Más de 100 empleados públicos españoles usaron Ashley Madison desde su puesto de trabajo

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Las direcciones filtradas pertenecen a organismos como el Ministerio del Interior, el Ministerio de Defensa, el Senado o el Consejo de Seguridad Nacional. Decenas de empleados de comunidades autónomas, diputaciones y ayuntamientos se registraron en el portal de contactos desde la administración.

  • Las direcciones filtradas pertenecen a organismos como el Ministerio del Interior, Ministerio de Defensa, el Consejo de Seguridad Nacional y el Senado
  • Decenas de empleados de comunidades autónomas, diputaciones y ayuntamientos se registraron en el portal de contactos desde la administración

Más de 100 funcionarios y empleados públicos españoles utilizaron recursos del Estado para registrarse en Ashley Madison. Este colectivo utilizó una dirección de correo electrónico oficial y la conexión a Internet de la institución pública en la que trabajan para darse de alta en el sitio de contactos. Así lo revela el análisis pormenorizado de la base de datos de 10 gigabytes filtrada por el grupo The Impact Team con la información de cerca de 37 millones de usuarios registrados en todo el mundo.

La Unidad de Datos de EL ESPAÑOL ha hecho un análisis detallado de las direcciones de correo oficiales asociadas a dominios “.es” y “.cat” para comprobar el uso que se ha hecho de Ashley Madison desde empresas, organismos e instituciones de titularidad pública a nivel estatal, autonómico y local.

Esta página web de contactos no verifica las direcciones de correo electrónico que registran sus usuarios. Pero el análisis de cada cuenta junto con la dirección IP gubernamental que se utilizó en el proceso de alta permite conocer el uso realizado desde las instituciones públicas. Una IP es un conjunto de números que identifica a nivel global cualquier dispositivo conectado a Internet de manera única. Sin tener en consideración esta verificación de la IP, el número de cuentas de correo asociadas a instituciones públicas españolas registradas en Ashley Madison eleva las inscripciones hasta más de 600 perfiles.

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Hay al menos 40 instituciones desde donde se registraron empleados y funcionarios públicos con un correo electrónico oficial y utilizando la conexión a Internet de la administración correspondiente.  En esa lista hay nueve ministerios, nueve comunidades autónomas, cinco diputaciones, más de una docena de ayuntamientos y nueve empresas con una participación pública superior al 50%. Cerca del 95% de los perfiles asociados a estas cuentas dicen ser hombres.

También aparecen otros organismos estratégicos. El Consejo de Seguridad Nacional, creado por Rajoy el 2013 como máximo órgano gestor de la seguridad del Estado, cuenta con cinco perfiles registrados a través de una IP asociada a este organismo. Entre ellos, uno asociado a un correo del Consejo de Seguridad Nuclear, el organismo encargado de velar por la seguridad de las centrales nucleares españolas.

La institución del Defensor del Pueblo, los Puertos del Estado o el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) también están presentes en esta lista. Algunos de sus miembros aparecen registrados en la base de datos de Ashley Madison con su cuenta de correo electrónico y desde la IP de la institución. 

EL ESPAÑOL ha decidido no publicar los datos personales ni cualquier otra información de los empleados y funcionarios públicos por respeto a su intimidad.

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El Ministerio de Defensa es uno de los organismos del Estado con mayor número de usuarios registrados en Ashley Madison con casi una veintena de perfiles. Existen cuentas asociadas a correos electrónicos de los tres ejércitos y de la operativa del propio ministerio que utilizaron su dirección y la conexión de Defensa para este fin. Le sigue el Ministerio de Interior con conexiones desde diferentes departamentos, entre los que destaca la Dirección General de la Policía. Los demás ministerios desde los que se han registrado perfiles en la página de contactos son Empleo, Sanidad, Agricultura, Hacienda, Justicia, Fomento e Industria. Hasta 33 perfiles fueron creados por personal que utilizó los recursos públicos facilitados por estos organismos.

A nivel autonómico destacan la Junta de Andalucía y la Generalitat valenciana con más de una decena de cuentas seguidas de las comunidades de Murcia, Aragón, Navarra, Galicia, Cataluña, Madrid y Ceuta. También destacan ayuntamientos como Madrid, Barcelona, La Coruña o Badajoz así como las diputaciones de provincias como Granada o Valencia. El tipo de tarea que desempeñan algunas de estas personas en sus respectivas administraciones es muy variado. Hay directores de área o departamento pero también funcionarios auxiliares.

En la base de datos filtrada no sólo encontramos organismos oficiales como ministerios o ayuntamientos. También hay una decena de cuentas registradas bajo correos oficiales de empresas públicas como RTVE, Renfe y Adif. Estos perfiles se registraron en Ashley Madison desde la conexión a Internet de la institución y utilizando el correo electrónico del trabajo.

Ligando desde el trabajo

Además del centenar que usaron la red y correo corporativo de un organismo público, al menos 2.600 perfiles de Ashley Madison se han registrado en la página web utilizando otras cuentas de correos desde la conexión a Internet de la institución pública a la que pertenecen.

EL ESPAÑOL ha realizado un ejercicio de búsqueda inversa para localizar en la base de datos filtrada por el grupo The Impact Team los rangos de direcciones de conexión a Internet (IP) de una gran parte de las instituciones públicas españolas. De esta forma, se ha localizado a usuarios que hicieron el proceso de registro en Ashley Madison con direcciones de correo personales (Gmail o Hotmail) pero desde la red de la administración.

Esta cifra no incluye todos los altos cargos, funcionarios o empleados públicos que utilizaron su puesto de trabajo en la administración para navegar por la web de contactos pero permite mostrar una estimación aproximada.

En este grupo de usuarios destacan cerca de 600 perfiles asociados en el proceso de alta a una dirección IP de la Junta de Andalucía, unos 500 perfiles desde la Generalitat catalana, cerca de 300 desde la red de la Generalitat valenciana y unos 130 desde la Comunidad de Madrid. Le siguen 150 perfiles que se conectaron desde la Xunta de Galicia y el mismo número desde el Ministerio de Defensa. Otros ministerios con perfiles registrados desde sus redes son Educación, Sanidad y Agricultura.

El análisis también revela que cerca de 50 usuarios se registraron en Ashley Madison desde direcciones IP que pertenecen a la Dirección General de la Policía. Hay 70 perfiles asociados al Ayuntamiento de Madrid, 34 del Ayuntamiento de Barcelona, 13 perfiles desde el Congreso, 10 desde el Senado y cuatro desde el Consejo del Poder Judicial, entre otros organismos e instituciones.

Políticos con perfiles falsos

Entre las direcciones de correo filtradas por The Impact Team se encuentran algunas de políticos españoles.

Un análisis elaborado por EL ESPAÑOL revela que se trata de una usurpación de sus cuentas oficiales aprovechando que Ashley Madison no dispone de un mecanismo de verificación del correo. Este hecho ha posibilitado que en los últimos días algunas de estas cuentas hayan aparecido en redes sociales como si fueran legítimas.

Entre las más destacadas aparecen cinco cuentas de diputados del Congreso registradas desde Argentina y Perú así como perfiles que se inscribieron simulando una posible cuenta en La Moncloa de los tres últimos presidentes del gobierno: José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

Entre la fe, los negocios y la política

cotinodibujo1Desde muy pronto, Juan Cotino sintió tres vocaciones: la religiosa, la política y la empresarial. La primera le llevó a matrimoniarse con el Opus Dei; la segunda, a estrenarse con 29 años como concejal de su pueblo; la tercera, a hacerse cargo de los negocios familiares, que fueron diversificándose a medida que escalaba en política. La certeza de que iba a ser imputado es lo que le llevó, el pasado otoño, a jubilarse como presidente de las Cortes Valencianas. Una jubilación poco decorosa a escasos meses de cumplir 65 años.

Ilustración: Tomás Serrano

Nunca se ha tenido por un político profesional, pese a que en los casi veinticinco últimos años ésa ha sido su principal actividad. Tampoco considera que haya hecho nada irregular, aunque su nombre aparece en varios sumarios de corrupción y ha acabado siendo arrastrado por el caso Gürtel. La certeza de que iba a ser imputado es lo que le llevó a jubilarse prematuramente como presidente de las Cortes Valencianas el otoño pasado, cuando quedaban sólo ocho meses para que se agotara la legislatura y tres para que cumpliera los 65 años. Un broche poco decoroso para una larga carrera política.

Desde muy pronto, Juan Cotino sintió tres vocaciones: la religiosa, la política y la empresarial. La primera le llevó a matrimoniarse con el Opus Dei, del que continúa siendo miembro activo; la segunda, a estrenarse con 29 años como concejal de su pueblo, en representación de la UCD de Adolfo Suárez; la tercera, a hacerse cargo de los negocios familiares, que fueron diversificándose a medida que escalaba en política, y de ellos el que más le sigue atrayendo es la agricultura.

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Ilustración: Tomás Serrano

Cotino jamás ha olvidado sus orígenes huertanos. Es un hombre feliz cuando se sube al tractor y recorre sus campos; otrora de naranjos, hoy de caquis. De ahí le viene un carácter llano y afable que le hace ser percibido como alguien cercano. La vieja casa familiar, su alquería de Xirivella, es su refugio y su orgullo. Es habitual verlo en el porche, ejerciendo de anfitrión, mientras cocina a leña una paella o un arroz caldoso para sus invitados. Esa casa ha sido centro de conciliábulos desde principios de los años 90, y en ella ha apadrinado a algunos de los políticos que han hecho carrera en el PP.

 

Ha sido Cotino la persona más cercana al defenestrado Francisco Camps en los últimos tiempos. Le apoyó, al principio, para que derrotase a los seguidores de Eduardo Zaplana y pudiera tener el control absoluto de la organización. Y al final, tras estallar el caso de los trajes, se volcó para que llegara entero al banquillo. Él mismo lo llevó en coche hasta la puerta del Tribunal en la primera sesión del juicio, con el propósito de insuflarle ánimo y que no se derrumbara. Ese apoyo le legitimó, ante un sector del partido, para gestionar los resortes del poder que hasta entonces había manejado Camps. Premeditado o no, se convirtió así en uno de sus herederos frente a alguien que, como Alberto Fabra, había sido impuesto por la dirección nacional para hacer borrón y cuenta nueva.

Entró de lleno en política en 1991 al ser designado por Rita Barberá concejal de Policía y Servicios Sociales del Ayuntamiento de Valencia. Era la primera vez que una concejalía unificaba las competencias en materia de seguridad y de ayuda a los desfavorecidos, lo cual habla mucho de la personalidad de Cotino: un hombre conservador, amante del orden, y una persona caritativa, benefactora, con una idea probablemente trasnochada de lo que debe ser ayudar a los demás. En su etapa de concejal y también de conseller del Gobierno valenciano se le ha visto al volante de una furgoneta repartiendo alimentos en asilos y comedores sociales regentados por órdenes religiosas.

Jefe de la Policía con tres ministros

Fue él quien implantó en Valencia la “Policía de barrio” con la idea de que los ciudadanos debían de conocer al agente que prestaba servicio en su calle de la misma manera que conocían a su médico de cabecera. Eso, y la amistad fraguada con Jaime Mayor Oreja cuando ambos coincidieron en el Partido Demócrata Popular antes de integrarse en el PP, le abrieron el camino para ser nombrado director general de la Policía por el primer Gobierno de Aznar. Cotino ha manifestado que ese año, 1996, dejó de ocupar cargos en el consejo de administración de la empresa familiar y vendió la mayoría de sus acciones. Del resto, asegura que se deshizo en 2007, cuando fue nombrado conseller de Bienestar Social.

Estuvo seis años en Madrid con tres ministros del Interior: Mayor, Rajoy y Acebes. Él mismo solicitó en varias ocasiones que le dejaran volver a Valencia porque quería cuidar de su madre, enferma. Lo nombraron delegado del Gobierno. El cargo le iba como anillo al dedo, pero la derrota del PP en las generales de 2004 forzó su relevo. Fue entonces cuando Camps lo reclamó para el Gobierno valenciano, donde acabó ocupando sucesivamente las carteras de Agricultura, Bienestar Social y Medio Ambiente. Llegó a ser vicepresidente antes de pasar, ya en 2011, a presidir el Parlamento autonómico; el más desprestigiado de la historia, tras haber albergado a una decena de imputados en sus bancos. La acumulación de poder le dio la oportunidad de repartir cargos entre las personas de su entorno y su mano se adivina tras la confección de varias candidaturas de municipios del área metropolitana de Valencia, el territorio que mejor conoce y domina.

La condición de máximo referente del sector cristiano del PP lo convirtió en una de las piezas de caza favoritas para la izquierda, hubiera o no razón para ello. Pero la oposición era incapaz no ya de acabar con la hegemonía, sino de hacer mella siquiera en un partido que parecía eternizarse en el poder. Seguramente fue esa sensación de impunidad, el sentirse intocables, lo que llevó a algunos a confundir la Administración con una finca particular.

La estrella de Cotino empezó a declinar cuando su nombre apareció salpicando las páginas de varios sumarios judiciales, desde Brugal, a Gürtel, pasando por el caso Bárcenas; la prueba, para la oposición, de que él era el denominador común de la corrupción en la Comunidad Valenciana. Ruz le llamó a declarar como testigo porque su nombre estaba en las notas de Bárcenas. Según el ex tesorero del PP, el 11 de marzo de 2004, día de los atentados islamistas en Madrid, había acudido a la sede del partido en la calle Génova para entregar 200.000 euros en nombre de una empresa administrada por su sobrino. Cotino lo negó tajantemente. Su sobrino Vicente está imputado.

Las residencias de la tercera edad

La denuncia de Esquerra Unida por las adjudicaciones de la Generalitat valenciana a residencias de la tercera edad que gestiona Sedesa, sociedad de la familia de Cotino, llevó a la Fiscalía a abrir una investigación. El político, que no ha sido imputado por ahora, ha defendido su proceder en este asunto. Alega que vendió en su momento las acciones que tenía y que nunca benefició a la empresa.

El último disgusto en el ámbito judicial se lo llevó el pasado mes de abril, cuando la Fiscalía denunció que Bancaja, en la época en la que estaba controlada por el PP, concedió irregularmente créditos por valor de 35 millones de euros a Share Capital, otra sociedad vinculada a su familia, para comprar inmuebles en Europa del Este.

Entre tanto, han ido haciéndose públicas grabaciones incluidas en los sumarios judiciales en las que se traslada una imagen de Cotino como contacto privilegiado para desbloquear o conseguir contrataciones de la Administración. En una de ellas se escucha a Vicente Cotino asegurar con rotundidad a su interlocutor que su tío mediaría a la hora de lograr favores. El propio Cotino ha tenido que salir a defenderse: “He metido la pata en muchas cosas pero nunca he metido la mano”.

Con todo, han sido dos los casos que han martirizado especialmente a Juan Cotino. El primero tiene que ver con el amaño de los contratos para retransmitir la visita que Benedicto XVI hizo a Valencia en 2006. Aunque es cierto que él no tenía competencias ni en la organización del viaje del Pontífice ni en las contrataciones efectuadas al efecto, hay testigos que confirman que participó en las reuniones clave y que era la persona que “llevaba la batuta”. Más aún: según la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía, Cotino, que siempre ha dicho que se limitó a ser un “voluntario más”, era en realidad el “elemento nuclear” y la persona que “tomaba las decisiones políticas”. El juez lo imputó en noviembre.

El accidente del metro de Valencia

Para Cotino, el otro asunto más doloroso ha sido la acusación de algunas de las víctimas del accidente del metro de Valencia, el fatídico descarrilamiento ocurrido en 2006 en el que murieron 43 personas. Se le ha echado en cara que intentara convencer a los familiares de que desistieran de acudir a los tribunales ofreciéndoles a cambio ayuda económica y puestos de trabajo. Cotino, que era conseller de Agricultura en aquel momento, ha defendido que se limitó a tratar de consolar a las víctimas y a sus familiares en medio de la tragedia, y que ofreció cosas como “un cambio de escolarización de un niño, cuestiones de tipo laboral, de acceso a vivienda o el ingreso en alguna residencia de una persona mayor”, pero siempre llevado por un sentimiento de solidaridad y jamás con la idea de comprar su silencio.

 

 

 

La prueba de que este episodio le dejó completamente noqueado quedó reflejada en su comportamiento ante las cámaras de Salvados, cuando Jordi Évole intentó arrancarle unas valoraciones y fue incapaz de dar la cara, escabullándose en una actitud impropia de un responsable público.

 

 

 

Cotino ha cambiado. Se ha dejado barba, al estilo de Jaime Mayor Oreja, que luce, como éste, completamente blanca. Ha adelgazado, parece que por salud. Dicen que conserva su espíritu jovial, el mismo que le llevó a meter una vaca en una edificio de la Generalitat para protestar contra la política agrícola y ganadera en tiempos del socialista Joan Lerma, o, más recientemente, a colocar bien visible, sobre su mesa de las Cortes, un crucifijo para que presidiese la constitución del Parlamento valenciano, a sabiendas de cómo soliviantaría a la oposición.

Quienes lo conocen ponen la mano en el fuego por él. Aseguran que hasta hoy no ha sido acusado de desviar dinero en su beneficio. Pero si se demuestra que utilizó como testaferros a su hermano y a su sobrino para ocultar fondos de inversión, su imagen quedaría muy tocada. “Nada desear, nada pedir, nada rehusar”, es la máxima de san Francisco de Sales que, según ha confesado, ha intentado que fuera su guía. Pero aquí, la última palabra, la tienen los jueces.

El duelo de la estrella y el superviviente

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Mónica Oltra, de Compromís, y Ximo Puig, del PSOE, son los candidatos de los principales partidos de la izquierda valenciana y, junto a Podemos, tienen votos suficientes para descabalgar al PP. Todo el mundo da por supuesto que serán capaces de llegar a un acuerdo. Pero los reproches entre ambos no cesan.

TAMBIÉN EN EL ESPAÑOL: Por qué Rita Barberá perdió la alcaldía de Valencia

Captura de pantalla 2015-05-30 a las 20.19.50Cuando el lunes Mónica Oltra, de Compromís, y Ximo Puig, del PSOE, se sienten por fin en la misma mesa, lo harán después de una semana de mutuos enfrentamientos y reproches en público. Son los candidatos de los principales partidos de la izquierda valenciana y, junto a Podemos, tienen votos suficientes para descabalgar al PP. Todo el mundo da por supuesto que serán capaces de llegar a un acuerdo. Pero en los días siguientes a las elecciones tanto Oltra como Puig han utilizado todos los micrófonos a su alcance para disputarse el puesto de presidente de la Generalitat.

La reunión a la que ambos están convocados será “exploratoria” y ha sido convocada por Podemos de la Comunidad Valenciana. La formación hace valer así su posición de necesaria bisagra en las negociaciones. Tiene 13 diputados, que formarían una mayoría absoluta de 55 escaños junto a los 23 del PSOE y los 19 de Compromís. Por eso, Antonio Montiel, su líder, es el único hombre capaz de decidir el desempate. No obstante, Montiel deja pasar los días sin definir si apoya a Oltra o a Puig como presidente.

La única referencia es la reciente declaración de Pablo Iglesias, líder nacional de Podemos, que el pasado martes se felicitó por la victoria de Compromís.  El gesto pareció un apoyo a Oltra frente a Puig. Pero esto podría ser sólo una medida de presión en la negociación estatal que Iglesias debe mantener con Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, y en la que están en juego plazas tan importantes como la Junta de Andalucía o los ayuntamientos de Madrid y Barcelona.

Para terminar de complicar la situación, hay que añadir los pactos pendientes en los municipios de la comunidad autónoma. El más importante, Valencia, depende también de un acuerdo entre Compromís y PSOE. En este caso, la lista más votada ha sido la de la coalición de izquierda nacionalista, pero necesita el apoyo de los socialistas y de Valencia en Comú, la marca apadrinada por Podemos, para lograr una mayoría absoluta y sacar a Rita Barberá de la alcaldía.

Esta es una de las bazas de Puig para conseguir que Oltra ceda y le permita ser presidente. La otra es su amenaza de formar gobierno junto a Ciudadanos (13 diputados) y prescindir de Compromís, aunque sería un ejecutivo muy frágil porque juntos no alcanzan la mayoría absoluta. Todo debe decidirse antes del 11 de junio, fecha en la que deberán constituirse los ayuntamientos y también Las Cortes Valencianas.

En este compás de espera, la discusión entre Puig y Oltra no remite. El primero defiende su derecho a ocupar la Generalitat porque la suya es la lista más votada: tiene cuatro escaños, 2,11 puntos porcentuales y 52.532 votos más que Compromís. “Lo lógico es que se llegue a acuerdos desde la perspectiva aritmética de los escaños”, afirma.  Para la segunda, la diferencia de votos entre los dos partidos es “casi empate técnico“. También explica que hay “más fuerzas”, en una clara alusión al apoyo que podría recibir de Podemos. Además, no deja pasar la oportunidad de meter a Puig en el saco de los que llevan “40 años en la política” y de los que practican una “vieja” manera de ejercerla.

Puig, el superviviente

Ximo Puig resumió su estado de ánimo el pasado miércoles, cuando pidió que se respete su derecho a ser presidente “sin marear más de lo necesario”. La frase adquiere pleno significado cuando se atiende a su trayectoria política, en la que ha necesitado muchos mareos para llegar a ser líder del PSPV, la marca del PSOE en la Comunidad Valenciana. Puig tiene 56 años y lleva desde los 24 años metido en política. En todo este tiempo, ha tenido que emplearse a fondo contra sus rivales políticos y, sobre todo, contra sus enemigos internos en el partido.

Puig nació en Els Ports, una comarca montañosa del norte de Castellón, hecha de pueblos pequeños que a veces no llegan al centenar de habitantes. Su municipio, Morella, es la capital de la zona. Él consiguió ser el alcalde en 1995 y después de 12 años como concejal. En ese año se convirtió también en el portavoz de la oposición del PSOE en la Diputación provincial. Allí, tuvo que pelear contra su presidente, Carlos Fabra, encarcelado desde el pasado diciembre y símbolo de la corrupción del PP valenciano.

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Por aquel entonces, Fabra ya practicaba un estilo de gobierno autoritario y caciquil. Puig le plantó cara y, según sus colaboradores cercanos en aquellos años, obtuvo a cambio amenazas en el cuerpo a cuerpo de los pasillos de la institución. El presidente también redujo al mínimo las retribuciones a los diputados de la oposición mientras subía las de los miembros de su partido, según las mismas fuentes. Y recortó las subvenciones para Morella, lo que provocó una suerte de reacción nacionalista en el pueblo, que cerró filas en torno a su alcalde. Puig mantuvo la alcaldía hasta 2012, cuando la dejó para liderar el PSPV.

Pero la mayor batalla del candidato socialista no fue la que libró contra el PP, sino la que vivió dentro de su propio partido. En el PSPV la guerra entre familias es legendaria. Es una estructura informal y soterrada, pero más válida y poderosa que los órganos de gobierno que salen de los congresos del partido. Los adversarios internos de Puig lo califican de “lermista”. Es una denominación despectiva para los que fueron colaboradores de Joan Lerma, el presidente socialista de la Generalitat Valenciana desde 1982 hasta 1995.

La etiqueta consigue alterar el carácter apacible y cercano de Puig, que se revuelve como una fiera cuando algún periodista se la nombra: “El lermismo no existe, es mentira”, afirmó por enésima vez en una entrevista reciente. Sin embargo, sus adversarios en el partido tienen otra opinión. “Puig ha llegado al poder después de muchos años intentándolo porque los lermistas se protegen mucho entre ellos. Él sigue con la misma dinámica, porque ha reservado los puestos importantes de dirección para miembros de la misma familia”, afirma uno de los rivales internos del líder, que prefiere mantener su anonimato.

Sea por la guerra entre familias o por un sano ejercicio de democracia interna, el hecho es que a Puig le ha costado mucho tiempo y esfuerzo llegar al liderazgo del PSPV. Se presentó al congreso de 2008 y perdió frente a Jorge Alarte, un alcalde joven y hasta entonces desconocido que consiguió aglutinar en torno a sí el rechazo de gran parte del partido al llamado lermismo. Pero Alarte no consiguió transformar la crisis económica y la corrupción del PP en votos para los socialistas, y perdió estrepitosamente las elecciones autonómicas de 2011: obtuvo el 27,59% de los votos, por debajo de la barrera psicológica del 30%. Puig tuvo la oportunidad de volver a aspirar al liderazgo y, esta vez sí, se convirtió en secretario general del PSPV en 2012.

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Todos esos sinsabores debieron de pasar por la mente de Ximo Puig en la noche del 24 de mayo, cuando con un resultado todavía peor que el de Alarte, vio ante sí la posibilidad de gobernar, por fin, la Generalitat Valenciana. La euforia se apoderó de la sede socialista, que se llenó de camisetas con el lema ‘Ximo Puig president’. Él mismo dio por supuesto en ese momento que así sería: “Los valencianos han votado cambio y han decidido que ese cambio lo lidere el partido socialista”. Para su sorpresa, pocas horas después se topó con una persona que no compartía esa opinión, y que es todavía más obstinada que él en la tarea de conseguir el poder.

Mónica Oltra, la estrella

“Aquí todo el mundo se tiene que bajar un poco el ego, bajar del burro”. Es uno de los jarros de agua fría que Oltra ha vertido estos días sobre las aspiraciones presidencialistas de Puig. La candidata de Compromís ha dejado claro que ser presidenta no es una exigencia imprescindible para llegar un acuerdo y que lo importante es que haya sintonía en el programa de gobierno. Pero también ha dicho que la coalición que lidera tiene “la valentía” de aspirar a ese puesto. Y se ha reivindicado como la novedad, citando incluso al nombre que más evitan recordar los propios socialistas: “Estoy segura de que vamos a hacer políticas totalmente diferentes a las que hizo Zapatero”.

Oltra incluso ve los resultados de las elecciones como un punto a su favor. Afirma que el PSPV ha perdido un tercio de los votos y que su formación, sin embargo, ha triplicado su número de escaños. “Me presenté para ser presidenta y el resultado acompaña”, afirma.

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Todas estas declaraciones son acompañadas por un clamor popular y mediático a su favor. En los últimos días, una iniciativa en Facebook y otra en Change.org han pedido que sea ella, no Puig, la presidenta de la Generalitat. Varios medios de comunicación la han encumbrado como una de las tres mujeres que simbolizan el cambio político en España, junto a Manuela Carmena y Ada Colau. Y la atención que despierta su figura se traduce en numerosas entrevistas en periódicos, radios y televisiones nacionales.

La seducción que ejerce Mónica Oltra sobre los medios de comunicación es tan evidente como justificada. Responde a una innegable valentía para enfrentarse a los poderosos que ha demostrado incluso en los momentos en los que la derecha tenía el apoyo de los votantes y también la aquiescencia de la mayoría de los medios de comunicación autonómicos. Para ello, ha usado una excelente oratoria entre otros recursos menos habituales. Se hizo famosa en 2009 cuando subió a la tribuna de Las Cortes Valencianas con una camiseta con el lema Wanted, only alive (“Se busca, sólo vivo”) y la foto de Francisco Camps.

Fue la denuncia más eficaz de la falta de explicaciones del presidente valenciano, que por aquel entonces estaba imputado en el caso Gürtel pero se permitía faltar a las sesiones de control parlamentario. Camps también pasó años sin aceptar ninguna pregunta de la prensa. Cuando algún periodista se atrevía a acercarle un micrófono, el presidente optaba por no contestar o por responder con una larga perorata que no tenía nada que ver con la cuestión planteada.

Fue en ese ambiente en el que Oltra tuvo más coraje que ningún otro miembro de la oposición. Y el PP se lo hizo pagar con una hostilidad creciente. Cada vez que terminaba una de sus intervenciones recibía insultos a gritos desde la bancada de los conservadores (“mona”, llegaron a decirle una vez). La expulsaron del pleno en varias ocasiones. Fue la única política a la que juzgaron por un acto de resistencia ciudadana a la policía en el barrio del Cabanyal a pesar de que había otros diputados presentes.

La mayor venganza, sin embargo, fue la de Juan Cotino, entonces presidente de Las Cortes y hoy imputado por, presuntamente, haber desviado fondos en la visita del Papa a Valencia en 2006. Cotino le dijo desde la tribuna que posiblemente ella no conocía a su padre. Así  demostró que conocía la historia de la familia de la diputada.  Sus padres eran comunistas y él, separado. Así que tuvieron que emigrar a Alemania para vivir juntos. Allí nacieron Oltra y su hermano, que no pudieron adoptar el apellido paterno hasta que llegó la democracia a España. Ella siempre estuvo convencida de que Cotino había conocido todos esos datos gracias a un cargo anterior: el de director general de la Policía Nacional.

Oltra siempre recibió estos ataques con entereza, pero nunca escondió su fragilidad. Su espontaneidad ha sido otro de los rasgos con los que ha conseguido enamorar a gran parte de la opinión pública. No dudó en reconocer que se sentía “mal” cuando atacaba a Camps pese a que creía que era su obligación. O que su valentía en la tribuna tenía un coste personal cuando se quedaba sola: “A veces he llorado en el despacho. Una vez volví a fumar y todo. Pero siempre me repongo”. Todo esto le ha valido el puesto en los sondeos como política mejor valorada.

No obstante, tiene también muchos críticos e, incluso, detractores. Se los granjeó en 2007, cuando militaba en IU. La formación entró en Las Cortes Valencianas por un pacto con el Bloc Nacionalista Valencià. Oltra llegó a un acuerdo con los diputados del Bloc para  ser ella la portavoz del grupo parlamentario en sustitución de la portavoz de su propio partido. Como resultado, fue expulsada de la formación de izquierdas.

Fundó entonces una nueva fuerza política, Iniciativa del Poble Valencià, sin abandonar el escaño que había ganado gracias a IU. Como consecuencia, sus excompañeros de partido tuvieron que exiliarse al grupo mixto. Mientras, ella iniciaba su aproximación al Bloc, que culminó en la formalización de la coalición Compromís con la que ahora aspira a gobernar la Generalitat.

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Oltra también ha conseguido convertirse en la líder incontestada de su nueva formación, a pesar de que los militantes del Bloc son mayoría. En la actualidad son casi el 70%, pero en el origen de la formación su peso era todavía mayor. No obstante, han aceptado que Oltra los represente. Esto, aunque por el camino se desdibuje la razón de ser del Bloc: el nacionalismo. “No soy nacionalista, ¿se nota mucho?”, llegó a reconocer ante Ferran Torrent, conocido escritor valenciano que escribió un libro sobre ella.Una carencia que el Bloc ha aceptado porque, según fuentes internas del partido, sus miembros saben que es la única capaz de llevarlos a la victoria.

Hasta que ella llegó, el partido no era capaz en solitario de superar la barrera del 5% de los votos y alcanzar una representación parlamentaria. Fue, como se puede leer en el libro de Torrent, “como si la política valencianista hubiera estado necesitada de un Dios, en este caso una Madre de Dios, que  nos rescatara del anonimato para devolvernos a un país de esperanza”.

Ahora, Oltra parece estar intentando una maniobra parecida. Aspira a formar un gobierno de coalición con el PSOE, un partido que tiene más votos que el suyo. Pero sugiere que los socialistas acepten que ella sea la presidenta. Es poco probable que lo consiga, aunque nadie niega en la Comunidad Valenciana que Oltra tiene más carisma y capacidad de arrastre que Puig.

En cualquier caso, los dos tienen que elegir entre cooperar para hacer política de izquierda, o enfrentarse en una guerra de egos. Es conveniente para sus propios intereses que apuesten rápido por la primera opción porque, citando por última vez a Torrent, “el personal està fart i fotut, no està, diguem-ho clar, per a hòsties” (“el personal está harto y jodido; no está, digámoslo claro, para hostias”).

(Fotos: Compromís y PSPV-PSOE)

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