Un año después, ni rastro de los cabeza de lista en la Eurocámara

Pleno del Parlamento Europeo

Un año después de las elecciones europeas es prácticamente imposible encontrar en sus puestos a los candidatos que encabezaron las listas en España. La Eurocámara ha servido como primer eco de la convulsión del sistema político español. Sólo uno de los líderes de partidos que lograron más de dos diputados continúa al frente de su formación, y por poco tiempo. Se llama Pablo Iglesias.

Un año después de las elecciones europeas es prácticamente imposible encontrar en sus puestos a los candidatos que encabezaron las listas en España. La Eurocámara ha servido como primer eco de la convulsión del sistema político español. Sólo uno de los líderes de partidos que lograron más de dos diputados continúa al frente de su formación, y por poco tiempo. Se llama Pablo Iglesias.

Los cambios se asumen con naturalidad en los pasillos de Estrasburgo, donde conviven políticos en el inicio o el ocaso de su carrera junto a pesos pesados en horas bajas. La Eurocámara diluye en los trabajos del día a día las intrigas nacionales. Los pactos de toda naturaleza son habituales en el pleno de la institución, que esta semana celebra los 30 años de la firma del tratado por el que España selló su entrada en la Unión Europea.

Esta es la lista de cambios menos de 12 meses después de que comenzara la legislatura, que dura cinco años:

PP: Cañete a la Comisión. No sin intrigas (y cuñados atragantados), el cabeza de lista del PP se convirtió en comisario de Energía y Acción Climática, abandonando el liderazgo de los 16 diputados del partido. Le sucedió su número dos, Esteban González Pons, que asegura estar encantado con su desembarco europeo. Aunque suena para volver y ayudar a un PP en horas bajas, él se autodescarta. Por el momento.

PSOE: Valenciano, una diputada más. De ser la todopoderosa número dos del PSOE, Elena Valenciano pasó en poco tiempo a ser una diputada más. La derrota del PSOE (muy relativizada con el paso del tiempo) aceleró la marcha de Alfredo Pérez Rubalcaba. Pedro Sánchez escogió para liderar el PSOE en Bruselas a Iratxe García, otra veterana eurodiputada. Valenciano tardó en asumirlo, pero ahora disfruta dedicándose a la política exterior y a la presidencia de la comisión de derechos humanos.

IU: Willy Meyer no llegó ni a tomar posesión. En junio se descubrió que Willy Meyer, eurodiputado durante una década, había participado en un plan de pensiones privado gestionado por una SICAV en Luxemburgo. Se fue y lo sucedió Marina Albiol como jefa de unas filas donde también están Javier Couso, Paloma López y Ángela Vallina. En el grupo se vive la división del partido: Couso y Albiol tienen simpatías por Alberto Garzón, Vallina y López por la IU más tradicional.

Podemos: Tic-tac para la marcha de Pablo Iglesias. El líder de Podemos asiste regularmente a los plenos pero por poco tiempo, ya que con toda probabilidad será el cabeza de lista a las generales. Podemos tuvo cinco diputados: Carlos Jiménez Villarejo no volvió tras el verano. Teresa Rodríguez y Pablo Echenique se fueron para presentarse en Andalucía y Aragón. Sólo una de las iniciales resiste junto a Iglesias: Lola Sánchez.

UPyD: La marcha de Sosa Wagner y la implosión del partido. UPyD tuvo en Europa su primer foco de rebelión. El candidato, Francisco Sosa Wagner, abandonó su escaño criticando amargamente a Rosa Díez y la dirección. Después dejarían el grupo (no el escaño) dos de los cuatro miembros de la delegación, más próximos a Ciudadanos: Fernando Maura y el recién llegado Enrique Calvet. Resisten Beatriz Becerra y Maite Pagazaurtundua.

Ciudadanos y Esquerra Republicana mantiene a sus dos diputados. Los demás (PNV, Convergencia, Unió, Compromis-Equo, Bildu) vuelan por libre en diversas familias políticas europeas.

TTIP, nuevo tema estrella

Pleno del Parlamento Europeo

Esta semana, en el Parlamento Europeo, se celebraron los 30 años de la firma del tratado de adhesión que España firmó el 12 de junio de 1985 (entró el 1 de enero del 1986). Pero los eurodiputados tuvieron poco tiempo para celebrarlo, enfangados en una compleja refriega sobre el tratado de libre comercio entre EEUU y la UE conocido como TTIP.

No hay unanimidad entre los parlamentarios con los que EL ESPAÑOL ha podido hablar en Estrasburgo como parte de un grupo de periodistas invitados por la institución a seguir la sesión plenaria.

El texto, que se negocia en secreto, puede crear millones de empleos o destruirlos, relanzar la economía europea o convertirla en una colonia de Washington. Depende de a quién se pregunte. Otros diputados, según es posible constatar en la Eurocámara, no tienen claro que haya un informe realmente indicativo del impacto, que Bruselas cifra en el 0,5% del PIB europeo y en 400.000 empleos.

Por un lado está el Partido Popular Europeo, ardiente defensor de la alianza. Por otra, los partidos más a la izquierda de la cámara y la extrema derecha, que lo rechazan de plano. En medio, socialdemócratas y liberales pugnan por lograr un acuerdo sin ceder soberanía ni derechos. Los puntos más comprometidos son los derechos laborales, el respeto a las exigentes normas medioambientales europeas o el veto a los alimentos transgénicos vigente en varios países.

Por encima de todos esos escollos está la resolución de conflictos, especialmente cuando sea una empresa la que litigue contra un Estado. Las negociaciones, que transcurren a espaldas del Parlamento, entre EEUU y la Comisión Europea, plantean un tribunal de naturaleza privada que podría pisar a la Justicia y leyes de países europeos, algo considerado por la izquierda como un atentado a la democracia.

Aunque una mayoría de parlamentarios se oponen a este tribunal de conflictos, el conjunto del acuerdo genera múltiples controversias, por lo que la Eurocámara ha pospuesto la votación de su posición al menos hasta el mes que viene.

El Parlamento Europeo no es parte negociadora pero, una vez concluida la negociación, tiene el poder de tumbarlo en bloque. Por esa razón quiere fijar antes sus propias líneas rojas.

UPyD: El reverso del hundimiento

Rosa DíezDetrás de la crisis de UPyD se esconde el desencanto de militantes como Óscar Sánchez, Pedro Herrero o Encarna Hernández, que entraron en política empujados por el idealismo y ahora sopesan su futuro dentro de la formación. Aquí cuentan su historia.

Además: Lo que nos une en UPyD, por Eva María Sánchez

Detrás de la crisis de UPyD se esconde el desencanto de militantes como Óscar Sánchez, Pedro Herrero o Encarna Hernández, que entraron en política empujados por el idealismo y ahora sopesan su futuro dentro de la formación. Aquí cuentan su historia.

Rosa Díez

Unión, Progreso y Democracia se presentó a sus primeras elecciones en 2008 con el lema “lo que nos une, tu voto útil”. El recuerdo de esa época produce un enorme desconsuelo en Óscar Sánchez, que se implicó desde el principio en el proyecto, según explica, soñando con “regenerar el patio político” y “superar el discurso de las dos Españas”. Este profesor universitario de 41 años renunció este martes a encabezar la candidatura al Ayuntamiento de Salamanca, donde el PP y el PSOE se reparten los 27 concejales del consistorio.

“Hoy no puedo escuchar la música de la regeneración”, escribió en su blog. Sólo se escuchan los estruendosos portazos de dirigentes del partido. “UPyD se está desangrando. Yo me comprometí en 2007 porque creí que hacía falta regenerar el patio político. Desde entonces, se han conseguido logros muy importantes. Pero la hemorragia es demasiado grande. Puedo asumir una derrota. La maquinaria del PP y del PSOE es enorme. Se puede digerir una derrota, pero sólo cuando hay una satisfacción por el trabajo bien hecho y un equipo con gente valiosa”, explica durante una conversación con EL ESPAÑOL.

Sánchez es profesor en la Universidad Pontificia de Salamanca y parte de su actividad académica incluye el estudio del discurso público que contribuye al enriquecimiento o empobrecimiento de la democracia. Dar un paso atrás ha sido “muy complicado”, reconoce. “Fui elegido por primarias y no fue agradable anunciarlo porque mucha gente puso su confianza en ti”. Atrás queda la ilusión de formar parte de un equipo con peso intelectual y ganas de dejarse la piel. Para él, era también una fuerza capaz de hacer campaña sin miedo a los demás partidos o al ridículo. En 2011, su lema de campaña fue “Salamanca se merece un Óscar”. Sánchez vivirá las elecciones de 2015 desde la barrera, como un afiliado abatido por la decepción.

UPyD perdió más de un tercio de los votos en Andalucía y se quedó fuera del Parlamento más fragmentado de la historia reciente. No fue sólo una derrota. Entonces estalló la crisis que se venía cocinando a fuego lento. De los cuatro diputados que acompañaban a Rosa Díez en el Congreso, sólo Carlos Martínez Gorriarán ha mantenido su apoyo. Toni Cantó, uno de los principales reclamos electorales de la formación, ha renunciado a su escaño y a la candidatura a presidir la Generalitat Valenciana. Irene Lozano, que tiene un perfil público destacado, ha presentado su candidatura a liderar el partido en el congreso que se celebrará después de las elecciones municipales y autonómicas.

Fuera del Congreso, la situación es mucho más delicada. A mes y medio de la cita con las urnas, la diezmada cúpula del partido ha disuelto direcciones regionales en Andalucía, Castilla y León, Asturias y Galicia. Los responsables de UPyD en Aragón han pedido la dimisión de Díez. Las acusaciones cruzadas de mentiras, deslealtad o traición son constantes y ensordecedor el silencio de los intelectuales que respaldaron el proyecto al principio: Fernando Savater, Álvaro Pombo o Mario Vargas Llosa.

Más problemas que Ciudadanos

Albert Rivera, en un acto de campaña (Foto: Flickr/Ciudadanos)
Albert Rivera, en un acto de campaña (Foto: Flickr/Ciudadanos)

 

¿Qué ha pasado? ¿Por qué se ha llegado hasta este punto? El auge de Ciudadanos, un partido posicionado en el mismo espacio político, es determinante. Pero las negociaciones sobre una coalición electoral entre ambos partidos han puesto de manifiesto, según muchas voces, que no se trata sólo de un problema de estrategia electoral sino de funcionamiento interno del partido.

“Es un problema de democracia interna”, asegura Pedro Herrero, hasta ahora secretario de Organización de UPyD en Asturias. Allí, la dirección nacional ha expulsado a Ignacio Prendes, líder regional y diputado autonómico, y disuelto la dirección del partido, que lleva meses pidiendo un cambio de rumbo y un acercamiento a Ciudadanos. Finalmente, los afiliados votaron a favor de concurrir con Ciudadanos e ignoraron las advertencias e Madrid, que llegó a comparar la consulta con el referéndum convocado en Cataluña por Artur Mas. “Un partido no puede limitarse a un grupo de líderes atrincherados contra gente que lleva siete años trabajando. No se puede impedir que se pregunte a los afiliados. No se puede hacer un proyecto contra las bases, contra los intelectuales, contra los periodistas o incluso contra los votantes”, asegura Herrero.

Rosa Díez no piensa lo mismo. Un día después de las elecciones andaluzas y entre rumores de dimisión, la portavoz nacional dio una rueda de prensa minutos antes de reunirse con el Comité de Dirección del partido para analizar el resultado. “Nos importan las políticas mucho más que los votos”, dijo. Sin citar ni una sola vez a Ciudadanos o a Albert Rivera, Díez declinó varias veces entrar en las razones del fracaso andaluz.

Dos semanas después y con el partido en llamas, Díez reaparece para criticar a los que se arriman “al sol que más calienta”. “He sido engañada por mis propios compañeros”, decía esta semana en una entrevista con Carlos Alsina en Onda Cero. En realidad, Rosa Díez sigue controlando la dirección del partido y hasta las andaluzas logró mantener una cierta paz interna. En octubre, cuando el portavoz en la Eurocámara, Francisco Sosa-Wagner, dio la voz de alarma sobre los riesgos de no acercarse a Ciudadanos, muchos de los dirigentes que ahora critican con dureza a Díez la respaldaron y arremetieron contra el eurodiputado leonés.

Díez presenta la crisis como un pulso entre los principios del partido y los intereses cortoplacistas de algunos dirigentes, incapaces de resistir la tentación del acuerdo con Ciudadanos. Según algunas fuentes, la portavoz nacional confía en que el partido de Rivera baje tan deprisa como ha subido mientras ella sigue en primera línea, como lo ha estado en las últimas tres décadas.

Trabajar (al menos) el doble

Martín de la Herrán, el candidato en Andalucía, y Rosa Díaz (foto: Flickr/UPyD)
Martín de la Herrán, el candidato en Andalucía, y Rosa Díez (foto: Flickr/UPyD)

Encarna Hernández no lo tiene fácil. Es una de los dos concejales del partido en Molina de Segura (Murcia) y cabeza de lista para las elecciones municipales. En su ayuntamiento, donde residen casi 69.000 habitantes, UPyD fue la tercera fuerza en las últimas elecciones europeas, con el 11,6% de los votos. Hernández cree que el PP puede perder la mayoría que disfruta desde hace 20 años.

Ella afronta con ilusión la convocatoria, confiando en que los ciudadanos sepan apreciar el trabajo de oposición más que la desunión del partido. “Pero vamos a tener que trabajar el doble, eso esta claro”, asegura. “Esta crisis se veía venir. El partido es lo que es en parte gracias a Rosa Díez, eso es innegable. Pero hace tiempo que muchos afiliados sentían que no se les escuchaba, que los candidatos que no estaban apoyados por la dirección tenían muchos problemas en las primarias. No es sólo la cuestión de Ciudadanos, con quien tenemos que entendernos. La crisis ha explotado porque muchos afiliados se sentían ahogados”, dice.

Hernández cree que Díez dimitirá en junio y que no lo hará ahora, a mes y medio de las elecciones, para no perjudicar al partido. “No podemos hacer ahora un congreso o tener una gestora al frente”, advierte. “Lo que tenemos que hacer es la campaña”.

Para Hernández (una candidata en un municipio mediano), para Sánchez (que se presenta en una ciudad) y para Herrero (dirigente en una comunidad autónoma), el programa de UPyD es excelente, mejor que el de Ciudadanos. “Estoy orgulloso de que UPyD haya ido al País Vasco o a Navarra a defender que no haya privilegios fiscales aunque fuese impopular”, dice Sánchez, recordando una diferencia clave con Ciudadanos.

“Nosotros no nos asociamos con Libertas [un partido irlandés de financiación oscura y cariz eurófobo] para las europeas, no estamos dispuestos a crecer a cualquier precio, acogiendo a desencantados de cualquier partido”, sigue. “Pero compartimos un mismo espacio político que es históricamente frágil, que hay que cuidar. Tenemos que entendernos para que ese espacio no se desmorone”, pide, aludiendo al espíritu de la Constitución, donde los partidos aportaron principios pero también renuncias para propiciar el entendimiento.

“Si de verdad creemos en ‘lo que nos une’, si queremos un mensaje en positivo, si queremos hacer posible lo necesario, no podemos instalarnos en una orgullosa soledad, como ha hecho Rosa”, recuerda Herrero. De no entenderlo a tiempo, según explica, los militantes se irán donde haga falta para seguir luchando por un cambio político que Rosa Díez no puede garantizar.

Además, en EL ESPAÑOL:

Suspendido de militancia

Podía haber elegido la comodidad del escaño europeo y la tranquila seguridad de cinco años bruselo-estrasburgueses, aunque se hundiera el partido, como se está hundiendo. En lugar de eso, decidí ser coherente conmigo mismo y con las ideas de regeneración democrática de mi país desde el respeto a las instituciones, esas mismas ideas por las que fundamos UPyD en septiembre de 2007.

Por suerte o por desgracia, en la vida me ha tocado -casi siempre- elegir las posiciones más incómodas. Y daré para eso algunos ejemplos: elegí, entre 1982 y el año 2007, optar por la militancia en el PP en aquellos tiempos del País Vasco en los que trabajar políticamente en el espacio del no nacionalismo suponía el riesgo indudable del atentado terrorista y la certeza de la posición de perfil de muchas gentes; elegí después dejar mi escaño en el Parlamento Vasco y fundar UPyD en 2007, cuando nadie daba un duro por este partido.

FernandoMaura
Fernando Maura

 

Y en el año 2014, en el mes de agosto, elegí no mirar hacia otro lado cuando el aparato de UPyD, con Rosa Díez a su cabeza, decidió linchar políticamente a mi amigo el profesor Sosa Wagner.

Es cierto. Podía haber elegido la comodidad del escaño europeo y la tranquila seguridad de cinco años bruselo-estrasburgueses, aunque se hundiera el partido, como se está hundiendo. Porque sus siglas ya no representan su proyecto político fundacional, porque sencillamente ya no está conectado con los votantes que le dan su razón de ser, porque ha preferido la “autonomía” que es, en suma, equivalente a la soledad y a la irrelevancia.

En lugar de eso, decidí ser coherente conmigo mismo y con las ideas de regeneración democrática de mi país desde el respeto a las instituciones, esas mismas ideas por las que fundamos UPyD en septiembre de 2007.

Quizás por eso me hayan suspendido, con carácter cautelar, de militancia en UPyD. Y digo lo de “quizás” porque, cuando escribo estas líneas, aún no he recibido comunicación oficial alguna por parte de la organización del partido.

No deja de resultar singular que un partido que enarbola con frenesí su sobresaliente en transparencia actúe de manera tan opaca respecto de dos de sus cargos públicos más relevantes (relevantes, todo sea dicho, por los puestos que ocupamos, no por lo importantes que seamos, al menos yo). Si un partido aspira de verdad a regenerar la democracia, no cabe que gestione de manera tan torticera sus asuntos internos. ¿Qué respeto tendría una eventual gobernante Rosa Díez con los ciudadanos que no están de acuerdo con ella cuando la dirigente de UPyD Rosa Díez se comporta como lo hace con sus críticos?

No les gusta la crítica, desde luego, tampoco asumen sus errores y además creen que los debemos pagar otros. De lo contrario, Rosa Díez, su equipo de dirección y el candidato De La Herrán deberían haber presentado su renuncia inmediatamente después de no haber alcanzado siquiera un exiguo 2% en las autonómicas de Andalucía. Pero no lo han hecho y, a cambio, se han inventado un nuevo enemigo público, la disidencia interna, a la espera de enseñar sus colmillos a los nuevos críticos que asoman en las nuevas trincheras abiertas después del 22M. Porque los Cantó, Lozano, Anchuelo, Velasco -sin perjuicio de su responsabilidad política a lo largo de estos meses de errores de UPyD- y otros ya saben que a algunos no les temblará el pulso… ¿Recuerdan ustedes quién utilizó esa misma expresión?

No les gusta la crítica, desde luego, tampoco asumen sus errores y además creen que los debemos pagar otros

Y no tiene tampoco precedentes eso de suspender de militancia a un eurodiputado -o dos-. Ni siquiera la eurodiputada Rosa Díez cuando se prodigaba con virulentas descalificaciones al secretario general de su partido, José Luis Zapatero, en acusaciones que eran de auténtico juzgado de guardia, recibiría esa sanción, siquiera alguna leve admonición por parte de ese estandarte de la “vieja política” que es el PSOE. Podía haberse aplicado el cuento ahora pero, como decía don Antonio Maura, la memoria es una constante tránsfuga de la política.

Yo estoy cumpliendo con mi partido durante estos nueve meses de trabajos parlamentarios. Según la organización VoteWatch, mis votos nominales se corresponden en un 98% con el programa electoral de UPyD -en porcentaje similar a los otros diputados europeos de esta misma formación-. Y me cabe el honor de superar en el ranking del Parlamento en más de 40 puestos al siguiente representante de este partido, siempre según el VoteWatch de este pasado domingo.

Es verdad que eso no me impide, sino al contrario, defender públicamente mis opiniones. Mantener un discurso político, según el cual las siglas de UPyD ya no sirven al proyecto de regeneración democrática de España, sencillamente porque no obtienen representación parlamentaria -véase las recientes elecciones en Andalucía y las encuestas posteriores- y que este espacio lo representa ahora Ciudadanos. Me reprocharán que lo afirme, desde luego, ¿pero no es eso lo que dicen los electores?

En todo caso, lo ocurrido en la noche de Viernes Santo con mi suspensión de militancia, siquiera no comunicada aún la apertura de expediente, constituye en mi opinión un hecho muy grave que me obligará en los próximos días a tomar una decisión respecto de mi futuro político. Por el momento, todas las opciones están abiertas.

El hundimiento

Rosa Díez, con Irene Lozano y Álvaro Anchuelo (Flickr UPyD)
Rosa Díez, con Irene Lozano y Álvaro Anchuelo (Flickr UPyD)

Supongo que ninguno de los lectores que se asomara a las páginas de un determinado diario madrileño en pleno mes de agosto de 2014 y leyera el artículo de mi amigo y eurodiputado Francisco Sosa Wagner, podría creer que la historia de UPyD acabaría poco más de 6 meses después. Y sin embargo ha ocurrido. El partido que creamos unos cuantos luchadores por las causas perdidas en el verano de 2007 se ha esfumado de la escena pública española justo en el momento en el que quizás resultara más necesario.

En rigor mi ánimo actual debería estar alegre por aquello del “ya lo venía advirtiendo yo, esto no es lo que deberíamos hacer”. Pero hay mucha gente que se ha quedado en el camino, mucha generosidad truncada por la mala gestión de ese proyecto, muchos concejales que han dado todo lo que tenían para la regeneración de España desde sus puestos representativos. Ninguno de ellos se merece lo que algunos han hecho de UPyD.

¿Cómo sucedió todo? La verdad es que la explicación resulta fácil. Las elecciones europeas supusieron la irrupción de un partido que hasta entonces era sólo catalán en el resto de España. Ciudadanos obtenía dos tercios de sus votos fuera de la comunidad autónoma que le vio nacer y ya no sería nunca más Ciutadans. El partido de Rivera ocupaba el mismo espacio que UPyD y se incorporaba en Europa al mismo grupo parlamentario que nosotros, la Alianza de Liberales y Demócratas Europeos (ALDE). Desde entonces, la colaboración institucional fue natural y fácil como corresponde a las gentes que comparten los mismos diagnósticos y valores.

El artículo de Sosa

Francisco Sosa escribió su artículo en agosto y la dirección de UPyD dio entonces comienzo a una serie de errores que la han llevado a su hundimiento. Carlos Martínez Gorriaran e Irene Lozano vapulearon al profesor con descalificaciones vejatorias por las que nunca se disculparon de forma siquiera razonable. Rosa Díez le montó en septiembre un linchamiento que contaría con los aplausos (entre otros muchos) del también catedrático Álvaro Anchuelo.

UPyD inició entonces unas conversaciones con Ciudadanos que no se pueden definir como negociaciones pues no había voluntad real de acuerdo y que concluyeron con un documento de 42 páginas en el que el partido de Rosa Díez explicó sus motivos para no pactar. Fue el principio de un desenlace que ahora ha escrito su epitafio: el enfermo estaba ya desahuciado. Sólo faltaba que un doctor (el electorado) certificara la circunstancia de su defunción.

Entretanto, la dirección de UPyD siguió cometiendo errores cuya crónica evitaré ahora para no agotar la paciencia del lector. Pero permítanme que me refiera a la reciente campaña electoral de las andaluzas y a sus desatinos. Concentrar los ataques y la rivalidad en Ciudadanos es un hecho que ha pasado inadvertido para un partido que ya ni siquiera competía con UPyD sino con el PP, de cuyos electores se ha alimentado ampliamente. Ciudadanos estaba jugando en la Liga de Campeones de la política y UPyD sólo aspiraba a una meritoria competición menor. El empeño de los magentas era patético. Su resultado, dramático.

La cuestión del combate a la corrupción como hecho diferencial del partido de Rosa Díez ya ni siquiera resulta convincente. La corrupción es el síntoma de una enfermedad producida por una serie de factores que habría que extirpar previamente: el bipartidismo clonado, la Ley Electoral que lo perpetúa, la ausencia de un poder judicial independiente que convierte a los jueces que investigan y juzgan esos casos en una especie de quijotes, la colonización por los partidos de los órganos de control y de los consejos de las cajas, un Estado de las Autonomías que ha consolidado las redes clientelares… Tratar el fenómeno de la corrupción con bayetas magentas, batas blancas y vacunas no deja de ser un chiste malo.

Los líderes de UPyD se tendrían que haber referido a Andalucía, a España y sus problemas y preocuparse por sus soluciones, entre las cuales se encontraba un acuerdo con Ciudadanos. ¿Cuántos escaños más habría obtenido la coalición Ciudadanos-UPyD con los más de 75.000 votos que le hubiera aportado este último partido? La irresponsabilidad es manifiesta.

Cuchillos largos

Se anuncian jornadas de cuchillos largos en el horizonte de un partido que concluye su andadura cuando apenas su proyecto ha comenzado a caminar. La herencia de sus siglas es exigua porque su patrimonio más importante -sus ideas- han pasado ya a otro partido. Unas siglas que, sumadas a las de UPyD, habrían supuesto un crecimiento seguramente exponencial.

Pese a todo, esa tercera España ha nacido el 22 de marzo. Una tercera España por la que algunos hemos trabajado durante muchos años. Primero desde el País Vasco, haciendo de nuestra vida un desafío contra quienes pretendían la abolición de las ideas, de la democracia misma. Más recientemente, desde un proyecto político regenerador como lo fue en su día UPyD.

Ahora nos corresponde colaborar para que esa tercera España se convierta en alternativa a las viejas y malas políticas y para demostrar que esa tarea es compatible con la aplicación del programa fundacional y electoral de UPyD. Al fin y al cabo, el ascenso de esa tercera España era lo que pretendíamos los que fundamos ese partido hace algo más de siete años.