abogado Javier Gómez de Liaño y el profesor universitario Enrique Dans, quien se mostró ilusionado con el proyecto e “interesado por las enormes posibilidades tecnológicas” para mantener un diálogo con los lectores.

Hubo abogados como Javier Cremades, muy satisfecho con la campaña de ‘crowdfunding’ que su propia firma ha diseñado para EL ESPAÑOL. También caras bien conocidas de la política como Esperanza AguirreCristina Cifuentes, la delegada del Gobierno en Madrid.

Aguirre, sentada en la mesa central, se mostró muy interesada en el funcionamiento de la redacción y en los planes de la nueva empresa. “¿Cómo me lo puedo poner como acceso directo en el móvil? ¿Quién es Enrique Dans? ¿Para qué necesitáis tanto dinero si no tiene papel?”, preguntaba a cada momento durante el acto. Mantuvo su sonrisa incluso cuando Pedro J. Ramírez dijo que Mariano Rajoy le estaba sometiendo a “una tortura china” al demorar la proclamación de los candidatos a la alcaldía y a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

Los periodistas presentes se confesaban sorprendidos por la expectación generada. Reporteros de medios como La Sexta, Le Figaro o El Confidencial -muy mencionado en las presentaciones como todo un modelo de prensa digital rentable- subrayaron el poder de convocatoria de la presentación.

Entre los presentes estaba Arsenio Escolar, director de 20 Minutos, que espera de EL ESPAÑOL “que innove y que meta un chorro de aire fresco en los medios españoles, que lo necesitan”. En la sala lo acompañaban Jesús Cacho y Nacho Cardero, directores de Voz Populi y El ConfidencialTambién colegas como Fernando Jáuregui, María Maícas, Óscar Campillo, Mathieu de Taillac, Andrés Rodríguez, Pablo Simón, Carlos SalasAgustín Yanel.

El acto comenzó a las nueve de la mañana y lo presentó el presidente de Nueva Economía Fórum, José Luis Rodríguez, que describió EL ESPAÑOL como “un nuevo medio que dará mucho que hablar” y que estaba acompañado por José Romero, director de comunicación de Vodafone.

Eva Fernández, ilusionada, brilló en la tribuna y presumió de ser la persona que más conoce al director en su nuevo rol: el de empresario. “Somos el primer medio de España que nace bajo el concepto Mobile first“, afirmó. Fernández captó la atención del público presente al decir, “con un plan de negocio prudente”, que la valoración de EL ESPAÑOL rondará entre 100 y 120 millones de euros en cinco años.

Pedro J. Ramírez volvió a augurar una edad de oro de la prensa como ya hiciera en el discurso que pronunció en Londres en septiembre de 2012 y bromeó sobre las palabras de su consejera delegada: “Después de escuchar que estar compañía va a valer 100 millones en cinco años me dan ganas de ir al notario a ampliar mi participación… ¡pero es que ya lo hice ayer!”. Así fue su intervención.

Hubo una cifra muy significativa: EL ESPAÑOL arrancó el acto con algo más de 3.100 accionistas y lo terminó con 3.140. El nombre de la empresa editora  #nohacefaltapapel llevó a rectificar al conocido escritor Fernando Sánchez Dragó. Antes del acto, defendió el papel como algo necesario “para todo, incluso por higiene, que no se vaya el papel pero que llegue todo lo demás”. Al final, confesó a María Ramírez: “Efectivamente, para un periódico ya no hace falta papel”.

¿Cómo se mide el éxito de un diario digital seis meses antes de nacer? Los datos hablan por sí solos. Casi 3.500 inversores a cuatro días del cierre de la campaña de ‘crowfunding’, la mayor del mundo para un proyecto periodístico. 1.903.500 euros y subiendo. La cifra pulveriza el récord anterior de 1,38 millones de De Correspondent, cuya historia contamos hace unos días en este blog.

El fenómeno generado por EL ESPAÑOL se extiende a las redes sociales. La cuenta de Twitter ya tiene más de 85.200 seguidores, a casi 13.200 ‘les gusta’ lo que contamos en Facebook y 1.615 personas se asoman a la realidad de nuestra redacción a través de Instagram. Son precisamente estos dos factores -la fuerza de los lectores y la participación de los socios- los que harán de este proyecto un medio independiente, combativo, fiel al periodismo y leal con la verdad.

Al final del acto, durante el turno de preguntas, se planteó una inevitable: ¿qué noticia va a abrir El Español cuando salga, el próximo otoño? Pedro J. Ramírez, poco amigo de las adivinaciones, contesto con emoción: “Sé la noticia que me gustaría dar: la entrega de las armas de ETA y su autodisolución. Se lo debemos a las víctimas. No se puede seguir instrumentalizando el dolor, el valor y el sufrimiento de quienes han padecido el terrorismo, quienes lo han dado todo en defensa de unas ideas”.

Así se ha presentado EL ESPAÑOL. En medio de una enorme expectación y con el abrazo de tres salas abarrotadas y el mayor número de accionistas de la prensa española. Un diario que “irá dirigido a todos los españoles, incluso a los que creen no serlo”. “Seamos todos nuestra patria, una nación libre, una nación digital”, invitó Pedro J. Ramirez.

Con una sonrisa.

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“Vengo avalado por 3.110 accionistas que defienden la libertad de expresión”

Más que “fundar otro diario”, EL ESPAÑOL nace para “inventar un nuevo concepto de periódico”. Lo dijo este martes Pedro J. Ramírez, que recordó que el proyecto nace con las convicciones muy claras y con la libertad de tener más accionistas que ningún periódico. Así ha sido su intervención en el foro de la Nueva Comunicación.

Fotografía: Dani Pozo Vídeo: 93 Metros.

Más que “fundar otro diario”, EL ESPAÑOL nace para “inventar un nuevo concepto de periódico”. Pedro J. Ramírez comienza de nuevo. Pero éste no es un comienzo más.

El ambiente en el hotel Ritz era inusual este martes por la mañana. Se trataba de un desayuno formal, organizado por Nueva Economía Fórum, donde rutinariamente se toma el pulso al poder de la capital. Pero entre los cientos de asistentes no se contaban ministros ni empresarios del IBEX 35 sino sobre todo representantes del nuevo ecosistema digital en el que EL ESPAÑOL quiere ser líder. El nuevo medio nacerá después del verano. Según su presidente y fundador, lo hará con la sonrisa perenne ya instalada en las caras del equipo inicial, con la libertad de tener más accionistas que ningún periódico y con las convicciones muy claras.

Éstos son los propósitos del nuevo proyecto:

1. Un periódico sin censura

“En EL ESPAÑOL no habrá ni personas ni entidades intocables. Me comprometo a que se nombrarán todos los nombres. Será el paladín de los nuevos empresarios y sus accionistas, pero contrario a ese capitalismo de amiguetes, puertas giratorias y maletines con dinero negro que tanto daño nos siguen haciendo”, dice Ramírez.

En España hay “personas intocables con más poder que el rey padre, el rey hijo y casi que el Espíritu Santo”, ironiza. Ellos están detrás de la “epidemia de destituciones de directores de periódico” del año 2014 de la que él es exponente. Pero mientras algunos se han pasado años “dando lectores al poder”, el nuevo medio nace para dar “poder a los lectores”. Sin periodismo de amiguetes ni miedo a la madrastra, en referencia a los poderes fácticos que atenazaban a Adolfo Suárez.

2. Innovación frente a las “pampiroladas”

Sin nombrarlo, Ramírez aludió a Bieito Rubido, el director de ABC, que hace unas semanas aseguró que “el buen periodismo se hace hoy bajo las cabeceras de los diarios españoles, en referencia a los medios tradicionales y en papel. Según Rubido, en unos años sólo quedarán ya dos diarios en papel y uno de ellos será ABC.

“Pampiroladas”, según Ramírez, para quien “la nación digital se encuentra en mucho mejor estado que la nación política”. La empresa editora de EL ESPAÑOL se llama No hace falta papel. No es sólo una declaración de intenciones sino también la constatación de una evidencia empírica. Por primera vez en España sólo hay un diario que vende más de 100.000 ejemplares diarios en los quioscos: El País. En unos años no habrá ninguno, según augura Ramírez.

Con base en Madrid, en “los próximos años” habrá 10, 20 ó 30 diarios. “11, 21 ó 31 con EL ESPAÑOL”, añade.  “Pero ninguno tendrá ediciones impresas. El pronóstico de Media-tics de que eso será en ocho años no me parece atrevido”.

3. Hagámoslo juntos

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“Yo no comparezco aquí arropado por ministros o protegido por presidentes del IBEX. Pero, amigos, vengo aquí avalado por 3.110 voluntades, 3.110 pares de brazos, 3.110 corazones que laten al unísono en defensa de la libertad de expresión, de la admiración del derecho a la información de los ciudadanos. 3.110 voluntades que no quieren que en España siga habiendo personas y entidades innombrables. EL ESPAÑOL nacerá después del verano arropado por el mayor número de accionistas que jamás ha tenido un medio de comunicación en nuestro país”, dice tras sacar el móvil para comprobar una cifra que, unos minutos después, se queda en papel mojado.

4. Herederos del mejor periodismo

Ser un proyecto nuevo y radicalmente innovador no quiere decir que EL ESPAÑOL parta de cero. Al contrario. El nuevo diario digital se asentará en hombros de gigantes, en palabras de Bernard de Chartres. La inspiración del nuevo diario está en el buen periodismo y en la tradición literaria de los siglos XIX y XX. Esa tradición arranca con El Español, el periódico fundado por José María Blanco White en Londres, entre 1810 y 1814 y que después renacería como un sueño de modernidad en España con Andrés Borrego en Madrid. También en la revista España, fundada en enero de 1915 por Ortega y Gasset y y que llegarían a dirigir Luis Araquistáin y Manuel Azaña.

Pero EL ESPAÑOL se siente parte de una nueva familia: la de los diarios digitales que enviaron al encuentro a sus máximos responsables: “¿Qué tienen en común los José Antonio Sánchez (editor de El Confidencial), Jesús Cacho  (director de Voz Pópuli), Pablo Sebastián (República), Federico Jiménez Losantos (Libertad Digital), Arsenio e Ignacio Escolar (20 Minutos, eldiario.es), Jesús Maraña (Infolibre), Pedro Aparicio (Pr Noticias), Alfonso Rojo (Periodista Digital), José Apezarena (El Confidencial Digital), Fernando Jáuregui (Diario Crítico), Xavi Rius (E-Noticies)? Todos son grandes periodistas, casi todos inconformistas, casi todos han fundado medios digitales”.

5.- Entre el inmovilismo y la revolución política

¿Es EL ESPAÑOL el Podemos del periodismo frente a la casta mediática? El director asegura no compartir “nada” con la formación de Pablo Iglesias, pero sí “muchas cosas” con el otro gran partido emergente, Ciudadanos. Ramírez estuvo en la presentación del programa económico del partido de Albert Rivera, a quien acompañaban Manuel Conthe, ex presidente de la CNMV, y Luis Garicano, profesor y principal cerebro de las propuestas del partido.

EL ESPAÑOL será el diario de los ciudadanos de España, incluso de quienes lo son sin reconocerlo, según dice citando a Salvador de Madariaga. Así se inserta el nuevo diario en el debate constitucional de un país al que le hacen falta reformas frente al “inmovilismo”, pero no una “revolución” como la que propone Podemos.

“Si hay algo que afecte a Ciudadanos lo vamos a publicar”, dice Ramírez. “Aquí hay dos maneras de ejercer el periodismo. Las de quienes llevamos muchos años intentando dar poder a los lectores y la de quienes llevan muchos años intentando darle lectores al poder. Uno sirve para lo que sirve. Por eso estoy teniendo la oportunidad y el riesgo de fundar un nuevo periódico”.

Aquí puedes ver la intervención íntegra: