El único precedente para Cataluña es Kosovo

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Desde la II Guerra Mundial se han celebrado casi 50 referéndums separatistas en el mundo. El planteamiento catalán de convertir las elecciones autonómicas en un voto de facto sobre la independencia sólo tiene un precedente: Kosovo.

Desde la II Guerra Mundial se han celebrado casi 50 referéndums separatistas en el mundo. El planteamiento catalán de convertir las elecciones autonómicas en un voto de facto sobre la independencia sólo tiene un precedente: Kosovo.

El 8 de abril de 1933, el estado de Australia Occidental votó mayoritariamente a favor de independizarse del resto del país en un referéndum. Las autoridades locales enviaron el resultado al Gobierno central y el Parlamento británico para iniciar la secesión. Fueron ignorados. La ley australiana no contemplaba la ruptura de una parte de su territorio.

Antes de la II Guerra Mundial (1939-1945), apenas hay constancia de un puñado de ejemplos como el de Australia o Texas, en Estados Unidos, que fracasaron en el intento de conquistar la independencia por las urnas. Después de la guerra y la consolidación de los sistemas democráticos, se han celebrado hasta el momento casi 50 plebiscitos de independencia. El último de ellos en Escocia el año pasado. Son 27 los países que han nacido gracias al voto directo. Algunos de ellos forzaron la declaración unilateral tras la negativa de sus respectivos gobiernos federales a reconocer el resultado de las consultas  El resto no lo logró porque perdieron, no alcanzaron la mayoría cualificada o simplemente se quedaron sin la bendición de la comunidad internacional. 

El planteamiento catalán de convertir unas elecciones autonómicas en un voto de facto sobre la independencia sólo tiene el precedente de Kosovo. La región balcánica utilizó el Parlamento surgido de las urnas para declarar su independencia unilateral en febrero del 2008. Las elecciones se celebraron en noviembre del 2007. La lista del guerrillero Hashim Thaçi ganó con el 35% de las papeletas. España, que sabe lo que tiene en casa, nunca ha reconocido a Kosovo.

Las diferencias entre Kosovo y Cataluña son demasiado evidentes”, dice Matthew Qvortrup Yorgos Konstantinou, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Coventry, en el Reino Unido. “El Parlamento invocó un viejo referéndum de 1991. Fue la única salida que encontró la comunidad internacional a una guerra con centenares de miles de muertos”.

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Problema legal y político

Qvortrup es uno de los mayores expertos del mundo en el estudio de los procesos secesionistas. En su opinión, la fórmula de elecciones plebiscitarias de Artur Mas y Esquerra Republicana plantea un problema legal y otro político. El legal es que la Constitución española no reconoce ese escenario. Y la Unión Europea, con demasiados fuegos que apagar, no se va a revolver contra la legalidad de un estado miembro. El político es que la anunciada victoria del separatismo que proyectan las encuestas, sea o no con mayoría absoluta, no puede ignorarse.

Cuando los estados son incapaces de encontrar una solución equilibrada en lo legal y lo político, el conflicto termina en guerra”, explica. “No estoy diciendo que sea el caso de Cataluña, pero la historia demuestra que siempre ha sido así”.

Qvortrup asegura que la campaña catalana ha sido un espejo de la del referéndum escocés. Los discursos se han centrado en los beneficios económicos, o no, de la independencia y la permanencia en Europa. Pero el profesor defiende que el caso español guarda más similitudes con el canadiense que con el británico. La victoria del nacionalismo de Quebec en unas elecciones que se plantearon casi como un plebiscito en 1976 forzó la reforma de la Constitución de Canadá. Quebec pudo celebrar el referéndum de independencia en 1980. El independentismo perdió y volvió a caer en un segundo referéndum en 1995.

Ganar un referéndum de independencia en circunstancias de estabilidad política como las que vive España es muy complicado”, asegura. “Lo que pasó en Quebec y en Escocia el año pasado demuestra que hacen falta algo más que promesas económicas para ganar el respaldo de la sociedad”.

Qvortrup ha estudiado los patrones del separatismo desde que Islandia se independizara de Dinamarca en 1944. En los países democráticos, los referendos secesionistas han logrado siempre una alta participación (un 79% de media. Cuando ha ganado el , el respaldo ha alcanzado una media del 62% de los votos.

La URSS y Yugoslavia

Durante los últimos  70 años, dos grandes oleadas han alterado las fronteras del mundo. La primera comienza con la descolonización de África después de la guerra. La vía democrática demostró su eficacia en casos como el de Argelia y Francia. El referéndum de autodeterminación argelino fue parte de los acuerdos de Evian en 1962, que acabaron con ocho años de guerra. La segunda oleada se enmarca en la caída soviética primero y el conflicto yugoslavo, después. La negativa de los gobiernos federales a aceptar el resultado de los plebiscitos favoreció el recurso de la ruptura unilateral.

Todas las repúblicas soviéticas y las yugoslavas nacieron con declaraciones unilaterales de independencia más o menos respaldadas en las urnas”, dice. “Pero eran circunstancias diferentes. En el caso yugoslavo, por ejemplo, sangrientas. Y en el ruso, vinculadas a la caída del muro de Berlín y a los acontecimientos que se sucedieron”.

El impacto de la guerra en los Balcanes enfrió el espíritu secesionista. Según Qvortrup, las tensiones independentistas, sobre todo en Occidente, son residuales. Movimientos tradicionales como el de los flamencos belgas han aparcado su reivindicación histórica de un país en el que viven al margen de sus compatriotas francófonos. Pero hay excepciones. El divorcio amistoso de la República Checa y Eslovaquia en 1993 es uno de ellos. También el reciente caso de Crimea, que en realidad votó la anexión a Rusia.

Las posibilidades de éxito del separatismo catalán son escasas a corto plazo, según este profesor. Pero advierte de un hito cercano en el tiempo que podría generar una tercera oleada independentista.

Si el Reino Unido decide abandonar la Unión Europea en el referéndum previsto antes de 2017, estoy convencido de que Escocia volverá a votar con muchas posibilidades de respaldar la escisión”, dice. “Esto podría activar referendos en Cataluña y otras regiones”.

La guerra de Siria obliga a abrir el arca de las semillas

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Científicos sirios exiliados en el Líbano han solicitado el envío de semillas desde la instalación que preserva en el Ártico la biodiversidad de las especies de cultivo. Es la primera vez que este particular “Arca de Noé” envía parte del material que custodia

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Entrada al banco de semillas de Svalbard, en Noruega. (Croptrust.org)

Además de los cientos de miles de muertos y desaparecidos, y millones de seres humanos desplazados, el violento conflicto sirio deja otros dramáticos saldos. A medida que los fundamentalistas del autodenominado Estado Islámico retienen el control de amplias zonas del país, continúa la destrucción sistemática del rico legado arqueológico y de muchas infraestructuras en la zona.

Ahora, la guerra amenaza el Centro Internacional de Investigación sobre Agricultura en Zonas Secas (ICARDA), que se trasladó a Beirut nada más comenzar la guerra de Siria desde la castigada ciudad de Alepo, pero que mantenía ahí un importante depósito de semillas.

“El depósito en Alepo no está dañado y aún permanece intacto”, informa a EL ESPAÑOL Rajita Majumdar, portavoz del centro. “Todos nuestros esfuerzos han sido por cautela, somos proactivos para garantizar la seguridad de nuestra colección única de semillas”.

Los científicos sirios que continúan sus investigaciones en El Líbano han pedido esta misma semana al Banco Mundial de Semillas de Svalbard, en una isla noruega situada en el Ártico, la devolución de algunas de sus semillas para reiniciar su colección, tal y como adelantó la edición estadounidense del sitio Huffington Post.

La instalación de ICARDA, fundada en 1977, mantenía en Alepo una colección de 150.000 poblaciones diferentes de trigo, cebada, garbanzos, lentejas, judías y leguminosas de pasto, procedentes de 128 países. Las instalaciones noruegas, una especie de “Arca de Noé” de semillas, conservan copia del 80% de esta colección.

A man rides a motorcycle near a damaged building after what activists said was an airstrike by forces loyal to Syria's President Bashar al-Assad in al-Ansari neighbourhood of Aleppo, Syria September 18, 2015. REUTERS/Abdalrhman Ismail
Imagen reciente de la ciudad de Alepo, fuertemente bombardeada durante la guerra. (Reuters)

ICARDA ha solicitado al banco de semillas 130 cajas de las 325 que tenía depositadas. En total son 116.000 muestras, según comentó a Reuters Grethe Evjen, una experta del Ministerio de Agricultura de Noruega. Esas muestras “no volverán a Siria sino a un lugar seguro fuera del país”, aseguran los responsable del banco de semillas noruego en una nota.

Este material es necesario para continuar las investigaciones sobre cultivos en Oriente Medio con el fin de prevenir los efectos de plagas y sequías, y aumentar los rendimientos de los cultivos para alimentar a una población creciente.

“Conservar las variedades autóctonas de cultivos es, por encima de todo, la mejor garantía para la seguridad alimentaria”, apunta a EL ESPAÑOL Celsa Peiteado, coordinadora de agricultura y desarrollo rural en WWF España. “Además del riesgo para la seguridad alimentaria”, añade, “con la pérdida de variedades locales de cultivos se está perdiendo un patrimonio cultural y gastronómico muy valioso”. Esta ONG considera que, de momento, los esfuerzos para conservar y recuperar estos recursos genéticos en la agricultura son claramente insuficientes.

Una póliza de seguros alimentaria

El banco de semillas de Svalbard abrió en la isla de Longyearbyen, cercana al Polo Norte, en 2008 y contiene alrededor de 860.000 muestras procedentes de países de todo el mundo. Se trata de semillas de cultivo como legumbres y cereales.

La instalación, un sólido búnker enterrado en una montaña helada, tiene capacidad para proteger hasta 4,5 millones de variedades de cultivo. Como cada variedad contiene un promedio de 500 semillas, la capacidad total de la instalación es de unas 2.500 millones de semillas.

Fue diseñado para servir como el último recurso para preservar la diversidad de las plantas cultivables en caso de guerra nuclear, impacto de un asteroide, o cualquier otro supuesto apocalíptico. Es, en definitiva, una copia de seguridad de la base alimenticia mundial.

En todo el mundo existen cerca de 1.700 bancos de genes en donde se custodian y preservan semillas de cultivos alimentarios. El de Alepo era uno de ellos. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que tres cuartas partes de las especies cultivables ya no se cultivan: el 75% de la diversidad agrícola se perdió durante el siglo XX.

El depósito de Svalbard es, en definitiva, una especie de póliza de seguros alimentaria para la Humanidad. Funciona como un banco: sólo el depositante de las semillas tiene acceso a las mismas. “Cada país o institución tendrá la posesión y controlará el acceso a las semillas que haya depositado”, de modo que “el depositante es el único que puede retirar las semillas y abrir las cajas”, explica en su sitio web.

La gestión del centro corresponde a Global Crop Diversity Fund con sede en Bonn (Alemania), un fondo internacional que recibe dinero de países donantes (EEUU, Australia, Reino Unido, etc.) y organizaciones como la Fundación Bill y Melinda Gates.

Por qué la crisis de los refugiados paraliza y enfrenta a la UE

Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

En lugar de solidaridad y acogida, el agravamiento de la crisis de los refugiados este verano ha provocado parálisis y enfrentamientos entre los estados miembros de la UE, que no se ponen de acuerdo sobre un sistema de cuotas obligatorias para repartirse a los demandantes de asilo. A continuación explico las claves de esa parálisis y de lo que puede ocurrir a partir de ahora. 

En la imagen, refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

Gráficos de Patricia López

La foto de la vergüenza de Europa / La muerte, en alejandrinos

“Por favor, no vengan”. Es el mensaje que ha lanzado desde Bruselas a los refugiados que tratan de llegar a Europa el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Ha sido su respuesta a la foto del niño sirio ahogado en una playa de Turquía. En lugar de solidaridad y acogida, el agravamiento de la crisis de los refugiados este verano ha provocado parálisis y enfrentamientos entre los estados miembros, que no se ponen de acuerdo sobre un sistema de cuotas obligatorias para repartirse a los demandantes de asilo.

El crecimiento de partidos populistas y de ultraderecha en muchos países europeos dificulta cualquier solución. Está además en riesgo uno de los principales logros de la UE, la libre circulación de personas en el espacio Schengen ya que países como Austria empiezan a reintroducir controles fronterizos. Para el 14 de septiembre se ha convocado una reunión extraordinaria de los ministros del Interior de los 28 en un intento de desbloquear la situación.

¿Por qué aumenta la llegada de refugiados a la UE?

Unos 340.000 inmigrantes y demandantes de asilo han sido detectados en las fronteras de la UE tratando de entrar de forma irregular entre enero y julio de este año, una cifra que casi triplica la registrada en el mismo periodo de 2014: 123.500 personas en los siete primeros meses y 280.000 en el total del año, según los datos de la Agencia Europea de Control de Fronteras (Frontex). Pese al fuerte aumento, esta cifra apenas representa el 0,06% de la población de la UE. Pero el incremento ha provocado una “presión sin precedentes” para las autoridades de control fronterizo de Grecia, Italia y Hungría, según admite la propia agencia.

La guerra civil en Siria, que ha entrado ya en su quinto año, el caos en Libia tras la intervención de la OTAN, el avance del Estado Islámico, la inestabilidad en Irak o Afganistán o los regímenes represivos en países africanos como Eritrea son las principales causas que explican el constante agravamiento de la crisis de refugiados.

Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis
Refugiados sirios y afganos llegan a la isla de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

¿Cuáles son las principales rutas de entrada?

Los inmigrantes y los traficantes de personas van ajustando las rutas en función de las dificultades y controles que encuentran en cada punto. En estos momentos, la principal ruta de entrada a la UE es la del Mediterráneo oriental, por donde han llegado 132.000 personas en los siete primeros meses del año. Se trata sobre todo de sirios y afganos que acceden a Grecia por mar desde Turquía. Por Hungría han entrado, a través de los Balcanes, más de 100.000 refugiados que vienen de Afganistán y Siria pero también de Kosovo. En tercer lugar, está Italia, que en lo que va de año ha recibido a 90.000 inmigrantes, en su mayoría de Eritrea y Nigeria, que realizan la peligrosa ruta por mar desde Libia. En contraste, a España sólo han llegado este año alrededor de 7.000 inmigrantes, sobre todo por Ceuta y Melilla, según Frontex.

En estos viajes para llegar a Europa, los refugiados se juegan la vida. En lo que va de año, alrededor de 2.400 inmigrantes han muerto en el mar al tratar de llegar a las costas europeas, según los cálculos de la Organización Internacional para las Migraciones. El último ejemplo, el niño ahogado encontrado en una playa de Turquía. A ello hay que sumar casos como el de los más de 70 inmigrantes hallados muertos en un camión en Austria.

Refugiados sirios rezan al llegar a la isla griega de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis
Refugiados sirios rezan al llegar a la isla griega de Lesbos. / REUTERS / Dimitris Michalakis

¿Cuál ha sido la respuesta de la UE hasta ahora?

La política europea en materia de inmigración y asilo sólo ha avanzado a golpe de crisis y tragedias migratorias. Y ello por las diferencias entre los países con frontera exterior, sobre todo los del sur (que viven el problema directamente) y los del centro y este (que hasta ahora no lo han considerado urgente).

La crisis de los cayucos en España en 2006 fue el primer impulso para empezar a reforzar Frontex en su función de coordinar patrullas de vigilancia marítima de varios países de la UE, aunque el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ya experimentó las dificultades para concretar la solidaridad de los demás estados miembros. El naufragio de una barcaza procedente de Libia cerca de la isla italiana de Lampedusa en octubre de 2013 provocó la muerte de 366 inmigrantes y movilizó a los líderes europeos. Pero el impacto de la tragedia apenas se tradujo en medidas concretas.

Un nuevo naufragio en Lampedusa de una embarcación con 700 inmigrantes en abril de este año forzó a los jefes de Estado y de Gobierno a explorar nuevas soluciones. Los líderes acordaron triplicar el presupuesto y los barcos y aviones de las patrullas de Frontex por el Mediterráneo con el fin de detectar y asistir a las embarcaciones de inmigrantes en peligro.

En los siete primeros meses del año, 95.000 inmigrantes han sido rescatados en el Mediterráneo central. La UE también ha decidido lanzar una misión militar para destruir las embarcaciones que utilizan los traficantes de inmigrantes. De momento, los expertos de la UE se limitan a reunir información sobre las mafias porque todavía no cuentan con una resolución de Naciones Unidas que les autorice a actuar en territorio libio.

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Gráficos de Patricia López

¿Por qué han fracasado las cuotas de Bruselas?

La medida más novedosa propuesta la Comisión de Jean-Claude Juncker en abril fue un plan para repartir a 60.000 refugiados entre los Estados miembros con dos componentes. En primer lugar, Bruselas pretendía redistribuir, mediante un sistema de cuotas obligatorias, a 40.000 demandantes de asilo llegados a Italia y Grecia con el objetivo de aliviar la presión que sufren los dos países (lo que en la jerga europea se denomina reubicación). A ellos se sumarían otros 20.000 refugiados que se traerían a la UE desde el norte de África y Oriente Medio para abrir canales legales de inmigración y evitar que estas personas tengan que lanzarse al mar (reasentamiento). A diferencia del primero, este segundo componente tendría un carácter voluntario. Los criterios de reparto eran cuatro: la población de cada país (que contaba un 40%), su nivel de riqueza (40%), la tasa de paro (10%) y las peticiones de asilo tramitadas en el pasado (10%). A España le correspondía acoger en total a 5.837 refugiados. Al final sólo aceptó acoger a 2.749.

El plan, que contaba con el respaldo de Francia y sobre todo Alemania, quedó descafeinado en la última reunión de los ministros del Interior de los 28 celebrada el 20 de julio por la oposición de España, Reino Unido y los socios del este. Estos países lograron, en primer lugar, que el reparto no fuera en ningún caso obligatorio ni impuesto por Bruselas. Después ofrecieron cuotas muy inferiores a las sugeridas por la Comisión. El caso más extremo es precisamente el de Hungría, que se ha negado a participar. El resultado es que de momento los países de la UE sólo acogerán a 32.000 solicitantes de asilo procedentes de Italia y Grecia en lugar de 40.000. En contraste, sí que se ha logrado alcanzar la cifra de 20.000 refugiados reasentados.

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¿Por qué España no acepta más refugiados?

 El elevado paro, la posibilidad de que se genere un efecto llamada o los esfuerzos que hace España para controlar sus fronteras y frenar la inmigración irregular son algunos de los argumentos que ha esgrimido el Gobierno de Mariano Rajoy para justificar su negativa a las cuotas propuestas desde Bruselas. El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha alegado en una entrevista al periódico alemán Die Welt que la tasa de paro y los esfuerzos en inmigración “no se tienen en cuenta de forma suficiente” a la hora de calcular el reparto. “Con una tasa de paro tan alta como la de España, del 22%, no se puede ofrecer a la gente una oportunidad justa de integración”, ha dicho.

Para el Gobierno de Mariano Rajoy, la UE debería ir a la raíz del problema y reforzar la cooperación con los países de origen y tránsito de inmigrantes y refugiados, como hace España con Mauritania y Senegal.

Pese a que España ha sufrido varias crisis migratorias en los últimos años, en particular en las islas Canarias y en Ceuta y Melilla, sigue siendo uno de los países de la UE que tramita y acepta menos solicitudes de asilo. Durante el primer trimestre de 2015, España registró únicamente 2.035 demandas de asilo, el 1,1% del total en la UE, cuando su población es alrededor del 9% del total. En 2014 sólo concedió protección a 1.600 personas: el 0,8% de decisiones positivas en la UE.

Un grupo de refugiados protesta en la estación de tren de Bicske (Hungría). / REUTERS / Bernadett Szabo
Un grupo de refugiados protesta en la estación de tren de Bicske (Hungría). / REUTERS / Bernadett Szabo

¿Cuál ha sido el papel de Alemania?

Alemania ha tenido que asumir de nuevo, junto con la Comisión, el liderazgo en la crisis de los inmigrantes. La canciller, Angela Merkel, ha admitido que se trata de un “desafío mayor” que la crisis de Grecia y está multiplicando los llamamientos a la solidaridad, sobre todo los dirigidos a los países del este. Pero también ha avisado de que “si no se logra un reparto justo de refugiados dentro de Europa, entonces algunas personas querrán poner [el espacio sin fronteras] Schengen en la agenda”. Berlín prevé recibir este año 800.000 solicitudes de asilo y ha dicho que acogerá a todos los refugiados sirios que lleguen a su territorio.

Pero los vecinos de Alemania, en particular Hungría y Austria, se quejan de que estos anuncios están provocando un efecto llamada que está destrozando a sus propios países. El premier húngaro Orban ha llegado a decir que la crisis de refugiados es un “problema alemán” porque es allí donde quieren dirigirse todos los demandantes de asilo.

Por lo demás, la crisis ha provocado también cruces de reproches entre Francia y Reino Unido a cuenta de los inmigrantes que se acumulan en Calais (a la entrada del canal de la Mancha) o entre Francia e Italia por los que están en la ciudad fronteriza de Ventimiglia. El Gobierno francés ha criticado también la construcción por parte de Hungría de una valla en su frontera con Serbia.

¿Qué medidas prepara la Comisión? 

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, tiene previsto anunciar el próximo 9 de septiembre una nueva batería de medidas para hacer frente a la crisis migratoria. En primer lugar, Juncker planteará repartir entre los países de la UE a otros 120.000 inmigrantes llegados a Italia, Grecia y esta vez también Hungría, según ha adelantado el periódico italiano La Reppublica. Para evitar que los países del este o España bloqueen de nuevo el reparto, permitirá no obstante que los estados miembros que no deseen participar se excluyan, aunque tendrán que dar explicaciones a sus socios y opiniones públicas. El Ejecutivo comunitario pretende además poner sobre la mesa un sistema permanente de reparto que se activaría de forma automática cuando se superen determinados umbrales de llegada de refugiados.

La Comisión plantea también acelerar la puesta en marcha de centros de registro de inmigrantes y refugiados en Grecia e Italia y elaborar una lista de países seguros para facilitar la deportación de aquellos inmigrantes irregulares que se considera que no corren ningún riesgo en su país de origen. Esta lista es una petición de Alemania, que se ve desbordada por solicitudes de asilo de inmigrantes procedentes de los Balcanes. Las deniega casi todas pero su tramitación consume muchos recursos. Otra pista en la que se trabaja es la creación de un fondo para ayudar a los países de origen.

No está claro si esta nueva batería de medidas podrá salir adelante. Mariano Rajoy se ha mostrado dispuesto a reconsiderar su cuota de refugiados pero mantiene muchas reservas y los países del este (en particular Polonia, Hungría, Eslovaquia y República Checa) se han propuesto reforzar su alianza contra las cuotas. Pero la creciente presión de Alemania y de la opinión pública podría obligarles a flexibilizar su posición. 

La foto de la vergüenza de Europa

ATTENTION EDITORS - VISUAL COVERAGE OF SCENES OF DEATH OR INJURY A Turkish gendarmerie carries a young migrant, who drowned in a failed attempt to sail to the Greek island of Kos, in the coastal town of Bodrum, Turkey, September 2, 2015. At least 11 migrants believed to be Syrians drowned as two boats sank after leaving southwest Turkey for the Greek island of Kos, Turkey's Dogan news agency reported on Wednesday. It said a boat carrying 16 Syrian migrants had sunk after leaving the Akyarlar area of the Bodrum peninsula, and seven people had died. Four people were rescued and the coastguard was continuing its search for five people still missing. Separately, a boat carrying six Syrians sank after leaving Akyarlar on the same route. Three children and one woman drowned and two people survived after reaching the shore in life jackets. REUTERS/Nilufer Demir/DHA ATTENTION EDITORS - NO SALES. NO ARCHIVES. FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS. TEMPLATE OUT. THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY. IT IS DISTRIBUTED, EXACTLY AS RECEIVED BY REUTERS, AS A SERVICE TO CLIENTS. TURKEY OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN TURKEY.

El pequeño de la foto no va a llegar con vida a la reunión del Consejo Europeo prevista para el próximo 14 de septiembre. 12 días más a la espera de decidir en los despachos qué hacer con una crisis humanitaria anunciada y sabida. Las iniciativas ciudadanas y las ONG intentan paliar la falta de acción coordinada de la UE.

En la imagen un agente de la guardia costera turca rescata el cuerpo sin vida de un pequeño en las playas de Bodrum. REUTERS / NILUFER DEMIR

Un pequeño yace inerte en brazos de un agente de la guardia costera turca. Ha fallecido en aguas del Mediterráneo mientras intentaba alcanzar junto a su familia la isla griega de Kos. Es una de las últimas víctimas de la crisis migratoria que sufren miles de sirios, afganos, y otros ciudadanos que tratan de llegar a la Unión Europea huyendo de los conflictos en sus países. Es, también, la foto de la vergüenza del viejo continente.

Las imágenes de este miércoles -en este caso de la agencia Reuters- muestran la crudeza de lo que sucede a las puertas de nuestras casas. “Es una foto chocante, pero más chocante es saber que hay niños que mueren así”, lamenta Eva Cosse, portavoz de Human Rights Watch en Grecia en conversación telefónica con EL ESPAÑOL.

Para aquellos que consiguen llegar, las cosas tampoco son nada fáciles. “Llegan a un país que no puede lidiar con la situación”, afirma Kate O’Sullivan, que trabaja en la isla de Lesbos con Save the Children. “Las ONG están sufriendo para cubrir sus necesidades; es absolutamente abrumador”. Cosse coincide, pero recuerda que era una crisis anunciada: “La crisis humanitaria aguda comenzó hace un año, pero la situación empezó cinco años atrás. Llevamos años pidiendo a la Unión Europea y a Grecia que mejoren su política de asilo, y nada. Ahora las autoridades [griegas] son completamente incapaces de hacer frente a la situación”.

Sólo en junio, 4.270 niños llegaron a las islas griegas. De ellos, 86 viajaban solos. “La reunión del Consejo Europeo es un movimiento positivo”, dice O’Sullivan. “Por supuesto, si trabajas sobre el terreno a diario con niños nada es demasiado pronto”.

Tareas urgentes

La llegada masiva de refugiados, la inestabilidad política del país y sus dificultades económicas han formado un cóctel explosivo que sobrepasa al país heleno. Cosse cree que la solución pasa por que los 28 estados miembros envíen personal sanitario, policial y trabajadores sociales para poder atender a los miles de inmigrantes que llegan a diario. Enumera otras tareas que a su juicio debe llevar a cabo urgentemente la UE:

  • Crear un camino humanitario seguro para llegar a la UE
  • Facilitar visados humanitarios
  • Facilitar la reunificación familiar con refugiados ya asentados
  • Reducir los trámites burocráticos

12 días más. Ese es el margen que se han concedido los gobernantes de la Unión Europea para buscar nuevas soluciones a una crisis migratoria que no deja de crecer hasta la reunión del Consejo Europeo el 14 de septiembre. Mientras tanto, cientos de personas siguen pereciendo de camino a un lugar que -esperan- les permita llevar una vida digna.

Los refugiados siguen llegando por miles y se topan de bruces con alambradas levantadas de la noche a la mañana y jefes de Gobierno que no se ponen de acuerdo en el reparto de una avalancha de personas necesitadas, para las que no estaban preparados.

12 días más, como mínimo, para empezar a hablar. Mientras tanto, miles de refugiados se tendrán que contentar con encontrar ayuda en las iniciativas ciudadanas como una suerte de “Airbnb de los refugiados” en Alemania para darles un techo bajo el que cobijarse, según relata el diario británico The Guardian, o llevándoles comida al campo de refugiados improvisado junto a la estación ferroviaria central de Budapest.

Mientras tanto, miles de de personas que se han salvado tras recorrer miles de kilómetros se exponen a volver a temer de nuevo por su vida cuando un grupo de neonazis venga a dejarles claro que no les quieren en su país, como ya ha sucedido. Y ellos tienen suerte, porque muchos otros ni siquiera han tenido la oportunidad de encontrar esa ayuda desinteresada de personas solidarias, pues pierden la vida en el camino.

Al menos 11 personas han muerto en las últimas horas ahogados intentando alcanzar la isla griega de Kos, según la agencia de noticias turca Dogan. Los dos botes en que viajaban las víctimas -que se cree son sirias- se hundieron tras dejar la costa suroeste de Turquía, recoge Reuters. El niño de la imagen estaba entre ellos.

2.500 migrantes muertos cruzando el mar

Todos ellos seguían una de las rutas habituales de entrada a Europa para afganos y sirios en su mayoría, explican desde Médicos Sin Fronteras, que está atendiendo la llegada de refugiados en las islas helenas de Kos y Lesbos. Sólo en la capital de la isla de Kos, del mismo nombre, MSF estima que se encuentran 6.000 migrantes en busca de asilo.

Ya en los meses de abril y mayo las autoridades alojaron a cientos de personas en un hotel abandonado. En MSF tienen tanto trabajo que ha resultado imposible poder hablar con representantes de la ONG presentes en la isla. No dan abasto, explican desde Madrid.

“Traficantes de botes tan organizados que incluso dan recibos por 5.350 dólares a una familia de nueve [miembros]”, tuitea el director de emergencias de HRW. (Vean la foto de la factura).

En lo que va de año, más de 2.500 migrantes han muerto o desaparecido intentando cruzar el mar, según datos de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (IOM). Los que han conseguido atravesar el Mediterráneo superan ya los 300.000. El año pasado, fueron unos 220.000. Y sin embargo, “volverían a correr el riesgo, porque se trata de vivir o morir”, recuerda Cosse.

Grecia e Italia, respectivamente, son los principales receptores dado que absorben la inmensa mayoría de las llegadas. El resto llegan a España, según la Organización Internacional para las Migraciones. Por datos como estos, Human Rights Watch subraya que es imprescindible crear una política de asilo “armonizada” entre los Estados miembros, lo que está en boca de muchos líderes europeos, pero que no sucederá a corto plazo.

La ruta Libia-Italia también ha recibido un constante flujo de inmigrantes. Este martes, cuatro cuerpos fueron encontrados en las aguas del Mediterráneo central y 781 personas -procedentes sobre todo de Nigeria, Costa de Marfil y Senegal- fueron rescatados, según la ACNUR.

Sudán del Sur, el último país del mundo

Reportaje en Adior, Sudán del Sur. Reconciliación entre los dinka y los nuer. Los nuer llegaron a Adior huyendo de la guerra en la región de Jonglei. Fotos realizadas en febrero de 2015.

Salva Kiir, presidente de Sudán del Sur, y Riek Machar, líder rebelde, firman un acuerdo de paz que aspira a poner fin a un conflicto que golpea la región desde hace más de sesenta años. En Adior, una aldea de la región de Lagos, los dinka y los nuer -etnias enfrentadas en el conflicto- conviven en un caso único de paz en el país.

En la imagen una niña de Bor, perteneciente a la etnia nuer, desplazada a la aldea de Adior. GONZALO ARALUCE

Salva Kiir, presidente de Sudán del Sur, y Riek Machar, líder rebelde, firman un acuerdo de paz que aspira a poner fin a un conflicto que golpea la región desde hace más de sesenta años. En Adior, una aldea de la región de Lagos, los dinka y los nuer -etnias enfrentadas en el conflicto- conviven en un caso único de paz en el país.

Mary Ayomkou no sabía qué hacer con su gente. Trescientos mujeres y niños la seguían en una marcha sin rumbo, huyendo de los envites de la guerra que desangraba Sudán del Sur. Tras de sí dejaban Bor, la tierra de sus ancestros, sin tener claro dónde dirigirse. Marchar hacia el este, hacia la región de Jonglei donde el conflicto se recrudecía, suponía una muerte segura; por otra parte, el condado de Lagos, al oeste, estaba controlado por la tribu de los dinka, enfrentada con el clan al que ellos pertenecían, los nuer. Apenas tenían comida ni agua y la fragilidad de su existencia amenazaba con resquebrajarse. Sin nada que perder y con las manos vacías emprendieron el camino hacia el oeste, a la tierra de sus enemigos.

El conflicto de Sudán del Sur viene prolongándose desde hace más de sesenta años. Primero, para alcanzar la independencia respecto a sus vecinos del norte, Sudán. El reportero polaco Ryszard Kapuscinski resumía así el espíritu de esta disputa: “Entre estas dos comunidades imperaba un antiguo antagonismo, la hostilidad y el odio –explicaba el periodista en su libro Ébano–, porque los árabes del norte durante años habían invadido el sur con el fin de apresar a sus habitantes, a los que luego vendían como esclavos. ¿Cómo aquellos mundos tan hostiles podían vivir en un mismo estado independiente? No podían”.

Los más débiles sufren los envites del hambre y la guerra de Sudán del Sur. En la imagen, una niña de Bor, perteneciente a la etnia nuer, desplazada a la aldea de Adior./ REPORTAJE GRÁFICO: GONZALO ARALUCE

No existen cifras oficiales sobre el alcance de este conflicto: algunos estudios estiman que cientos de miles de personas murieron víctimas de la escasez y la enfermedad; otras estadísticas elevan el número a dos millones. El número de desplazados internos habría alcanzado los cuatro millones, la mitad de la población del país.

En 2011, Sudán del Sur alcanzó la independencia, pero con ella no llegó la paz. A los pocos meses, su presidente Salva Kiir, y su vicepresidente, Riek Machar, -ambos habían compartido trincheras en el conflicto contra sus vecinos del norte- se enzarzaron en una guerra de poder que, salvo algunos paréntesis, se prolonga hasta hoy. Cada uno de ellos pertenece a una etnia –dinka y nuer, respectivamente–, a las que han empujado a combatir entre sí para defender sus intereses personales: a pesar de la pobreza endémica que sacude la región, Sudán del Sur es rico en yacimientos petrolíferos, a los que sólo acceden los privilegiados.

Tras dos años de conflicto interno y empujado por la presión internacional, el Gobierno de Kiir alcanzó, este miércoles, un principio de acuerdo de paz con los rebeldes de Machar.

Mary Ayomkou y las trescientas personas que la seguían eran víctimas de este conflicto. Perseguidas por el hambre y las balas, emprendieron un camino que no tenía destino. Era diciembre de 2014, época seca. A los miembros de la comitiva sólo les sostenía su lucha por la supervivencia. Sus ropas se pudrían al sol. Bajo sus pies, un desierto de piedra y tierra. Apenas encontraban comida y el agua con la que se cruzaban estaba estancada. Ni los animales bebían de ella.

Los más débiles no tardaron en enfermar: aquella fue su sentencia de muerte. Los supervivientes caminaban en silencio, “con la mirada vacía”: “Algunos soñaban despiertos con un lugar en el que asentarse; otros lloraban por dentro la ausencia de sus seres queridos”, explica Mary, que había sido elegida entre su comunidad por sus dotes de liderazgo para guiar a los suyos. Todos ellos eran nuer.

Mary Ayomkou, líder de los habitantes de Bor.

La gente que habitaba Adior, una aldea compuesta por un millar de dinka, temía el avance del conflicto. Sin embargo, no podían sospechar que, aquella tarde de febrero, llegaría el enemigo. Alguien dio la señal de alarma: “¡Se acercan los nuer!”. Las mujeres, presas del pánico, recogieron a sus niños y huyeron hacia la selva, buscando refugio. Los hombres, mientras tanto, con más miedo que decisión, se armaron para el combate: palos y machetes, cuchillos y rifles AK47 comprados en el mercado negro.

No tardaron en dar con el rastro de la comitiva. Pero la debilidad de las mujeres, niños y ancianos les desarmó: la piel se les pegaba a los huesos, suplicaban ayuda y en sus manos no tenían más que el sueño de alcanzar un lugar en el que asentarse. Entre dinka y nuer no era posible la comunicación, -cada tribu habla un idioma diferente-, pero los primeros comprendieron que la vida de los segundos estaba en sus manos. Les abrazaron y juntos marcharon hacia Adior.

Los líderes de la comunidad de Adior, única en Sursudán por la convivencia pacífica entre dinka y nuer, explican el “sinsentido” de la guerra que ha enfrentado, durante dos años, a las tribus a las que pertenecen. “Kiir y Machar quieren gobernar el país y cada uno de ellos utiliza a los suyos -valora Mary Ayomkou, jefa de los nuer-. A mis 48 años apenas he conocido unos breves periodos de paz. Ojalá mis siete hijos puedan vivir tranquilos en Adior e ir a la escuela. Es una bendición que nos hayan recibido”.

“¿Cómo no íbamos a darles la bienvenida?”, se pregunta Marta Amuor, una de las líderes de los dinka de Adior. A sus 23 años, carga con buena parte de la responsabilidad del pueblo. Su familia ha sido, tradicionalmente, la que ha dirigido la aldea. La guerra y el hambre obligó a muchos de los parientes de Marta a marcharse y ella asumió el compromiso de la jefatura. “Ellos son como nosotros -prosigue-. No representan ningún peligro y están hambrientos. También nosotros lo estamos. La única manera de encontrar una salida a todo este dolor es ayudarnos los unos a los otros”.

Hijos de ganaderos que viven en las inmediaciones de Adior. Impregnan su cara con cenizas para protegerse de los mosquitos.

Sin embargo, cuando no es la guerra la que persigue a los habitantes de Adior lo hace el hambre. Basta con dar una vuelta por el pueblo para comprobar que sus vecinos temen al futuro más inmediato. “Necesitamos anzuelos para pescar en el río”, apunta una mujer. “Y plástico para cubrir nuestros tejados y protegernos de las lluvias”, añade una segunda. “Y medicinas y comidas”, puntualiza la tercera.

“¿Ves a toda esta gente?”, pregunta un soldado del Ejército, vestido de uniforme y con el dedo en el gatillo de su kalashnikov: su nombre es Peter Malual. “No sé qué será de ellos -apunta Peter, mientras los señala con el dedo-. Soy el único que protege a todos estos ancianos, mujeres y niños. Los hombres, o bien se fueron a la guerra, o han muerto”. El soldado se ajusta la boina a su cabeza, da una palmada a su fusil y sentencia: “Pero si alguien viene con ganas de pelea, la encontrará”.

Juba, capital de Sudán del Sur, acogió la firma del acuerdo de paz entre Riek Machar y Salva Kiir. La Unión Africana y la ONU vienen presionando a ambos líderes desde que comenzó el conflicto para que pongan fin a las hostilidades. Uhuru Kenyatta y Yoweri Museveni, presidentes de Kenia y Uganda, y Haile Mariam Desalegne, primer ministro de Etiopía, asistieron al acto para manifestar su respaldo al proceso. Salva Kiir manifestó sus dudas a estampar su rúbrica: “Somos reticentes, pero firmaremos el documento”.

La frase del presidente sursudanés despertó la inquietud entre las autoridades asistentes al acto: en los últimos años, Kiir y Machar han alcanzado varios acuerdos de paz que al día siguiente morían bajo los disparos de sus hombres.

El hambre endémica, mientras tanto, sobrevuela la región, una de las más pobres del mundo. El país, que es también el más joven, firma las bases para mirar al futuro y cerrar las heridas del pasado; de una guerra que los habitantes de Adior califican como un “sinsentido” y a la que decidieron enterrar con el abrazo entre dinka y nuer.

La firma de paz entre Salva Kiir y Riek Machar abre las puertas a un futuro sin guerra en el país más pobre del mundo.