¿Qué moneda adoptaría una Cataluña independiente? Los tres escenarios monetarios de la secesión

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Una de las cuestiones clave para una Cataluña independiente sería elegir cuál sería su moneda para intentar minimizar el impacto negativo de salir de la eurozona. De esta decisión dependerían los ahorros privados, el sistema bancario y los ciclos de crecimiento. Toda la economía dependerá de esta simple elección: ¿qué divisa elegir?

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Una de las cuestiones clave para una Cataluña independiente sería elegir cuál sería su moneda para intentar minimizar el impacto negativo que tendría salir de la eurozona. Aunque no lo parezca, la teoría monetaria pone a su alcance muchas posibilidades. De esta decisión dependerían los ahorros privados, la capacidad para devolver las deudas, la sostenibilidad del sistema bancario… En definitiva, toda la economía a merced de esta elección; ¿qué divisa elegir?

El euro, sea como sea

La opción preferida de los miembros de la lista soberanista es que Cataluña siga en el euro, pero ¿cómo es posible si sale de la Unión Europea? Hay dos opciones: quedarse en la moneda común con el beneplácito de las instituciones de la eurozona o bien adoptar la divisa de forma unilateral sin el respaldo de los socios. En el euro ya hay ejemplos de los dos grupos.

El primero son los estados que tienen firmado un acuerdo monetario con la eurozona por el que emplean el euro como su moneda oficial. Son cuatro países: Mónaco, San Marino, Ciudad del Vaticano y Andorra, que tienen potestad para emitir un pequeño número de monedas y billetes cada año que son de curso legal en toda la región. Todos ellos han estado vinculados históricamente a las divisas de países que entraron en el euro y no tenían una moneda propia. Mónaco empleaba el franco francés, San Marino y el Vaticano utilizaban la lira italiana y en Andorra circulaban de forma paralela la peseta y el franco.

El acuerdo monetario de cada uno de estos cuatro países con la eurozona no implica que sean estados miembros de pleno derecho del euro. En otras palabras, no tienen ni voz ni voto en los órganos de decisión de la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), pero sí están amparados por las instituciones comunitarias.

Los expertos coinciden que ésta sería la mejor opción para Cataluña al menos durante los primeros meses, ya que serviría para minimizar el impacto negativo que tendría adoptar una nueva divisa. En este escenario, “sería posible que la independencia tuviera un impacto mínimo sobre el marco monetario y también sobre el bancario, que está íntimamente ligado a aquél”, explica Enrique Díaz-Álvarez, experto en divisas de Ebury. Para conseguirlo, el nuevo estado catalán tendría que contar con el beneplácito de la comunidad europea y la española. Pero, ¿quién puede garantizar este respaldo?

La alternativa para los líderes soberanistas si quieren quedarse en el euro sería adoptar la divisa de forma unilateral, sin el apoyo de las instituciones. Si elige este camino, seguiría los pasos de Kosovo y Montenegro, que también emplean la divisa común sin el visto bueno europeo. Ésta es una fórmula que han utilizado muchos países de Latinoamérica durante el siglo XX con el dólar en un proceso que se conoció como dolarización. De esta forma, Cataluña tendría la potestad para quedarse en el euro si así lo decidiese aunque no tendría el respaldo del resto de socios.

En cualquiera de los dos casos, el país perdería un poder cada vez más importante: el control de la política monetaria. El país tendría que renunciar a adoptar las medidas anticíclicas que tienen a su disposición los bancos centrales. De este modo, no podría aplicar estímulos monetarios para combatir las épocas de recesión o los riesgos de deflación ni medidas para frenar un sobrecalentamiento de la economía y la subida de los precios.

 REUTERS/Yves Herman
REUTERS/Yves Herman

La pérdida de la autoridad monetaria podría llevar a una situación paradójica en la que la región se enfrentase a una recesión económica con los tipos de interés altos y al alza. “El problema de no controlar la política monetaria es que genera desequilibrios internos muy extensos”, explica Manuel Hidalgo, profesor de macroeconomía de la Universidad Pablo de Olavide. “Sería un escenario similar al patrón oro de finales del siglo XIX, que generaba ciclos económicos mucho más pronunciados”.

Este escenario “desestabiliza mucho la economía de un país y el riesgo de sufrir continuas recaídas en recesión es muy elevado”, advierte Juan Ignacio Crespo, economista y escritor. Los bancos centrales modernos han conseguido limitar la profundidad de los ciclos económicos y así lo demuestran numerosos estudios, pero un país sin autoridad monetaria puede enfrentarse a una política que va justo en contra de su ciclo económico. A largo plazo, los problemas de este escenario podrían ser recurrentes.mapa

Los inconvenientes de adoptar el euro de forma unilateral van más lejos del sector público y se extienden al sector financiero, ya que las entidades con sede en Cataluña perderían el acceso a la financiación del BCE. Esto significa que no podrían acceder ni a las operaciones ordinarias (MRO, por sus siglas en inglés) ni a las megasubastas trimestrales de liquidez (TLTRO) ni a la liquidez de emergencia del ELA. Este último programa fue el que se hizo muy famoso durante la primavera, ya que sirvió para mantener con vida a la banca griega durante seis meses: desde la victoria de Syriza en las elecciones del 25 de enero hasta que declaró el referéndum. En ese momento, el BCE decidió congelar el ELA y automáticamente Grecia se vio obligada a imponer el corralito.

Las principales entidades con sede en Cataluña ya han advertido de todos los riesgos que se enfrentaría la comunidad autónoma en el caso que declarase unilateralmente la independencia y saliese del euro. No sólo el flujo de crédito estaría en juego sino también los depósitos. ¿Podría evitar Cataluña un control de capitales?

Imprimir una nueva divisa

El segundo escenario para Cataluña es emitir su propia divisa. ¿Tal vez la peseta catalana? El nombre no sería extraño para la región, ya que la moneda nació en La Seca de Barcelona, la casa de la moneda catalana, durante la Guerra de la Independencia en el siglo XIX. Pero el nombre no es lo importante. Lo verdaderamente relevante es cómo conseguiría el banco central del nuevo estado proteger su divisa. En otras palabras: ¿cómo evitar un desplome histórico de la moneda?

Los expertos no quieren poner cifras porque la situación es inédita e imprevisible. “La depreciación sería masiva, no menos de un 40% para empezar”, indica Díaz-Álvarez. Cataluña tendría que convencer a los mercados de que su divisa tiene un valor para evitar una fuga masiva de capitales y la descapitalización de sus bancos. Al mismo tiempo, el banco central necesitaría conseguir capital que respaldase esa divisa que está emitiendo, ya que Cataluña no tiene reservas internacionales y tampoco oro.

La opción que se planteó en Grecia durante la primavera ante la posibilidad de una salida del euro fue que la autoridad monetaria incautase un 30% de los depósitos para generar capital propio. Pocas alternativas tendría el nuevo banco central catalán.

A partir de aquí, los problemas teóricos se adentran en el terreno de la especulación, por lo que es imposible determinar qué podría ocurrir. Lo que sí está claro es que un fuerte descenso de la nueva divisa provocaría un fuerte avance de la inflación ya que todos los productos importados se apreciarían de forma proporcional.

El problema más grave es el petróleo, ya que la materia prima afecta a toda la economía a través de los precios energéticos y del transporte. El banco central se vería obligado a aplicar una política monetaria restrictiva, con unos tipos de interés altos, para atraer capitales y frenar el avance de la inflación. Pero con ello provocaría un deterioro mayor de la actividad económica. Brasil, por ejemplo, se ha visto obligado a subir el precio del dinero hasta el 14,25% los tipos de interés para frenar la inflación y la depreciación de su divisa.

Todos estos problemas parecen menores ante el gran desafío al que se enfrentaría Cataluña: su deuda en euros. El último dato del Banco de España del cierre del segundo trimestre del año sitúa el pasivo de la comunidad en 66.813 millones de euros. De toda esta deuda directa, el 56% está financiada a través del Fondo de Liquidez Autonómica, ya que los tipos que exige el mercado eran insostenibles para la región. A esta cifra habría que añadir la parte de la deuda de la administración central del Estado que le correspondiese a la región, ya fuese por PIB, población o cualquier otro criterio. ¿Cómo conseguiría refinanciar toda esta deuda que, además, está denominada en euros? Una opción es cambiar la divisa y devolver la duda en la nueva divisa. Pero desde el punto de vista legal no es sencillo, ya que necesitaría un acuerdo mayoritario con sus acreedores. ¿Firmarían recibir sus deudas en pesetas catalanas?

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La ‘tercera vía’: una doble divisa

El hipotético Estado catalán independiente podría optar por una vía intermedia: mantener el euro y emitir una moneda paralela. Para lograr un sistema viable, las autoridades tendrían que superar los problemas que enunció en el siglo XVI el comerciante y financiero Sir Thomas Gresham en una ley que lleva su nombre. Según esta máxima, el mercado siempre trata de atesorar la moneda buena y deshacerse de la mala. En otras palabras, “los euros desaparecerían de la circulación y se generaría un gran problema de liquidez”, explica Hidalgo.

Para evitar este escenario, las autoridades tendrían que restringir mucho el uso de euros y obligar a los ciudadanos a emplear la moneda catalana tanto para sus operaciones cotidianas, como para sus ahorros. “Los sistemas en los que se ha implantado este tipo de sistema prohíben las cuentas corrientes denominadas en la moneda fuerte”, explica Javier Santacruz, profesor del IEB. “De este modo, el euro serviría para atender el servicio de la deuda y la inversión extranjera”.

En este escenario de dos monedas paralelas, las autoridades del nuevo estado tendrían que fijar un tipo de cambio fijo (o con cierta fluctuación) entre las dos divisas, pero no podrían permitir la libre circulación de capitales. En otras palabras, para cambiar la divisa catalana por cualquier otra moneda sería necesario pedir autorización al banco central y cumplir los requisitos que éste imponga.deuda_habitante

El problema para todos los estados que vinculan su tipo de cambio a otra divisa es la dificultad para proteger el nivel marcado ante las fuerzas del mercado. Doblegar sus vaivenes no es sencillo y hay ejemplos de grandes bancos centrales que han sucumbido. El caso más famoso fue el ataque de George Soros a la libra, con el que consiguió doblegar al Banco de Inglaterra en septiembre de 1992.

Argentina también tiene un mal recuerdo de sus luchas contra el mercado con la Ley de Convertibilidad del año 1991 por la que establecía un tipo de cambio de uno a uno entre el peso y el dólar. Buenos Aires luchó por defender esta paridad, lo que provocó una gran fuga de pesos a dólares que tuvo que soportar el Banco Central de la República Argentina, lo que provocó que sus reservas se vaciaran. Esta política cambiaria saltó por los aires 11 años después en 2001 y fue una de las causas del corralito argentino.

Hay ejemplos más recientes de la aplicación de un tipo de cambio controlado. Suiza reconoció en enero que era incapaz de mantener un techo de su divisa contra el euro después de pasarse tres años y medio defendiendo el nivel de los 1,20 francos por euro. Los mercados atacaron también a Dinamarca, pero el país los detuvo en colaboración con el BCE ya que es el único país que no está en el euro pero sí dentro del Mecanismo de Tipos de Cambio.

Estos casos vienen a demostrar la dificultad que tiene un país para defender un tipo de cambio fijo contra una moneda fuerte y los desequilibrios que se generan cuando ese tipo de cambio salta por los aires. “La solución puede ser adoptar un tipo de cambio que esté devaluado para así no tener que luchar por defender el nivel de la divisa, aunque esto implicaría una fuerte depreciación de la divisa”, indica Santacruz.

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Los griegos validan en las urnas el giro de Tsipras

Syriza obtiene una victoria clara con una diferencia mínima con respecto al resultado con el que llegó al poder hace ocho meses. Repetirá coalición con los Griegos Independientes.

Former Greek prime minister and leader of leftist Syriza party Alexis Tsipras waves to supporters after winning the general election in Athens, Greece, September 20, 2015. Greek voters returned Tsipras to power with a strong election victory on Sunday, ensuring the charismatic leftist remains Greece's dominant political figure despite caving in to European demands for a bailout he once opposed. REUTERS/Michalis Karagiannis

Lo ha vuelto a hacer. Alexis Tsipras ha ganado su tercera apuesta en menos de ocho meses. Los griegos han revalidado en las urnas el giro que el líder de Syriza dio en julio cuando aceptó firmar un duro acuerdo con los acreedores tras triunfar en los comicios de enero bajo la bandera de la antiausteridad y ganar más del 60% de los votos en un referéndum en julio contra el pacto con la troika. Su formación obtiene el 35,5% de las papeletas, con una diferencia mínima con respecto al resultado con el que llegó al poder hace ocho meses. No es la mayoría absoluta que el primer ministro pidió en agosto cuando decidió apostar por el adelanto electoral después de aprobar en el Parlamento el tercer rescate financiero a Grecia y sufrir la salida de 25 diputados de su partido, pero es una victoria clara para un líder que pedía a los electores una bendición para el cambio que se había visto obligado a asumir. “En Europa, hoy Grecia y el pueblo griego son sinónimos de resistencia y dignidad, y esta lucha continuará otros cuatro años”, ha reivindicado Tsipras.

En contra de las expectativas de las últimas semanas y de las encuestas que han vuelto a fallar como ya hicieron en julio, no ha habido que esperar al recuento del último voto para saber quién era el ganador de la quintas elecciones de Grecia desde 2009. Cuando aún se había escrutado apenas un 20% de los votos, ha sido el mismo líder del partido oponente, el conservador Nueva Democracia, el que ha reconocido la derrota y felicitado la victoria a Tsipras pidiéndole que formara pronto un Gobierno.

Syriza repite socio de Gobierno

El líder de Syriza no ha perdido tiempo. En lugar de apostar por una alianza con el centrista To Potami o el Pasok, como auguraban muchos analistas, ha salido al estrado con Panos Kammenos, el líder de los Griegos Independientes (ANEL), escenificando la repetición de la coalición de su primer Gobierno. ANEL es un partido nacionalista y muy distante ideológicamente de Syriza y sería un aliado contra natura si no fuera porque se ha demostrado un socio fiable, incluso cuando se trató de votar el nuevo memorándum en contra de la línea oficial del partido.

Juntos, Syriza, con 145 escaños, y ANEL, con 10, tienen una mayoría suficiente para gobernar sin sobresaltos (la mayoría absoluta es de 151). Y esto siempre que Tsipras logre acallar las voces críticas que aún hay en Syriza ante los votos cruciales de octubre, cuando el nuevo Parlamento tendrá que aprobar los presupuestos y, sobre todo, la reforma de las pensiones. Pero la victoria de este domingo es también un mensaje para la disidencia interna: Unidad Popular, la formación surgida de la escisión del partido en agosto, no ha conseguido superar la barrera del 3% necesaria para entrar en el Parlamento. De hecho, aunque tenga menos escaños que tras las elecciones de enero (162), Tsipras cuenta ahora con un mayor control sobre su partido. “Tenemos dificultades por delante, pero pisamos terreno firme”, ha afirmado el líder de Syriza.

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Si en enero el apoyo al carismático líder izquierdista había sido un desafío a Europa, con el voto de este domingo, los griegos, a pesar de las contradicciones de estos meses y por paradójico que parezca, han expresado un deseo de estabilidad. Esto no podía podía pasar por entregar el poder a manos de los partidos tradicionales, que no han sabido en estos años cambiar el rumbo del país. La campaña de Syriza centrada en la oposición entre la nueva y la vieja política ha funcionado. Vangelis Meimarakis, el líder ad interim de Nueva Democracia, no ha podido obrar el milagro y el partido se prepara para la batalla por el liderazgo de una formación que sale de tres sonoras derrotas.

Pero para Tsipras no habrá luna de miel: el dato de participación mucho más bajo que en anteriores ocasiones es también el síntoma del cansancio de la población que, en su mayoría, se hubiera ahorrado esta nueva ronda electoral.

Y si desde Bruselas no ha habido los mensajes amenazantes de otras ocasiones sino más bien cálidas felicitaciones es porque los socios europeos creen que el nuevo Gobierno cumplirá lo pactado. El tercer rescate no permite otros giros.

Así lo hemos contado en directo.

El tercer órdago de Tsipras

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Para Tsipras es la tercera arriesgada apuesta del año. Las otras dos -las elecciones del 25 de enero y el polémico referéndum del 5 de julio sobre el acuerdo que negociaba en Bruselas- las ganó aunque el resultado no fuera el prometido.

Gráficos: Kiko Llaneras

Alexis Tsipras no ha esperado ni un día. Había dicho que daría nuevos pasos políticos una vez que estuviera cerrado el acuerdo del tercer rescate y que llegara el dinero para cumplir con el pago de 3.200 millones al BCE y así lo ha hecho.

El primer ministro griego ha dimitido este jueves abriendo la puerta a las segundas elecciones generales en Grecia en menos de un año, las cuartas desde 2012. “Les pido que me den una respuesta ante este anuncio. Que me enseñen el camino para gobernar este país”, dijo Tsipras en un discurso en la televisión pública. En el eterno retorno en el que se ha convertido la infinita saga griega, que empezó hace más de un lustro, los griegos volverán a votar bajo la mirada de los acreedores internacionales, más exigentes que nunca tras la agotadora aprobación del nuevo rescate.

Para Tsipras es la tercera arriesgada apuesta del año. Las otras dos -las elecciones del 25 de enero y el polémico referéndum del 5 de julio sobre el acuerdo que negociaba en Bruselas- las ganó aunque el resultado no fuera el prometido. En la primera se quedó a un paso de la mayoría absoluta y eligió un partido casi antitético -los nacionalistas Griegos Independientes (ANEL)- como socio de gobierno. En la segunda, pidió y obtuvo el respaldo de más del 61% de los votantes para rechazar un acuerdo definido como inaceptable para acabar firmando poco después un pacto aún más duro.

¿Por qué ahora?

Que Grecia se enfrentaba a la posibilidad de nuevas elecciones en otoño quedó claro tras la aprobación el 12 de agosto del tercer rescate en el Parlamento. Allí se escenificó la primera gran fractura de Syriza: 44 diputados de la formación, liderados por el ya ex ministro Panagiotis Lafazanis, líder de la Plataforma de Izquierdas, rechazaron respaldar el acuerdo, que salió aprobado con los votos de la oposición. El Gobierno se quedó sin mayoría e incluso por debajo de los 120 votos, el mínimo necesario para sobrevivir a una moción de censura. Esta última fue la primera opción que se barajó para volver a cerrar filas. Pero al final el primer ministro ha preferido tirar por la calle de enmedio. Y la razón tiene que ver precisamente con la dificultad de evitar una escisión en su partido y a la vez el desgaste de tener que aprobar durante meses todas las medidas previstas por el nuevo memorándum con los votos de la oposición.

La dimisión le evita a Tsipras el trance de un nuevo debate parlamentario tras los duros intercambios mantenidos con los diputados de su misma bancada en la votación del 12 de agosto y le quita la posibilidad de atacarle públicamente a Lafazanis, que se dispone a formar un nuevo partido a la izquierda de Syriza. Así lo cree Dimitris Sotiropoulos, profesor asociado de Ciencia Política de la Universidad de Atenas: “Tsipras, cuyo principal objetivo es ahora mantener unido el partido, evita que se reproduzca la imagen de la ruptura en el Parlamento y podrá construir su lista electoral, depurada de los diputados rebeldes”.

¿Qué significa para el país?

La otra razón del timing elegido por el primer ministro es, según Sotiropoulos, que esperar más hubiera significado llegar a las urnas cuando los ciudadanos empezarán a experimentar los primeros efectos de las primeras medidas aprobadas por el nuevo rescate o tras la puesta en marcha de otra de las peticiones más difícil de digerir para su electorado: la reforma de las pensiones prevista para el otoño.

De hecho, la aplicación de los requerimientos del nuevo memorándum se verá afectada por el inevitable retraso que acarreará el nuevo periodo electoral. En octubre se producirá la primera revisión del rescate. “La convocatoria de elecciones significa que el país se quedará parado durante más de un mes. Eso retrasará la recuperación de la actividad económica y la posibilidad de atraer de nuevo a los inversores”, dice Sotiropoulos a EL ESPAÑOL.

¿Qué escenario político se abre?

Los sondeos de intención de voto auguran una nueva victoria de Syriza y un amplio respaldo al primer ministro, pero se antoja difícil que el partido logre la mayoría absoluta que ya se le escapó en las elecciones de enero. Esta vez el voto se podría centrar aún más en la persona de Tsipras, protagonista absoluto del escenario político griego en los últimos meses.

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“La mayoría absoluta no es imposible pero es muy difícil, sostiene Wolfango Piccoli, director de la consultora de análisis de riesgo político Teneo Intelligence. “Sobre todo si tenemos en cuenta que el nuevo partido que surja de la escisión de Syria podría llegar hasta un 3-5% de los votos. Luego está por ver cómo reaccionarán sectores como los pensionistas, que apoyaron a Tsipras en enero”.

Si Syriza vuelve a quedarse sin mayoría, las elecciones dirimirán si al final cumple su giro hacia el centro y hacia su transformación en un nuevo Pasok según Piccoli: “Dependerá del socio que elija: si vuelve a pactar con ANEL o se dirige hacia el centrista To Potami”. Justo el mismo dilema que se planteó después del voto del 25 de enero.

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La ventaja con la que puede contar ahora Tsipras es que el resto de la oposición está muy desgastada. Sobre todo por el resultado del referéndum de julio, en el que los conservadores de Nueva Democracia (ND) y los socialistas del Pasok pidieron el voto para el . ND sigue sin haber elegido un nuevo líder tras la salida de Samarás. “Era el mejor momento para Tsipras”, sentencia Sotiropoulos. “Pero el peor para el resto de los partidos y para el país”.

(Foto: ALKIS KONSTANTINIDIS / REUTERS)

Un crash bursátil programado desde junio

parthenon_crashNo estaba descontado, no dio tiempo a hacerlo. Cuando el viernes 26 de junio, al filo de la medianoche, el primer ministro Alexis Tsipras convocó un inesperado referéndum para votar las medidas del rescate financiero negociado con la Unión Europea, los mercados se encogieron de miedo ante lo que se venía encima.

No estaba descontado, no dio tiempo a hacerlo. Cuando el viernes 26 de junio, al filo de la medianoche, el primer ministro Alexis Tsipras convocó un inesperado referéndum para votar las medidas del rescate financiero negociado con la Unión Europea, los mercados se encogieron de miedo ante lo que se venía encima. En pocas horas, Grecia decretó el cierre de las bolsas, de sus bancos e instauró un corralito financiero que todavía está vigente.

Cinco semanas después, el crash bursátil registrado este lunes en Grecia es el resultado de aquella decisión planteada desde el Gobierno de Atenas como parte de su pulso con Europa. El ASE, índice general de la bolsa ateniense, se ha derrumbado este lunes al cierre un 16,2%, hasta 668 puntos. Es la mayor caída de la historia del índice, desde que en 1986 se tienen registros. El récord negativo pudo ser mayor: llegó a caer cerca del 30% en la apertura y la suspensión de la cotización de los bancos evitó males mayores.

El ASE, índice general de la bolsa ateniense, se ha derrumbado este lunes al cierre un 16,2%, hasta 668 puntos. Es la mayor caída de la historia del índice, desde que en 1986 se tienen registros.

Piraeus, Alpha y Eurobank, tres de las principales entidades del país, fueron suspendidas tras alcanzar el límite del 30% de caída. Como consecuencia de las medidas de control de capitales, los propios griegos tienen vetado retirar dinero de los depósitos y comprar acciones. Para un mercado de apenas 40.000 millones de euros de capitalización bursátil el golpe es demoledor, aunque para los mercados globales es menor. Estaba prevista la debacle y el resto de bolsas europeas apenas reaccionaron al regreso de su par griega.

Regreso a la gran recesión

La reapertura bursátil supone un paso hacia la normalización de la actividad económica y financiera en Grecia, pero las consecuencias del cerrojo financiero de finales de junio siguen más que visibles: continúan las restricciones a las retiradas de efectivo, la actividad económica en el país se ha desplomado, especialmente, en aquellas áreas que tienen que ver con el comercio internacional.

La Comisión Europea prevé que Grecia vuelva a la recesión en 2015 con una caída del 2% al 4% en su Producto Interior Bruto (PIB). Es el precio a pagar por tres semanas con los bancos cerrados y cinco semanas con los mercados financieros apagados. Hoy se conoció el índice de actividad manufacturera de julio que elabora la consultora económica Markit.

Su resultado es terrible: el barómetro adelantado se desplomó hasta 30 puntos, su cota más baja desde que se creó y muy lejos del nivel 50 a partir del cual se indica expansión en el sector. La lectura anterior fue de más de 45 puntos. El informe mensual se realiza a partir de 300 encuestas a empresas representativas de la economía industria griega y el tono coral de los empresarios fue el mismo: el corralito y cierre bancario ha golpeado con violencia la vida industrial helena.

Evolución del PIB (verde) y del PMI (azul) en Grecia.
Evolución del PIB (verde) y del PMI (azul) en Grecia.

“Los productores de bienes tuvieron apuros en la obtención de suministros y destacó el marcado aumento en los tiempos de entrega del proveedor. El grado de deterioro de la actuación de los proveedores fue de lejos el más pronunciada en la historia de la serie. Los panelistas mencionaron la dificultad para recibir artículos desde extranjero”, señala Phil Smith, economista de Markit y autor del informe. Ni las ayudas desde Europa parecen evitar lo que ya es un secreto a voces: la recesión ha vuelto a Grecia y con más fuerza que nunca.

Imagen: archivo

Pon las tuyas a remojar

ARPONERO BARBERO FINAL

No es la primera vez en la historia que un gobernante ha tenido la sensación de ser víctima de alguno de los refinados castigos que los dioses reservaban a quienes osaban desafiar su poder…

No es la primera vez en la historia que un gobernante ha tenido la sensación de ser víctima de alguno de los refinados castigos que los dioses reservaban a quienes osaban desafiar su poder. El conde-duque de Olivares se identificaba con Atlas, obligado a sostener sobre sus hombros el globo terráqueo, y no sería difícil asignar a tal o cual de sus homólogos, en uno u otro siglo, el papel de Sísifo levantando la piedra una y otra vez hacia la cima de la ladera, el de Tántalo con las relucientes manzanas del jardín de las Hespérides siempre a la vista pero nunca al alcance, el de Ixión atado a la rueda de los acontecimientos, el de Ocnos tejiendo eternamente la cuerda que se zampaba el burro del Estado o no digamos el de Ticio o Prometeo, encadenados mientras el buitre de la insidia iba devorando su hígado.

Ya le gustaría a Alexis Tsipras poder optar hoy por alguno de estos males con tal de eludir el que, sin otro artilugio que los propios útiles del oficio, parece haber sido diseñado expresamente para escarmiento de políticos temerarios. Y es que no cabe sadismo a la vez más refinado e implacable que el que viene aplicándosele al primer ministro griego desde que osó encender unilateralmente el fuego de la democracia y convocó el referéndum contra las exigencias de Bruselas para seguir financiando a su quebrado país.

Tsipras se comportó como si Grecia fuera aun un Estado soberano en el que la opinión pública supone la razón última del gobernante, fingiendo ignorar que el objeto de la consulta concernía, al menos en igual medida, a sus a la vez socios y acreedores. Incurrió en el eterno pecado de la hubris -el asaltaremos los cielos de la soberbia humana- y en toda la hubris le han dado Frau Merkel y sus 17 palanganeros.

Quien hasta hace dos semanas era percibido como un rebelde ciclópeo que atemorizaba al continente con sus machadas y amenazas, está quedando retratado ahora como un cretino político a merced de la autoridad competente. Y no me digan que, a propósito de castigos divinos, eso evocaría al impuesto por Apolo al rey Midas cuando cambió sus orejas por las de un asno, porque ya quisiera Tsipras tener a cambio el don de convertir en oro lo que tocara.

No, su única corona es la del Olimpo de los tontos, pues su admisión de que ni siquiera contaba con un plan viable para sustituir el euro por el dracma prueba que no sólo ha estado engañando a los griegos sino engañándose a sí mismo. Así es como cobra sentido la dimisión de Varoufakis a la mañana siguiente de ganar el referéndum. En el fondo los líderes de Syriza debían saber que lo que les convenía era perder el plebiscito -que triunfara el “sí”- para poder dar un heroico paso atrás, dejar a otros la gestión del embolado del tercer rescate y volver a quedar en la reserva con la aureola de los rebeldes con causa.

Lo que era inmanejable era su victoria porque la partida pasaba a jugarse en el tablero del Bild Zeitung, las cadenas de televisión y las encuestas alemanas. Opinión pública por opinión pública siempre iban a pesar más los 83 millones de un país opulento -y eso sin contar a sus satélites- que los 11 de uno en las últimas.

Tras el insolente desafío en las urnas, la negociación entre tecnócratas se transformaba así en un ajuste de cuentas que requería no de la derrota sino de la humillación de Grecia, obligada a pasar bajo las horcas caudinas de unas condiciones draconianas. Y el justo castigo a la perversidad, o más bien a la idiotez política, de Tsipras está siendo obligarle a liderar la rendición incondicional de su pueblo, compareciendo cargado de cadenas, uncido al carro del triunfo de la Europa de los Mercados –Vae victis– entre el estupor de los propios -cócteles molotov en la calle, cisma en Syriza en el parlamento- y el regocijo de los ajenos.

 

El justo castigo a la perversidad, o más bien a la idiotez política, de Tsipras está siendo obligarle a liderar la rendición incondicional de su pueblo, compareciendo cargado de cadenas, uncido al carro del triunfo de la Europa de los Mercados

 

Nadie encontrará en este análisis ni comprensión ni disculpa tras la irresponsable necedad de Tsipras. Que ahora invoque que nadie ha pasado por un “dilema de conciencia” como el suyo no inspira ninguna pena. Me alegro de que quienes hasta la propia víspera del referéndum le hacían la ola a Sietemachos Varoufakis cuando llamaba “terroristas” a los líderes europeos, hayan quedado engullidos en su propio maremoto y floten hoy como detritos de un oceánico ridículo. Pero no puedo sentirme cómodo en mis convicciones liberales con el ensañamiento del que están siendo víctimas las instituciones griegas, al ser sometidas a un público auto de fe, encañonadas por el grifo del Banco Central Europeo.

ARPONERO BARBERO FINAL
Ilustración: Javier Muñoz

Los peores augurios de que el euro se convirtiera en ese castillo monetario de “irás y no volverás” al que me refería hace dos semanas, se están cumpliendo. Si Atenas hubiera conservado el dracma, los griegos habrían ido empobreciéndose paulatinamente mediante sucesivas devaluaciones pero no se habrían encontrado nunca entre la espada de un diktat insoportable y la pared de una bancarrota segura. Si Tsipras no pasaba por el aro como una fiera domesticada, los bancos cerrados se hubieran transformado en bancos quebrados, dando paso al colapso del Estado y a un escenario de caos social. Ni siquiera hubiera podido pagar a la policía para defenderse de los suyos.

A la hora de la verdad las supuestas alternativas basadas en la ayuda rusa se diluyeron en el aire. Bastó con que le enseñaran el Big Bertha de la expulsión del euro para que el gobierno griego capitulara incondicionalmente, reproduciendo amargos episodios de la historia centroeuropea de hace 80 años, que renuncio a evocar para no ser tildado de pintor de brocha gorda.

¿Era imprescindible imponer un ultimátum de 72 horas para la aprobación por el Parlamento griego de las medidas de ajuste duro rechazadas por el pueblo en las urnas? ¿Resultaba realmente necesario obligar a constituir ese fondo de activos públicos por valor de 50.000 millones bajo supervisión comunitaria como garantía de futuros pagos? ¿Significará esto que los bancos alemanes terminarán siendo los dueños de unas cuantas islas griegas, y quién sabe si del propio Partenón, en el caso de que se vuelva a desatender el servicio de la deuda o acaso Tsipras y sus ministros deberán ingresar como prenda física en una de aquellas cárceles para morosos abolidas por la Revolución Francesa?

La propia escenificación del trágala en una interminable reunión de líderes europeos insomnes, polarizados entre el policía alemán malo (Schäuble) y el policía alemán bueno (Merkel), denota la falta de mecanismos racionales de decisión en una Europa reducida a teatro de la hegemonía de una de sus partes. El propio Der Spiegel reprochaba hace poco a la canciller que, aun conservando la retórica paneuropea de Kohl, en la práctica ha sustituido la construcción política de la UE por un “imperialismo pedagógico” destinado a imponer, a base de exigentes rescates, sus propios valores calvinistas de rigor presupuestario y control del déficit al resto de los miembros.

En el momento en que la técnica del afeitado en seco que funcionó para España, Portugal e Irlanda ha encallado en la rugosa piel de la sociedad griega, la señora Merkel se ha transformado en el remedo político de Sweeney Todd, aquel barbero diabólico de Fleet Street que degollaba a sus víctimas cuando pasaban por su establecimiento a que les hiciera un arreglo y las convertía luego en el picadillo del pastel de carne que vendía en un restaurante anexo. Ese es el menú que desde Berlín y Bruselas se ofrece ahora a la comunidad financiera: de primero carpaccio de Alexis en láminas muy finas, de segundo estofado a la Tsipras y de postre souflé de Syriza.

Al reconocer que no tiene más remedio que aplicar unas medidas en las que ni él ni sus conciudadanos creen, el jefe del Gobierno de Atenas está levantando acta no sólo de su propia defunción política sino de que Grecia ha dejado de existir como Estado independiente. Lo cual tendría sentido si su soberanía hubiera quedado voluntariamente diluida en la de unos Estados Unidos de Europa cuyo gobierno democrático aplicara políticas fiscales uniformes para amortizar la deuda de todos, asumida como carga común. Así actuaría la solidaridad propia de una unión política en la que la moneda única fuera el escaparate de una realidad previa.

A falta de todo ello los actores políticos de los países de la zona euro se dividen en resignados zombis al servicio de los designios de quien manda y clientes potenciales de la barbería de Sweeney Merkel. Reducido a la mudez en los pasillos y antesalas comunitarias -los estafermos no hablan inglés-, Rajoy es el más dócil y servicial de los primeros. Sujeta la bacinilla y los útiles de afeitar a la barbera o limpia con la fregona el rastro de sus sanguinarios alardes sin que ello requiera contraprestación alguna. Y si hasta la propinilla de la presidencia del Eurogrupo para un paisano recomendado se le niega, pues qué le vamos a hacer. Otra vez será. De momento él sigue empleado ahí.

 

Los actores políticos de los países de la zona euro se dividen en resignados zombis al servicio de los designios de quien manda y clientes potenciales de la barbería de Sweeney Merkel. Reducido a la mudez en los pasillos y antesalas comunitarias -los estafermos no hablan inglés-, Rajoy es el más dócil y servicial de los primeros

El segundo grupo es el de los insensatos que, creyéndose capaces de alterar los términos o fronteras de la pax germana impuesta sobre la eurozona, caminan alegres y confiados hacia un inexorable destino tragicómico. Cuando las barbas de Alexis veas pelar, pon las de Pablo a remojar. Zas, zas, un par de tijeretazos y adiós Coletas. Y que vayan contestando Mas, Junqueras y el tal Romeva -que por algo dicen que se parece a Varoufakis- cuantos días aguantaría su pulso independentista con los bancos catalanes cerrados por falta de liquidez o de solvencia. El soberanismo identitario hace lo suficientemente memos a sus comulgantes como para tragarse la añagaza de la lista única de partidos adversos y políticos despolitizados pero, como en el caso de Grecia, lo que tu decidas es irrelevante si no encaja en lo que decidan los demás.

A falta de mejores argumentos, Rajoy ya se ha apresurado a poner el paralelismo tanto ante las narices de Podemos como ante las del orfeón independentista. Sería preferible no tener que recurrir a ello y que nuestra democracia se bastara y sobrara para cerrar el paso mediante la persuasión y la aplicación de la legalidad a ambos tipos de populismo. Pero con un liderazgo como este y una inteligencia institucional como la que permite que alguien pueda anunciar un martes que va a destruir España y sea el viernes recibido en audiencia oficial por el Jefe del Estado -¿rememoraron juntos la pitada del Camp Nou o sólo miraron hacia el abismo?-, ya no nos queda casi sino confiar, compungidos, en la protección de la navaja ordenancista de Frau Merkel. Porque como canta el Figaro asesino en la película de Tim Burton “no hay más que dos tipos de personas: las que están en su sitio y las que te ponen el pie en la cara”. Y alguien tendrá que obligar a estas a volver a meterlo en el tiesto.

 

 

 

La capitulación total de Tsipras

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En tiempo de descuento, los jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona han alcanzado un frágil acuerdo que de momento frena la salida de Grecia del euro. A cambio, Alexis Tsipras ha tenido que capitular y abandonar por completo las promesas con las que ganó las elecciones. No sólo tendrá que aplicar los ajustes a los que los griegos dijeron ‘no’ en el referéndum sino que los acreedores le han impuesto ahora medidas mucho más duras.

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Ha hecho falta un maratón negociador final de 17 horas, con noche en blanco incluida. Pero ya en tiempo de descuento, los jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona han alcanzado, poco antes de las 9:00 de este lunes, un frágil acuerdo (aquí el texto) que de momento frena la salida de Grecia del euro y su hundimiento económico.

A cambio de este salvavidas, el primer ministro griego, Alexis Tsipras ha tenido que capitular y abandonar por completo las promesas de poner fin a la austeridad con las que ganó las elecciones. No sólo tendrá que aplicar todos los ajustes que rechazaba y a los que los griegos dijeron ‘no’ en el referéndum del 5 de julio, sino que los acreedores le han impuesto ahora medidas mucho más duras en áreas como la reforma laboral o las privatizaciones.

Además, Grecia queda sujeta a una supervisión sin precedentes que prácticamente la convierte en un protectorado de la UE. Algo difícil de asumir para un Gobierno como el de Syriza, que defendió el fin de la troika (formada por Comisión Europea, Banco Central y Fondo Monetario Internacional). Pero la última ronda de negociación ha dañado también la imagen de Alemania por la gran dureza que ha exhibido hasta llegar a poner por primera vez negro sobre blanco en un documento la opción de que Grecia salga de forma temporal del euro.

¿Qué tiene que hacer Grecia ahora?

El Gobierno de Tsipras se ha comprometido a aprobar en el parlamento griego de aquí al 15 de julio -es decir, en apenas 48 horas- un total de cuatro leyes, algunas de las cuales fueron rechazadas por una mayoría del 61% en la consulta de la semana pasada. Se trata de una primera reforma del IVA y de las pensiones; de una norma para garantizar la plena independencia de la oficina estadística griega ELSTAT y de la introducción de un sistema automático de recorte del gasto cuando se produzcan desviaciones presupuestarias. Antes del 22 de julio, Grecia tendrá que aprobar otras dos normas: la reforma del Código Civil para reducir el coste de la justicia y la legislación de la UE sobre reestructuración y liquidación de bancos.

La aprobación inmediata de estas leyes ha sido la condición exigida por los acreedores a Tsipras para restablecer la confianza, ya que casi ningún país se fía ya de él tras la convocatoria por sorpresa del referéndum. Si Atenas cumple en los próximos días, el Eurogrupo celebrará una nueva reunión este miércoles, probablemente por teleconferencia, para autorizar formalmente el inicio de negociaciones con Grecia para un tercer rescate. Inmediatamente después tendrán que pronunciarse los parlamentos de seis países: Alemania, Finlandia, Holanda, Eslovaquia, Estonia y Austria.

¿Cuánto costará el tercer rescate?

Los líderes de la eurozona calculan que las necesidades financieras de Grecia en los próximos tres años ascienden a 86.000 millones de euros, que habría que sumar a los 240.000 millones de los dos primeros rescates. La elevada factura del tercer rescate –que se explica por el fuerte deterioro económico provocado por el cierre de bancos y el corralito desde el 29 de junio- ha “sorprendido” desagradablemente a los acreedores, que todavía quieren rebajarla con los ingresos de privatizaciones o el dinero que pueda lograr Atenas cuando recupere el acceso a los mercados, según fuentes europeas. Parte de este dinero debe desembolsarse de forma urgente, ya que Grecia tiene pagos que ascienden a 7.000 millones de euros el 20 de julio y otros de 5.000 millones en agosto, sobre todo por vencimientos del Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El tercer rescate incluye una reserva de hasta 25.000 millones de euros para la recapitalización del sector bancario, de los cuales 10.000 millones estarían “disponibles inmediatamente”. Una “rápida decisión” sobre el tercer rescate “es una condición para permitir que los bancos reabran”, admiten los líderes de la eurozona en el borrador de conclusiones.

¿Tendrá el tercer rescate condiciones adicionales?

Sí. Una vez que se inicien las negociaciones, Grecia y sus acreedores deben firmar un nuevo memorándum que recogerá condiciones más duras que las rechazadas en el referéndum debido al empeoramiento económico y también a que el tercer rescate incluye dinero nuevo para tres años. Muchos de los requisitos extra están ya detallados en el acuerdo cerrado este lunes: otra reforma ambiciosa de las pensiones, liberalización de los mercados de productos (farmacias, leche, panaderías, transporte por ferry), privatización de la red eléctrica o modernización de las normas sobre convenios y despidos colectivos.

Otra concesión que el Gobierno de Syriza se ha visto obligado a hacer a sus acreedores es la de dar marcha atrás y rectificar todas las leyes que ha aprobado desde su llegada al poder en enero sin el consentimiento de la troika, por ejemplo para contratar funcionarios. O si prefiere, adoptar medidas correctivas con el mismo impacto presupuestario. Sólo se salva la legislación para paliar la crisis humanitaria en Grecia.

¿Qué pasa con la supervisión de la troika?

El fin de la troika (formada por la Comisión, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) y de las políticas dictadas desde Bruselas era una de las principales demandas del Gobierno de Syriza. Tsipras también ha claudicado en esta cuestión cediendo a las presiones de los acreedores, que desconfían de sus políticas. A partir de ahora, Grecia deberá “consultar y acordar con las instituciones (de la troika) todos los proyectos de ley en las áreas relevantes con suficiente antelación antes de presentarlos a consulta pública o el parlamento”.

Los inspectores de la troika podrán además volver a Atenas para “mejorar la aplicación del programa y controlarlo”. El Gobierno de Syriza había bloqueado las visitas de los técnicos a los ministerios y había tratado siempre de llevar la negociación al máximo nivel político de ministros o jefes de Gobierno.

Tsipras, con Merkel y Hollande, durante la cumbre (Foto: Consilium)
Tsipras, con Merkel y Hollande, durante la cumbre (Foto: Consilium)

¿Cuáles han sido los principales escollos?

El nuevo ministro de Finanzas, Euclides Tsakalotos, había aceptado desde el Eurogrupo del sábado la mayor parte de las exigencias de los acreedores debido a la situación desesperada de los bancos del país, que apenas sobreviven con la línea de liquidez de emergencia (ELA), que les proporciona el BCE. “Si no tuviéramos una pistola en la cabeza, ni nos plantearíamos aceptar” los recortes, aseguraba la delegación griega durante la madrugada del domingo.

De hecho, a las 4:00 horas, el acuerdo parecía inminente. Pero el primer ministro Tsipras intentó plantarse en dos cuestiones: rechazaba la propuesta de Alemania de crear un fondo de privatizaciones y no quería que el Fondo Monetario Internacional supervisara la aplicación del tercer rescate. También en estos dos puntos acabó cediendo a la presión de los acreedores. El FMI seguirá participando en el programa de asistencia financiera porque lo exigen países como Alemania.

¿Cómo funciona el fondo de privatizaciones?

Este nuevo instrumento es una de las claves del acuerdo. Se trata de que Grecia transfiera a un fondo independiente activos públicos por un valor de hasta 50.000 millones de euros. El fondo se encargará de irlos vendiendo progresivamente, como hace por ejemplo la Sareb con los activos inmobiliarios de la banca nacionalizada en España. La mitad de los ingresos tendrán que dedicarse a la recapitalización de la banca. 12.500 irán a reducir deuda y el resto a inversiones.

Tsipras sostenía que es imposible lograr 50.000 millones de euros con privatizaciones y alegaba que el propio FMI cifra en 500 millones al año los ingresos máximos. Tampoco le gustaba la filosofía del instrumento y dejar el control a los acreedores. Pero los países más duros han impuesto que se mantenga la cifra de 50.000 millones. La única concesión que hacen es que el fondo esté basado en Grecia en lugar de en Luxemburgo. La gestión correrá a cargo de los griegos pero “bajo supervisión de las instituciones europeas”.

¿Habrá reestructuración de la deuda?

La principal concesión que obtiene Grecia del acuerdo es el compromiso de los líderes de la eurozona de estudiar “posibles medidas adicionales” para garantizar la sostenibilidad de la deuda helena, que ahora se sitúa en el 177% del PIB. Y mencionan en concreto dos: “la posible extensión de los periodos de gracia y de pago”. No obstante, dejan claro que “no se llevarán a cabo quitas nominales sobre la deuda”. Este alivio de la deuda sólo se aplicará tras la primera revisión positiva del nuevo rescate, que podría ocurrir en otoño.

En realidad, se trata de una victoria pírrica para Tsipras, ya que la oferta de alargar plazos y reducir tipos de interés para aliviar la deuda griega ya estaba sobre la mesa desde el Eurogrupo celebrado en noviembre de 2012. Hasta ahora no se ha aplicado porque Atenas no ha cumplido. “Hemos tenido éxito en garantizar la reestructuración de la deuda y en la obtención de fondos significativos para el crecimiento”, ha dicho el primer ministro heleno al término de la cumbre. Los fondos a los que se refiere son los 35.000 millones de euros prometidos por el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. Pero no se trata de dinero nuevo sino de ayudar a Grecia a absorber mejor los fondos estructurales que ya tiene adjudicados.

¿Se descarta el ‘Grexit’?

Uno de los factores que ha emponzoñado las negociaciones y ha dificultado el acuerdo ha sido la dura propuesta que planteó el sábado el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, y que incluía el fondo de privatización, que al final ha salido adelante, y también la opción de ofrecer a Grecia una salida temporal del euro (‘Grexit’) durante cinco años para que pudiera reestructurar su deuda. El ‘Grexit’ apareció así por primera vez en un documento de trabajo que se hizo público y agravó la fractura entre los países más duros –Finlandia, Holanda, Eslovaquia, Eslovenia y los bálticos- y los más cercanos a Grecia, en particular Francia, y en menor medida Italia o Chipre.

De hecho, el ‘Grexit’ temporal llegó a figurar en el borrador de acuerdo que el Eurogrupo envió a los jefes de Estado y de Gobierno, y sólo se eliminó ya bien entrada la madrugada porque resultaba inaceptable para Atenas y Paris. “El plan A se ha cumplido y por eso no necesitamos plan B”, ha dicho la canciller alemana, Angela Merkel, para justificar la desaparición de cualquier referencia a una salida de Grecia del euro.

El presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, ha sostenido que en el compromiso aprobado “no hay ganadores ni perdedores”. “No creo que los griegos hayan sido humillados”, ha sostenido. Para el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, los ajustes extra exigidos a Grecia “en absoluto” son una venganza por el referéndum sino “medidas razonables” para el crecimiento”. Y el presidente francés, François Hollande, dice que se trata de una “decisión histórica”. “Si Grecia hubiera salido, se habría dicho que la eurozona no era capaz de conservar su integridad”, ha apuntado.

Sólo el tiempo dirá si este tercer rescate tendrá más éxito que los dos primeros, lastrados por los desacuerdos entre los socios y las dudas y retrasos de Atenas en la puesta en marcha de las reformas. Pero la desconfianza y las fracturas de las últimas 48 horas en el Eurogrupo no son un buen augurio.

Más sobre Grecia en EL ESPAÑOL:

Rescate Griego III: medio billón de euros desde el año 2010

No es el primero, ni el segundo. Llega el tercer rescate financiero para Grecia, que ha recibido más ayuda financiera en cinco años que la suma de España, Irlanda y Portugal, los otros tres grandes países asistidos desde la Eurozona.

 

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No es el primero, ni el segundo. Llega el tercer rescate financiero para Grecia, que ha recibido más ayuda financiera en cinco años que la suma de España, Irlanda y Portugal, los otros tres grandes países asistidos desde la Eurozona.

Más dinero para Grecia, más pérdidas para Europa. La maratoniana negociación de 17 horas en Bruselas ha dado a luz un complejísimo acuerdo de último minuto para rescatar a la república helena. No será fácil de ejecutar, rezuma provisionalidad, pero hay acuerdo y Grecia seguirá bajo la protección del euro. El Gobierno de Alexis Tsipras solicitó el pasado viernes un tercer programa de ayuda financiera desde Europa por valor de 53.000 millones de euros hasta 2018 y pidió una quita (descuento) sobre su deuda.

La respuesta desde Bruselas ha sido otra: Grecia necesita 86.000 millones de euros para salir a flote, pero las nuevas condiciones serán mucho más duras para el país. Además no habrá ninguna quita de la deuda griega a corto plazo, aunque no se descarta antes de que concluya el plan en 2018. La mayoría de los detalles del acuerdo están todavía por definir. No obstante, si se conoce que el Eurogrupo armará a través del MEDE (Fondo de Rescate Permanente) esa inyección de 86.000 millones de euros a Grecia hasta 2018. De partida, hasta 8.000 millones serán inversiones a fondo perdido.

El fondo griego de privatizaciones

A cambio, los países europeos han exigido la creación de una sociedad de activos públicos griegos (empresas, infraestructuras, terrenos…) que funcionará como un fondo de inversión. Será un aval y una garantía para Bruselas. Estará valorado en 50.000 millones de euros y será tutelado por la ‘troika’ europea. Con los ingresos que se obtengan de este fondo gestionado por Europa se recapitalizará a la banca griega, se reducirá la deuda del país y participará en un plan de inversiones de 35.000 millones para dinamizar su economía y que será supervisado por la Comisión que dirige Juncker.

El Eurogrupo estima que las entidades financieras del país (Piraeus, Alpha, NCG y Eurobank, entre otras) necesitan de forma urgente, al menos, 25.000 millones para volver a operar, levantar el corralito y no colapsar en los próximos días. Según esas mismas estimaciones, el Estado necesita otros 7.000 millones para afrontar pagos al Banco Central Europeo (BCE) el próximo 20 de julio y ponerse al día con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con quien debe ponerse al día tras su impago el pasado 30 de junio. El FMI, frente a lo reclamado desde Grecia, volverá a participar en la ayuda.

En perspectiva, este será el tercer rescate de Grecia en cinco años.  Se eleva así la factura griega a cerca de 323.000 millones desde 2010, amén de las citadas reestructuraciones de la deuda que ya habían superado los 200.000 millones (hasta febrero de 2012). En total, el conjunto de programas de asistencia financiera para Grecia desde la Eurozona ha movido en el último lustro supera el medio billón de euros entre préstamos nuevos, condonaciones y reestructuración de su deuda.

Cronología de la tragedia griega

La sucesión de acontecimientos desde hace tres semanas han dejado a Grecia al borde salir del euro. Los tiras y aflojas inacabables entre Grecia y el Eurogrupo han vivido de por medio un impago al Fondo Monetario Internacional (FMI) por 1.600 millones de euros el pasado 30 de junio y un referéndum en Grecia en el que se votaba ‘sí’ o ‘no’ a las medidas de rescate planteadas por Europa.

Los griegos dijeron ‘no’ y pese a ese rechazo, Tsipras ha presentado una propuesta de rescate y reforma similar a la rechazada en las urnas. No solo contempla subidas de impuestos, también congela las pensiones actuales, eleva la edad de jubilación a 67 años (como en otros países europeos) y supondrá la creación de una autoridad de vigilancia fiscal independiente al Gobierno de turno en Grecia.

El plan acordado (subidas de impuestos, privatizaciones y reformas de la pensiones) se ha convertido en un revés para Tsipras, su Gobierno y el actual Parlamento griego -mayoritariamente poblado por Syriza-, que deberá aprobar las medidas. También deberán votar otros seis parlamentos en seis países europeos, sin cuya participación puede encallar la ayuda.

  • El origen del drama. En octubre de 2009, poco después de llegar al poder, el Gobierno del PSOK revela que el Estado tiene un déficit en sus cuentas más alto de lo publicado. Sus efectos son inmediatos e implacables: se destapa la desconfianza de los inversores y socios de la Eurozona sobre Grecia. Comienza una crisis que deja fuera de control a las finanzas públicas, debido a que se dispara la prima de riesgo y el coste de financiarse en los mercados es prohibitivo.
  • Primer rescate. En mayo de 2010, el país que entonces gobierna Papandreu recibe el primer ‘pack’ del rescate (110.000 millones de euros) hasta mayo de 2013. En noviembre de 2010, el Parlamento griego aprueba una serie de recortes y medidas de austeridad. En noviembre de 2011, Papandreu dimite y se convocan nuevas elecciones.
  • Primera reestructuración de la deuda. En febrero de 2012 se aprueba la reestructuración de la deuda con descuentos y quitas al valor de los bonos emitidos por el Estado griego. Esos descuentos alcanzan los 206.000 millones de euros y los principales perjudicados son los inversores privados como bancos, fondos de inversión y de pensiones.
  • Segundo rescate. También en febrero de 2012 se pone en marcha el segundo rescate desde la Eurozona para ayudar a los griegos. Se valora en 165.000 millones de euros y se extenderá hasta junio de 2015.
  • ¿Capítulo final? Es en la entrega del último tramo de este segundo rescate cuando comenzaron a chocar las posiciones de Europa y Grecia. El nuevo Gobierno de Tsipras -que ganó las elecciones en diciembre de 2014- considera impagable la deuda del país y se opone a seguir adoptando medidas de austeridad. El resto de la historia se está escribiendo ahora.

Nuestro sirtaki

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“Violar las grandes leyes de la naturaleza es un pecado mortal, no debemos apresurarnos o resistirnos sino obedecer el ritmo eterno”, le dice Zorba el Griego a su “patrón” británico. Y para demostrárselo le enseña a bailar el sirtaki.

La mayoría de quienes hace medio siglo se levantaron de las butacas de las salas cinematográficas fascinados por este final trepidante de la laureada película, creyeron que esa danza in crescendo, basada en cruzar los pies con la mano apoyada sobre el hombro de cada compañero de fila, era parte del folklore tradicional griego. Eso mismo piensan los turistas que, a pesar de la incertidumbre sobre si a partir de este lunes les darían el cambio en euros o dracmas, han seguido disfrutando de las alegres veladas en las tabernas de Atenas.

La verdad es que, aunque su fuente de inspiración fueran los ritmos lentos del “sirthos” y los rápidos del “pidikhtos”, el compositor Nikis Theodorakis inventó un baile completamente nuevo como plataforma de lucimiento para su subyugante banda sonora. Como si de una profecía autocumplida se tratara, el sirtaki se ha convertido 50 años después en una seña tan tópica de la identidad griega como las corridas de toros o el flamenco lo son de la española.

No es pues la primera vez que algún escritor u humorista gráfico representa con este baile la recurrente crisis griega en el seno de la UE. Sánchez Merlo lo acaba de hacer en este blog en uno de sus atinados comentarios y recuerdo un chiste en el que las autoridades comunitarias obligaban a Papandreu a bailar hasta reventar y otro en el que al efímero Papademos, sujeto entre Merkel y Sarkozy, no le llegaban los pies al suelo. Pero sí es la primera vez en que, por la inmediatez de nuestras elecciones generales, procede representar a los principales actores de la política española fatídicamente encadenados entre sí por la danza de Zorba.

La dificultad del sirtaki político radica en mantener el “ritmo eterno” que no es otro sino el que marca la orquesta de los acontecimientos. No sirve pues ni acelerar revolucionariamente el curso de la Historia como pretende Pablo Iglesias, ya que el riesgo de descarrilamiento es palmario, ni permanecer estólido, fingiendo el movimiento a base de arrastrar los pies, como viene siendo la costumbre de Rajoy.

Situados en los extremos de la fila, uno y otro sólo disponen de un punto de apoyo o ligamento y eso propicia que puedan perder el compás y el equilibrio. Como bien saben los aficionados al ciclismo, igual riesgo de caerse tiene quien olvida el control de su máquina al lanzarse alocadamente al sprint como quien se queda demasiados segundos clavado sobre la pista, cual pasmarote sobre ruedas, a la espera de lo que hagan sus rivales.

nuestro sirtaki 4

La crisis griega ha retratado muy bien a Iglesias y a Rajoy. El uno se apuntó con entusiasmo al “no” en el referéndum –festejándolo casi a la vez que Marine Le Pen– y el otro apostó sin rubor por el Grexit, importándole poco que la patada en el trasero de los griegos se la pudiera dar la UE en el futuro de todos. El uno trataba de capitalizar el órdago demagógico al orden establecido y el otro el castigo implacable al transgresor. Al aprovechar el “no” para aplicar medidas al menos tan duras como las que implicaba el “sí”, Tsipras les ha dejado a ambos compuestos y sin relato.

¿Qué sería del Coletas sin el Estafermo y a la recíproca? Ambos se retroalimentan en la añeja dinámica de las dos Españas. Ni los crecientes escrúpulos de buena parte de sus propios compañeros de viaje ante el cesarismo de Iglesias y su Mesalina de quita y pon, ni la gélida advertencia de Aznar de que hasta en su miedo manda él, les arredra lo más mínimo. El uno tiene que asaltar el cielo y el otro el cuarto de estar de su vivienda unifamiliar para satisfacer a sus respectivas clientelas.

Todo sería distinto si Rajoy hubiera cumplido sus promesas electorales, ejecutando el claro mandato que recibió de las urnas y manteniendo a una mayoría social cohesionada en torno a los valores liberales de la clase media que confió en él. Incluso si ahora entendiera el mensaje que por tres veces le ha remitido su base social –europeas, andaluzas, municipales– y renunciara a ser candidato a la Moncloa por cuarta vez.

Si este fin de semana, en vez de la improvisada Convención para promocionar a los sobrinos del Pato Donald –Pablito, Jorgito y Andreíta– que han sustituido a Hernández y Floriández y volver a adular a un jefe en el que no creen, las mesnadas del PP celebraran unas primarias limpias y abiertas para elegir un nuevo candidato a la Moncloa, sus posibilidades de éxito electoral se dispararían exponencialmente. Dejarlo para la próxima, igual que hacía el felipismo con las medidas anticorrupción que indultaban políticamente a cada hornada de consentidores, supone aplazar también la resurrección.

 

¿Qué sería del Coletas sin el Estafermo y a la recíproca? Ambos se retroalimentan en la añeja dinámica de las dos Españas… El uno tiene que asaltar el cielo y el otro el cuarto de estar de su vivienda unifamiliar para satisfacer a sus respectivas clientelas.

No es cambiando de actores de reparto o reemplazando su logotipo por una señal de tráfico, en la que parece que pone Prohibido Pasar, como tendrán sus males remedio. Sólo les faltaba aclarar que el nuevo símbolo es “minimalista” –como todo lo que se cuece ahí– y que han cambiado la gaviota por el charrán que, según el diccionario antes que “ave marina” es “pillo o tunante”.

Con Rajoy como símbolo y tapón de la vieja política, sustentado tan sólo en los pelotas del grupo parlamentario que anhelan repetir y en los capos mediáticos que le sirven de bochornoso aguamanil a la espera de concesiones, fusiones y demás favores in articulo mortis, nada permite predecir que habrá tres sin cuatro. Y menos si el aun jefe de Gobierno insiste en pasar del plasma a la logorrea, como si de repente tuviera que “darse a conocer”, tal y como aviesamente recomendó González a Almunia. De resultas de esa nueva estrategia ya ha quedado claro que nuestro gran endeudador ni siquiera se sabe la dimensión del agujero que genera.

Tampoco es imaginable, y menos si cuaja lo de Ahora en Común, que Podemos vaya más allá de la mítica barrera del 20%. Alcanzarla ya sería una hazaña política, a la vez que un grave indicio de desquiciamiento colectivo. De ahí que quien quiera estudiar los escenarios postelectorales más verosímiles debe fijarse en los dos bailarines que llevan el paso en los puestos interiores de la fila del sirtaki. Un Pedro Sánchez que mantiene alianzas con Podemos y Ciudadanos y un Albert Rivera que ha pactado con el PSOE y el PP. Uno y otro han dado síntomas de sentido común durante la crisis griega, poniendo primero objeciones al referéndum trampa de Tsipras, apostando luego por el “sí” y abogando desde el lunes por un acuerdo sobre el tercer rescate como mal menor.

Especialmente notable me parece la habilidad con que el líder socialista está logrando escabullirse del cliché de radicalismo que los portavoces del PP han tratado de explotar a raíz de sus pactos con Podemos. Las alcaldías de grandes ciudades han sido el peaje que ha tenido que pagar Sánchez si quería afianzar su liderazgo y candidatura, contraponiendo al poder territorial de Susana Díaz el de barones como Vara, Page, Puig, Armengol o Lambán. Sólo en el caso valenciano tenía alternativa, por muy alambicada que fuera, y es una lástima que no jugara a fondo la baza del pacto con Ciudadanos y la abstención del PP.

Hubiera sido una especie de ensayo general del que se perfila como uno de los escenarios más probables tras los comicios. Desde luego el nombramiento de Jordi Sevilla como responsable económico del gobierno en la sombra de Sánchez no apunta hacia un Frente Popular sino a un pacto de centro izquierda con Rivera. Tal vez por eso el ex ministro ha recibido muchas más llamadas de felicitación –y alivio– de grandes empresarios que cuando sus “dos tardes” con Zapatero.

Tampoco la iniciativa de reforma constitucional del PSOE, en la que hay propuestas razonables junto a otras tan nefastas como el blindaje de la inmersión lingüística, parece orientada a entenderse con la izquierda radical. Si el PSOE obtiene un escaño más que el PP, el pacto con Ciudadanos –desmochando estos residuos tóxicos de la colaboración con los nacionalistas, bajo el sauce de la bandera nacional– estaría servido. Incluso si el PP fuera el más votado, pero existiera una mayoría aritmética de izquierdas, sería más probable la investidura de Sánchez con el apoyo de Rivera y la abstención de los populares. Eso daría paso a una legislatura de inestabilidad pero en la que resultaría inimaginable una moción de censura apoyada a la vez por Podemos y el PP.

El nombramiento de Jordi Sevilla como responsable económico del gobierno en la sombra de Sánchez no apunta hacia un Frente Popular sino a un pacto de centro izquierda con Rivera.

Caben otras dos hipótesis: la poco consistente de que Ciudadanos esté levemente por encima del PSOE y el binomio se forme para investir a Rivera y la más verosímil de que el PP ponga distancia de por medio en lo que queda de legislatura y sea con diferencia la lista más votada y el grupo parlamentario con más escaños. En ese caso funcionaría el precedente de la Rioja y Rivera pondría como condición para completar una mayoría de centro derecha que el presidente no fuera Rajoy. Eso mismo plantearía el PSOE en el enrevesado escenario de que Ciudadanos fuera irrelevante y se hablara de una gran coalición.

De todo ello se deduce que sólo si el PP repitiera mayoría absoluta o algo parecido podría considerarse asegurada la investidura de Rajoy. Teniendo en cuenta que para ello tendría casi que duplicar su actual intención de voto, resulta todavía más difícil de entender el empecinamiento del jefe del Gobierno en concurrir por cuarta vez al frente de la candidatura conservadora. Marcado para siempre por sus SMS de complicidad a Bárcenas, su rechazo popular es altísimo, carece de respaldo social espontáneo alguno y hasta la persona que le designó le ha invitado a dejar paso a otro en los términos que la urbanidad política permite. Pero por acabar con una cita del mismo Zorba existencialista y cazurro con el que empecé, “no sirve de nada golpear en la puerta de un sordo”. Y no digamos nada si es alguien que se lo hace.

Cinco claves de por qué Tsipras se rinde ante los acreedores… y quizá no sea suficiente

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Los ministros de Economía de la eurozona evalúan este sábado el nuevo plan de Tsipras, que asciende a 13.000 millones de euros en tres años. Decidirán si es suficiente para empezar a negociar un tercer rescate que frene la salida de Grecia del euro (‘Grexit’). En realidad, el documento está prácticamente calcado de la última oferta que los acreedores hicieron a Tsipras el 26 de junio, que este rechazo y que provocó el referéndum del pasado fin de semana

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Los ministros de Economía de la eurozona celebran este sábado una nueva reunión de emergencia con el fin de evaluar el nuevo plan de ajustes presentado por el primer ministro griego, Alexis Tsipras, que asciende a alrededor de 13.000 millones de euros en tres años, según las primeras estimaciones. Deben decidir si es suficiente para empezar a negociar un tercer rescate para Atenas y frenar así su salida del euro (‘Grexit’).

En realidad, el documento remitido por el Gobierno de izquierda radical de Syriza está prácticamente calcado de la última oferta que los acreedores hicieron a Tsipras el 26 de junio. Una oferta que el primer ministro tachó de humillante y sometió a referéndum pidiendo el ‘no’, que ganó con un 61% de los votos. Ahora Tsipras ignora el resultado de la consulta, capitula y acepta las medidas de austeridad que antes rechazaba.

 

La marcha atrás de Atenas ha aumentado el optimismo sobre las posibilidades de acuerdo en las próximas horas. Pero el Eurogrupo, en particular los países más duros, podría pedir todavía más recortes por el fuerte deterioro económico causado por el cierre de bancos y el corralito y porque Grecia pide ahora 53.500 millones de dinero nuevo.

 

1. En el IVA, Grecia acepta subidas para restaurantes y acabar con el descuento para las islas.

 

En su plan, Atenas se compromete a aumentar sus ingresos por IVA en un 1% del PIB al año, tal y como le pedía la troika. Las nuevas propuestas aceptan que el tipo normal del IVA se fije en el 23%, lo que supone una subida para los restaurantes, que ahora pagan un 13%, o para los alimentos procesados. Habrá un tipo reducido del 13% que se aplicará a alimentos básicos, agua, energía y hoteles (una demanda griega que la troika ya había aceptado) y otro superreducido para medicamentos, libros y teatro.

 

Grecia ha hecho también concesiones en el descuento del 30% que se aplica al IVA en las islas, que se resistía a eliminar por su posible impacto en el turismo. Ahora acepta suprimir progresivamente esta rebaja para finales de 2016, aunque todavía pide que se mantenga para “las islas más remotas”, una excepción que podrían cuestionar los acreedores.

 

2. En pensiones, Atenas sube la edad de jubilación y suprime los complementos para las más bajas

 

También en las pensiones, otra de las líneas rojas para el Gobierno de Syriza, Tsipras realizará finalmente un recorte del gasto de hasta el 0,5% del PIB este año y del 1% a partir de 2016. Atenas se pliega a todas las demandas de los acreedores, aunque pide algo más tiempo para ponerlas en marcha. La edad de jubilación se aumentará progresivamente de 65 a 67 años de aquí a 2022 o a los 62 años para los que hayan cotizado 40 años. Aunque hasta ahora se había resistido ferozmente a suprimir el complemento para las pensiones más bajas (conocido como EKAS), el Gobierno acepta ahora eliminarlo gradualmente de aquí a 2019.

 

El impuesto de sociedades aumentará del 26% al 28%, como querían los acreedores, en lugar de al 29% como había propuesto Tsipras. El Gobierno griego renuncia además a subir las cotizaciones sociales o a aplicar un impuesto extraordinario a los beneficios empresariales superiores a medio millón de euros, medidas que habían disgustado a la troika. No obstante, Atenas sigue resistiéndose a recortar el gasto en defensa. Defiende una reducción de 100 millones de euros este año y 200 millones en 2016, frente a los 400 millones que reclaman los acreedores.

 

3. El Gobierno griego acepta además pedir el tercer rescate

 

A cambio de estos ajustes, el Gobierno de Atenas pide a sus socios de la UE un nuevo rescate por valor de 53.500 millones de euros, a sumar a los dos anteriores que ya totalizan 240.000 millones, para cubrir sus vencimientos de deuda de aquí a 2018. El Gobierno de Syriza -y en particular el ex ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis- sostenía que nunca aceptaría un nuevo rescate para pagar la deuda que implicara un nuevo memorándum con condiciones y con la tutela de la troika.

 

Sin embargo, la decisión de convocar el referéndum y el cierre de los bancos y el corralito vigentes desde el 29 de junio han provocado tal daño en la economía (que podría contraerse un 3% este año, en lugar del crecimiento del 0,5% previsto hasta ahora), que Grecia necesitará más ajustes y más dinero. De hecho, ya circulan cálculos que elevan el precio del tercer rescate a entre 70.000 y 80.000 millones de euros. Una elevada factura que costará asumir en los países del euro por la total desconfianza que existe además hacia el Gobierno de Syriza.

 

4. Atenas no ha obtenido todavía ningún compromiso adicional de alivio de deuda

 

En el texto de sus propuestas remitido al Parlamento griego, el Gobierno pide de nuevo una solución para el problema de su elevada deuda pública, que se sitúa ya en alrededor del 177% del PIB. El alivio de la deuda ha sido la principal reivindicación del Gobierno de Syriza desde su llegada al poder en enero, y cuenta ya con el apoyo expreso de Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Gobierno de Estados Unidos. Incluso el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha dicho que si Atenas presenta un plan creíble, los acreedores deben responder con “medidas relativas a la sostenibilidad de la deuda”.

 

Gracias a ello, la deuda griega ha vuelto al centro de debate, lo que podría facilitar al Gobierno de Syriza la venta de sus recortes a la opinión pública griega pese al ‘no’ en el referéndum. Sin embargo, parece improbable que los acreedores vayan a ofrecer otra cosa que no sea el alargamiento de los plazos para pagar o la reducción de los tipos de interés. Tanto la canciller alemana, Angela Merkel, como su ministro de Economía, Wolfgang Schäuble, han repetido en las últimas horas que no habrá una quita a la deuda helena –es decir, una reducción en su valor nominal, que obligaría a los acreedores a asumir pérdidas- y que el margen para extender los vencimientos es ya muy limitado.

 

De hecho, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y el del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ya ofrecieron hace unas semanas a Tsipras “medidas en materia de deuda” que empezarían a discutirse durante el mes de octubre. Se trataba de reeditar la promesa que ya hizo el Eurogrupo en noviembre de 2012 de aliviar la deuda griega si Atenas cumplía las reformas. Pero el primer ministro griego lo consideró insuficiente, rompió las negociaciones y convocó el referéndum.

 

5. Y aún así la desconfianza persiste y los países más duros podrían pedir más recortes

La capitulación del Gobierno griego ha vuelto a desconcertar a los líderes de la UE y no ha convencido a los países más duros –como Alemania o los bálticos-, que no se creen a Tsipras después de todos los volantazos en los últimos cinco meses de negociaciones. “Uno se pregunta lo rápido que una oruga puede convertirse en mariposa”, ha ironizado el ministro de Finanzas de Eslovaquia, Peter Kazimir. “Parece que tenemos avances con Grecia. Pero no está claro si será suficiente”, ha agregado.

 

 

También la presidenta lituana, Dalia Grybauskaité, ha sugerido que las antiguas propuestas de la troika que Grecia acepta ahora podrían “no ser suficientes” en el actual contexto. Y la primera ministra de Letonia, Laimdota Straujuma, ha avisado de que será difícil que su parlamento apruebe un tercer rescate para Grecia. Desde Alemania se asegura que el resultado del Eurogrupo sobre Grecia está “totalmente abierto”. Aparte del empeoramiento de la situación económica, el otro argumento utilizado para exigir más ajustes a Grecia es que el plan de la troika era para una prórroga de cinco meses del segundo rescate, mientras que ahora Atenas pide dinero nuevo para tres años.

 

En el extremo contrario se sitúa Francia, que ha ayudado al Gobierno de Syriza a redactar su plan de reformas y que ha asumido el liderazgo casi en solitario para evitar el ‘Grexit’ después de que Juncker abandonara al sentirse traicionado por Tsipras. El presidente francés, François Hollande, sostiene que el plan griego es “serio y creíble y muestra una determinación a mantenerse en la eurozona”. También el primer ministro maltés, Joseph Muscat, cree que “sirve de base” para negociar el tercer rescate. Y Dijsselbloem dice que lo que da credibilidad a las propuestas griegas es su amplio apoyo parlamentario, ya que los principales partidos de oposición firmaron el lunes un acuerdo de apoyo a Tsipras para lograr un acuerdo.

 

 

 

Un gran apagón bursátil

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La  Bolsa de Nueva York suspendió todas las cotizaciones por un fallo informático. Shangai ha suspendido a la mitad de sus valores para detener un crash bursátil que dura semanas y ha sembrado el pánico. Grecia decretó un corralito bancario y a la vez cerró su Bolsa

La  Bolsa de Nueva York suspendió todas las cotizaciones por un fallo informático. Shangai ha suspendido a la mitad de sus valores para detener un crash bursátil que dura semanas y ha sembrado el pánico. Grecia decretó un corralito bancario y a la vez cerró su Bolsa

Hay precedentes, pero ninguno tan masivo. Las acciones de varios miles de empresas a la vez han sufrido un accidente bursátil extraordinario: estar suspendidas de negociación durante horas o días. Ha ocurrido durante la última semana en las Bolsas de Atenas (Europa), Nueva York (EEUU) y Shangai (China). Con causas distintas y sin aparente nexo de unión entre ellas, pero el escalofrío para los socios de empresas griegas, chinas y estadounidenses ha sido el mismo al ver ‘congelada’ su inversión.

Los efectos secundarios suelen ser negativos debido a que suponen un golpe de confianza en la bolsa y en su gran virtud: su liquidez. También sobre los derivados financieros que se mueven en función de las acciones e índices. Una suspensión de cotización supone la imposibilidad de comprar, pero también de vender una acción o bono porque no hay nadie al otro lado para actuar de contrapartida. Son cotidianas las interrupciones temporales de una cotización en bolsa cuando un valor tiene exceso de compradores o vendedores y hay que realizar una rápida subasta para ajustar las posiciones. También es común cuando una empresa debe dar a conocer al mercado una información relevante que puede afectar al rumbo de sus acciones.

No es normal cuando hay un evento que obliga a suspender decenas, cientos o miles de valores a la vez. El caso más extremo se produjo el 28 de junio en Grecia. Además de un ‘corralito’ bancario y restricciones a la circulación de capitales, el Gobierno de Alexis Tspiras suspendió la actividad en la Bolsa de Atenas, la principal del país, al mismo tiempo que convocaba un referéndum para el 5 de julio y decretaba una restricción de 60 euros para retiradas en efectivo. Desde entonces, los accionistas de empresas griegas están sin liquidez -al igual que el resto del país- y no pueden vender sus acciones.

El inquietante fallo en Wall Street

Este pasado miércoles 8 de julio ha pasado a la historia del sector bursátil. A las 17,32 horas, el ‘corazón’ de Wall Street dejó de funcionar. La Bolsa de Nueva York (NYSE, por sus siglas en inglés) paró en seco su actividad apenas dos horas después de iniciarse la sesión. No había más cotizaciones brotando en sus pantallas. Enseguida se sucedieron las especulaciones sobre un potencial ataque informático y, de hecho, las acciones de empresas vinculadas a la ciberseguridad comenzaron a subir en otros mercados como el Nasdaq, la otra gran bolsa estadounidense, que permaneció abierta en todo momento y permitió redirigir la actividad bursátil allí.

Según el NYSE, propiedad del Intercontinental Exchange (ICE), el suceso se debió a un fallo interno de su plataforma tras una actualización de software el día anterior. Tanto la SEC (el supervisor bursátil equivalente a la CNMV española) como el FBI y la Casa Blanca se fueron interesando por la incidencia conforme pasaba el tiempo y las cotizaciones seguían sin reanudarse.

La posibilidad de un ataque informático sobre la mayor bolsa del mundo fue desmentida desde todas las instancias oficiales. El ‘sistema’ tardó cerca de 4 horas en volver en los que tuvo en jaque que valen más de 16 Billones de dólares y sobre las que negocia diariamente más de 150.000 millones en compraventas de acciones. La buena noticia es que el error no ha tenido mayor trascendencia y ha puesto de relieve la diversificación de las bolsas estadounidenses. Mientras el NYSE permanecía cerrado, Nasdaq y las plataformas alternativas Chi-X y BATS absorbieron su negociación.

El crash chino, prohibido vender

Pero con lo ocurrido justo ayer en Wall Street llueve sobre mojado. Al otro lado del Pacífico, la Bolsa de Shangai sufre un crash bursátil que le ha llevado a perder el 35% de su valor (3 Billones de dólares) desde el pasado 12 de junio, aunque este jueves recuperó un 5%. Eso sí, el mercado viene de subir más del 150% en apenas 12 meses.

El Gobierno chino ha tomado cartas en el asunto para estabilizar su principal bolsa y ha optado por ordenar al regulador bursátil del país que suspenda cotizaciones a voluntad, mientras implementa una serie de medidas encaminadas a calmar los ánimos vendedores. Entre ellas, un fondo de estabilidad bursátil de 19.000 millones de dólares orquestado por un grupo de brókers y el permiso a los fondos de aseguradoras para que inviertan hasta un 10% de sus activos en bolsa.

La prohibición de venta no ha hecho sino retroalimentar el pánico entre los ahorradores chinos y las ventas forzadas entre aquellos que habían invertido a crédito, una práctica extendida en el mercado de aquel país. De nuevo, el golpe sobre la confianza en la liquidez bursátil ha sido peor que la enfermedad. Desde el lunes, más de 1.300 empresas han sido ‘congeladas’ en bolsa con un valor conjunto de 3,5 Billones de dólares.