Pon las tuyas a remojar

ARPONERO BARBERO FINAL

No es la primera vez en la historia que un gobernante ha tenido la sensación de ser víctima de alguno de los refinados castigos que los dioses reservaban a quienes osaban desafiar su poder…

No es la primera vez en la historia que un gobernante ha tenido la sensación de ser víctima de alguno de los refinados castigos que los dioses reservaban a quienes osaban desafiar su poder. El conde-duque de Olivares se identificaba con Atlas, obligado a sostener sobre sus hombros el globo terráqueo, y no sería difícil asignar a tal o cual de sus homólogos, en uno u otro siglo, el papel de Sísifo levantando la piedra una y otra vez hacia la cima de la ladera, el de Tántalo con las relucientes manzanas del jardín de las Hespérides siempre a la vista pero nunca al alcance, el de Ixión atado a la rueda de los acontecimientos, el de Ocnos tejiendo eternamente la cuerda que se zampaba el burro del Estado o no digamos el de Ticio o Prometeo, encadenados mientras el buitre de la insidia iba devorando su hígado.

Ya le gustaría a Alexis Tsipras poder optar hoy por alguno de estos males con tal de eludir el que, sin otro artilugio que los propios útiles del oficio, parece haber sido diseñado expresamente para escarmiento de políticos temerarios. Y es que no cabe sadismo a la vez más refinado e implacable que el que viene aplicándosele al primer ministro griego desde que osó encender unilateralmente el fuego de la democracia y convocó el referéndum contra las exigencias de Bruselas para seguir financiando a su quebrado país.

Tsipras se comportó como si Grecia fuera aun un Estado soberano en el que la opinión pública supone la razón última del gobernante, fingiendo ignorar que el objeto de la consulta concernía, al menos en igual medida, a sus a la vez socios y acreedores. Incurrió en el eterno pecado de la hubris -el asaltaremos los cielos de la soberbia humana- y en toda la hubris le han dado Frau Merkel y sus 17 palanganeros.

Quien hasta hace dos semanas era percibido como un rebelde ciclópeo que atemorizaba al continente con sus machadas y amenazas, está quedando retratado ahora como un cretino político a merced de la autoridad competente. Y no me digan que, a propósito de castigos divinos, eso evocaría al impuesto por Apolo al rey Midas cuando cambió sus orejas por las de un asno, porque ya quisiera Tsipras tener a cambio el don de convertir en oro lo que tocara.

No, su única corona es la del Olimpo de los tontos, pues su admisión de que ni siquiera contaba con un plan viable para sustituir el euro por el dracma prueba que no sólo ha estado engañando a los griegos sino engañándose a sí mismo. Así es como cobra sentido la dimisión de Varoufakis a la mañana siguiente de ganar el referéndum. En el fondo los líderes de Syriza debían saber que lo que les convenía era perder el plebiscito -que triunfara el “sí”- para poder dar un heroico paso atrás, dejar a otros la gestión del embolado del tercer rescate y volver a quedar en la reserva con la aureola de los rebeldes con causa.

Lo que era inmanejable era su victoria porque la partida pasaba a jugarse en el tablero del Bild Zeitung, las cadenas de televisión y las encuestas alemanas. Opinión pública por opinión pública siempre iban a pesar más los 83 millones de un país opulento -y eso sin contar a sus satélites- que los 11 de uno en las últimas.

Tras el insolente desafío en las urnas, la negociación entre tecnócratas se transformaba así en un ajuste de cuentas que requería no de la derrota sino de la humillación de Grecia, obligada a pasar bajo las horcas caudinas de unas condiciones draconianas. Y el justo castigo a la perversidad, o más bien a la idiotez política, de Tsipras está siendo obligarle a liderar la rendición incondicional de su pueblo, compareciendo cargado de cadenas, uncido al carro del triunfo de la Europa de los Mercados –Vae victis– entre el estupor de los propios -cócteles molotov en la calle, cisma en Syriza en el parlamento- y el regocijo de los ajenos.

 

El justo castigo a la perversidad, o más bien a la idiotez política, de Tsipras está siendo obligarle a liderar la rendición incondicional de su pueblo, compareciendo cargado de cadenas, uncido al carro del triunfo de la Europa de los Mercados

 

Nadie encontrará en este análisis ni comprensión ni disculpa tras la irresponsable necedad de Tsipras. Que ahora invoque que nadie ha pasado por un “dilema de conciencia” como el suyo no inspira ninguna pena. Me alegro de que quienes hasta la propia víspera del referéndum le hacían la ola a Sietemachos Varoufakis cuando llamaba “terroristas” a los líderes europeos, hayan quedado engullidos en su propio maremoto y floten hoy como detritos de un oceánico ridículo. Pero no puedo sentirme cómodo en mis convicciones liberales con el ensañamiento del que están siendo víctimas las instituciones griegas, al ser sometidas a un público auto de fe, encañonadas por el grifo del Banco Central Europeo.

ARPONERO BARBERO FINAL
Ilustración: Javier Muñoz

Los peores augurios de que el euro se convirtiera en ese castillo monetario de “irás y no volverás” al que me refería hace dos semanas, se están cumpliendo. Si Atenas hubiera conservado el dracma, los griegos habrían ido empobreciéndose paulatinamente mediante sucesivas devaluaciones pero no se habrían encontrado nunca entre la espada de un diktat insoportable y la pared de una bancarrota segura. Si Tsipras no pasaba por el aro como una fiera domesticada, los bancos cerrados se hubieran transformado en bancos quebrados, dando paso al colapso del Estado y a un escenario de caos social. Ni siquiera hubiera podido pagar a la policía para defenderse de los suyos.

A la hora de la verdad las supuestas alternativas basadas en la ayuda rusa se diluyeron en el aire. Bastó con que le enseñaran el Big Bertha de la expulsión del euro para que el gobierno griego capitulara incondicionalmente, reproduciendo amargos episodios de la historia centroeuropea de hace 80 años, que renuncio a evocar para no ser tildado de pintor de brocha gorda.

¿Era imprescindible imponer un ultimátum de 72 horas para la aprobación por el Parlamento griego de las medidas de ajuste duro rechazadas por el pueblo en las urnas? ¿Resultaba realmente necesario obligar a constituir ese fondo de activos públicos por valor de 50.000 millones bajo supervisión comunitaria como garantía de futuros pagos? ¿Significará esto que los bancos alemanes terminarán siendo los dueños de unas cuantas islas griegas, y quién sabe si del propio Partenón, en el caso de que se vuelva a desatender el servicio de la deuda o acaso Tsipras y sus ministros deberán ingresar como prenda física en una de aquellas cárceles para morosos abolidas por la Revolución Francesa?

La propia escenificación del trágala en una interminable reunión de líderes europeos insomnes, polarizados entre el policía alemán malo (Schäuble) y el policía alemán bueno (Merkel), denota la falta de mecanismos racionales de decisión en una Europa reducida a teatro de la hegemonía de una de sus partes. El propio Der Spiegel reprochaba hace poco a la canciller que, aun conservando la retórica paneuropea de Kohl, en la práctica ha sustituido la construcción política de la UE por un “imperialismo pedagógico” destinado a imponer, a base de exigentes rescates, sus propios valores calvinistas de rigor presupuestario y control del déficit al resto de los miembros.

En el momento en que la técnica del afeitado en seco que funcionó para España, Portugal e Irlanda ha encallado en la rugosa piel de la sociedad griega, la señora Merkel se ha transformado en el remedo político de Sweeney Todd, aquel barbero diabólico de Fleet Street que degollaba a sus víctimas cuando pasaban por su establecimiento a que les hiciera un arreglo y las convertía luego en el picadillo del pastel de carne que vendía en un restaurante anexo. Ese es el menú que desde Berlín y Bruselas se ofrece ahora a la comunidad financiera: de primero carpaccio de Alexis en láminas muy finas, de segundo estofado a la Tsipras y de postre souflé de Syriza.

Al reconocer que no tiene más remedio que aplicar unas medidas en las que ni él ni sus conciudadanos creen, el jefe del Gobierno de Atenas está levantando acta no sólo de su propia defunción política sino de que Grecia ha dejado de existir como Estado independiente. Lo cual tendría sentido si su soberanía hubiera quedado voluntariamente diluida en la de unos Estados Unidos de Europa cuyo gobierno democrático aplicara políticas fiscales uniformes para amortizar la deuda de todos, asumida como carga común. Así actuaría la solidaridad propia de una unión política en la que la moneda única fuera el escaparate de una realidad previa.

A falta de todo ello los actores políticos de los países de la zona euro se dividen en resignados zombis al servicio de los designios de quien manda y clientes potenciales de la barbería de Sweeney Merkel. Reducido a la mudez en los pasillos y antesalas comunitarias -los estafermos no hablan inglés-, Rajoy es el más dócil y servicial de los primeros. Sujeta la bacinilla y los útiles de afeitar a la barbera o limpia con la fregona el rastro de sus sanguinarios alardes sin que ello requiera contraprestación alguna. Y si hasta la propinilla de la presidencia del Eurogrupo para un paisano recomendado se le niega, pues qué le vamos a hacer. Otra vez será. De momento él sigue empleado ahí.

 

Los actores políticos de los países de la zona euro se dividen en resignados zombis al servicio de los designios de quien manda y clientes potenciales de la barbería de Sweeney Merkel. Reducido a la mudez en los pasillos y antesalas comunitarias -los estafermos no hablan inglés-, Rajoy es el más dócil y servicial de los primeros

El segundo grupo es el de los insensatos que, creyéndose capaces de alterar los términos o fronteras de la pax germana impuesta sobre la eurozona, caminan alegres y confiados hacia un inexorable destino tragicómico. Cuando las barbas de Alexis veas pelar, pon las de Pablo a remojar. Zas, zas, un par de tijeretazos y adiós Coletas. Y que vayan contestando Mas, Junqueras y el tal Romeva -que por algo dicen que se parece a Varoufakis- cuantos días aguantaría su pulso independentista con los bancos catalanes cerrados por falta de liquidez o de solvencia. El soberanismo identitario hace lo suficientemente memos a sus comulgantes como para tragarse la añagaza de la lista única de partidos adversos y políticos despolitizados pero, como en el caso de Grecia, lo que tu decidas es irrelevante si no encaja en lo que decidan los demás.

A falta de mejores argumentos, Rajoy ya se ha apresurado a poner el paralelismo tanto ante las narices de Podemos como ante las del orfeón independentista. Sería preferible no tener que recurrir a ello y que nuestra democracia se bastara y sobrara para cerrar el paso mediante la persuasión y la aplicación de la legalidad a ambos tipos de populismo. Pero con un liderazgo como este y una inteligencia institucional como la que permite que alguien pueda anunciar un martes que va a destruir España y sea el viernes recibido en audiencia oficial por el Jefe del Estado -¿rememoraron juntos la pitada del Camp Nou o sólo miraron hacia el abismo?-, ya no nos queda casi sino confiar, compungidos, en la protección de la navaja ordenancista de Frau Merkel. Porque como canta el Figaro asesino en la película de Tim Burton “no hay más que dos tipos de personas: las que están en su sitio y las que te ponen el pie en la cara”. Y alguien tendrá que obligar a estas a volver a meterlo en el tiesto.

 

 

 

De Guindos: claves de su derrota en el Eurogrupo

Todo se torció en la recta de llegada a meta. Casi en la foto final. O en palabras de su protagonista: “A veces se gana y a veces se pierde. Ha estado muy, muy apretado”. El ministro español Luis de Guindos ha perdido frente al holandés Jeroen Dijsselbloem y se ha quedado sin la presidencia del Eurogrupo, cetro que tenía virtualmente en su mano hasta hace apenas unos meses.

Todo se torció en la recta de llegada a meta. Casi en la foto final. O en palabras de su protagonista: “A veces se gana y a veces se pierde. Ha estado muy, muy apretado”. El ministro español Luis de Guindos se ha quedado sin la presidencia del Eurogrupo, cetro que tenía virtualmente en su mano hasta hace apenas unos meses.

El holandés Jeroen Dijsselbloem, su rival en la urna opaca de Bruselas, ha sido reelegido para un segundo mandato de la institución clave en asuntos económicos en Europa. El resultado fue ajustado según quien lo cuente: 10 votos contra 9 en la primera votación, según fuentes de la delegación española; 12 a 7, según la versión holandesa. En la segunda votación -previa retirada del español-, Dijsselbloem fue reelegido por unanimidad. Algunas de las claves del voto se han fraguado en las últimas semanas con el tercer rescate a Grecia como mar de fondo.

Tecnócrata versus político

De Guindos es un político, pero no está afiliado al Partido Popular. Es uno de los ‘independientes’ del Gobierno y su perfil es considerado tecnócrata (especialista o técnico) en las esferas políticas de Bruselas. En cambio, el holandés es un ‘animal’ de su partido, el Laborista desde 1985. Las últimas decisiones en el Eurogrupo poco tienen que ver con la lógica económica, sino que la subjetividad de la política y la solidaridad entre los países miembros del euro. El discurso antitecnócrata de la izquierda en Europa, con Syriza a la cabeza, quedaría neutralizado con la elección del holandés frente al español, cuyo pasado como banquero de inversión es de sobra sabido. Es la misma crítica que persigue de cuando en cuando a Mario Draghi (BCE).

El estigma de Lehman Brothers

El pasado siempre vuelve y, al igual que cuando el PP de Rajoy ganó las elecciones en 2011, la condición de ex presidente de Lehman Brothers España estuvo presente para todo el mundo, especialmente, en la prensa internacional, que no desaprovechó la ocasión para hacer leña y alinear el futuro del país a la experiencia laboral de su nuevo jefe de finanzas.

Sin embargo, De Guindos dobló el brazo a ese pasado con una gestión económica que nadie discute ya (ni dentro, ni fuera de España) y que le ha situado como finalista a presidir todo un Eurogrupo, el punto de encuentro de los jefes de finanzas de los gobiernos europeos. Objetivamente, la economía española se ha puesto a la cabeza del crecimiento europeo.

Gran parte del rescate a Grecia tiene en los bancos su centro de gravedad, con la creación de un fondo de privatizaciones que financiará, poco a poco, la recapitalización de los bancos griegos. Como ex banquero, la presencia continua del ministro español al frente del Eurogrupo dificultaría, cuando menos, el consumo interno en Grecia de un plan de rescate que contempla duros ajustes internos en materia de pensiones e impuestos.

Países del Norte, vecinos del Sur

Para bien o para mal, en Bruselas se alinean con frecuencia dos clases de países: los contribuyentes netos de fondos y los receptores de dinero comunitario. Esta desigualdad apenas trasciende a la opinión pública, pero tiene una peso latente en la toma de decisiones y el reparto de poder. Holanda está entre los primeros y España -salvo una breve estancia como ‘pagador’ en la última etapa Zapatero- está entre los que reciben más de lo que dan. Para muestra de esa alineación geográfica, el gesto de los ministros de los países bálticos cediendo a Holanda su voto en el maratoniano Eurogrupo del domingo al lunes.

Con la crisis de Grecia, Alemania ha endurecido sus posiciones porque le toca pagar. Pese a que Rajoy ha enarbolado públicamente el apoyo germano a su candidato De Guindos, el pretendido efecto de atraer votos de otros países no ha sido suficiente. España se ha quedado con el apoyo de los países periféricos y más débiles, pero siempre ha tenido en contra a los centroeuropeos. Grecia era uno de los votos con los que podía haber contado De Guindos, incluso tras la llegada al poder de Alexis Tsipras y el partido Syriza. Pero el Gobierno de Rajoy ha sido beligerante en las negociaciones con los griegos por cuestión de política interna (el ascenso electoral de Podemos) y el riesgo moral para el futuro político de un rescate sin condiciones para el país heleno.

Pérdida de peso de España

La derrota de De Guindos supone un revés evidente para la diplomacia española en el seno de Europa. Con el presidente Mariano Rajoy fuera de juego en los grandes asuntos, el responsable del área (José Manuel García-Margallo) parece haberse puesto de perfil en los últimos tiempos después de un enérgico inicio de legislatura. Puede atribuirse a factores externos y a la coyuntura actual, pero lo cierto es que el Gobierno de Rajoy no ha dado pie con bola en las últimas grandes remodelaciones de las instituciones comunitarias.

Por ejemplo, con el Banco Central Europeo (BCE) -perdió la representación en el consejo ejecutivo que tenía con González-Páramo- o en la nueva Comisión Europea de Jean-Claude Juncker, donde quemó las naves para aupar a Miguel Arias-Cañete a la comisaría de Energía y Medio Ambiente. España pasó de tener Competencia o Economía a una cartera de carácter secundario. El retorno de Cañete a Bruselas estuvo marcado por sus intereses privados en el sector petrolero, que solventó técnicamente con una venta de sus acciones en su empresa familiar.

También en EL ESPAÑOL

La capitulación total de Tsipras

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En tiempo de descuento, los jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona han alcanzado un frágil acuerdo que de momento frena la salida de Grecia del euro. A cambio, Alexis Tsipras ha tenido que capitular y abandonar por completo las promesas con las que ganó las elecciones. No sólo tendrá que aplicar los ajustes a los que los griegos dijeron ‘no’ en el referéndum sino que los acreedores le han impuesto ahora medidas mucho más duras.

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Ha hecho falta un maratón negociador final de 17 horas, con noche en blanco incluida. Pero ya en tiempo de descuento, los jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona han alcanzado, poco antes de las 9:00 de este lunes, un frágil acuerdo (aquí el texto) que de momento frena la salida de Grecia del euro y su hundimiento económico.

A cambio de este salvavidas, el primer ministro griego, Alexis Tsipras ha tenido que capitular y abandonar por completo las promesas de poner fin a la austeridad con las que ganó las elecciones. No sólo tendrá que aplicar todos los ajustes que rechazaba y a los que los griegos dijeron ‘no’ en el referéndum del 5 de julio, sino que los acreedores le han impuesto ahora medidas mucho más duras en áreas como la reforma laboral o las privatizaciones.

Además, Grecia queda sujeta a una supervisión sin precedentes que prácticamente la convierte en un protectorado de la UE. Algo difícil de asumir para un Gobierno como el de Syriza, que defendió el fin de la troika (formada por Comisión Europea, Banco Central y Fondo Monetario Internacional). Pero la última ronda de negociación ha dañado también la imagen de Alemania por la gran dureza que ha exhibido hasta llegar a poner por primera vez negro sobre blanco en un documento la opción de que Grecia salga de forma temporal del euro.

¿Qué tiene que hacer Grecia ahora?

El Gobierno de Tsipras se ha comprometido a aprobar en el parlamento griego de aquí al 15 de julio -es decir, en apenas 48 horas- un total de cuatro leyes, algunas de las cuales fueron rechazadas por una mayoría del 61% en la consulta de la semana pasada. Se trata de una primera reforma del IVA y de las pensiones; de una norma para garantizar la plena independencia de la oficina estadística griega ELSTAT y de la introducción de un sistema automático de recorte del gasto cuando se produzcan desviaciones presupuestarias. Antes del 22 de julio, Grecia tendrá que aprobar otras dos normas: la reforma del Código Civil para reducir el coste de la justicia y la legislación de la UE sobre reestructuración y liquidación de bancos.

La aprobación inmediata de estas leyes ha sido la condición exigida por los acreedores a Tsipras para restablecer la confianza, ya que casi ningún país se fía ya de él tras la convocatoria por sorpresa del referéndum. Si Atenas cumple en los próximos días, el Eurogrupo celebrará una nueva reunión este miércoles, probablemente por teleconferencia, para autorizar formalmente el inicio de negociaciones con Grecia para un tercer rescate. Inmediatamente después tendrán que pronunciarse los parlamentos de seis países: Alemania, Finlandia, Holanda, Eslovaquia, Estonia y Austria.

¿Cuánto costará el tercer rescate?

Los líderes de la eurozona calculan que las necesidades financieras de Grecia en los próximos tres años ascienden a 86.000 millones de euros, que habría que sumar a los 240.000 millones de los dos primeros rescates. La elevada factura del tercer rescate –que se explica por el fuerte deterioro económico provocado por el cierre de bancos y el corralito desde el 29 de junio- ha “sorprendido” desagradablemente a los acreedores, que todavía quieren rebajarla con los ingresos de privatizaciones o el dinero que pueda lograr Atenas cuando recupere el acceso a los mercados, según fuentes europeas. Parte de este dinero debe desembolsarse de forma urgente, ya que Grecia tiene pagos que ascienden a 7.000 millones de euros el 20 de julio y otros de 5.000 millones en agosto, sobre todo por vencimientos del Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El tercer rescate incluye una reserva de hasta 25.000 millones de euros para la recapitalización del sector bancario, de los cuales 10.000 millones estarían “disponibles inmediatamente”. Una “rápida decisión” sobre el tercer rescate “es una condición para permitir que los bancos reabran”, admiten los líderes de la eurozona en el borrador de conclusiones.

¿Tendrá el tercer rescate condiciones adicionales?

Sí. Una vez que se inicien las negociaciones, Grecia y sus acreedores deben firmar un nuevo memorándum que recogerá condiciones más duras que las rechazadas en el referéndum debido al empeoramiento económico y también a que el tercer rescate incluye dinero nuevo para tres años. Muchos de los requisitos extra están ya detallados en el acuerdo cerrado este lunes: otra reforma ambiciosa de las pensiones, liberalización de los mercados de productos (farmacias, leche, panaderías, transporte por ferry), privatización de la red eléctrica o modernización de las normas sobre convenios y despidos colectivos.

Otra concesión que el Gobierno de Syriza se ha visto obligado a hacer a sus acreedores es la de dar marcha atrás y rectificar todas las leyes que ha aprobado desde su llegada al poder en enero sin el consentimiento de la troika, por ejemplo para contratar funcionarios. O si prefiere, adoptar medidas correctivas con el mismo impacto presupuestario. Sólo se salva la legislación para paliar la crisis humanitaria en Grecia.

¿Qué pasa con la supervisión de la troika?

El fin de la troika (formada por la Comisión, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) y de las políticas dictadas desde Bruselas era una de las principales demandas del Gobierno de Syriza. Tsipras también ha claudicado en esta cuestión cediendo a las presiones de los acreedores, que desconfían de sus políticas. A partir de ahora, Grecia deberá “consultar y acordar con las instituciones (de la troika) todos los proyectos de ley en las áreas relevantes con suficiente antelación antes de presentarlos a consulta pública o el parlamento”.

Los inspectores de la troika podrán además volver a Atenas para “mejorar la aplicación del programa y controlarlo”. El Gobierno de Syriza había bloqueado las visitas de los técnicos a los ministerios y había tratado siempre de llevar la negociación al máximo nivel político de ministros o jefes de Gobierno.

Tsipras, con Merkel y Hollande, durante la cumbre (Foto: Consilium)
Tsipras, con Merkel y Hollande, durante la cumbre (Foto: Consilium)

¿Cuáles han sido los principales escollos?

El nuevo ministro de Finanzas, Euclides Tsakalotos, había aceptado desde el Eurogrupo del sábado la mayor parte de las exigencias de los acreedores debido a la situación desesperada de los bancos del país, que apenas sobreviven con la línea de liquidez de emergencia (ELA), que les proporciona el BCE. “Si no tuviéramos una pistola en la cabeza, ni nos plantearíamos aceptar” los recortes, aseguraba la delegación griega durante la madrugada del domingo.

De hecho, a las 4:00 horas, el acuerdo parecía inminente. Pero el primer ministro Tsipras intentó plantarse en dos cuestiones: rechazaba la propuesta de Alemania de crear un fondo de privatizaciones y no quería que el Fondo Monetario Internacional supervisara la aplicación del tercer rescate. También en estos dos puntos acabó cediendo a la presión de los acreedores. El FMI seguirá participando en el programa de asistencia financiera porque lo exigen países como Alemania.

¿Cómo funciona el fondo de privatizaciones?

Este nuevo instrumento es una de las claves del acuerdo. Se trata de que Grecia transfiera a un fondo independiente activos públicos por un valor de hasta 50.000 millones de euros. El fondo se encargará de irlos vendiendo progresivamente, como hace por ejemplo la Sareb con los activos inmobiliarios de la banca nacionalizada en España. La mitad de los ingresos tendrán que dedicarse a la recapitalización de la banca. 12.500 irán a reducir deuda y el resto a inversiones.

Tsipras sostenía que es imposible lograr 50.000 millones de euros con privatizaciones y alegaba que el propio FMI cifra en 500 millones al año los ingresos máximos. Tampoco le gustaba la filosofía del instrumento y dejar el control a los acreedores. Pero los países más duros han impuesto que se mantenga la cifra de 50.000 millones. La única concesión que hacen es que el fondo esté basado en Grecia en lugar de en Luxemburgo. La gestión correrá a cargo de los griegos pero “bajo supervisión de las instituciones europeas”.

¿Habrá reestructuración de la deuda?

La principal concesión que obtiene Grecia del acuerdo es el compromiso de los líderes de la eurozona de estudiar “posibles medidas adicionales” para garantizar la sostenibilidad de la deuda helena, que ahora se sitúa en el 177% del PIB. Y mencionan en concreto dos: “la posible extensión de los periodos de gracia y de pago”. No obstante, dejan claro que “no se llevarán a cabo quitas nominales sobre la deuda”. Este alivio de la deuda sólo se aplicará tras la primera revisión positiva del nuevo rescate, que podría ocurrir en otoño.

En realidad, se trata de una victoria pírrica para Tsipras, ya que la oferta de alargar plazos y reducir tipos de interés para aliviar la deuda griega ya estaba sobre la mesa desde el Eurogrupo celebrado en noviembre de 2012. Hasta ahora no se ha aplicado porque Atenas no ha cumplido. “Hemos tenido éxito en garantizar la reestructuración de la deuda y en la obtención de fondos significativos para el crecimiento”, ha dicho el primer ministro heleno al término de la cumbre. Los fondos a los que se refiere son los 35.000 millones de euros prometidos por el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. Pero no se trata de dinero nuevo sino de ayudar a Grecia a absorber mejor los fondos estructurales que ya tiene adjudicados.

¿Se descarta el ‘Grexit’?

Uno de los factores que ha emponzoñado las negociaciones y ha dificultado el acuerdo ha sido la dura propuesta que planteó el sábado el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, y que incluía el fondo de privatización, que al final ha salido adelante, y también la opción de ofrecer a Grecia una salida temporal del euro (‘Grexit’) durante cinco años para que pudiera reestructurar su deuda. El ‘Grexit’ apareció así por primera vez en un documento de trabajo que se hizo público y agravó la fractura entre los países más duros –Finlandia, Holanda, Eslovaquia, Eslovenia y los bálticos- y los más cercanos a Grecia, en particular Francia, y en menor medida Italia o Chipre.

De hecho, el ‘Grexit’ temporal llegó a figurar en el borrador de acuerdo que el Eurogrupo envió a los jefes de Estado y de Gobierno, y sólo se eliminó ya bien entrada la madrugada porque resultaba inaceptable para Atenas y Paris. “El plan A se ha cumplido y por eso no necesitamos plan B”, ha dicho la canciller alemana, Angela Merkel, para justificar la desaparición de cualquier referencia a una salida de Grecia del euro.

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, ha sostenido que en el compromiso aprobado “no hay ganadores ni perdedores”. “No creo que los griegos hayan sido humillados”, ha sostenido. Para el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, los ajustes extra exigidos a Grecia “en absoluto” son una venganza por el referéndum sino “medidas razonables” para el crecimiento”. Y el presidente francés, François Hollande, dice que se trata de una “decisión histórica”. “Si Grecia hubiera salido, se habría dicho que la eurozona no era capaz de conservar su integridad”, ha apuntado.

Sólo el tiempo dirá si este tercer rescate tendrá más éxito que los dos primeros, lastrados por los desacuerdos entre los socios y las dudas y retrasos de Atenas en la puesta en marcha de las reformas. Pero la desconfianza y las fracturas de las últimas 48 horas en el Eurogrupo no son un buen augurio.

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Rescate Griego III: medio billón de euros desde el año 2010

No es el primero, ni el segundo. Llega el tercer rescate financiero para Grecia, que ha recibido más ayuda financiera en cinco años que la suma de España, Irlanda y Portugal, los otros tres grandes países asistidos desde la Eurozona.

 

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No es el primero, ni el segundo. Llega el tercer rescate financiero para Grecia, que ha recibido más ayuda financiera en cinco años que la suma de España, Irlanda y Portugal, los otros tres grandes países asistidos desde la Eurozona.

Más dinero para Grecia, más pérdidas para Europa. La maratoniana negociación de 17 horas en Bruselas ha dado a luz un complejísimo acuerdo de último minuto para rescatar a la república helena. No será fácil de ejecutar, rezuma provisionalidad, pero hay acuerdo y Grecia seguirá bajo la protección del euro. El Gobierno de Alexis Tsipras solicitó el pasado viernes un tercer programa de ayuda financiera desde Europa por valor de 53.000 millones de euros hasta 2018 y pidió una quita (descuento) sobre su deuda.

La respuesta desde Bruselas ha sido otra: Grecia necesita 86.000 millones de euros para salir a flote, pero las nuevas condiciones serán mucho más duras para el país. Además no habrá ninguna quita de la deuda griega a corto plazo, aunque no se descarta antes de que concluya el plan en 2018. La mayoría de los detalles del acuerdo están todavía por definir. No obstante, si se conoce que el Eurogrupo armará a través del MEDE (Fondo de Rescate Permanente) esa inyección de 86.000 millones de euros a Grecia hasta 2018. De partida, hasta 8.000 millones serán inversiones a fondo perdido.

El fondo griego de privatizaciones

A cambio, los países europeos han exigido la creación de una sociedad de activos públicos griegos (empresas, infraestructuras, terrenos…) que funcionará como un fondo de inversión. Será un aval y una garantía para Bruselas. Estará valorado en 50.000 millones de euros y será tutelado por la ‘troika’ europea. Con los ingresos que se obtengan de este fondo gestionado por Europa se recapitalizará a la banca griega, se reducirá la deuda del país y participará en un plan de inversiones de 35.000 millones para dinamizar su economía y que será supervisado por la Comisión que dirige Juncker.

El Eurogrupo estima que las entidades financieras del país (Piraeus, Alpha, NCG y Eurobank, entre otras) necesitan de forma urgente, al menos, 25.000 millones para volver a operar, levantar el corralito y no colapsar en los próximos días. Según esas mismas estimaciones, el Estado necesita otros 7.000 millones para afrontar pagos al Banco Central Europeo (BCE) el próximo 20 de julio y ponerse al día con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con quien debe ponerse al día tras su impago el pasado 30 de junio. El FMI, frente a lo reclamado desde Grecia, volverá a participar en la ayuda.

En perspectiva, este será el tercer rescate de Grecia en cinco años.  Se eleva así la factura griega a cerca de 323.000 millones desde 2010, amén de las citadas reestructuraciones de la deuda que ya habían superado los 200.000 millones (hasta febrero de 2012). En total, el conjunto de programas de asistencia financiera para Grecia desde la Eurozona ha movido en el último lustro supera el medio billón de euros entre préstamos nuevos, condonaciones y reestructuración de su deuda.

Cronología de la tragedia griega

La sucesión de acontecimientos desde hace tres semanas han dejado a Grecia al borde salir del euro. Los tiras y aflojas inacabables entre Grecia y el Eurogrupo han vivido de por medio un impago al Fondo Monetario Internacional (FMI) por 1.600 millones de euros el pasado 30 de junio y un referéndum en Grecia en el que se votaba ‘sí’ o ‘no’ a las medidas de rescate planteadas por Europa.

Los griegos dijeron ‘no’ y pese a ese rechazo, Tsipras ha presentado una propuesta de rescate y reforma similar a la rechazada en las urnas. No solo contempla subidas de impuestos, también congela las pensiones actuales, eleva la edad de jubilación a 67 años (como en otros países europeos) y supondrá la creación de una autoridad de vigilancia fiscal independiente al Gobierno de turno en Grecia.

El plan acordado (subidas de impuestos, privatizaciones y reformas de la pensiones) se ha convertido en un revés para Tsipras, su Gobierno y el actual Parlamento griego -mayoritariamente poblado por Syriza-, que deberá aprobar las medidas. También deberán votar otros seis parlamentos en seis países europeos, sin cuya participación puede encallar la ayuda.

  • El origen del drama. En octubre de 2009, poco después de llegar al poder, el Gobierno del PSOK revela que el Estado tiene un déficit en sus cuentas más alto de lo publicado. Sus efectos son inmediatos e implacables: se destapa la desconfianza de los inversores y socios de la Eurozona sobre Grecia. Comienza una crisis que deja fuera de control a las finanzas públicas, debido a que se dispara la prima de riesgo y el coste de financiarse en los mercados es prohibitivo.
  • Primer rescate. En mayo de 2010, el país que entonces gobierna Papandreu recibe el primer ‘pack’ del rescate (110.000 millones de euros) hasta mayo de 2013. En noviembre de 2010, el Parlamento griego aprueba una serie de recortes y medidas de austeridad. En noviembre de 2011, Papandreu dimite y se convocan nuevas elecciones.
  • Primera reestructuración de la deuda. En febrero de 2012 se aprueba la reestructuración de la deuda con descuentos y quitas al valor de los bonos emitidos por el Estado griego. Esos descuentos alcanzan los 206.000 millones de euros y los principales perjudicados son los inversores privados como bancos, fondos de inversión y de pensiones.
  • Segundo rescate. También en febrero de 2012 se pone en marcha el segundo rescate desde la Eurozona para ayudar a los griegos. Se valora en 165.000 millones de euros y se extenderá hasta junio de 2015.
  • ¿Capítulo final? Es en la entrega del último tramo de este segundo rescate cuando comenzaron a chocar las posiciones de Europa y Grecia. El nuevo Gobierno de Tsipras -que ganó las elecciones en diciembre de 2014- considera impagable la deuda del país y se opone a seguir adoptando medidas de austeridad. El resto de la historia se está escribiendo ahora.

Nuestro sirtaki

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“Violar las grandes leyes de la naturaleza es un pecado mortal, no debemos apresurarnos o resistirnos sino obedecer el ritmo eterno”, le dice Zorba el Griego a su “patrón” británico. Y para demostrárselo le enseña a bailar el sirtaki.

La mayoría de quienes hace medio siglo se levantaron de las butacas de las salas cinematográficas fascinados por este final trepidante de la laureada película, creyeron que esa danza in crescendo, basada en cruzar los pies con la mano apoyada sobre el hombro de cada compañero de fila, era parte del folklore tradicional griego. Eso mismo piensan los turistas que, a pesar de la incertidumbre sobre si a partir de este lunes les darían el cambio en euros o dracmas, han seguido disfrutando de las alegres veladas en las tabernas de Atenas.

La verdad es que, aunque su fuente de inspiración fueran los ritmos lentos del “sirthos” y los rápidos del “pidikhtos”, el compositor Nikis Theodorakis inventó un baile completamente nuevo como plataforma de lucimiento para su subyugante banda sonora. Como si de una profecía autocumplida se tratara, el sirtaki se ha convertido 50 años después en una seña tan tópica de la identidad griega como las corridas de toros o el flamenco lo son de la española.

No es pues la primera vez que algún escritor u humorista gráfico representa con este baile la recurrente crisis griega en el seno de la UE. Sánchez Merlo lo acaba de hacer en este blog en uno de sus atinados comentarios y recuerdo un chiste en el que las autoridades comunitarias obligaban a Papandreu a bailar hasta reventar y otro en el que al efímero Papademos, sujeto entre Merkel y Sarkozy, no le llegaban los pies al suelo. Pero sí es la primera vez en que, por la inmediatez de nuestras elecciones generales, procede representar a los principales actores de la política española fatídicamente encadenados entre sí por la danza de Zorba.

La dificultad del sirtaki político radica en mantener el “ritmo eterno” que no es otro sino el que marca la orquesta de los acontecimientos. No sirve pues ni acelerar revolucionariamente el curso de la Historia como pretende Pablo Iglesias, ya que el riesgo de descarrilamiento es palmario, ni permanecer estólido, fingiendo el movimiento a base de arrastrar los pies, como viene siendo la costumbre de Rajoy.

Situados en los extremos de la fila, uno y otro sólo disponen de un punto de apoyo o ligamento y eso propicia que puedan perder el compás y el equilibrio. Como bien saben los aficionados al ciclismo, igual riesgo de caerse tiene quien olvida el control de su máquina al lanzarse alocadamente al sprint como quien se queda demasiados segundos clavado sobre la pista, cual pasmarote sobre ruedas, a la espera de lo que hagan sus rivales.

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La crisis griega ha retratado muy bien a Iglesias y a Rajoy. El uno se apuntó con entusiasmo al “no” en el referéndum –festejándolo casi a la vez que Marine Le Pen– y el otro apostó sin rubor por el Grexit, importándole poco que la patada en el trasero de los griegos se la pudiera dar la UE en el futuro de todos. El uno trataba de capitalizar el órdago demagógico al orden establecido y el otro el castigo implacable al transgresor. Al aprovechar el “no” para aplicar medidas al menos tan duras como las que implicaba el “sí”, Tsipras les ha dejado a ambos compuestos y sin relato.

¿Qué sería del Coletas sin el Estafermo y a la recíproca? Ambos se retroalimentan en la añeja dinámica de las dos Españas. Ni los crecientes escrúpulos de buena parte de sus propios compañeros de viaje ante el cesarismo de Iglesias y su Mesalina de quita y pon, ni la gélida advertencia de Aznar de que hasta en su miedo manda él, les arredra lo más mínimo. El uno tiene que asaltar el cielo y el otro el cuarto de estar de su vivienda unifamiliar para satisfacer a sus respectivas clientelas.

Todo sería distinto si Rajoy hubiera cumplido sus promesas electorales, ejecutando el claro mandato que recibió de las urnas y manteniendo a una mayoría social cohesionada en torno a los valores liberales de la clase media que confió en él. Incluso si ahora entendiera el mensaje que por tres veces le ha remitido su base social –europeas, andaluzas, municipales– y renunciara a ser candidato a la Moncloa por cuarta vez.

Si este fin de semana, en vez de la improvisada Convención para promocionar a los sobrinos del Pato Donald –Pablito, Jorgito y Andreíta– que han sustituido a Hernández y Floriández y volver a adular a un jefe en el que no creen, las mesnadas del PP celebraran unas primarias limpias y abiertas para elegir un nuevo candidato a la Moncloa, sus posibilidades de éxito electoral se dispararían exponencialmente. Dejarlo para la próxima, igual que hacía el felipismo con las medidas anticorrupción que indultaban políticamente a cada hornada de consentidores, supone aplazar también la resurrección.

 

¿Qué sería del Coletas sin el Estafermo y a la recíproca? Ambos se retroalimentan en la añeja dinámica de las dos Españas… El uno tiene que asaltar el cielo y el otro el cuarto de estar de su vivienda unifamiliar para satisfacer a sus respectivas clientelas.

No es cambiando de actores de reparto o reemplazando su logotipo por una señal de tráfico, en la que parece que pone Prohibido Pasar, como tendrán sus males remedio. Sólo les faltaba aclarar que el nuevo símbolo es “minimalista” –como todo lo que se cuece ahí– y que han cambiado la gaviota por el charrán que, según el diccionario antes que “ave marina” es “pillo o tunante”.

Con Rajoy como símbolo y tapón de la vieja política, sustentado tan sólo en los pelotas del grupo parlamentario que anhelan repetir y en los capos mediáticos que le sirven de bochornoso aguamanil a la espera de concesiones, fusiones y demás favores in articulo mortis, nada permite predecir que habrá tres sin cuatro. Y menos si el aun jefe de Gobierno insiste en pasar del plasma a la logorrea, como si de repente tuviera que “darse a conocer”, tal y como aviesamente recomendó González a Almunia. De resultas de esa nueva estrategia ya ha quedado claro que nuestro gran endeudador ni siquiera se sabe la dimensión del agujero que genera.

Tampoco es imaginable, y menos si cuaja lo de Ahora en Común, que Podemos vaya más allá de la mítica barrera del 20%. Alcanzarla ya sería una hazaña política, a la vez que un grave indicio de desquiciamiento colectivo. De ahí que quien quiera estudiar los escenarios postelectorales más verosímiles debe fijarse en los dos bailarines que llevan el paso en los puestos interiores de la fila del sirtaki. Un Pedro Sánchez que mantiene alianzas con Podemos y Ciudadanos y un Albert Rivera que ha pactado con el PSOE y el PP. Uno y otro han dado síntomas de sentido común durante la crisis griega, poniendo primero objeciones al referéndum trampa de Tsipras, apostando luego por el “sí” y abogando desde el lunes por un acuerdo sobre el tercer rescate como mal menor.

Especialmente notable me parece la habilidad con que el líder socialista está logrando escabullirse del cliché de radicalismo que los portavoces del PP han tratado de explotar a raíz de sus pactos con Podemos. Las alcaldías de grandes ciudades han sido el peaje que ha tenido que pagar Sánchez si quería afianzar su liderazgo y candidatura, contraponiendo al poder territorial de Susana Díaz el de barones como Vara, Page, Puig, Armengol o Lambán. Sólo en el caso valenciano tenía alternativa, por muy alambicada que fuera, y es una lástima que no jugara a fondo la baza del pacto con Ciudadanos y la abstención del PP.

Hubiera sido una especie de ensayo general del que se perfila como uno de los escenarios más probables tras los comicios. Desde luego el nombramiento de Jordi Sevilla como responsable económico del gobierno en la sombra de Sánchez no apunta hacia un Frente Popular sino a un pacto de centro izquierda con Rivera. Tal vez por eso el ex ministro ha recibido muchas más llamadas de felicitación –y alivio– de grandes empresarios que cuando sus “dos tardes” con Zapatero.

Tampoco la iniciativa de reforma constitucional del PSOE, en la que hay propuestas razonables junto a otras tan nefastas como el blindaje de la inmersión lingüística, parece orientada a entenderse con la izquierda radical. Si el PSOE obtiene un escaño más que el PP, el pacto con Ciudadanos –desmochando estos residuos tóxicos de la colaboración con los nacionalistas, bajo el sauce de la bandera nacional– estaría servido. Incluso si el PP fuera el más votado, pero existiera una mayoría aritmética de izquierdas, sería más probable la investidura de Sánchez con el apoyo de Rivera y la abstención de los populares. Eso daría paso a una legislatura de inestabilidad pero en la que resultaría inimaginable una moción de censura apoyada a la vez por Podemos y el PP.

El nombramiento de Jordi Sevilla como responsable económico del gobierno en la sombra de Sánchez no apunta hacia un Frente Popular sino a un pacto de centro izquierda con Rivera.

Caben otras dos hipótesis: la poco consistente de que Ciudadanos esté levemente por encima del PSOE y el binomio se forme para investir a Rivera y la más verosímil de que el PP ponga distancia de por medio en lo que queda de legislatura y sea con diferencia la lista más votada y el grupo parlamentario con más escaños. En ese caso funcionaría el precedente de la Rioja y Rivera pondría como condición para completar una mayoría de centro derecha que el presidente no fuera Rajoy. Eso mismo plantearía el PSOE en el enrevesado escenario de que Ciudadanos fuera irrelevante y se hablara de una gran coalición.

De todo ello se deduce que sólo si el PP repitiera mayoría absoluta o algo parecido podría considerarse asegurada la investidura de Rajoy. Teniendo en cuenta que para ello tendría casi que duplicar su actual intención de voto, resulta todavía más difícil de entender el empecinamiento del jefe del Gobierno en concurrir por cuarta vez al frente de la candidatura conservadora. Marcado para siempre por sus SMS de complicidad a Bárcenas, su rechazo popular es altísimo, carece de respaldo social espontáneo alguno y hasta la persona que le designó le ha invitado a dejar paso a otro en los términos que la urbanidad política permite. Pero por acabar con una cita del mismo Zorba existencialista y cazurro con el que empecé, “no sirve de nada golpear en la puerta de un sordo”. Y no digamos nada si es alguien que se lo hace.

Cinco claves de por qué Tsipras se rinde ante los acreedores… y quizá no sea suficiente

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Los ministros de Economía de la eurozona evalúan este sábado el nuevo plan de Tsipras, que asciende a 13.000 millones de euros en tres años. Decidirán si es suficiente para empezar a negociar un tercer rescate que frene la salida de Grecia del euro (‘Grexit’). En realidad, el documento está prácticamente calcado de la última oferta que los acreedores hicieron a Tsipras el 26 de junio, que este rechazo y que provocó el referéndum del pasado fin de semana

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Los ministros de Economía de la eurozona celebran este sábado una nueva reunión de emergencia con el fin de evaluar el nuevo plan de ajustes presentado por el primer ministro griego, Alexis Tsipras, que asciende a alrededor de 13.000 millones de euros en tres años, según las primeras estimaciones. Deben decidir si es suficiente para empezar a negociar un tercer rescate para Atenas y frenar así su salida del euro (‘Grexit’).

En realidad, el documento remitido por el Gobierno de izquierda radical de Syriza está prácticamente calcado de la última oferta que los acreedores hicieron a Tsipras el 26 de junio. Una oferta que el primer ministro tachó de humillante y sometió a referéndum pidiendo el ‘no’, que ganó con un 61% de los votos. Ahora Tsipras ignora el resultado de la consulta, capitula y acepta las medidas de austeridad que antes rechazaba.

 

La marcha atrás de Atenas ha aumentado el optimismo sobre las posibilidades de acuerdo en las próximas horas. Pero el Eurogrupo, en particular los países más duros, podría pedir todavía más recortes por el fuerte deterioro económico causado por el cierre de bancos y el corralito y porque Grecia pide ahora 53.500 millones de dinero nuevo.

 

1. En el IVA, Grecia acepta subidas para restaurantes y acabar con el descuento para las islas.

 

En su plan, Atenas se compromete a aumentar sus ingresos por IVA en un 1% del PIB al año, tal y como le pedía la troika. Las nuevas propuestas aceptan que el tipo normal del IVA se fije en el 23%, lo que supone una subida para los restaurantes, que ahora pagan un 13%, o para los alimentos procesados. Habrá un tipo reducido del 13% que se aplicará a alimentos básicos, agua, energía y hoteles (una demanda griega que la troika ya había aceptado) y otro superreducido para medicamentos, libros y teatro.

 

Grecia ha hecho también concesiones en el descuento del 30% que se aplica al IVA en las islas, que se resistía a eliminar por su posible impacto en el turismo. Ahora acepta suprimir progresivamente esta rebaja para finales de 2016, aunque todavía pide que se mantenga para “las islas más remotas”, una excepción que podrían cuestionar los acreedores.

 

2. En pensiones, Atenas sube la edad de jubilación y suprime los complementos para las más bajas

 

También en las pensiones, otra de las líneas rojas para el Gobierno de Syriza, Tsipras realizará finalmente un recorte del gasto de hasta el 0,5% del PIB este año y del 1% a partir de 2016. Atenas se pliega a todas las demandas de los acreedores, aunque pide algo más tiempo para ponerlas en marcha. La edad de jubilación se aumentará progresivamente de 65 a 67 años de aquí a 2022 o a los 62 años para los que hayan cotizado 40 años. Aunque hasta ahora se había resistido ferozmente a suprimir el complemento para las pensiones más bajas (conocido como EKAS), el Gobierno acepta ahora eliminarlo gradualmente de aquí a 2019.

 

El impuesto de sociedades aumentará del 26% al 28%, como querían los acreedores, en lugar de al 29% como había propuesto Tsipras. El Gobierno griego renuncia además a subir las cotizaciones sociales o a aplicar un impuesto extraordinario a los beneficios empresariales superiores a medio millón de euros, medidas que habían disgustado a la troika. No obstante, Atenas sigue resistiéndose a recortar el gasto en defensa. Defiende una reducción de 100 millones de euros este año y 200 millones en 2016, frente a los 400 millones que reclaman los acreedores.

 

3. El Gobierno griego acepta además pedir el tercer rescate

 

A cambio de estos ajustes, el Gobierno de Atenas pide a sus socios de la UE un nuevo rescate por valor de 53.500 millones de euros, a sumar a los dos anteriores que ya totalizan 240.000 millones, para cubrir sus vencimientos de deuda de aquí a 2018. El Gobierno de Syriza -y en particular el ex ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis- sostenía que nunca aceptaría un nuevo rescate para pagar la deuda que implicara un nuevo memorándum con condiciones y con la tutela de la troika.

 

Sin embargo, la decisión de convocar el referéndum y el cierre de los bancos y el corralito vigentes desde el 29 de junio han provocado tal daño en la economía (que podría contraerse un 3% este año, en lugar del crecimiento del 0,5% previsto hasta ahora), que Grecia necesitará más ajustes y más dinero. De hecho, ya circulan cálculos que elevan el precio del tercer rescate a entre 70.000 y 80.000 millones de euros. Una elevada factura que costará asumir en los países del euro por la total desconfianza que existe además hacia el Gobierno de Syriza.

 

4. Atenas no ha obtenido todavía ningún compromiso adicional de alivio de deuda

 

En el texto de sus propuestas remitido al Parlamento griego, el Gobierno pide de nuevo una solución para el problema de su elevada deuda pública, que se sitúa ya en alrededor del 177% del PIB. El alivio de la deuda ha sido la principal reivindicación del Gobierno de Syriza desde su llegada al poder en enero, y cuenta ya con el apoyo expreso de Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Gobierno de Estados Unidos. Incluso el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha dicho que si Atenas presenta un plan creíble, los acreedores deben responder con “medidas relativas a la sostenibilidad de la deuda”.

 

Gracias a ello, la deuda griega ha vuelto al centro de debate, lo que podría facilitar al Gobierno de Syriza la venta de sus recortes a la opinión pública griega pese al ‘no’ en el referéndum. Sin embargo, parece improbable que los acreedores vayan a ofrecer otra cosa que no sea el alargamiento de los plazos para pagar o la reducción de los tipos de interés. Tanto la canciller alemana, Angela Merkel, como su ministro de Economía, Wolfgang Schäuble, han repetido en las últimas horas que no habrá una quita a la deuda helena –es decir, una reducción en su valor nominal, que obligaría a los acreedores a asumir pérdidas- y que el margen para extender los vencimientos es ya muy limitado.

 

De hecho, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y el del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ya ofrecieron hace unas semanas a Tsipras “medidas en materia de deuda” que empezarían a discutirse durante el mes de octubre. Se trataba de reeditar la promesa que ya hizo el Eurogrupo en noviembre de 2012 de aliviar la deuda griega si Atenas cumplía las reformas. Pero el primer ministro griego lo consideró insuficiente, rompió las negociaciones y convocó el referéndum.

 

5. Y aún así la desconfianza persiste y los países más duros podrían pedir más recortes

La capitulación del Gobierno griego ha vuelto a desconcertar a los líderes de la UE y no ha convencido a los países más duros –como Alemania o los bálticos-, que no se creen a Tsipras después de todos los volantazos en los últimos cinco meses de negociaciones. “Uno se pregunta lo rápido que una oruga puede convertirse en mariposa”, ha ironizado el ministro de Finanzas de Eslovaquia, Peter Kazimir. “Parece que tenemos avances con Grecia. Pero no está claro si será suficiente”, ha agregado.

 

 

También la presidenta lituana, Dalia Grybauskaité, ha sugerido que las antiguas propuestas de la troika que Grecia acepta ahora podrían “no ser suficientes” en el actual contexto. Y la primera ministra de Letonia, Laimdota Straujuma, ha avisado de que será difícil que su parlamento apruebe un tercer rescate para Grecia. Desde Alemania se asegura que el resultado del Eurogrupo sobre Grecia está “totalmente abierto”. Aparte del empeoramiento de la situación económica, el otro argumento utilizado para exigir más ajustes a Grecia es que el plan de la troika era para una prórroga de cinco meses del segundo rescate, mientras que ahora Atenas pide dinero nuevo para tres años.

 

En el extremo contrario se sitúa Francia, que ha ayudado al Gobierno de Syriza a redactar su plan de reformas y que ha asumido el liderazgo casi en solitario para evitar el ‘Grexit’ después de que Juncker abandonara al sentirse traicionado por Tsipras. El presidente francés, François Hollande, sostiene que el plan griego es “serio y creíble y muestra una determinación a mantenerse en la eurozona”. También el primer ministro maltés, Joseph Muscat, cree que “sirve de base” para negociar el tercer rescate. Y Dijsselbloem dice que lo que da credibilidad a las propuestas griegas es su amplio apoyo parlamentario, ya que los principales partidos de oposición firmaron el lunes un acuerdo de apoyo a Tsipras para lograr un acuerdo.

 

 

 

Sirtaki lento para un oscuro e incierto verano

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El verano del 2015, predice el autor, se presenta oscuro e incierto y un lento sirtaki bien puede servir como telón de fondo para la agonía, la recriminación y el dracma. El resultado del referéndum griego no es sólo un problema del país que votó el domingo. Los tentáculos del “No” alcanzan de lleno a las economías de no pocos países para los cuales el estío será un mar de incertidumbre.

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En aquellos largos veranos de los sesenta –de siesta y cine a la fresca– viendo ‘Zorba el griego’, la película cuya música había creado el gran Mikis Theodorakis y que se convirtió en una seña de identidad para Grecia, aprendimos a dar los primeros pasos del sirtaki.

Estaba protagonizada por una joven Irene Papas –a la que tuve ocasión de conocer en 1992 en s’Estaca– y por Anthony Quinn que acudió al rodaje con un problema en la rodilla y como no podía bailar tuvo que arrastrar la pierna para poder terminar ciertas escenas.

Volviendo al domingo, en las primeras horas, la consulta ya se habría cobrado dos piezas: Antonis Samaras, ex primer ministro y jefe de Nueva Democracia (el PP griego) y Yanis Varoufakis, el controvertido ministro de finanzas heleno .Una vez más, las casas de sondeos se la han vuelto a pegar. Daban un empate técnico –como resultado del referéndum– pero el tanteo quedó 61-38. Y como no atinaron, una vez que se conocieron los resultados reales la gente se fue a la cama –con los pies fríos y la cabeza caliente– sin acabar de tener claro lo que pasaría al día siguiente.

Pero el sirtaki del día después arrancó -en versión rápida- con pérdidas en las Bolsas y aumento de la prima de riesgo: en España, 15 puntos básicos, hasta los 161, mientras la helena se desmelenaba, hasta los 1.700 puntos básicos.

Los bancos de inversión pronto anticiparon que el resultado –inesperado– abría un periodo de volatilidad, pero la realidad es que, a pesar de los pesares, el mercado parece haber encajado el golpe con serenidad, lo que pone en perspectiva la dimensión de Grecia (el 2% del PIB de la zona euro, 1% del de la Union Europea)

Croacia, Rumanía y Bulgaria, riesgo de contagio

Sin embargo,  el problema no es exclusivamente griego, ya que el sistema financiero heleno –a través de las filiales de sus bancos– está muy entreverado a los de Croacia, Rumania y Bulgaria. Por eso es de esperar que los spreads (primas de riesgo) de estos países aumenten –el cálculo oscila entre los 20 y los 50 puntos básicos– en el verano perentorio que nos espera.

Y ahí aparece una fecha próxima y crítica, el 20 de este mes de  julio, día en que le vence a Atenas el plazo para el pago de 3,500 millones de euros deuda al Banco Central Europeo. Si este corre la misma suerte que el impago de deuda -1,500 millones de euros (default) que dejó de abonar al Fondo Monetario Internacional (FMI)- las luces rojas se encenderán con estruendo.

El FMI –que, a buenas horas, ha reconocido que cometió errores en su rescate de Grecia– de momento se queda fuera de la pista, si bien se ha desmarcado con un informe tardío –en vísperas de la enrevesada consulta– que ha sentado como un tiro en la Eurozona. Lagarde sorprende con un desnudo integral: los griegos necesitarán 50,000 millones de euros en los próximos tres años y sus socios europeos no tendrán más opción que reestructurar la deuda helena o, simple y llanamente, condonar una parte. O sea, restructuración o quita. O ¡las dos!

Pero antes de calibrar las opciones de futuro, conviene poner sobre la mesa una serie de evidencias: la exposición de los bancos occidentales a Grecia es insignificante; en torno al 80% de la deuda griega está en manos de acreedores públicos; la situación macroeconómica en Irlanda, España, Portugal ha mejorado y el BCE tiene los medios de contener el efecto contagio a países sensibles de la eurozona.

La fe del acreedor vs el agnosticismo del deudor

Los mercados estaban convencidos del triunfo del ‘sí’ en la consulta, lo que no deja de ser la manifestación palmaria de la fe interesada del acreedor frente al agnosticismo del deudor. Pero esta quiebra de sus deseos se va a traducir en una mayor volatilidad, hasta que se vislumbre, o no, la fumata blanca de un acuerdo. Es decir, que la espera estará marcada por la indecisión hasta que no quede claro hacia dónde –un crédito puente, un tercer rescate…– se encaminan las negociaciones.

La dimisión táctica de Varoufakis y su reemplazo por Euclides Tsakalotos, ‘el aristócrata rojo’, es una clara señal de que el Gobierno griego terminó por aceptar que no había sido un interlocutor creíble para sus colegas del Eurogrupo. Demasiada cabriola y postureo cuando se negocia –a cara de perro– el perímetro del cepillo a pasar a los cabreados contribuyentes, sobre todo alemanes.

Y como vamos a asistir a un carrusel interminable de reuniones, cumbres, grupos de trabajo…mejor no seguir tentando el aguante de los representantes democráticos de la zona euro, cuya respuesta es más trascendente que el ‘no’ de los griegos.

Y es que, hasta nuevo acuerdo, Grecia se queda en el limbo al seguir dentro del euro pero sin contar con ayuda exterior para poder financiarse. El país necesita dinero fresco pero el ‘no’ del referéndum hace la situación mucho más difícil. Y para complicar aún más esta ecuación infernal, el descenso del turismo –como potencial motor de crecimiento– supone un nuevo escollo en el camino de la recuperación.

Mientras no haya acuerdo, se alargará el corralito. Grecia no podrá importar petróleo o alimentos; las tiendas no asumirán el pago a proveedores y los estantes se vaciarán. El Gobierno irá dejando sin sueldo a funcionarios, a golpe de pagarés; a final de mes, hará lo mismo con los pensionistas. Los bancos griegos se irán quedando sin fondos y terminarán quebrando; los ahorradores verán cómo sus depósitos se esfuman y el gobierno tirará de más pagarés.

En un escenario así, la economía entraría en barrena y Grecia no tendría más opción que declararse en bancarrota, cesar todos los pagos y emitir dracmas. Y aunque el gobierno podría mantener al país –nominalmente– en el euro, a efectos prácticos estarían fuera. Kafkiano.

En la discusión pre referéndum ha habido una discrepancia fundamental: mientras los acreedores abogaban por reformas antes de hablar de reestructurar la deuda, Atenas apostaba por una reestructuración inicial, pretensión que a Schäuble, el Ministro de Hacienda alemán hacía que lo llevaran los demonios porque no quería más sacrificios para sus contribuyentes.

La salida del euro, ni deseable ni descartable

Los barandas que manejan los destinos del dinero apuestan porque Grecia abandonará el euro, el llamado Grexit ya que la ruptura entre Atenas y el resto de la UE parece haber llegado a un punto de no retorno, aunque de momento no se quiera decir. Quizá el resultado del referéndum pueda, incluso, disparar las opciones de que lo haga en las próximas semanas. Y es que los líderes europeos están demasiado hartos como para ofrecer un pacto realmente distinto.

A día de hoy, la moneda única no parece sostenible para Grecia. Y si en anteriores ocasiones, las cosas sucedieron de repente (Argentina -2001-, Rusia -1998- o Lehman -2008-), en la crisis griega –el default más lento y mejor presagiado de la historia– los inversores, en gran medida, ya han descontado este resultado.

El plan de viabilidad griego pasa por el incremento de los ingresos, vía impuestos y tasas –a ciudadanos y empresas del país– y por la elaboración de unos presupuestos austeros de gastos estatales, destinados básicamente y por orden de prioridad, a pensiones, desempleados, sueldos de funcionarios, servicios sociales de sanidad y educación, gastos militares, infraestructuras y servicio de la enorme deuda pública. La diferencia entre esos ingresos y esos gastos, en caso de ser positiva, podría destinarse a la amortización de la deuda.

En las dos reestructuraciones anteriores, la Troika ha pretendido establecer un plan negociado y comprobar su cumplimiento. Sin embargo, Grecia aunque aceptó ese plan luego no lo cumplió; pero además –según los que más saben de estos procesos– lo ha hecho con ocultación, engaño y nocturnidad. Lo que ha provocado que ante un posible tercer plan, los acreedores, que desconfían de una voluntad real en el deudor de ser fiel a sus promesas, exigen más luz y taquígrafos, lo cual es fatal en cualquier proceso de reestructuración. Porque si un plan no es fiable, siempre se podrá replantear, pero si no es fiable el deudor, no hay plan que valga.

Escarmientos calvinistas

Sin embargo, para los americanos –que ven el conflicto desde otra perspectiva– esto no es lo decisivo, porque de lo que se trata es de no romper los equilibrios, sobre todo, geográficos y militares. Europa tiene que dejar de marear la perdiz y salvar a un pequeño país miembro de la UE, la OTAN y la Eurozona, que está paralizado y al que habría que perdonar las deudas –por muy grandes que sean estas– sin seguir cargando la mano con tanta moralina y escarmientos calvinistas.

Es decir, de acuerdo con su interpretación del drama, hay que seguir premiando a un gobierno que no ha hecho reformas y desafía –siguiendo una tradición histórica y cultural muy griega– a sus hastiados aliados con un referéndum que ha puesto patas arriba los viejos códigos del Berlaymont.

Theodorakis, que luchó contra los coroneles y con sus canciones se convirtió en símbolo de la resistencia, sigue manifestándose por las calles de Atenas contra las medidas de austeridad. El verano del 2015 se presenta oscuro e incierto y un lento sirtaki bien puede servir como telón de fondo para la agonía, la recriminación y el dracma.

 

 

 

Cinco días para salvar a Grecia: así es el ultimátum de la UE a Tsipras

Los líderes de la eurozona han lanzado un ultimátum que esta vez sí parece final con la amenaza de una salida inminente de Grecia del euro. El plazo vence el domingo 12 de julio. Para ese día se han convocado dos cumbres en Bruselas: una de los líderes de los 19 países de la eurozona y otra de los 28 estados miembros, que deberán decidir si firman un principio de acuerdo sobre un tercer rescate o fuerzan la salida de Grecia del euro. 

También en EL ESPAÑOL:

Los líderes de la eurozona han lanzado al Gobierno de Syriza, tras meses de avisos e intentos fallidos, un ultimátum que esta vez sí parece final con la amenaza de una salida inminente de Grecia del euro. La cuenta atrás se ha acelerado vertiginosamente tras el no en el referéndum a las reformas que piden los acreedores.

El plazo vence el domingo 12 de julio. Para ese día se han convocado dos cumbres en Bruselas: una de los líderes de los 19 países de la eurozona y otra de los 28 estados miembros, que deberán decidir si firman un principio de acuerdo sobre un tercer rescate o fuerzan la salida de Grecia del euro. 

¿Ha reforzado el ‘no’ la posición de Tsipras?

Todo lo contrario. Los líderes de la eurozona reclaman ahora a Tsipras un plan de ajuste mucho más duro que el que rechazaron los votantes griegos en la consulta del 5 de julio. La nueva propuesta griega debe incluir reformas que vayan todavía “más lejos”, según avisó este martes la canciller alemana, Angela MerkelLas condiciones a las que Grecia dijo no iban asociadas a una prórroga a corto plazo del segundo rescate, que ya no está sobre la mesa porque expiró el 30 de junio. Atenas acaba de pedir un tercer rescate, con una duración de tres años, que requerirá dinero nuevo de sus socios europeos. Por ello debe ofrecer a sus socios una lista mucho más amplia de concesiones. Pero el rotundo resultado del referéndum, en el que el 61% de los votantes han mostrado su oposición a la austeridad, reduce al máximo el margen de maniobra del primer ministro griego.

Además, desde el anuncio del referéndum, la situación económica en Grecia no ha parado de empeorar. Los bancos están cerrados desde el 29 de junio, con controles de capital que limitan a 60 euros al día el dinero que cada griego puede sacar de los cajeros. La economía helena está en “caída libre”, según ha dicho gráficamente el ministro belga de Finanzas, Johan Van Overtveldt. Estabilizar ahora la situación exigirá medidas mucho más exigentes que las rechazadas en la consulta.

¿Quiere Tsipras aún un acuerdo?

Así lo ha asegurado en un discurso pronunciado este miércoles ante el pleno de la Eurocámara después del ultimátum de sus socios y también en la carta que ha enviado a Bruselas para pedir el tercer rescate. El primer ministro griego asegura que no tiene ningún “plan secreto” para dejar el euro. El no en el referéndum “no es una decisión de ruptura con Europa sino un “mandato para redoblar los esfuerzos con el fin de lograr una solución socialmente justa y económicamente sostenible”. Y su intención es presentar un plan de reformas “creíble” que impulse el crecimiento y reparta las cargas entre todos los sectores de la población.

Pero la retórica combativa que ha utilizado Tsipras, evitando cualquier propuesta concreta, deja claro que sigue muy lejos de lo que le piden los acreedores. “Mi país fue utilizado para experimentar con la austeridad. El experimento, debemos admitir, ha fracasado”, ha dicho en un nuevo ataque a la troika formada por la Comisión, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. Y el mayor ejemplo de solidaridad de la historia europea no es el rescate de Grecia sino el alivio de la deuda a Alemania tras la II Guerra Mundial.

¿Se creen en la UE las promesas de Tsipras? 

La desconfianza entre las dos partes es máxima, como se ha evidenciado en el debate en la Eurocámara, que se ha convertido en un cruce de reproches entre Tsipras y Jean-Claude Juncker Donald Tusk, presidentes de la Comisión y del Consejo Europeo. Juncker ha acusado de nuevo al premier de mentir sobre las negociaciones. Ha asegurado que ha sido la Comisión y no el Gobierno de Syriza la que ha pedido que se obligue a los armadores griegos a pagar impuestos “de una vez por todas” y que se recorte el presupuesto de Defensa.

“Es imposible seguir gastando mucho más de lo que se ingresa. Ése es el origen de la crisis en Grecia, no el euro”, ha señalado Tusk en una lapidaria intervención contra Tsipras en la que ha censurado su flirteo con Rusia. “Pide ayuda a tus amigos y no a tus enemigos, especialmente si éstos no pueden prestártela”, le ha aconsejado. “Si pides ayuda a tus amigos, no les humilles”.

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Gráfico: Martín González

¿Aún es posible un acuerdo?

El hecho de que Grecia haya enviado este miércoles a Bruselas su carta de solicitud de un tercer rescate es un paso positivo, según ha dicho Tusk. En la misiva, Atenas se compromete a empezar a aplicar, ya desde la semana que viene, medidas en materia de pensiones y tributos. Además, dice que pagará su deuda (aunque no ha abonado los 1.500 millones de euros que debía pagar al Fondo Monetario Internacional el 30 de junio) y suaviza su exigencia de reestructurarla, aunque sigue pidiendo medidas para “hacerla sostenible y viable”. 

El gesto de Tsipras no ha ablandado a los líderes europeos, que son muy escépticos, sobre todo los que mantienen posiciones más duras. El primer ministro holandés, Mark Rutte, ha dicho que todavía espera un “milagro” sobre Grecia. La canciller alemana, Angela Merkel, ha señalado que no es “una persona que sea muy optimista”. El hecho de que se hayan convocado ya dos cumbres para el domingo tampoco invita al optimismo. Si el Eurogrupo extraordinario del sábado logra cerrar el acuerdo con Grecia, no sería necesario celebrarlas.

¿Qué ocurrirá si no hay acuerdo el domingo?

“Nuestra incapacidad de llegar a un acuerdo podría llevar a la quiebra de Grecia y a la insolvencia de su sector bancario. Y por supuesto será muy doloroso para el pueblo griego”, ha respondido el propio presidente del Consejo Europeo ante la Eurocámara. “No tengo ninguna duda de que esto afectará a Europa, también en el sentido geopolítico”, ha agregado Tusk en una referencia tácita a Rusia.

La Comisión tiene “un escenario para el ‘Grexit’ [la salida del euro de Grecia] preparado en detalle” y también otro para prestar ayuda humanitaria de emergencia a los griegos, según ha explicado Juncker

El Banco Central Europeo también ha dejado claro que, si no hay acuerdo el domingo, desconectará la línea de liquidez de emergencia que mantiene con vida a la banca griega. “La economía griega está al borde de la catástrofe, necesitamos absolutamente un acuerdo el domingo. Es el plazo final, después será más tarde”, ha dicho Christina Noyer, que pertenece al consejo de gobierno del BCE.

No existe ningún procedimiento legal previsto en los Tratados para que un país salga de la eurozona. El ‘Grexit’ se produciría por la vía de los hechos consumados. Sin liquidez del BCE, los bancos griegos sólo podrían sobrevivir si Atenas pone en circulación una nueva moneda para recapitalizarlos. De este medio de pago paralelo ya se habló en el Eurogrupo de este martes. 

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13 días para desconectar a Grecia del sistema euro

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Tras el referéndum en Grecia en el que se votaba un rescate financiero que ya no existe, todo sigue igual. La realidad es que el país camina sobre su octavo día de corralito bancario.

Tras el referéndum en Grecia en el que se votaba un rescate financiero que ya no existe, todo sigue igual. La realidad es que el país camina sobre su octavo día de corralito bancario y de restricción al movimiento de capitales. La medida extraordinaria se ha ampliado en otras 24 horas, hasta el miércoles. El Gobierno de Tsipras incumplirá la promesa que lanzó durante la reciente campaña: que el corralito terminaría en 48 horas tras la votación. Nunca ha dependido de él, sino de la ayuda externa.

Las condiciones de financiación se han endurecido de nuevo después de que el Banco Central Europeo (BCE) haya congelado en 89.000 millones de euros la línea de liquidez de emergencia (ELA) que da oxígeno a sus bancos. Las entidades solicitaron el lunes entre 3.000 y 6.000 millones, pero el consejo del BCE rechazó la petición. La autoridad que dirige Mario Draghi fue más allá y amplió las garantías que necesitan los bancos griegos para acceder a la ELA, situación que deja estrangulados virtualmente a Alpha Bank y Eurobank, dos de las cuatro mayores entidades del país junto a Piraeus y NBG. Según estimaciones de RBS, los bancos griegos tienen desde ayer un déficit de liquidez de 7.000 millones, de manera que no podrían atender si quiera el límite diario de 60 euros para retiradas de efectivo.

Este balance de situación obligaría a aplicar una quita (descuento) a la base de depósitos de los griegos. Según el diario Financial Times, ese tijeretazo podría llegar hasta el 30% del valor de los depósitos privados de más de 8.000 euros, en un movimiento similar al ocurrido en Chipre en 2013. En esa misma proporción (30%) se mueve la quita para la deuda pública de Grecia que quiere plantear Tsipras ante el Eurogrupo. Está en línea con el informe del FMI que plantea un 20% que supondría un coste de entre 75.000 y 100.000 millones de euros para los acreedores.

Cuenta atrás para el 20 de julio

La pelota vuelve otra vez a las negociaciones entre Grecia -sin Varoufakis y con Tsakalotos como nuevo ministro de Finanzas- y el Eurogrupo, reunido desde este martes para retomar un acuerdo. Los líderes europeos (Merkel y Hollande, entre ellos) han vuelto a señalar que todavía hay posibilidad de acuerdo para Grecia, pero el tiempo se agota. Quedan solo 13 días para el punto de no retorno y, por tanto, para alcanzar un acuerdo.

El próximo 20 de julio, Grecia debe devolver 3.500 millones de euros al Banco Central Europeo (BCE). Es la fecha clave del calendario de pagos de la deuda griega. De no hacerlo, el instituto emisor desconectará definitivamente al sistema bancario de la Eurozona y se producirá de facto el temido Grexit con la necesidad de acuñar una nueva divisa en el territorio heleno. Será “caótico”, como pronostican los analistas de JPMorgan.

Tanto Grecia como Europa necesitan un acuerdo, aunque el coste de no alcanzarlo para uno y otro será diferente. Para los griegos, una potencial salida de la eurozona abre un periodo indefinido sin sistema financiero, con las mismas necesidades de ayuda externa que hasta ahora, solo que esa ayuda ya no podría llegar desde sus socios europeos, sino de potencias lejanas como China o Rusia. Para Europa, si Grecia sale ocasionará de forma directa un quebranto de hasta 240.000 millones de euros; si se queda sólo serán 130.000 millones en forma de reestructuración de la deuda.

Imagen: Flickr / North Charleston

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El adiós de Yanis Varoufakis ha convertido a este economista en el nuevo ministro de Finanzas de Grecia. Entre las diversas almas que conviven en Syriza, representa la facción moderada, contraria a una salida de Grecia del euro.

El nombre de Euclides Tsakalotos fue el primero que sonó después de la dimisión de Yannis Varoufakis y será quien lo suceda como ministro griego de Finanzas. Se barajaban otros nombres: el del viceprimer ministro Yannis Dragasakis o incluso el de Yannis Sturnaras, ex ministro de Finanzas y presidente del Banco de Grecia. Y sin embargo la elección de Tsakalotos parecía la más lógica. Al fin y al cabo, fue él quien asumió en abril la coordinación del equipo negociador griego y conoce al detalle todo lo que ha estado sobre la mesa durante estos meses y durante estas últimas semanas convulsas.

El ‘alter ego’ de Varoufakis

Ya en abril, cuando Alexis Tsipras le puso al frente de las negociaciones con los acreedores, lo primero que se subrayó es la distancia entre Tsakalotos y Varoufakis. Si no en el fondo, desde luego en la forma. Al hasta ahora número dos del Ministerio de Relaciones Exteriores se le conoce por su aire profesoral y sus modales pausados, discretos y alejados de las salidas de tono de su predecesor.

Al igual que Varoufakis, Tsakalotos se formó en el Reino Unido. Nacido en 1960 en Rotterdam e hijo de una familia acomodada, estudió Economía, Política y Filosofía en las Universidades de Sussex y Oxford. En esta última fue donde empezó su acercamiento a los grupos del eurocomunismo griego. En Inglaterra se quedó hasta principios de los años 90. Impartió clases en la Universidad de Kent antes de regresar a Atenas como profesor de Economía en los ateneos de la capital helena.

Un hombre de Syriza

A diferencia de Varoufakis, Tsakalotos sí es militante de Syriza. Diputado desde 2012, forma también parte de su comité central. Entre las diversas almas que conviven en la coalición izquierdista, representa la facción contraria a una salida de Grecia de la eurozona y enfrentada al ala más radical, cuyos líderes en las últimas semanas han llegado a declarar que una salida del euro no sería una catástrofe.

Si uno quiere conocer la visión de Tsakalotos, es útil leer un artículo que escribió en mayo de 2012 y que publicó en español Nueva Tribuna. Aquí uno de los pasajes:

“Para los dos grandes partidos que han apoyado estas políticas, el electorado griego se enfrenta a una dura elección: más austeridad o la bancarrota, poniendo fin a la pertenencia de Grecia a la zona euro, con todo el coste que eso conlleva. Una parte de la izquierda acepta en lo fundamental los términos de este dilema. Sus posiciones han sido defendidas por economistas como Costas Lapavitsas [economista de referencia del ala dura de Syriza], argumentando que sólo la retirada de la zona del euro puede crear el marco para un enfoque económico diferente basado en la nacionalización de los bancos, la introducción de controles de capital, la promoción de una política industrial y la redistribución del ingreso y la riqueza. No se puede afirmar que esta estrategia este firmemente sustentada en una lectura detallada de los antecedentes históricos”.

Salir del club del euro, sugería entonces Tsakalotos, no es la solución.

La utilidad del referéndum

En un comunicado publicado el 30 de junio y titulado ¿Por qué no ha habido acuerdo entre el Gobierno griego y los acreedores?, Tsakalotos explicó los detalles de las diferencias con los acreedores y dio su visión de la convocatoria del plebiscito de ese domingo. “Vemos el referéndum como una parte del proceso de negociación, no como un sustituto. Así que esperamos más flexibilidad en los próximos días”, dice un texto en el que el ministro detallaba los puntos de diferencia con las instituciones.

En una entrevista publicada en mayo por el medio francés Mediapart, preguntaban a Tsakalotos por la celebración de un referéndum en los próximos meses. Sin descartarlo, confiaba en que no se llegaría a ese extremo y también en la posibilidad de alcanzar antes un acuerdo.

En aquella entrevista describía así sus impresiones sobre los primeros meses como miembro del Gobierno de Tsipras: “Mi profesión es enseñar Economía en la Universidad de Atenas. Tengo que confesar que me ha decepcionado mucho descubrir el nivel de esta negociación con Bruselas. Como académico, cuando presento un argumento en una discusión, espero que se me presente otro argumento. Sin embargo, nos han respondido con normas. Cuando evocábamos las particularidades de Grecia, su carácter insular, por ejemplo, nos contestaban: poco importa, hay reglas y hay que respetarlas. Plantear un verdadero debate se antojaba imposible. Es muy difícil para un universitario aceptar un compromiso en estas condiciones”.

A Tsakalotos le tocará ahora enfrentarse a esa dificultad para reabrir las negociaciones con los socios europeos y conseguir que se debata lo que ha sido el primer objetivo del Gobierno griego: un nuevo alivio de la deuda.